Ranma 1/2 no me pertenece. Todos los derechos están reservados a su autor original, Rumiko Takahashi. Esta obra es escrita sin fines de lucro.


Nieve de cristal

Ranma entendía que la vida podía ser rara, extraña. No tenía por qué haberlo hecho, pero así fue. Por primera vez, su cuerpo desobedeció a su consciencia. O tal vez, su consciencia desobedeció a las imposiciones de su vida. Cuando miró como Shampoo lanzaba al agua a Akane, sintió un ligero adormecimiento. Ella no sabía nadar. Nunca supo como hacerlo. Sin embargo, decidió esperar unos segundos. Tal vez eso cambió, o no. No lo sabía, ¿Cómo iba a saberlo? Si su amistad había acabado a los nueve años.

Pero nunca pasó nada extraordinario. Akane se hundía lentamente en la alberca escolar. Las risas de Shampoo le martillaban la consciencia. Observó a Ryoga, su amigo, parado sin hacer nada. No se animaba a lanzarse al agua. ¿Por qué? No lo entendía.

Resopló, rindiéndose ante lo que sus entrañas deseaban. Y por fin pasó. El decidió que era suficiente.

Sintió su uniforme escolar mojarse, y colgando pesadamente. Bajo el agua, observaba a Akane. Le costaba mantenerse a flote. Movía y pataleaba fallidamente, así que comenzaba a entrecerrar los ojos. Ahí sintió que el pánico quería regresar. Sintió la ansiedad aferrándose a su estómago. Pero no había lugar para que le dominara. A veces, cuando el lo quería, podía controlarla. Tomó el cuerpo femenino, y lo sacó de ahí. Shampoo se encontraba furiosa, y francamente, a él le importaba un reverendo pepino.

Con delicadeza, la tomó en brazos, cargándola. Escuchaba a Shampoo maldecir, cosa a la que nunca le prestó atención. Fue a enfermería escolar, y dejó a Akane ahí, mientras él intentaba calmarse y evitar un posible ataque de pánico.

Se quedó el tiempo necesario junto a la enfermera, y cuando Akane se estabilizó, él salió de ese lugar.

Ahora, en la habitación de la chica, no dejaba de dar vueltas a todo lo ocurrido. No había pasado más que un solo día del hecho, y Akane faltó a clases por enfermarse. Durante su jornada escolar, decidió que lo mejor era ir y dejar la tarea en persona. Consiguió mentirle a su abuela, excusándose con que llegaría más tarde por estudiar con un grupo de chicos. Pero no contaba con que la familia, agradecida por ayudar a Akane, lo pasaran al lugar donde hacia tiempo no estaba. Y, por dios, como lo había extrañado.

Claro que las únicas palabras que cruzaron hasta el momento fueron un simple hola. Mucho rato quedaron en silencio, pero entonces, ella decidió acabar con aquella incomodidad.

—Gracias por ayudarme.— Akane agachó su rostro, intentando disimular la terrible voz afectada por la gripa. Tomó los libros que él le dejó en su cama, y los dejó en la mesita de noche. —Y gracias por traer la tarea.

—No... no es nada.

Ella sonrió tristemente. —Ryoga... no me ayudó.

Cruzó sus brazos, irritado. —¿En serio te preocupa más eso que el hecho de que casi te mueres?

—No lo entiendes.— Suspiró. ¿Hacía cuanto que no cruzaba más de tres palabras corteses con él? No tenía idea. Pero era extraño. —Bueno, en realidad... ¿Cómo lo vas a entender? Si tu y yo ya no somos amigos.

—Te gusta.— Soltó sin miramientos. Eso si, no evitó que el tono en el que lo dijo sonara agresivo.

—¿Eh?— Atónita, le miró.

Desvió su rostro, intentando ocultar los celos que nacieron de repente en él. Todas las veces anteriores en las que el solía reñirle, fueron culpa de sus celos hacia el joven Hibiki. Ese chico tenía la fortuna de poder hablar abiertamente con Akane. Pero ahora, todo eso podía cambiar. Tal vez, en esta ocasión tenía control sobre lo que quería. ¿Podría en serio tenerlo?

—No hace falta que me lo confirmes. Lo he notado desde hace un tiempo.— Admitió, con vergüenza. Acababa de confesarle que le observaba con atención en clases, y eso simplemente le delataba.

—¿Qué?— Posó sus manos en ambas mejillas, y se removió bruscamente. —¡Ay, no! Si tú te has dado cuenta, entonces él también.

—No es así.— Dijo, elevando un poco más la voz. Detestaba que ella no haya captado el obvio interés que él sentía. Aún así, lo agradecía bastante. No podría controlar una situación tan comprometedora como aquella. —Descuida. No le diré nada a Ryoga. Nadie lo sabe, solamente... yo.

Akane no sabía que hacer con la información. Pero, lo peor, es que sintió la nostalgia invadir su corazón. Con sus amigas podía hablar sobre Ryoga, y aún si lo hacía, no era lo mismo. Con Ranma sintió confianza, por extraño que pareciera. Además, no había por qué ocultarlo. Echaba de menos las tardes de pláticas y juegos con él. ¿Sería lo correcto? ¿Debería volver a retomar esa amistad con ese chico de coleta larga y ojos azules?

—Gracias.— Extrajo de su cajón un diario, y lo extendió a Ranma. —Mira. ¿Recuerdas que este cuaderno me lo regalaste?

El chico abrió sus ojos, atónito. Lo tomó, y comenzó a darle vuelta. —Lo... conservas...

—Si. ¿No te gustaría.. venir a mi casa el fin de semana?

Una nueva señal. ¿Podía ser que ella regresara a su lado? Sin dudarlo, decidió contestar. —Si. Vendré... y hablaremos.

—¿Lo prometes?— Pronunció Akane, mientras enseñaba su dedo meñique. Los ojos avellana suplicaban por que nada de lo que estuviese sucediendo ahora fuese un sueño. Realmente lo extrañaba.

Ranma acercó su meñique, y lo unió. —Si. Lo prometo.

Akane sonrió. —Hay mucho que recordar.

Capítulo 4.- Sueños y promesas.

Ranma daba vueltas en su habitación, completamente abrumado. Descubrir el problema del que su madre hablaba no solo lo dejó sin palabras, sino que también le hizo sentir un cúmulo de emociones variopintas, todas con matices diferentes. Pena, enojo, resentimiento, odio. Todos y cada uno de esos sentires tenían un destinatario específico: la vida misma.

Sacó de su cajón el frasco con anti ansiolíticos, y extrajo uno. Lo tomó en seco, tratando de esperar el efecto inmediato. No podía decirle nada, no después de prometerlo. Pero si lo ocultaba, habría una persona molesta con él. No quería que las cosas se arruinaran tan rápido, no ahora que había conseguido siquiera un poco de piedad ante ella.

Se tiró a la cama, deseando tener el control de todo por una maldita vez en su vida. Con ironía, soltó un pequeño jadeo. ¿Cuándo había tenido el control de las cosas? Nunca. Y eso lo descubrió a los nueve años. La primera vez que pisó un psicólogo no sabía nada de nada, y cuando concluyó sus sesiones, salió de ahí con una perspectiva distinta. Pero siempre que algo se desencadenaba se repetía ese ciclo sin fin. Pastillas, y luego nada. Pastillas, y se olvidaba por completo de la sensación de ahogo.

A decir verdad, también era un hipócrita.

Retomó sus pastillas cuando cumplió los años suficientes como para poder comprar un frasco. Siempre se salía con la suya, ya que sin receta las obtenía. Antes intentaba con infusiones herbales, en especial, cuando se mudó a China. Y nadie lo había sabido. Ni siquiera su madre.

Si. Era un hipócrita, porque se enojaba con la vida al tener que ocultar un secreto ajeno a él. Pero también ocultaba los propios. Los mantenía a la sombra de todos, lidiando en solitario con el infierno que a veces suponía la ansiedad. No era sincero con nadie. Así que, en efecto. La hipocresía le definía en esos momentos.

Pero entonces, no podía hacer mucho, más que esperar a que el secreto saliera a flote sin que él dijera absolutamente nada, después de todo, no le competía a él hablar del tema.

—Ranma... tendrás que ocultarlo. Lo prometiste.— Observó su meñique, recordando como lo unió con el de su madre durante el trayecto a casa.

Cerró los ojos, tratando de relajarse. El efecto de esas cosas comenzaba a hacerse notar, lo que significaba que todo empezaría a estar en paz. Suspiró, y maldijo una y otra vez a la vida misma.

Por ahora, la promesa que hizo se mantendría intacta. Los labios quedarían sellados.

Akane llegó a casa, después de haber dado una vuelta por el parque conjunto a la estación de autobús más cercana a su hogar. Estuvo reflexionando sobre lo que acababa de pasar con Ranma, y no pudo evitar recordar como en aquél lugar, pasaron muchas cosas. Fue en ese sitio donde ambos pelearon. Y también fue ahí donde él le robó su primer beso.

Todo era confuso.

¿Podría volver a retomar una amistad con él? No lo sabía. Y no deseaba hacerse ilusiones. Ya lo había intentado antes, y sin quererlo, fracasó en esa ocasión. El miedo de tener que volver a pasar por una decepción se mantenía en ella. Pero también, cuando le ayudó a alejar a esa extraña antes de ir a la cafetería, sintió como regresó a los viejos tiempos, donde ambos se apoyaban mutuamente. Como cuando le salvó de ahogarse.

Lo tendría que pensar con absoluta seriedad, y tal vez, darle una piruette a los pensamientos intrusivos.

Abrió la puerta de su hogar, notando como los zapatos de sus hermanas ya estaban colocados en el zapatero del recibidor. Algo muy extraño. Miró su celular, comprobando que el tiempo pasó muy rápido. Se descalzó, y avanzó en dirección al comedor para disculparse por su retraso, cuando miró como Nabiki y Kasumi estaban afuera del baño de invitados.

—Oigan, ¿Qué suce...?— Se interrumpió cuando ambas le hicieron una seña para que se callara. A juzgar por sus expresiones, algo pasaba. Afinó el oído, y entonces, capturó el sonido proveniente del cuarto.

Su madre devolvía el estómago.

Kasumi decidió que era suficiente, por lo que tomó las manos de Nabiki y Akane. Las llevó a ambas hacia la cocina, ocultándose de su madre. Decidió que lo mejor era cerrar la puerta, y en voz baja, comenzó a hablar con ambas. —Mamá se ha sentido mal del estómago. Cuando llegué, ella estaba en el comedor. Parecía muy cansada, así que le hice un té de jengibre para que sus energías volvieran. Pero entonces, cuando regresé de la cocina ella probó un poco, y le dio asco.

Nabiki cruzó sus brazos, mientras se apoyaba en uno de los muebles de la cocina. —¿Hace cuanto pasó todo?

—No tiene mucho. Tal vez...— Pensó, hasta que sus ojos se abrieron lo suficiente como para dejar en claro que había un problema. —Creo que ya vamos para media hora.

—Antes de que llegara.— Nabiki resopló, intentando pensar que diablos sucedía. Todo estaba siendo absolutamente extraño. —Mamá ha estado rara. Primero, compromete a Akane con el hijo de los Saotome, luego, pregunta sobre la tienda de mochi. Y ahora esto. No es normal ese comportamiento.

Akane recordó lo que platicó con ella, sobre el por qué la comprometió con Ranma. —Me confesó que tiene deudas.— Con esto, logró captar la atención de sus hermanas. —Dijo que compró algo para la tienda, y eso la dejó endeudada. No me contó más detalles, pero estoy segura de que ese asunto le ha de tener tan mal, que por eso está con energías bajas y devolviendo la comida.

La hermana mayor reaccionó con preocupación. —Suena grave. Pero ahora que lo mencionas, tiene coherencia.

Nabiki bufó. —Como sea. No fue lo correcto. No debió haberte comprometido con ese chico, y menos sabiendo lo que nos hicieron. Quitarnos las becas a las tres fue lo peor, pero creo que contigo se han pasado más de la cuenta.

Akane entendía que a Nabiki tampoco le haya hecho tanta gracia. A decir verdad, la única persona que lo tomó con tranquilidad fue Kasumi. Ni su padre estaba tan calmado. —Lo sé. Pero no puedo hacer nada por ahora con respecto al compromiso. Lo único que me queda es buscar un trabajo de medio tiempo.

Kasumi tomó las manos de Akane, frotándolas con cariño. Ella era como una segunda mamá, siempre servicial. —Pero tu debes enfocarte a tus estudios. A mamá no le gustaría que los descuides.

Negó, y correspondió el amable gesto de su hermana. —No te preocupes. Encontré un lugar donde puedo hacerlo. Es de medio tiempo. El lunes iré a conseguir el empleo, así que no habrá problemas. En cuanto a las clases, no pienso descuidarlas.

—Me alegra saberlo.— Resopló Kasumi, aliviada por escuchar a Akane.

—Eso si. Yuka me ha dicho que se enteró sobre unas supuestas audiciones para poder ir a estudiar a Rusia durante un año. Estoy dispuesta a inscribirme, ya que la beca que darán seguramente es más grande que la que tengo ahora mismo.

Nabiki tocó el hombro de Akane. —Pues más te vale poner todo de ti. Yo también haré lo mío. Si es posible, pediré horas extra en la oficina.

—Y yo también trabajaré más duro en la guardería.— Kasumi abrazó a las dos chicas, uniéndose en un cálido abrazo. —Por lo mientras, debemos cuidar a mamá. No es lo mejor para ella descuidar su salud.

Las tres hermanas sonrieron cómplices, manteniéndose juntas en la cocina, realizando una promesa simbólica. Mientras tanto, del otro lado de la cocina, Naoko se retiraba a su habitación, soltando lágrimas silenciosas y sollozos imperceptibles.

¿Por qué la vida debía ser tan injusta?

La familia Saotome desayunaba, como siempre, en total silencio. A decir verdad, Ranma sopesaba la mejor forma de encubrir lo que quería hacer. Le había dado vueltas al asunto durante todo el fin de semana, y es que ahora serían dos secretos que debía mantener. El de su madre, y el suyo propio. Después de tanto pensar, optó por soltar una mentira muy convincente, y que estaba seguro de que le ayudaría al cien por ciento para despistar a su abuela. Miró su plato, y luego, a aquella anciana sentada en uno de lo extremos del comedor. Le repugnaba el hecho de tejer una red de secretos, pero ya estaba harto de no tener el control, al menos para su propia vida. Ya vería la forma de resolver los posibles problemas cuando todo escalase.

—Uhm... abuela...— Dijo, titubeando con ligereza. Tranquilízate, Ranma. Debes estar firme.

Umeko miró a su nieto, con ojos acechantes. —¿Qué pasa?

Respiró profundamente, y articuló las palabras que necesitaba sacar. —Me invitaron a un grupo de estudios. El viernes, uno de los chicos de la clase me dijo que siempre se reúnen para estudiar después de clases. Las sesiones de estudio duran alrededor de cuatro horas.

—¿Quién te invitó al grupo de estudio?— Preguntó, volviendo a cortar su porción de filete de pescado y llevando un pedazo del alimento a su boca.

Nodoka observaba a Ranma, extrañada por que no le mencionó nada al respecto. Sin embargo, no quiso entrometerse más de lo debido. El de trenza, recordando los nombres de algunos compañeros, sacó uno a colación. —Masato Nakawaga. Es hijo del señor Nakagawa, dueño del buffet de abogados Nakawaga y asociados.

La anciana tragó el té que bebía, y luego de ello, observó a Ranma. —¿Aceptaste?

Asintió lentamente. —Empiezan hoy.— Para ser más convincente, debía actuar como si lo hubiese hecho a la fuerza. —Lo hice porque estoy seguro de que si te enteraras, me obligarías. Pero, abuela, yo...

—No empieces a quejarte.— Reprochó en tono severo. —Lo harás. Necesito que comiences a hacerte de contactos, y si se te ofreció la oportunidad valiosa de estudiar con el chico, entonces aceptarás y punto.

—Si, abuela.— Dijo desganado, aunque en el fondo estaba consciente de que la mentira funcionó adecuadamente.

Las clases de ballet estaban avanzando normalmente ese día, y a decir verdad, Akane y Yuka se mantenían expectantes al anuncio de las audiciones. Ambas amigas planeaban inscribirse juntas, ya que deseaban estudiar en Rusia, una de las mayores cunas del ballet clásico. Sería un gran honor ir a terminar sus estudios ahí mismo, en especial, porque Yuka se había enterado con anticipación gracias a su cercanía con fuentes confiables.

Mientras las tres chicas estiraban sus piernas apoyadas en la barra, discutían sobre la noticia. La menos entusiasmada de las tres era Sayuri, quien simplemente se mantenía harta de todo. No es que no le gustase el ballet, simplemente era alguien más relajada en muchos aspectos.

—Oigan, ¿Y están seguras de que si se abrirán esas dichosas audiciones?— Preguntó con cierta duda en su voz.

Yuka, emocionada, asintió enérgica. Lideraba a las tres chicas en aquella rutina pequeña, por lo que sin dejar de moverse decidió hablar. —Si. Oí a mi padre charlar con uno de los profesores de la orquesta, y él le confirmó que habían recibido ordenes de recopilar las partituras que se necesitaran cuando los participantes se hayan anotado. E incluso, vestuario y coreografía.

—Eso quiere decir, que entonces podremos elegir todo...— Akane no podía creer que tuviesen la fortuna de poder seleccionar cada detalle necesario para los estudiantes. —¿Y será puramente ballet clásico?

—No lo sé.— Hizo una pausa para terminar con un estiramiento final, y luego, dejó de apoyarse en la barra, girando para observar a sus amigas. —Me parece que deberán tener algunos pasos de ballet contemporáneo. Esto porque dicen que vendrá alguien de la Academia de baile de Rusia, y desea que los bailarines sean capaces de tener control absoluto de su cuerpo.— Al ver como las dos chicas se sorprendían, decidió calmar las aguas. — Pero no lo creo, sería una absoluta locura.

Sayuri se limpió el tenue sudor de la frente. —Cielos, entonces supone mucha presión meterse a aquello.

—La recompensa lo vale.— Declaró segura de si misma. Tal vez era muy ambiciosa, pero siempre había soñado con estudiar ballet en el extranjero.

La tercera amiga rodó los ojos. —No creo que la neblina mental y el agotamiento físico lo valga, pero bueno. No participaré. ¿Tú si, Akane?

Cuando les dijo a sus hermanas sobre la beca, estaba segurísima de hacerlo. Ahora, con la posibilidad de que se manejaran pasos de baile contemporáneo, su decisión tambaleaba por aquello. —Yo... no lo sé...

Yuka miró a Akane, quien se notaba ligeramente dudosa. —Akane, sé que tu podrías. Has entrenado ballet desde los nueve años, y aunque hayas entrado a la academia de forma tardía, eres capaz de ello. Te lo aseguro.

Akane asintió, aunque aún persistía cierta confusión en ella. El ballet clásico suponía cierta rigidez y fluidez combinadas, solo que agregarle pasos de ballet contemporáneo sonaba como una locura absoluta. Pero al recordar las palabras que le dijo a Ranma, se sentía un poco más motivada.

Ranma... ¿Cómo se encontrará? ¿El estará dispuesto a luchar por sus sueños, al igual que ella?

De pronto, la puerta del aula se abrió, mostrando a la profesora Ninomiya con un conjunto de papeles en sus manos, interrumpiendo los pensamientos de Akane. —Buen día, clase.

Todos se posicionaron en su lugar, y saludaron formalmente a la profesora. Cuando la señorita Ninomiya puso su bolso en su lugar, se dirigió a cada estudiante, y les otorgó una copia de aquél documento. Luego, se dirigió hacia enfrente del aula de baile, y comenzó a hablar.

—Lo que les acabo de entregar es una solicitud para inscribirse a unas audiciones. Estas audiciones son para entregarles una beca y estudiar durante un año en Rusia. Tienen alrededor de mes y medio para poder planear todo, desde coreografía hasta vestuario y música. La temática es libre, siempre y cuando consideren añadir pasos de ballet contemporáneo.

Ante aquello, todos en el salón palidecieron, y entre susurros comentaban que era algo muy difícil.

—Eso es injusto. Casi nadie en esta escuela practica el ballet contemporáneo.

—Si, además, los pasos pueden ensuciar la perfección de las técnicas que ya manejamos.

—No todos poseemos el control necesario en nuestros cuerpos.

—Es una injusticia que hagan eso. Y es poco tiempo para tener listo todo.

La mayoría se especializa en ballet clásico, y agregar pasos del otro estilo de baile sonaba como un mero capricho que desentonaría con cada coreografía. Además, el tener que trabajar bajo presión les lanzaba una alerta a todos. ¿Qué tan dispuestos estaban para sacrificar mucho, si no estaban seguros de pasar? Al ver cada reacción, la profesora decidió intervenir de forma estricta.

—Si es lo que consideran, entonces no están a la altura de la competición.— Con ello, logró que la mayoría pusiera mueca de fastidio. —Un buen bailarín debe de ser capaz de encontrar soluciones y de mantener la pasión encendida en todo momento. Se acoplan a los tiempos y a las situaciones, por el amor al arte. Además, si desde ahora mismo consideran que es una pérdida de tiempo, entonces no están hechos para aquello.— Cuando todos enmudecieron, volvió a hablar, mirando en específico, a Akane. —Tienen hasta mañana para mandar su solicitud. Piensen dos veces si desean luchar por sus sueños. Ahora, vamos a ensayar. Dejen las hojas y acérquense.

Cada uno de los alumnos hizo lo ordenado. Akane, por otra parte, aunque dejó el papel encima de sus pertenencias, su mente se atascó en lo que dijo la profesora Ninomiya. Tenía la ligera sensación de que se lo decía a ella, más que a los demás. Y mientras realizaba , su decisión y el fuego hacia su pasión crecían enormes. ¿Estaba dispuesta a luchar por sus sueños? ¡Por supuesto que si!

Lo haré. Aunque me cueste la vida, lo haré.

Naoko se encontraba en el baño de su negocio, tratando de detener el incipiente sangrado que su nariz comenzaba a liberar. Trataba de darse prisa, ya que lamentablemente había muchos clientes ese día, y no se estaban dando abasto. El miedo se abría paso en su ser, y es que desde el fin de semana no se encontraba en paz.

En el hospital, se encontró con el hijo de Nodoka. No esperaba verlo ahí, por lo que desesperadamente le pidió guardar el secreto a su hija, Akane. Sabía que ella debía decirle todo, pero no se atrevía, a pesar de que el médico también insistía en que se diera prisa.

—Dios...— Resopló, tomando otro trozo de papel y poniéndolo en su nariz. Escuchó la puerta siendo tocada con insistencia. —¿Quien?

Señora Tendo, soy Mako. Se nos acabaron algunos recipientes, ¿Puedo llamar al proveedor?

—¿No puedes salir a comprarlos? Me sale más barato si van personalmente.

Lo lamento. No puedo, hay mucha gente que está desesperada porque los pedidos tardan en salir.

Eso no sonaba nada bien. —De acuerdo. Llámalos.

Oyó los pasos alejándose, y la desesperación le invadió. El doctor se lo advirtió, le dijo que debía mantener las cosas en orden, o sería peor. Como un reflejo, tocó su cabeza, pasando sus dedos por su cabellera suelta. Al hacerlo, sintió un mechón en sus manos. Asustada, y con la respiración agitándose, adelantó su palma. Ahí yacia un pedazo de su cabello, completamente despojado de la cabeza.

—No, no, no, no...

Se quitó el papel de la nariz, ya completamente seco. Lo tiró al bote de basura, y contempló el mechón. Luego, pasó su mano temblorosa nuevamente en el cabello, descubriendo que otros mechones caían sin control. Aún más asustada, negó, y tiró la evidencia en el bote.

Salió del lugar, y pudo observar la gente que inundaba el sitio. Había bastantes personas, por alguna razón. En otra ocasión hubiese explotado de alegría por tener dinero asegurado en su bolsillo, pero ahora, solo necesitaba ir a un lugar en específico.

—Señora Tendo... ¿Se encuentra bien?— Preguntó Harumi, una de las meseras. Le preocupó el notar la palidez en su jefa, y el estado de conmoción de ella.

Asintió, intentando recuperarse. —Escucha, debo ir a un lugar. ¿Puedo confiar en que les irá bien con las órdenes?

—Si, señora Tendo.

Naoko salió del lugar, portando su gabardina. El aire frío la golpeó, y entonces, caminó hacia la peluquería más cercana.

Akane miraba con asombro las máquinas de café del lugar. Los baristas que trabajaban en la preparación de las bebidas lo hacían espectacular, y además, eran muy amables, al igual que la dueña. Se fijó en cada detalle del sitio. Las luces cálidas, los muebles rústicos, la suave música. Cada detalle era perfecto.

—¿Qué tal te ha parecido todo?— La amable mujer se hallaba encantada con la actitud de la jovencita frente a ella. Le agradaba contratar personas jóvenes, ya que sentía que muchas veces hacían lo posible por transmitir paz.

—Me agrada. Creo que no tendré problemas en trabajar aquí.

—Es bueno oír eso. La paga no es mucha, espero no tengas problemas con ello.

Negó. —Para nada.

—Estupendo.— Le entregó una bebida caliente, como compensación por la tardanza en la explicación. —Es mi forma de disculparme por haber tardado tanto en llegar a la cafetería. La verdad es que fui a despedir a mi hijo. Salió de viaje. Es médico, y quería asegurarme de que se fuera con todo en orden.

Akane sonrió amable, aceptando el café. —No tiene de que disculparse, pero le agradezco mucho por la bebida.

Los ojos azules de la mujer transmitieron confianza a Akane. Realmente era una jefa muy amable. —Bien. Te veré mañana.

Akane hizo una reverencia, y se encaminó a la salida. Antes de abrir la puerta, observó la mesa en la que se había sentado junto a Ranma. La verdad es que no había logrado olvidar lo sucedido ese día. A pesar de charlar con Shinnosuke, e intentar coquetear con el médico, le era imposible concentrarse en ello. El perfume de Ranma se había grabado en su memoria desde la primera vez que se reencontraron.

Salió por fin del lugar, y caminó en dirección a la parada de autobús más cercana. Mientras tanto, tomaba la bebida caliente. Un americano. Miró al cielo ligeramente nublado, y suspiró.

—¿Cómo estará Ranma?

Ranma entró al gimnasio, y se dirigió inmediatamente a la recepción. Ahí mismo entregó la solicitud de inscripción, y luego de unos momentos, le indicaron que podía pasar a vestidores y prepararse. Agradeció con amabilidad, encaminándose para cambiar su ropa. Por suerte, el lugar tenía duchas, así que se asearía después del entrenamiento para que su abuela no sospechara nada.

Hacia tiempo que no entrenaba como se debía, si acaso lograba hacer algo de ejercicio básico, así que supuso que le sería extremadamente difícil acostumbrarse al ritmo que manejaría su entrenador. Por lo menos pudo costearse un entrenador personal que le asignaría un ritmo de trabajo adecuado. Terminó por ponerse un conjunto deportivo de Adidas que se compró en China, y entonces salió.

Cuando se plantó frente a la puerta de la sala de entrenamiento personal, respiró profundamente. Los nervios comenzaron a llegar, pero ahora no dejaría que la ansiedad le dominara. Ese no era el momento ni el lugar para que hiciera de las suyas. Entró, y cuando observó, había un hombre parado, alistando su ropa de entrenamiento. Rápidamente dejó sus cosas en en banquillo, y se aproximó lo más que pudo.

—Buen día.— Saludó con una reverencia profunda.

Entonces, el extraño se volvió hacia él, mirándole con algo de severidad. Se veía imponente por la altura, pero a decir verdad, a Ranma no le causó ni una pizca de miedo. El hombre se acercó, deteniéndose frente a Ranma. —Bienvenido. Eres Saotome, ¿No?

Asintió. —Un gusto, entrenador.

Aquél hombre soltó una risita, y luego, le extendió la mano a lo americano. —No hay por qué comportarse tan rígidos. Soy Ryu Kumon, tengo apenas veintisiete años de edad, y como verás, me desempeño como entrenador de artes marciales mixtas.

Ranma correspondió el saludo, acostumbrado al trato con personas extranjeras. —Entonces, ¿Te puedo decir Ryu?

—Así es...

En ese instante, Ranma terminó en el suelo, aplastado por el joven a quien le extendió la mano. Anonadado, se dio cuenta de que poseía velocidad y agilidad para poder derribarlo de esa forma. —¿Qué ha pasado...?— Se removió, y a duras penas logró quitárselo de encima. Contrariado, se puso de pie.

Ryu volvió a reír. —Bien, creo que tus reflejos hay que mejorarlos.— Se dirigió al saco de boxeo, y lo golpeó, logrando que este se balanceara velozmente. Lo atrapó entre sus brazos. —Acércate y golpéalo diez veces. — Ranma obedeció. Pero antes de hacerlo, escuchó la petición de su entrenador. —Tienes cinco segundos para ello.

Respiró, y dio alrededor de diez golpes. Al primero, pensó que podría, pero en el quinto, comenzó a sentir que sus músculos se contraían. Hizo lo mejor que pudo, aumentando la velocidad. Al décimo, gracias a su descuido de movimientos, el saco de boxeo lo golpeó, aturdiéndole ligeramente. —Mierda.— Masculló, dándose cuenta de la brusca realidad: su nivel era de principiante.

Las carcajadas salieron como agua en Ryu, y entonces, negó con la cabeza. —Hay mucho que mejorar. Ahora eres un debilucho, pero supongo que hallaremos la forma en la que puedas avanzar de nivel de forma rápida. Tom

¿Qué si le dolió aquello? Por dios, fue un gancho directo a su orgullo. Sin embargo, al recordar las palabras de Akane, decidió que necesitaba luchar por sus sueños. No se detendría por un mal inicio.

Lo haré. Aunque me cueste la vida, lo haré.

Umeko analizaba de nueva cuenta el contrato de su hijo. Lo escaneó, pues la copia original se la entregó a un investigador privado que contrató. Sin embargo, y para su pesar, no podía encontrar nada. Ni una sola repuesta a lo que sucedía. Dejó sus lentes en el escritorio, y se levantó de su asiento. Caminó hasta quedar frente a su ventanal, donde podía observar la ciudad.

Genma siempre le desobedecía, nunca logró imponer sus condiciones ante él. Aún recordaba, con mucha rabia, el día en el que le dijo que se casaría con Nodoka.

—¡Tú no me vas a decir con quien debo casarme!

La voz gruesa de su hijo retumbó en las paredes, reflejando los diversos sentimientos de él. Entre ellos, la ira. En sus ojos miró la decisión, y esto solamente la decepcionó a grandes rasgos.

—¡Genma! Ya te había comprometido con Asami Sato.— Declaró, severa como siempre. —¿No me dirás que es con esa absurda criada?

Genma endureció su porte. No era un hombre que se enojara con facilidad, pero la relación con su madre siempre resultó un desastre. Odiaba que le intentara controlar cada aspecto de su vida. Es más, siempre quiso que dejara de entrenar artes marciales, sin embargo, el no deseaba hacerlo. Su vida era ello, y ahora, tenía otra razón por la cual no dejaría que su madre le impusiera todo. —¡No le digas así! Su nombre es Nodoka. Y ella merece maldito respeto. Además, es la futura madre de tu nieto.

Se levantó de su asiento, y plantó una bofetada en la cara de su propio hijo. —No solo eres un bueno para nada, que simplemente derrocha tiempo valioso en artes marciales. También eres un bastardo libertino.

Se tocó la mejilla, y miró fijamente a su madre. —Insúltame a mi. Pero a Nodoka no le vas a decir nada, ¿Oíste?

Lo miró de pies a cabeza. —Me decepcionas.— Dio vuelta, y se sentó en el escritorio. —Te dejaré casarte con ella. Pero obedecerán todo lo que yo diga. No podemos dejar que la gente hable sobre ella, y la señalen como una mujer que no es pura porque tú la corrompiste. Yo organizaré su boda, y vivirán en la mansión. No volverás a ver a tu grupito de amigos, así que olvídate de Soun Tendo y de Takeshi Mamoru.

—Bien. Si, de acuerdo.— Respondió iracundo.

—Y además de todo eso, seré la encargada de darle educación de calidad a ese niño.

No se lo iba a dejar tan fácil. Aún así, accedió para zanjar el tema. —Lo que la reina desee.

Ahora, largo de mi vista, antes de que me arrepienta.

Cuando Genma se marchó, Umeko lanzó la copa llena de su más reciente creación al suelo.

Claro que si en ese instante ella sabía lo que significaría todo, le hubiese obligado a Genma a firmar el matrimonio con la hija del matrimonio Sato. Nodoka le supuso dolores de cabeza, al igual que su hijo. Ahora, los Tendo volvían a su vida, descontrolando sus planes de comprometer a Ranma. Tocaron a su puerta, y ella dio la señal para que pudiesen entrar.

—Adelante.— Anunció con su característico tono de voz frío.

La joven secretaria de aquella mujer se dejó entrever. Todos los que trabajaban en esa empresa solían tener una imagen pulcra, por lo que ella no era la excepción. —Señora Umeko, el arquitecto que está a cargo de la construcción de la nueva fábrica en Sapporo dice que hay un problema con la estructura. Quiere que vaya a la zona para supervisar y decidir la solución.

Asintió. —Agenda un vuelo para la siguiente semana. Y cancela mis citas de negocios.

—Como desee.

En cuanto ella desapareció, Umeko marcó un número desde su teléfono celular.

¿Diga?

—Investigador privado. Me temo que de momento tendré que ausentarme. Pero confío en que dará con la persona que firmó ese contrato.

Claro, no se preocupe. Déjelo en mis manos.

Akane llegó a casa, feliz por lo que estaba sucediendo en su vida. Después de clases metió su solicitud para las audiciones, y fue a la cafetería a pedir el puesto de medio tiempo. La dueña del lugar se portó muy amable con ella, por lo que no dudó en decir que si cuando le preguntaron si deseaba trabajar ahí. Las horas que estaría trabajando solo eran cuatro, pues el puesto se consideraba de medio tiempo. Eso le bastaba, ya que aunque la paga no fuese la mejor, tendría tiempo para poder ensayar la coreografía que quería presentar.

A propósito de ello, estaba pensando en que pieza musical sería la más indicada para bailar, pero aún no lo tenía del todo claro. Dentro de las bases, proponían una pieza musical que fuese capaz de interpretarse en orquesta, ya que tendrían música en vivo.

Bueno, ya tendría tiempo de poder decidir que interpretar.

—¡Ya llegué!— Anunció, descalzándose en el recibidor.

Tan pronto como pronunció su frase de llegada, apareció ahí su madre. Sin embargo, Akane puso en su rostro la mueca de sorpresa más pronunciada que nunca puso en su vida.

—Bienvenida, hija.— Naoko recibió a su pequeña, pero con una diferencia en su look diario. Ahora llevaba el pelo corto, un corte que jamás había tenido en su vida.

—Mamá...— Akane se acercó, y tocó el pelo de su madre. —¿Qué... por qué...?

Naoko tomó la mano de Akane, y puso la mejor sonrisa que jamás lanzó. —¿No te gusta? La verdad... es que decidí hacer un cambio. La señora Hatsumoto fue a la tienda hace unos días, y me dijo que me vendría bien un cambio de imagen.

Akane correspondió a la sonrisa, y asintió. —Te ves increíble.— La abrazó, y luego de permanecer unos segundos junto a su madre, se separó. —A propósito, el otro día estabas mal físicamente. ¿Ya te encuentras mejor?

—Si hija.— Mintió, como lo había estado haciendo desde ya hacía un par de meses. —No te entretengo más. Ve y cámbiate, para que cenemos después.

Akane asintió, y comenzó a subir las escaleras. Mientras lo hacía, definitivamente pensaba en que algo extraño sucedía con su mamá. Hasta donde recordaba, ella solía decir que nunca se cortaría el pelo, pues le gustaba muchísimo. Ahora, de repente, lo hacía. ¿Qué estaría pasando con su madre?

Entró a su habitación, y en cuanto puso un pie ahí, resopló un poco cansada. Dejó su mochila llena de su ropa de entrenamiento en el piso, y luego, se tiró en su cama. Pensó en enviarle mensaje a Shinnosuke, pero no lo hacía, pues el estaría ocupado en un simposio por esa semana.

¿Debí haberle pedido su celular a Ranma?

Ranma llegó a casa, completamente exhausto de tanto entrenamiento. No recordaba que la actividad física de esa magnitud fuese tan cansada. A pesar de la dificultad de su entrenamiento, estaba poniendo todo de sí. Y aunque los músculos se le acalambraran, era una realidad que había extrañado.

—Hijo.— Nodoka llegó a la recepción amplia de la mansión, seguida de una de las criadas. En cuanto vio a su hijo, no dudó en abrazarlo. La conciencia le remordía al haberle tenido que pedir a Ranma que guardara un secreto del tamaño de todo Japón, por lo que una de sus formas de compensarlo era regodearlo de múltiples atenciones. —¿Cómo te sentiste en esa sesión de estudios? ¿No te sientes mal? ¿Ansioso?

Ranma separó su cuerpo del de su madre, y sonrió amablemente. —No. Todo bien.— Luego, hizo una mueca de aparente fastidio. —Pero no les soporto. Son mimados y egocéntricos.

—Lamento que tengas que aceptar... Y también, lamento que tengas que guardar el secreto de... bueno, ya sabes.

Suspiró. —Debe saberlo. Pero no debo ser yo quien se lo diga. De todas formas, mantengo mi promesa.

Nodoka asintió, convencida de que así sería. —Bien. Ahora, ve a cambiarte para cenar.

Ranma comenzó a caminar, sin embargo, se detuvo en el pie de las escaleras. Ya tenía una idea de como cobrar su silencio. —A propósito... ¿Crees que me puedas pasar el número de... Akane?

—¿Ah?— Pestañeó rápidamente, sin entender el tan inesperado arrebato de su hijo. —¿Su número?

Bien, no había captado que se oyó un poco extraño. Movió la cabeza en señal de afirmación, y las mejillas se le colorearon de repente. —Si... ahm... si, s...su número.

—No le dirás del secreto, ¿O si? Digo, sé que me acabas de decir que no te compete a ti decir nada, pero...

Negó. —No. Es solo que...— Con muchísima pena en el rostro, rascó su mejilla. —Olvidé pedirle su número. Y, bueno... dijiste que debemos de llevarnos bien. Creo que tienes razón, necesitará un problema menos...conmigo.

Nodoka resopló con alivio. Luego de ello, tomó su celular que estaba a la mano, y mandó a su hijo un contacto. —Tengo su número y el de la señora Tendo. Ya sabes, por cualquier cosa.

—Gracias... ¡Bajo en un rato!— Después de decir aquello, huyó a su habitación, tan veloz como un rayo.

Corrió por los pasillos, y finalmente abrió la puerta de su habitación. Botó sus pertenencias a un lado, sin importarle el estado de cada cosa dentro de su mochila. Estiró sus músculos, tratando de juntar valor.

—Vamos, Ranma. No es como si... como si fueses a querer intentar algo con ella. Solamente tienes que entablar una amistad y ya. No es verdad eso de que donde hubo fuego, cenizas quedan. No, en lo absoluto.

Tomó el aparato, y tecleó para guardar el contacto. Luego de ello, marcó el número deseado. Todo pasaba en cámara lenta, y le parecieron segundos eternos. Estaba a punto de colgar, cuando sucedió lo inesperado.

Akane regresaba de haber tomado una ducha, con su pijama ya puesta y una toalla con la que secaba su largo pelo suelto. Dejó la toalla colgada de su silla del escritorio, y observó el ambiente desde su ventana. Los vidrios ya se encontraban empañados, por lo que decidió dibujar una carita simple en la ventana. Y luego, de la nada, un corazón.

Recordó que la noche después del beso robado, dibujó un corazón al igual que en ese instante. Esa figura tenía sus nombres dentro de si.

—¡Vaya! Era una niña muy ilusa.— Pronunció con cierta gracia. Cursilerías de los catorce años.

Pronto, un tono de llamada le sacó de sus cavilaciones. Se extrañó de sobremanera. Shinnosuke no podía ser, él estaba ocupado en el simposio y a lo que le comentó, a esas horas se dedicaría a realizar las tareas que les dejaran ahí mismo. Al ver que el número no estaba registrado, decidió contestar.

—¿Diga?

Unos segundos de pura quietud se abrieron paso, y entonces...

Hola...

Casi cae al suelo de la impresión. Con cierta extrañeza, trató de articular palabras. —Ra...Ranma...

Un bufido se escuchó. —Supuse que no debía llamar. Lamento si...

—No. No, no.— La velocidad con la que dijo aquello le asombró hasta a ella. Recompuso el temple, dándose una bofetada mental a si misma. Las cenizas de lo que alguna vez tuvieron deberían mantenerse apagadas. —Es decir... es solo que me sorprendiste. Es todo.

Lo oyó carraspear. —Entiendo. Ahm... le pedí a mi madre tu número. Ella me lo pasó, ya que tu madre se lo dio.

—Oh. Vaya...

Podía jurar que la respiración agitada de Ranma se percibía claramente. Pero supuso que eso solo era parte de su imaginación. —Debo darte las gracias. Tus palabras me hicieron darme cuenta de que debía luchar por mis sueños. Me inscribí a una escuela de artes marciales mixtas, a escondidas de mi madre y mi abuela.

—¿De verdad?— Una sonrisa se instaló automáticamente en ella. Fue tan genuina, que Ranma logró darse cuenta de ello del otro lado de la línea. —Me alegra mucho. Lo digo de corazón.

¿Qué hay de ti? ¿Cómo te ha ido?

—Bien. Ahm... todo está en orden.— No sabía si decirle de las audiciones, pues a pesar de que intentaran limar asperezas, aún era demasiado pronto para ella el poder soltarle cosas tan confianzuda.

Me alegra escucharlo. Bueno... no quiero molestarte. Solo llamé para darte las gracias.

—Si... no hay problema.

Agendaré tu número, si no es mucha molestia.

—No te preocupes. Haré lo mismo.

Te veo después.

—Claro... descansa.

Igual.

Una vez que la llamada terminó, Akane sintió como su corazón latía aceleradamente. Por extraño que pareciera, Ranma le llamó después de que ella dibujó el corazón en la ventana.

—¡Dios! ¿Qué me está tratando de decir el universo?— Se tiró a su cama, y luego pataleó. —No puede pasar. No puede pasar.

Mientras tanto, en la mansión de los Saotome, un avergonzado Ranma hacia lo mismo.

Shinnosuke terminó de leer el artículo de investigación que le dijeron debía estudiar. Miró la hora, corroborando que ya era de madrugada. Pensó en enviarle un mensaje a Akane, sin embargo, desistió al suponer que estaría descansando. Sonrió, dándose cuenta de que ella comenzaba a dejar una huella profunda en él. Apenas llevaban tres semanas hablando, y estaba consciente de que todavía era demasiado pronto para suponer que algo entre ellos podría pasar. Pero su corazón nunca había sentido chispas por nadie más.

Cuando se despidió en el aeropuerto de su mamá, le había confesado que una chica llamaba su atención. Claro que su madre celebró todo, y le dijo que merecía ser feliz. Tenía razón. No haber crecido con un padre destrozó su corazón, pero ahora, tenía un trabajo, a su madre viva y economía estable.

Si, merecía ser feliz. Cuando regresara del simposio, invitaría a Akane a una cita.

La semana había estado pasando como una montaña rusa para Ranma y Akane. Ambos tenían muchas cosas que poner en orden para lograr sus propios cometidos.

Con Ranma, los entrenamientos le estaban suponiendo un reto gigante. Debió modificar ligeramente su dieta y estilo de vida, sin que su abuela y madre sospecharan de ello. Por recomendaciones de su entrenador, tuvo que comenzar a correr afuera de la mansión a las primeras horas de la mañana.

Claro que entre más tenía clases de su carrera, más las aborrecía. Los entrenamientos se comenzaron a volver en un viaje de libertad que le permitía ser él. En esos momentos, no existía el joven Ranma Saotome, futuro heredero de la empresa familiar. Solo era un joven con pasiones por explotar,

Para Akane, la decisión de inscribirse a las audiciones le tenía en un dilema de que hacer. Aún no tenía claro ni el vestuario, ni la música, y mucho menos la coreografía. A diferencia de ella, Yuka ya tenía planeado todo.

Encima, su primer día atendiendo la cafetería fue un poco caótico. Le tocaba ser mesera, pero hubo ciertas ocasiones en las que confundía las ordenes, o en las que las bebidas se derramaban. Hizo lo mejor que pudo, y aunque su superior la regañaba, ella ponía buena cara a todo.

En cuanto a su vida familiar, seguía pensando en que su madre actuaba extraño. El corte de pelo, y también ciertas ocasiones en las que la sorprendía con un cansancio extremo solo le acrecentaban las ganas de trabajar duro.

La lucha por sus sueños había iniciado, y no daría marcha atrás. Sea como sea, lo lograrían.

El sueño resplandeciente se anunciaba ante ellos, como un reflector. Lo lograrían, cueste lo que cueste. Era una promesa.


¡Hola a todos!

Perdonen, esta vez el capítulo es corto. Estaba planeando sacar uno más largo, pero serían casi 15 k de palabras, así que mejor decidí dividir en dos. Además, estoy esperando una comisión de portada para este fanfic. Ojalá que para la próxima ya quede la portada. De mientras, ¿Qué tal les ha parecido esta actualización?

Ha habido información valiosa en esta ocasión, así que espero hayan podido captarla. Además, Ranma y Akane ya comenzaron a revivir el cariño entre los dos, a pesar de querer negarlo. Y esperen el siguiente capítulo, porque en ese habrá romanticismo al tope.

¡Gracias por leer! Aprecio mucho que se tomen su tiempo, de verdad.

Con amor, Sandy.