Los personajes de S.M. no me pertenecen, yo solo los tomo prestados.
Capítulo 28
1.-
—Y recuerda, mi amor. La maestra Ángela tiene mi número de teléfono. Es solo que tú le digas que me avise si ya no quieres estar aquí, y ella me dirá a mí, y yo vendré corriendo a buscarte. —Isabella le dijo a Eilan, que esperaba ansioso a que su mamá se fuera.
Ángela, la maestra, rodó los ojos ante el comportamiento infantil de la madre del pequeño, quien solo asintió y entró al salón, muy seguro de querer estar allí.
A Isabella se le apretujó el pecho cuando Eilan se dio la vuelta, dándole la espalda, haciéndole entender que no la necesitaba para nada. Aún así, antes de marcharse, le dejó dicho a la maestra del niño que le avisara cualquier inconveniente.
Al salir del edificio, se encontró con Edward, que traía a su hija a la escuela, y la dejaba entrar sola, para que fuera hasta el salón sin él.
Isabella sintió una vocesita fastidiosa, reprendiéndola porque ella no había hecho lo mismo con su hijo, a pesar de que la directora le había dicho que este proceder haría que los pequeños fueran más independientes, haciéndolos más seguros de sí mismos, pero Isabella le dijo que Eilan lloraría cuando lo dejara solo en la escuela sin ella, que ella debía acompañarlo hasta la puerta de su salón, para que no sintiera que lo estaba abandonando.
La que iba llorando era ella.
Se limpió las lágrimas con algo de vergüenza cuando Edward avistó su presencia y la saludó.
2.-
Edward besó la mejilla de Anabela, quien entró al colegio. Antes de darse la vuelta y dirigir su camino hacia su trabajo, observó que Isabella estaba saliendo de la escuela. No supo cómo reaccionar, ya que, a pesar de que era su jefa, no tenía una relación un poco más estrecha como con su amiga Alice. Sin embargo, no podía nada más irse sin siquiera dirigirle el saludo, cuando se conocían. Así que solo movió su cabeza, a modo de hacerle ver que la había notado y, faltándole a ella poco para alcanzarlo, se dio la vuelta y comenzó a caminar, sintiéndose nervioso porque obviamente sabía que ella se dirigía en su misma dirección, detrás de él.
Rodando los ojos, Edward aminoró su andar.
—Buenos días. —dijo, cuando ella al fin lo alcanzó.
—Eh, buenos días. —dijo ella, quien siguió sus pasos, como si él fuera un desconocido y no su empleado.
A Edward, no sabe por qué, pero le molestó de sobre manera su comportamiento. Así que la alcanzó en dos zancadas, adelantándola, esta vez, haciendo como si fuera él que no la conocía a ella.
Sin embargo, a Isabella no le podía importar menos su proceder, ensimismada con la preocupación de haber dejado a Eilan, solo, en un lugar desconocido. Sintiendo que no podía más con el peso de la preocupación, Isabella se dio la vuelta, con la decisión de ir a buscar a su pequeño hijo.
Edward no se dio por enterado de esto, y llegó a la repostería, que ya se encontraba abierta, siendo Alice la que la había abierto, en ausencia de Isabella.
Entró al local y Alice salió en seguida a abrirle la reja para que entrara hasta la cocina.
—Buenos días, Edward. —le saludó como de costumbre, procediendo a cerrar la reja de nuevo, pero él la detuvo.
—Isabella no tarda en llegar. Venía detrás de mí.
—Ah. —asintió Alice, dejando abierto.
Los dos entablaron conversación mientras esperaban que apareciera su jefa, pero los minutos pasaron y esta no apareció.
—Como que se está tardando. —observó Alice, con creciente preocupación.
—Iré a ver. —dijo Edward, cruzando la reja. Al salir de la repostería, no divisó a Isabella. Volvió a entrar—. No se ve por ningún lado.
Alice se preocupó más.
—¿Le habrá pasado algo?
Edward también comenzó a preocuparse.
Alice sacó su teléfono, buscando el contacto de su amiga. Sin embargo, cuando marcó, esta no contestó.
—No contesta. —dijo Alice. Ambos se miraron con temor de que ha Isabella le hubiera pasado algo y, Edward, se sintió culpable de haberla adelantado hace un rato. Si él hubiera ido detrás de ella, quizá hubiera evitado que a Isabella le sucediera algo, como estaba pensando que le había sucedido.
Sus almas volvieron a sus cuerpos cuando la puerta de la repostería se abrió, dejando entrar a una Isabella, jadeante, con Eilan en brazos.
