40. La resistencia de Magnolia

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Disclaimer: Los personajes que se desmiembran o cambian de personalidad a lo largo de la historia pertenecen a la obra del célebre Mangaka Hiro Mashima. Este Fanfiction está basado en una serie derivada y secuela de su Manga principal Fairy Tail, llamada Fairy Tail: 100 Years Quest. Contiene varios hechos canónicos dentro de la obra. No obstante, varios personajes, personalidades, habilidades y escenarios puede que estén fuera de este.

Nota: ¡Este es un cap de 50k palabras, así que busquen un lugar cómodo para leer, que esto será LAAAAARGOOO!

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Fiore, Abril de X793.

Teatro de operaciones del sur…

Mientras los magos de los tres principales gremios de Fiore vivían su particular guerra contra Zash y la república, en el resto del país se siguió combatiendo y matando con igual o peor intensidad.

El 28 de Marzo, tras el escándalo del "Caso Kornisov", el general Antón Dernikin se fugó a la ciudad de Thistle Town, de la cuenca del sur y a la ribera occidental del río Felce, donde intentó organizar un ejército de voluntarios para combatir al "Zachismo". Tuvo un gran golpe de suerte cuando el 3 de abril se clausuró la Asamblea Constituyente, pues casi de la noche a la mañana, unos pocos miles de oficiales del antiguo ejército real se pusieron bajo su mando. Pocos días después, se incorporaron los generales Kornisov y Wrandel, que discretamente emprendieron camino hacia el sur, tras escapar de prisión con la ayuda de tropas leales.

Mientras Fairy Tail luchaba en Magnolia para intentar proteger a Lucy Heartfilia, el Ejército de Voluntarios consiguió su primer éxito al capturar la importantísima ciudad de Ivy Harbor, vital para el transporte de mercancías en todo el sur. Sin embargo, la alegría les duró poco, pues Zash reaccionó rápidamente a éste avance. El flamante Cónsul de la República estaba decidido a cortar de raíz cualquier foco de resistencia al nuevo régimen, por lo que de forma inmediata, movilizó a sus mejores tropas para acabar con el recién formado ejército de voluntarios, que era minúsculo en comparación, apenas 3500 hombres.

La defensa de Ivy era imposible, pues el ejército de voluntarios estaba casi exclusivamente compuesto de antiguos mandos y muy pocos soldados: casi 2000 eran oficiales y un millar, sub-oficiales. Entre ellos había varios ex-generales a parte de los ya mencionados y cerca de doscientos coroneles. Es decir, que había una cantidad desproporcionada de personas queriendo dar órdenes y muy pocas para recibirlas. A este mal prospecto se sumaban las desavenencias entre sus líderes: Kornisov despreciaba a Dernikin por haberlo abandonado en su intento de golpe del 28 de marzo y Wrandel, en secreto, era un convencido partidario del retorno de la monarquía.

Cuando las tropas de Zash se avistaron el 7 de abril, el pánico cundió y el General Wrandel convenció a los otros mandos de abandonar la ciudad y retirarse al este, para reagruparse e intentar ganarse el apoyo de los pueblos al otro lado del río Felce. Se trataba de una operación muy arriesgada, pues el invierno acababa de terminar, el río se estaba deshielando y aún no era navegable, lo que dificultaría su cruce.

De esta manera, se dió inicio a la Primera Campaña del Felce, que sería conocida a posteriori como "La carrera contra el deshielo"...

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Magnolia, 15 de abril, año X793…

Tras su estrepitosa derrota en su intento de recuperar la capital de manos de los revolucionarios el 29 de febrero, el primer ejército Karlista se desbandó en tres partes. La primera y la segunda huyeron hacia el este casi en línea recta, llegando rápidamente a Magnolia para reagruparse y re-equiparse para la nueva campaña, una vez se firmó el pacto con Fairy Tail. Sin embargo, el tercer grupo sufrió grandes bajas durante la huida y un millar de desafortunados se quedaron atrapados en la ciudad de Dea, dónde aún resistían junto a la depuesta reina; el resto permanecía internado y perdido en el sur.

Los hombres de los dos primeros grupos habían sufrido por meses estando a la deriva, sin suministros y sin órdenes, en lo que sus líderes tardaban en ponerse de acuerdo y conseguir seducir a los magos para unirse a ellos.

Por este motivo, no es sorprendente la brutalidad con la que los soldados desahogaron sus bajos instintos con los distrito de la ciudad de Magnolia. Ni siquiera mujeres y niños se salvaron de las vejaciones.

"... Después de horas de combatir y matar, cualquier mujer se ven bien para un hombre… "

En los distritos republicanos, el 2 y el 5, demoró casi una semana que algo parecido al orden normal se restableciese por completo, en lo que tardaba Arcadios en organizar y traer sus propias fuerzas a la ciudad, mucho más civilizadas que los barbáricos Karlistas…

—Escuché que les devolvieron la casa. ¿Cómo salió todo?—preguntó Warren Rocko de forma discreta, temiendo ofender a la familia Conell. Tras días de incertidumbre, aquellos escasos propietarios leales a la reina que vivían en los distrito pudieron volver a casa.

La casa de solo dos habitaciones tenía tres camas, una mesa, la unidad de reciclaje y poco más. Las viejas camas de tránsito amontonadas con mantas raídas contra el frío de la noche eran sus camas. A pesar de lo miserable que pueda sonar, la casa era completamente suya al fin y al cabo, mucho más de lo que muchos magos de baja clase podían permitirse. Los esposos Connell se enorgullecían de ello.

—Regular…—Alzack respondió—la casa está a salvo pero…

—¿Pero?

—La puerta estaba derribada y las ventanas rotas. Alguien entró…—dijo Bisca, en tono fatalista.

—Oh, siento mucho oír eso… Sus cosas, sus pertenencias…

—No nos robaron nada importante… casi todo estaba en su lugar…—Bisca y Alzack se miraron entre ellos, tragando la incomodidad antes de responder—¡Pero había una gran mancha de sangre en la cama de Asuka!... el rastro de sangre iba desde allí hasta la calle. Arrastraron a alguien por la casa antes de hacerle quien sabe qué…

Los tres magos permanecieron en silencio unos momentos, dejando que su imaginación rellenara tácitamente los vacíos de conocimiento sobre los aterradores hechos que hubieren transcurrido en su vivienda durante el asalto a la ciudad.

«… Dentro de cada hombre hay un monstruo, y se despierta cuando le pones un arma en la mano… » pensó Bisca.

En la memoria de ambos esposos, originarios del extranjero, resonaron ecos de un pasado siniestro. De una cruzada brutal que los había expulsado de su propia tierra por el simple hecho de no querer renunciar a su fé. Zeref Dragneel las llamó "Guerras de unificación" o "Gran Cruzada", y con ellas asoló todo el continente de Alakitasia, en su empeño de fundar un imperio basado en el laicismo y la razón.

Habían transcurrido 10 años desde aquello y Bisca sentía en los huesos el terror de tener que repetir la experiencia…

—¿Y qué hay de Lucy?—preguntó Bisca con intención oculta, como si en el fondo buscase retribución por haberle hecho recordar el incidente desagradable con su vivienda.

Uh… si… eso…—Warren fue rápidamente afectado por su cargo de culpa y tropezó al inicio, antes de poder articular y expresar ideas—. No he podido hablar con ella. No ha recibido a nadie más que a Levy durante todo este tiempo. No ha salido de la enfermería desde aquel día…

—Realmente fuiste un cretino, pero al menos al final recobraste el juicio… al final—dijo Bisca, con toda la intención de ofender.

Mientras Bisca reprendía a Warren, Alzack se distrajo y se concentró en una figura esbelta a lo lejos, apenas visible bajo la amplia túnica que la envolvía. La tela se agitaba ligeramente con el viento, delineando las suaves curvas del cuerpo oculto, insinuando una forma que recordaba la silueta elegante y proporcionada de una mujer. Los pliegues del tejido no lograban disimular del todo las caderas definidas ni la esbelta cintura que se adivinaba bajo el misterioso atuendo.

Bisca se percató de la desviada mirada de su esposo y entrecerró los ojos, tratando de desentrañar la identidad de la desconocida que se movía con una gracia natural, casi felina, a través de la distancia que los separaba.

La mujer inicialmente quiso molestarse con su marido, pero pronto comprendió el verdadero motivo de su distracción…

«… ¿No sé suponía que ella no salía de la enfermería?... »

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"... He visto lo que hacen los hombres sin disciplina. He visto los saqueos, las violaciones y los asesinatos que cometen… "

Ella recorrió las calles de Magnolia, cubierta de pies a cabeza con una túnica que apenas podía ocultar las formas de su cuerpo, pero cumplía perfectamente la intención de esconder el motivo actual de su vergüenza, su rostro que la identificaba como traidora.

Para ella ese era el peor lugar en toda la ciudad para estar en aquel momento, el distrito #2, donde residían los "intelectuales histéricos" que habían echado leña a la rebelión antimonárquica desde hace meses. Ella había pertenecido a ese grupo en un inicio y ahora era una traidora a ojos de ambos bandos.

Residían, en tiempo pasado. La situación resultó en un giro desastroso para aquellos letrados que soñaron con la égida de la verdad alzándose al gobierno, en la forma de una república democrática…

Lucy Heartfilia sintió en su ya aplastado espíritu un nuevo golpe cuando vió con sus propios ojos el rastro de muerte y destrucción. Se detuvo en una esquina del distrito #2, su mirada oculta bajo la sombra de la capucha. Los restos de lo que alguna vez fue el centro intelectual de Magnolia se alzaban a su alrededor, destrozados y consumidos por el fuego de la guerra. Edificios con las paredes ennegrecidas por el hollín, escaparates hechos añicos, y las calles que antes bullían con el ir y venir de escritores, editores y poetas, ahora yacían cubiertas por una capa de silencio sombrío. En los escombros se entremezclaban restos de libros rotos y muebles hechos astillas, como un macabro cementerio de sueños y palabras.

—No…—su espíritu roto sólo pudo musitar una sílaba.

Un olor metálico, mezclado con la humedad de las ruinas, inundaba el aire. Lucy apretó los labios, sintiendo el nudo en su garganta volverse más tirante. Las historias que había escuchado sobre las purgas en el distrito no habían preparado su mente para lo que veía ante sus ojos. Sabía que los monárquicos, el bando en el que se encontraba por circunstancias más que por elección, habían llevado a cabo una limpieza brutal. Conocía las acusaciones, los gritos de traición y los susurros de los crímenes cometidos bajo la bandera de la justicia. Lo conocía bien, por lo vivido en los primeros días de la revolución, pero ninguna palabra había capturado la crudeza del lugar, ninguna historia había conseguido expresar el horror palpable que ahora se cernía sobre el distrito dos.

Recorrió con la vista las calles que antes albergaban las editoriales. Reconoció algunos letreros colgando precariamente de lo que quedaba de las fachadas, nombres que alguna vez la llenaron de alegría y la inspiraron a escribir. Los rumores hablaban de los republicanos perseguidos, de las ejecuciones sumarias en plena plaza, de las casas saqueadas. En días pasados, esos mismos rumores habían manchado a los republicanos como tiranos que oprimían a los monárquicos con igual severidad. La revolución había girado como una rueda cruel, aplastando primero a unos y luego a otros, mientras la mitad de la ciudad era reducida a cenizas.

Había algo en todo ello que la hacía sentirse enferma. Las calles que ahora pisaba se teñían con la sangre de aquellos que antes las recorrían buscando conocimiento, anhelando un mundo mejor. Se detuvo frente a un viejo escaparate, tras cuyos cristales rotos aún se vislumbraban los restos de lo que había sido una pequeña librería. Las páginas de los libros se esparcían por el suelo, arrastradas por el viento que soplaba a través de los agujeros en las paredes. Lucy sintió una oleada de tristeza y furia. Aquellos libros, aquellos sueños, habían sido quemados junto con los cuerpos de los caídos.

Esa pequeña editorial fue la que le dió su primera oportunidad de publicar su libro y ahora todo lo que quedaba era cenizas…

—¡Miren desfilar a los "defensores de la democracia"!—Un grito lleno de odio y sarcasmo hizo a Lucy girar la vista.

Vió con horror cómo un grupo de personas eran arrastradas por la calle mientras recibían escupitajos. El odio hirviente de los primeros en ser oprimidos disipaba el terror de la purga Karlista y restaba importancia a la barbarie. Su primer instinto fue reforzar la cubierta sobre su cara, temiendo ser descubierta.

Entre ellos, la joven maga reconoció a escritores y catedráticos universitarios. En estos convulsos días, estas personas eran vistas como las responsables de traer la guerra y la muerte al país, por agitar las ideas revolucionarias y republicanas. Uno de ellos se soltó de sus ataduras y corrió para intentar huir. Tropezó inútilmente y acabó a los piés de Lucy…

—¡Ayúdame!... ¿Uh?

El hombre cruzó miradas con Lucy y detuvo su súplica al encontrar sus ojos con los de ella, como si la hubiera reconocido bajo el disfraz. La chica se quedó paralizada, temerosa de que el profesor la hiciera notar en un momento tan explosivo, que le arrastrarse con él al linchamiento.

Efectivamente, conocía a aquel hombre de antes. Un catedrático universitario que residía en Magnolia. Aquel hombre había sido su mentor en el círculo de escritores, poco después de publicar su primer libro, aquel que le consiguió, junto a Jason, la oportunidad con la gran editorial que debía publicar la continuación del "Viaje de Iris"…

Con gran vergüenza, la chica negó conocerle mientras retrocedía, a la vez que los monárquicos cogieron al profesor y lo arrastraron de vuelta junto a los otros, propinándole una brutal paliza. Para aminorar la vergüenza, Lucy quiso consolarse al pensar que ya no les debía nada al profesor y a los otros escritores, pues ellos mismos la habían despreciado cuando se enteraron de su supuesta "culpabilidad" del incidente en el país de Joya.

El temor que sentía superó a la decencia y se alejó corriendo de la escena, escondida en la amplia túnica que llevaba. Su rostro, una vez tan conocido y amado por muchos, ahora debía ocultarse por igual de ambos bandos. En su mente resonaba una amarga ironía: Los republicanos que antes persiguieron a los monárquicos clamando libertad y justicia, ahora estaban siendo cazados por los monárquicos con el mismo fervor, la misma brutalidad. Los oprimidos habían cambiado de rostro, pero el odio y la crueldad permanecían idénticos, imborrables. La purga había arrasado con los sueños, con las ideas que florecían en aquellas editoriales y librerías. Las víctimas se habían convertido en victimarios, y los opresores en oprimidos, como una danza macabra que no tenía fin.

Al alejarse del distrito #2 y llegar al central, una muchedumbre apilada a las puertas de un gran edificio llamó la atención de la rubia:

—¡Él es inocente, es leal a la reina! ¡Lleva preso desde la revolución! ¡Debe haber un error!—una mujer le gritaba a un soldado que impedía el paso. Decenas de otras voces se sumaron a las quejas.

—¡Ya les dijimos que hagan una lista!... se evaluará cada caso en particular…—respondió el guardia de forma inflexible.

Los reclusorios para disidentes y las cárceles improvisadas habían proliferado por toda la ciudad desde el inicio de la revolución, y como era de esperarse, la gestión de los prisioneros era un caos de sospechas, falsas acusaciones y desorden. Tal era la desorganización que cada nueva tanda de prisioneros no era liberada aún cuando el mando de la ciudad ya había pasado de uno a otro bando.

Llegaron a estar detenidos al mismo tiempo los más variopintos grupos humanos: Los partidarios de la reina, los revolucionarios radicales e incontrolados, los republicanos contrarios a Zash y mucha gente inocente que había tenido la desgracia de estar en el momento y lugar equivocado.

Ahora, con la ciudad claramente inclinada al bando que quería volver a la monarquía, quedaba la difícil tarea de separar la paja del trigo, de liberar a los considerados "inocentes", según la definición de inocencia del bando que ahora gobernaba en Magnolia.

«… Entonces, ¿Es así como terminan las revoluciones?… ¿la democracia?... » pensó Lucy con amargura, sus ojos recorriendo las ruinas.

En sus libros, se hablaba de las revoluciones como gestas gloriosas, donde la causa justa y el bien mayor disipaba cualquier duda y nunca se mencionaba la parte "fea", la que ahora se revelaba ante sus ojos. Los intelectuales y letrados que tanta tinta y papel habían gastado al plasmar sus ilusiones sobre la democracia y el retorno a un orden republicano glorioso ahora sonaban como crueles e ignorantes bromas…

Recordó los días de la revuelta, cuando las llamas de la esperanza ardían alto, alimentadas por la promesa de un cambio. Ahora, esas llamas se habían convertido en un fuego devorador, uno que arrasaba con todo a su paso, reduciendo a cenizas incluso los ideales más nobles.

Pero no podía cerrar los ojos a la verdad que tenía ante sí. Los monárquicos habían ganado Magnolia, sí, y Fairy Tail se había unido a ellos, más para preservar lo poco que quedaba de la ciudad que por convicción. Ahora, mientras los vencedores reclamaban sus territorios con violencia y sangre, Lucy no podía evitar sentir una decepción punzante. Los rostros de los republicanos derrotados, aquellos que alguna vez clamaron justicia, ahora se desfiguraban en el sufrimiento y la humillación. Los monárquicos, alguna vez víctimas, se regodeaban en su triunfo, borrando con sangre el pasado que tanto los había atormentado.

Lucy cerró los ojos un instante, respirando hondo. El aire frío y amargo le quemaba la garganta. ¿Era esto lo que llamaban victoria? ¿Era esta la justicia por la que habían luchado? Se sentía ingenua, como si su moralidad estuviera fuera de lugar en un mundo donde la opresión se perpetuaba bajo diferentes nombres. Con cada paso que daba, la cruda realidad la golpeaba: las víctimas se convertían en opresores con la misma facilidad con la que cambiaba la marea.

Mientras se alejaba de las ruinas, su mente se debatía entre la desesperanza y una débil chispa de convicción. Quizás su presencia allí, su desaprobación silenciosa, era lo único que podía ofrecer ante el ciclo eterno de odio y destrucción. Quizás, algún día, su voz volvería a tener un lugar en un mundo donde las palabras no fueran acalladas por la espada. Por ahora, solo podía seguir caminando, oculta bajo la capucha, una sombra que no pertenecía ni a un bando ni al otro. Y mientras lo hacía, juró no olvidar lo que había visto; porque olvidar significaba aceptar, y ella no estaba dispuesta a aceptar ese mundo.

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"Te detestamos, pero no te odiamos"

Tras volver a la seguridad del distrito cuatro, hogar del gremio, la rubia pudo relajarse un poco, aunque no por ello se deshizo de su disfraz.

Repasó en su cabeza las razones que la habían llevado a salir por fin de su reclusorio en la enfermería del gremio. Ni ella misma las entendía del todo. ¿Las interminables horas de consuelo de parte de Levy? ¿Las palabras de Mirajane?... quizá sencillamente se había quedado sin más lágrimas para llorar y ahora su cuerpo se movía sólo, como un fantasma errante con el espíritu roto.

—Escuché que les prendieron fuego a los fanáticos de Zash en el distrito cinco…

—Un castigo adecuado para los traidores… Es una pena que la chica Heartfilia no estuviera entre ellos…

—¡Baja la voz!... sabes que no podemos hablar de eso aquí.

Al oír los murmullos de unos comerciantes, Lucy se estremeció bajo la túnica, recordando las miradas de odio que había recibido. Había sido públicamente repudiada, como enemiga de ambos bandos por no querer "sacrificarse" a los planes de su abuelo y los de la nación de Joya. Se había convertido en una paria, una sombra en las calles donde alguna vez caminó con orgullo.

"El pueblo se olvida, la gente no tiene memoria". Mirajane le había dado tal consejo basada en su propia experiencia. Ella también había sido repudiada en el pasado y el tiempo, como con todo, se llevó todo rastro de ese odio…

A un par de cuadras del gremio, pasó junto a las obras de reconstrucción de parte de la ciudad. Unos jornaleros se esforzaban bajo el sol radiante.

¡Plaf!...

Lucy dió un brinco de susto cuando un enorme ladrillo cayó justo delante de ella.

—¡¿Estás bien?!—Un joven de cabeza firpa y piel trigueña se bajó del andamio y corrió hacia ella. Rápidamente se disculpó por haberla puesto en peligro.

Aturdida, Lucy se dejó ayudar por él, pero acabaron cruzando miradas por un momento largo. Ella se puso muy nerviosa al temer ser reconocida. Sin embargo, pasó algo extraño:

—¿Nos ayudas un momento, señorita?—dijo otro hombre mayor, todavía montado en el andamio.

—¿Eh?

—Sucede que este sol está intolerable y requerimos que alguien nos apoye como aguador para saciar nuestra sed… En este momento de reconstrucción, todos los ciudadanos de Magnolia debemos ayudarnos…

Era irrisorio que el hombre citara el altruismo y el bien común a ella, que había sufrido el desprecio de todos sus conciudadanos…

—Ok…

Fuera por un sentimiento de culpa o simplemente por mero instinto mecánico de su cuerpo, la chica empezó a trabajar junto a ellos. El poco tiempo que quedaba hasta el mediodía, Lucy trabajó muy cerca del joven, llegando a enterarse que en realidad, todos ellos eran parte de una familia de comerciantes, ahora reducidos a jornaleros y albañiles, arruinados por la crisis con los comerciantes Joyanos. La chica se mordió los labios por la culpa que sentía al oír que gracias a ella, más y más personas sufrían dificultades. El joven era muy delgado y no muy alto, a pesar de que debía ser casi de su edad. Rastros de malnutrición se asomaban en toda su persona.

Llegada la hora del almuerzo, se sentó junto al joven en el escalón más bajo del andamio. Su familia susurraba a distancia prudente, con toda clase de ilusiones y futurología acerca de su encuentro.

Sin embargo, pronto se impuso la incomodidad entre ambos, al darse cuenta que ninguno se había presentado formalmente y Lucy ocultaba siempre su cara bajo la capucha…

—Me llamo Gadriel—le dijo el joven, secamente.

—Y yo soy…—la frase murió en sus labios al darse cuenta que ni siquiera había pensado en una historia o una coartada si llegaba a pasar esto. Rebuscó rápido en su memoria un nombre falso que ponerse, poniéndose más y más nerviosa cada segundo que permanecía sin responder y por ende, haciendo sospechar a Gadriel…

—... Eres Lucy Heartfilia.—Gadriel la asustó con la contundente revelación de que ya conocía su identidad.

La afirmación directa y firme de Gadriel tomó por sorpresa a Lucy, quien se quedó muda y completamente paralizada. Se maldijo a sí misma por haber olvidado su disfraz y haberse permitido ceder al instinto altruista.

« … ¡Me han descubierto!… »

Miró a Gadriel con el rostro más pálido que el papel, miró luego al resto de los jornaleros que trabajaban en la obra, miró a todo a su alrededor, buscando la ruta de escape más cercana, encontrándose rodeada por todos lados.

—No-no…

—Sí, lo eres—insistió Gadriel—. Me dí cuenta desde el primer momento…—admitió.

—Y… ¿qué vas a hacer con esa información?—preguntó ella, con una mezcla de temor y cautela, a la vez que acercaba su mano a sus llaves.

—¿Yo?, Nada en especial… ¿Esperas que haga algo?

Gadriel le observaba con el rostro en una expresión indescifrable, fría, y sin maldad o enojo. No era una expresión de odio ni desprecio, pero aún así Lucy no bajó la guardia.

—Yo… No comprendo—Lucy dudó—¿Acaso no me odias como el resto de la ciudad?

—¿Odiarte?—Gadriel levantó una ceja—... NO. Al menos yo, no—Gadriel hizo una pausa, como si quisiera repensar su afirmación.—Te aborrecemos, y desearíamos que estuvieras lo más lejos posible de nosotros, pero no te odiamos.

Lucy se quedó desconcertada por tan enrevesada y contradictoria respuesta. Las palabras de Gadriel sencillamente no tenían sentido.

—¿Eh?

—Te detestamos, pero no te odiamos.

—Yo… No comprendo.

—Em, ¿Cómo me explico?...—el jóven vaciló un momento. Buscó y maduró las palabras en su cabeza con sumo cuidado antes de abrir la boca, ya sea por el miedo a ofender a un mago de Fairy Tail o por una honestidad genuina—... Sabemos lo que hiciste. Al menos yo y los míos conocemos suficientes detalles para opinar sobre ello. Sabemos que gran parte de ello no fué tu culpa, que al igual que nosotros, sólo fuiste víctima de las circunstancias… Sin embargo, el hecho es que sigues siendo la razón por la que nuestras vidas han ido a peor desde hace un tiempo—sentenció el joven—. Es por tu causa que nuestra nación ha sufrido represalias del país de Joya y sus aliados. Lo sé, lo he sufrido, porque vengo de una familia de comerciantes… estamos objetivamente arruinados…—el joven hizo una pausa.

Lucy no sintió odio ni agresión por parte del joven, a pesar de las serias acusaciones que hacía en su contra. Tenía el rostro relajado, como si se hubiera quitado un peso de encima al decir lo que pensaba. En cambio, ella sintió un escalofrío recorrer su espalda. La crudeza en las palabras de Gadriel la golpeó, pero más aún la fría resignación que se escondía detrás de ellas. No había odio en su mirada, solo un cansancio profundo, como el de un hombre que había visto más de lo que podía soportar.

—Yo no…

—No te odio, de verdad—Gadriel la interrumpió—. Al conversar contigo puedo sentir tu calidez y definitivamente estoy convencido de que eres una buena persona, pero… cada vez que pienso en tí recuerdo todo lo que ha pasado por tu causa… ¡Lo siento!—se disculpó—. Es algo inevitable…

A pesar de que Gadriel fue amable y razonable, Lucy sintió una profunda amargura en su corazón al saber que su relación con sus conciudadanos se había dañado de forma irreparable. Igual que una amistad arruinada para siempre, en la que dos amigos se quieren pero se han lastimado demasiado para poder seguir juntos.

—Lo sé—respondió ella en un susurro, la garganta seca, las palabras atascadas en su boca como si fueran espinas.—Y… ¿Qué puedo hacer al respecto?—Lucy musitó, llena de tristeza.

Gadriel enderezó la cabeza y rápidamente pasó de la sorpresa a la reflexión. Realmente no esperaba que Lucy le preguntara eso. ¿Qué tendría que decirle un simple comerciante a una "intelectual" y escritora sin sonar tonto?

—¿Te interesa mi opinión?—Gadriel levantó una ceja.

—¡Por favor!

—Bueno…—el joven dió un largo y honesto suspiro—. HUYE…

—¿Eh?

—Vete, Lucy. Huye lejos y nunca regreses… es lo que yo haría en tu lugar—dijo Gadriel—. Amo a esta ciudad, este país, nací aquí, pero si me pasara lo mismo que a tí, mi conciencia no me dejaría en paz. El saber que mi presencia hace que las personas que me importan vivan peor no me dejaría dormir… Puede ser doloroso buscar un nuevo hogar, pero mi corazón me diría que es lo correcto.

Fue como si una montaña aplastara su ya lastimado espíritu, la idea de tener que, una vez más, dejar atrás su hogar, la atormentó desde el fondo de su ser. Primero había huido de su padre y ahora debía huir de las personas que amaba para protegerlas. ¿Alguna vez su vida dejaría de tratarse sobre escapar?

Mirajane le había dicho "El pueblo se olvida, la gente no tiene memoria", pero había olvidado decirle el detalle de que para que eso ocurriese, ella debía alejarse de ellos primero…

La cara que Lucy puso bajo la capucha debió ser tan lastimera, tan atormentada por la tristeza, que Gadriel se contagió de la profunda depresión que irradiaba la chica y se sintió una mala persona por hacerla llorar de esa manera con sus palabras. Aún cuando tenía sobre sus hombros el odio de toda una ciudad, Lucy todavía podía usar su don para convencer con sus lágrimas, capaces de enternecer e inspirar devoción en el más duro.

—¡Pero no tienes que hacerme caso!...—Gadriel tropezó con sus propias palabras—Al final, la decisión es tuya. Quizá no sea tan malo. Quizá las personas olviden… quizá esta guerra acabe con todos nosotros y se lleve así el dolor…

Lucy bajó la mirada, su corazón pesado como una piedra. Había esperado repudio, ira, pero lo que encontró en Gadriel era aún más devastador: Una mezcla de compasión y desprecio, una aceptación de que ella estaba atrapada en el mismo ciclo de odio y violencia que todos los demás. No importaba cuán inocentes fueran sus intenciones, cuán limpio fuera su corazón; en la mente de los demás, ella era un emblema del sufrimiento que se había derramado sobre la ciudad.

Aún no se había declarado oficialmente, pero en todas partes ya se hablaba abiertamente de una guerra civil en curso. Las fuerzas y los recursos ya se concentraban en Magnolia y en todas las ciudades conquistadas por los realistas al borde de todo el ferrocarril del Este. Desde Hargeon hasta Oshibana, los leales a la reina dominaban una larga y delgada zona que ya se conocía como "El Cinturón Real Oriental"...

—¿Y ahora qué?—murmuró Lucy, sin saber si preguntaba para Gadriel o para sí misma.—¿Seguimos odiando, luchando, hasta que no quede nada más que ruinas y fantasmas?...

La respuesta quedó en el aire, suspendida como una nube negra, hasta que un sonido repentino cortó la quietud…

¡Dong! ¡Dong!...

Fuertes campanadas se elevaron desde la lejana Catedral Kardia, reverberando por las calles y azotando las fachadas de los edificios. Lucy alzó la vista instintivamente, su cuerpo tensándose. Las campanas continuaron, repicando con una urgencia desesperada que se expandía por la ciudad como una ola invisible.

—Esas campanas…—Los ojos de Gadriel se ensombrecieron. No necesitó terminar la frase. Lucy ya comprendía lo que significaban. La señal era inconfundible, conocida por todos los habitantes de Magnolia: La ciudad se preparaba para un asedio…

Los republicanos habían movilizado sus fuerzas y se dirigían hacia la ciudad con intenciones nada pacíficas.

Lucy sintió un escalofrío recorrer su espina dorsal. Todo su ser se agitó con la violencia contenida de un rayo a punto de caer. Los republicanos, esos mismos que habían sido purgados y masacrados, regresaban ahora con la furia de una tormenta. La rueda de la venganza giraba una vez más, arrastrándolos a todos al abismo de la guerra y el sufrimiento.

—Debes irte—dijo el hombre, la voz cortante mientras se levantaba de su asiento y echaba una última mirada a Lucy. —No sé cuál será tu papel en todo esto, pero... espero que no acabes como ellos.—Sus ojos brillaron con una chispa de humanidad, antes de volverse fríos y decididos. —Buena suerte, Heartfilia.—Y sin más, giró sobre sus talones y le dió las espalda para irse con el resto de sus familiares.

Lucy se quedó inmóvil. Las campanas continuaban su monótona letanía, llamando a los ciudadanos a prepararse para lo que se avecinaba. Cerró los ojos por un instante, respirando hondo el aire frío y viciado del distrito.

«… Todo vuelve a empezar...» pensó, apretando los puños bajo la túnica. La guerra no había terminado; solo había cambiado de rostro. La ciudad se preparaba para otro baño de sangre, y ella estaba atrapada en medio, sin un lugar al cual pertenecer realmente.

Abrió los ojos, enjugó sus lágrimas y echó a andar, regresando al gremio con pasos decididos. No sabía qué papel jugaría en el conflicto que se avecinaba, pero una cosa estaba clara: el ciclo de odio y violencia no se detendría por sí solo.

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Magnolia, 18 de abril de X793…

Querida mamá…

Han pasado… no lo sé. Ha pasado mucho desde la última vez que te escribí.

Aún siento mi espíritu muy lastimado y dudo que vaya a reponerse pronto… mi habitación, mis pertenencias… mis vecinos… La casera… Sé que lo has visto desde allá arriba. ¡Por favor, no me obligues a escribirlo, no podría soportarlo!... no quiero.

Los últimos días no he parado de llorar. Tanto que creo que le contagié mi tristeza a Levy-chan. Me siento culpable por eso, ¡Es lo último que ella necesita en su estado!

Antes de partir al norte, Mira-san me ha dicho una y otra vez que debo distraerme, mantenerme en movimiento, que así la tristeza empezará a evaporarse…

Y eso mismo he tratado de hacer: Anteayer fui a la ciudad por primera vez desde la tragedia.

No fué "tan malo" como esperaba. Después de conocer a Gadriel, tardé unas horas en animarme a quitarme la capucha que ocultaba mi rostro en público, pero finalmente lo hice. Era tonto seguir con eso, ya que Gadriel me reconoció tan fácilmente. Esta vez las personas no me miraban con odio al pasar y nadie me arrojó nada. Sospecho que pueda deberse a que el gremio se alió oficialmente con el Bando Nacional y temen lo que les pueda pasar si me agreden… ¡Eso no me consuela, no quiero que la gente me repudie!

El Bando Nacional…

Aunque no se ha declarado formalmente, todos ya saben que es una guerra abierta. Aquellos que se oponen a la nueva "República de Fiore" son, o mejor dicho, SOMOS conocidos como "Realistas", "Lealistas" o "Bando Nacional". Fairy Tail se ha aliado con ellos. En este momento no soy la más adecuada para juzgar la elección de Laxus, pero… ¡uff!… no lo sé. Si me hubieras preguntado hace un par de meses quizá te hubiera dicho que soy republicana, pero con todo lo que ha pasado… ¡Ya no sé en qué creer!

Hemos recibido la noticia de que la ciudad va a ser asediada. La república no va a permitir que el Bando Nacional se haga fuerte en el este y la guerra ahora asoma a nuestras puertas, en una manera que nunca pensé que conocería. Pensé que la experiencia de álvarez me prepararía para lo que fuera, pero desgraciadamente, la muerte y la maldad humana siempre tienen cómo sorprenderlo a uno…

¡Es un contraste y una diferencia enorme!. En la guerra contra el imperio Álvarez, el Consejo Mágico dió una dispensa especial y excepcional para que los magos y las armas mágicas fueran empleadas en la defensa del continente, para defendernos del invasor, cuyo ejército estaba compuesto casi exclusivamente por magos. En ese conflicto fuimos testigos de avances ridículamente rápidos, con ejércitos completos recorriendo países en pocos días o incluso a veces en uno solo; máquinas voladoras mágicas, máquinas de asedio imposibles, etc..

Pero en este nuevo conflicto, debemos esperar semanas enteras para saber alguna nueva información, los avances son lentos, sangrientos y requieren emplear montones de recursos convencionales donde las máquinas movidas por magia harían el trabajo en poco tiempo. No he estado en el frente y no deseo estarlo, pero lo he visto reflejado en los interminables convoyes de heridos y muertos que llegan a la ciudad en carretas de caballos martirizados y con los lomos sangrando. No hay ni una sola máquina voladora en el cielo, ni siquiera las que emplean los magos ladrones para sus robos menores.

En estos días, la gente de Magnolia está llena de odio e ignorancia. Me duele tener que admitirlo, pero ahora mismo no reconozco a mis conciudadanos. Pensé que aquellos que en su día fueron oprimidos por los revolucionarios de Zash se comportarían mejor cuando les tocara estar del otro lado de la rueda, y me decepciona enormemente lo fácil que la víctima se convierte en victimario, el oprimido en opresor… No lo sé, supongo que me dejé intoxicar por mi propia nube de superioridad moral y espero demasiado de los que me rodean al pensar que ellos actuarían como lo haría yo.

En cuanto a mi futuro, no veo la salida aún… Las palabras de Gadriel resuenan en mi cabeza una y otra vez… "Te detestamos, pero no te odiamos"... ¿Entonces la única solución es irme de Magnolia y esperar que todos los que me odian me olviden?

He rehecho mis cuentas… Faltan 144 días para que Natsu y Happy regresen… en este momento, la espera por ellos es lo único que me impide salir huyendo… ¿La guerra siquiera dejará algún hogar para que ellos dos regresen?

Tuya, Lucy…

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Magnolia, Abril 20, año X793…

Cuando se supo la información de que la república preparaba una gran ofensiva para retomar el control de la Región Oriental del país, los preparativos para la defensa se hicieron a toda prisa.

La ciudad de Magnolia era un punto crítico en el llamado "Cinturón Real Oriental", una especie de fortaleza de avanzada, por su posición ligeramente tirada al oeste con respecto a la línea principal y por la gran fuerza del gremio de magos que albergaba la ciudad.

Sin embargo, la ciudad no estaba en su mejor condición para hacer gala de todo su afamado poder, pues el gremio se veía privado de sus magos más fuertes: Erza, Natsu, Gray y Juvia ausentes ya por varios meses, mientras que la fuerza de dragon-slayers fue repartida por toda la zona realista para reforzar puntos importantes ante la amenaza de ejército de dragon-slayers de cuarta generación que controlaba Zash.

Tal y cómo había sido acordado en el pacto, Wendy Marvell fue trasladada a Hargeon para proteger el importantísimo puerto ni bien se estabilizó la situación en Margaret, dejando a los magos de Lamia Scale y a los habitantes de la ciudad la responsabilidad de cuidar de sus propios traseros.

Situación similar ocurrió en Gazania. Cómo dicha ciudad no formaba parte del plan estratégico original del Bando Nacional, Gajeel fue requerido para defender el este. El maltrecho gremio de Sabertooth y su ciudad se convirtieron en un islote del Bando Nacional atrapado en territorio enemigo, corriendo gran peligro. Lejos de enojarse por esto, Sting lo asumió como un reto personal, la oportunidad de redimirse por sus errores previos.

Por su parte, Mirajane y sus hermanos todavía no regresaban del norte, pese a la orden de abandonar Oak Town y regresar a defender la zona Realista del ya anunciado contraataque republicano.

De manera que, para defender Magnolia únicamente quedaban dos dragon-slayers: Laxus, líder provisional del gremio y Gajeel, recién retornado de Gazania.

—¡11 días!—Laxus gruñó—¡Esta carta ha tardado 11 malditos días en llegar hasta aquí!

El Maestro Provisional del Gremio protestó enérgicamente ante semejante noticia, tanto por la gravedad de ésta como por la injustificable tardanza para recibirla…

—... Los servicios de correo están muy comprometidos por la guerra, y al consejo mágico le ha costado reorganizar sus propias líneas de comunicación internas…—argumentó el mensajero casi suplicando.

Los oficiales Karlistas reunidos con él tenían las manos temblorosas y listas para empuñar sus armas. Eran hombres duros y violentos, pero ante una fuerza mucho mayor, como la de un mago de tal calibre, sus voluntades flanqueaban como las de cualquier bravucón que sólo puede meterse con los débiles. El aura de poder por la presencia física del dragon-slayer de rayo ponía muy nerviosos a los nuevos aliados del Bando Nacional, que no estaban acostumbrados a estar en su cercanía, y Mirajane no estaba allí para apaciguar y ser la voz de la razón.

Era precisamente la ausencia prolongada de la maga lo que había hecho a Laxus investigar por sus propios medios y acabar descubriendo que los hermanos Strauss no regresaban debido a una noticia alarmante: El Imperio Álvarez se había implicado en la Guerra Civil Fiorana.

«… ¡Tiene que ser una maldita broma!… » bramó Laxus para sus adentros, sin querer mostrar su preocupación como signo de debilidad de su liderazgo.

Sucedió que el 9 de abril, de forma totalmente sorpresiva, el General Miller, ex-almirante de la flota naval, se apoderó de la ciudad portuaria de Arcángel, al norte de Fiore. Si bien era también una fuerza contraria a Zash y la república, todas las alarmas sonaron cuando se supo que su movimiento insurgente estaba reforzado por tropas del imperio Álvarez, por lo que la desconfianza y el temor de una invasión con armas mágicas (las que Álvarez usaba a voluntad en su ejército regular), era bastante justificada. Ante tal amenaza, se hizo necesario que Mirajane y sus hermanos se quedaran a defender la ciudad de Oak Town, en el catastrófico caso de que Miller y sus aliados de Álvarez quisieran bajar al sur y atacar la zona controlada por los leales a la reina.

—¡¿Qué demonios quieren ellos ahora?!—Laxus protestó, sin acabar de creer la noticia—¡Si acabamos de tener una guerra con ellos!... ¿Es que ese nuevo "Emperador Ajeel" tiene mierda en la cabeza?...

—... Es más simple de lo que parece—Una voz grave y severa irrumpió en la sala—. Ellos han visto una buena oportunidad para afianzar sus nuevas conquistas en el continente. ¡Pero no te alarmes demasiado, puedo garantizar que lo último que quieren ellos ahora es una guerra de alta intensidad con Fiore!

Todos giraron a la puerta a ver al recién llegado. Laxus apenas se dignó en mirarle. Sus sentidos de Dragon-slayer le avisaron de su llegada incluso antes de su interrupción. Arcadios tenía un olor muy particular…

—¡Llegas tarde!—Laxus increpó a Arcadios—. Tus fuerzas debieron llegar aquí hace días para ayudar en la pacificación de la ciudad...

«… Debías estar aquí para controlar a estos bárbaros salvajes… » quiso decir Laxus en realidad. El desprecio y maltrato que mostró a los Karlistas desde el comienzo de la reunión no era casual. El maestro del gremio había observado con impotencia los desmanes y vejaciones que los Karlistas provocaron en los distritos que se mantenían fieles a la república. Los ciudadanos republicanos de Magnolia ahora eran enemigos, cierto, pero ni siquiera el antiguo Laxus hubiese desplegado tal brutalidad sobre ellos como habían hecho los Karlistas. Culpaba a Arcadios por no ayudarle a controlarlos, cuando en primer lugar él los había traído como aliados. El hombre más leal a Hisui había tardado más de lo previsto en tomar las ciudades al norte del Ferrocarril Oriental y retrasado por casi una semana su llegada a Magnolia.

Arcadios se percató de esta animadversión y usó su mente política para evitar más roces:

—Déjenos solos—Arcadios ordenó a los oficiales Karlistas en la sala.—Han llegado nuevas órdenes de Lord kaledin para ustedes y el resto de los suyos…

Los Karlistas reaccionaron con desconfianza al inicio, pero luego obedecieron cuando Arcadios invocó el nombre de su líder una segunda vez. La improvisada sala de reuniones del gremio se quedó únicamente con el líder de la porción del ejército aún leal a la reina y el maestro de Fairy Tail. Laxus no perdió tiempo para empezar a atacar verbalmente:

—Estos monstruos que has traído a mi ciudad la han dejado en ruinas, han ahogado todo en la sangre de sus víctimas ¡Y esa sangre también está en mis manos, por tu culpa!—Laxus le gritó a Arcadios—. Tu culpa por traerlos y mía por permitirles entrar…

—No terminó bien, ¿Eh?—dijo Arcadios. Laxus casi pudo notar algo de sorna en su expresión, lo cual lo enfureció más—. Creí que ya habías peleado una guerra antes. Son cosas que pasan en todo conflicto. Es inevitable, lo he visto toda mi vida—Arcadios intentó sonar tranquilizador.

—No pienso seguir colaborando con los Karlistas. ¡Los quiero fuera de Magnolia para mañana!

—Los necesitamos, no tenemos los números de nuestro lado.—más que un argumento, sonó a una excusa. Laxus era invadido por una gran incomodidad cada vez que Arcadios se refería a Fairy Tail y el Bando Nacional como un todo. Cada "nosotros" al que refería Arcadios le hacía sentir que había cometido un terrible error al aliarse con un bando en esta disputa política, y eso lo llenaba de culpa.

—Estos hombres son primitivos — expresó Laxus con cautela, calmando el tono y el humor.

—¿Son los dragon-slayers de hace 400 años más civilizados que estos hombres? ¿Lo son los magos que en el pasado lucharon en nombre de Fiore antes que el consejo se los prohibiera?

La incomodidad de Laxus se convirtió en irritación cuando Arcadios se atrevió a comparar a sus compañeros de primera generación con los Karlistas, al mismo tiempo que se alarmó al darse cuenta que Arcadios conocía la verdad acerca del origen de Natsu y compañía. ¿De qué otros secretos del gremio se había apoderado y cómo?

—Estás agotando mi paciencia…—Laxus lanzó una vaga amenaza pero en cambio, elevó su poder mágico a cotas peligrosas para un simple mortal como Arcadios. El aire se ionizaba discretamente alrededor de la armadura metálica de Arcadios y sentía algunos toques eléctricos al repasar el acero con los dedos. El hombre trató de serenarse y no mostrarse intimidado por el poderoso mago.

—La ciudad de Magnolia va a ser asediada pronto, ¡Necesitamos planificar la defensa, pues es un punto vital para nuestra supervivencia y la de nuestra causa!

Arcadios señaló un hecho vital y la fortuna le sonrió: Laxus se tranquilizó lo suficiente para razonar con él. La situación era apremiante y debían hacerse los preparativos cuanto antes. Inició entonces una tortuosa ronda de planificación y se debieron realizar nuevas concesiones, de ambas partes, para llegar a un acuerdo duradero.

Laxus aceptó hacer la vista gorda de los desmanes de los Karlistas en los distrito cambio de que Arcadios asignara la mitad de sus propias fuerzas para reforzar la defensa de Magnolia. Los guerreros de etnia Karda no volverían a pisar Magnolia, bajo amenaza del propio gremio de Fairy Tail.

Arcadios hubiere preferido reforzar su cuartel general con tropas leales, pues él también tenía sus reservas con los métodos de los Karlistas, pero era innegable la importancia de la ciudad de Magnolia: Sería el punto más atacado por su cercanía a la zona republicana y por su importancia estratégica.

«… Una pala de cal y otra de arena… »

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Magnolia, Mayo 1, año X793…

Magnolia se preparaba para la tormenta que se avecinaba. El aire estaba cargado de tensión, como si la ciudad misma pudiera sentir el peso de la batalla inminente. En los altos muros y las calles fortificadas, los defensores realistas, magos y soldados, trabajaban incansablemente. Desde la Plaza del Kardia hasta las murallas exteriores, se erigían barreras mágicas y se trazaban runas en el suelo, todo bajo la dirección de los mejores magos que quedaban en la ciudad. Magnolia no caería sin dar pelea. No mientras Laxus y Fairy Tail tuvieran algo que decir al respecto.

El gremio de Fairy Tail, aquel bastión legendario, ahora era la piedra angular de la defensa realista en Magnolia. Pero, a pesar de su fuerza, el vacío que habían dejado Natsu, Erza, Gray y Juvia era palpable. El peso del liderazgo caía sobre los hombros de Laxus, y aunque su poder era indiscutible, la carga emocional era pesada. Estaba de pie sobre las murallas, observando el horizonte, su aura eléctrica zumbando a su alrededor, como si él mismo fuera un relámpago contenido, listo para estallar.

—¿Cuánto tiempo más, Freed?—Su voz, grave y cargada de impaciencia, rompió el silencio que los rodeaba.

—Unas pocas horas más. Pero estaremos listos—respondió Freed, sin apartar la vista de los magos del Raijinshu que trazaban intrincadas barreras defensivas en el suelo. Eran los únicos compañeros con los que Freed se dignaba en compartir los secretos de la magia de runas.

Laxus apretó los puños, la frustración ardiendo en sus venas. La ausencia del equipo Natsu era un recordatorio constante de la fragilidad de su situación. A pesar de la fuerza que había reunido en Magnolia, las noticias traídas por Gajeel confirmaron los peores temores de todos, al enterarse del terrible poder de los dragon-slayers de cuarta generación, el Quartum Army que controlaba Zash Caine…

«… Cientos, probablemente miles de esas cosas, y Erza y Natsu están fuera de la ciudad… ¡Es la tormenta perfecta!… »

Los monárquicos se distribuyeron lo mejor que pudieron en la zona que controlaban, para sacar ventaja de los limitados recursos que poseían. El cuartel general en Oshibana podía parecer una fortaleza inexpugnable, pero Magnolia era el corazón del pseudo-reino y, en efecto, el cebo. Un imán que atraía a las fuerzas republicanas, lo suficientemente bien defendido para resistir, pero no lo suficiente como para rechazar un asedio prolongado. Si Magnolia caía, las ciudades más importantes en la línea del ferrocarril oriental, como Onibus y Hargeon, estarían en peligro inmediato.

De ahí la elección de Oshibana como "verdadero" cuartel general. Si las cosas acababan en desastre, los líderes realistas podrían huir prácticamente de un salto a Clover Town, tierras neutrales en manos del consejo mágico. A Laxus no le hacía ninguna gracia que usaran a su gremio como carne de cañón en la contienda, pero la ubicación geográfica de Magnolia se prestó para ello.

—... Podría jurar que esos cobardes van a huir a la primera señal de problemas—Laxus reflexionó en voz alta—. Es por eso que ustedes 3,—señaló a sus protegidos—Evergreen, Bickslow y Freed, deberán estar alertas y prestos para evacuar a la población vulnerable si llegamos a ser rebasados por el enemigo…

—Pero Laxus, ¡No puedes pedirnos que huyamos cuando…

—¡Sin peros!—resopló autoritariamente.

Mientras tanto, en su hogar del Valle Fresh, Gajeel acababa de regresar de su misión en Gazania, ya con su mano reconstruida, pero no había tiempo para descansar. Apenas había pisado Magnolia cuando las alarmas sonaron, y ahora, tras unos pocos días de descanso, debía prepararse para la batalla una vez más. Levy, su esposa, lo miraba con ojos llenos de miedo y frustración. En este punto, su enojo por su última partida ya se había disipado por completo y la tormenta hormonal que la preñez causaba en su cabeza ahora la hacía llorar de tristeza. Estaba embarazada, y la sola idea de verlo marchar de nuevo la destrozaba.

—No puedo creer que acabes de volver y ya tengas que combatir otra vez,—le dijo ella, su voz apenas contenida. Estaba furiosa, pero sobre todo aterrada. Se abrazó al vientre, como si quisiera proteger a su hijo del caos que envolvía al mundo.

—Lo sé,—respondió Gajeel, su voz más suave de lo que cualquiera en Fairy Tail habría imaginado. Él no era alguien que mostrara sus emociones fácilmente, pero con Levy todo era diferente.—Pero si no peleo, no hay futuro para nosotros, ni para ellos.—terminó la frase acariciando el vientre de su mujer con los dedos.

Levy lo miró, las lágrimas luchando por salir de sus ojos, pero se mantuvo firme. Sabía que tenía razón, pero eso no aliviaba el dolor en su corazón. Gajeel la abrazó, estrechándola contra su pecho metálico. Sentía el latido de su corazón acelerado, y por un instante, deseó poder dejar todo atrás y quedarse con ella, pero no era el hombre que se quedaba al margen.

—No te atrevas a morir, Gajeel,— susurró Levy, enterrando su rostro en su pecho.

—Te preocupas demasiado, enana.—respondió él con una sonrisa ladeada—No será la primera vez que peleo con esos engendros, e incluso ahora, será mejor, porque no estaré sólo. El resto del gremio peleará también.—intentó tranquilizarla antes de besarla en la frente y marcharse hacia el frente, donde su lugar en la batalla lo esperaba.

Mientras tanto, en un rincón del gremio, Lucy se debatía en silencio. Estaba sentada, con las manos entrelazadas, su mirada perdida en el suelo. La culpa y el resentimiento se arremolinaban en su pecho como un veneno lento. ¿Por qué se sentía así? ¿Por qué no podía alinear su corazón con la defensa de la ciudad que alguna vez había amado? Sabía que era su deber luchar, pero algo dentro de ella no dejaba de cuestionar el precio que habían pagado. La guerra había destruido tanto, y la ciudad que una vez fue su hogar ahora se sentía ajena, como un lugar que no reconocía.

No quería admitirlo, pero guardaba un atisbo de rencor contra sus conciudadanos, por lo que le hicieron sufrir.

Una parte de ella quería pelear, quería levantarse y hacer algo, pero otra parte solo quería escapar, alejarse de la destrucción y la violencia que la envolvía. Se sentía avergonzada de sus propios pensamientos, como si traicionara a aquellos que habían confiado en ella.

—¿Qué hago? ¡¿Qué hago?!—Lucy murmuró para sí misma, pero las respuestas no llegaban.

En el mismo edificio, Erik Cobra estaba sentado con los brazos cruzados, observando cómo Kinana lo miraba con súplica en los ojos.

—Por favor, Erik, ¡Ayúdanos a defender la ciudad!,—rogaba ella, su voz temblorosa.—Si lo haces, podrías demostrarles a todos que has cambiado. Podrías unirte a Fairy Tail oficialmente…

Pero Erik se mantenía firme, su orgullo le impedía aceptar la súplica.

—No necesito la aprobación de nadie,—gruñó. —No me arrodillaré ante ellos solo para que me acepten.— Kinana apretó los labios, frustrada.

—No se trata de eso. Se trata de demostrar que ya no eres quien fuiste. Se trata de proteger lo que queda de esta ciudad, de nosotros…

Cobra desvió la mirada. Sabía que tenía razón, pero el dragon-slayer de veneno era terco y se consideraba "su propio hombre", hecho así mismo con defectos y todo. Su orgullo le obligaba a hacer las cosas a su manera. No podía, o no quería, dar ese paso, aunque algo en su interior se retorciera al ver la tristeza en los ojos de Kinana…

De pronto, desde las murallas, las voces empezaron a alzarse, gritos que anunciaban la proximidad del enemigo. Laxus, que seguía observando el horizonte, sintió un temblor en el aire. La marea republicana avanzaba, y con ellos, la promesa de un enfrentamiento brutal. Los escudos mágicos comenzaron a brillar con una luz azulada mientras se activaban, y los defensores se preparaban para la embestida.

En el horizonte aparecieron miles de tropas, en formaciones tan densas que el ejército invasor parecía un colosal organismo de múltiples extremidades.

—Es tiempo—murmuró Laxus, su mirada cargada de electricidad. Sabía que el destino de Magnolia y, en gran medida, de toda la región monárquica, dependía de esta batalla. No podían ceder.

La batalla por Magnolia estaba por comenzar, y en ese momento, todos los que alguna vez llamaron a la ciudad su hogar, se preparaban para defenderla o perecer en el intento.

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Magnolia, Mayo 3, año X793…

Parque Central de Magnolia, 22:00 hrs…

El tercer día de la invasión de Magnolia amaneció con el cielo cubierto de humo y cenizas, testigos mudos de una batalla que parecía interminable. Durante las primeras 48 horas, los magos de Fairy Tail, junto con las fuerzas leales de Arcadios, habían resistido con valentía, contrarrestando la aplastante superioridad numérica de los republicanos. Cada calle, cada esquina, había sido un campo de batalla, y el poder combinado de los magos había marcado la diferencia, manteniendo a raya a un enemigo que confiaba en el peso abrumador de sus números.

Los republicanos asediaban la ciudad desde varias direcciones, siendo cruciales tres puntos: La llamada "Puerta Occidental", la estación de Trenes y la zona del distrito #5.

Ya en el segundo día, la barrera de runas de Freed había caído y ahora la artillería arcaica resonaba en ambos lados, los enemigos intercambiaban balas de cañón explosivas a larga distancia, con mayores afectaciones a la ciudad de Magnolia, quien tenía más que perder en este tipo de combate.

La destrucción de los cañones era intercalada con incursiones de infantería republicana, que por todos los medios intentaba romper el frente.

En esta ocasión, no se trata de soldados convencionales…

—¡Están aquí!—voceó Laki Olietta, que encaramada en sus ramas, hacía las veces de vigía—¡Es otra oleada de esas cosas!

La alerta se anunció y los dragon-slayers de cuarta generación fueron recibidos por los magos. Las criaturas saltaron por encima de las murallas y fortificaciones improvisadas, metiéndose en la ciudad.

—¡Sus muñecos sin mente no son una ventaja contra nosotros!—bramó Cana, desafiante ante el peligro.

Todos los frentes de la ciudad se llenaron de los ecos que producían los "krak" de las armaduras del Quartum Army siendo golpeadas por los magos, seguidos de los temblores provocados por los estallidos de las Lacrymas de dragón.

La información traída por Gajeel de su primer encuentro con los androides en Gazania, resultó vital para que los magos de Fairy Tail y las fuerzas aliadas se preparen adecuadamente para enfrentar la nueva amenaza.

Toda la doctrina de combate se resumía a tres simples reglas:

No dejarse rodear. Mantenerlos a rango.

No desperdiciar recursos en abatir a uno sólo.

Protegerse de las explosiones de las Lacrymas.

En la práctica resultaba más fácil decir qué hacer. El primer día, a altas horas de la noche, las criaturas atacaron por sorpresa y causaron el pánico entre los defensores inexpertos.

Fue necesario que Gajeel, Lily, Laxus y el Raijinshu se dispersaran por toda la ciudad para evitar el colapso de las fuerzas. Fue un esfuerzo sobrehumano, incluso para los que en ese momento constituían lo mejor que Fairy Tail podía ofrecer.

Dos días después, los defensores se habían curtido y empoderado. Incluso los magos más mediocres, como Wakaba y Macao, habían encontrado maneras de ayudar, al combinarse con los soldados a pié del ejército de Arcadios.

—¡Plant Knuckle!...—Droy hacía saltar a los monstruos por los aires, preparándolos para que otro compañero los rematase.

—¡Wood make!...—Laki dejaba sus labores de vigía cuando los enemigos amenazaban con desbordar a sus aliados, cosa que sucedía con bastante frecuencia.

Laxus miraba con orgullo a sus compañeros y ahora subordinados, habiendo demostrado que la fuerza de Fairy Tail no sólo se reducía al "Equipo Natsu".

En los diferentes sectores de la ciudad, la combinación entre magos y soldados de la reina chocaba con los androides con poderes de dragón…

—¡Tetsuryūkon! (Bastón del Dragón de Hierro)... Maldita sea, ¡No se acaban!—Gajeel gruñó frustrado, mientras aplastaba la coraza de un androide con su bastón metálico.

—Te advertí que no sería tan fácil como la última vez—Panther Lily le respondió mientras lanzaba un gran mandoble de su espada musical, despachando a algunos enemigos.

La escena se repetía en toda la ciudad. La tensión era palpable, y la moral comenzaba a flaquear. El esfuerzo que los defensores estaban haciendo para contener a los dragon-slayers sintéticos era demasiado para sus capacidades. Laxus sabía que no podrían mantener este nivel de desgaste por mucho tiempo. Si quería alzarse con la victoria, necesitaba un golpe decisivo lo antes posible…

—¡Rairyū no Bakuhatsu! (Explosión del dragón de Rayo)—La descarga cayó sobre los atacantes como una lluvia de luz. Los relámpagos alcanzaron a decenas de dragón Slayers sintéticos. La electricidad circulaba por sus armaduras de dragón de forma contagiosa, paralizado y quemando a varios de ellos…

¡Boooom!

La sobrecarga energética causó el estallido repentino de varias Lacrymas de dragón sintéticas.

—¡Bien hecho, Laxus!—Freed elogió.

—¡No lo adules y pelea!—Evergreen lo reprendió por su indulgencia, mientras preparaba una lluvia de polvo de hadas para rematar a aquellas criaturas que no estallaron con el ataque de Laxus—¡Yōsei Kijū: Repurakōn! (Ametralladora de Hada: Leprechaun).

En el frente de combate principal, Laxus contiene al grueso de las fuerzas enemigas. Es el lugar menos defendible y que se consideraba carne de cañón, la "Puerta Occidental", el distrito #1, el punto más al oeste y por ende más cercano a la zona controlada por Zash. Es allí donde el maestro del gremio ha escogido intervenir personalmente, bajo el razonamiento de que la cadena se rompe en el eslabón más débil.

No está sólo, junto a él lucha su inseparable séquito, el Raijinshuu, los que antes del ascenso de Erza y Natsu, presumían de ser los más fuertes del gremio.

«… hum, esta ya es la onceava… ¿o doceava oleada? ¡Son tantas que ya he perdido la cuenta… »

La falta de resultados no sólo permeaba la moral de los defensores. Los atacantes también empezaban a desesperarse por las numerosas bajas que estaba causando Laxus en el frente de batalla principal y por la incapacidad de penetrar la ciudad por otros puntos.

—... ¡Retrocedan!... ¡¿Dónde están los médicos?!—Los capitanes republicanos impartían órdenes por doquier, buscando ordenar el caos que se desata cada vez que el Raijinshuu contraataca.

Laxus cree ver una abertura cuando en esta ocasión, los atacantes se retiran más de lo habitual, dejando una importante cantidad de terreno a merced de los magos. Sin embargo, el maestro de Fairy Tail duda. Entiende que sería perjudicial para su posición avanzar y recuperar terreno que le sería muy difícil defender con los recursos que tiene. Ya en las condiciones actuales están rozando el límite de sus fuerzas…

En el inicio del combate, los defensores habían retrocedido hasta el emblemático parque de Magnolia, escenario de declaraciones de amor y visita turística obligatoria. Laxus sentía la obligación de recuperarlo.

«… Es una pena, un avance ahora sería bueno para la moral de los compañeros… »

Pasan los minutos y para gran sorpresa de los defensores, la presión de los atacantes mengua hasta casi desaparecer. La infantería deja de intentar romper el frente, la artillería tampoco toca su mortal retumbar. El silencio se impone.

—¿Qué ocurre?... ¿Acaso ellos…—Laxus duda.

—¡Hemos vencido! ¡Se rinden!—Jet y Droy celebran. Su entusiasmo se contagia entre los soldados.

—¡Esperen, no bajen la guardia!—Laxus intenta mantener la disciplina de sus guerreros.

La euforia y la moral de los defensores aumenta. Aunque sea poco probable que los republicanos hayan desistido, puede significar que están agotando sus recursos, lo cual también es una buena noticia para los magos y los soldados de la reina que resisten en Magnolia. Sin embargo, Laxus, el maestro de gremio, está desconectado de todo. No puede comprender cómo, a pesar de lo buena que parece la situación, él siente desde lo más profundo de su ser que algo anda terriblemente mal.

No es el único, Gajeel, en el otro extremo de la ciudad, siente exactamente lo mismo.

—¿Qué ocurre, compañero?—Lily le dice, al percatarse de su preocupación.

—Algo viene… ¡Está retumbando!—Gajeel balbucea de forma incomprensible.

Panther Lily no comprende al inicio… Un retumbar en la tierra. Un temblor. Vibraciones constantes. Primero pequeñas que luego se acumulan. Y entonces Lily lo siente bajo sus pies. Lo sienten todos aquellos que no se han perdido en la euforia de la falsa victoria…

¡Craaaaack!

—¡TODOS ALERTA!—Laxus hace estallar su voz como un relámpago, que es opacada por el movimiento geológico. Un sismo. La tierra bajo la ciudad tiembla y algunas paredes se resquebrajan. El pánico se esparce por la ciudad de Magnolia.

«… ¿Un sismo?... ¡¿En esta época del año?!... »

Luego del susto inicial, se oyen temblores fuertes, espaciados pero constantes. Laxus avanza unos metros al frente y ordena a Laki que use su magia de madera para elevarlo sobre el campo de batalla. Con su aguda vista, Laxus lo ve acercarse…

"Moaaaarhh"

Un grito no, un rugido antinatural. Una mezcla entre el balido de un herbívoro y un rugido de dragón, un tono muy grave y con bajos resonantes.

—¡¿Qué es esa cosa?!—Laki Olietta chilla.

Laxus lo vió a 50 metros de distancia. Una gigantesca criatura bípeda, de casi la mitad de la estatura de un Wyvern. Estaba completamente cubierta de una armadura de roca y piedra.

Su aspecto tosco, obeso y desgarbado contrastaba con la elegancia y artesanalidad de las armaduras de los dragon-salyers de cuarta generación, rematada por bordes cuadrados y masivos como baldosas. Sin embargo, lo que le delató como un miembro de la familia de dichas criaturas artificiales fue una inscripción tallada en alto relieve, unos grabados arqueo-tecnológicos que rezaban:

"DX-05 Dojin"

—¡Es uno de los "especiales" de los que habló Gajeel!—vociferó uno de los magos que acompañaba a Laxus, al descubrir la identidad del monstruo: ¡Un dragon-slayer sintético de elemento tierra!

—¡Moaaaarhh!

El monstruo volvió a rugir, el yelmo de su cabeza se abrió como una boca. Levantó ambos brazos, cuyos guanteletes terminaban en unos bordes tan cuadrados que parecían pezuñas. Las dejó caer contra el suelo e hizo la tierra temblar…

¡Craaaaack!

El temblor vino acompañado de largas rocas afiladas que brotaban de la tierra cuál flores, cuya fuerza hizo pedazos a varios soldados de la reina, los magos apenas lograron ponerse a salvo…

¡Aaah!—Jet y Droy gritaban de terror mientras Freed y Evergreen los elevaban en vuelo para salvarles de una muerte segura.

Laxus sintió su visión borrosa por la fuerza del sismo, viendo en varios fotogramas la destrucción que el ataque causó en el frente: Varios soldados muertos, sus compañeros magos dispersados, las fortificaciones y barricadas de defensa destruidas. Hechas con madera de Laki, fueron fácilmente astilladas y reventadas por las rocas filosas que brotaron del suelo.

—El frente… ¡Está destrozado!

La advertencia resonó como una maldición. Mientras los defensores intentaban salir del aturdimiento, el ejército invasor apareció detrás de Dojin. Soldados de infantería y dragon-slayers de cuarta generación se echaron rápidamente encima de los magos de Fairy Tail…

—¡TODOS DE PIÉ, RÁPIDO!... ¡Eaarrh!... ¡Rairyū no Arashi! (Tormenta del dragón de Rayo)

Laxus desató una lluvia de relámpagos sobre los invasores, protegiendo a sus aliados y dándoles tiempo de reincorporarse. El estallido de electricidad fué tan poderoso que los republicanos volvieron a esconderse como ratas detrás de la espalda del monstruoso Dojin.

No hubo tiempo ni necesidad de vacilación. Laxus demostró porqué merecía ser un líder y repartió nuevas órdenes de inmediato:

—¡Yo me encargo del grande, magos debajo del nivel "A", apoyen a los soldados de la reina!—vociferó—Raijinshuu… chicos—hizo una pausa—sé que les he exigido más que a todos los demás pero, ¿Puedo pedirles que se encarguen del resto de los androides dragon-slayers?

Y sus tres pupilos probaron porqué eran dignos de su confianza:

—¡No tienes qué pedirlo, cumpliremos nuestro deber!—Freed asintió rápidamente.

—¡A rock'n'rollear, baby!—Biscslow sacó la lengua.

—Ahora, la verdadera reina de las hadas recuperará el protagonismo…—dijo Evergreen en tono coqueto.

Los republicanos también se prepararon y los capitanes arengaban a sus soldados:—¡Todos, en formación!... ¡Por la república, por Zash-sama!

Las dos fuerzas chocaron una vez más.

El Raijinshuu se enfrentaba con fiereza a los androides comunes del Quartum Army, sus habilidades siendo probadas al límite. Freed dibujaba runas en el suelo a un ritmo frenético, creando barreras que inmovilizaban a los androides o los forzaban a dividirse en pequeños grupos, reduciendo su amenaza colectiva. Bickslow, con sus espíritus animados danzando a su alrededor, utilizaba formaciones prohibidas para disparar rayos que atravesaban las armaduras sin dañarlas y reventaban las Lacrymas desde dentro. Evergreen, con un destello de su mirada petrificante, inmovilizaba a los más rápidos, reduciéndolos a figuras de metal inerte que luego eran derribadas por el resto de las fuerzas. Sin embargo, la presión de la batalla no cesaba, y cada androide caído parecía ser reemplazado por dos más…

«… Estas cosas… ¡Pensé que mi magia Seith sería inútil, pero funciona muy bien en estas cosas!... » Pensó Bickslow, sorprendido. Wendy e Irene sabían muy bien por qué, pero no estaban allí presentes para explicárselo.

—¡Enfréntame, monstruo!—bramó el maestro suplente de Fairy Tail.

Laxus se centró en el enemigo más imponente del campo: Dojin, el Dragon Slayer sintético de tierra. Sin perder tiempo, lanzó una ráfaga de rayos que iluminó el campo de batalla como un relámpago en la noche…

—¡Rairyū no Hoken! (Puño destructor del dragón de Rayo)—Laxus no se contuvo y apostó por un ataque poderoso desde un inicio. La marca de su puño transformado en rayos se estrelló de lleno contra el pecho de Dojin.

El impacto fue directo, envolviendo al coloso metálico en un estallido de energía chisporroteante. Pero cuando las luces se disiparon, Dojin permaneció de pie, ileso…

—¡¿Cómo?!—Laxus gruñó. Dojin únicamente dió un paso al frente y no devolvió el ataque—¡La próxima no tendrás tanta suerte!... ¡Rairyū Hōtengeki! (Alabarda del Dragón del Rayo)

Laxus forma en sus manos un rayo en forma de Lanza. El lanzamiento es preciso y toda la fuerza eléctrica acumulada causa una nube de polvo al estrellarse contra la coraza pétrea de Dojin. Sin embargo, el ánimo del maestro del gremio casi deja su cuerpo cuando Dojin salió de entre el polvo y apareció justo frente a él. Levantando ambos brazos y amenazando con aplastar a Laxus…

—¡Mierda!... —Laxus usó su cuerpo de rayo para huir a toda velocidad. Dojin descargó el golpe en el suelo y causó un nuevo sismo…

¡Craaaaack!

¡Cúbranse todos!—Los defensores advirtieron, al sentir lo que se avecinaba.

Los dragon-slayers del Quartum Army retrocedieron inmediatamente y dejaron a los magos a merced de los destrozos que el ataque sísmico de Dojin causaría…

—¡¿Qué está pasando aquí?!—Laxus no daba crédito a lo que veía. Sus ataques parecían inútiles ante la bestia artificial…

—¡Te está "aterrando"!—Laki Olietta le gritó.

—¡Yo no tengo miedo! ¿Cómo te atreves?—Laxus le gruñó de vuelta. La confusión por el sismo persistía y el combate aún no se reanudaba.

—¡No, tonto! ¡Lo que quiero decir es que esa cosa está neutralizando tus rayos como un relámpago se rompe contra el suelo!... ¡Básicamente estás peleando con un pararrayos!

Laxus finalmente comprendió. Miró de vuelta a Dojin, que seguía dando pasos lentos. Su cuerpo, compuesto de una amalgama de roca mágica y tierra compactada, absorbía la energía de los ataques eléctricos "aterrándolos", disipando la energía como si no fuera más que una corriente pasajera. Laxus apretó los dientes, entendiendo que este enemigo no sería derrotado con facilidad.

—¡Esto no ha terminado!—bramó Laxus.

Sin rendirse, Laxus lanzó tres ataques más en rápida sucesión, cada uno con más intensidad que el anterior.

¡Rairyū no Bakuhatsu! (Explosión de Rayo del dragón de rayo)—Una descarga continua de rayos golpeó a Dojin, chisporroteando por su superficie y creando cráteres en el suelo a su alrededor. A continuación, canalizó su magia en un proyectil de alta velocidad que impactó como un relámpago contenido. Su último ataque, su rugido de dragón. Una explosión masiva de energía que resonó como un trueno, sacudió el campo…—¡Rairyū no Hokou! (Rugido del Dragón del Rayo)

¡Skrissshh!... Zap-zap…

Sin embargo, el resultado fue el mismo. Dojin seguía avanzando, como si nada hubiera sucedido, mientras el suelo alrededor de sus pasos se compactaba bajo su abrumador peso.

«… Si esto sigue así, voy a perder la iniciativa… Sin embargo ¡¿Por qué no me ataca de vuelta?! ¿Qué está esperando?... »

Laxus estaba desconcertado por la inusual estrategia de Dojin, puramente defensiva. Temiendo perder el control de la pelea, Laxus insistió con sus embates. Sin embargo, decidió aprovechar la lentitud de Dojin para preparar una técnica más elaborada:

—¡Freed, cúbreme!

«… Oh, va usar, "la cosa". ¡Prepárense para ver la genialidad de Laxus!... » pensó Freed para sus adentros.

Laxus se plantó en el suelo y presionó con sus dedos medio e índice su frente. Allí empezó a concentrar una gran cantidad de rayos, cuyos destellos energéticos alteraron los sentidos de todos los magos presentes y erizaron la piel de los no magos…

—¡Va a hacer algo grande, deténganlo!—ordenó un capitán republicano.

—¡No en mi guardia!—Freed anunció, mientras defendía a Laxus.

En el pasado, Laxus había usado su electricidad de formas creativas para enfrentar a todo tipo de rivales. Desde muy joven su ansia de gloria y poder le llevaron a no sólo entrenar la brutalidad sino también los mecanismos mágicos detrás de la interacción de los elementos naturales, para fortalecer su técnica: Era capaz de usar los minerales del agua para conducir electricidad y sorprender al enemigo, capaz también de usar campos electromagnéticos para redirigir las técnicas de fuego de Natsu, y su más grande orgullo: la capacidad de de concentrar sus rayos en un plasma capaz de cortar acero como cuchillo caliente en mantequilla…

—¡Cómete esto!: ¡Rairyū no Sākā! (Perforador del dragón de Rayo)

El rayo de plasma cargado salió disparado de los dos dedos de Laxus. Un rayo delgado pero poderoso, rodeado de otro rayo en espiral, dándole la forma de un taladro… Laxus había desarrollado esta cosa en el hipotético caso de tener que volver a enfrentar a Gajeel algún día. Con una precisión implacable, canalizó sus rayos en un torrente concentrado, un plasma ardiente que brillaba con un fulgor cegador.

¡CRAAAAASH!

El rugido de Laxus fue como un trueno que rasgó el cielo ennegrecido. Una muestra de su dominio absoluto sobre la electromancia, atravesó el aire en un instante, dejando tras de sí un rastro de calor abrasador y estática. El impacto contra el pecho del androide de tierra fue atronador, una explosión que resonó en toda la ciudad, levantando escombros y una nube de polvo que se extendió como una cortina opaca. Todos los combatientes retrocedieron. Los magos y soldados, expectantes, contuvieron la respiración, esperando ver al enemigo reducido a cenizas…

«… ¡Eso tiene que haber funcionado!… »

Pero cuando la nube de polvo se disipó, la realidad golpeó como una bofetada helada. El androide permanecía en pie, su cuerpo compuesto de una tierra extrañamente reforzada apenas mostraba grietas superficiales. El lugar donde el plasma había golpeado aún brillaba por el calor residual, pero la estructura del monstruo seguía intacta. Como un gigante imperturbable, el androide giró su cabeza sin rostro hacia Laxus, como si el ataque hubiera sido poco más que una brisa molesta. La evidencia de la inutilidad del golpe pesó como una losa sobre los defensores.

—¡Moaaarrrh!...—El monstruo rugió desafiante.

—... Aunque el metal proviene de la tierra, ciertamente no son lo mismo. ¡Demonios!—Laxus suspiró, profundamente decepcionado del resultado.

El aire se llenó de murmullos de incredulidad y miedo. —Ni siquiera Laxus pudo dañarlo…—, se escuchó entre los defensores, cuyas manos temblaban al empuñar sus armas. Algunos retrocedieron instintivamente, mientras otros se quedaron paralizados, sus rostros una mezcla de asombro y desesperación. Los magos de Fairy Tail, exhaustos tras tres días de batalla, intercambiaron miradas cargadas de incertidumbre. El brillo del relámpago que había sido un símbolo de esperanza y fuerza ahora parecía apagarse, y la figura inmóvil del androide se alzaba como un monumento a la inevitabilidad de la derrota.

—Si ni él puede detenerlo… ¿Qué esperanza nos queda?—murmuró uno, sus palabras reflejando el miedo creciente que amenazaba con consumirlos a todos.

Laxus se percató del pánico y quiso atacar de nuevo, pero sus piernas fallaron y no pudo completar el salto. El utilizar la técnica que creía era su carta ganadora le consumía demasiada energía. Todavía no había sido perfeccionada.

—¡Laxus!—Freed corrió a interponerse y alejó con su certeros golpes de su espada a todos los androides que quisieron aprovechar la vulnerabilidad de Laxus.

Sin embargo, algo raro ocurrió: Dojin no hacía nada para aprovechar la debilidad de Laxus y matarlo. El monstruo sólo seguía caminado en línea recta, y los republicanos avanzaban a su ritmo, cubriéndose detrás de él los que todavía podían disparar sus armas de fuego y el Quartum Army seguía luchando con los magos.

«… Esto no tiene sentido… ¡Esa cosa me tenía en sus garras!... »

Dojin, en contraste con la ferocidad de Laxus, no devolvía los golpes con ataques calculados. Su respuesta era lenta, casi torpe, alzando sus pesados brazos como si intentara golpear al aire más que a su enemigo. Pero su verdadera amenaza no estaba en su ofensiva, sino en su movimiento. Cada paso que daba era lento pero constante, un avance inexorable que parecía indiferente a todo lo que ocurría a su alrededor. Sin importar cuántas veces Laxus atacara o cuánta energía descargara, Dojin continuaba caminando hacia adelante, su presencia inmutable como una montaña que no podía ser detenida. Y, con él, los androides del Quartum Army avanzaban también, aprovechando la distracción creada por el combate, ganando terreno de manera casi imperceptible. Magnolia, pieza a pieza, estaba cediendo…

Su arrogancia le había llevado a creer en un inicio, que los republicanos habían creado a Dojin con el propósito específico de matarle, ¿Por qué habría de ser distinto si tal intención se comprobaba por los monstruos que intentaron exterminar a Wendy y Sting en sus respectivos combates?

—¡Laxus, acaso será que esta cosa en realidad…—Él y Freed intercambiaron miradas de eureka y susto al llegar a la misma conclusión.

Ambos le dirigieron una última mirada a Dojin, que seguía avanzando con la lentitud que lo caracterizaba, no los atacaba con ninguna técnica a distancia, pues a estás alturas había demostrado no tener ninguna.

Al seguir observando, se dieron cuenta también que habían retrocedido varios metros hacia la ciudad. Dojin no los había atacado de ninguna manera, pero en ningún momento había dejado de avanzar, y los republicanos detrás de él, tampoco…

—¡Glubs!—Laxus tragó saliva al darle la espalda a Dojin y comprobó una vez más que este no le seguía de ninguna manera.

«… ¡Es un ariete gigante!... » Laxus sudó frío al entenderlo.

—¡Ayúdenme a detenerlo! ¡NO DEBE DAR UN SÓLO PASO MÁS!—gritó con todas sus fuerzas. Laxus había descubierto la táctica enemiga y el verdadero propósito de Dojin: El monstruo no estaba destinado a matarle, sino solamente a abrir camino para el ejército invasor…

El grito sacó a todos de su previo estado de estupefacción. Una lluvia de ataques de toda clase se descargó sobre Dojin. Todo aquel que no estuviese peleando contra otro enemigo se concentró en intentar detener el avance del monstruo blindado.

¡Craaash!

Magia de creación de proyectiles, magia de rayos, hondas, lanzas. Los defensores arrojaron todo lo que no estaba atornillado al suelo para obstaculizar el avance de Dojin.

Con tantos obstáculos, el andar de Dojin se volvió aún más lento y torpe, sus pasos parecían los de un gordo tropezando con su propio peso. Los ataques recibidos hacían saltar trozos de roca y tierra de su armadura, que eran reemplazados por nuevos al instante, en un mecanismo orgánico.

Llegó un momento en el que incluso se probó disparar balas de cañón a corta distancia, a pesar del peligro que suponía para los propios defensores.

¡Boooom!

Las explosiones fueron devastadoras para todos, pero lo único que consiguieron fue tumbar de espaldas a Dojin por unos momentos, sólo para que este se vuelva a poner de pié sin repercusión alguna: ¡El cráter que dejó la bala en su armadura fue parchado de inmediato por nuevas escamas pétreas y rocosas!

—¡Esa cosa es indestructible!—chilló Laki con desánimo.

—¡Moaaaarhh!—Dojin rugió una vez más y levantó los brazos.

Laxus se dió cuenta de lo que venía y advirtió: —¡Todos a cubierto! ¡Va a temblar la tierra de nuevo!

¡Craaaaack!

La fuerza del ataque sísmico causó estragos en el frente una vez más. Todas las infraestructuras del parque se derrumbaron. La tierra se abrió y de ella volvieron a brotar peñascos afilados cuál lanzas, que encontraron funda en los cuerpos de algunos desdichados. Incluso soldados republicanos cayeron producto del ataque…

¡Soldados, aprovechen la brecha!—Apenas terminó el temblor, los líderes republicanos ordenaron a sus tropas avanzar. Los magos recién se estaban poniendo de pié tras sufrir el ataque sísmico.

—¡¿Acaso estos malditos no se preocupan por su propia gente?!—protestó Evergreen cuando vió a los republicanos avanzar indiferentes, mientras ella y el Raijinshu ayudaban a sus caídos antes de volver a concentrarse en la pelea.

Laxus tuvo que hacer retroceder sus fuerzas una vez más o la catástrofe sería definitiva. Vió con impotencia cómo perdían otros 100 metros de terreno y se veían obligados a resistir fuera del parque. Ahora la batalla había llegado a pleno centro del distrito, lleno de casas y comercios, a pocas calles de la Catedral de Kardia…

La táctica del "ariete dragon-slayer" estaba siendo aterradoramente efectiva a pesar del lento avance y empezó a hacer estragos en la moral de los defensores.

"¿Cómo venceremos? ¡Le hemos arrojado todo lo que teníamos y no fue suficiente!"

"¿Cómo se mueve un objeto inamovible?"

«… Golpeándolo con algo más duro… » La respuesta llegó a Laxus rápidamente y con voz de mando, impartió nuevas órdenes a Jet:

—... Manda un mensaje. ¡Que Gajeel deje su sector y venga aquí de inmediato!

—¿Llamarlo aquí?—objetó Jet—Pero Laxus, ¿Es prudente? Hemos concentrado demasiada fuerza y recursos aquí, los cuales estamos agotando rápido. Además, de seguro Gajeel está siendo viral en el sector donde fue asignado…

—Si no detenemos su avance aquí, de nada servirá que los demás cumplan sus misiones. ¡Toda la ciudad caerá!

En su razonamiento, Laxus interpretó que lo único que sería capaz de perforar la defensa de Dojin podrían ser las herramientas metálicas de Gajeel, sin mencionar que a diferencia del maestro suplente, las habilidades del dragon-slayer de hierro estaban más centradas en el combate directo, la fuerza bruta y los golpes con objetos contundentes. Aún si Gajeel no fuera capaz de romper su defensa, al menos sería muy efectivo para detener el avance de la criatura y neutralizar la "estrategia ariete" de los republicanos…

—¡Comprendo, así se hará!—replicó Jet, cediendo ante la lógica.

Antes que el mago parta, Laxus le detuvo con un encargo adicional:—Llama a Lucy también. Sé que dijimos que respetaríamos su duelo por la muerte de su casera y sus amigos pescadores, ¡Pero ahora necesitamos la ayuda de todos!—Laxus alzó la voz—No me importa lo que tengas que hacer o decir, ella y sus espíritus deben salir a combatir…

—¡Glubs!—Jet tragó nerviosamente—... Veré qué puedo hacer…

—¡VE!

El mago más veloz del gremio emprendió la carrera.

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Estación Ferroviaria de Magnolia, Mayo 3, año X793…

Gajeel era capaz de oír el ruido de la muerte. Podía leer el sonido como si estuviera escrito en una partitura, metafóricamente por supuesto, el arte y la música le habían eludido toda su vida. Conocía la diferencia entre los aullidos de combate de un humano normal y los fríos ruidos de un androide del Quartum Army al moverse, la variación entre las cualidades tonales de un tintineo de armaduras orgánicas, de unas garras afiladas que se desplegaban para cortarle o para defenderse de sus propios golpes.

Laxus le había ordenado defender la estación de trenes junto a un pequeño destacamento de soldados convencionales leales a la reina, un punto vital de la ciudad. El aseguramiento de esta infraestructura permitía el movimiento de tropas y pertrechos entre las ciudades unidas a la causa de Arcadios. Sin embargo, ya desde el día anterior que no llegaban trenes. Una mala señal. En esos momentos, las defensas improvisadas que allí se habían levantado eran lo único que contenía a las fuerzas republicanas, muy superiores en número…

—¡Contacto! —gritó Panther Lily, avisando al resto de su destacamento—. Tercer bloque al oeste, segunda planta.

«… ¡¿Un ataque sorpresa desde el techo?! ¿En qué momento llegaron para que no los viéramos?… »

—Estoy en ello—contestó el sargento Kaither, un oficial de armas preciso pero inexperto. Gajeel oyó a las escuadras moverse por el tejado y rápidamente reconoció la presencia de un androide…

—¡Abajo la cabeza!—exclamó el dragon-slayer, advirtiendo al sargento a la vez que brincaba a la posición—¡Tetsuryūken! (Espada del Dragón de Hierro)...

El dragon-slayer de hierro luchaba sin descanso, y gracias a su experiencia era capaz de partir las corazas de los dragon-slayers sintéticos en un solo movimiento, y luego sumar el segundo para apartarlos y protegerse de la consiguiente explosión de la Lacryma…

¡Boom!

Se enfrentó a una oleada tras otra de enemigos, pero sólo este último grupo capturó su atención de forma inquietante. Tras un breve pero esforzado enfrentamiento, Gajeel los acabó destrozando a todos. Un sentimiento de preocupación le invadió al determinar la dirección de donde provenían…

—¡Estos soldados vinieron de muy al norte!, ¿No te parece?—dijo Gajeel aún enérgico por la batalla.

—Debe ser un grupo aislado que se perdió de la fuerza principal…—Panther Lily le respondió.

—Si, pero vienen del NORTE—Gajeel insistió.

Lily se quedó sorprendido por la amargura que impregnaba la voz de Gajeel. Le costó unos momentos darse cuenta pero pronto entendió lo que quería decirle Gajeel entre líneas.

—... Levy está bien protegida en la casa. No es un objetivo—Lily le tranquilizó—. Está a las afueras de la ciudad y Onibus está entre ella y cualquier posible ataque…

—Si, pero si lo hubiera…

La casa de Gajeel se ubicaba mucho más al norte del gremio, en el Valle de Fresh, una zona muy rural y nulamente urbanizada. Levy le había insistido en más de una ocasión en mudarse al centro de la ciudad, pero al igual que Natsu, Gajeel prefería un entorno más "asalvajado", sin mencionar que el hombre disfrutaba vivir tan cerca del Lago Sciliora.

Sin embargo, esta ubicación también le convertía en el primer objetivo de un ataque proveniente de Onibus, la ciudad más cercana…

—Onibus está bien protegida por las fuerzas de Arcadios. Esa ciudad está incluso más cercana al lago Clover que Magnolia. En todo caso, Magnolia tendría que caer primero para que el enemigo llegue a Onibus… No tiene mucho sentido un ataque desde allí…—Panther Lily usó su aguda mente militar y su lógica infalible para disipar las dudas de su compañero, pero no consiguió nada.

—Lo sé pero… ¡Algo no está bien!—Gajeel confesó—Tengo una… "corazonada".

Desde que lo conoció, Lily entendió a Gajeel como alguien muy poco supersticioso, sólo confiado de lo que sus sentidos aumentados de dragón podían mostrarle. Ahora, desde que se unió a su esposa, veía algo muy distinto en su carácter y modo de pensar, que no siempre era el correcto durante situaciones de combate como esta.

Todos los soldados de su unidad le miraban vacilar, algo muy malo para la moral. Aunque al principio Lily tuvo el impulso de reprenderlo por este comportamiento, de inmediato notó algo alarmante en el semblante de Gajeel—Uh… ¿Estás bien?—Lily le cuestionó. El Exceed le observó detenidamente. Gajeel temblaba y sudaba frío. Lily ya había observado esta reacción antes y pudo intuir de qué se trataba…—Es "esa cosa" de nuevo, ¿Verdad?

Gajeel no sabía explicarlo ni Levy tampoco. Panther Lily ya se había resignado a hacer la vista gorda de que ambos esposos compartían una "conexión" en un sentido demasiado literal…

—Si. Lo siento… creo que… ¡Creo que ella me "está llamando"!

—Esta posición es de vital importancia. Si perdemos este nudo de comunicaciones, si el enemigo destruye las vías o las locomotoras, quedaremos incomunicados con las otras ciudades aliadas…

Lily volvió a usar la lógica para convencerle de quedarse, pero Gajeel ya se había rendido por completo a esos pensamientos intrusivos que le impulsaban a abandonar su puesto e ir a ver a Levy…

—Se que es sólo una corazonada, ¡Pero si algo le llega a pasar a Levy no habrá honor ni gloria marcial que me consuele!

Panther Lily lo pensó por un momento. El resto de la tropa también estaba mirando con atención hasta que finalmente, el Exceed tomó su decisión:

—Ve tranquilo—Lily le dijo—. Yo defenderé esta posición a cualquier costo. ¡Nadie podrá decir que los magos de Fairy Tail faltaron a su deber en la hora más oscura!

—Eres un gran amigo, Lily.

—Sí, anda, márchate y libra tu gran batalla. Tú eres su héroe después de todo—le interpeló Lily, ya resignado a no contar con él el resto de la batalla.

—Ganaremos. Seguro no ha de ser nada. Volveré pronto—le aseguró Gajeel apoyando una mano en el hombro del espadachín.

—Sí—replicó Lily—. De un modo u otro, lo haremos…

El resto de la tropa contempló cómo Gajeel se alejaba y muchos de ellos sintieron una tremenda decepción por el modo en que el mago los había abandonado. Muchos de ellos se mantenían leales a Arcadios sólo por la promesa de que lucharían junto a los legendarios dragon-slayers de Fairy Tail.

A Gajeel poco le importaba lo que estos desconocidos pensaran de él. En ese momento lo único que podía pensar era en llegar a casa y verificar que su esposa estuviera a salvo…

"Esta cosa que siento… ¡Este mal presentimiento!"

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Magnolia, distrito #1, Mayo 3, año X793…

Parque de la puerta occidental.

A diferencia de los otros 6 "especiales", Dojin no había sido diseñado como un exterminador de dragon-slayers. Todos los datos obtenidos por los científicos del proyecto les llevaban a la conclusión de que no sería posible construir nada que pudiera acabar con Laxus Dreyar. La fama y el dominio de su magia eran conocidas en toda la región y estaban muy bien documentadas todas su hazañas pasadas, en las que había usado hábilmente la electricidad para neutralizar el resto de los elementos, quedando únicamente la tierra…

Sin embargo, ahora el mago enfrenta un doble desafío: El peso del liderazgo y un rival que lo neutraliza perfectamente.

—¡Rairyū no Tekken! (Puño de Hierro del Dragón del Rayo)

Laxus golpea el cuerpo pétreo del monstruo con su puño desnudo. Apenas causa daño y no logra empujar atrás a Dojin. Con el rostro endurecido por la frustración, Laxus había dejado de depender de sus rayos como ataque directo, sabiendo que eran inútiles contra el impenetrable cuerpo de Dojin. En cambio, optó por usar su poder de manera indirecta, canalizando su magia para potenciar su fuerza física. Cada golpe suyo era como el impacto de un martillo divino, amplificado por la fuerza sobrehumana de un Dragon Slayer y el impulso cinético de su electricidad…—¡Gaaahh!—Agarró vigas de acero y martillos de construcción de los escombros, transformándolos en armas improvisadas que golpeaban con una ferocidad atronadora.

Sin embargo, Dojin permanecía inmutable. Cada grieta superficial que Laxus lograba abrir en su cuerpo se regeneraba casi al instante, como si la misma tierra que lo componía respondiera a cada daño. Mientras tanto, el androide no hacía mucho esfuerzo por devolver los golpes. Blandía sus pesados brazos con lentitud, más como una advertencia que un ataque real, pero continuaba avanzando, paso a paso, implacable y constante. Por mucho que Laxus golpeara, por mucho que se esforzara, Dojin no se detenía, y con cada metro ganado por el enemigo, la sombra de la derrota se alargaba sobre Magnolia…

—¡Estamos retrocediendo a la calle Peach!—alertó uno de los magos—¡Con cada paso que da esa cosa el enemigo gana terreno!

Laxus se desesperó. El Raijinshuu hacía todo lo que podía pero los otros androides del Quartum Army no dejaban de llegar, amenazando con abrumar a los defensores mientras su líder era inútil contra Dojin…

—¡Claro que no!—Laxus bramó furioso—¡No flaqueen!—tras gritar arengas, Laxus se lanzó una vez más contra Dojin, pero en vez de golpearlo, usó su cuerpo de rayo para ganar velocidad y se ubicó justo debajo de él. En menos de un parpadeo, Laxus cogió a Dojin de una pierna y le hizo dar un par de vueltas antes de lanzarlo hacia atrás….—¡Grrrrr!—el peso de Dojin era considerable, y demandó cada gramo de su fuerza el levantarlo. Un Giant Swing como si se tratase de un show de lucha…

¡Craack!

El aterrizaje del monstruo fue estrepitoso—¡Háganlos retroceder! ¡Que el esfuerzo de Laxus no sea en vano!—Freed ordenó a las fuerzas aliadas. Con su lanzamiento, Laxus había devuelto al androide a su posición inicial dentro los terrenos del parque, que a estas alturas era irreconocible por tanta destrucción.

—¡Ahj-ahj… ahj-ahj!—Laxus jadeaba atropelladamente, aquel último esfuerzo había acelerado mucho su camino al agotamiento.

Toda su vida, le había inflado su ego el hecho de que todos dependieran de él como el más fuerte, aquel que tenía que enfrentar el enemigo más difícil. Ahora, deseaba que estuvieran allí con él los magos que pudieran ser un verdadero apoyo, como Erza o Gray, en lugar de la poco resiliente Laki o la mediocre Cana. Por más que no quisiera menospreciar a ninguno, los hechos le obligaban a retomar sus opiniones malas sobre los miembros menos destacados del gremio.

«¡¿Dónde diablos está Gajeel?! ¡Necesitamos parar a esta cosa YA!... »

—¡El flanco derecho está a punto de caer!—alguien dió la alerta.

Laxus giró la vista y a su derecha, vió como un miembro menor del gremio estaba completamente rodeado. A pesar de que Dojin había retrocedido mucho, los magos tenían problemas para repeler de vuelta a los dragon-slayers sintéticos del Quartum Army. En el caso de este mago, todos sus compañeros habían caído y el jóven se batía en una resistencia final. Los miembros del Raijinshuu estaban ocupados en otros combates…

—¡Tú, abajo la cabeza!—Laxus le gritó al mago. Inhaló fuertemente, levantó las manos y preparó un potente ataque para barrer con todos los androides:—¡Rairyū Hōtengeki! (Alabarda del Dragón del Rayo)

"¡Números 7 al 14, contención"...

La corriente de electricidad avanzó, pero escasos metros antes de llegar a su destino, el rayo se desvió bruscamente a un lado. Laxus no daba crédito a lo que veía…

—¡Pero qué…

La técnica, en lugar de golpear a los enemigos designados, se estrelló directamente contra otro androide que brincó de sorpresa. Este engendro era diferente a los demás, tenía bolas metálicas en hombros y cabeza y estaba artificialmente conectado a otros 6 iguales a él mediante cables.

Zap-zap…

La fuerza del relámpago recorrió la cadena de androides y se estrelló inútilmente en la espalda de Dojin, de dónde partía el cable principal.

Los republicanos habían programado a los androides para usar la misma táctica sucia que Gajeel usó para arrebatarle la victoria en su pelea contra Natsu, usando sus propios cuerpos como conductor de aterramiento de la electricidad de Laxus

—¡Levántate, arriba!—Laxus le gritó al mago, que confiado en él, se había agachado. El joven no tuvo tiempo ni de asustarse, pues un androide dragón le aplastó la cabeza contra el pavimento, dejando una mancha roja…—¡NOO!

Laxus se quedó paralizado, sintiendo por vez primera el peso del liderazgo, al ver a uno de los que había confiado en él, caer por su equivocación.

«… ¡¿Qué fue lo que hice?!... ¡MALDITA SEA!... »

—¡Moaaaarrgh!

Laxus vio cómo Dojin, aprovechando que él se había distraído, movía ambos brazos hacia arriba con intención deliberada. El enorme coloso se inclinaba para golpear la tierra, y Laxus, con los sentidos agudizados por la tensión, comprendió al instante lo que aquello significaba. Había bastado un momento de distracción, una fracción de segundo en la que dejó de atacar, para que el monstruo preparara su terrible ataque sísmico.

«… Mierda, ¡No otra vez!... » pensó, el rostro endurecido por una mezcla de culpa y determinación. No podía permitir que se repitiera, no cuando tantas vidas dependían de detener a este ariete viviente. Envolviéndose en su aura de rayos, su cuerpo chisporroteó con una energía desbordante, y en un destello cegador, se lanzó hacia adelante con una velocidad furiosa, atravesando el campo como un relámpago en busca de interceptar el ataque de Dojin antes de que fuera demasiado tarde.

—¡Oh, no! ¡No lo harás!—Laxus exclamó decidido.

¡CRAAAAASH!

El impacto fue brutal. Laxus, con los antebrazos cruzados, recibió el golpe de Dojin directamente, canalizando toda su fuerza en un intento desesperado por evitar que los puños del androide tocaran la tierra. La colisión resonó como un trueno, y la fuerza del ataque se transmitió por todo el cuerpo de Laxus, haciendo que cada fibra de su ser gritara de dolor. Sentía como si sus huesos estuvieran al borde de romperse, sus músculos temblaban bajo la presión inhumana, y su mente luchaba por no apagarse ante el sufrimiento abrumador. Sin embargo, sus ojos ardían con una voluntad indomable.

—¡GRRRRRR!—Laxus gruñó y rugió con los dientes apretados, mientras su rugido de desafío se alzaba por encima del sonido de la colisión. La tierra bajo sus pies se agrietó, pero el sismo fue contenido. Sin embargo, la onda de choque resultante fue tan poderosa que mandó a ambos contendientes volando en direcciones opuestas, un espectáculo de poder desatado que dejó el aire cargado de electricidad y tensión.

—¡Lo logró! ¡Lo detuvo!...

El aparente momento de alivio fue celebrado por los magos al ver a su líder evitar la catástrofe. Sin embargo tardaron en darse cuenta que Laxus no volvía a levantarse…

—¡LAXUS!—Freed gritó aterrado, mientras corría hacia él.

Laxus yacía en el suelo, inmóvil, su cuerpo una masa de dolor y agotamiento absoluto. No estaba inconsciente, pero su mente parecía atrapada en un estado catatónico. Su visión era una serie de fotogramas intermitentes, fragmentos de imágenes que se sucedían con irregularidad: El cielo ennegrecido por el humo, los rostros angustiados de Freed y Evergreen inclinándose sobre él, y el fulgor de los rayos que aún chisporroteaban débilmente en su aura desvaneciente. Sus oídos eran un vacío absoluto, incapaz de escuchar los gritos de su equipo o el caos que estallaba a su alrededor. Intentó moverse, pero su cuerpo no respondía, cada músculo parecía hecho de plomo.

«No... puedo... fallar…» pensó con desesperación, mientras la impotencia lo invadía. Alrededor, el panorama se desmoronaba. Los magos de Fairy Tail, viendo a su líder caído, luchaban por mantener el control, pero el pánico comenzaba a infiltrarse entre los soldados lealistas, quienes dependían de la figura de Laxus como su faro de esperanza…

—¡Retirada!—una voz cobarde resonó, proveniente de atrás del frente.

—¡¿Quién rayos dió la orden?!—Freed gritó.

La confusión y el pánico se apoderaron de los defensores, que rápidamente abandonaron sus puestos y corrieron en desbandada…

—¡Esperen, no se separen… ¡MIERDA!—Evergreen gruñó de impotencia.

El frente se quebró con un rugido ensordecedor de desesperación. Los soldados de Arcadios, la mayoría jóvenes e inexpertos, ya aterrados por la aparición de los androides del Quartum Army, sucumbieron al caos al ver caer a Laxus. Más gritos de retirada se propagaron como un incendio descontrolado, y los lealistas comenzaron a huir en todas direcciones, abandonando sus posiciones y dejando a los magos de Fairy Tail expuestos.

El Raijinshuu, aunque desesperados por proteger a Laxus, no podían contener el derrumbe de la moral. Los androides avanzaban con una precisión mecánica, aplastando todo a su paso, mientras los magos retrocedían lentamente, incapaces de sostener la línea. En cuestión de segundos, lo que había sido una defensa precaria pero estable se transformó en una completa desbandada. Las calles de Magnolia, antes escenario de resistencia, se convirtieron en un torbellino de caos y destrucción, con los androides tomando terreno de forma implacable...

Los defensores, la mayoría de ellos novatos asustadizos, huyeron hacia la ciudad de forma desorganizada. Sólo un pequeño núcleo de leales y magos de Fairy Tail quedó unido, insuficientes para resistir por más tiempo.

—¿Qué hacemos ahora?—preguntaron los magos al Raijinshuu, convertido en virtual guía.

—¡Maldición!... ¡Retrocedan, pero contengan el avance enemigo lo más posible!

La situación era contraria en el bando republicano. Estos obtuvieron un impulso moral al ver a los lealistas desmoronarse…

¡Moaaaarhh!—Dojin volvió a rugir. Está vez no había nadie para evitar que martille la tierra y provoque un nuevo movimiento tectónico. Fué el clavo final en la caída del frente occidental. Sin Laxus para poner orden, incluso los magos cayeron en pánico y corrieron hacia la ciudad, arrastrando a Laxus para ponerle a salvo…

"El frente se ha roto"...

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La desbandada inicial fue devastadora, con los defensores retrocediendo a un ritmo alarmante mientras los androides y los soldados republicanos rebasaban las líneas desmoronadas. En medio del caos, Freed, Evergreen y Bickslow lograron arrastrar a Laxus, aún catatónico, hacia el perímetro de la Catedral de Kardia, el último bastión viable para una resistencia organizada. Utilizando las calles estrechas y las ruinas como ventaja, los magos de Fairy Tail trabajaron frenéticamente para crear cuellos de botella que ralentizaran el avance enemigo y facilitaran la matanza de los androides dragon-slayers…

—¡Rein Faia! (Llama arcoiris)—Romeo arrojó una gran bola de llamas de colores contra 3 androides. El hechizo tuvo poco efecto en el Quartum Army, pero desorientó sus sentidos para que otro compañero los remate.

¡Plant Spike! (Espinas de planta)—Droy terminó de acabar con los androides, presumiendo de un nuevo hechizo de elemento planta.

Los dragon-slayer sintéticos fueron empalados. El contínuo debilitamiento de sus armaduras por el fuego de Romeo fatigó el material y permitió que el hechizo de Droy fuera letal. Las Lacrymas estallaron cual petardos…

—¡Bien hecho, Romeo!

—¡Sí!... ahj-ahj—respondió jadeante por el esfuerzo.

Con 15 años recién cumplidos, el hijo de Macao Conbolt quería demostrar que ya era todo un hombre. Las historias sobre como Erza y Natsu ejercieron como adultos desde su más tierna juventud tuvieron una gran impronta en el muchacho, sin mencionar que el creciente poder de Wendy lo ponía nervioso e inseguro. Si algún día quería ser digno de ella, él también debía volverse un mago poderoso.

—¿Necesitas un relevo, chico?—Droy le preguntó. El agotamiento físico de Romeo era evidente, pero el chico no quería ser menos:

—¡Puedo seguir!... ahj-ahj…

Crack-crack…

La tierra bajo sus pies tembló. Se miraron entre ellos y con temor agudizaron la vista. Las sombras se rompieron y la masiva figura de Dojin apareció a 50 metros delante de ellos…

—¡Vámonos, Romeo!—Droy exclamó.

—¡No abandonaré mi puesto!... ¡unhg!... —repentinamente Romero perdió el equilibrio y cayó de trasero al suelo.

—Te has quedado sin magia, chico. ¡Y Laxus ordenó que no hicieramos nada estúpido!...—Droy lo reprendió mientras lo arrastraba de vuelta a la segunda línea de defensa… —¡El Ariete ya está aquí, la primera línea va a ser arrasada!—Droy lanzó una advertencia a los defensores de su sector.

El titánico Dojin, el Dragon Slayer sintético de tierra, continuaba su avance inexorable. Paso a paso, casi había llegado al corazón de Magnolia, llevando consigo la sombra de la derrota. Cada segundo que pasaba, la presión sobre los defensores aumentaba, mientras el coloso de tierra seguía acercándose, implacable como una montaña que se desplomaba lentamente sobre ellos.

Encaramados desde las Torres de la Catedral, Laxus y Freed frenaban el avance de la infantería y de los androides mientras dirigían la defensa. El resto del Raijinshuu se esparció por la ciudad en persecución de los androides que se metieron en la ciudad durante la ruptura del frente, y si acaso, averiguar por qué Gajeel y Lucy no se manifestaban todavía…

—Laxus, aquí viene otra oleada—Freed advirtió.

—¡Ya los ví!—dijo Laxus mientras preparaba un hechizo—¡Rairyū no Bakuhatsu! (Explosión de Rayo del dragón de rayo)—Una lluvia de rayos apuntó contra una decena de soldados del Quartum Army. Sin embargo, para sorpresa de ambos magos, un segundo grupo de androides apareció por la derecha, y milagrosamente, los relámpagos se desviaron en el aire para golpearlos a ellos en lugar de los primeros…

¡Zap-zap!...

—¡Maldición!... —Al ver que el ataque de Laxus se neutralizó y el primer grupo avanzó impune, Freed se lanzó desde el tejado y amasó una gran cantidad de poder mágico, que descargó al aterrizar con un potente golpe explosivo:—¡Yami no Ekurityūru: Metsu! (Écriture Oscura: Destrucción)

¡Flusssh!

El corte explosivo proveniente de la espada de Freed acabó con todos los enemigos a la vez, pero a costa de gastar una parte importante de sus fuerzas menguantes. Lo mismo le ocurría a todos los magos de Fairy Tail que debían contener a un millar de androides dragon-slayer. Menos de 70 contra 1000…

—¡Freed!—Laxus se preocupó por él.

—Es el "equipo de contención eléctrica"—Freed anunció—significa que Dojin está acercándose… ¡100 metros aproximadamente, tiempo estimado de llegada, 20 minutos!

¡Tch!, ¡Esos malditos!—protestó Laxus—Se interponen cada vez que ataco…

«… ¡No les basta con enviar ese coloso de tierra que es inmune a mis poderes, sino que para humillarme más, ahora me neutralizan y marginan del combate!... » Laxus guardó el berrinche para sus adentros.

La información de inteligencia les permitió descubrir que Dojin poseía dos pares de cables conectados a los androides de contención eléctrica. Verdaderos pararrayos móviles destinados a hacer aún más inefectivo al maestro de Fairy Tail…

Si la situación no era lo bastante grave, ahora otra mala noticia les acabaría de empujar a la desesperación:

—¡Terribles noticias!—Jet llegó corriendo, muy agitado.

—¿Dónde está Gajeel?—Laxus exigió—¡¿Por qué no viene contigo?!

—Se retiró al norte, hacia Onibus… ¡Su corazonada fue cierta, el ejército republicano está cercando la ciudad desde todas direcciones!—Jet anunció en tono fatalista.

—¡¿Cómo dices?!—Laxus se alteró—¡Eso es imposible! Onibus está al norte. ¿Esa ciudad también cayó?

—Todo indica que están haciendo un movimiento envolvente muy arriesgado—Freed concluyó—. Nos envuelven en una bolsa mientras presionan a Onibus, para evitar que nos manden ayuda… ¡Esperemos que Gajeel no haya quedado atrapado en medio!

—Esperen… ¿Acaso la casa de Gajeel no está en el Valle limítrofe con Onibus?… ¡Levy!—En menos de un segundo, el semblante de Jet se convirtió en el de un muerto. Pálido y a punto de desvanecerse.

Laxus comprendió de inmediato. Dejó de lado sus reclamaciones y reproches contra Gajeel. Definitivamente no podía pedirle al hombre que abandonara a su esposa embarazada.

La noticia afectó profundamente a Jet. Laxus observó cómo el rostro de Jet se desmoronaba en cuestión de segundos. El hombre, normalmente rápido de reflejos y siempre con una sonrisa de confianza, ahora temblaba como si el suelo bajo sus pies se hubiera abierto en un abismo. Sus ojos, desorbitados, reflejaban un torbellino de emociones: miedo, culpa, desesperación… y algo más profundo, que Laxus reconoció al instante. Aunque hacía tiempo que Levy había entregado su corazón a Gajeel, el vínculo de Jet con ella nunca se había desvanecido por completo. Era un amor incondicional y silencioso, una devoción que no exigía nada a cambio, pero que ahora lo impulsaba a moverse.

—¡Ni siquiera te muevas!—Laxus se le adelantó.

—Tengo que ir…— murmuró Jet, más para sí mismo que para los demás, mientras daba un paso hacia el borde del tejado. Laxus reaccionó de inmediato, colocando una mano firme sobre el hombro, deteniéndolo antes de que pudiera lanzarse al vacío.

—¡Piensa, Jet!—gruñó, su voz grave resonando como un trueno. Jet intentó resistirse, pero la fuerza de Laxus lo mantuvo en su lugar. —Levy ya tiene a alguien a su lado, alguien cuya responsabilidad es protegerla. No es tu lugar, ¿entiendes?—Jet lo miró con ojos vidriosos, luchando entre el deber hacia Fairy Tail y el impulso de correr hacia Levy. Laxus aflojó ligeramente el agarre, pero su mirada no perdió intensidad. —Tu lugar está aquí, con nosotros. Si te vas ahora, dejas atrás a tus hermanos. Y eso no es algo que Levy querría.

Las palabras hicieron eco en Jet, cuyo cuerpo tembloroso finalmente se detuvo, sus puños apretados en un intento por sofocar el grito de angustia que amenazaba con salir de su garganta.

—¡Escúchame!—Freed le dijo a Jet, casi gritándole—¿Y qué hay de Lucy? ¿Ella y sus espíritus ya se incorporaron a la batalla?

—Nadie la ha visto… ya no está en la enfermería. ¡Nadie sabe dónde está!

—¡Por la diosa!—Laxus exclamó asustado. Intercambió miradas de angustia con Freed.

«… ¡Esto empeora cada segundo! ¡Y necesitamos a todos los miembros en la pelea!… »

Laxus no estaba exagerando. Una parte importante de los republicanos ahora rodeaban la Catedral, y aunque los magos habían logrado reagruparse y fortificar sus posiciones, no pudieron impedir que el resto de la tropa de reserva del enemigo se les echara encima y se esparciera como una mancha de aceite por toda la ciudad…

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Los androides del Quartum Army se esparcían por las calles como una infestación mecánica, mientras los primeros grupos de soldados republicanos a pie reforzaban su ofensiva, consolidando el control en zonas clave. En la estación de trenes, Panther Lily, al mando de un pequeño escuadrón, luchaba con ferocidad para mantener la posición en ausencia de Gajeel.

En el oeste de Magnolia, cerca de la juguetería "TOM'S GAMES", Warren se unió a un pequeño grupo de soldados lealistas y desde un puente bajo lanzaban Lacrymas explosivas contra los androides que intentaban cruzar. A su lado, Macao descargaba ataques mágicos, mientras el humo espeso generado por Wakaba proporcionaba una cobertura parcial, dificultando la puntería de los enemigos. La llegada de Evergreen, con su elegante pero feroz porte, reforzó momentáneamente su posición, su magia desatándose en destellos petrificantes que inmovilizaron a varios androides al instante. Sin embargo, su rostro estaba marcado por la frustración…

—¡¿Alguien ha visto a Lucy?!—exclamó, su tono cargado de impaciencia. Las respuestas negativas no hicieron más que alimentar su enojo—¡Demonios… siempre desaparece cuando más la necesitamos! ¡Debería estar aquí, luchando junto a nosotros en lugar de quién sabe dónde!—despotricó, aunque una pizca de preocupación se ocultaba tras su severidad.

Por más que se molestaran con la rubia por no ayudar, la preocupación por ella era más profunda. Después de todos los eventos traumáticos que vivió la chica, era muy difícil exigirle que se tragara su dolor y se uniera a la batalla. Al oír la noticia de su desaparición, Warren se sintió muy afectado, pues en parte se sentía responsable del estado de Lucy.

«… Por favor ¡Qué ella esté a salvo!… »

Más al sur, Cana había quedado atrapada cerca de la tienda mágica "LENDI'S", rodeada en todas direcciones por androides que avanzaban con precisión letal. Dojin había cortado los caminos al norte, y la presión de las fuerzas enemigas la empujaba al límite. Justo cuando sus naipes comenzaban a escasear, una explosión de magia anunció la llegada de Bickslow, que la rescató en el último momento con sus espíritus flotantes desviando a los enemigos…

—¡Cana, ¿dónde está Lucy?!—preguntó él, su voz ansiosa por encima del estruendo de la batalla.

—¡No tengo idea! ¡No la he visto desde ayer!—respondió ella, entre jadeos, mientras la incertidumbre sobre el paradero de Lucy añadía una nueva capa de desesperación al conflicto.

Recordaba el rostro de su amiga el día antes del asedio, cargado de una tristeza que no había sabido descifrar en ese momento «… Lucy, ¡¿Dónde te metiste?!… » pensó con angustia, apretando los naipes en su mano como si aferrarse a ellos pudiera calmar su miedo…

"Espero que ella esté bien"

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Reino de Fiore, 3 de mayo, año X793.

Valle Fresh, 5 km al norte de Magnolia…

Desde tiempos antiguos, el Valle de Fresh se mantuvo inalterable por las políticas de urbanización de la dinastía Fiore. Sólo durante el reinado del padre de Hisui se extendieron algunas asignaciones para agricultura, por lo que la región estaba apenas poblada por menos de una centena de campesinos.

Las primeras malas señales para Gajeel se manifestaron ni bien entró en el Valle y encontró casas vacías y campos abandonados. No tuvieron que pasar más que unos pocos minutos para que el hombre se choque con fuerzas enemigas…

—¡Malditos, ¿Qué hacen aquí?!—no dió crédito a lo que veía cuando 5 androides del Quartum Army salieron de las sombras y se abalanzaron sobre él.

El valle de Fresh estaba constantemente cortado por densas arboledas que según la teoría militar clásica, harían imposible el avance de tropas por esa región, por lo que un ataque desde allí era completamente inesperado…

¡Tetsuryūken! (Espada del dragón de hierro)—Gajeel respondió al ataque y con suma rapidez destruyó a los androides. Rogó porque se tratase de una patrulla de exploración o una escuadra perdida, mientras corría en dirección a su hogar.

«… ¡Debo darme prisa!... »

A medida que se acercaba, más fuerzas republicanas aparecían. En su camino se atravesaron 2 pelotones completos de soldados humanos convencionales.

—¡Contacto enemigo!... ¡Es un mago!—chilló un vigía joven al ver a Gajeel acercarse.

Los soldados se colocaron en posición de tiro y apuntaron con sus armas de avancarga.

—¡Fuera de mi camino, miserables, FUERA DE MI CAMINO!...—Gajeel respiro hondo y tomó aire—¡Tetsuryū no Hōkō! (Rugido del dragón de hierro).

¡SLASH-SLASH!

Gajeel rocío al grupo con su aliento de cuchillas, que a velocidad subsónica desgarraron vivos a los infelices soldados, en un grotesco espectáculo de sangre y tripas…

—¡Monstruo!... Angh…

Fué como ver un destello de su vieja maldad. Hacía muchos años que Gajeel dejó atrás su época de carnicero implacable, pero ahora todos sus instintos bajos, buenos y malos, se enfocaron en un sólo objetivo: Encontrar a Levy…

«… ¡Por favor, que no la hayan encontrado!... » Gajeel casi sintió su alma abandonar el cuerpo cuando encontró la puerta de su casa derribada y las ventanas rotas.

—¡LEVYYY… ¡LEEE-VY!—Gajeel gritaba desaforado mientras volteaba muebles y puertas en busca de la chica. Su desesperación se desbordó cuando no encontró el aroma de su esposa por ninguna parte.

El pozo de angustia y rabia en el que se sumergió fue algo que nunca en su vida había sentido, lo que se convertiría en una de las peores sensaciones conocidas y que nunca deseaba volver a repetir.

Gajeel estaba al borde de un paro cardíaco cuando unas tablas astilladas en el suelo de la cocina llamaron su atención. Al levantar una, descubrió un fondo falso, y al levantarlas todas, apareció una esfera hecha de palabras mágicas.

"Solid Script: Panic Bubble (Escritura sólida: Burbuja de pánico)"

La magia de palabras se disipó y ante él apareció la visión de su esposa, envuelta sobre sí misma en posición fetal y únicamente vestida con su camisón de embarazada…

—Gajeel… ¡Viniste!...—Levy lloró mientras se lanzaba a abrazarlo—Oh Gajeel, ¡Estaba tan asustada!

El hombre la cogió del suelo y la inspeccionó minuciosamente. El alivió de Gajeel fue inmenso cuando se aseguró de que ella estaba completamente ilesa.

«… ¡Oh, maldición, Gracias al cielo que estás bien!… »

—... Y los bebés… ¿Todo bien?—preguntó Gajeel mientras pasaba su mano sobre el vientre expuesto de Levy.

Gajeel se arrodilló en el suelo con Levy aún en sus brazos, su cuerpo entero temblando mientras enterraba el rostro en el hueco de su cuello. Podía sentir el latido firme de su corazón, el calor de su piel, la vida que aún latía fuerte en ella, y en su vientre donde sus hijos esperaban nacer. Un nudo opresivo en su pecho se deshizo con un suspiro profundo, como si por fin pudiese respirar después de horas bajo el agua. —Gracias… gracias…—repitió una y otra vez en voz baja, sus dedos acariciando con torpeza la mejilla de Levy, su cabello, su espalda, como si temiera que, de no sostenerla, ella pudiera desvanecerse en el aire. Él también sentía desvanecerse entre la emoción y el alivio, mientras la apretaba contra él con todo el amor y la fuerza de quien había estado al borde de perderlo todo.

—Si, si mi amor… ¡Estamos bien!—Levy le tranquilizó entre sollozos—... ¡Ellos entraron, Gajeel! ¡Entraron a la casa en mitad de la noche!...

En forma atropellada y ansiosa, la chica le explicó cómo la casa fue sorpresivamente invadida y como ella, impulsada por el pánico, abrió el piso de madera y se rodeó de su magia, con hechizos que evitaban que cualquier ruido u olor saliera de su "burbuja de pánico". Por supuesto, estas medidas también impedirían que Gajeel la encontrase con facilidad, justo como acabó sucediendo…

—¡Lo sabía, yo no estaba loco! ¡Sabía que no debía dejarte aquí!

—Los escuché hablar, Gajeel—dijo Levy—cuando estaba escondida, escuché su plan: ¡Están rodeando la ciudad!...

Sin duda era una estrategia arriesgada por parte de Zash. Avanzar como apisonadora en todo el frente Oriental y aprovechar la relativa distancia entre Onibus y Magnolia por el norte, y la llanura desértica que separaba el sur de Hargeon para crear una bolsa donde asfixiar la ciudad de los magos, para luego usar esas mismas fuerzas para romper el frente hacia Hargeon y Onibus. Si salía bien, pasaría a la historia como un movimiento táctico brillante, pero el fracaso sería catastrófico si las cosas no salían según el plan. Existía la posibilidad de que la bolsa resista y que las fuerzas leales en Hargeon y Onibus cercaran a los republicanos en otra bolsa aún más grande…

—... ¡Gajeel, tenemos que avisar a todos en Magnolia!—Levy chilló.

—Por supuesto que vamos allá… ¡Tenemos que ponerte a salvo!

El hombre estaba más preocupado por mover a Levy a un nuevo escondite que por la batalla, pero coincidió con ella en que era urgente regresar a Magnolia. Dado que ella no podía correr con un embarazo de casi 5 meses, Gajeel se la echó al hombro, con ella sujetándose a su marido con ayuda de una especie de silla de montar que Levy improvisó con su magia de palabras…

"Solid Script: Mount (Escritura Sólida: Montura)"

—¡Adelante!

Gajeel corrió a toda velocidad en dirección a Magnolia. No pasó mucho tiempo para que fueran encontrados por el grupo de exploración del Quartum Army, con cerca de una docena de Androides que intentaron cortarles el camino…

—¡Largo de aquí!... ¡Tetsuryū no Hōkō! (Rugido del dragón de hierro).

¡SLASH-SLASH!

Desde que se unió a Fairy Tail, Gajeel había reducido drásticamente el uso de su Rugido del Dragón de Hierro, una técnica que, aunque devastadora, cargaba con una naturaleza letal y despiadada que no encajaba con los principios de su nueva familia. A diferencia del rugido de Natsu, cuyo fuego reducía a cenizas a sus enemigos con una rapidez casi misericordiosa, las cuchillas metálicas de Gajeel infligían heridas horribles, desgarrando carne y dejando a sus víctimas en agonía. Este aspecto barbárico del ataque le recordaba constantemente su oscuro pasado como un carnicero implacable bajo Phantom Lord. Sin embargo, frente a los androides dragon-slayer del Quartum Army, Gajeel encontró un resquicio de justificación para desatar su antiguo poder sin remordimientos. Estos autómatas sin mente eran blancos ideales para su técnica: las cuchillas de hierro, disparadas a velocidad subsónica, perforaban fácilmente sus armaduras y quebraban las Lacrymas que alimentaban sus núcleos con tan solo un par de impactos certeros. Incluso se permitió ser más creativo, escupiendo proyectiles huecos que se expandían violentamente tras atravesar las corazas, desgarrando los circuitos internos y dejando a los androides en pilas de escombros humeantes. La efectividad brutal del rugido recordaba a Gajeel por qué había temido usarlo, pero también por qué, en el momento justo, era un arma imparable…

«… Esto me recuerda a otros tiempos… para bien y para mal… » pensó el hombre.

Los que no caían con el ataque de rugido, Gajeel pasaba por encima de ellos, derribándoles con certeros golpes de su espada pero sin quedarse a rematarlos, pues la urgencia de avanzar a la ciudad apremiaba. El Dragon-slayer evocaba la imagen de un caballero portando a su esposa como una especie de estandarte en la espalda.

Pronto los enemigos ya no aparecían cortándoles el paso, sino que en su lugar, empezaron a ser perseguidos por la avanzada del ejército republicano, formada por algunas escuadras de soldados a pié y una importante cantidad de dragon-slayers sintéticos del Quartum Army…

—¡Se están acercando!—chilló la chica.

—¡Lo sé!—replicó Gajeel, agitado por la carrera. No se lo pensó mucho más y se dió media vuelta para masacrar a todos los perseguidores a la vez. Poco importaba que Levy viera tal acto barbárico, lo único que importaba era ponerla a salvo… —¡Tetsuryū no Hōkō! (Rugido del dragón de hierro).

¡SLASH-SLASH!

Gajeel roció toda el área con su aliento de cuchillas, como un exterminador de plagas rociando veneno a presión, atrapando a androides y humanos por igual. La sangre volvió a correr y esta vez fue inevitable que su esposa lo viera. Levy se cubrió la boca y ladeó la cabeza a un lado, haciendo la vista gorda de la masacre…

«… Todo esto porque no fui capaz de cuidarme sola… ¡Blug!... » La mujer contuvo la náusea. Levy estaba asqueada y triste por los humanos muertos. Muchos de ellos sólo eran chicos jóvenes, reclutados por un falso ideal dentro del ejército republicano.

—Seguimos adelante…—replicó Gajeel con frialdad.

—Si…

La chica no pudo objetar ni decir nada, pues la carrera fue interrumpida por una ola de calor que los golpeó súbitamente…—¡¿Pero qué…!—Los sentidos aumentados de Gajeel le permitieron reaccionar a tiempo cuando sintió el peligroso cambio de temperatura. Frenó en seco y se plantó firmemente en la tierra…

¡Boooom!

Una gran bola de fuego estalló justo frente a ellos, como si un cometa ardiente se estrellara. Una enorme pira surgió al instante y la onda de calor resultante vaporiza y mata toda la vegetación aledaña. Es un fuego antinatural y de poder inmenso. Incluso Gajeel siente la incomodidad, y Levy, con su estado delicado, sufre más que él.

¡Ungh!—La chica ocultó su figura tras su marido, al sentir el calor abrasador. Levy levantó la vista y llegó a ella una tremenda presencia mágica nueva. Le erizó todos los vellos de su piel desnuda a pesar de que la reacción por la temperatura debía ser la contraria. Gajeel permanecía firme, con el semblante fuerte y serio. El dragon-slayer sabía exactamente de qué se trataba y no perdió tiempo en empezar a ponerse en guardia y pensar un plan…—¿Gajeel?—Levy dudó al notar a su marido tan callado, que permanecía quieto, mirando la llamarada que poco a poco se abría para mostrar una figura antropomorfa…

De entre la infernal llamarada surgió un nuevo androide dragon-slayer, una máquina diseñada para emular la ferocidad de un dragón de fuego con una fidelidad aterradora. Su armadura roja, casi líquida bajo el reflejo de su propio calor, parecía un híbrido entre metal y escamas orgánicas, con un diseño mucho más sofisticado que el de los soldados producidos en masa del Quartum Army. Las fauces abiertas de dragón que formaban parte de su yelmo parecían devorar los ojos rojos de la criatura, mientras que de la punta de su cabeza brotaba una larga y vibrante llama, semejante a la cresta de un caballero de antaño. El androide tiene una complexión atlética, perfectamente equilibrada, poderosa sin caer en la desmesura: Su armadura cuasi-orgánica le da un cuerpo musculado y bien proporcionado, sin llegar a la exageración y masividad de Dojin ni la delgadez cristalina de Hyoujin. A su alrededor, el aire ondulaba bajo el intenso calor que irradiaba, casi asfixiante, y sus guanteletes terminaban en garras incandescentes al rojo vivo, chisporroteando con cada movimiento.

El monstruo era un desafío viviente, y todo en él proclamaba que no se detendría hasta convertir a Gajeel y Levy en cenizas.

—... DX-06 "Enjin"...—Levy usó su vista aguda para leer unos grabados tecnológicos en la coraza del androide.

—Es uno de los "especiales", como los que atacaron a Sting y Rogue en Gazania…

Los temblores de la chica se hicieron muy notorios en la espalda de Gajeel y el hombre le ordenó a su esposa bajar.—Escóndete, por favor…—dijo Gajeel con severidad.

—Ten cuidado Gajeel, ¡El fuego es…

—Lo sé. No tienes que repetirlo—Gajeel la interrumpió—Yo me encargo…

Fue un momento muy tenso cuando Levy deshizo la montura y se descolgó al suelo. Desde su llegada, Enjin se limitó a observar y cortarles el paso, como si su "programación" le exigiera esperar el primer golpe de Gajeel. El monstruo siguió con la cabeza a la joven embarazada que empezó a alejarse y se ocultó detrás de un montículo de roca a unos 50 metros. Gajeel se mantuvo alerta, templando su nerviosismo en caso de que el monstruo quisiera atacar a su esposa mientras ésta se ponía a salvo.

«… Gajeel, ¡Por favor ten cuidado!... » Levy no podía evitar ser pesimista con el pronóstico de la pelea. Por mucho que idolatrara a su amado, el choque de elementos desfavorecía a Gajeel. Con la temperatura suficiente, el fuego podría fundir el hierro. La joven maga repasó en su memoria el combate mortal entre su Gajeel y Natsu, en aquel lejano X784. Ella no había visto la pelea en persona, pero tuvo la oportunidad de sentirlo en sus propias carnes cuando su alma se unió a la de su marido y fue capaz de acceder a sus recuerdos por un breve momento… Todas las simulaciones que imaginó en su cabeza terminaban en la victoria inevitable de Natsu. Si Gajeel quería vencer, debía terminarlo rápido y no caer en una batalla de desgaste…

Tetsuryū no Uroko (Escamas del dragón de hierro)—El cuerpo de Gajeel se cubrió de escamas de hierro dulce de pies a cabeza. Como si hubiera adivinado las recomendaciones de su esposa, Gajeel subió su defensa al máximo. Estaba resuelto a ir con todo desde el inicio…

¡Los dos titanes chocaron!

¡KRACK!

Fue un destello repentino, sin sutilezas. La velocidad fue alta y lo que Levy alcanzó a ver fue el momento en que el brazo-espada de Gajeel chocó con las garras incandescentes de Enjin. Ambos se bloquearon mútuamente a la altura de los antebrazos. La mirada aguerrida de Gajeel fue devorada por las siniestras luces rojas que Enjin tenía por ojos, encerradas por las fauces de su yelmo dragón.

La onda de choque producto de la colisión emitió calor intenso a varios metros a la redonda, volviendo a castigar la vegetación circundante. Gajeel parecía inmune a este efecto, de momento.

No fue necesario un previo calentamiento ni golpes de prueba para Gajeel. Tenía la ventaja de conocer muy bien los poderes de Natsu, por lo que procedió con la precaución necesaria pero sin entregar la iniciativa a su enemigo…

¡Tetsuryū Tanken! (Espada Corta del Dragón de Hierro)—Gajeel sorprendió a Levy con una técnica derivada de la Espada del Dragón de Hierro original, adaptada para ser más rápida, precisa y manejable en combates a corta distancia. En lugar de crear una gran hoja, Gajeel transformó su brazo en una espada corta de hierro de aspecto afilado y resistente, que combinaba la capacidad de cortar y perforar con movimientos ágiles…

«… ¡Eso!… » Levy le animó. La chica suspiró un poco de alivio al ver que Gajeel no cometía los mismos errores de sus combates anteriores con Natsu. La suposición de Gajeel fue correcta y la hoja más corta le permitió mantenerse firme en el intercambio de golpes a alta velocidad que siguió.

¡Gaaarh!—Gajeel bramaba furia mientras usaba toda su destreza para atrapar al androide. Golpes de distracción y falsas retiradas, seguidos de precisos y furiosos contraataques.

Sin embargo, la destreza artificial que demostró la criatura también era sorprendente. Veloz e implacable, la bestia evadía los golpes más peligrosos de Gajeel y elegía resistir los menos devastadores para convertirlos en una oportunidad de contraatacar con sus garras llameantes. Primero un golpe discreto de Enjin tocó en el costado, luego otro de Gajeel en el pecho de Enjin, y finalmente ambos rivales empezaron a hacer contacto directo entre ellos, culminando en un furioso cross counter, donde las garras ardientes de Enjin desgarraron gruesas virutas metálicas de la mejilla de Gajeel, y la espada corta de Gajeel quebró parte del yelmo dragón de Enjin.

¡KRAK!

El último choque volvió a expulsar una onda de calor que volvió a castigar el terreno, y a Levy, que ya sudaba la gota gorda incluso estando a varios metros de distancia…

«… Su temperatura está aumentando progresivamente… ¡A este ritmo alcanzará el punto de fusión del metal dentro de poco!... » reflexionó la chica con preocupación «Vamos Gajeel, ¡Tienes que terminarlo ahora!»

Gajeel intentó mantener la presión, pero poco a poco el enfrentamiento comenzó a inclinarse en su contra. Cada intercambio de golpes se hacía más agotador, y aunque su espada corta de hierro le daba ventaja en velocidad y precisión, el calor abrasador de las garras de Enjin comenzaba a pasarle factura.

Un agudo ruido de trizeo anunció que las escamas de hierro que reforzaban su defensa ardían al rojo vivo, deformándose y quebrándose en todo su lado derecho como si fueran acero mal forjado, avivando la preocupación de la joven esposa.

—¡Maldición!... ¡Tetsuryū no Tsume! (Garra del dragón de hierro)—A pesar de su esfuerzo por mantener el control, el androide demostró una capacidad aterradora para adaptarse, esquivando una poderosa patada de Gajeel que derribó dos árboles cercanos con la presión del aire, pero dejó al dragon-slayer vulnerable en el proceso…—¡On-no!

¡SLASH!... ¡KRISSH!

Con un rápido zarpazo, el monstruo tiró a Gajeel al suelo por primera vez en la pelea. El aterrizaje fue estrepitoso por la masa de Gajeel y el metal de su cuerpo siseó agudamente por el golpe de Enjin.

—¡Gajeel!—Levy Chilló desde su cubierta.

El mago se puso de pié rápidamente, justo a tiempo para evitar un aplastamiento de garra que Enijn intentó para rematarlo. Esta vez fué Gajeel quien aprovechó la oportunidad e inhaló fuertemente. El androide lo tendría muy difícil contra un disparo a quema ropa…

¡Tetsuryū no Hōkō! (Rugido del dragón de hierro)—Gajeel vomitó cuchillas de metal subsónicas a muy corta distancia, pero Enjin también reaccionó con ferocidad.

—¡Él también puede!—alertó Levy. Enjin abrió las fauces dañadas de su yelmo dragón y vomitó un torrente de llamas a presión, que se estrellaron contra el torbellino de cuchillas de Gajeel…

¡WOOOOSH!

La explosión resultante fue ensordecedora, una esfera de energía y calor que arrasó el terreno a su alrededor y dejó a Gajeel tambaleándose. Levy observó con angustia cómo su esposo jadeaba, el sudor filtrándose de las grietas de su armadura y empapándole el rostro, sus movimientos volviéndose cada vez más torpes. Levy sintió un escalofrío al darse cuenta que la pelea se estaba transformando en un reflejo corrupto de aquel combate contra Natsu.

—¡Gajeel!—gritó Levy, su voz cargada de preocupación. Pero su marido apenas tuvo tiempo de girarse antes de que un rápido barrido del androide lo obligara a retroceder de nuevo, su equilibrio vacilante.

Levy se dio cuenta, con un sobresalto, del verdadero problema. Gajeel llevaba combatiendo sin descanso durante tres días enteros, desde el inicio del asedio. Su resistencia, aunque sobrehumana, estaba alcanzando sus límites. Cada golpe, cada esquive, cada técnica ejecutada con precisión le estaba cobrando un precio que no podía seguir pagando. Y mientras Enjin mantenía un ritmo inhumano, implacable, Gajeel parecía atrapado en un eco alarmante de su pasado. Pero esta vez, él era quien perdía la iniciativa, un detalle que el androide no tardaría en explotar…

—¡Solid Script: Anvil! (Escritura Sólida: Yunque)

«¿Eh?»

Ambos contendientes se alejaron a lados opuestos para evadir un gigantesco yunque metálico que casi los aplasta. La aparición de la masa de metal no tenía otra explicación que la intervención de Levy.

—¡Come!—Levy chilló. Gajeel no perdió tiempo y consumió el metal ferroso arrojado por su esposa. Enjin se quedó paralizado unos instantes, tratando de procesar lo que ocurría, dándole tiempo suficiente a Gajeel para recargar sus fuerzas…

¡Grrrr!...—con un gruñido feral, Gajeel elevó su aura mágica, justo antes de lanzarse contra Enjin. El androide respondió al desafío—¡Ahora empieza la verdadera pelea!... ¡Tetsuryū no Sentsui! (Martillo del Dragón de Hierro)—Arengó Gajeel, mientras apuntaba el pico perforador de su martillo medieval a la coraza de Enjin. Sin embargo, el monstruo hizo algo insólito: Evadió el mandoble de Gajeel con un brinco potente, que lo elevó varios metros en el aire. En esa posición, Gajeel vió con horror como la cosa abría sus fauces para disparar un rugido de fuego contra el escondite de Levy…

—¡ALÉJATE DE ELLA!... ¡LEVY, AL SUELO!

¡FSSSSSS!

Gajeel saltó también para golpear a Enjin y logró cambiar el ángulo de tiro. Esto no evitó que el rayo de fuego impactara contra la roca que servía de parapeto a Levy. Las llamas sisearon al carbonizar la piedra para luego dejar un gran agujero. Levy estaba paralizada. Sentada de espaldas contra la piedra y su cabeza a escasos milímetros del agujero ardiente. Uno de sus mechones azules ardía en la punta, como si la chica llevara una vela en la cabeza.

Gggg…—Levy gorgotea igual que un bebé, aterrada por el encuentro cercano a la muerte. Sus ojos lloran y se lleva una mano al pecho y otra al vientre…

—¡NO TE METAS EN ESTO!—le gritó Gajeel a su esposa. La chica seguía paralizada por el miedo de casi haber sido carbonizada—¡No intervengas o va a atacarte a tí también!

Levy no replicó nada, seguía temblando de miedo. Enjin se puso de pié tras ser derribado por Gajeel en el momento de su disparo. Con energías renovadas, Gajeel cargó nuevamente contra la bestia ígnea.—¡Mōdo Tetsueiryū! (Modo Dragón de Hierro de las Sombras)

Gajeel cambió de táctica. Aprovechando su reciente recarga de energía, activa su modo combinado de sombra y hierro, poder que consiguió de Rogue. Su cuerpo se cubre de sombras etéreas que le empoderan y le brindan nuevas habilidades que Enjin y sus creadores desconocen. El androide dragon-slayer le vomita fuego de su yelmo dragón, pero Gajeel desaparece sin recibir daño…

—¡Es hora de que tome el control de esta pelea!—sorprende a Enjin al desaparecer entre las sombras. Enjin aumenta su agilidad para intentar cogerle, pero Gajeel ahora puede hacerse evanescente igual que Rogue.

Con su ventaja recién adquirida, Gajeel rodea al monstruo cual serpiente y se mueve con fluidez letal alrededor de Enjin, desapareciendo y reapareciendo como un espectro. Sus movimientos son algo menos ágiles que los de Rogue, pero son suficientes para lograr el efecto deseado. Hace llover ataques precisos y brutales desde la seguridad de las sombras, golpeando a Enjin repetidamente y haciéndolo rebotar como si se tratase de una pelota en un juego de frontón: Convierte sus manos en martillos y los descarga sobre la armadura del androide con el retumbar de campanas de guerra, abollando y fracturando las placas metálicas—¡TetsueiryūKon! (Bastón del Dragón de Hierro de las Sombras)—Usa su bastón de hierro para aplastar la armadura en varios puntos. —¡Tetsuryū no Sentsui! (Martillo del Dragón de Hierro)—Finalmente, con un movimiento feroz, Gajeel hundió el pico de su martillo medieval en el abdomen del androide, destrozando la coraza y liberando una cascada de líquidos inflamables que chisporroteaban en contacto con el suelo.

«¡Está funcionando!... » la esperanza volvió a nacer en el pecho de Levy.

El monstruo sigue con el pico enterrado y Gajeel los blande a ambos con un rugido triunfal. Levantó a Enjin y lo lanzó contra el suelo varios metros por delante suyo. El impacto sacudió el terreno y levantó una nube de polvo y chispas.

¡CRASH!

El dragon-slayer no perdió tiempo y, viendo a su enemigo inmóvil, reunió su energía mágica. Concentró rápidamente una gran cantidad de Hierro y Sombras en su boca, una cantidad de partículas mágicas tan densa y oscura que parecía capaz de tragarse la luz igual que un hoyo negro. Cuando la concentración alcanzó masa crítica, Gajeel liberó la presión hacia su oponente. Enjin no pudo pudo escapar, una ráfaga oscura y afilada como cuchillas llenó el aire, golpeando de lleno al androide y envolviéndolo en un remolino de oscuridad y destrucción…

—¡Tetsueiryū no Hōkō! (Rugido del Dragón de Hierro de las Sombra):

¡WOOOOOOOSH!

La onda de conmoción fue tan intensa que incluso Levy tuvo problemas para mantenerse en pie detrás de su roca.

—¡Nadie debería sobrevivir a eso!—Gajeel rezó para que así fuera.

Cuando el polvo se asentó, Levy observó con terror e incredulidad. Contra toda expectativa, Enjin seguía en pie, su armadura rota y su interior expuesto, pero su Lacryma de dragón seguía brillando intensamente, como si su sistema central aún resistiera. Aunque visiblemente dañado, el monstruo no había caído. Su imponente figura, tambaleante pero persistente, llenó de alarma el corazón de Levy.

—¡¿Cómo puede seguir de pie?!—gritó la chica, su voz entrecortada por el miedo.

Pero Gajeel no prestó atención a las advertencias de su esposa. —¡No importa, está acabado!—Confiado en su ventaja y cegado por el ímpetu de la batalla, se lanzó nuevamente al ataque. Las sombras seguían cubriéndolo, haciéndolo casi intocable, o eso creía. Gajeel avanzó sin vacilar, decidido a terminar el combate de una vez por todas, apuntando un golpe final al núcleo expuesto del androide.

Cuando Gajeel estaba a punto de lanzar su golpe final, un sonido metálico y frío emanó del interior del androide, seguido por una voz sintética, grave y ominosa:

[Código 1: Sunspot]...

Antes de que Gajeel pudiera reaccionar, el núcleo de Enjin brilló con una intensidad cegadora, como un sol en miniatura que parecía a punto de estallar. Una cúpula de fuego descomunal surgió de su cuerpo, expandiéndose en un radio de 10 metros y consumiendo todo a su paso. Las llamas danzaban de manera errática, arrasando el suelo, derritiendo las rocas y carbonizando lo poco que quedaba de la vegetación circundante.

—¡Gajeel!—gritó Levy, llevándose las manos al pecho mientras veía a su marido desaparecer entre las llamas. Tuvo que apartar la vista para proteger los ojos de la luz cegadora. Se llevó las manos al vientre, temblando al sentir el calor opresivo incluso desde su posición lejana.

¡Fsssss!

El fuego comenzó a retroceder, como si un aliento monstruoso fuera inhalado nuevamente hacia el núcleo de Enjin. Las llamas regresaron al interior del androide, dejando tras de sí un paisaje arrasado: Tierra carbonizada, piedras derretidas y un silencio pesado. De pronto, Gajeel emergió de entre los restos, su cuerpo siendo expulsado violentamente desde el epicentro de la explosión. Rodó por el suelo, su piel cubierta de quemaduras, su cabello chamuscado, y los jirones de sus escamas de hierro al rojo vivo desprendían humo.

Levy lanzó un grito desgarrador que resonó en el valle.

—¡GAAAJEEELl!—Su voz se quebró, llena de pánico, al ver a su esposo convulsionar, su cuerpo retorciéndose por el dolor mientras intentaba aferrarse al suelo para levantarse. Sus uñas arañaban la tierra quemada, dejando surcos profundos mientras gruñía, su fuerza de voluntad enfrentándose a un dolor casi insoportable. Pero cada intento de ponerse en pie parecía condenarlo al fracaso.

Mientras tanto, Enjin se alzó lentamente, sus movimientos eran torpes, mecánicos, como si el daño que había sufrido estuviera llevándolo al borde del colapso. Su armadura, ahora destrozada, dejaba ver el núcleo brillante y palpitante que lo mantenía en funcionamiento. Pero incluso en ese estado, no mostraba señales de retirada. Las fauces de dragón en su yelmo se abrieron, y con un rugido sordo, vomitó una torrente de fuego abrasador directamente hacia Gajeel.

¡Fssssss!

—¡Gaaaaah!—El grito de Gajeel fue desgarrador. Esta vez, el dolor era demasiado. Las llamas lo envolvieron por completo, su figura tambaleándose mientras el fuego lamía su piel y escamas debilitadas. Intentó levantarse, pero su cuerpo simplemente no respondió. Otra ráfaga lo golpeó, y otro grito salió de su garganta mientras su carne parecía ceder ante el calor. El monstruo no mostraba piedad; otra oleada de fuego lo azotó, y luego otra más. Cada rugido flamígero era como una sentencia de muerte, y Gajeel no podía más que retorcerse y gritar en un tormento que parecía no tener fin.

Levy miraba paralizada, su corazón rompiéndose en mil pedazos. Las lágrimas caían sin control por su rostro mientras apretaba su vientre con ambas manos, su cuerpo sacudido por sollozos. La misma angustia y ganas de morir que Gajeel había sentido al buscarla ahora la consumía a ella. La desesperación la atrapó como un pozo sin fondo, cada grito de su esposo siendo una puñalada que la dejaba sin aire. El llanto se convirtió en un torrente, y aunque cada fibra de su ser quería correr hacia él, sabía que hacerlo solo empeoraría la situación.

—¡Gajeel… por favor… basta…!—susurró entre lágrimas, su voz perdida en el rugir del fuego. Pero Enjin no paraba, y Gajeel seguía atrapado en el infierno de llamas, su grito resonando como un eco de la tragedia que parecía inevitable.

"Solid Script: Water (Escritura Sólida: Agua)"

De pronto, una masa líquida apareció sobre Enjin, que lo baño de forma completamente inútil, pues el agua se evaporó incluso antes de tocar el núcleo del androide. Lo único que consiguió Levy fue desviar la atención del monstruo hacia ella. Enjin cambió de dirección y roció con fuego a Levy…

—¡NOOO!—Gajeel hizo un esfuerzo sobrehumano para saltar como renacuajo y recibir el impacto en lugar de su esposa. Levy sintió la tortura de Gajeel en sus propias carnes y casi se desmayó por el impacto. Sólo los gritos de Gajeel la regresaron a la realidad—¡VETE, CORRE AHORA!

El fuego rugió como una bestia viva cuando Gajeel, en un acto desesperado se lanzó para proteger a Levy. Las llamas lo envolvieron completamente, devorando su carne ya herida, y un grito desgarrador brotó de lo más profundo de su ser, resonando como un eco de puro dolor. Levy, paralizada por el horror, sintió como si cada llama que quemaba a Gajeel estuviera desgarrando su propia alma. Por un momento, todo lo que sintió fue el vacío del pánico, pero algo en su interior, una chispa de determinación, se encendió en medio de ese caos.

«… Yo… ¿Qué estoy haciendo aquí?... »

Una claridad inesperada la inundó, como si el tiempo se detuviera por un instante. Levy respiró hondo, el rostro empapado en lágrimas, y su mente se enfocó en un solo objetivo: salvar a Gajeel, a cualquier costo.

—¡Solid Script: Spring! (Escritura Sólida: Resorte)—Levy desobedeció a su marido y gritó con voz quebrada. Una espiral elástica apareció bajo los pies de Enjin. El androide, aunque tambaleante y dañado, no pudo evitar el impacto del mecanismo que lo lanzó varios metros hacia atrás, estrellándose contra el suelo con un ruido sordo. Aunque el ataque no le causó mucho daño, el breve respiro permitió que Gajeel tomara aliento, aunque apenas podía mantenerse consciente…

—¡Levy… vete… vas a hacer que te maten!—gruñó Gajeel, su voz débil pero teñida de una angustia desesperada—¡Obedéceme y lárgate de aquí!—Sus palabras eran casi suplicantes, su mirada llena de miedo por la vida de su esposa.

Pero Levy no se movió. Con los labios temblorosos, una resolución inquebrantable comenzó a reflejarse en sus ojos.

—No—murmuró la chica, y sus manos comenzaron a moverse de nuevo, trazando letras mágicas en el aire. Esta vez, las palabras que formó eran diferentes, cargadas de un poder insidioso y desconocido…

Enjin, ahora de pie nuevamente, avanzó con movimientos rígidos, decidido a terminar la batalla. Pero al llegar a Gajeel, se detuvo. Algo había cambiado. Una nube densa y oscura emergió alrededor de Gajeel, flotando como un aura sombría que parecía devorar la luz misma. Las partículas rodeaban al dragon-slayer, y aunque él mismo parecía desconcertado, actuó por instinto, inhalándolas profundamente.

«… Esta cosa que siento… ¡Se siente frío por dentro!… »

¡Gaaaah!—El cambio fue inmediato. La energía mágica de Gajeel se disparó, sus músculos se tensaron, y una oleada de poder latente estalló desde su interior. Sus ojos brillaron con una intensidad feroz mientras su cuerpo recuperaba vitalidad y fuerza… Se animó a intentar ponerse de pié y para su propia sorpresa, lo consiguió… Su cuerpo estaba nuevamente cubierto de escamas de hierro, pero a diferencia de las primeras, estas resplandecían con un brillo negro-verduzo fantasmal… ¡Había entrado en su modo Dragon Force!, un estado que apenas había alcanzado en su vida, pero que ahora emergía de forma violenta, forzado de alguna manera por la magia de Levy…

"Solid Script: Mashōryūshi" (Escritura Sólida: Partículas de Barrera Mágica).

—¿Qué…?—balbuceó Gajeel, ahora de pie, mirando sus propias manos con asombro mientras sentía la restauración parcial de sus fuerzas. Fue entonces cuando oyó un sonido detrás de él. Giró, y su corazón se detuvo al ver a Levy tosiendo violentamente, tambaleándose, las partículas mágicas que había creado evidentemente afectándola.

Entonces lo comprendió todo. Después de todo, en su pelea con Bradman había descubierto que la única cosa capaz de forzarle a entrar en estado Dragon Force eran precisamente las partículas anti-ethernano, veneno para los magos. Levy había descubierto la forma de sintetizarlas con su magia de palabras…

—¡Coff-coff!... ungh…

—¡Levy!—exclamó Gajeel, avanzando hacia ella con la rabia y el miedo pintados en su rostro. Pero antes de que pudiera reprenderla, Levy lo detuvo con un grito entre lágrimas.

—¡NO! ¡No me digas nada!—sollozó, su voz rota pero llena de una resolución desesperada—¡Estás loco si crees que voy a dejarte aquí!—Se llevó una mano al vientre, temblando pero firme—¡Recuerda que tú y yo SOMOS UNO! ¡¿QUÉ VOY A HACER SIN MI OTRA MITAD?!—Las lágrimas corrían por su rostro mientras lo miraba, su amor y determinación brillando más que nunca.

Gajeel se quedó paralizado por un instante, conmovido y sobrepasado por las palabras de Levy. Apretó los puños, sintiendo una nueva ola de furia y protección invadirlo. Ya no había lugar para dudas o debilidad. Con la energía de Dragon Force fluyendo por su cuerpo y el sacrificio de Levy grabado en su alma, Gajeel se giró hacia Enjin, su aura de hierro y sombra envolviéndolo como una tormenta, listo para el choque final.

El androide dragon-slayer también interpretó ello como el final de la pelea: Tambaleándose pero implacable, comenzó a reformar lo que quedaba de su cuerpo destrozado. Las placas de su armadura orgánica se desplazaron con movimientos inquietantes, reconfigurándose como si fueran vivas, hasta que toda su forma se condensó en una sola figura grotesca. Desde las fauces de dragón que componían su yelmo emergió una estructura tubular, convirtiendo su cuerpo en un gigantesco cañón con forma de cabeza de dragón. De su interior comenzó a emanar un calor insoportable, mientras una bola de fuego concentrado, de un blanco cegador en su centro, empezaba a cargarse lentamente. Una vez más, resonó la voz robótica, esta vez con un tono aún más ominoso:

[Código 2: Pyrus Dragon Hyper Mega Launcher]...

Frente a esta amenaza, Gajeel no flaqueó. Su brazo derecho comenzó a mutar, creciendo en masa y transformándose en una imponente arma. Una masa de metal rugía al formarse, un gigantesco y desproporcionado taladro con los canales profundos y las espirales afiladas. Las sombras y el hierro se combinaban en una única extensión de su voluntad de lucha, y el dragon-slayer apuntó el arma hacia Enjin…

—Gōma Tetsuryū Rasensō (Demon Karma: Taladro Destructor del Dragón de Hierro)—Una corriente de chispas y partículas metálicas rodea a Gajeel, creando un aura feroz.

Enjin disparó su rayo. Una columna de fuego pura, más potente que cualquier rugido de dragón, se lanzó hacia Gajeel con la fuerza de un volcán desatado. El suelo se quebró bajo la presión, y el calor era tal que el aire mismo parecía estar huyendo. Pero Gajeel no se detuvo. Con un bramido feroz, se impulsó hacia adelante, lanzándose a máxima velocidad contra el monstruo. Su cuerpo era un proyectil viviente, dejando un túnel de viento y polvo metálico en su estela.

¡FSSSSSSSS!

El taladro y el rayo chocaron en un impacto monumental. El fuego envolvió el arma de Gajeel, pero no la detuvo. Los profundos canales del taladro desviaron las llamas hacia los lados, como si fueran corrientes de agua, redistribuyendo su fuerza y ganando aún más impulso. A medida que avanzaba, las llamas se disipaban en torrentes hacia atrás, creando un espectáculo visual de pura devastación. Pero la temperatura era inclemente, y la fricción y el calor comenzaron a cobrar su precio. El taladro empezó a fundirse, y con él, el metal que protegía el cuerpo de Gajeel. Sus escamas de hierro se derritieron hasta quedar al rojo vivo, su brazo quemándose bajo la presión insoportable.

—¡GAAAAAARRH!—Gajeel rugió, un sonido de pura determinación. El dolor era inimaginable, pero él lo ignoraba. Cada fibra de su ser, cada gramo de su magia, estaba enfocado en un solo objetivo: destruir a Enjin.

¡CRAAACK!... ¡BOOOOOM!

Finalmente, el taladro atravesó el núcleo expuesto del androide, penetrando su corazón llameante justo antes de deshacerse completamente. Enjin no tuvo tiempo de reaccionar. El impacto fue cataclísmico, y su cuerpo entero se desintegró en una explosión descomunal. Una cúpula de fuego inmensa, aún más grande y cegadora que la desatada por el "Código 1", envolvió el campo de batalla, iluminando el valle con un resplandor infernal…

«… ¡VAMOS GAJEEL, PUEDES HACERLO!… » Levy rezaba y animaba a Gajeel mientras se ponía a salvo de la tremenda explosión.

Cuando las llamas finalmente se extinguieron, dejando tras de sí una neblina de calor y ceniza, Levy emergió lentamente de su escondite. Su corazón latía con fuerza desbocada mientras buscaba con la mirada a Gajeel entre los escombros y el polvo. El paisaje era un campo de devastación: tierra quemada, restos de Enjin desparramados en fragmentos humeantes, y un silencio casi irreal tras el caos. Entonces lo vio…

Gajeel estaba de pie, pero apenas. Su figura parecía tambalearse, y el costo de la batalla era dolorosamente evidente. Su brazo derecho terminaba en un muñón de metal derretido, la masa restante aún chisporroteando por el calor residual. Las escamas negras y afiladas de su Dragon Force se desmoronaban, cayendo de su piel como polvo y ceniza, revelando un torso y una espalda cubiertos de quemaduras de primer y segundo grado, con áreas de carne enrojecida y ampollada que evidenciaban el tormento que había soportado.

Levy ahogó un grito al verlo desplomarse de golpe, cayendo en posición ventral, su rostro girado hacia el suelo como si ya no tuviera fuerzas para sostenerse. Sin pensarlo, corrió hacia él, su corazón gritando más fuerte que su mente.

—¡Gajeel! ¡Gajeel!—llamó desesperada mientras se arrodillaba junto a su cuerpo malherido, girándolo con cuidado para que pudiera verla. Las lágrimas nublaban su visión, y su voz temblaba mientras acariciaba su rostro, intentando evaluar el alcance de sus heridas. Por un instante, el miedo la invadió por completo, pero entonces, en medio de todo ese dolor, él le sonrió.

—No… No podría haberlo hecho sin ti, enana mía—murmuró Gajeel, su voz apenas un susurro. Sus labios estaban secos y agrietados, pero en su expresión había una ternura que contrarrestaba todo el sufrimiento. Era una sonrisa débil, pero llena de orgullo y agradecimiento.

Levy dejó escapar un sollozo, negando con la cabeza mientras le devolvía la sonrisa a través de sus lágrimas.

—Si… ¡Eres un tonto!—dijo con una mezcla de alivio y reproche, su voz quebrándose mientras acariciaba su cabello chamuscado. Aunque sus palabras eran un regaño, su tono estaba lleno de amor y ternura.

Gajeel cerró los ojos, exhausto pero en paz, mientras Levy lo abrazaba con cuidado, ignorando el calor que aún irradiaba de su cuerpo herido. Allí, entre las ruinas de su batalla, ambos compartieron un momento de conexión profunda, sabiendo que habían sobrevivido juntos una prueba que los marcaría para siempre.

A lo lejos, entre la oscuridad que brindaba la noche, un grupo de soldados republicanos observaba la escena con cautela. Se mantenían ocultos entre las ruinas de los árboles calcinados y las formaciones rocosas, sus uniformes oscurecidos por el polvo y el hollín de su avance. Sus miradas estaban fijas en los dos esposos que yacían en el suelo, vulnerables y agotados tras la monumental batalla contra Enjin.

El líder del pelotón, un hombre alto con una cicatriz cruzando su rostro, levantó una mano, indicando silencio. A su lado, un vigía susurró con asombro:

—¿Esos son los famosos magos de Fairy Tail?... El tal Dragon Slayer de hierro… casi parece humano ahora.

El comandante no respondió de inmediato. Su mirada se dirigió hacia el norte, donde las columnas de humo ascendían al cielo nocturno. Seguramente Onibus estaba resistiendo el asedio todavía.

El origen de su avance no había sido el esperado; el ejército republicano había llegado desde una dirección que debía ser imposible: El sur, Magnolia…

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República de Fiore, Cuarteles Móviles y Laboratorios de Investigación de Ciencia Mágica.

Mayo 3, Ubicación secreta… 23:15 hrs…

—¡Enjin ha caído! ¡Repito, la unidad 6 ha caído! ¡DX-06 está fuera de línea!

—Reporte de Kunugi… ¡Hemos perdido a todo un regimiento de infantería!... La ciudad está mucho más defendida de lo anticipado… no concuerda con las simulaciones…

—DX-05 "Dojin" sigue avanzando en Magnolia, pero las pérdidas son grandes. Al rededor de 250 de nuestros dragon-slayers han sido destruidos…

Las noticias adversas se esparcieron por los laboratorios como una enfermedad. Primero discreta y luego virulenta, desatando la desesperanza y la preocupación en todos los sirvientes de Zash Caine, tanto por el miedo a sufrir su ira por haber fallado como por la perspectiva del fracaso de todo el experimento.

«… Son dragon-slayers. Sintéticos y producidos en masa, pero miles de ellos, suficientes para abrumar a cualquier ejército convencional… Y "Los Siete"… Los siete debían contrarrestar a los dragon-slayers verdaderos, no caer frente a ellos… » Los decepcionados científicos no daban crédito a lo que ocurría.

Ya 4 de los siete monstruos supremos ya habían sido destruidos. 2 en Gazania a manos de los dragones gemelos y uno en Margaret, ante la brujería de Irene Belserion, expresada en el cuerpo adolescente de Wendy Marvell.

Zash había cometido un error al asumir que Arcadios colocaría su cuartel principal en Magnolia y por ello había arriesgado a dos androides de grado superior al intentar cerrar la pinza alrededor de la ciudad de Fairy Tail. Aunque Dojin avanzaba sobre Magnolia, Gajeel había triunfado sobre Enjin, y una última noticia fue a confirmarle al cónsul que sus preparativos habían sufrido un gran revés…

—... ¡No puede ser, ¿Estás seguro de esto?! ¡Verifiquen esta información!—Zash exclamó incrédulo. La sala que servía de Strategium era lúgubre y artificialmente iluminada.

No cabe duda, mi señor—dijo su lugarteniente—Nuestros agentes de inteligencia lo confirman. ¡El verdadero cuartel general del enemigo se encuentra en Oshibana, no en Magnolia!

—Maldita sea… Ese cobarde de Arcadios está listo para huir a Clover en cualquier momento…

—Estoy preocupado por el resto de frentes, mi lord—le dijo su segundo al mando—Estamos gastando muchos recursos y hombres en esta batalla. En el Norte, los traidores, apoyados por Álvarez están consolidando sus posiciones y ya pronto podrán soñar con lanzar un ataque sobre la capital…

—¿Qué hay del sur?

Nuestras fuerzas han hecho retroceder al enemigo al otro lado del río Felce. Sin embargo, hemos sobreextendido nuestras líneas y no podemos perseguirlos más allá de ese punto. El mal llamado "ejército de voluntarios" se reagrupa y reúne a todos los pueblos rebeldes del otro lado del río. A este ritmo, dentro de una semana estarán en capacidad de lanzar una contraofensiva, ¡Y si eso pasa…

—... Si se coordinan con los traidores del norte, seremos nosotros los que estaremos dentro la pinza. ¿Verdad?—Zash se adelantó al análisis.

Todos los comandantes presentes en la sala guardaron silencio ante el mal prospecto. Zash se puso de pié y golpeó la mesa con ambas manos, listo para anunciar su decisión:

—¡Es una cuestión de tiempo!—vociferó Zash—La batalla por Magnolia debe terminar de una vez. El frente Oriental debe ser controlado de inmediato para que podamos reasignar recursos y prepararnos para la ofensiva de los demás traidores. ¡Desplieguen toda la reserva del Quartum Army para el avance! Un ataque relámpago en todos los sectores…

Enviaremos fuerzas combinadas para rodear Kunugi y facilitar la toma de Oshibana—si el cuartel enemigo cae, los magos en Magnolia no tendrán más razones para mantener su resistencia…

—No subestimes a Fairy Tail—dijo Zash en tono oscuro—. Esos dementes resistirán hasta el final… Puede que incluso Dojin no sea suficiente. Es por eso que…—Zash dudó un momento.

—¿Señor? ¿Qué quiere decir?

—Es por eso que debemos usar TODAS las armas a nuestra disposición. Eso incluye al #7…

Los comandantes que no comprenden el contexto no objetan nada. Sólo los representantes de los científicos temblaron de miedo. Un acto impensable que algunos de los acólitos no estaban dispuestos a realizar…

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"Sólid Script: Mist (Escritura Sólida: Neblina)"

El embarazo hacía que las reservas de magia de Levy fluctuaran de manera anormal, por lo que hacer magia en su estado era contraproducente. Sin embargo, la urgencia del momento le obligó a arriesgar su salud. Primero para ayudar a Gajeel a vencer a Enjin y ahora para huir de sus perseguidores de última hora…

—¿Dónde están?... ¡No les pierdan el rastro, ese era Redfox! Si la máquina no pudo acabar con él, nosotros debemos concluir el trabajo!—ordenó el capitán del contingente que les daba caza. Los soldados tenían bastantes problemas para atravesar la neblina mágica de Levy, la cual estaba imbuida de una sustancia tan densa que los hombres sentían que vadeaban un peligroso río.

Podrían considerarse afortunados de que se tratase sólo de soldados convencionales a pié. Con Gajeel herido y agotado por su pelea previa, no hubiesen tenido oportunidad alguna si los que les persiguieran fueran los dragon-slayers sintéticos del Quartum Army.

Esto planteaba un panorama alarmante y desesperanzador para los esposos, pues si los soldados enemigos habían aparecido en ese lugar, sólo podía significar una cosa:

«… No puede ser. ¡Magnolia no pudo haber caído!... »

Mientras huían, Levy no dejaba de pensar en cualquier posible explicación que no signifique que Laxus y sus amigos hubieran fallado. El valle de Fresh estaba al noreste de Magnolia, entre el lago Sciliora y el camino a la ciudad vecina de Onibus, por lo que para llegar ahí, forzosamente se debía atravesar Magnolia…

¿Una patrulla de republicanos perdidos? ¿Un grupo de fuerzas especiales encubierto?

En el mejor de los casos, podría ser que el enemigo hubiese intentado un movimiento de pinza alrededor de la ciudad para aislarla del Ferrocarril Oriental, lo que podría explicar la presencia de un contingente tan numerosos a sus espaldas.

—Los perdimos. ¡Conseguimos dejarlos atrás!—voceó el conductor de la carrera que transportaba a los esposos.

Gajeel y Levy se habían topado con una caravana de campesinos que huían del frente de batalla. En improvisadas carretas arrastradas por animales de tiro, el grupo de refugiados se dirigía al norte, sin rumbo fijo…

—¡¿Y ahora qué?!—Un aldeano chilló—El enemigo nos persigue tanto por norte como sur… ¿Qué haremos, ¡Qué es lo que vamos a hacer?!

Sus circunstancias eran precarias, pues tanto por Norte como por Sur estaban amenazados por las fuerzas republicanas.

La desazón campaba en las filas, y Gajeel se sentía parcialmente responsable de ello. Cuando la caravana de refugiados les encontró, inicialmente los aldeanos creyeron que habían encontrado a su salvador, un poderoso mago de Fairy Tail, sólo para descubrir momentos después que Gajeel ya estaba fuera de combate para el resto de la batalla.

«… Esto es humillante… ¡Somos tan inútiles en ese momento!... »

Levy levanto la cabeza y dirigió la mirada al cielo, como si rezara por un milagro. Su plegaria pareció ser respondida…

—¿Eh?—la jóven vió una bola de fuego color sangre surcar el cielo, dejando una estela roja que también alteró los sentidos de todos los refugiados, que igualmente observaron el fenómeno con creciente interés.

—¿Una estrella fugaz?...

—No… ¡Un meteorito!...—Levy anunció con algo temor.

¡Flussh!

La bola de fuego se estrelló en el norte, a unos pocos kilómetros de su posición. El impacto causó una poderosa onda energética, cuya naturaleza mágica fue sentida incluso por Gajeel y Levy, a pesar de la distancia…

—Esta presencia…—murmuró Levy, confundida.

—¡Salamander!—Gajeel exclamó.

Levy giró la cabeza bruscamente hacia Gajeel al escuchar su exclamación, con el rostro marcado por la confusión y el cansancio. Pero Gajeel no dijo nada más, su mirada fija en el resplandor rojizo que se disipaba en el horizonte, como si estuviera asegurándose de algo que solo él podía percibir. El silencio de Gajeel no hizo más que alimentar la expectativa en los refugiados, que comenzaron a murmurar entre ellos.

—¿Salamander?... Te refieres a Natsu Dragneel, ¡¿Verdad?!—El conductor de la carreta se exaltó por la declaración de Gajeel.

—¡Dragneel!. Si. ¡Ya me preguntaba dónde diablos estaba!—comentó otro aldeano—¡Con él uniéndose a la batalla, estamos salvados!

—¡Es Natsu Dragneel!—exclamó una mujer joven, casi llorando de alivio—¡El dragón de fuego! Si está aquí, estaremos a salvo, ¿verdad?

—NO. ¡No sabemos si de verdad es él!—Levy se percata de la imprudencia y el peligro de crear falsas expectativas entre los refugiados, por lo que se apresura a calmar primero los ánimos y luego exigir explicaciones a su marido:—Gajeel, ¡¿Puedes explicar esto por favor?!

Gajeel finalmente volvió a sus cabales y pudo dar respuesta a sus expectantes acompañantes:—No hay dos personas en el mundo con un aroma y presencia igual. Parecidos quizá, pero por la intensidad con la que aterrizó, esa onda de poder era inconfundible… Sólo puedo decirte que no hay otra persona en el mundo igual…

La respuesta de Gajeel, aunque escueta y vacilante, fue suficiente para encender una chispa aún mayor de esperanza entre los refugiados. Sus rostros, antes tensos y abatidos, ahora se iluminaban con un fervor renovado. Algunos comenzaron a susurrar emocionados, mientras otros directamente celebraban, convencidos de que el impacto no podía ser más que obra de un mago legendario.

¡Es él, tiene que ser él!—gritó un hombre, casi al borde de las lágrimas—¡Si es Natsu Dragneel, estamos salvados!

¡El mago más poderoso de Fairy Tail ha venido por nosotros!—exclamó otro, como si la mera idea de Salamander fuera un escudo contra el enemigo.

Levy, en cambio, sintió una ola de disgusto y preocupación al ver cómo las expectativas de los refugiados se disparaban. Giró hacia Gajeel, sus ojos llenos de reproche, deseando que hubiera elegido sus palabras con más cuidado.

—No hay más que decir, ¡Vamos para allá!—susurró un anciano, sus ojos llenos de un brillo renovado.

—¡Pero no sabemos si…—Levy fue interrumpida.

—... Si Natsu Dragneel en verdad ha venido, estaremos más seguros cerca de él… Tú misma lo viste. El enemigo avanza en ambas direcciones, nos encierran en una bolsa. ¿Sabes lo que significa, verdad?

—¡Magnolia no puede haber caído!—Levy protesta con vehemencia—Laxus y los demás no nos fallarían de esa manera. Gajeel, ¡diles que es imposible que nuestros compañeros hayan sido derrotados!—Levy suplicó a su esposo.

Gajeel tenía el semblante sombrío. Recién había empezado a pensar en Lily y en el resto de compañeros de Fairy Tail. Si Magnolia en verdad hubiera caído, ¿Qué pasaría con ellos?

—Podría ser… No perdemos nada intentando. Si Magnolia todavía resiste, el hecho de que nos persigan soldados enemigos desde el sur sólo puede significar que la ciudad ha sido rodeada por completo, ¡Están cercados!—Gajeel anunció con pesimismo—No podremos entrar en la ciudad… por otra parte, estaremos más seguros con Salamander…—dijo Gajeel con semblante preocupado—No, ¡Vamos a NECESITAR a Salamander!—concluyó Gajeel con resignación en su rostro se podía ver un poco de la rabia que le provocaba el tener que reconocer que debía pedirle ayuda a Natsu…—Si en verdad está aquí, hay que traerlo para que rompa el cerco y nos permita entrar de vuelta a Magnolia.

Los asustados campesinos prepararon rápidamente las carretas y se emprendió el rumbo hacia el lugar de aterrizaje de la estrella fugaz: La ciudad de Onibus…

—¡Partamos cuánto antes!, si nos quedamos en campo abierto, el ejército republicano no tardará en encontrarnos…

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República de Fiore, Cuarteles Móviles y Laboratorios de Investigación de Ciencia Mágica.

Mayo 3, año X793…

"¡Debo darme prisa!...¡Esta orden de despliegue!... ¡No pueden hablar en serio!"

«… ¿De verdad van a soltar al "número 7"?... »

La luz era tenue, insuficiente para revelar el horror completo que se encontraba al otro lado del cristal blindado. En la penumbra de la cámara de contención, apenas se distinguía la masa informe que se retorcía en la oscuridad líquida, suspendida en un estado de letargo inducido. En sus escamas desgarradas y fisuradas, las líneas rojas pulsaban con un brillo enfermizo, como si ardieran desde su interior, un recordatorio de la malformación que había condenado a la unidad DX-07...

El estruendo de pasos apresurados y el murmullo de voces ansiosas rompieron el silencio reverente que se cernía sobre el monstruo en su prisión. Los científicos, embutidos en trajes blindados de emergencia, observaban al monstruo con una mezcla de terror y fascinación. No era un simple androide, ni siquiera una aberración. Era algo mucho peor.

El acólito, todavía un aspirante a científico, apenas llegó a tiempo para ver cómo sus superiores se apresuraban a cargar la cápsula en el gigantesco cañón lanzador, una versión perfeccionada del artificio usado para lanzar al monstruo de hielo hacia la batalla en gazania…

—¿Está seguro de esto, señor? —se atrevió a preguntar uno de los asistentes, con la voz temblando tras su máscara respiratoria. Era un hombre enjuto y pálido, como si la vida misma hubiese sido drenada de él tras meses de experimentar con aquella criatura.

Zash Caine, el maestro detrás de esta locura, ni siquiera se dignó a mirarlo. Sus ojos permanecían fijos en la figura sombría al otro lado del metal que ya apenas contenía al monstruo. En su rostro, una mueca de desprecio ante la incertidumbre de su subordinado.

—¿Es que no lo ves? —respondió Zash, con un tono de burla contenida—. La guerra está a punto de volverse en nuestra contra. Los gremios de magos son un cáncer, y si no liberamos a esta arma ahora, todo lo que hemos construido aquí será devorado por ellos. ¡Es nuestra última y más letal apuesta!

Con un gesto, Zash indicó al técnico que procediera. Las luces de advertencia comenzaron a parpadear, y la cápsula comenzó a humear mientras las cerraduras metálicas chirriaban al abrirse. Los científicos retrocedieron instintivamente. No querían estar allí para presenciar lo que sucedería cuando la criatura despertara por completo. Algunos de ellos se persignaron, como si invocar a algún dios olvidado pudiera ofrecerles protección ante aquello.

—Energía mágica inestable… desviación… diez por ciento… veinte… cuarenta… ¡sesenta por ciento!—gritó una voz aterrorizada desde la consola.

Entonces, la cosa abrió un ojo, un abismo carmesí que ardía con un odio insondable, como si reconociera la mano de aquellos que lo habían creado solo para luego encerrarlo. La prisión de contención se resquebrajó, y una ola de fuego demoníaco se derramó en la cámara del cañón y luego en los alrededores, extinguiendo cualquier traza de luz que no fuera la del propio infierno encarnado.

"¡Disparen de una vez! ¡Esa cosa se va a salir de su cápsula!"

En los últimos instantes antes de que el metal cediera por completo, uno de los científicos se envalentonó y accionó el mecanismo de disparo mientras los otros corrían aterrados…

—Que los cielos nos perdonen—susurró, como una plegaria silenciosa.

¡BOOOOM!

La cápsula se hizo añicos, y el monstruo rugió, un alarido que sacudió los cimientos del complejo y opacó el propio temblor del estallido de la pólvora del cañón…

Lo que se vió a lo lejos, fue una bola de fuego color sangre recorrer el cielo, como una estrella fugaz corrupta.

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Magnolia, centro de la ciudad.

Mayo 3, año X793…

Ha transcurrido otra media hora y los defensores ahora mueven cajas y pertrechos lo más rápido que pueden. La segunda línea de defensa debe volver a moverse, para disgusto de Laxus, que ve su estrategia volver a desmoronarse bajo los pies de Dojin, que los aplasta sin piedad…

—¡Muevan esas provisiones, nos estamos retirando de la Catedral! ¡Ahora el edificio será el parapeto!—Laxus exclamó—¡No deben seguir avanzando!

Una vez más, el implacable ariete viviente en que se convirtió Dojin los empujó otros 100 metros hacia atrás. Todo esfuerzo por detener al monstruo era inútil. Esta vez, Laxus apenas pudo ganar un cuarto de hora extra con sus fútiles intentos de golpear a Dojin con objetos contundentes impulsado por su gran fuerza. No era suficiente y la falta de Gajeel y Lucy se hacía sentir.

Jet se ha convertido en el cuervo del mal augurio al traer más noticias alarmantes:

—¡Un mensaje del cuartel general de Arcadios!

—¡¿Y ahora qué quiere?!—Freed se quejó.

—El enemigo ha descubierto el verdadero cuartel de la alianza. Una gran fuerza ha sido enviada a la ciudad de Oshibana. ¡Va en camino a arrasarlos!—chilló Jet—Hay dragon-slayers de cuarta generación entre los atacantes. ¡Quieren que les enviemos a alguien para apoyar la defensa de su cuartel!

—¡No hay nadie disponible!—Laxus escupió de mal humor—¡Tenemos nuestros propios problemas aquí!

«Sin mencionar que los soldados que nos envió Arcadios no han sido de mucha ayuda. ¡Valiente negocio hemos hecho al aceptar pelear al lado de novatos y miedosos que nunca han estado en una pelea justa!... » Laxus renegó para sus adentros.

La tensión entre los magos de Fairy Tail y los soldados lealistas de Arcadios crecía con cada momento que pasaba. La inexperiencia de sus aliados, evidente en cada retirada desordenada o movimiento torpe, era un lastre para los magos, que acostumbrados a luchar al límite, encontraban cada vez más frustrante.

—Con suerte, no terminaremos protegiéndolos a ellos también—murmuró Freed, sin molestarse en ocultar su desdén mientras reagrupaban las defensas.

Sin embargo, la conversación pronto se desvió hacia la urgencia de encontrar una manera de detener a Dojin, cuya armadura gruesa y regenerativa seguía burlándose de todos sus intentos.

—... Necesitamos algo que pueda atravesarlo—dijo Romeo, cruzando los brazos con exasperación—Algo igual de masivo y potente para acabar con ese monstruo de una vez…

Un silencio cayó sobre el grupo mientras intentaban concebir una solución, pero la falta de recursos y tiempo hacía que sus ideas fueran tan fugaces como inútiles.

—¡Que mal que no tenemos algo igual de grande para dispararle!—protestó Jet. Aunque sus palabras eran una queja, resonaron como un eco cargado de desesperación en la mente de Laxus.

El maestro suplente de Fairy Tail arrugó la frente ante la última declaración de Jet. Su mente rápidamente empezó a trabajar…

—Un disparo muy grande… ¡Bisca y Alzack!... ¡Eso es!—Laxus exclamó.

—¿Laxus?—Freed lo cuestionó. Reconoció de inmediato la expresión de "eureka" reflejada en su líder—¡Tienes un nuevo plan! ¿Verdad?

—Eso creo… ¡Necesito que envien un mensaje a Bisca!

Laxus tenía deseos de ir en persona a explicar su plan. Estaba convencido de que se requeriría su presencia para la adecuada organización. Esta hipótesis era apoyada por el hecho de que Bisca y Alzack no estuviesen usando "eso" para ayudar en la defensa. Algo debía estar impidiéndoles usar el arma y a Laxus le urgía saber que era…

—Ve con ellos. ¡Será mejor así!—Freed le dijo a Laxus. Su fiel subordinado parecía haberle leído la mente.

—Freed, tú…

—Tus poderes de rayo han sido neutralizados por Dojin y sus "apéndices". ¡Podrás demostrar todo tu poder en otros sitios, lejos de Dojin! Te aseguro que Cana y los demás están también en problemas… —argumentó Freed—¡No te preocupes, yo mantendré el frente aquí!

Por un instante, Laxus se quedó inmóvil, desconcertado por la propuesta de Freed. La idea de abandonar el frente, aunque fuese momentáneamente, chocaba con su instinto natural de liderazgo y protección. Pero al cruzar miradas con Freed, vio algo que lo calmó: comprensión. Freed no solo entendía la importancia del plan, sino que había anticipado la necesidad de que Laxus en persona coordinara con Bisca y Alzack. Sin necesidad de explicaciones, su fiel compañero ya había aceptado lo que debía hacerse. Laxus sintió un breve pero profundo respeto por su subordinado, por su capacidad de discernir en medio del caos y su disposición a cargar con la responsabilidad de sostener el frente.

«Freed... siempre un paso adelante… » pensó, mientras su confusión inicial se desvanecía y un renovado sentido de urgencia lo impulsaba a actuar.

—¡Muy bien!—Laxus asintió con la cabeza—¡Confío en tí, amigo! ¡Se qué no me defraudarás!

Freed le contestó con un gesto de lealtad militar y Laxus se dió vuelta para partir. Antes de que se alejara lo suficiente, Freed habló en voz alta con una gran sonrisa de complicidad, demostrando haberse dado cuenta qué es lo que quería Laxus con los esposos Conell:

—¡Roguemos que la puntería de Bisca no se haya oxidado!

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Kunugi, 3 de Mayo, año X793…

La polvorienta llanura a las afueras de Kunugi, se vió repentinamente sacudida por el avance de tropas republicanas a toda marcha, con el olor acre de la guerra invadiendo los sentidos de todos los mortales. El pequeño pueblo era lo único que se interponía entre el ejército de Zash y Oshibana, el verdadero cuartel general de los realistas. Sabía que había llegado demasiado lejos para retroceder ahora y a pesar del riesgo que ello implicaba, el primer Cónsul de la República Fiorana decidió poner toda la carne en el asador y usar todas las unidades del Quartum Army disponibles en ese momento.

Su apuesta pareció funcionar al inicio. Los androides avanzaron cual hoz segadora y casi la totalidad de las fuerzas de Arcadios fueron diezmadas rápidamente.

La noticia hizo cundir el pánico en las filas realistas de Oshibana. Arcadios ordenó retrasar el avance de los engendros mágicos todo lo que fuera posible mientras él solicitaba el apoyo de Fairy Tail para contrarrestar la amenaza mágica del Quartum Army…

—¡Cargas explosivas conectadas!—gritó uno de los soldados.

—¡Vuélenlas!

¡Boooom!

Un gran estruendo sacudió la tierra, anunciando la destrucción de las vías ferroviarias que conectaban Kunugi con Oshibana. Los sobrevivientes del ejército real decidieron que ya no podían hacer más por detener a las poderosas fuerzas de Zash, por lo que volaron las vías para retrasar a los republicanos todo lo que se pudiera. Estos valientes hombres ahora daban su última resistencia en la estación de tren, encerrados en el edificio y acorralados por todos los frentes…

En la puerta de la estación, blindada de todas las maneras posibles, un oficial republicano se acerca y empieza a dictar términos de rendición para los asediados.

—Capitán Valorian, le habla el mayor Rand—el oficial republicano se presentó con un gran altavoz, cuyo eco penetró dentro del edificio—Yo lo recuerdo muy bien. Asistimos juntos a la academia militar. Ninguno de los que le conocemos aquí afuera le deseamos la muerte ni usted, ni a ninguno de sus valientes hombres. Le suplico en nombre de la hermandad militar que nos une, que deponga las armas, a su vez que también le extiendo la invitación para unirse a nuestra causa…

Los asediados recibieron el anuncio con desconcierto y confusión.

—¡¿De qué mierda está hablando?!

Zash Caine ha visto la verdad, hermanos—ahora se dirigió a todo el contingente realista—. La reina era una tirana. El ser benevolente que ella pretendía ser no era más que una mentira repugnante. Zash-sama reclamará el reino en nombre de aquellos que han derramado su sudor y sangre para construirlo, el pueblo de Fiore finalmente tendrá lo que merece por todo su esfuerzo… ¿Es que no lo ve, Capitán?

—¡Lo único que veo es una traición, Mayor!—rugió el oficial sobreviviente que quedó a cargo, Valorian, un Capitán originalmente al mando de la segunda compañía—No está hablando de recuperar todo para el pueblo, está hablando de traicionar todo lo que defendemos…

—¡No sea necio, no sacrifique a sus hombres por nada!

—¡Jamás! ¡Arcadios-sama me dijo que defendiera este bastión y eso es lo que haré!—aulló el Capitán Valorian.

El oficial republicano se frustró mucho al oír la terca respuesta y con gran pesar dió la orden final:

—¡Que así sea!... ¡Soldados, derriben esa puerta!...

Cuando se dictó la sentencia contra los asediados, el Capitán leal no perdió tiempo y ordenó a todos acomodarse en puestos de combate. Usó los breves instantes que demorarían los republicanos en preparar su ariete para dar un corto discurso motivacional y de arenga para animar a sus hombres a combatir hasta la muerte.

"... Que la diosa los acompañe a todos hoy… "

A los pocos minutos llegaron del exterior, los sonidos de los republicanos levantando su ariete para tirar la puerta, las maldiciones y amenazas que les lanzaban los fanáticos de Zash y los novatos, sobre todo lo que les harían cuando finalmente lograsen entrar…

"... ¡¿Ungh?!... ¡Coff-coff!... ¡Bluagh!... ¡Aaaargh!... "

El capitán leal se desconcertó cuando los ruidos de asedio provenientes del exterior se transformaron en gritos de súplica, jadeos de estrangulamiento y de ahogamiento, como si alguien estuviera estrangulando a los republicanos uno por uno. El capitán leal creía que era alguna clase de treta para confundirlos, pero pronto los leales encerrados también lo sintieron, en menor medida pero lo sintieron: Todos empezaron a toser y a jadear, como si un veneno invisible los estuviera torturando.

—¡Es gas venenoso! ¡Cierren todo!—gritó alguien, cuando un inconfundible humo púrpura se asomó ligeramente por una abertura de proyectil en la pared. Los soldados se apresuraron a sellar los últimos orificios que les comunicaban con el exterior, a riesgo de quedarse sin aire en la habitación.

—¡¿Qué está pasando ahí afuera?!—exclamó el capitán leal, mientras se cubría las vías respiratorias con ambas manos.

«… ¡Puedo oír sus pensamientos, y si yo fuera ustedes, no saldría por un buen rato, a menos que quieran morir derretidos! ¡Sepan, debiluchos, que a partir de ahora me encargo yo!... »

Los realistas atrincherados sintieron un escalofrío de ultratumba cuando oyeron en sus cabezas la amenaza de su salvador, una voz lúgubre y siniestra, más adecuada para un villano que para un héroe…

Erik Cobra había llegado al "rescate".

El dragon-slayer de veneno finalmente se decidió por participar en la batalla. No acababa de entender cómo las súplicas y el vil chantaje emocional de su amada Kinana consiguieron hacerle ofrecerse voluntario para interceptar las fuerzas de Zash que amenazaban a Arcadios. Con Gajeel ya acabado por su pelea en Onibus y el resto del gremio acorralado en Magnolia, no quedaba nadie para enviar. Kinana se rindió en sus súplicas mucho antes, pero por algún motivo, estas parecieron hacer un efecto retardado en Cobra, que incluso dejó atónita a su novia al ofrecerse voluntario.

Sin importar los motivos, todo lo que ahora importaba es que Arcadios recibía refuerzos en nombre de su alianza con los magos. Erik Cobra estaba presente, presto a luchar.

Frente a él, las primeras oleadas de dragon-slayers sintéticos avanzaban, criaturas enchapadas en sus armaduras de dragón, con ojos vacíos y movimientos mecánicos. Se movían con una precisión inhumana, pero para Cobra, que podía oír sus movimientos antes de que siquiera ocurrieran, eran como simples títeres. Se concentró, respirando profundamente mientras las toxinas de su magia empezaban a impregnarse en el aire, una neblina púrpura y densa que serpenteaba a su alrededor, cargada con la promesa de una muerte lenta y dolorosa.

—Muñecos sin mente…—gruñó, su voz cargada de desprecio mientras lanzaba una nube de veneno hacia los autómatas que se acercaban.

¡Woosh!

El vapor venenoso los envolvió, corroyendo sus pieles metalizadas sintéticas en cuestión de segundos. Las armaduras de los dragon-slayers gimieron de manera inhumana al corroerse aceleradamente, sus cuerpos retorciéndose y cayendo, destruidos por la podredumbre que se extendía por sus cuerpos. Cobra los observaba desmoronarse con una frialdad calculada, disfrutando del espectáculo de descomposición que había desencadenado.

El dragon-slayer no conocía la sutileza y desde el primer momento potenció su cuerpo con el Dragon Force de segunda generación, su cuerpo cubriéndose de escamas púrpuras y blancas…

Con absurda facilidad, Cobra los hizo retroceder a las afueras del poblado, con buena parte de los soldados humanos huyendo despavoridos ante el espectáculo de espanto que los devastadores efectos de la corrupción del dragón de veneno provocaban.

El veneno de Erik no era simple. Era una manifestación de la decadencia misma, una corrupción que devoraba la vida y la carne, la maquinaria y la magia, alimentada por su conexión con el dragón del veneno. Su magia lo carcomía todo, infestando a sus enemigos con una corrupción ineludible. Los autómatas republicanos no tenían alma como para sentir dolor, pero eso no los salvaba de la destrucción; su constitución sintética no era rival para el miasma de muerte que Cobra desataba.

¡Boooom!

Cuando el derretimiento alcanzó las Lacrymas de los androides, estos explotaron seguidamente, cual petardos de feria. Esto no sorprendió para nada a Cobra, pues estaba al tanto de todo lo que había que saber sobre estas criaturas. Gajeel había hecho una buena tarea de recabar información en su misión de rescate en Gazania, y aunque Cobra nunca fue invitado a las reuniones, su super-oído le permitió enterarse de la naturaleza del Quartum Army y cómo vencerlo…

—¿Esto es todo lo que tienen?—escupió Erik, lanzando otra oleada de veneno hacia una segunda línea de dragon-slayers sintéticos. Se tambalearon y colapsaron igual que los primeros, disolviéndose en charcos de metal y pequeñas explosiones. Esta vez también se unió al espectáculo grotesco algo de carne corroída: Los soldados humanos tras la segunda línea de autómatas fueron alcanzados por el veneno y se retorcían de dolor, suplicando por la muerte…

—¡Mi piernaaa!... ¡Ayúdenme!

—... Aaaagh… ¡Es un monstruo!

—... ¡Retrocedan!… ¡Protocolo Lazarus! ¡Es el morado, es el morado!—chilló el oficial de mayor rango mientras huía de la nube venenosa.

—… ¡Traigan "La cosa"...!

Cobra sonreía con desdén. Era demasiado fácil. Era su día de suerte, la combinación única de sus habilidades, de medio y corto alcance, lo hacían imparable contra estos androides, a diferencia de Gajeel y los dragones Gemelos, que necesitaban gastar mucha energía y acercarse más para ser efectivos contra el Quartum Army.

Erik se deleitó viendo a sus enemigos huir de la niebla, los asustados soldados convencionales, en un patético intento por salvarse. Los atacó a propósito, buscando acabar con aquel oficial humano que manejara el artefacto de control de los autómatas, otro secreto que había adquirido de Gajeel, aún sin el consentimiento de éste para leer su mente.

«… Muy bien, según Gajeel, uno de estos insectos tiene la unidad de control. Si él cae, todo termina… » pensó Cobra con tranquilidad mientras volvía a reforzar los vapores de miasma y los enviaba en la dirección de los huidos soldados republicanos.

El campo de batalla comenzaba a calmarse, los restos recocidos de los autómatas yacían a su alrededor como esqueletos corroídos por el paso de los siglos. Cobra respiró hondo, disfrutando del silencio macabro que siempre seguía a la muerte.

—Pueden correr, pero no esconderse…—Cobra amenazó en voz alta, a la vez que empezaba a caminar en la dirección. No había prisa, pues a cada segundo que pasaba, su cuerpo seguía inundando el ambiente de miasma y vapores tóxicos. La concentración llegó a tal punto que dificultaba la visibilidad.

Pero algo no estaba bien. Una inquietud sutil se colaba en su mente, como una sombra apenas perceptible. El ruido de las tropas republicanas cesó de golpe. Y entonces lo sintió: un latido metálico, un pulso frío y distante que resonaba como una amenaza latente en la oscuridad.

—¿Mmm?...

Detuvo su andar cuando vió una gran masa asomar su sombra en la niebla tóxica. La sombra no se disolvía y se abría paso con impunidad entre el veneno, hasta transformarse en una figura regular, para luego detenerse, no sin antes emitir un eco metálico en todo el suelo.

Cobra se acercó al objeto con curiosidad, suponiendo de inmediato que no se trataba de un ser vivo. Ningún ser debería poder sobrevivir a esa toxicidad.

Efectivamente, el dragon-salyer de veneno se encontró con una enorme cápsula cilíndrica de metal blindada y bridada por todas partes. En la parte superior, se leía una leyenda con letras en alto relieve:

"DX-01 Koujin"

«… 鋼 (Kou)... ¿Qué significa?... »

Krak…

—¡Rayos!—Erik dió un salto hacia atrás cuando la cápsula se abrió y escupió vapor blanco, al caer lo que se reveló como una compuerta.

Apenas lo pudo seguir con la mirada, pero escuchó claramente cuando la criatura contenida en la cápsula salió disparada de esta. Lo siguiente que oyó Erik fueron unas afiladas garras acercarse a su cuello, tan filosas que cortaban el aire al moverse.

—¡Puedo oír tus movimientos, no me alcanzarás!—aulló Erik sin dejar de lado su confianza.

¡Slash!

Durante el primer intercambio de golpes, Cobra se ajustó al ritmo de su rival con suma facilidad, aprovechando su desarrollado sentido del oído. Cada giro, cada zarpazo y patada, todo era anticipado por Erik y rápidamente pudo averiguar un poco más de la criatura.

Era también un dragón-slayer sintético, más grande que los anteriores, sus movimientos no eran tan mecánicos, sino fluidos y letales, como si estuviera imbuido con una inteligencia oscura. Su piel metálica brillaba con un brillo opaco con la escasa luz de luna, pero lo que más inquietaba a Cobra era el sonido que producía: el zumbido grave y constante de un monstruo de acero. Sus ojos vacíos lo miraban fijamente, pero esta criatura no era como las demás. Tenía un aura que denotaba algo más profundo, más calculador.

En la oscuridad, apenas podía distinguir los detalles de la cosa, pero quedó desde un principio claro que era mucho más poderoso que los primeros.

—Debe ser uno de los "especiales" de los que habló Gajeel. Como los que enfrentaron a los dragones gemelos de Sabertooth… —murmuró Cobra para sí mismo, reconociendo al instante el tipo de resistencia superior que envolvía a su nuevo oponente, que le permitía moverse en la niebla de veneno sin ser afectado por ella.

No se dejó intimidar por ello. Su propio orgullo le impedía fracasar dónde otros dragon-slayers habían triunfado. No permitiría semejante humillación, sin importar lo que costara, su veneno consumiría a ese ser abominable. Sin pensarlo dos veces, Cobra levantó su brazo y lanzó una nube densa y letal de su veneno hacia el autómata. El aire a su alrededor se tiñó de un púrpura enfermizo, saturado con el miasma corrosivo que había destruido a tantos antes. No esperaba que funcionara, solo era una distracción para encajar un ataque más fuerte…

¡Krak!

Las garras de dragón se estrellaron contra las escamas metálicas de la armadura del androide. Cobra se llevó un primer susto cuando la sensación fue como el chocar sus manos desnudas con un muro de ladrillos.

«… Es más duro que ese dragón de roca que salió de Eclipse… » El mago renegado reconoció la fortaleza de la armadura enemiga. Incluso potenciados por el Dragon Force, sus golpes eran resistidos con facilidad por la bestia. Erik decidió usar magia para incrementar la toxicidad de sus ataques.

Se apartó de un salto, usando la onda de choque producto del intercambio de golpes previo. En menos de dos segundos, se acomodó en posición de disparo, inhalo con fuerza y descargó una corriente poderosa de miasma venenoso desde su boca…

—¡Dokuryū no Hōkō! (Rugido del Dragón de Veneno)

El rugido dió de lleno contra Koujin, todo el veneno a presión estrellándose en su coraza. El dragon-slayer sintético se quedó inmóvil, impasible ante el veneno que lo envolvía. El miasma tóxico tocaba su superficie, pero no había reacción, no había señales de corrosión ni de descomposición. El veneno simplemente se disipaba alrededor de él como si fuera vapor inofensivo, incapaz de penetrar su armadura de dragón de cuarta generación.

—¡¿Qué demonios...?!—Cobra retrocedió un paso, sus ojos abriéndose con sorpresa. Este autómata no solo había resistido su veneno, lo había ignorado por completo. Pensó que algo así era imposible, pero la realidad estaba frente a él. Su poder, su magia devastadora, era inútil ante este enemigo. El dragon-slayer sintético seguía ahí, ileso.

En ese momento, la criatura avanzó. Raspó el suelo con sus pisadas pesadas, cerca de una mancha de aceite ferroviario. Una mala combinación con las toxinas de Erik hizo una mezcla incendiaria y una pequeña chispa generada por el roce de la armadura de la cosa le prendió fuego enteramente…

¡Woosh!

Fué una visión intimidante para Erik, pero al fin pudo ver la naturaleza real de la criatura, gracias a la iluminación de las llamas ardiendo en medio de la noche…

La armadura de la bestia está cubierta de escamas metálicas de aspecto muy pulido, casi como espejos. Cada movimiento está acompañado por un crujido metálico que evoca el sonido de montañas de acero retorciéndose, su silueta esculpida con precisión para la guerra. A diferencia de los otros miembros del Quartum Army, este autómata está imbuido no sólo con la magia de los Dragon Slayers de cuarta generación, sino que posee un elemento propio, lo que lo convierte en una aberración artificial capaz de rivalizar con los cazadores de dragones verdaderos. Su pecho late con una energía pulsante, un núcleo mágico sellado entre placas de metal fundido que irradian una brutalidad fría y calculada. Su presencia es como un heraldo de la ruina, el aire se carga de tensión mientras alza un brazo cubierto de cuchillas de acero, diseñado para desgarrar tanto carne como magia.

—… Acero…—Erik murmura—Ya entiendo… A diferencia de los otros, este tiene un elemento propio...—Una vez más, Erik estaba muy bien informado de la amenaza gracias a Gajeel y su vulnerable mente. Para más inri, éste nuevo ser compartía aterradoras similitudes con el Dragon Slayer de hierro.

Erik se preparó para un nuevo asalto. Entendiendo que la cosa que tenía frente a él no caería ante sus venenos lanzados indirectamente, escogió el choque frontal. Reforzó la magia del dragon force en sus brazos y sus garras afiladas y venenosas crecieron algunos centímetros. Las escamas púrpuras defensivas se engrosaron…

—¡Yeaaargh!

Fue un asalto como ningún otro que cualquiera de las víctimas anteriores de Cobra hubiera experimentado jamás, un torrente aullador de garras envenenadas que cayó sobre la criatura metálica como si el mismo aire se hubiera transformado en navajas. Erik no creía en la sutileza y fué con todo desde el comienzo, deseoso de hacer breve el combate.

Estruendosos golpes de garras de dragón contra metal sintético resonaron en el campo de batalla, y cada golpe que Koujin logró parar golpeó con tanta fuerza que a cualquier otro el impacto de ellos rompería huesos y desgarraría la carne.

Sin embargo, a pesar de todo el esfuerzo y ferocidad que Cobra mostró, la criatura no se vió afectada. Sus garras patinaban en las escamas de metal brillante de Koujin y los venenos que Cobra descargaba directamente contra la cosa no hacían efecto alguno. La semilla de la desesperación empezó a nacer en el mago, y como si la criatura tuviera la capacidad de sentirlo, dejó de estar a la defensiva y lanzó un sorpresivo contraataque.

¡KRAK!

No fue un ataque; fue una explosión de acero.

Cobra intentó retroceder, pero fue demasiado lento. El autómata lo atacó con una velocidad sorprendente, un brazo de acero se lanzó hacia él con una fuerza brutal. El impacto lo golpeó en el pecho como un martillo, lanzándolo varios metros hacia atrás. Cobra aterrizó pesadamente, el aire escapando de sus pulmones mientras su cuerpo entero protestaba de dolor.

—¡Coff-coff!... blugh…

Aturdido y jadeante, se puso de rodillas, apretando los dientes. No solo estaba desconcertado, estaba herido. El veneno, que siempre había sido su arma más letal, se había vuelto inútil. El acero de su enemigo era inmune, y por primera vez en mucho tiempo, Erik "Cobra" se encontraba ante un adversario al que no podía corroer, infectar ni destruir con su poder.

—¡Maldición!—Cobra apretó los puños, intentando controlar la furia y el desconcierto que se agitaban en su interior. Estaba claro que este enemigo estaba hecho para resistir todo lo que él tenía, cómo si de manera aterradora, alguien hubiera hecho el esfuerzo consciente de crear algo capaz de matarlo a él. Cobra tenía que encontrar una nueva forma de pelear, o sucumbir ante este implacable dragón de acero.

Nunca había tenido la oportunidad de luchar contra Gajeel Redfox, pero agradecería mucho haberlo hecho alguna vez, para al menos tener una idea de cómo pelear contra una criatura de esta clase.

¡Slash!

El monstruo transmutó su brazo derecho en una larga cuchilla curva a la mitad entre una espada y una guadaña segadora, reanudando la lucha sin cuartel…

¡Slash!... ¡Slash!

«… Puedo oír las vibraciones de su acero al reforjarse… ¡Esa cosa es peligrosa!... »

En el caso de Gajeel, el hierro formado con rapidez es inestable y en muchos casos resulta mal forjado y quebradizo, como una caña seca. Gajeel compensaba calidad con cantidad, reservando su acero más fuerte sólo para ocasiones especiales. El monstruo que Cobra tenía enfrente tenía el acero mejor forjado como parte de su naturaleza misma…

A diferencia del hierro de Gajeel, que es maleable y vivo bajo su control, el acero del Koujin es frío, impenetrable y desprovisto de vida. Donde Gajeel puede convertir su cuerpo en hierro para adaptarse y cambiar, esta máquina infernal es un muro inquebrantable de metal puro, cada golpe emulando la firmeza de una espada forjada para matar dragones. Sus ataques no buscan adaptarse a la batalla, sino destruir cualquier cosa en su camino con una precisión quirúrgica. El acero que conforma sus miembros no tiene la flexibilidad del hierro, pero lo compensa con una resistencia absoluta, cada choque con las garras de Erik resuena como el eco de una campana de guerra, inmortal e inhumana. Aquí no hay honor ni furia de dragón, solo la implacable voluntad del metal frío y calculador.

Erik no tuvo ni un instante para considerar cómo podría intentar contraatacar. Cada ápice de su pensamiento y habilidad fue llevado al abrumador desafío de simplemente mantenerse con vida durante el siguiente segundo, y el siguiente, y el siguiente. Esquivó y giró, luchando por mantenerse fuera del alcance de la enorme cabeza de la guadaña de acero, pero el arma de Koujin estaba en todas partes al mismo tiempo.

«… ¡¿Cómo puede moverla tan rápido?! ¡Esa cosa es enorme!... »

Desafió la lógica. Una hoja del tamaño de un humano era alta, pesada como el metal de una armadura completa y, sin embargo, el dragon-slayer sintético la movía como si fuera una serpentina de papel atrapada en la brisa. Cuando las garras de dragón y acero se cruzaban, las chispas provocaron incendios en el polvo seco donde aterrizaron. El combate se trasladó del bosquecillo marchito de vuelta a las ruinas de la estación de trenes, ya desocupada por las fuerzas leales.

Koujin cortó arcos siseantes en el aire, derribando al ex-convicto con cada barrido, empujándolo hacia la esquina de una estructura caída: los restos de lo que alguna vez había sido parte de la jardinera ornamental de la estación. Erik se quedaría rápidamente sin espacio para defenderse a menos que alterara el lenguaje de la pelea.

«… ¡Debo intentar un ataque a distancia! Puede que mi veneno sea inefectivo, pero nada quita que sólo necesite impactar suficientes veces… Es mi única oportunidad… »

Retrocediendo a saltos, Erik subió a otra estructura en ruinas para cortar sus soportes y provocar su derrumbe, forzando a Koujin a retroceder para no quedar atrapado entre los escombros. De esta manera, Cobra logró ganar una distancia estratégica. Por la noche, la nube de polvo resultante escondía a Erik de la vista de su atacante, pero no de sus sentidos. Cobra pronto aprendería que al igual que los dragon-slayers verdaderos, esta cosa también tenía un olfato desarrollado…

Con la garganta ardiendo de magia venenosa, se preparó para rugir una vez más. De su boca brotó una presión abrumadora de gases tóxicos y corrosivos, un vórtice pútrido destinado a consumir todo lo que tocara.

—¡Dokuryū no Hōkō! (Rugido del Dragón de Veneno)—creyendo haberle sorprendido, Erik disparó de nuevo en pleno brinco, pero la criatura, sin un ápice de emoción en su semblante metálico, respondió con un rugido propio.

¡Skrisssssh!

Cegadores y brillantes, unos reflejos se abrieron paso entre la corriente de presión venenosa escupida por Cobra. No habiéndose perdido de vista ni por un minuto, Erik por su oído y la cosa por su olfato, ambos combatientes se dispararon mutuamente. Las fauces de dragón que formaban el yelmo de Koujin se abrieron como una auténtica boca. Lo que emergió de las fauces del autómata no fue fuego ni relámpagos, sino un verdadero tornado de metralla de acero, afilado como las hojas de una guadaña, imparable como una tormenta de cuchillas. El rugido venenoso combinado colisionó con el vendaval de acero.

Las espinas de metal atravesaron su veneno con una indiferencia desalmada. El veneno, bendecido con la corrupción de la naturaleza misma, que podría corroer carne y piedra, no hizo mella en el acero puro, forjado para resistir incluso las bendiciones más oscuras.

El acero forjado atravesó el propio rugido de Erik y le golpeó mortalmente…

—¡Eaaarrgh!

La metralla penetró el cuerpo de Erik con una precisión brutal, desgarrando su carne, clavándose profundamente en sus huesos. El dolor fue inmediato, visceral. Con un grito desgarrador, el Dragon Slayer de veneno se desplomó en el suelo, su cuerpo temblando en espasmos, la sangre manchando la tierra bajo él.

El dolor era insoportable, un peso inmenso que aplastaba cada fibra de su ser. Erik, el orgulloso Cobra, Dragon Slayer de veneno, yacía en el suelo, sintiendo cómo la vida se le escurría entre los dedos. Su mente, nublada al principio por la incredulidad, comenzó a aceptar lo inevitable.

«… ¿Es así como termina…? ¿De todas las maneras, de esta manera patética?... »

Los recuerdos comenzaron a deslizarse en su mente, primero difusos, luego nítidos como puñales clavándose en su conciencia. Kinana. Su dulce Kinana. Una punzada aún más aguda que las heridas físicas lo atravesó.

«… Kinana... te he fallado… »

La imagen de su rostro, esa expresión gentil que lo había rescatado de la oscuridad, se sobreponía a la realidad agonizante.

—Prometí que no volvería a caer… que aprovecharía esta segunda oportunidad. Pero… ¿qué hice con ella? Fui un tonto, un maldito tonto…

Su respiración era errática, y el mundo a su alrededor empezaba a desvanecerse, como si se sumergiera en un océano oscuro. El arrepentimiento lo devoraba, más amargo que cualquier veneno que hubiera producido. Vio fragmentos de una vida que nunca llegó a vivir: momentos con Kinana, una vida lejos de la guerra, lejos del odio y la violencia que habían manchado sus manos. Pero ya era tarde. Todo lo que había hecho, todo lo que había sacrificado… no había servido de nada.

«… Perdóname… Kinana… » pensó, con lágrimas en los ojos mientras su visión se volvía más borrosa.

La pena se volvió su única compañera mientras sus últimas fuerzas lo abandonaban. Las sombras lo envolvían, y todo lo que quedaba era el eco de lo que pudo haber sido, perdido en el abismo.

Parecía su fin. El acero no cede ante la podredumbre. El autómata dragon-slayer de acero avanzaba lentamente hacia él, imparable, como la muerte misma hecha de metal…

Cobra se dejó ir. Esperó a que aquel monstruo sin mente tomara su vida. Con los ojos cerrados, sintió un fuerte tirón que le removió la carne, pero el dolor fué tan breve que estaba seguro que su alma había abandonado su cuerpo. Tan seguro estaba que la calidez que de repente sintió en todo el vientre le pareció celestial… Una voz desesperada y femenina le suplicó con fuerza:

—¡No puedes rendirte!... ¡No puedes renunciar a todo ahora! ¡A nosotros!

El tono era dulce, pero la acusación era innegable. Sus ojos se abrieron de golpe, confuso, dudando si aún pertenecía al mundo de los vivos. El primer destello que percibió fue el reflejo de escamas púrpuras que brillaban bajo la luz de la luna, y el viento le azotaba el rostro, no como el frío de la muerte, sino como la vida misma. Cobra se encontraba tendido, no en el suelo ensangrentado donde había caído, sino sobre el lomo de una criatura alada, majestuosa, con escamas que relucían como el crepúsculo más oscuro…

Cubelios…

La realidad lo golpeó como un trueno. Cubelios no, Kinana… Sintió el batir de las alas mientras la enorme serpiente voladora ascendía, alejándolo de las garras de la muerte segura. Aquella calidez en su abdomen no era el consuelo de la otra vida, sino el cuerpo del reptil alado acurrucándolo, protegiéndolo como lo había hecho antes.

"No te atrevas a rendirte ahora"

la voz de Kinana resonaba en su mente con la misma intensidad que el dolor que lo había abatido momentos antes.

—Te he salvado antes, Erik. Te salvaré una y mil veces más si es necesario, pero no vuelvas a dejarte caer así. Levántate.

Abrió los ojos por completo, y aunque el dolor aún recorría su cuerpo, una nueva fuerza lo invadió. La monstruosa criatura que había sido su compañera más leal estaba allí una vez más, dándole el respiro que había necesitado desesperadamente. Con el viento cortando sus sentidos y la voz de Kinana animándole, Erik comprendió que su lucha aún no había terminado.

Cubelios…—susurró con labios temblorosos—. No… ¡Kinana!—Y entonces, con una última mirada a la bestia de acero que quedaba atrás, supo que la muerte lo había ignorado esta vez.

Koujin se desconcertó por un breve instante, pero no perdió tiempo para responder. Se impulsó con fuerza y dió potente salto y blandió mortalmente su guadaña, intentando decapitar a Kinana, que volaba a baja altura…

¡Ssssss!

En su forma de serpiente alada, Kinana siseó amenazante mientras apartaba a Koujin de un cabezazo. Mientras el monstruo caía, la serpiente enseñó los dientes y una bola de gas venenoso se asomó desde su garganta.

—¡Kinana, eso no va a funcionar!—Erik quiso advertirle con las pocas fuerzas que le quedaban.

—¡Erik, abre la boca!—Ella le interrumpió, revelando el verdadero motivo del disparo. La corriente de gases tóxicos a presión fue absorbida por Cobra. El mago sintió como las fuerzas volvían a su ser, no por completo, pero lo bastante para apartarlo de las garras de la muerte.

Sin embargo, Erik no fué el único que confundió la intención de Kinana. El dragon-slayer sintético abrió las fauces y escupió su rugido de metralla contra la serpiente voladora, que por su tamaño era un blanco perfecto…

—¡CUIDADO!—gritó Erik.

El cuerpo de la serpiente no pudo moverse a tiempo y Kinana recibió parte del golpe en las alas y el torso.

—¡Sssss!—los gritos de dolor de la chica salieron de su boca en forma de siseos furiosos y el rechinar de sus colmillos de víbora. Ambos amantes se estrellaron contra el suelo.

¡CRASH!

—¡Ungh!

La caída fue estrepitosa y varias de las heridas de Cobra se abrieron. Sin embargo, él no le tomó importancia a ello y se levantó rápidamente para comprobar el estado de su mujer. En un destello de humo y luz opaca, la chica recobró su forma humana, revelando una espalda magullada y ensangrentada…

—¡Kinana!

—Perdóname, Erik… ¡Yo sólo quería ayudar y acabo de convertirme en un estorbo!—sollozó la chica, llena de amargura.

Koujin saltó hacia ellos una vez más, presto a concluir el trabajo. Erik se dió vuelta y sintió un miedo tan grande que superó a todos los que había sentido alguna vez. Temió no por él, sinó por su amada.

La desesperación mordía el corazón de Erik. Apenas podía moverse, pero ignoró su propio sufrimiento.

—No te tocará—gruñó, arrastrándose para interponerse entre la máquina asesina y Kinana—¡No dejaré que te toque!

Ella lloraba, cada sollozo como un puñal de culpa que atravesaba su pecho.—¡Soy una carga,—sollozó—te he puesto en peligro una y otra vez!

Erik, jadeante y sangrando, le gritó que huyera, que lo dejara a él, que de alguna manera encontraría una forma de detener al monstruo. Pero Kinana no se movió. En lugar de huir, sus ojos brillaron con una resolución que Erik no había visto antes.

«… No, Erik… no puedo irme. No esta vez… » Kinana, con un gesto repentino y decidido, le arrancó lo que quedaba de su camisa, dejando su torso desnudo y marcado por cicatrices al aire. Antes de que él pudiera protestar, ella hizo lo mismo con su propio pecho.

—Confía en mí—le susurró, con una firmeza que lo dejó sin aliento.—Ruge, Erik. ¡Ruge como nunca antes lo has hecho! ¡Usa cada gramo de tu fuerza!

Desconcertado, pero sin tiempo para discutir, Erik obedeció. Con un esfuerzo titánico, canalizó cada fragmento de magia venenosa que le quedaba en un último ataque.

—¡Dokuryū no Hōkō! (Rugido del Dragón de Veneno)... ¡Raaaagh!

El aliento de veneno salió disparado de sus fauces con una furia descomunal, el vórtice pútrido de gases corrosivos envolvió el campo de batalla. El monstruo de acero, fiel a su programación, respondió con su propio rugido: una tormenta de metralla que llenó el aire de cuchillas giratorias. Las dos fuerzas chocaron en una explosión de poder, los gases venenosos contra las cuchillas de acero. Ambos ataques se enzarzaron en un forcejeo de pura voluntad, como dos dragones enredados en combate mortal.

¡SKRIIIIISSSHH!

Pero esta vez, algo era diferente. El veneno de Erik no retrocedía.

«… ¿Qué…?... » pensó, sintiendo una energía desconocida fluir en su interior. Un calor abrumador recorrió su cuerpo, y entonces lo sintió: el contacto de Kinana, su pecho desnudo contra su espalda, transmitiéndole algo más allá de las palabras.

—Estoy contigo, Erik.—susurró la chica—Toma mi fuerza. Mi vida es tuya.

La conexión fue inmediata y devastadora. Erik sintió su cuerpo cambiar, su magia aumentar exponencialmente. Las escamas púrpuras del Dragon Force comenzaron a cubrir más partes de su cuerpo, sus músculos se tensaron y sus ojos ardieron con un fuego dracónico. La transformación lo consumió, haciéndolo más dracónico que nunca antes.

El monstruo de acero luchaba, pero era inútil. Con cada segundo que pasaba, el rugido de Erik se volvía más fuerte, más imparable. Kinana, apretando su abrazo alrededor de él, amplificaba su poder.

«… ¡No es solo tu batalla, es la nuestra!…» le dijo con una voz que resonaba en su mente, como un eco etéreo. Las cuchillas de metralla comenzaron a ser devoradas por el veneno, que ahora avanzaba inexorablemente hacia el autómata. Su defensa perfecta, su invulnerabilidad, se desmoronaban ante la fuerza combinada de Erik y Kinana.

—¡ROAAAARRR!

Con un último grito desgarrador de Erik, el veneno rompió la barrera. La metralla, imparable hasta ese momento, fue consumida, y el aliento de veneno de Erik envolvió al monstruo. El acero, indomable hasta entonces, comenzó a corroerse, deformándose, retorciéndose mientras las toxinas consumían cada engranaje, cada placa. El autómata intentó lanzar un último ataque, pero su cuerpo se desintegraba, su magia se desvanecía. Con un estallido final, el monstruo fue destruido, su forma metálica disuelta en una nube de veneno y humo.

¡Wosssssh!

La Lacryma del dragon-slayer sintético ni siquiera tuvo tiempo de explotar con fuerza considerable. Se sintió apenas como un petardo lejano mientras la forma del androide se perdió entre la niebla venenosa. Todo el bosquecillo y la zona de la estación se convirtieron en un paisaje de fierros doblados y piedras podridas.

Cuando el polvo se asentó, Erik cayó de rodillas, la transformación ya revertida. Agotado pero vivo. Kinana, aún a su lado, lo sostuvo con suavidad.

—Lo hicimos… —susurró ella, con una sonrisa débil pero satisfecha. Erik, apenas consciente, le devolvió la mirada con gratitud infinita. Habían sobrevivido, juntos, una vez más…

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Afueras de la ciudad de Onibus. Mayo 3, año X793.

—Salamander… ¡Por ahí!—Gajeel gimió.

Levy giró la vista en todas direcciones pero no encontró nada que sugiriera la presencia de su amigo.

—Gajeel, ahí no hay nada…

La noche en las afueras de Onibus Town era un caos de llamas y cenizas. El cielo estaba teñido de rojo y naranja, mientras columnas de humo ascendían como las manos de un gigante invisible que intentaba devorar el firmamento. Gajeel y Levy, apenas manteniéndose en pie, avanzaban con dificultad entre los restos carbonizados de lo que había sido un poblado. Onibus estaba rodeado de otros muchos pueblos entre los que no destacaba por su tamaño. Como población poco importante, tenía únicamente el mérito de estar conectada al ferrocarril oriental.

El aroma inconfundible de Natsu Dragneel, el compañero que había estado ausente por tantos meses, flotaba en el aire, envolviendo a Gajeel en una mezcla de desconcierto y preocupación.

«… No puede ser… Salamander… está lejos, fuera de Fiore… » gruñó Gajeel para sus adentros, su cuerpo herido protestando con cada paso.

Levy, con su vientre prominente y su rostro marcado por el agotamiento, se aferraba a su marido, tirando de él para que no cayera.

—Gajeel, por favor, volvamos… Esto no está bien. No tiene sentido—imploró la chica, sus ojos recorriendo las escenas de devastación que se expandían a su alrededor. Cadáveres calcinados, las sombras de los edificios devorados por las llamas, el hedor de la muerte impregnaba todo. Cada rincón estaba cubierto de cenizas, y en la distancia, el rugido del fuego no cesaba.

Tanta destrucción heló el corazón de la chica. Usó la cabeza fría para pensar y se dió cuenta que Gajeel y el monstruo de fuego no habían peleado en esta zona. Ni siquiera se habían acercado y aún así, todo estaba incendiado y muerto. ¿Enjin habría pasado por allí antes de encontrarse con Gajeel?. La asustó todavía más al ver entre los cuerpos calcinados uniformes del ejército republicano, sugiriendo que la cosa responsable de esto no pertenecía a ningún bando…

—Gajeel, ¡Regresemos al valle de Fresh!... Las fuerzas leales ya deben haber llegado a controlar la situación y estaremos más seguros allí.

Pero Gajeel no se detuvo.

—Te digo que lo huelo, Levy. ¡Es Salamander!—Exclamó entre jadeos, balbuceando entre la fiebre y el dolor. La insistencia en su voz era irracional, casi desesperada. Su nariz nunca le había fallado, y el aroma que percibía no podía ser otro. Sin embargo, Levy, con el alma abrumada, comenzó a dudar. Cada paso los adentraba más en lo que parecía el corazón del infierno. Y cuanto más avanzaban, más clara se hacía la realidad de que algo estaba terriblemente mal.

¡Fsssss!... ¡ROAAAAARRR!

Finalmente, llegaron a un cráter que aún humeaba, las cenizas danzando en el aire a cada ráfaga de viento. Un rugido atronador sacudió el suelo, seguido de una explosión de fuego que iluminó la noche como el despertar de un volcán. De las llamas emergió una figura encorvada, un monstruo hecho de calor y sangre. El calor que emanaba quemaba el aire, distorsionando su imagen. Al principio, sus contornos parecían los de un joven delgado, el cabello en picos que recordaban al de Natsu, pero lo que se reveló en la penumbra no era humano…

—¡Salamander!—gritó Gajeel, su voz quebrada entre el asombro y el horror. Pero lo que salió del fuego no era su viejo rival.

La criatura se irguió, su piel roja y ardiente como hierro fundido, burbujeando de sangre y mercurio mezclado con un fuego sagrado que no dejaba de consumirlo. Donde debería haber estado el rostro de Natsu, solo había una masa informe, como una marea de energía roja que se retorcía y cambiaba constantemente. Dos orbes carmesí brillaban donde deberían estar sus ojos, irradiando una malicia antinatural. Su boca, llena de dientes afilados, se abría y cerraba como si intentara pronunciar palabras que no eran de este mundo. Cada vez que su rostro parecía asentarse en una forma definida, las llamas lo distorsionaban de nuevo, creando una imagen que era difícil de fijar, como un demonio nacido del mismísimo caos.

Levy retrocedió, su rostro desfigurado por el miedo.—Esa cosa… no es Natsu,— susurró, su voz apenas audible entre el crepitar de las llamas.—Gajeel… tenemos que irnos. ¡Ahora!

Pero Gajeel no se movió. Su instinto, su orgullo, no le permitían aceptar lo que estaba viendo.

—No… esto no puede ser… maldita sea, ¡Salamander! ¡¿Qué demonios te ha pasado?!—rugió, pero la criatura no respondió con palabras. Su cuerpo se agitó, y cada paso que daba provocaba explosiones a su alrededor. Su mera presencia era una chispa que encendía todo lo que tocaba. Los brazos del monstruo, largos y deformes, terminaban en garras descomunales, y sus antebrazos estaban cubiertos de escamas que parecían fundirse con su carne ardiente. Era como si el cuerpo del ser estuviera atrapado en una transición eterna, entre el fuego y la materia, entre lo humano y lo demoníaco.

—Gugu… ¡Shnge pra e deus d la shnge!—La criatura aulló algo ininteligible. Los ecos de su voz parecían estar más allá del tiempo y el espacio.

La criatura avanzó un paso más, y el suelo bajo sus pies estalló en llamas. El calor era insoportable. Cada movimiento distorsionaba la noche, y la forma del ser fluctuaba entre la sombra y el resplandor cegador de sus llamas. Gajeel apretó los dientes, forzándose a mantenerse de pie.

—¿Qué… qué demonios eres?

La criatura se detuvo, su cabeza inclinándose hacia un lado, como si estuviera evaluando a los esposos. Entonces, con un rugido de furia, las llamas alrededor de su cuerpo explotaron en un halo abrasador, consumiendo el aire, y Gajeel comprendió, tarde, que aquello no era su amigo, ni su aliado…

—¡Corre, Levy! ¡Corre ahora!—gritó con todo lo que le quedaba de fuerza. Pero era demasiado tarde para huir del infierno desatado.

—¡Roaaarrr!... ¡Fsssss!

El rugido de la criatura fue como el estallido de un volcán, un sonido primigenio, cargado de una furia tan descomunal que el aire mismo pareció arder. Desde lo más profundo de su boca desfigurada, un torrente de llamas color sangre brotó, avanzando como un muro de destrucción directa hacia Gajeel y Levy. En ese instante, todo pareció ralentizarse. Levy, instintivamente, se aferró a su esposo, abrazándolo con fuerza, esperando el fin. El calor que los envolvió era insoportable, un vapor ardiente que quemaba su piel incluso antes de que las llamas los alcanzaran. Era el preludio de la muerte, o al menos, eso creyeron.

Pero el golpe fatal nunca llegó.

El calor seguía rodeándolos, pero no era el abrasador aliento de la bestia. Era algo más, algo que los envolvía pero no los consumía. Levy entreabrió los ojos, su corazón latiendo con un pánico desbocado, solo para descubrir que las llamas infernales no los habían alcanzado. Su mente no alcanzaba a comprender lo que estaba sucediendo, hasta que una figura se reveló ante ellos, interpuesta entre la criatura y sus cuerpos.

—¡Erza!...—chillaron los esposos al unísono—¡Viniste!

Allí, como un muro indomable entre ellos y el monstruo, estaba Erza Scarlet, con su imponente armadura de la Emperatriz del Fuego resplandeciendo bajo la luz de las llamas. Las placas metálicas de su armadura, forjadas para resistir el calor más intenso, brillaban como un faro en la tormenta de fuego. La capa carmesí a sus espaldas ondeaba, azotada por el viento caliente, mientras sus ojos, fieros como los de un dragón, se fijaban en la criatura de fuego con una determinación implacable. Su espada, envuelta en llamas que respondían a su voluntad, cortaba el aire con una precisión letal, desintegrando una parte del torrente de fuego que había amenazado con consumirlos.

—¡No se muevan!—ordenó Erza, su voz clara como el acero, pero agrietada por el dolor. La armadura desviaba las llamas hacia los costados y hacia atrás, amenazando con tocar a los esposos si alguno se movía del espacio de protección que Erza había creado. Levy se asustó más cuando oyó a Erza gritar de dolor…—¡Eaarrrh!

¡Fsssss!

El rugido terminó y la armadura de la emperatriz del fuego quedó calcinada por completo, y en la cara de Erza se imprimió una mueca de dolor cuando los pedazos chamuscados de la misma se desprendieron de su cuerpo, revelando que después de todo sí había llegado a sufrir quemaduras en su piel desnuda.

«… Se supone que esa armadura tiene la habilidad de reducir el poder destructivo de los ataques de fuego en un 50%… ¡Esta cosa, sea lo que sea, sin duda es muy peligrosa! » Levy pensó, alerta ante cualquier amenaza.

—¡Re-equipar!—Erza activó su magia y se atavió con su atuendo favorito: Sus pantalones llameantes y su top de vendas. Los esposos Redfox inmediatamente se dieron cuenta de la seriedad del asunto al ver a Erza usar ese atuendo desde el comienzo de la pelea.

La criatura permanecía encorvada y ladeó la cabeza al descubrir a Erza. Lucía confundida y desorientada, igual que un animal silvestre al encontrarse a un humano en medio del bosque.

Erza sintió un profundo asco al ver a la criatura. Su baba chorreante era lava ardiente, que derretía la tierra al tocar el suelo.

—Chicos. ¡Resúmen rápido de la situación!—exclamó Erza, sin perder de vista a su nuevo oponente. No demostró demasiada preocupación por el estado de Gajeel y Levy porque su aguda mente militar le permitió descubrir rápidamente que a pesar de las apariencias, Gajeel no estaba tan mal como se pudiera intuir…

—Salamander… ¡Esa cosa tiene el olor de Salamander!—Gajeel exclamó delirante.

Erza abrió los ojos denotando sorpresa y observó a la criatura con detenimiento. Levy tuvo el impulso de aclararle que sólo era una confusión de Gajeel, probablemente por las alucinaciones que le causaba su deplorable estado. Sin embargo, Levy Redfox se desconcertó por la seriedad con la que Erza se tomó la acusación, como si de verdad tuviera motivos para creerle a Gajeel.

La mujer caballero desenvainó su espada y apuntó con ella hacia la criatura, antes de escupirle una arenga:

—Natsu…—Erza dudó un momento—Si de verdad eres tú, ¡Te doy 5 segundos para detenerte o probarás mi acero!

Si bien Erza no estaba contada oficialmente entre los que conocían el sucio y "demoníaco" secreto de Natsu, la mujer no era tonta. Había visto un destello de la transformación cuando paró la batalla entre Natsu y Gray en los últimos días de la invasión de Álvarez…

El monstruo ladeó la cabeza una vez más, como si entendiera a Erza, pero al instante sufrió un nuevo espasmo y respondió con un rugido poderoso, escupiendo saliva ardiente…

—¡Roaaarr!

—¡Tú lo pediste!—Erza gritó antes de cargar contra la cosa.

¡Chis-chas!... ¡Fssss!...

Erza chocó sus espadas contra las garras ardientes de la criatura. Los esposos retrocedieron cuando el calor que expulsaban las ondas de conmoción les hizo sentir ganas de desmayarse, cosa que sorprendió al propio Gajeel, que presumía de una resistencia legendaria.

«… El calor… ¡Es demasiado! ¡Más que el monstruo que enfrenté!... » Gajeel empujó su maltrecho cuerpo unos metros atrás mientras instintivamente cubría el vientre embarazado de su mujer.

—¡Retrocedan!—Erza aulló.

El calor era insoportable. Cada respiración que Erza tomaba quemaba sus pulmones, y el sudor se evaporaba en su piel incluso antes de que pudiera deslizarse por su frente. La armadura de la Emperatriz del Fuego, que en otro momento la habría protegido, yacía hecha pedazos, destruida en los primeros embates del combate. Ahora, ataviada con su atuendo más ligero, las Katanas Gemelas brillaban al rojo vivo, sus filos deformándose ligeramente por el calor implacable que emanaba de la criatura. Cada choque de metal contra las garras ardientes de aquella bestia se sentía como una tortura. El contacto directo no solo ponía sus espadas al rojo vivo, sino que también forzaba a Erza a enfrentar el dolor incesante que se propagaba a través de sus palmas, quemadas, y ya casi incapaces de sostener las armas que le habían salvado tantas veces.

—Erza…—Levy murmuró con preocupación.

Se movían a una velocidad vertiginosa. La habilidad marcial de Erza, que era legendaria, apenas podía contener la salvaje brutalidad de la criatura.

«… ¿Qué eres?... Gajeel no se equivoca, yo también puedo sentirlo. Puedo sentir la presencia de Natsu en este monstruo ¡¿Cómo puede ser?!… » pensó una desconcertada Erza, mientras esquivaba una de sus garras que zumbaba en el aire como una guadaña infernal, dejando un rastro de chispas y cenizas. Las espadas de Erza cortaban el aire, rápidas y precisas, pero cada golpe que lograba acertar parecía hacerle poco daño a la bestia, cuya piel ardía con tal intensidad que fundía el metal con cada roce. El monstruo rugía, y con cada rugido el aire se volvía más pesado, más caliente, empujando a los oponentes del monstruo al borde de un colapso por shock térmico.

El tiempo pareció alargarse en ese breve intercambio, como si el calor mismo estuviera ralentizando el mundo. Los músculos de Erza gritaban por el esfuerzo, y cada movimiento se volvía más pesado, más doloroso.

«… Erza va a lograrlo… ¡Tiene que lograrlo!... » pensó Levy, con los dientes rozándose una y otra vez por el nerviosismo.

Erza empezó a flaquear, para horror de los esposos. Forzada a dar un paso atrás tras otro, sus palmas sangrando bajo el peso del calor, mientras los mangos de sus espadas ardían con un rojo casi tan vivo como la piel de su enemigo. Al fin, tras lo que se sintió como una eternidad de sudor, golpes y fuego, ambos contendientes se separaron, jadeando.

—¡Ahj-ahj…! ¡Groaaarrr!—El monstruo también jadeaba, como si su propio poder lo estuviera consumiendo. De su boca chorreaba magma, espeso y burbujeante, goteando al suelo donde generaba pequeñas explosiones de calor cada vez que tocaba la tierra. Su cuerpo, deformado por energías rojas y burbujeantes, parecía al borde del colapso, pero su ferocidad no menguaba. Con cada respiro, el aire a su alrededor se volvía más abrasador, y su mera presencia seguía empujando a Erza y los demás hacia el abismo del agotamiento.

Erza miró sus manos, las palmas estaban arruinadas, las quemaduras profundas se abrían paso, y el dolor era tal que cada segundo con las espadas en las manos se sentía como mil agujas perforando su carne. Aún así, no había tiempo para lamentarse.

«… No puedo dejar que esto acabe aquí… », pensó, el rostro deformado por la determinación y el sufrimiento. Resignada a soportar otro asalto que se veía inminente. El monstruo recobró la compostura y rugió de vuelta, anunciando su intención de reanudar el combate...

—¡Grrrrr!

—Erza… —la débil voz de Gajeel llegó a sus oídos desde atrás, casi apagada por el rugido de las llamas y el crepitar de la tierra fundida bajo sus pies. Él apenas podía mantenerse en pie, y Levy, a su lado, estaba pálida, el sudor empapando su rostro mientras intentaba sostener a su marido.

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República de Fiore, Cuarteles Móviles y Laboratorios de Investigación de Ciencia Mágica.

Mayo 3, Ubicación secreta…

—¡Soltaron al número 7! ¡AL NÚMERO 7!—Una enfurecida Dra. Francine Hammer escupió una reclamación poderosa contra el grupo de científicos subalternos.

Los científicos intercambiaron miradas de pánico cuando recibieron la acusación de la científica jefe. Sabían bien que la unidad DX-07 no era como las otras seis. La criatura, destinada a anular al dragon-slayer de fuego de Fairy Tail, había resultado en un experimento condenado desde su inicio. Sin una Lacryma de dragón de agua, la alternativa se había vuelto en su contra. La simiente de Natsu Dragneel, aquel mago de poder inmenso, se había convertido en una maldición infernal en el corazón del monstruo…

La doctora Francine no tardó en enterarse que fué el propio Zash quien dió la orden y se escandalizó. Tanto, que olvidó el profundo respeto y temor que sentía por el líder de la República y se atrevió a reclamarle efusivamente:

—¡Zash-sama, ¿cómo pudo ser capaz?!

—Fue necesario—Zash se limitó a responder sin mirarla.

El Primer Cónsul de la República Fiorana estaba en una sala de control improvisada y apartada del resto del cuartel móvil. Supervisa en persona a los científicos que a su vez observan pantallas con símbolos mágicos ininteligibles e intentan interpretar la información codificada que aún pueden recolectar del actuar del monstruo…

—¡Los índices de mutación ya no entran en la escala!. Los datos que recibimos no tienen interpretación…

—¡Registro algo!...—chilló otro científico—¡Su temperatura corporal es superior a los 1500 grados!

La Dra. sintió un escalofrío recorrerle el cuerpo de sólo imaginarlo. Un sonido ominoso, como un latido monstruoso, resonó desde lo profundo de sus recuerdos, y volvió a ella la horrenda sensación de estar cerca de la criatura, durante su creación y los múltiples intentos de "arreglarla"... Una garra, retorcida y cubierta de escamas agrietadas, se movió lentamente hacia el cristal. La monstruosidad, sin forma ni propósito, carente de la dignidad de un dragón o la nobleza de un caballero, se retorcía como un espectro de fuego oscuro, rodeado de llamas que parecían devorar cualquier rastro de humanidad en sus movimientos…

—Por qué… ¡¿Por qué liberar a esa cosa en campo abierto?! ¡Es un hecho que esa cosa va a causar mucho daño colateral!—La Dra. volvió a protestar.

La científica no comprendía la necesidad de soltar a la abominación cuando Natsu Dragneel ni siquiera estaba en el territorio de Fiore.

—Erza Scarlet fue avistada a las afueras de Onibus—Zash respondió, escondiendo su nerviosismo— ¡Es imperativo neutralizarla antes de que su presencia se convierta en el punto de inflexión de la batalla!

La mujer de aspecto severo y agotado, se acercó más a Zash. —No tenemos el equipo necesario para controlarlo una vez esté suelto. Su estructura genética es inestable. Las emisiones de energía... —sus ojos, cargados de preocupación, se clavaron en el rostro de Zash, tratando de encontrar algo de razón en él—. Suelta una cantidad de poder caótico que incluso nuestros sensores de magia tienen dificultades en medir.

Cualquier cosa que excediera los límites del entendimiento mágico humano era catalogada como "caos", "Oscuro" o "brujería", una forma despectiva de separarla de la magia convencional.

Zash apenas mostró interés. —No me importa lo que haga, mientras lo haga en el campo de batalla. Es el precio por la victoria…

—¡Firma de energía reconocida!... hay mucha interferencia, pero es claro… ¡Demoníaca!

La palabra recorrió la sala como una condena. Zash sonrió con frialdad. —Entonces, que los gremios de magos vean lo que han desatado al oponerse a nosotros. Si debemos liberar el infierno mismo para vencer, lo haremos.

Uno de los científicos, ahora temblando incontrolablemente, se dirigió a su compañero con voz apenas audible. —Si realmente está hecho del mismo material genético que Natsu Dragneel… entonces significa que ese chico… —su voz se quebró.

—¡Es una gran irresponsabilidad! ¡Ese monstruo destruirá todo a su paso!—La Dra. le gritó abiertamente a Zash.

El hombre se levantó de su trono de mando y confrontó miradas con la mujer. Consciente de la amenaza a su autoridad, Zash pensó en disciplinarla allí mismo, más se contuvo por motivos prácticos: Lo último que necesitaba era desatar el pánico entre los científicos…

—Todo saldrá bien… Esa criatura no durará mucho en campo abierto…—resopló Zash con ira contenida.

—¡Las lecturas que recibimos son cada vez más inestables! ¡Es un milagro que mantenga su forma!—exclamó otro técnico—¡La integridad estructural está comprometida! ¡La criatura va a!…

—Debe durar sólo lo suficiente hasta acabar con esos revoltosos de Fairy Tail…—Zash interrumpió con autoridad—Si se lleva a algunos magos poderosos con él, mucho mejor…

—¡Lo que estamos haciendo es un crimen de guerra!—la Dra. hizo un último intento por hacer recapacitar a Zash—¡El pueblo de Fiore nunca nos perdonará por soltar ese horror contra ellos!

—Sólo son daños colaterales. Tú misma lo dijiste…

La Dra. retrocedió unos pasos, desconcertada por el grado de cinismo de Zash y reconociendo recién, después de todo este tiempo, la maldad en el líder que había decidido seguir. Miró a los lados, vió a sus colegas mover palancas y botones, correr de un lado al otro llevando papeles con gráficas. Observó a todas estas brillantes mentes que estúpidamente se habían aliado con Zash, todos cómplices de este acto abominable.

«… Ahora me doy cuenta… Todo lo que hemos hecho no son más que cenizas… »

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Afueras de la ciudad de Onibus. Mayo 3, año X793.

En Onibus, el infierno desatado por la abominación hecha de la carne de Natsu Dragneel continuaba ardiendo con furia. Erza seguía sosteniendo el combate con la terquedad que la caracterizaba, destruyéndose a sí misma junto al monstruo ígneo…

—Esto no ha terminado—murmuró Erza para sí misma, apretando las empuñaduras de sus espadas al rojo vivo, sabiendo que la siguiente embestida podía ser la última. El monstruo, tambaleándose por el agotamiento, pero aún lleno de furia, rugió una vez más, y el aire se llenó de fuego, para quemar a Erza… —Y ustedes dos, ¡¿QUÉ ESPERAN PARA LARGARSE DE AQUÍ?!—Erza les gritó a los esposos con voz temblorosa, apenas pudiendo ocultar el dolor que se infiltraba en cada palabra—¡Yo lo detendré!

Gajeel intentó replicar, pero su cuerpo traicionaba sus deseos. Sabía que, en el estado en que estaba, era más una carga que una ayuda. Levy, apretando los dientes, sabía lo mismo, aunque sus ojos estaban llenos de lágrimas de impotencia.

Una mezcla de miedo e impotencia los mantuvo paralizados allí, a pocos metros del intenso combate, con las piernas temblorosas.

Pero Erza no se movió. Estaba clavada en su lugar, las piernas pesadas por el cansancio, pero su voluntad permanecía firme. El monstruo, mientras tanto, seguía emanando ese calor abrasador, su forma ardiente y distorsionada resplandecía en la oscuridad como un demonio salido de las entrañas de un volcán.

Roaaaarrr…

El monstruo rugió iracundo mientras de su boca salió disparado un nuevo torrente de energías malignas. Un poderoso rayo de luz sangrienta que persiguió a Erza por todo el campo de batalla, incrementando su poder a cada segundo, así como su velocidad, tanta, que Erza sintió sus músculos estirarse al borde del desgarro por el esfuerzo que demandaba esquivar el ataque.

—Aaaaaah… ¡Armadura de velocidad!

Erza cambió a su túnica que le confería velocidad sobrehumana. Ante los ojos de los esposos Redfox, la imagen de la maga se convirtió en un borrón perseguido por un relámpago rojo.

«… No los puedo seguir con la vista… ¡Siento que si me acerco, moriré!... ¡Maldita sea!... » Gajeel sintió el peso de la impotencia.

El monstruo no pudo sostener el ataque más tiempo y finalmente acabó con un impulso final, mucho más veloz y mortífero que el que inició.

—¡Eaargh!—Erza dió un grito de dolor cuando el último segundo que duró el rayo la rozó en la espalda baja, muy cerca del trasero.

El rayo acabó estrellándose contra la cordillera que guarnecía el oeste.

¡BOOOOM!

El horizonte se iluminó con una explosión de luz roja, seguida de una enorme nube con forma de hongo. Gajeel sintió un duro golpe en sus sentidos super-humanos cuando los lamentos de decenas almas sufriendo le llegaron de golpe.

El monstruo se quedó quieto, como si se hubiera agotado por el ataque. Detrás de la maltrecha Erza, el polvo se disipó, revelando la magnitud de la destrucción. Una montaña y todos los que vivían allí, fulminados…

—¡La-la montaña completa!—Levy tartamudeó, completamente incrédula de la escala de poder del monstruo.

¡Plaf!

Erza se colapsó en el suelo y contuvo sus gemidos de dolor mientras la quemazón se extendía desde su espalda al resto de su cuerpo. Quedó con un barranco a su espalda, a unos 500 metros, como si se anticipara que quedaría acorralada al final…

—¡Grrr!... Mrrrr—Erza trastabilló al intentar ponerse de pié y por momentos sintió que su conciencia se perdía. En ningún momento perdió de vista a la criatura, temerosa de verse vulnerable. Los esposos tampoco quitaron los ojos de la cosa.

Blosh… Blosh…

El monstruo empezó a chorrear lava y trozos flemosos. Parecía un helado derritiéndose.

—¡Ahj-ahj!... ¡Roaaaarrr!—la criatura jadeaba y tosía igual que un anciano enfermo, intercalado su agonía con rugidos ferales.

Erza también luchaba para recobrar el aliento.

—¡Gajeel, tienes que hacer algo, la va a matar!—Levy chilló.

Los esposos Redfox estaban mentalmente fatigados por su batalla anterior y no pudieron comprender que en realidad, Erza ya corría con ventaja sobre la inestable criatura, cuyo propio poder amenazaba con destruirla.

«… Esta cosa… ¡Se está deshaciendo!... »

La criatura rugía con una intensidad que hacía temblar la tierra, pero su voz, que al principio era una sinfonía de furia y destrucción, ahora parecía teñida de algo más profundo: desesperación. Cada paso que daba, cada movimiento de sus garras, provocaba estallidos de fuego y magma, consumiendo todo a su alrededor. Sin embargo, algo en su forma comenzaba a cambiar. Las llamas que lo envolvían, antes inquebrantables, mostraban fisuras; su cuerpo ardiente, antes sólido, ahora parecía derretirse y reformarse sin control. Las energías que lo sostenían fluctuaban erráticamente, como si luchara por contener un poder que estaba muy por encima de su capacidad.

—¡Roaaarr!—el monstruo volvió a lanzarse en un ataque frenético y bestial, a tal velocidad que Erza apenas pudo evadir.

—¡Armadura de Alas Negras!—la mujer caballero se elevó por los aires en el último segundo pero no pudo evitar ser alcanzada por una de las ráfagas de fuego sangriento de la bestia, que rápidamente resquebrajó y fundió parte de su armadura…

—¡Erza, cuidado!—Levy chilló en tono agudo. Gajeel le tapó la boca con su gran mano, para evitar que el monstruo cambiara de objetivo y fuera tras ellos.

¡SLASH-SLASH!

—¡Luna del Destello! (Gessen)... ¡Eaarrh!...—Con esfuerzo sobrehumano, Erza devolvió el golpe en forma de ráfagas de viento cortante y magia, las cuales se perdieron entre las llamas y apenas lograron golpear al monstruo… Con el cuerpo al borde del colapso, Erza observaba cada detalle. A través del dolor abrasador y el aire asfixiante, una claridad casi sobrenatural la golpeó de repente, como un rayo en medio de la tormenta…

«… ¡No es invencible!... » susurró, sus ojos, ahora enfocados, atravesando la furia de las llamas. En medio del caos, pudo ver lo que otros no: El monstruo era cada vez menos capaz de mantener su forma física, no era un titán eterno, sino un cañón de cristal, un recipiente frágil cargado con un poder que estaba más allá de su comprensión…

—¡GROAAAAARR!—El monstruo rugió aún más fuerte, más energías demoníacas fueron liberadas y el miedo aplastó aún más los corazones de Levy y Gajeel, quienes en ese momento no tenían la claridad de Erza.

«… Esa cantidad de poder maldito… Esta cosa… ¡Es invencible! » Levy interpretó mal la situación mientras se cubría la boca para no gritar.

—Está muriendo…—Erza en cambio se convenció de su inestabilidad, y con esa epifanía, llegó una chispa de esperanza.

¡FSSSSS!

El monstruo, en su furia ciega, lanzó otra oleada de fuego hacia ella, pero esta vez Erza no retrocedió. Su espada oscura, deformada por el calor, temblaba en sus manos quemadas, pero su voluntad permanecía firme. Brincó una vez más y logró lanzar dos cortes más antes de que la armadura terminara de hacerse añicos por el calor…

¡Krak!

«… Te estás desmoronando, ¿verdad?...» Erza murmuró, con la voz endurecida por el dolor pero cargada de determinación. Esta vez el efecto de su ataque fue notorio y el hombro cortado de la criatura aceleró su desintegración. «… Tu poder es inmenso, pero inestable. No puedes controlarlo… y está acabando contigo… »

La criatura rugió de nuevo, pero esta vez, Erza percibió algo diferente en su furia: un eco de agonía. La bestia estaba atrapada en un ciclo de destrucción autoinfligida, su existencia consumida por el poder que no podía contener. El magma chorreaba de su cuerpo con más frecuencia, sus movimientos eran cada vez más erráticos, y sus rugidos, aunque aún aterradores, comenzaban a sonar como los gritos de alguien atrapado en un sufrimiento indescriptible.

—¡Sólo un poco más!—gritó la pelirroja, aguerrida por la esperanza de haber descubierto la forma de vencer a la cosa…—¡Armadura del Purgatorio!

Sobrevivir el encuentro el tiempo suficiente hasta que el monstruo colapse por su propio peso se había convertido en el objetivo de Erza.

Ambos contendientes se atacaban mutuamente como bestias salvajes, con Erza blandiendo la enorme maza de acero negro contra las garras ardientes del monstruo. No pasó mucho antes de que la segunda armadura más fuerte de Erza se hiciera también añicos. Eso no detuvo a la maga, que volvió a cambiar para retomar la lucha…

—¡Armadura Fairy!—Erza escogió la coraza que representaba la voluntad de su gremio para terminar la lucha.

El monstruo cargó una vez más, sus garras alzadas como guadañas infernales. Pero ahora, cada movimiento suyo se deshacía en un rastro de energía inestable, partes de su cuerpo explotaban en fragmentos de magma y fuego sagrado. Erza se lanzó hacia adelante, esquivando sus ataques con movimientos precisos, cada paso la acercaba más al corazón de la tormenta. Sus espadas, aunque casi inservibles por el calor, seguían siendo su única defensa. Cada golpe que daba era un recordatorio para sí misma: "Mantén la calma. Aprovecha su debilidad."

¡CRAAASH!

—¡Demonios!—Erza gruñó ante el error de cálculo. La armadura apenas aguantó un par de choques más que las anteriores antes de destruirse por completo, aunque sí la protegió algo mejor de las quemaduras…—¡Armadura de Adamantio!

«… ¡Si esto no lo detiene, nada lo hará!… »

Completamente fatigada por el calor y el agotamiento, Erza cambió de táctica: Esta vez apostaría a resistir confiando en el poder defensivo de la armadura capaz de soportar el cañón júpiter…

—¡Arrrrhh!—Erza bramaba para tapar su dolor al sentir caer sobre ella las garras ardientes y el fuego demoníaco. Los escudos resistían, pero el calor transmitido le quemaba la piel donde antes la coraza le protegía…

Levy, desde la distancia, sostenía a Gajeel con manos temblorosas, viendo cómo Erza, cubierta de quemaduras, enfrentaba a la criatura con una valentía sobrehumana.

—¿Qué está haciendo?—dijo Levy, al borde de las lágrimas—¡Ella se va a sacrificar!

—No…—Gajeel negó, con una extraña tranquilidad que desconcertó a su esposa. Con la vista fija en la batalla, finalmente había descubierto también la respuesta.

«… Está viendo lo que nosotros no podemos… », susurró con voz ronca. « Ese maldito monstruo… ¡Está en sus últimos momentos!»

La criatura se tambaleó antes de cargar una última vez. Amasó una cantidad ridículamente grande de poder y llamas en sus garras y apuntó a Erza. Ella reaccionó en consecuencia y levantó los escudos en su configuración de máxima defensa. Era una postura muy vulnerable para ambos contendientes, pero de alguna manera ambos sabían que este choque sería el último…

¡CRAAASH!... ¡FSSSSSS!

Un torrente continuo de fuego demoníaco chocó contra los escudos, la explosión de calor fue tan intensa que hizo gritar a Erza. La temperatura superaba cualquier límite razonable, y las placas de adamantio comenzaron a fundirse bajo el ataque incesante. Erza sintió cómo sus manos se quemaban por enésima vez a través de los mangos, quizá llegando al tercer grado y el dolor la atravesaba como cuchillas. Pero incluso mientras los escudos comenzaban a ceder, lograron atrapar parcialmente al monstruo, que quedó encajado en el metal a medio derretir, sus movimientos ahora torpes y restringidos…

—¡Ahora!—Bramó Erza, sabiendo que esta era su única oportunidad. Con un último esfuerzo de voluntad, se eyectó de la armadura, saltando hacia atrás con un giro ágil, dejando los escudos y la criatura atrapada en un abrazo de metal ardiente.

—¡GRRRRRR!—El monstruo rugió, pero sus gritos se volvían cada vez más erráticos. La energía demoníaca que lo componía empezaba a desbordarse, rompiendo las últimas barreras que mantenían su forma física. Pedazos de su cuerpo ardiente se desprendían, explotando en pequeñas ráfagas de magma y fuego sagrado.

Erza aterrizó con dificultad, sus piernas temblando por el esfuerzo. Quedó desnuda al eyectarse de la armadura y Levy pudo ver en su piel las quemaduras que ahora rivalizaban con las de su marido.

Frente a Erza, el monstruo oscilaba entre la existencia y la destrucción. Su cuerpo se deformaba, las llamas se alzaban y caían con cada respiración pesada. El suelo bajo sus pies se deshacía en un charco de lava y cenizas. Ahora con el acantilado a sus espaldas, emitía un rugido desgarrador, no de furia, sino de pura agonía. La tierra bajo él burbujeaba y se resquebrajaba, mientras su forma ardiente luchaba por mantener cohesión.

Era un espectáculo de caos absoluto, pero Erza sabía que había llegado el momento de terminar con aquello. Con las últimas brasas de fuerza que le quedaban, convocó una vez más su magia. Su cuerpo temblaba bajo el peso del agotamiento, sus pulmones ardían con cada respiración, pero su voluntad seguía siendo inquebrantable…

—¡Armadura del Gigante!…—En un destello de luz mágica, el pesado equipo se materializó alrededor de su cuerpo. La armadura, colosal y resistente, portaba en sus manos una lanza igualmente imponente, preparada para un ataque final devastador—¡Lanza del Aplastamiento!... ¡Yearrrrh!—Erza alzó la lanza, apuntando al corazón inestable de la criatura. Con un grito que resonó incluso por encima del rugido del monstruo, lanzó el proyectil con todas sus fuerzas. Los cohetes mágicos en la hoja se encendieron, impulsando la lanza a una velocidad que desdibujó su forma mientras atravesaba el aire, brillando como un meteorito.

¡BLOSSH!

El impacto fue preciso. La lanza se hundió profundamente en el torso del monstruo, sin una explosión inmediata, como si hubiera perforado un barro denso y maligno. Por un momento, todo pareció congelarse, como si incluso el tiempo estuviera conteniendo el aliento. Pero luego, sin advertencia, la criatura comenzó a desmoronarse. El colapso final fue catastrófico: ¡Una onda sísmica se propagó desde el punto de impacto, haciendo que el suelo bajo ellos temblara violentamente!. El magma, retenido hasta ese momento bajo la superficie, comenzó a brotar en todas direcciones, corriendo como ríos ardientes bajo la tierra.

¡KRAAAARRK!... ¡KRAAARRK!

El acantilado detrás del monstruo, que había parecido una barrera distante, fue alcanzado por la erupción subterránea. La roca se derritió, y todo el terreno comenzó a desmoronarse en una avalancha de fuego y piedra. Erza, agotada y con su cuerpo al borde del colapso, no pudo reaccionar a tiempo. Las ondas sísmicas la lanzaron al suelo, y sintió cómo el terreno bajo sus pies cedía. Su cuerpo no respondió. Fue arrastrada junto a la masa de tierra y lava que caía hacia el abismo…

—¡ERZA!—gritó Levy con una voz llena de terror. Sin pensarlo dos veces, ella y Gajeel, a pesar de sus propias heridas y limitaciones, corrieron hacia el borde inestable del acantilado. El esfuerzo fue monumental. Gajeel, con su cuerpo lacerado y apenas capaz de sostenerse en pie, extendió un brazo metálico, agarrando a Erza en el último momento.

—¡Te tengo, maldita sea!—rugió, tirando de ella con todas sus fuerzas. Levy, con una fuerza que parecía imposible para una embarazada, sostuvo a Gajeel, ayudándolo a mantener el equilibrio mientras luchaban contra la gravedad. Sus manos temblaban, pero no soltó. Con un último esfuerzo sobrehumano, lograron subir a Erza, justo antes de que el terreno bajo ellos se desmoronara por completo.

Erza cayó al suelo, con el rostro pálido, sus ojos vacíos mirando al cielo nocturno. Su respiración era agitada, casi irregular, como si estuviera al borde de la inconsciencia.

—Lo… hicimos…—murmuró, su voz apenas audible. El monstruo había desaparecido, consumido por su propio poder, pero el costo había sido casi fatal. El calor residual aún se sentía en el aire, y el paisaje a su alrededor era una visión apocalíptica de roca fundida y tierra desmoronada.

Gajeel y Levy cayeron de rodillas junto a ella, sus cuerpos extenuados.

—No vuelvas a hacer algo tan estúpido…—gruñó Gajeel entre jadeos, su rostro torcido por la preocupación y el cansancio. Levy simplemente lloraba, abrazando a Erza.

El monstruo había muerto, pero su sombra casi se había llevado a Erza con él.

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Magnolia, puente aledaño a "TOM'S GAMES"…

Mayo 3, año X793…

Desde su llegada como mensajera en busca de Lucy, Evergreen había terminado quedándose en el puente cercano a "TOM'S GAMES", reforzando la posición y ayudando a coordinar la defensa contra las constantes oleadas de androides y soldados republicanos. Con su magia y presencia autoritaria, se había convertido en un pilar clave para mantener la moral en esa parte del frente.

Tras acabar con un nutrido grupo de choque, los magos tuvieron una pausa para revisar el estado de sus reservas, poca munición mágica y convencional. Fue allí donde Evergreen recibió, con un aire de alivio, la noticia del plan de Laxus para destruir a Dojin utilizando el legendario Cañón Júpiter. Evergreen, viendo en esto una oportunidad para elevar la moral, lo comunicó de inmediato a las tropas…

—Debemos sostener el frente lo más que podamos. ¡Laxus tiene un plan para destruir a ese monstruo de tierra!—Evergreen anunció con voz triunfal.

—¿De qué se trata?—Wakaba cuestionó, mientras quitaba la ceniza de su cigarrillo.

—¡Júpiter!—Evergreen respondió de una sola vez—¡Volaremos esa cosa en pedazos con el cañón convergente!

Evergreen miró satisfecha como la noticia elevaba la moral de la tropa y les animaba a seguir luchando. Sin embargo, Warren no parecía feliz con la noticia. El tipo torcía la mirada con desconfianza y un aire de condescendencia, como si supiera algo que los demás no…

La mujer esperó a que la tropa regresara a sus labores en preparación a la siguiente oleada para sacar a Warren a un costado:

—¿Tienes algún problema con el plan, Warren?—Evergreen le cuestionó en forma inquisitiva.

—¿Júpiter? Pero esa cosa no sirve… es sólo chatarra—dijo Warren con preocupación.

—¡¿Cómo dices?!—Evergreen exclamó con incredulidad.

—El Consejo Mágico lo desactivó y confiscó la mayoría de las piezas.

—¡¿Y tú cómo sabes?!

—¡Ustedes siempre están fuera de la ciudad por sus misiones y por eso no se enteran de nada!—Warren le contestó con la misma exasperación—Resumen corto: Júpiter no puede disparar…

Evergreen sintió escalofríos por el mal prospecto. Laxus se dirigía a un propósito inútil.

«… ¡No puede ser! ¡Era nuestra última esperanza!… »

—¿Ocurre algo malo, Evergreen?—Macao los encontró. Las caras pálidas de sus compañeros le provocaron dudas.

—No. ¡Todo está muy bien! ¿Cierto, Warren?—Evergreen lo fulminó con la mirada, con claras intenciones de cerrarle la boca.

—¡Si!... no pasa nada—Warren continuó la mentira con nerviosismo—¡Mejor preparémonos para el siguiente ataque!

Los magos volvieron a sus puestos de batalla. La falsa esperanza seguía fresca entre la tropa y Evergreen se comía las uñas con nerviosismo…

—Necesitamos un milagro—susurró la maga.

—... Es una lástima que no tengamos la tecnología para reconstruir el cañón.—dijo Warren en forma vacilante—De hecho, mucho de su funcionamiento es arqueo-tecnología, ciencia perdida de la era oscura… quizá incluso acondicionarlo como mmm, no sé, ¿Un cañón de tipo… —dijo entre bromas, en tono tan poco serio que Evergreen ni se molestó en prestar atención—¿Te lo imaginas? Usar la electricidad de Laxus para disparar un proyectil de metal…

—¡¿Qué dijiste?!—Evergreen se exaltó y descargó una profunda y amenazante mirada a Warren.

—Este, yo ah…

¡BOOM!

Una repentina explosión interrumpió la discusión.

—¡Nos disparan! ¡Es otra oleada!—Wakaba anunció.

—¡Puestos de combate!—Evergreen ordenó—Y TÚ…—cogió a Warren de la camisa—¡Repite eso último que dijiste! ¿Cómo podemos disparar el cañón?

—Nn-no, ¡no me hagas caso!, sólo lo decía en broma, ¡No podemos hacerlo con la tecnología actual!...—Warren se excusó en forma nerviosa.

Evergreen se mantuvo inflexible y tomó una decisión. Se dirigió al resto de la tropa con una nueva orden:—¡Sostengan esta posición todo lo que puedan!... ¡Necesito llevar a Warren con Laxus URGENTEMENTE!

—¡¿Qué?!—Warren chilló, sin poder evitar que la mujer lo arrastre del cuello.

—Dijiste que podías hacer funcionar el cañón. ¡Demuéstralo!—Evergreen habló.

—¡En ningún momento yo dije que… Ah!—Warren sufrió un fuerte tirón que le impidió terminar su frase.

Ambos magos emprendieron el camino hacia las colinas aledañas al gremio.

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Magnolia, Fairy Hills…

Mayo 3, año X793…

Laxus seguía a los esposos Conell hasta la cima de Fairy Hills con la mente ocupada con un solo pensamiento: encontrar la manera de detener a Dojin. Las palabras pesimistas de Alzack en el camino ya habían sembrado dudas, pero su determinación lo impulsaba a ignorarlas.

«¡Tiene que haber algo útil!...»

—Tengo que advertirlo. No esperes conseguir un milagro con esta cosa… en el estado en el que se encuentra no sirve de nada…—le dijo Alzack a Laxus, en tono pesimista. Llevaba a Asuka en los hombros.

—No me importa, quiero verlo—Laxus demandó.

—Si tú insistes…

Llegaron a la cima de la colina, a lo que parecía un depósito de chatarra. Había fierros amontonados, muchos de ellos torcidos y cubiertos de óxidos. Había un pequeño cobertizo donde resaltaba un improvisado taller, perteneciente a los esposos Conell.

En la parte trasera del cobertizo, destaca una gran masa, cubierta por una sábana, luciendo bastante prometedor para Laxus.

—Y bien, helo aquí…

Bisca corrió la sábana que cubría la máquina y la expresión de Laxus lo decía todo.

—¡¿Es una broma?!—protestó el dragon-slayer de rayo—No puede tratarse del mismo… esto, esto es…

Laxus se encontró con lo que sólo pudo describir como una ruina de fierros doblados, engranajes sueltos y resortes saltando por todos lados. Entre toda esa basura pudo apenas distinguir lo que se asemejaba al barril de un cañón, sólo que agujereado por todas partes…

El maestro provisional del gremio vió su última esperanza desvanecerse al ver el estado deplorable en el que se encontraba el Cañón Júpiter. El arma obtenida como botín de su pelea contra Phantom Lord yacía convertida en una ruina. Antes que pudiera preguntar qué había ocurrido con el arma, los esposos se adelantaron a revelarlo:

—Fué justo después del final del conflicto con el Imperio Álvarez—Alzack habló—. El consejo Mágico endureció las restricciones para la posesión de armas mágicas, incluso para los gremios registrados. Con todas las malas experiencias anteriores, han decidido que a partir de ahora, las armas de destrucción masiva sólo deben estar bajo control de ellos…

—¡¿Y eso no incluye las aberraciones dragon-slayers de Zash?!—Laxus preguntó con ira.

—Son criaturas aparentemente vivas… están en una especie de zona gris por el momento… —Bisca resopló vacilante—... por el silencio del Consejo Mágico respecto a esto, sólo puedo intuir que aún no se ha decidido qué hacer…

—¡¿Cómo pasó esto?!—Laxus demandó una explicación—Yo no tenía idea que el Cañón Júpiter había sido desmantelado…

—Siempre estabas fuera con encargos importantes… Un día llegó al gremio una orden de desmantelamiento para el arma. Los únicos que saben del asunto son Erza, Mirajane, Warren, nosotros y el Maestro…

—¿No hay manera de hacerlo funcionar? Aunque sea un disparo menor. ¡Es para un solo oponente!

Laxus tenía la esperanza de lograr un disparo lo suficientemente poderoso para acabar con Dojin y poder usar sus poderes para inclinar la batalla a su favor…

—El consejo mágico confiscó las piezas más importantes para el disparo—Bisca explicó—Falta la máquina que reunía y comprimía el Ethernano y prácticamente inutilizaron el barril cuando sacaron las unidades de contención del rayo…

Laxus apretó los puños, sus dedos crujieron mientras su mirada se clavaba en los fierros retorcidos que alguna vez fueron el imponente Cañón Júpiter. Una sensación de impotencia lo invadió, y la furia se mezcló con una amarga autocrítica.

«… ¡Maldita sea! Aposté todo a esta ruina sin asegurarme antes... ¡Estoy desperdiciando un tiempo que no tenemos!... »

Su mandíbula se tensó mientras intentaba contener la frustración que amenazaba con estallar. Las palabras de Bisca y Alzack resonaban en su mente como un martilleo constante, cada detalle del desmantelamiento una puñalada más a su esperanza. Pero antes de que pudiera procesar completamente su decepción, una alarma mágica colocada en el perímetro del cobertizo comenzó a sonar, un destello rojo iluminando el taller improvisado. El sonido cortó el aire y la tensión se duplicó de inmediato. Los esposos Conell intercambiaron miradas de alarma…

—¡Alguien se acerca!—Bisca alertó a todos y preparó su arma. Alzack hizo lo mismo.

Los magos se agazapan detrás de una gran roca y apuntan con sus herramientas y puños de poder cargados, listos para disparar al incauto. Vieron dos figuras acercarse…

—... ¡Oye-oye!... ¡Sólo dije que "tal vez" podría disparar de nuevo!—Warren suplicaba—¡No tienes que tomar literal todo lo que digo!

—Ni hablar. Dijiste que puedes hacer funcionar esa cosa de nuevo y eso vas a hacer.

—¡Teóricamente!—Warren volvió a excusarse—¡Es ciencia muerta, nada seguro!

—Cierra la bocota y camina…—Evergreen lo arrastraba prácticamente del cuello.—¡Hey, ustedes!—Evergreen ahora habló a la roca en la que se escondían Laxus y los otros—¿Qué hacen allí? ¡Somos nosotros!

Los magos agazapados se sorprendieron y salieron de su escondite al encuentro de los recién llegados.

—Yo debería preguntar eso—Laxus respondió al último cuestionamiento de Evergreen—¡¿Qué hacen fuera de sus puestos?!—los reprendió. El maestro intentó mantener un aire de autoridad para no comprometer el ánimo de sus subordinados.

—Olvida la parafernalia. ¡Sabemos muy bien que Júpiter no sirve!—Evergreen replicó desafiante. No le dió tiempo a Laxus de procesar ningún pensamiento, porque remató con un nuevo anuncio—¡Pero Warren sabe cómo disparar el cañón con las piezas que tenemos!

La declaración de Evergreen cayó como un relámpago entre el grupo, primero generando una mezcla de incredulidad y desconcierto. Laxus, quien había estado sumido en la frustración por el estado del Cañón Júpiter, alzó una ceja, su mirada fija en Warren con una mezcla de escepticismo y esperanza cautelosa. Pero cuando el peso de las palabras se asentó, todo el grupo se movió al unísono, cerrando filas alrededor de Warren con una energía casi desesperada. Los esposos Conell, Evergreen y Laxus lo rodearon, bombardeándolo con preguntas y miradas demandantes que lo hicieron retroceder un paso. Bajo la presión, Warren levantó las manos en un gesto de rendición y comenzó a explicar, aunque su tono delataba una profunda inseguridad…

—... Es posible transformar el cañón en una suerte de arma cinética…—dijo Warren con vacilación, trazando líneas en el aire como si intentara dar sentido a su idea… Nadie entendió el concepto, lo que dificulta aún más la explicación. Warren divagó entre varios intentos de explicar las intrincadas relaciones entre electricidad, fuerza magnética y metalurgia…

"La electricidad de Laxus podría, quizá, generar suficiente fuerza magnética para lanzar un proyectil metálico…"

"Tendríamos que construir las guías en el barril… "

Sin embargo, sus palabras se llenaron de advertencias:—Es arqueo-tecnología, ciencia muerta. Lo poco que sé proviene de tratados incompletos… y no tengo certeza de que podamos mantener la estabilidad sin la unidad de compresión del Ethernano—A medida que Warren hablaba, su tono se volvía más dubitativo, pero la desesperación creciente en los rostros de los demás lo forzaba a continuar, aunque con evidente nerviosismo…—La magia de Laxus sería la única fuente de energía… pero si fallamos, esto podría explotar antes de siquiera disparar…

—¡Mantenlo simple, Warren!—Laxus exclamó exasperado—¡¿Puedes arreglar esta cosa o no?!

—¡No puedo sin mis herramientas y mi viejo taller!—Warren se excusó—¡El banco me embargó todo!

—¡Miente, claro que puede pero no quiere, se le ve en la cara!—Evergreen le acusó.

Presionado al máximo, Warren hizo un último intento de convencerles:

—Por favor, comprendan que esto es arqueotecnología… —Warren chilló—¡La ciencia que explica el funcionamiento de esta cosa se perdió hace mucho tiempo!…

—Warren, sólo necesitamos que dispare UNA vez… ¿PUEDES HACERLO O NO?...—Laxus dió un ultimatum.

Con los rostros severos y expectantes de sus compañeros, Warren bajó la mirada en gesto pensativo, reflexionando, usando cada gramo de su poder mental para dar una respuesta…

—SI… ¡Un sólo disparo!

—Así se habla…

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Magnolia, centro de la ciudad…

Mayo 4, año X793, 0:30 hrs…

—¡Está cruzando! ¡Dojin está entrando en el edificio de la catedral!—chilló una voz alarmada.

En el centro de Magnolia, Freed y los suyos luchaban con una tenacidad sobrehumana, sus cuerpos marcados por la fatiga pero sus espíritus inquebrantables. Fue entonces cuando llegó la orden de Laxus, como un faro en medio del caos: el Cañón Júpiter iba a disparar, pero necesitaban ganar más tiempo para prepararlo. Freed alzó la mirada justo cuando Dojin, el coloso imparable, rompía las paredes de la Catedral con un movimiento lento pero devastador. Los muros, antaño símbolo de resistencia, quedaron reducidos a escombros dispersos, formando un enorme arco por el que los enemigos comenzaban a avanzar con renovada ferocidad…

—¡Carajo!...

Con un grito que resonó por encima del estruendo, Freed cargó contra Dojin, la espada en alto y la lealtad a Laxus brillando en sus ojos.

«… Te compraré el tiempo que haga falta… » murmuró para sí mismo, su magia envolviéndolo en un resplandor oscuro mientras se lanzaba hacia adelante.

—¡Yami no Ekurityūru: Ankoku! (Écriture Oscura: Oscuridad)—Su forma demoniaca tendría que bastar para entretener al coloso de roca por el tiempo necesario.

En la zona sur, cerca de "LENDI'S", el aire estaba cargado de un extraño silencio tras la retirada repentina de los androides que antes perseguían a Cana Alberona. La maga, cubierta de sudor y con los naipes listos en sus manos, observó cómo los enemigos se desviaban hacia el norte, concentrándose claramente en la dirección del gremio.

«¡Van hacia esa cosa, y esa cosa se dirige al gremio!… » pensó con un nudo en el estómago, mientras la estrategia del enemigo quedaba cada vez más clara: acabar con Fairy Tail y su símbolo de poder, aplastándolos en su propio hogar. Mientras intentaba interceptar a los androides antes de que reforzaran las líneas enemigas, sus pensamientos vagaban hacia Lucy.

«¿Dónde estás? ¿Por qué no estás aquí?... » se repetía, su preocupación creciendo con cada paso que daba hacia el caos.

En el ayuntamiento, el alcalde de Magnolia atendía una tarea que le pesaba tanto como el conflicto mismo. Desde que el frente se rompió en el parque, había desviado a la mayor parte de la guardia de la ciudad para cumplir con la solicitud de Laxus: encontrar a Lucy Heartfilia. La noticia que le traían sus hombres era desalentadora.

—No hay rastro de ella, señor.—dijeron con rostros tensos y miradas cansadas. El alcalde, aunque experimentado en manejar crisis, sintió una punzada de preocupación en su interior.

—¿Habría dejado la ciudad? ¿Por qué, en un momento tan crítico?—dijo angustiado, considerando la posibilidad con un peso creciente en su corazón. Si Lucy había partido, significaba que Fairy Tail enfrentaba su mayor crisis con una pieza clave ausente, y Magnolia, una vez más, pendía de un hilo.

Pero no había tiempo de lamentos. En la estación de trenes, Panther Lily y su escuadrón luchaban espalda con espalda, el sonido del metal contra metal resonando en la atmósfera tensa. Aunque seguían recibiendo ataques, Lily notó algo peculiar: Los androides del norte habían dejado de llegar. Ahora, sólo se enfrentaban a soldados republicanos a pie, lo que, aunque seguía siendo peligroso, no tenía la misma intensidad. Mientras cortaba a un enemigo con un movimiento preciso, su mente comenzó a formular una posibilidad.

—¿Gajeel podría estar deteniéndolos?—pensó en voz alta, su esperanza renovada momentáneamente al imaginar a su compañero luchando en algún punto del valle para evitar que más enemigos alcanzaran la ciudad.

Todos luchaban sin cesar, esperanzados en que Laxus y su grupo les dieran la victoria…

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Magnolia, Fairy Hills…

Mayo 4, año X793, 3:00 hrs…

Los magos que acompañaban a Laxus se pusieron manos a la obra para reunir materiales y herramientas. Warren, con el rostro cubierto de sudor y hollín, trabajaba frenéticamente sobre los restos del mecanismo.

El Alcalde de Magnolia acudió en su ayuda una vez más y ordenó que las bóvedas del banco fueran abiertas, para sacar los bienes de Warren embargados, trasladando a Fairy Hills todas las herramientas y partes que Warren necesitaba para la construcción, todo para que no pudiera excusarse…

«… Esto es una locura… » Warren pensó mientras consultaba antiguos diagramas mágicos y técnicos, escritos en un lenguaje que apenas podía comprender. Los fragmentos de la llamada arqueotecnología, mezclados con principios mágicos, eran un rompecabezas que solo un genio o un loco se atrevería a resolver. Cada pieza debía ser colocada con precisión milimétrica, y cada runa debía encenderse en perfecta sincronía. Los demás magos corrían alrededor, trayendo piezas, sosteniendo herramientas y, en algunos casos, simplemente observando con ansiedad. A falta de Gajeel para trabajar el metal, el Alcalde de Magnolia les mandó a todos los herreros que quedaban en la ciudad, que en tiempo record debían forjar las enormes piezas metálicas…

—¡Si Gajeel estuviera aquí, esto ya estaría terminado!—gruñó Jet, maldiciendo en voz baja—Podría haber moldeado el metal con sus propias manos…

Pero Gajeel no estaba, y el tiempo se agotaba. Mientras el androide de tierra devastaba las calles, resistiendo cada embate de las fuerzas realistas con su infernal capacidad de aguantar daño, la presión sobre Warren crecía…

"Moaarrrrh"

El rugido de Dojin se escuchó atronador.

—¡Ya llegó al distrito 4! ¡Está cruzando el canal!—exclamó Laki, que encaramada en sus pilones de madera hacía las veces de vigía.

Dojin y el ejército que lo acompañaba había llegado a un punto peligrosísimo: El último canal acuífero, a las faldas de la colina del distrito que contenía el edificio del gremio en su cima.

—¡Tu puedes-tupuedes-tupuedes!—Warren murmuraba atropelladamente mientras rezaba que su última conexión cambiara de rojo a verde…—¡SI, ESTÁ EN LÍNEA! ¡Laxus, prepárate!—Warren gritó finalmente, mientras las últimas conexiones de metal y runas chisporroteaban con una energía inestable—¡Bisca, Alzack, coloquen las bobinas en posición!

Los esposos hicieron un esfuerzo conjunto para mover enormes palancas más grandes que un hombre. Incluso la pequeña Asuka quiso ayudar…

"¡Mami, está muy pesado, ¿verdad?!"

Con un último ajuste, el antiguo cañón Júpiter fue transformado en un prototipo de lo que Warren llamaba "Cañón de Riel", un arma que canalizaría la furia eléctrica de Laxus en un proyectil cinético capaz de atravesar cualquier defensa.

—Esto funcionará... ¡o nos volará a todos al infierno!—gritó Warren mientras activaba el sistema.

Los magos apenas tuvieron tiempo de contemplar su obra. Todos se ubicaron en sus posiciones de tiro. El frankenstein que habían construido requería diez personas para ubicarse en posición, apuntar y disparar…

Una serie de complejos relojes e indicadores mecánicos registraban y controlaban los flujos de energía mágica del cañón, en tres estaciones donde se ubicaron Alzack, en el control de potencia, Bisca en el sistema de apuntado y Warren a la cabeza, monitoreando todo a la vez.

—¡El sistema de apuntado del original aún funciona!... ¡Cañón de Riel Júpiter!, ¡EN LÍNEA!

—¡Preparen el disparo!—Laxus ordenó, a la vez que se quitaba la camisa. El dragon-Slayer se ubicó en una especie de canasta gigante, con un trono para sentarse y dos enormes bolas de acero a la altura de las manos…

—¡Carguen munición!—dijo Warren. Cuatro soldados de Arcadios levantaron una enorme y gruesa lanza de acero forjado. La cabeza recordaba a una pinza para colgar ropa, más afilada en las puntas… la deslizaron en el interior del barril.

—¡Laxus, que circule el poder!—Warren solicitó.

—¡Grrrr!—con un gruñido, el dragon-slayer activó su aura de rayo y se sostuvo de las bolas de acero. La máquina empezó a drenar su energía.

¡Woooosh!

—Potencia actual, nivel 5… ¡No es suficiente!—Alzack vió el impulso reflejado en su panel. 10 niveles, en millones de Edea…—¡Laxus, necesitamos más poder!

—¡Ya voy!—Laxus inspiró hondo. Su cuerpo se cubrió de escamas de dragón y con un rugido, forzó la activación del dragon-force de segunda generación…—¡YEAAAARRRH!

¡WOOOOSH!

La liberación energética fue tremenda, afectando a todos alrededor y llenando de electricidad estática el aire…

—¡Wow, retiro lo dicho, estamos en nivel 10! ¡Potencia máxima!—anunció Alzack.

—¡Potencia Máxima!—Warren lo confirmó en sus propios instrumentos—¡Ubicar blanco!

—¡6 horas, 1 minuto, ascensión derecha, 14 grados!...—Bisca dió instrucciones para mover el arma. Otros cuatro soldados accionaron manivelas y palancas para mover la torreta a la posición indicada…—¡Blanco cerrado!

Los tres se miraron una última vez.

—¡Yrrrrgh! ¡No podré sostenerlo mucho!—Laxus los apresuró.

—¡FUEGOOO!—Warren gritó con voz desagarrada.

¡BOOOOM!

El disparo fue devastador. Una explosión de luz y energía sacudió el cañón de riel, un rugido atronador que se expandió como un trueno inmenso, rompiendo los vidrios de las casas en kilómetros a la redonda. El proyectil de acero, impulsado por una carga magnética masiva, cruzó los cinco kilómetros que lo separaban de Dojin en un parpadeo. El aire se comprimió a su paso, provocando un boom sónico que reventó tímpanos y dejó grietas en las estructuras cercanas.

¡CRAAAASSSH!

El proyectil impactó contra el pecho de Dojin con una fuerza tan colosal que todo el terreno bajo sus pies se hundió unos metros, enviando una onda de choque visible que arrasó la vegetación y el agua del canal aledaño, vaciándolo e inundando todo al instante. La punta de la pinza, diseñada para perforar, atravesó su gruesa armadura de tierra con facilidad, incrustándose profundamente en su pecho. El impacto parecía haber detenido al coloso, cuya figura titubeó por primera vez en toda la batalla…

"¿Ehhh? ¿Qué ocurrió?"

Desde detrás de Dojin, un soldado republicano, que había sido testigo de la arremetida incesante del coloso, sintió la onda expansiva antes de comprender lo que había sucedido. Su cabeza estalló en dolor al romperse sus tímpanos, y su cuerpo fue lanzado hacia atrás por la fuerza del impacto. Cuando finalmente abrió los ojos, su visión seguía borrosa, y el zumbido en sus oídos era ensordecedor. Al parpadear varias veces, el horror se materializó ante él: La Lacryma de dragón, el núcleo mágico que daba vida a Dojin, yacía separada de su cuerpo, empalada por la punta de la pinza proyectil que ahora sobresalía grotescamente por detrás del coloso. Dojin permanecía de pie, pero inmóvil, con la gigantesca arma atravesándolo de lado a lado. El soldado, paralizado por el miedo, no pudo articular palabra, y alrededor de él, los republicanos miraban estupefactos, incapaces de procesar lo que acababa de ocurrir…

—¡Impacto confirmado!... —Laki Olietta, la vigía, hizo una pausa—¡Dojin se ha detenido! ¡Está de pié pero se ha detenido por completo!... ¿Alzack?

—No detecto emisiones de Ethernano en su dirección… creo que funcionó…

—¿Funcionó?... ¡FUNCIONÓ!—Bisca gritó eufórica. El alivio se contagió al resto de la tropa.

—¡No flaqueen!—Laxus, con la nariz sangrando, alzó la voz—Dojin sólo es una parte del problema. ¡Aún debemos repeler al resto del ejército enemigo!

«… sin embargo, obtuvimos el milagro que necesitábamos ¡El resto depende de nosotros!… » Laxus cerró los ojos un momento, permitiéndose sentir esperanza, a pesar del gran desgaste físico que su cuerpo cargaba.

Los soldados republicanos, avanzaron con cautela hacia la imponente figura de Dojin. El coloso estaba detenido, con su armadura de tierra fracturada y la Lacryma de dragón aún empalada por el proyectil que había atravesado su cuerpo. Algunos soldados se acercaron más, sus pasos resonando en el suelo destrozado, mientras un silencio tenso se apoderaba del campo de batalla… Fue entonces cuando la Lacryma comenzó a brillar con un intenso verde esmeralda, un parpadeo que se reflejó en los ojos vacíos de Dojin, como si algo dentro de él estuviera despertando. Antes de que nadie pudiera reaccionar, la Lacryma escupió relámpagos verdes que se extendieron por la tierra, azotando el área con una energía incontrolable. En un instante, Dojin dejó escapar un último rugido, un sonido cargado de ira y desesperación, antes de que su cuerpo entero estallara en una explosión gravitacional devastadora.

"¡Moaaaarrrh!"

El terremoto resultante arrasó todo a 300 metros a la redonda, pulverizando edificios, soldados y androides por igual, y dejando un cráter gigantesco en el suelo. Las grietas se extendieron como telarañas por el resto de la ciudad, haciendo que las estructuras más alejadas temblaran peligrosamente. Desde sus posiciones, los magos de Fairy Tail observaron en estado de shock, incapaces de comprender la magnitud de la destrucción.

—... ¡aaaaahh!... ¡¿Qué es eso?!—chilló Cana, con el rostro pálido mientras se escondía bajo el puente al que la onda sísmica la arrojó. Las vibraciones del suelo seguían sacudiendo su entorno.

En Fairy Hills, los magos se miraron, temiendo lo peor.

—¡¿Freed?! ¿Lily?...—El miedo de perder a sus amigos se apoderó de ellos, mientras el aire quedaba cargado de polvo y un silencio opresivo, tan pesado como la destrucción que Dojin había dejado tras de sí.

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República de Fiore, Cuarteles Móviles y Laboratorios de Investigación de Ciencia Mágica.

Mayo 4, año X793, 3:05 hrs…

—¡DX-05 Dojin, ha estallado! ¡Tenemos confirmación visual!—Un científico anunció desesperado—¡El choque sísmico fue más grande de lo estimado! ¡Muchas de nuestras fuerzas se perdieron en la explosión!

—¡DX-01 Koujin, señal perdida! ¡Presumiblemente destruido!—anunció un mensajero recién llegado—¡Hemos perdido contacto con todos los equipos que estaban en Kunugi y Oshibana!

—El número 7… no sabemos nada del número 7…—murmuró otro, con miedo en sus ojos.

En el centro de mando enemigo, el caos se había apoderado de la sala. Las luces parpadean intermitentemente mientras las pantallas de comunicación proyectaban imágenes incompletas y distorsionadas de los frentes arrasados. Los gritos de los científicos y oficiales se entremezclaban, un crescendo de desesperación y confusión. En el centro de todo, Zash Caine permanecía inmóvil, su rostro rígido como si estuviera esculpido en piedra, pero con los ojos abiertos de par en par, incapaces de apartarse de las imágenes de los mapas que mostraban el estancamiento general de sus fuerzas. Las súplicas de sus subordinados para ordenar una retirada caían en el vacío, ignoradas por completo.

—Esta situación…—murmuró finalmente, con una voz que parecía más un susurro, como si hablara solo para sí mismo—tanto el enemigo como nosotros estamos destrozados…

La realidad de que sus preciados androides Dragon Slayer, el recurso que creía invencible, habían sido destruidos, le dejó catatónico. Todo su plan maestro se tambaleaba, mientras el peso del fracaso comenzaba a aplastarlo bajo su propia incapacidad de actuar…

«Fairy Tail también agotó sus recursos… ¡Tiene que haberlo hecho! ¡Estábamos tan cerca de tomar la ciudad!... »

—¿Zash-sama?... ¡Zash-sama!—su lugarteniente le llamaba.

—Todos los batallones de infantería… ¡AVANCEN AL MISMO TIEMPO!—Zash gritó furioso.

La sala del estrategium quedó en silencio por unos instantes. Los comandantes no podían creer lo que oían.

—¡Pero señor, sólo nos queda la reserva de soldados convencionales! ¡No contamos con más unidades del Quartum Army en la zona, y su traslado tardaría otros 3 días! ¡Hemos perdido casi medio millar de androides sólo en esta batalla!

—¿No oíste? ¡Envía a toda la infantería convencional de la zona! ¡Que avancen todos!—Zash insistió en su locura—¡Quiero Magnolia en cenizas!

Aunque lentos y reticentes al comienzo, los comandantes ejecutaron la orden. Uno a uno fueron saliendo a ordenar a sus tropas. Sólo quedaron Zash y su lugarteniente.

—Señor…

—Ya sé lo que vas a decir… ¡Fuimos derrotados! ¡Perdimos la batalla!—Zash admitió con ira contenida—No estoy loco, si es lo que piensas… sé que ahora es imposible quedarnos en la ciudad. Aún si logramos una conquista, el resto del Cinturón Real Oriental reconquistará Magnolia en breve…

—¿Y entonces?

—Entonces no les dejaremos nada que rescatar… No bastará con quitarles todas las vidas que sea posible, les arrebatamos también sus refugios, sus hogares, ¡Todo!... convertiremos la ciudad en una enorme pira.

Zash rebosaba de una inusitada crueldad. Si Magnolia no era suya, no sería de nadie.

—¿Y luego?—el lugarteniente insistió. Una vez superó la impresión por la crueldad de su maestro, quiso asegurarse de que su causa aún tenía futuro.

—Luego nos retiramos a la capital. ¡Hemos perdido esta batalla pero no la guerra!—anunció solemne—. Nos prepararemos para la ofensiva de los traidores del sur y del norte. ¡La república sobrevivirá!

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Magnolia, distrito, #4, alrededores del edificio Fairy Tail…

Mayo 4, año X793, 5:00 hrs…

La explosión de Dojin y sus consecuencias marcaron un necesario alto al fuego y una pausa en las operaciones militares, los republicanos debían reorganizarse para no perder el terreno conquistado y los lealistas podían tener un descanso para atender a sus heridos y reforzar sus posiciones. Esto alivió muchísimo a los combatientes de ambos bandos, exhaustos tras tres días de combate ininterrumpido.

Cuando las primeras luces del amanecer aparecieron en el cielo, Laxus envió de inmediato a todo su grupo a explorar y evaluar la magnitud de la destrucción en las áreas cercanas al cráter. Las primeras impresiones fueron sorprendentemente menos desastrosas de lo anticipado.

Warren conducía una carreta tirada por un caballo, transportando a un agotado Laxus. El disparo del cañón de riel hizo estragos en sus reservas de magia y unas pocas horas no serían suficientes para reponerlas.

—¡Tenías razón, Laxus!—Warren le comunicó emocionado—La explosión sólo afectó a un radio de menos de medio kilómetro. ¡Es posible que nuestros amigos hayan podido escapar a tiempo!

—Ya veo… eso es bueno.

Más noticias alentadoras les llegaron. Unos refugiados reportaron haber visto a Gajeel pelear con un monstruo de fuego. Eran varias horas de eso, por lo que se intuía que el mago había logrado vencer la amenaza.

—¿La victoria está en nuestras manos finalmente? ¿Todo terminará pronto?—Warren se animó a especular.

—Si. Ya terminará… Yo lo terminaré—dijo Laxus en tono frío y decidido.

—¿Laxus?—Warren preguntó extrañado.

El maestro suplente envolvió la quemadura en su brazo con los restos de su camisa y se ajustó el pantalón.

—Warren. Necesito pedirte un favor…

—¿Un favor? ¿Y qué hay de tí?

—No puedo quedarme de brazos cruzados mientras nuestros compañeros enfrentan el momento más decisivo de esta batalla. ¡No podemos arruinarlo ahora que tenemos la oportunidad de terminarlo!

—¡¿Irás al campo de batalla?!—Warren se escandalizó—¡No puedes, la máquina del cañón drenó casi toda tu energía! ¡Es un suicidio!

—Es mi trabajo como jefe.—Laxus sonrió con un ojo entrecerrado, para luego ponerse serio de nuevo—Es mi responsabilidad… Estar allí hasta que todo acabe.

Laxus le dió las instrucciones a Warren y ambos dividieron sus caminos. Laxus se dirigió al centro de la ciudad y Warren recorrió las calles con el encargo de Laxus. Adaptó todas las Lacrymas de trueno que les quedaban para lanzarlas al cielo con una pistola de bengalas. Laxus las encantó con su magia antes de entregarlas a Warren…

"... Cargué los cohetes en las Lacrymas de trueno como pediste. ¡Ahora todos en un radio de 2 kilómetros deberían poder oír tu voz!... "

Warren alzó la pistola y lanzó la primera bengala. La Lacryma estalló en el aire, primero con un ruido de trueno eléctrico y luego resonó con voz humana…

¡Kraka-booomm!

—¡¿Me escuchan?!—La voz de Laxus resonó con la fuerza del relámpago en toda la ciudad—El monstruo de tierra que arrasaba la ciudad ha sido destruido. ¡La victoria está en nuestras manos!, así qué… ¡No mueran aquí! ¡No mueran ahora! ¡Si alguien muere, yo lo mataré de nuevo por haberme desobedecido!... —Laxus pensó en aquel joven mago que no pudo salvar el día anterior—Así que no importa como… ¡Manténganse con vida, aunque tengan que arrastrarse o matar a alguien más!

El mensaje incluso llegó a oídos del Raijinshuu. Bickslow cargaba a un malherido Freed en el hombro mientras Evergreen protegía el avance del grupo. Las palabras de su líder les llenaron de esperanza.

—... Hace tiempo que él deseaba poder dar una orden así…—comentó Freed, con nostalgia—Desde que comprendió lo que realmente significaba la responsabilidad de liderar al gremio… "No mueran, manténganse con vida". Es fácil decirlo, pero él no había podido decirlo hasta ahora…

"¡Adelante, compañeros, aferrense a sus vidas con todo lo que tengan!"

En el resto de la ciudad, los magos que salieron ilesos buscaban a sus compañeros desaparecidos…

—¡¿Droy?!—Jet corría a toda velocidad por la calle, a veces evadiendo patrullas republicanas. Apenas a 50 metros del cráter, una protuberancia llamó su atención. Vió una mano y corrió en su ayuda. Levantó un trozo de viga, para encontrar a su amigo todo magullado y con la sien sangrante, pero vivo. Droy se había protegido en parte con sus plantas…—¡Droy! ¡Gracias al cielo te encontré!...

—¿Uh?... ¿Jet?...—su voz era temblorosa y cansada—¿Se acabó al fin?

—Me temo que no, amigo, ¡Pero ahora tenemos la ventaja!... ¡Por eso hay que correr!

El mago ayudó a Droy como pudo y ambos se movieron en busca de una nueva posición defensiva o a otros sobrevivientes. La bella mañana que empezaba tuvo un inexplicable efecto tranquilizador en los magos. A pesar de que Jet y Droy andaban lentos y expuestos a un ataque, estaban inexplicablemente optimistas.

«… Mientras nos mantengamos juntos, todo estará bien… »

En otra parte de la ciudad, Cana Alberona corrió con menos suerte. El puente de su escondite se derrumbó encima de ella y recién emergió de los escombros horas después, con el tobillo torcido y habiendo perdido el pareo que le cubría la cintura. Descalza y semidesnuda, Cana cojeaba en busca de refugio…

—Maldición, ¿dónde quedó mi bolsa de naipes?—se quejó la joven, mientras miraba en todas direcciones con desconfianza, temerosa de un ataque—Aún así… ¡No sé puede negar que es una preciosa mañana!

Laxus llegó al centro de la ciudad. Lucía irreconocible con tanta destrucción. Escombros y fierros retorcidos por todas partes. El paso de Dojin se veía claro.

—Todo esto no será en vano…—murmuró al contemplar la destrucción—¿Eh?... ¡Demonios, siguen por ahí!

Laxus sintió el olor de las armaduras orgánicas de los androides y estos aparecieron de entre los escombros. 8 criaturas, con los cuerpos resquebrajados pero funcionales, se lanzaron al ataque. Antes que pudieran disparar sus rayos de partículas, Laxus reaccionó más rápido y los fulminó con sus proyectiles hechos de relámpago…

—¡Raimei no Tama! (Balas de trueno)

Cuando las Lacrymas estallaron, Laxus echó a correr de nuevo.

«… ¡Deben ser las fuerzas residuales que no quedaron atrapadas en la explosión! ¡Los republicanos reanudaron su avance!... »

Levantó la mano al cielo y disparó dos bengalas de rayo que estallaron a gran altitud, avisando a todos los magos que la batalla se había reanudado…

—... ¡No puede ser!—Cana chilló asustada por la señal, al verse indefensa—¡Tengo que esconderme YA!...—la jóven aceleró el paso con torpeza. Apenas avanzó un par de metros sólo para tropezar con algo duro en el suelo—¡Ungh!... Kyaaaa…

Cana lanzó un agudo chillido. Su pié bueno sufrió un golpe en el dedo meñique y su aledaño. Un poco de sangre brotó de la uña reventada. La jóven se frotaba la zona afectada cuando su mirada recayó en el objeto con el que había tropezado.

—¡Glubs!—Cana tragó saliva y sudó frío cuando vió la cabeza enterrada de uno de los androides dragon-slayers. Quiso gritar de susto, pero se cubrió la boca con ambas manos. Una segunda observación la alivió al notar que sólo era una cabeza…—¡Uff! ¡Cosa maldita, casi me matas de un infarto!—Cana se relajó mientras volvía a atender su pié lastimado. Sería muy difícil seguir caminando así…

Beep-beep…

Un pitido intermitente obligó a Cana a alzar la mirada y volver a concentrarse en la cabeza enterrada.

«No puede ser… »

Cana sintió un escalofrío recorrer su espalda mientras el pitido intermitente continuaba, resonando en el silencio ominoso de su entorno. Su cuerpo entero se tensó, y el sudor frío comenzó a brotar de su piel.

—No, ¡Por favor no!—suplicó, intentando convencerse de que estaba imaginando cosas, pero el miedo era implacable. De repente, el pitido se intensificó, y antes de que pudiera reaccionar, los ojos de la cabeza enterrada brillaron con intensidad. Con un chasquido metálico, el suelo alrededor de ella se abrió, y el cuerpo completo del androide dragon-slayer emergió, su armadura resquebrajada y chisporroteando con energía residual.

Antes de que pudiera gritar, otros tres androides rompieron el suelo a su alrededor, saliendo como topos mecánicos. Cana, paralizada por el terror, no pudo hacer más que retroceder torpemente mientras su mente entraba en pánico. Sin naipes, sin magia, y con el tobillo torcido, estaba completamente indefensa. Su cuerpo reaccionó instintivamente al miedo; la orina y el calor húmedo se extendieron por su tanga y muslos, una reacción involuntaria que no le permitió sentir vergüenza, todo fue eclipsado por la certeza de su inminente fin…

—¡Geaarrr!—Un gruñido poderoso fue secundado por un potente zarpazo. ¡Los cuatro monstruos fueron despedazados en el aire para luego estallar en bolas de luz!

¡Boom!

Cana levantó la mirada con dificultad, sus sentidos todavía nublados por el miedo y el impacto de los estallidos. Frente a ella, una imponente figura se alzaba, cubierta de escamas gruesas y con garras aún brillando por la energía que acababa de destrozar a los androides. El gigantesco hombre lagarto giró lentamente hacia ella, y sus ojos reptilianos se encontraron con los suyos. Le tomó un momento procesar lo que veía, pero no había duda:

—¡E-e-Elfman!

Parecía imposible, pues se suponía que el mago estaba a cientos de kilómetros al norte, con sus hermanas. Al parecer había acudido en ayuda del gremio a último momento, igual que Erza…

El cuerpo de Cana, aún temblando, no podía más que agradecer que estuviera allí, y aunque su apariencia era aterradora en ese momento, la chica supo que acababa de salvar su mojado trasero de una muerte segura.

—Take Over: Lizardman… ¡Otokoo! (¡Hombre!)—Elfman bramó triunfante.

Cómo si no fueran suficientes emociones para Cana, inmediatamente después surgieron más gritos y aullidos humanos…

—¡Corran por sus vidas! ¡Vamos Droy, mueve tu gordo trasero o nos vamos a morir!—gritó Jet casi entre lágrimas.

—¡Esperenos!—Wakaba y Macao les pisaban los talones.

Elfman giró la cabeza y vió a sus amigos Jet, Droy, Wakaba, Macao y Reedus correr desesperados, perseguidos por un grupo de androides…

—¡Miren, ES ELFMAN!—Jet se emocionó mucho al verle.

—¡Todos al suelo!—Elfman les ordenó. Los magos se tiraron al piso y él cargó contra las criaturas, deshaciéndose de ellas con la misma facilidad con la que salvó a Cana.

¡Crash… Boooom!

Los compañeros recién llegados rodearon rápidamente a su amigo y el ambiente se tornó festivo. No para todos, porque Cana sufrió un colapso, tirándose al suelo y botando espuma por la boca. ¡Fueron demasiadas emociones fuertes para un sólo día!

—¡Blug… Mátenme!—balbuceó la chica antes de desvanecerse.

Los muchachos se rieron y mientras Elfman la subió en su hombro, Jet le habló con efusividad:

—Un momento. Si tú estás aquí… ¡Eso significa que también…

Elfman le sonrió ampliamente y levantó su pulgar. Los ojos de todos brillaron una vez más.

En otro lugar de la ciudad, El Raijinshuu ha sido acorralado por las criaturas. Evergreen intenta proteger a Freed, que por sus heridas es llevado en el hombro de Bickslow. La valiente mujer logra destruir a las primeras, pero se queda sin magia en el peor momento posible ¡Una docena de ellas se abalanza sobre ellos!...

—¡Aquí vienen!... ¡¿Evergreen?!—Bickslow gritó aterrado cuando su compañera dejó de alzar hechizos y sólo se plantó en el suelo, con los brazos extendidos y con toda la intención de convertirse en un escudo humano…

—¡Insensata, deja eso!—Freed exclamó.

—¡Fox Impact!...

Cuando la docena de androides se abalanzó, un destello de luz sagrada atravesó el aire, iluminando la desesperada escena. Antes de que los monstruos alcanzaran a Evergreen, nueve látigos de energía brillante, ondulantes como colas en un viento místico, los golpearon con precisión letal. Cada contacto resonó con el sonido solemne y puro de un gong, un eco que reverberó en el caos circundante. Los androides explotaron al instante, desintegrándose en estallidos de chispas y fragmentos metálicos, incapaces de resistir la fuerza purificadora de los látigos.

—¡¿Qué acaba de suceder?!—Bickslow exclama. Su magia de naturaleza oscura se incomoda con el aura sagrada de los látigos.

La luz regresó a su origen, transformándose en colas cubiertas de un espeso y radiante pelaje naranja.

—¡Animal Soul: Zorro de Nueve Colas!

—¡LISANNA!—los tres corearon con vehemencia.

—¡Hum!—Lisanna se giró a verles y les guiñó un ojo con una gran sonrisa en el rostro. Sus ojos brillaban con determinación mientras el aura de su transformación danzaba alrededor de ella. Era una forma nueva, nunca la habían visto empuñar este poder.

La llegada de los hermanos Strauss a la ciudad fué un gran impulso moral para los magos, aunque lamentablemente, sería sólo moral. Un par de magos más apenas incrementa sus menguadas fuerzas para enfrentar el exterminio que se les venía encima.

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Los soldados de la reserva republicana recibieron la orden de despliegue ni bien se confirmó la destrucción de Dojin. Bastaron apenas un par de horas para que estuvieran equipados y listos para marchar. 12 compañías completas se cernieron sobre los tres accesos de Magnolia antes que las primeras luces de la mañana aparecieran.

—Diría que es casi admirable. Han resistido todo lo que les hemos mandado… Nos han empujado al punto donde incluso nosotros, la reserva, debemos intervenir…—dijo un sargento—¿No lo crees así, Erlen?.

—Me preocupa…—le respondió su compañero, sargento también—Saúl, ¿No te parece extraño que nos hayan dotado de estas armas tan… barbáricas?

Los sub-oficiales se reunían para coordinar el avance de cada compañía. El campamento y la segunda línea de los asediadores se llenó una vez más de miles de guerreros, todavía ocultos por la depresión del valle. El sargento Erlen sentía incomodidad por el equipamiento poderoso y éticamente cuestionable que habían recibido para la operación. Proyectiles del tamaño de puños y bombas incendiarias de todos los tamaños y formas…

—No subestimes a esos magos. Los comandantes lo han hecho desde el inicio de la batalla y eso nos ha llevado a este punto—Saúl replicó con tranquilidad—. SI. Son armas ciertamente crueles y en ningún caso las usaría en una guerra normal, pero cuando peleas con magos de la escala de Fairy Tail, este es el mínimo necesario…

Saúl no pudo tranquilizar a Erlen. Ahora él también se pondría intranquilo:

—¡Esta orden!... ¡No puede ser!...

Llegó un mensaje, órdenes directas del cónsul, Zash Caine. Los sub-oficiales sintieron un escalofrío recorrerles la espina.

"Que arda Magnolia"

El ejército de reserva recorría los campos camino a la ciudad. Los oficiales y sub-oficiales mantenían la disciplina, pero no eran capaces de acallar el coro de murmullos y evocaciones con toda clase de intenciones.

(... ¡Acabaremos con esos brujos, hasta el último!… )

(... Esa ciudad de rebeldes es un caso perdido… )

(... ¡No podemos hacerlo! ¡No es correcto!… )

(... El cielo nos juzgará por este acto… )

Cerca de la mitad de todos ellos no eran los monstruos que Zash necesitaba para sus planes. La moral de los recién llegados se tambaleaba a medida que oían las historias de los soldados veteranos que habían peleado por tres días seguidos contra Fairy Tail. Ahora mismo, las únicas fuerzas republicanas en la ciudad eran unas pocas unidades de infantería y los androides del Quartum Army que habían sobrevivido a la última explosión.

Anticipándose a esto, Zash envió a su lugarteniente para guiar el ataque en persona. Se dirigió a todo el ejército formado desde un improvisado atril…

—... Esto es la guerra. Esto es crueldad y muerte. Esto es lo que hacemos por el futuro que deseamos. La mayoría de vosotros ya sois hombres, deberíais entenderlo, y a pesar de eso, apartáis la cara.

La mitad de los hombres formados apenas podían creer que iban a participar en aquel monstruoso genocidio, incapaces de comprender la escala de aquella matanza que acababa de cometerse en nombre del Imperio.

—... Habéis decidido seguir a Zash-sama, y hay mucho que contar de lo que hemos logrado, pero las cosas cambian, y los tiempos avanzan—continuó diciendo—. Haremos esto porque debe hacerse. El último sacrificio que cimentará el futuro de esta gran nación… ¡Salve la República de Fiore!

(¡SALVE LA REPÚBLICA!)

Los soldados respondieron con la misma exclamación. La marcha de la muerte reanudó su paso.

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Apenas unos minutos después de que Lisanna rescate al Raijinshuu, desde su posición elevada, Laki Olietta observó el horizonte y sintió cómo su estómago se hundía al instante. La reserva de infantería enemiga, un torrente de soldados republicanos avanzando como una plaga imparable, cruzaba las calles en oleadas interminables.

—Vuelven…—murmuró con un nudo en la garganta mientras veía cómo la marea enemiga inundaba la ciudad una vez más.

El estruendo de botas y el clamor de órdenes resonaban como un trueno en la distancia. La esperanza que había comenzado a renacer entre los magos se tambaleó, aplastada por la cruda realidad de la guerra: Al enemigo ya no le importaba arrebatarles la ciudad, sólo quería exterminarlos…

"¡Que arda Magnolia!"

La fuerza de reserva recorrió las ruinas como una apisonadora. La vanguardia, los más crueles, aullaron de un modo demente, y con mandobles de sus sables y disparos de sus armas de avancarga tomaron las vidas de todos los leales que encontraron. Muchos de los soldados de Arcadios aún no habían terminado de reorganizarse y eran arrastrados de sus escondites por los republicanos antes de ser asesinados.

Las bombas incendiarias fueron arrojadas. Las casas que aún estaban en pié se quemaron, cualquier cosa que pudiera servir de escondite fue encendida. Los civiles que salieron aterrados de sus refugios, también fueron martirizados por los atacantes. El horror y el pánico se esparcieron cuando se hizo evidente que era un exterminio.

—¡En los tejados, en los tejados!—aulló a su vez el sargento Erlen cuando los lealistas respondieron finalmente a la carga y se lanzaron contra sus enemigos como un solo guerrero. Erlen estaba acostumbrado a una lucha limpia y encumbrada por el honor militar, pero quedó desconcertado por el repentino impulso que tenían los ciudadanos de Magnolia. Muchos civiles no estaban dispuestos a formar parte del matadero y se lanzaron a luchar por sus vidas y por su ciudad con la misma brutalidad que Zash les arrojó. Luchaban con rabia y con odio, con brutalidad y con el ansia de destruir a aquel que les quería destruir. Era matar para que no los mataran.

Los magos de Fairy Tail intentaban apoyar a los ciudadanos, pero ya no tenían ni la curación de Wendy, ni la fuerza de Gajeel, ni la del Raijinshuu, con dos de sus tres miembros fuera de combate. En toda la ciudad, se reagrupan apresuradamente en posiciones defensivas. Elfman, en su forma de lagarto, rugió mientras plantaba los pies firmemente en el suelo, interponiéndose como una muralla viviente entre los soldados y los heridos que protegía. Jet y Droy, exhaustos pero decididos, se mantuvieron a su lado. Más lejos, Lisanna blandía sus nueve colas con precisión devastadora, barriendo a los soldados que intentaban rodearla. Su energía sagrada iluminaba el caos, pero sus movimientos comenzaban a ralentizarse, y cada golpe requería más esfuerzo.

Quedaban menos de 50 miembros de Fairy Tail vivos y esparcidos por toda la ciudad, intentando aferrarse a sus vidas como Laxus les había rogado…

—¡No dejen que los maten!

Laxus no podía soportar ver aquella matanza. Buscó el terreno más elevado que pudo y desde allí intentó repartir muerte en todas direcciones. Era una cantidad interminable de puntos calientes que requerían un salvador con desesperación…

—¡Rairyū no Arashi! (Tormenta del dragón de Rayo)... ¡Yearrrgh!—Laxus rugía con furia mientras desataba una lluvia de relámpagos en el mayor área posible. Causaban muerte inmediata a todos los invasores que tocaban, y los que no, eran repelidos por los defensores. Sin embargo, el resultado general era crítico. Por mucho que intentara, por mucho esfuerzo que pusiera en sus ataques y por mucha velocidad a la que se moviera para estar en todos lados, Laxus no estaba salvando a mucha gente…—Todo esto está siendo inútil… ¡Están matando a todos y no puedo evitarlo, maldición!

Laxus observaba desde su posición elevada cómo el caos se extendía por la ciudad, su impotencia creciendo con cada segundo. Sus rayos, que antes eran la encarnación del poder y la protección, comenzaban a perder fuerza, sus destellos cada vez más débiles mientras su energía se agotaba.

En la distancia, las luces de las nueve colas de Lisanna parpadeaban, iluminando los callejones con destellos sagrados mientras barría con sus látigos de luz a los soldados enemigos. Pero esos destellos comenzaron a desaparecer entre el estruendo de disparos y el choque de sables, y el corazón de Laxus se contrajo al imaginar a sus amigos perdiendo terreno. Más lejos, podía distinguir los rugidos ferales, de Elfman, quien, en su forma de lagarto, cargaba desesperadamente para proteger a todo el que estuviera en peligro. A pesar de su fuerza, la marea enemiga no cesaba, y Laxus sabía que la resistencia de su gremio estaba al borde del colapso.

El dragón de rayo cerró los ojos un momento, permitiéndose sentir la desesperación y la responsabilidad que pesaban sobre él.

«… Ahora entiendo, abuelo… Entiendo lo que significa ser el líder del gremio. No se trata solo de tener poder, nunca se trató de eso… sino de estar dispuesto a sacrificarlo todo para protegerlos… » pensó con una mezcla de pesar y aceptación.

Con una sonrisa resignada y los ojos cargados de tristeza, Laxus se levantó, juntando las manos frente a su pecho. Sabía que solo había una magia que podía detener la matanza, pero también conocía su precio. Su corazón tendría que sufrir dependiendo del número de enemigos destruidos por la técnica… y eran miles…

—Veamos si esta vez puedo hacerlo bien… —murmuró, comenzando la secuencia de activación, su cuerpo envuelto en un aura de luz que crecía con cada palabra.

En el cielo amanecido de Magnolia, una luz mucho más fuerte que el propio día apareció en forma de círculo mágico. Todos abajo se paralizaron al verlo. Los republicanos, confundidos y asustados, no supieron cómo reaccionar. Los magos en cambio, se sintieron consternados al sentir un doloroso deja-vu de lo que estaba a punto de pasar.

—… Él va a… ¡Él se va a sacrificar!—chilló Freed, con la angustia ahogando su voz.

—¡Laxus, espera!—Laki Olietta gritó rasgando su garganta, tras bajarse de sus ramas y correr en dirección al maestro—¡TU CORAZÓN NO LO VA A RESISTIR!

El maestro de Fairy Tail completó la fase de carga y soltó toda la presión mágica…

—¡FAIRY LAW!—rugió, liberando la magia definitiva del gremio, una onda expansiva de luz pura que atravesó Magnolia como un juicio divino.

¡Flussh!

La luz de justicia cayó encima de los republicanos. Laxus sabía que no tenía el entrenamiento para hacerlo bien y los soldados sufrieron las consecuencias. Gritaron de horror cuando sus cuerpos se deshicieron en partículas de luz dorada, que el viento arrastraba cual dientes de león. Los magos de Fairy Tail observaron con los ojos llenos de lágrimas y se abrazaron entre ellos. Los ciudadanos de Magnolia, ignorantes en parte de lo que sucedía, sintieron una calidez inusual y protectora en aquella luz, como un milagro que había acudido en su ayuda.

Los soldados republicanos también pensaron que se trataba de intervención divina, al ver que la luz sólo los destruía a ellos y protegía a los defensores. El Sargento Saúl intentó salvar a sus hombres y declaró la retirada.

—¡Bombardeo! ¡Meteos en las catacumbas de la catedral y bajad todo lo posible! ¡Ya!...

—Sargento… ¡ayúdeme!—vió a uno de sus hombres deshacerse en una nube de polvo dorado. La desesperación se convirtió en aceptación…

—Es inutil… —murmuró Saúl, al notar que su propio cuerpo también empezaba a deshacerse. Se detuvo en seco y miró a su alrededor, tantos buenos amigos y jóvenes desapareciendo por una causa equivocada. A pocos metros, encontró a su amigo, el sargento Erlen, que yacía herido y desangrándose, recargado en una roca de la destruida catedral… su cuerpo también empezaba a brillar…

—Saúl… Lo siento…

—¡Yo soy el que lo siente, Erlen!—exclamó Saúl con la voz a punto de quebrarse—Tenías razón. Tenías razón…

«… No nos opusimos a la barbarie cuando tuvimos la oportunidad, y ahora somos castigados por ello… »

Los dos hermanos de batalla se abrazaron con efusividad, esperando su fin juntos. Igual que con los demás, la nube de oro deshizo sus siluetas y arrastró el polvillo al viento.

Flusssh

Cuando la luz finalmente se apagó, un silencio absoluto cayó sobre Magnolia, como si el mundo entero contuviera el aliento por un instante. El aire parecía pesado, cargado con la memoria de los que habían perecido, tanto aliados como enemigos. En el centro de todo, Laxus apenas podía mantenerse en pie.

Su piel estaba lívida, perlada de un sudor frío que bajaba por su frente y sus mejillas, mientras un dolor insoportable se apoderaba de su pecho, como si un yunque le aplastara el corazón. Su respiración era errática, jadeos cortos y superficiales que no lograban llenar sus pulmones…

—Espero no haberte decepcionado de nuevo, abuelo…—dijo con pesar mientras sentía un hormigueo en su brazo izquierdo, una sensación punzante que se extendía hasta sus dedos, que temblaban incontrolablemente. Sus piernas flaquearon y, por un momento, perdió la orientación, su visión comenzó a volverse borrosa y apagada, como si el mundo se desvaneciera en un túnel de sombras y destellos.

El último sentido que le queda le advierte de un aroma inconfundible: Las armaduras orgánicas de los androides del Quartum Army, que se acercan hacia él. Lejos de asustarse o preocuparse, Laxus sólo sonrió burlonamente.

«… ¿Así que estas máquinas no fueron afectadas por Fairy Law? jeje, no importa… Mis hermanos de Fairy Tail harán el último esfuerzo por destruirlos. He hecho todo lo que estaba en mis manos, chicos. ¡Todo depende de ustedes ahora!… »

Los androides lo rodearon. Doce, quince, veinte de ellos. Atraídos por la fuente de la luz como polillas, los dragon-slayers sintéticos encontraron completamente indefenso al maestro suplente de Fairy Tail. No le importó. Sintiéndose feliz por haber salvado a sus amigos de la barbarie de Zash, Laxus aceptó su muerte con honor y valentía.

En el momento que brincaron hacia él, Laxus, con los ojos en blanco y la boca entreabierta en un intento desesperado por respirar, se colapsó y se derrumbó en el suelo…

—Ungh…

La oscuridad comenzó a envolverlo por completo mientras su cuerpo cedía al colapso. Laxus sentía que flotaba en un abismo, donde solo quedaban sombras y destellos tenues que chisporroteaban como recuerdos fragmentados. Intentó abrir los ojos, pero el peso de su cansancio los mantenía cerrados. Sin embargo, el dolor esperado nunca llegó. No sintió las garras de los androides rasgando su carne, ni el impacto de sus golpes. Era como si el tiempo se hubiera detenido, dejando un vacío inquebrantable a su alrededor.

Al mirar al cielo, entre las sombras, una figura comenzó a tomar forma. Al principio fue solo un contorno, delicado y etéreo, hasta que se definió como una mujer de belleza majestuosa, envuelta en un aura que parecía irradiar calma y poder. Sus rasgos eran suaves, casi maternales, y por un instante, Laxus sintió una paz desconocida. Pero esa serenidad duró poco. Las sombras que la envolvían comenzaron a desgarrarse, deformándola bruscamente. Alas de demonio emergieron de su espalda, cuernos afilados coronaron su cabeza, y en una de sus manos apareció un látigo que serpenteaba como si tuviera vida propia. La figura lo miró con ojos ardientes, y su silueta se retorció en un espectáculo aterrador, mientras la última chispa de conciencia de Laxus se apagaba, tragada por la oscuridad.

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Magnolia, Mayo 4, año X793.

Día 1 después de la victoria…

—¿Uh?... ¡Maldición!

Laxus Dreyar se levantó de un sobresalto. Inmediatamente el dolor se esparció del pecho hacia el resto del cuerpo. Se sorprendió con el descubrimiento de que el precio de Fairy Law era un ataque cardiaco. Nunca pensó que tendría su primer infarto siendo tan joven, pero al fin entendía el motivo de la deteriorada salud cardiovascular de su abuelo: El usar el hechizo tantas veces a lo largo de los años acabó pasándole factura en su vejez…

—¡Por favor, no te exaltes!—la dulce voz de Mirajane le tranquilizó cuando ella entró súbitamente por la puerta.

—¡TÚ!... ¡Estás aquí!—exclamó Laxus.

La visión de la joven no hizo más que agitarle más su ya lastimado corazón, tanto metafórica como físicamente. Los hermanos Strauss habían regresado en la última parte del combate, justo a tiempo para dar el empujón final a una victoria que estaba a punto de comprometerse por el agotamiento de las fuerzas leales a la reina. Justo después de que Laxus lance el Fairy Law, los tres hermanos limpiaron la ciudad de los últimos androides del Quartum Army y aseguraron la victoria…

—¿Terminó? ¿Ganamos?—Laxus preguntó.

—Si—Mirajane sonrió y asintió con la cabeza—Fue duro, pero lo hicimos.

Laxus quiso levantarse de la cama a fuerzas una vez más, pero la chica volvió a detenerle. Como líder de Fairy Tail, tenía muchas responsabilidades técnicas y a su vez, Laxus estaba desesperado por saber si la mayoría de los compañeros magos estaban a salvo.

—¡No te muevas!—le rogó Mirajane—Todo terminó, ¡Todo está bien ahora!

—¡coff-coff!... —Laxus tosió dolorosamente—Ayúdame a levantarme…

Mirajane recargó el brazo del hombre en su hombro y le condujo al balcón que le permitía ver la ciudad desde lo alto de la colina en la que se erigía el edificio del gremio…

El amanecer sobre Magnolia revelaba un cielo despejado y radiante, como si los mismos cielos se hubieran inclinado en reverencia ante el sacrificio y la sangre derramada en defensa de Magnolia. Las cicatrices de la batalla aún humeaban en las calles de la ciudad, y aunque los ecos de los cañones y los gritos de los moribundos se habían desvanecido, una calma inquietante se cernía sobre el aire. El viento, frío y limpio, atravesaba las ruinas de lo que alguna vez fue un bastión de esperanza, arrastrando consigo el hedor de la guerra y la promesa de una mañana nueva.

«… Y a pesar de todo, a pesar de la adversidad, ¡seguimos aquí!… » Laxus reflexionó aliviado.

Mirajane dejó a Laxus sentado en un banco y cubierto con una manta. Su respiración era pesada, marcada por el peso de su propio poder. Había convocado el inconmensurable poder de Fairy Law, desatando el juicio mismo del gremio sobre las fuerzas republicanas que habían osado pisar su santuario. Pero el costo había sido alto. El latido irregular de su corazón resonaba en su pecho como un martillo mal templado, y un dolor constante lo azotaba con cada respiración.

El alivio del maestro provisional del gremio fue enorme al comprobar que la ciudad y el gremio habían prevalecido. Por eso le pareció extraño como Mirajane caminaba con pasos inciertos, la serenidad de su rostro desmentida por la sombra de preocupación que la consumía.

Lucy había desaparecido en medio del caos, y la incertidumbre la carcomía por dentro. Se hicieron muchos esfuerzos durante la batalla para ubicarla pero ninguno dió fruto, como si la tierra se la hubiese tragado. Todos se vieron obligados a confiar en el propio juicio de la chica y que esta no volviese a ponerse en peligro…

—No deberían haberla dejado sola… —susurró Mirajane, como si lanzara una acusación contra los responsables de vigilarla en su ausencia.

De repente, algo cambió. Un susurro imperceptible al principio, como un aliento que recorría el gremio, creció en intensidad hasta que ambos lo sintieron en lo más profundo de su ser. El cuerpo de Laxus, marcado por el dolor, se tensó, y Mirajane, que hasta entonces parecía al borde de la desesperación, levantó la cabeza de golpe.

Un murmullo. Un latido.

Un despertar.

"... ¡¿Qué es todo este escándalo?!... "

Una voz rasposa gruñó y resonó con fuerza. Mirajane y Laxus se giraron con rapidez, la chica olvidándose por completo de Lucy, y Laxus dejando de lado sus propias heridas…

—¡MAESTRO! —exclamaron al unísono, sus voces entrelazadas con una mezcla de incredulidad y esperanza.

Abandonando toda preocupación previa, corrieron por los pasillos destrozados, atravesando el maltratado edificio como si el mismo viento los impulsara, hasta llegar al cuarto donde el maestro del gremio había permanecido sumido en un letargo desde hacía meses. El hombre que por décadas había soportado el gremio sobre su espalda, inquebrantable, ahora despertaba de su sueño forzado, como un gigante que resurge de las profundidades del abismo.

Al abrir la puerta, lo vieron. Makarov Dreyar, maestro de Fairy Tail, sentado en el borde de su cama, sus ojos azules brillando con una intensidad que desmentía los años y el sufrimiento que cargaba. Sus manos arrugadas se movían con lentitud, pero cada gesto estaba lleno de una fuerza latente, como si un poder más allá del entendimiento lo hubiera devuelto a la vida.

Laxus, el hombre ya acostumbrado a soportar el peso del mundo, cayó de rodillas ante la presencia de su abuelo, el hombre que lo había guiado desde la infancia. Las lágrimas, reprimidas por años de orgullo y dolor, fluyeron libremente, bañando su rostro endurecido por la guerra.

—¡Viejo…! —Su voz, rota, apenas pudo salir de su garganta.

Mirajane, cuya compostura era su escudo, no pudo contener el torrente de emociones que la invadió. En ese instante, todas las preocupaciones, todo el miedo por Lucy, toda la tensión acumulada, se desvanecieron. Makarov estaba despierto. El corazón de Fairy Tail latía una vez más.

—¡Maestro! —gritó la mujer, corriendo hacia él, sus brazos extendidos, aferrándose a Makarov como si pudiera perderlo de nuevo en cualquier momento.

—¿Uh?... ¡¿Que alguien me explique lo que…—el anciano se detuvo en seco.

Makarov se quedó mudo y confundido ante la visión de los dos magos mayores de su gremio, derramando lágrimas cual infantes y corriendo a abrazarlo…

«… Mis niños, no se que ha pasado, pero a mi también me da mucho gusto verlos… »

Makarov cambió su actitud, y con una mirada llena de una sabiduría insondable, les devolvió el abrazo, su mano temblorosa descansando sobre la cabeza de su nieto y su otra mano sobre el hombro de Mirajane. Sus ojos, velados por el cansancio de los años, brillaban con la llama de la esperanza renacida. El viejo guerrero había regresado. Aunque su cuerpo seguía marcadamente débil, su espíritu no había sido quebrado.

—Estoy aquí, niños. Estoy aquí… —susurró con voz ronca, sus palabras bañadas en un amor paternal que trascendía el dolor y el sufrimiento.

En ese instante, entre las ruinas y las cicatrices de la guerra, el tiempo pareció detenerse. No había reino que salvar, no había enemigos que enfrentar, no había pérdida que lamentar. Solo estaban ellos, los hijos de Fairy Tail, en los brazos del hombre que los había protegido desde el principio. Y mientras las lágrimas caían, en ese abrazo compartido, el gremio, herido pero no destruido, comenzó a sanar. La guerra estaba lejos de terminar, pero la presencia de Makarov, viva y despierta, era la luz que los guiaría en la oscuridad que aún se cernía sobre el reino.

Los ecos de la batalla aún resonaban en el horizonte, pero dentro de ese pequeño cuarto, por un breve momento, solo había paz.

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Afueras de Onibus, Mayo 4, año X793.

Día 1 después de la victoria.

El nuevo día brillaba con intensidad y la promesa de una cambio en las mareas del destino de la nación de Fiore. Si bien apenas se estaba consolidando una zona controlada por los realistas, la esperanza entre todos los partidarios de regresar al viejo orden de las cosas obtuvo un gran impulso, aún cuando el propio destino de la ex-reina era incierto.

El patético intento de gobierno en el exilio que intentaron los republicanos moderados cayó finalmente el 2 de mayo, al ser derrocado por el Ejército de Voluntarios del Sur en su campaña de unificación del río Felce. En esta guerra no había lugar para los tibios.

Los magos de Fairy Tail y de todo Fiore, quienes acabaron formando parte del conflicto de manera infortunada finalmente podían tener un breve respiro.

6 de los 7 dragon-slayers acabaron con las abominaciones que Zash Caine construyó específicamente para derrotarlos y el séptimo… El séptimo encontró su fin a manos de Erza Scarlet…

—Nunca te había visto usar tantas armaduras a la vez…—Levy comentó.

—Las más poderosas se destruyeron en esta batalla. Ahora tendré que trabajar muy duro para reformarlas… otra vez, para variar… ¡Qué fastidio!—gruñó Erza, con mal humor.

—Bueno, al menos así habrá una razón para que te quedes más seguido en la ciudad…—Levy bromeó dulcemente.

—Seguiré viajando. Mi espíritu libre aún no se ha saciado…—respondió Erza, con un argumento tan falso que no convenció a Levy.

«… Yo pensé que el motivo de tu viaje era… que se trataba de ya sabes quien… »

A la mañana siguiente de la pelea con los monstruos de fuego, Erza y los esposos Redfox regresaron al lugar donde cayó el número 7. Debido a las heridas de Erza y Gajeel, y el peligro latente de una contraofensiva republicana, hubieron de refugiarse el resto de la noche. Ahora, con la victoria segura, los 3 magos pudieron ponerse al día.

Dicha región limítrofe a las afueras de Onibus ahora estaba bajo el control de una amalgama de fuerzas: Milicias ciudadanas, soldados del antiguo ejército real y otros voluntarios. Debido a la gravedad de las heridas de batalla de Gajeel, los esposos pasaron la noche en uno de estos campamentos.

Los magos reunidos descendieron por el barranco formado por el derretimiento masivo y se quedaron observando los restos del monstruo derrotado por Erza. Sólo quedaba una masa de ceniza que aún conservaba la forma de garra. Tan frágil que un simple toque la desharía en polvo…

—¿Qué era esa cosa?—Erza preguntó a Levy—No entiendo el porqué fueron tan imprudentes de ir a buscarla estando Gajeel herido…

—Fue una terrible confusión, es… es complicado…—resopló la mujer embarazada.

—¿Uh?

—Gajeel estaba seguro de sentir la presencia de Natsu. Gajeel estaba herido después de su combate contra el primer dragon-slayer de fuego, así que pensamos que estaríamos más seguros si lo encontrábamos…

—¿Hubo un "primer" dragon-slayer sintético de elemento fuego?

Levy asintió con la cabeza, su confusión aumentando por la ligereza con la que Erza trataba el tema, como si ya lo supiera todo.

«… Vaya. Primero un dragon-slayer con poderes de Hielo para neutralizar a Wendy. Opuestos para Sting y Rogue… Luego uno de fuego para Gajeel… El que tuvo esta macabra idea sabía muy bien lo que hacía… » Erza reflexionó. La pelirroja estaba bien informada de los sucesos de Margaret y Gazania, por lo que no le sorprendió demasiado la noticia.

—Pero esta cosa…

«… Es obvio que Zash quería tener listos a estos androides "especiales" para neutralizar a los 7 dragon-slayers en caso de que se metieran en sus planes pero… ¿Y Natsu? ¿Se supone que esta cosa era para él?... ¿Planeaba combatir fuego con fuego? ¿Enfrentarlo a una versión retorcida de sí mismo?... » Erza guardó sus reflexiones en secreto.

—No puedo entender como llegaste a confundir esta cosa con Natsu—Erza le recriminó a Gajeel—, pusiste en peligro a tu esposa embarazada…

—Pero su olor… ¡No estoy loco… ¡coff-coff!—Gajeel tosió—¡Estoy seguro que era su olor!

—¡Gajeel, no te agites!—Levy le contuvo.

Erza dió un paso y pateó los últimos restos de la criatura ígnea. La masa de ceniza perdió su forma y se derrumbó al fin. La maga reflexionó un largo momento.

—No—Erza respondió a la nada—. Esa cosa sin duda provino de Natsu, pero no era Natsu….

—¿Eh?... ¿Qué quieres decir con que esa cosa "provino" de Natsu?—Levy dijo. Erza no respondió por un largo momento que motivó aún más la curiosidad de Levy—... ¡¿Erza?!—insistió su cuestionamiento ante el silencio enigmático de la pelirroja.

Erza no les tomó atención y se requipó a su armadura corriente.

—... Será mejor que ustedes dos vayan a refugiarse. Puede que aquí todo haya terminado, ¡Pero la batalla en la región occidental continúa!

No le faltaba razón. Si bien las fuerzas realistas habían rechazado a los republicanos en varias poblaciones, el Cinturón Real Oriental aún sufría por elementos de Zash en ciertas zonas, donde los dragon-slayers de cuarta generación cuyo control se había perdido todavía causaban destrozos. Viendo esto como una oportunidad, el Consejo Mágico tomó la cínica decisión de ofrecer recompensa por la captura de los engendros de Zash.

—Pero Erza, ¡Tus manos!—Levy le hizo notar las quemaduras de tercer grado que aún sanaban.

—¿Quien dijo algo de usar las manos?—Erza les sonrió desafiante—. Laxus ya sabe que estoy aquí y me envió a llamar… probablemente no pueda ayudar de la manera que él quiere en mi estado, pero aún así quiero ir a ver cómo están todos en el gremio…

"No sé preocupen, estoy segura que Natsu algún día reunirá el valor para explicarnos esto"

La maga pelirroja los acompañó de vuelta hacia el puesto de mando de las milicias ciudadanas de Onibus, donde los esposos habían pasado la noche, y les dejó allí para que Gajeel recibiera atención médica, para luego ella irse al frente de combate. Erza nunca decía no a una buena batalla por mucho que profesaba querer alejarse de esa vida.

—¿Qué fue eso último?—Gajeel preguntó a Levy. Creyó que las mujeres se dijeron algo en código y quiso saber también

—No lo sé. Dijo algo sobre Natsu…—Levy dudó.

El repentino secretismo de Erza no dejó indiferentes a los esposos.

«… Ella sabe algo… »

… FINAL DEL ARCO NARRATIVO…

—•○•—

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NOTAS DEL CAP

¡Hey-hey-hey! ¡Estoy vivo XD!

Resumen corto, fueron 4 meses muy agitados (aún lo son). Empecé un segundo empleo en un proyecto de construcción civil y no tuve tiempo de escribir al ritmo adecuado, sin mencionar que este final de arco se alargó muuuucho. (Mierda, son 50 000 palabras y casi 100 hojas en el documento base XD). Quise dividirlo y publicarlo por partes, pero siento que eso hubiera hecho perder el ritmo de la acción… no lo sé, me gustaría que me dieran su opinión para que la siguiente versión (AO3) corrija este problema.

Tal y como prometí, batallas individuales para los personajes más desaprovechados en el canon oficial y de paso, algo de desarrollo para las relaciones entre personajes. Pensé que podría ser un poco redundante tratar el tema del liderazgo de Laxus, pero siento que le faltó ese poquito más cuando en el final de Alvarez sucedió el guionazo de Makarov.

En cuanto a los enemigos para este arco, quería hacer algo un poco más memorable que unos simples villanos de anime de relleno pero que a la vez no se ocupen demasiados recursos narrativos en unos enemigos que sólo van a aparecer una vez… se me ocurrió el tema de los androides dragon-slayer, aprovechando que ya existen en el canon, por la película de Dragon Cry, que está estrechamente relacionada con este arco, sirviendo de precuela para esos eventos.

El asunto de Lucy y su estado actual… sólo diré que tengo preparada una sorpresa que hace necesario este destino tan ambiguo…

Y de esta manera, el arco de la guerra civil de Fiore ha concluido. Es cierto que la guerra en realidad no está ni en la mitad, pero la participación directa del gremio en ella termina aquí. Siempre he pensado que los arcos de "guerras" son demasiado ambiciosos y engorrosos, tenemos de ejemplo la propia guerra de Fairy Tail y el imperio Alvarez y la guerra (no)sangrienta de los 1000 años de Bleach. Mantengámoslo simple, ¿Les parece?

El siguiente arco narrativo se centra en Natsu, y servirá de conclusión para este segundo libro. Hubiera querido terminarlo antes de que acabe este año pero no será posible. De momento estoy muy ocupado y me temo que el siguiente episodio será publicado directamente en febrero 2025.

En cuanto al anime de 100 years quest, diría que estoy medianamente satisfecho. He visto muchas quejas respecto a la simplicidad y poco detalle de los diseños de personajes, pero los que se quejan creánme que no estuvieron en el estreno de la segunda temporada allá por el 2014. ¡Eso si fue decepcionante XD! Todavía tenemos paneles de pura rikura de Lucy y los chillidos de Aya Hirano que a pesar de los años, sigue impecable en su caracterización de la waifu suprema Luigi. (Aunque si se siente la censura de la sangre). En lo que sí me uno a las críticas es en lo rápido que va el ritmo, están corriendo mucho y adaptando contenido de forma apresurada, a costa de omitir flashbacks importantes, pero se agradece que al menos adapten los omakes del manga.

¡Espero que nos veamos pronto!