31. 13 años. 31 de julio, media tarde.

A Harry le gustaba especialmente el día de su cumpleaños.

Primero, porque era su cumpleaños, evidentemente. Desde que había tenido con quien celebrarlo, siempre había intentado convertirlo en una fiesta.

Y segundo, porque era el último día de julio. Lo cual quería decir que el día siguiente era el primero de agosto. Y eso significaba que empezaban sus vacaciones.

Desde que trabajaba para el Ministerio, Harry no había tenido mucha flexibilidad para cogerse las vacaciones. Sin embargo, eso nunca había sido un problema, porque a Harry le gustaba irse de vacaciones en agosto, todo el mes a ser posible. Y sobre todo ahora que era jefe de aurores, eso era muy posible. Así que Harry se iba el 1 de agosto y volvía el 2 de septiembre, que a los niños alguien tenía que llevarlos al tren, muchas gracias. Y se pasaba el mes entero de agosto con sus hijos disfrutando de no hacer nada. O sin ellos, porque sus hijos solían pasarse la mitad de sus vacaciones en casa de los abuelos con el resto de sus primos, cosa que a Harry no le importaba lo más mínimo porque, aunque quería a sus hijos a rabiar y le gustaba pasar tiempo con ellos, tres niños con tanta energía eran un poco difíciles de llevar él solo.

Así que sí, Harry estaba bastante contento. Era su cumpleaños y había sido su último día de trabajo, ¿quién no iba a estarlo?

Además, Harry no era tonto y los Weasley eran personas de costumbres. Y todos los años le organizaban una fiesta de cumpleaños. Y, vamos a ver, ¿a quién no le gustaría una fiesta de cumpleaños en casa de los Weasley?

Sus hijos estaban ahora en La Madriguera. Solían quedarse con Arthur y Molly –y normalmente el resto de sus primos– al volver de Hogwarts y hasta que Harry cogía las vacaciones. Y, dado que una vez que estaban con todos sus primos era bastante difícil separarlos, Harry había podido negociar con ellos que volvieran a casa con él a finales de semana. Así que sus hijos –que Harry no podía decir que fueran demasiado sutiles, precisamente–, le habían dicho de forma muy poco disimulada que querían pasar el día de su cumpleaños con él, pero tenía que ser en La Madriguera.

No había que ser un genio para sumar dos y dos.

Pero Harry estaba feliz. Le gustaba su cumpleaños, le gustaban los regalos, le gustaban las tartas. Le gustaban las sorpresas, incluso cuando no eran ya sorpresa. Hasta le gustaba el momento incómodo en el que todos te cantan el cumpleaños feliz y no sabes qué hacer, si cantar con ellos, aplaudir, o dejar que te trague la tierra.

Así que tarareando en su mente la cancioncilla de cumpleaños feliz, Harry se Apareció en La Madriguera.

Había muchas cosas que le gustaban a Harry de los Weasley, pero si había algo que le gustaba especialmente era lo dispuestos que estaban a celebrar las cosas buenas siempre. Lo cual explicaba el jolgorio que había en esa casa en aquel momento, a media tarde de un martes. Se escuchaba hasta desde el jardín donde se había Aparecido Harry. Y Harry sonrió. Eso era lo que era la familia para él. Igual era caótico para otros, pero eh, Harry tampoco tenía mucho donde escoger y bueno, siendo sinceros, tampoco lo cambiaría por nada.

Harry caminó todo el camino hasta la puerta de entrada de la casa y la abrió como si no se esperara encontrarse con una fiesta. Y, a decir verdad, no se esperaba realmente lo que se encontró. Se les había ido completamente de las manos y habían decorado el salón como si fuera la Sala Común de Gryffindor, lo cual ya era bastante llamativo en sí. Pero todavía más llamativo que eso era que había como treinta personas allí metidas colgando guirnaldas, moviendo sillones y haciendo en general mucho ruido y entre ellos estaban Scorpius, Astoria y –por supuesto– Draco Malfoy.

Harry se quedó parado de golpe por lo inesperado de la situación. No había visto a Draco desde hacía un par de días y eso incluía el día de hoy. Y, aunque Harry no podía decir que estuviera contento por eso, entendía que la vida es así. Pero la verdad es que no esperaba encontrárselo en La Madriguera sin haberlo invitado él. Y no esperaba encontrárselo trabajando junto con los demás Weasley, decorando el salón al más puro estilo Gryffindor.

Cuando los Weasley vieron que Harry habían llegado, el ruido aumentó, empezaron a volar los hechizos para terminar de colocar la decoración y de repente, como si hubieran estado practicando, el ruido desapareció y todos gritaron a la vez.

- ¡Muchas felicidades, Harry!

Y a partir de ese momento, Harry dejó de pensar en nada más y se dedicó a disfrutar de la fiesta, que para algo se la habían organizado.


Había sido un poco una locura. Habían utilizado como tema Hogwarts y, la verdad, se habían pasado siete pueblos. Habían cocinado una barbaridad de comida de la que se servía en Hogwarts, todo generosamente regado con jugo de calabaza. Pero, sin duda, lo peor de todo es que los regalos de cumpleaños se los habían traído un montón de lechuzas que habían entrado por las ventanas.

Que Harry no se estaba quejando, por supuesto que no. Y oye, mucho menos porque estaban todos disfrutándolo como enanos. Los niños porque lo tenían mucho más cerca y los adultos porque al final no dejaba de ser rememorar cuando estaban ellos en el colegio.

Y, por supuesto, cuando terminaron de cenar, el jugo de calabaza y la comida fueron sustituidos por cerveza de mantequilla y whisky de fuego al más puro estilo de Las Tres Escobas. Y, obviamente, algún que otro chocolate de Honeydukes cayó también.

Cuando llegó la hora de irse a casa, Harry no podía casi tenerse ni en pie. Había comido demasiado y había bebido más de la cuenta, los regalos no le cabían siquiera en los brazos y no sabía si iba a ser capaz de volver a casa sin ayuda.

Y por eso mismo fue una suerte que Draco estuviera allí.

Los Malfoy se habían comportado como si fueran uno más dentro de la familia, especialmente Scorpius, que era como si fuera uno más en el grupo de primos. Astoria y Draco habían comido, bebido, reído con todos los demás, como si llevaran años uniéndose a esas celebraciones. Y uf, Harry no podía evitar sentirse contento porque, al final, quería que su familia los aceptara y así estaba siendo. No sabía quién los había invitado a unirse, aunque ponía la mano en el fuego porque habían sido Ron o Hermione, pero no podía estar más feliz de que estuvieran allí. No habría sido lo mismo sin ellos.

No habría sido lo mismo sin Draco.

Cuando se empezó a disolver la celebración –relativamente pronto, que al final muchos trabajaban al día siguiente–, Harry se despidió de todos uno a uno, agradeciéndoles los regalos, la fiesta y, sobre todo, estar allí. Cuando estaba llegando a los Malfoy, Harry tragó saliva. Tenía un montón de cosas en la cabeza en ese instante y no sabía muy bien cómo organizarlas. Así que intentó evitarlo, al menos por el momento.

Se acercó a Astoria y la abrazó fuertemente, dándole un beso bien sonoro en la mejilla.

- Muchas gracias, Astoria.

- Ah, Harry, por supuesto. Siempre es un placer, ya lo sabes. Y no lo digo por decir. –Astoria se rio flojito y se quedó mirando a Harry durante unos segundos mientras se mordía el labio inferior, como queriendo decir algo pero sin saber cómo hacerlo–. Harry… acerca del regalo…

Harry frunció ligeramente el ceño. Con tanta conmoción y tantas lechuzas, ni se había dado cuenta de quién era cada regalo. Aunque probablemente el que tenía pinta de ser más caro –unas botas de piel de dragón que a Harry casi se le cae la mandíbula al suelo al verlas– era probablemente el de los Malfoy.

- ¿Mh?

Astoria no parecía querer continuar. O igual, no sabía muy bien cómo hacerlo, lo cual no dejaba de ser extraño. Esa mujer no solía quedarse sin palabras a menudo.

- No es el único regalo. Recibirás algo más. Sólo recuerda que estoy completamente de acuerdo con ese regalo y que te tengo mucho cariño.

Harry no llegó a entender de qué estaba hablando Astoria, era demasiado críptico. Sólo asintió y supuso que ya lo entendería cuando le llegara lo que le tenía que llegar, o al menos eso esperaba. Así que sólo volvió a abrazar a Astoria y le dio otro beso está vez más suave en la mejilla.

- No he entendido nada, pero lo recordaré.

Astoria se dio por satisfecha y se separó de Harry con una sonrisa, desviando la mirada alrededor, como buscando algo. O a alguien.

- Me sirve. Y ahora, voy a buscar a Scorpius, que tenemos que irnos los dos a casa.

Y así, como si nada, Astoria se fue en busca de su hijo y dejó a Harry un poco confundido, justo al lado de Draco.

- Pero… espera, ¿los dos…?

Draco lo miró, sonrió y se encogió de hombros ligeramente, haciendo un gesto con la mano como restándole importancia a lo que había dicho Astoria. Como si no estuviera él tan metido en el ajo como ella en el asunto.

- Ah. Sí. Astoria, mujer lista, ha pensado que quizás necesitabas ayuda para llevar todos los regalos a casa.

Harry desvió la mirada hasta el montón de regalos y no pudo evitar pensar que, como excusa para que Draco fuera a su casa, al menos era una útil. Se le había pasado un poco el empacho y se le había bajado un poco el whisky de fuego mientras se despedía de la gente, pero aun así, no se veía como para llevar tantas cosas sin que se le quedara alguna perdida en el limbo de las Apariciones. Y, qué tontería, le importaba poco tener que hacer dos viajes, le importaba poco dejar cosas allí para recogerlas en otro momento. Pero si Draco se ofrecía a ir a su casa, le daba igual cuál fuera el motivo. Así que volvió a mirarlo, fijamente.

- ¿Y es el único motivo por el que quieres venir?

Harry no estaba para andarse por las ramas ya, la verdad. Y esperaba que Draco le contestara alguna tontería, que le dijera que sí, que sólo iba a ir por ayudarlo por la bondad de su corazón, cuando evidentemente los dos sabían que no era así.

- No. De hecho no es ni siquiera el motivo principal.

Así que no, esa respuesta Harry no se la esperaba. Cogió aire de golpe y lo soltó poco a poco. Tenía las mejillas rojas como un tomate, las estaba notando calientes, y no creía que tuviera todo –ni nada– que ver con el alcohol.

- Vámonos.

Harry no quiso perder más el tiempo. Se despidió nuevamente de todos y, sin dar muchas más explicaciones –que tampoco sabía si iba a ser capaz ahora mismo–, cogió todos los regalos que le cupieron en los brazos, dejando a Draco unos pocos, y salió al jardín seguido por él.

Draco, sin decir ni una palabra, sólo mirando a Harry con una media sonrisa, ajustó los regalos para llevarlos en un brazo y puso la mano libre sobre el hombro de Harry, Apareciéndolos a los dos en su casa.


N/A: Gracias por leer, gracias por los reviews, se agradecen y me dan más ganas de acabar la historia.

El final está cerca.

MayaT.