En un claro más alejado, Bra y Goten habían llegado a un sendero que los condujo a un bosque de bambú. Los altos tallos verdes se alzaban a su alrededor, creando un túnel natural por el que se filtraba la luz del sol en haces dorados. El aire era fresco y tranquilo, impregnado con el suave crujir de las hojas moviéndose con la brisa.

—Esto es increíble —susurró Bra, dejando que sus dedos rozaran los tallos de bambú mientras caminaba, como si quisiera absorber la calma del lugar.

Goten, que caminaba a su lado, ladeó la cabeza, mirándola con una sonrisa traviesa.

—¿Increíble? Pensé que a ti nada te impresionaba. ¿Qué pasó con la Bra que siempre dice que todo es aburrido?

Bra se giró hacia él, cruzando los brazos mientras lo fulminaba con la mirada, aunque una sonrisa comenzaba a formarse en sus labios.

—No todo es aburrido, Goten. Sólo cuando estoy contigo.

—Auch, eso dolió. —Goten llevó una mano al pecho, fingiendo estar herido, mientras una risa divertida escapaba de sus labios—. Pero está bien. Puedo sobrevivir, creo.

Bra soltó una risa ligera, disfrutando de la manera en que Goten siempre encontraba formas de hacerla sonreír.

—Deberías considerarte afortunado. No todos tienen el privilegio de disfrutar de mi compañía en un lugar como este.

—Ah, claro, el privilegio de ser insultado por Bra Briefs. Qué afortunado soy. —Goten arqueó una ceja, pero la mirada cálida que le dirigió contrastaba con el tono sarcástico de su voz.

Bra sacudió la cabeza, divertida, y siguió caminando hasta que encontró una roca plana cerca del arroyo. Se sentó con gracia, dejando que sus piernas colgaran, y jugueteó con una flor silvestre entre sus dedos mientras lo miraba de reojo.

—Sabes, hay algo que siempre pasa en lugares como este.

Goten se acercó, inclinando la cabeza mientras la observaba con curiosidad.

—¿Ah, sí? ¿Y qué es? ¿Los mosquitos gigantes? ¿O te refieres al miedo de que un oso nos ataque?

Bra rodó los ojos, pero no pudo evitar reírse.

—No, tonto. Estoy hablando de algo más… romántico.

—¿Romántico? —repitió Goten, llevándose una mano al mentón como si estuviera reflexionando profundamente—. ¿Te refieres a cuando alguien tropieza y cae de cara frente a su cita?

—Siempre que hay un paisaje bonito como este —lo interrumpió Bra, ignorando deliberadamente su comentario—, siempre hay un beso.

Goten se quedó en silencio por un momento, sorprendido por sus palabras. Luego, dejó escapar una risa nerviosa, llevándose una mano a la nuca.

—¿Eso es lo que dicen?

—Eso es lo que yo digo. —Bra lo miró con una mezcla de desafío y coquetería, inclinándose ligeramente hacia él.

Goten la observó detenidamente. Había algo en la manera en que su cabello azul caía sobre sus hombros, en la forma en que sus ojos brillaban bajo la luz que se filtraba entre los bambúes, que la hacía imposible de ignorar. Su corazón comenzó a latir más rápido, y por un momento, todas las bromas quedaron atrás.

Bra, por su parte, notó cómo la mirada de Goten cambiaba, volviéndose más intensa, más sincera. Sintió un calor que la envolvía, algo que iba más allá del ambiente tranquilo del bosque. Aunque siempre había sido segura de sí misma, la cercanía de Goten la hacía sentir una mezcla de emoción y vulnerabilidad que no estaba acostumbrada a experimentar.

—Bueno… —Goten rompió el silencio, sonriendo mientras daba un paso hacia ella—. Supongo que no soy quien para discutir con la experta.

Bra sonrió, cerrando los ojos ligeramente mientras él se inclinaba hacia ella. Cuando sus labios finalmente se encontraron, el mundo pareció detenerse. El beso comenzó suave, lleno de una dulzura que ambos no esperaban, pero rápidamente se llenó de una calidez que los hizo olvidar dónde estaban. El crujir de las hojas, el murmullo del arroyo, todo quedó en un segundo plano mientras se dejaban llevar por el momento.

Para Bra, el beso fue como una chispa que encendía algo profundo dentro de ella, algo que siempre había sentido, pero nunca había permitido salir. Y para Goten, fue como encontrar una respuesta que no sabía que estaba buscando, una sensación de plenitud que lo desarmaba por completo.

Cuando finalmente se separaron, ambos se miraron, sus rostros todavía cerca, mientras intentaban recuperar el aliento.

—Bueno… —Goten rompió el silencio, con una sonrisa ladeada—. Esto fue… inesperado.

Bra arqueó una ceja, divertida.

—¿Inesperado? Pensé que eras todo un experto en esto.

—No cuando hay una posibilidad de que tu papá nos esté siguiendo desde los arbustos. —Goten miró a su alrededor, como si esperara ver a Vegeta aparecer en cualquier momento, y luego se echó a reír.

Bra lo golpeó suavemente en el brazo, aunque una sonrisa divertida apareció en su rostro.

—Eres un idiota, ¿lo sabías? Mi papá tiene mejores cosas que hacer que espiarnos… creo.

—¿Crees? —Goten puso una expresión de falsa alarma mientras daba un paso atrás—. ¡Genial! Ahora no sólo estoy besando a su hija, sino que probablemente ya estoy en su lista negra!

Bra rió, disfrutando de su reacción exagerada, y avanzó con esa gracia natural que siempre ponía a prueba la paciencia de Goten. Lo tomó del brazo antes de que pudiera alejarse más y lo atrajo hacia alla con descaro.

—Tranquilo, Goten. Mi papá puede ser muchas cosas, pero sabe que yo sé cuidarme sola.

—Claro que lo sabe. —Goten dejó caer su tono bromista por un momento, mirándola con una mezcla de seriedad y admiración—. Y creo que por eso me da más miedo. Él sabe que eres capaz de todo, y no creo que vea con buenos ojos que un simple mortal como yo ande... ¿cómo decirlo? A tu lado.

Bra arqueó una ceja, con una sonrisa que mezclaba desafío y coquetería.

-¿Simple mortal? —repitió, acercándose aún más y mirándolo a los ojos con intensidad-. Por favor, Goten, no te hagas el modesto. Ambos sabemos que no eres cualquier chico.

Goten dejó escapar una risa ligera, aunque el calor en su cuello lo traicionaba. Se encogió de hombros, fingiendo indiferencia.

—Bueno, si tú lo dices, me lo creeré.

Ella volvió a reír, dejando que sus dedos se entrelazaran brevemente con los de él antes de apartarlos con una gracia burlona.

—Y no te preocupes por mi papá. Si decide venir, yo me encargo de él. Tú sólo preocúpate de no arrepentirte de lo que acabamos de hacer.

Goten arqueó una ceja, fingiendo estar ofendido.

—¿Arrepentirme? Para nada. Aunque... —hizo una pausa dramática y miró hacia los bambúes—, si sale de ahí con los brazos cruzados y esa mirada de "te voy a desintegrar", probablemente huiré.

-Oh, por favor. —Bra negó con la cabeza, pero lo hizo riendo. Luego, sin previo aviso, colocó sus manos en su pecho y lo empujó suavemente hacia atrás hasta que su espalda rozó un árbol de bambú. Lo miró con picardía, inclinando un poco la cabeza—. ¿Sabes, Goten? Con un beso no será suficiente.

Antes de que pudiera responder, ella cerró la distancia, presionando sus labios contra los de él con confianza y una suavidad que lo dejó sin aliento. La intensidad del momento lo envolvió; no podía pensar en nada más que en el movimiento de sus labios, la calidez de sus manos y ese aroma tan increíble suyo que parecía impregnar y descontrolar todos sus sentidos.

Bra, por su parte, sintió la energía de Goten responder a la suya. Había un equilibrio perfecto entre su dulzura y la firmeza con la que la sostenía, como si no quisiera que el momento terminara jamás.

Cuando finalmente se separaron, ella mantuvo sus ojos cerrados un instante más, dejando que el aire se llenara de esa electricidad inconfundible.

Goten la miró con una sonrisa torcida, pero sus ojos brillaban con algo más profundo.

—Bueno... debo admitir que estar en la lista negra está valiendo

cada segundo.

Bra soltó una carcajada ligera, pasando un dedo por la tela de su camisa como si lo evaluara.

—Y apenas estamos empezando, Goten. Tienes suerte de que me gusten los chicos con buen sentido del humor.

—¿Y qué tanto cuenta sobrevivir al papá de la chica en tu lista de requisitos?

Bra hizo una pausa teatral, fingiendo pensarlo mientras lo miraba con descaro.

—Mmm... no está mal. Pero la verdadera prueba es si puedes seguirme el ritmo.

Goten rió, dejándose envolver completamente por su energía y magnetismo.

-Princesa de los bambúes, si eso significa estar contigo, estoy listo para cualquier cosa.

Ella levantó una ceja con satisfacción y se apartó con una sonrisa triunfante, dejando que sus dedos rozaran los de él antes de volver a caminar entre los altos bambúes.

-Entonces, sigamos. No todos los días tienes un paisaje como este ni a alguien dispuesto a arriesgarse tanto por mí.

Goten no dudó en seguirla, sus ojos todavía fijos en ella.

Mientras caminaban juntos, las sombras del bosque los envolvían, pero ambos sabían que el fuego que había comenzado entre ellos iluminaba mucho más que el atardecer que los rodeaba.