Advertencia: Fanfiction Angst. Puede contener violencia implícita o explícita, abuso de drogas, alcohol, abuso físico y sexual.


XX

Estrellas y llamas.

Después de abandonar, la mañana siguiente, a un muy consumido Tony en su cama, no vuelven a hablar de aquella noche. Tony regresa de inmediato –en cuanto los efectos de la resaca se van – a su rutina, apenas ponerse en pie, va directo a su taller. No quiere preguntar –quizá porque teme hacerlo– si recuerda lo ocurrido y por qué terminó bebiendo aquella noche. Steve se siente un poco decepcionado de alguna forma, quizá después de la conversación con Natasha, las cosas se ven distintas ahora. Encuentra en la simulación de normalidad el esfuerzo desgastado y rígido de Tony por colocarse la máscara que todos conocen. Steve parece cada vez notar más cuan fácil es detectar las posturas practicadas y los gestos actuados. Hay un vacío que se instala desde entonces, al saberse tan cerca pero fuera, de esas murallas impenetrables que Tony construye a su alrededor.

Pero él continúa intentando.

Podría hacerlo todo el día, claro está.

No importa si en ocasiones parece que fue un mal día y el hombre apenas come. O si lo ve pasar el resto del día derrumbado en una silla de su taller, inmóvil y gris. Él lo intenta a pesar de descubrirlo cambiar su postura y actitud apenas llega, cómo si le avergonzara ser encontrado en un momento de debilidad. Cómo si necesitara desesperadamente probarle a Steve que está bien. Pero él sabe, quizá como un susurro de su instinto, que Tony está muy lejos de estar bien. Lo sabe por lo fría que llega la sangre a sus pies cada vez que escucha algún ruido alarmante proveniente de su habitación. Lo sabe por cuan mucho su pecho se oprime de preocupación al recoger su plato intacto y frío del taller. O por rotos que lucen sus ojos y la manera en que evaden su mirada.

Steve puede ver a Tony ahora.

Al verdadero Tony Stark.

9 DE FEBRERO, TORRE STARK, NUEVA YORK.

Se encontraba relajado, perdiéndose en el rítmico sonido del impacto de sus puños contra el saco. En ocasiones como éstas, solo necesitaba escuchar y generar un pulso hasta mantenerlo por minutos, para que su mente botara la maraña de pensamientos insistentes que se aferraban a ella. La mañana había sido tranquila. Steve encontró a Tony trabajando –realmente trabajando– en su laboratorio desde temprano, por lo que decidió tomarse un tiempo libre. Con sus últimas noches invertidas en leer reportes y analizar cada línea de investigación que el equipo llevaba, realmente necesitaba despejarse un poco. Sabía ahora mucho más de lo que le gustaría acerca del bastardo de Shishido: sus negocios, su red de operación, tráfico de armas, drogas y personas; hasta sus tácticas de combate. Las fotografías eran lo suficientemente explicitas para entender por qué Hill decidió definirlos como la mafia más sanguinaria que habían enfrentado. Y Steve sabía que ella y Fury tenían un amplio historial. Pensaron que Hydra los preparó para esto, pero estaban equivocados. Los dedos de La Mano estaban tan bien infiltrados en diversas corporaciones y entidades que era una tarea titánica seguir el tráfico que influencias que estaba bajo su control. Eran sutiles. Eran crueles. Terriblemente crueles. No contaban con la tecnología de Hydra, pero se aseguraban de terminar su trabajo de la manera más eficiente e inhumana posible.

Un escalofrío recorre su espalda, a pesar del calor que el ejercicio físico le provoca.

Creo que irá tras él de nuevo.

Sabe que la torre es segura. Confía en Friday, en la tecnología de Tony. Confía en su propia habilidad de protegerle. No va a fallar de nuevo, ¿cierto?

Sr. Rogers, el Sr. Stark lo solicita en su taller — la voz de la IA detuvo el impacto de sus puños contra el saco. La voz de la asistente de Tony era neutra y cálida, pero no impidió que el pánico inundara de golpe su mente. El subidón de adrenalina lo sacó del gimnasio en unos segundos. Ignoró la voz amable de Friday indicándole que el ascensor estaba por llegar al piso y se desvió hacia el cubo de escaleras de emergencia. Escaló los dos tramos de peldaños en tiempo récord, antes de golpear la puerta hacia el piso superior. Unos segundos de silencio apenas roto por sus pisadas apresuradas se rompió en cuanto llegó a la puerta del taller. El desliz automático de la puerta le dio paso al interior del recinto.

Y allí estaba Tony.

No había destrucción, caos o llamas alrededor. Quizá un poco de desorden típico del proceso creativo del genio, pero nada más. El hombre se encontraba de espaldas, absorto en algún objeto entre sus manos. Su figura esbelta parecía flotar aún en sus pantalones de chándal y sudadera floja. Echó un vistazo rápido sobre su hombro, antes de volver al objeto en el que trabajaba.

— Llegas antes —dijo en un murmullo vacío. —Dame un minuto.

Steve asintió, confundido, respirando agitado aún. Observó con recelo el resto del lugar buscando sin éxito cualquier indicio que le explique el motivo del llamado. Detectó un ligero olor químico que no reconoció, pero que le recordó el aroma a automóvil nuevo que descubrió cuando subió al primer auto del nuevo siglo. Pero nada más. El silencio seguía dominando el taller, y Steve encontró que extrañaba la música que solía rodear al genio. Suspiró, cansado, dando unos pasos dentro. De pronto se sintió un idiota por sobre reaccionar ante la situación. Ni siquiera se detuvo a notar que se encontraba inconvenientemente bañado en sudor y con sus manos aún vendadas por el entrenamiento. Stark giró hacia él, manipulando un pequeño objeto entre sus manos, antes de levantar su vista y encontrarse con el soldado aun transpirando. Por la forma en que el moreno arqueó su ceja supo lo terriblemente mal que debe lucir, y que era la última cosa que esperaba.

— Podías dejarlo para más tarde —comentó él, intentando sonar casual, pero solo empeoró su propia incomodidad. — Pero ya que estás aquí… — El hombre levantó un pequeño objeto entre su dedo índice y pulgar. Steve tardó unos segundos en reconocer el discreto comunicador de oído. —Necesitó probarlo —explicó al notar que el rubio no parecía entender su intención. Así que asintió antes de acercarse al genio y colocarse en su flanco derecho hacia él.

— Eh…Capitán.

Giró ante el titubeo de Tony, sólo para notar como el hombre no podía alcanzar de forma adecuada su oreja. Tony era como mucho, tan alto como Clint, y eso apenas lograba superar por un par de centímetros su hombro. El traje ayudaba, claro, pero sin él la diferencia era evidente. Susurró una disculpa antes de buscar un banco y sentarse sobre él. Tony se acercó, entonces, a su oreja derecha y comenzó a colocar el dispositivo. Steve tuvo que reprimir un escalofrío cuando los fríos dedos del genio comenzaron a trabajar. No importaba lo alto que programara el aire acondicionado, Tony estaría frío y Steve lo entendía perfectamente. Él sufrió de anemia antes del suero. Conoce el entumecimiento. Mientras el genio no alcanzara un peso saludable, viviría envuelto en capas adicionales de ropa.

Tony susurró algunos tecnicismos para sí mismo, como si verificara su propio trabajo. Su rostro estaba tan cerca de su oído que el susurro llegó hasta su cuello, provocando un cosquilleo suave que Steve encontró...fascinante. Algo en la forma en que Tony trabaja con tanto cuidado mientras instalaba el dispositivo en su oído absorbió su atención, provocando que su corazón comenzara a martillar con fuerza dentro de su pecho. Pudo sentir la sangre subir a sus mejillas y el calor invadiendo su rostro.

— ¿Escuchas algo? —musitó el genio, de pronto. Steve descubrió que podía escucharlo hablar, pero solo con su oído izquierdo. El derecho parecía estar totalmente sordo.

— No, en realidad —respondió con curiosidad. Tony susurró algo más, y lo supo por la forma en que su aliento cálido bailó cerca de su oído, pero no logró escucharlo.

— ¿Qué es… — Steve giró hacia el genio, llevando su mano derecha a su oreja, intentando comprender lo que ocurría. Su rostro quedó a un par de pulgadas del hombre, encontrándose con su mirada confundida. Una fracción de segundo, sus ojos se posaron en su boca, y al siguiente, Tony se retiró, como si fuese inducido por un shock eléctrico, hacía atrás.

— Un comunicador con cancelación de sonido —murmuró el mecánico metódicamente. Su mirada perdida regresó dos segundos después, y la máscara se instaló en su rostro, con un gesto de autosuficiencia forzado. — Demasiados decibeles en el campo no ayudan a la nitidez del canal de comunicación con el equipo —continuó explicando mientras se alejaba hacía una mesa de trabajo, removiendo componentes como si buscara algo.

— Es una idea brillante —se adelantó a felicitar Steve, intentando ignorar el calor en su rostro y reconociendo en la iniciativa del genio un esfuerzo por regresar al trabajo. Al trabajo real y no simulado. Tony asintió, distraído, como si no fuese la gran cosa. —Le encantará a todos.

— En realidad… —Tony titubeó, trabajando en algo más que Steve no alcanza a identificar. — En realidad el dispositivo está diseñado para una audición mejorada y más sensible que podría lastimarse fácilmente con las ondas sonoras provocadas por explosivos —explicó. — Como una protección adicional.

Tony giró de vuelta, con una expresión reservada, como si estuviese midiendo su reacción. Casi con vergüenza.

— Oh…

— Quiero decir —continuó, casi en un susurro — sólo funcionaría para ti, Cap.

— Entiendo, yo… —Steve no sabe cómo tomarlo. No es la primera vez que Tony diseña algún gadget para él. Todos en el equipo cuentan con, al menos, tres dispositivos especializados con tecnología Stark adaptado a sus habilidades. Desde que los Vengadores se integraron como un equipo en regla, el hombre nunca escatimó en proporcionarles todo lo que necesitaban e incluso un poco más. Al principio parecía muy arrogante de su parte: el chico rico derrochando para impresionarlos. Con el tiempo descubrió que lo hacía porque les preocupaba su integridad. Era como una forma poco ortodoxa de expresar su cariño hacia las personas en vista de sus habilidades interpersonales atrofiadas. Pero no entiende porque parece diferente ahora. Quizá es Steve quien encuentra una extraña cantidad de atención extra para sí mismo en el acto. — Gracias Tony —atinó a decir, finalmente.

El hombre asintió de nuevo, como si no fuera nada, acercándose a realizar unos cuántos ajustes finales en su oreja. Steve se mantuvo inmóvil, intentando cooperar todo lo posible. Encontró la cercanía física terriblemente incómoda: con su corazón martillando, desenfrenado, y las palmas de sus manos sudando de una forma poco convencional. Un extraño impulso comienza a alojarse en su mente. Un impulso tan primitivo, como cuando su cuerpo se protege ante una amenaza: no es racional, es instintivo. Su cuerpo quería moverse por voluntad y buscar la cercanía del cuerpo del moreno. Es casi una necesidad. De inmediato se reprimió así mismo. Debía estar enloqueciendo.

— Haremos otra prueba después para los retoques finales —dijo Tony en un tono perfectamente profesional, alejándose de él, totalmente absorto en el dispositivo.

— Bien. —Se quedó unos segundos más, esperando quizá, una conversación más prolongada que nunca llega. Se incorpora rápidamente, anhelando regresar a tomar una ducha lo más pronto posible. Acortó la distancia entre el taller y su habitación rápidamente. Tan pronto se encontró de regresó a ella, cerró la puerta tras de sí. Su corazón continuaba martillando desenfrenado en su pecho, y el sudor bajando por su frente. Pasó la mano por su cabello para acomodarlo y librarse de la línea de sudor que estaba bajando aún. Se detuvo un minuto, analizando el calor que viaja hasta sus extremidades y mejillas. Y Tony, la imagen del hombre que en un principio detesto, está instalada en su mente. La mirada confundida, los labios entre abiertos. Esa chispa de algo que Steve no entiende pero que se siente tan importante para él. Estaba perdiendo su cabeza. Quizá la perdió desde hace tiempo.

Entonces baja su mirada a su entre pierna.

— Mierda.


Lo dejo a su imaginación.

Sé que todo podría apuntar a que Tony descubriera que su apego a Steve tiene otra connotación, pero acá estamos en un punto temprano para el hombre. En ocasiones, olvidamos que las personas con depresión sienten poco o nulo placer en la interacción humana, y eso deja a cualquier ápice de apetito sexual fuera de la ecuación. Tony tiene un corazón que se está ablandando respecto al Cap, pero necesitará abrir más los ojos muy pronto para reconocerlo.

Algunas respuestas:

Queen-Mushroom: Gracias, gracias, gracias, por seguir la historia. Realmente significa mucho para mi poder escribir con todo gusto y que las personas lo disfruten. ¿Ya dije gracias? :3

Ysiktovar: Jajaja, ¡personaje equivocado! Steve es un semental, pero aun no le han avisado. ;)

DarkSkity: Me leí tu review varias veces, de verdad muchas gracias por seguir la historia. Realmente me esfuerzo en que sea congruente y no caiga en la monotonía. ¡Gracias por seguirla!

Alessandra Von Grey: Sip, Tony sabe que necesita al Cap, y ama/odia que sea así pero aún no entiende el porqué. Es un loquillo que aún esta muy resentido por el secuestro.

De verdad muchas gracias por sus reviews. Me ayudan mucho a saber si estoy tomando la dirección correcta.

Cuidense y manténgase a salvo.

¡Hasta la próxima!

Bethap