15. 13 años. Mediados de septiembre.

Ron y Hermione, al casarse, se habían mudado a una casita perdida en medio del campo, relativamente cerca de La Madriguera, pero lejos de todo lo demás. Y ahí era precisamente donde Harry se estaba dirigiendo.

Harry les había prometido que "un día de éstos" iría a tomar el té con ellos, y por fin había reunido el valor suficiente para hacerlo. Porque Harry quería mucho a sus amigos, eso sin duda, pero sabía por qué habían insistido tanto en que tenía que ir. Y no era algo que le agradase demasiado tener que afrontar.

Ron, cada vez que se lo cruzaba por el Ministerio –y eran muchas veces, dado que ambos eran aurores–, le soltaba un "eh, compañero, Hermione y yo todavía te esperamos para ese té". Y Hermione, con la que afortunadamente se topaba menos, le dirigía esa mirada que a Harry le ponía todos los pelos de punta. Algún día le preguntaría a esa mujer cómo conseguía transmitir tanto con tan sólo una mirada. Algún día. Cuando se atreviese.

La cosa era que, finalmente, Harry había reunido el coraje necesario, y ahí estaba. Justo delante de la puerta del matrimonio Weasley.

Bueno, él era un Gryffindor, ¿no era así?

Así que, por fin, Harry llamó a la puerta de la casa de Ron y Hermione.

Lo cierto era que tenía la pequeña esperanza de que no estuviesen en casa en ese momento. O de que estuviesen demasiado ocupados como para abrir la puerta. O de que se hubiesen quedado sordos de repente, quién sabía lo que podía ocurrir en la casa de un Weasley. Por eso, cuando se abrió la puerta delante de sus narices, Harry se sintió un poquito decepcionado. Y, si no hubiese sido por Hermione y su abrazo modo mamá osa, habría huido.

- ¡Harry! ¡Por fin has venido!

Cuando pudo por fin librarse de la llave de judo que le había hecho Hermione y fue capaz de volver a llenar los pulmones, esbozó una pequeña sonrisa algo avergonzada, y asintió en respuesta.

- Lo siento por tardar, he estado un poco liado, ya sabes.

Hermione asintió, sin darle mayor importancia y sin preguntarse si verdaderamente Harry había estado ocupado o si había estado debatiéndose entre aparecer por casa de sus amigos o no. Y menos mal, porque Harry no se sentía con ánimos de explicarse.

La mujer dio un paso atrás e indicó a Harry con un gesto que pasase, quien dudó durante un milisegundo antes de entrar dentro de la casa y dejar que Hermione cerrase la puerta tras él. Ya había llegado hasta ahí, no iba a echarse para atrás.

O eso esperaba.

- Pasa, Harry, pasa. Espera en la salita, sólo será un momento. – Hermione señaló con una mano una de las puertas que salía del pasillo que formaba el vestíbulo, por si Harry había olvidado cuál era la salita en cuestión. – Ahora mismo llamo a Ron, y el té estará en seguida.

Harry asintió y esbozó una pequeña sonrisa, caminando hacia la puerta que Hermione le había señalado. Por supuesto que no había olvidado dónde estaba la salita, conocía esa casa prácticamente como si fuese suya, pero no iba a quejarse cuando Hermione sólo estaba siendo una buena anfitriona. Además, hacía meses que no los visitaba. No le extrañaba que la mujer pensase que ya no recordaba la distribución de las habitaciones.

Escogió un sillón de flores para sentarse y se dejó caer en él, agotado. Ese sillón siempre le había gustado. A decir verdad, el sillón en sí no era nada bonito. Tenía un estampado bastante hortera, con unas flores grandes y coloridas sobre un fondo oscuro. Pero era cómodo, muy cómodo. Tanto, que cada vez que Harry se sentaba en él, se olvidaba de lo horroroso que era por fuera. Además, era el sillón favorito de Hermione. Eso explicaba que siguiese en esa casa, a pesar del poco aprecio que le tenía Ron. Aunque no quería saber los motivos. A él le valía con saber que era cómodo. Punto.

Cerró los ojos un instante, disfrutando del momento de soledad, y tuvo que esbozar una sonrisa cuando escuchó a Hermione gritarle a Ron que "baja de una vez, que está Harry esperando". Y algo que sonó como "al final se va a ir, y no me extraña". Y soltó una carcajada cuando escuchó los pasos de Ron bajando por la escalera, como una manada de centauros en plena carrera.

Cuando la puerta de la salita se abrió de golpe, Harry hizo lo mismo con sus ojos, y se encontró a Ron mirándolo, con el ceño fruncido. Con un movimiento de cabeza dio a Harry por saludado, y caminó hasta dejarse caer sobre un sofá, frente a Harry, justo al otro lado de la mesita del té. Sin decir una sola palabra.

Bueno, eso no era muy normal. No es que Ron fuese el más risueño de su promoción, pero nunca le faltaban temas de conversación. Y menos con Harry, del que llevaba siendo mejor amigo desde que le alcanzaba la memoria –porque había ciertos periodos de tiempo en su vida que Harry prefería no recordar, la verdad–. Así que si Ron estaba así, era porque algo estaba pasando.

- Hey, amigo. ¿Qué es lo que ocurre?

Ron lo miró, Harry lo miró a él. Pero nada. Silencio fue toda la respuesta que recibió. Estaba ya abriendo la boca para volver a preguntarle a Ron qué era lo que estaba mal con él, porque, ¿en serio?, cuando escuchó la voz de Hermione pidiendo ayuda al otro lado de la puerta. Bueno, eso podía esperar. De momento. Prefería lidiar con un Ron enfadado por cualquier motivo absurdo, que con una Hermione dejándole saber amablemente –y a gritos, también– que la vajilla que acababa de romperse contra el suelo gracias a su no-ayuda era la que le había dejado en herencia su tía la del pueblo. A pesar de que con un simple Reparo todo estuviese arreglado. Hermione tendía a olvidar esos pequeños detalles en momentos como aquél.

Así que, de un salto, Harry se levantó del sofá y prácticamente corrió hacia la puerta para abrírsela a Hermione. Ron había debido de tener un hilo de pensamiento similar al de Harry, porque, a pesar de su enfado, se levantó de la misma manera que él y, como la puerta ya estaba abierta, lo que hizo fue coger la bandeja que llevaba su mujer en las manos, con todas sus tazas, todas sus pastas y todo su té. Y con todas sus posibilidades de crear un problema si cualquiera de esas cosas se dejaba llevar por la fuerza de la gravedad, también.

- Gracias, chicos. – Con una sonrisa, y ajena al conflicto interno de los dos hombres que estaban con ella, Hermione caminó hacia el sillón en el que anteriormente había estado sentado Harry, y con un suspiro satisfecho, se dejó caer sobre él. Todo eso sin dejar de vigilar a su marido, siguiendo todos sus movimientos para asegurarse de que colocaba la bandeja en el lugar correcto: la mesita del centro de la sala.

Con Hermione sentada en el sillón de flores, y Ron de nuevo ocupando la mitad del sofá que estaba frente a ella, a Harry no le quedaban muchas opciones en cuanto al tema de sitios. Podía sentarse al lado de Ron. Mal, porque Ron estaba enfadado. O podía acercarse una de las sillas que había arrimadas a la pared, y sentarse entre los dos. Peor, porque entonces Ron pensaría que no quería ni siquiera estar a su lado.

Así que era cuestión de elegir la opción menos mala.

Aguantando un suspiro –porque de veras, él había ido a soportar a sus amigos intentando arreglarle la vida, no a que se enfadasen con él– Harry caminó hacia el sofá en el que estaba Ron, y se sentó, con todo el cuidado del mundo y un poco más, en la mitad libre.

Y se hizo el silencio. Ron se removía incómodo en su lado del sofá, Harry lo miraba de reojo, intentando obtener alguna pista para saber qué era lo que le pasaba, y mientras tanto, Hermione los observaba a los dos como si fuesen idiotas.

Cosa que probablemente eran.

- Entonces, Harry. – El hombre le podría haber dado un beso a esa mujer solamente por haber roto el silencio, pero no hubiese sido demasiado inteligente, dado que tenía a un Ron ya cabreado a su lado. No necesitaba tentar más las cosas. Así que sólo esbozó la sonrisa más brillante que pudo, y esperó a que Hermione continuase. – ¿Cómo has estado estos días?

Bueno, ahí Harry se sintió un poquito culpable. Hermione lo miraba con esa expresión de madre preocupada que había ido perfeccionando con los años –empezando incluso antes de ser madre– mientras cogía una de las tazas de la bandeja y se preparaba el té. Harry la vio echarse el agua caliente de la tetera y directamente añadirle un par de cucharadas de azúcar, colocándose tras eso la taza en el regazo. Todo eso, sin prácticamente quitarle la vista de encima. Y a Harry se le hizo un pequeño nudo en el estómago, uno pequeñito. Porque mientras él había estado en su casa alargando el tiempo todo lo posible para no tener que ir a ver a sus amigos y no tener que pasar por el mal trago de escuchar lo preocupados que estaban por él, ellos habían estado preocupados de verdad. Pasándolo mal. No le extrañaba que Ron estuviese enfadado.

Harry a veces dudaba que siguiese siendo un Gryffindor, después de todo.

Tratando de distraerse de sus propios pensamientos, Harry imitó a Hermione preparándose el té. Se llenó la taza con el agua caliente, se echó azúcar y comenzó a remover el líquido con tanta parsimonia como pudo. Pero no se podía evitar lo inevitable. Y, dudas o no, era un Gryffindor. Punto.

- Bien, Mione. Mejor de lo que esperaba, la verdad. – Esbozó una sonrisa –que esperaba que pareciese sincera, porque de verdad había ido todo mejor de lo que esperaba– y se acercó la taza a los labios, soplando el líquido caliente sin llegar a atreverse a darle un sorbo. – Ya te imaginas, he estado trabajando.

- ¿Sólo?

Harry pudo notar el tono ligeramente reprobatorio de su amiga, pero no sabía muy bien si era por el hecho de que de verdad creía que sólo había estado trabajando, o porque sabía que había hecho más y que no se lo estaba contando todo. Fuese cual fuese la razón, Harry tomó un sorbo del té –todavía bastante caliente– y continuó hablando.

- No, no. He tenido un par de semanas con bastante lío. – Con un movimiento de cabeza, Harry señaló a Ron, como para que corroborase sus palabras, aunque el pelirrojo no parecía tener mucho interés, dado que continuaba ignorándolo. Más o menos, porque Harry sabía distinguir ya a estas alturas cuándo Ron prestaba atención y cuándo no le interesaba absolutamente nada lo que estabas diciendo, y en ese momento, estuviese observando intensamente el té que se había servido mientras le daba vueltas con la cucharilla o no, Ron estaba atento a sus palabras. Totalmente. – Pero bueno, también me ha dado tiempo a tomarme un respiro.

Por supuesto que Harry había estado liado. De hecho, todo ese lío que había tenido se lo había buscado él solito para mantenerse ocupado. Porque cuanto más ocupado estuviese, menos vueltas le daba a... A todo en general. Tenía demasiadas cosas en la cabeza. Obviamente, había sido imposible mantenerse ocupado las 24 horas de todos y cada uno de los días. Así que esas horas para las que no había encontrado ninguna actividad con la que llenarlas habían sido sus horas de "tomarse respiros". Aproximadamente.

Claro que Harry debería haberse dado cuenta de que Hermione no era tonta.

- ¿Ah, sí? – Harry conocía a Hermione, y sabía que la mirada que le estaba dedicando en ese preciso momento era la mirada con la que la mujer le había sacado todos los secretos, desde que estaban en Hogwarts. Así que, evidentemente, Harry sabía que ahí no iba a acabar la conversación. – ¿No te has divertido ni tan siquiera un poco? Harry, no puedes volverte ahora un adicto al trabajo.

Tenía que cortar a Hermione, y tenía que hacerlo ya, porque sabía por dónde iba el discurso. Seguiría por "no puedes refugiarte en el trabajo", luego continuaría por "deberías encontrar otros hobbies, cosas que te hagan feliz" y remataría con un "Harry, ¿conoces a...?". Y le nombraría a alguna de sus compañeras del ministerio solteras, separadas, divorciadas o viudas, intentando conseguir que Harry picase y aceptase una cita con la mujer que estuviese en ese momento en el punto de mira de Hermione. Se lo sabía de memoria, a pesar de que hacía ya bastante tiempo que Hermione había dejado de usar esa estrategia con él. Harry había sido muy feliz en el momento en el que Hermione había decidido pasar a unas tácticas menos ofensivas, y no tenía pensado dejar que volviese a las anteriores, muchas gracias. Así que la interrumpió.

- Claro que no, Hermione, también sé divertirme. De hecho, el otro día quedé con Malfoy, y luego estuve cenando con él y con Astoria en su casa.

Bueno, misión cumplida, Potter. Hermione se había quedado con la palabra en la boca, cosa que rara vez ocurría. Eso sí, Harry no contó con la reacción de Ron. Éste dejó escapar un bufido de incredulidad y, por primera vez en toda la tarde, le dirigió la palabra a Harry.

- ¿Malfoy? ¿Y se puede saber para qué quedaste con Malfoy?

A Harry no le gustó demasiado el tono de Ron, pero era la primera vez que le hablaba desde que había entrado hacía ya un rato largo por la puerta, y era un avance, así que no podía dejar escapar la oportunidad. A lo mejor se enteraba de por qué estaba tan molesto, y todo.

- Pues... Me retó a un partido de Quidditch. Fue divertido, estuvimos volando y...

- ¿En serio, Harry? ¿Malfoy? De entre todas las personas, animales y plantas de la maldita Inglaterra, ¿nos has cambiado por Malfoy?

Eh, ¿cómo?

- ¡Ron! – El grito de Hermione desconcentró un poco a Harry. Un poco más de lo que ya estaba, porque, sinceramente, no estaba siguiendo la conversación. Se había perdido en algún punto entre el "volando" y el "en serio".

- ¿De qué hablas, Ron?

- ¡Oh, venga! ¡Ahora me dirás que no tienes ni idea de lo que hablo! – Harry estuvo tentado a contestar que no, no tenía ni la más remota idea de qué era lo que estaba diciendo, pero por la cara de furia de Ron, prefirió callarse. Claro que su expresión debía ser bastante transparente, porque Ron sólo resopló y continuó hablando. – Hablo de cómo has pasado las últimas semanas, meses, ¡años!, evitándonos. Sólo nos vemos cuando coincidimos por casualidad en el mismo lugar. No quedamos, no hablamos. ¡Hablo de cómo quedas con Malfoy cada vez que tienes la oportunidad, pero rechazas quedar con nosotros!

- ¡Es suficiente! – Y hasta ahí la paciencia de Hermione. La mujer se levantó, cogió una de las pastas que había traído junto con el té y se la metió a su marido en la boca, sin esperar siquiera a que terminase la frase. Harry, que todavía estaba intentando procesar lo que le acababa de decir –gritar– Ron a la cara, frunció el ceño porque, espera, ¿Ron estaba celoso? – Harry, lo siento, yo...

- No. – Harry no quería escuchar las disculpas de Hermione, ni siquiera las de Ron, aunque sabía que ésas, de momento, no iba a oírlas. Ron tenía parte de razón. Harry había quedado con Malfoy. Bastante. De acuerdo, muchas veces. Y había pospuesto el quedar con él y con Hermione un par de ellas. Y otro par. Y otro par más. Hasta ahí, coincidía con él. Pero no por eso iba a dejar de quererlos. Era ridículo. – Ron, parece mentira, eres mi mejor amigo y...

- Ahá, tu mejor amigo. – Ron estaba todavía teniendo dificultades con la pasta que Hermione le había embutido en la boca, pero el hombre nunca había tenido problemas antes para hablar con la boca llena, y no iba a empezar ahora, así que continuó. – Dime, Harry. ¿Cuántas veces hemos quedado tú y yo últimamente para cualquier cosa? Para salir a tomar unas cervezas, para ir a un partido de Quidditch. ¡Cualquier cosa! ¿Cuántas veces en los últimos años? ¿Cuántas veces desde que empezaste a tener problemas con Ginny?

De acuerdo. Harry no sabía el número exacto, pero podía asegurar que estaba bastante próximo al cero. Pero ahí estaba la cuestión. Harry no se sentía a gusto estando con Ron, cuando Ron estaba todavía molesto por la situación que había entre Harry y Ginny. Y Ron podía llevar su parte de razón, pero a Harry estaba empezando a sacarlo de sus casillas el que no parase de gritarle y de echarle cosas en cara.

- ¡Estuviste enfadado conmigo durante meses por cómo acabé con tu hermana! ¿Qué querías que hiciese? ¿Salir contigo a ahogar mis penas en cerveza? ¿Ir a beber mientras te contaba entre trago y trago lo miserable que me hacía sentir Ginny?

Oh, Harry se la estaba jugando, pero ya le daba igual. Ron estaba empezando a ponerse de un precioso color rojo cereza de la ira, y Hermione hacía rato que había decidido que esos problemas eran problemas que tenían que resolver ellos. O eso creía Harry, dado que en lugar de entrometerse en la discusión, simplemente los estaba mirando. Y no con muy buena cara, precisamente.

- ¡Sí! ¡Para eso están los mejores amigos! Lo que más me molestaba es que nunca tuviste el valor de ir a decirme nada directamente. ¡Era tu amigo! Podía haberte apoyado, aunque el problema fuese mi hermana. – Ron suspiró y se deslizó en el sofá hasta quedar más tumbado que sentado, agotado de tanto grito y de tanto enfado. – Pero ahora ya da igual. ¿Prefieres a Malfoy? De acuerdo, vete con él.

Harry no pudo evitarlo. Ver a su amigo tan abatido lo estaba dejando hecho polvo. Estiró un brazo y colocó la mano sobre el hombro de Ron, apretándoselo con suavidad, en un gesto de cariño. Parecía mentira que hubiesen empezado hablando de Malfoy, y hubiesen acabado echándose en cara problemas tan lejanos, ya. Problemas que no habían resuelto. Quizás eso era lo que ocurría, que estaban sin resolver. Bien, pues Harry no iba a dejar de nuevo otra situación sin solucionar de ese momento en adelante. Eso sería arriesgarse a que en unos años explotase la burbuja, y acabase teniendo una nueva discusión a grito pelado con Ron sobre si Harry lo cambió o no por Malfoy.

- No digas tonterías, Ron. Hermione y tú sois mis mejores amigos, siempre lo habéis sido. – Harry levantó la cabeza y miró a la mujer, esbozando una pequeña sonrisa en su dirección, sonrisa que no pudo evitar ampliar al ver su cara. Tenía la misma expresión que una madre orgullosa cuando alguno de sus hijos hace algo bien. Así que Harry supuso que su discurso iba por buen camino. – Pero... Bueno, Malfoy y yo nos llevamos bien, últimamente. Nos hemos hecho amigos. Ya sabes que es el padre de Scorp, y Scorp y Albus son inseparables. Además, es un buen tío. Ha cambiado, de verdad. Es divertido, Ron, divertido. Me lo paso bien cuando estoy con él, aunque sólo estemos hablando mientras tomamos el té. Y se preocupa por mí, ¿sabes? Creo que le importo.

Harry no supo muy bien en qué momento, pero todo a su alrededor se quedó en silencio. Ron giró la cara hacia él, ya todo rastro del anterior enfado desaparecido, y se lo quedó mirando con los ojos como platos y la boca abierta. Confundido, Harry miró a Hermione. Y se quedó todavía más confundido al ver que ella lo miraba de la misma manera que su marido. Entonces repasó mentalmente todo lo que acababa de decir, porque si antes de hablar estaban bien, y al acabar lo miraban así, entonces es que algo de lo que había dicho no estaba bien.

- Harry... – La voz de Hermione lo sacó de sus pensamientos antes de que pudiese dar con la clave del problema, y Harry la miró, sin saber muy bien qué era lo que le quería decir. – Harry... ¿Te gusta Malfoy?

Harry se quedó tan en shock al escuchar la pregunta, que ni siquiera oyó a Ron soltar un gemido lastimero que sonó como un "oh, no".

¿Le gustaba Malfoy?


N/A: Yei, un nuevo cap. No tengo muchos comentarios que hacer, nope. Sólo que ooohhh, Harry está abriendo los ojitos...

Gracias a todos por leer y comentar, ya sabéis que los reviews me hacen filis. Y gracias a mi beta, que se olvida de dejarme reviews y se lo tengo que recordar para que me dé su opinión ):.

Lalala: ¡Me alegro mucho de que te haya gustado! El capítulo anterior en principio no iba a escribirlo, peor me alegro de haberlo hecho :). Jajajaja totalmente de acuerdo, a Astoria le va este rollo...

Guest: Muchas gracias :D. Aquí tienes un nuevo capítulo ;).

Bueno, esto es todo, ¡volveré pronto con nuevos capítulos!

No piquéis entre horas, ¡que luego todo se va al culo!

MayaT