Los personajes de S.M. no me pertenecen, yo solo los tomo prestados.
Capítulo 27
1.-
Edward se dirigió a su jefa, que ya lo esperaba con lápiz y papel en mano. Ella le pidió que moviera esto y aquello, y le dijera cuanto quedaba de cada cosa. Él se lo iba diciendo, un poco distraído, por la conversación que acababa de tener con Alice. En su mente, solo iba pensado en cómo iba ayudar al pequeño niño.
—¡Edward, ¿qué haces? La sal no va ahí!.
Edward espabiló de imediato, dándose cuenta que estaba apilando los sacos de sal, encima de los de azúcar.
—Lo siento. —dijo, arreglando el error.
—Está bien. —dijo Isabella—. ¿Cuantas cajas hay de pasas? Y ponlas al lado de las frutas.
Edward sacudió la cabeza para alejar la preocupación que le había causado Alice con respecto a Eilan, y comenzó a hacer de nuevo su tarea.
—5 cajas. —le contestó a Isabella, quien asintió, diciéndole que eso era todo, justo para después darse la vuelta, dispuesta a retirarse.
Sin embargo...
—Alice me dijo que Eilan quiere ir a la escuela.
—¿Perdón? —dijo Isabella, volviéndose de nuevo hacia él. En su cara, se le veía ya la molestia por su atrevimiento a hablarle, de otra cosa que no fuera trabajo, y aparte, de un asunto personal.
Edward ya se estaba arrepintiendo de haberle hecho caso a Alice. Quiso disculparse por ser tan intrometido, sin embargo, Isabella no lo dejó.
—Esta Alice me va oír. —dijo, otra vez dispuesta a retirarse. Edward no quiso causarle un problema a Alice.
—Está preocupada por Eilan —le dijo, con el fin de defenderla—. No quiere que siga viviendo con temor. Y, dice que si Eilan, nos ve —Edward dudó un poco, pero al final suspiró—... siendo amigos, él cambiará algo la conducta hacia hacia los hombres y ya no tendrá más miedo.
Isabella abrió la boca, molesta, ofuscada y, culpable. Ella no podía reclarmarle a Alice el que fuera una metiche, cuando se estaba preocupando por su hijo, más de lo que lo hacia ella. Así que, le bajó 2 a su calentera, y asintió.
—Alice me dijo que la escuela donde estudia Anabela, queda por aquí cerca.
Edward soltó el aire que no sabía que estaba conteniendo, agradeciendo que Alice hubiera tenido toda la razón, cuando le dijo que las cosas iban a salir bien si él decidía hablar con Isabella con respecto a Eilan.
—Sí, a unas cuadras. Si quieres puedo enviarte la ubicación por teléfono. —le ofreció —. Y también puedo hablar con la maestra de Anabela para que acepte a Eilan en su salón. Eso le ayudará mucho en adaptarse.
—Gracias. —dijo Isabella, sin saber qué más decir.
Edward, intuyendo su incomodidad, le dijo que no había de qué, y se retiró poco a poco, a su lugar de descanso.
