Advertencia: Fanfiction Angst. Puede contener violencia implícita o explícita, abuso de drogas, alcohol, abuso físico y sexual.
XVIII
Corazón de hierro.
30 DE ENERO, TORRE STARK, NUEVA YORK.
— Estás aquí.
— Estoy aquí —su respuesta llegó unos segundos después, cuando gira de vuelta hacía Tony. Al menos, ahora parece un poco más dispuesto a hablar. Han pasado unos días desde el rescate. Desde entonces, varios vengadores han desfilado hasta allí para verlo. No todos tuvieron la fortuna de hablar con él, claro está. Tony pasa la mayor parte del día dormido. Bruce le explicó que es debido a su debilitado estado físico, pero sobre todo, a las drogas que están entrando en su sistema. Steve no se ha parado a pensar demasiado en el tema. El asunto de las drogas y Tony parece ser un problema añejo. Recuerda el informe que leyó de SHIELD sobre él: la época de los excesos y frivolidad de la que se rodeaba. Todo hasta Afganistán y el aparente punto de inflexión que fue en su vida. Pero nunca imaginó que volvería a caer. Él sabía que Tony estaba consumiendo desde que visitaron por primera vez al doctor Aldrich. Él lo sabe también por las pastillas que encontró Jones en la sala de estar. Pero aún le es difícil comprender el porqué. Ahora mismo, tanto Bruce como Aldrich han creado un programa para desintoxicarlo. Eso requiere, inevitablemente, seguir administrándole las mismas drogas que Miller le daba. Bruce ha formulado una variable que elimina los componentes psicotrópicos severos, pero que genera la misma respuesta en su organismo, para que este no entre en un estado de abstinencia por la abrupta retirada.
— No me dediqué a la ciencia para esto —se lamentó Bruce cuando le visitó. Steve lo sabe. Es doloroso para todos, de cierta forma. Ha visto a Pepper salir con los ojos hinchados y rojizos después de visitarlo. Entendió el doloroso silencio de impotencia de Clint, y la rabia en la voz de Natasha cuando le habló de los detalles sobre los negocios de Shishido. Incluso Visión parece demostrar cierta melancolía a través de sus rasgos fríos. Sólo Wanda lució aterrada luego de visitarle. Ella no lo encontró despierto, y Steve sabe que estuvo allí por Rhodes, no por voluntad propia. La chica aún guarda cierto sentimiento de rechazo hacia el genio. Pero es la única que puede saber literalmente, que ocurre dentro de la mente de Tony. Quizá lo vio. Quizá por ello se fue sin despedirse la tarde anterior. Caminar alrededor de Tony ahora es como ir a través de un campo minado.
Tony lo observa con desconfianza. Steve tiene que detenerse a sí mismo para no salir corriendo a su lado a sostenerlo. Tiene que darle su espacio. Ganar su confianza de nuevo. El genio decidió que podía levantarse y andar sin ayuda apenas un par de días atrás. Steve se aterra con la idea de que se lastime a si mismo solo por su terquedad a aparentar fortaleza. Puede leer su figura delgada y frágil a través de su sudadera floja y sus pantalones de chándal. Logra ver el daño con solo mirarlo a la cara y encontrarse con sus pómulos afilados y ojos hundidos. No importa lo mucho que los oculte tras sus gafas de sol. Tony siente como el soldado está escudriñando su cuerpo y cierra su bata en un intento torpe de esconderse.
— No necesitas hacerlo —musita el moreno, mientras reanuda su camino hacia el taller.
— Estoy aquí porque quiero estarlo —le recuerda. Es una cuestión que ha comentado ya unas cuantas veces durante los últimos días. No han hablado mucho de cualquier forma. Steve se asegura que Tony se alimente y tome su medicamento. No tiene que luchar para que el hombre duerma, porque las drogas lo están haciendo por él. Así que no es tan difícil como esperaba, aun cuando Tony se resiste a beber sus batidos algunas veces. El color ha vuelto a su rostro y sabe que está funcionando porque sus pasos son más firmes que antes. O eso aparenta.
Porque Tony Stark es muy bueno para aparentar.
Si algo ha aprendido Steve todos estos años, es que el personaje que Tony construyó para los ojos del mundo es una coraza tan perfectamente elaborada con la que se ha mimetizado. Pero también ha estado allí en esos instantes donde se ha derrumbado, dejando ver entre líneas al verdadero hombre detrás de la máscara. Así que ahora mismo Tony está interpretando su papel: apenas despierta, sale a su taller a trabajar como si nada hubiese ocurrido. Lo que no sabe es que Steve lo ha visto allí dentro, inmóvil durante horas, sentado observando la ciudad a través del ventanal. No hay música chillando a través de los altavoces, ni metales colapsando o explotando. Sólo está él, en un inusual silencio que inunda toda la torre. Steve puede verlo ahora, sin las cámaras a su alrededor, las grandes personalidades rodeándolo y la frivolidad que frecuenta. Allí, sin las multitudes aclamándolo ni los fotógrafos acosándolo, es sólo un hombre solitario y roto.
Pero Steve sabe que eso no solía ser así.
Steve sabe que Tony es más que eso, porque lo ha visto. Ha sentido la energía que lo rodea cuando su mente no para de hilar ideas, y el encanto que conquista sin excepción a todos a su alrededor. Finalmente, Tony es el epítome de la genialidad. Pero ese Tony Stark que conocía parece haber desaparecido, dejando a este fantasma que lo sustituye recorrer en silencio su torre. Y es inevitable no lamentar esa pérdida.
El sonido de las puertas del elevador abriéndose lo traen de vuelta a la realidad. Steve giró hacia la entrada en busca del visitante, confundido por no recibir el habitual aviso de Friday.
— Hey Cap —le saludó un severo James Rhodes. Su rostro estaba marcado por un halo de dureza que Steve no supo interpretar.
— Coronel —asintió Steve, devolviendo el saludo. El hombre le entrega la carpeta que portaba en la mano, como una invitación a leerlo.
— Está hecho —dijo él, sin una pizca de orgullo en su voz.
Steve está a punto de preguntar a qué se refiere, pero se detiene. Es una orden del juez, que otorga el poder legal de tutor sobre Tony. Steve sabía de esto, recuerda ahora. Natasha se lo comentó antes, entre susurros, mientras buscaban a Tony. Rhodes buscó declarar a Tony incapaz de cuidar de sí mismo para poder detener su torbellino de autodestrucción. Lo olvidó por completo. Honestamente, le pareció una medida radical. Sabe que Stark puede ser errático y temerario, pero esto solo dañaría más su ego. Por más que pareciera que el hombre poseía una autoestima impecable, Steve sabía que no era así. Necesitar que otro adulto vea por su integridad sólo lo desplomaría más.
— Dios Cap, no es lo que piensas.
Quizá su rostro debe reflejar la sorpresa de la noticia de forma negativa, así que niega lentamente y se vuelve con el Coronel.
— Sí considera que es lo mejor. —mintió. No quiere pelear con Rhodes por esto. Quiere quedarse allí y ayudar como pueda. Pero no sabe cuáles sean los planes de Rhodes para la salud de Tony.
Rhodes asintió, seguro de eso.
— ¿Ha desayunado? —preguntó el moreno.
— No, apenas despertó se fue a su taller —dijo Steve honestamente.
— Bien. —Rhodes tomó su móvil y envió un mensaje rápido. —Iré a verlo —dijo, antes de salir hacia el taller. Steve no pudo evitar temer por ello. No había preguntado, porque no quería entrometerse, pero algo le dice que la relación entre Tony y él no está en los mejores términos. Suspiró, mientras continuaba preparando la medicación del genio. No había más que pudiera hacer en ese momento. Se sorprendió unos minutos después, cuando vio al doctor Aldrich arribar junto a un enfermero. Apenas entraron, se dirigieron directo al taller y Steve los vio desaparecer las tras puerta. Eso lo inquieta lo suficiente. Confía en el criterio de Rhodes, pero sabe que las cosas están bastante tensas, y con el estado de Tony, no toleraría la situación. La inquietud se acumuló de golpe en su pecho, hasta que su posición de espectador le fue incómoda.
— ¿Friday? —preguntó casi en un murmuro.
— ¿Si Capitán? —respondió Friday, con la amabilidad habitual.
— ¿Se encuentra bien Tony?
La respuesta llegó un segundo después, como si la IA dudara su respuesta.
— Él se encuentra estable. Sus niveles de glucosa están ligeramente bajos, pero el resto de indicadores son optimistas —replicó la IA con practicidad. Steve asintió, en un intento de tranquilizarse a sí mismo. No iba a sobreactuar. Espero entonces, con toda la paciencia que pudo reunir, que Rhodes y el médico abandonaran el pethouse. No ocurrió sino hasta una media hora más tarde, cuando salieron con semblante cabizbajo. Rhodes solo se despidió de Steve con un ligero movimiento de cabeza, antes de desaparecer de nuevo por las puertas del elevador. Fue hasta entonces, que Steve se atrevió a entrar, usando la excusa del desayuno. Quizá no era una excusa del todo y realmente estaba preocupado porque Tony se alimentara. Otra parte de él, sin embargo, se preocupaba por la visita del Coronel. Steve recordó el estado perturbado en el que encontró a Tony la última vez que habló con Rhodes. La fortaleza de Tony por no dejar caer su fachada imputable estaba tambaleando y era bastante obvio aquel día. Simplemente, no pudo reprimir el deseo o impulso quizá, de ir a socorrerlo. Él realmente quería estar con Tony ahora mismo.
Así que encontró extraño el burbujeo ansioso en la boca de su estómago al pararse en la puerta del taller de nuevo. ¿Cuántas veces antes no se encontró en la misma posición y por qué ahora parece ser distinto?
— ¿Puedo pasar? —preguntó casi en un murmullo cuando abrió la puerta. Lo encuentra sentado frente al ventanal. No puede ver su rostro, pero nota el asentimiento que le da en silencio. Steve atraviesa la habitación con cuidado y coloca la bandeja en la mesa de trabajo más cercana a Tony. Además del batido, añadió de nuevo un pequeño plato de avena. No es la primera vez que lo ofrece al genio, pero el hombre se ha negado a comerlo antes. En este punto Tony debería estar comiendo más alimentos sólidos, pero Steve no lo presiona más allá para que lo haga. Al menos continua terminando sus batidos y eso ya es una victoria para él.
— No tienes que seguir haciendo esto —murmuró Tony cuando Steve terminó de dejar las cosas en la mesa. — Puedo pagarme al maldito enfermero más costoso de ésta ciudad.
— Lo sé Tony —le murmuró de vuelta. Eso no lo haría marcharse.
— Igual eso ya es la puta decisión de Rhodey —masculló para sí mismo. Tony suele hacer eso, hablar tan bajo, quizá porque está acostumbrado a pensar en voz alta como resultado de su genialidad, pero olvida que Steve posee sentidos mejorados e incluso pudo detectar el olor a alcohol etílico cuando entró a la habitación. Quizá por alguna curación realizada por el Dr. Aldrich, piensa. Así que el comentario suena claro en sus oídos y hace juego con el temblor atípico en su mano derecha con la que cubre sus ojos. Y no puede negar que quiere hablar de la tutela legal. Tuvo que recordarse entonces, darle su espacio, una vez más.
— Puedo traerlo luego si prefieres —dijo Steve, logrando que Tony girara por fin a verlo. Analiza con apatía los recipientes sobre la mesa antes de suspirar.
— ¿Realmente hay alguien humano que pueda desayunar eso? —preguntó él, sin mucho ánimo, notando la insistencia del soldado en obligarlo a comer avena. Steve sonrió ante su comentario. Una sonrisa genuina porque le resulta divertido la resistencia del hombre a la comida más tradicional.
— Quizá no clasifico como un humano promedio y por eso lo desayuno todos los días —respondió, con un tono tan casual que incluso Tony no pudo evitar torcer su boca, unos segundos después, en un gesto que huele a buen humor, aunque no sube hasta sus ojos.
— ¿Cuándo te unirás al resto de los mortales y desayunarás waffles? —murmuró el genio, intentando imitar el tono irreverente marca Stark, pero que apenas llegó a ser un pálido intento de ello.
— Cuando le des una oportunidad a la avena —le replicó Steve. El genio enarcó una ceja, incrédulo, antes de girar hacia otra mesa de trabajo desocupada y comenzar a remover objetos sobre ella, en un intento burdo de parecer ocupado. Entonces, es allí cuando la idea llegó a su mente. — Espera aquí, necesitas probar algo.
Tony ni siquiera es inmutó cuando Steve salió y regresó de la cocina. Pero el tintineo que produjo el Capitán a sus espaldas le provocó la suficiente curiosidad para volverse con él y encontrarlo añadiendo algunos extras al insulso plato de avena. Steve procuró añadir algunos frutos rojos y nueces con tanta dedicación que el platillo parece digno de una fotografía gourmet. Hay una sonrisa genuina y dulce en el rostro de Steve cuando levanta la vista y se encuentra con la del millonario. Tony parece realmente sorprendido ahora.
— Tendré el mío también, si quieres estar tranquilo de que es seguro —le dijo, señalándole un plato extra al doble de tamaño del que le ofrece a él. Lo ve dudar unos segundos, inseguro, antes de acercarse y robar una fresa del recipiente. Steve no puede ocultar una sonrisa. Está seguro que es la primera vez que lo ve comer algo sólido en mucho tiempo.
— Nunca tenía fresas por aquí —comentó Tony. —Resulta que, Pepper es alérgica.
Él asiente, y evita mencionar que fue Pepper quien se encargó de llenar la despensa del pethouse nuevamente. No quiere darle más motivos a Tony para sentirse más incapacitado de lo que ya lo hace. Así que considera una victoria cuando coge su cuchara para comenzar a comerla. Tuvo que recordarse no observarlo demasiado porque -¿por qué no puede dejar de observarlo todo el tiempo?- puede ser incómodo, y comienza con su propio plato. Comen en silencio durante un rato. Tony continúa jugueteando con componentes que encuentra sobre su escritorio. Sabe que no está trabajando en nada en específico. No es que el soldado entienda mucho del trabajo de Tony allí dentro, pero lo ha visto trabajar realmente, y no luce a lo que sea que esté haciendo ahora mismo. El silencio fue rotó, después, cuando escucha el zumbido de un robot de Tony acercándose.
— Ahora no Dum-E —Steve observó la reacción del mismo, como si pudiera sentir el rechazo de su creador al no tomar el engranaje que le ofrecía.
— ¿Cómo lo hace? —preguntó el soldado, interesado. Tony tenía una debilidad cuando comenzaba a hablar de tecnología.
— ¿Hacer qué?
— Entenderte. —dijo, devolviéndole una sonrisa porque hay una broma interna que se genera en su mente sobre entender al genio. Tony no la prevé, de cualquier forma.
— Tiene integrado una pequeña IA que reconoce mis comandos de voz. Una especie de Friday de preescolar —respondió, después de unos momentos pensándolo. Steve pensó en como todos esos pequeños inventos que lo rodeaban suelen ser la compañía más cercana de Tony. Detenerse a pensar en ello fue nuevo para él. Hay una pausa más larga, donde el pequeño brazo robótico se aleja y comienza a ordenar una de las mesas de trabajo. —Si rompes algo, juro que esta vez te entregaré a la universidad —gruñó, mientras se incorporaba y se dirigía hacia donde el brazo mecánico hace sus tareas.
— O podrías repararlo —sugirió Steve, y tan pronto lo dice, se muerde la lengua cuando ve a Tony detenerse de golpe.
— Es parte de su naturaleza Capitán —le aclaró Tony, volviendo a la mesa de trabajo donde se encontraba su comida. —Reconfigurarlo sería destruir lo que Dum-E es. —explicó.
Steve asiente, comprendiendo el argumento.
— No tenía muy claro sus funciones cuando lo creé —murmuró, y enseguida se sume en un silencio tajante, como si se avergonzara de su comentario.
— ¿Qué es lo que querías crear entonces? —inquirió Steve, insistiendo en el tema.
Tony encoge los hombros.
— Estaba siendo muy ambicioso en ese momento —explicó. — Pero tenía 16 y mi padre…
Tony volvió a callar de golpe, como si hubiese recordado algo de pronto. Steve nota la incomodidad y la tensión de su mandíbula al mencionar a Howard ahora, pero se recuerda no cruzar el límite. De cualquier forma, el expediente de Tony parece ser de dominio público en SHIELD y no hay nada sobre la historia familiar de los Stark que no haya leído ya, además de sus propias impresiones sobre Howard. Al menos hasta donde la agencia logró recabar. Howard no era conocido por ser un padre precisamente amoroso con Tony, pero el matrimonio con María pareció siempre ir viento en popa. Hay muchos incidentes en la adolescencia de Tony que indicaban que era conflictivo, y quizá por ello, creía, Howard fue más duro con él. Alejó los pensamientos sobre el pasado del millonario, prefiriendo evitar tocar temas complicados, por ahora.
— ¿Tenías 16? —replicó, sorprendido, dándole un giro de tuerca a la conversación.
— Lo sé —respondió Tony, visiblemente decepcionado. —Comencé uno a los 13 pero nunca funcionó. Me tomó tres años llegar a la programación correcta. Supongo que por eso siempre fui una decepción para Howard. —añadió finalmente casi en un murmullo que, de nuevo, Steve logró escuchar. — Creo que es demasiado para mí. —Tony aleja su plato, que apenas está medio vacío. Steve asiente, aceptando eso como un pequeño avance.
— ¿Sabes? —murmuró Steve. — Cuando pregunté por ti en SHIELD, antes de Loki, muchos me dieron que la mayor parte de la tecnología de allí era tuya. También dijeron —continuó, ganándose la mirada confundida de Tony —que si no fuese por esa misma tecnología, SHIELD no hubiese evitado todas las tragedias que impidió. Alguien me dijo después, que sin tú tecnología, nos hubiese tomado 50 años a la humanidad llegar al nivel de desarrollo donde hoy estamos. No creo que seas una decepción para nadie en absoluto, Tony.
Hay un chispazo de algo en la mirada de Tony antes de que su boca se tuerza en una mueca que intenta ser una sonrisa, y asiente. Steve lo observó bajar su mirada a sus manos, cómo si no creyera lo que le dice. Y algo dentro de él duele, porque nunca creyó que el egocéntrico genio, que parecía alardear siempre de sus logros, no se sintiera lo suficientemente brillante, aún con una compañía mundial y una cuenta llena de millones de dólares, muestra de su propio éxito. Ni hablar de las ocasiones en que han intentado robar su tecnología. Nada de eso parecía ser prueba suficiente. El hombre parece no querer aceptar el crédito y Steve se preguntó si alguna vez Tony ha entendido cómo su trabajo cambió al mundo. Suspiró, mientras se levantaba para tomar de vuelta la bandeja de comida.
— No fue lo que todos pensaron cuando creaba a Ultrón —musitó Tony, justo cuando estaba por cruzar el portal del taller. Steve notó en ese momento que el genio seguía culpándose por lo ocurrido con el androide. No pudo evitar que su corazón se estrujara dentro de su pecho al oírlo.
— Todos nos equivocamos Tony —le dijo finalmente, antes de marcharse.
— ¿Cap? —la voz de Nat chilló por el altavoz de la tableta, y tuvo que recordar bajar el volumen. A pesar de estar apartado en la cocina del pethouse, el lugar estaba muy silencioso ahora que el equipo no estaba allí. — ¿Cómo te sienta la vida hogareña?
Steve entrecerró los ojos, cuando sintió la provocación en las palabras de la viuda.
— Podría acostumbrarme —bromea de vuelta, ignorando la ceja que se enarcó en el rostro de la espía ante la sorpresa. — ¿Alguna novedad?
— ¿Además de Fury preguntando hasta cuando dejarás de jugar a la casita con Stark cada cinco minutos? Bueno, sí que lo hay —suelta sin cuidado. — La Interpol ha liberado la orden de arresto para Shishido. Oficialmente, no tendrá lugar donde esconderse.
Steve asiente, mientras divide la pantalla de la tableta para ver el archivo que acaba de recibir. El boletín contiene la fotografía del hombre y el anuncio de prioridad en todo lo alto.
— Incluimos ya la denuncia de Stark que elaboró Murdock, junto con toda la evidencia que Rand y Jones consiguieron. —informa ella.
— ¿Dónde están ellos ahora? —Natasha se detiene un segundo ante la pregunta, como si le pareciera irrelevante.
— Intentando encontrar su rastro desde sus negocios locales. Jones aún conoce algunos que están operando, pero no es muy prometedor. —confiesa.
— De acuerdo. Agradéceles su ayuda de mi parte si vuelves a verlos. —Aclara Steve.
— ¿Murdock no estuvo por allí? —pregunta confundida Natasha.
Él niega de vuelta. Natasha parece analizar algo consigo misma, pero no llega a comprender el porqué.
—Infórmame si Jones y Murdock encuentran algo—le solicita. —Mañana pasaré al complejo por un par de cosas más.
— ¿Completarás la mudanza a la torre? Fury no va a estar contento con eso —Natasha parece estar guardándose una sonrisa confidente que le envía un mensaje que no alcanza a comprender.
— Dile que lo considere como unas vacaciones. —Ahora la pelirroja parece sorprendida, pero asiente.
— ¿Cómo está él? —pregunta, después de una pausa.
— Ha hecho pequeños avances —confiesa. —No tantos como quisiera. Pero no creo que sea buena idea presionarlo.
Natasha suspira al otro lado de la pantalla.
— La pesadilla aún no termina Steve. Será un duro camino cuesta arriba ahora. —Él sabe que así será. Lo supo desde el momento en que lo encontró en la fría habitación blanca, en Jefferson. Pero eso no lo ha acobardado ni un poco. —La declaración de Tony ha sido un duro golpe para el equipo.
El soldado arruga el entrecejo, confundido.
— ¿A qué te refieres?
El semblante de la espía se enfría de golpe. —No lo has leído. —Afirma, de nuevo, en un susurro aterrorizado más para sí misma que para él.
— ¿Tony ha declarado el móvil?
— Cap, todo está en el archivo. La declaración la hizo esta mañana. —Entonces las piezas hacen clic en su cabeza y la visita de Rhodes de pronto tiene una explicación.
— Yo no…
— Necesitas actualizarte Cap —le sugiere ella. —Sólo, no lo tomes personal.
Steve va a preguntar a qué se refiere, pero asiente, dispuesto a devorar la declaración de Tony apenas termine la llamada.
— Hablamos mañana. —se despide, y Nat asiente, antes de desaparecer de la pantalla.
La cocina se queda en total silencio, y de pronto su estómago se retuerce, nervioso. Toma la tableta y abre toda la documentación relacionada con el caso. Jones ha añadido más nombres de víctimas y socios comerciales a la lista de sospechosos. Y justo lo encuentra al final del listado de archivos.
"Declaración de la víctima: Anthony Edward Stark", seguido de un compilado de leyes que amparan su denuncia y la línea cronológica de los hechos. Conoce varios de ellos de primera mano, así que no se detiene hasta llegar al apartado de delitos que le imputan a Shishido. Son sólo tres: el primero, por violación a la propiedad industrial de tecnología de Stark Industries. Un segundo más que es obvio, por secuestro. El último, añadido y avalado con la declaración del Dr. Aldrich, referenciado a expedientes médicos adjuntados esa misma mañana. La palabra parece flotar en el documento. Steve siente como toda su sangre baja hasta sus pies.
Violación.
Hey! Espero sigan por allí.
He notado que incluyo mucho el momento "los personajes comen esto o aquello" en mis historias. No sé qué tanto les agrade esas escenas, pero intento ser lo más realista con la situación. Ahora mismo además es una buena excusa de Steve para acercarse a Tony, de cualquier forma. Me da la impresión que a través de los hábitos cotidianos se puede reflejar la estabilidad de una persona. Y si bien ahora Tony no está involucrándose en misiones, las cosas tendrán que transcurrir en el cotidiano de la vida de vuelta a la Torre post-secuestro.
Gracias por sus reviews :3
Alessandra Von Grey: El Cap es un caballero y así lo imagino siempre, chapado a la antigua. Va a ser interesante como conquista a un playboy.
Cuídense mucho y usen mascarilla.
¡Hasta la próxima!
Bethap
