29. 13 años. 7 de junio.
Eso no era lo que Harry había pensado, pero ni de lejos. Es decir, no creía que al llegar, después de pasarse tres largas semanas fuera, fuese a tener una vuelta tranquila. Pero tampoco se imaginaba que fuera a tener alrededor de siete montones de papeles por revisar encima de su escritorio. Que sí, que era el jefe. Y sí, tres semanas era mucho tiempo. Pero alguien le podría haber echado una mano, ¿no? Con un montoncito, si tampoco pedía tanto.
Harry suspiró mientras hacía a un lado el quinto de los montones, ya revisado. Era algo que se tenía que haber esperado, tener todo el trabajo acumulado al volver, pero lo cierto era que la vuelta de El Cairo tampoco había sido tranquila. Y bueno, Harry había estado… despistado, por decirlo de alguna manera. En lo que menos había pensado había sido precisamente en el trabajo. De hecho, había hecho varios planes que involucraban seguir despistado. Y todos ellos tenían que ver con el mismo tema, con la misma persona.
Pero pft. Esos planes no iban a cumplirse, al menos por el momento. Tenía muchas cosas que hacer, mucho trabajo por delante y pretendía dejarlo todo hecho antes de irse a su casa y dar por terminado el día. Lo cual quería decir que más le valía ir almorzando algo, puesto que eran casi las dos del mediodía y le quedaban todavía dos montoncitos por revisar. Y, para más inri, los dos que le quedaban eran los montones más altos de todos. Que bien podría haber empezado por ellos, pero no señor, había preferido empezar por los pequeñitos, para ir entrando en calor y metiéndose en faena. Y ahora ahí estaban. Esperando.
Arg. Había tantos sitios en los que Harry preferiría estar en lugar de trabajando en su oficina.
Suspirando nuevamente, Harry se levantó de su silla, estirando los brazos y doblando las piernas varias veces para desentumecerse. No valía de nada quejarse y cuanto antes terminara, antes podría irse a su casa. O a la casa de…
Shh. Mejor no distraerse todavía, que le quedaban varias horas por delante. Primero comer. Luego trabajar. Por último… ya se lo plantearía cuando llegara el momento.
Así que lo primero es lo primero, comer. Y para comer necesitaba conseguir comida.
Apenas diez minutos más tarde –y porque se había entretenido más de lo estrictamente necesario, que no le venía nada mal tomar un poco el aire–, Harry ya estaba volviendo a su oficina con un sándwich y un café caliente en la mano, listo para comer. Y con bastante hambre, a decir verdad.
Lo último que esperaba encontrar al abrir la puerta de su despacho era a Draco Malfoy sentado en una de las sillas frente a su mesa. Pero eso fue exactamente lo que se encontró.
- Ah, bien. No sabía si te habías ido ya del todo. Menos mal que te he esperado.
- ¿Qué haces aquí? –Bueno, Harry no había sido especialmente elegante, pero eh, no era su culpa, era culpa de Draco, por aparecerse en su despacho sin avisar. Sobre todo teniendo en cuenta que Harry llevaba media mañana intentando no pensar precisamente en él para no desconcentrarse.
- Venía a verte.
- Tengo mucho trabajo. –No es que Harry quisiera echar a Draco –porque más bien lo que quería era irse con él, donde fuera–, pero lo cierto es que todavía estaba un poco en shock de encontrárselo así de repente. Y bueno, también porque no sabía si iba a conseguir hacer algo de provecho si Draco estaba cerca, sinceramente.
- Me lo imaginaba, por eso te traía esto. –Y ahí fue justamente cuando Harry se dio cuenta de que detrás de Draco, sobre la mesa, justo al lado de sus dos montones restantes de papeles por revisar, había una bolsa. Una bolsa que olía extremadamente bien. Como comida. Como comida deliciosa–. Me imaginé que tendrías cosas pendientes y querrías acabarlo todo. Que seguramente se te olvidaría hasta comer.
Harry no sabía muy bien qué decir, la verdad, así que se quedó callado. ¿Draco había venido sólo por traerle comida…? Y justo Harry acababa de llegar de comprarla.
Como si le estuviera leyendo el pensamiento, justamente la mirada de Draco se fijó en la bolsa que llevaba Harry de la mano, con la comida que acababa de comprar. A Harry le dieron unas ganas terribles de esconderla detrás de la espalda sólo por no ver la cara de decepción que acababa de poner Draco.
- Ah… ¿ya tenías comida…?
Draco estiró la mano hacia la bolsa de encima del escritorio y arg, Harry estaba a punto de entrar en pánico. No quería que Draco se fuera y tenía que pensar rápido.
- ¡No! Digo… ¡sí! –No. Definitivamente lo de pensar rápido no era su fuerte–. Seguro que tu comida está mejor… ¿o quieres comer conmigo…? Igual te apetece un té.
Draco de verdad que se había convertido en un hombre piadoso, puesto que no hizo ningún comentario sobre el ridículo que estaba haciendo Harry.
- En realidad ya he comido, pero… no te voy a decir que no a un té.
Harry simplemente asintió mientras por dentro estaba dando saltos de alegría por haber conseguido que Draco se quedara y dejó la bolsa con su sándwich y su café encima de la mesa, al lado de la bolsa que había traído Draco. Lo cierto es que ganas no le faltaban de dar saltos de verdad, pero ya había hecho suficiente el ridículo, muchas gracias. Aunque eh, pensándolo bien… Draco tenía que estar acostumbrado ya a estas alturas, ¿no? Harry llevaba mucho tiempo haciendo el tonto a su alrededor. Pero bueno, que podía intentar no quedar como un estúpido delante de él de vez en cuando para variar, también era verdad.
Así que Harry puso agua a hervir en el hervidor que tenía en la mesita de la esquina y se dedicó a prepararle el té a Draco, dejándolo frente a él en la mesa una vez que tuvo todo preparado, lo que éste aceptó con un "gracias".
Sin más palabra, Harry rodeó la mesa hasta sentarse en su silla y cogió la bolsa de comida de Draco. No se había dado cuenta hasta ese momento de que estaba famélico y uf, esa bolsa olía tan bien, que no tenía ni la más mínima duda de que lo que contuviera iba a estar mejor que el sándwich de pollo al curry que había comprado él. Y efectivamente, lo que contenía la bolsa era un sándwich de bacon, lechuga y tomate, pero no un sándwich cualquiera. Sólo con el primer mordisco, Harry ya sabía que era el más delicioso que había probado. Delicioso no le hacía justicia, eso era pura ambrosía.
Estaba inmerso en saborear cuando se dio cuenta de que Draco lo estaba mirando fijamente con la taza de té a medio camino entre el plato y sus labios. Fija e intensamente.
Oh, hablando de quedar como un idiota. Seguro que ya lo había vuelto a hacer. Seguro que había soltado algún ruidito de gusto o algo así.
- Me alegro de que te guste, Potter.
La voz de Draco estaba un pelín más ronca de lo habitual y uf, a Harry le daban ganas de dejar a un lado la comida, y mira que tenía hambre, pero… no. Estaba en el trabajo, tenía muchas cosas pendientes y no podía permitirse ese tipo de distracciones.
Así que simplemente, se lamió los labios y sonrió a Draco con cara de no haber roto un plato en la vida.
- Mhh. Sí, está especialmente rico.
No podía permitirse ese tipo de distracciones en ese momento. Pero eso no significaba que no se las pudiera permitir cuando terminase el trabajo.
Ah, y Draco, por la cara que puso, sabía muy bien los derroteros que estaba tomando la mente de Harry. Que no es que se quejase, tampoco.
Ah. Esto era lo que Harry necesitaba. Un estímulo para trabajar con rapidez. Terminó el sándwich demasiado pronto para su gusto y se bebió el café –que ya estaba frío, la verdad– y sin plantearse siquiera la posibilidad de que Draco se fuera a ir, comenzó con los dos montones de papeles que le quedaban. Y Draco ni siquiera hizo amago de marcharse. Continuó bebiendo el té a sorbos, sentado plácidamente delante de Harry mientras éste trabajaba. Finalmente, una vez que terminó el té, dejó la taza sobre la mesa de forma silenciosa y sacó algunos papeles y una pluma de uno de los bolsillos de su túnica, comenzando a leerlos.
Y no es que Draco estuviera molestando a Harry, por supuesto que no. Pero era una distracción simplemente tenerlo delante, concentrado en sus papeles. Compartir el tiempo con él, cómodamente, cada uno haciendo sus propias cosas.
A Harry le daban ganas de compartir el tiempo haciendo los dos la misma cosa, para qué engañarse. O compartir otras cosas.
Pero lo primero era lo primero. Tenía que decir que no había sido tan productivo en todo el día, en apenas un par de horas había revisado las dos montañas de papeles que le quedaban. Aunque era posible que parte de su mente estuviera divagando y que más tarde tuviera que revisar algunas de las cosas nuevamente. Pero eso era problema de su yo del futuro. O de su secretaria. Desde luego no era problema del Harry del presente y mucho menos del Draco que tenía enfrente que, por cierto, continuaba absorto en sus papeles. Vaya, igual le tenía que preguntar cómo lo hacía para concentrarse con esa facilidad.
Aclarándose la garganta, Harry consiguió sacar a Draco de su ensimismamiento, haciendo que éste levantara la mirada inmediatamente hacia él.
- He terminado. Quieres… –Vaya, bueno. A lo mejor tendría que haber pensado en un plan antes. No tenía mucha idea de qué hacer, sólo sabía que quería tener a Draco para él solo– ¿…hacer algo?
Draco se rio –en serio, ¿leía la mente de Harry?– y comenzó a guardar sus papeles, cruzando una pierna sobre la otra y acomodándose algo más en la silla en la que se encontraba antes de mirar el reloj que colgaba en la pared. Las cuatro y cuarto de la tarde.
- Bueno, como se suele decir… son las cinco en punto en algún sitio. ¿Te apetece tomar algo?
A Harry le faltó tiempo para asentir, ante lo cual Draco volvió a reír, levantándose y estirando la túnica para quitarle las arrugas.
Con un movimiento de varita, limpió y recogió los restos de la comida y del té y conjuró un hechizo en el sándwich que había sobrado para evitar que se estropeara, dejándolo a un lado en la mesa. Mañana sería otro día y también tendría que comer allí, probablemente, así que mal no le iba a venir.
Una vez recogido todo, miró a Draco, que a su vez lo miraba a él, expectante.
- ¿Nos vamos?
Harry asintió de nuevo, pero no llegó a moverse. No tenía muy claro dónde podían ir. Vestidos tal y como iban, con las túnicas, no tenían muchas opciones. Y, sinceramente, no tenía muchas ganas de acabar en el Caldero Chorreante. No tenía nada en contra del local de Hannah Abbott, sinceramente, pero un jueves a las cinco de la tarde, no creía que fuera a ser un sitio especialmente tranquilo. Y bueno, no es que quisiera tranquilidad, pero… a Harry no le importaba tener un poco de intimidad.
Así que, se quitó la túnica y la dejó colgada en un perchero detrás de la puerta de su despacho, quedándose en camisa y pantalones. Estirando las mangas de la camisa y abrochándose los botones de los puños, miró a Draco, quien entendió al vuelo la intención de Harry y repitió sus movimientos, dejando su túnica colgada en la percha de al lado.
Menos de diez minutos más tarde, ambos estaban ya en el Londres Muggle, caminando el uno junto al otro, buscando algún sitio donde tomar algo. No les costó demasiado, tampoco estaban buscando nada especialmente sofisticado, sólo algún sitio donde tomar una cerveza y charlar. Y donde, preferiblemente, que no los reconociera nadie.
Harry se sentía un poco incómodo, no iba a negarlo. Apenas habían cruzado algunas palabras desde que habían salido del Ministerio hasta que se habían sentado en un local un par de manzanas más allá, en una mesa minúscula en el fondo del sitio, escasamente iluminada. Habían pedido un par de cervezas y ahí estaban, mirándose el uno al otro.
Y Harry no sabía qué decir. La cabeza le iba a mil por hora, había pensado tanto en Draco, en tantas cosas, y ahora lo tenía delante y no era capaz de hilar dos pensamientos. Estaba nervioso.
Así que hizo lo único que se le ocurrió. Bebió un buen trago de la cerveza que tenía delante.
Odiaba sentirse así, odiaba dejar en Draco toda la responsabilidad de mantener una conversación coherente cuando él no era capaz de pensar con claridad. Sí, Draco era mucho más elocuente –evidentemente–, pero no podía delegar todo en él. Harry siempre había sido más de acciones que de palabras, pero…
Espera, eso era.
Harry siempre había sido más de acciones que de palabras.
Sintiéndose un poco más seguro de sí mismo, Harry extendió la mano izquierda y la dejó sobre la mano de Draco, mirándolo fijamente a los ojos, como si estuviera retándolo.
Y, de repente, la incomodidad entre los dos desapareció. Draco entrelazó sus dedos con los de Harry y con su mano libre, se acercó la cerveza a los labios, intentando esconder una sonrisa que Harry ya había visto.
Arg, podría borrarle esa sonrisa a besos.
Desde fuera, seguramente parecerían un par de tontos. Dos hombres, de casi cuarenta años, tomando una cerveza cogiditos de la mano. Pues sí, seguramente. Pero a Harry le daba un poco igual, sinceramente. ¿Quién eran los demás para juzgar? Esa gente no tenía ni idea del tiempo que se habían pasado el uno bailando alrededor del otro hasta llegar donde estaban ahora, así que se podían meter sus opiniones por el sitio que más les conviniera. Porque, la verdad, Harry estaba perfectamente feliz simplemente con el hecho de estar con Draco así.
Después de muchos años, de haber pasado del odio a la amistad, y de la amistad a donde estaban ahora. Después de muchas dudas, de muchas preguntas, de haberle dado muchas más vueltas de las que probablemente eran necesarias, estaban ahí.
Después de mucho tiempo más del que cualquier otra persona habría aguantado, Draco estaba ahí.
Y bueno, quizás había sido despacio –muy despacio–, pero era el tiempo que Harry había necesitado. Y Draco lo había aguantado, había esperado, al menos lo mejor que había podido. Sin meterle presión a Harry. Sin espantarlo.
Y Harry estaba agradecido, cómo no.
Así que sonrió y apretó ligeramente los dedos de Draco entre los suyos. Sí, quizás había sido mucho tiempo perdido –o no tan perdido–. Pero eh, ya estaban ahí. Y a partir de ahora, no pensaba desaprovecharlo.
N/A: Para los que todavía estáis ahí: gracias. Y lo siento, el tiempo pasa más rápido de lo que parece.
Os prometo que sí, tengo pensado terminar esto. Lo que no tengo tan claro es cuándo, pero espero que pronto.
La paciencia es la madre de la ciencia.
MayaT.
