El reencuentro en el bosque había despertado algo en Trunks y Pan, algo que ambos intentaban ignorar, pero que los seguía en cada momento de sus rutinas diarias. Aunque sus vidas parecían avanzar por caminos separados, las emociones que habían resurgido entre ellos se resistían a ser enterradas.
La oficina principal de Capsule Corporation, una torre moderna que dominaba el paisaje de West City, reflejaba la innovación y el poder de la familia Briefs. Trunks, a sus 30 años, era el rostro de la compañía. Inteligente, disciplinado y decidido, llevaba sobre sus hombros las expectativas de generaciones pasadas, pero no siempre encontraba satisfacción en el éxito que lo rodeaba.
Esa mañana, entró en la sala de juntas acompañado por Goten, su mano derecha y amigo inseparable desde la infancia. Con un traje gris oscuro perfectamente entallado, su camisa blanca ligeramente desabrochada y su cabello lila peinado con un aire natural, Trunks emanaba carisma y autoridad. Sin embargo, quienes lo conocían bien, como Goten, podían notar la tensión detrás de su mirada.
—¿Estás bien, Trunks? —preguntó Goten durante un descanso, mientras revisaba algunos documentos con actitud despreocupada.
—Claro, ¿por qué no habría de estarlo? —respondió Trunks, sin apartar la vista de los reportes frente a él.
—Porque estás más distraído de lo normal. —Goten le lanzó una mirada inquisitiva—. ¿Esto tiene que ver con Pan?
Trunks levantó la vista de golpe, sorprendido.
—¿Cómo sabes que la vi?
—Porque soy su tío favorito, y me lo contó —Goten sonrió con suficiencia pero después agregó: —Solo bromeaba aunque no es mentira lo de ser su favorito. En realidad sentí sus ki interactuar.
Trunks suspiró, cruzándose de brazos.
—Sí, fue… inesperado.
—¿Inesperado? ¿Por qué lo dices así? —insistió Goten, divertido—. ¿Te sorprende que haya crecido?
—Creció demasiado. —admitió Trunks, su voz teñida de una mezcla de nostalgia y algo más profundo.
—Bueno, no debería sorprenderte. Es como Gohan, pero con un poco más de carácter. Y, por cierto, ¿sabías que tiene novio?
Trunks lo miró, fingiendo desinterés.
—Me contó ayer.
—Sí, Haru. Es uno de los chicos del equipo de Gohan. Es un buen tipo, pero… no sé. Es demasiado calmado para Pan.
Trunks no respondió de inmediato. En su mente, trataba de imaginarse a Pan con otro hombre, y algo dentro de él se revolvía. Goten cambió de tema, notando la incomodidad de su amigo.
—Por cierto, la biblioteca que inauguraremos hoy está en la universidad de Pan.
El comentario tomó a Trunks por sorpresa. No tenía idea de que ese evento lo pondría de nuevo cara a cara con ella tan pronto.
Aunque después de todo ya no tenía que inventar una excusa para verla.
…
En la casa Son, Pan se preparaba para su jornada universitaria. Su cabello negro, largo hasta la cintura, estaba recogido en una coleta alta que resaltaba sus facciones juveniles. Vestía unos jeans oscuros que marcaban perfectamente sus caderas y un crop top blanco.
Mientras colocaba sus libros en la mochila, Gohan entró en la cocina. Su porte siempre era imponente, y aunque intentaba mantener un tono relajado, la carga de ser el protector de la Tierra se reflejaba en sus ojos.
—¿Lista para la universidad? —preguntó mientras servía café.
—Como siempre. —respondió Pan, sentándose a desayunar rápidamente—. ¿Y tú? ¿Listo para salvar el mundo otra vez?
Gohan sonrió con calma.
—Hoy no hay amenazas, pero tengo que entrenar con el equipo.
El equipo de Gohan incluía a Haru, quien apareció en ese momento entrando por la puerta principal. Con su cabello largo y negro ligeramente desordenado y sus intensos ojos verdes, era imposible no notarlo. Vestía su uniforme de entrenamiento, un diseño ajustado en negro y azul oscuro que destacaba su físico trabajado. La insignia del escuadrón en su pecho parecía brillar con una intensidad que solo aumentaba su presencia.
Pan lo observó en silencio mientras ajustaba su cinturón tecnológico y se aseguraba de que las botas metálicas estuvieran perfectamente colocadas. Haru siempre tenía ese aire de confianza tranquila, como si estuviera completamente preparado para cualquier cosa.
Ese uniforme tenía un significado especial. Haru lo había recibido el fin de semana, cuando logró subir de nivel como guerrero tras un arduo entrenamiento bajo la supervisión de Gohan. No era cualquier atuendo; era un símbolo de que había sido reconocido oficialmente como parte del núcleo principal del escuadrón. Pan había estado allí cuando su padre le entregó el uniforme en una pequeña ceremonia, explicándole que su fuerza y dedicación lo hacían digno de portar el traje.
Aunque Haru no era del tipo que se emocionara abiertamente, Pan había notado su orgullo al recibirlo. Era un honor que no se otorgaba a cualquiera, y Haru se había ganado su lugar a pulso.
—Buenos días, señor Gohan. Buenos días, Pan. —saludó, inclinando ligeramente la cabeza.
—¿Lista? —preguntó Haru con una sonrisa mientras tomaba la mochila de Pan con un gesto casual, como si fuera lo más natural del mundo cargarla por ella.
—Sí, gracias. —respondió Pan, aunque su mente estaba en otro lugar.
Haru era todo lo que alguien podría desear: apuesto, amable, protector y devoto. Pero mientras él le dedicaba esa sonrisa que podía derretir corazones, Pan no podía evitar sentirse atrapada en una confusión interna. Había algo en su relación que no terminaba de encajar. Era estable, sí, pero carecía de la intensidad que ella siempre había soñado.
Pan cruzó los brazos, observándolo mientras terminaba de ajustar sus guantes. No podía negar lo bien que le quedaba el uniforme del escuadrón. Ajustado lo suficiente como para resaltar su figura atlética, pero con la funcionalidad que demostraba su preparación como guerrero. La placa en su hombro izquierdo, grabada con el kanji de "coraje", era un toque que realmente lo definía.
—Te queda bien—dijo ella finalmente, intentando mantener su tono neutral.
Haru levantó la mirada, sorprendido por el comentario, y esbozó una sonrisa divertida.
—¿Solo bien?
Pan rodó los ojos, reprimiendo una pequeña risa. Haru siempre tenía esa forma de suavizar su mundo, de hacerla sentir segura. Pero esa seguridad no llenaba el vacío que sentía, ese anhelo de algo más profundo.
—Está bien, te ves genial. ¿Contento? —añadió, con un leve toque de sarcasmo en su voz.
Él rió mientras terminaba de ajustarse el uniforme.
—¿Eso es un cumplido de verdad, Pan? Porque creo que puedo sacar algo mejor de ti si lo intento.
Ella negó con la cabeza, dándole un leve golpe en el brazo al pasar junto a él. Pero mientras se alejaba, no pudo evitar pensar que el uniforme le quedaba perfecto. No solo porque lucía bien en él, sino porque parecía como si hubiera nacido para llevarlo. Y aunque Haru irradiaba todo lo que alguien podría desear en un compañero, Pan sabía que algo faltaba entre ellos. Algo que, por más que intentara ignorarlo, siempre estaba allí, en el fondo de su mente.
…
La universidad estaba llena de actividad mientras los estudiantes y profesores se reunían para presenciar la inauguración de la nueva biblioteca donada por Capsule Corporation. Pan caminaba entre la multitud, atrayendo miradas por su belleza natural y su confianza innata.
Cuando llegó al evento, levantó la vista y lo vio: Trunks estaba de pie frente al podio, rodeado por un pequeño séquito y periodistas. Vestía un traje gris claro que acentuaba su porte elegante, y su presencia imponente dominaba el lugar.
Sin embargo, a pesar de su aparente serenidad, Trunks sentía algo completamente nuevo para él: nervios. Sabía que ella estaría allí, y aunque siempre había sido seguro de sí mismo, la idea de verla lo había inquietado más de lo que estaba dispuesto a admitir. Esa sensación inesperada lo había acompañado desde que dejó Capsule Corporation esa mañana, y ahora, al cruzar miradas con Pan, lo entendía. Era ella.
A su lado, Goten le dio un leve codazo, esbozando una sonrisa traviesa.
—Relájate, Trunks. Solo es Pan.
Trunks no respondió, intentando concentrarse en el discurso que estaba a punto de dar. Pero mientras hablaba desde el podio, con la multitud aplaudiendo y los flashes de las cámaras capturándolo todo, no podía evitar buscarla con la mirada. Cada vez que sus ojos la encontraban entre la multitud, sentía su corazón acelerarse.
Goten, mientras tanto, se quedó rezagado al fondo, levantando la mano y saludando alegremente a Pan desde lejos.
—¡Hey, Pan! —gritó, ganándose algunas miradas curiosas de los estudiantes alrededor.
Pan sonrió y le devolvió el saludo con una pequeña inclinación de cabeza, aunque rápidamente volvió su atención a Trunks, quien había terminado su discurso y comenzaba a bajar del podio.
Decidido a enfrentar la situación, Trunks se abrió paso entre la gente hasta llegar a ella.
—Pan. —dijo, su voz cálida y ligeramente más baja de lo habitual, con una sonrisa que intentaba disimular el torbellino de emociones en su interior.
—Trunks. —respondió ella, tratando de sonar tranquila, pero su voz tembló ligeramente.
Antes de que pudieran decir más, Haru apareció junto a Pan, extendiendo la mano hacia Trunks con entusiasmo.
—Es un honor conocerlo, señor Briefs.
Trunks estrechó su mano, percibiendo la firmeza en el apretón de Haru y la manera en que se mantenía cerca de Pan.
—El gusto es mío.
Haru sonrió, ajeno a la tensión que comenzaba a formarse. Mientras los tres conversaban, Trunks no podía evitar observar la cercanía entre Haru y Pan. Cada vez que Haru hablaba o miraba a Pan, una punzada de celos recorría al empresario, una sensación nueva y desconcertante para alguien como él, acostumbrado a mantener el control.
Pan, por su parte, se debatía entre la comodidad de la presencia de Haru y la intensidad de los sentimientos que despertaba Trunks. Había algo en la forma en que él la miraba, algo tan honesto y vulnerable, que la hacía cuestionarse todo.
Mientras observaba a Haru, tan seguro, tan constante, Pan no pudo evitar sentirse agradecida por la estabilidad que él le ofrecía. Haru era un refugio, alguien en quien podía confiar sin titubeos. Sin embargo, el simple hecho de estar frente a Trunks, con su aura magnética y su capacidad para despertar emociones que no había sentido en años, desmoronaba todo lo que creía seguro.
Con Haru había paz, una tranquilidad que debería satisfacerla. Pero con Trunks, el caos despertaba dentro de ella, arrastrándola hacia un torbellino de sentimientos confusos y, a la vez, irresistibles. Ese caos, peligroso e impredecible, la atraía de una manera que no podía ignorar, no importa cuánto lo intentara.
