Después de un infernal viaje de tren, Natsu por fin estaba en Crocus. El gremio había recibido un contrato con el sello real en donde lo pedían expresamente a él. Luego de recibir una severa advertencia por parte de Erza para no "hacer ninguna tontería", partió a la capital en el primer tren que encontró. Aprovechó para colarse en el castillo. Por alguna razón, la misión tenía instrucciones específicas de no dejarse notar cuando ingresara al castillo y por eso debía tomar una entrada destinada al servició para luego reunirse con la reina Hisui en su recamara.

Caminó unos segundos, antes de detenerse a pensar en como encontraría los aposentos de la reina, afortunadamente Hisui parecía pensar en eso. Su guardaespaldas, Arcadios si mal no recordaba, lo estaba esperando y con un simple 'sígueme' le indicó el camino.

Lo siguió hasta que llegaron a una gran puerta doble vigilada por dos de esa guardia de asesinos con la que tuvo que pelear aquella vez, Cosmos y Kamika, sin decir nada más, Arcadios se alejó. Natsu abrió las puertas y entró en la habitación, que era amplia y estaba muy bien decorada. Y en medio de ella estaba sentada la reina, con su vestido corto y su hermoso cabello verde claro llegando a la mitad de su espalda. Natsu cerró las puertas y se acercó a ella.

Cuando la reina lo vio se sonrojó mucho sabiendo lo que estaba a punto de hacer.

—Bienvenido Sr. Natsu— dijo Hisui con voz reservada sabiendo que este era su momento.

—Gracias… —dijo Natsu nervioso, todavía sin saber lo que estaba pasando.

—Sr Natsu, lo he hecho venir porque necesito de sus servicios por el bien de nuestro país —dijo descarada, mientras se acercaba a él, sus suaves pechos presionando contra su pecho.

—¿Y qué necesita la reina? —le preguntó sin poder evitar mirar su revelador escote.

Hisui rodeó con sus brazos los hombros del mago, hasta el cuello y la base de la cabeza, inclinándolo hacia abajo y poniéndose de puntillas. Sus labios estaban a escasos centímetros de ella, y ella podía sentir su respiración pesada contra ella, y sus fuertes manos se movieron hacia su cintura.

—Necesito un hijo, Natsu —susurro mordiéndose el labio inferior, bajó una de sus manos y la colocó sobre su entrepierna, comenzando a frotar su verga a través de sus pantalones— Para eso necesito que un hombre sano, fuerte y viril me tome y me dé su descendencia. Así podré cumplir con mi deber hacia el reino y dar a luz a un heredero saludable y fuerte... y quiero que ese hombre seas tú.

Natsu abrió la boca para preguntar antes de que Hisui se le acercara y golpeara sus labios contra los de él, tomando al cazadragones por sorpresa. Natsu ahogó un gemido, no sabía cómo había acabado en esa situación. Con la reina frotando su verga, diciéndole que quería que la dejara embarazada. Toda la situación era jodidamente surrealista. Pero rápidamente se adaptó al beso y se resistió a la princesa sorprendentemente agresiva. Una vez que lo hizo, rápidamente tomó el control del beso para sorpresa de Hisui.

"¡Es increíble!", pensó Hisui mientras se sentía abrumada por el cazadragones y tuvo que retroceder para atraparse.

—No está mal, princesa. No pensé que besarías tan bien —dijo Natsu felizmente, ahora plenamente consciente de lo que la princesa quería.

—Gracias, Natsu— dijo Hisui con una expresión sonrojada en su rostro. En secreto ella siempre había sido una fan de Salamander.

Aún dormía con su Natsu de Peluche, para gran vergüenza suya... aunque ahora podría dormir con el verdadero.

—Ahora, ¿qué tal si nos ponemos algo un poco más cómodo?— Dijo Natsu con una sonrisa mientras iba a desnudarse, pero Hisui lo detuvo para su sorpresa.

—Por favor, permítame, Sr Natsu— dijo Hisui con un rubor en su rostro —Dejeme darle un "tratamiento real".

—Está bien— dijo Natsu con una sonrisa mientras permitía que Hisui lo desnudara.

Hisui empezó por la parte superior de su cuerpo hacia abajo. No pudo evitar sonreír ante la sorpresa de Hisui cuando ella sacó su verga y descubrió que ya estaba "encendido". Revelando su flácida pero aún impresionante hombría colgando entre sus piernas. Se rió entre dientes al ver la mirada de la reina, deteniéndose en su miembro sin poder apartar la mirada.

—¡Increíble, no puedo creer que seas tan grande!— exclamó Hisui. La reina ya había visto su cuerpo desgarrado, pero no podía imaginar que estuviera tan bien dotado.

Lo tenía de pie frente a ella, con su verga a la altura de su rostro. No había error alguno ¡Era casi medio metro de gruesa carne masculina!. Y sus bolas ¡Dios! ya entendía porque siempre usaba pantalones holgados.

—¿Puedes culparme? Tengo la oportunidad de estar con una reina. Cualquier chico se emocionaría por eso— dijo Natsu con una sonrisa que hizo que Hisui se sonrojara.

Bajando una mano hacia el rostro de la reina, con la palma sujetando su mandíbula y con el pulgar rodeando su mejilla, la hizo levantar la mirada hacia él.

—Creo que necesitas prepararlo para ti, mi reina— dijo Natsu, devolviéndole una sonrisa.

Hisui mantuvo sus ojos fijos en él mientras extendía su mano, envolviéndola alrededor de su miembro con su pequeña y suave mano, y comenzó a frotarlo. Arriba y abajo, su mano recorrió su longitud, poniéndolo duro. Hasta que Hisui se inclinó lo suficiente para besar su cabeza hinchada. Haciéndole soltar un profundo gemido, Hisui mantuvo su mirada en él, justo antes de inclinarse de nuevo y abrir la boca, tomando la cabeza de su verga dentro de su cálida boca. Natsu inclinó la cabeza hacia atrás con placer mientras sentía su lengua rodearlo y succionarlo con fuerza antes de retirarse.

—Maldita sea— gruñó Natsu.

Subió las manos por su cabeza y pasó los dedos por su sedoso cabello hasta que lo recogió en una cola de caballo para evitar que le estorbara. Mientras Hisui lo volvía a meter en la boca, subió y bajó por su longitud, cada vez tomando más de él y llevándolo más profundo hasta que tomó la mitad de su miembro. Hisui siempre lo miraba fijamente mientras adoraba su verga, lamiéndola y chupando cada centímetro de ella. Disfrutaba mucho tenerlo dentro de su boca. Natsu se maravilló ante la hermosa vista de la reina, mirándolo seductoramente, mientras su verga estiraba sus labios.

Natsu apretó más su cabello y la obligó a bajar más sobre su verga, hasta que la punta golpeó la parte posterior de su garganta y se quedó allí, asfixiando a la reina con su verga durante unos segundos antes de retirarse. Su lengua masajeó la base de su miembro, mientras sus labios recorrieron su eje hasta la punta, liberándolo con un fuerte y húmedo POP. Un hilo largo de saliva todavía unía su verga a sus labios. La reina lo miró, con los ojos brillantes bañados de lujuria, se inclinó hacia abajo sobre su verga, centrándose sobre la punta, adorándola con su lengua y acariciando el resto de su verga con sus manos. Natsu gruño con un profundo gemido, agarrándola por el cabello verde nuevamente, esta vez alejándola de su eje, consciente de que si la dejaba continuar, se correría en su boca.

La reina dejó escapar un gemido quejumbroso mientras la apartaban de su verga. Natsu rió y la compensó bajando sus labios a los de ella y capturándolos en un breve pero acalorado beso. Separándose de ella la puso de pie y, de un solo tirón, le que de bio ser un carísimo vestido hecho a medida. Afortunadamente para él, la reina había escogido ese vestido con la esperanza de que se lo arrancase, mostrándole su fuerza de dragón macho, tal cual como sucedía en sus cuentos de princesas entregadas a los dragones... más o menos.

La reina se sintió profundamente excitada cuando la fina tela cayó a sus pies, dejándola en su gloria desnuda delante de su amor platónico. Hisui tenía una figura delgada y atlética, piernas largas y delgadas, su cadera era hancha, su cintura estrecha y sus pechos eran de tamaño considerable y estaban decorados con pezones duros y rosados.

Natsu la rodeó con un brazo y la atrajo hacia él, con su verga apoyado contra su vientre y sus tetas aplastadas contra su torso. Hisui le rodeó el cuello con ambos brazos y lo atrajo hacia ella para darle un beso hambriento. Sus lenguas bailaron una alrededor de la otra. Natsu aprovechó la oportunidad para manosear sus firmes y alegres tetas, apretando la suave carne y acariciando sus pezones de color rosa pálido. Cuando terminó de jugar con sus tetas, se agachó con ambas manos y la agarró por debajo del culo y la levantó en el aire. Hisui envolvió sus piernas alrededor de su cintura mientras los conducía a la cama. Donde la dejó caer, haciéndola rebotar suavemente sobre el colchón. Natsu tiró de sus piernas hasta el borde de la cama, comenzando a besar sus largas y bien formadas piernas hasta que llegó a su coño ya húmedo.

Inclinándose, le pasó la lengua por los labios de abajo a arriba, hasta llegar a su clítoris hinchado y excitado. Hisui gimió en voz alta mientras se retorcía en la cama, agarrando las sábanas con fuerza, chillando y jadeando cada vez que él cerraba sus labios alrededor de su coño caliente.

—Por Dios, Natsu —gimió Hisui en voz alta, acercándose rápidamente a su orgasmo.

Pero antes de que pudiera alcanzar su clímax, Natsu se apartó de su coño palpitante y necesitado. De pie, se elevó sobre ella, colocando su verga contra su entrada cachonda mientras se inclinaba para apoyar su frente contra la de ella. Mirándola fijamente a los ojos nublados por la lujuria, Hisui, todavía necesitada de su liberación, quiso abrir la boca para hablar de nuevo, pero solo dejó escapar un grito ahogado, cuando él decidió empujar sus caderas hacia adelante, enterrando la mitad de su verga en ella. Sintió que sus paredes cálidas y resbaladizas se abrían alrededor de su verga, tratando de adaptarse a su circunferencia.

Hisui echó la cabeza hacia atrás y arqueó la espalda, mientras sus paredes aterciopeladas masajeaban su miembro, Natsu inclinó la cabeza hacia delante para besarla en los labios, mientras continuaba embistiendo aún más profundo. Ambos ahogaron sus gemidos en la boca del otro, hasta que finalmente él tocó fondo. Allí se detuvo por un momento, para darle tiempo a que se acostumbrara a él. Hisui extendió las manos, aferrándose a su hombro clavándole las uñas, mientras envolvía sus pies alrededor de su cintura, impidiéndole que se apartara.

—Sigue adelante, no te detengas— Hisui le suplicó.

Con una sonrisa, Natsu comenzó a empujarla rápidamente. Creando un sonido fuerte y húmedo de palmadas cada vez que golpeaba su coño chorreante, las alegres tetas de la reina rebotaban salvajemente en su pecho. Un flujo constante de gemidos escapaba de su boca mientras su cuerpo era sacudido de un lado a otro por sus salvajes embestidas. El orgasmo de Hisui se aceleró de nuevo, su coño se apretó alrededor de él con saña, su espalda se arqueó de manera impresionante, mientras su cuerpo se tensaba. Con un fuerte jadeo, la reina finalmente alcanzó su clímax, Natsu continuó golpeando su coño tembloroso. Mientras se acercaba rápidamente a su propio orgasmo, Hisui continuó estremeciéndose debajo de él, mientras sus embestidas fuertes y rápidas prolongaban su orgasmo, haciendo que sus ojos se pusieran en blanco.

Con un profundo gruñido, Natsu se enterró profundamente en su estrecho coño mientras su verga se movía dentro de ella, disparando enormes cantidades de esperma espeso y caliente, directamente en su útero. Natsu se dejó caer sobre ella, apoyando su cara en el hueco de su cuello, mientras instintivamente empujaba sus caderas hacia adelante con cada pulso. Ambos jadearon fuertemente, por unos minutos, recuperándose de su orgasmo. Natsu la besó suavemente, el cuello y el hombro, mientras se levantaba no queriendo aplastarla más de lo necesario, apartando su verga se le escapó de ella, bajando la mirada, observó como un pequeño chorro de semen escapaba de su coño desbordante.

—Dejaste mucho—escuchó murmurar a la reina con fascinación, mientras bajaba una mano hasta su coño chorreante y recogía un poco de su semilla con su dedo y se la llevaba a los labios —Hmm, tiene un sabor delicioso, Sr Natsu —le dijo con un ronroneo seductor, que fue suficiente para que su verga se pusiera dura nuevamente.

Natsu la agarró por la cintura y la giró con facilidad, colocándola sobre manos y rodillas. Se colocó detrás de ella y pasó una mano por la suave piel de su espalda hasta llegar a su nuca, empujándola hacia abajo, presionando su pecho contra el suave colchón y levantando su alegre trasero con forma de manzana en el aire. Con ambas manos, Jon ahuecó y masajeó sus suaves mejillas, separándolas y dejando al descubierto sus rosados e hinchados labios vaginales, que aún goteaban un poco de su semen. Con una mano agarrando su cintura y la otra sosteniendo su verga, colocándola contra su entrada, rozándola burlonamente, haciéndola soltar pequeños gemidos.

—Natsu, por favor... Aaaaaaah.

La reina fue brutalmente interrumpida durante sus súplicas, mientras con una embestida brutal, él se hundía en sus sofocantes profundidades. Apartó la mano de su cintura para sujetarla de nuevo por la nuca, aplastando su rostro contra el colchón para sofocar sus gemidos. Mientras la embestía rápida y brutalmente, haciendo que sus mejillas se ondularan hipnóticamente, cada vez que sus muslos golpeaban contra su trasero, llenando la habitación con un sonido erótico de aplausos.

Hisui se aferró con fuerza a las sábanas, arañándolas mientras fuertes y ahogados gemidos escapaban de sus labios cada vez que Natsu golpeaba su palpitante verga contra su pequeño y apretado coño.

—Esto es lo que querías, ¿no? ¿Que te cogierq como un dragón? —preguntó Natsu en tono burlón, mientras continuaba embistiéndola contra él sobre el colchón.

—Síííííí, por favor. Natsu, no pares, por favor. Lo necesito, lo necesito muchísimo — Hisui le suplicó, mientras empujaba su trasero hacia atrás, tentándolo a follarla de nuevo.

Natsu la agarró del pelo y la atrajo hacia atrás. Apoyó la espalda contra su pecho, arqueó la espalda y echó la cabeza hacia atrás. Natsu no pudo evitar enterrar la cara en su hombro, mordiendo la delicada piel, seguramente dejando una marca, mientras continuaba penetrando sus increíbles profundidades con embestidas cada vez más furiosas, cada vez más cerca de su clímax. Finalmente, con un último empujón de sus caderas, se enterró profundamente dentro de ella una vez más y se corrió con un gruñido draconico.

Hisui sintió la cálida sensación de su semilla llenándola de nuevo fue suficiente para desencadenar su propio orgasmo nuevamente. Su cuerpo se estremeció, mientras alcanzaba un orgasmo repentino y sorprendente. Natsu la soltó y ambos colapsaron hacia adelante, él se agarró de sus codos para no aplastarla de nuevo. Ambos jadeaban y estaban cansados, cubiertos de una fina capa de sudor. Natsu retiró su ahora agotada verga de ella y la atrajo hacia la cabecera de la cama, acomodándola a su lado, Hisui dejó caer su cabeza sobre su pecho, así como su brazo y una pierna entrelazados con los de él, haciendo círculos con sus dedos sobre su pecho y su semilla aún derramándose de su feminidad.

—Sr Natsu, esto fue increíble —jadeo Hisui con voz alegre —Por favor, dame más.

—Muy bien, Hisui, pero denme un momento —dijo Natsu sonriendo mientras se giraba hacia la puerta— ¡Adelante, chicas! —gritó Natsu.

—¡¿Qué?! —exclamó Hisui.

Los ojos de la princesa se abrieron de golpe cuando notó que Cosmos y Kamika entraban, ambos con fluido sexual corriendo por sus pantalones cortos. Claramente, las chicas se habían estado masturbando mientras ella disfrutaba del cazadragones.

—¿Hace cuánto que sabías que estábamos allí? —preguntó Kamika tímidamente.

—Los cazadragones tienen narices geniales. No fue difícil oler tu excitación desde la habitación —dijo Natsu con una sonrisa que hizo que las chicas se sonrojaran.

—Qué vergüenza— grito Hisui. La idea de que los dos miembros de los caballeros del Lobo Hambriento estuvieran observando la inquietaba.

—Eso no es nada hermoso— hizo pucheros Cosmos. Normalmente no le gustaban los hombres coquetos, pero incluso ella admitió que había algo especial en el cazadragones.

—Está bien, Cosmos. Me alegré de haberte hecho sentir así —dijo Natsu felizmente mientras se acercaba a la chica de cabello violeta y le daba un suave beso en los labios.

—¿Y yo qué?— se quejó Kamika claramente por su vergüenza.

—Todo lo que tenías que hacer era pedirlo— sonrió Natsu mientras besaba también a Kamika. Lo que se perdió en todo el asunto fue el hecho de que Natsu estaba listo para más.

—Umm... uff—se quejó Hisui, al tener compartir con las dos nuevas chicas.

Durante los siguientes diez horas, el extraño cuarteto continuó y Natsu se aseguró de llenar de semen a Hisui, Cosmos y Kamika.


—Bueno, chicas, eso fue increíble— dijo Natsu felizmente mientras salía de la habitación, dejando a las tres chicas tumbadas desnudas en la cama con su semen goteaba de sus coños.

Había pasado un día entero, así que tuvo que escabullirse y esperar que no lo atraparan. Ahora era el momento de regresar a Magnolia, aunque, quizá saludara a unos amigos antes de irse...