El bosque estaba en calma nuevamente, aunque el suelo alrededor de ellos había quedado marcado por su combate. Fragmentos de roca y ramas rotas daban testimonio de la intensidad de su lucha, pero ni Pan ni Trunks parecían preocupados por ello. Ambos estaban sentados en el suelo, apoyados contra un tronco caído, recuperando el aliento.
Pan miraba al horizonte, con su cabello suelto cayendo en mechones desordenados por el entrenamiento. Una leve sonrisa curvaba sus labios, aunque sus pensamientos estaban lejos de la calma que mostraba su rostro.
Trunks por su parte, observaba a Pan de reojo. Nunca antes se había permitido mirarla de esa manera, con tanta atención. Los años habían sido amables con ella. Su figura era atlética y al mismo tiempo tan femenina y fuerte.
Esa cintura…. esas piernas.
Trunks tragó saliva cuando se percató que Pan aún recuperaba el aliento, lo que hacía que su pecho subiera y bajara, el entrenamiento había provocado que su camisa se rasgara provocando así un escote involuntario.
¿Pero que carajos? ¡Es Pan la hija de Gohan! La sobrina de Goten, tu mejor amigo—pensó
Pero ¡demonios! ¿como tenerla en frente y no verla?
Y luego estaban esos ojos: oscuros, profundos y llenos de una pasión e intensidad que le atraían.
En algún punto Trunks pasó de mirarla de reojo a mirarla descaradamente, al parecer más embobadamente de lo que le hubiera gustado.
—¿Por qué me miras así? —preguntó Pan de repente, sin girarse hacia él.
Trunks se tensó, atrapado en el acto.
—¿Así cómo?
—Como si estuvieras sorprendido de verme. —respondió ella, girando la cabeza para mirarlo directamente.
Él sostuvo su mirada por un momento antes de responder.
—Supongo que lo estoy. Han pasado años, y... no sé, es como si te hubiera dejado de conocer.
—Eso pasa cuando desapareces. —dijo Pan, con un tono que intentaba ser despreocupado, pero que no lograba ocultar la punzada de dolor detrás de sus palabras.
—Sé que no tengo excusa. Estaba tan metido en mis responsabilidades que no me di cuenta de todo lo que estaba dejando atrás. —Trunks desvió la mirada hacia el suelo, sintiéndose culpable una vez más.
Pan dejó escapar una risa seca.
—Eso ya lo noté. Pero, ¿sabes? Dejé de esperarte hace mucho.
La declaración lo golpeó más fuerte de lo que esperaba. Trunks levantó la mirada hacia ella, buscando algo en su rostro que lo contradijera, pero Pan mantenía su expresión firme.
—¿De verdad lo hiciste? —preguntó él, en voz baja.
Un recuerdo de su asistente diciéndole que una niña lo había ido a ver a su oficina mientras regresaba de un largo viaje de negocios, le golpeó en el estómago.
¿Porque lo había permitido? ¿Porque había desaparecido de su vida por completo?
Pan había tratado de incluirlo en su vida y le enviaba invitaciones de sus fiestas de cumpleaños, eventos escolares, incluso de sus torneos.
Y él no había podido encontrar tiempo para ninguno de ellos.
Ni siquiera para su graduación.
Después de algunos años eventualmente había dejado de insistir.
El era su mejor amigo, lo sabía. Aquel viaje en la nave los había conectado de una manera especial. Él era para ella alguien en quien confiaba y con quien sabía que podía contar y él le había fallado. Le había causado dolor, lo podía ver. Esos ojos tan oscuros y hermosos, estaban cargados de dolor cuando lo veía.
Pan apretó los labios, evitando responder directamente. No podía mentirle, no cuando todavía sentía aquel nudo en el pecho cada vez que lo miraba.
—No importa. —dijo finalmente, encogiéndose de hombros—. Las cosas son como son.
El silencio volvió a instalarse entre ellos. Trunks no tenía palabras y tampoco una excusa suficiente para aquello.
Le había fallado.
—Bueno, ya que estás aquí, supongo que podríamos hablar. —dijo ella, su tono despreocupado, tratando de restarle importancia. Aunque en el fondo sentía la tensión de los años de distancia entre ambos.
Trunks asintió y se sentó de nuevo en el tronco caído, haciendo un gesto para que Pan lo acompañara. Ella lo hizo, aunque mantuvo algo de distancia y él lo notó.
— Entonces... ¿qué has estado haciendo estos años? —preguntó Trunks, rompiendo el silencio.
—No mucho. Entrenar con papá, ayudar a limpiar algunos planetas, cosas así. —Pan se encogió de hombros, mirando al cielo teñido de naranja.
—¿Limpiar planetas? —repitió Trunks, intrigado.
—Papá es el protector de la Tierra, pero a veces lo llaman desde otros planetas. Ya sabes, amenazas alienígenas, dictadores galácticos, lo de siempre. —Respondió ella con una sonrisa que ocultaba un dejo de tristeza—. Es increíble, ¿sabes? Papá ha alcanzado un nivel que incluso Goku ni Vegeta habrían imaginado. Es fuerte, pero también calmado, siempre buscando evitar peleas innecesarias. Pan sonrió con orgullo al hablar sobre su padre — Aunque la verdad es que creo que se preocupa demasiado por mí.
—Eso suena muy del estilo de Gohan —Trunks sonrió, imaginándose a Gohan tratando de equilibrar su papel de protector con el de padre.
—¿Y tú? —preguntó ella, cambiando el tema—. ¿Qué has estado haciendo además de... ya sabes, ser el playboy favorito de redes sociales?
Trunks se tensó ligeramente, aunque trató de disimularlo con una sonrisa despreocupada.
—Oh, ¿has estado siguiendo mis hazañas?
Era claro que él había tenido otras prioridades y Pan lo sabía. Nuevamente Trunks sintió culpa y se odió por eso. Había sido tan egoísta.
—Es difícil no enterarse cuando tu cara aparece en cada portal de chismes. —respondió Pan, arqueando una ceja con fingida seriedad.
Él suspiró, rindiéndose.
—Está bien, lo admito. He salido con algunas personas, pero nada realmente serio. Entre la Capsule Corporation y... bueno, otras cosas, no he tenido tiempo para pensar en relaciones.
—¿"Otras cosas"? —repitió Pan, con una sonrisa sarcástica—. ¿Eso incluye fiestas y escándalos?
—Quizás. —dijo él, encogiéndose de hombros, aunque su tono delataba culpabilidad—. Pero ya sabes cómo es la prensa. Exageran todo.
Pan soltó una risa breve.
—No creo que exageren tanto cuando tú mismo posas para las fotos.
—Touché. —respondió Trunks, levantando las manos en un gesto de rendición.
Un breve silencio cayó entre ellos antes de que Trunks volviera a hablar.
—¿Y tu? ¿Hay alguien en tu vida? —preguntó. Por alguna razón guardaba un poco de esperanza en que ella dijera un no como respuesta.
La pregunta tomó a Pan por sorpresa. Sus mejillas se sonrojaron levemente, y desvió la mirada antes de responder.
—Sí, estoy saliendo con alguien. O bueno algo así.
Trunks sintió una punzada de celos, algo que lo tomó completamente por sorpresa.
Sus músculos se tensaron ligeramente, pero mantuvo su expresión neutral.
—¿Algo así?
—Sí. Es una relación nueva—respondió ella, mirando al suelo mientras jugaba con un mechón de su cabello—. Se llama Haru. También es un guerrero, ahora trabaja con papá, aunque en realidad nos conocimos en el torneo del año pasado y... bueno, el es increíblemente dedicado.
—¿Dedicado? —repitió Trunks, su tono más bajo de lo que pretendía.
Pan asintió, con una leve sonrisa.
—Sí. Me hace sentir segura, y tenemos muchas cosas en común. Pero...
Trunks la observó con atención, esperando que continuara.
—¿Pero? —insistió.
Pan suspiró, sin levantar la mirada.
—A veces siento que no soy su prioridad. Pero él es… —dijo Pan, con la voz apenas en un susurro.
Trunks frunció el ceño, notando el leve temblor en su tono.
¿Quién podría no tratarla como su prioridad?—pensó mirándola intensamente y luego se acordó— ¡Hipócrita! Eres un hipócrita.
Pan dudó un momento antes de continuar.
—…un buen hombre, Trunks. No podría pedir alguien más leal o noble... pero siempre está tan concentrado en su trabajo, en cumplir con las expectativas de papá. A veces parece que lo que siente por mí está en segundo plano.
Trunks observó atento el rostro de Pan. Había algo extraño en escucharla hablar de otro hombre con tanto afecto y, al mismo tiempo, con esa tristeza velada.
—¿Y tú? —preguntó Trunks, tratando de sonar casual—. ¿Lo quieres?
Pan levantó la vista hacia él, sorprendida por la pregunta directa. Sus ojos oscuros se encontraron con los de Trunks, y por un instante se quedó sin palabras. Finalmente, asintió lentamente.
—Sí, lo quiero. Pero...
—Pero no estás completamente feliz. —dijo él, completando su frase.
Con Trunks siempre había sido así. Cuando era niña él parecía ser el único que la entendía.
Ella suspiró, asintiendo de nuevo.
—Supongo que esperaba algo más... intenso. Algo como lo que siempre imaginé cuando era niña.
Trunks sintió una punzada en el pecho. Decidió cambiar de tema, aunque sus pensamientos seguían atormentándolo.
—Bueno, parece que al menos tú tienes una relación estable. Yo, por otro lado... —rió brevemente, aunque no había mucho humor en su tono—. Creo que he perdido la cuenta de las veces que mi mamá me ha regañado por aparecer en internet con alguien nuevo.
Pan lo miró con una mezcla de burla y curiosidad.
—¿Y por qué no lo intentas? Algo más... serio, quiero decir.
Trunks se encogió de hombros, mirando al horizonte.
—No lo sé. Quizá porque nunca he encontrado a alguien que realmente me haga sentir... completo.
—¿Completo? —repitió Pan, con curiosidad, mientras lo observaba fijamente. La palabra había resonado en su mente de una manera extraña. Parecía tan profunda para alguien tan determinado como Trunks, alguien que siempre se había mostrado tan seguro de sí mismo.
Trunks se pasó una mano por el cabello, un ademán muy característico en el.
—Sí, completo. —dijo finalmente, mirando al frente, al paisaje que ya se oscurecía con el atardecer—. He estado buscando algo, algo que me haga sentir que mi vida tiene un propósito más allá de los negocios o las fiestas. Algo que me dé paz, que me haga sentir que realmente estoy viviendo, no solo existiendo.
Pan se quedó en silencio, sintiendo una extraña conexión con lo que acababa de decir. Era una sensación que, aunque no la había compartido explícitamente con nadie, también la había estado buscando. No solo en sus entrenamientos o en su vida diaria, sino en algo más profundo, algo que la hiciera sentir verdaderamente feliz y realizada.
—Y... ¿todavía lo estás buscando? —preguntó Pan, su voz suave pero cargada de una curiosidad genuina.
Trunks la miró a los ojos, sus expresiones ahora más sinceras.
—No estoy seguro. Creo que... quizá lo estaba buscando en el lugar equivocado. Quizá lo que necesito está justo frente a mí, solo que no lo he visto.
Pan sintió su corazón latir más rápido de lo que habría querido admitir. Las palabras de Trunks, su tono y la intensidad de su mirada, la hicieron sentir una mezcla de sorpresa y una pequeña chispa de esperanza. Pero no dijo nada, solo desvió la mirada y continuó caminando, como si todo fuera parte de una conversación trivial.
Pan miró a Trunks y esbozó una pequeña sonrisa, aunque había algo más en sus ojos, una mezcla de nostalgia y melancolía.
—Algunas cosas no cambian, ¿sabes? —dijo ella suavemente, como si estuviera hablando tanto para él como para sí misma.
Trunks la observó, intrigado por el repentino cambio de tono.
—¿A qué te refieres?
Ella apartó la mirada por un momento, jugando con un pequeño fragmento de roca en el suelo.
—Siempre he sentido que podía hablar contigo, incluso cuando eras un desastre de amigo. —Su tono era ligero, pero la sinceridad detrás de sus palabras lo golpeó.
Trunks dejó escapar una leve risa, aunque su mirada permanecía seria.
—¿Un desastre de amigo? Eso es un poco cruel, ¿no crees?
—Solo un poco. —Pan sonrió, pero luego su expresión se suavizó—. ¿Recuerdas cuando tenía seis años y estaba llorando porque había fallado en ese torneo de artes marciales infantiles?
Trunks frunció el ceño, intentando recordar. Entonces, la imagen de una pequeña Pan, con los ojos llenos de lágrimas y los puños apretados, apareció en su mente.
—Sí. —respondió finalmente—. Te escondiste detrás de la nave, lejos de la vista de todos.
Pan asintió, su sonrisa ahora teñida de ternura.
—Estaba tan enojada conmigo misma… y tú viniste. Te sentaste a mi lado y no dijiste nada al principio. Solo me diste ese maldito helado de fresa y me dijiste que los guerreros más fuertes también fallan a veces.
Trunks sonrió, recordando el momento con claridad ahora.
—Y luego me gritaste porque pensaste que estaba subestimando tus habilidades.
—Porque lo hiciste. —dijo Pan con una risa breve, aunque su mirada era cálida—. Pero… ese día significó mucho para mí. Me hiciste sentir que estaba bien fallar, que no tenía que ser perfecta todo el tiempo.
Trunks bajó la mirada, un poco avergonzado.
—No sabía que ese momento había sido tan importante para ti.
—Lo fue. —Pan lo miró directamente—. Y… a pesar de todo, creo que siempre has sido ese lugar seguro para mí. Incluso cuando desapareciste, cuando me dolía no tenerte cerca, siempre tuve la certeza de que, si algún día volvías, podría hablar contigo como si nada hubiera cambiado.
Trunks sintió un nudo en la garganta ante sus palabras. Quería decirle que sentía haberla dejado atrás, que lo lamentaba profundamente, pero en ese momento las palabras no parecían suficientes.
—Gracias por confiar en mí, Pan. —dijo al final, su voz cargada de emoción—. Prometo no volver a fallarte.
Pan sonrió, sus ojos brillando con un leve destello de emoción.
—Eso espero, Trunks. Porque algunas cosas no cambian, y no me gustaría perder eso.
Ambos se quedaron en silencio por unos instantes, el bosque alrededor de ellos susurrando con el suave murmullo del viento. Aunque mucho había cambiado entre ellos, en ese momento se sintieron como los mismos Pan y Trunks que habían sido siempre, conectados por un vínculo que ni el tiempo ni la distancia podían romper.
