21. 13 años. 14 de febrero.
Harry estaba aprovechando la mañana de ese sábado al máximo. Era fin de semana y no le tocaba trabajar, así que estaba en la cama, con las mantas hasta la nariz, dando vueltas en un perfecto estado entre el sueño y la vigilia.
O eso estaba haciendo hasta que escuchó un ruido contra su ventana. Como si algo raspase contra ella. Por supuesto, estaba disfrutando demasiado del momento como para levantarse a ver qué era, así que fuera lo que fuese, si requería su atención, sonaría de nuevo.
Y sonó, esta vez más claro y más alto. Era algo llamando a su ventana, estaba seguro. ¿Qué narices podía estar llamando a su ventana?
La tercera vez que sonó el ruido –mucho más insistente–, Harry se levantó de la cama. Con un ojo todavía cerrado, se acercó a la ventana. Y entonces entendió el origen del ruido, porque ahí fuera, apoyada en el alféizar, había un ave de aspecto imponente. Harry podía asegurar que era un búho –porque esos animales eran bastante característicos– pero nunca había visto uno así. Era bastante grande, con el vientre de un color gris pálido y una raya más oscura muy característica que lo cruzaba de lado a lado. El animal lo miró en cuanto se acercó lo suficiente al cristal, erizó la plumas y ululó, y Harry se alegró de que la ventana estuviese todavía cerrada porque no estaba seguro de que ese animal fuese a dejarlo salir sin ningún daño. Entonces, vio que traía algo atado a una pata, y su mente por fin ató cabos. Alguien le había mandado una carta.
Con cuidado, y algo de temor por su vida, abrió la ventana, dejando entrar al pájaro. El búho voló elegantemente –y estaba empezando a sospechar quién era el dueño del animal, porque le recordaba demasiado a cierta persona– hasta colocarse en el respaldo de la silla, se acomodó en él y miró fijamente a Harry durante lo que a éste le parecieron horas, aunque probablemente habían sido unos pocos segundos. Al final, el ave estiró la pata en la que traía atada la carta, permitiéndole a Harry cogerla.
Lo que Harry había pensado que era una simple carta resultó ser una tarjeta. Una tarjeta un poco extraña –porque tenía la imagen de dos pájaros muy acaramelados como dibujo, por alguna razón–. Con curiosidad, la abrió. Y empezó a sonar música. A Harry le costó sus buenos treinta segundos procesar que lo que tenía ante sí era una tarjeta muggle, de éstas que al abrirlas suena musiquita. No había esperado recibir una de ésas por lechuza, la verdad.
Tras conseguir recuperarse del susto, se dio cuenta de que la música le sonaba mucho. Pero mucho, mucho. Le traía recuerdos de... No podía ser. Con una mezcla entre emoción y miedo, leyó lo que estaba escrito en la tarjeta. Y no pudo evitar sonreír.
"Tiene los ojos verdes como un sapo en escabeche
Y el pelo negro como una pizarra cuando anochece.
Quisiera que fuera mío, porque es glorioso,
El héroe que venció al Señor Tenebroso.
Potter, olvídate de esos pájaros. La mujer muggle que me vendió la tarjeta no se enteró muy bien de lo que le estaba pidiendo, y se empeñó en que ésta era perfecta.
Me ha costado mucho cambiar la música y hacer que sea la de tu canción de San Valentín, así que espero que lo sepas apreciar.
Feliz San Valentín. Intenta no morir ahogado bajo una avalancha de cartas de tus admiradores, que todavía me debes un partido de Quidditch.
D. Malfoy".
Harry se rio. Se rio fuerte y con ganas, y si no hubiese sido porque el búho de Malfoy lo estaba mirando, se habría tirado sobre la cama a reírse a gusto.
Malfoy le había enviado una tarjeta de San Valentín, con nada más y nada menos que la canción que le había escrito Ginny hacía tantísimos años. Canción de la que Malfoy había estado riéndose durante semanas. Se había molestado incluso en cambiar la música. Oh, Merlín, eso merecía una contestación. Y una de las buenas.
- Espera un momento, no tardo mucho.
Con esa despedida para que el búho no se fuese volando –ni lo atacase a la vuelta–, Harry bajó en pijama y descalzo al jardín. No había sido una de sus ideas más brillantes –y menos teniendo en cuenta que era 14 de febrero, y hacía frío– pero no tenía pensado tardar mucho. Correteó por la hierba tratando de pisarla durante el menor tiempo posible hasta una esquina del jardín, donde había algunas flores. A Harry no se le daba muy allá la jardinería, pero había seguido el consejo de Hermione y había puesto diferentes plantas en esa zona del jardín tratando de darle un poco más de vida. Además, era un buen hobbie. Por supuesto, dado que acababa de empezar, su jardincito no era ni el más florido ni el mejor cuidado. Pero, por algún extraño y afortunado motivo, tenía alguna flor que le podía servir para sus propósitos. Oh, tenía unas rojas que iban a hacer el papel perfectamente.
Con cuidado, cortó una de las pocas rosas que habían conseguido sobrevivir a sus dotes de jardinero y, una vez que la tuvo entre las manos, corrió de vuelta hacia la casa, con los pies mojados por el rocío que todavía quedaba en la hierba. Se los limpió un poco en la alfombrilla antes de entrar en el vestíbulo y pasó por la cocina, ya que estaba, para coger algunas golosinas para el búho de Malfoy, que si seguía esperándolo, se las merecía.
Y sí, ahí estaba el ave, tan señorial como cuando se había ido. Le dejó las golosinas en un extremo del escritorio y el pájaro ululó contento al verlas, volando hasta quedarse sobre la mesa, picoteándolas con ganas. Harry, por su parte, se sentó en la silla, sacando pluma, tinta y pergamino de uno de los cajones y dejándolos frente a sí, justo al lado de la rosa que acababa de coger. Pensando.
Con la mejor de sus plumas en la mano, se quedó mirando un trozo de pergamino en blanco, intentando decidir qué contestarle a Malfoy. Desde luego, merecía una buena respuesta.
"Malfoy,
Llevaba años sin pensar en esa canción y, por supuesto, has tenido que ser tú quien me la recordase. Por qué no me extraña.
Deberías saber que las protecciones de mi casa no permiten el paso de cualquier lechuza, así que la tuya ha sido la primera y única carta que he recibido. Así que, si quieres que muera bajo una avalancha de ellas, tendrás que ser tú quien me las mande. Aunque estoy seguro de que es más rápido y eficaz hacerlo en persona. Todo, por supuesto, si quieres ahorrarte la vergüenza de perder contra mí al Quidditch. He estado entrenando, sólo lo digo.
Aunque sería muy triste ser El Niño Que Sobrevivió para morir el día de San Valentín a manos de la única persona que le envió una tarjeta.
Y esta rosa cultivada con mis propias manos es para que veas que me has conquistado con tus dotes para la poesía (aunque no sea tuya). Si me escribes unos versos más, me tendrás a tus pies.
Feliz San Valentín. Intenta no mandar tarjetas a más personas, no querrás verme celoso.
Harry casi-a-tus-pies Potter".
Y ya, para completar, Harry dibujó un corazón en una esquina del pergamino bajo la atenta mirada del búho, que hacía un rato que había terminado sus golosinas. Todavía tratando de decidir si mandarle eso o no, le enseñó la carta al animal.
- ¿Qué te parece? ¿Crees que le gustará a tu amo?
Para su sorpresa, el pájaro ladeó la cabeza y, si Harry no supiese que no era posible, habría jurado que estaba leyendo la carta. Finalmente, emitió un sonido que a Harry le sonó como si el ave estuviese conforme, y se acercó a saltitos por la mesa, estirando la pata hacia Harry, indicándole que le atase ahí la carta. Éste, más a cuadros que otra cosa, enrolló el pedazo de pergamino y lo ató en la pata que le ofrecía el búho. Con cuidado de no pincharse con las espinas de la rosa, se las quitó una a una, cortando el tallo un poco más corto para que le fuese más cómodo al pájaro llevarla. Y, ya de paso, le colocó un hechizo para protegerla del viento durante el vuelo. El ave, ni corta ni perezosa, cogió la flor con el pico y, una vez que Harry le abrió la ventana, salió volando por ella, en dirección a Malfoy Manor.
Harry sólo esperaba que el búho tuviese cuidado y la rosa llegase más o menos entera a su destino.
Ah. Lo bueno es que ya no valía de nada arrepentirse, porque la carta –y la rosa– estaba ya de camino.
Con un suspiro, Harry abrió de nuevo la tarjeta, releyendo su contenido con la musiquita de fondo. Y no pudo evitar una sonrisa. Malfoy era la única persona que le podría haber mandado una tarjeta de San Valentín con esa canción tan horrible –perdón, Ginny, pero era así– y haber conseguido que a Harry le gustase. Ni siquiera Ginny lo habría hecho. Claro que el tipo de relación que existía entre Malfoy y Harry era bastante diferente al que había habido entre Harry y Ginny.
Para empezar, con Malfoy, todo giraba en torno a meterse el uno con el otro. A los retos. A demostrar que uno era mejor que el otro. A ver quién podía insultar mejor –dentro de unos límites–. No había más que leer la tarjeta, o la carta que Harry le había escrito a Malfoy.
Si alguien alguna vez le hubiese dicho a Harry que le iba a escribir una carta a Malfoy deseándole feliz San Valentín, y que la iba a firmar como "Harry casi-a-tus-pies Potter", hubiese pensado que estaba loco. Pero loco de remate, porque Harry Potter nunca le escribiría una carta a Draco Malfoy, y menos para eso. Y ya ni hablar de lo de firmar de esa manera. Pero había sucedido, incluso le había puesto que lo había conquistado. Y ah, no nos olvidemos del corazón que le había dibujado, o de la rosa roja, símbolo del amor, de la pasión o de lo que fuese.
Claro, que tampoco hubiese creído nunca al que le hubiese dicho que iba a ser Malfoy el primero en felicitarle el día de San Valentín. Y ahí estaba, con su tarjeta en la mano.
Era una situación extraña, cuando menos, pero Harry no podía dejar de sonreír. Malfoy tenía ese efecto en él, últimamente. Aparecía de la nada con algo que Harry no se esperaba, y lo dejaba en un estado entre la sorpresa y las ganas de abrazarlo hasta el cansancio. Lo mismo había pasado la última vez que se habían visto, en la estación de King's Cross, hacía cosa de un mes. Malfoy se había sacado un regalo para Harry de la manga y había resultado ser la mejor escoba que Harry había montado en su vida. Así porque sí y sin pedirle nada a cambio. Y Harry no había sabido muy bien si darle un escobazo –porque había conseguido que le entrasen muchas dudas y se plantease muchas cosas– o dos besos bien dados.
Desde ese día, ambos habían estado muy ocupados, cada uno con sus cosas. Había sido una pena, porque Harry realmente quería probar esa escoba en un partido de verdad, con el aliciente de poder vencer a Malfoy en sus propias narices. Pero también había tenido su parte buena. Le había dado a Harry tiempo para pensar, un tiempo muy valioso. Harry había repasado sus reacciones y las de Malfoy, había reposado sus sentimientos y había llegado a varias conclusiones bastante interesantes. Como, por ejemplo, que Malfoy tenía que tener algún motivo para hacer todo lo que hacía. Algo. Cualquiera. Un Slytherin no actuaría así sin esperar nada a cambio, o sin obtener algún beneficio. O como que a Harry se le asentaba en el estómago un calorcito muy agradable cada vez que veía su escoba nueva –que tenía un lugar de honor en el vestíbulo, dado que la utilizaba casi cada día–, o cada vez que volaba con ella. O cada vez que pensaba que Malfoy había hecho eso solamente por él, y por nadie más. Otra de las conclusiones a las que había llegado era que quizás, sólo quizás, lo que sentía por Malfoy superase la definición clásica de la palabra atracción.
Aunque eso sobrepasaba las capacidades del pobre Harry, porque no sabía muy bien qué era lo que había por encima de eso. O no quería saberlo.
Tras guardar la tarjeta de Malfoy en un cajón –junto con otras cartas también suyas–, Harry se levantó de la silla, se estiró y salió de la habitación en dirección a la cocina. No sabía muy bien la hora que era, pero seguro que era buena para desayunar. Al menos, su cuerpo lo pensaba, porque estaba hambriento.
Estaba a media tostada cuando escuchó el mismo sonido que lo había despertado, un roce contra la ventana. Se embutió lo que le quedaba de pan en la boca, se tomó un par de tragos largos del té que se había preparado para poder tragarlo, y se levantó de un salto, justo a tiempo de escuchar una nueva llamada contra el cristal. Ese búho no era el más paciente, la verdad. Abrió la ventana y el pájaro entró en la cocina, planeando sobre la mesa en la que descansaba el desayuno a medio terminar de Harry, acabando por aterrizar sobre el respaldo de la silla que había estado ocupando el hombre hasta hacía unos instantes, dejando la comida tranquila. Paciente no, pero educado sí que lo era. Le mandaría una notita de agradecimiento a Malfoy.
Tras sacar unas chucherías para lechuzas de uno de los armarios –porque prefería que el pájaro se hinchase con eso antes de que empezase a picotear su comida–, se las echó al ave sobre la mesa, a una buena distancia de las sobras de su desayuno, y se sentó en la silla de al lado de la que el búho acababa de hacer suya. Éste estiró la pata hacia él, permitiéndole desatar el pedazo de pergamino que traía, y nada más que se notó libre, comenzó a picotear con alegría las golosinas que Harry había sacado para él.
Harry, con las manos más temblorosas de lo que le hubiese gustado, desenrolló el pergamino, tomó aire y comenzó a leer la contestación de Malfoy.
"Potter,
Vas a hacer que me sienta especial y todo, tú verás si eso es lo que quieres.
Pero no creas que, por muy especial que me hagas sentir, vas a conseguir que te deje ganar al Quidditch. Oh, no. Voy a hacerte morder el polvo, hasta que te arrodilles y pidas clemencia. Tenlo por seguro.
¿En serio te tendré a mis pies? Porque eso suena muy tentador. De hecho, déjame probar...
Harry Potter conquista corazones
Igual que vence Lores Oscuros.
Con su pelo despeinado como un nido de gorriones
Y sus ojos verdes como un calabacín maduro.
¡Harry Potter, el auror!
¡Harry Potter, salvador!
Harry Potter, es extraño
Haberte visto sólo una vez este año.
Te ha gustado, ¿verdad que sí? Ahora deberías ser Harry a-mis-pies Potter, una pena que no pueda verte. ¿O me estabas invitando a ir a tu casa para poder matarte...? Qué maneras tan retorcidas para un héroe, Potter.
Que sepas que he puesto tu rosa cultivada con tus propias manos en un jarrón en mi habitación, donde la veo en todo momento y alegra mi corazón (¿no querías dotes para la poesía? ¡Ja!) Ha sido un bonito detalle que me hace preguntarme si ahora que ya te he conquistado yo, no querrás conquistarme tú a mí.
Para qué querría mandarle tarjetas a nadie más, cuando puedo tener la atención exclusiva de El Niño Que Sobrevivió para recibir cartas de San Valentín de su enemigo del colegio, ¿no crees?
D. Malfoy.
PD. Sé que te ha gustado que te recordase esa canción, aunque no quieras admitirlo. Lo sé".
La carcajada que soltó Harry casi espanta al búho de Malfoy, que levantó la cabeza y se quedó mirando al hombre durante unos segundos, como comprobando que seguía vivo y no le había pasado nada.
Pero Harry no podía parar de reír. La poesía de Malfoy –si es que se podía llamar así– le había llegado al alma, o donde fuese que estuviese el sitio de donde salen las risas. Lo del pelo como un nido de gorriones de lo podría haber esperado de él, pero ¿los ojos como un calabacín maduro? Ésa era una comparación que no había oído nunca.
Lo cierto es que Malfoy sí que podría tenerlo a sus pies, porque si siguiese escribiendo esas cosas, los ataques de risa que le darían al pobre Harry no lo dejarían levantarse del suelo.
Cuando por fin se le pasó la risa, Harry releyó la carta y le dio un mini ataque de pánico cuando se dio cuenta de la ambigüedad de los comentarios que le había hecho Malfoy. Pero, ¿qué se esperaba, después de lo ambiguos que habían sido los suyos?
¿Conquistar a Malfoy? Bueno, Harry tenía que decir que no era una idea del todo mala, y quizás le interesase un poco más de la cuenta.
Y lo de tener la atención exclusiva de Harry... Malfoy no se hacía una idea de hasta qué punto la tenía. Aunque Harry se preguntaba si de verdad Malfoy quería tenerla.
Pero, sin duda, lo más perturbador había sido la parte de "hasta que te arrodilles y pidas clemencia". Porque, por mucho que Harry intentase evitarlo, su mente seguía siempre el mismo rumbo y llegaba al mismo punto.
Le entraban sudores fríos sólo de imaginarlo.
Dejando la carta a un lado –junto con los pensamientos acerca de arrodillarse delante de nadie–, Harry se dedicó a terminar su desayuno. Es decir, a beberse el poco té que le quedaba, porque se había zampado la tostada antes de abrir la ventana. Trató de hacerlo con calma, tardando el mayor tiempo posible, pero dado que apenas quedaban unos sorbos en la taza, el líquido se acabó antes de lo que le hubiese gustado.
Bueno. Pues iría y le contestaría la carta a Malfoy. ¿Quién dijo miedo?
Se levantó de la silla y, tras recoger todo con un par de movimientos de varita, salió por la puerta. El búho, que lo había estado observando durante todo el proceso, voló hasta colocarse sobre uno de los hombros de Harry, dejándose llevar. Cuando ambos llegaron a la habitación, el pájaro voló de nuevo, aterrizando en la misma esquina del escritorio en la que se había quedado hacía escasamente una hora. Ladeó la cabeza, y miró a Harry con curiosidad, ululando flojito. Harry se sentó en la silla, tardando más de lo necesario en organizar el escritorio, colocando ante sí un pedazo de pergamino, la pluma que había utilizado antes y la tinta. Y, cogiendo la pluma, empezó a escribir.
"Malfoy,
Dudo que yo, o cualquier otro, a estas alturas de tu vida consiga hacerte creer que no eres especial. Eso ya forma parte de tu carácter.
Me gustaría ver quién se arrodillaría ante quién, Malfoy. Sería algo digno de presenciar, Draco Malfoy arrodillándose ante mí. Uhm, anota eso en tu lista de tareas pendientes, porque no voy a parar hasta que lo consiga.
En serio, ¿de dónde sacas esas rimas? Pero tengo que admitir que me ha gustado. Y sí, la risa ha hecho que, durante un rato, me haya convertido en Harry a-los-pies-de-todo-el-mundo Potter, porque casi he tenido que tirarme en el suelo para reírme a gusto.
Si no me has matado todavía con la cantidad de oportunidades que has tenido, no creo que vayas a hacerlo ya. Además, sabes que no necesitas una excusa para aparecerte por mi casa. Tengo la impresión de que mi puerta ya se abre sola cuando te ve llegar.
Tengo que aplaudir sus dotes para la poesía, señor Malfoy. Quién iba a decirme a mí que tendrías una vena poética escondida bajo esa fachada.
Y por supuesto que quiero conquistarte. ¿Qué tipo de relación sería ésta si sólo me hubieses conquistado tú a mí? No estoy yo ya en edad de alimentar amores no correspondidos.
Con toda mi atención exclusiva e indivisa,
Harry muerto-de-risa Potter.
PD. Debería escribirte una canción yo también para avergonzarte, esto no es justo".
Con cada línea que escribía, se le iba ampliando la sonrisa a Harry, hasta que al final, acabó por firmar la carta con una de oreja a oreja. Daba igual todo lo que su mente se imaginase, pensar en Malfoy siempre lo hacía sonreír.
Enrolló el pergamino y se lo ató al búho en la pata que había extendido hacia él, abriendo al momento la ventana. El ave, con un sonido como de despedida, echó a volar y salió por ella.
Harry se dejó caer de nuevo sobre la silla, mirando por la ventana en la dirección a la que el animal se había dirigido.
A quién pretendía engañar.
Si Harry solamente se sintiese atraído por Malfoy, no se pasaría días y noches pensando en él. No sonreiría cada vez que viese la bendita escoba que le había regalado. No le habría escrito una carta diciéndole que quería conquistarlo, por Merlín.
Si Harry solamente sintiese atracción por él, no lo habría hecho tan feliz el haber recibido una tarjeta de San Valentín de su parte.
Si fuese atracción, Harry no lo sentiría en cada momento, en cada lugar, estando o no presente el otro hombre. Sería algo que sentiría cuando estuviese con él, o quizás en la intimidad de su hogar, con la puerta de su habitación bien cerrada. Pero no era el caso –aunque también–.
Harry se acordaba de Malfoy por cualquier nimiedad. Se apuntaba cosas para contárselas cuando lo viese porque "seguro que le hace gracia". Pensaba en él al dormirse, al despertarse y a veces también aparecía en sus sueños.
Se había vuelto una constante en su vida.
Y Harry tenía que admitirlo porque tenía que hacerlo. Porque ya valía de tonterías.
A Harry le gustaba Malfoy. No, no gustar. Hacía tiempo que había llegado a la conclusión de que le gustaba, pero no era exactamente eso.
Harry... Harry sentía algo por Malfoy.
Más allá de la mera amistad, o de la relación que se establece entre dos padres cuyos hijos son mejores amigos.
Harry sentía algo, de tener sentimientos por Malfoy. Quizá era demasiado pronto para decirlo, y a Harry le daba demasiado miedo, pero no descartaría la opción de... Estar enamorándose.
Ahí estaba, lo había pensado y no se había acabado el mundo. Harry Potter estaba enamorándose de Draco Malfoy a marchas forzadas. O quizás no tan forzadas, porque si se paraba a pensarlo... Todo apuntaba al mismo punto desde que se había empezado a llevar bien con Malfoy. Hasta Ron y Hermione se habían dado cuenta.
¿De qué valía seguir negándoselo? Iba a seguir sintiendo lo mismo por Malfoy. Iba a seguir disfrutando de su compañía, pasándoselo bien con él y sintiendo mariposas en el estómago –debería escribirle eso a Malfoy, seguro que se quejaría y diría "ugh, qué Hufflepuff, Potter"– cuando Malfoy hiciese algo por él. Así, al menos dejaría de sentirse mal después por haberse sentido así con Malfoy. Por culpa de Malfoy.
Tenía que aceptarlo. Le gustaba Malfoy del tipo de "uy, no me importaría tener una relación con él".
Espera, ¿qué? ¿Hasta ese punto?
Bueno, Harry tenía que admitir que él muy de rollos de una noche... No era. Y menos con Malfoy. Malfoy era su amigo. Malfoy era el padre del mejor amigo de uno de sus hijos.
Sus hijos. ¿Qué iban a pensar sus hijos?
Molly se lo había dejado muy claro. ¿No preferirían ellos un padre feliz?
De todas maneras, no podía arriesgarse. No podía meterse en un berenjenal con nadie, por mucho que le gustase, y arrastrar a sus hijos con él, para salir al final los cuatro escaldados. Aunque tenía que admitir que Malfoy estaba en la misma situación, y no era del tipo de persona que le haría algo así a su hijo. O a su mujer, porque Harry no podía olvidarse de Astoria. Por mucho que no estuviesen juntos juntos, seguía estando ahí.
Claro, que para llegar a ese punto, a Malfoy le tendría que gustar Harry. De gustar... Gustar. Del tipo de "podría tener una relación con él", también. Y Harry sabía que Malfoy era gay, pero eso no significaba que fuese a gustarle justamente él. Mucha coincidencia.
Pero si acababa de admitirse a sí mismo que le gustaba Malfoy, ¿por qué estaba planteándose tener o no una relación con él?
Quizás porque la parte más difícil era admitirlo. Ahora podía respirar con tranquilidad, porque se acababa de quitar un peso de encima. Es decir, sí. Estaba enamorándose –otra vez la palabrita, ugh– de Malfoy. Era complicado. Malfoy era un antiguo enemigo del colegio y había sido un absoluto y pomposo imbécil. Harry había convivido con las ganas de partirle la nariz prácticamente desde que lo había conocido, y había tenido que aguantarse más de una vez para no hacerlo. También era un hombre, lo que lo hacía todo un poquito más complejo. Pero era un alivio aceptar que era eso lo que le estaba ocurriendo. Explicaba muchas cosas. Cosas de las que Harry ya no se tenía que preocupar porque sabía a qué se debían. O sea, sí, sí se iba a preocupar. Estar enamorado –parecía que cuanto más pensaba esa palabra, más sentido tenía todo. Y con más fuerza se le aparecía en la mente– de uno de sus mejores amigos no era moco de pavo, ni tampoco la ideal de las situaciones, teniendo en cuenta que tenía que verlo muy a menudo. Pero era una tranquilidad saber que todo lo que sentía estando con él era por ese motivo.
Cualquiera diría que, a estas alturas de su vida, Harry sabía ya cómo se sentía estar enamorado. Y había tardado meses en llegar a esa conclusión y poder aceptarlo.
También era verdad que no lo había buscado, y mucho menos había esperado que pudiese pasar. Pero ahí estaba. Albergaba sentimientos por Malfoy. Bien. Pues adelante con ello.
Había sido muy poco Gryffindor durante mucho tiempo, aunque ¿quién podría culparlo? Harry tenía tres hijos, su relación con Ginny no había sido la más saludable y, por todo lo que es mágico, era Malfoy. Malfoy, de entre todo el mundo mágico, que ya era casualidad.
Pero bueno. Esas cosas pasan, y Harry tendría que aprender a vivir con ello. No era el fin del mundo.
Justo estaba planteándose cómo hacer para sobrevivir al hecho de que estaba enamorado de Draco Malfoy cuando se escuchó un golpeteo contra el cristal. Y, o llevaba mucho tiempo sumido en sus propios pensamientos, o el búho de Malfoy era muy rápido. O ambas cosas. Abrió la ventana y el pájaro entró, dejando caer un pedazo de pergamino arrugado sobre el escritorio, planeando hasta aterrizar en el extremo que ya tenía reservado para él sobre la mesa.
Un trozo de pergamino arrugado y ni siquiera había estado atado a la pata del animal. Eso no era muy propio de Malfoy. Él siempre doblaba sus cartas pulcramente y las ataba con varios nudos para que no pudiesen perderse. De hecho, parecía como si el pájaro hubiese recuperado el pergamino de la papelera, o algo así. ¿Quizás Malfoy no había querido enviarle la carta, pero el búho había hecho lo que le había parecido? Era demasiado suponer, pero si ése era el caso, seguiría el instinto del animal. Esos bichos eran muy inteligentes. Así que, bajo la atenta mirada del pájaro, alisó el pergamino y lo leyó.
"Potter,
Eres más tonto de lo que pensaba. A veces me pregunto cómo alguien tan despistado ha sido capaz de sobrevivir ileso hasta ahora, y más teniendo en cuenta tu palmarés.
No te ofendas, estoy seguro de que se necesita una gran habilidad para eso.
¿Qué haces mañana? Tengo ganas de ver quién conseguirá que el otro se arrodille antes, y tú tienes una escoba que merece ser estrenada en condiciones.
D. Malfoy".
No sabía si ofenderse o no hacerlo. Es decir, había sido un insulto muy directo, y así sin ningún motivo. También había que decir que Harry estaba –casi– seguro de que Malfoy había desechado esa carta y su búho había decidido entregársela a Harry por alguna razón. ¿Tendría algo escondido? Pero por más que la miró y remiró, no encontró nada más aparte de lo que estaba escrito. ¿Tendría eso algún significado especial?
Pero la verdadera duda era por qué era tonto ahora Harry. ¿Qué había dicho él? Le había asegurado a Malfoy que quería conquistarlo y le había comentado que quería verlo de rodillas ante él, no mucho más. Que también, menudas cosas le había escrito.
Harry miró al búho, que se removía en el sitio mientras observaba la carta. Al ver que Harry lo miraba, hinchó las plumas y ululó con algo que parecía orgullo. Cómo era capaz Harry de descifrar los sentimientos del pájaro era un misterio, pero podía asegurar que el animal estaba orgulloso de algo. Y la clave tenía que estar en el pergamino que tenía ante sí.
Sólo si Harry supiese por qué lo llamaba Malfoy tonto... ¿Qué era lo que se le estaba pasando por alto? No había duda de que el otro hombre llevaba razón al llamarlo despistado. Pero, ya que tenía tan claro que lo era, podría haberle puesto también cuál era el despiste que estaba teniendo.
Bueno, ¿para qué quería los genes Gryffindor, sino para averiguarlo? Cogiendo pluma y pergamino, Harry escribió una contestación rápida a Malfoy, auto invitándose a su casa para echar un partido de Quidditch al día siguiente. El búho ululó contento y, sin ni siquiera dejar que Harry llegase a atarle la carta, la cogió con el pico y salió por la ventana que Harry todavía no había cerrado. Sin darle tiempo a pensarlo otra vez ni a arrepentirse.
Bueno, había admitido que le gustaba Malfoy, a pesar de no saber muy bien todavía cómo sobrellevarlo. Mañana sería la primera prueba.
N/A: No me odiéis, sólo ha sido un mesecito de nada lo que he tardado en actualizar... ):. Pero tengo que admitir que ha sido un mes muy ocupado, y nadie sabe cómo he sido capaz de sobrevivir hasta el día de hoy, así que...
Bueno, dejando mi vida a un lado, muchas gracias a todos los que seguís ahí, leyendo a pesar de lo que tardo en actualizar. Quiero que sepáis que no voy a dejar eso colgado, por mucho que tarde. Muchas gracias a todos por los reviews, los fav, los follow y a mi beta a pesar de que crea que no es eficiente. :)
Lala: Bueno, me parece que ya están más cerca de admitir sus sentimientos, ¿no? Al menos Harry lo acaba de hacer, que ya era hora... jajaja. Ahora a ver cuánto tarda en aceptarlo y acercarse a Draco... Y gracias por la felicitación ;).
LaPooh: Exactamente, ése es su problema. Aunque bueno, parece que ya ha superado todas las fases de negación y ha llegado por fin a la aceptación... Y Ron... Ron está hasta las narices de Harry dando vueltas alrededor de Malfoy sin atreverse a nada, y aunque sea Malfoy, prefiere que Harry se lance de una vez jajaja. La verdad es que en cualquier momento, Astoria se mete por medio y los junta aunque para eso los tenga que atarlos, yo lo veo... jajajaja.
Mani: Bueno, Harry ya va acercándose más al momento de lanzarse sobre Malfoy... ¿Qué pasará en el próximo capítulo? :O jajaja.
Y ya está, eso es todo lo que tenía que decir (creo). Ahora voy a ver si con el aire de la noche me viene la inspiración y continúo con el siguiente capítulo, que me lleva gritando para que lo acabe tres semanas, el pobre ):.
¡No dejéis para mañana lo que podáis hacer hoy! (Que luego os pasa como a mí y los capítulos os gritan para que no los dejéis a medias).
MayaT
