- Todos los personajes pertenecen a Rumiko Takahashi, para su creación "Ranma ", (a excepción de algunos que son de mi invención, y que se irán incorporando durante el transcurso del relato en una especie de "actores secundarios"). Esta humilde servidora los ha tomado prestados para llevar a cabo un relato de ficción, sin ningún afán de lucro.
"Psycho killer"
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Capítulo V
"Sin ilusionarse"
Cuando despertó, lo primero que llamó su atención fue la música que ingresaba por sus oídos. Era una música muy extraña y desconocida para ella. Nunca la había escuchado, pero no le era para nada desagradable, sin embargo, le inspiraba un sentimiento raro, algo que no sabría explicar… algo como angustia, tristeza y calma, todo a la vez. Lentamente comenzó a abrir los ojos concentrándose en la música que envolvía el lugar en donde se encontraba; música que se notaba que era emitida por muchos instrumentos de viento, cuerda y percusión. Y las voces… esas voces que cantaban a coro… voces dulces de mujer y otras potentes y graves de hombre, todas en armonía recitando algo en un idioma que ella desconocía pero que era agradable al oído.
Trató de levantarse, pero su cuerpo no respondió. Todo su cuerpo se sentía laxo, como si de pronto ella hubiera perdido toda su fuerza y voluntad, y se hubiera convertido en algo parecido a una muñeca de trapo. Se asustó, porque tenía plena conciencia de todo a su alrededor, pero sólo podía ver el techo de una habitación. No podía mover sus manos, no podía mover sus pies, tampoco su cabeza, sólo sus ojos le daban una visión limitada de un techo absolutamente blanco. Trató de gritar para pedir ayuda, pero algo le impedía generar sonidos y su voz no salía de su boca, por lo que sólo fue capaz de emitir gemidos. Fue entonces cuando escuchó cerca de ella una voz áspera recitando al compás de la música las palabras que cantaba la voz principal.
-Mors stupebit et natura, cum resuget creatura, judicanti responsura… (la naturaleza y la muerte se asombrarán cuando resuciten las criaturas para responder ante el juez) -la voz se detuvo por un momento y luego habló con mucha calma- ¡Ah!, veo que ya despertaste, linda jovencita.
Ella trató de liberarse de esa extraña fuerza que le impedía moverse, pero la voz la detuvo.
-No, no, no, no –le escuchó decir acercándose un poco más hacia ella-. No intentes hacer nada para escapar de tu destino. Estás aquí para cumplir un propósito, así que… debo prepararte -afirmó.
Vio con terror materializarse ante sus ojos a un hombre alto y corpulento, enfundado totalmente de negro, sin embargo, fueron sus penetrantes ojos oscuros los que no la dejaron seguir fijándose en el resto de su anatomía, pues el hombre se acercaba hacia ella con su mirada fija en sus ojos, intimidándola. Sintió que acariciaba una de sus mejillas pero el tacto se notaba extraño, como si sus dedos estuvieran cubiertos por algo por lo que trató de ver la mano del sujeto y se percató de que la cubría un guante de látex. Luego, lo vio alejarse un poco de su rostro y comenzó a palpar su antebrazo buscando algo; cuando encontró lo que buscaba comenzó a frotar su brazo con algo muy suave que sin embargo se sentía húmedo y frío al contacto con su piel. Después, sintió un leve pinchazo en el lugar que él había frotado y algo delgado y rígido se introdujo por su brazo. Lo vio sonreír y le pareció que su sonrisa era grotesca, casi como si quien sonreía fuera un demonio. Lo vio alejarse un poco más e hizo el mismo procedimiento que había realizado en su brazo, esta vez en una de sus piernas, tras su rodilla. El pinchazo se sintió más doloroso y tuvo que cerrar los ojos con fuerza para remitir el dolor; el hombre sólo sonrió con mayor amplitud y rodeo el lugar en donde ella se encontraba, quizás una cama o una camilla, no podía decirlo porque no podía verla.
-¿Quieres saber lo que dice la letra que cantan estas dulces voces? –le escuchó decir sonriendo de medio lado mientras comenzaba a realizar el mismo proceso en su otra pierna-. Me imagino que no sabes latín –continuó diciendo al tiempo que frotaba suavemente tras su otra rodilla-. El verso dice así: "El Juez, pues cuando se siente todo lo oculto saldrá a la luz, nada quedará impune ¿Qué podré decir yo, desdichado? ¿A qué abogado invocaré, cuando ni los justos están seguros? –lo vio dedicarle una sonrisa burlona y acercarse a su brazo donde volvió a pincharla-. El último y comenzará tu juicio, linda jovencita –dijo haciendo que volteara el rostro con la ayuda de sus manos enguantadas en látex para luego proceder a pinchar su cuello- ¿A qué abogado invocarás?
Luego vio que con un dispositivo comenzaba a levantar la plataforma en donde se encontraba hasta dejarla inclinada en un ángulo de cuarenta y cinco grados. En esa posición pudo observar un poco más todo alrededor. Efectivamente se encontraba en una especie de camilla metálica cubierta por un colchón blanco, desnuda, atada suavemente de sus muñecas, tobillos, muslos, cintura y cabeza con suaves lazos de tela que no le provocaban daño alguno a su piel. Observó a su alrededor, la habitación no tenía ventanas, era totalmente blanca y sólo contaba con una puerta. Al observar con mayor detenimiento le pareció encontrarse en una habitación de hospital o algo similar. Quiso forzar esas amarras para tratar de escapar, pero no logró hacer nada pues su cuerpo no respondía, era como si ella estuviera sometida a la voluntad de su secuestrador.
-No lo intentes –le escuchó susurrar al tiempo que se acercaba a sus labios y quitaba casi con dulzura una cinta adhesiva que tenía sobre su boca-. No podrás moverte, aunque lo intentes con todas tus fuerzas, linda jovencita –terminó de decir observando detenidamente todo su cuerpo expuesto. Sintió vergüenza al verse observada de esa forma por un hombre que no conocía, empero, se obligó a recuperar la compostura rápidamente para enfrentarle.
-¡Quién eres y que pretendes hacer conmigo! –exclamó cuando se sintió libre de su mordaza.
-Ya lo verás –le escuchó decir acercándose a lo que parecía ser una gran máquina blanca con muchos botones que se encontraba a un costado de la rara camilla en la que permanecía atada y desde donde salían unas sondas que se conectaban a las agujas que el sujeto había introducido en sus brazos, piernas y cuello.
Palideció, su corazón se agitó fuertemente en su pecho y comenzó a gritar desesperada por ayuda al comprender lo que estaba pronto a sucederle. Había visto las noticias en donde habían hablado de dos chicas que habían muerto desangradas, encontrándose en sus cuerpos marcas de agujas en brazos, piernas y cuello.
-¡No, por favor! ¡Detente, no lo hagas! –gritó con desesperación al percatarse que ese sería su destino.
-¡Ah!, pronto comenzará a oírse el magnífico Rex Tremendae, una de mis partes favoritas –dijo accionando un pequeño botón de la máquina-. Es la señal para empezar con la función, preciosa.
-¡Déjame, no me hagas daño! –suplicó dejando caer las lágrimas por sus mejillas.
Por toda respuesta el sujeto esbozó otra grotesca sonrisa y subió la potencia al reproductor desde donde surgían los sonidos de aquella música desconocida para ella. La enérgica melodía y las voces corales retumbaron con potencia en las paredes de la habitación y el hombre se sentó en un gran y cómodo sillón de cuero negro que se encontraba ubicado justo frente a su víctima, observándola fijamente sin dejar de sonreír.
-¡Por favor, no quiero morir! –gritó la chica para hacerse escuchar por sobre las voces y la música que envolvían la habitación-. ¡Haré lo que quieras, de verdad!... ¡Pídeme lo que quieras y te juro que lo haré!
-Lo estás haciendo ya, linda jovencita –dijo con toda calma sonriendo al escuchar los gemidos desesperados de la muchacha-. Estás muriendo poco a poco, brindándome un maravilloso espectáculo gracias a este aparato –indicó hacia la máquina por cuyas sondas comenzaba a ingresar la sangre de la muchacha-. Es un gran invento que evita la desagradable tarea de cortar tus delicadas venas y manchar mis ropas y el lugar en donde estamos –comentó.
-¡No, no, no, no! –gimoteó llorando cada vez más angustiada-. ¡No me dejes morir, por favor! –suplicó.
-¡Salva me fons pietatis! –dijo soltando una estruendosa carcajada después-. No sabes lo que significa ¿no? –dijo negando con un movimiento de cabeza-. Te lo diré, significa: ¡sálvame, fuente de piedad! –exclamó. Luego, puso sus codos sobre sus piernas y posó su barbilla sobre sus manos cruzadas y enguantadas sin dejar de mirarla-, pero yo, cariño… no tengo piedad –terminó de decir de forma seria.
-¡Por qué haces esto! ¡Por qué quieres matarme!
-Porque puedo –contestó de forma seria sin apartar la vista de su víctima.
A ella le pareció estar frente a un sujeto desprovisto de toda humanidad. Sus ojos fijos en ella le provocaban terror y esos labios sonriendo burlonamente la angustiaban más que nada en el mundo. Pensó en su madre y en su padre, pensó en su hermano pequeño, pensó en su abuelo y comenzó a llorar con mayor desesperación. Por varios minutos siguió gritando, pidiendo ayuda, clamando, gimiendo, haciéndole promesas a ese hombre para que la liberara de toda esa agonía, para que no la dejara morir, sin embargo, él parecía disfrutar viendo su desesperación y sólo obtuvo por respuesta esa horrible sonrisa y esa mirada que le provocaba pavor. Hasta que poco a poco fue cayendo en un sopor, ya sin fuerzas siquiera para gimotear.
-Confutatis maledictis, clammis acribus addectis, voca mecum benedictis (rechazados ya los malditos, y entregados a las crueles llamas, llámame con los benditos) –le escuchó recitar junto al coro masculino.
-Por… favor –se obligó a decir con un hilo de voz.
-Oro supplex et acclinis, cor contritum quiasi cinis, gere curam mei finis… (Suplicante y humilde te ruego, con el corazón casi hecho cenizas, apiádate de mi última hora).
Fue lo último que escuchó claramente, porque su cabeza se soltó de su suave amarre y cayó a un costado por su propio peso, sus ojos pesados comenzaron a cerrarse y antes de caer en la inconsciencia absoluta, logró vislumbrar cómo el hombre se ponía en pie y con el dispositivo que había utilizado anteriormente volvía a poner la camilla en posición horizontal. Violines… violines que parecían llorar fue lo que llegó a sus oídos. Comenzó a respirar con mucha dificultad, cerró los ojos y sólo escuchó un murmullo muy lejano al compás de la melodía.
-Lacrimosa dies illa qua resurget et favilla Iudicandus homo reus. Huic ergo parce, Deus. Pie Iesu, Domine (Día de lágrimas aquel en que resurja del polvo para ser juzgado el hombre reo. Perdónale pues, Dios, piadoso Jesús, señor)
En ese momento ella abrió repentinamente los ojos enfocándolos en el hombre de la sonrisa grotesca, inspiró fuertemente y luego exhaló un último suspiro con los ojos fijos en su asesino.
-Dona eis réquiem (Dales el descanso) –dijo el hombre sonriendo con mayor intensidad-. Amén.
Permaneció unos minutos sólo observando el cuerpo inerte de la chica para luego buscar su pulso con la ayuda de un estetoscopio que tenía cerca. Asintió en silencio, todo se había consumado y el corazón de la jovencita había dejado de latir. Se alejó del cuerpo de la muchacha y bajó la potencia al reproductor, pues la pista se había vuelto a activar desde el principio, tal y como a él le gustaba.
-Un Réquiem por el alma de esta linda criatura –musitó.
Luego se dirigió a la máquina y vio los indicadores, el aparato había dejado de drenar sangre del cuerpo de la chica y se había detenido, así que bajó el interruptor y luego se acercó a un mueble desde donde extrajo un instrumento con una punta afilada, parecido a un bisturí. Debía terminar con el ritual antes de deshacerse de la preciada sangre de su víctima, así que con parsimonia se acercó nuevamente a la chica y comenzó a grabar la letra que caracterizaba sus ataques. Cuando contempló su obra realizada volvió a sonreír. Tomó una cámara fotográfica profesional y enfocó el cuerpo de la jovencita, captando la imagen a cuerpo completo que iría a engrosar su colección. Sonrió satisfecho, sólo faltaba desconectar a la chica de la máquina, vestirla como correspondía y entregarla para que la dejaran en el punto acordado, pero eso lo haría después, había tiempo para seguir con la actuación.
-Dona eis réquiem (Dales el descanso)–dijo acariciando con una de sus manos el rostro pálido de la jovencita, luego se desplazó y procedió a apagar las luces de la habitación, dejando el cuerpo de su víctima en completa soledad mientras seguía resonando la música en la oscuridad de la habitación; debía salir de ahí e ir en busca de la túnica blanca para terminar con su ritual.
Permanecía absorta observando tres fotografías que se encontraban en la superficie del escritorio. Estaba sola pues sus dos compañeros habían ido a realizar un segundo recorrido por el lugar en donde se había encontrado el cuerpo de la tercera víctima del asesino serial que estaba desafiando a la policía.
Con la esperanza de encontrar imágenes de alguna cámara de seguridad o algún testimonio de un testigo, Ranma y Hansuke se habían dirigido a las inmediaciones del Santuario Yasukuni, que había sido el lugar en donde el cuerpo de la tercera víctima había sido encontrado hacía tres días por un monje.
Akane suspiró, la tercera víctima era la más joven de las tres chicas que hasta ese momento había asesinado el "bastardo", como lo llamaba Ranma. La chica tenía apenas dieciocho años cumplidos hacía tres meses y estaba en su primer año de universidad. Una chica con toda una vida por delante que el asesino había decidido interrumpir.
Físicamente no era muy distinta a las otras muchachas, y, aparentemente sólo se diferenciaba de ellas en lo referente a su situación familiar. Hija mayor de padres divorciados, vivía con su madre, su hermano de trece años y su abuelo materno en un barrio residencial no muy alejado del centro de Tokio. Ranma y Hansuke habían averiguado que la relación con su padre era bastante cordial y que a pesar de estar divorciado de su madre, su padre era un padre presente, preocupado de visitar a su familia frecuentemente y también de ocuparse de cada necesidad de sus dos hijos por lo que tenían una situación económica bastante holgada.
Akane pasó una de sus manos por sobre cada una de las fotografías y volvió a suspirar. ¿Por qué alguien había querido acabar con la vida de esas tres jóvenes que recién comenzaban a vivir la experiencia de transformarse en adultas? Las tres conservaban esos rasgos infantiles en sus rostros, rasgos que ya no cambiarían llegada a la adultez porque un asesino había decidido que debían morir, pero por qué. ¿Cuál era la motivación de la persona que estaba realizando aquel ritual?, ¿por qué drenar su sangre?, ¿qué hacía con la sangre luego de quitarles la vida?, ¿dónde se escondía un monstruo como ese?, ¿lo encontrarían antes de que asesinara a su cuarta víctima?
El asesino, a pesar de demostrar signos psicopáticos, no daba con el perfil de otros asesinos seriales famosos. Ahora, con la aparición de la tercera chica muerta tenían claro que el asesino elegía a sus víctimas de acuerdo con su aspecto físico y no por su comportamiento social, como lo hubiera hecho alguien parecido al célebre Jack el destripador. A pesar de seleccionar a jóvenes vírgenes, no realizaba con ellas ningún acto sexual antes de matarlas como lo hubiera hecho alguien que se inspirara en Ted Bundy y tampoco las sometía a tortura como lo hubiera hecho alguien como H.H. Holmes. No, el sujeto había demostrado ser un tipo inteligente, que se tomaba el tiempo para elegir, estudiar y cazar a sus víctimas, quienes sí o sí debían cumplir con ciertas condiciones que ahora sabían, eran bastante especificas pues se repetían en cada una de las jóvenes asesinadas. La pregunta era simple pero compleja a la vez, ¿por qué mataba?, ¿qué quería conseguir asesinando a sus víctimas para después enrostrárselas a la sociedad como si fuesen una obra de arte realizada por él?, ¿lo hacía sólo por placer, por desafiar a la policía, o había algo oculto detrás de aquellas muertes que nadie hasta el momento había podido vislumbrar?
Volteó su rostro y enfocó su vista en el cielo que se dejaba ver por la ventana. Quien estaba detrás de esas muertes debía ser alguien totalmente indolente, pensó.
El día anterior, ella había insistido en ir a ver el cuerpo de la muchacha a la morgue, lo que había gatillado en una nueva discusión con su ex prometido. Él le había advertido en todos los tonos y de todas las formas posibles que el tanatorio no era un lugar agradable, que seguramente lo pasaría mal yendo a ese lugar y que, además, no le correspondía a ella asomarse por ese lugar porque ella era una civil que sólo estaba ayudándoles a resolver aquel caso, empero, ella había insistido e insistido y una vez más se había impuesto, logrando que él a regañadientes finalmente accediera a llevarla a recoger el informe del forense, sin dirigirle la palabra en ningún momento del camino y demostrando abiertamente su malestar.
A ella poco le importó la rabieta de su ex prometido ya que no podía explicar el por qué, pero sentía que debía ver con sus propios ojos a la última víctima del asesino, la más joven, poco más que una niña. Cuando finalmente se adentró en ese lugar en donde se depositaban los cadáveres a la espera de su identificación o investigación forense, lo primero que le llamó la atención fue el lugar físico; no era un espacio lúgubre y mal oliente como ella hubiera imaginado, más bien se trataba de un lugar parecido a un hospital cualquiera, con recepción, oficinas y escritorios bien iluminados, sin embargo, cuando Ranma le pidió a la médico forense que les dejara ver el cuerpo de la muchacha, la mujer de unos treinta y cinco años, de cabellos y ojos negros y piel blanca como la nieve, no quiso ceder de inmediato, es más, puso bastantes trabas y si no hubiese sido porque Ranma le había recordado que ella mantenía una deuda con ellos por una apuesta que habían hecho tiempo atrás, seguramente la mujer no hubiera dejado que ella ingresara al verdadero depósito de cadáveres, una sala grande y fría, con muchas puertas pequeñas de metal que cubrían por completo tres lados de la sala, las cuales a ella le dieron la impresión de ser las puertas de pequeños frigoríficos y al centro, una camilla muy grande también de metal donde supuso que se realizaban las autopsias. La sala estaba totalmente iluminada, pero un fuerte olor recibió a Akane apenas puso un pie en aquel lugar. Se llevó una de sus manos a la nariz para cubrirla y vio cómo la mujer que los había recibido se acercaba a una de las puertas pequeñas antes de hacerles avanzar
-Es el formol. Quienes no están acostumbrados se sienten aturdidos por su penetrante aroma -dijo antes de abrir la puerta para dejar que una bandeja de metal avanzara dejando ver el cuerpo cubierto de la chica. Luego lo descubrió con lo que a Akane le pareció una respetuosa reverencia-. Una chica muy bella… y muy joven.
Akane avanzó unos pasos y se concentró en el rostro de esa joven. La chica permanecía con sus ojos totalmente abiertos y desprovistos de vida, sus labios amoratados fijos en una mueca de angustia, su pálido rostro, sus cabellos azulados y aquella letra grabada en el inicio de su cuello destacaban en la superficie metálica. Akane sintió que su corazón se encogía dentro de su pecho al contemplar la imagen de esa muchacha, retrocedió un paso y tuvo que buscar apoyo en su ex prometido para no caer.
-Te dije que ni el lugar ni la imagen que verías sería agradable -le escuchó decir suavemente mientras la sostenía de su antebrazo.
-Tenía que verla -musitó quedamente al tiempo que se estremecía de pies a cabeza-. No me preguntes por qué, pero yo… necesitaba verla.
-Y ya la viste -dijo él haciéndole una seña con su cabeza a la médico forense para que devolviera el cuerpo a su lugar-. Vamos.
-Su rostro -murmuró de pronto con la voz temblorosa mientras abandonaban aquella habitación-. Puedo estar equivocada, pero había en ella señales de angustia… señales de haber sufrido, de haber sido sometida a algún tipo de tortura psicológica, quizá.
-No estás equivocada -contestó la forense cerrando la puerta de la habitación tras de sí, para luego acercarse a su escritorio-. Las otras dos víctimas no tenían rasgos tan marcados, pero esta última chica sí. Sin haber presenciado el momento de su muerte puedo decir que ella sufrió, porque sea como sea que este monstruo esté drenando la sangre de las chicas, no les provoca una muerte rápida. Puedo asegurar que tarda varios minutos en drenar toda la sangre del cuerpo de sus víctimas.
-Seguramente disfruta al verlas indefensas, las humilla y las angustia, porque ellas saben de antemano lo que les va a pasar –comentó mirando al suelo de la habitación.
-El bastardo se regocija al disponer de la vida de sus víctimas y seguramente se los hace saber -acotó Ranma.
-Los psicópatas no sienten ni alegría, ni empatía, ni miedo. Son individuos completamente desconectados emocionalmente y esa desconexión emocional es la que les impulsa a cometer sus crímenes y en cierta medida, gatilla la serialidad, como es el caso de este sujeto -hizo una pausa y luego siguió hablando, enfocando su vista en Ranma-. Son sujetos que no tienen moralidad y se les denomina amorales. Él seguirá matando porque ha entrado en esa espiral de recurrencia en el tiempo que lo hace cometer no sólo un delito, sino que se siente tentado a cometer diferentes delitos a lo largo de su vida, sin embargo, no se está midiendo porque los crímenes que ha cometido los ha realizado en un lapso corto de tiempo y dejando a sus víctimas expuestas ante la sociedad, como si fueran sus trofeos. Estoy convencida de que este individuo es mucho más narcisista que cualquier otro psicópata… él quiere alardear de lo que puede hacer, quiere convertirse en el único centro de atención y si no lo consigue…
-Seguirá cometiendo delitos -completó él.
-Hay algo que encontré en esta víctima y que en las otras dos no pude apreciar -dijo la forense-. Está escrito en el informe, Ranma, pero… encontré vestigios de un fármaco. En realidad no se trata de un fármaco propiamente tal, sino más bien de una planta que actúa como lo haría una droga depresora. Es una dosis muy, muy pequeña. Tan escasa que casi pasó desapercibida en el examen toxicológico, pero se trata de una planta que provoca un estado de parálisis. Esta planta prácticamente no deja vestigios y es muy difícil de detectar en una autopsia. Inhibe la voluntad de una persona atacando el sistema nervioso central… quizá las otras chicas también fueron drogadas, pero como sus cuerpos se encontraron con mayor distanciamiento desde la hora de su muerte hasta que fueron descubiertas por transeúntes, la droga tal vez ya había desaparecido de su organismo o bien, el asesino calculó mal la dosis y le dio más de lo adecuado a la última jovencita, lo que hizo que quedara un pequeño vestigio en su organismo que me ayudó a descubrirla.
-¿Quieres decir que ellas están inconscientes cuando las asesina?
-No –negó la mujer-. Ellas se encuentran totalmente conscientes porque lo que encontré en el organismo de la joven pertenece al tipo de plantas que sólo inhibe la voluntad, no la consciencia. Es como si de pronto tú sintieras que no eres dueño de tu cuerpo, pierdes toda movilidad y sólo puedes ver y escuchar lo que sucede a tu alrededor.
-Eso debe ser terrible para alguien que sabe que va a morir –comentó Akane.
-Lo es –afirmó la forense-. Imaginen que se encuentran viendo de frente a su asesino, imposibilitados de moverse para tratar de escapar y que él o ellos comiencen a ejecutar su macabro plan para quitarles la vida… Debió ser espantosa la desesperación que sintieron esas chicas al no poder evitar que las dañaran.
-Sólo un ser perverso puede hacer algo así- murmuró Akane.
-En fin, aquí tienes otro informe más para agregar a la colección –dijo la mujer entregándole a Ranma una carpeta que tomó desde su escritorio. Akane la miró con el ceño fruncido al escuchar el comentario, pero a ella pareció no impresionarle su muda amonestación-. Espero que esta vez sirva para algo.
-Todo sirve, gracias.
-Nos vemos y dale mis saludos a Hansu-chan.
-No le digas así o se molestará en serio contigo y te cobrará la apuesta.
-Estoy dispuesta a pagarle –dijo encogiéndose de hombros-. Señorita –se despidió formalmente de Akane, ella sólo hizo un gesto con su cabeza y salió apresuradamente del lugar, seguida por Ranma.
-¿Por qué se expresó así? –preguntó cuando ya habían salido al exterior y habían comenzado a bajar las escaleras para seguir avanzando por la avenida-. ¿Por qué esa indolencia?
-Porque cuando trabajas en esto, terminas acostumbrándote –contestó él de forma seria dirigiéndose al automóvil-. No es indolencia, Akane, es frustración y coraje por no poder evitar que se produzcan más muertes.
-Pero no tenía por qué decir que es una más para la colección.
-¿Crees que para ella es fácil ver todos los días a distintas personas muertas en extrañas circunstancias? –inquirió mirándola fijamente cuando llegaron a las puertas del vehículo-. Por supuesto, algunas muertes se producen de forma natural, otras muertes se ocasionan en hospitales o hay otras que llegan acá por accidentes y esas cosas, pero créeme que hay otros muchos crímenes que se producen en esta sociedad y no todos aparecen en televisión o en los periódicos. Son muchos más crímenes de lo que a mí me gustaría aceptar y no es fácil trabajar investigándolos. No lo es para un policía, no lo es para la fiscalía y tampoco lo es para los forenses, pero tenemos que hacerlo, porque las víctimas y las familias de ellas merecen que se castigue al culpable, pero no siempre se logra. No es fácil, Akane, y si alguien hace una broma ácida al respecto, la mayoría de las veces es simplemente para ocultar la frustración.
-¿Y tú? –dijo en un susurro-, ¿también te acostumbraste a esto?
-Nunca me acostumbraré –contestó abriendo la puerta del automóvil-, pero es lo único que sé hacer para ganarme la vida.
-Podrías volver a las artes marciales –indicó suavemente.
-Aunque uno quiera, no se puede volver al pasado –dijo mirándola tan profundamente que la hizo esquivar su mirada-. No podemos recuperar lo que perdimos –terminó de decir subiéndose rápidamente al automóvil.
Ella había permanecido un instante de pie, mirando fijamente la manija de la puerta del automóvil, simplemente pensando que esas palabras se las había dedicado a ella, que se había referido a la relación que en el pasado los había unido y no al hecho de volver a practicar las artes marciales. Suspiró y finalmente subió al automóvil, sentándose en el asiento del copiloto, sumiéndose en un obstinado silencio. Ninguno de los dos volvió a dirigirse la palabra durante esa tarde y tampoco lo harían la mañana siguiente, sólo fue gracias a la intervención de Hansuke que ella se había comunicado con el que fuera su prometido, sumergiéndose a medio día en un casi altercado. Casi, porque ella se había dado cuenta a tiempo y había solucionado el inconveniente sin necesidad de llegar a discutir airadamente como recordaba haberlo hecho durante las dos semanas que llevaba trabajando junto a él. No podía decir que Ranma y ella se llevaran mejor porque en realidad no lo hacían, pero al menos trataban de soportarse, de intercambiar opiniones y conversar temas relacionados con el caso de las chicas asesinadas, y haciendo un gran esfuerzo por ambas partes, sus peleas eran cada vez menos frecuentes. Suspiró enfocando su vista en la figura del dragón rojo, lo tomó en sus manos y jugueteó con él abstrayéndose por un momento de la realidad, sumiéndose en antiguos recuerdos, específicamente cuando había visto por primera vez a su ex prometido presentándose a la familia como un varón después de haber llegado a su casa convertido en una chica. Ese día, él vestía una camisa china roja, el mismo color de ese pequeño objeto que sostenía en sus manos.
-No puedo creer que el maldito bastardo esté buscando lugares que no cuenten con cámaras de seguridad o que las pocas que hay se encuentren descompuestas –escuchó que decía Ranma acercándose al escritorio.
Akane dio un salto en la silla que ocupaba y dejó apresuradamente la figura del dragón en la superficie del escritorio mientras fingía estar concentrada en las fotografías.
-Eso sólo quiere decir que el tipo es muy inteligente y está realizando toda esta especie de ritual a consciencia y minuciosamente, evitando dejara cualquier indicio que nos pueda ayudar a obtener una pista, tal y como dice Akane.
Ella levantó su mirada cuando los vio llegar a su lado. Hansuke le sonrió y Ranma apenas hizo un gesto con su cabeza a modo de saludo.
-Supongo que no les fue bien en su visita.
-No hay nada –contestó Hansuke sentándose tras su escritorio-. Ni imágenes, ni testigos, sólo el monje que encontró a la chica y que se encuentra aterrorizado por lo que pasó a las afueras del santuario.
-No sólo está eligiendo cuidadosamente a sus víctimas, sino que también se está cuidando al momento de raptarlas al igual que lo hace al momento de entregarlas. Se asegura que no haya cámaras ni testigos, por eso elige lugares poco transitados para dejar los cuerpos. Ya lo dije, no quiere que lo encuentren, pero le encanta la atención mediática que pueda conseguir.
-¿Qué hay de esa imagen que encontramos en las redes de las dos primeras chicas? –dijo Ranma acercando una silla para sentarse al lado de Akane.
Ya había dado por perdida su silla desde el primer momento en que ella se había sentado en su puesto de trabajo cuando recién había llegado a colaborar con ellos. Eso no le molestaba en absoluto, pero sin duda había momentos en que le perturbaba un poco la cercanía con su ex prometida, aunque no lo reconociera.
-Durante el tiempo que ustedes no estaban ingresé al instagram de la tercera víctima –dijo Akane haciendo click en el mouse-. Mira lo que encontré.
En el monitor se divisó la famosa red social con la página perteneciente a la muchacha y entre las muchas fotos que ella había publicado, había una que llamó de inmediato la atención de Ranma sin necesidad de que ella se la indicara. Era la fotografía de una tarjeta de invitación completamente roja, con el diseño de una flor de crisantemo en su extremo inferior izquierdo y bordes dorados, sobre ella descansaba una copa de alguna bebida alcohólica, todo en un fondo oscuro, como si la fotografía hubiese sido tomada en una superficie negra. Ni la tarjeta ni la fotografía indicaba nada adicional; no mencionaba una dirección, ni un número telefónico o página web, nada, sólo esa flor de crisantemo en la esquina inferior izquierda.
-La misma tarjeta de invitación y una copa sobre ella, como la de la segunda víctima –dijo Ranma acercándose un poco al borde del escritorio.
-Déjame ver –dijo Hansuke poniéndose de pie para acercarse al monitor de su compañero-. La primera víctima tenía un seguidor que en su perfil ponía una fotografía similar ¿no?
-Sí, aunque Matsuda no encontró ninguna interacción entre ellos y tampoco pudo dar con el ID de la cuenta. Sea quien sea la persona que usaba esa cuenta la desactivó y borró todo el historial.
-Lo extraño es que esta fotografía, así como la que descubriste en el instagram de la segunda víctima no tienen ninguna interacción, Ranma, ningún comentario, ningún me gusta, ningún emoticono… nada de nada, sólo la fotografía de la tarjeta con una copa sobre ella.
-Sin embargo, se relacionan –afirmó Ranma-. Puede que haya sido un requisito el publicar una fotografía así para ser invitadas a ese lugar que a todas luces parece tratarse de algún bar o algo similar.
-Estuve pensando en algo –dijo Akane tímidamente, cómo solía hacerlo cuando buscaba la aprobación de Ranma-. Al parecer, ese lugar debe ser popular entre los estudiantes de lo contrario no se relacionaría con las tres chicas, así que no debería ser difícil dar con la dirección y… se me ocurrió que cuando logren averiguar dónde queda ese lugar…
-¿Quieres que vayamos a investigar allí? –interrumpió Ranma mirándola sospechosamente.
-Sí y no –contestó esquivando la mirada inquisidora de su ex prometido-. Se me ocurrió que una vez que ustedes averigüen qué tipo de lugar es ese y dónde queda, podría…
La frase quedó inconclusa pues los tres escucharon repiquetear el teléfono fijo que se encontraba a un lado del escritorio. Hansuke volvió a posicionarse tras su escritorio y contestó la llamada.
-Dime Tanaka –dijo sin mayores formalidades-. Bien, voy a tu oficina –dijo al colgar el auricular-. Enseguida vuelvo.
Ranma y Akane vieron a Hansuke avanzar hacia la oficina de su superior y luego, él la observó por un momento antes de insistir para que terminara de decir lo que había quedado pendiente.
-¿Cuál es tu idea? –preguntó al ver que ella esquivaba su mirada.
-Bueno, ese lugar debe ser algún tipo de bar o centro de entretención nocturno y como las tres muchachas al parecer fueron ahí o se relacionaron de algún modo con ese sitio, quizá si enviaran a alguien como señuelo, el asesino se acercaría y haría contacto con una posible cuarta víctima.
-Un señuelo –musitó Ranma-. Debe ser alguien que cumpla con las características de las chicas que asesinaron y… -se interrumpió de pronto y la vio esquivar sus ojos-. No, espera, no puedes estar pensando en… ¡No, Akane!
-¿Por qué no?, tengo las características físicas de las tres chicas. Quizá yo podría…
-¡No, es una locura! –exclamó con más ímpetu del que quería expresar-. ¡Olvídalo, no dejaré que…
-¡No puedes prohibirme ir a un lugar público! –le interrumpió de forma enérgica, preparándose para lo que a todas luces sería una nueva discusión entre ellos-. ¡Quién mejor que yo para servir de señuelo!
-¡Yo! –exclamó con el ceño totalmente fruncido.
-¿Te disfrazaras de mujer? –inquirió alzando una de sus cejas.
-Me convertiré en mujer –respondió llevándose las manos tras su cabeza.
-Tú… ¿Acá saben que tú…
-Algunas personas –reconoció-. Por lo menos Fukuda y Tanaka lo saben –afirmó-, así que no será problema servir de señuelo.
-Será problema porque el tipo busca a mujeres con ciertas características específicas que tú, aunque te conviertas en chica, no cumples.
-Puedo usar una peluca.
-¿Y el color de ojos?
-Lentes de contacto.
-No estás en la universidad.
-Puedo fingir que lo estoy.
-Ranma, de verdad pienso que yo sería un mejor señuelo que tú y…
-¡No dejaré que te expongas, escuchaste!
-¡Esas chicas merecen que se encuentre a su asesino y si puedo ayudar, entonces lo haré, aunque tú te opongas!
-¡Por supuesto que merecen que detengamos a ese criminal, pero no exponiendo a civiles! ¡No exponiéndote a ti!
-¡Por qué!
-¡Porque me preocupas! –exclamó dando un manotazo con su mano extendida sobre la cubierta del escritorio. Ella lo miró sorprendida y una cálida sensación de regocijo recorrió su cuerpo hasta llegar a su corazón que comenzó a latir con fuerza dentro de su pecho-. Mira, no sabemos si el bastardo estará en ese lugar, no sabemos si es su escondite, su lugar de cacería o simplemente un anzuelo para atraer a sus víctimas, pero sea como sea, no puedo permitir que te arriesgues tanto sólo para descubrirlo.
-Pero, ustedes pueden cuidarme, ¿no?
-Podemos, sí, pero qué pasa si te atrapa, qué pasa si te secuestra y no podemos seguirle porque se esconde o se escapa de algún modo.
-Si eso ocurre no podrá cumplir con su ritual y tendrá que soltarme –dijo en un susurro-. Ya te dije que es un sujeto inteligente y del tipo estructurado, si encuentra en mí algo que no calce con el perfil de chica que él asesina, me dejara libre.
-No puedes saberlo.
-Si puedo, porque antes de matarme descubrirá que yo no cuento con todos los requisitos que él busca en sus víctimas. Por lo menos incumplo con dos de ellos.
-¿Cuáles? –quiso saber.
-Ataca sólo a chicas universitarias y hasta el momento, ellas son chicas que no superan los veintidós años –dijo mirando la fotografía de la última víctima con pesar.
-Tú estás en la universidad.
-Ranma, tengo casi veintiséis años y no estoy en la universidad, al menos no soy alumna regular. El que me encuentre sacando mi especialidad no me convierte en una alumna universitaria porque voy ahí sólo una vez por semana. Yo ya me titulé.
-Da igual, estás estudiando –rebatió.
-No es lo mismo, pero…
-¿Cuál es el otro requisito que no cumples, según tú? –preguntó desafiándola con la mirada.
-El segundo requisito que no cumplo es el último que aparece en tú lista –dijo acercándole la libreta en donde él mismo había detallado las características físicas de las chicas asesinadas. Él observó su propia escritura y contuvo el aliento-. A menos que ya lo hayas olvidado, tú y yo sabemos que no cumplo con esa condición –continuó hablando muy bajito y observando fijamente la superficie del escritorio-. De alguna forma el tipo debe hacer algún examen antes de matar a las chicas para cerciorarse de que sean vírgenes. Tú y yo sabemos que desde hace años yo no lo soy –declaró finalmente.
Lo observó de soslayo por escasos segundos, pudiendo notar que él se había sonrojado profusamente. Iba a decir algo más, pero los pasos apresurados de Hansuke alertaron a ambos.
-Ranma, Tanaka me pidió ir a dejar estos documentos al primer piso, así que vuelvo en un rato –dijo apresuradamente-. Akane, el jefe quiere decirte algo, quiere que te acerques a su oficina –terminó de decir emprendiendo una loca carrera hacia uno de los pasillos para dirigirse a la salida.
-Permiso –dijo Akane poniéndose de pie-. Iré a ver al señor Tanaka –terminó de decir pasando por la espalda de Ranma, sin embargo, enredó su pie en la silla que ocupaba su ex prometido y tuvo que buscar apoyo en el hombro de él.
Fueron escasos segundos los que permaneció con su mano apoyada en el hombro del joven de trenzados cabellos, pero esos escasos segundos bastaron para que a ella se le acelerara el pulso y para que a él le recorriera una corriente eléctrica por todo su cuerpo.
Ranma exhaló un suspiro cuando escuchó los pasos de ella alejarse hacia la oficina de Tanaka.
¿Akane realmente pensaba que podía haber olvidado algo así, cuando su mente siempre traicionera evocaba reiteradamente aquel momento que para él había sido tan especial y maravilloso?
Sí, habían pasado muchos años, pero él siempre atesoraría aquel recuerdo como lo más bonito que había vivido junto a su ex prometida. Cerró los ojos cayendo de pronto en un mar de recuerdos.
Una calurosa noche de verano en donde misteriosamente la familia había decidido dejarlos solos una vez más; una habitación que ya le era muy familiar; una discusión por alguna tontería dicha o hecha por él; recriminaciones por parte de ella; excusas por parte de él; lágrimas de rabia en los ojos de ella; frustración en el semblante de él; luego, un delicado brazo femenino acercándose a toda velocidad a su rostro el cual fue detenido por una enérgica mano; una última recriminación por parte de ella que más bien sonó a desafío en los oídos de él y no hubo vuelta atrás. La había acercado hacia sí con un resuelto movimiento de sus manos, reclamando sus labios en un torpe pero demandante primer beso. Recordaba haberse alejado asustado ante su reacción, pero respiró tranquilo cuando la vio sonreír, sintió la mano de ella halar de su trenza para acercar su rostro al de ella y volver a besarlo, sus manos la envolvieron de inmediato en un abrazo apretado y cuando por fin pudo reaccionar, ya estaban sobre la familiar cama de una plaza con cobertor amarillo. Se sonrieron con las mejillas arreboladas y cayeron en una lucha implacable por ver quién se atrevía a ir más lejos en esa batalla. Luego, gemidos que él jamás había escuchado escaparon de los labios de ella cuando se atrevió a besar más allá de sus labios y a acariciar lugares que nunca se hubiera atrevido siquiera a rozar; sonidos guturales que emergieron desde lo más profundo de su ser y se acoplaron a la perfección a las expresiones de su ex prometida cuando ella imitó sus movimientos y entre apasionados besos casi logra hacerle perder la cordura… hasta que la ropa de ambos comenzó a estorbar. No fue lentamente como se despojaron de sus vestiduras, todo lo contrario, casi con desesperación, arrancaron botones, rasgaron telas y arrojaron trozos de lo que habían sido sus ropas por toda la habitación y luego… luego, entre besos, lamidas, arañazos y osadas caricias, se entregaron el uno al otro, envueltos en una tormenta de placer.
Abrió los ojos de golpe para recuperarse de aquella visión. Su corazón latía desbocado en su pecho, sus manos sudaban y su respiración había aumentado en velocidad, como siempre sucedía cuando recordaba aquella vez en que la había tenido desnuda entre sus brazos, aquella vez en que la había oído suspirar, gemir y gritar de placer, aquella vez que entre temblores la había visto sucumbir al éxtasis, aquella vez que agotados habían dormido juntos, abrazados y satisfechos… aquella vez que dolía tanto recordar porque la noche siguiente se había provocado su tortuosa separación.
Se levantó de un salto y cerró fuertemente uno de sus puños. Jamás olvidaría ese momento porque era lo más importante e intenso que había vivido junto a ella, pero tampoco olvidaría la promesa que había vuelto a hacerse así mismo cuando aceptó que estaban destinados a trabajar juntos. No lo había expresado, era algo que mantenía en secreto, guardado sólo para él, pero indudablemente se había jurado así mismo que volvería a protegerla, fuera como fuera lo haría, porque había que ser muy estúpido para no darse cuenta que las chicas asesinadas cumplían todas con el perfil de su ex prometida, y aunque sabía que quizá jamás podría volver a recuperar siquiera su amistad, sentía que si algún dios la había puesto en su camino era para que él pudiera protegerla, tal y como lo había hecho en el pasado. Aunque ella nunca consiguiera volver a sentir cariño por él, de todas formas, él haría lo imposible por cuidarla, porque había sido la persona más importante en su vida, porque la había querido con locura y porque incluso ahora reconocía que ella no le era para nada indiferente y aún sentía que… mejor no seguir con esos pensamientos que dañaban su corazón y nublaban la razón. Una cosa era protegerla por todo lo que habían vivido juntos y otra muy distinta era crearse falsas expectativas; su relación estaba profundamente dañada y todo lo bonito que alguna vez había compartido con ella ahora se encontraba marchito y al parecer, ella no estaba dispuesta a retomar siquiera una amistad.
-Ni siquiera los cimientos de un tonto compromiso o una antigua amistad –murmuró frunciendo el entrecejo-. Pero eso no evitará que te proteja, Akane.
Infundiéndose valor para irrumpir en la oficina de su superior y detener la locura que ella pensaba realizar al exponerse de la forma en que pensaba hacerlo, avanzó raudo hacia la oficina que ocupaba Tanaka y abrió la puerta de golpe.
-¡Qué te pasa, Ranma! ¿No te enseñaron a golpear?
-No estoy de acuerdo y no dejaré que ella vaya a ningún lado como señuelo –indicó sin prestar atención a las palabras de su superior-. Tanaka, me tienes a mí, sabes que puedo ocupar mi transformación para tentar al bastardo y…
-¿Qué señuelo?, ¿a qué te refieres? –le interrumpió su superior-. Explícate mejor, Saotome.
-Lo que pasa es que… -hizo una pausa y enfocó su vista en Akane, quien permanecía sentada en una silla y hacía esfuerzos para no sonreír-. ¿No le has dicho nada?
-¿Decirme qué? –preguntó Tanaka.
-Señor Tanaka –dijo la aludida de pronto-. Es por esa tarjeta de invitación que vincula a las chicas en redes sociales.
-Sí, Ranma descubrió que hay un vínculo entre las chicas asesinadas con algún lugar de entretención y Fukuda me acaba de decir que buscarán ese lugar, ¿es eso?
-Sí, pero ella quiere ir a ese lugar y exponerse como señuelo para que el maldito bastardo se acerque –acusó Ranma mirando fijamente a su ex prometida.
-Es una buena idea –asintió Tanaka ganándose una mirada sorprendida por parte de Ranma y otra de alegría por parte de Akane-. Sí, es una buena idea, pero no puedo permitirlo.
-Pero ya le expliqué a Ranma que en caso de que tengamos suerte y el asesino me contacte, yo no puedo convertirme en su víctima porque incumplo con algunos requisitos que él está buscando en sus presas y conociendo el comportamiento de un psicópata estructurado como ha demostrado ser ese sujeto, no me elegirá para cometer sus crímenes.
-No podemos estar seguros de que desista de atacarla –dijo Ranma-. No sabemos qué tipo de lugar es ese o si el bastardo sólo lo utiliza para realizar sus cacerías. No sabemos si actúa solo o alguien más le ayuda a cometer sus crímenes.
-Ranma tiene razón, hay muchas posibilidades de que algo salga mal y exponer a civiles no está en mis planes.
-Pero Ranma puede ir conmigo –insistió Akane-. Será una civil que cumple con las condiciones para atraer al sujeto y un policía infiltrado de mujer… Dos chicas con las características que busca el sujeto pueden llamar poderosamente su atención –afirmó con convicción.
-¿Ella sabe que tú… -Ranma asintió sin dar mayores explicaciones-. Así puede que funcione, ¿qué opinas, Saotome?
-Opino que ella debe quedarse resguardada en su casa y yo ir solo a investigar ese lugar.
-Ya te dije que no puedes impedir que yo vaya a un lugar público, además, insisto en que no cumplo con todas las…
-Ya lo sé y no me importan tus argumentos. Es peligroso y punto.
-Es peligroso –dijo Tanaka cruzándose de brazos-, siempre que vaya sola, pero si vas con ella, y Fukuda, yo y tal vez un par de oficiales más les servimos de escolta, no veo que haya problema.
-Tanaka…
-Saotome, reconoce que la idea es buena y podemos hacerlo. No tienen que quedarse ahí si es que conseguimos que el tipo aparezca y haga contacto con ustedes. No expondremos a Akane a una situación así. Si alguien aparece con intenciones sospechosas, estaremos nosotros para capturarlo y defender a Akane. Además, recuerda que tenemos a Satō vigilándonos, que es como tener la espada de Damocles sobre nuestras cabezas.
-No lo sé, Tanaka.
-Sólo iremos una vez a probar suerte, luego ya veremos si podemos pedir apoyo para que vigilen el lugar.
-¿Y si esa única vez que iremos ponemos en riesgo a Akane?
-Nunca te vi tan temeroso al intentar tender un cebo -comentó su superior mirándolo con recelo-, ni siquiera la primera vez que nos mostraste tu transformación para capturar al topo –dijo recordando la primera vez que Ranma se había transformado sólo para colaborar en la captura de un peligroso delincuente-. Esa vez resultaste gravemente herido, Ranma, y ni siquiera eso te atemorizó para seguir tentando al destino, hasta que capturamos a toda esa banda.
-Esa vez sólo yo me arriesgué y sí, terminé herido, pero fui yo, Tanaka –dijo esquivando la mirada de Akane-. Soy policía, sé cómo defenderme y si me pasa algo, bueno, es parte de mi trabajo… pero Akane es civil y si ese tipo la ataca…
-Para eso estarás tú a su lado, para defenderla. Y nosotros también –contestó Tanaka observándolo con suspicacia.
Algo más había en la actitud casi obsesiva de su pupilo por proteger a su compañera de trabajo. El avezado policía los había visto discutir un par de veces y había sacado por conclusión que ellos quizá se conocían de antes, pero no queriendo inmiscuirse en ese tema, simplemente lo había dejado pasar y no había indagado en el asunto, sin embargo, cada vez que pillaba a Ranma mirando a Akane cuando ella estaba distraída, no podía evitar sorprenderse por la dulzura que reflejaban esos ojos azulados que desde que le conocía, él siempre había percibido fríos y acerados.
-Entonces iremos –dijo con un deje de derrota en su tono de voz.
-Iremos –confirmó Tanaka-, todos iremos y protegeremos a nuestra psicóloga. Busca la dirección de ese lugar e infórmale a Fukuda. Cuanto antes podamos realizar esa visita, mejor.
Tanaka dio por finalizada esa improvisada reunión, por lo que Ranma y Akane se vieron en la obligación de salir juntos de aquella oficina. Cuando iban caminando de vuelta a su puesto de trabajo fue cuando ella se atrevió a dirigirle la palabra.
-Ranma…
-No digas nada –le interrumpió de mala manera-. Todavía no me convence esa idea y no estoy de acuerdo, pero te acompañaré, aunque no quiera hacerlo.
-Ese es el verdadero problema, te incomoda acompañarme y permanecer a solas conmigo ¿no? –le acusó deteniendo su caminar. Él también se detuvo y se volteó para encararla.
-¿Qué?, no, yo sólo estoy tratando de…
-¡Pues para que lo sepas, para mí tampoco será agradable pasar gran parte de la noche con un tipo arrogante, egocéntrico y odioso como tú!
Ranma apretó ambos puños y frunció el ceño antes de contestar.
-Piensa lo que quieras –dijo dándose media vuelta para salir de ahí-. Ya no me preocuparé por ti.
-No te pedí que lo hicieras, nunca te pedí que te preocuparas por mí y no lo haré ahora –dijo conteniendo las ganas de abofetearlo-, y si lo hiciste alguna vez, tengo claro que fue sólo por el absurdo compromiso que nos unía, pero ese compromiso ya no existe, no tienes ninguna obligación conmigo y…
-¿De verdad crees que era sólo por el compromiso? –dijo enfrentándola, apenas conteniendo la indignación que bullía en su interior-. Después de que hace un momento tú misma recordaste lo que pasó entre nosotros, sigues creyendo que te defendía sólo por el estúpido compromiso cuando yo te… -se mordió el labio inferior, dejó la frase inconclusa y volteó para irse-. Te acompañaré de todas formas y te protegeré porque es mi deber.
-¿Cuándo tú qué? –exigió por una respuesta de forma demandante mientras lo tomaba del brazo para detener su avance-, ¿qué ibas a decir, Ranma?
-Nada que a ti pueda importarte –contestó tratando de ocultar la amargura en su tono de voz-, después de todo fue un absurdo compromiso que ya no existe –terminó de decir zafándose del agarre de su ex prometida-. Dile a Fukuda que vuelvo en un rato.
La dejó atrás, con los ojos conteniendo las lágrimas de frustración y el corazón latiéndole a una velocidad inusitada para encontrarse en estado de reposo. Controló los sollozos que luchaban por escapar de sus labios y se dirigió lentamente hacia el escritorio de su ex prometido. Se dejó caer en la silla y de inmediato tomó entre sus manos la pequeña figura del dragón de resina que descansaba en la superficie del escritorio, acariciándola al tiempo que dejaba escurrir las lágrimas. No quería hacerse falsas ilusiones, pero estaba casi segura que él iba a decir que la había querido, después de tanto tiempo y de tantos problemas y malentendidos, podía estar casi segura que él iba a reconocerlo, sin embargo, se había retractado a último momento como siempre hacía y había terminado huyendo… como siempre había hecho.
Secó sus lágrimas con una de sus manos y exhaló un suspiro. ¿De qué serviría ahora escuchar una declaración así, si era evidente que él aún sentía rencor hacia su persona? Un rencor fomentado por años de pensamientos negativos, porque así como ella había alimentado en su mente todas y cada una de las cosas malas que habían vivido y quizás había exacerbado los motivos de su separación, estaba segura que él había hecho exactamente lo mismo, porque lo conocía y sabía que debía tener las mismas aprensiones que ella tenía, por eso hora no se soportaban y con cualquier alusión a su pasado en común, simplemente explotaban.
Miró por la ventana y no pudo evitar evocar aquel recuerdo tan lejano, el recuerdo de aquel día en que las familias de ambos habían planeado una vez más dejarlos solos para que ambos se acercaran. El recuerdo de aquella noche en que habían discutido por una tontería que finalmente había sido el detonante para que ambos desataran la pasión dormida que permanecía en su interior y que durante años había estado oculta. El recuerdo de aquella noche en que realmente se sintió amada por su ex prometido y que sin pudor se entregó a él, creyendo que desde esa noche su relación realmente cambiaría y tendrían un futuro que se auguraba maravilloso… y aquella mañana en que despertó desnuda entre sus brazos, con la cálida noción de pertenecerle sólo a él, con esa sensación de regocijo recorriendo cada milímetro de su cuerpo, hasta que tuvieron que separarse apresuradamente, aguantando las ganas de reír a carcajadas cuando escucharon que la familia llegaba de su escapada de un día y podrían descubrir el que se convertiría en su secreto más preciado; aquella mañana en que lo vio salir semidesnudo, vistiendo sólo su ropa interior por la ventana de su habitación, totalmente sonrojado y tirándole un beso al aire. Aquel día en que no encontraron ni un momento de soledad para conversar de lo que había ocurrido entre ellos la noche anterior… y aquella fatídica noche en que se habían separado con rabia y un profundo dolor. Aquella noche que ella odiaba con todo su ser, porque desde aquella noche ella se sentía incompleta, porque desde esa noche ella sentía que él le había quitado parte de su felicidad llevándosela con él. Porque sí, no era tan terca como para no reconocer que desde que se habían vuelto a encontrar, algo se había removido en su interior, confirmándole que su ex prometido no le era indiferente como ella trataba de hacerle creer a todo el mundo y que sólo permaneciendo a su lado durante esos días, ella había vuelto a sentirse plena, aunque no lo reconociera ante nadie.
¿Pero qué sacaba con reconocerlo? Ya no existía nada entre ellos, sólo un rencor mal disimulado y un profundo distanciamiento que se le antojaba cada día más insalvable, y, aunque durante esos días trabajando a su lado ella había guardado la esperanza de volver a contar con un poco de su cariño, cada vez se convencía más de que él ya no guardaba ningún sentimiento agradable por su persona.
-Ni siquiera los cimientos de un tonto compromiso o una antigua amistad –musitó quedamente-. Yo misma sentencié mi destino cuando lo eché de casa y ahora ya nada puede cambiar… me odia y eso no cambiará.
-¿Quién te odia? –escuchó decir a Hansuke quien se había detenido a su lado ofreciéndole algo desde una bolsa de papel-. Son dorayakis y están deliciosos –dijo moviendo la bolsita frente a los ojos de Akane-, servirán para alegrar esa carita que veo bastante triste.
-Gracias –dijo ella tomando un pastelito al tiempo que bajaba su mirada.
-No me dijiste quién te odia –comentó sentándose en su silla para luego llevarse un dorayaki a la boca-. Supongo que no estarás hablando de mi amigo el gruñón.
Ella permaneció callada comiendo su pastel a pequeñas mordidas. Él la observó y negó con un movimiento de cabeza.
-Ella cree que la odia cuando en realidad es todo lo contrario –pensó sin llegar a expresarlo-. ¿Dónde está?
-¿Quién?
-El gruñón –dijo por toda respuesta llevándose otro pastelito a la boca-. ¿Discutieron? –preguntó masticando el bocado.
-Algo así –mintió-. Al señor Tanaka le pareció una buena idea el que yo vaya como señuelo a ese lugar en donde las chicas que asesinaron probablemente se encontraron con el asesino, pero Ranma no quiere e intentó persuadir al señor Tanaka… finalmente, él dijo que daba su autorización siempre que Ranma me acompañe convertido en mujer y tú y el señor Tanaka nos resguarden, pero a Ranma le sigue pareciendo una mala idea y por eso discutimos.
-Claro –dijo alargando la palabra-. Por supuesto que le va a parecer una mala idea todo lo que tenga que ver con arriesgar tu integridad física.
-Es lógico, soy una civil.
-No es sólo por eso, Akane, deberías saberlo –dijo ofreciéndole otro pastelillo que ella rechazó-. En fin, imagino que no sólo discutieron por eso, creo que volvieron a salir a la luz cosas de su pasado en común.
-¿Por qué lo dices? –preguntó un tanto incómoda.
-Porque Ranma no se iría sólo por una discusión por cómo se llevará a cabo un procedimiento, sobre todo cuando estamos tan cerca de descubrir alguna pista que pareciera ser cierta, así que dime, ¿te dijo algo hiriente?
-No –contestó escondiendo su mirada-. Sólo discutimos y terminó yéndose.
-Bien, entonces iremos a buscarlo.
-¿Dónde?
-Al bar de Musashi. Es el único lugar en donde se refugia cuando algo le molesta… o se deprime –dijo poniéndose de pie al tiempo que se llevaba a la boca el último pastelillo-. Vamos, así conoces al viejo. Te aseguro que te agradará –terminó de decir arrojando la bolsa de papel hecha una bola al tacho de la basura.
-No creo que a Ranma le guste que vaya a ese lugar.
-No te preocupes por él, seguro ya está más tranquilo y así aprovechamos para que el viejo termine de convencerlo de llevar a cabo esa visita.
Akane se puso de pie no muy convencida, tomó sus cosas y avanzó siguiendo a Hansuke por el pasillo que llevaba a la salida.
-¿Puedo hacerte una pregunta, Hansuke?
-Por supuesto.
-El señor Tanaka dijo que él había resultado herido una de las primeras veces que habían utilizado un señuelo. ¿Es la única vez que él…
-No –contestó de forma seria-. Al igual que todos los que nos dedicamos a esto, él ha resultado herido varias veces, pero quizás aquella vez fue la más seria porque estaba convertido en chica y a su agresor no le importó, hizo que lo atacaran entre cinco sujetos y él no podía defenderse porque estaba interpretando el papel de una delicada e indefensa chica para atraer al jefe de una banda de delincuentes que habían matado a una familia completa sólo para amedrentar al cabeza de familia, un poderoso empresario que se negaba a pagar la extorsión a la que lo estaban sometiendo.
-¿Qué tan serio fue?
-Lo bastante como para permanecer casi un mes en el hospital –dijo mirándola de soslayo mientras salían del edificio y emprendían su camino calle abajo-. Antes de que llegáramos y pudiéramos detener a toda esa banda de rufianes, a él lo habían agredido brutalmente. No tan sólo recibió golpes de puño y pies en todo su cuerpo, también lo apuñalaron en el abdomen y si no hubiéramos llegado a tiempo, tal vez tú no estarías discutiendo con él todos los días, Akane.
-Yo no sabía que él se había convertido en policía, me enteré ese día que nos encontramos en el patio de la universidad, pero supongo que sus padres sí lo saben.
-Sí –contestó Hansuke afirmando con un movimiento de cabeza-. Creo que fue él quien les pidió que no comentaran con nadie los aspectos de su nueva vida. Por lo demás, sé que él sólo se comunica con su madre, rara vez lo hace con su padre.
-¿Y nunca le dijo a tía Nodoka sobre la agresión que sufrió?
-Ranma no le comenta las cosas malas de su profesión a su madre, según él, lo hace para protegerla. Ella sólo sabe que es un buen policía y que se ha ganado el respeto de todos en la unidad –dijo cuando ya estaban acercándose al escondido bar-. ¿Comprendes ahora por qué él no quiere que te expongas, comprendes que no es sólo por discutir contigo, Akane? –la vio asentir muy suavemente-. Él tiene miedo de lo que te pueda ocurrir yendo a ese lugar y es lógico porque, aunque no lo creas, él no te odia como tú insistes en afirmar.
-¿Y entonces, qué se supone que siente por mí?
-Eso debes preguntárselo a él –dijo encogiéndose de hombros-. Ya llegamos –terminó de decir abriendo una pequeña puerta y dejándole espacio para que ingresara al bar.
Akane avanzó a paso lento, observando todo a su alrededor. Era un lugar rectangular e iluminado tenuemente, con dos hileras de mesas para cuatro personas y un espacio para desplazarse entre las mesas y la gran barra que ocupaba toda una pared del local. En las paredes colgaban réplicas de antiguos grabados cada cual iluminado por una luz tenue que les daba un toque de misticismo. A esa hora de la tarde el bar no contaba con mucho público, pero Akane se fijó en unas cuantas personas que había visto en la oficina de la policía, seguramente oficiales que frecuentaban el lugar.
-¡Hey, risitas! –escuchó que decía un hombre con algo de sobrepeso, cabellos canos, barba y bigote también encanecidos y ojos profundamente negros-. Qué bueno que viniste… y al parecer muy bien acompañado.
-¿Qué hay, Musashi?
-Aquí, filosofando con tu amigo.
Akane enfocó su mirada en el joven de trenzados cabellos quien se encontraba sentado frente a la barra con una taza de humeante té en sus manos. Le fue imposible no sentirse un tanto nerviosa porque quizá le debía una disculpa y en realidad no sabía cómo acercarse a él para ofrecérsela.
-Bueno, te quiero presentar a nuestra nueva psicóloga, Akane Tendo. Se encuentra ayudándonos para descubrir a quien está detrás de los crímenes de esas chicas.
-Sí, Ranma me ha hablado mucho de usted, señorita Tendo.
-Es un gusto señor… –dijo, ocultando su sorpresa al escuchar el comentario de ese hombre.
-Nakamura, pero acá todos insisten en llamarme Musashi, así que también usted puede hacerlo, señorita Tendo.
-Es sólo Akane –confirmó la chica, él asintió con una media sonrisa en sus labios.
-Por favor, tome asiento –dijo el hombre haciendo un gesto con una de sus manos. Ella se sentó al lado de su ex prometido sin dirigirle una sola mirada-, ¿le gustaría beber algo?
-Jugo de naranja –dijeron Ranma y Akane al mismo tiempo.
Ella lo observó sorprendida y él se escondió fingiendo que tomaba un sorbo de su té. Sin querer había escapado ese pensamiento de sus labios porque él siempre recordaría que a ella le gustaban las bebidas dulces y entre sus favoritas se encontraba el jugo de naranja.
-Jugo de naranja, bien. ¿Y tú, risitas?
-Lo mismo de siempre, viejo.
El hombre se dio la vuelta y comenzó a servir con una sonrisa en los labios lo que le habían solicitado ambos jóvenes. Era más que obvio para él que Ranma guardaba un cariño especial por esa chica que lo hacía traicionarse a sí mismo de vez en cuando al exponer cosas que generalmente la gente olvidaba como lo eran los gustos de una persona a la que supuestamente detestaba.
-Viejo, vuelvo enseguida, voy a saludar a Ryoichi. Hace mucho que no habló con él y lo vi en la entrada.
-Bien, dejaré tu bebida aquí.
-¡Hey, Musashi! –se escuchó de pronto un grito de una de las mesas.
-Voy, no tienes que gritar, soy viejo, pero no estoy sordo –contestó el hombre-. Permiso, Akane. En estos momentos estoy solo atendiendo a todos estos sujetos porque el holgazán que me ayuda llegará más tarde. Vuelvo enseguida –terminó de decir sonriendo de medio lado.
Ella se sintió incómoda. Estaba sentada al lado de su ex prometido quien no había hecho nada por prestarle atención. Tomó el vaso que el amable dueño del local había dejado sobre la barra y comenzó a darle vuelta lentamente en sus manos.
-Hace un rato yo… no quise hablarte así, discúlpame –dijo con un hilo de voz mirando directamente el movimiento del líquido dentro del vaso-. A veces, cuando me obsesiono con algo, suelo ser muy insistente y tienes razón, quizá no me corresponde arriesgarme porque no soy policía, pero… no quiero que sigan muriendo más chicas.
-Nadie quiere eso –contestó sin mirarla.
-Sé que te opones porque quieres protegerme y en verdad te lo agradezco, pero sigo pensando en que puedo tenderle un cebo al asesino.
-Correrás un riesgo innecesario yendo a ese sitio y antes que me digas que sabes defenderte, a veces el conocer de artes marciales y técnicas de defensa personal no ayuda cuando enfrentas un peligro desconocido y éste lo es. No sabemos cómo ataca el bastardo, no sabemos si es sólo uno o varios y no sabemos si, en el caso que te atrape, quiera dejarte ir sólo porque incumples con sus requisitos… Tal vez de todas formas te haga daño.
-Para eso estarás conmigo –musitó-. Nunca tuve miedo estando a tu lado, Ranma. Siempre me sentí segura cuando estabas conmigo y ahora no tiene por qué ser diferente –dijo enfocando su mirada en el rostro de su ex prometido.
Él le devolvió una mirada sorprendida, empero, ella logró atisbar un destello de dulzura en esos ojos que ahora, siempre que los miraba, permanecían fríos e impasibles. Una cálida sensación de felicidad la recorrió al vislumbrar por fin algo de afecto en sus ojos.
-Quiero que me prometas algo –dijo sin dejar de mirarla, ella asintió en silencio-. Quiero que prometas que pase lo que pase en ese lugar, te cubrirás. Huirás al primer atisbo de peligro y, además, será por una única vez. Si no encontramos nada que ayude a la investigación, si ningún sospechoso aparece ese día, tú no volverás a ir a ese lugar. Necesito que hagas esa promesa y que la cumplas.
-No volveré, lo prometo, Ranma y tampoco haré nada para exponerme en el caso que suceda algo raro.
-Bien, tenemos un trato.
-Sí –contestó sonriéndole dulcemente-. Gracias, por ceder y por preocuparte por mí.
-Creí que no te importaba que lo hiciera.
-Mentí –reconoció llevándose el vaso que conservaba en sus manos a sus labios.
-Yo también –dijo enfocando nuevamente la mirada en su taza de té-, aunque quiera… no puedo dejar de preocuparme por ti.
El silencio que reinó luego de que dijeran esas palabras, lejos de ser incómodo fue bastante agradable para ambos. Para ella había sido bastante liberador pedir disculpas porque luego de que Hansuke le contara ese episodio que Ranma había vivido hacía tiempo atrás, sabía a ciencia cierta que él realmente se encontraba preocupado y asustado de lo que pudiera pasarle a ella; él no se negaba a que ella participara de esa investigación sólo por llevarle la contraria o por molestarla, no, él realmente estaba preocupado por su seguridad y eso se sentía bien, porque a pesar de insistir en no querer hacerse ilusiones, esos pequeños detalles le sugerían que tal vez y sólo tal vez, él aún sentía algo de cariño por su persona, pero la razón le decía que debía dejar de pensar en ello, no era bueno ilusionarse con algo que jamás sucedería o terminaría sufriendo, tal y como lo había hecho cuando le había pedido que se fuera de su lado. Sólo trabajaría junto a él hasta conseguir que aprobaran su especialidad y después… después cada cual seguiría con su vida, lejos el uno del otro, sin recordar el pasado y sin crearse falsas expectativas sobre una relación que estaba rota desde sus cimientos y que estaba segura, ya nada podría reconstruirla.
Para él había sido extraño aquel intercambio de palabras. Cuando ella había llegado al bar junto a su compañero, él aún se encontraba molesto; no, más que molesto estaba dolido por lo que ella había dicho, por lo que ella aún pensaba de él, por lo que ella imaginaba, porque si analizaba sus palabras, con sus dichos quizás ella quería expresar que se imaginaba que para él no había sido nada importante aquella noche a la que había hecho alusión. Cierto que nunca le había dicho lo que realmente sentía por ella, cierto que había cometido un grave error al no dejarle claro esa misma noche que si él había compartido su lecho no había sido sólo por un arrebato pasional, sino porque ella para él era lo más importante en su vida, porque se había enamorado de ella y porque quería estar a su lado por el resto de su vida de ser posible… No lo había hecho y no porque no quisiera, sino porque simplemente había pensado que tendrían oportunidad de hablar con calma y aclararlo todo después, sin embargo, la noche siguiente… esa maldita noche había llegado y con ella su separación y ahora, ella estaba ahí, a su lado, casi codo a codo pidiéndole disculpas, reconociendo que no le molestaba que se preocupara por ella y sonriéndole de aquella forma que siempre había puesto su mundo de cabeza, sonriéndole de aquella forma en que desmoronaba todos sus muros, sonriéndole de aquella forma en que él se sentía tentado a besarla… No, eso no estaba bien, esos pensamientos debían desaparecer porque para ella él sólo era su ex prometido, aquel a quien odiaba y por quien no sentía más que aversión. No era sensato ilusionarse con una posible reconciliación que estaba seguro, jamás se produciría. No, lo prudente era seguir trabajando junto a ella… pero sin ilusionarse, porque estaba convencido de que ella sí lo detestaba. Esquivó esa dulce mirada y terminó de beberse el té que quedaba en su taza.
-¿Puedes creer que a Ryoichi le asignaron otra compañera? –dijo Hansuke sentándose en un taburete al lado de Ranma, haciendo dar un respingo a los ex prometidos-. Está de muerte porque dice que es la mujer más despistada que haya podido conocer.
-¿Y por qué lo apartaron de su anterior compañero?
-Porque el idiota se quejó ante Satō varias veces por los retrasos de Kano –contestó el dueño del bar incorporándose a la conversación-. Cuando yo estaba al servicio, Satō era un crio como ustedes, pero ya era un déspota que imponía su autoridad a como diera lugar. El idiota de Ryoichi debería saberlo, no puedes ir a acusar a tu compañero a tu superior por algo tan tonto como unos cuantos retrasos al ingresar al trabajo. Si Kano hubiese hecho algo ilegal o corrupto, entonces debería ir con el cuento, pero por unos cuantos minutos tarde…
-¿Tú no harías lo mismo conmigo, o sí? –dijo Hansuke mirando nerviosamente a Ranma-. Es decir, me he retrasado un par de veces, pero…
-No seas idiota –le interrumpió Ranma-. A mí no me importa que llegues tarde siempre y cuando hagas bien tu trabajo.
-Bueno, ¿y tienen algo más que compartir con este viejo respecto al caso que llevan? –dijo el hombre mayor cambiando de tema.
-Hay un lugar que al parecer tiene relación con las chicas asesinadas –dijo Hansuke cambiando su semblante a uno totalmente serio-. Ranma descubrió una tarjeta de invitación en las fotografías que subieron dos de las chicas antes de morir y la otra tenía un seguidor con una fotografía similar en su perfil.
-Pensamos que el lugar puede ser el escondite del bastardo o bien donde elige o atrae a sus víctimas.
-Puede ser –comentó el hombre-. ¿Tienes una imagen de esa tarjeta, risitas?
-Mira –dijo por toda respuesta mostrándole la pantalla de su teléfono móvil.
-El crisantemo escarlata –dijo suspirando audiblemente.
-¿Conoces ese lugar, viejo? –preguntó Ranma con entusiasmo.
-Sí –contestó-. Es un antiguo antro que en mis tiempos al servicio se vio afectado por un par de crímenes que se perpetraron justo a las afueras de ese local. No es que sus dueños estuvieran involucrados en algo ilícito pero el lugar se convirtió en el sitio favorito de estafadores, prostitutas, traficantes y contrabandistas para realizar sus negocios. Ahora no sé cómo estará, pero en esa época su reputación era bastante mala.
Akane vio de inmediato endurecer el gesto en el rostro de Ranma y antes que dijera algo, habló apresuradamente.
-Iremos de todas formas –dijo mirándolo directamente a los ojos-. No podrás impedírmelo y quedamos de acuerdo en que te acompañaría sólo una vez. Tal vez ahora no sea un lugar tan escabroso.
-¿Irán?, ¿cómo que irán? –preguntó el expolicía arqueando una ceja.
-Tenderemos un cebo –contestó Hansuke mientras observaba con preocupación el rostro ceñudo de Ranma y la mirada desafiante de Akane-. Tanaka autorizó para que Ranma y Akane se acerquen a ese lugar y veamos si podemos tentar al asesino. Por supuesto, yo y Tanaka los cubriremos, pero…
-Existen riesgos –complementó el expolicía asintiendo con un movimiento de cabeza-, sobre todo para una civil.
-No me importa, cumplo con el perfil de las víctimas y quizá pueda ayudar a esclarecer sus crímenes.
-Eres valiente, jovencita –acotó el hombre-, tal como me habían contado.
-Sólo una vez y si no encontramos nada o no aparece nadie con intenciones raras, no volverás a ir –sentenció Ranma con dureza en el tono de su voz.
-Tú me protegerás, como siempre –contestó Akane percatándose tardíamente de la mirada sorprendida que le dedicaban Hansuke y el dueño del local-. Es decir, ustedes no dejarán que me pase nada.
-¿Dónde queda ese lugar, viejo? –preguntó Ranma enfocando su vista en el hombre que lo observaba con atención.
-En Kabukichō -contestó-. Es un bar que se encuentra bastante escondido y un poco alejado de los grandes centros nocturnos del sector, por eso antiguamente era un lugar ideal para cierto tipo de gente que lo frecuentaba. Como les dije, ahora no sé en qué se habrá convertido, quizá sea un lugar frecuentado por gente joven que sólo quiere divertirse.
-Entonces, buscaremos su ubicación porque al menos ya tenemos el nombre del lugar –asintió Hansuke mientras observaba con sorpresa un mensaje que acababa de recibir en su teléfono-. ¡Encontró la dirección IP! –dijo de pronto totalmente entusiasmado-. Matsuda encontró la IP, podemos ubicar el lugar físico aproximado desde donde el seguidor de la primera víctima interactuaba con ella.
-Entonces, tenemos que volver a la oficina y si podemos ir ahora a esa ubicación, debemos hacerlo, pero…
-Vayan tranquilos –dijo Akane notando enseguida el gesto de preocupación en el rostro de su ex prometido-. Puedo tomar un taxi para llegar a casa.
-Sabes que me siento más seguro si te va a dejar Fukuda.
-Sí, pero ahora lo importante es lo que puedan averiguar sobre ese asesino.
-Ve tranquilo, Ranma. Yo tengo un buen amigo que es taxista, le llamaré y le pediré que vaya a dejar a esta jovencita a su casa.
-Bien, confío en ti, viejo.
-¿Cuándo te he defraudado?
-Nunca –reconoció levantándose de su lugar para dirigir sus pasos a la salida-. Nos vemos.
-Nos vemos –se despidió el hombre.
-¿Vienes mañana, Akane? –preguntó Hansuke antes de salir tras su compañero.
-Supongo que sí.
-Entonces, mañana tenemos que planear muy bien esa visita al crisantemo escarlata. Nos vemos.
-Nos vemos –contestó viéndolos alejarse hacia la salida.
-Bueno, te graduaste de psicología según me contaron.
-Sí –contestó Akane volviendo la vista al frente.
-Y trabajas con ese par de torpes porque…
-Me estoy especializando en psicología criminal y necesitaba desarrollar algún trabajo práctico para que aprueben mi especialidad. El señor Satō llamó a la universidad en donde estudié y solicitó ayuda para asesorarles en este caso, así que hace dos semanas estoy trabajando con ellos.
-¿Y ha sido fácil? -preguntó cruzándose de brazos-. Lo digo porque sé que Ranma y tú se conocen de antes.
-Olvidaba que era su amigo -comentó Akane enfocando sus ojos en su vaso de jugo a medio beber-. No ha sido un infierno, pero tampoco ha sido una experiencia que hubiera elegido vivir si hubiese tenido la oportunidad de hacerlo.
-Entiendo.
-¿Usted conoce nuestra historia en común?
-Lo suficiente como para decirte que ahora tienes una valiosa oportunidad para aclarar sus problemas del pasado, darles una solución y por lo menos, quedar en paz con alguien que creo, fue importante en tu vida.
-Lo fue, pero no creo que él tenga intenciones de solucionar nada. Yo sólo le provoco rechazo y siento que es mejor dejar las cosas como estaban antes de reencontrarnos -dijo haciendo girar el vaso que tenía en sus manos-. Además, si él no quiso escucharme ni entender lo que intenté explicarle cuando… cuando le pedí que se fuera de mi casa, dudo mucho que quiera hacerlo ahora que han pasado cinco años.
-Habla con él -dijo el expolicía mirándola dulcemente, como lo haría un padre dándole un consejo a una hija-, te aseguro que, si lo haces, te puedes llevar una sorpresa.
-¿Por qué lo dice?, ¿acaso Ranma le ha dicho algo?
El hombre negó con un movimiento de cabeza.
-Ese bobo es muy reservado con sus asuntos personales, pero lo conozco y puedo afirmar que ambos están equivocados en sus apreciaciones respecto al otro. Te lo digo como policía, no como amigo de tu ex prometido -contestó buscando su teléfono-. Tal vez no sirva para recuperar su antigua amistad, pero por lo menos te aseguro que sentirás alivio y ese rencor que ambos guardan en su interior por fin desaparecerá si es que logran hablar de su pasado y, sobre todo, perdonar. Llamaré a mi amigo para que te lleve a tu casa.
-Gracias -contestó en un susurro.
¿Sería verdad lo que decía ese amable hombre?, ¿de verdad contaría con una oportunidad para aclarar las cosas con él, de hacerle ver que quizás ambos se habían equivocado hacía cinco años atrás, de quedar en paz con él y liberarse de todo ese rencor guardado durante años? No estaba segura de que con una simple conversación sobre su pasado se solucionaran sus problemas, porque habían sido años de distanciamiento y no era fácil abordar un tema delicado y que había provocado un quiebre que para ella había sido definitivo. Bebió lo que quedaba de su jugo y dejó el vaso en la barra. Meditaría en la tranquilidad de su casa lo que debía o no debía hacer con aquella idea de conversar sobre su pasado con Ranma, porque el expolicía lo hacía ver muy fácil, pero ella sabía que de darse una oportunidad y sacar el tema a colación, aquella conversación no sería para nada sencilla. Suspiró, de momento debía concentrarse en ayudar a descubrir al asesino de esas chicas, ya habría tiempo para solucionar sus problemas personales con su ex prometido… si es que él tenía la intención de hacerlo.
Notas finales:
1.- Hola una vez más.
Bueno, este capítulo sirvió para conocer cómo es el comportamiento del asesino al momento de llevar a cabo sus crímenes. Debo reconocer que me costó un poco escribir esa parte porque quería que resultara algo creíble y en cierto modo, tratar de transmitir la angustia de quien sabe que va a morir… si resultó o no me lo pueden dejar saber si es que quieren hacerlo.
Los fragmentos que va recitando (o más bien cantando) el asesino al momento de acabar con su víctima pertenecen a la Misa de Réquiem del compositor austriaco Wolfgang Amadeus Mozart. Los fragmentos pertenecen a las siguientes partes: IV Tuba Mirum, V Rex Tremendae, VII Confutatis, VIII Lacrimosa (por si alguien no conoce la obra y se interesa en escucharla, esas son las partes que aparecen mencionadas aquí, aunque creo que a la mayoría puede resultarle un tanto familiar la lacrimosa puesto que ha sido utilizada en películas, series, telenovelas, canciones modernas y hasta en publicidad).
Dejando a un lado el tema del asesino, pues ahora sabemos algo más de lo que pasó con estos dos en el pasado y poco a poco iremos descubriendo más detalles, ¿servirá la próxima incursión en aquel misterioso bar para que limen asperezas y puedan solucionar sus problemas personales?... ya veremos, de momento quise dejarlo hasta aquí porque sentí que me estaba extendiendo demasiado y si bien, no tenía pensado cortar este capítulo aquí (de hecho, siento que el final de este quedó un poco forzado), no quería extenderme mucho más y aburrirles con el relato, así que quedó bastante por escribir de lo que hubiera pertenecido a este capítulo para la próxima entrega.
2.- Muchísimas gracias a quienes dejaron sus comentarios para el capítulo anterior. Muchas gracias por comentar a: luceritoorozco07, Rosejandra, Bayby Face, Nere (Gracias por comentar), itzeldesaotome, pandiux(Muchas gracias por comentar y espero te siga gustando la historia), Darkarinita, nancyriny, Iwaya sum y Hikari (Muchas gracias por tus palabras), muchísimas gracias por comentar.
Me despido por ahora y será hasta una próxima actualización.
Madame de La Ferè – Du Vallon.
