27. 13 años. 6 de junio, madrugada.
Harry se despertó alarmado de golpe. ¿Qué hora era? Estiró la mano hacia la mesita, cogiendo la varita y conjurando la hora. Las dos de la mañana. ¿Qué lo había despertado?
Un escalofrío le recorrió la espalda y notó perfectamente en su magia qué lo había sacado de sus sueños con serpientes y leones. Eran las defensas de la casa. Alguien había entrado en su propiedad.
Despierto ya del todo y olvidado el sueño, con todos sus sentidos de auror activados, saltó de la cama y, con el mínimo ruido, bajó las escaleras hasta llegar a la entrada de la casa. ¿Quién podía ser? Eran las dos de la mañana. Pero, por otra parte, la magia de la casa había dejado entrar a quienquiera que fuese, así que era alguien en quien confiaba. Teóricamente, dado que hay muchas maneras de romper las defensas de una casa. Así que no, no iba a confiarse.
Con la varita por delante, Harry se acercó paso a paso a la puerta de entrada de la casa. Podía sentirlo, había alguien al otro lado de la puerta. Pero lo que más lo desconcertaba, lo que más lo tensaba era que no, no lo percibía como peligroso.
Con un discreto hechizo para leer el aura mágica, Harry lo confirmó. Era una persona conocida que no venía a hacer daño. Pero, ¿qué hacía a las dos de la mañana a la puerta de su casa, parado como un pasmarote? Nada tenía sentido.
Ding-dong. Y a Harry casi le da un infarto al escuchar el sonido del timbre. Vale, nadie que llamase al timbre a las dos de la mañana podría venir a hacer daño. Igual estaba como una regadera, sí, probablemente, pero no venía a hacer daño, eso seguro.
Así que, todavía con la varita bien a mano, que nunca se sabe, abrió la puerta.
- Joder, Potter.
Draco Malfoy. Era Draco Malfoy. Parado, a las dos de la madrugada, delante de su puerta. Diciendo palabrotas, cosa que Harry nunca había escuchado de su boca. Y mirándolo como si lo estuviese viendo por primera vez. ¿Estaba todavía soñando?
- ¿Recibes así a todas tus visitas?
La voz de Draco estaba un poco más ronca de lo habitual, y Harry no sabía muy bien decir si era por el fresco de la noche, si era por las horas que eran o si había alguna otra razón. Y ahora que pensaba en el fresco de la noche, hacía así como un airecito que… Espera.
Ese fue justo el momento en el que Harry se percató de que se había quedado dormido en ropa interior, sin pijama. Y, efectivamente, cuando bajó la mirada hacia su propio cuerpo, pudo comprobar que sí, estaba en calzoncillos delante de Draco.
Probablemente eso habría sido una pesadilla en su infancia.
Ahora… bueno, ahora no tanto. Pero eso no quería decir que se fuese a quedar así. Con un Accio, Harry atrajo una bata de su dormitorio, poniéndosela al instante. No quería mantener una conversación civilizada con Draco prácticamente desnudo. Y bueno, siempre se la podía quitar igual de rápido que se la había puesto, si fuera necesario.
- Depende, solamente cuando son visitas de cortesía a las tantas de la madrugada.
- ¿Y tienes muchas de esas visitas?
- No lo sé, ¿tú haces muchas?
Ahí, Draco tuvo la decencia de parecer al menos mínimamente abochornado. Es decir, vale, Harry no iba a enfadarse pero las dos de la mañana era una hora un poco extraña para hacer una visita, más que nada porque las personas normales suelen estar durmiendo. También era cierto que Harry, tras su vuelta de Egipto, tenía unos días libres y al día siguiente no tenía que trabajar. Pero Draco sí. Pero bueno, había sido él quien se había presentado en mitad de la noche en su casa, después de haberse visto hacía escasas horas. Que apechugase con sus consecuencias.
- Pasa, anda. ¿Quieres algo, un té, algo caliente?
- No, gracias.
Harry se apartó de la puerta para dejar pasar a Draco, quien se quedó parado en mitad del vestíbulo como si nunca antes hubiese estado en su casa. Tras cerrar la puerta, Harry se quedó mirándolo. Draco lo miró a él. Y se hizo un silencio bastante incómodo. Hasta que Harry no pudo aguantar más, ya había tenido su cuota de situaciones tensas por un tiempo, muchas gracias.
- ¿Necesitas...?
- ¿Sabes que...?
Al parecer, Draco tampoco aguantaba más el silencio, porque justo cuando Harry comenzó a hablar, habló el también. Se cayó al instante, indicándole con un gesto a Harry que continuase hablando, ante lo cual, éste cogió aire, preguntándose qué narices estaba pasando allí, porque él no entendía ni torta.
- ¿Necesitas alguna cosa? ¿Qué te ha traído hasta aquí?
Draco tardó varios segundos en responder, como si se estuviese pensando la respuesta. Finalmente, con un suspiro derrotado, miró a Harry a los ojos, tan intensamente que Harry se encogió un poquito. No, en serio, qué le pasaba a Draco.
- Ni siquiera te di las gracias por el regalo. Me gustó mucho.
No. No podía ser. Draco era educado, y sí, era cierto que con toda la situación de su madre y Harry intentando pactar una tregua, no le había dicho nada acerca del regalo. Pero si era eso lo que quería, podría haberle mandado una lechuza. Un mensaje. Habérselo dicho al día siguiente. Que no era una urgencia.
Ahí había algo más.
- Me alegro.
Harry lo miró, con una mirada que esperaba que estuviese diciendo "¿y qué más?", porque no, no se creía que eso fuese todo. Draco, como respuesta, tragó saliva tan duro que Harry pudo escuchar el sonido. Uf, definitivamente, ahí había algo más.
- ¿Y…?
- Y… quería… agradecerte por haberte pasado a felicitarme.
- ¿Y…?
- Y… Merlín, Potter. –Draco suspiró sonoramente, dejando escapar todo el aire por la nariz, como si estuviera totalmente exasperado–. ¿Te haces una idea del suplicio que me has hecho pasar?
¿Cómo? Espera, ¿qué? Se había perdido en algún punto entre la parte del agradecimiento y la del sufrimiento, eso seguro.
- ¿Perdón?
- Desapareces durante un mes. Un mes, Potter, después de haberme… besado a la puerta de mi casa, vas y desapareces. Y reapareces el día de mi cumpleaños, vestido… así. Todo encanto. Y me llamas Draco de esa manera y… ¿qué quieres que haga? Delante de mi madre, Potter. –Draco lo dejó escapar todo de golpe, suspirando sonoramente nuevamente al final, pasándose una mano por la cara, presionándose durante un par de segundos los ojos con un par de dedos. – ¿Qué quieres que haga si lo único que quería era mandar a Astoria y a mi madre a paseo y no sé, quitarte esa maldita camisa…?
Draco se calló de golpe, como si se acabase de darse cuenta de que había hablado demasiado.
Y Harry permaneció callado, con la boca abierta, porque espera, ¿qué? ¿Que acababa de ocurrir? Es decir, sabía qué acababa de ocurrir, pero… ¿era una alucinación? Igual todavía estaba soñando. Sí, seguro que era eso. Estaba dormido y en realidad todo esto era un sueño absurdo propiciado por su subconsciente y por las ganas que tenía de ver, escuchar, tocar a Draco.
Así que, oye, ¿por qué no? Hizo exactamente lo que habría hecho en un sueño. Ni corto ni perezoso, caminó los escasos dos pasos que lo separaban de Draco, llevó las manos a sus mejillas y lo besó.
No fue un beso cariñoso o tierno. Fue más bien un beso duro, necesitado. Y Draco no opuso mucha resistencia, todo lo contrario. Y Harry no supo ni cuándo ni cómo, pero de repente se encontró aplastado contra la pared, con el cuerpo de Draco aprisionándolo contra ella. Que no es que tuviera mucha queja, no mientras Draco siguiera besándolo de esa manera que hacía que se le pusieran los pelos de la nuca de punta.
Y no supo durante cuánto tiempo estuvieron besándose, solamente que al separarse, estaban los dos respirando agitadamente, como si acabasen de llegar corriendo desde Hogwarts.
Mientras recuperaban la respiración, se instaló entre ambos un silencio incómodo. Es decir, Harry tenía muy claro lo que quería. Draco lo había despertado a media noche, sí, pero no, ya no tenía nada de sueño, muchas gracias. Y estaba bastante seguro de que Draco también lo sabía, teniendo en cuenta la poca cantidad de ropa –y de espacio– que los separaba. Pero, ¿cómo decírselo? "Draco, quédate". "Vente conmigo a la cama, Draco". Puft, Merlín, no.
Pero no tuvo que decidir cómo pedirle a Draco que se quedase a pasar la noche, porque fue éste el que finalmente rompió el silencio.
- Creo… –tuvo que aclararse la garganta un par de veces hasta que su voz volvió a tener un tono normal y Harry tuvo que aguantar la respiración durante un par de segundos porque, sinceramente, empezaba a tener muchos problemas en la zona sur–. Creo que será mejor que vuelva a casa ya, se está empezando a hacer tarde.
¿Qué? Espera, ¿qué de qué? O sea… no. De ninguna de las maneras.
- ¿Perdona?
- Sí, bueno… es tarde, mañana hay que madrugar…
Draco dio un paso atrás, alejándose de Harry. No demasiado, pero sí lo suficiente como para que éste se diera cuenta de que, oh sí, Draco también tenía problemas en la zona sur. Y no, no iba a dejar que Draco saliese huyendo, no ahora. Fuesen las dos de la madrugada o no, le daba igual. Draco no iba a escaparse.
- Draco, ya era tarde cuando llamaste a mi puerta.
- Ya, no, pero…
Ah, que se estaba poniendo nervioso. Bueno, eso era entendible, porque Harry estaba como un flan, para qué negarlo. Pero eh, de todas las cosas que tenía Harry ahora mismo en la cabeza, los nervios eran la mínima parte. Tenía otras cosas mucho más importantes en las que pensar como, por ejemplo, ¿qué pasaría su cogía a Draco como a un saco de patatas y lo subía a su habitación, lo dejaba caer en la cama y…?
Brrr. Un escalofrío le recorrió la espalda de arriba abajo. No era buen momento para pensar en esas cosas, a menos que fuese a actuar en consecuencia. Y para eso necesitaba que Draco no se fuera.
Por lo que no, Draco no iba a salir por esa puerta, al menos por el momento. No mientras Harry pudiera impedirlo, y, bueno, tenía algunas ideas de cómo conseguirlo. Pero, siendo sinceros, sabía que las palabras nunca habían sido su fuerte. Era más bien de grandes actos.
Así que de un paso se acercó nuevamente al cuerpo de Draco, pegándose por completo a él. Y, justo cuando Draco iba a abrir la boca –seguro que para quejarse–, pegó los labios a los suyos y lo besó. Lo besó con todas las ganas que tenía, demostrándole que no, no quería que se fuera a casa. Ni en ese momento ni nunca. Enredó una de las manos entre su pelo, acariciándolo con las yemas de los dedos. Merlín, no podía evitarlo, le encantaba la suavidad de ese pelo. Pero, sin duda, lo que más le gustaba era que el pelo de Draco era precisamente uno de sus puntos débiles, porque Harry sabía que podía conseguir cualquier cosa de Draco acariciándoselo. Y pensaba aprovecharlo en su propio beneficio, hombre. Y si no, no haberlo despertado a las tantas de la mañana de esa manera.
Porque sí, Harry estaba muy despierto.
Así que con una mano enredada en el pelo de Draco y otra sobre su espalda, manteniéndolo pegado a sí mismo, fue empujándolo con suavidad hacia las escaleras poco a poco. Mantener la concentración para poder besarlo y caminar a la vez le estaba resultando difícil, sobre todo teniendo en cuenta que tres cuartas partes de su cerebro estaban ocupadas imaginándose lo que podrían hacer cuando llegasen a la cama. Al menos, Draco no estaba oponiendo ningún tipo de resistencia, lo cual era un alivio, porque si no, probablemente acabaría de verdad cogiéndolo a cuestas.
Pero, cuando por fin llegaron a las escaleras, Draco se separó y suspiró sonoramente, como si estuviera sufriendo inmensamente.
- Potter, no... –Draco se deshizo del abrazo de Harry dando un paso atrás y se recolocó el pelo con un movimiento descuidado–. No sé si...
- Mira, Draco. Has venido a mi casa a las dos de la madrugada. Has llamado a mi puerta. Prácticamente me has dicho que un poco más y me desnudas delante de tu familia. Y ahora no entiendo por qué estás intentando huir, porque lo último que quiero yo es que te vayas. –Harry suspiró, encogiéndose de hombros ligeramente, con un asomo de sonrisa en las comisuras de los labios–. Porque de verdad que yo no veo el problema, las opciones que te iba a proponer son subir hasta mi cama o quedarnos abajo… en el sofá.
Harry tuvo que aguantar una risa al escuchar cómo Draco tragaba saliva. Porque, la verdad, estaba empezando a ver un poquito por dónde iban los tiros. Es decir, Draco había ido a su casa a las tantas de la mañana, estaba claro que no había ido a hablar y a volverse a su cama a dormir el resto de la noche. Pero igual, ahora que lo veía tan cerca, estaba empezando a dudar un poco más. Es decir, Harry estaba nervioso, y el único motivo por el que no le temblaban las rodillas ahora mismo es porque tenía demasiadas ganas de Draco, así que podía entenderlo.
Pero no iba a dejar que Draco se echase para atrás. No ahora.
- ¿Draco?
Draco miró a Harry. Lo miró fijamente a los ojos durante lo que Harry pensó que habían sido horas, aunque probablemente ni siquiera llegó al minuto. Se mordió el labio inferior, todavía sin apartar la mirada, y finalmente se pasó la punta de la lengua por el mismo sitio. Y Harry estaba pensando en lo que podía hacer con esa lengua y por Circe, o Draco respondía ya o Harry se iba a abalanzar sobre él directamente.
- Estás... ¿seguro?
Harry asintió como toda respuesta, porque vamos a ver, no, no estaba como para dar un discurso. Tenía otras cosas en mente.
Cogió a Draco de la mano, quien esta vez no se resistió de ninguna manera, y sin ni siquiera pararse a pensar en lo que estaba haciendo, subió las escaleras tirando de él hasta, por fin, llegar a su habitación.
Atravesar la puerta de su habitación fue como el punto de no retorno. Y fue el punto exacto en el que Draco, a pesar de toda su reticencia del principio, pasó de cero a cien. Y si a Harry le quedaba alguna duda sobre qué era lo que quería que ocurriera a partir de ese momento, desapareció sin dejar rastro. Eso, y el resto de cosas que pudiera tener dentro de la cabeza, dado que Draco decidió que ese era un buen momento para comenzar a besarlo como si le fuera la vida en ello.
Harry lo único que pudo hacer fue responder ese beso y dejarse llevar. Lo cual era un alivio, porque sí, por mucho que lo estuviese deseando tanto como Draco, seguía sin tener ninguna experiencia en este campo. Pero eh, ya valía de pensar. Tenía cosas mucho más importantes entre manos.
Cuando Harry se quiso dar cuenta, su bata estaba en el suelo. Las manos de Draco estaban en todas partes, y con cada movimiento, Harry podía notar la urgencia de Draco, la necesidad. Y eso lo único que hacía era incrementar a su vez la de Harry.
Poco a poco se fueron acercando a la cama, perdiendo ropa por el camino. El jersey de Draco fue lo siguiente en salir volando, seguido muy de cerca por sus pantalones. La camisa de Draco fue lo que más aguantó, pero antes de que ambos cayeran en la cama, ya estaba en el suelo junto al resto de las prendas.
Las manos de Draco –benditas manos– se colaron dentro de la ropa interior de Harry y un escalofrío le recorrió toda la espalda solamente por la anticipación. Por Merlín, había demasiada ropa entre los dos. De un movimiento, Harry consiguió quedar sobre Draco, dejando a este tumbado sobre la cama. Aprovechando la situación, paseó las manos por su pecho, escuchando cómo la respiración de Draco se aceleraba por momentos. La piel de Draco estaba suave al tacto, caliente. Acarició cada centímetro hasta su ombligo, intentando mantener alejados de su mente recuerdos del colegio. Había bastantes cosas de las que se arrepentía en esta vida y demasiadas tenían que ver con Draco y la época del colegio. Y desde luego, no era momento para recordarlas. Centrándose en Draco de nuevo, guiándose por su respiración para saber si iba por buen camino, continuó bajando las manos hasta el borde de su ropa interior. Podía notar perfectamente el bulto por dentro de la prenda y sabía que debía estar nervioso, pero no tenía ya cuerpo para más emociones. Solamente quería… Quería tocarlo, quería acariciarlo. Quería todo y lo quería ya.
Así que eso fue justo lo que hizo. Sin cortarse un pelo, tiró de la prenda hasta que consiguió quitársela del todo, llevándose con ella los calcetines. Y dejó a Draco completamente desnudo. Y, a juzgar por las apariencias, muy dispuesto.
Pero, al parecer, no era del tipo de quedarse tumbado y dejarse hacer, y ya había estado quietecito demasiado tiempo. Cuando quiso darse cuenta, Draco había vuelto las tornas y ahora era él el que estaba tumbado, con Draco encima. Y sus manos –iba a ponerle un altar a esas manos– estaban de nuevo dentro de sus calzoncillos. Y a Harry le iba a dar algo, estaba tan excitado que podría correrse solamente rozándose contra la tela de la ropa interior, mejor ni hablar de si unas manos de piel suave lo acariciaban. Tenía que relajarse o todo esto acabaría demasiado pronto.
Pero quizás era eso precisamente lo que ambos necesitaban. No estaban para tomarse su tiempo. Ya se habían tomado todo el tiempo del mundo los últimos años, danzando el uno alrededor del otro, sin dar ninguno de los dos el paso.
Habían sido ¿qué, diez años? Diez años de preliminares dan más que de sobra. Y eh, si las cosas iban por donde Harry esperaba que fueran, iban a tener tiempo para compensarlo.
Los calzoncillos de Harry se fueron al suelo con el resto de la ropa y, junto con ellos, sus pensamientos.
A partir de ese momento, las cosas fueron mucho más rápidas. Harry llevó una de sus manos al pelo de Draco, atrayéndolo hacia sí mismo, pegando los labios a los suyos. Besar a Draco se podría convertir rápidamente en una adicción. Lamer sus labios, mordisquearlos. Con la mano que le quedaba libre, imitó a la de Draco, rodeando entre los dedos su miembro, acariciándolo con suavidad por primera vez, haciéndose al tacto. Imitando el ritmo de la mano de Draco, siguió sus movimientos. Si él iba más rápido, Harry aumentaba el ritmo. Si apretaba algo más, Harry hacía lo mismo. Y Circe, se estaba acercando peligrosamente al final.
Quiso separarse de Draco, quiso dejar de besarlo para avisarlo de que estaba cerca de acabar, pero antes de siquiera poder hacerlo, notó a Draco tensarse, soltar un gemido y por los santísimos calzones del mismísimo Merlín, Draco se estaba corriendo y eso era lo más erótico que Harry había experimentado en la vida. Draco estaba corriéndose gracias a Harry y Harry no aguantó ni diez segundos más antes de correrse en la mano de Draco.
Pffft. Mierda, eso había sido… intenso. No podía ni moverse. Pero eh, ¿quién necesitaba hacerlo? Esas cosas se hacían en la cama por una razón. Cuando Draco se dejó caer a su lado –y después de un maravilloso hechizo de limpieza, muchas gracias–, no hicieron falta ni palabras. Harry tiró de las mantas hasta conseguir abrir la cama y taparlos a los dos, le dio un sonoro beso en los labios a Draco que este respondió con una risa y no pasaron ni cinco minutos antes de que los dos estuvieran dormidos.
N/A: Bueno, sé que con retraso, pero os traigo en primicia un nuevo capítulo, recién salido del teclado. Espero que compense por la espera. Y sí, prometido, estoy en ello, voy a terminar esta historia.
Gracias a todos los que siguen por aquí leyéndome y gracias a los que dejan reviews. Aunque no os lo creáis, los leo todos y hacen que escriba más rápido.
Tened paciencia, la paciencia es la madre de todas las virtudes.
MayaT.
