23. 13 años. 15 de febrero. Mediodía.
- Y... ¿Astoria?
Harry estaba, cuando menos, asombrado. Después de un par de hechizos rápidos para secar su ropa, habían bajado de la colina charlando, cada uno con su propia escoba al hombro y metiéndose el uno con el otro. Todo bastante habitual. Pero, cuando habían llegado a la Mansión, mientras se deshacían de bufandas y otros complementos innecesarios –incluyendo hechizos calentadores–, Harry se había percatado de que le faltaba algo. Algo importante. Algo así como una persona.
Era extraño estar en la Mansión Malfoy sin que anduviese Astoria rondando por ahí, sonriéndole de maneras extrañas.
- Oh... Salió esta mañana temprano. Tenía una cita para todo el día.
Y se quedó tan pancho tras decirlo, como si no acabase de remover la mitad de los cimientos de la existencia de Harry.
- Una... ¿cita? De ésas de quedar con alguien y...
Malfoy se giró para mirarlo, con una ceja alzada. Probablemente, intentando adivinar si Harry le estaba tomando el pelo o si simplemente era un poco tonto. Por la respuesta que le dio, se había decantado por la segunda opción.
- Sí, Potter. Cita. Cita de reunión o encuentro entre dos o más personas, previamente acordado. Lo que es una cita de toda la vida.
Harry nunca lo había pensado. O sea... Astoria era la mujer de Malfoy. Que sí, que sabía que no estaban juntos en todos los aspectos de un matrimonio, pero... nunca se había planteado que tuviesen citas con otras personas.
Aunque tenía sentido, es decir... No iban a mantenerse castos y puros el resto de la vida, tampoco. Así que era lógico que buscasen otras personas y tuviesen citas con ellas.
Harry siguió a Malfoy por el pasillo hasta el comedor, todavía dándole vueltas a la misma idea. Astoria quedando con otro hombre, comiendo con él, pasando el día... Y Malfoy haciendo lo mismo. El pensamiento le hizo torcer el morro. Eso no le gustaba. Nada de nada.
- ¿Potter?
Harry levantó la cabeza y se dio cuenta de que Malfoy se había sentado a la mesa, mesa que ya estaba totalmente preparada para la comida. Y si tenía que fiarse de la posición de los platos y cubiertos, su sitio estaba justo al lado de Malfoy. Más que nada, porque el resto de la superficie estaba vacía.
- Ah, perdón. –Harry se dirigió a la mesa y se sentó, rogando porque Malfoy no le preguntase qué le pasaba. Pero a veces una mirada decía más que mil palabras y la que le estaba dirigiendo Malfoy en ese momento dejaba bastante claro que no iba a conformarse sin una explicación–. Eh... Sólo estaba pensando en Astoria y su cita. Es decir... ¿Tiene una cita con un hombre?
Bueno, Harry. No era la mejor forma de atajar la cuestión, pero cuatro sobre diez por el esfuerzo. Y Malfoy pareció pensar lo mismo, porque tenía pinta de estar divirtiéndose bastante con la situación. No le extrañaba.
- Sí, Potter. La última vez que le pregunté, Astoria prefería tener citas con hombres.
- No, pero... con interés... ¿romántico? –Harry intentó utilizar la palabra más suave que se le ocurrió, pero aun así, la expresión de Malfoy le dijo que igual no debía haber hecho esa pregunta.
Justo en ese momento apareció un elfo con un gran cuenco lleno de comida, interrumpiendo lo que fuera que fuese a decir Malfoy. Muy oportuno, ciertamente.
Pero la distracción no duró demasiado. El elfo les sirvió un plato de algún tipo de guiso con patatas y huyó antes de que Harry pudiese sentirse seguro de nuevo. Porque no, Malfoy no había olvidado la pregunta que acababa de hacerle.
- Potter, pensé que ya habíamos hablado... Que había dejado claro... –Podía ver que Malfoy estaba luchando por encontrar la mejor forma de decirlo, pero Harry no podía ayudarlo en eso. Más que nada, porque no tenía ni idea de lo que quería decir–. Creí que ya sabías que Astoria y yo... No...
Oh. Ahora ya sí que sabía qué quería decir.
Pero que siguiese hablando, se explicase y por una vez en la vida dejase de insinuar cosas y las dijese directamente.
- ¿No...?
La mirada que le dirigió Malfoy le dejó claro que el otro sabía muy bien lo que pretendía. Pero no le quedaba más remedio que continuar.
- No estamos juntos realmente. –Soltó el aire al decirlo y cualquiera hubiese pensado que se acababa de quitar un peso de encima. E igual era así–. Estamos casados, pero no hay vida conyugal más allá de la que pueda haber en el comedor o en el salón. No sé si me entiendes.
Harry lo entendía perfectamente, que tampoco era tan tonto como Malfoy creía a veces que era. Pero sí que sabía hacérselo bastante bien.
- Sí, sí. Pero... ¿entonces?
Y dejó la pregunta en el aire, sin explicar a qué se refería. Pero estaba claro. Se refería a cómo cubrían la parte de la vida conyugal que no cubrían en casa. Es decir, la que se lleva a cabo en los dormitorios.
Y Malfoy lo pilló al vuelo.
- Bueno... Astoria tiene sus líos de vez en cuando, citas y esas cosas. Es una mujer discreta y...
Harry lo interrumpió porque se estaba dando cuenta de lo incómodo que le resultaba a Malfoy hablar de ese asunto. Pero no lo hizo para cambiar de tema, no señor.
- Básicamente, te es infiel.
- Técnicamente, sí. Es decir, a ojos de los demás, pero nosotros no...
Y Harry volvió a interrumpirlo. Pero ya no por molestar. No. Sino porque la pregunta que iba a hacer le interesaba realmente.
- ¿Y tú?
- Yo... ¿Yo qué?
Ah, el nerviosismo de Malfoy hacía que éste perdiese gran parte de su elocuencia. Sí, hablaba mucho. Pero más que hablar, se podría definir lo que hacía como parlotear. Y si hubiese sido en otro momento, quizás Harry se hubiese apiadado del pobre Malfoy y hubiese decidido darle un respiro dejando ese tema a un lado. Pero no, no iba a hacerlo. Porque verdaderamente estaba interesado.
- ¿Tú lo haces? ¿Tienes tus líos, citas y esas cosas?
Harry vio a Malfoy tragar saliva y mirarlo con cara de incredulidad, como si no se estuviese creyendo que le estuviese haciendo esa pregunta. Pero eh, Harry necesitaba conocer la respuesta. Más que nada, porque estaba empezando –ajá, solamente empezando– a albergar más sentimientos de los necesarios por el otro hombre. Y necesitaba tener cierta seguridad.
- Yo... –Malfoy lo miró, de mirar. Como si estuviese tratando de atravesarle el alma con la mirada. Y Harry no estaba muy seguro de qué era lo que estaba intentando encontrar–. No, no lo hago.
- ¿Nunca? –No podía creérselo. Es decir, a Harry ni siquiera le gustaban los hombres en un principio, y había caído por Malfoy. Cualquier persona que se sintiese atraída por el género masculino, querría meterse en la cama de Malfoy. Bueno, casi cualquiera, alguna excepción habría. Algún pobre ciego. Y sordo. Y tonto, probablemente.
- Bueno, lo he hecho. Pero la pregunta era si lo hago ahora y la respuesta es no.
Harry quería quejarse. Quería reivindicar que oye, claro que tenía citas. Las tenía con él. Quería hacerlo, pero no estaba seguro de qué iba a salir de ahí –entre otras cosas, porque ni siquiera sabía si lo que tenían ellos se pudiese considerar citas–, así que prefería callarse.
Aunque a veces la boca es más rápida que el cerebro.
- Eh, las tienes conmigo.
Oh, la sonrisa que le dirigió Malfoy podría haber derretido el casquete polar entero. Ambos, el ártico y el antártico. Así que, para disimular, Harry cogió la cuchara y comenzó a comer de su plato, teniendo así una excusa para desviar la mirada. Pero aunque la mirada pudiese apartarla, no tenía forma humana de evitar oír, así que escuchó perfectamente cómo Malfoy le contestaba, aunque no estaba muy seguro de si estaba hablando con él o consigo mismo.
- Sí, las tengo contigo...
A partir de ese momento, en la comida reinó el silencio. Mientras acababan el primer plato, Harry no dejó de darle vueltas a la información que acababa de obtener. Astoria tenía citas con hombres. Malfoy no, y por la respuesta que le había dado, parecía que hacía años que no quedaba con nadie para... eso.
¿Por qué no lo hacía? Es decir, no era una cuestión totalmente necesaria –él mismo llevaba años sin tener una cita, en ese sentido de la palabra–, pero... tenía que tener alguna razón.
Razón que dudaba que Malfoy le confesase. De hecho, ya había tentado demasiado a la suerte haciéndole todas esas preguntas tan directamente.
Cuando el mismo elfo doméstico del primer plato trajo el segundo –salchichas con puré de patatas, una comida que definitivamente no esperaba ver en la mesa de la Mansión Malfoy, pero que estaba para chuparse los dedos. La mejor versión que había probado nunca, en realidad–, Harry todavía estaba preguntándose qué motivos podía tener Malfoy. Poniéndose en su lugar, no encontraba ninguna razón lo suficientemente fuerte. A menos que...
No.
¿Tendría algún problema?
Oh, Merlín. ¿Por qué Malfoy era tan complicado?
¿Y por qué a Harry no le podían gustar las cosas sencillas? Alguien fácil, con quien tener una vida cómoda, llena de flores, mariposas y arcoíris.
A-bu-rri-do. Eso era aburrido.
Harry necesitaba desafíos y eso era exactamente lo que era Malfoy.
Tendría que haberse dado cuenta mucho antes de que Malfoy era exactamente el tipo de persona que Harry necesitaba en su vida.
- Estás muy callado.
El sonido de la voz de Malfoy, totalmente inesperado, sacó a Harry de sus cavilaciones de golpe y porrazo. Carraspeó un par de veces, ganando tiempo a la vez que intentaba pensar una buena respuesta.
Cosa que no consiguió.
- Tampoco tú estás muy hablador.
Malfoy asintió, se encogió de hombros y sonrió. Una sonrisa que no podría derretir ni un cubito de hielo. Una sonrisa bastante triste, a decir verdad.
- Sí, bueno... Estaba pensando.
¿En qué? –Malfoy no parecía muy dispuesto a continuar y la verdad es que a Harry le estaba interesando el tema, así que le dio un pequeño empujoncito a ver si así conseguía enterarse de algo más.
- En mi gran conjunto de falta de citas. En mi cama vacía y... –Estaba taladrando a Harry con la mirada. De hecho, por la intensidad con la que lo miraba, estaba seguro de que tenía que estar viendo a través de él, y probablemente también a través de la pared que quedaba a su espalda–. En otras cosas.
- A veces es mejor eso que tener una cama llena y una vida miserable. –Harry sentía que tenía que consolarlo de alguna manera, pero sus experiencias personales no daban para mucho en ese ámbito. Lo que sí tenía claro es que él prefería la cama vacía a la llena en las condiciones en las que él la había tenido–. Al menos, estando vacía, puedes fantasear con encontrar a alguien para ocupar el hueco.
- ¿Y si no lo encuentras? O peor, ¿y si lo encuentras pero es algo imposible? –Malfoy negó varias veces, con la misma sonrisa triste de hacía unos momentos–. Ah, Potter. Al menos la cama llena te da el consuelo del calor humano.
- No, no te lo da. Es un consuelo vacío del que te arrepientes al cabo de más bien poco tiempo y hace que acabes despreciándote a ti mismo. –Y Harry ya no sabía si estaba hablando de su relación con Ginny, o de la sensación que tenía cada vez que pensaba en salir y buscar ese calor humano del que hablaba Malfoy, olvidarse del hombre que estaba ante él y... No. No.
Malfoy abrió mucho los ojos, sorprendido por la respuesta de Harry. Y a éste no le extrañaba nada. Acababa de revelar mucho más de lo que tenía pensado hacer. Pero ya que estaba, de perdidos al río.
- ¿Por qué soy más tonto de lo que pensabas, Malfoy?
No sabía si Malfoy sabría a qué se refería, pero se lo explicaría si era necesario. Quería saber qué era lo que se estaba perdiendo, por qué Malfoy lo había llamado despistado en la última carta que le había mandado. O más bien, la que le había llevado su búho. No estaba muy seguro de que fuese el mejor momento para preguntárselo, pero por qué no. Si no se lo preguntaba ahora, no se atrevería a hacerlo en otro momento. No iba a conseguir otra conversación más sincera que la que estaba teniendo ahora con Malfoy. Más le valía aprovecharla.
Y ah, Malfoy no era estúpido.
- Maldito pajarraco. Nunca debí aceptar que fuese Astoria quien lo entrenase.
Harry se habría reído por la indignación de Malfoy, pero no era el momento. Tenía otras cosas en la cabeza.
- ¿Por qué? ¿Qué es lo que no estoy viendo?
- Muchas cosas. De ahí las gafas. –La cara de Malfoy daba a entender que ni siquiera él le encontraba la gracia a lo que acababa de decir y Harry sólo pudo pensar que tenía que estar intentando ganar tiempo muy desesperadamente para haber hecho ese comentario. Bueno, él no tenía prisa, podía seguir mirando a Malfoy indefinidamente con una ceja alzada, a la espera de que contestase. Pero Malfoy no parecía tener mucha intención de hacerlo. Al menos, no de responder a lo que Harry le había preguntado–. Mira, Potter. Ése es un tema lo bastante amplio como para permitirnos hablar de él en un congreso de una semana de duración, sin aburrirnos. No querrás que empecemos con él ahora, justo cuando viene el postre.
Pronunció la palabra "postre" un poco más alto de lo habitual –prácticamente gritando– y apenas unos instantes después, apareció por la puerta que comunicaba con las cocinas el pobre elfo doméstico llevando un par de platos con un pedazo de tarta de manzana en cada uno. El elfo retiró los platos sucios con ayuda de su magia, colocó los de los postres sobre la mesa, un plato delante de cada uno, e hizo aparecer un par de cucharas que repartió de la misma manera, desapareciendo de nuevo por la misma puerta por la que había entrado en cuestión de segundos una vez que su trabajo estuvo hecho.
- Sabes que, aunque lo deje correr ahora, algún día tendrás que contestarme, ¿verdad?
- Y sabes que no puedes obligarme a hacerlo, ¿no?
- De momento. Tengo paciencia. Y soy un Gryffindor.
- Sí, más terco que una mula, lo sé. Cómete la tarta o me la comeré yo.
Malfoy le señaló la tarta con su propia cuchara, dedicándole una mirada de advertencia. Y si Harry tenía miedo de algún tipo de amenaza, ésta entraba entre ellas. Cogiendo la cuchara, se zampó su trozo en prácticamente dos bocados. Aunque ya no le quedaba nada de hambre, nunca despreciaría un postre.
Malfoy no tardó en acabarse su porción y, tras unos minutos de un silencio no demasiado cómodo –porque Harry seguía dándole vueltas a la razón para llamarlo tonto y estaba seguro de que Malfoy estaba esperando que en cualquier momento continuase preguntándole cosas–, Harry se levantó de la mesa.
- Bueno... Muchas gracias por la comida, ha sido muy agradable... Pero debería irme yendo ya.
Malfoy asintió, se quitó la servilleta del regazo, la dejó sobre la mesa y se levantó, sonriendo visiblemente más relajado. Probablemente, pensó Harry, porque estaba bastante claro que no iba a seguir con su interrogatorio.
- Te acompaño hasta la puerta, entonces.
Harry guio la marcha hasta el vestíbulo, donde, bajo la atenta mirada de Malfoy, volvió a hacerse con todas sus pertenencias. Se puso el abrigo, se colocó la bufanda al cuello y recogió la escoba. Con ésta atrapada entre un brazo y el cuerpo para que no se cayese, se dedicó a hacer un nudo en la bufanda para evitar que se le volase al salir de la casa. Malfoy lo observó sin decir palabra mientras se la ataba, frunciendo el ceño. En un par de pasos, se situó justo delante de Harry, a medio metro de distancia. Sin saber muy bien a qué venía la cercanía, Harry se echó un poco hacia atrás, más nervioso de lo que le hubiese gustado admitir. E iba a alejarse más, pero no pudo hacerlo porque Malfoy acababa de agarrar los extremos de su bufanda y estaba tirando de ella hacia sí mismo.
¿Qué mandrágoras estaba haciendo? ¿Por qué lo estaba acercando...? ¿Qué quería de él?
Por la mente de Harry pasaron muchas opciones. Muchas. No todas correctas políticamente y, desde luego, muchas de ellas muy poco recomendadas para menores de edad. Hasta que se dio cuenta de que Malfoy estaba ignorándolo totalmente –o todo lo totalmente que se puede ignorar a una persona que tienes delante mientras tiras de su bufanda hacia ti mismo– y tenía la vista clavada en la prenda.
- Ya me parecía a mí... Ésta no es la bufanda de Hogwarts, ¿me equivoco?
Y justo en ese momento, alzó la mirada hasta los ojos de Harry. Y, sorpresa sorpresa, se dio cuenta de que tenía su cara a veinte centímetros de distancia y que el otro hombre lo estaba mirando con los ojos como platos, los labios entreabiertos y las mejillas más rosas de lo habitual.
La rapidez con la que soltó su bufanda al percatarse de la situación –y de lo que sin duda parecía para cualquiera que mirase desde fuera, aunque no hubiese nadie–, hizo pensar a Harry que le había dado un telele o algo parecido.
- Sí... Quiero decir, no. No te equivocas. –El cerebro de Harry tardó un poco más de la cuenta en reconectarse después de haberse quedado congelado por la cercanía de Malfoy, pero consiguió al final volver a la normalidad antes de parecer más alelado de lo necesario–. No tengo ni idea de dónde estará mi bufanda de Hogwarts de verdad, pero...
- Pero tuviste envidia de la mía, ¿no es así? –Malfoy estiró el brazo y cogió su bufanda de donde la había dejado al entrar –bufanda inequívocamente de Hogwarts, con sus colores y su escudo demostrando su autenticidad–, colocándosela alrededor del cuello con un gesto de importancia–. Puedo entenderlo, Potter.
- Idiota. –Harry dejó escapar una carcajada y le dio un golpe en un hombro, con más cariño que fuerza, consiguiendo que Malfoy dejase de pavonearse con su bufanda y se riese también–. Nos vemos... ¿otro rato?
Harry no quería parecer desesperado, pero tampoco quería pasarse un mes sin ver a Malfoy de nuevo. Había tenido que censurarse a sí mismo para evitar decir algo que sonase muy necesitado y creía que había salido medianamente bien. Siempre podría haber sido peor –un "llámame" y un guiño de ojo era bastante difícil de superar en ese aspecto–.
- Claro. Otro rato. Nos vemos, Potter.
Y Harry se quedó conforme con eso. Asintió, abrió la puerta y, cuando ya estaba más fuera que dentro, se giró hacia Malfoy, quien todavía estaba mirándolo.
- Quiero que sepas que no me he olvidado de que te he ganado. Y después de la cantidad de veces que nos hemos amenazado con hacer al otro arrodillarse, no voy a poder pasarlo por alto. Además, tengo curiosidad. De ésta no te libras, Malfoy.
Y entonces sí que le guiñó un ojo, sin pensar en las connotaciones negativas –o sexuales– que se podían extraer de lo que acababa de decir. Pero bueno, Harry no pensaba mucho antes de hablar, eso era un hecho y parte de su carácter. Con una risa al escuchar el quejido de Malfoy –señal de que éste tampoco se había olvidado de la amenaza, pero había esperado que Harry sí que lo hubiese hecho–, Harry salió del todo de la casa y cerró la puerta tras de sí.
- Nos vemos, Malfoy.
Fue un susurro sin intención de que el otro lo oyese. Simplemente una confirmación para sí mismo de que iba a volver a ver a Malfoy. Y al diablo con todo, pero eso hacía que tuviese un humor inmejorable.
Y una sonrisa de tonto en la cara que sabía que no se le iba a borrar, al menos en las próximas horas.
N/A: Hola, sí, un mes más tarde. En mi defensa tengo que decir que no tengo tiempo para nada, que estoy agotada y que creo que me va a dar un chungo antes de que acabe el año y vais a tener que vengar mi muerte. En ese caso, quiero que sepáis que mi beta sabe aproximadamente el camino que va a seguir el fic, así que podéis hacer que os lo cuente o algo, para que veáis que me preocupo y todo... Ok, no, que espero no morirme antes de terminar, aunque no me vendrían mal un par de horitas de sueño al día, para qué negarlo...
Bueno, ahora que ya me he quejado bastante de mi vida... Al lío. Sé que muchos estáis deseando que Harry y Draco se dejen de tonterías, pero me parecía que había que aclarar algunas cosas antes, como el tema Astoria.
Y lo de siempre, muchas gracias a todos los que leéis, comentáis, dais a fav o a follow, gracias por vuestro tiempo. Y gracias a mi beta, que la pobre debe de pensar que me he muerto de verdad, que lleva sin oír de mí prácticamente desde que subí el capítulo anterior. ¡Beta, te quiero!
Y ah, sí, han comido bangers and mash, por si alguien se lo estaba preguntando.
Ahora, las contestaciones:
Mani: Harry es muy denso, no te lo voy a negar... El pobre, yo creo que tiene las gafas mal graduadas, no sé ya jajaja. Lo siento por la tardanza, pero bueno, aquí tienes el capítulo nuevo, a ver si también lo pescas pronto :).
Guest: Va todo muy lento, lo sé, pero bueno, el pobre Harry tiene que asumir muchas cosas así de golpe. A lo mejor le entra la prisa pronto, quién sabe :).
Lalala: Harry está un poquito tocado de la cabeza, eso lo sabemos todos jajaja. Y ahí van, afianzando poco a poco. Scorp y Al... pues bueno, son buenos amigos, ya sabes jajaja.
Y eso es todo. Me encantaría decir que me voy a dormir, a seguir escribiendo o a no hacer nada, pero nope. Tengo trabajo por hacer, que he robado un ratito de tiempo para poder aparecerme por aquí, así que me volveré a ello ):.
Dejad que os cuiden de vez en cuando, que no está mal dejarse mimar.
MayaT
