13. 13 años. 2 de septiembre.

Harry había estado nervioso todo el día. Nervioso y totalmente desconcentrado. Había ido a trabajar, y estaba seguro de que, de no ser porque no había salido de la oficina, ese día habría muerto. Y por algún hechizo ridículo, como un hechizo de limpieza mal hecho que acabase ahogándolo, o quién sabe. Con lo despistado que estaba, no le hubiese extrañado.

Y, cuando por fin terminó su jornada y volvió a casa, no sabía qué hacer. Había quedado con Draco Malfoy para jugar al Quidditch, y no podía faltar, o Malfoy lo llamaría cobarde eternamente. Además, qué tontería, él quería ir. Hacía años que no montaba en escoba sólo por diversión, y estaba seguro de que competir contra Malfoy iba a ser divertido. Y tenía que demostrarle que seguía siendo mejor que él, por supuesto. Después de la conversación del día anterior, tenía que hacerlo.

Pero el problema también era parte de esa conversación, en concreto, lo último que Malfoy le había dicho antes de marcharse.

"Sí, Potter, claro. Imagina dónde va a quedar tu orgullo de auror-en-plena-forma cuando acabe contigo".

¿Eran imaginaciones suyas, o eso iba con doble sentido? Harry no podía dejar de darle vueltas, y no había llegado a ninguna conclusión. A veces pensaba que sí, que iba con doble sentido y Malfoy quería decir mucho más de lo que había dicho. Que iba a acabar con él de alguna forma que Harry ya no quería seguir imaginando. Otras veces pensaba que no, qué bobada, era sólo una forma de hablar, de referirse a que lo iba a machacar en el partido. Y todas las veces, sin excepción, se preguntaba por qué Malfoy no podía haber utilizado una expresión menos equívoca. Y menos dada a dobles interpretaciones, por favor.

Y el guiño que le había dedicado después no había ayudado en absoluto. Sólo había conseguido que Harry estuviese más confuso y que examinase mentalmente todas las conversaciones que habían tenido recientemente, buscando insinuaciones y dobles sentidos. Y se había vuelto loco.

Así que, al final, se dio de margen hasta acabar de comer para decidir si ir o si no.

Tendría que haber sabido que, tratándose de Malfoy, el orgullo iba a poder más que todas sus dudas y nerviosismo.

Iba a ir, por supuesto que iba a ir. Iba a demostrarle que todavía era mejor buscador que él. E iba a descubrir qué era lo que había querido decir Malfoy el día anterior. Bueno, eso si coincidía. Si no, tampoco pasaba nada, no.

¿A qué hora saldría Malfoy de trabajar? ¿Comería en casa? Al parecer, los terrenos de Malfoy Manor eran más extensos de lo que Harry sabía, y Malfoy le había asegurado – cuando había conseguido contactar con él tras volver de la estación – que "cerca de la casa hay un lugar espléndido donde nadie nos molestará, y podremos jugar hasta el anochecer si es necesario. Aunque no va a serlo". Palabras textuales. Por lo que, finalmente, habían quedado en que Harry pasaría por la Mansión a por Malfoy, y luego irían al susodicho sitio. Pero no habían hablado de hora.

¿Estaría ya Malfoy esperándolo? ¿O se habría olvidado incluso de que había quedado con él?

Bueno, en ese caso, él iba a recordárselo, oh sí.

Harry subió a su habitación, saltando los escalones de dos en dos, y abrió el armario. Sabía que tenía que estar por alguna parte, aunque hiciese años que no la veía. Removió la mitad de la ropa del armario, y la otra mitad salió volando por encima de su cabeza y acabó en el suelo hecha un montón. Hasta que al final encontró lo que buscaba.

¡Ahá! ¡Sabía que no la había tirado!

Una simple bufanda roja.

Harry siempre había sido un fanático del color rojo. Al menos desde que su verdadera vida había empezado. El color rojo representaba a su casa de Hogwarts, pero no sólo eso. El color rojo era importante para él por más razones sentimentales de las que le gustaría admitir. En Hogwarts, había encontrado amigos, había encontrado una familia. Había encontrado en sí mismo la fuerza, la lealtad, la valentía, el orgullo. Había encontrado una vida. Y al final, todo se resumía en el color rojo.

Por eso, esa bufanda había estado con él durante años. Estaba vieja y empezaba a deshilacharse por algunas zonas, pero era su bufanda roja. Había dejado de ponérsela varios años atrás, coincidiendo con ciertos incidentes de su vida, cofGinnycof, pero ahora volvía a necesitarla.

No, no para recordarle todo lo que el color rojo significaba para él. Esta vez, la necesitaba para recordarle a Malfoy lo que el color rojo significaba para él. Harry era Gryffindor, ante todo. Y si podía dejárselo ver sutilmente – ahá, claro – a Malfoy y molestarlo con un simple complemento, entonces merecía la pena llevarla. Porque sabía que eso iba a molestarlo. Y Harry había descubierto últimamente un placer, un tanto insano, en picar a Malfoy, y no quería perder la más mínima oportunidad.

Ah, si sólo supiese dónde estaba su bufanda de Hogwarts...

Pero ésa sí que había desaparecido de verdad, así que tendría que conformarse con la roja. Ya era lo suficientemente Gryffindor, no pasaba nada.

Con un movimiento de varita, Harry colocó de nuevo toda la ropa en el armario. De cualquier manera, sí, pero al menos dejó el suelo libre. Con todo recogido, más o menos, echó a correr escaleras abajo. Salió de la casa y, en una carrera, llegó hasta el cobertizo que había en una esquina del jardín. El cobertizo de las escobas, para más señas. Abrió la puerta y tuvo que reprimir un suspiro. Olía a escobas, cómo no, pero no era eso. Hacía tanto tiempo que no montaba en una escoba por otro motivo que no fuese el trabajo que ya casi había olvidado lo que se sentía. Y hacía meses, años que no entraba en ese cobertizo. Sólo esperaba que su escoba siguiese viva.

Lo estaba. Viva y en plenas facultades, y menos mal, porque para vencer a Malfoy, falta le iba a hacer. Su Saeta de Fuego estaba tal y como la recordaba. Y, cuando se subió en ella y dio una vuelta para comprobarlo, Harry tuvo que preguntarse qué le estaba pasando para estar tan sentimental. Primero el color rojo, después la escoba. Pero es que era su escoba. La escoba que le regaló Sirius. Ugh, mala línea de pensamiento, todavía le dolía un poquito eso. Después de tanto tiempo.

Debía de ser algo que había comido, seguro.

Cuando estuvo listo, con su bufanda, su escoba y un poco menos emocionado por sus propios recuerdos, Harry suspiró. Bueno, él podía, ¿no?

Y cerrando los ojos, se apareció en la entrada de Malfoy Manor.


Harry había visitado varias veces la Mansión en los últimos años, y casi podía decir que sabía hacer el camino con los ojos cerrados, así que, con más ganas de las que creía que tenía, atravesó la verja que daba entrada a la propiedad y caminó por el sendero que lo llevaba hasta la puerta de la casa. Cuando llegó, se sorprendió. Siempre que iba, Malfoy lo esperaba ahí, apoyado sobre una de las hojas de madera, mirándose las uñas como si no tuviese nada más que hacer y perder el tiempo fuese su hobbie favorito, pero esa vez no estaba. No había nadie esperándolo fuera, y eso era raro. ¿Quizás había ido demasiado pronto? ¿Demasiado tarde? ¿Se habría arrepentido Malfoy? Llamó al timbre, todavía con eso en mente. Oh, si se había arrepentido, Harry iba a reírse de él hasta que Merlín quisiese, o hasta que se muriese con sus propias carcajadas, lo que ocurriese antes.

Entonces, escuchó ruidos en el interior de la casa, pasos apresurados, y la puerta se abrió. Revelando a un Draco Malfoy medio despeinado, como si hubiese llegado a la puerta a la carrera.

Su madre.

Y con una bufanda a rayas plateadas y verdes al cuello. Mal atada, como si acabase de ponérsela. Y una sonrisa deslumbrante, el muy maldito.

Así que él todavía conservaba su bufanda de Hogwarts. Ugh, bien, punto para Malfoy.

Harry estaba seguro de que Malfoy había visto su bufanda roja al pasar por la verja, – al fin y al cabo, tenía bastante claro que lo veía de alguna manera cuando entraba en su terreno –, y había corrido a buscar la suya de Hogwarts, con sus colores Slytherin, y todo su... Slytherinismo, y de ahí que hubiese llegado medio ahogado a la puerta, y no a tiempo de abrirla antes de que Harry llamase. Pero no iba a preguntar, no. Eso sería como dejar a Malfoy ganar en el tema bufandil, y no pensaba hacerlo. De hecho...

- Buenas tardes, Malfoy. – Harry dio un paso hacia el interior de la casa, y así como quien no quiere la cosa, llevó las manos a la bufanda de la discordia y se la desató para volverle a hacer el nudo, esta vez bien hecho, colocándosela un poco. Y mereció la pena, sólo por ver la cara que se le había quedado a Malfoy. Entre susto e incredulidad, con un toque de "qué narices...". Harry tuvo que apretar los labios entre sí para no sonreír como le estaba apeteciendo –maléficamente–, y terminó por esbozar una sonrisa más normal. Como si sólo acabase de saludarlo. – ¿Listo para perder, o necesitas más tiempo para hacerte a la idea? Aunque bueno, no es como si me hubieses ganado alguna vez. Supongo que estarás acostumbrado.

Oh, el deporte nacional en casa de los Potter últimamente – desde que no había niños en ella, es decir, desde hacía bastante poco – era meterse con Malfoy. Un poco arriesgado, porque Malfoy mordía, pero a Harry siempre le había gustado el riesgo. Le daba emoción a su vida. Así que no podía evitarlo, tenía que pinchar a Malfoy.

Lo divertido era que Malfoy nunca salía por donde Harry esperaba.

Bueno, a veces sí.

- Quién iba a decirme que estarías tan ansioso por perder, Potter. – Con eso, y otra de esas sonrisas suyas tan brillantes como el maldito sol de principios de septiembre, Malfoy cogió la escoba que tenía apoyada en la pared del vestíbulo al lado de la puerta, y salió de la casa, empujando a Harry para que saliese también. – Camina, Potter, cuanto antes pierdas, antes podré empezar a reírme de ti.

Malfoy lo guio por un camino que discurría a un lado de la Mansión, y Harry lo siguió sin decir palabra, alejándose de la casa. Subieron una pequeña colina y, justo cuando Harry ya estaba pensando que el terreno de la Mansión no tenía fin y llegaba hasta donde alcanzaba la vista, Malfoy se paró de golpe. Y, por supuesto, Harry chocó contra su espalda, porque estaba más pendiente de sus propios pensamientos que de lo que pasaba a su alrededor. Algo avergonzado, Harry levantó la cabeza y casi se le abre la boca al ver el paisaje ante él. Estaban en la cima de la colina, y delante de ellos se extendía un pequeño prado, cubierto por completo de hierba de un color entre verde y dorado. Bien, tenía que admitir que cuando Malfoy le había dicho que conocía un sitio espléndido donde jugar al Quidditch, no lo había engañado.

Malfoy, por su parte, sin darle ningún tipo de importancia al asombro de Harry, montó sobre su escoba y con un golpe sordo de su pie contra el suelo, salió volando.

- ¡Vamos, Potter, que hemos venido a volar, no de picnic!

Harry no pudo evitar imaginarse esa situación, y tuvo que soltar una carcajada. Es decir, sí, Malfoy y él habían ido mejorando su relación con el paso de los años, pero... ¿un picnic? Eso sí sería algo digno de verse.

Aunque el lugar sería el perfecto también para eso.

Sin ni siquiera darse cuenta, Harry levantó la cabeza y siguió los movimientos de Malfoy con la mirada. No podía negarlo, volaba bien. Se notaba que todavía se mantenía en forma y, dado lo poco que Harry había entrenado últimamente, estaba empezando a pensar que igual no iba a ser tan fácil vencer a Malfoy. Con un movimiento demasiado rebuscado, como si se estuviese exhibiendo, Malfoy dio una vuelta en el aire y bajó hasta el nivel del suelo, volando hasta quedar justo frente a Harry. Con una gran sonrisa, para variar.

- ¿Qué, Potter? ¿Retrasando el momento?

Harry, por toda respuesta, pasó una pierna sobre su propia escoba y, una vez montado, despegó del suelo. Ascendió unos pocos metros, disfrutando de la sensación del aire contra su cara, del sol sobre su piel. Dio un par de vueltas sobre el improvisado campo de Quidditch, acostumbrándose de nuevo a su vieja Saeta de Fuego, a su velocidad y sus cambios de dirección. Y sonrió. Adoraba volar.

No se dio cuenta de que Malfoy lo había seguido hasta que, una vez se hubo parado en el aire, éste lo adelantó y se colocó delante de él. Harry le sonrió, Malfoy le devolvió la sonrisa y hubiese sido todo un poco incómodo de no ser porque Harry estaba demasiado excitado por el partido que iban a jugar, y no se daba cuenta de nada.

- Bien, Potter. ¿Al mejor de tres? – Cuando Harry asintió conforme, Malfoy se llevó una mano a uno de sus bolsillos y sacó una snitch. La pequeña pelotita, en cuanto notó que estaba libre, empezó a agitar sus alas, tratando de escaparse del todo del agarre de Malfoy. – Que gane el mejor.

Y entonces, Malfoy soltó la pelota y empezó el juego.


O que gane el más tramposo, si le preguntaban a Harry.

Harry había perdido la primera ronda. Sus habilidades como buscador estaban todavía un poco oxidadas, y Malfoy se había aprovechado de ello para capturar la snitch antes que él. Pero, para que luego dijesen que los Potter no aprendían deprisa, Harry se había vengado atrapando la snitch en la segunda ronda, justo delante de las narices de Malfoy.

El problema había sido la tercera y última ronda. Iban empatados, uno a uno, y el que cogiese la snitch, ganaría el partido. Y el otro, ganaría eterna vergüenza.

Si le hubiesen preguntado a Malfoy, él diría que "bobadas, Potter, aprovechar las cosas y ponerlas a tu favor no es hacer trampas". Pero cuando eso incluye aprovechar el hecho de tener la varita a mano, y hechizar las gafas de Harry para que no pudiese ver a través de ellas, Harry ya empezaba a llamarlo trampas. Aunque Harry tampoco había sido mucho más inocente, dado que había agarrado a Malfoy por los pantalones en uno de esos momentos en los que Malfoy había visto la snitch y había salido volando tras ella, y por poco no lo había tirado de la escoba. Era eso o quedarse con los pantalones de Malfoy de la mano, y ninguna de las dos opciones le apetecían mucho a Harry, así que al final lo había tenido que soltar.

Y Malfoy había atrapado finalmente la snitch. Más que nada, porque Harry todavía estaba intentando encontrar la manera de limpiarse las gafas, sin mucho éxito. Antes de que Harry tuviese un accidente o algo, Malfoy se había reído y con un nuevo hechizo había devuelto las gafas de Harry a la normalidad. Justo a tiempo para que éste viese a través de ellas la snitch en la mano de Malfoy.

A su favor había que decir que Malfoy no se había reído demasiado de él. Probablemente porque, por mucho que lo negase, sabía perfectamente lo que era hacer trampas, y por tanto, sabía que él las había hecho, y a conciencia.

Tras un par de vueltas más sobre la escoba, Harry aterrizó de nuevo sobre la hierba. No sabía la hora que era, pero el sol estaba bajando, así que debía de ser bastante tarde ya. Como para corroborar sus palabras, su barriga emitió un quejido. Bueno, además tenía hambre.

Unos instantes después escuchó a Malfoy aterrizando a su lado. El hombre se bajó de la escoba de la misma manera en la que lo hacía todo, elegantemente, y, como quien no quiere la cosa, se pasó una mano por el pelo, en un intento de colocárselo después del vuelo. En ese momento, al ver que Harry lo estaba mirando, esbozó una sonrisa. Y Harry tragó saliva.

Malfoy no se había colocado el pelo, precisamente, lo había dejado todavía más desordenado, y a Harry le estaban entrando ganas de acercarse y enredar los dedos en esos mechones tan despeinados y comprobar si era tan suave como parecía desde esa distancia, y... No, espera, ¿qué? No, Harry no quería nada de eso, ni hablar. Ugh, sentimiento equivocado, Potter.

- Eh, uh... Tendré que irme yendo ya, Malfoy.

Sí, una retirada a tiempo es una victoria, decían, y Harry prefería huir ahora mismo con el rabo entre las piernas que seguir desvariando acerca de la suavidad de pelo de Malfoy y de lo bien que le quedaba así, como si se acabase de levantar después de haberse pasado horas revolcándose en la cama... Venga, ya.

- ¿Qué? Ah no, Potter, de ninguna de las maneras. – Por supuesto, Malfoy tenía que estar en contra de que Harry escapase a la seguridad de su hogar. Harry abrió la boca para replicar algo, pero antes de poder hacerlo, Malfoy siguió hablando. – Es casi la hora de cenar, estoy seguro de que Astoria ya ha puesto un plato para ti. Además, no pensarás irte sin pasar a saludarla, ¿verdad?

Bueno, Harry se hacía una idea de lo que podía pasar si se iba ahora mismo sin haber pasado antes a decirle hola a Astoria. Esa mujer era un encanto, pero podía ser un auténtico diablo cuando la provocaban. Y Harry tenía la sensación de que irse sin ni siquiera dirigirle la palabra era algo que Astoria consideraría una provocación.

Iba a quedarse, al menos para saludar, pero se preguntaba si...

- ¿Tan difícil te resulta decirme que quieres que me quede?

Vale, eso no había pensado decirlo en voz alta, así que la cara de extrañeza que puso Malfoy no tuvo nada que envidiarle a la que puso Harry cuando se dio cuenta de que eso había salido de su propia boca. Pero total, era verdad. Malfoy buscaba excusas para hacer que Harry se quedase, ¿no podía pedirle directamente que lo hiciese?

Malfoy tiró de los extremos de la bufanda, como colocándosela un poco, y Harry tuvo que apretar los labios entre sí para evitar una sonrisa al ver ese gesto. Está nervioso, pensó. No sabía por qué razón, pero Harry sabía que lo estaba.

Malfoy tosió, aclarándose la garganta, y desvió la mirada, paseándola por todo el prado, saltándose justamente la parte en la que estaba Harry. Y, por fin, tras unos segundos que parecieron eternos, fijó la mirada en él. Y habló.

- ¿Te quieres quedar a cenar, Potter? Estoy seguro de que a Astoria le encantaría. – Harry lo miró, Malfoy le devolvió la mirada. Harry alzó una ceja, y entonces Malfoy continuó. – Y a mí también.

Uf, tendría que marcar este día en el calendario como "el día en que consiguió que Malfoy fuese de frente", o algo así. Era un hito en la historia.

Pero Harry no estaba como para pensar en momentos históricos en ese instante, así que sólo sonrió y se puso la escoba al hombro, comenzando a caminar en dirección a la casa. Giró un poco la cara hacia el lado en el que estaba Malfoy y, elevando la voz para que lo escuchase, habló.

- Será un placer, Malfoy.

De reojo, pudo ver que Malfoy sonreía antes de empezar a seguirlo colina abajo, rumbo a la mansión, y Harry se preguntó si todo esto no sería una locura.

Pero ah, hacía tanto que no se sentía tan vivo…


N/A: Bueno, y aquí está el partido de Quidditch :). Es un cap largo, para que no tengáis queja. Y hay avances, o algo así... ¡Más HarryxDraco para todos!

¡Muchas gracias a todos por leer y por comentar! Ya sabéis que soy una escritora feliz. Y gracias a mi beta, aunque me distraiga vendiéndome a sus amigos... (sí, sigo con eso, que me da ternura y ganas de darle amor, el pobre).

Cooontestaciones:

Lalalala: Jajajaja, ya me pareció extraño que no hubieses dejado ningún review... Jajajaj, pues la verdad es que si apesta a eso, sí que necesita una buena ducha... Aquí tienes el partido de quidditch candente ;)

Mani: Van avanzando las cosas poco a poco, ahora que los niños se han ido y está él solo... tendrá que buscarse la vida para no sentirse solo ;). Bueno, Draco está siendo ya un poco psicólogo, dándole amor a Harry así como quien no quiere la cosa... Jajajaj.

Os voy a avisar de una cosa... Voy a cogerme una semanita o dos de vacaciones (¡por fin!), así que no me voy a pasar por aquí. Eso significa un par de semanas sin capítulos nuevos, ¡lo siento! Os he dejado uno larguito para que no me echéis mucho de menos. Eso sí, también significa que voy a tener tiempo y ganas de escribir, y eso se traduce en nuevos capítulos próximamente, que espero que compensen por la espera. ¡Deseadme que disfrute mis vacaciones! Que me hace falta ):.

¡Relajaos de vez en cuando! Unos días de vacaciones dejan a uno como nuevo :).

MayaT