Nota: El español no es mi lengua materna, por lo que puede haber algunos errores gramaticales. Intenté hacerlo lo mejor posible utilizando un traductor en línea. Si encuentras algún error o algo que no tiene sentido, envíame un mensaje en twitter /sorato_fan.
Espero que disfrute de la historia. Los comentarios son bienvenidos.
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Día 6 - Sunshine/Happiness: Dramatización
Takeru y Kimi deciden hacer un juego de rol para entretener a los niños de los Niños Elegidos.
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Takeru cerró con cuidado la puerta del dormitorio de su hijo y fue al salón, donde Kimi estaba tumbada en el sofá viendo la tele.
–¿Cuántos cuentos esta noche? – Preguntó con una sonrisa mientras él se sentaba y ella colocaba sus piernas sobre las de él.
–Tres. Esta vez no han sido tantos.
–Debe estar cansado del día.
–Lo más probable. – Miró a su mujer. – He estado pensando últimamente.
–¿Sobre qué? – Kimi se sentó recta y cruzó las piernas.
–En crear un grupo de lectura. – Él siguió su ejemplo y intercambiaron miradas.
–Llevo mucho tiempo diciéndote esto y ahora por fin te has decidido a hacerlo.
–Sí, me lo merecía.
–¿Qué ha pasado?
–Leer a Kenichi durante tantas noches seguidas me hizo darme cuenta de lo mucho que echaba de menos hacer esto.
–¿Pasó algo en concreto?
–No, nada en concreto.
–¿Ni siquiera cierta historia?
–¿Qué es esto? ¿Una investigación?
–Sólo me preguntaba si tal vez había un cuento de hadas que tenías que leer para nuestro hijo esta noche. Digamos, ¿quizás Cenicienta?
–¿Qué? – Takeru alzó las cejas. – ¿Cómo sabes siquiera eso?
–Bueno…
–Espera un segundo. ¡Tú preparaste esto!
–No tengo ni idea de lo que estás hablando.
–Claro que la tienes. – Continuó. – Le dijiste a Kenichi que me pidiera que leyera Cenicienta para él, porque recordaste que era la historia que leí cuando viste nuestra sesión de lectura en grupo por primera vez.
–¿De verdad crees que serías tan furtiva?
–¿Quieres que sea sincero o no?
–Vale, ya te he entendido. De hecho, se lo pregunté. – Se puso el pelo detrás de la oreja. – Espero que no te enfades conmigo por hacer esto y lo que hice probablemente fue egoísta, pero es que creo que esto es algo para lo que has nacido. Está claro lo mucho que lo disfrutas y no deberías apartarte de ello. Ya está, lo he dicho.
–Está bien.
–Siento si he sido demasiado sincera contigo, pero tenía que serlo.
–Vale.
–¿Vas a seguir dándome esas respuestas cortas o vamos a hablar de verdad de cómo te sientes?
Takeru suspiró y finalmente volvió a mirar a Kimi. – No estoy seguro de cómo me siento al respecto.
–Bueno, puedes empezar diciendo por qué es algo que rechazas tanto. Para mí está muy claro que tienes un conflicto interno al respecto, porque se nota que quieres hacerlo. Entonces, ¿por qué te reprimes?
–La lectura en grupo no pagará nuestras facturas, ¿verdad?
–Así que de eso se trata. – Se apoyó en el soporte lateral del sofá. – De dinero.
Él no dijo nada, simplemente se mordió el labio inferior, y ella continuó. Se inclinó hacia él y le cogió la mano.
–Nadie dijo que debieras vivir de esto. Por supuesto que la lectura en grupo no paga nuestras facturas, debería ser un hobby. Más aún, es una forma de acercarte a ti y a nuestro hijo, así como a ti y al resto de los hijos de los Niños Elegidos.
–Hmm… cuando lo pones así…
–Podrás ser el tío guay.
–¿Más guay, quieres decir? Porque yo ya soy el guay.
–Modere su ego, Sr. Escritor. – Se burló Kimi con una sonrisa.
–Vale. – Takeru puso los ojos en blanco, fingiendo estar molesto. – ¿Me ayudarás a decidir qué historia contarles?
–¿Eso significa que lo harás tú?
–Supongo que no estaría de más intentarlo.
–Estupendo. Claro que te ayudaré. – Bajó las piernas y se puso de pie. – ¿Quieres hacerlo ahora?
–No, podemos esperar unos días. Todavía no hemos fijado una fecha. – Siguió su ejemplo y se acercó a ella, pasándole la mano por los brazos. – Estaba pensando que podríamos hacer otra cosa esta noche. Algo más guay, algo más excitante.
–Takeru, Kenichi está durmiendo al lado.
–No quería decir eso. – Se inclinó más hacia ella y empezó a besarle el cuello, haciéndola gemir suavemente.
–Claro que no. – Ella rodeó su espalda con los brazos y cerró los ojos, disfrutando de su momento a solas.
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Takeru y Kimi pasaron los días siguientes buscando algunos cuentos de hadas para contárselos a todos los niños de los Niños Elegidos.
–Uf. – Suspiró frustrado después de volver a poner otro libro en la estantería. – Siento que probablemente ya conocen todas estas historias. Sus padres ya se las habrán contado.
–Seguro que no les importará volver a oírlas, si es así. Además, es muy probable que no las recuerdan.
–Aiko definitivamente lo haría, créeme. Y me corregiría si alguna vez me equivocara.
Kimi no pudo evitar reírse. – Es sólo una niña, no sabe realmente lo que hace.
–Esa es una buena observación. Yamato solía hacer eso algunas veces cuando éramos niños pequeños. Lo odiaba.
–Realmente son padre y hija. Es impresionante lo parecidos que son. – Ella miró el estante cuidadosamente. – Esto puede ser tendencioso, pero ¿por qué no les lees Cenicienta?
–Es tendencioso. – No podía dejar pasar esta oportunidad. – ¿Seguro que no lo sugeriste porque es tu cuento favorito y lo leí la noche que te uniste a nuestro grupo en la universidad?
–No. – Ella, muy discretamente, le miró por el rabillo del ojo. – Puede ser. Es que creo que es un buen cuento y a los niños les encanta. Podríamos incluso tal vez…
–¿Qué?
–Nada. Es una idea estúpida.
–¿De qué se trata?
–Estaba pensando que tal vez podríamos leerlo juntos o hacer una dramatización.
–Hacer una dramatización? – Takeru estaba curioso con esa idea. – Cuéntame más sobre ello.
–Se explica por sí solo. Representaríamos la historia.
–¿Como una obra de teatro?
–Exactamente. No me cabe duda de que a los niños les encantaría.
–Podría funcionar. – Sonrió. – Hagámoslo.
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Los Niños Elegidos lo aceptaron casi de inmediato. Takeru y Kimi pidieron a Hikari que fuera la narradora de la historia, lo que ella aceptó encantada. Mimi se ofreció a hacer los aperitivos de la reunión, mientras que Sora dijo que se encargaría del vestuario de la obra. Yamato se encargó de la música de fondo, con la ayuda de Koushiro, y el resto del equipo asumiría papeles secundarios en la obra.
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Los Takaishis se turnaban para dejar a Kenichi con sus padres durante las últimas semanas más de lo que querían, para centrarse en los ensayos. Querían que fuera una sorpresa para todos, incluido su hijo. Y también era la primera vez que iban a ensayar con los trajes.
–Y he terminado. – Anunció Kimi desde su dormitorio. – ¿Y tú?
–Llevo diez minutos preparado. – Su voz resonó tan fuerte en el dormitorio que Kimi miró hacia la puerta cerrada enarcando las cejas.
–¿Estás sentado en el suelo delante de nuestra puerta?
–Sí.
–¡Takeru!
–Takeru no, Príncipe Azul. Estoy esperando a que salga mi princesa.
–Tonto. – Ella soltó una risita y se acercó a la puerta. – Vale, voy a abrirla.
–Por fin. – Se levantó y se dio la vuelta para esperarla.
Takeru se alegró de estar cerca de la pared cuando su mujer entró en su campo de visión, porque se quedó sin habla. Ella era naturalmente hermosa por sí misma, pero el vestido que Sora le había hecho la hacía destacar aún más. Parecía una auténtica princesa.
–¿Crees que a los niños les importará que Cenicienta sea morena?
–No creo que se fijen en absoluto en ese pequeño detalle. – Consiguió decir después de recuperarse del susto, aunque no del todo. – Estás impresionante.
–¿Tú crees? No me he vestido de princesa desde los dieciséis años y de repente vuelvo a ser una adolescente.
–¿Te vestiste de Cenicienta en tu dieciséis cumpleaños?
–¿Es tan sorprendente? Sabes que es mi princesa favorita.
–Lo sé. Haría cualquier cosa por estar en tu fiesta ahora mismo.
–¿Incluso si eso significara ser mi príncipe?
–Sería un precio a pagar, y no me quejaría en absoluto. De hecho, me pondría celoso si alguna vez le pidieras a otro que fuera tu príncipe si yo estuviera allí.
–Si hubieras estado vestido así, no tendría ojos para ningún otro chico en mi fiesta. Ni siquiera el que era mi príncipe entonces, y era un chico tan guapo. Salimos unos años después.
–Pero al final no se quedó con la princesa, ¿verdad? – Takeru deslizó las manos por su cuerpo, hacia sus caderas.
–¿Vamos a seguir ensayando o vamos a convertir esto en algo sexual y acabar en la cama?
–Kenichi no está aquí.
–Takeru, hablo en serio. – Ella le quitó las manos de encima de ella y luego se alejó de él. – Tenemos que ensayar. Luego haremos otra cosa.
–Está bien. – Él la siguió hasta el salón.
–Creo que este es el momento en el que Cenicienta pierde el zapato mientras baja las escaleras. – Ella miró el guión. – Así es.
–¿Llevas mis zapatos? – Takeru le miró los pies y se rió.
–Tuve que ponerme zapatos grandes, para que me salieran más fácilmente.
–Esto es gracioso.
–Ríete y búrlate todo lo que quieras. Todo esto es por la obra.
–Lo siento. – Trató de ser serio. – Después de la escena en la que pierdes el zapato, ¿qué pasa?
–¿No te acuerdas? Pensé que ya tendrías toda la historia memorizada.
–Sí me acuerdo. Sólo quería ponerte a prueba y ver si tú también lo haces.
–Qué típico. – Kimi puso los ojos en blanco con fingido fastidio, pero sonrió. – Lo encuentras y vas a buscar a quien lo perdió por todo el reinado.
–Vamos a acortar la parte, ¿no?
–Por supuesto. No tenemos suficientes chicas para la obra, así que podemos simplemente tener a Hikari diciendo eso como narradora. Hablando de eso, no olvides que tienes que darle el guión de la obra antes de nuestra reunión.
–Lo sé. Trabajaré en ello cuando terminemos de ensayar esta vez.
–Estupendo. – Fue a sentarse en el sofá. – La siguiente es la escena en la que el príncipe llega por fin a casa de Cenicienta, pero su malvada madrasta y sus hermanas intentan mantenerla alejada, temerosas de que el zapato le quede bien.
–Muy bien. – Takeru cogió su zapato y se arrodilló delante de su mujer. – Puedo?
–Por supuesto. Pero debo avisarte de que no va a quedar bien. Este no es mi zapato.
–Eso ya lo veremos. – Sonrió después de ponerle el zapato en el pie. – Quedó perfecto.
–Yo… yo…
–Eres tú. – Tomó sus manos entre las suyas y se levantó. – La mujer con la que bailé toda la noche durante el baile. Bueno, hasta que me abandonaste de repente. Ni siquiera me dijiste tu nombre, pero me alegro de que por fin nos hayamos vuelto a ver.
–Soy Cenicienta.
–Cenicienta. – Le besó la mano, sin apartar los ojos de los suyos. – Es un nombre precioso.
–Gracias. – Kimi apenas pudo contener la sonrisa.
–¿Me concederías el honor de bailar conmigo otra vez?
–Takeru, esta parte no es ahora.
–Lo sé, es la siguiente escena.
–No tenemos que ensayar esa, es sólo un baile.
–Oh no, deberíamos ensayarlo todo. También es parte de la obra.
–Vale. – Ella cedió y le pasó el brazo por los hombros. – Hagámoslo.
Takeru cogió su teléfono y puso una canción de amor en una plataforma de streaming. Luego tiró el teléfono al sofá y rodeó el cuerpo de ella con las manos. Comenzaron a moverse lentamente por el salón.
–No conozco esta canción. ¿La has cogido al azar?
–No, en realidad es la canción que bailaban Cenicienta y el Príncipe en la película de Disney.
–¿En serio? – Preguntó sorprendida. – No la recuerdo.
–Esta es nuestra señal para ver la película entonces.
–Tal vez. Pero no esta noche. – Ella le miró fijamente a los ojos azul claro. – Ya he tenido suficiente Cenicienta por un día, créeme.
–Me parece bien. Entonces, ¿qué quieres hacer?
–No sé, ¿quizá pedir una pizza y jugar a videojuegos?
–¿Cenicienta y el Príncipe se besan al final del cuento?
Kimi no pudo evitar sonreír y bajó la mirada brevemente antes de volver a intercambiar miradas con su marido. – Estás así de desesperado por besarme, ¿verdad?
–No te lo creerías. – Colocó la mano detrás de su cabeza y la llevó hacia él, capturando sus labios de inmediato.
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Aunque ya había estado allí varias veces, Kimi nunca superó el hecho de poder ir al Digimundo. Le daba un poco de vergüenza ir vestida de princesa, definitivamente no estaba acostumbrada. Miró a Takeru, que intentaba aflojarse el cuello de la camisa con nerviosismo.
–Eh, ¿estás bien? – Le tocó suavemente la mano y intercambiaron miradas.
–Sí, estoy bien. Sólo un poco nervioso por actuar delante de nuestro hijo y de los otros niños.
–Sé lo que quieres decir. Yo también estoy nerviosa, pero no dejo de repetirme que es algo pasajero.
–No exactamente. No trajimos ropa para cambiarnos después y me estoy derritiendo dentro de este disfraz. Hace demasiado calor.
–Seguro que sí. Me pregunto cómo hacían los príncipes para llevarlos con calor y no sentirse mal por ello.
–Me has pillado. – Se encogió de hombros. – Bueno, supongo que tendremos que volver a casa un momento para cambiarnos.
–En realidad, no, no lo haremos.
–¿Qué?
–Traje algo de ropa, para que podamos cambiarnos después.
–¿En serio? Pero no hay ningún lugar donde podamos hacerlo aquí.
–Seguro que se nos ocurre un plan. – Ella le guiñó un ojo y sonrió.
Como era de esperar, los niños se volvieron locos cuando vieron a Kimi y Takeru con sus disfraces. Inmediatamente hicieron un círculo a su alrededor y reaccionaron de muchas maneras diferentes. Aiko ignoró por completo a su tío, al que adoraba absolutamente, y sólo tenía ojos para su tía.
–¡Vaya, tía Kimi, estás muy guapa!
–Gracias, Aiko. – Ella sonrió y le acarició suavemente el pelo. – ¿Te ha gustado?
–Sí, pareces una princesa.
–Entonces deberías estar orgullosa de tu madre. – Kimi se arrodilló para estar a la altura de sus ojos. – Ella fue quien me lo hizo.
–¿En serio?
–Absolutamente.
–Mamá, yo también quiero un vestido de princesa como el de la tía Kimi. – Aiko corrió hacia Sora tan rápido como pudo.
Takeru, muy discretamente, le dio un codazo para que prestara atención a su hijo, que estaba de pie unos metros detrás del grupo de niños.
–Kenichi, ven aquí, cariño.
–Está bien, seguimos siendo nosotros. – Dijo alentadoramente. – Sólo estamos haciendo una cosita, por eso estamos vestidos así.
–¡Oh, Dios mío, vosotros dos parecéis realmente una pareja real! – Chilló Mimi, lo que provocó otra sonrisa en los labios de Kimi en cuanto se ponía en pie. – Estás guapísima!
–Gracias, Mimi. – Miró a su hijo, que ahora estaba cerca de ella y de Takeru.
–¿Qué te ha parecido? ¿Te ha gustado?
Kenichi asintió tímidamente con la cabeza. – ¡Qué guay estás, papá!
–Gracias, hijo. – Takeru sonrió y le alborotó el pelo suavemente. – ¿Y mamá?
–Ella también, pero no quiero que lo lleve más.
–¿Por qué no, Kenichi?
–Porque eres demasiado guapa y me dan celos los otros niños que te rodean.
–No te preocupes, no volveré a ponérmelo. – Ella se rió y luego lo abrazó con fuerza.
