Tener y sostener

Spy x Family © Tatsuya Endo

Sinopsis: Las manos son un recurso poderoso para narrar una historia.


Twilight, ¿o…?


Pero el niño que alguna vez fue Twilight sabía que las cosas no eran tan fáciles. Todo lo que había tenido entre sus manos se deshizo con la guerra, y lo único que recordó después fue el peso de un arma, apretándola con fuerza mientras se preparaba para enfrentarse a sus enemigos.

No estaba haciendo nada diferente a lo que había comenzado todo. Las personas tomaron armas y dispararon; el enemigo respondió con más armas y atacó. Sin embargo, fueron las manos que se movían al ritmo de promesas de paz las que lo llevaron a elegir el camino del espionaje, un camino que, con el tiempo, lo obligó a renunciar a cualquier identidad propia.

Aprendió a tomar solo lo necesario y a dejar el resto, sin dejar rastro, sin marcar nada, sin aferrarse a nada. Cada vez que terminaba una misión, usaba sus manos para quitarse una máscara y seguir adelante con un ciclo interminable, uno que solo terminaría con su muerte o su desaparición.

Esas manos llevaban mucho tiempo sin sostener nada que pudiera considerar suyo.

Hasta que llegó la Operación Strix.

La primera vez que Twilight tomó las manos de Anya, llevaba puestos sus guantes. Eran parte de su traje, diseñados para evitar dejar huellas mientras cumplía su labor como espía. Sin embargo, cuando la rescató, todo fue diferente. Por primera vez, hubo un contacto directo, y tal vez fue ese gesto lo que hizo que ella se sintiera lo suficientemente segura como para decidir quedarse a su lado.

Cuando sostuvo las manos de Yor, ocurrió en medio de una propuesta poco convencional: con una granada en la mano y una explosión iluminando el fondo. A pesar de lo inusual del momento, fue la primera vez que hubo un destello de seriedad y sinceridad en un juramento hacia una mujer que formaba parte de su misión.

La llegada de Bond a la familia Forger coincidió con el momento en que Twilight empezaba a acostumbrarse a ser Loid: un hombre dedicado a darle a su hija la mejor educación, a apoyar a su esposa y a trazar la imagen de un doctor ejemplar ante la sociedad. Sus manos sobre el pelaje del perro no parecían notar ninguna diferencia, pero tal vez eran las palabras que le susurraba al acariciarlo las que dejaban una huella en la historia.

Lo que pasaba con sus manos adquirió un significado completamente nuevo para él. Ya no se trataba de armas ni documentos secretos, sino de sostener a Anya cuando tenía pesadillas, de darle un apretón a Yor en señal de apoyo cuando la rutina se volvía difícil, de cepillar a Bond y ver cómo se relajaba cuando lo hacía.

Sus manos, acostumbradas a tomar y dejar, aprendieron a sostener con cuidado, a proteger algo que le importaba.

Twilight no podía aceptar eso. Se había deshecho de todas sus ataduras el día en que se convirtió en espía. Así que, cada vez que sus manos no se sentían sucias ni contaminadas, apretaba los puños con fuerza, borrando los rastros cálidos.

Tenía que hacerlo. Por el bien de la paz mundial, por el bien de todos, por el bien de su propio deseo...

—¿Loid? —susurró Yor.

Se giró y, por un instante, el miedo lo envolvió como si volviera a ser un niño. Pero entonces, las manos de Yor se acercaron a él, llenándolo de una sensación que no había experimentado en mucho tiempo.

—Te dije que estoy bien —dijo, su voz sonando hueca—. Puedes estar tranquila, Yor.

—Papi es un mentiroso.

Loid observó a Anya, acostumbrado a manejar interrogatorios complejos, y no supo qué decir. En cambio, hizo lo único que no esperaba: dejó que la pequeña mano de su hija tomara la suya.

Intentó hablar, pero su voz estaba atrapada en su garganta. La calidez parecía aliviar la pesadez que lo envolvía. Incluso Bond se acercó a él, más allá de las chicas Forger, observándolo con esos ojos que parecían indagar en su interior, mientras una de sus patas se apoyaba en su rodilla.

—Loid, ¿estás seguro de que estás bien? —preguntó Yor con un tono que lo atravesó—. Si quieres, podemos ir al hospital.

—No, Yor… yo… —dijo, acariciando la mano de ella que todavía sostenía—. Creo que solo necesito descansar un poco más —agregó, mirando a Anya y levantándola para que estuviera en su regazo, acariciando a Bond antes de recostarse contra el sofá.

Anya, que seguía aferrada a su mano, miró con firmeza a su mamá.

—Tú también deberías descansar, mami —señaló, extendiendo su mano hacia ella.

Yor asintió con cierta duda, pero se acomodó contra el hombro de su esposo. Loid, por su parte, volvió a buscar la mano que había iniciado todo, incluso si eso estremeció a su esposa.

Twilight sabía que las cosas no eran tan simples, pero en ese momento comprendió que sus manos no solo eran armas y algo dentro de él luchaba contra todo lo que siempre había creído.


Nota de la autora: Ania, espero que el comienzo de esta historia te haya gustado. Me encantaría decir más, pero prefiero que lo descubramos juntas mientras leemos y reaccionamos. Eres una gran persona.

Ciao.