Advertencia: Fanfiction Angst. Puede contener violencia implícita o explícita, abuso de drogas, alcohol, abuso físico y sexual.
XVI
Una promesa.
23 DE ENERO, 13.34 HRS, TORRE STARK, NUEVA YORK.
— Entonces lo harás.
Natasha le entregó una maleta de mano con los suficientes cambios de ropa para los siguientes cuatro días. Ya tendría tiempo de traer el resto de su guardarropa del complejo. Pero ahora mismo no debía abandonar a Tony. Steve hizo una promesa.
Una silenciosa y privada promesa de no abandonarle.
Apenas una hora atrás Rhodes se retiró no de forma voluntaria de la torre, dejando a Steve a cargo. Tenía que responder sobre el asalto a Jefferson y aclarar varios asuntos con el Pentágono, entre ellos los cargos contra Killgrave. Aún quedaban cabos sueltos por atar. Lograron averiguar que el autor intelectual del secuestro no era Killgrave como lo pensaban, sino un tal Tomi Shishido. Por desgracia se escabullo en el asalto. Ahora tenía que armar un caso contra los que sí estaban en sus manos. Steve sabía que estarían bien sin él por un rato.
— ¿Ahora vas a creerme sobre Tony? — reprochó él. Natasha elevó sus manos al aire, derrotada.
— Tú ganas, pero sigo sin creer que eso sea tu único motivo —ronroneó ella, dedicándole una mirada significativa que Steve no entendió.
— ¿A qué te refieres? —ella sólo sonrió como respuesta a su pregunta.
— Ese es un camino que tendrás que recorrer solo, querido —ella retrocedió hacia el elevador, donde las puertas se abrían. —Sólo ten cuidado Steve. Stark es terreno peligroso.
Steve iba a preguntar más, pero la espía desapareció tras las puertas metálicas. Soltó, entonces, el aire que ahora notó, tenía segundos conteniendo. A unos metros de él, Tony continuaba dormido. No es que le preocupara, en realidad. Steve se alegraba de que Tony estuviera descansando en aparente calma. Pero no lograba borrar su imagen de la mente. Luego de una hora de su llegada a la torre y sin respuesta de su parte, Steve irrumpió el baño, dónde le encontró inconsciente en la ducha. Tuvo que tragarse el terror por segunda vez esa noche, mientras lo cargaba de vuelta a la habitación. Rhodes se unió, sólo unos minutos después, cosa que Steve agradeció. En ese mismo momento su mente en pánico no lograba hilar acciones de forma coherente. No fue hasta que el Coronel tenía su dedo sobre la marcación para una ambulancia que lo recordó. El Dr. Aldrich tardó un poco más que una ambulancia en llegar, pero estaba seguro que Tony lo hubiera preferido así.
O quizá era la manera en que Steve se sentiría tranquilo.
Él dejó de ser práctico de un tiempo para acá, si de Tony se trataba. Y es que, desde que abandonó la torre el verano pasado, no hizo otra cosa más que preocuparse y preocuparse por el genio. No le tranquilizaba aún, ni siquiera viéndole en su propia cama en la seguridad de su torre. En sus párpados permanecía grabada la imagen del torso desnudo de Tony, que descubrieron Rhodes y él tras quitarle la ropa mojada de encima, y que aún le provocaba nauseas recordar. Un mar de contusiones en su cóncavo abdomen, que complementaba el pintoresco cuadro con sus costillas marcadas escandalosamente contra su piel. Steve comprendió entonces que aquella pinta impoluta con la cual le encontró era solo una fachada. Odiaba pensar en lo que ocurrió entre esas cuatro paredes. Cuando le confesó a Rhodes su preocupación acerca del motivo real de su secuestro, su rostro se resquebrajó, pero no mencionó nada más. Algo le decía, que el moreno parecía tener indicios claros del motivo exacto.
— Él ya sufrió suficiente Cap, no lo arruines más —comentó el coronel con gesto melancólico, antes de irse.
Steve no entendió de qué manera podría él, contribuir al sufrimiento de Tony, ni mucho menos, el historial de daño con el que cargaba el genio. Existía un discurso en común, implícito en las palabras de Natasha y de Rhodes, que aún no logró comprender. Su cerebro identificaba una conexión entre ambos, pero quizá su mente estaba atrofiada después de tantos días sin un buen descanso.
Sí. Eso debía ser.
Steve ocultó la notificación en su móvil donde recibía todo el expediente del caso de Tony y los detalles que el equipo iba recopilando ahora, con los detenidos tras el asalto. No es que no le importara en absoluto, pero tenía suficiente de ello las últimas 48 horas y deseaba dejar descansar un poco su mente luego de ello. Tomó su maleta y se dirigió a la habitación de invitados que usó el año pasado. Le solicitó a Friday avisarle si Tony despertaba mientras él tomaba una ducha, lo cual era un absurdo debido a la cantidad de medicamentos que estaba recibiendo. El Dr. Aldrich esperaba que el genio no despertara en al menos las siguientes doce horas más. De cualquier forma, eso no lo hizo relajarse, ni aun cuando estuvo de vuelta quince minutos después en la habitación de Tony.
Él seguía ahí.
Sintió como todos sus músculos se relajaron cuando le encontraron justo donde le dejó. Ni siquiera se movió ni un poco. Tan solo el suave subir y bajar de su pecho era indicador de que el hombre seguía vivo. Su cuerpo estaba conectado a una cantidad basta de aparatos médicos para monitorearlo. Logró romper los grilletes de sus muñecas y el pie restante, pero aún conservaba el más grande y pesado en el cuello: el doctor temía que estuviese conectado a su columna y necesitara cirugía para retirarlo. Rhodes consiguió meterlo en una de sus pijamas de seda, dentro de la cual su frágil complexión ahora parecía flotar. Steve recordaba a todos aquellos soldados que les vio agonizar en la guerra: vendas rojizas, olor a podredumbre y alaridos angustiantes. Eran las bahías médicas de guerra improvisadas llenas de hombres con extremidades amputadas y carne cercenada. Estaba suficientemente familiarizado con ello. Era un recuerdo distinto a la impoluta habitación de Tony, el sofisticado equipo médico y el silencio abrumador de la habitación. Un espectáculo aún más escalofriante. Porque durante la guerra, aquellos hombres bramaban por el dolor y la agonía de las muertes lentas. Tony parecía vivir en carne propia heridas tan duras en completo silencio. Se preguntó hasta donde el genio sería capaz de soportar en pos de mantener la fachada del hombre inquebrantable: la experiencia le enseñó, que quienes ocultaban el dolor, se marchaban más pronto.
Se tomó la molestia de observarle unos minutos más, antes de decidir ir a echarse al sillón que aguardaba en una esquina de la habitación. Su cuerpo se desplomó pesadamente sobre el asiento, que era tan suave y cómodo que Steve reconoció ahora que se encontraba cansado. Nunca se quejó de cansarse. El suero del súper soldado venía con una batería extra larga, la cual solo requería unas cuantas horas de descanso para estar perfectamente funcional. Pero incluso 72 horas después de duro trabajo eran demasiado para él. Se acomodó en su asiento, con la firme idea de seguir revisando las actualizaciones del expediente en su móvil. Natasha estaba trabajando sin parar recopilando información en la nube de interrogatorios, expedientes fiscales y redes de contacto de Kilgrave. Tenía mucho que ponerse al corriente. Así que no recordó cuando sus ojos se cerraron en un parpadeo cansado y lento, y cuando los abrió. Su móvil estaba en el piso, a unos centímetros de él, y su cuello dolía de la posición extraña en la cual se encontraba.
Parpadeó un poco para esclarecer su vista y entonces, allí estaba.
Su mirada desorientada y cansada. No encontró en ella el desafío o la ira. Ni un ápice de aquel muro de orgullo tras el cual se ocultaba. Estaba perdido. Confundido, en todo caso. Sus ojos castaños aún lucían rojizos y hundidos, cómo si no hubiese despertado apenas. Cuando su mirada conectó con la suya, se congeló unos instantes. Steve aguantó la respiración, inmóvil, como quien intenta evitar asustar a un animal herido. Quizá Tony estaba muy cerca de esa definición ahora mismo. Hubo un deje de confusión, que pasó al terror, un terror profundo y ajeno a los rasgos del genio, que se borró unos segundos después, apenas le reconoció. Soportó su mirada con la suya un poco más, antes de volver la vista al techo.
— ¿Tony?
Fue apenas un murmullo, tan bajo que creyó no fue audible para el genio. El hombre no tenía una audición mejorada, después de todo. Lo observó permanecer inmóvil, boca arriba, con el ceño fruncido y la vista clavada en el plafón. Dudó en llamar al Dr. Aldrich ahora mismo, pero no deseaba perturbar al hombre.
— ¿Estás…
— ¿Cómo llegué aquí? —su voz salió estrangulada, pero firme. Una capa de temor oculta tras un tono que pretendía ser impersonal, como si el simple hecho de despertar en un lugar distinto no le aterrara.
— Volaste en la armadura de…
— ¿Cómo llegué a mi cama? —cortó él, cerrando los ojos con cansancio.
Steve tragó saliva antes de responder.
— Rhodes y yo te sacamos de la ducha. Te desmayaste.
Tony asintió, respirando agitadamente, sin mirarle. Steve se incorporó con lentitud, como si temiera alterarlo. La mirada de Tony seguía en algún punto interesante del plafón.
— Tony…
— ¿Por qué estás aquí?
Steve se detuvo a dos pasos de su cama. Los monitores cardíacos de Tony estaban pillando con un ritmo ascendente preocupante, mientras que sus manos en puños con nudillos blancos con esfuerzo rebelaban la tensión que el genio contenía.
— ¿Por qué estás aquí? —repitió con impaciencia. Steve dejó escapar el aire que contenía en sus pulmones con un suspiro silencioso.
— Porque me importas, Tony —respondió al fin, con voz firme. —Pero si no deseas que lo esté, sólo tienes que decirlo.
Hubo una pausa donde solo la respiración agitada de Tony rompía el silencio. Se preguntó si es que aún estaba desorientado y si era capaz de recordar lo ocurrido. Steve observó, un par de minutos después, cómo las arrugas entre sus cejas se relajaban con lentitud, hasta que su pálido rostro adoptó ese gesto impasible e inexpresivo como el que lucía la noche en el teatro.
— Quiero estar sólo —murmuró, al fin, sin dirigirle una mirada. Steve tragó saliva con dificultad, antes de hablar.
— Tony…
— Por favor.
Steve sopesó sus opciones, que no eran muchas ahora mismo, antes de asentir con lentitud y salir de la habitación.
— ¿Friday? —llamó luego de regresar a la sala de estar. Rogó en silencio que la IA tuviera la amabilidad de responderle. Finalmente su jefe era Tony y no él, y luego de la última discusión, dudaba que la IA tuviera una actitud amistosa ante su presencia. Si bien Friday mantenía en orden el complejo, la Torre era punto y aparte. O al menos eso pensaba. No sabía si la Friday del complejo sería la misma que ésta. Suspiró luego de unos segundos sin respuesta, hasta que la voz neutral de la IA resonó.
— ¿Sí Capitán?
Steve sonrió. Y si la IA podía ver todo lo que ocurría, deseaba que supiera que necesitaba ayuda. Toda la ayuda que pudiera recibir para apoyar a Tony.
— Mantenme al tanto si Tony necesita algo o…
— Entendido, Capitán.
Steve asintió, como si la IA pudiera observar su gesto de aprobación. Al otro lado del cristal del ventanal, el sol comenzaba a ocultarse. Fue temprano por la tarde que Steve entró a la habitación de Tony. El ligero temblor en sus manos le recordó que su cuerpo con metabolismo mejorado debía ser alimentado, así que volvió sus pasos a la cocina. La habitación era más grande que la de una cocina promedio, con una alacena anexa enorme y una serie de refrigeradores para contener cantidades industriales de alimentos. Estaba claro que la intención de Tony, en su momento, era mantener las necesidades de un equipo de superhéroes cubiertas. Antes de Ultrón, el hombre abrió las puertas del que era su hogar sin reservas y les dio todas las comodidades que se le ocurrieron. Con el complejo, al norte de Nueva York, ocurrió algo similar. Se preocupó tanto y tanto en no fallarles, y le preocupaba tan poco cuidarse a sí mismo. Revisó cada rincón en el lugar hasta encontrar un par de cosas comestibles. Sabía desde la noche que sondearon su departamento, que Tony apenas y guardaba comida. Quería pensar que vivía del servicio a domicilio, pero por los meses que vivió junto a él, sabía que no era precisamente así. Preparó cuatro sándwiches con todo el jamón que encontró y algunos complementos que tuvo la fortuna de descubrir aun en buen estado por allí. No era suficiente para su metabolismo, pero lo mantendría en pie hasta resolverlo.
— Capitán, el Coronel Rhodes lo busca en el vestíbulo.
Steve tragó con dificultad el primer bocado que devoraba. Había escuchado infinidad de veces a Tony recibir notificaciones serviciales de la IA, pero no a él. ¿Tony ordenó a la IA ayudarle?
— ¿Podrías…
— ¿Quiere que lo envíe a su posición? Sus niveles de azúcar son muy bajos y necesita seguir alimentándose para evitar un colapso.
Steve asintió, cansado. Al final del día, era esclavo de su metabolismo.
— De acuerdo, gracias Friday.
Unos segundos después, la mirada inquisitiva de Rhodes lo atravesaba.
— Coronel…
Rhodes respondió a su saludo colocando una carpeta sobre la isla de la cocina donde Steve comía. Steve se detuvo a observar la etiqueta.
"Jefferson", anunciaba.
— Cap, ¿cómo está Tony?
Steve tragó su segundo bocado con dificultad antes de responder. No le sorprendía que su interés prioritario era el genio. Rhodes lo observó con curiosidad mientras Steve forzaba el bocado hacia abajo.
— Lo siento, mi metabolismo…
— Cosas de soldado mejorado, lo sé. —dijo él. Era curioso que Rhodes conociera detalles personales de Steve, aunque no le sorprendió, porque todo ello podía encontrarlo en un museo.
— Él despertó hace un rato.
Rhodes se enderezó, sorprendido.
— ¿Ha dicho algo?
Steve negó, mientras masticaba.
— No se alteró, ¿cierto?
Steve ladeó su cabeza.
— Un poco. Es un avance —reconoció él —al menos no me echó de la torre ésta vez.
El moreno asintió, comprensivo. No era un secreto que la relación entre el Capitán y Tony no estaba en los mejores términos de un tiempo para acá.
— Friday, ¿Tony continua despierto?
La IA respondió de inmediato.
— No Coronel, sólo permaneció despierto unos minutos.
Logró ver cuando las arrugas de preocupación alrededor de los ojos de Rhodes se formaron, casi con dolor.
— Es la medicación —le recordó el soldado, soltando un suspiro. — ¿Ocurre algo?
El moreno asintió, cansado, frotando el puente de su nariz.
— Es Shishido.
Steve levantó su vista hacia Rhodes. Acercó la carpeta que el hombre le dejó apenas cruzó el portal y comenzó a leer. Era un expediente. Uno muy corto y escaso.
— Todo lo que lees allí es lo que hemos recabado sobre él éstas últimas 12 horas —señaló el Coronel —antes de eso, ni siquiera sabíamos de su existencia. Está siendo relacionado con más de 50 organizaciones criminales alrededor del mundo, y la lista sigue creciendo. Todo ello, orquestado a través de una organización conocida como La Mano. Killgrave solo era la punta del iceberg.
Un escalofrío recorrió su espalda. Claro que lo sabía. Sabía de La Mano y toda la maldita historia que Murdock, Rand y Jones le contaron. Pero nunca imagino…
— Con todo esto podrían girar la orden a la Interpol —comprendió Steve. — ¿Cuál es el problema?
— Que todas son suposiciones —chistó molesto Rhodes —cualquiera podría deducirlo y saber que él está detrás, pero no sirve para absolutamente nada, excepto por Jefferson.
Steve arqueó las cejas, sorprendido entonces.
— La posesión de activos como los que almacenaban allí es en sí acusatorio, pero le daría derecho a un juicio, y tiene tras de sí un ejército de bufetes de abogados dispuestos a cortar yugulares por él —la mirada de Rhodes parecía cansada. —Eso nos dejaría con un solo cargo que nos ayudaría a girar una orden de aprehensión de efecto inmediato.
El giro de la conversación no estaba gustándole demasiado. Rhodes se giró para apoyar sus manos sobre la isla de la cocina. Casi derrotado.
— Y eso sería…
— El secuestro de Tony.
Steve asintió, casi como si fuera obvio.
— Sé que no es el momento, pero cada segundo es una oportunidad para que ese bastardo desaparezca del mapa para siempre —masculló Rhodes. —Necesitamos que Tony testifique cuanto antes.
— ¿Ahora?
Rhodes asintió lentamente.
— ¿No puede alguien más interceder en su nombre o…
— Murdock preparó una demanda, pero no puede proceder sin la autorización de Tony. Además, necesitamos entender el móvil. —Steve sintió un pinchazo de culpa, pensando en cómo allá fuera todos parecían estar corriendo tras Shishido mientras él gastaba el tiempo observando a Tony.
— ¿Alguna pista nueva?
— Ninguna. Shishido tenía todo lo que quería de Tony: su tecnología, gracias al convenio con Empresas Rand y Miller, además de la infraestructura para hacer lo que quisiera sin necesidad de capturarlo. Vi sus cuentas bancarias Cap, ni siquiera necesitaba un solo dólar de Tony —Rhodes cubrió su rostro con sus manos, en un gesto de intentar ocultar su frustración. — El hombre tenía todo lo que quería de él, ¿por qué llevárselo?
— ¿Crear más tecnología? —sondeó Steve.
— Tenía a Miller para filtrar todas las patentes de Stark Industries.
Steve asintió, comprendiéndolo todo. La única persona que podía saber la razón por la cual fue secuestrado era el mismo Tony. Una parte de él quería saberlo y ayudarlo. Estar allí para el genio. Otra más tenía miedo de volverlo a arruinar.
— ¿Tienen alguna teoría?
Steve se atrevió a preguntar lo que unas horas atrás solo dejó en la punta de su lengua. Algo en la postura de Rhodes le provocó un escalofrió, manteniendo su vista clavada en el mármol del mostrador hasta ser incómodo, pero no contestó. Sin embargo, algo lo removió cuando le dirigió una última mirada al soldado antes de salir.
— Llámame si despierta de nuevo.
¡Oh! Lo siento, tanto. Es un capítulo pequeño, pero necesitaba bajar de nivel las cosas para lo que viene. Espero no se sienta muy apresurado (¿?). Sí, viene mucho tiempo de Steve y Tony. Aunque Tony va a tener problemas para hablar sobre lo que ocurrió durante su secuestro. Últimamente sigo teniendo tiempo suficiente para continuar, pero he tenido un bache creativo y no quería forzar la historia. Ahora.
Mi salud está mejorando estos meses, muy lentamente pero es una buena noticia. Aun estaré con tratamiento médico, pero al menos tengo mejor ánimo para sentarme en la computadora unas horas.
Gracias por dejar sus hermosos reviews y esperarme por allí.
Ysiktovar: Si, vamos a tener más de Steve Capienfermero dándole amor a Tony. :3
Alessandra Von Grey: ¡Gracias por tus buenos deseos también! Espero estés bien 3
Fio Gonzlez: Necesitaba reencontrarlos, y tenía mucho material para el capítulo anterior. Vamos a bajar la velocidad del angst de aquí en adelante, lo prometo :3 ¡Gracias por leerme, eres un amor!
MisaoxMori: Vamos a mejorar esto, ¡Gracias por tu review!
¡Hasta la próxima!
Bethap
