Advertencia: Fanfiction Angst. Puede contener violencia implícita o explícita, abuso de drogas, alcohol, abuso físico y sexual.


XIX

Imanes.

1 DE FEBRERO, TORRE STARK, NUEVA YORK.

Despertó con el dolor clavado en su cuello. Había algo duro y frío bajo su cara, y cuando intentó moverse, sintió cada músculo que se encontraba lastimado por alguna maldita razón. El movimiento dolió, pero alivió la presión en el costado de su rostro, y tuvo que parpadear un poco para reconocer su entorno. Era temprano por la mañana, supone, porque el cielo parecía apenas estaba aclarándose en el horizonte. Se encontró, extrañado, en su taller. Vestido justo como la noche anterior. Y eso lo inquietó un poco, aunque en un primer momento, no supo el porqué. Lo comprendió cuando encontró la bandeja de comida de la cena en la misma mesa donde la dejó.

Desde el rescate, Tony se ha encontrado yendo a la cama por voluntad propia. Hay algo, entre los cocteles de medicamento que ingiere y no cuestiona, que lo doblegan hasta el cansancio. Quizá porque sabe que a este punto, debe haber algunas benzodiacepinas y opiáceos mezclados por allí, y realmente no es quien para negarlo siento su única fuente de drogas segura. O tal vez, realmente su cuerpo ha llegado al límite que siempre ignoró. Desde entonces también, termina de alguna forma, que no quiere cuestionarse ni saber, en la cama, a pesar de no recordar como carajo llegó hasta allí. Hay varias teorías al respecto rondando su mente y la mayoría tienen que ver con Steve. Pero Tony es demasiado orgulloso para admitir que lleva noches siendo arropado por el Capitán América. A su padre no le causaría mucha gracia saberlo.

No eres ni la mitad de lo que fue ese hombre, resuena en su mente. Y Dios, quizá después de todo, tenía razón. Así que, en cuanto despertó con contracturas musculares y una horrible sensación de rigidez en todo su cuerpo, supo que algo no estaba bien. Su mente conectó la idea con rapidez: él se fue. Ese único pensamiento hizo martillar su corazón dolorosamente contra su pecho. Su mente viaja entonces, a la visita del día anterior. Rhodey, o mejor dicho, su nuevo tutor legal, obligándole a tomar sus muestras de sangre como el protocolo legal de una víctima de violación indica. Sometiéndole al examen físico para que su palabra valiera contra la de Shishido. A este punto, a Tony le importaba un carajo tener una ETS. Él no era una víctima, pero Rhodey parecía querer escribir una novela en torno a esto. Tan humillante como eso fuera, parecía que a su mejor amigo no le interesaba. Este nuevo hecho estaría ya en su expediente con letras rojas. Todos los Avengers lo sabrían ya.

Y luego la prensa.

Las revistas de chismes.

Pepper.

Oh dios, Pepper.

Y luego Steve.

Claro que se iría, ¿quién se quedaría con el estúpido Tony Stark? ¿Quién se quedaría con el hombre que no fue capaz de defenderse? Él es Iron Man, o eso se supone. No debería haber sido ultrajado. De ninguna manera. Pero lo permitió. Más de una vez. Empujó sin éxito la humedad tras sus ojos, pero las lágrimas brotaron sin resistencia. Se limpió el rostro con furia, incorporándose para arrojar todo lo que encontrara a su paso.

Idiota. Idiota. Idiota.

Steve debe haberlo encontrado repulsivo. Entonces entendió el porqué de la frialdad con la que le entregó su cena anoche. El silencio y la mirada evasiva. Dios. Quizá sólo le de asco, y por eso se fue. Su padre se lo dijo: fracasado. Y ahí estaba, cosechando el fruto de su incompetencia. Él pudo defenderse mejor esa noche en el teatro. Él debió luchar con más fuerza contra Shishido. Al menos él debía gritar. Y no lo hizo. Solo miró al techo y se dejó tomar.

Mierda. Mierda. Mierda.

¿Señor? — su IA lo consultó casi con temor, pero Tony se derrumbó en el suelo, abrazándose a sí mismo, estirando su cabello con fuerza porque claro que merece todo el daño que pueda provocarse — Señor, estoy programada para notificar al Coronel James Rhodes sobre cualquier incidente que amenace su integridad.

Soltó un gritó amortiguado de frustración. Claro que lo haría, porque no es ni siquiera capaz de cuidarse a sí mismo, y su mejor amigo ahora es su maldito carcelero. Claro que podía joderlo y joderlo cada vez más. Howard ya le hubiese roto varias costillas por esto.

Señor…

— Yo… —mugió Tony, intentando controlar su respiración y las lágrimas que cruzan su rostro. —Estoy bien Fri, lo tengo…yo…

Durante una pausa, Tony solo escuchó su respiración entrecortada y sintió el mudo juicio de su propia IA, decidiendo si notificar o ignorar la situación.

—Estoy bien —musitó para sí mismo, como un mantra, silenciando sus sollozos, y reduciéndose a dejar escapar las lágrimas de sus ojos.

Puedo llamar a Steve Rogers si…

— No —y el último comentario de su IA le provoca una risa triste. Imagina la llamada llegando a su móvil solo para informarle que el millonario se ha puesto sentimental y necesita asistencia.

Débil, eres patético Anthony. Los hombres Stark no lloriquean, se un maldito hombre, susurró la voz de su padre en su oído. Claro que no lloran. Sólo beben. Entonces, las lágrimas cesaron de golpe, y se incorpora del suelo, para salir de su taller.

—Fri, activa protocolo Blackout.

Como ordene, Señor.


Steve repasó el informe por última vez, siendo observado por una inquisitiva Natasha.

— ¿Están seguros de esto?

—El hombre era solo un guardia —explicó ella. —Ni siquiera sabía en que se estaba metiendo, tenía deudas, necesitaba el dinero. Lo que dice es lo que escuchó en los pasillos. Transportó a Tony hasta la celda de Shishido en tres ocasiones. No sabía que era él, su rostro siempre estaba cubierto. Así que confesó para aligerarse algunos cargos.

Steve suspiró, cerrando la carpeta.

— ¿Qué es lo que tú crees? —preguntó el soldado, sin saber muy bien como procesar la información. Natasha enarcó una ceja de vuelta, y su mirada brincó en el resto del equipo amotinado en la cocina.

— El hombre aparenta ser ambicioso. Está claro que no esperaba el asalto.

— Y por eso…

— Creo que irá tras él de nuevo. Al menos, hasta que se aburra y encuentre un nuevo objetivo —confiesa ella.

Steve tragó saliva, deteniéndose por el escalofrío que le recorre la espalda.

— Eso no quiere decir que no lo detendremos antes que siquiera lo intente —intentó calmarlo la espía, frunciendo su entrecejo, decidida. Él le asiente de vuelta, pero la inquietud ya se instaló en su estómago. Necesita volver a la Torre cuanto antes.

— Debo volver.

— Steve. —lo detuvo ella. —No creo que se atreva a tocarlo en su territorio. Le gusta tener el control. Vi su historial. Creo que nos provocará. Él lo provocará. Y tú sabes que Tony no puede resistirse a quedarse inmóvil. Tienes que asegurarte que lo mantendrás alejado de la situación, si llegara a ocurrir.

Steve asintió de vuelta, con una sonrisa triste.

— ¿Ocurre algo? —Natasha bajó la voz a un susurro tan suave que solo el oído super desarrollado de Steve captaría. La mirada del rubio viajó al resto de Vengadores, que tomaban su cena con un aire apesadumbrado.

— No, es sólo que…

—Ya lo leíste. —Adivinó ella. Steve asiente. Hay un silencio incómodo, y saben que esto no es algo que esperarían experimentar. Steve sabe que muchos prisioneros de guerra llegaban a ser abusados. No ignoraba esa realidad, además de los experimentos crueles que tanto alemanes como japoneses hicieron. Pero nunca creyó, que le ocurriría a alguien tan cercano. Que vería como ese hecho puede destruir la integridad de un hombre. — Stark es orgulloso, no va admitir que le afectó.

Steve levantó su vista hacia Natasha, sorprendido de lo bien que deducía la situación.

— Lo estudié por meses, incluso podría adivinar que está haciendo ahora mismo —alardeó ella con una sonrisa traviesa que borró en cuanto notó que Steve no sonreía de vuelta. —Lamento decirlo pero, va a necesitar tocar fondo antes de comenzar a realmente volver.

— No está haciéndolo tan mal ahora. Lo está intentando.

Natasha negó con su cabeza.

—No es así como funciona Steve. Está simulando. Mientras no admita lo que ocurrió no podremos ayudarlo en verdad.

Steve tragó saliva y bajó su mirada.

— Dios Steve, no me des esa mirada. Sé lo mucho que te importa Stark y cuando lo deseas… —Natasha detuvo su discurso de golpe. Steve levantó su mirada, curioso, encontrando a una sonrojada espía —…cuando deseas que esté bien.

— Eso no es lo que ibas a decir.

— Recordé algo —sonrió ella, pero Steve siente que de nuevo, estaba perdiéndose algo.

— Nat, no pensé que lo diría algún día, pero estas siendo una pésima mentirosa.

— Lo siento, pero es que el romance me ablanda un poco —se burló ella, caminando de vuelta a la cocina. —Envíale mis saludos a Stark.

— ¿Qué quieres decir…? —espetó Steve, pero Natasha ya se había alejado demasiado. —¿…con romance?

Steve recibió miradas furtivas y divertidas de parte del grupo. Las cuestionó todas de camino, de vuelta a la Torre.


Bienvenido de vuelta Capitán. —Lo recibió la IA cuando las puertas del elevador se abrieron.

— Gracias Friday, es bueno estar aquí de nuevo —musitó, antes de bajar del elevador. En cuando puso un pie fuera, Steve notó como el penthouse se encontraba en penumbras. Las únicas luces encendidas eran las de cortesía, que apenas permitían distinguir las formas generales de los pasillos y puertas. Su sangre se enfrió, y la voz de Natasha resonó en su cabeza.

Creo que irá tras él de nuevo.

— ¿Friday? —murmuró, y se arrepintió el segundo siguiente, cuando piensa que quizá la IA está intervenida.

¿Si Capitán?

— ¿Dónde está Tony? —preguntó en un murmullo, mientras avanzaba agazapado y con sigilo.

No puedo proporcionar esa información, el protocolo actual activado me impide monitorear el piso —indicó Friday de vuelta. Steve maldijo en silencio, mientras decidía llamar al equipo de emergencia. Se detuvo, entonces, en el taller. Las puertas se abrieron y revelaron un intacto taller bañado en una luz roja de emergencia. Verificó todo el lugar, pero nadie puede esconderse allí activamente, siendo un área abierta. Es entonces cuando encontró en el piso algunas herramientas y materiales de Tony regados sin cuidado. Su corazón se detuvo un segundo, para luego comenzar a martillar con fuerza mientras sentía el subidón de adrenalina en sus venas. Salió disparado del taller, barriendo con rapidez la estancia y la cocina. Estaba desierto. Entonces su mente comenzó a entrar en pánico, pero se detuvo, al pensar que debería estar seguro antes de hacer esa llamada para pedir apoyo. Entonces entró con sigilo a la habitación de Tony. Encontró la lámpara de la mesa de noche encendida, y algo dentro de él se tranquilizó al ver la luz blanca, bañando el cabello castaño de la cabeza de Tony al otro lado de la cama. Sin bajar la guardia, rodeó la cama, para encontrarlo sentado en el suelo, con la espalda recargada a su cama y una botella de licor a medias.

Su mirada estaba perdida en la oscura noche neoyorkina. Su cabello desaliñado, y su ropa arrugada. Lucía terriblemente miserable.

— ¿Tony?

El hombre no respondió. Tardó unos segundos más para girar con lentitud a darle una mirada vacía, que lo recorrió de pies a cabeza.

— Estás aquí —murmuró Tony, arrastrando las palabras. No necesita una prueba de alcohol para saber que el genio está ebrio. El hedor a licor penetró con fuerza en su nariz apenas cruzó el umbral.

— Estoy aquí —respondió de vuelta en un susurro, agachándose hasta la altura del genio. Hay una chispa de algo que cruzó en el rostro del moreno. Sus rasgos se contraen hasta formar una mueca afligida que Steve nunca antes había visto en su rostro. No parece Tony Stark. Steve jura que el hombre que comienza a sollozar frente a él no es Tony Stark. Y su corazón se estrujó al ver el dolor expuesto en el rostro del genio: sin máscaras, sin falsas apariencias. —Y tú estás aquí. —añadió Steve, y no sabe en qué momento las lágrimas de alivio han corrido también por su rostro.

Tony se abrazó a sí mismo, aferrándose a su botella de licor, sollozando sin cuidado. Y algo en Steve lo atrae inevitablemente hasta el hombre más pequeño, aferrándose como un imán a su polo opuesto, atrayendo con cuidado su menudo y frágil cuerpo entre sus brazos.

— No te has ido —murmuró Tony entre sollozos, mientras alojaba su rostro húmedo en el pecho del soldado.

—Nunca lo haré —prometió Steve.

Él nunca se irá.


Hay mucha ansiedad representada en el primer tramo del capítulo, espero que los pensamientos rumiantes de Tony no incomoden a nadie.

Me emocione mucho al escribir la última escena. Tony puede aparentar fortaleza, pero en el fondo teme ser abandonado, y con Pepper, Rhodey y Happy lejos, además de su baja en los Vengadores, Tony solo le queda aferrarse a Steve. Tony comienza a apegarse al Capitán, pero aún no lo sabe. En el próximo capítulo, uno de los dos va a descubrir por fin, que ha caído enamorado por el otro. Que comiencen las apuestas.

Queen-Mushroom: Va ir de a poco, y espero que sea lo más orgánico posible. Gracias por seguirme leyendo, a pesar de todo el tiempo que tardo en actualizar.

Ysiktovar: ¿Querías que lo apachurrara así? Jajajaja, cada vez que intento hacer un capitulo menos angst, sale esto. Pero ya iremos transitando a los bombones y chocolates poco a poco.

¡Hasta la próxima!

P.D.: Rhodey todavía no conoce todos los secretos de la IA, ni todos los protocolos que Tony ha programado, así que puede salirse de su monitor de bebé fácilmente.

Bethap