20.13 años. Principios de enero.
- Vaaamos, niños.
Conseguir que tres niños de quince, trece y once años respectivamente fuesen sin ninguna queja al tren que tenía que llevarlos al colegio no era tarea sencilla. Y mucho menos, si esos niños acababan de pasar unas Navidades con toda su familia, recibiendo regalos y sin necesidad de madrugar ni de hacer deberes. Pero Harry tenía que conseguirlo.
- Oh, venga, papá. ¿No podemos quedarnos unos días más?
- ¿Y vuestros amigos? ¿No os echarían de menos? –Harry solía recurrir a esa táctica a menudo. Es verdad que la mayor parte de los amigos de sus hijos eran miembros de su propia familia –los Weasley eran una familia bastante extensa, al fin y al cabo–, pero siempre había algún otro amigo que no lo era, y al que sólo verían si volvían al colegio. Además, era la estrategia que mejor funcionaba con James, y Harry sospechaba que tenía que ver con alguna chica que andaba por ahí, pero no iba a preguntar. Sólo esperaba que el pobre James no fuese tan lento en esos temas como lo había sido él a su edad–. Además, tenéis que enseñarles vuestros regalos de Navidad.
- Tenemos que ir, es verdad. –Y ahí estaba James, siendo tan obvio como era su padre, pasándole un brazo por encima de los hombros a Albus y otro a Lily y caminando con ellos por el andén nueve y tres cuartos al que acababan de llegar hacía tan sólo unos minutos.
- Hey, mirad, son el tío Ron y la tía Hermione. Y Rose y Hugo.
Era una suerte que ya hubiesen llegado Hermione y Ron con sus hijos, porque eso hacía las cosas mucho más fáciles. James, Lily y Albus se apresuraron a llegar donde estaban sus primos y comenzaron a hablar animadamente, los cinco a la vez y a voces, como si no se hubiesen visto en varios meses. Y eso que se habían visto el día anterior. Harry los siguió con los bultos de los tres en las manos –y menos mal que apenas habían traído equipaje, porque si no, se imaginaba llevando una maleta con los dientes–, y los dejó en el suelo junto con las cosas de Hugo y de Rose, volviéndose hacia Hermione y Ron, quienes lo esperaban con una sonrisa.
- Harry, buenos días. –Hermione lo saludó con un beso en la mejilla y un abrazo cariñoso, y Ron lo hizo con un simple asentimiento de cabeza–. Pensábamos que ya no llegabais.
- Ha sido lo de siempre, ya sabes. Prácticamente los he tenido que sacar de la cama en brazos, porque no querían levantarse para volver al colegio.
- Yo he tenido que amenazarlos con echarles un Aguamenti encima si no se levantaban. –Ron parecía medio orgulloso, medio avergonzado al decir eso, aunque probablemente, lo segundo se debiera a alguna bronca –o mala mirada– que le había dedicado Hermione–. Eso los ha convencido para levantarse sin quejas, la verdad.
Harry dejó escapar una carcajada al imaginarse la escena de Ron amenazando a sus hijos con la varita en la mano y Hermione gritando por detrás que se la iba a cargar si una sola gota de agua tocaba el suelo. Sí, totalmente posible.
- Tendré que utilizar esa técnica la próxima vez.
La mirada de advertencia de Hermione confirmó sus sospechas acerca de la vergüenza de Ron. Aunque Hermione no tenía poder en su casa, cayese agua al suelo o no, así que Harry le devolvió una sonrisa enseñando todos los dientes, dejándole claro que esas miradas no iban a funcionar en su caso. Y Hermione sólo bufó en respuesta, riéndose al final.
Un silencio cómodo se extendió entre los tres. Mientras Harry escuchaba parlotear a sus hijos y a sus sobrinos, echó un vistazo por el andén. No había demasiada gente, aunque no era de extrañar. Tampoco la había habido el día que habían empezado las vacaciones. Pero, ahora que lo pensaba... ¿Dónde estaba Malfoy? No lo veía por ninguna parte, y eso era extraño. Más que nada, porque tenía que traer a su hijo sí o sí al tren si quería que el niño volviese al colegio.
Y era verdad que el primer día de vacaciones había llegado tarde a recoger a Scorpius, pero... Malfoy no era impuntual. Solía tomarse sus buenos diez minutos de cortesía, pero no si había que ir a un tren, con un horario establecido y que no iba a esperar por él.
Harry estaba empezando a preocuparse en serio. ¿Les habría pasado algo? Había visto un par de veces más a Malfoy esas Navidades aparte del día de la comida, pero el hombre no había dicho nada acerca de ningún problema. Quizás habían tenido algún contratiempo de última hora. O una urgencia.
O quizás Harry estaba dándole demasiadas vueltas al asunto, porque acababa de aparecer una cabeza rubia en la lejanía y estaba bastante seguro de que era Malfoy padre, porque iba seguido de un niño también rubio y ese tipo de color de pelo era bastante característico.
Inconscientemente, dejó escapar un suspiro aliviado, desviando la mirada para no ser tan evidente. Por supuesto, debería haber sabido que con Hermione no iba a funcionar. La mujer lo estaba observando fijamente. Hasta Ron lo estaba haciendo, y cuando miró en la dirección en la que Harry lo acababa de hacer y se topó con Malfoy y Scorpius caminando por el andén, apretó los labios entre sí, dándose cuenta al instante de lo que pasaba por su mente.
Bueno, quizás sí que era demasiado evidente.
Finalmente, Malfoy e hijo los vieron –algo no demasiado difícil, dada la poca gente que había–, y se acercaron a ellos, Scorpius corriendo directamente para unirse al grupo de los niños y Malfoy parando entre Harry y Ron, saludando con un ligero movimiento de cabeza.
- Buenos días. Weasley, Weasley. Potter.
Malfoy les dedicó una sonrisa a todos, empezando por Hermione y acabando con Harry, al que se quedó mirando unos instantes más de lo estrictamente necesario, si le preguntaban a él.
Los siguientes minutos fueron un poco caóticos. El Expreso de Hogwarts silbó como último aviso y los seis niños se volvieron locos, corriendo hacia sus respectivos padres para despedirse de ellos, cogiendo sus maletas y subiéndose en el vagón más cercano, todo en apenas unos instantes. No pasó mucho tiempo antes de que el tren arrancase e iniciase su marcha, dejando a los cuatro padres mirando cómo salía de la estación en dirección al colegio.
- Bueno, Harry, Malfoy... –Ron le pasó un brazo alrededor de la cintura a su mujer y la atrajo hacia él, comenzando a caminar con ella como quien no quiere la cosa, alejándose poco a poco del otro par–. Nosotros nos vamos ya, que tenemos muchas cosas que hacer.
- No, si... –Ron miró a Hermione, y por primera vez fue ella la que se dio cuenta de las cosas más tarde que él. Hasta Harry se había dado cuenta de que Ron estaba intentando dejarlos a solas a Malfoy y a él. Cosa que le tendría que agradecer por una parte, porque significaba que lo apoyaba en lo que fuera que tuviese con el otro hombre, y por otra no tanto, porque no sabía realmente si quería quedarse a solas con él. Hermione, al percatarse de las intenciones de Ron, abrió mucho los ojos y asintió varias veces seguidas. Como si no hubiese sido todo lo suficientemente evidente–. Claro, sí. No me acordaba de eso que tenemos que hacer, que...
- Vamos. Nos vemos. –Ron la interrumpió –aunque le dio un beso en la mejilla para compensar y, probablemente, ahorrarse un regaño–, y se despidió de ambos con un movimiento de su mano libre, terminando por girarse y caminar en dirección a la salida junto con Hermione.
Dejando a Harry con Malfoy. Los dos juntitos en amor y compañía.
Cosa que Harry no veía necesaria del todo.
Malfoy todavía estaba mirando hacia la nada –donde anteriormente había estado el tren– con las manos dentro de los bolsillos cuando Harry se giró hacia él. No ignorándolo, simplemente, sumido en sus propios pensamientos.
Harry no pudo evitar observarlo, mordiéndose el labio inferior mientras lo hacía. ¿Qué era lo que estaba pasando entre los dos?
Es decir, no estaba pasando nada. Malfoy y él seguían siendo amigos, igual que lo habían sido durante los últimos años. Quizás un poco más cercanos porque bueno, con la cantidad de tiempo que pasaban juntos últimamente gracias a sus hijos, más les valía llevarse bien.
Así que, quizás, la pregunta era más bien qué era lo que le estaba pasando a él, Harry James Potter, con Draco Malfoy.
Ése fue el momento que Malfoy eligió para volver a la realidad, girando la cara hacia Harry y encontrándose con su mirada, esbozando una pequeña sonrisa. Con las manos todavía en los bolsillos, se removió un poco en el sitio, como inquieto.
- Potter... –Harry parpadeó un par de veces –porque se había quedado demasiado sumido en sus propios pensamientos, y en realidad estaba mirando hacia Malfoy sin llegar a ver nada– y enfocó la vista en la cara del otro hombre, alzando las cejas al darse cuenta de la expresión que tenía. ¿Estaba nervioso? ¿Qué le pasaba?– Me gustaría... Tengo algo para ti.
La corrección no le pasó desapercibida a Harry, pero decidió dejarlo estar. Más que nada, porque tenía mucha curiosidad por saber de qué estaba hablando Malfoy. ¿Tenía algo para él? ¿Qué podía ser, que además hiciese a Malfoy ponerse tan nervioso?
- Bueno... –Malfoy se quedó mirándolo, como tratando de encontrar las palabras. Tras unos instantes con la boca abierta y sin decir nada, agitó la cabeza y volvió a mirar a Harry–. Todo el mundo merece regalos en Navidad, y mucho más...
Malfoy se calló a mitad de la frase, aunque Harry estaba seguro de que lo siguiente que iba a decir era "tú". Todo el mundo merece regalos en Navidad, y mucho más tú. ¿Cómo tenía que tomarse eso Harry? Sería mejor que lo dejase pasar por ahora y lo analizase con más calma y tranquilidad una vez que se hubiese alejado de Malfoy, en la seguridad de su hogar. Por su salud mental, más que nada.
- ¿Me has traído un regalo de Navidad? –Harry habló, porque Malfoy seguía callado y tenía la impresión de que no iba a continuar a menos que Harry lo hiciese. Y sonrió, porque Malfoy parecía extremadamente nervioso –más incluso que antes– y eso lo hacía parecer adorable. ¿Qué? No, adorable no. Cállate, Potter–. ¿Para mí?
Malfoy asintió y, sin más respuesta, sacó un paquetito del bolsillo. ¿Una cosita tan pequeña creaba tantos problemas?
Entonces, sacó la otra mano del bolsillo y con ella la varita, y dándole un golpecito al paquete, éste recuperó su tamaño original. Tamaño bastante grande. Muy grande. Como de la altura de una persona. O incluso más alto. Con forma de... No.
- ¿Es una escoba? –Harry estaba alucinando. ¿Malfoy le había comprado una escoba? El otro hombre volvió a asentir, desviando la mirada. Probablemente incómodo, porque Harry estaba bastante entusiasmado con el regalo, y eso que ni siquiera lo había abierto. Así que, con un par de tirones, rasgó el papel que la envolvía–. ¿Una Halcón Acerado?
Oh, Merlín. Era la mejor escoba del mercado actualmente. La más rápida y más manejable. La más segura. Y también la más cara con diferencia. Sabía que el dinero no era un problema para Malfoy, pero... ¿En qué mandrágoras estaba pensando para gastarse una fortuna en él?
- Ya sabes, Potter. Pensé que bueno, no estaría mal que tuvieses un regalo de Navidad. Ya sé que es un poco tarde, pero más vale tarde que nunca, o eso dicen. –Malfoy nervioso siempre hablaba más de la cuenta, y aparte de lo adorable que pudiese no resultarle a Harry, solía revelar cosas que no tenía pensado dar a conocer. Y esta vez no fue una excepción–. Sé que tu escoba es especial para ti por otras razones, y entenderé si no quieres aceptar ésta, pero...
Malfoy pareció pensárselo antes de continuar, pero finalmente lo hizo, probablemente para quitarle algo de hierro a la situación, que estaba empezando a volverse muy personal. Sobre todo, teniendo en cuenta que Harry ni siquiera sabía que Malfoy estuviese al tanto de lo especial que era su vieja escoba, que era uno de los pocos recuerdos que conservaba de Sirius.
- Pero cómo vas a poder ganarme alguna vez al Quidditch, Potter, si no se pueden comparar nuestras escobas. Eso no es competir justamente.
- Porque hacer trampas sí que es justo, ¿no? –Harry no pudo evitar decirlo, más que nada porque, o decía algo, o abrazaría a Malfoy y no lo soltaría nunca más. Y eso no era necesario. Eso sí, muy a su pesar, la sonrisa de oreja a oreja no iba a ser tan fácil de esconder como sus ganas de abrazar al otro hombre.
- Si los dos podemos hacerlas, entonces es justo. –Malfoy asintió, sonriendo en respuesta a la sonrisa de Harry, porque bueno, si alguien sonríe tanto después de recibir un regalo, tiene que ser porque le ha gustado, ¿no?
Harry no podía dejar de sonreír. Estaba a punto de abrazar a su nueva escoba y todo. No solía recibir regalos muy a menudo, y menos de esas proporciones. Y Malfoy tenía razón. Su Saeta de Fuego tenía ya muchos años. Había sido la mejor escoba de su época, pero estaba anticuada en muchos aspectos. Harry nunca se había molestado en comprar una nueva porque para lo que la utilizaba –salir a volar de vez en cuando con sus hijos y poco más– no la necesitaba. Pero ahora tenía a Malfoy para competir y para volar, y a su vieja escoba se notaba que le faltaba brío y energía. Harry le tenía mucho cariño, y nunca se desharía de ella, pero ahora tenía una nueva con la que machacar a Malfoy y hacerle tragarse sus propias palabras.
Y quién sabe. Su Saeta de Fuego tenía muchos recuerdos y muchos sentimientos asociados. Pero sólo Merlín sabía los recuerdos y sentimientos que podría acabar relacionando con su nueva Halcón Acerado.
- Gracias, Malfoy. No me lo esperaba y me ha encantado y... En serio, muchas gracias.
Harry estaba abrazando a la escoba, ya era un hecho. La estaba abrazando porque estaba feliz y porque era suya ahora, y eso significaba que podía hacer lo que quisiese con ella. Y si lo que quería era abrazarla, entonces lo haría. Y qué narices, Malfoy parecía satisfecho viendo lo contento que estaba Harry con su nueva adquisición. Tenía una de esas sonrisas peligrosas, de las que suelen involucrar sentimientos. De ese tipo de las que a Harry le daban un pelín de miedo. Pero ahora no, porque tenía una escoba nueva y si era necesario, barrería esos sentimientos con ella. ¡Hala!
- Me alegro de que te haya gustado. No estaba muy seguro, pero... Me alegra haber acertado.
Harry asintió muchas veces porque por supuesto que había acertado, del todo, y estaba demasiado eufórico como para poder controlarse. Se sentía de nuevo como un adolescente –porque cuando había sido un niño, no le habían regalado demasiadas cosas, así que tenía que comparar con cuando estaba un poco más crecidito–.
- Tendremos que quedar para que pueda estrenarla en condiciones, Malfoy. Es decir, dándote una paliza.
Malfoy soltó una carcajada y extendió la mano hacia Harry, mano que éste estrechó inmediatamente.
- Hecho, Potter. Pero vas a necesitar algo más que una buena escoba para poder ganarme, avisado quedas.
- ¿Muchas trampas?
- Los héroes no hacen trampas, Potter. Se las dejan a los malos.
Le faltó el "como yo" en la frase, pero Harry lo había entendido perfectamente. Igual que había notado el ligero cambio en la expresión de Malfoy. Algo preocupante, a decir verdad –porque desde cuándo Harry era capaz de leer tan bien las expresiones de Draco Malfoy, por Merlín–, pero que prefería ignorar.
- Pensaba que no habían sido trampas, sino sólo aprovechar las cosas y ponerlas a tu favor.
Malfoy se rio al escuchar las palabras exactas que había dicho él en el partido de Quidditch que habían jugado unos meses atrás en boca de Harry. Con un apretón suave, soltó finalmente la mano de Harry. Y fue cuando éste se dio cuenta de que todavía seguía agarrándosela.
- Nos vemos, Potter. Y vete entrenando. Si pierdes de nuevo contra mí, no habrá sitio en toda Inglaterra para esconder tu vergüenza.
- Le pediré amablemente a tu ego que se aparte un poco para hacer hueco, no te preocupes.
Malfoy se giró y se alejó de él riéndose, dejando a Harry en medio del andén nueve y tres cuartos, solo –porque obviamente, todos los padres habían desaparecido hace rato– y con una escoba en la mano, mirando hacia la dirección en la que Malfoy acababa de desaparecer.
Era curioso pensar que habían pasado del punto de insultarse para ver quién hacía más daño al otro –unos años de los que Harry no se sentía muy orgulloso, al menos en ese aspecto– a insultarse como forma de demostrarse... Cariño.
Harry agitó la cabeza, decidiendo dejar ese tema para más tarde. Ahora tenía una escoba que probar.
Harry estaba sentado en un sillón de su salón, con su nueva escoba sobre el regazo, el pelo totalmente despeinado –más que de costumbre– y cara de circunstancias.
Había llegado hacía un par de horas a casa desde la estación y lo primero que había hecho había sido quitarse el abrigo, deshacerse de todo lo innecesario y salir al jardín a probar su escoba. Por supuesto, dar un par de vueltas por el jardín no había sido suficiente. No cuando tenía la mejor escoba que el dinero podía comprar entre las piernas. Así que se había colocado un hechizo Desilusionador sobre sí mismo y sobre la escoba, y se había dirigido a una colina cercana, decidido a probarla como era debido. Había volado, acelerado, frenado, dado vueltas, subido, bajado, reído y disfrutado enormemente. Adoraba volar.
Al final, había vuelto a casa con las manos medio congeladas, la nariz y las mejillas rojas y el aliento entrecortado. Pero con una sonrisa de oreja a oreja.
Se había sentado en el mismo sofá en el que estaba todavía y se había puesto a pensar en todas las cosas que habían pasado ese mismo día que había decidido repasar en la seguridad de su hogar, con tiempo.
Y ahí seguía, dándole vueltas. Tan ensimismado que se le había pasado la hora de comer y ni siquiera se había dado cuenta. Tampoco es que tuviese demasiada hambre. Se le había quitado toda.
Malfoy le había hecho un regalo que valía una pequeña fortuna. Es verdad que Harry sabía que a Malfoy eso no le preocupaba, pero igualmente, se había gastado todo ese dinero en él. Si lo que quería era hacerle un regalo de Navidad, le podría haber comprado una caja de pastas o algo así, para quedar bien. Harry habría pensado "oh, se ha acordado de mí", Malfoy habría estado orgulloso porque Harry no se lo habría esperado –igual que no se había esperado la escoba–, y los dos se hubiesen quedado contentos. Hubiese sido el clásico regalo de "la intención es lo que cuenta". Pero no, claro que no. Cómo iba Malfoy a hacerle un regalo simplemente para quedar bien, qué clase de persona hace eso. Malfoy tenía que regalarle a Harry algo que le gustase mucho –¡Merlín, una escoba! Con lo que a Harry le gustaba volar– y que fuese caro –que no era un problema, pero igualmente era un factor importante–. Para que así, Harry se preguntase por qué alguien como Malfoy se gastaría esa cantidad de dinero en alguien como él.
Es decir, Harry lo habría hecho por Malfoy. Sin ninguna duda. No era tan rico como él, pero eso no quería decir que su cámara de Gringotts estuviese vacía. Más bien al contrario. Y una escoba era algo bastante caro, pero no iba a arruinarse por ello. Ni siquiera comprando la más cara disponible –igual que había hecho Malfoy–. Y Harry lo habría hecho, aunque sólo fuese por ver la cara de Malfoy al abrir el paquete. Por verlo sonreír y emocionarse al darse cuenta de lo que era. Para... Mierda. No podía ser por eso, ¿verdad?
Y todo eso no estaría trayendo a Harry de cabeza –o al menos no tanto– si no hubiese sido por la parte de "todo el mundo merece regalos en Navidad, y mucho más tú". ¿A qué se refería con "y mucho más tú", exactamente? Es verdad que el tú se lo había añadido Harry, pero había visto a Malfoy prácticamente pronunciarlo. No eran imaginaciones suyas, Malfoy lo iba a haber dicho, pero se había cortado a tiempo. Pero eso no resolvía el dilema. Si Harry relacionaba sus posibles motivos para gastarse una buena cantidad de galeones en él, con el significado de esa frase... Obtenía unos resultados en los que no quería ahondar. No, señor. O quizás sí. No, mejor no.
Y no podía olvidarse de lo nervioso que había estado Malfoy. Harry no lo había visto tan nervioso más que en contadas situaciones, como cuando lo había invitado a comer en La Esfinge y el Águila con la disculpa de que Astoria había fallado, y había sido obvio que eso había sido tan sólo una excusa. O como cuando lo había invitado a cenar en su casa después del partido de Quidditch, recurriendo a Astoria de nuevo para convencerlo, y al final había tenido que admitir que él también quería que se quedase. Si buscaba cosas en común entre esas situaciones, llegaba a unas conclusiones bastante esclarecedoras. Y, si lo pensaba fríamente, una persona sólo se pone así de nerviosa al hacer un regalo si espera de verdad que a la otra le guste. Así que Malfoy de verdad deseaba que a Harry le gustase el regalo. Y bueno, era difícil que no lo hiciese, teniendo en cuenta lo que era, así que tenía que haber otros factores implicados.
Uf, sería mejor dejar ese tema.
Harry pasó distraídamente los dedos por el palo de la escoba, acariciando la madera pulida. Estaba suave, tersa y era agradable al tacto. Con lentitud, recorrió todo el mango hasta el extremo, llegando a la zona en la que estaba la inscripción con el nombre. Echándole un vistazo, suspiró. Era de un color dorado brillante, y no le hubiese extrañado que estuviese rematada en oro, proviniendo el regalo de quien provenía. De repente, sus dedos se encontraron justamente por el otro lado del mango con algo que hacía el mismo relieve sobre la madera. Lo siguió con las yemas, y podía asegurar que era otra inscripción, más pequeña. Curioso, le dio la vuelta a la escoba para poder leerlo. Y sí, no se había equivocado. Eran unas letras, del mismo material dorado –que ahora ya no dudaba que fuese oro–. H. J. Potter. Malfoy había mandado grabar su nombre en esa escoba tan magnífica. Y aun así, le había dado la opción de no aceptarla. ¿Qué habría hecho si Harry no se la hubiese quedado?
Oh, por Merlín. Harry se deslizó por el sillón hasta quedar recostado en él, con el culo casi fuera y la cabeza apoyada contra el respaldo en una posición no demasiado cómoda. Y miró hacia el techo.
¿Por qué le pasaba eso a él?
Dejando de lado los motivos y las reacciones de Malfoy, Harry estaba empezando a darse cuenta de muchas cosas. Como que quizás, y sólo quizás, lo que tan rápido había calificado como "atracción por Malfoy" igual era algo que estaba en un nivel un poco superior.
Debería ir a Malfoy Manor a devolverle a Malfoy la escoba. A decirle que muchas gracias, pero que no podía aceptarla. Y cuando le preguntase por los motivos, ¿qué le diría? "No, Malfoy, no te preocupes. Me encanta la escoba y ha sido un regalo genial, pero no puedo aceptarla porque proviene de ti". Ajá, claro. Como que Malfoy no le iba a preguntar por qué no quería la bendita escoba solamente porque se la había regalado él. Harry dudaría, y al final Malfoy –que nunca había sido demasiado tonto, sólo en algunos momentos muy concretos de su vida– lo descubriría y él tendría que cambiarse de país para esconderse de la eterna vergüenza. No, definitivamente, no podía ir a devolverle la escoba.
Además, qué tontería. Harry no quería devolvérsela. Se la había regalado, y le gustaba. Llevaba su nombre, incluso. Esa escoba era suya, a pesar de que cada vez que la viese, se fuese a acordar de Malfoy. Eso no era tan malo, ¿no? Sólo había que omitir el pequeño detalle de que a Harry le gustaba el otro hombre un poquito más de la cuenta.
Claro, que eso era algo que Harry no podía olvidar. Ojalá pudiese.
Harry se tapó la cara con uno de los brazos, dejando escapar un quejido. Por qué a él, y por qué Malfoy. Eso era deprimente. Harry Potter, el niño que vivió para convertirse en hombre y acabar enam... No, atraído por su archienemigo del colegio. Alguien podría escribir un libro sobre eso, que seguro que salía un buen dramón. O una comedia, porque Harry a esas alturas ya no sabía si reír o llorar.
Dejando la escoba sobre el suelo, Harry se levantó del sillón. Por lo pronto, lo que iba a hacer era comer. A ver si así, con un poco de suerte, se le pasaba el malestar que se le acababa de asentar en el estómago.
N/A: Hoy hay actualización, yep :D. ¿Y sabéis por qué? ¡Porque es 31 de julio! ¡Feliz cumpleaños, Harry! Y aparte del de Harry, es... el mío. ¡Yep! Comparto cumpleaños con Harry, hehehe. Así que como regalo de cumpleaños, subo el capítulo, aunque no tenga lógica, shh.
Como siempre, muchas gracias a todos por leer y por dejar reviews, por dar a fav y a follow. ¡Soy feliz cuando me llegan esas notificaciones! Gracias a mi beta por usar su tiempo libre en corregir mis caps, y gracias a Ma'Hun, que me está prestando internet ahora mismo para que pueda actualizar (se lo podéis agradecer también, yep, yep).
Alexis: Eso ya se irá viendo cuando salgan más, que ahora están bastante escondidos, los pobres :).
LaPooh: ¡Muchas gracias! :D. Hermione... sabe demasiado, esa mujer. Seguro que se llevaría bien con Astoria... Uh, Charlie y Astoria... no voy a negar nada... jajajaj.
Mani: Si eso no es cambiar tras la guerra... nada lo es, jajaja. Este capítulo es de nuevo más cortito, pero bueno ):. Todavía queda un cacho largo de fic por delante :). Jajajaja eso de que avancen... no van a hacerlo, son demasiado lentos los dos. Aquí tienes el nuevo cap :D. Un besín.
Y eso es todo :). ¡Deseadme un feliz cumpleaños! :D.
Y disfrutad de los cumpleaños, que son sólo una vez al año ;).
MayaT
