17. 13 años. Mediados de octubre. Lunes.
Harry estaba muerto de hambre. Famélico. Estaba pensando en comerse parte de su escritorio y todo, a ver si así se le pasaba al menos un poco.
Serían alrededor de las dos y estaba a punto de dar por finalizada la jornada. Habitualmente, Harry esperaba hasta llegar a casa para comer. O, algunos días que coincidía con alguien –sobre todo cuando quedaba para eso–, se tomaba un descanso a mitad de la mañana y comía antes de volver a casa. Pero ese día, ni había comido antes, ni creía que fuera a poder llegar a comer después. Iba a morir de hambre si no comía algo en ese preciso instante.
Como a la persona que estaba llamando a la puerta en ese momento, podría zampársela, por molestar, y...
De acuerdo, fin. No iba a pasarle nada por esperar un poco más. ¿Cuánto podía tardar esa persona en decirle lo que tuviese que decir y marcharse?
- ¡Adelante!
Se abrió la puerta. Y Harry no podía creer en su mala suerte.
- ¿Potter? Oh, es que lo sabía. –Malfoy. Era Malfoy, en carne y hueso. El muy maldito abrió del todo la puerta del despacho de Harry y, sin llegar a entrar, se quedó apoyado en la jamba, con los brazos cruzados, mirándolo con una pequeña sonrisa. Pensando en Merlín sabe qué–. Sabía que ibas a estar aquí. ¿Te has recuperado ya de tu enfermedad?
A Harry, sinceramente, la pregunta no le pareció demasiado bien intencionada. Es decir, no es que sonase como si Malfoy estuviese deseando que no se hubiese recuperado y que siguiese enfermo, pero sí que sonaba a que Malfoy se estaba riendo de él. De alguna manera.
Cosa que, probablemente, era cierta.
- Uhm, sí. Esta mañana me levanté mejor, y...
Malfoy escogió ese momento para terminar de entrar en el despacho de Harry, cerrando la puerta tras él. En un par de pasos, se colocó delante del escritorio y apoyó las manos sobre la superficie, echando el cuerpo ligeramente hacia delante para mirar a Harry más de cerca. Todavía sonriendo.
- Ya, claro, me imagino. ¿Así que ya estás bien?
Harry asintió porque no tenía más opción. Malfoy lo estaba mirando con una ceja levantada, como si no se creyese la enfermedad de Harry. O como si no se la hubiese creído ni por un instante.
- Me alegro, Potter. ¿Eso quiere decir que puedes salir a comer conmigo?
¡Maldito Malfoy! Lo había planeado todo, estaba seguro. Había hecho creer a Harry que el día anterior se había tragado lo de su enfermedad y había renunciado a la idea de comer con él. Por eso había sido tan fácil convencerlo. Pero no. Y ahora que Harry ya no se lo esperaba, había aparecido de nuevo.
Y Harry no podía negarse. No, sin tener una razón válida.
- Yo iría, Malfoy, pero verás... –Piensa, Potter, piensa–. Ya he comido.
Ese fue el instante en el que su estómago dejó emitir un quejido lastimero. Así como de hambre. Y Malfoy soltó una carcajada, en respuesta. Y Harry se sonrojó, porque mierda, no podía haber ocurrido en cualquier otro momento. O un sonido un poco menos llamativo, no. Parecía que su cuerpo quería que no tuviese disculpa y que fuese a comer con Malfoy, e iba a dejar esa línea de pensamiento aparte, porque no, su cuerpo no quería que fuese con Malfoy.
- ¿Alguna otra excusa, Potter? Porque no voy a aceptar un no por respuesta.
Harry no dijo nada, y Malfoy se tomó su silencio como un asentimiento por su parte. Tamborileó con los dedos sobre el escritorio antes de erguirse y esbozar una amplia sonrisa en dirección a Harry.
- De acuerdo, entonces. ¿Nos vamos?
Esperándolo el tiempo justo para que se deshiciese de su túnica de auror, Malfoy salió por la puerta.
Y así fue cómo Harry se vio obligado a comer con Draco Malfoy, a pesar de seguir todavía con la idea de evitarlo por siempre jamás.ç
Harry no tenía ni idea de dónde iban a ir a comer. Había tenido la intención de dirigirse hacia las salidas del Ministerio que llevaban al Londres muggle, y buscar algún lugar medianamente decente para comer por las cercanías, pero Malfoy le había puesto una mano sobre el hombro y a partir de ahí, Harry había estado demasiado nervioso por el contacto como para enterarse de lo que estaba pasando. Así que, cuando se dio cuenta, estaban ante las chimeneas que permitían la salida por la Red Flu. Y Malfoy le estaba diciendo algo sobre "esperarlo en el Caldero Chorreante, y que más le valía aparecer, o volvería él y lo llevaría a la fuerza". Ugh, Harry no tenía intención de dejar que eso ocurriese, así que asintió varias veces, y Malfoy, conforme, cogió un puñado de polvos Flu, los lanzó a la chimenea, y desapareció en las llamas verdes, pronunciando claramente "Caldero Chorreante". Harry miró al fuego durante unos instantes. Podía irse, desaparecer de la faz de la Tierra y no tener que volver a ver a Malfoy. O podía volver a la realidad y darse cuenta de que eso era imposible, coger un puñado de polvos Flu y seguir a Malfoy donde fuese que éste quisiese llevarlo. Que fue justamente lo que hizo.
Como había prometido, Malfoy lo estaba esperando en el Caldero Chorreante. Cuando lo vio, sonrió ampliamente, como si no hubiese esperado verlo aparecer tan pronto. O como si hubiese tenido miedo de que no apareciese de verdad. Con una sonrisa, pequeña y bastante nerviosa, Harry se acercó a él, y lo siguió cuando empezó a caminar. Hacia la salida para el callejón Diagon. Así que no iban a comer ahí.
Bueno, no se imaginaba el comer con Malfoy en un sitio como el Caldero Chorreante.
Malfoy sacó la varita y tocó los ladrillos adecuados, y la pared comenzó a abrirse. Y Harry estaba mirando todo como si fuese la primera vez, porque jamás habría pensado que iba a hacer eso con Malfoy. ¿Ser amigo de Malfoy? Raro, y bastante improbable. ¿Ir con Malfoy al callejón Diagon? Prácticamente imposible. ¿A comer con él? Irreal.
Malfoy, ajeno a todos los dilemas mentales de Harry, atravesó la pared cuando el hueco fue lo suficientemente grande para permitirles el paso, y esperó por Harry al otro lado. Con toda la paciencia del mundo, y como si lo que estaba haciendo no fuese raro.
Harry lo siguió, porque, qué narices. Si Malfoy se lo tomaba así, entonces por qué tenía él que ponerse nervioso. Había sido Malfoy quien le había dicho que fuesen a comer los dos juntos. Y él había ido, más obligado que por decisión propia. Si alguien tenía que sentirse avergonzado, era Malfoy.
Así que Harry comenzó a caminar al lado de Malfoy, sin poder evitar fijarse en él. Demasiado al tanto de sus movimientos. Parecía que sabía exactamente dónde se estaba dirigiendo. Y no se distraía con nada por el camino, ni siquiera con el escaparate de la tienda de escobas, delante de la que acababan de pasar. Ni cuando ese señor lo había mirado tan mal. Ni tampoco cuando esa mujer había alejado a su hijo de su camino, como si Malfoy fuese a morderlo, o algo. Espera. Todo eso no era ni medio normal.
Por primera vez en todo el tiempo que llevaba siendo amigo de Malfoy, Harry se preguntó por el trato que recibía.
Cuando habían coincidido en el colegio –cuando sus hijos eran pequeños– Harry no se había fijado excesivamente en él. Pero había que decir que, a pesar de no haberse fijado, Harry nunca lo había visto hablar con otros padres. Sí con los profesores, pero nunca demasiado tiempo. Y nunca, nunca, con un padre que no fuese Harry. Había ayudado el hecho de que Scorpius y Albus se hubiesen encariñado desde el principio, y a pesar de haber hecho otros amigos, ninguno era tan cercano, ni de lejos. Pero bueno, Harry hablaba con otros padres, y no necesariamente porque sus hijos fuesen amigos. Aunque claro, ser el salvador del mundo mágico te granjea muchas amistades sin motivos.
Después, con el paso de los años, se habían hecho cada vez más amigos, y Harry se había fijado más en él. Pero, para ser sinceros, tampoco había tenido demasiadas oportunidades de verlo socializar. Cuando quedaban, solían estar solos los dos, o con Astoria. O con sus hijos. Pero poco más.
¿Y cuando llevaba a Scorpius al tren? Scorp y Al debían de tener un radar –o algo así– porque se encontraban en seguida. Y sus respectivos padres los seguían, y se encontraban de la misma manera. Así que no, Harry tampoco lo había visto en sociedad en esas ocasiones. Porque Ron y Hermione no contaban como sociedad.
Harry nunca se había preguntado cómo trataba el resto del mundo mágico a Malfoy, porque había supuesto que sería bien. El hombre estaba bien situado, tenía poder y riqueza, y una familia adorable. Trabajaba en el Ministerio, no sabía muy bien de qué, todavía, pero no parecía descontento con su trabajo. La guerra había quedado muy atrás, y lo cierto es que su participación en ella no había sido tan grande.
Pero ahora, viendo la reacción de la gente, se lo preguntaba. ¿Podía ser posible que, después de tantos años, la gente todavía tuviese en cuenta las decisiones que había tomado su familia?
Porque eso era exactamente lo que parecía. Una señora acababa de mirar a Harry con una sonrisa bondadosa y al instante se había dado cuenta de quién iba a su lado, y había cambiado su expresión por una de odio. Pero venga, ¿en serio?
Si alguien tenía que odiar a Malfoy, ése era Harry. Después de su historia en el colegio, y sobre todo, después del hecho de que a Harry le había tocado salvar al mundo mágico del loco al que apoyaba su familia, era Harry quien tenía derecho a odiarlo. Y no. Harry no odiaba a Malfoy. Harry era amigo de Malfoy.
Y, sinceramente, no entendía a la gente. Merlín, si habían pasado veinte años. Malfoy era otra persona. Había cambiado. ¿Es que no podían verlo? Ah, eso no lo veían. La vista se les quedaba parada en el maldito tatuaje de su antebrazo.
Qué tontería. Con él, la vista siempre se les había quedado en la cicatriz de su frente.
Quizás por eso entendía a Malfoy y no lo juzgaba tan duramente. O quizás era porque Malfoy había hecho lo mismo con él. No juzgarlo por algo que ni siquiera había buscado.
Debía de estar mostrando sus emociones en la cara más de lo que creía, y probablemente debía de haber dejado escapar algún gruñido, porque Malfoy le colocó una mano sobre un hombro y se lo apretó gentilmente. Tratando de calmarlo.
- Tranquilo, Potter. Estoy acostumbrado.
- ¿Acostumbrado? ¡Nadie debería estar acostumbrado a esto!
El agarre sobre su hombro se hizo algo más fuerte, y Malfoy se paró. Harry se paró también, y lo miró directamente a los ojos. Malfoy no estaba sonriendo, no parecía divertido. Malfoy lo miraba de la misma manera que Harry a él. Serio. Con el ceño fruncido.
- Lo sé. Pero es así. –A Harry le entraron ganas de sacar la varita y liarse a hechizar gente con tal de volver a ver a Malfoy sonriendo. No sabía de dónde había salido ese sentimiento, ni le importaba. Sólo sabía que lo que le pasaba a Malfoy no era justo. Y él no era una persona que tolerase las injusticias. Se cometiesen contra quien se cometiesen–. ¿Entramos? Hemos llegado justo a la hora.
Eso distrajo a Harry por completo. Levantó la mirada y se dio cuenta de que se encontraban frente a la entrada de uno de los restaurantes más famosos del mundo mágico. La Esfinge y el Águila. Y, probablemente, también uno de los más caros.
- Espera, ¿a la hora de qué?
- A la hora de la reserva, Potter. ¿Qué esperabas, entrar por tu cara bonita y tener una mesa para ti? Bueno, en tu caso, no lo niego, pero la gente normal tiene que pedir cita y...
El tono de voz de Malfoy indicaba su diversión, y Harry no pudo evitar sonreír. Porque si, a pesar de todo, Malfoy era capaz de bromear, entonces es que las cosas estaban bien.
- Cállate, Malfoy.
Harry le dio un empujón juguetón a Malfoy para interrumpir su discurso, y caminó hacia la entrada del restaurante, mirando de reojo para ver si el otro hombre lo seguía, cosa que hizo.
Unos minutos después, cuando ya se habían sentado los dos en una de las mesas del interior del local y estaban esperando a que les trajesen el vino –que había elegido Malfoy–, Harry cayó en la cuenta de algo. Echándole un vistazo a las mesas de alrededor, todas llenas, se percató de un pequeño detalle.
- Malfoy, ¿hace cuánto hiciste esta reserva?
Bueno, no ocurría muy a menudo, pero Harry tenía ante sí a un Malfoy sin palabras. Y, si tenía que arriesgarse, diría que también parecía un poco culpable.
- Uhm... ¿Hace un par de días?
- ¿Y hace un par de días sabías que íbamos a venir a comer?
Harry no estaba molesto. Estaba casi divertido. Malfoy había planeado con varios días de antelación –y si se fiaba de la popularidad del restaurante, con varias semanas– la comida, y había conseguido que, a pesar de su reticencia, Harry hubiese aceptado ir, justo el día y a la hora correcta. Eso era admirable, cuando menos. Y decía bastante de Malfoy. Como por ejemplo, lo mucho que conocía a Harry.
- Sí, claro. Quiero decir, no. Había reservado para venir con Astoria, pero esta mañana me mandó una lechuza diciéndome que le era imposible, así que, dado que ayer te negaste a venir conmigo, pensé que hoy podría convencerte.
- Claro.
Harry asintió varias veces, y agradeció que justo en ese instante llegase el vino, porque estaba a punto de soltar una carcajada. Se había dado cuenta de que cuando Malfoy se ponía nervioso, hablaba más de la cuenta. Y eso era, en cierta forma, adorable.
Y estaba seguro de que Malfoy no tenía ningún plan con Astoria. Malfoy siempre usaba a Astoria como excusa para conseguir lo que quería de Harry. Para que se quedase a cenar a su casa, para que fuese y le hiciese una visita. Para invitar a Harry a comer.
Pero Harry sabía que si Malfoy lo había llevado a comer, era porque quería comer con él. Y, a pesar de que sabía que tendría que estar enfadado o algo porque no era sólo ya que no pudiese evitar a Malfoy, es que encima él lo buscaba, no podía estarlo. Estaba incluso feliz.
Cuando el camarero se marchó después de dejar el vino y de que Malfoy hubiese pedido por los dos –sin ni siquiera mirar la carta–, éste se lo quedó mirando. Probablemente porque Harry lo había estado observando fijamente y sin decir palabra desde que el camarero había aparecido. Levantó una ceja, y ésa fue toda la pregunta que le hizo a Harry. Harry, como respuesta, se llevó la copa de vino a los labios y lo paladeó. Bueno, no tenía ni idea de vinos, pero no estaba malo. Y sonrió.
- No es nada, sólo pensaba en que le tendré que mandar a Astoria una lechuza para agradecerle que le hayan salido otros planes.
Malfoy tragó saliva, Harry pudo verlo. Y tuvo que aguantarse otra carcajada, porque a veces, era demasiado fácil.
- Eh, no creo que haga falta, Potter. Se lo agradeceré yo de tu parte.
Claro. No fuese a ser que Harry le mandase la lechuza y Malfoy le tuviese que explicar a Astoria que había dejado de ir a una comida a la que ni siquiera había sido invitada, en primer lugar.
- Gracias, Malfoy. Eso sería todo un detalle.
Harry se lo estaba pasando en grande. Poco a poco, se le había ido olvidando el hecho de que apenas un par de horas antes, su intención había sido la de no volver a ver al hombre que tenía ante sí en ese momento.
Las cosas que se podían conseguir con una buena comida.
Harry nunca había sido una persona que se interesase demasiado por la comida. Había aprendido a cocinar por necesidad, pero su recetario no era ni el más amplio, ni el más elaborado. Había cocinado para sus hijos, y, desde que éstos se habían marchado a Hogwarts, ya ni eso. Solía cocinar un par de veces a la semana, y comía los restos los demás días. Era algo que mantenía en secreto, más que nada porque si Molly llegaba a enterarse, tendría un buen problema entre manos. Y, probablemente, más comida de la que podría comer durante los próximos años.
Nunca se había interesado demasiado por la comida, pero eso no quería decir que no supiese identificar una sabrosa cuando la probaba. Y la que estaba comiendo en ese restaurante, definitivamente lo era.
El primer plato había sido una sopa. Harry no podía identificar los ingredientes por separado, pero oh, el conjunto era delicioso.
El segundo había sido algún tipo de plato de carne. Hasta ahí era hasta donde llegaba el conocimiento de Harry. Era carne, con un toque de vino, si tenía que arriesgarse a definirla, y como complemento, unos pequeños espárragos.
Todo eso, regado generosamente con un vino tinto, del que Harry lo único que podía decir era que era francés. Más que nada, por las letras de la etiqueta de la botella.
Entre copa y copa de vino, Harry masticaba, tragaba, reía, asentía y conversaba con Malfoy. Y con cada sorbo, Harry sentía un calor asentarse a la altura de su estómago y en sus mejillas, y los comentarios de Malfoy, cada vez más absurdos, tenían más gracia.
Así que, cuando acabaron la segunda botella de vino entre los dos, a la vez que ambos acabaron con el segundo plato, Harry suspiró tranquilo. Al menos, ya no había peligro de que se emborrachase. Más.
Harry no solía beber. No era algo que le llamase excesivamente la atención. Pero, probablemente, eso se debía a lo mismo que le pasaba con la comida. Nunca le había dedicado ni un segundo pensamiento al vino, pero igual, si hubiese sabido que había vinos tan buenos... Se habría tomado el tiempo y la molestia de degustarlos.
Por eso, como no bebía a menudo, el vino se le subía a la cabeza más de lo estrictamente recomendable. ¡Borracho a las tres de la tarde! ¿Por qué caminos lo llevaba Malfoy? Ese hombre era una mala influencia. Primero, con esa personalidad, con esa madurez que había adquirido con el paso de los años y que había hecho que Harry se fijase en él más de lo necesario. Y después, con eso de beber a esas horas del día. ¡Merlín, que el sol estaba todavía alto en el cielo!
En ese momento llegó el camarero, y Harry tuvo que aguantarse una risita. Malfoy lo miró y con un simple levantamiento de cejas, le indicó que se mantuviese callado. O, al menos, que no lo dejase en ridículo. Eso es lo que entendió Harry. Y de veras que hizo el esfuerzo. Respiró, cogió aire y se recordó a sí mismo que él había salvado el mundo en sus años mozos, para ponerse serio. Funcionó hasta que volvió a mirar a Malfoy a la cara. No, es que no podía. El camarero y Malfoy estaban hablando de algo, no sabía muy bien de qué. ¿De lo rica que estaba la comida? ¿De lo bueno que había estado el vino? Igual Malfoy lo convencía para que trajese otra botella y... No. No más vino, por Merlín, había tenido más que suficiente. Pero es que Malfoy parecía tan concentrado en su conversación... Estaba ignorando demasiado a Harry. Y, a ver, Malfoy había sacado a Harry a comer, lo mínimo que tendría que hacer era prestarle toda su atención.
Como quien no quiere la cosa, Harry estiró una de las piernas hasta que chocó con la punta del pie contra algo. No muy duro, no muy blando. La pierna de Malfoy. No tenía un buen ángulo para darle una patada, y lo cierto era que tampoco tenía ganas de hacerlo –por las consecuencias, más que nada–, así que lo único que hizo fue pasar el pie por la zona de su espinilla de arriba abajo, de abajo arriba. Acariciándole la pierna. Tratando de desconcentrarlo de su conversación con el camarero de las narices y que se centrase en él.
Malfoy lo miró de reojo un instante antes de volver a centrar su atención en el bendito camarero. Pero, eso sí, metió una de sus manos bajo la mesa y atrapó con ella el pie de Harry, obligándolo a parar los movimientos.
Harry estaba a punto de quejarse cuando el camarero se marchó. Y Malfoy volvió a poner toda su atención en Harry, mirándolo fijamente, con una ceja alzada. Todo sin llegar a soltar su pie. Y Harry se dio cuenta de que era demasiada atención, que había sido mejor cuando Malfoy lo estaba ignorando. Al menos, eso no lo ponía nervioso. Así que tiró de la pierna, intentando que Malfoy se la soltase y poder dejarla en su sitio de nuevo. Y hacer como que nada había pasado.
Pero Malfoy no lo dejó. De hecho, apretó más el agarre para que Harry no pudiese apartar la pierna. Probablemente, en venganza. Y Harry no podía culparlo, no del todo. Porque las ideas del Harry ebrio no eran las mejores del planeta.
- ¿Podrías soltar mi pie?
- Oh, ¿es tuyo? Como ha aparecido por aquí de repente...
Finalmente, Malfoy lo soltó, justo después de dedicarle una sonrisa muy... Malfoyesca. Malfoyesca con un toque de "ups, me he pasado con el vino". Y Harry se sintió aliviado de no ser el único que había bebido más de la cuenta.
Aunque, afortunadamente, ya estaba empezando a notar cómo se le pasaban un poco los efectos del alcohol. Todavía estaba afectado, pero uf, tenía la esperanza de que no se le fuese a subir más.
Y justo cayó en la cuenta de que llevaban varios minutos sentados en la mesa, mirándose el uno al otro, sin hacer nada más. Aparte del tema del pie de Harry, cosa que prefería dejar aparte. ¿Qué hacían todavía ahí?
- Malfoy... ¿Estamos esperando a algo?
Malfoy ahogó una risa, y lo miró de nuevo, alzando una ceja. Ogh, en serio, ¿qué tenía ese hombre con las cejas alzadas? Esa expresión lo hacía parecer tan arrogante, como si Harry fuese estúpido y lo estuviese demostrando con las preguntas que hacía. Y a Harry le entraban ganas de bajarle esa ceja de una vez por todas, de callar esa voz de listillo que ponía al contestarle con un beso y dejarlo con la palabra en la boca, y... Espera, ¿qué? Oh, Merlín. Harry no iba a volver a probar el vino en su vida.
- Potter, ¿qué es una comida sin un postre?
Oh, ahí estaba esa voz de listillo que Harry no quería callar de ninguna manera, y esa sonrisa de suficiencia que no quería borrar, y el saber que Malfoy le estaba tomando el pelo, que se estaba riendo de él, pero no podía, Harry no podía... ¡El camarero! Harry no había estado tan agradecido con el camarero por aparecer en el momento justo en toda la comida, y había que decir que era un camarero bastante acertado a la hora de escoger el momento de aparición.
- Aquí tienen sus postres. –Y colocó un plato delante de Harry y otro delante de Malfoy. Y una botella entre los dos, de un vino blanco–. Y aquí su vino. Ahora les traigo otras copas.
Y se marchó tal y como había venido, pero Harry ni se dio cuenta. ¿Más vino, en serio? Conociendo a Malfoy, estaba seguro de que el vino combinaría perfectamente con los postres, pero ésa no era la cuestión.
- ¿Estás intentando emborracharme, o sólo es lo que parece?
Malfoy soltó una carcajada, y no sonó para nada ebria. Fue una risa sincera, sentida. Acompañada de una brillante sonrisa. Y Harry agradeció estar sentado, porque si no, igual le habrían temblado un poquito las rodillas.
- ¿Es tan evidente?
El tono de Malfoy sonaba... ¿Qué? ¿Seductor? Harry no se atrevía a calificarlo, la verdad, porque eso le haría irse por unas líneas de pensamiento que no tenía intención de explorar. Y por eso, agradeció de nuevo la aparición del señor camarero, al que le estaba empezando a coger cariño ya, con tanta interrupción oportuna. El hombre dejó un par de copas limpias, abrió la botella y sirvió el vino en la de Malfoy. Y Harry, ignorando un poco el ritual de saborear el vino –porque en realidad no lo entendía–, se fijó en el postre que tenía ante él. Si no se equivocaba, eso era... ¿Tarta de melaza? Espera, ¿cuándo había pedido él el postre? No, no lo había hecho, estaba seguro de eso. Así que había tenido que ser Malfoy. ¿Cómo sabía Malfoy que la tarta de melaza era su favorita? Porque Harry no recordaba habérselo dicho en ningún momento.
- ¿Potter? ¿Qué te ha hecho la pobre tarta para mirarla así?
Harry levantó la mirada de la susodicha tarta y la dirigió a Malfoy. El camarero ya se había ido y Malfoy lo miraba mientras sostenía su copa entre los dedos, con una expresión divertida. Harry, por entretenerse un poco, tomó la copa y se la acercó a los labios, dándole un sorbo al vino. Era un vino suave, dulce y afrutado. Y, seguramente, la combinación perfecta para la tarta de melaza de la discordia.
- ¿Me has pedido esta tarta por alguna razón, o...?
Eso hizo que la cara de Malfoy cambiase al instante. El hombre dejó la copa sobre la mesa y frunció el ceño, más preocupado que enfadado por la pregunta.
- ¿No te gusta? La tarta de melaza de este restaurante tiene bastante fama, y yo tenía la idea de que a ti te gustaba, por eso...
Malfoy sonaba casi arrepentido por haberle elegido a Harry un postre que no le gustaba, y Harry se sintió obligado a cortarlo para que dejase de sentirse mal.
- ¡No, no! ¡Qué va! Es mi preferida, sólo que no recordaba habértelo dicho nunca.
Malfoy volvió a sonreír, y uf, a Harry se le quitó un peso de encima. Con la cuchara, partió un trozo de la tarta y se lo llevó a la boca. Y oh, Malfoy había tenido razón. No le extrañaba que tuviese fama, porque estaba deliciosa. Entonces, en medio de la oleada de placer, la voz de Malfoy interrumpió sus pensamientos.
- Es que no lo has hecho.
Harry no tenía ni idea de lo que le estaba hablando Malfoy, ni le importaba un soberano gusarajo a esas alturas. Esa tarta de melaza era la mejor que había probado nunca, mejor incluso que la de Hogwarts, y oh, si lo hubiese sabido antes, no habría comido nada más. Se habría alimentado únicamente a base de esa tarta.
Definitivamente, ese restaurante iba a ser su nuevo lugar favorito del mundo.
Para cuando Harry se quiso dar cuenta, la tarta ya había desaparecido de su plato. Se la había acabado demasiado pronto, y ahora necesitaba llenar el vacío de su ausencia. No sabía cómo, pero echaba de menos a la bendita tarta de melaza. Probablemente, porque había sido lo más cercano al placer físico que había tenido en años. Estiró la mano y cogió la copa de vino, dándole sorbitos al líquido mientras, de refilón, observaba a Malfoy.
Malfoy estaba tomando lo que parecía ser algún tipo de flan, quizás un flan de queso. De vez en cuando, le daba un sorbo al vino de su copa, miraba de reojo a Harry y seguía comiendo. Por ese orden. Y a Harry le daba la sensación de que quería decir algo, no sabía muy bien por qué.
Hasta que al final, Malfoy acabó su postre. Y con él, el vino de su copa. Rellenó tanto la suya como la de Harry de nuevo con un movimiento fluido, y se quedó observando fijamente a Harry, como reuniendo valor para decir algo. Y, sinceramente, a Harry estaba empezando a darle miedo lo que le tuviese que decir Malfoy. Nunca había necesitado tanta preparación para decirle nada, ni tampoco había necesitado emborrachar a Harry para hablarle. Porque sí, Harry ya estaba seguro. Malfoy lo había emborrachado aposta, para decirle lo que le tuviese que decir. Y, aunque confiaba en sus habilidades –y en el hecho de que ya se le estaba pasando la parte fuerte de la borrachera–, no se fiaba ni un pelo de Malfoy.
- Potter. –Malfoy lo llamó e hizo una pausa, como intentando coger fuerzas para continuar, o quizás sorprendido porque no esperaba haber comenzado a hablar tan pronto–. Potter... ¿Has estado evitándome por algún motivo durante estas últimas semanas?
¿Qué? ¿Había sido tan evidente? Es decir, sí, lo había hecho. Había ignorado sus llamadas, sus mensajes y sus lechuzas. Se había mantenido alejado de todos en el Ministerio –ya que no sabía por dónde podía aparecer Malfoy–, y había conseguido reducir sus días de oficina al mínimo para no tener que estar en el mismo edificio que él. Ahora que lo pensaba, quizás sí que había sido tan evidente.
Pero... No podía dejar que Malfoy descubriese el verdadero motivo por el que lo había estado evitando. Cualquiera menos Malfoy, que seguro que se reiría en su cara, o dejaría de ser su amigo, o lo publicaría en El Profeta, o quién sabe qué. No es que el Malfoy actual tuviese pinta de ir a hacer esas cosas, pero el miedo es libre, y Harry tenía mucho, pero que mucho miedo.
Y necesitaba un trago de vino. Bien largo. Y tenía una copa al alcance de la mano, así que por qué no.
- Sé que Astoria no estuvo de lo más acertada con sus comentarios. –Malfoy siguió hablando, al ver que Harry no pensaba responder–. Pero no lo hizo de mala fe. Me ha pedido que te diga que no tenía intención de meterse donde no la llamaban. Y desde luego, no piensa ser ella quien te prepare citas con nadie.
A Harry le costó un poco seguir lo que le estaba diciendo Malfoy. Y, si no se equivocaba, Malfoy pensaba que Harry lo había estado evitando por... ¿Porque Astoria le había dicho que tenía que encontrar a alguien?
- Sé que no te gusta que te intenten organizar la vida, pero, créeme, Astoria no va a hacerlo. Pero te tiene mucho cariño, y quiere verte feliz.
Oh, sí, definitivamente. Malfoy pensaba que Harry lo había evitado porque creía que Astoria iba a hacer de celestina y le iba a buscar mujeres para que tuviese citas con ellas hasta encontrar a la adecuada. Lo cual era bastante útil, porque así Harry no tendría que inventarse una excusa mejor, podía usar directamente la que le había dado Malfoy.
Y hablando de eso, ya iba siendo hora de contestar, porque la expresión que le estaba dedicando Malfoy en ese instante, poco tenía que envidiarle a la de un cachorrito abandonado, por mucho que quisiese negarlo en cualquier otro momento.
- Oh. –Exacto, oh. ¿Y qué le decía ahora a Malfoy? Iba a quedar como un idiota–. Está... Está bien saberlo, sí.
- Entonces... ¿Estamos bien? –Malfoy apoyó ambas manos sobre la mesa y lo miró. Expectante. Y Harry tragó saliva. Estaban bien. Estaban demasiado bien. Por parte de Harry, podían estar un poquito peor, que no pasaría nada. Pero responder eso llevaría a tener que dar demasiadas explicaciones, así que sólo asintió–. No te apures, Potter. No le voy a pasar información a Astoria para que te busque una novia, ni voy a organizar citas dobles, ni nada de eso. Conmigo estás a salvo.
Si Malfoy sólo supiese lo poco a salvo que estaba Harry con él... Pero Harry no tenía ninguna intención de dejar que se enterase. Así que esbozó una sonrisa nerviosa y cogió su copa, levantándola para que Malfoy chocase la suya con ella. El otro hombre lo hizo, dando el tema por zanjado con el pequeño brindis. Y entonces, Harry se llevó la copa a los labios y bebió todo lo que quedaba en ella de un trago. Porque, de repente, se le había pasado todo el atontamiento producido por el alcohol.
Apenas un par de minutos después, Malfoy se levantó y, con un escueto "ahora vuelvo" como despedida, dejó a Harry solo en la mesa. Momento que Harry aprovechó para tomar aire de nuevo, porque la presencia de Malfoy le ponía un nudo en la garganta que no lo dejaba respirar con normalidad. ¿Desde cuándo le pasaba eso? ¿Cuándo había pasado de ver a Malfoy como un amigo a... Eso? A ponerse nervioso con su presencia, a imaginarse cosas. ¿Cuándo había pasado de querer quedar con Malfoy porque le gustaba hacerlo, a no querer porque le gustaba hacerlo?
Harry tenía un problema. Pero más en la mente que en la vida real.
Por supuesto, el tiempo de tranquilidad no duró mucho. Unos minutos después, Malfoy volvió de donde fuese que hubiese ido, y se quedó de pie al lado de Harry, mirándolo con una pequeña sonrisa.
- ¿Nos vamos ya?
Harry asintió y esperó que con ese movimiento de cabeza, se le fuesen todas las tonterías de dentro de ella. Es decir, ¿qué había de malo en quedar con alguien porque te lo pasas bien con él?
Ya valía de martirizarse por tonterías, Merlín.
Se levantó y siguió a Malfoy hasta la salida, de nuevo más pendiente de sus movimientos de lo que le hubiese gustado admitir. Malfoy se despidió del maître de manera amigable, como si se conociesen ya de antes, cosa que probablemente era cierta. Bueno, pensó Harry con amargura, al menos lo tratan bien donde paga. Todavía estaba algo resentido por cómo había tratado la gente a Malfoy antes, en la calle, y lo cierto era que estaba dispuesto a tener unas palabritas con quien se atreviese a tratarlo así de nuevo en su presencia. Afortunadamente, en el restaurante nadie lo hizo. Afortunadamente para ellos, por supuesto.
Salieron a la calle y, tras unos pasos, Malfoy se paró. Y Harry no se chocó contra él de milagro, dado que todavía iba pensando en lo que les podría haber dicho a aquellos señores que tan mal habían mirado a Malfoy. Pero, por suerte, se dio cuenta a tiempo y se paró antes de darse contra él y de que Malfoy tuviese motivos para reírse de él y de su torpeza. Alzó la mirada, y Malfoy lo estaba mirando, sonriendo. Pero, en serio, ¿de dónde sacaba Malfoy todas esas sonrisas? Merlín, si lo veía sonreír más en un día de lo que lo había visto en siete años en el colegio.
- Bueno, Potter, ha sido muy agradable, pero he de irme. Con la hora que es, estoy seguro de que Astoria ya debe de estar pensando que me han atacado en el Ministerio, o algo así.
Lo dijo en tono de broma, pero Harry estaba seguro de que Astoria de verdad temía por eso. Y no le extrañaba. Harry se imaginaba que, con el poco cariño que le tenía la gente al apellido Malfoy, eso era una posibilidad real.
Aunque no lo sería mientras él tuviese capacidad para evitarlo.
Aunque, espera...
- ¿Pero Astoria no tenía planes para hoy?
Ahá, había dado en el clavo. Malfoy abrió los ojos algo más de lo normal, dándose cuenta de que había metido la pata. Y Harry sonrió triunfante, porque le encantaba pillar a Malfoy desprevenido, y porque sabía que Malfoy lo había invitado a comer porque quería, no porque Astoria hubiese faltado. Lo sabía, y acababa de confirmarlo.
- Sí, claro, pero eran sólo para la comida, seguramente a estas horas ya haya llegado a casa, y ya sabes... Si ve que no estoy, se preocupará, y...
- Bueno, pero sabía que tenías hecha la reserva para los dos. Se imaginará que has venido a comer tú, solo o acompañado. ¿No es así?
- Claro, sí. –Harry se lo estaba pasando en grande viendo sufrir a Malfoy, y sólo se estaba sintiendo un poquitito mal por disfrutar con eso. Pero es que no siempre podía ver a un Malfoy nervioso delante de él. Y Merlín, vaya si lo estaba. Malfoy acababa de tragar saliva y Harry casi podía ver las vueltas que estaba dando su cerebro, tratando de salir del atolladero en el que se había metido él solito. A Harry casi le dieron ganas de ayudarlo. Sólo casi–. Pero ya sabes cómo es Astoria. No se quedará tranquila hasta que no me vea llegar sano y salvo.
- Claro, claro. –Harry esbozó una amplia sonrisa a la vez que asentía, como si no supiese perfectamente que Malfoy estaba intentando engañarlo–. Entiendo. En ese caso, nos vemos, Malfoy. Dale recuerdos a Astoria y mi agradecimiento por dejarme su lugar libre en esta comida, ya sabes.
- Eh, sí. Por supuesto. –Malfoy colocó una mano sobre el hombro de Harry y lo apretó en un gesto cariñoso, como despedida–. Nos vemos pronto, Potter.
Y con eso, se desapareció. Y Harry estaba bastante seguro de que no se había imaginado el énfasis que Malfoy había puesto en la palabra "pronto".
Bueno, si tantas ganas tenía de volver a ver a Harry, ¿por qué se había ido tan rápido?
Y entonces Harry cayó en la cuenta. No había pagado ni un knut por la comida.
Maldito Malfoy. Estaba seguro de que había pagado él cuando se había levantado de la mesa, y no le había dicho nada a Harry. Y luego había huido, por miedo a que Harry se diese cuenta y quisiese pagar su parte.
Se las iba a pagar, ya buscaría la manera, pero lo haría. No tenía por qué ser en comida, pero oh...
Pero, entonces, lo que acababa de tener Harry con Malfoy... ¿Había sido una cita?
Pues, fuese cita o no lo fuese, Harry se lo había pasado bien. Demasiado bien.
N/A: Os prometí capítulo largo, ¿no es así? Pues lo prometido es deuda, aquí tenéis un capítulo largo con mucho Draco y mucho Harry, para que disfrutéis ;).
Como siempre, muchas gracias a los que leéis, a los que comentáis, a los que dais a fav o a follow, o a los que os habéis perdido y pasáis por aquí como quien no quiere la cosa. Y gracias a mi beta, que la pobre está sufriendo mucho por culpa de gente con delirios de grandeza ):.
Lalala: Bueno, Harry intentó rechazar a Draco, pero Draco es persistente y al final ha conseguido lo que quería ;). Ahora ya sólo falta que se lancen a la acción... Jajaja.
Y eso es todo, no tengo mucho que añadir hoy... Bueno sí, tengo que decir que el capítulo siguiente es... todavía más largo. De repente he pasado de escribir mini capítulos a capítulos como es debido, lo sé. Pero ay, qué le voy a hacer, que Harry ya está encauzado y ya no es como una seta cuando está con Draco y uf... Sh, me guardaré mis delirios de escritora. Próximamente, más Draco y Harry ;).
Guardaos a la sombra en las horas de más calor, que los golpes de calor son desagradables ):.
MayaT
