33. 13 años. Mediados de agosto.
Harry era una persona de naturaleza impaciente. Nunca se le había dado bien esperar, era de esos que preferían lanzarse a la aventura para conseguir lo que querían. Pero, desde luego, lo que había hecho los últimos días era un ejercicio de paciencia.
Después del día de su cumpleaños, Harry había empezado sus vacaciones. Y, evidentemente, tenía muy claro en qué quería invertir el tiempo. Despertarse al lado de Draco la mañana siguiente había sido el colofón a la noche anterior. Y también había sido la confirmación de que sí, le gustaría seguir haciendo eso unas cuantas veces más. Y el hecho de que al despertar Draco se hubiera puesto cariñoso, no tenía nada que ver. Por supuesto que no.
El problema es que Harry tenía ciertas responsabilidades de las que tenía que hacerse cargo y que dificultaban un poco el poder hacer lo que le apetecía en cada momento. Tres hijos, por ejemplo.
Así que, aunque lo que Harry realmente quería era quedarse retozando perezosamente a la sombra de un árbol con Draco lo que quedaba de verano, lo que estaba haciendo era cumplir con sus obligaciones cuidando de sus hijos. Todo un padre coraje.
Harry suspiró, frotándose los ojos cerrados con las yemas de los dedos. Habiendo esperado lo mucho, no iba a desesperarse por lo poco.
Harry abrió los ojos cuando escuchó alguien aclararse la garganta a su lado, sentándose algo más recto en el sillón, como si hasta hace un instante no hubiera estado completamente distraído en sus propios pensamientos.
- ¿Verdad, Harry?
Harry podía intentar fingir que había estado prestando atención, pero sabía que no iba a engañar a Ron y a Hermione. Así que prefirió simplemente decir la verdad.
- Lo siento, no estaba escuchando. ¿Qué me decías?
Ah, la sonrisa de Hermione la conocía muy bien. Parecía que le estaba gritando a la cara que sabía en lo que estaba pensando. Y puede que fuera verdad, lo cierto era que Harry no se atrevía a dudar de ella.
Esa tarde, parcialmente por insistencia de sus hijos, había quedado con Ron y Hermione en su casa para que los niños pudieran estar juntos. Y, bueno, no se puede decir que no tuviera ganas de estar con sus amigos, pero lo que realmente le habría apetecido era dejar a sus hijos con sus primos y huir sin ningún tipo de vergüenza y sin mirar atrás hacia Malfoy Manor.
Arg, tenía que centrarse. No todo en su vida podía girar alrededor de Draco. Harry tenía una vida plena y satisfactoria más allá de su relación con él, muchas gracias. Pero bueno, ya se sabe cómo es esto cuando se empieza. Y Harry no podía evitarlo, no tenía suficiente de Draco.
Pero, al final, Harry era una persona adulta funcional y tenía que hacer lo que tenía que hacer, no sólo lo que quería. Y bueno, que también le gustaba estar con sus amigos, que parecía que no.
- Mhm… pareces un poco ausente, Harry. ¿Todo bien?
Harry se dio cuenta de que ya estaba llegando al punto de ser maleducado. Y Ron y Hermione no tenían la culpa de que él prefiriera estar en otro sitio. Y, bueno, Harry nunca había sido de esos de echarse un novio –je, novio– y abandonar a todos sus amigos, no iba a empezar ahora a hacerlo.
Por otra parte… igual era el momento de contarlo, ¿no?
Harry no se lo había llegado a decir a nadie todavía. Es verdad que no había pasado tanto tiempo y bueno, tampoco había visto a Ron y a Hermione desde entonces como para poder decírselo, no es que quisiera ocultarlo. Y quizás también tenía ganas de disfrutarlo un poco antes de que la noticia se extendiera como la pólvora.
Y luego estaba el otro problema. Se lo tenía que contar a sus hijos y no sabía muy bien cómo gestionarlo. No creía que fuera a ocurrir ningún drama, pero nadie sabía con adolescentes.
Harry se irguió en el sillón y miró de reojo por la ventana del salón. Escuchaba las voces de los niños fuera, en el jardín. Mejor. Paso a paso. Primero sus amigos. Luego sus hijos.
- Sí, sí… todo bien. –Bien, y ahora… ¿cómo lo decía? Harry cogió aire de golpe. Tendría que haberlo previsto, tendría que haber establecido un plan, cuando era evidente que se lo iba a contar a sus amigos en cuanto los viera, aunque quizás lo mejor era simplemente decir…– Draco y yo estamos juntos.
Ups. Bueno, ya estaba dicho. No se podría decir que no había sido directo, desde luego.
Y ah, hacía tanto que Hermione no se quedaba sin palabras, que Harry se sintió casi hasta orgulloso. Hermione lo miraba con la boca abierta como si quisiera decir algo y no supiera el qué, mientras que Ron simplemente lo miraba con resignación. Como si se lo hubiera estado esperando.
Y Harry siguió hablando, porque una vez ya que había quitado el tapón, ya salía todo lo que tenía que salir.
- Se ha separado de Astoria. Bueno, ya sabéis que no es que estuvieran juntos, pero se han divorciado formalmente. Y… eso ha pasado.
- Oh, guau, Harry. –Guau era una forma bastante fina de decirlo, sí, eso había que concedérselo a Hermione, pero al menos la mujer se había recuperado rápido de la impresión–. Ay, pero me alegro tantísimo.
Hermione dio varias palmaditas como una madre orgullosa y Harry no pudo menos que avergonzarse. Miró de reojo a Ron, esperando alguna respuesta menos agradable que la de Hermione, pero Ron solamente sonreía como si no le quedara más remedio en esta vida, como si Harry hubiera escogido un camino que él no habría escogido ni aunque fuera el único que le quedara pero lo fuera a apoyar igualmente.
- Ya era hora, compañero.
- Y, ¿qué tal?
Hermione parecía más emocionada incluso de lo que estaba Harry. Que también podría ser porque Harry estaba muy nervioso con todo. Arg. Se levantó del sofá y caminó por el salón de un lado para otro, frotándose la cara con las manos mientras hablaba.
- Genial. –Harry se dio cuenta de que, teniendo en cuenta que parecía que se iba a arrancar los pelos, ese comentario podía parecer un poco sarcástico. Cosa que no era–. No, en serio. Estoy emocionado, estoy nervioso. Estoy feliz. Draco es… es genial.
Harry sabía que se estaba repitiendo, pero su mente estaba en bucle ahora mismo, no era capaz de ponerse a pensar sinónimos.
- Estoy… estoy como un niño con un juguete nuevo. Sólo quiero estar con él, todo el tiempo. –Harry subió una de sus manos hasta su pelo y se lo despeinó de forma descuidada, dejándose caer nuevamente en el sofá mientras soltaba una risa–. Pero no puedo porque tengo mil cosas en mi vida que dependen de mí y de las que soy responsable.
Hermione asintió, entendiendo a lo que se refería Harry. Harry adoraba a sus hijos y jamás diría lo contrario porque sería una mentira como una casa. Pero tenía que admitir que cuidar de tres hijos prácticamente solo te permitía tener pocos hobbies. Y desde luego, casi ninguna vida privada. Y, aunque ya eran lo suficientemente mayores como para ser medianamente independientes, ahora, en medio de la adolescencia, casi que era peor que cuando eran pequeños.
- Harry, si quieres, sabes que puedes contar con nosotros. Tus hijos pueden quedarse aquí para darte un respiro y puedes aprovechar ese tiempo para… para lo que quieras.
Harry giró la cara tan rápido hacia Ron que casi le da un calambre en el cuello, porque esas palabras se las esperaba de Hermione pero no de él. Tenía que admitir que Ron estaba llevando el tema Draco con mucha más entereza de lo que se habría imaginado nunca. O eso, o quería tanto a Harry como amigo que se tragaba todo el odio que pudiera tener por Draco. En cualquier caso, Harry le debía un buen abrazo a Ron.
- Ron, no creo que ese sea todo el problema, ni toda la solución. –Hermione, como siempre, pensaba más allá y era capaz de ver los problemas antes incluso de que aparecieran–. Harry, ¿se lo has dicho a tus hijos?
Ah, era hasta gracioso la comparación entre Hermione y Ron, entre la parte puramente racional de Hermione y la más activa de Ron. Hermione encontraba el problema. A Ron le daba igual, simplemente se lanzaba a ayudar.
Estaba claro por qué hacían tan buen equipo.
Pero sí, Hermione había dado justamente en el clavo.
- No. –Harry se hundió en el sillón hasta quedar recostado mirando al techo–. Sé que tengo que hacerlo. Pero no sé cómo hacerlo, no sé cómo se lo van a tomar.
- Bueno, amigo. Con nosotros no te ha costado demasiado decirlo. –Ron se echó hacia delante en su sillón, dejando una mano apoyada sobre la rodilla de Harry, dándole un apoyo moral que Harry estaba necesitando bastante intensamente–. No creo que vayas a tener muchos problemas. Ya conocen a Malfoy, están acostumbrados a él. Es prácticamente como si fuera de la familia a estas alturas. ¿Qué es lo que va a cambiar ahora porque estéis juntos?
Harry miró a Ron fijamente durante varios segundos, sopesando lo que acababa de decirle. Y tenía razón. Mucha razón. Lo cual, acababa de quitarle un peso de encima.
Ah, ese abrazo que le debía a Ron, se lo iba a dar en ese preciso instante.
- Gracias, chicos.
Si es que siempre podía contar con sus amigos.
Harry estaba mucho más tranquilo desde que había hablado con sus amigos, aunque no podía decir que estuviera relajado por completo. Ni mucho menos.
Después de un rato largo, de que Hermione y Ron –sobre todo Hermione– lo sometieran a un tercer grado para que les contara cómo había sido todo y Harry les hubiera contado una versión censurada –evidentemente– de los hechos, finalmente Harry había vuelto a casa con sus tres hijos a tiempo para cenar. Y para sincerarse con ellos.
Sentados ya en la mesa con la cena delante, Harry miró a sus hijos, quienes lo estaban ignorando soberanamente. Cosa que, por otra parte, le parecía bastante normal, ya que no tenían ni idea de todo lo que estaba pasando ahora mismo por su cabeza.
Harry estaba ya adelantándose a los acontecimientos. El que peor podía reaccionar, sin duda, era James. No por nada, sino porque era el mayor y el más rebelde. Y el que más estaba en pleno pavo de la adolescencia. Con Albus, Harry tenía esperanzas. Albus era más tranquilo y Harry quería pensar que ser amigo de Scorpius también ayudaría. Y Lily… Lily era más pequeña, todavía era muy niña para muchas cosas, así que tampoco iba a apostar nada.
Bueno, era cosa de contarlo y ya ir sorteando las consecuencias como se pudiera.
- Chicos, ¿os habéis enterado de lo del señor y la señora Malfoy?
Harry había decidido hacer una breve introducción que le sirviera para que sus hijos no pensaran que él se había dedicado a romper una familia. No creía que fueran a pensarlo, pero así también se sentía un poco menos culpable, así que todo era bienvenido.
Sus tres hijos levantaron la mirada del plato hacia él, y, salvo Albus que sí que parecía saber de lo que estaba hablando, los otros dos lo miraron interrogantes.
- Se han separado.
- ¿Como mamá y tú?
Al final, sus hijos tenían el ejemplo de Ginny y él y probablemente entendieran la situación mejor de lo que Harry podría haber previsto. Y, aunque la relación entre Ginny y él y la de Draco y Astoria no tenían mucho que ver, a sus ojos iba a ser lo mismo.
Así que Harry asintió despacio, fijándose en las expresiones de los tres. Y ninguno parecía especialmente molesto, al menos de momento. Bueno, tampoco es que les afectase demasiado lo que acababa de contarles.
- Sí, Scorp me lo contó. –Albus asintió muchas veces, sonriendo como orgulloso porque, ¿qué le gusta más a alguien que tener información que los demás no tienen y poder contarla?– Aunque también me dijo que todo sigue igual.
Harry había aprendido una cosa con los años hablando con sus hijos y es que era bueno dejar que hablaran y llegaran ellos a sus propias conclusiones. Por muchos motivos, pero el que le interesaba ahora era que, probablemente, les tuviera que dar muchas menos explicaciones de las que Harry había pensado tener que darles.
- Pero… –Albus bajó la voz y miró hacia los lados, como si esperara que hubiera alguien más en la cocina aparte de ellos, inclinándose hacia el centro de la mesa como para contar un secreto. James y Lily hicieron lo mismo, acercándose a él, y Harry tuvo que hacer exactamente lo mismo, porque a ver qué mandrágoras iba a contar su hijo ahora–. Pero Scorp ya me lo había dicho antes. Sus padres se quieren mucho, pero son como amigos. Ya me había avisado de que esto iba a pasar.
Albus sonrió satisfecho cuando terminó de contarlo y giró la mirada hacia Harry, manteniéndola en él durante unos segundos más de lo necesario. Y Harry se preguntó si eso significaba algo, porque, teniendo en cuenta lo que estaba contando Albus, igual Scorpius sabía más de lo que él creía. Y, por consiguiente, su hijo también.
- Oh, pero entonces, ¿siguen viviendo juntos aunque se hayan separado? –James arrugó la nariz, como si estuviera intentando encontrarle el sentido. Y no parecía tener mucho éxito–. No lo entiendo. ¿Por qué separarse para seguir juntos?
- Igual siguen juntos por Scorpius, ¿no, papá? –Lily lo miró, buscando confirmación–. Para que no se sienta solo.
- Pero no tiene sentido, si se separan es porque no se quieren, como papá y mamá. –Ouch, eso había dolido un poco, pero era la más cruda de las verdades–. Y papá y mamá no querían seguir viviendo juntos, tampoco.
- Bueno, James, tampoco es que vuestra madre y yo no nos queramos, sólo que… –James miró fijamente a Harry y Harry tuvo que coger un poco de aire antes de continuar–. Sólo que los dos nos dimos cuenta de que nos queremos más cuando no estamos juntos.
- Pues eso. ¿Para qué separarse si van a seguir juntos? Menuda tontería.
- James, cada uno tiene sus motivos y…
- Scorp me contó… – Albus interrumpió a Harry intentando justificar a Draco y Astoria, cosa que le vino muy bien porque no sabía cómo salir del atolladero sin desvelar más cosas de las que debería–. Que es que… se quieren mucho como amigos pero… quieren salir con otras personas.
Harry casi se atraganta con su propia saliva. ¿Cómo no se le había ocurrido antes utilizar la información que Scorpius le contaba a Albus para enterarse de cosas de Draco? Buen auror que era, que ni se había dado cuenta de que su hijo era una buenísima fuente de conocimiento, como buen espía que era, metido en la casa de los Malfoy.
Los sonidos de asombro de Lily y James trajeron de nuevo a Harry a la realidad. Esta conversación se le estaba yendo por completo de las manos.
- Aaaaah. Bueno, eso tiene más sentido. O sea, que ya no se gustan.
Albus asintió muchas veces. Bueno, era una forma de verlo y si ellos lo entendían así, a Harry le valía.
- Sí, sí, eso. Pero no se han peleado ni nada. Sólo… eso, que no se gustan ya.
- Ah, claro. Entonces es normal que quieran salir con otras personas.
Harry asintió, dándole la razón a Lily. Le gustaba por donde estaban yendo las cosas.
- ¿Y qué pensáis de eso? De que el señor y la señora Malfoy tengan otras parejas.
- Bueno, papá. Como mamá, ¿no? –Harry asintió porque lo que Lily decía era verdad. Desde el divorcio, él no había salido con absolutamente nadie, pero no se podía decir lo mismo de Ginny. Así que… ¿por qué estaba tan preocupado?– Pues bien, ¿no? Si encuentran a alguien que les guste…
Lily se encogió de hombros, como si lo que estaba diciendo fuera conocimiento básico, y James asintió a su lado dándole la razón. Albus sonreía y a Harry le dio un escalofrío, porque la forma que tenía de sonreír ahora mismo era la misma que cuando estaba planeando alguna trastada.
- Y entonces, ¿qué me decís si os digo…? –Harry estaba empezando a ponerse un poco nervioso, pero tenía que decirlo y tenía que hacerlo ya–. ¿Qué me decís si os digo que yo también estoy saliendo con alguien?
- ¡Ooooohhh!
- ¿Queeé?
- ¡Papá!
Sus tres hijos se levantaron de un brinco de la mesa y Harry se sobresaltó por lo brusco de los movimientos. Se esperaba una queja, algún grito, pero no tanto alboroto de repente.
- Papaaaá, ¡papá! –Lily empezó a darle golpes en el brazo, intentando llamar su atención–. ¡Cuéntanos!
- ¿Quién, quién? ¿Desde cuándo?
- ¡Papá! ¡Qué callado lo tenías!
Harry soltó una carcajada, haciendo gestos con las manos intentando calmar a sus hijos, y terminó por sentar a Lily sobre una de sus rodillas mientras James y Albus lo miraban moviéndose en el sitio, con impaciencia.
- Calma, calma.
- No, no, calma, no, papá, cuéntanos.
- ¿Cómo le ocultas algo así a tus hijos?
Harry sabía que James estaba bromeando, pero no pudo evitar sentirse un poco mal porque, bueno, aunque no tenía razón, tampoco le faltaba.
- No os oculto nada, ¿no veis que os lo estoy contando?
- Ya, ya, callaos, no lo distraigáis, dejad que lo diga.
Harry se rio de nuevo, negando varias veces con la cabeza. Bueno, tenía que decirlo, se lo estaban pidiendo.
- Vale, vale, ya voy. –Harry cogió aire por la nariz, soltándolo poco a poco mientras miraba a sus tres hijos, buscando el valor ese que decían que tenían los Gryffindor y que ahora le vendría muy bien–. Es… desde hace poco. Un par de semanas, ¿quizás? Al menos, que vaya en serio desde entonces.
Los "oh" y los "ah" de sus hijos lo animaron a continuar. Aunque ahora ya sí que venía la parte peliaguda, la que le resultaba un poco más difícil porque no sabía cómo iban a reaccionar sus hijos.
- Y sobre quién… es… –venga, Harry, tú puedes–. Es el señor Malfoy.
La cara de póker de Lily y de James era como para hacerles una foto. Sin embargo, Albus…
- ¡Ja! ¡Lo sabía! ¡Y os lo dije! –Albus señaló a sus dos hermanos, dando brinquitos en el sitio, emocionado–. Me debéis cada uno tres ranas de chocolate.
Espera, ¿qué? Harry se había perdido y se había perdido mucho.
- ¿Cómo?
- Ah, papá. –Albus parecía muy emocionado, como si acabara de ganar un gran premio. Y de verdad que Harry cada vez entendía menos–. Lo sabía, lo sabía. Scorp y yo lo habíamos hablado. Y se lo dije a James y a Lily pero no me quisieron hacer caso. Así que hicimos una apuesta. ¡Y he ganado!
Harry miró a James y a Lily, que estaban mirando a Albus con el morro torcido. Pero, en serio, ¿habían hecho una apuesta? ¿Y sólo habían apostado tres ranas de chocolate? Sentía que su vida privada era muy poco valiosa para sus hijos.
- ¡Jolín! Es que no vale, papá. Albus tiene a Scorp, que se lo chiva, y así claro que se entera.
- ¡Pues haberme creído cuando os lo dije!
Harry estaba mirando de un lado para otro de uno de sus hijos al siguiente mientras discutían, pero seguía sin entender nada. Es decir, entendía cosas. Pero seguía sin entender lo importante.
- Pero, ¿cuántas cosas te cuenta Scorpius?
Porque a Harry eso era lo que le estaba preocupando ahora. A ver si Draco le había contado quién sabe qué a su hijo y ahora Albus lo sabía y… no creía, ¿no?
- Bueno… a ver, no es que me cuente secretos… sólo… las cosas que ve… y las comparamos con… las que veo yo…
Harry estaba bastante seguro de que Albus estaba tratando de encubrir a Scorpius ahora mismo, pero no le importaba mucho. Eso sí, no estaría de más hablar con Draco para que tuviera en cuenta que lo que le contaba a su hijo, llegaba vía directa hasta Albus.
Aunque, a decir verdad, el mayor secreto que tenían ya no era un secreto. Así que… que se contaran lo que quisieran.
Harry suspiró, pasándose las manos por la cara en un gesto cansado. La verdad es que esta conversación lo estaba dejando agotado, y eso que no no estaba yendo mal, teniendo en cuenta lo que se había imaginado. Miró a sus hijos, que lo miraban a él, y por fin se atrevió a preguntar.
- Entonces… qué os parece… que vuestro padre y el padre de Scorpius… –Harry podía seguir enredando lo que estaba diciendo, pero eso no iba a cambiar lo que tenía que decir–. ¿… que estemos juntos?
- Papá, ¿tú estás feliz, a ti te gusta el señor Malfoy? –Lily desde luego que podía ser directa cuando le daba la gana, pero Harry tuvo que asentir–. Y al señor Malfoy le gustas tú, ¿no? Pues entonces, bien.
Desde luego, la inocencia de la infancia, no había otra forma de describirlo. Pero Albus estaba asintiendo al lado de su hermana como si acabara de decir una verdad como un templo.
- Papá, si a ti te hace feliz, ¿por qué nos iba a molestar?
Arg. Desde luego, sus hijos eran un tesoro. Estirando los brazos hacia James y Albus, los atrajo hacia Lily y hacia sí mismo para poder estrujar a los tres en un abrazo. Se acababa de quitar un enorme peso de encima.
- Gracias, chicos. De verdad que os quiero mucho.
Los ruidos de asco de sus dos hijos mayores ya sí que concordaban un poco más con la adolescencia por la que estaban pasando. Pero, al menos, no se apartaron de su abrazo.
N/A: Gracias por leer y muchas gracias por los reviews, que hacen que tenga más ganas de escribir.
¿Qué pasará antes? ¿Que se acabe esta historia o que cumpla 10 años desde que la empecé? Lo sabremos en los próximos capítulos.
MayaT.
