Harry estaba ansioso por la clase de hoy, mientras que Fawkes se mantenía alerta a su llamada. No le había contado a Draco ni a Severus lo que había planeado, y no quería romper su promesa con Storm.
—¿Vas a responder mis preguntas, Harry? —cuestionó Draco, algo impaciente.
—Lo haré pronto, Draco —prometió Harry, con una sonrisa—. Solo tenemos que ir con Severus primero.
—Será mejor que no me dejes con más preguntas que respuestas, Harry.
—Créeme, te encantará y todas tus preguntas serán respondidas —afirmó Harry, mientras entraba al laboratorio de Severus junto a Draco.
Severus los esperaba con su libro de investigación abierto.
—Hoy planeé que podríamos trabajar en una poción que he estado alterando. Es una combinación de la poción curativa y la poción para el dolor —informó, hojeando las páginas.
—Pues yo tenía pensado llevarlos a ti y a Draco a un lugar especial que responderá todas sus preguntas sobre ciertas escamas —dijo Harry, tratando de contener su emoción.
En ese momento, Amber asomó la cabeza por la puerta, asintiendo en señal de acuerdo.
—Quiero ver ese lugar por mí mismo —admitió Severus, cerrando su libro y guardándolo en el cajón.
Draco abrió los ojos con sorpresa, recordando que había leído sobre los basiliscos y que, según lo que sabía, todos en Gran Bretaña habían muerto.
—Fawkes —llamó Harry.
El ave fénix apareció de inmediato en el hombro de Harry.
—Agárrense —avisó Harry—. Fawkes nos llevará allí.
Sin hacer preguntas, Severus y Draco se sostuvieron firmemente, confiando en Harry.
—¿Dónde estamos? —inquirió Severus, observando la vieja sala y preguntándose si este lugar databa de antes de la construcción de Hogwarts, debido a la antigua mampostería—. ¿Cómo descubriste este lugar, Harry?
La habitación tenía algunos muebles antiguos bien conservados: un sofá marrón, dos sillas a juego y una mesa de roble envejecida. Una de las paredes contaba con estanterías empotradas llenas de libros.
—Esta es la Cámara de los Secretos y actualmente nos encontramos en la sala de estar de Salazar Slytherin —indicó Harry—. Storm nos está esperando allí con sus amigos —avisó, señalando una puerta al otro lado de la sala.
Severus nunca había esperado ver la Cámara de los Secretos; sabía muy bien que existía desde el día en que destruyeron ese malvado diario. Por otro lado, Draco miraba con grandes ojos la sala, acercándose a una de las estanterías.
—¿Son libros de pociones? —preguntó, intentando leer los títulos que parecían estar escritos en garabatos.
—Sí, algunos son libros de pociones, mientras que los demás se enfocan en diferentes ramas de la magia —respondió Harry, sacando unos cuadernos—. He traducido algunos de ellos —informó, entregándole los cuadernos a Severus—. Son para ti. Contienen pociones antiguas que han sido olvidadas. No estoy seguro de cuáles sean los nombres actuales de los ingredientes mencionados en los libros, pero estoy seguro de que tú podrás averiguarlo.
—Estas son pociones que se perdieron hace mucho tiempo —comentó Severus, aturdido, mientras hojeaba los cuadernos que Harry le había entregado.
—Déjenme presentarles a Storm —dijo Harry, cruzando la habitación. Se detuvo en el umbral al ver a Fang y a una gran variedad de animales del Bosque Prohibido adentro.
Todos los animales comenzaron a hablar al mismo tiempo, mientras Severus y Draco se quedaban atrás.
—Guarden silencio, por favor —pidió Harry con una mueca—. No los entiendo porque están hablando todos al mismo tiempo. Permítanme presentarles primero a mis amigos y luego podremos hablar.
~Harry tiene razón.~ habló Storm, deslizándose hacia adelante. ~Primero debemos presentarnos todos.~
Harry suspiró y se giró hacia los otros dos humanos en la habitación.
—Esto podría tomar un tiempo. Todos los amigos de Storm quieren presentarse. Empezaré por Storm, ya que ella es nuestra anfitriona.
Storm los saludó con un siseo.
—Ella dice "bienvenidos" —tradujo Harry.
—Muchas gracias, es un honor estar aquí —contestó Severus, agradecido de haber escuchado su instinto sobre Harry Potter y no haber hecho caso a Dumbledore, ni mucho menos haber tratado a Harry como si fuera James Potter.
—Yo me siento mucho más que honrado —opinó Draco, absolutamente asombrado—. Estás totalmente perdonado por no traerme el otro día, Harry. Tenías razón; ese día no hubiéramos llegado a tiempo a ninguna de nuestras clases.
Harry se rió.
Harry estaba observando la biblioteca cuando notó una pequeña águila en la pared izquierda, junto a otra águila a juego en la pared derecha, en una esquina que era el único rincón de la biblioteca sin un estante presionado contra él. No sintió ninguna magia, pero comenzó a seguir a las águilas.
—Ah, veo que has descubierto a las águilas —dijo la señora Pince, sentada en su escritorio mientras observaba a Harry seguir las figuras en la pared izquierda.
—Sí, ¿hacia dónde van?
—No lo sé. Las he seguido muchas veces, pero no me llevan a ninguna parte —respondió la señora Pince, sonriendo con nostalgia—. Cuando siento la necesidad de resolver un misterio, intento seguirlas.
Harry tocó el águila y escuchó que le hablaba.
*Puedes escucharnos, ¿no es así?*
Harry miró a la señora Pince, quien no pareció oír nada.
*Ella no puede escucharnos. Hemos intentado hablar durante mucho tiempo con todos los que nos han notado, y hasta ahora tú has sido el único que lo ha hecho.* contaron las águilas, emocionándose. *Vuelve aquí cuando no haya nadie para que podamos seguir hablando sin problemas.*
Harry acarició el águila antes de dejar algunos libros sobre el escritorio de la señora Pince.
—¿Podría decirme cuándo será devuelto el libro de Plantas en pociones antiguas?
—Como vence en tres días, puedo reservarlo para usted.
—Por favor, hágalo; se lo agradezco mucho —respondió Harry, dirigiéndose a su sala común mientras planeaba cambiar sus planes para esa noche.
Originalmente, iba a liberar algunas criaturas en la nueva oficina de Dumbledore, pero esto era más importante. También tendría que hablar con Storm para conseguir la contraseña en caso de que la necesitara.
Harry se dirigía a las mazmorras cuando se dio cuenta de que Ginny Weasley lo seguía. Se preguntó si había hecho algo en su vida pasada que hubiera llevado al karma a usar a los dos jóvenes Weasley y a su madre para arruinar su paz y tranquilidad. Aunque, para ser sinceros, no tenía tanta paz y tranquilidad, ya que a él le gustaba crear caos. No le interesaban esas personas que solo lo querían por su fama, no por quien realmente era. Harry había estado esperando un descanso después de que el idiota de Ron y la señorita perfecta se embarcaran en una investigación sobre los diferentes aspectos de las tradiciones mágicas que Dumbledore no permitía que se enseñaran en Hogwarts.
~Esa niña te ha estado siguiendo por casi un mes desde que su padre logró que su hermano te diera una disculpa adecuada.~ señaló Amber.
~Sí, lo sé. ¿Crees que esto forma parte de los nuevos planes de Dumbledore? Después de todo, ese tonto cree que todos sus problemas son causados por los duendecillos de Cornualles.~
~Lo investigaré con los demás. Midnight y la señora Norris lo han estado vigilando desde hace tiempo.~ contó Amber, estirándose un poco para asomarse desde la túnica de Harry y ver a Ginny Weasley. ~Ella es muy fácil de controlar. Parece que no aprendió nada del demoníaco libro.~
~Me temo que tienes razón, Amber. Infórmame sobre lo que descubras.~ pidió Harry, desapareciendo en uno de los pasajes secretos que creó Salazar Slytherin.
Amber y Harry observaron a Ginny pasar confundida, sin duda preguntándose adónde había ido Harry. Ella pasó junto a ellos de nuevo, se giró y se dirigió hacia el camino que llevaba a la entrada de la Casa de Slytherin.
~No es muy lista.~ comentó Harry.
~Así es. Ya está regresando. Bájame para que pueda seguirla.~
~Ten cuidado.~
Harry apartó sus túnicas y bajó el brazo izquierdo. Amber se deslizó hacia afuera, y ambos observaron cómo la chica regresaba y se dirigía al gran salón. Una vez que Ginny estuvo lo suficientemente lejos, Amber se deslizó por completo.
Harry se estaba preocupando porque Amber aún no había regresado. Ya casi era el toque de queda, y Amber nunca había estado fuera tanto tiempo. La señora Norris y sus gatitos también estaban preocupados, ya que tampoco habían visto a Amber. Como Fawkes se encontraba cerca de su día ardiente, no podía ayudar mucho. En ese momento, Severus entró en la habitación.
—Todos salgan ahora. Necesito hablar con Potter.
El corazón de Harry se hundió mientras veía a sus compañeros de dormitorio salir.
—¿Se trata de Amber? —preguntó.
—Así es. Los dos jóvenes Weasley la vieron. Dumbledore creyó que estaba espiando para el Señor Tenebroso y la asesinó.
Harry no necesitaba que le hicieran un dibujo para saber exactamente lo que había pasado.
—Pude tomar su cadáver antes de que Dumbledore se deshiciera de él —continuó Severus, observando cómo el rostro de Harry se ponía blanco y reconociendo su reacción, que fue la misma que él tuvo cuando le informaron que su padre había asesinado a su madre—. Le dije que era una de mis serpientes. Podemos enterrarla en mi jardín. Ella no querría que hicieras algo estúpido, Harry. Te amaba tanto como tú la amabas.
—¿Siquiera verificó que era malvada, o solo lo asumió porque era una serpiente? —preguntó Harry, mirando a Severus—. Justo como ha estado haciendo con toda la Casa de Slytherin.
—No lo sé —respondió Severus, sentándose en la cama de Harry—. Yo llegué cuando Dumbledore estaba a punto de quemar su cadáver, y pude detenerlo.
Harry asintió, bajándose de la cama y dirigiéndose a la puerta.
—Es casi el toque de queda, Harry —le recordó Severus.
—Me voy a despedir de mi amiga —avisó Harry antes de desaparecer.
Severus no estaba seguro de lo que acababa de suceder para que Harry desapareciera frente a él. Fawkes trinó mientras los gatitos maullaban.
—El cuerpo de Amber está en mis aposentos. Vamos a despedirnos de ella —indicó Severus, mirando a Fawkes que no estallaría pronto—. Yo te llevaré, Fawkes.
