22. 13 años. 15 de febrero. Mañana.

Era un día frío, de éstos de los que ocurren solamente un par de veces en todo el invierno. Es verdad que estaban a mediados de febrero, por lo que era normal que hiciese frío. Pero no tanto. Harry sentía que se le podían congelar las pestañas si no tenía cuidado.

Había amanecido con el cielo de un color gris plomizo y el campo totalmente blanco. Harry podía asegurar que era escarcha, porque no le sonaba que hubiese nevado en toda la noche. Pero claro, no había estado despierto como para poder asegurarlo con conocimiento de causa.

Por si acaso, se había abrigado bien. Fuese escarcha o fuese nieve, el color blanco solamente indicaba una cosa: frío. Y Harry no tenía ninguna intención de morir congelado justamente el día después de La Gran Revelación –que era el nombre que le había dado la noche anterior mientras se dormía y no al hecho de haberse dado cuenta de que le gustaba Malfoy. Gustar de gustar–. No era el mejor de los nombres, pero no iba a escucharlo nadie, así que no importaba demasiado. De hecho, podía llamarlo La Gran Caca de Vaca, que no iba a pasar nada. Ése sería un buen nombre en clave, la verdad. Aunque, de nuevo, nadie iba a escucharlo. La Gran Revelación –también conocida como La Gran Caca de Vaca desde hacía tan sólo unos instantes– iba a ser su secreto. Más o menos, porque tenía la sensación de que era más obvio de lo que le hubiese gustado. Sólo había que preguntarle a Ron y a Hermione.

El hecho es que se había abrigado bien tratando de evitar la congelación. Se había puesto uno de los jerséis más gordos que tenía –que, quitando los de la señora Weasley, tampoco había mucho donde elegir–, unos pantalones calentitos y, por supuesto, su amiga la bufanda roja. Había pasado media hora –sin exagerar– intentando cambiar los colores de la prenda, tratando de hacer que se pareciese a la de Gryffindor, y al final había conseguido un resultado parecido al éxito. No diría éxito completo, porque lo cierto es que no estaba muy seguro de que pudiese pasar cien por cien por una bufanda de Hogwarts, pero a una distancia aproximada de medio metro –la de Harry con el espejo–, daba el pego. Y no creía que Malfoy se fuese a acercar tanto.

Así que, respirando profundamente, Harry bajó hasta el vestíbulo, cogió un abrigo del perchero, la escoba de su lugar de honor al lado de la única mesita de la estancia y acercó la mano a la puerta. Sin llegar a abrirla. En serio, ¿cómo iba a comportarse ahora delante de Malfoy? ¿Y si se daba cuenta de algo? ¿Y por qué nunca había tenido problemas para saber cómo actuar con Malfoy hasta ahora?

Esto era una locura y Harry estaba seguro de que iba a acabar perdiendo la cordura. Si es que le quedaba alguna, después de admitir –y medianamente asimilar– que sus sentimientos hacia Malfoy habían tomado una dirección que tenía como destino final el amor. Ugh, odiaba esa palabra.

Así que, ¿qué más daba? A estas alturas, estar un poquito más loco no le iba a hacer mucho mal.

Y con ese pensamiento en la cabeza, Harry abrió la puerta, salió al jardín y caminó hasta poder Desaparecerse, en dirección a Malfoy Manor.


Hacía todavía más frío, si cabe. Wiltshire en esas épocas del año no era el lugar más cálido del país, desde luego. Harry escondió las manos en los bolsillos de su abrigo, echando de menos su uniforme de Quidditch del colegio. Sobre todo la parte de los guantes, porque tenía la sensación de que se iba a acabar quedando sin dedos.

Caminando a paso rápido –más que nada para mantenerse en calor–, atravesó la verja de entrada, siguiendo el sendero que se dirigía hasta la puerta de la casa. Nunca había hecho ese camino en tan poco tiempo, estaba seguro. Probablemente, habría batido un nuevo récord de velocidad, aunque no estaba muy interesado en comprobarlo. Lo único que quería era que le abriesen la puerta y que le diesen un respiro del frío que estaba pasando. Aunque para eso, necesitaba llamar al timbre. Y eso implicaba sacar, al menos, una mano del bolsillo. Mierda.

Pero lo hizo. Sacó la mano izquierda –porque era diestro, y si perdía la izquierda por el frío, al menos se quedaría con la más hábil– y la acercó al timbre, y justo cuando estaba a punto de llamar, se abrió la puerta y apareció una cabeza rubia por el hueco, con una bufanda a rayas verdes y plateadas –cómo no– al cuello. Qué oportuno. Podría haber tardado unos instantes menos y su mano izquierda seguiría estando a salvo, en la calidez de su bolsillo.

- ¿Potter? –Harry no sabía a quién podía estar esperando Malfoy, si no era a él. Le había dejado claro que iba a ir a su casa a jugar al Quidditch esa mañana. No había mucho lugar para dudas–. A veces me pregunto si te olvidas de que puedes hacer magia o es que simplemente te gusta sufrir.

O igual, Malfoy se estaba cuestionando otra cosa, no su presencia en su casa.

Porque, tras eso, se sacó la varita de la manga de su jersey color crema –que probablemente era tan suave como parecía– y murmuró un hechizo. Harry sintió un calor extenderse por sus miembros, desde las yemas de los dedos hasta llegar al tronco, y después subir hasta su cabeza, acabando por calentarle la punta de la nariz.

- Por las barbas de Merlín.

Malfoy dejó escapar una risa en respuesta a su reacción al hechizo calentador, negando a la vez un par de veces con la cabeza como si no se pudiese creer que Harry fuese tan denso como para no acordarse de la existencia de ese hechizo en concreto, y más en un día tan frío como ése. Estirando un brazo, le hizo un gesto a Harry, gesto que éste entendió a la perfección. Se quitó el abrigo –y notó perfectamente cómo el hechizo aumentaba el calor en su cuerpo tratando de mantener la temperatura estable– y se lo tendió a Malfoy, quien lo cogió y se metió en el interior de la casa. Harry pudo ver cómo Malfoy colgaba su abrigo en un perchero y cogía su escoba antes de volver de nuevo con él, sacando su varita y realizando el mismo hechizo calentador sobre sí mismo. Tras eso, simplemente se apoyó sobre la jamba de la puerta, mirando a Harry con una pequeña sonrisa, como esperando que le dijese algo.

Pero Harry no estaba muy ocurrente ni tampoco en su momento más locuaz, la verdad. Tenía la sensación de que si abría la boca, iba a acabar revelando más de la cuenta. Pero claro, tampoco podía permanecer callado, porque eso era demasiado sospechoso. Estaba totalmente metido en sus propios pensamientos acerca de lo que decir y lo que no, cuando Malfoy lo interrumpió.

- ¿Qué, buscando una excusa para no tener que perder ante mí? ¿O quizás la manera de disculparte por tu próxima derrota? No te rompas la cabeza, Potter. No se lo diremos a mucha gente, para que te ahorres la vergüenza.

Oh, Malfoy siempre sabía qué tenía que decir para hacer que Harry se olvidase de todos sus problemas y hasta de lo que estaba pensando –literalmente–. Cruzándose de brazos, Harry se irguió, alzando la cabeza y poniendo una mueca de superioridad en una imitación bastante buena de las que tanto habían caracterizado a Malfoy en su época de Hogwarts.

- Ya, claro. A lo mejor no quieres decírselo a mucha gente porque sabes que vas a perder de una forma tan estrepitosa, que lo incluirán en los calendarios y lo conmemorarán todos los años. –Harry estaba tratando de aguantarse la sonrisa sin mucho éxito, así que, para disimular, puso voz de reportero de televisión, moviendo los brazos de forma exagerada, como señalando a su alrededor–. Y aquí se yergue la Mansión Malfoy, lugar del acontecimiento conocido como la Gran Derrota de Wiltshire. En esa batalla, ocurrida el 15 de febrero, Draco Malfoy perdió su orgullo ante el grandioso Harry Potter, quien lo venció sin despeinarse y...

- Oh, de acuerdo, lo he pillado, Potter. –Malfoy interrumpió el discurso con una carcajada, saliendo finalmente de la casa con la escoba y cerrando la puerta tras de sí, colocándose al lado de Harry y mirándolo durante unos segundos más intensamente de lo necesario–. Ya veremos quién gana a quién. Y te aviso de que tengo intención de comprobar quién se arrodillará antes. Pero... Olvida eso de vencerme sin despeinarte, Potter. Ya vienes despeinado de casa.

Y con eso, Malfoy alzó una mano hasta la cabeza de Harry, revolviéndole el pelo y dejándolo todavía más descolocado de lo que ya estaba. A Harry, más sorprendido que otra cosa, sólo le dio tiempo a girarse hacia él para ver cómo echaba a correr con escoba y todo en dirección a la colina en la que ya habían jugado otras veces, riéndose y mirando de vez en cuando hacia atrás, como asegurándose de que lo seguía. Dejando escapar un sonido mitad queja, mitad risa, salió corriendo tras él, tratando de alcanzarlo.

A medio camino entre la casa y la base de la colina, Malfoy aminoró la velocidad de su carrera, todavía unos metros por delante de Harry, y aprovechó el impulso que llevaba para subirse en la escoba y echar a volar. Con un giro más estético que útil, se dirigió hacia Harry, quien se había parado en el sitio y estaba observándolo con la escoba de la mano y la bufanda al viento. Frenando, Malfoy quedó a su lado, mirándolo desde su posición de altura con la misma expresión soberbia que Harry tanto había odiado.

- ¿Ésa es toda tu rapidez, Potter? Así no voy a tener ni para empezar contigo. Deberías ir eligiendo un lugar donde arrodillarte.

Con un guiño, le dejó bastante claro a Harry que estaba medio bromeando. Sólo medio, porque estaba seguro de que lo de arrodillarse iba en serio. Y no sabía muy bien en qué sentido. Mejor ignorar esa parte. Mucho, mucho mejor.

De un salto, Harry montó en la escoba y, con un golpe sordo de su pie contra el suelo, despegó, colocándose a la altura de Malfoy, mirándolo con una sonrisa y una ceja alzada –expresión que Harry había aprendido del hombre que estaba ante él–. Era muy divertido usar sus propias armas en su contra.

- Mucho hablar, mucho hablar, Malfoy, pero no te veo hacer. Cuando me demuestres que puedes ganarme, me lo creeré. Hasta entonces... –Harry escogió ese momento exacto para acelerar y huir de Malfoy, en dirección a la colina–. ¡Excreguto de cola explosiva el último!

- ¡Eh!

Harry se rio mientras dirigía la escoba a toda velocidad hacia lo alto de la colina, girando la cabeza lo justo para ver de reojo cómo Malfoy iba tras él, intentando alcanzarlo. Devolviendo la vista al frente, aceleró un poco más de lo necesario, tratando de sacarle todavía más ventaja. Al alcanzar la cima, realizó un giro brusco hasta quedar mirando en la dirección en la que venía Malfoy, frenando en seco a la espera de su llegada. Y, cuando éste estuvo lo suficientemente cerca, Harry esbozó una sonrisa enseñando todos los dientes, saludando con la mano, como si hiciese horas que lo había dejado atrás.

- Vaya, ¿así que así son los excregutos de cola explosiva? Mira que los hacía más feos.

Malfoy frenó con algo más de suavidad al alcanzar su altura, resoplando en respuesta a lo dicho por Harry. Pero, de repente, como si acabase de darse cuenta de algo, esbozó una sonrisa presuntuosa y alzó una ceja en una de esas expresiones que nunca significaban nada bueno para la pobre mente de Harry.

- Ésa es una forma bastante retorcida de llamarme guapo, ¿no crees?

Ups. Uuuups. Ahora que Harry lo pensaba, sí que acababa de decirle a Malfoy bastante claramente que no era feo. Lo que quería decir que acababa de insinuar que era guapo. Y eso no estaba previsto, ni dentro de ninguno de sus planes a corto y medio plazo. Pero bueno, para qué engañarse. Malfoy era... atractivo. Del verbo atraer. Que atrae. Porque a Harry le atraía Malfoy. Gran parte era su personalidad, o eso esperaba –y si se lo hubiesen dicho hacía unos años, los habría tomado por locos, él atraído por la personalidad del pomposo de Malfoy, pft–, pero no podía negar que tenía, digamos... Una simetría envidiable en las facciones de su cara. Unas proporciones que ni el Hombre de Vitruvio de Da Vinci. Y basta ya de eufemismos. Malfoy era guapo y tenía un cuerpo digno de admirar, fin de la cuestión.

Y Harry casi se atraganta él solito después de admitir eso mentalmente.

- Sólo estoy diciendo que al menos no tienes una cola explosiva. Eso ya te hace ganar bastante.

- ¿Y cómo sabes que no? Que yo sepa, no me la has visto.

¿Perdón? ¿Qué era eso, una insinuación? La sonrisa de Malfoy no dejaba muchas dudas: sabía perfectamente lo que acababa de decir y el sentido que iba a cobrar en la mente de Harry. Y si Harry casi se había atragantado unos instantes antes, ahora se atragantó de verdad, tanto que Malfoy tuvo que darle un par de palmaditas en la espalda por miedo a que no saliese de ésa. Aunque, probablemente, sólo lo hizo para no quedarse sin la diana de todas sus burlas. El maldito.

- Bueno, está claro que no explota. Si lo hiciese, ya me habría dado cuenta.

Harry estaba incómodo. Es decir, estaban hablando de la cola de Malfoy, por Merlín. Era un tema que no tenía mucho interés en tocar. Es decir, sí... No. Mejor cambiar de verbo. Era un tema que no tenía mucho interés en abordar. Tratar. Lo que sea menos tocar.

Pero claro, cómo no. Malfoy estaba mucho más cómodo que Harry hablando sobre su cola, como si la palabra cola no se refiriese eufemísticamente a... Otro tipo de cola de la que digamos que Malfoy no carecía. Y por su expresión, quedaba claro que se estaba divirtiendo bastante más que Harry con esa conversación.

- Bueno, depende de cómo definas explotar.

Harry se quedó con la boca abierta y el calor que sintió en las mejillas muy poco tenía que ver con el hechizo calentador que todavía tenía encima. Era más bien por culpa de la imagen excesivamente gráfica que se le había formado en la cabeza al escuchar la respuesta de Malfoy. Esto estaba llegando demasiado lejos.

- ¿De verdad estamos hablando de...?

La carcajada de Malfoy, clara y sonora, interrumpió lo que Harry estaba diciendo, distrayéndolo hasta el punto de que se olvidó de lo que estaban hablando. Bueno, no del todo.

- Tendrías que haber visto tu cara, Potter. Estabas para haberte hecho una foto. –Malfoy se estaba riendo tanto, que tuvo que quitarse un par de lagrimillas de las comisuras de los ojos antes de volver a mirar a Harry, todavía con una sonrisita y pinta de estar teniendo dificultades aguantándose la risa–. Tú sí que parecías a punto de explotar.

Si Harry pensaba que ya iba a librarse del sonrojo, estaba equivocado. Se puso incluso más colorado y, con un sonido indignado, giró la escoba y se alejó de Malfoy, aún escuchando alguna que otra risita ahogada. En un intento de despejarse –aunque lo estuviese disimulando para que Malfoy creyese que simplemente estaba probando la escoba–, dio un par de vueltas sobre la colina, sintiendo cómo el aire frío de febrero hacía que se le bajase poco a poco el calor de las mejillas. Quién iba a decirle a él que a estas alturas de su vida todavía podía sentirse tan avergonzado como para acabar poniéndose rojo como un tomate.

Ja, seguro que Malfoy sí que se hubiese reído, pero bien, si le hubiese soltado algo referente a lo que podía hacer con su eufemística cola. O a lo que pensaba Harry en hacer con ella. No, Harry, ése es un camino que no quieres recorrer con Malfoy por ahí rondando.

Aunque, pensándolo bien, Malfoy no se iba a escandalizar por nada que le dijese. No, al menos, refiriéndose a esos temas.

- Potter. –Y fin del descanso. Harry se dio cuenta de que Malfoy había empezado a seguirlo, probablemente pensando que estaba realizando algún tipo de calentamiento antes de ponerse a jugar. Con un pequeño giro, paró y lo esperó, hasta que se colocó a su lado–. ¿Has venido a echar un partido o a pasear por mis propiedades? Porque te aseguro que, si es así, puedo enseñarte zonas con vistas mucho mejores.

O quizás no estaba siguiéndolo por eso, sino para molestarlo. No sabía ni por qué lo había dudado. Espera, espera. ¿Qué acababa de decir?

- ¿Mucho mejores? –A Harry no le gustaba un pelo el tono con el que Malfoy había pronunciado esas palabras y, antes de darse cuenta, se le había escapado la pregunta.

- Mucho, mucho mejores. –El levantamiento de cejas de Malfoy le dejó claro a Harry que tenía que aprender de una vez por todas a callarse a tiempo, porque era normal que se metiese con él y se burlase, si es que se lo ponía en bandeja–. Por ejemplo, mi habitación la tiene bastante buena.

El sonrojo se iba a hacer permanente en la cara de Harry, a este paso. Y lo peor de todo era saber que, de no estar predispuesto a tener pensamientos impuros de Malfoy –o de no beberse los vientos por él, más bien–, ese tipo de comentarios no lo afectarían de esa manera. Soltaría una carcajada, le daría una palmadita en la espalda y a otra cosa. Pero resulta que sí que estaba predispuesto a tener pensamientos impuros de Malfoy y sí que bebía los vientos por él, así que esos comentarios lo llevaban precisamente a un punto que preferiría no tener que discutir precisamente con él, al menos en un futuro cercano. Es decir, a la conclusión de que, si Malfoy se lo proponía, él iría encantado a su habitación con él, a ver lo que fuese que tuviese que enseñarle.

Por supuesto, a pesar de haber aceptado su atracción y sus sentimientos hacia el otro hombre, esas conclusiones eran todavía demasiado perturbadoras para el pobre Harry. También tenía que admitir que le daba más vueltas de las necesarias. Pero era demasiado nuevo todo como para aceptarlo tan alegremente y... Debería dejar de pensar en eso. Y en todo, en general.

- Quiero decir... –Malfoy se había quedado mirando a Harry mientras éste lo observaba con los ojos como platos y las mejillas como sendos tomates maduros hasta que, finalmente, se había dado cuenta de los derroteros que había tomado la mente del pobre Harry. Y, en ese momento, se apresuró a corregir lo que acababa de decir. Al parecer, no todas las insinuaciones que hacía Malfoy eran para reírse de él. También había otras que se le escapaban–. Desde la ventana de mi habitación se ve una vista espectacular. Todos los jardines con las flores, la zona de los pavos reales, al fondo las colinas... No me refería a...

Hizo un gesto vago con una mano, haciendo referencia precisamente a lo que había pensado Harry, y éste tuvo que alegrarse porque las mejillas de Malfoy estaban algo coloreadas. No era por el frío, ni por el hechizo calentador. Era la misma vergüenza que estaba sintiendo Harry. Sentaba bien compartirla.

Y además, eso demostraba que también él podía sonrojar al otro con insinuaciones.

¿Igual le pasaba lo mismo que a él...? Si cualquier otra persona le hubiese dicho que su habitación tenía buenas vistas, desde luego no habría pensado en las que se ven desde su cama. Pero como había sido Malfoy, ése había sido su primer y único pensamiento, y era la razón de su sonrojo. ¿Quizás Malfoy acababa de sonrojarse justamente por eso, por pensar en las vistas...? O más bien, por pensar en Harry en su cama. Era una perspectiva halagüeña, porque si Harry y Malfoy compartían motivos... Bueno, eso quería decir que Malfoy no era muy reacio a invitar a Harry a su cama, y no precisamente para compartirla a la hora de la siesta.

Harry sintió cómo aumentaban unas esperanzas que ni siquiera sabía que poseía. Y no tenía ni idea de si eso era bueno o malo.

Pero, ¿no había dicho que era mejor dejar de pensar en eso? A otra cosa, mariposa.

- Quizás puedas enseñármela otro rato, Malfoy, que ya me has creado curiosidad por ver qué es tan espectacular en tu habitación. –Bueno, quizás podía aprovechar un poquitito su nuevo poder recién descubierto para hacer avergonzarse a Malfoy. Sólo un poquito, lo justo para no acabar avergonzándose él mismo con sus propios dobles sentidos–. Pero antes... ¿No ibas a ganarme y a hacerme arrodillarme ante ti? Si no recuerdo mal, hasta pedir clemencia. Porque no te veo haciendo ninguna de las dos cosas.

Malfoy, quien todavía lo miraba con la sombra de un sonrojo en las mejillas, curvó los labios en una sonrisa al darse cuenta del cambio de tema, como agradecimiento. Alzando la nariz de esa forma tan característica suya, lo miró con la expresión más orgullosa que tenía –y hablando de Malfoy, eso era mucho decir– y soltó el aire por la nariz de forma desdeñosa, suavizando el gesto con un guiño que Harry no supo muy bien cómo tomarse.

- Te veo muy ansioso por arrodillarte ante mí, ¿no crees, Potter? –Malfoy hizo que su escoba comenzase a moverse, separándose de Harry en el proceso, pero a éste todavía le dio tiempo a escuchar su último comentario antes de que se alejase demasiado–. Me pregunto qué es lo que quieres hacer que hace que tengas tanta prisa...

Harry no pudo evitarlo. De verdad que no. Pensaba que después de lo de las vistas desde la habitación de Malfoy, ya nada iba a hacer que tuviese pensamientos más sucios, pero se equivocaba. Porque sí, arrodillarse ante Malfoy tenía un claro doble sentido que los dos hombres habían pillado al vuelo. Pero hasta ese preciso instante, Harry no había tenido una imagen mental de esa insinuación. Cosa que sí que estaba teniendo ahora –gracias al tono que le había puesto Malfoy, principalmente–, en alta definición y todo. Por lo menos, la distancia estaba de su lado y el escalofrío que lo recorrió al imaginarse muy vívidamente lo que podía hacer de rodillas justo delante de Malfoy pasó desapercibido para el otro hombre. Menos mal, porque iba a ser difícil de explicar. Igual que el sonrojo del que estaba haciendo gala en ese momento, que no tenía mucho que ver con el hechizo calentador, ni siquiera con la vergüenza. Era más bien producido por otro tipo de calor que se estaba extendiendo por su cuerpo y que no quería fomentar. Porque estaba en una escoba, en medio de un campo helado y delante del culpable de dicho calentón. No necesitaba sentirse más incómodo de lo que ya estaba, muchas gracias.

- ¿No tenías prisa, Potter?

El grito de Malfoy hizo que Harry se distrajese de su temperatura corporal y las causas de su ascenso y casi le entraron ganas de darle un beso por ello. Aunque eso lo llevaría de vuelta al mismo punto, así que lo que hizo fue girarse y volar hasta el lugar en el que se encontraba Malfoy en el medio de la colina, quedando a un metro escaso de él. Éste lo miró con una ceja alzada, a lo que Harry respondió con un encogimiento de hombros. Prefería no dar muchas más explicaciones.

- ¿Las reglas de siempre? –Malfoy asintió a la vez que se sacaba una pequeña snitch del bolsillo, sujetándola entre el índice y el pulgar para que Harry la pudiese ver. Pero eso no lo distrajo de la sonrisa que estaba poniendo, oh no. La conocía demasiado bien–. Sin trampas, Malfoy.

Malfoy tuvo la decencia de parecer medianamente avergonzado, al menos. Con una carcajada, se encogió de hombros, observando la snitch durante unos segundos antes de volver a dirigir la vista a Harry con una sonrisa que, si le preguntaban a él, era una trampa en sí misma. Lo distraía. Y le entraban ganas de borrársela a lengüetazos, aunque fuese. Uf, estaba empeorando.

- No prometo nada, Potter. ¿Al mejor de tres?

Y, tras el asentimiento de Harry, dejó la pelotita libre. Sin llegar a mover sus escobas, ambos la siguieron con la mirada hasta que desapareció de la vista con un reflejo dorado. En ese momento, Harry miró a Malfoy. Y Malfoy miró a Harry.

En toda su vida, jamás le había importado menos una snitch. De hecho, le importaba tan poco, que estaba a punto de inclinarse hacia delante, besar al imbécil de Malfoy que estaba relamiéndose –de entre todas las cosas que podía hacer en ese momento, ¡relamiéndose!– ante él y olvidarse de la dichosa pelota. Podría agarrarlo de esa estúpida bufanda de Slytherin, tirar de ella y atraerlo hacia sí mismo. Podría hundir las manos en ese pelo que tenía pinta de ser suave como la seda y olvidarse de que estaban a punto de jugar un partido de Quidditch...

No. El sentido volvió de golpe a la cabeza de Harry. ¿En qué estaba pensando? Un par de insinuaciones por parte de Malfoy y a Harry ya se le olvidaba todo. No, no podía hacer eso. Y tampoco debía. Con un sonoro carraspeo, trató de apartar de su mente los pensamientos relacionados con besar a nadie.

El sonido sobresaltó a Malfoy, quien alzó la mirada hasta los ojos de Harry, con las mejillas más rosas de lo habitual. Y... Que lo aspasen si Malfoy no había estado mirándolo directamente a los labios. Sí, sin ninguna duda. Lo cual dejaba muchas preguntas sin responder. Demasiadas.

- Eh... La snitch...

Para su eterna vergüenza, la voz de Harry salió bastante más ronca de lo que había pretendido. Bueno, qué le iba a hacer. El hecho de perder la razón lo suficiente como para casi besar a Malfoy encima de una escoba y a diez metros sobre el suelo lo había dejado con la boca seca. No el hecho de ver a Malfoy tan cerca, pasando la punta de la lengua por esos labios, con los ojos fijos en los suyos... No, eso no. El horror de lo que casi ocurre. Exacto.

- Ah, sí... Claro.

Al menos, era un consuelo pensar que Malfoy estaba en la misma situación que él. Más o menos, porque seguía teniendo muchas preguntas y ninguna respuesta.

Lo fácil que sería todo si Harry tuviese el suficiente coraje para abordar el tema directamente. Pero nop. No lo suficientemente Gryffindor.

Parecía mentira que se hubiese enfrentado a un basilisco y no fuese capaz de enfrentarse a una serpiente mucho más pequeña. Y que además no intentaba matarlo, por favor. Pero claro, había otras cosas en juego. Como el miedo a perder lo que había conseguido hasta ahora.

Con un asentimiento de cabeza más brusco de lo necesario, Harry dio media vuelta y se alejó del estupefacto Malfoy, que parecía todavía un poco desconectado del mundo de los vivos. Y que Merlín lo tuviese en su gloria y se apiadase de su pobre alma, pero si no se separaba en ese mismo momento, estaba seguro de que iba a besarlo hasta devolverlo a la realidad. O hasta hacer que se alejase de ella por completo, quién sabe.

Al menos, su táctica fue efectiva. El aire de febrero dándole directamente en la cara consiguió bajarle los colores pero sin llegar a congelarlo –iba a tener que agradecerle muy profusamente a Malfoy su hechizo, y éste tampoco era un pensamiento que quisiese tener–, y pudo olvidarse de que había estado a punto de besar a su archienemigo del colegio, ahora convertido en un hombre atractivo y atrayente, el muy maldito. Y también pudo concentrarse en lo que de verdad tenía ante sí: un reto.

Tenía que atrapar la snitch, tenía que hacerlo y tenía que ganar a Malfoy.

Por un momento, volvió a sentirse invadido por los sentimientos de cuando todavía jugaba en Hogwarts para el equipo de Gryffindor. Cuando jugaban contra Slytherin y no era ya el hecho de ganar o perder, sino el orgullo de derrotar al equipo contrario, o la vergüenza de perder ante tus enemigos. La necesidad de demostrar que eran mejores.

Oh, iba a disfrutar mucho de esto.

De reojo, vio cómo Malfoy daba por finalizada su pausa y arrancaba su escoba. Harry no pudo apreciar su cara, pero tenía la sensación de que parecía más distraído que de costumbre. Lo cual no era malo, al menos no para él. Así sería más fácil vencerlo.

Claro que Harry tampoco estaba en su momento de máxima concentración, precisamente.

Sería mejor ignorar el ratito de tensión que acababan de tener. Sip, mucho mejor. Y, de paso, ponerse a buscar la snitch, que a esas alturas ya bien podía estar en Londres.

Pero, como si al pensar en ella hubiese invocado a la dichosa pelotita, vio un reflejo dorado por el rabillo del ojo, a mitad de camino entre Malfoy y él, varios metros sobre sus cabezas. Más por instinto que por iniciativa propia, Harry dirigió la escoba hacia el punto en el que acababa de ver la snitch, acelerando en un intento de alcanzarla antes de que volviese a desaparecer. Como es lógico, Malfoy –probablemente más por los reflejos de buscador que todavía mantenía que porque hubiese visto nada–, hizo lo mismo que Harry, volando con rapidez hasta colocarse a su altura.

Por supuesto, la pelota ya había volado. Pero ese amago de dejarse atrapar los metió a los dos de lleno en el juego, haciendo que se les olvidase toda la incomodidad anterior y, sobre todo, la tensión no resuelta que había entre ambos.

A partir de ese momento, las cosas fueron más sencillas para la agitada mente de Harry. Por fin pudo desconectar de la maraña de pensamientos que lo habían traído de cabeza desde el día anterior. Y eso era un gran descanso, dado que, prácticamente, no había dejado de darle vueltas ni dormido.

Ahora sólo tenía que concentrarse en mantener la escoba en el aire, encontrar la pelota y ser más rápido que Malfoy a la hora de atraparla.

Por supuesto, siempre es más fácil decir que hacer.

Era difícil no desviar la vista hacia Malfoy mientras ambos sobrevolaban la colina, dando vueltas a la espera de la siguiente aparición de la snitch. Si Harry hubiese estado seguro de que solamente lo miraba para ver qué era lo que estaba haciendo y así poder adelantarse a sus movimientos, no habría pasado nada. Eso era lo normal, estaba compitiendo contra él. Tenía que observarlo. Pero lo cierto es que no estaba seguro de que fuese sólo por eso. De hecho, estaba bastante seguro de lo contrario. Porque Malfoy era un maldito fenómeno sobre una escoba. Quizás nunca hubiese sido el mejor buscador de Hogwarts –porque Harry podía ser modesto en cuanto a sus logros, pero tampoco era idiota–, pero no era porque no supiese volar. El control que tenía sobre la escoba, los movimientos que realizaba... Hasta la forma que tenía de exhibirse era algo digno de ver.

Y aunque ahora mismo Malfoy no estuviese dándose cuenta del escrutinio al que estaba siendo sometido y estuviese simplemente volando –sin intención de llamar la atención ni de demostrarle nada a nadie–, seguía siendo un bonito espectáculo.

Aunque, desde luego, Harry no era quién para juzgar. Su opinión no era muy imparcial.

Flash. Acababa de verlo. Un destello, justo a la espalda de Malfoy. Si salía volando a atrapar la pelota, correría el riesgo de poner a Malfoy sobre aviso y que éste se diese la vuelta y la atrapase antes que él. Al fin y al cabo, estaba mucho más cerca. Pero si no iba a por la snitch, entonces perdería una gran oportunidad de hacerse con ella, y a saber cuándo volvería a verla.

¿Qué era la vida sin un poco de riesgo?

Acelerando un poco la escoba, desvió el rumbo con todo el disimulo que pudo en dirección a la zona en la que había visto la snitch. Claro que la sutileza nunca había sido su fuerte y Malfoy se dio cuenta bastante pronto de sus intenciones. Pero Harry había ganado unos segundos muy valiosos y no pensaba desaprovecharlos. Aceleró la escoba hasta el límite de sus capacidades, dirigiéndose como una flecha hacia el lugar en el que... Sí, todavía podía ver un punto dorado, batiendo las alas. El aire le estaba dando directamente en la cara y lo obligaba a entrecerrar los ojos, a pesar de la protección que le ofrecían sus gafas, e incluso estaba empezando a sentir el frío atravesar el hechizo calentador, pero nada de eso importaba. Malfoy había dado la vuelta a su escoba y había ubicado la snitch, volando hacia ella con rapidez. Pero había tardado un pelín más de lo necesario. Apenas un segundo. Y esos instantes iban a ser su perdición.

Harry se encontraba a unos metros escasos de la pelotita y Malfoy no estaba mucho más allá. Harry estiró la mano hacia delante, confiando en todos sus instintos de buscador y no pudo evitar girar la cara hacia Malfoy y sonreírle enseñando todos los dientes al notar cómo atrapaba entre los dedos una de las alas de la snitch.

- ¡Te veo con una rodilla ya en el suelo, Malfoy! –El quejido que dejó escapar Malfoy como respuesta consiguió una risa por parte de Harry, quien continuó volando alrededor del otro hombre, aminorando la velocidad hasta quedarse parado, mostrándole la snitch todavía con una sonrisa en el rostro–. ¿O a lo mejor quieres rajarte?

Malfoy terminó por pararse también y lo miró con una expresión bastante menos sonriente, con el ceño fruncido y la vista clavada en la pelota que Harry sostenía entre el índice y el pulgar. Acercándose a él, estiró el brazo y cogió la snitch, dirigiéndole una mirada poco afortunada al pobre cacharro, como si tuviese la culpa de haberse dejado atrapar.

- Nunca, Potter. –En ese momento dejó la pelotita libre, que desapareció volando con un zumbido, y miró a Harry con una sonrisita, como si hubiese sido él quien había atrapado la snitch–. Esto sólo hace las cosas más interesantes. Ahora, demuéstrame que no ha sido suerte y atrápala de nuevo. Si es que puedes.

La última frase la dijo alejándose ya de Harry, evitando de esa manera que éste le contestase. Aunque la verdad es que no sabía muy bien qué contestar. Estaba sonriendo como un idiota y lo único en lo que podía pensar era en el reto que suponía jugar contra Malfoy. En realidad, en el reto que suponía Malfoy en general. Era estimulante.

Agitando la cabeza para librarse de esos pensamientos, Harry puso la escoba en marcha, volviendo a dar vueltas sobre la colina en busca de la snitch. En un intento de tener mejor perspectiva, ascendió un poco, quedando varios metros por encima de la altura a la que Malfoy estaba volando. De esa manera, tenía prácticamente todo el campo cubierto en una mirada.

Pero eso no significaba que tuviese todo al alcance de la mano. De hecho, eso quedó bastante claro en el momento en el que Malfoy salió repentinamente disparado. Harry lo vio –al fin y al cabo, tenía buena vista desde ahí arriba–, buscó la snitch y en menos de dos segundos estaba dirigiéndose hacia ella. Sabía que no iba a atraparla –estaba como al doble de la distancia a la que se encontraba Malfoy–, pero que no fuese por no intentarlo.

Para cuando Harry alcanzó a Malfoy y frenó frente a él, éste ya llevaba varios segundos parado, moviendo la snitch de un lado a otro para que Harry la viese bien vista, todo eso con una sonrisa del tipo de las que Harry quería borrar. Y no precisamente con un puñetazo, no señor.

- Espero que hayas estado practicando para poder aguantar de rodillas bastante tiempo, Potter.

- Y yo espero que no creas que vencer en una batalla es ganar la guerra.

- Psh, te noto un pelín ofendido. ¿O sólo estás asustado?

- Ya, ya. Más quisieras. –Harry no pudo evitar que se le curvaran las comisuras de los labios en una pequeña sonrisa ante la provocación. O el intento de provocación–. Ahora suelta la snitch y veamos si tras todo ese pavoneo tienes algún motivo. ¿O a lo mejor eres tú quien está asustado?

El sonido que emitió Malfoy le dejó muy claro a Harry lo que opinaba al respecto de su comentario. Tras eso, simplemente lanzó la pelota al aire, la cual, al verse libre del agarre, empezó a agitar las alas, desapareciendo de la vista en cuestión de unos instantes.

- El que la atrape, gana.

Harry lo tenía bastante claro. Eso y que no podía perder. Así que, tras un asentimiento de cabeza, se alejó de Malfoy.

Comenzó a dar vueltas a baja altura, ni muy rápido ni muy lento, y por primera vez en todo lo que llevaban de partido, se olvidó de que Malfoy estaba con él. Inspiró hondo, entrecerró los ojos y escrutó el cielo en busca de cualquier objeto brillante, destello o cosa rara. Se concentró totalmente en encontrar la bendita pelota, que era para lo que él había venido. Y por eso, no se dio ni cuenta de que Malfoy se había colocado casi a su lado, un metro escaso por detrás de él, y observaba el cielo de la misma manera.

Pasaron varios minutos así, Malfoy siguiendo a Harry, Harry ignorando por completo su presencia y la pelotita sin dar señales de vida. No era extraño –al fin y al cabo, las snitchs podían estar desaparecidas durante horas, incluso–, pero sí que era un poco aburrido. Y a Harry le costaba mantener la concentración durante tanto tiempo seguido, así que esperaba que no se hiciese de rogar mucho más.

Y como si Merlín hubiese escuchado sus plegarias, la vio. Fue sólo un reflejo y en realidad no estaba muy seguro de que fuese la snitch, pero todos sus instintos de buscador le decían que sí, y no podía hacer oídos sordos. Estaba hacia su derecha, unos treinta metros más adelante y casi rozando el suelo, lo único que tenía que hacer era... Oh, mierda, ¿desde cuándo estaba Malfoy ahí? Eso iba a complicar un poco las cosas.

Y no tenía tiempo para pensar una buena estrategia, la verdad.

Con un movimiento brusco, Harry aceleró la escoba, siendo seguido casi de inmediato por un sobresaltado Malfoy. Harry aprovechó el hecho de que estaba casi seguro de que el otro hombre no había visto la snitch y lo estaba siguiendo simplemente por reflejo, y en vez de desviarse hacia la derecha, continuó recto. Era un movimiento arriesgado, porque si Malfoy de verdad la había visto, sería el fin del juego. Pero también contaba con la ventaja de que Malfoy había elegido colocarse a su izquierda en lugar de a su derecha, lo que lo dejaba a él en el medio, entre Malfoy y la pelota. Iban a la misma velocidad –tenían la misma escoba, estaba seguro– y a Malfoy le resultaría imposible girar hacia la derecha si Harry no lo hacía. A menos que quisiese atropellarlo, claro está.

Pero no, ni quería atropellarlo, ni había visto la pelota. Se dirigió hacia el frente, hacia donde Harry lo estaba guiando, sin un asomo de duda. Y, cuando alcanzaron la altura a la que Harry había visto la snitch, éste realizó un giro cerrado hacia la derecha, dejando atrás a Malfoy.

Bien, punto uno realizado, librarse de Malfoy. Ahora sólo quedaba atrapar la pelota.

Apenas escuchó el grito que le dirigió el otro hombre, tan concentrado como estaba, siguiendo con la mirada el punto dorado que acababa de aparecer frente a él. Al parecer, a la pelota no le había dado tiempo a escaparse, aunque estaba haciendo un maldito buen trabajo. La condenada estaba volando cada vez más bajo, a toda velocidad, como si realmente tuviese inteligencia y estuviese huyendo de él. Y él no podía hacer otra cosa más que seguirla.

La tenía a unos metros escasos, casi al alcance de la mano... Y sabía que si no la atrapaba en ese instante, cambiaría de dirección. Lo intuía. De ese tipo de intuiciones que nunca había podido ignorar.

Todo pasó muy rápido. Harry soltó la mano con la que sujetaba la escoba, se impulsó sobre ella y prácticamente se lanzó hacia delante. Volando a la altura a la que volaba, no tardó en alcanzar el suelo. Por suerte, consiguió caer medio rodando sobre la hierba, ahorrándose gran parte del golpe. Pero aun así, el choque lo dejó casi sin respiración.

Eso sí, tenía la snitch en la mano.

- ¿¡Pero se puede saber qué te pasa!?

Harry no estaba muy católico –todavía estaba intentando recuperar el aliento después de la panzada que se acababa de pegar–, y levantar la cabeza y encontrarse con un bastante furioso Malfoy corriendo hacia él con ambas escobas de la mano, no era lo que se esperaba. Así que hizo lo único que podía hacer. Volvió a dejar caer la cabeza sobre la hierba –sin importarle un comino que se le estuviese mojando la ropa–, cerró los ojos y levantó la mano izquierda, en la que sostenía la snitch.

Sintió cómo el otro se la arrebataba de la mano, pero le importaba tan poco, que simplemente volvió a dejar caer el brazo, quedando tumbado por completo. Había ganado, qué más daba.

- ¡Podrías haberte matado!

- No iba tan alto, no creo que... –Lo cierto es que intentar defenderse cuando todavía le costaba respirar, no era lo más creíble del mundo.

¡Si no llego a atrapar tu escoba, te habría matado ella!

Ah, así que eso es lo que había pasado con la escoba y ésa era la razón de que no le hubiese caído encima... Bueno, al menos tendría que agradecérselo a Malfoy.

Con más trabajo del que hubiese sido saludable, Harry consiguió incorporarse, apoyando ambos codos tras su espalda, y abrió los ojos, observando a Malfoy. Oh, vaya. El otro hombre estaba sujetando la snitch de una manera muy poco agradable para ella –no le habría extrañado estar oyendo ruiditos de partes metálicas rotas, la verdad–, y con bastante más fuerza de la necesaria, y por su expresión –los ojos desorbitados, las mejillas totalmente sonrojadas, la respiración agitada–, Harry podía asegurar que estaba asustado. ¿Asustado? ¿Por qué...?

- Estoy bien. En serio.

Harry le vio las intenciones. Sabía que le iba a tirar la escoba encima y tendría suerte si sólo le tiraba una. Pero Malfoy solamente lo miró, inspiró hondo y contó hasta cien mentalmente –bueno, Harry no sabía si estaba contando o no, pero dado que lo estaba observando fijamente sin decir ni una sola palabra, era lo más lógico–, terminando por calmarse.

- Eres un imbécil, Potter. Un imbécil redomado y sin ningún tipo de sentido de la seguridad personal.

- Bueno, creo que eso había quedado claro cuando con once años, el Sombrero Seleccionador me mandó a Gryffindor. –Harry había intentado que sonase como una broma, pero Malfoy no tenía cara de estar para muchas fiestas, así que cerró la boca, sólo por si acaso.

- Reitero. Un imbécil sin una pizca de sentido común.

- ¡Eh! Pero te he ganado.

- Algún día te matarás en una de éstas y entonces será cuando gane yo. –Malfoy lo miró durante unos instantes más y, finalmente, esbozó una pequeña sonrisa, guardándose la snitch en el bolsillo y tendiéndole esa mano a Harry para ayudarlo a levantarse–. Tendré que ir a tu funeral y me harán decir unas palabras. "Sí, Harry Potter. Me ganó al Quidditch, muchas veces arriesgando su propia vida. Ahora, cada vez que atrape una snitch, será una victoria contra él porque el muy idiota se mató intentando vencerme."

- Ya, corta el rollo, Malfoy, lo he pillado. –Harry cogió la mano que el otro le ofrecía y se levantó del suelo con una risa, sacudiéndose la ropa a pesar de que poco iba a hacer eso contra la humedad que ya le había llegado hasta los huesos–. Soy duro de pelar, ¿vale?

Sólo para dejarlo claro, se dio un par de golpecitos en el pecho. Que, a pesar de que intentó mantener una expresión neutra, le dolieron bastante, si tenía que admitirlo. Aunque nunca lo haría.

- Bueno, sí. Tienes razón. Si no te has descalabrado todavía, a estas alturas... Es bastante posible que seas irrompible.

- Supongo que no es la expresión más acertada para definirme, pero... Me vale.

Malfoy se rio, Harry se rio, y la tensión del momento se diluyó en cuestión de segundos. Y fue el instante en el que se dio cuenta de que seguía manteniendo la mano de Malfoy entre la propia, de una manera muy incómoda. Aunque, si lo pensaba, tampoco Malfoy se la había soltado, así que quizás no era tan incómodo. Salvo por el pequeño hecho de que Harry estaba viendo cosas donde no las había y dos manos tomadas no tenían por qué significar nada. Nada de nada.

Y justo, Malfoy soltó su mano, cogió su escoba con la propia y se la tendió, guardándosela en el bolsillo en el momento en el que Harry la cogió. Desviando la mirada hacia la casa, se encogió de hombros y habló, como si estuviese charlando sobre el tiempo que iba a hacer al día siguiente.

- Parece que se ha hecho bastante tarde... ¿Te apetece quedarte a comer? Después de tal exhibición, seguro que tienes hambre. A menos que tengas otros planes, en cuyo caso...

- Sí, claro, Malfoy. –Harry tuvo que cortarlo, sin poder evitar la sonrisa. Malfoy nervioso era igual a Malfoy hablador. Y adorable. Y el hecho de que Malfoy estuviese nervioso, indicaba que de verdad quería que se quedase. O eso esperaba–. Me encantaría quedarme.

La sonrisa que le dirigió Malfoy en respuesta fue más que suficiente. Si Harry conseguía que siguiese sonriendo así, le daba igual la comida. Y todas las comidas de los demás días de su vida.


N/A: Lo sé, he tardado una eternidad, y lo siento. Pero no he podido aparecer antes por aquí, estoy hasta arriba de trabajo y, por si fuese poco, ahora tengo también los fines de semana ocupados. Sacaré el tiempo que pueda, pero no prometo nada sobre actualizar cada semana o así. Lo que sí que prometo es que no voy a dejar esto sin acabar, así que, con paciencia, que llegará. :)

Gracias a mi beta (sí, beta, te odio un poco en realidad aunque me dijeses que no lo hiciese. Es que es superior a mí) y a todos los que leéis, comentáis, dais a favorito o seguís la historia, a pesar de la tardanza.

Lalala: Lo está, lo está, no se puede negar jajaja. La lechuza era una celestina, está claro... La verdad es que no creo que dentro de esta historia lo haya. Porque es que no me pega, uf. Peeeero no descarto hacer un oneshot o algo así en este universo que lo sea, heh. O sea, tenía pensado hacerlo, la verdad jajajaja.

Fer: ¡Muchas gracias! Aquí tienes la continuación, un poco tarde pero bueno, al menos está aquí ya :).

Yyyy eso, me volveré a mi retiro espiritual a continuar escribiendo. Tengo que decir que ya no queda mucho más, pero no tengo claro cuántos capítulos, así que no diré nada más.

Ya sabéis lo que se dice, más vale tarde que nunca. ¡Así que despacito y buena letra!

MayaT