Advertencia: Fanfiction Angst. Puede contener violencia implícita o explícita, abuso de drogas, alcohol, abuso físico y sexual.
XXII
Avalancha.
19 DE FEBRERO, TORRE STARK, NUEVA YORK.
Algo en su estómago se retorció cuando el pseudónimo de Natasha apareció en la pantalla de su móvil. No es que las cosas estuvieran de alguna manera mal; pero, muy en el fondo, sabía que no estaban del todo bien.
Aunque todo pareciera que así era.
Los últimos días dentro de la torre, Steve reconoció cierto aire de cotidianidad que le recordaba a los días antes de Ultrón. Solo que esta vez, todo era entre Tony y él. Las viejas bromas, la camaradería ligera y las sonrisas correspondidas regresaron en pequeños pasos. Cuando el martes le sonrió un par de veces más de lo acostumbrado. O cuando hizo esa pequeña broma acerca de su comida. Eran tímidos movimientos que le recordaban que él seguía allí dentro. El ritmo lento pero conciso de su trabajo en el taller, lo hacían lucir un poco más al Tony Stark que recordaba: el de andar grácil, espalda curveada y gestos despreocupados. Aun cuando sus ojos lucieran grises tras las gafas oscurecidas que insistía en llevar. Aun si era todavía demasiado delgado de lo que solía recordar. O si hacía largas pausas durante las cenas, cómo si no estuviese más allí. Cómo si nunca hubiese regresado allí.
Así que cuando el móvil vibró, insistente, sobre la barra de granito pulida de la cocina, no pudo evitar sentir como su pequeño oasis despreocupado se derrumbaba a pedazos.
— Aquí Rogers.
— ¿Estás con él? —era impaciente, casi agresiva.
Suspiró.
— No.
— Bien —parecía aliviada ahora. —Estaré allí en 15 minutos. Necesitarás estar preparado para esto Cap.
— ¿Qué ocurre? —preguntó, aun temiendo la respuesta. Porque sabía que algo no estaba bien. Seguía sin estarlo.
— Tenemos su ubicación. —No fue necesario mencionarlo. El escalofrío que recorrió su espalda fue suficiente confirmación. Sabía a quién se refería. No existía nadie más a quien Steve deseara atrapar que a él. —En tiempo real.
— De acuerdo.
— Recuerda lo que hablamos: asegúrate de que Tony no te siga. No podemos dejar que se involucre. Es demasiado peligroso, demasiado personal. —Esa fue la Natasha profesional. La que puede hablar de cualquier persona como un objetivo más. —Y tú sabes lo complicado que es cuando se torna personal.
No entendió el guiño, pero fue inevitable sentir como su último comentario fue lanzado para él.
— No es de los que se queda en una esquina a observar. —Le recordó Steve.
— Lo sé. —confirmó ella, como si le hablara del clima. —Por eso Rhodes está en camino. Se asegurará de mantenerlo en resguardo mientras terminamos el trabajo.
Lo tenía resuelto, claro que era así.
Suspiró de nuevo.
Fue más sonoro esta vez.
— Entendido.
— Vamos a capturarlo. Lo prometo.
El móvil se bloqueó en cuanto la llamada se cortó. La pantalla negra reflejó su propio rostro congelado en una expresión decidida. Los vegetales que cortaba unos minutos antes quedaron abandonados. La cena podía esperar.
El aire gélido lo golpeó apenas salió de la torre. Sus mejillas se congelaron en segundos, e ignoró la sensación mientras corría a través del helipuerto de la torre. Fuera, Nueva York ya se encontraba sumergida en la oscuridad irrumpida por la iluminación de las torres vecinas. Entre la niebla de la noche, el zumbido de los motores del quinjet irrumpieron. La nave voló sobre su cabeza, antes de bajar. El tren de aterrizaje apenas rozaba el suelo, sin intención de detenerse. La llegada de Natasha era todo, menos discreta. Sería imposible que Tony no notara la nave aterrizando. Rogó porque Rhodey se diera prisa. Saltó hacía la compuerta abierta y escaló hasta el interior con rapidez. La mirada fría de Natasha lo barrió de pies a cabeza.
— ¿Todo en orden?
Steve asintió, mientras la compuerta de la nave se cerraba tras él. Se sostuvo de los soportes del techo de la cabina mientras volvían al aire. Natasha no comentó nada más, maniobrando fuera de la Torre. No pudo evitar echar un último vistazo a la torre cuando el quinjet se alejó. Steve juró ver una silueta solitaria a través del ventanal, que contemplaba inmóvil el helipuerto. Guardó la imagen en el fondo de su mente, concentrándose en la ciudad desapareciendo tras él.
— Estará bien. —Le prometió Natasha, leyendo a través de él. Asintió de vuelta, no tan seguro de ello. Aseguró su asiento de copiloto disponible junto a la espía, y no fue hasta que giró por completo, que le vio.
En el costado oscuro de la nave, camuflado de forma impecable. Inmóvil, en guardia. Una máscara cubría sus ojos, que solo eran insinuados por un par de cuencas negras. El resto era un traje fortificado en un tono vino profundo, difícil de distinguir. No había prestado mucha atención al detalle del traje del abogado la primera vez que lo vio, en Jefferson. Temió confesar que le daba un aire de villano. Supuso que esa era su intención, recordando de dónde venía.
— Por cierto, Daredevil nos ayudará esta vez —comentó Natasha, despreocupada.
— Sr. Murdock —saludó Steve. El hombre sonrió con autosuficiencia en respuesta. No podía superar la locura de que aquel justiciero fuese ciego.
—Jones y Rand están en camino junto con Clint, por si acaso. —Continuó informando Natasha.
— ¿Rand?
Ella sonrió. Quizá pudo sentir la sonrisa de Murdock también.
— Te has perdido algunas cosas desde que te mudaste a la torre. —Tarareó ella. —Te actualizarás en el proceso.
— ¿Dónde está? —Se adelantó. Sabía lo que estaba haciendo. Realmente quería hacerlo. Acabar con la maldita pesadilla de Tony. Y la de todo el equipo. Mentirían si dijeran que esto era personal para todo el equipo. Capturar a Shishido no era solo un trabajo más, era ajustar cuentas con la persona que le hizo daño a uno de los suyos. Nunca pensó que requeriría toneladas de autocontrol cuando lo encontrara a un objetivo. Necesitaba dejar este asunto en las manos de la justicia.
— Pensé que nunca lo preguntarías. —Confiesa ella. —Justo allí.
El holograma se desplegó frente a él. Había un punto señalado en el mapa. Era en la región de Manitoba, Canadá. El trayecto era de un par de horas, según los cálculos de Friday.
— Al norte de Dauphin, cerca del lago. Es una propiedad de uno de sus prestanombres. Estaba bien camuflada dentro de la red de socios de La Mano. —Le explicó Natasha, ajustando los parámetros de vuelo de la nave. —Pero nada que una simple deducción echándole un vistazo a sus estados financieros y un par de geo localizadores bien colocados no arreglara.
— Vamos a necesitar a Visión y Wanda en esto. —Desconocía el alcance de la mutación de Shishido, pero sabía que no sería suficiente para capturarle. De verdad echaba de menos ser el experimento científico del momento. Las nuevas amenazas venían siempre con una mejora que superaba sus limitaciones. No puede imaginar cómo se sentiría Tony a un lado de todo un equipo de mejorados. "Soy solo un hombre en una lata", dijo alguna vez. Agradeció tener un par de mutantes a la altura de la situación.
Natasha sonrió en respuesta.
— No va a volver a escapar esta vez Cap. —Se tomó un momento para dejar la vista al horizonte y volverse con él. La mezcla de determinación y revancha en su mirada eran escalofriantes. Sabía que podía confiar en ella. Confiaba en su equipo. Pero no podría perdonarse perderlo de nuevo.
— Friday, ¿el Coronel Rhodes ha llegado a la Torre? —preguntó Steve. La IA pareció consultarlo durante unos segundos antes de contestar.
— Está por aterrizar en el helipuerto, Capitán. Estará en el pethouse en 2 minutos.
Asintió, como un gesto de cordialidad a la IA que quizá no era necesario. Pero por lo que aprendió al observar el trato de Tony con su asistente virtual, Friday era más humana de lo que el resto la consideraba. Era su creación, al final de cuentas, y con el tiempo aprendió a valorarla casi como otro miembro del equipo.
Casi como una extensión del propio Tony.
Y de alguna forma, saberlo le hacía sentirse un poco acompañado por él. Natasha le dio una mirada que parecía querer ver a través de él de pies a cabeza, antes de volver la vista al frente.
— Fury enviará un equipo de asalto a la zona como respaldo para evitar una fuga. —Informó ella. — Sería bueno que respondieras sus llamadas, de vez en cuando.
Steve giró de vuelta hacía Natasha, y entendió enseguida su idea. Sabe bien lo que está haciendo: renunció a su trabajo por tiempo indefinido, sólo por quedarse en la torre Stark. Claro que esto era importante y tenía que acudir. Estaba allí porque era una cuestión vital para el caso de Tony. Pero no podía seguir así. En un futuro más próximo de lo que le gustaría, debería regresar a la acción. No quiere pensar demasiado en su reintegración al equipo. Intentó seguir el ritmo a distancia, pero sabe bien que no puede usar esa carta por más tiempo. Sabe bien, también, que Tony es de forma oficial, asunto de Rhodes. En realidad, no lo necesitan por allí. El Coronel se haría cargo de alguna forma, no es que sea indispensable y lo sabe; Tony también. Pero nadie se ha atrevido hasta ahora a hablarlo. Se ha acostumbrado tanto a este pequeño limbo donde las cosas son cómodas –aunque inusuales– y funcionan para ellos dos.
Y de verdad no quiere dejarlo.
Debe ser demasiado egoísta de su parte sentir que esta vez Tony comienza a mejorar. O tener la corazonada de que podría empeorar si se aleja. No es que tenga algo en contra de Rhodey, pero entiende lo tensa que está su relación con el genio por ahora, y es lo último que ayudaría a su recuperación. Desea tanto que las cosas sean como antes. Con Tony en el equipo, todo sería más fácil. No tendría que partirse en dos, entre el equipo y él. Pero sabe que, por ahora, el regreso de Tony a los Vengadores es lo más improbable en todo el asunto. Así que tiene que trabajar en una manera de resolver su situación.
— Lo haré un día de estos —contestó, unos segundos después de reflexionarlo. Ya habría tiempo después. Primero tenía que hacerse cargo de Shishido.
— No tardes mucho Cap, el equipo también te necesita. —Conoce demasiado bien a Natasha para entender la insinuación. No necesita pensar en ello en ese momento. Así que decide enfocarse en la misión.
— ¿Cuántos nos esperan? —cortó él. Aún queda tiempo de vuelo, pero necesita enfocarse.
— Alrededor de 45 escoltas. —Admitió ella. —Aunque podrían ser más.
— ¿Armas?
— Tres torres de vigilancia que triangulan la zona con algunas de alto calibre. Suponemos que el resto también, además de algunas katanas de por medio. Ya sabes, la vieja escuela.
Steve masticó la idea por unos minutos.
— Odio las espadas. —Confesó luego de pensarlo.
— Me encargaré de ellas —musitó al fondo de la nave Murdock. —Son mi especialidad.
Steve giró en su asiento hacia el hombre. La comodidad que emanaba de su propia piel dentro de su traje era imperturbable.
— Necesitamos más que su habilidad con katanas en este asunto —le recordó Steve. —Y que las leyes sean también su especialidad.
Murdock se incorporó, acercándose al asiento de copiloto que ocupaba el soldado. Sus pasos eran firmes y determinados. Ni siquiera dudaba de su ubicación dentro de la nave.
— Creo que será más fácil esquivar algunas katanas que la defensa en la corte. —No había desafío esta vez en su voz. Era honesto. Casi una confesión cansada y derrotada. Natasha no se inmutó, manteniendo su vista firme en el horizonte. Solo el ligero agarre de sus manos sobre el mando le sugirió que ella ya lo sabía.
— ¿Qué hay de eso? —la pregunta salió sin siquiera poder detener el tono de pánico en ella.
La boca de Murdock se torció en una mueca de desagrado.
— Shishido no es un ciudadano estadounidense. —Escupió, casi con disgusto. —Su documentación lo identifica como ruso, pero hay un expediente que lo señala como japonés. En cualquier caso, complica las cosas.
— Tenemos suficientes pruebas y cargos que imputarle —se adelantó Natasha. —Y con un testimonio sólido de parte de Tony, el tema de su nacionalidad será solo un problema burocrático.
— No es el único problema. —Agregó Murdock
Natasha bufó por debajo. No le sorprendía que estuviera al tanto de todo.
— Es muy posible que, al capturar y poner los cargos sobre Shishido, el Sr. Stark no esté en la mejor posición para demandar.
Steve estrechó sus ojos sobre el abogado. Como si este pudiese verlo, levantó sus palmas, en señal de rendición.
— Estamos intentando recabar toda la información que pueda ayudar dentro del expediente de la alianza comercial entre Empresas Rand y Stark Industries —explicó Murdock, pero sonaba más a una justificación para suavizar la verdad. —Miller accedió a cooperar luego de cortar el control que Killgrave tenía sobre él, pero su material lleva las huellas de Stark por todas partes.
— ¿Qué quiere decir?
— Existe la posibilidad de declarar a Tony incompetente en sus facultades, con su expediente médico y perfil psicológico, justificaría su intervención en los asuntos de Miller —Natasha explicó con rapidez, interrumpiendo las cavilaciones de Steve, como si fuera un tecnicismo más.
Murdock hizo una pausa, como si no estuviese tan seguro de que funcionara.
— Stark pagaba con tecnología el suministro de drogas que Miller le proporcionaba —añadió Murdock. El estómago de Steve cayó pesado, como una piedra. Claro que Tony estaba consumiendo. Era obvio que todos sabían que Tony había vuelto a caer en el alcohol, pero gracias a las grabaciones de Friday en el pethouse de los últimos meses, no quedaba una sola duda de que no se detuvo en un par de tragos de más. Y no solo eso, en su frenesí autodestructivo permitió que Miller tomara ciertas libertades. —Eso lo hace cómplice. Miller está cubierto, con Killgrave manipulándole. Pero no Stark.
De pronto todo hizo clic en su mente, y su pecho se comprimió cuando lo comprendió. La producción y diseño de drogas de Shishido, cubierto en la alianza comercial entre Rand y Stark Industries, y asesorado en persona por Miller era un delito que el propio hombre debía pagar. De ser acusado por el secuestro de Tony y el tráfico de drogas –Jones tenía material de sobra para imputarle tales delitos–, las cosas se complicarían también para el genio. Tony estuvo suministrando a Miller de tecnología para producir drogas ilícitas de forma voluntaria y consciente. Aún desconoce si se trató de tecnología Stark o solo mejoras a las propias patentes de Miller. En cualquier caso, lo hizo sin nadie que lo manipulara o amenazara. Shishido podía usar esa carta. Por eso estaba tan confiado al aparecer tan pronto sin molestarse en perderse al otro lado del mundo. Si Shishido caía, Tony también. Miller fue manipulado; Tony no. Él se metió en todo esto de forma voluntaria, drogándose y acostándose con su dealer. Y eso último dolía de una forma desconocida para Steve. Como un peculiar estilo de traición.
Pero este no era su asunto.
Rhodey apresurando su tutela legal sobre Tony y sometiéndole a exámenes médicos contra su voluntad era tan comprensible. Necesitaban demostrar que su salud mental estaba deteriorada lo suficiente para validar la inimputabilidad y eximirlo de su responsabilidad legal en todo esto, sin importar lo denigrante que llegara a ser. Steve estuvo molesto antes con Rhodes por ello; pero estaba salvando sus espaldas. ¿Cuántos sabían de esto?
Steve la observó con cuidado. Natasha parecía nerviosa, y eso, siendo honesto, era algo escalofriante. Natasha tenía nervios de acero; la vio resistir cosas peores. Pero no preguntó más. Sabe que la situación ya es complicada como para adelantar conclusiones. Primero, necesitaba a Shishido en sus manos. La idea de Tony enfrentándose de nuevo a Shishido se aferró al fondo de su mente el resto del viaje.
El cielo comenzó a despejarse hasta que las estrellas sobre ellos comenzaron a brillar. El viento rugió y el indicador de temperatura descendió. Mientras en Nueva York el clima mejoraba, esta zona, más al norte, aún se encontraba cubierta de una capa gruesa de nieve. Natasha reajustó los parámetros de vuelo antes de acercarse más. Un puñado de luces apenas visibles, surgían de un par de edificios perdidos entre la zona boscosa.
— Barton, ¿están en posición?
La espía esperó unos segundos por respuesta.
— Creí que no vendrían —Natasha se dibujó una sonrisa. —La zona está despejada y segura, así que pueden bajar a jugar.
— Nos vemos en un minuto.
La comunicación se cortó. El quinjet rodeo la zona, perdiendo altitud con discreción. El claro en el bosque se hizo cada vez más grande conforme bajaron, antes de sentir que el tren de aterrizaje se hundió bajo la nieve. El visor nocturno se apagó, y el paisaje frente a Steve se oscureció, perdiéndose así las siluetas de los árboles a su alrededor. Siguió a Natasha y Murdock, quienes parecían cómodos ante la oscuridad que los rodeaba. Se estremeció aún más, cuando chocó con el aire crudo fuera de la nave. El bosque era demasiado silencioso. Sus pies se hundieron tras los de Murdock, quien parecía saber con exactitud como caminar para evitar ser escuchado. Un par de pisadas más lo desconcentraron, forzándole a girar de último minuto cuando la silueta lo alcanzó.
— ¿Qué tal las vacaciones Cap? —murmuró Clint, golpeando con el puño su brazo.
Steve suspiró, antes de continuar tras la espía.
— Estarían mejor si no tuviera que ir tras Shishido.
Clint bufó, cansado. Su rostro se ensombreció de pronto y Steve temió estar siendo demasiado pesado con esto. Guardaron silencio durante el siguiente tramo, mientras se internaban por el bosque. Aun les quedaba más de un kilómetro para llegar a las inmediaciones de la propiedad según su localizador.
— ¿Cómo está? —murmuró el arquero tan bajo, que sabía que lo decía para él, aunque no era el único presente con audición mejorada.
— Él está… —y se detiene allí, porque siendo honesto, no lo sabe. Puede que lo haya visto mejorar los últimos días. Pero ya lo ha hecho antes, solo para volver a caer. No puede borrar la imagen de Tony ebrio en su taller. Se estremece de solo pensar que se asusta de esa manera ante la idea de estar solo. ¿Estaba aterrado también antes del secuestro, cuando renunció a los Vengadores? ¿O siempre se sintió solo y por eso comenzó a ser tan errático antes de su partida? Nadie le puso suficiente atención antes de su retiro. Acostumbrados a su comportamiento temerario y su carácter, nunca lo notaron.
— ¿Así de mal?
Le dio un vistazo a Clint, que estaba observándole con el ceño arrugado de la preocupación.
—Es difícil saberlo. —Confesó Steve.
— Le vendría bien regresar al equipo —sugirió Clint.
No respondió ante el consejo. Sabe que no es una mala idea. Tony se deterioró con mayor velocidad desde su retiro. Entiende que el hombre también necesitaba un respiro. No es un humano mejorado, y además de los Vengadores, tiene a Stark Industries. No importa lo bien que Pepper y Friday lo manejaran, siempre tenía que ayudar a empujar la parte creativa y de patentes. Dividirse en dos. Pero ser parte del equipo le ayudaba a balancearse, no importando cuanto le fallaron. Nada era tan malo como Tony aislándose en la Torre, y lo sabe. Pero eso sería complicado, pensó. No puede imaginarse como volvería a la acción; no después de lo que ocurrió.
No con su condición.
No respondió, aun cuando pudo, porque temía darle esa dosis de realidad a Clint.
El bosque volvió a abrirse en un claro más grande que el anterior, donde dejaron el quinjet. La zona está cercada. Esta vez, los edificios lucen un poco más viejos y deteriorados que los anteriores, en la base de Shishido en Jefferson. Ubica las torres que señaló Natasha cuando estaban camino allí.
— El equipo de asalto está arribando por el noreste. —Les informó Natasha, adelantándose.
Un par de figuras emergieron unos metros delante, en el límite del claro. Con un breve asentimiento, Steve reconoció la figura de Jones en la distancia. Junto a ella, otra silueta aparece, antes de ir a su encuentro. Murdock parece reconocerlos cuando se dibuja una media sonrisa, justo cuando Jones y su acompañante los alcanzan.
— Podrían haberme avisado para traer una chaqueta extra —Se quejó Jones, abrazándose a sí misma mientras su aliento dejaba un rastro de vaho a la luz tenue de la luna.
— Te deje un mensaje sobre ello —murmuró la figura a su lado y Steve la encuentra familiar. Portaba una sudadera con capucha y un paño amarillo cubría la mitad de su cara, dejando solo su vista descubierta. Los rizos dorados caían un poco y le costó un poco aceptar que ese hombre es el dueño mayoritario de Industrias Rand.
— Claro —alegó Jones frotando sus manos.
— No podía decirte a donde vendríamos porque es…
— Lo entendemos Rand. —Lo tranquilizó Clint.
— Sr. Rand —saludó Steve.
— Capitán —asintió él bajo la capucha.
—Si, que lindo reencuentro —murmura Clint. —Ahora, ¿alguien tiene un plan para…
— Torre oeste primero —sugirió Nat sin prestar atención a la llegada de Jones y Rand.
Hubo un intercambio de miradas entre Steve y Clint.
— ¿La más lejana? —cuestionó Steve.
— Una distracción. —Le explicó Clint mientras elevaba su arco hasta la altura de su hombro.
— De acuerdo, Clint y Jones nos ayudarán a distraerlos mientras Romanoff y yo creamos un pase seguro. —Clint asintió ante la orden del Capitán, tensando su arco. —Rand y Murdock, vienen conmigo. Detesto las espadas.
— Ya somos dos. —Agregó Jones, retrocediendo.
Murduck sonrió.
— A tu señal Barton —indicó Steve, más bajo, desplazándose hacia las sobras de los robustos robles a su alrededor. Escuchó la nieve crepitar bajo los pasos de sus compañeros tomando sus posiciones, y respiró el aire de calma por última vez. Los haces de luz recorrieron la zona tres veces más, en un ritmo constante, vigilando el perímetro.
Sin embargo, nada ocurrió.
— ¿Barton?
— Estoy en ello Cap…
Steve observó con cuidado el movimiento dentro de la torre de vigilancia que Barton atacaría primero. Dos siluetas estáticas parecían vigilar con severa atención su entorno. No estaban distraídos como era usual. Eran demasiado cautelosos. Entendía porque no estaba resultando sencillo para Clint.
— Confías mucho en tu vista —le susurró Murdock a Clint.
— Y tú en tus oídos —lanzó de vuelta el arquero.
— Y ustedes en sus malditos egos —bufó Jones, cansada. —¿Vas a lanzar esa flecha?
Barton dudó.
— Un segundo…
El crepitar de madera crujiendo llegó antes que la flecha saliera del arco de Clint. Junto a ellos, un viejo encino se doblaba sobre los más cercanos, cubriéndolos con la nieve acumulada en sus ramas. El suelo tembló y los hombres de la torre giraron de inmediato, gritando maldiciones, y lanzaron un haz de luz sobre el bosque.
Clint veía el escenario impresionado, mientras Jones se alejaba de la zona para esconderse entre las sombras.
— ¿Qué demonios…?
— Lo pensaste demasiado —se justificó Jones, sacudiéndose la nieve de encima.
— Ahora Clint —ordenó Steve, antes de correr en dirección opuesta.
Steve no esperó a ver como Clint se cargaba a los hombres en lo alto de la torre. Corrió hacia el lado opuesto, entre las sombras de los árboles nevados, para abrirse paso hacía el cercado en la zona menos vigilada. Aún a la distancia logró escuchar silbar las fechas de Clint. Al lado opuesto del sitio, el equipo de asalto de Fury hacía lo suyo: lo sabía porque podía escuchar los gritos de los guardias y el ajetreo. Así que capturar a Shishido quedaba en manos de ellos. El cuarteto se internó en el área cuando Natasha detonó el cercado y Steve abrió una cavidad suficientemente grande para entrar. Rand y Daredevil los siguieron hasta llegar al primer edificio. Un grupo de asalto de Shishido doblaron la esquina, y apenas con tiempo de agazaparse tras el tanque de combustible de la primera gran bodega, les vieron pasar de largo. Steve se disculpó en silencio con Barton y Jones, quienes debían tener a todo el primer grupo tras ellos.
— ¿Escucharon eso?
Steve agudizó su oído a través de las explosiones, disparos y gritos, hasta detectar lo que Natasha notó: un motor zumbando como una avispa, revolucionando cada vez más rápido. Un sonido demasiado familiar. Sabe que lo ha escuchado tantas veces antes, pero su mente agudizada en la batalla se niega a encontrar la respuesta a su solicitud.
— Tiene un helicóptero —aseguró Murdock tras él.
La idea hace clic en su mente ahora.
— No va a escapar esta vez —masculló Natasha, antes de salir de su escondite. Rand gira a ver a Steve, sorprendido de la iniciativa de la espía, esperando una orden.
— Tras él —murmuró, saliendo tras la pista de Natasha. Escucha a Murdock y Rand seguirlo de cerca, pero los pierde unos segundos después cuando sus pisadas se detienen tras él. Steve giró y se encontró con el motivo: ocho figuras oscuras con el rostro cubierto, rodean al abogado y al empresario. Por la forma en que Rand está mirándolos, sabe que le son familiares. Steve está justo diez metros delante, con la cantidad justa de oscuridad rodeándole para que las figuras no se percaten de su presencia. La escena se detuvo allí, lo que parece una eternidad, antes de que el ataque comience. Entonces lo vio: ambos usaban la misma técnica de combate, los mismos movimientos, y estilo de defensa. Como si hubiesen sido entregados juntos. O quizá como si hubiesen sido entregados por los mismos maestros. Las katanas se desplegaron cuando Murdock se deshizo de un par de ellos, como una respuesta desesperada. Su respiración se detuvo cuando lo vio: el puño de Rand encendiéndose en dorado antes de chocar contra la hoja de la espada y romperla como si fuera cristal. Los atacantes parecieron pasmarse ante ello, intercambiando miradas nerviosas, mientras Rand continúa golpeando con su puño iluminado a través de la oscuridad sin tregua. Steve sonrió, aliviado, antes de alejarse y seguir su camino. No sabe de donde salieron estos tipos, pero sabía que estarían bien solos.
Rodeó la segunda nave, concentrándose de nuevo en el sonido del motor. Estaba cerca, así que aceleró, internándose en la nave. Pasó una serie de pasillos técnicos, donde encontró guardias noqueados y supuso, era obra de Romanoff. El corredor de muros simples de block culminó en una puerta de acero gris entre abierta, de donde viene el sonido del motor. Cuando entró, se encontró con Natasha siendo sometida. El brazo la rodeaba desde atrás, presionando su cuello. Natasha forcejeaba, aún consciente pero debilitada. Shishido se vuelve hacía él. Su mirada era ilegible, tras las gafas oscurecidas. El traje blanco, impecable. Tras él, el origen del sonido de motor, con un helicóptero encendido. El techo de toda la zona está desplegado, como una enorme caja con la tapa abierta. La batalla cuerpo a cuerpo contra Natasha parece no haberlo inmutado ni un poco. Steve lanzó su escudo, tan pronto ve a la espía perder movilidad, y este rebota en el muro antes de dirigirse hacía Shishido. El hombre lo sostiene, un segundo después, en su mano y sonríe. Steve observó la escena aterrado. El escudo es lanzado de vuelta y Steve tiene que agazaparse para evitar ser derrocado por él. Vio a Natasha cerrar los ojos y ser lanzada como un muñeco de trapo hacia un lado, antes de que Shishido se vuelva en su contra.
Steve se incorporó tan pronto como se lo permitió, justo a tiempo para neutralizar el primer golpe de Shishido. Hubo un intercambio de ataques y contra ataques que empata la situación entre ambos, hasta que Shishido da un par de pasos atrás para replantear su pelea.
— Siento mucho no enfrentarme a usted la última vez que coincidimos, Capitán. —declaró Shishido, con satisfacción. —Parece que sus amigos aún no están a nuestra altura —añadió, girando hacía donde el cuerpo de Natasha yacía inerte. Steve concentró su audición un segundo, sin quitarle la vista de encima a su contrincante. Podía jurar que escuchaba a Natasha respirar. Se atrevió a dar un vistazo rápido para comprobar que su pecho sube y baja para estar seguro. Suspiró, tranquilo. Shishido sonrió con ello.
— Demasiado visceral para un elemento de campo como usted. —Se burló.
— Cualquier baja es personal para mí. —Escupió Steve. —Si ataca a uno de los míos, me ataca a mí.
Hubo un segundo de silencio, donde Steve siente que está siendo examinado hasta la médula bajo la vista de Shishido, inmóvil frente a él.
— Parece que con Tony es aún más… personal, ¿no es así? —insinuó el hombre frente a él. Steve arrugó el entrecejo, confundido. —Oh… es que ni siquiera usted mismo lo ha descubierto. —Concluyó, casi con satisfacción.
Steve abrió la boca para preguntar a qué demonios se refería, pero el golpe metálico seco tras de sí lo calló. El chillido mecánico y la sonrisa de Shishido ensanchándose en su rostro fueron suficiente confirmación. Steve conoce ese sonido. Lo ha escuchado cientos de veces antes en decenas de batallas. Es tan familiar. Pero ahora no es una fuente de tranquilidad. Pudo sentir entonces, como la sangre bajó hasta sus pies y un escalofrío intenso recorrió su columna vertebral.
— Sabía que me extrañarías, querido.
El estómago de Steve se retorció por las náuseas. Una parte de sí mismo rogaba por que fuera Rhodes, pero al ver la sonrisa de Shishido, esa esperanza se esfumó. Giró tras de sí y le vio: la figura metálica dorada, con los brazos extendidos amenazantes y las armas desplegadas. No era ninguna de las armaduras en que lo haya visto antes. Más compacta, abandonando el rojo metálico y dejando solo en aristas en un oro reluciente y un fondo negro. Las placas estaban modeladas como si fuesen huesos que articulan el torso y extremidades. El reactor brillaba desde el centro. No hubo respuesta de su parte, más allá de la silenciosa y fría expresión de la máscara dorada.
— Veo que no puedes dejar de pensar en que vuelva a estar dentro de ti —El escudo voló, rompiendo el aire, esta vez chocando contra su objetivo. Shishido se incorpora, satisfecho de provocar a Steve. Tony continuó inmóvil y mudo frente a su captor.
— ¿Un logro que El gran Capitán América no tendrá, acaso…?
El hombre no tiene tiempo de seguir con su discurso. Tony se lanzó contra él antes de que terminara y podría ser que Steve estuviese agradecido en ese momento por aquello. Shishido no midió su respuesta contra Tony. Era rápido y estructurado. Dominaba bien su técnica de combate, dejando las respuestas de Iron Man en intentos inofensivos. Tony no era apto en técnicas de combate. Tenía a su IA para todo lo demás. Sin ella, su combate no va más allá de la de cualquier civil que domina un poco de kick boxing aficionado. Así que Steve no se detuvo a pensar más para unirse y comenzar a combatir. Entre ambos, lograron empujar a Shishido hacía atrás. El hombre consiguió colocar un buen golpe contra el pecho de Steve hacía atrás, que lo hizo escuchar crujir sus huesos en un golpe sordo contra el suelo. Le tomó unos segundos incorporarse, y antes de que lo notara, el helicóptero estaba elevándose y Tony junto con él, como una avispa zumbado sus propulsores alrededor de la nave, respondiendo sus ataques. La nave ganó altura con rapidez y Steve tuvo que buscar la forma de llegar a ella. Encontró la escalera de mantenimiento y escaló lo más rápido que le fue posible antes de lanzarse y alcanzarle. La nave se balanceó al recibir su peso antes de intentar estabilizarse, inclinándose al lado contrario donde Steve colgaba. Levantó su vista, pero no encontró a nadie piloteando. Debía tener algún tipo de piloto automático. No pudo arriesgarse a averiar el control, eso llevaría a estrellar el helicóptero y perder la oportunidad de capturar a Shishido. Continuaron ganando altura, mientras Steve observa bajo sus pies el complejo hacerse pequeño, teniendo una vista del edificio donde se alojaban. Aún había enfrentamientos fuera, entre el resto del equipo con la guardia de Shishido.
— Está escapando en helicóptero, ¿alguien me copia? —intentó Steve. —¿Visión? —No recibe respuesta. Necesitaba hacer bajar eso, así que escaló hasta llegar a la cabina. Entonces lo notó: Tony no estaba volando cerca. Revisó hacia la parte de atrás de la pequeña nave y logró captar la sonrisa de Shishido, observándole desde la oscuridad. Allí, junto a él, la luz del reactor y la máscara de la armadura de Tony encendidos. El traje estaba pegado, inmóvil, a un disco metálico enorme como si de un imán se tratase. Tony seguía allí dentro: estaba atrapado.
Otra vez.
Steve no pensó en Shishido. Corrió hacia atrás y tomó el brazo de la armadura, en un intento de jalarlo. No logró moverlo ni un milímetro. Sea lo que fuere aquella cosa, estaba diseñada específicamente para capturar a una persona. El pánico comenzó a apoderarse de Steve, mientras dio la media vuelta para atacar a Shishido.
— ¡Sal del traje Stark! —Ordenó, mientras intentaba mantener a raya a su captor. Pero la armadura no se abrió. Shishido lo golpeó lo suficientemente fuerte para lanzarlo fuera de la nave, pero Steve logró sostenerse de la puerta. El complejo era muy pequeño ya, un pequeño punto perdido entre el bosque nevado bajo sus pies.
— Capitán, voy hacía usted. —Visión se comunicó por fin. Steve giró tras de sí y logró observar al androide acercarse con la gema en su frente encendida.
— Visión, espera. —Ordenó Steve, pero el androide no se detuvo. El ataque estaba a punto de salir de la gema. —¡Tony está atrapado dentro, no…!
El rayo colisionó contra el motor de la nave. Comenzaron a girar con rapidez mientras caían en picada. La fuerza de la nave girando a merced de las revoluciones del rotor principal lo lanzaron fuera. Escuchó el aire frío rugir en sus oídos. Estaba cayendo hacía tierra firme. Su escudo no estaba en su mano, ¿dónde…?
¿Tony?
El frío congeló su traje y pudo sentir como quemaba su piel.
Está hiperventilando.
¿Visión?
No podía ralentizar su caída. Quizá si chocaba contra un árbol él podría…
¿Así se sintió él cuando cayó del tren…?
…
Cerró los ojos, esperando el impacto, el dolor y luego la inconsciencia. Pero no llegó. Sus extremidades comenzaron a sentirse cálidas de nuevo, envueltas por una capa firme que se amoldaba a su cuerpo como un guante. Cuando abrió de nuevo los ojos, se encontró con números azules bailando en su visión, y toda su realidad siendo procesada con gráficas desconocidas. El viento ya no rugía en sus oídos. La caída se suavizó hasta detenerse por completo justo a centímetros de la capa gruesa de nieve. Entonces, escuchó algo romperse de golpe, a unos metros de él, pero sin poder identificarlo. Su pecho bombardeó adrenalina, intentando buscar el origen del sonido.
— Capitán Rogers.
— ¿Friday? ¿Qué…
— Tiene múltiples contusiones, ninguna de ellas es seria.
— ¿Dónde está Tony?
La IA no respondió. Unos kilómetros atrás, quizá, la explosión del helicóptero colisionando contra el bosque lo alertó. La armadura lo movió hasta ponerlo de pie antes de abrirse y dejarlo en la nieve espesa. Cada parte de la armadura se desprendió, volando de forma autónoma lejos de sí. Las vio luego, flotar hacia la oscuridad y descender hacia el suelo. Escuchó un crujido similar al anterior, justo cuando la armadura desapareció.
El lago.
— ¡¿Tony?!
Corrió, dejando a sus pies hundirse en la gruesa capa de nieve. El aire frío quemaba su nariz, respirando agitado. Logró distinguirlo a la distancia. El lago congelado, fraccionado como un plato roto, con un gran agujero negro tragándose el hielo. Steve probó suerte y de inmediato escuchó el hielo crujir bajo sus pies, como una advertencia. Entonces, algo emergió del lago tan grande, que el hielo aun firme se desmoronó. La armadura dorada voló sobre su cabeza y descendió unos metros más allá, aun en la orilla del lago. Aterrizó sobre sus rodillas y palmas, la armadura escurriendo agua fría entre sus hendiduras. Steve corrió de vuelta a encontrarle.
— ¿Tony, estás…? ¿Friday?
Hubo un clic, y el sonido de un motor despresurizándose. El vapor blanco y cálido salió a través de las hendiduras, antes de girar y caer de espalda sobre la capa de nieve. Fue entonces cuando la armadura se abrió frente a él. Tony emergió, rodeado de vapor aún. Su rostro pálido y labios azulados. Aun vistiendo la sudadera deportiva que usaba en su taller. Su cabello estaba escurriendo agua, haciéndolo ver tan pequeño y frágil, temblando de forma escandalosa. Sus ojos viajaron por todo el paisaje. Steve tuvo que recordarse que no todos poseían una vista mejorada como la suya.
— Está bien. Estoy aquí —le murmuró. Pudo ver como se sobresaltó y giró hacia él, casi sorprendido. Su cuerpo se tensó, intentando controlar su temblor. El terror de su mirada se evaporó, instalándose una mirada fría, evaluando su entorno. —¿Estás bien?
— Genial —dijo Tony, sin poder evitar el castañeo de sus dientes.
Steve suspiró.
— ¿Friday? ¿Cómo está Tony? —Tony volvió a verlo con severidad en silencio, como si así pudiese reprender a su IA antes de hablar.
— El Sr. Stark sufre una ligera hipotermia, baja frecuencia cardíaca y deficiente irrigación de sangre en sus extremidades.
— Traidora —murmuró Tony.
— ¿Visión? —intentó Steve, recordando el colapso. —¿Lo tienes?
Tony lo miró con expectación, inmóvil. Unos segundos después, recibe su respuesta.
— Me dirijo a entregarlo al equipo de Fury, Capitán. —Steve pudo sentir como sonreía, y jura que siente también como Tony se desinfla a su lado, relajándose.
— Gracias Visión. —cortó la comunicación, cerrando su canal. Se volvió a ver a Tony, que continuaba sentado en la nieve, sobre su armadura desplegada. —Friday, contacta a Natasha o Barton. Necesitamos transporte aquí.
— Entendido Capitán.
—Oh no, nada de eso —se quejó Tony. —Es solo un poco de agua fría.
Tony intentó levantarse. Sus extremidades temblaron por el esfuerzo al incorporarse y su peso se balanceó como un elefante herido, antes de derrumbarse sobre su costado sobre la nieve fría. El contacto con la superficie helada volvió más violentos sus temblores. Tony realmente estaba intentando mantenerse fuerte, pero su respiración era pesada y tan lenta que Steve comenzó a asustarse.
— Demasiado fría —dijo Steve, acercándose para tomarlo del brazo y atraerlo hacía sí mismo.
— ¿Qué diablos pretende, Capitán? —murmuró Tony, castañeando sin fuerza contra su pecho.
— Lo mantengo vivo mientras llega su transporte Sr. Stark —dijo Steve, intentando ocultar las notas de preocupación en su voz mientras envuelve en sus brazos el cuerpo frío de Tony. No pudo evitar estremecerse cuando el frío comenzó a traspasar las gruesas capas de su traje hacia él. Era como abrazar un trozo de iceberg y eso, siendo honesto, no le traía buenos recuerdos. Así que se aferró a la vibración de los temblores violentos de Tony, mientras cerraba los ojos, para evitar un flashback incómodo. Tony era pequeño, más pequeño de lo que recordaba. Era demasiado ligero y anguloso. Demasiado…frágil. Necesitaba sacar la idea de su mente de que aquel frágil cuerpo envuelto en metal intentó luchar contra Shishido. Contra un hombre que le doblaba en peso y fortaleza. Un hombre que lo secuestró y sometió. Y se permitió sentir el pánico que no pudo procesar cuando le vio llegar a un lugar donde se suponía no debía estar.
¿Dónde estaba Rhodes entonces?
— No recordaba que Tennessee fuera tan frío —balbuceó Tony tan bajo que Steve tuvo que cerciorarse que había hablado. Sus labios estaban agrietados y oscuros, de un tono que no era normal.
— Hey, Tony, intenta mantenerte despierto ¿de acuerdo? Vendrán por nosotros en cualquier momento. —El genio asintió de mala gana. Steve agradeció el gesto. La hipotermia comenzaba a agravar su confusión, pero se mantiene optimista en que puede lograrlo. No es la primera vez que lo encuentra así ¿cierto? Su cuerpo era más fuerte y lo lograría, ¿no? Ya tendría tiempo para amonestarlo por arriesgarse de esa manera por él.
Diez minutos después, el rugido de un motor eléctrico lo hizo respirar de nuevo. Una Can-am apareció en un estrecho camino entre los árboles. Puede distinguir a Clint y Natasha sobre él en la parte de enfrente, y frenan apenas cuando los ven. No es el transporte que esperaba, pero entendió que deben estar demasiado ocupados para enviar el quinjet en ese momento.
— No tienes que explicarme —dijo enseguida Natasha, observándolo de arriba a abajo. —Friday nos lo dijo todo en el camino.
— Creo que necesitamos devolverlo a su armadura. —sugiere Steve, sin soltar a Tony.
— Friday dice que el sistema de calentamiento era un prototipo, y solo estaba cargado para un evento. —Explicó Barton, entregándole una manta gruesa. —Los paneles disipadores de calor están freídos. Si lo metes ahí de nuevo sólo lo tostará como una rebanada de pan.
Steve asintió, dándose prisa por incorporarse y llevarlo a la Can-am. Le echó un vistazo a Tony. Aún estaba despierto, pero no parecía estar consciente de lo que ocurría a su alrededor. Era la única alternativa.
— Nos la arreglaremos en el quinjet —le aseguró Barton.
— Sostente con fuerza Cap, va a ser algo movido.
20 DE FEBRERO, 4.37 a.m., CASA DE SEGURIDAD, MANITOBA, CANADÁ.
Tony se enredó con fuerza en la manta. Sus ojos estaban enrojecidos y cansados. Pero no temblaba más. Al equipo médico le costó un par de horas estabilizarlo. Tony llegó aun consciente a la casa de seguridad. Por el tiempo de sumersión en el lago, los paramédicos no se explicaban como es que perdió de forma tan drástica temperatura corporal. Uno de ellos comentó sin rodeos que debía ser por su peso. Un cuerpo sano, con más grasa y músculo cubriendo sus órganos vitales, no hubiese llegado a ese punto.
Pero para Tony, unos minutos más hubiesen sido mortales.
— ¿Vas a quedarte ahí toda la noche Cap? —murmuró Tony, cansado, echando su cuerpo hacía la cabecera de la cama.
— No puedes seguir asustándonos de esa forma Stark…
Tony suspiró, sin voltear a verlo. Steve se reacomodó, cansado, sobre el contramarco de la puerta de la habitación. Hasta ahí aún podía escuchar vociferar a Fury desde la sala de estar.
— ¿Qué va a pasar con él?
No cree que sea el momento para decirle que quizá Shishido lo ataque de vuelta en la corte, así que limita su respuesta.
— La Interpol está preparando el papeleo de extradición. —Respondió Steve. —Hasta entonces, debemos esperar.
— Claro —afirmó Tony como si hubiese preguntado algo obvio. —Creo que voy a necesitar un ejército de abogados ahora…
Steve torció la boca, incómodo.
— Tenemos a uno en particular que podría ayudar —sugirió. —Pero podemos pensar en ello más tarde.
Rogó en silencio que Tony aceptara su propuesta. La pelea, la caída y la tensión de Tony requiriendo atención médica lo dejaron frito. Suero o no, necesitaba descansar o tendría otro colapso. Steve no deseaba eso. Así que giró solo para encontrarse a un Tony demasiado enérgico para su estado.
— ¿Quién? —preguntó Tony, curioso, incorporándose mientras retiraba el adhesivo restante de la intravenosa de su brazo.
— Necesitas descansar.
— ¿Lo conozco?
Suspiró.
— No lo creo. No trabaja en las mismas ligas que tus abogados de cabecera.
— Bien —musitó, caminando fuera de la habitación.
— Stark…
— ¿Tienen alguna sala de comunicaciones aquí…? —preguntó Tony, echando un vistazo por el pasillo.
— Creo que sí.
Tony se aventuró a buscarla. Y Steve se pregunto con honestidad como era posible que Tony estuviese tan enérgico luego de esta noche. Mientras Steve arrastraba sus pasos tras él, sintiendo su cuerpo comenzando a rogar por descanso, Tony flotaba con rapidez envuelto en su manta, como una capa. Abrió un par de puertas de los dormitorios adjuntos de la residencia, hasta llegar a una amplia sala en penumbras con cuatro ordenadores. Los monitores encendidos iluminaban con debilidad el entorno. Tony se acercó de inmediato a uno y descifró sin problemas como acceder. Era como si no pudiera estar quieto.
Como si se resistiera a parar.
Sus dedos volaron por rapidez por el teclado. Su figura se veía fantasmal frente a la luz azulada del monitor. Steve suspiró, buscando el interruptor de la luz de la habitación.
— Tony…
— Hum…
— Tony.
— Cap.
Caminó hasta el escritorio donde estaba sentado, recargando su cuerpo contra el mueble, hasta obtener su atención.
— Lo estás haciendo de nuevo.
Tony entrecerró los ojos sobre él. Sus ojos, esos llenos de venas rojizas y hundidos en sus cuencos oscuros.
— ¿Qué quieres decir con…
— Necesitas volver a descansar.
— Estoy bien —musitó, volviendo su vista al monitor en automático.
— Tony. —Steve tomó el teclado del ordenador y lo alejó de Tony con suavidad. Esperó en silencio su respuesta, sin presionar demasiado. Sabía lo territorial que puede ser el genio con su trabajo. Pero eran las cuatro de la mañana y han terminado la misión.
— Estoy perfectamente Cap, ya lo dijo el doc.
— Después de dos horas de mantas térmicas e intravenosas —agregó Steve. —Lo que hiciste, hoy, ¿te das cuenta que pudiste haber…
Tony se incorporó, caminando con cautela a través de la habitación.
— ¿Quieres que comparemos quien estuvo a punto de morir esta noche? —preguntó Tony de vuelta, curioso. —Porque si mal no recuerdo, y no recuerdo mal porque tengo memoria idílica —agregó, golpeando con su dedo índice la cien— es que estabas cayendo hacia suelo firme y congelado sin paracaídas.
— Tenía mi escudo.
— Ibas a volver a ser Capipaleta de nuevo, y una en trozos. Ni el suero de super soldado te hubiera salvado de esa.
— ¿Y el lago congelado era más suave? —preguntó Steve, cansado. Elevó su vista a Tony. Estaba observándole con una expresión congelada.
— Me reservé un par de propulsores para ralentizar mi caída. —escupió como si no fuera nada. —Caíste del helicóptero mucho antes que lograra liberarme y no iba a lograr atraparte —continuó. —Las piezas de la armadura son más rápidas sin mi peso en ellas.
Steve suspiró.
— ¿También tenías cubierto la parte del congelamiento?
El entrecejo de Tony se arrugó.
— Daños colaterales —murmuró rodando los ojos.
— Pudiste haber muerto. —Confesó Steve, y de alguna manera su voz tembló ante esa declaración que Tony tuvo que volver a verlo, confundido.
Steve nunca se mostró así con nadie.
Quizá con un par de personas. Pero nunca con algún Vengador. Aun se sentía igual de aterrado que cuando escuchó a Tony estrellarse contra el lago. No puede evitarlo.
— Gajes del oficio —dijo con voz más suave, encogiendo los hombros.
— No es tan fácil. —Confesó Steve, suspirando. —No en mi guardia.
— ¿No sería un soldado caído más en tu tropa? —preguntó Tony, frío y mordaz.
Steve lo observó, de pie en medio de la habitación, descalzo, flotando en su ropa de repuesto y con la manta cubriendo su cuerpo fino. Como un niño pequeño despierto en medio de la noche. Aunque eso era cierto de tantas formas. Tony era solo un humano sin mejoras especiales. No estaba preparado para esto. Y sin embargo estaba allí, intentando dar su mejor esfuerzo. Estaba allí, de pie después de salvarle la vida. Tenía más coraje que muchos soldados con el doble de masa muscular y fuerza que él. Steve pudo entender, entonces, una de las muchas cosas que admiraba de Tony.
Una de las tantas cosas que amaba de él.
— No. —Respondió finalmente, mirándole con firmeza a los ojos. —Tú no lo serías.
— Entonces, ¿así es como me agradece salvarle la vida, Capitán? —inquirió Tony lentamente, casi en un susurro, clavando su mirada en la suya. Una fracción de segundo, quizá, un fantasma o un destello de algo que Steve había visto antes allí, cruzó el rostro del genio. Desapareció tan pronto lo detectó, pero su paso fugaz por las facciones del moreno fueron suficientes para que su corazón se arrancara en un desenfrenado golpeteo. Entonces se permitió, sin mucha discreción, admirar sus labios entre abiertos y su ceja elevándose en un gesto incrédulo por la espera de una respuesta.
— No —musitó, con voz ronca, regresando sobre sus pasos hacia el millonario —Así.
En dos movimientos y antes que cualquier ápice de racionalidad lo detuviera, Steve permitió al impulso de sus instintos ganar y atrajo el rostro del genio hasta que sus labios se posaron con una inexplicable necesidad sobre los del genio. El contacto fue eléctrico y casi inhóspito al inicio. Un tanto porque acababa de descubrir que debía inclinarse un poco para alcanzar la altura del genio, y otro más por sus entrañas revoloteando, nerviosas, a la espera del rechazo. Pero una vez que la primera fracción de segundo paso y la burbuja de la sorpresa explotó, notó como Tony se rendía en un suave, casi dulce movimiento para regresarle el toque. Un beso casi inocente que nunca esperaría recibir de parte del ex playboy. Tan cuidadoso y casto que de pronto pareció abrir una puerta a un recoveco distinto de todo aquello que creía saber era Stark. Y el momento se evaporó apenas rompió el contacto y se alejó del embriagador calor que despedía el genio.
Conectaron sus miradas, una vez más, ahora reblandecidas y confusas. El sonido rítmico de sus respiraciones aceleradas, cómo si ambos hubiesen recorrido un maratón entero en dos segundos, hizo subir el color a sus mejillas. Steve juró que ver sonrojarse a Tony Stark era el espectáculo más hermoso que pudiera encontrar.
— Yo… —replicó el genio, apenas con un hilo de voz, volviendo su mirada al suelo, como si quisiera ocultar el sonrojo en sus mejillas.
— ¿Capitán? —un par de toques en la puerta cortaron el momento. Natasha entró unos segundos después, observándoles con curiosidad. La tensión se volatizó y de pronto las conversaciones en el resto de la casa volvían a sus oídos y el espeso sabor de la casi muerte de Stark se instaló.
La espía intercambió miradas entre los héroes antes de entregarle la tableta que cargaba en sus manos a Steve.
— Informe de la misión —resumió, aun explorando y descifrando el lenguaje corporal de ambos.
— Gracias Romanoff. —Musitó Rogers, tomando la tableta. Deslizó algunas ventanas, sin leer ni procesar nada en absoluto. Su cabeza aún seguía flotando cómo algodón y sus entrañas se removían, nerviosas. De pronto le pareció buena idea devolver el contenido de su estómago.
Los pasos ligeros de Tony le hicieron volver la vista hacia el genio, que cruzaba la puerta de la habitación, alegando algo sobre Fury. Steve clavó su mirada por donde el genio desapareció, reteniendo el aire en sus pulmones antes de soltarlo en un largo suspiro.
— ¿Me perdí algo? —indagó Natasha, observando la mirada perdida de su amigo.
— Quizá yo fui quien lo perdió.
Vale, este último ha tardado un poco más. He tenido problemas de salud (sí, esos que ya iban mejorando) y tuve una recaída. Lamentablemente está afectando mucho mi salud mental a niveles fuera de mi alcance (por ser un trastorno hormonal) y honestamente hay días que solo quiero rendirme con esto.
Los buenos días, continuo por aquí. Pero ustedes no están aquí para leer mis problemas, así que…
Y si, por fin…
Tenía justo ese fragmento escrito quizá ya hace más de medio año. Quería llegar a este punto desde hace tiempo (y creo que ustedes también). Ojalá disfruten este capítulo. Hay una cantidad inmensa de detalles y cabos que atar aquí mismo, que yo he tenido que viajar por el fic para recordarlos. Una cuestión importante aquí es que, por lo que nos dicen los comics, Shishido posee cierto poder telepático/empático, por lo que puede sentir las emociones ajenas y leer sus mentes. Esto nos lleva a que sepa más de lo que el propio Steve cree saber de sí mismo y sus sentimientos por Tony. Creo que Shishido es un personaje muy amplio, y no quise incluir todas las facetas del comic porque no es nuestro protagonista.
Y por si tienen curiosidad, la armadura que uso Tony en este capítulo es la Mark XLI Bones. ;)
Gracias por seguir la historia y estar ahí.
Alessandra Von Grey: Leo tu review y me recuerda que no he actualizado en bastante tiempo n.n' lo siento. Gracias por seguir al pendiente
Lu3003: Gracias :3
Ysiktovar: ¿Un besito así? jijijiji
MisaoxMori: Tus reviews siempre me sonrojan :3 Espero que este te haya gustado.
Fio Gonzlz: ¡Gracias por tu review! Mucho amor de vuelta 3
¡Hasta la próxima!
Bethap
