Advertencia: Fanfiction Angst. Puede contener violencia implícita o explícita, abuso de drogas, alcohol, abuso físico y sexual.


XVII

Heridas.

25 DE ENERO, TORRE STARK, NUEVA YORK.

— Hey Tones.

No responde. No porque Rhodes no lo merezca. Simplemente porque no sabe cómo. Hay un suspiro. Unos cuantos pasos que atraviesan la habitación. Sabe que él está a su lado porque escucha su voz ahora a su izquierda, muy cerca de él.

— Nos has dado demasiados sustos de muerte estos meses. —Él está intentando sonar casual, pero no hay ninguna normalidad en la situación. Quizá en una tarde calurosa de verano, cubierto de grasa y sudor en su taller, él habría hecho un comentario sarcástico en respuesta. — ¿Cómo estás?

Allí es donde hubiese lucido una sonrisa cínica y lanzado un chiste sobre su afamado alcoholismo sin problema. Pero lo que sea que estaba allí antes, que encendía la chispa de la irreverencia en su mente se ha esfumado.

— Maravillosamente —murmuró, intentando sonar lo más Tony-Stark posible. Pero su voz sale estrangulada y monótona. Se odia por ello.

— Tony, yo…

Hay un silencio. Uno de los prolongados e incomodos. Cuando se alarga demasiado para soportarlo finalmente decide girar hacia su amigo, y le da una vistazo discreto. La mirada de Rhodes estaba clavada en la alfombra, y su rostro moreno surcado por unas gruesas lágrimas. Apartó la vista de inmediato, claro está. No soportó eso. Él no murió, lamentablemente para sí mismo. Está allí ahora mismo. No necesita toda esa lástima ajena.

Él está bien.

Y si no es así, él lo estará. Siempre encuentra la forma. Así que le parece absurdo que todo esto esté ocurriendo, porque no es para tanto. Fue otro secuestro que finalmente terminó frustrado. Fin de la historia.

— Todos entendemos si quieres tomarte un tiempo para…

— Estoy bien —su voz sale un poco más firme ésta vez. Puede sentirse como una mierda ahora mismo, pero da igual. Siempre se siente como una mierda de una forma u otra. ¿Por qué sería diferente?

— Tony —Rhodes parece estar seguro de que esto no es así. — Te secuestraron.

— Lo sé —dice, con voz monótona de nuevo. —Así como Afganistán, el MIT y cuando tenía seis. Mientras tengan capturado al bastardo, sólo necesito a mis abogados aquí.

Rhodes asiente, preocupado. Tony lo conoce demasiado para saber que las cosas no fueron así. Él no recuerda mucho de esa noche, pero sabe que en cuanto pueda mover su trasero hasta su taller podrá investigar todos los detalles con Friday. Ahora mismo, sin embargo, teme hacer la pregunta. Teme averiguar dónde está él, dónde está Miller. Carajo, teme preguntar dónde está Pepper. Así que comienza con la pregunta que no tiene que ver con él y su propia seguridad.

— ¿Dónde está Pep? —Su amigo entrecierra los ojos, de pronto, confundido por la pregunta.

— Ella está bien Tony, está a salvo, en su departamento con…

— Dime que no está con el bastardo de Miller. —Por fin gira hacia Rhodes. Él lo observa casi con comprensión.

— No, Tony. Pepper está con su madre ahora mismo. —El shock eléctrico que lo levantó en dos segundos se esfuma. Tony se hunde entre las almohadas que ahora soportan su espalda en su cama. Odia estar en cama. Odia no poder tener la fuerza siquiera para salir de ella, sólo. Vuelve a perderse en los pliegues del cobertor costoso que ahora cubre su cuerpo. Es extraño estar cálido y confortable de nuevo. Pero está a salvo ¿no? Al menos ahora, en su torre, con Friday y Rhodey cubriendo sus espaldas.

— ¿Tienen a Miller? —no hay respuesta. El silencio es demasiado molesto ahora mismo. Aún puede detectar el zumbido proveniente de toda la maquinaria médica a la cual se encuentra conectado ahora. — ¿Lo atraparon? —insiste.

— Tony, necesitas descansar ahora. Ya habrá tiempo para hablar de los detalles.

— ¿No lo tienen cierto? —presiona, sintiendo como la rabia comienza a crecer en su pecho.

— Miller no es quien crees.

— Claro que sé muy bien quién es. Así que no…

— Utilizaron a Miller —confesó por fin Rhodes. —Wanda vio a través de su mente, fue manipulado para acercarse a ti.

Tony lo observa, casi asustado. Quizá lo está, y por eso está respirando demasiado rápido justo ahora, como si hubiese corrido un maratón.

— ¿Qué quieres decir con eso? —murmura Tony.

— No es un buen momento.

— Escúpalo ahora Coronel —dice Tony entre dientes, en un tono imperativo e iracundo que jamás utilizaría con Rhodes.

El moreno le da una mirada confusa. Lastimado. Puede leer el dolor cruzando su rostro, para pasar a la resignación y determinación.

— Si quieres hacer esto ahora.

— Claro que quiero.

Su amigo se levanta y comienza a caminar por la habitación, masajeando sus sienes con una mano. La forma en que Rhodes está manejando todo comienza a preocuparlo. Eso comienza a hacerle sentir inseguro incluso, dentro de su propia Torre fortificada.

— Una detective local ingresó a la torre días después del teatro —Rhodes evade usar la palabra secuestro ahora.

— ¿Algo más que deba saber? ¿Organizaron también una fiesta rave secreta?

— Puedes preguntárselo a Friday después —zanja Rhodes, evidentemente irritado. — Seguía la pista de un caso que involucraba tráfico de drogas en varios distritos en la ciudad.

— Esto es Nueva York, ¿te sorprende? —murmura en ese tono cínico irritante que puede descolocar a Rhodes. Y quizá justo por eso lo usa. No quiere ser el único en la habitación que siente que está al borde de la histeria.

— Lo que me sorprende es la facilidad con que ellas llegan a ti, Tones —Ya no hay más ira en su mirada. El dolor ha regresado. Pero es un dolor distinto. Casi compasivo. Y demonios, no puede fingir no saber de lo que habla, porque lo sabe. Encoge los hombros, negándose a dar más explicaciones.

— Un poco de drogas, ¿algo más?

— No cualquier droga. Era de la misma clase de droga que Miller te daba a ti.

No esperaba que fuera tan directo, pero quizá lo merece, así que no pregunta más. Si Rhodes sabe esto es porque claro, tuvieron acceso a las grabaciones de Friday, su registro de visitas y hasta su expediente médico. Antes de toda esta mierda, estaría muy preocupado que su expediente estuviera abierto en manos de Rhodes. Pero ahora simplemente parece ser insignificante. El hombre ya debió haber iniciado el proceso para ser su tutor legal y un expediente médico tan basto como el suyo no ayudaría. Pero no es momento para preguntar por detalles. Ya lo resolverá después.

— Vigilamos a Miller, entonces —continuó Rhodes, consciente que Tony no tocaría el tema de su recaída ahora mismo. —Él nos llevó directo a éste tipo, Killgrave. Un mutante. Puede controlar a las personas con solo ordenárselos.

Hay un nombre y su mente se lo asigna al rostro arrogante de su captor. Puede escucharlo de nuevo, hablándole al oído ahora mismo. Entonces entiende porqué ocurrieron las cosas, y quizá le da una explicación temporal a su pasividad ante el hombre. No sabe cómo controla a las personas pero, ¿y si ese fue su caso?

—Y Killgrave, nos llevó a tu captor —continuó Rhodes —y a ti.

Tony se volvió con el moreno, confundido.

— ¿Entonces quién demonios…

Rhodes se acerca en silencio y le entrega su móvil. Hay un rostro allí. Uno que Tony conoce bien. Apenas logra sostener su mirada sobre la pantalla antes de desviarla nuevamente. Porque la sonrisa petulante de aquel bastardo sigue en su mente y le provoca nauseas. Es peor observarla ahora, sobrio y totalmente consciente. Grabar con nitidez su rostro en su mente. Tiene un cerebro privilegiado, finalmente, y sabrá que el maldito encontrará formas de recordárselo en los momentos menos oportunos.

— ¿Tony?

Él le extiende de vuelta su móvil, como si le regresara un trozo de basura de la cual quiere deshacerse lo antes posible. Rhodes analiza con cuidado la reacción de su amigo mientras toma con cuidado la terminal de vuelta.

— Es él. —Murmura ahora, fijando su vista en el plafón blanco de su habitación. Y el blanco de todo el lugar lo está matando ahora mismo.

— Lo sé —murmura Rhodes, midiendo con atención ahora las reacciones de su amigo. — Su nombre es Tomi Shishido. También lo conocen como Gorgon. Pertenece a un grupo delictivo que hasta donde sabemos, tiene miembros en todos los continentes. Se hacen llamar La Mano. Killgrave también es miembro. Ambos mutantes. Shishido domina cierto tipo de telepatía, artes marciales mixtas, y tiene en su poder a cientos, quizá, miles de militantes miembros de la organización en todo el mundo. Es todo lo que sabemos de él hasta ahora.

— ¿Cómo los detuvieron? —la lista de habilidades de su captor comienza a ponerlo nervioso. Pero ellos tienen un Visión y una Wanda que podrían superarlo. Apostaría que fue trabajo de Wanda ésta vez.

— Tenemos a Killgrave, Wanda lo capturó. Pero perdimos a Shishido en el asalto.

— ¿Perdón? —El golpe de realidad llega, por fin, aterrizando en su estómago. — Disculpa, pero creí…

— Lo sé Tones— Rhodes ahora parece querer disculparse. Quizá sabe que debe hacerlo. Joder, el bastardo sigue allí afuera. ¿Cómo demonios lo permitieron? —Mira: tenemos una orden de captura para la Interpol lista. Solo falta tu testimonio para seguir con el proceso. Una denuncia.

Articula un poco, antes de continuar.

— Él hijo de puta me tenía capturado en su propiedad en contra de mi voluntad, Rhodey, ¿qué más necesitan?

El moreno se detiene junto a él de nuevo, al costado de su cama. De verdad detesta estar acostado ahora mismo y recibir la mirada casi compasiva de Rhodes, cómo si solo fuera un niño pequeño que no entiende cómo funcionan las cosas. Y es que entiende mejor que nadie lo que necesita para demandar a cualquier idiota. Ha pasado demasiado tiempo entre tribunales para saber cómo funciona la ley. La rabia ahora está bordeando los límites de su comportamiento. Apenas un minuto atrás podría salir corriendo ante la imagen de su maldito captor, y no entiende cómo es que puede su mente brincar abismos emocionales tan rápido. Quizá es la abstinencia. Claro que debe ser la jodida abstinencia. Se recuerda mantener a raya su ira al menos lo suficiente para recibir la patética versión de los hechos que debe estar ocultando su mejor amigo.

— El móvil. —Responde el coronel, como si fuese la cosa más obvia del mundo. Es entonces cuando recuerda que hasta ahora nadie sabe por qué le raptaron, para empezar. Ésta vez no hay dinero, tráfico de tecnología o poder que justificara el acto. La razón es tan simple y estúpida. Podría ser vergonzosa pero, ¿quién es él sino un hombre que ha disfrutado de su propia fama de playboy y alardeando de ello? Al final del día, es sólo sexo. Si, quizá no consensuado pero, nada que no haya hecho con otro hombre, porque su cama nunca distinguió género. ¿Por qué no bastaba con enviar a toda la maldita policía tras él por secuestro? La evidencia circunstancial era más que suficiente. Su testimonio consciente sólo le añadiría unos gramos más de peso al asunto, pero no impedía su captura.

— ¿Sabes por qué te llevaron? —El tono que usa Rhodey es casi tan suave como quién se lo preguntaría a un niño. Y dios, él es todo menos inocente. Basta ver las grabaciones de su vida los últimos dos meses para saberlo.

— Él me quería. — Su voz es monótona y plana de nuevo. — Él me quería a mí.

No gira a ver la reacción de Rhodes. Conoce el gesto de decepción en el rostro de su amigo mejor que nadie. Pero su silencio ahora es una ambigüedad que no puede descifrar con exactitud.

— ¿Qué…qué quieres decir con…

— Él me quería en su cama, Coronel —levanta la voz, pero su declaración carece de emoción alguna. Lo dice con tanta facilidad como quien comenta el clima. Debería estar aterrado, pero sólo hay un hueco profundo y oscuro, anestesiando su pecho, que no estaba allí unos minutos antes. —Y tú sabes lo bueno que puedo ser con ello.

— Oh Tones, no…

Hay un jadeo, un par de respiraciones pesadas. Tony pasa de largo con el momento, clavando su vista en el plafón. Espera impaciente a que la conversación cambie de rumbo y superen que éste tipo de cosas ocurren, y no va a permitir que eso lo marque de alguna forma.

— ¿Y lo hizo? —la pregunta de Rhodes sale con terror. Cómo si no quisiera saber la respuesta. —Él… ¿te lastimó?

Tony suspira casi con desesperación. No necesitaba toda ésta farsa.

— ¿Te refieres a si me cogió? —Puede sentir el estremecimiento de Rhodes aún sin verle. — Claro que lo hizo, Rhodey. Tantas veces que perdí la cuenta. Aunque a decir verdad, estaba tan drogado todo el tiempo que ni siquiera recuerdo los detalles. —Y miente porque es más fácil hacerles creer que todo pasó como un borrón y no lo recuerda. Será menos dramático en los informes. Recibirá menos lástima de los demás.

— Dios, Tony…

— ¿Era lo que necesitabas? —pregunta con frialdad.

El moreno cubre su mirada con su mano.

— Sabes que he hecho cosas peores, Rhodey. Esto es irrelevante.

— Tony —La voz de Rhodes sale como una súplica, un lamento. Una llamada de desesperación. Rhodey nunca le habló de esta manera y puede sentir como su mejor amigo está rompiéndose allí, justo a su lado. Pero él no entiende porqué. Las cosas que ocurrieron están hechas. Miles de personas son violentadas cada día. Es uno de los cánceres más antiguos de la humanidad. Él solo va a formar parte de la maldita estadística. El superará esto. No hay nada que lamentar. El moreno guarda silencio, y camina de vuelta hasta el frente de su cama, para poder captar su mirada —Nada de esto está bien.

— Avísame cuando lo encuentren.

— No, esto no…

— ¿Qué es lo que quieres entonces? —pregunta Tony, irritado. —¿Necesitas más detalles de cómo lo hizo?

— No puedes pretender que no es importante. No con esto. —sentencia Rhodes de vuelta. Hay un dolor, un dolor extraño en sus ojos que no tiene nada que ver con el sufrimiento ajeno. Es un dolor envuelto en un halo de resentimiento que Tony no logra reconocer. —Haremos pagar al maldito. No importa si te parece relevante o no. Lo siento.

Quizá sabe que se arrepentirá de abrir la boca hoy, pero sabe que Rhodes no hubiese parado hasta saber el móvil. Así que cuando cruza la puerta de su habitación, sabe que vendrá un proceso al que quizá no está dispuesto a enfrentarse. No quiere la lástima de nadie. No quiere ser la víctima. Él no lo es. Apenas abandona la habitación, una figura robusta aparece en la puerta abierta. Steve Rogers observa hacía el pasillo, con gesto confundido, siguiendo el camino que tomó Rhodes. El Capitán América se queda en el umbral, cargando con una pequeña bandeja un par de vasos sobre ella. Su mirada azul se cruza con la suya, y algo extraño se despliega en su pecho, bajando las revoluciones de su ira.

— ¿Puedo pasar? —pregunta antes, sin quisiera poner un pie dentro. Con tanta jodida educación. Sus mejillas pálidas están coloreadas con un ligero rubor poco usual en el soldado. Rompe el contacto visual cuando nota que está dándole demasiada atención y es incómodo. Está demasiado aturdido por la discusión anterior, así que asiente torpemente. Está agotado como para discutir con alguien más. Restriega sus ojos con sus manos anormalmente temblorosas mientras el soldado coloca con cuidado la bandeja sobre su mesita de noche. Intenta controlar su respiración aún alterada. Está hecho un desastre aún. Luego, echa un vistazo por curiosidad. Uno de los vasos contiene agua, al parecer, mientras el otro alberga un líquido amarillento nada apetecible.

— El Dr. Aldrich dijo que estarías mejor si comenzabas con algo suave para tu estómago. Es un batido de vainilla, una combinación especial de Bruce —la voz de Steve sale con suavidad y cuidado. Como quien le habla a un animal herido. Podría irritarse por recibir su lástima, pero no suena como si lo fuera. Tiene la justa medida de amabilidad y cortesía.

— Como digas… —murmura sabiendo que no la beberá en absoluto.

Steve asiente, con un gesto triste.

— Tu intravenosa está…

— ¿Qué? —Tony gira su mano y se da cuenta que la aguja se ha salido de su vena. Eso explica porque siente el líquido frío deslizarse por su piel. —Mierda —masculla.

— Lo arreglaré. —No duda un segundo en ponerse de rodillas mientras toma con cuidado su mano. Tony observa casi con fascinación la forma en que las manos fuertes y grandes del soldado se mueven con tanta agilidad y destreza. Gruñe un poco cuando la aguja vuelve a su vena. Las manos cálidas del rubio terminan por ajustar la banda adhesiva para asegurar que no vuelva a salir, antes de colocar su mano casi ceremonialmente de vuelta sobre la cama. Steve lo observa entonces, durante una fracción de segundo donde los ojos azules se encuentran con los suyos, y juraría ver de nuevo el ligero rubor subiendo a sus mejillas.

— Eh…yo…

— Gracias. —murmura Tony, con una mueca que intenta ser una sonrisa.

Steve asiente, nervioso, incorporándose de nuevo. Tony se da cuenta de lo pequeño que puede sentirse al lado de éste hombre. Aunque Tony es pequeño al lado de cualquiera, en este momento. La sensación de inferioridad por su físico debilitado lo lleva a subir su cobertor para cubrir su cuerpo.

— Si necesitas algo más…

— Lo sé. —No quiere ser grosero con Steve porque, honestamente, con Rhodes fuera de su círculo de confianza, se siente desnudo. Claro que cree que podría valérselas por sí mismo. Nunca ha necesitado nada más. Solo que justo ahora, su cuerpo no parece cooperar. Aun así, le es complicado lidiar con la amabilidad proveniente del Capitán. Es irritante saber que puede seguir siendo jodidamente perfecto, a pesar de todas las estupideces que cometió antes. Ni siquiera le da la oportunidad de devolver toda esa mierda que acumuló hacia él durante todos estos meses. El hombre asiente, antes de caminar hacia la puerta.

— Y Tony…

Tiene tanto tiempo sin escucharle decir su nombre sin un reproche de por medio. Es extraño. Así gira de vuelta a él.

— Lo siento. —Hay honestidad y determinación en su mirada. Pero eso no es suficiente para que Tony pueda decidir ahora mismo, como reaccionar ante ello. Steve desaparece tras la puerta, y no puede evitar llevar la mano con la intravenosa, ahora cálida por el contacto, de vuelta a su pecho.


Vale. He estado un poco preocupada sobre si este capítulo transmitiría el estado emocional de Tony ahora. Siento que su actitud fluctúa demasiado, pero eso es lo que precisamente quería plasmar. Espero que fuese orgánico como los pensamientos intrusivos lo llevan de un límite a otro ahora que su mundo está de cabeza. Debía analizar como afrontaría Tony todo lo que vivió durante el secuestro, cuál sería el mecanismo de defensa que adoptaría. Ya había reprimido algunas cosas de su infancia, pero pensé que difícilmente podría aplicar en esta situación, así que decidí finalmente por la intelectualización. No sé si me estoy liando mucho con esto y no está fluyendo. Pero en fin. ¡Espero leer que opinan!

Viene más tiempo de calidad entre el Cap y Tony. Finalmente, ¿Quién es él para resistirse a sus encantos? : )

Muchisimas gracias por sus reviews y aguantar la espera:

Seta Toxica, DarkSkity, Ysiktovar, Alessandra Von Grey, Fio Gonzlez…

Y sobre todo sus buenos deseos. De verdad, ustedes son un sol 3

¡Hasta la próxima!

Bethap