Digimon y sus personajes NO ME PERTENECEN. Solo hago esto por diversión y para su entretenimiento.
Chapter 17: En el final
A pesar de que sonara contradictorio, sus días laborales favoritos eran los que hacía en casa. No solo porque evitara el tráfico, tampoco porque podía levantarse más tarde o utilizar cualquier tipo de atuendo. Su razón principal era porque era capaz de ver toda la dinámica familiar desenvolverse frente a sus ojos y podía ser parte activa de la misma. Normalmente, Sora era la que se encargaba de que las mañanas no resultaran en un desastre.
Taiki era como él. Dormía como un tronco, por lo que, el proceso de levantarlo comenzaba media hora antes de la hora en la que realmente lo necesitaba despierto. En esa media hora, su esposa solía adelantar el desayuno mientras él se encargaba de levantar a Airi para que ocupara el baño en lo que su hermano era liberado de los brazos de Morfeo. Cuando el desayuno, almuerzo, meriendas y demás delicias por parte de su esposa se encontraban debidamente servidos y empacados, él entraba a la cocina para limpiar los utensilios empleados. Sora se dirigía a realizar el llamado final a su primogénito y a ayudar a Airi con cualquier peinado o situación con el uniforme escolar.
Mientras los niños se desayunaban, él se alistaba para otro día laboral. Casi siempre se despedía con prisas cuando su esposa estaba organizando su bolso. Solía perderse la batalla campal entre llevarlos al auto y dejarlos en el colegio a tiempo. Cuando estaba en casa, él se encargaba de hacer todo el proceso, especialmente durante el último año y medio. Ese día, era sábado, uno especial para la familia Yagami. Por eso, su primogénito estaba a su lado, a horas muy tempranas para él en su día libre, sosteniendo un enorme globo en forma de ocho. El llevaba una bandeja de pancakes, frutas y chocolatada, más un cupcake. Sora llevaba el teléfono para grabar todo el acontecimiento. En cuestión de segundos, llegaron a la habitación de su princesa. Taiki tomó la iniciativa y comenzó a cantar a todo pulmón.
Taichi sonrió ante la imagen de Airi, despertándose de inmediato. Era el cumpleaños de su única hija y para la familia era un acontecimiento importante. Luego del fiasco vivido años atrás, verla cumplir otra vuelta al sol era preciado, pues muchas veces, pensaron que no lo lograría. Después de lo ocurrido en el Mar Oscuro, Airi no volvió a presentar síntomas. Nadie pensaría que alguna vez estuvo a punto de perder la vida.
―Se ve delicioso.― la voz de su pequeña lo trajo nueva vez a la realidad. Sora tomaba fotos de todo lo que podía y hacía partícipe a sus hombres en el cuadro. Con la niña totalmente despierta, se dispusieron a degustar ese desayuno íntimo en familia. En la tarde, la casa estaría repleta de familiares y amigos para cortar un pastel y conmemorar la ocasión.
―¡Y está delicioso! ―confirmó el primogénito de la pareja con la boca llena de comida, haciendo que su hermana riera con ganas. Un llanto interrumpió el momento.
―Ya se despertó el que faltaba.― anunció la pelirroja mientras desaparecía por el pasillo. El llanto cesó y unos segundos después, Sora apareció nuevamente con un bebé en brazos. Daichi Yagami observó a su alrededor, sonriendo al ver los rostros conocidos. ― Llegaste justo a tiempo, mi gordito.
Después de lo ocurrido en el Mar Oscuro, la pareja llegó a un trato silencioso de no buscar otro hijo; habían sido demasiadas emociones que sobrellevar. Decidieron que lo mejor era mantenerse como estaban y asentarse permanentemente en Japón. Además, sus respectivas carreras seguían en desarrollo y no querían pensar en replantear una nueva dinámica familia luego de todo lo que habían pasado. El tiempo pasó y parecía que era una decisión definitiva hasta que la vida les envió su rainbow baby. Daichi fue una de las mejores sorpresas de su relación. De los tres, era el hijo que había tomado un poco de cada uno, siendo la combinación perfecta y pareciéndose a uno de los padres, dependiendo del día. El pequeño regordete de nueve meses fue la adición perfecta para la familia.
―Ahora que estamos todos… Taichi sacó una pequeña vela en forma de ocho y la encendió, colocándola sobre el cupcake que estaba en la bandeja. ―Pide un deseo, mi princesa. ―La vio cerrar los ojos.
Desde que la infección abandonó el cuerpo de Airi, una nueva enfermedad fue anunciada al mundo, la primera relacionada al mundo digital: el síndrome Kido. Al tenerse solo un caso registrado, junto a Koushiro llevaban años documentando el desorden, como prevenirlo y la cura, en caso de que vuelva a aparecer. El método utilizado por ellos no era ortodoxo para una persona normal y corriente. Aun no había solución, pero al menos, la prevención estaba avanzada.
―Eso fue rápido. ―el comentario de Sora lo trajo de nuevo a la escena. Airi sonrió con todos los dientes.
―Pues…antes de que se acabe toda la comida, vamos a inmortalizar el momento. ―Taichi intervino, tomando el teléfono de la mano de su esposa. Escuchó el tumulto detrás suyo mientras elevaba la fotografía. Cuando activó la cámara frontal, sonrió con agradecimiento ante la imagen de su familia, especialmente, la de su hija. Airi le había enseñado la fortaleza que yacía dentro de sí. Le demostró lo dedicado que estaba a su familia y lo mucho que amaba ser padre, independientemente de las dificultades. Su hija era su ángel, ya no tan pequeña, pero la que le demostró, que la vida es bella.
Ese pequeño ángel que sonreía a la cámara, le había entregado la convicción de no darse por vencido; su familia era lo más preciado para él.
¡Ta-da! ¡Esta historia ha llegado a su fin! Quise terminarla de manera concisa, con un epílogo, para que el capítulo anterior se sintiese con más fuerza.
Muchas gracias por el apoyo durante todo este tiempo. Gracias a Marce y krimtz por los reviews en el capítulo anterior. Espero seguir leyéndolos en otras historias. Parte de mi esfuerzo este 2025 es actualizar de manera más frecuente y escribir más fanfics de One Piece :)
Marce: Muchas gracias por el review. Me alegro de que te haya gustado la historia. Me dejas saber tus impresiones sobre este epilogo.
¡Un placer, chicos! Espero leerlos en otra ocasión,
Bye!
