¡Saludos, queridos lectores!

Como se los he prometido, esta semana habrá actualización de dos historias. Esta, evidentemente, es una de ellas, y aunque me habría gustado actualizar tres, sólo conseguí completar los capítulos de dos historias. Sin embargo, espero tener la actualización de la tercera historia para la próxima semana n.n

Hubo una breve pausa con esta historia, pero volveremos a las actualizaciones mensuales. Espero que aún siga siendo de su agrado.

Sé que pronto estaremos en febrero, sin mencionar que es un mes corto, así que estaré trabajando en estos días con la continuación n.n

No haré larga la espera, así que los dejo con la actualización n.n


Sasuke me besó con una sed que no le había conocido antes y sus manos viajaron quemando mi piel de tal forma que sentía que iba a incendiarme. Mi cuerpo reaccionaba a él y sé que el suyo hacía lo mismo con mis besos y caricias porque podía sentir cómo su deseo crecía.

La ansiedad de Sasuke era tal, que incluso comenzó a desgarrar las prendas que vestía sin detener sus labios y sus manos que cada vez tenían más libertad sobre mi piel que quedaba al descubierto, y para ese entonces, yo había olvidado la gardenia que seguía entre mis piernas, por lo menos hasta que mi entrepierna quedó al descubierto.

No es que Sasuke se hubiese detenido al verla, porque en ese momento su rostro estaba clavado en mi cuello, sino que una de sus manos se dirigió a mi parte sur y debió sentir la flor.

—¿Qué es esto? —me preguntó aún agitado y deseoso de volver a la tarea.

—Es mi recibimiento —respondí en un susurro seductor, abriéndole la camisa rompiendo los botones y al segundo siguiente, él se quitó el resto de la ropa de un tirón, se echó una de mis piernas al hombro y me embistió furiosamente clavando su mirada en la mía.

Toda la noche me hizo suya una y otra vez hasta que nuestros cuerpos no pudieron más, y la pobre gardenia roja quedó destrozada debajo de nosotros.

Creo que jamás había dormido tan plácidamente como aquella noche, no sólo por la felicidad causada por la noche apasionada, sino que todo el tiempo tuve sueños maravillosos.

Mi despertar, fue más o menos igual de feliz, pues Sasuke seguía a mi lado abrazándome, así que quise acurrucarme en su cuerpo y volver a dormir, pero uno de los sirvientes llegó llamando a la puerta y se oía apresurado.

—Señor, señora, por favor —pedía el sirviente.

—¿Qué ocurre? —pregunté dispuesta a levantarme para solucionar el problema sin despertar a Sasuke y poder volver a sus brazos, pero él ya había despertado y no me dejó levantarme.

—Un sirviente de la mansión Uchiha está afuera exigiendo hablar con el señor Uchiha. Dice que si no baja, vendrán a arrestarla.

—¿A arrestarme? Pero por qué…

—Dile que bajaré pronto —Sasuke me interrumpió soltándome y levantándose de la cama.

—¿Tienes que irte? —pregunté queriéndome levantar, pero un dolor en mi espalda baja no me lo permitió.

—Mi padre ya debió enterarse de lo que pasó ayer en la fiesta y querrá reprenderme —respondió Sasuke comenzando a vestirse— Será mejor que descanses y de preferencia no salgas hoy.

—¿Crees que vayan a arrestarme solo por jugar unos juegos y coquetear? —pregunté inquieta.

—No, pero estás lastimada y necesitas descansar tu cuerpo —me respondió y sentí emoción de que se preocupara por mi— Los sirvientes se encargarán de difundir lo que hicimos en la cama.

Fue decepcionante que él siguiera pensando en su plan aún si habíamos tenido una noche que pensé que no era parte de él.

Me negaba a dejar que mi sorpresa fuese usada del todo, y reuniendo fuerzas pese al dolor, me levanté de la cama para acercarme a él. Cuando conseguí pararme enfrente de Sasuke, se acababa de poner el saco, así que tomé las solapas para ayudarlo a arreglárselo.

—¿Y te gustó mi sorpresa?

—Deberías volver a la cama. Apenas y puedes caminar —me dijo acomodándose la ropa, pero no me miraba a los ojos.

—Tu me dejaste así, deberías hacerte responsable —dije al no quererme rendir y acaricié su pecho de forma coqueta.

Sasuke levantó la vista, pero evitó mi mirada y al segundo siguiente me cargó en brazos y me regresó a la cama.

—Si vuelves a levantarte, será tu responsabilidad —me dijo seriamente sentándose en la cama para ponerse los zapatos— Quizá no pueda venir por unos días, pero trataré de enviarte algunas notas —me daba indicaciones mientras terminaba de vestirse— Cuando estés mejor, no olvides salir con el amuleto.

—¿Y qué hay de…?

—Aléjate de Hyuuga hasta nuevo aviso.

Sasuke salió de la habitación dejándome sola, molesta y triste, pero ¿qué esperaba?

Deseaba conquistar a Sasuke aún sabiendo que podría ser peligroso con el plan que tenía en manos, y aún si no existiera, sabía que la tarea sería difícil. Sin embargo, mi razón también me decía que debía mantenerme a raya e incluso, irme de allí, pero ¿por qué siempre era difícil lidiar con la mente y el corazón en conflicto?

Lo peor de todo era que iba a quedarme más tiempo, porque ya que ese tal Danzou no se había tragado nuestra actuación, me sentía a salvo del peligro.

Sabía que era pésima idea, pero también sabía que no podía ignorar a mi corazón y mucho menos después de la apasionada noche que había tenido junto a Sasuke.

¡Ah! Tan solo recordarla mi cuerpo revivía las experiencias y probablemente habría llegado a un orgasmo, de no ser que los sirvientes llamaron a la puerta.

—Le traemos el desayuno —me informaron.

—Yo no les pedí que trajeran nada —dije confundida.

—El señor nos ordenó traerle el desayuno, prepararle el baño y ayudarla con el aseo.

De nuevo, mi corazón se alegró al saber que Sasuke había sido tan atento como para pedirle a los sirvientes que me atendieran, pero mi cabeza me decía que él sólo lo había hecho como parte de la actuación.

Acepté las atenciones de Sasuke y su sugerencia de descansar, y cada vez que me quedaba sola, buscaba una y mil razones para justificar que seguía eligiendo quedarme. Además, desde que había elegido hacerle la sorpresa a Sasuke, sabía de antemano que me había propuesto a enamorarlo, así que también buscaba excusas de por qué había decidido hacerlo.

Me dije a mi misma que era para tener un esposo que me gustara y con estatus, también me dije que era porque la vida sería más sencilla con un esposo, entre una y mil excusas más, pero en el fondo sabía que estaba cayendo en la trampa del amor, que quería quedarme a ayudarlo para enamorar a Sasuke y que él algún día llegara a amarme y eligiera quedarse conmigo.

Sabía que todo era una mala idea porque me ponía en peligro, pero también me obligaba a ignorar lo que ya había visto en el burdel cientos de veces: los hombres sólo veían a las mujeres del burdel como objetos, y eran capaces de decir y hacer lo que sea por conseguir su objetivo, pero cuando se aburrían de ellas, eran desechadas.

La razón me decía que tarde o temprano Sasuke me rompería el corazón, ya fuera nunca tomándome en serio como una enamorada o aceptándolo para deshacerse de mí cuando ya no me necesitara. Y a pesar de todo, quería hacerlo, porque en mi corazón había una chispa de esperanza a la que no podía evitar aferrarme.

En el pasado, ví a tantas chicas del burdel caer en la trampa del amor, y la mayoría, si no es que todas, lo habían hecho más de una vez, haciéndome preguntar por qué si conocían el destino que les deparaba, seguían cayendo, y ahora era yo la que, aún siendo testigo de las traiciones que habían tenido aquellas chicas, quería pensar que mis oportunidades eran mejores que las de ellas.

—No puedo creer que en esta ocasión le esté haciendo caso a mi corazón y no a mí cerebro como siempre —murmuré dando un suspiro y al poco se oyó un escándalo en la entrada de la casa.

—¿Qué ocurre? —pregunté mientras bajaba las escaleras, pues nadie había subido a decirme nada, pero seguía oyendo ruido.

—¡Usted! —exclamó una joven de cabello rosa y ojos verdes que lloraba tratando de abrirse paso hacia mí, pero los sirvientes se lo impedían.

—Señora, por favor, vuelva a su habitación —mi sirvienta personal se acercó queriéndome escoltar.

—¿Quién es usted y que hace en mi casa causando alboroto? —me paré al pie de las escaleras haciendo una seña a la mucama para que se detuviera.

—¡Soy la prometida de Sasuke-kun! —decía llorando— ¡Necesito hablar con usted!

—Señora, por favor, vuelva a su habitación. El señor nos pidió que no dejáramos que la señorita Haruno la molestara —habló mi jefe de sirvientes.

Me congelé brevemente al saber que aquella chica era la prometida de Sasuke. Por un momento me sentí como si hubiese sido descubierta haciendo una fechoría o un crimen, una sensación bastante extraña para mí en esa situación, ya que estaba segura que en mi trabajo habría estado con hombres con novia, comprometidos o casados, pero quizá ese sentimiento se debía a que yo no sentía nada por ellos, a diferencia de Sasuke.

—Venga, señora —insistió mi sirvienta, lo que me ayudó a salir de mis pensamientos.

—Señorita, le suplico que se vaya. No nos conocemos y no es propio de una dama invadir una casa. Usted no fue invitada —dije tratando de verme segura y evitando la invitación de mi sirvienta.

—¡¿Se atreve a decirme eso cuando usted está invadiendo la relación entre mi prometido y yo?! —me replicó mostrando enfado.

—A diferencia de usted, yo sí fui invitada, así que por favor, retírese —respondí antes de retirarme a mi habitación.

La voz de la chica me llamó un par de veces antes de negar mi última afirmación, me llamó cobarde por no enfrentarla y reclamó el corazón de Sasuke como suyo, pero yo no la volví a mirar y me encerré en mi cuarto.

Al entrar, toda valentía se escapó de mi cuerpo y sentí cómo todo me temblaba.

Había sido difícil recuperar el dominio de mí misma cuando supe que esa chica era la prometida de Sasuke, y aunque lo más sencillo habría sido sólo irme como aconsejaban los sirvientes, una parte de mí insistió en tratar de manejar el asunto.

No era la primera vez que trataba con mujeres celosas. En mi oficio, eso es muy común, y había aprendido a no sentir lástima ni enfado por cualquier interacción que pudiera tener con aquellas mujeres, pues de nuevo, no era mi elección que sus parejas me buscaran, tampoco podía hacer mucho para que no lo hicieran, al menos no si no quería ser castigada y tampoco podía sentarme a hablar con ellas porque la madama las echaba.

En esta ocasión, las circunstancias eran muy diferentes, y aunque los sirvientes trataban de echarla, tuve la extraña sensación de que debía al menos dirigirle la palabra. Sin embargo, no tenía idea de qué se suponía que debía decirle, así que me limité a responder como lo habría hecho a alguna de las otras mujeres para demostrar que no tenía miedo… pero mis piernas temblando y mi corazón acelerado, parecían creer lo contrario.

Desde que supe que Sasuke tenía una prometida y vine a esta casa, sabía que existía la posibilidad de que esa mujer viniera aquí aún cuando Sasuke parecía dudarlo, pero siempre pensé que podría actuar con la misma compostura que con las demás, así que ni siquiera le di importancia. Sin embargo, al enfrentar la situación, por poco me quedo en blanco.

Con dificultad llegué a la cama para volverme a acostar y me envolví en las cobijas tratando de entender lo que me ocurría y recuperarme de ello, pero me era difícil conseguirlo. En ese momento me sentía sola e insegura como nunca antes y ni siquiera podía entender por qué si hasta Sasuke me había dicho que no le importaría si su prometida rompe el compromiso, a mí me afectaba tanto.

La respuesta llegó a mi mente casi de inmediato: porque esa mujer tenía más probabilidades de enamorar a Sasuke que yo.

Aquella chica era una dama de sociedad perteneciente a la nobleza, bien educada, con una buena dote, guapa, refinada, y seguramente virgen; mientras que yo era una mujer común, sin dote, apenas educada y medianamente refinada por las clases que recibí hacía poco tiempo y era una prostituta que había perdido la cuenta de con cuántos había estado.

No había punto de comparación entre las dos, y aún si Sasuke parecía no importarle su prometida, lo cierto era que cuando consiguiera librarse de la amenaza de Danzou, él podría voltear a ver a esa chica de ojos verdes en lugar de a mí.

Pensando en todo ello, no pude evitar soltarme a llorar con amargura sin hacer caso de mi alrededor hasta que me quedé dormida sin cenar, y sin darme cuenta de en qué momento el cansancio me venció.

Al siguiente día me desperté muy desanimada con los pensamientos de la noche anterior aún en mi cabeza, al punto de que estaba por tomar mis cosas e irme, desertando del plan de Sasuke sin siquiera avisarle, pero cuando me levanté de la cama, una de las sirvientas llamó a la puerta.

—Señora, el señor le ha enviado un mensaje —me anunció del otro lado de la puerta y tuve que tomarme unos momentos para decidir si recibirlo o sólo huir.

De nuevo, la razón me decía a gritos que debía irme, ya no sólo por el peligro que podría correr, sino porque era evidente que no podía competir por el corazón de Sasuke. Sin embargo, mi corazón una vez más se aferraba hasta lo más mínimo de esperanza que me susurraba que yo podría conseguir el afecto de Sasuke antes de que concluyera su plan y si lo conseguía, él no voltearía a ver a esa chica.

Pensar en la posibilidad de enamorarlo antes de que concluyera el plan tampoco me consolaba o aludía a mi razón, porque no podía dejar de pensar que aquella chica seguía ofreciendo mejores cosas a Sasuke que yo, así que ¿por qué aún si conseguía su corazón, él me preferiría sobre ella o cualquier otra dama de sociedad?

Sin importar si me iba o me quedaba, me di cuenta que debía recibir el mensaje, ya que no hacerlo, podría alertar a Sasuke y podría estar de regreso en casa para tratar de convencerme de quedarme, así que le pedí a la sirvienta que entrara y me diera el mensaje.

Había dos tipos de mensajes que Sasuke solía enviar: una larga carta con instrucciones adornadas de amor y devoción o una nota con instrucciones concretas, como el caso de ese momento.

A causa de mi estado de ánimo, tardé en decidir abrir la nota, pero también sabía que no tenía sentido prolongar lo inevitable.

"Si Sakura vuelve a buscarte, no seas suave. Qué no quiera volver a buscarte.

Sal y muestra el amuleto tan pronto como te sientas mejor.

Recuerda quemar esto."

No me sentía con las ganas ni el derecho de ser cruel con aquella mujer, no sólo porque me sintiera inferior a ella, sino porque no podía evitar ser empática con su dolor.

De una u otra forma ambas estábamos siendo usadas para el plan de Sasuke, y aunque al parecer ambas sentíamos lo mismo por él, la única que parecía haberle expresado su afecto, era ella. Sin mencionar que tenía más oportunidades de estar con él.

Lo mejor era irme, y a pesar de mis emociones, me daba cuenta que si iba a hacerlo, no podía sólo tomar mis cosas y largarme como había pensado hacía muy poco, ya que si Sasuke sabía de que su prometida había estado en la casa y yo había sido "suave" con ella, quería decir que alguno de los sirvientes le estaba pasando información sobre mí.

No me sorprendía enterarme que me mantuviese vigilada, no sólo porque ya lo sospechaba, sino porque era evidente que necesitaba estar informado en caso de que su familia, él tal Danzou o… su prometida, vinieran. Cualquier acción de ello podría cambiar el rumbo de su plan.

Irme precipitadamente, y sabiendo que alguien le informaría a Sasuke, podría provocar que los sirvientes me detuvieran si él les había dejado alguna instrucción previa, o simplemente podrían avisarle y él iría a buscarme, así que debía pensar la forma más discreta de marcharme.

Quizá mi miedo a ser detenida podría ser sólo una paranoia mía, ya que cuando le dije que no quería casarme con Danzou o ponerme en riesgo, él no me advirtió o amenazó para quedarme, pero sabiendo lo importante que era ese plan para él, sabía que al menos intentaría convencerme de quedarme, y sinceramente, temía que lo consiguiera, por ello quería irme sin aviso.

Teniendo en cuenta que él me había visto lastimada el día anterior a causa de la noche apasionada que tuvimos, podría fingir que seguía mal, encerrarme en la habitación y huir a hurtadillas de los sirvientes, pero rápidamente descarté la opción, ya que tarde o temprano ellos vendrían a preguntar si quería desayunar, comer o cenar y descubrirían mi huída. Necesitaba tiempo suficiente antes de que se dieran cuenta para poder huir.

Mientras desayunaba, pensaba en mi plan de escape mirando la chimenea donde ya sólo quedaban las cenizas de la nota que Sasuke me había enviado. De repente, tuve una idea.

Ordené a las sirvientas que me prepararan el baño, y di indicaciones de que saldría de compras.

El plan era simple: acataría la orden de Sasuke sobre pasearme con el amuleto a la vista de todos. Esto despertaría enojo de la gente, especialmente de los asistentes del baile, y si conseguía enfadar lo suficiente a alguna de las damas de la fiesta, como la anfitriona, aquella rubia o la esposa del señor Hyuuga, podría conseguir algún ataque físico.

No es que me entusiasmara la idea, y esperaba que debido a sus estatus de damas, no fuesen tan violentas, al menos para aparentar delicadeza, pero con ello y fingir una caída, tendría excusa para actuar como si mi pie estuviese lastimado. Con esa excusa, podría encerrarme en mi habitación preparando mi partida, y por la noche, después de irme a la cama, podría escapar.

Si todo salía bien, tendría toda la noche de ventaja antes de que los sirvientes se dieran cuenta de mi ausencia, y probablemente gran parte de la mañana si ellos consideraban que mi lesión requería que durmiera más. Por supuesto, tendría un poco más de tiempo mientras le avisaban a Sasuke y en lo que él intentaba buscarme o enviar a alguien.

Habría preferido tener más tiempo para planear algo mejor, incluso poder pensar en lugares a los que podría llegar o al menos rentar un carruaje con antelación, pero debía aprovechar que Sasuke había comentado que estaría castigado, lo que le dificultaría buscarme y perseguirme, y que sería tan precipitado, que sería inesperado.

Mientras me preparaba para mí salida de compras, pensaba mis opciones para la huida. Estaba muy decidida a hacerlo pese a mis sentimientos, pero justo antes de salir de la casa, algo me hizo titubear.

—Señora, el señor le ha enviado un obsequio —me informó uno de los criados, lo que me congeló ante el gesto inesperado.

Claro, sabía que todo ese tipo de gestos era actuación por parte de Sasuke, pero entre más tiempo pasaba con él, más parecían afectarme.

—Debería abrirlo, señora. Si no sabe qué es, podría comprar lo mismo por accidente —me sugirió una de las sirvientas, de la cual, estaba segura que sentía más curiosidad por el obsequio a que realmente quisiera darme un consejo útil.

No respondí y me dediqué a abrir el paquete, para encontrarme con dos juegos de lencería de seda. Uno era igual al que había usado la noche del baile y el otro era color blanco. El paquete venía acompañado de una nota.

"En compensación por romper el primero.

Siempre tuyo US"

La nota me hizo recordar la noche apasionada en que Sasuke había roto la ropa interior que vestí la noche del baile a causa de su deseo por tenerme y pude sentir mis mejillas arder. Sin embargo, el cuchicheo y risitas poco discretas de los sirvientes, me hicieron salir de mi mente.

—Guarden esto —ordené mientras recuperaba mi postura, y tras ponerme mis guantes, salí de la casa portando en la cintura el amuleto de Kyuōfū dispuesta a provocar a la gente de Konoha.

Sabía que mi presencia, así como portar aquel amuleto con presunción, llamaría la atención de todos, causando murmullos y señalamientos, pero lo que no esperé, es que tan pronto como di mis primeros pasos fuera del carruaje, fuera precisamente la prometida de Sasuke quien me interceptaría. Es decir, claro que era consciente de que fuese una posibilidad, pero pensé que debido a la pena y el dolor, estaría encerrada en casa, lo que disminuía las probabilidades de encontrarla en la calle en ese momento.

—¡Tiene que hablar conmigo! —exclamó al pararse frente a mí y sus ojos ya tenían gruesas lágrimas.

De nuevo me sentí paralizada por la culpa y mi sentimiento de inferioridad al verla, pero tardé menos tiempo en reponerme, porque ese sería el último día en que me enfrentaría a ella. Además, recordé la indicación de Sasuke sobre no ser suave con ella.

No estaba muy segura, pero he pensado que Sasuke está tan inmerso en su plan, que aún no piensa demasiado en las consecuencias de romper su compromiso. Es decir, cuando todo termine y él quiera tener familia, podría dificultársele al tenerme como antecedente por la preferencia que estaba mostrando, así que al principio me pareció poco acertado de su parte no tener en cuenta esos detalles, y aunque me dolía pensar que yo no podría ser esa mujer con la que él pudiera querer un familia, tampoco quería que Sasuke perdiera la oportunidad.

Sí, iba a ser dura con su prometida, pero a diferencia del baile dónde señalé que los hombres me buscaban a mí, por lo que se trataba de sus decisiones conscientes, opté por regodearme con la idea de ser yo la manipuladora. Al menos así, cuando Sasuke "se olvidara de mí", podría argumentar que había sido engañado, y ganar simpatía en sus círculos sociales para que le permitieran reintegrarse.

—No me gusta desperdiciar mi tiempo —dije esquivándola, pues sería sospechoso aceptar hablar con ella después de haberme negado la primera vez.

—¡Es lo menos que me debe! —ella insistió poniéndose una vez más en mi camino.

Cómo era de esperarse, la gente alrededor de nosotras se detenía a ver nuestra interacción.

—¿Por qué cree que le debo algo? —pregunté burlona.

—¡Porque intenta arrebatarme a mi prometido!

A pesar de sus lágrimas, aquella chica me enfrentaba con valentía. Podía reconocérselo, ya que no debía ser fácil plantearme cara en público, mucho menos después de lo humillada que debió haberse sentido al enterarse de que su prometido había llevado a una prostituta a un baile dedicado a los enamorados.

—No, señorita, por favor, no se confunda. Yo no intento quitarle a su prometido ni a nadie —me armé de mi propio valor para poder actuar mi papel— Yo hago un trabajo, y se me paga por eso. Ese es mi negocio. Ahora por favor, a un lado.

Los cuchicheos comenzaron, y podía alcanzar a oír, de nuevo, la lástima que sentían por aquella chica, reprochando lo idiota que era Sasuke y, por supuesto, cargando toda la responsabilidad en mi persona y mi vulgar oficio.

—Le suplico deje a Sasuke-kun en paz. Él es un buen hombre y no merece que su reputación sea arruinada —la valentía pasó a ser súplica, aunque mantenía su postura erguida— Si siente cariño por él, por favor aléjese y déjelo en paz para que él no caiga en desgracia.

Las palabras de la pelirrosa me confundieron por un instante, ya que era la primera vez que alguien señalaba que podría sentir afecto por un cliente.

No es que fuese una mentira, pero era la segunda vez que me encontraba con esa mujer y estaba segura de no haberle dado ningún tipo de pista de mis sentimientos por Sasuke, así que era difícil entender por qué me decía aquellas palabras.

Actué tan rápido como pude al salir de mi desconcierto, y me eché a reír burlona y estrepitosamente.

—¿No entiende lo que es un negocio de trabajo? Se lo explico: alguien paga dinero por un objeto o servicio, y por si no lo sabe, el amor no es ninguno de ellos —dije fingiendo seguir divertida.

—Pero…

Una mujer rubia, que estaba segura había estado en el baile se acercó a la pelirrosa y la interrumpió antes de que siguiera hablando para después susurrarle algo.

Yo fingí que no me importaba y volví a esquivarlas para poder entrar a la tienda detrás de ellas, pero discretamente presté atención a la reacción de la chica. Ella se sonrojó, pero pareció molesta y al pasar a un lado de ellas, la oí decir algo que me sorprendió de nuevo.

—Nadie puede ser tan cercano sin un poco de afecto —le protestó a la rubia y enseguida, volvió a ponerse enfrente de mí, lo que por poco me hace mirarla con lástima.

Recordé al escucharla, que en las lecciones que Sasuke me había hecho tomar, se me hizo saber que las señoritas de sociedad ignoraban todo lo relacionado con el sexo hasta su noche de bodas, así que entendían que la cercanía entre un hombre y una mujer, sólo podía ser por afecto. Esto también explicaba por qué no me acusó de interesada.

Sentí lástima por ella, no sólo porque no tenía ni idea de lo que Sasuke hacía conmigo, sino porque su noche de bodas se convertiría en algo traumático con quien fuera que se fuese a casar. Sin embargo, también sentí lástima por mí misma, porque me habría gustado que el mundo fuera como ella lo veía. Al menos así, yo no habría tenido que sufrir en el burdel.

—Esto se está volviendo muy molesto —dije fingiendo molestia— ¿Hay algo que pueda hacer para que me deje en paz?


¿Qué le pedirá Sakura a Karin? ¿Karin aceptará o seguirá con su plan? Si Karin sigue con su plan, ¿ella conseguirá hacer que Sakura la ataque para conseguir seguir con su plan? ¿Karin logrará escapar? ¿Se arrepentirá? ¿O Sasuke la convencerá de quedarse? ¿Se romperá el compromiso de Sasuke con Sakura? ¿Qué otras preguntas les han nacido al leer el capítulo?

Me encantará leer sus comentarios y teorías en los comentarios n.n

Historias a actualizar hoy:

*El cliché de los gemelos (doble capítulo)

*Peligrosos deseos

Espero que el capítulo les haya gustado n.n

¡Hasta la próxima actualización!