Este es El Futuro que Elegimos.
Durante los Eventos de Saint Seiya Guardianes se decidió crear el Episodio Zer0, para dar respuesta a preguntas que no tenían respuestas durante la serie Regular.
La historia de guardianes se fue ampliando con miserios del pasado que no pudieron ser resueltos, ya fuese por falta de tiempo, espacio o ganas de parte del autor, lo que quiere decír que durante este tiempo se pensó en una alternativa para llevar esta historia de una manera más optima, darle una explicaicon a cosas que no la tenían en la serie regular o darle trasfondo a eventos que no tuvieron solucion.
Pecado§ del Padre es la continuación espiritual de esas ideas que quedaron fuera durante el desarrollo de esta historia conocida como.
Guardianes del Universo.
Lo cual significa que pronto, la historia de episodio Zer0 se ampliará con Los Pecado§ del Padre.
Una nueva aventura que retratará toda la historia de un padre arrepentido en su busqueda por amar a su propia hija y evitarle un destino cruel.
Como las buenas acciones a veces causan un mal mayor, como en nuestra busqueda por proteger a los que amamos a veces terminamos haciendoles daño sin quererlo...
Y como el mundo a veces no nos da lo que queremos, sino aquello que necesitamos.
Y para comprender los eventos de esta historia es menester también entender los eventos que llevaron a la caída de un héroe, eventos que no se contaron en Episodio Zero, pero sí en la serie regular de Guardianes.
Estos son Fragmentos de esa historia para poder comprender este Presente y una forma de alentar a nuevos seguidores a interesarse aunque sea un poco en la historia de los Guardianes del Universo.
Si les llama la atención no duden en comentar, dar un review y seguir la historia que ya va por su segunda temporada.
Ahora sí sin más Preambulos.
Que de Inicio al prologo de: Los Pecado§ del Padre.
Fragmento del Capítulo 9: Página 49
Y entonces… En Ninbus.
El Joven caballero del Corcel Alado descansaba en su cama plácidamente… sin ser interrumpido por nada o nadie, al verlo se podía imaginar que sus sueños estaban en paz, pero no era así.
Él no se encontraba en el espacio astral de sueños de siempre… y por supuesto que no soñaba con algo distinto a lo que estaba acostumbrado últimamente.
Nuevamente estaba en una memoria… o un recuerdo de alguna vida pasada, esperaba que fuera algo más de lo que había visto antes, pero… todo se encontraba en completo silencio, todo era oscuro… todo estaba en completo silencio, no sabía en donde se encontraba, solo escuchaba voces a lo lejos, voces tenues que no decían mucho de hecho, no decían nada en realidad, eran ecos lejanos a penas audibles.
Por un momento se preguntó, si esto no era un sueño dentro de un sueño, pues parecía tener sus ojos cerrados esperando a despertar, hasta que finalmente… una luz captó su atención una luz que lo cegó completamente y después de eso… escuchó una voz.
―Es una niña…― Dijo el eco de una voz, mientras la luz comenzaba a ser menos intensa… podía escuchar un lamento, como el de un bebé, ¿era acaso que él estaba presenciando el nacimiento de alguien?
Se hacía estas preguntas al intentar mirar su cuerpo, era pequeño… sabía que era frágil, aunque al admirar mejor podía notar como unas personas lo limpiaban mientras gemía y lloraba, quizá era por el frío… quizá era por el abrupto despertar, tal vez era porque personas extrañas lo estaban tocando y examinando…
Aunque, tan solo quizá era por la sensación de… volver a nacer lo que lo había dejado tan aturdido, esto era un recuerdo y aunque sabía que no podía sentir nada de él… realmente podía sentir una extraña sensación de miedo, pero lo que verdaderamente le provocaba una enorme sensación de peligro, era que podía notar una silueta, una silueta de una persona que lo sujetaba, no reconocía a esa persona hasta… que la misma puso su pequeño cuerpo en una manta y se lo entregó a otra persona.
Al mirar hacia arriba, se encontró con alguien… una mujer que lo sujetaba con cuidado entre sus brazos, ella… se veía un tanto borrosa por la luz que cegaba sus ojos, una mujer que le daba tranquilidad, ella se veía agotada pero indudablemente hermosa, podía notar que era una mujer verdaderamente bella…
¿A caso ella era… su madre? ¿O era la madre de su vida pasada? No estaba seguro de ello, pero ella era, tan hermosa, era una mujer de ojos y cabello color esmeraldas, que lo veía con afecto entre sus brazos y al mirar hacia abajo pudo ver sus manos, sus… pequeñas y frágiles manos tratando de alcanzar a esa mujer, quien lo miraba con tanta alegría.
Seinma por un instante sintió una amarga sensación de tristeza invadiéndolo, jamás había conocido a su madre, a su verdadera madre… todo lo que había conocido era a Seika, ella lo había criado y educado desde que era la criatura más frágil en el mundo…
Pero verla aquí y asi… quería decirle tantas cosas, pero no podía hacerlo… una sensación de pena y arrepentimiento lo invadieron… no entendía por qué se sentía, así pues, aunque era la segunda vez que veía a esta persona, no podía evitar sentir arrepentimiento al solo verla, después de todo estaba, más que seguro que ella no era su verdadera madre pues la persona que lo había despertado de su sueño había dicho que era una niña…
―Maestra Sha*… ¿cuál será su nombre? ― Escuchó la voz de alguien a su lado… y al seguir el origen de la voz, se sorprendió muchísimo al encontrar a joven de cabello rojizo, ojos color café y un rostro joven, pero lo que se sorprendía enormemente era que ese muchacho se parecía a él… desde su cabello hasta su mirada eran… idénticas, como si él hubiera sido su verdadera vida pasada en lugar de la persona que esa mujer sujetaba entre sus brazos.
A penas lograba asimilar aquello hasta escuchar la voz de Aria a sus espaldas susurrando:
"Koga…" Seinma intentó mirar hacia sus espaldas pero al intentarlo, solo pudo mirar nuevamente hacia la mujer que lo sujetaba.
―Tiene sus ojos y su cabello, además de su rostro… se parece totalmente a él. ―Respondió la mujer cerrando sus ojos levemente, para entonces mirar hacia el muchacho de cabello rojizo a su lado.
―Sé que debería dejarlo ir, pero no puedo, esto es lo que él hubiera deseado, lo sé y por eso sé… que cuando se conozcan finalmente, Sei* retomará su camino. Debe hacerlo aún si eso significa que yo… ya no pueda volver a verlo en esta vida, eso no importa yo no importo, lo que importa es que él recupere el tiempo perdido… al lado de ella. ―Dijo levemente fijándose una vez más sobre los ojos de su bebita… y por primera vez Seinma pudo verla reflejada en los ojos verdes de la mujer, era una bebé, de ojos y cabello castaño al igual que él…
¿quién era esta persona? ¿Quién era esa niña? La bebé alzó su manita hacia su madre y ella hizo lo mismo alzando su dedo incide para que lo tomara, la diferencia de tamaños era enorme, pero… no importaba, podía ver que ella la amaba a pesar de todo, a pesar del dolor, las heridas, la distancia y las mentiras, ella había amado a esta pequeña desde el momento que supo que la tendría.
La imagen comenzó a hacer más tenue, desapareciendo en un haz de luz que comenzó a cegarlo por completo.
―Su nombre será… Seika. ― Seinma abruptamente despertó al escuchar ese nombre.
Ella…. ¿Entonces esa mujer Shaina era su madre? No podía ser de otra forma, Seika y él eran hermanos, eran familia, esa debía ser su madre debía serlo, pero… si ese era un recuerdo de su hermana Seika, porqué lo había visto, se suponía que debía ser una anterior reencarnación, ¿no era así cómo funcionaba? ¿Qué estaba sucediendo?
¿Que había sido ese sueño? Si es que había sido un sueño... Apenas podía comprender lo que había sucedido como hacerlo cuando todo era tan críptico y… misterioso, necesitaba respuestas… debía preguntarle a Seika y…
"Sé lo que estás pensando Sein… y no, esa no puede ser tu madre… o la de Seika…" Dijo Aria dentro de su mente.
"La persona a la que viste… es alguien muy distinto a quien te imaginas, esa persona vivió hace casi 200 años de que tu nacieras, es… imposible que ella sea tu madre Sein…
Fragmento del Capítulo 15: Página 1.
Una pequeña niña corría de regreso a casa por las calles de Milán, su piel era de color blanco pálido y su vestuario era simple, con un vestido de color rosa claro, además de unas sandalias que recordaban mucho a las que las mujeres utilizaban en la antigua Grecia, su cabello de seda era movido por el viento con la misma intensidad de sus pasos, ella llevaba cargando una mochila llena de medicinas, ella reconocía estas calles como la palma de su mano, pero en esta ocasión intentaba tomar todos los atajos posibles para llegar pronto a casa. Desde que el médico del pueblo se había ido y jamás había regresado la gente tenía que viajar al siguiente municipio para conseguir medicinas, tratamiento y con suerte una ayuda para los malestares del cuerpo que azotaban a los menos agraciados.
Por suerte esta pequeña niña aún tenía la fuerza como la juventud que algunos ancianos ya no poseían por lo que era prácticamente fácil para ella ir y venir, cosa por la que era conocida por esos rumbos ya que siempre que necesitaban algo o siempre que pedían ayuda ella estaba allí para proveérselas.
Pero en esta ocasión su prisa no se debía a que tenía que entregarle un frasco de pastillas, jarabe o píldoras a alguno de esos amables ancianos que ella bien conocía, esta vez… esta vez era por algo mucho más importante para ella.
Al pasar algunas personas la reconocían y otras se preguntaban por qué corría con tanta prisa.
―Hey Sheik, ¿a dónde vas? Espero que a ver a tu mamá.
―Sí, disculpe si no puedo quedarme mucho tiempo, pero debo llevarle esto a mamá. ―Respondió la jovencita volteándose a verlo unos instantes para entonces retomar su camino.
―¡Nos vemos luego señor Bertolucci! ―Exclamó despidiéndose, mirando a tras unos segundos únicamente para continuar con su camino, debía llegar rápido antes de que ella se diese cuenta de que se había ido.
Tenía que hacer algo, lo que fuera para salvar a su mamá.
Apenas llegó a casa abrió las puertas de su hogar lo más cautelosamente posible, ojalá ella no se hubiera dado cuenta de que estuvo fuera, a prisa comenzó a buscar entre sus cosas la receta que el doctor le había dado, debía estar allí entre todas sus cosas… hasta que:
―Niña… ven aquí. ―La jovencita miró hacia arriba tímida y nerviosa, podía percibir en el tono de voz de su madre que ella… no estaba muy feliz.
Esperaba que no se hubiera dado cuenta, pero… lo había hecho, la jovencita comenzó a subir lentamente las escaleras dirigiéndose al segundo piso de la casa, sujetando con fuerza la correa de su bolsa.
¿Que había hecho mal? Había salido por la ventana de su cuarto, haciendo menos ruido que un gato, fue por la parte trasera de la casa, el punto ciego donde su cuarto no alcanzaba a ver y había ido por el camino más largo únicamente para crear nulas sospechas de que se había ido de casa…
Pero por alguna razón ella supo que había salido nuevamente a buscar sus medicinas.
Ella siempre lo sabía de alguna forma, la jovencita cruzó el pasillo hasta llegar al cuarto de su madre, quien la esperaba allí con su expresión furiosa, la jovencita abrió la puerta y cruzó el umbral, agachando la cabeza mirando al suelo con pena.
―¿Dónde estabas…?―Preguntó con severidad una mujer que se encontraba sentada sobre su cama con las piernas cubiertas por las sabanas, aunque su tono era fuerte su voz… se escuchaba débil y cansada.
―Yo… solo salí por unas cosas y…
―Dije… ¿dónde estabas? ―La interrumpió hablando con dureza nuevamente, la jovencita de cabello castaño oscuro no pudo seguir ocultándolo, su mamá la conocía demasiado bien.
―Yo… fui a conseguirte los medicamentos que necesitas para que te mejores mamá. ―Declaraba la joven revelando los frascos de píldoras y pastillas de su bolsa, algo que hizo enfurecer a la mujer en la cama.
―Ya hablamos de esto niña… no puedes irte sin decirme a dónde vas y menos para traer esto, lo que tengo no es algo que se pueda curar con medicina convencional…―Decía la mujer un tanto molesta por tener que tener esta misma conversación una y otra vez con su hija.
―Pero mamá el doctor Giancarlo me dijo que lo que tienes puede ser curado. ―Decía la chiquilla sacando un pequeño papelito de su bolso junto con un frasco de pastillas, dedicadas únicamente para su madre.
―Vamos, él me dijo que si tomabas esto… podrías volver a mejorarte y.
―¡No necesito esto! ―Exclamó tirando las cosas que la jovencita tenía en las manos, no solo fue la reacción agresiva de la mujer sino el tono con el que lo hizo que la pequeña sintió un vuelco en el corazón, pero no tanto como ver como su madre se deterioraba día con día y no buscaba una solución a su enfermedad.
―No necesito esto… aprecio lo que intentas hacer por mí… pero… no, lo que tengo yo no es una simple enfermedad. Es una maldición que ninguna medicina en el mundo puede curar…―Declaraba mirando a sus manos, las cuales se veían pálidas, además de que sus músculos comenzaban atrofiarse día con día… No esperaba que este fuese su final aunque… a decir verdad jamás esperó morir de esta forma, en paz y en contemplación de su vida, de su alma.
― ¿Entonces qué debo hacer? ¿Como te curo mamá? dime. ―Pedía la jovencita a los pies de la cama de su madre, desesperada por ayudarla en estos momentos de suma necesidad para ambas.
―No hay nada que se pueda hacer…―Respondía la mujer suspirando pesadamente. ―Si tan solo pudiera volver a portar esa armadura entonces…―Murmuró llamando la atención de la pequeña quien levantó su rostro con esperanza de encontrar una respuesta a su predicamento.
―Armadura… ¿qué armadura mamá? ―Preguntó la pequeña alzando sus ojos hacia la mujer que la había criado y cuidado sola, por tanto, tanto tiempo.
―No importa…―Desveló sin más devolviendo su mirada hacia la jovencita de cabellos castaños, quien necesitaba respuestas ahora más que nunca, su único deseo era salvar a su madre.
―Llévales estas medicinas a los ancianos del pueblo… ellos las necesitarán más que yo.
―No, estas medicinas son para ti mamá, tengo que ayudarte de alguna forma. ―Decía levantando el frasco de píldoras del suelo para ofrecérselos a su mamá.
― ¡Tú me ayudas siguiendo con tu entrenamiento! ―Exclamaba desesperada de que ella comprendiera su más grande temor.
―Cuando yo ya no esté aquí… tu tendrás que valerte por ti misma… tendrás que afrontar muchos peligros como adversidades y yo no podré estar allí para cuidarte más.
― ¿Entonces eso es? ¿Simplemente te vas a dejar morir y ya? ―Preguntaba la jovencita desesperada, pero entonces sintió un par de manos que sujetaban sus brazos con fuerza.
―¡No! No…―Decía la mujer finalmente derrotada, derramando lágrimas, no por ella sino por su pequeña, su mayor temor era dejarla a la deriva sin dirección sin nadie que cuidara o viera por ella… claro que aún existía una última opción pero… su orgullo no le permitía recurrir a ello, al menos aún no.
―Solo los dioses saben lo mucho que he estado luchando contra esto, he puesto todas mis fuerzas y energías en tratar de contenerlo, en tratar ralentizar su avance… Pero sin importar lo que haga, solo crece y crece dentro de mí. ―Decía en un tono de voz débil, jamás esperó verse así frente a su propia hija pero…el destino había sido demasiado cruel con ellas dos.
―¿En serio crees que no quiero verte sonreír? ¿En serio crees que no quiero verte crecer y estar a tu lado siempre? No… No… eres lo más importante que tengo, el mejor regalo que me pudieron haber dado… pero, aunque luche con todas mis fuerzas no puedo hacerlo…
―Por eso necesitas esta medicina mamá… para recuperarte, tienes que intentarlo… aunque sea un poco…―Le rogaba la jovencita a su madre, quien solo podía ver a su pequeña aferrándose a ella como jamás nadie lo había hecho, como jamás nadie lo haría de nuevo.
Nunca había perdido una batalla sin dar una buena pelea primero, siempre intentaba dar lo mejor de ella misma siempre intentaba luchar con todas sus fuerzas. Aún si era en vano, jamás había renunciado a ninguna de ellas, ahora que su más grande batalla estaba aquí ella la estaba perdiendo… Pero se estaba resistiéndose, con garras y dientes.
Sabía que pronto ya no le quedarían fuerzas, estaba débil eso se veía con cada día de pasaba, pero intentaba resistirse a la muerte para poder ver a su hija… solo un día más.
Solo uno más, esperaba que su muerte fuese violenta cruel y que fuese en un campo de batalla… jamás en un lindo hogar, jamás habiendo realizado el sueño de una vida… por supuesto, jamás sabiendo que detrás dejaba a una hermosa niña.
Cuyo mundo se pondría de cabeza una vez que ella no estuviera presente, incluso sí aún seguía molesta con él… debía dejarle claro que lo que aún sentía no se había desvanecido, seguía ardiendo con la pasión de mil soles estallando, convirtiéndose en polvo estelar.
Formando una nueva estrella, una estrella joven y valerosa.
Suspiró y tomó la mano de su hija con suavidad.
―Sí yo… acepto las medicinas… ¿me prometes que seguirás tu entrenamiento? ―Le preguntó resignada, al parecer ella era realmente obstinada… al igual que su padre.
―Si. ―Respondió la joven asintiendo con la cabeza.
― ¿Sin distracciones y sin quejarte?
―Sí….
―Y… ¿Sin salir sin avisarme a dónde vas?
―Sí mami, tan solo tómalas, el doctor me dijo que te recuperarás yo sé que sí lo harás. ― Dicho eso la adulta no tuvo más opción más que ceder a las peticiones de su hija.
Puede que fuese obstinada, pero ella lo era más… mucho más de lo que alguna vez pudo ser ella en su adolescencia o adultez, por supuesto que las medicinas no harían ningún efecto… ya lo había intentado varias veces. Los doctores aseguraban que no era cáncer, más bien un mal genético que estaba destruyendo sus células.
Y que no existía tratamiento médico posible, lo cual… no detenía a su pequeña de hacer todo lo posible para que su madre siguiera con vida, aunque no lo dijera en alto… estaba genuinamente orgullosa de ella, como de la mujer que sabía que algún día se convertiría.
Sin más dilación ella tomó el frasco abriéndolo a duras penas, ya estaba perdiendo la fuerza en sus dedos… y pronto le seguiría su propio cuerpo a veces le hubiera encantado morir en batalla en lugar de marchitarse poco a poco pero…
Jamás podría cambiar la sensación de tener a alguien que se preocupaba tanto por ella ni en un millón de siglos. Tomó dos, las introdujo en su boca, para luego ingerirlas y cerrar el frasco nuevamente únicamente para ver la dulce sonrisa de su hija quien le sonreía por que finalmente se dejara tratar como se debía, aunque lo más probable era que no surtiría ningún efecto…
Ella quería que sí, únicamente para seguir viendo la hermosa sonrisa de su pequeña.
―¿Están funcionando? ―Preguntó la jovencita sujetando fuertemente sus manos, pidiéndole a cualquier ser que la escuchara que realmente estuviese funcionando.
―Ahora sí…―Murmuró la mujer recostándose nuevamente en su cama, 8 años no habían sido suficientes pero… lo habían sido para ella, realmente habían valido la pena.
―Gracias mi niña.
―Que bien gracias al cielo…―Murmuraba la jovencita aliviada finalmente, hasta sentir como las manos de su madre acariciaban su cabello castaño con cariño, mirándolo con anhelo y esperanzas.
― ¿Te he dicho lo mucho que me gusta tu cabello? ―Le preguntaba la mayor sonriéndole amigablemente a la pequeña, quien solo atinó a sonrojarse por el comentario tan dulce de la mujer que la había criado.
―Je jeh, no es tan lindo como el tuyo Mami. ―Respondía la jovencita abrazando a su mamá lo más fuerte que era posible para no lastimarla, sabía que aún estaba débil y que debía recuperarse. Pero cualquier segundo que estuviera junto a su mamá sería un segundo que atesoraría por el resto de su vida.
―Te pareces tanto a él… tanto en personalidad como en tu calor, realmente eres la hija de tu padre…―Declaraba sonriendo tranquila, recordando aquellos días que pasó con la persona que tanto amó.
―Le agradezco tanto a los dioses… que puedo disfrutar de esto… al menos solo por unos segundos.
Aunque nunca había conocido a su propio padre, la muchachita podía entender que su mamá seguía enamorada de él, siempre que lo mencionaba lo hacía con una ternura y cariño con la que nunca se refirió a nadie más.
No sabía dónde se encontraba o que era lo que estaba haciendo, pero ahora más que nunca lo necesitaba, para que él pudiese ayudar a mamá con lo que sea que fuera que le estuviera sucediendo.
―Yo los odio…―Murmuraba la jovencita con rencor palpable en su pequeña vocecilla. ―Ellos te pusieron así y no es justo, tú no te mereces esto mamá. ―Declaraba la pequeña en un tono triste y desolador, cosa que su madre negó rotundamente mirándola a sus bellos ojos verdes.
―No… Los dioses fueron muy justos conmigo durante mucho tiempo y cualquier cosa que ellos me hayan provisto o arrebatado ha sido gracias a ellos. ―Afirmaba la antigua guerrera suspirando levemente.
―Ellos… me permitieron vivir, para ver muchas cosas maravillosas a su vez muchos cambios, me permitieron enamorarme para ver más allá de lo que tenía permitido… y gracias a ellos fue que te tuve a ti. ―Le decía cariñosamente a su pequeña.
―Pero…
―Pero nada… mi niña, este mundo es cruel… pero indudablemente hermoso, en ninguna otra parte puedes ver el milagro de la vida, sus desdichas y virtudes. ―Decía tomando la mejilla de su pequeña para ver sus hermosos ojos esmeraldas que le había heredado.
―Personas más sabias que yo la han visto y la han experimentado, estoy completamente segura de que… sin importar que… el mundo que ellos vieron fue uno en el que no se arrepintieron ni un segundo por haber sido parte del mismo.
―No… entiendo mami…―Murmuraba la pequeña de cabellos castaños un tanto apenada, en realidad no podía comprender que trataba de decirle en esos instantes, pero… en el futuro quizá todo tendría sentido.
―No importa, algún día lo harás…―Declaro sonriéndole a su hija con ternura, aún tenía un largo camino por recorrer… lo único que le apenaba era no poder estar allí para ella.
Después de todo, mientras aún estuviese aquí haría lo posible para guiar a su pequeña, pero cuando no… solo esperaba que por lo menos no estuviera sola en este vasto y conflictivo mundo, había pensado en esto por mucho tiempo, quizá sería una buena idea pedir finalmente la ayuda que su viajo pupilo le había ofrecido.
Con eso en mente ella buscó entre sus cosas algo en especial… una carta que necesitaba enviar antes de que su condición fuese de mal a peor.
―Oye… ¿podrías hacerme un favor y… mandar esta carta a la oficina de correos? ―Preguntó entregándole el sobre a la pequeña, quien miró atentamente el objeto de papel entre sus manos, pero sobre todo el destinatario.
―¿Ko-ga? ¿Quién es mamá? ―Preguntó la pequeña apartando sus ojos esmeraldas de la misma confundida por el nombre de aquella persona.
―Digamos que es… tu hermano mayor…―Murmuró finalmente sorprendiendo nuevamente a la jovencita de cabello castaño.
―¿Hermano? No sabía que tenía un hermano. ―Comentaba la jovencita un tanto confundida pero emocionada por conocer por primera vez a ese hermano mayor del que ella hablaba.
―Bueno hay muchas cosas que no sabes, pero descuida te prometo que te lo contaré todo, mientras tanto lleva esto y por favor ten mucho cuidado ahí afuera. ―Pedía viendo a la chiquilla asintiendo fuertemente, dejando su bolso en el suelo para ír a entregar la carta lo más pronto posible.
―Voy corriendo.
―Cuando regreses quiero que te pongas a practicar tus golpes y tus patadas como te enseñé, además de tu cosmos. ―Pedía con un poco más de energías para alentar a su muchachita por el mismo sendero que ella había recorrido.
―Sí mami, lo haré, no te preocupes.
―¡Y Seika…!―Antes de que ella saliera de la habitación vio nuevamente a su mamá, admirando su cabello y ojos verdes brillando con la luz de la esperanza, no sabía si era por las medicinas o por lo que le había dicho anteriormente, pero mamá se veía más viva que nunca.
―Te amo… mi niña…
―Yo también te amo mami. ―Respondió Seika corriendo a abrazar a su mamá fuertemente, para que después de unos segundos saliera corriendo a depositar la carta en la oficina de correos.
Shaina no podía estar más orgullosa, después de todo su hija estaba creciendo más rápido de lo que ella habría deseado, sin Seiya ella tuvo que hacer todo el trabajo, pero no se arrepentía, estos ocho años habían sido… los mejores de su vida si era completamente honesta consigo misma.
Después de todo, había guiado a dos aprendices por el largo camino de un guerrero:
El bruto Cassius que, aunque su memoria ya no podía recordarlo bien, siempre lo tenía como su primer pupilo, así como una persona que ella había aprendido a apreciar, no solo por su sacrificio sino por los buenos momentos que vivieron.
Luego estaba Koga que, básicamente educó desde niño, aunque no fuese su hijo legítimo y más bien fuese el hijo de la diosa a la que no podía sentir rencor, sí tenía un fuerte desapego hacia la persona a la que había reencarnado, pero no para el hermano de su niña, ese muchacho había sido todo menos una pérdida de tiempo.
Pero aquellas dos personas le abrieron el camino a su más grande logro, a su pequeña Seika, nada de lo que les hubiera enseñado a Cassius o Koga se comparaba a los momentos de felicidad y alegría que había experimentado con su hija, con su carne y su sangre.
Siendo el último regalo que Seiya le dio, no pudo evitar amarlo la primera vez que la vio en sus brazos , tan pequeña y frágil, el producto de sus entrañas como la prueba palpable de que ella y Seiya habían amado verdaderamente.
Ya había pasado mucha agua bajo el arroyo, pero…la quería más que a su propia vida, estaba dispuesta a sacrificarlo todo por ella y lo había hecho, renunció a su armadura, al santuario y a todo lo que ella había logrado por su pequeña.
Por su niña, se había jugado todo, había entregado su destino a las manos del titán Cronos a cambio de esto y no se arrepentía por su decisión.
Aún con el castigo que los dioses le había impuesto, convirtiendo su cuerpo en una versión marchita y débil de lo que alguna vez fue, no se arrepentía para nada…
Estos 8 años de su vida habían sido todo para ella.
Más que cualquier otra cosa que hubiese hecho como amazona, como maestra o como guardaespaldas.
Nada podía comparársele, o quizá sí… pero recuerdos agridulces fluían cuando recordaba al primer y único amor de su vida, quizá en otro tiempo como en otra vida se reencontrarían, quizá las ruedas del destino que no paraban de girar los reunirían para que en esa ocasión nunca se volvieran a separar.
¿Quién sabía? Las ruedas del destino solían girar en direcciones extrañas y desconocidas.
El destino era incierto, pero aún más incierta era la eternidad, pronto Shaina se iba reunir con ella, en aquellas aguas donde nació esperando el primer despertar, pronto se fundiría nuevamente con ese mar de estrellas infinitas, donde las mismas morían y volvían a renacer.
En otro tiempo, en otra época sin recuerdos sin memorias, pero con los lazos del destino atados eternamente hacia su querido Pegaso.
Fragmento del Capítulo 16: Página 1.
Koga* Fue llamado así la primera vez que despertó después de que su primera vida se perdiera en la oscuridad, había muchas personas que luchan por toda su vida.
Él era un ejemplo de ello, toda su vida había luchado, contra la oscuridad de su alma, con el destino que los dioses le habían impuesto, por defender a su figura materna, para derrotar a esos mismos dioses que habían decidido en que hombre se convertiría algún día… como por supuesto, por una vida tranquila, él era un guerrero, un soldado de Athena y de la vida misma.
No conocía otra mejor, aunque lo hiciese el conflicto era parte constante de su existir, así como algunos animales cazaban, otros volaban y muchos otros más cabalgaban, el conflicto como la lucha eran parte de su naturaleza prima, así como lo era el de ella…
Su mentora y quien podía ver como una tercera madre, ambos habían dedicado sus vidas a una eterna batalla por la supervivencia de su especie, por el mundo pero una vez terminó la batalla sus caminos se separaron hasta el punto en el que llegaron a pensar que jamás se volverían a encontrar si no fuese en un nuevo conflicto.
Pero aquí se encontraba ella después de 8 largos años… Koga apenas podía creérselo, la habían buscado por todo el mundo, jamás creyó que la encontraría aquí, en este pequeño espacio en el mundo y mucho menos en donde solía ser la casa del antiguo caballero Andrómeda.
― Maestra Shaina…― Koga murmuró reencontrándose con su mentora, la había visto en mejor estado la última vez que la vio lo cual fue hace casi 8 años después de que ella tuviera a su pequeña hija, quien ya no era tan pequeña pero no esperó que creciera en un abrir y cerrar de ojos.
―¿Aquí estuviste todo este tiempo? ―Interrogó el caballero pegaso sentándose al lado de la cama de su mentora, no entendía que había sucedido con ella, pero, estaba demasiado delgada, enormes ojeras cubrían sus parpados y se veía cansada, sea lo que sea que le hubiera sucedido… no pudo haber sido bueno.
―Disculpa por no haberte dicho nada durante todo este tiempo Koga… pero después de lo que sucedió con Seiya… lo único que quería era alejarme de todo lo que tuviera que ver con el santuario, incluso contigo…―Respondió la mujer de cabello y ojos esmeraldas en un tono cada vez más apagado, Koga había respondido rápidamente, pero, parecía que los días pasaban como años y su cuerpo seguía degenerándose cada vez más rápido, pronto no quedaría mucho de ella
―Nunca dejé de buscar, si hubiera sabido que estaban aquí yo… yo te habría ayudado en todo lo que necesitaras. ―Declaraba el joven guerrero afligido por ver el estado en el que su mentora se encontraba, ella era fuerte, poderosa e incluso
―Lo sé, pero… no quería que me vieras así… en este estado tan deplorable. ―Decía la antigua amazona de la cobra levemente mirando a su alumno, en esos ocho años había crecido tanto, mentiría si dijera que no se veía bien, se veía saludable y lleno de vida, cosa que envidaba profundamente a su último alumno.
―Mi cuerpo… se está debilitando con cada día que pasa, no sé cuánto tiempo me quede Koga, o cuánto tiempo pueda soportar con esta maldición…
―Ojalá… hubiera sido más rápido, debí haberte acompañado ese día, pero… con Yuna y… todas las cosas que han estado ocurriendo en el santuario, yo… yo no…―Koga miró al suelo afligido, él… hubiera deseado jamás haber tenido que ver a su mentora de esta forma, ella era todo lo opuesto a lo que la débil y enfermiza imagen de su mentora representaba en ese momento.
―Tranquilo Koga… esto no es tu culpa… yo quería alejarme… alejarme de todo después de lo que sucedió con Seiya. ― Declaró la veterana amazona de la Cobra recobrando un poco de sus energías para responderle al segundo alumno que tuvo en su vida, no era la forma que quería volver a verlo pero… después ya no existiría forma de volver a verlo nuevamente, al menos no en esta vida.
―Después de que Seika nació quise encontrar un lugar tranquilo y apartado donde pudiera criarla por mi cuenta. Lejos del santuario, así como de los caballeros, aunque al parecer solo pude hacer una de todas las cosas que quería hacer… algunas viejas costumbres nunca mueren… y menos ahora con esto que me sucedió…―Murmuró juntando sus manos sobre sus piernas, a Koga se le hacía muy difícil esto, quizá aún más que a su mentora, ver a alguien tan importante para su vida como ella reducida a un costal de huesos con fecha de caducidad próxima, era algo verdaderamente terrible para él.
―Comprendo, pero… si hubiera estado aquí para ti y para Seika quizá tu…
―Lo sé, pero eso ya no corresponde. ―Declaraba Shaina evitando que Koga se adjudicara esto a sí mismo, él era un hombre noble, hijo de una diosa y de un ilustre caballero dorado, él tenía su propia vida y ella había respetado eso, apartándose para poder criar a su hija de la meojr forma que había visto.
―Lo importante es que ya estás aquí y eso es todo lo que debe de importar…―Añadió alzando sus ojos verdes hacia Koga, incluso su visión se veía un tanto borrosa, ya no podía distinguir casi nada a 8 centímetros de ella, los colores se hacían cada vez más opacos.
―¿Cómo está Seiya?
La pregunta sorprendió a Koga aunque, debía haberse imaginado que tarde o temprano se lo preguntaría, habían estado casados y… no era como si ella lo hubiese sacado de su vida por completo, aún con todo lo que sucedió lo seguía amando profundamente.
―No mucho mejor que tú…―Reveló el joven caballero suspirando pesadamente, después de lo ocurrido en el santuario con Saori y… después de que Shaina lo Abandonará, el antiguo caballero pegaso no había encontrado mayor consuelo a su vida y memorias que en el fondo de una botella.
―La última vez que lo vimos estaba destrozado, no creo que nadie se hubiera imaginado verlo en ese punto tan bajo de su vida…
Ante la Revelación Shaina no pudo sentirse bien, se había alejado de él con su hija para lastimarlo, justo como él la lastimo a ella, pero… saber que él lo había perdido absolutamente todo, no le causaba ninguna gracia, sino un profundo dolor por la situación en la que había puesto a la primer persona que llegó a amar de verdad.
―Entiendo…―Dijo Shaina cerrando sus ojos levemente, para volver a abrirlos y ver de regreso a su alumno. ―Koga, te pedí que vinieras para algo muy importante, algo que no pude decirte en la carta que le pedí a Seika que te mandará. ―Con eso Dicho alzó su mirada a la ventana cercana a su cama, donde siempre veía entrenar a su hija desde el patio trasero.
―Quiero, que cuidas de ella y que la lleves al santuario… allí la protegerán y verán por ella, además de que puedan reunirla con su padre… yo… también deseo que Seiya recuperé su camino a su lado. ―Explicaba alzando su mano, posando sus dedos sobre el cristal el cual le permitían ver a su pequeña dando patadas y golpes en un costal de arena, que se sujetaba en el árbol de afuera.
―Una vez que yo no esté, debes prometerme que la ayudarás a llegar al santuario. ―Pidió devolviendo sus ojos hacia su antiguo alumno, quien solo podía verla con pena… aunque deseará cumplir con su voluntad, él quería hacer algo para más para ayudarla, aunque fuera un poco.
―Maestra Shaina, no diga eso estoy seguro de que habrá otra forma de que usted vuela a recuperar su salud y fuerza, estoy seguro de que la señorita Saori… Digo la señorita Athena podrá hacer algo. ―Al mencionar el nombre de Athena Shaina, apretó los dientes con fuerza, había dedicado toda su vida a esa diosa, finalmente era libre de ella y de sus cadenas, no iría arrastrándose de vuelta a sus pies… aunque fuese el lugar al que enviaría a su pequeña para ser protegida, prefería morir antes que volver a servirle en esta vida.
El santuario era el lugar más seguro sobre la tierra, pero ella ya había pasado por esto… lo único que quería era que alguien estuviera allí para protegerla y nada más, Saori no podía tener un corazón de piedra para negarse a cuidar de la hija de su héroe… Mucho menos teniendo en cuenta a Koga, el niño humano, nacido de la oscuridad que ella tomó bajó su ala protectora
―No… no puede, y aunque pudiera hacerlo, sé que ella no bajará de su trono en el santuario solo por una desertora. ―En pocas palabras, prefería morir a tener que aceptar la ayuda de la mujer que la humilló, era una guerrera orgullosa y aunque sentía un enorme respeto por Athena, la mujer en la que había reencarnado era todo menos alguien libre de culpa.
―Debes entender que yo no viviré mucho tiempo más… una vez mi alma se separe de mi cuerpo, Seika estará completamente sola, no quiero eso… no quiero que ni hija sufra la soledad, el santuario es el único lugar donde tendrá la compañía y la protección que yo… ya no podré darle. ― Y aún así parecía querer arrastrarse de regreso al santuario, solo por ella, por la única persona que le daba significado a su vida… Y la razón por la que seguía luchando por esta maldición, únicamente para ver la sonrisa de su pequeña hija de nuevo.
―Koga… tu hermana te necesitará cuando yo no esté, tu eres la única persona en la que puedo confiarle esto, a nadie más… por eso te pido, que una vez que yo muera tu verás por ella.
La palabra "Hermana", le daba más sentido de responsabilidad y compromiso aún más fuerte a Koga, en sí Shaina no se equivocaba, de cierto modo Seika era su hermana pequeña pero…
Aun así tenía grandes dudas de si hacer esto fuese lo correcto para ellas, sobre todo porque Shaina en realidad buscaba morir, era orgullosa y no se plantaría frente al santuario para pedir el perdón de Athena.
Y si lo hacía solo lo haría por una única razón y nada más. No era necesario explicar cuál.
―Lo comprendo Maestra Shaina, pero… estás completamente segura de que si Seiya y su hija se reúnen… ¿él se redimirá y retomará su camino como el caballero más noble y poderoso de todo el mundo? ―Interrogó nuevamente el muchacho de cabello rojizo un tanto inseguro de que esta fuese la solución para devolver al héroe invencible por el camino de la nobleza que había extraviado hace tanto tiempo.
―Ella es la clave de todo esto… siempre lo ha sido, por esa razón no puedo dejarle algo tan importante como esto a alguien al azar, ¿comprendes? ―Preguntaba Shaina mirando directamente a los ojos al muchacho que había entrenado básicamente desde que era un niño, sin duda alguna conocía a este muchacho y sabía que él haría esto bien, de cualquier manera ella le había enseñado a luchar, justamente la razón por la que ahora era su única esperanza de llevarla a un lugar seguro una vez que ella ya no estuviera más aquí.
―Tu eres la única persona en la que confío plenamente para que pueda llevarla de regreso a donde pertenece, a donde jamás debió irse, ella debe volver con su padre. ―Afirmó completamente segura de que esto era lo que ambos necesitaban para poder seguir adelante, tanto Seiya como Seika, ambos se necesitaban el uno al otro. El destino los había separado, los infortunios los habían distanciado, pero la sangre los había unido y el destino los reuniría como debió haber sido hacía más de 30 años.
―Puede que perdiera a su hermana para siempre, de eso no hay vuelta atrás, pero con ella podrá recuperar todo ese tiempo perdido, Seiya retornará al santuario como un caballero orgulloso nuevamente y tendrá una razón para volver a pelear.
Koga aun así sentía que algo no estaba bien, él no era tonto había escuchado lo que le había ocurrido a la primera Seika, un vórtice de oscuridad se la tragó cuando los caballeros de bronce habían regresado al santuario, ¿Pero sí aquello volvía a pasar y él no estaba a la altura de aquella gran responsabilidad?
No quería volver a afrontar una situación como esa de nuevo y menos después… de lo que pasó con Aria, no quería revivir esos viejos fantasmas que solían atormentarlo en las noches más oscuras, donde solo podía obtener consuelo en los brazos de su fiel águila.
―Pero… ¿y si fracaso?
―No lo harás… yo no entrené a ningún fracasado, tu no me defraudarás porque todas mis esperanzas y sueños se encuentran a tu lado. ―Respondió rápidamente obligando a Koga a verla detenidamente, esa mirada… era determinante y firme, justo como Koga recordaba a su mentora.
―Seiya debe regresar a ser el caballero que represente la esperanza en este mundo, el guerrero invencible, con tu ayuda y la de ella, sé que él logrará regresar al lugar que pertenece Koga…― Esa sí era la Shaina que él recordaba, la maestra que lo había hecho entrenar hasta que sus nudillos comenzaban a sangrar y sus huesos se quebraban, ella estaba tan segura, de hecho se podía decir que tenía total certeza de que sería así pero… aun así ¿qué sucedería si no era el caso?
¿Qué sucedería si… el héroe de héroes había caído y ni con un pequeño gran rayo de esperanza no volvía a ser el hombre que solía ser?
―Y… ¿Si no lo hace? ―Interrogó nuevamente Koga, con una profunda inseguridad del plan de su mentora, jamás había dudado de ella, pero… ¿y si en esta ocasión estaba equivocada?
―Entonces realmente habremos perdido…―Con esa declaración los ojos de Koga se abrieron con sorpresa, sí… debió haberlo supuesto, ella seguía siendo despiadada con sus respuestas pero… tenía razón, si perdían a Seiya… con él perdían el mayor bastión de esperanza de las últimas décadas, los próximos guerreros que vinieran tomarían inspiración de la historia más oscura del santuario, tomando como ejemplo a Saga de Géminis, a Ionia de Capricornio, o de Marte, necesitaban héroes de verdad en lugar de tiranos.
―Pero… tu sabes que yo sé, que esto es lo que él necesita, lo que su corazón más anhela. ―Reveló con una expresión afligida en su mirada, rogándole que comprendiera que esto era mucho más importante que él o ella, más que sus vidas, representaba el futuro de miles de almas que aún estaban por venir, necesitaban héroes que los guiaran, que les recordarán porqué debían seguir luchando, porque cada sacrificio sin importar que tan pequeño o grande fuera, merecía ser reconocido y recompensado.
―Su hermana nunca regresará, pero eso no significa que su fe no sea honrada, no… eso significa que ahora tendrá algo aún más grande porqué pelear, una verdadera razón para luchar nuevamente, algo verdadero que nunca lo abandonará.
Eso era todo lo que Koga deseaba escuchar… sus dudas se despejaron y sus color miel se posaron sobre los ojos verdes de Shaina, para sellar el pacto con una sonrisa.
―Está bien, lo haré Maestra Shaina…―Declaró finalmente liberándola de su tan pesada carga, bajando su rostro al suelo, sabía que con esto estaba enviando a su mentora a su muerte, pero… de alguna forma sabía que también le estaba quitando el peso que no le permitía descansar tranquila… y quizá eso era más importante que dejarla prolongando su sufrimiento por más tiempo.
―Gracias Koga…―Declaró Shaina posando su mano en el rostro de su alumno para que este alzara sus ojos hacia ella
―Quizá fui muy dura contigo en el pasado, pero… sin duda alguna estoy orgullosa del hombre en el que te has convertido. ―Dicho eso él sonrió levemente, quizá ella no era consciente de ello, pero que su mentora lo reconociese por su convicción, valía mucho para él
―Bueno… un alumno es tan bueno como su maestro, ¿no es así? ―Murmuró devolviéndole la sonrisa a su mentora con genuino respeto a la mujer que tantas golpizas le dio, ninguna de ellas fue para herirlo sino para hacerlo fuerte y ser uno de los estandartes donde se apoyara su esperanza en el mañana.
―Tienes toda la razón Koga…―Respondió tranquilamente volviendo a recostarse para descansar
―Muchas gracias, ahora… mi único miedo se ha desvanecido por completo…―Afirmó suspirando levemente cerrando sus ojos para reposar.
―Estaré cerca por si me necesitas. ―Declaró Koga levantándose de la silla, para dirigirse escaleras abajo para conocer finalmente a la hija de su mentora y de su figura paterna.
―Y si no te molesta, me gustaría quedarme unos días por aquí, para ayudar a Seika y a ti, no te preocupes no abarcaré mucho espacio, dormiré en el sillón de la sala si no te molesta. ―Decía nerviosamente esperando un golpe o un regaño de su parte, aunque estuviera débil no dudaba que una de sus garras relámpago seguiría doliendo como recibir 300 voltios directamente a su cuerpo
―Para nada…―Murmuró sonriéndole a su muchacho tranquilamente, tenerlo cerca le daba alivio, le daba una certeza de que aunque muriera el día de mañana él cumpliría con su promesa y pondría a su pequeña hermana a salvo, aunque al pensarlo mejor… realmente era su pequeña hermana, lo había criado, lo había entrenado y en cierto punto había llegado a quererlo como si siempre hubiese sido suyo.
―Y Koga… espero que encuentres en Seika… lo que perdiste cuando murió Aria…―Con esas palabras Koga, solo pudo sentir una sensación de calidez llenando su corazón tan golpeado por la vida, quizá esta no solo era una oportunidad para Seiya de recuperar lo que perdió cuando le arrebataron a su hermana y sus recuerdos… sino que era la oportunidad que él necesitaba para recuperar a Aria.
Nadie jamás podría reemplazarla pero, esta era la oportunidad que él necesitaba para hacer las cosas bien, para… salvar a esa pequeña niña que había sido cruelmente asesinada frente a sus ojos, él realmente quería redimirse respecto a su error más grande.
Realmente deseaba proteger a su pequeña hermana, así quizá su conciencia finalmente estaría en paz, pero lo que de verdad deseaba era tener aquella segunda oportunidad.
De verdad deseaba hacer esto correctamente, de otra forma viviría con ese recuerdo tan doloroso, pero más que por eso estaba más que dispuesto a cumplir con su promesa, nunca más volvería a fallarle a su hermana.
―Sí, gracias… maestra. ―Dijo sin más saliendo de su habitación lentamente, reencontrarse con Shaina y de esta forma había sido una experiencia reveladora… pero sumamente dolorosa.
Quizá más para ella que para él, ella había luchado en las batallas más importantes de la humanidad, había peleado contra enemigos más fuertes que ella, la Shaina que conocía habría preferido morir en batalla que siendo consumida lentamente por una maldición, aun así… sabía que ella no se arrepentía de que este fuera su final.
Había disfrutado de su vida y aunque de manera imprevista, había disfrutado de todo lo que la vida le había otorgado, incluyendo su lento y doloroso final.
La habían vuelto más humana, más compasiva, quizá ya había hecho sus paces con su propio destino encontrando un cierre idílico otorgándole su confianza y a su pequeña hija para que continuaran con su legado.
Pero lo cierto era que ella seguia siendo una mujer fuerte, quizá la más fuerte que había conocido en su vida, sería triste dejarla ír… pero más triste sería, que siguiera sufriendo sin esperanza, con el miedo de que su hija estaría sola en este mundo sin la compañía de su padre o de su recién descubierto hermano mayor.
Koga siguió pensando esto, hasta encontrarse finalmente Cara a cara con la joven Seika quien seguia golpeando ese saco de boxeo hasta… sentir una presencia a sus espaldas.
Al alzar sus ojos se encontró con un muchacho de cabello corto, rojo y ojos café claro, él suspiró sonriendo en el proceso, alzando su mano levemente hacia ella, saludándola.
La pequeña de cabello castaño y ojos verdes también sonrió saludándolo, no se conocían bien, pero… eran familia no tardarían en formar lazos para convertir su relación en algo más personal, después de todo ambos eran Hijos del Pegaso.
Diferentes madres pero mismo padre, sin lazos sanguíneos pero reunidos por el destino.
―Y bueno… Supongo que ya debes saber que mi nombre es Koga, aun así es un gusto conocerte formalmente Seika. ― Le dijo a la jovencita alzando su mano hacia ella.
―Gracias, lo mismo digo…―Dijo la pequeña estrechando la mano con el muchacho que se encontraba frente a ella.
―Y tú… ¿eres mi hermano?
―Podría decirse que sí…―Declaró riendo levemente con su respuesta, la pequeña sonrió, pero… necesitaba hacerle otra pregunta.
―Hermano Koga, dime… ¿quién es nuestro papá? ―Preguntó nuevamente obligándolo a suspirar nuevamente.
―Bueno, él solía ser un héroe pero… cayó en un lugar oscuro del que muchos piensan que jamás podrá salír…― Respondió mirándola con cierta pena en sus ojos, pero nuevamente sonrió debido a la persona con quien estaba hablando y quien era la clave para devolverlo a su camino como el héroe como el que siempre debía ser recordado.
―Pero sé que con tu ayuda, podremos devolverlo a la luz, su nombre es: Seiya, el Héroe de Héroes.
Entre esta parte y la siguiente se debe leer primero el último Capítulo del Episodio Zero:
Episodio 0: El Camino Hacia la Guerra Santa
Capítulo 1.0 Epilogo: El Preludio de una Leyenda.
Fragmento del Capítulo 17.1: página 58
Fecha: 20 de Junio del 2018
Hora: 3:00 P.m
Lugar: Campos de Piamonte, Milán Italia.
En aquella comuna italiana existía un pequeño hogar, un hogar destinado a una familia que ahora solo vivía en un futuro lejano, ahora solo los remanentes de una quedaban, una mujer totalmente enferma estaba frente a ese oscuro abismo que representaba la muerte.
La mayoría de sus días los pasaba dormida y las noches las pasaba en vela, escribiendo algo en varias hojas de papel plasmar todo lo que ella pensaba y sentía bajo los efectos de la maldición que la estaban matando, tratando de dejar un testimonio para antes de que su juicio final llegase.
Ese día… ese día como de costumbre dormía plácidamente en su cama, respirando profundamente hasta que un frío que solo podía anunciar lo peor, el fin de sus días… todo vino en base a un dolor o mejor dicho a la falta del mismo, solo podía sentir el frío que se había llevado sus piernas, para finalmente abrir sus ojos después de escupir un largo coagulo de sangre que manchó sus blancas sabanas de rojo, dejando un largo hilo carmesí que bajaba desde sus labios hasta su mentón, su último riñón había fallado finalmente, pronto estaría experimentando la falla de sus demás órganos internos, pronto sería su hígado, el páncreas, sus intestinos, pulmones y poco a poco su corazón…
Shaina estaba totalmente segura de que pronto no tendría la fuerza suficiente para seguir manteniendo su cuerpo funcionando sin la ayuda de sus órganos primordiales, por eso llamó a Koga a ella para que se hiciese cargo de toda una vez ya no tuviera la fuerza necesaria para seguir con vida.
―Maestra Shaina, ¿qué sucede? ―Preguntaba Koga presentándose frente a ella, aunque sus llamados de ayuda eran eclipsados con la poca fuerza de sus pulmones, pudo sentir que ella necesitaba de socorro a través de su cosmos.
―Koga… ya no me queda mucho tiempo, puedo sentirlo…―Murmuraba respirando con dificultad, comenzando a sentir el dolor de su parte inferior subiendo por su columna vertebral hacia todo su cuerpo superior, invadiendo sus brazos y pecho en el proceso.
―¿Que? ¿Tan pronto? No puede ser, así no…―Koga le decía en completo Shock, realmente no esperaba que esto fuese a suceder hoy y por supuesto que no ahora… pero sabía que eventualmente sucedería tarde o temprano, después de haber pasado 2 semanas al lado de ella y de Seika… que justamente sucediese hoy lo había tomado totalmente por sorpresa.
―¿Mamá, hermano que sucede? ―Preguntó la pequeña Seika, acercándose a Shaina, desde que Koga fue a verla no había regresado y eso la había preocupado.
Para su buena o mala suerte, su hija había llegado para verla en su lecho de muerte… ella siempre llegaba en los momentos más oportunos, pero en dado caso había llegado para presenciar a su madre en los últimos momentos de su vida.
―Yo… yo no…― Koga no supo que responder al instante, él no se había preparado para explicarle a Seika que sucedería una vez que la condición de Shaina empeorase.
Ahora con esto que estaba Sucediendo, necesitaba un momento para pensar, antes de que el alma de Shaina abandonase su cuerpo, no quería que Seika estuviera presente para ver eso, ningún niño tenía por qué ver como sus padres morían frente a sus ojos.
Nadie tenía porque soportar esto…
―Koga, Koga está bien…―Shaina le decía colocando su mano sobre su hombro, mirándolo directamente a los ojos, su visión se estaba volviendo borrosa apenas podía reconocerlo, pero sabía que él estaba preocupado de lo que tenía que hacer a continuación y porqué.
―Está bien… ―Trataba de tranquilizarlo, Shaina sabía que estaba depositando una enorme responsabilidad en sus hombros pero lo único que le preocupaba no era que la muerte estuviese a su lado, tocando su cuello suavemente, sino ella; Seika. ―Ya sabes que hacer, llévala al santuario allí la protegerán…
―No, no… no puedo dejarte sola… alguien tiene que quedarse aquí para cuando…― Koga no supo que decir, no podía dejarla aquí sola pudriéndose mientras él llevaba a Seika al santuario, se negaba rotundamente a abandonar a su maestra así, pero Shaina simplemente lo consoló posando su escuálida mano en su rostro, dándole consuelo a su alumno.
―Koga… no te preocupes, sabía que esto sucedería…―Fue entonces que ella alzó su brazo hacia la mesita de noche, alcanzando tres sobres de papel, los cuales eran difíciles de cargar entre sus manos los cuales se tambaleaban mientras los entregaba, uno con el nombre de Saori escrito y otro con el nombre de Seiya…
―Toma, ten esta carta, entrégasela a Kiki cuando lleguen al santuario…―Koga al mirarlos detenidamente pudo notar que dos de los tres sobres eran más grandes que los demás y solo uno era una carta más ligera, la carta que estaba dirigida a Seiya… no sabía por qué pero su mentora debía tener sus razones, quizá había algo que ella debía contarle a Saori con tanta urgencia..
―No sé cuánto pueda resistir, pero sé que no será mucho… por eso deben irse de inmediato…― Murmuraba tratando de respirar pero ya podía sentir como sus pulmones estaban empezando a fallar.
―¿Qué es? ―Interrogó el santo de Pegaso mirando a las cartas entre sus manos, dirigidas hacia su madre y al padre de Seika.
―Una petición… y una disculpa, además de esto…―Ella se había anticipado a todo a diferencia de él, quien se encontraba dudando de qué hacer y cómo hacerlo, era su maestra después de todo… ella siempre tenía que anticiparse. ―Ponla a salvo primero… Cuando lo hagas… Regresa por mí… ¿entiendes? ―Lo entendía perfectamente y eso iba a hacer, todo lo demás podría esperar su maestra no… una vez se encargará de todo lo que se tenía que hacer, regresaría para encargase de lo que se tenía que hacer, no era bueno enterrando a la gente que tanto estimaba y esperaba jamás acostumbrarse, pero…
Siendo el caballero de Pegaso, la muerte era la constante de su vida.
―Sí. ―Murmuró desviando la mirada, haciéndose a un lado para que mamá e hija compartieran un último momento juntas, había tanto que decir, tantas cosas que hacer… tanto tiempo por vivir…
Solo unos segundos para poder decirlo todo, Shaina no se arrepentía de nada… esos 6 años de su vida lo habían sido todo… pero deseaba que fuesen más, poder estar allí en cada momento de duda, en cada instante de miedo, incertidumbre, dolor o alegría…
Anhelaba estar allí para verla crecer, deseaba verla vivir los momentos más felices de su vida y apoyarla en los más oscuros, deseaba… tantas cosas, pero al final ella no estaría allí.
Shaina moriría, no existía nada que ella pudiera hacer para evitarlo, pero, aunque su cuerpo desapareciera y se hiciera cenizas, su espíritu seguiría aquí, al lado de su hija para guiar sus pasos a través de la infinita oscuridad.
Estaría a su lado gracias al hilo de sangre que las conectaba una a la otra, en esta vida o en la siguiente.
Pero era tiempo de despedirse, era el momento de decir adiós.
―Sheik…―Shaina habría comenzado a llorar si hubiera podido, pero ya no era capaz de hacerlo, sus lágrimas al igual que su cuerpo se habían secado, lo que no evitaba que el profundo dolor que sentía en su pecho se comparará con el de su interior apagándose podo a poco.
―Mami…―Seika susurró acercándose a ver a su mamá una última vez, antes de que el olvido se apoderase totalmente de ella por siempre.
―No te preocupes, todo va a estar bien…―Declaraba tratando de darle consuelo a Seika, ella sabía que no iba a ser así pero aun así trataba de ser fuerte, trataba de no romperse a llorar como su madre sabía que lo haría, no era tiempo para llorar… eso sería después. ―Tu Hermano te llevará a un lugar especial… allí estarás a salvo. ― Seika no comprendía que hablaba su mamá, ¿a dónde iban a ir? ¿No se iban a quedar? Aquí era donde la necesitaban.
― ¿Y tú, que pasará contigo mami? ―Seika interrogó totalmente confundida, ella solo quería estar con su mamá, pero Shaina no quería que ella estuviese cerca una vez falleciese, sobre todo por el oscuro porvenir que se avecinaría, antes de que eso sucediese, tenían que irse y no había mejor momento que el ahora.
―Tranquila… todo va a estar bien, todo va a estar bien…―Shaina respondió acariciando al suave cabello de su hija, siempre amó tanto su cabello, después de todo ella había sido el último regalo que he había otorgado su esposo antes de su triste separación, ahora era igual de descorazonador que aquella vez.
―Recuerda, sé fuerte, no tengas miedo…―Le pedía solo para que Seika respondiese abrazando por última vez a su madre, deseando que nunca tuvieran que decir adiós, pero… como ella lo había dicho, tarde o temprano había que decir adiós por más cruel que fuera.
―Eres lo más importante que tengo en la vida… eres mi orgullo y mi alegría… eres lo que siempre quise y más…―Le susurraba, rodeando con sus brazos a su hija por última ocasión, a pesar de todo lo había hecho bien, con el profundo pesar de que toda su vida había conocido el odio y la desesperanza finalmente había conocido el amor verdadero, había conocido una dicha que creía prohibida para una persona como ella. La había encontrado con eso finalmente podía irse en paz.
―No llores, nos volveremos a ver… te lo juro…―Declaró finalmente mirando a su bebé con una sonrisa tranquila, un niño no tenía por qué ver a sus padres morir de esta forma, jamás por eso… era mejor que se fuera antes de que la debilidad le hiciera querer resistirse más tiempo a la maldición que le estaba arrebatando la vida, viviendo atrapada en su cuerpo hasta que ya no pudiera resistir más.
―Koga… vayan…
El caballero Pegaso asintió tomando a su pequeña hermana por los hombros, atrayéndola a él listo para retirarse, él tampoco deseaba irse de poder hacerlo se habría quedado a su lado hasta su último suspiro, pero había hecho una promesa y tenía que cumplirla.
―Vamos, Seika… tenemos que irnos ya. ―Odiaba esto, odiaba tener que dejar atrás a las personas que tanto estimaba, odiaba ese sentimiento de impotencia, la vulnerabilidad sabiendo que no había nada que él pudiese hacer, habiendo alcanzado el Omega y habiendo derrotado a Saturno ahora se sentía nuevamente como ese niño débil e indefenso que no pudo evitar que Marte secuestrará a su figura materna.
Ahora no era muy diferente de aquella ocasión, aunque a diferencia de aquella vez, sin importar lo que haya hecho, los enemigos que hubiera derrotado o las vidas que había salvado, ahora una de la que más le importaba iba a morir.
Y tal como sucedió con Aria lo único que pudo hacer era alejarse para ver como el alma de su mentora se extinguía hasta desvanecerse lentamente en la oscuridad.
―Sí… ―Seika asintió siguiendo lentamente a Koga fuera de la habitación, aunque antes de Salir Seika miró una última ocasión a su mamá a sus espaldas, para decirle una última cosa.
―Te quiero mami…
―Yo también… Seika…―Murmuró suspirando pesadamente, admirando la belleza de Seika ante el resplandor de la luz que se filtraba por la casa.―Koga…―Ante su llamado él simplemente se quedó estático en el pasillo, tratando de no mirar hacia atrás, pero realmente necesitaba hacerlo… necesitaba mirar a la mujer que le había enseñado todo sobre ser un caballero de Athena.
―Gracias por todo…―él Había prometido nunca más mirar hacia atrás, al igual que Edén… esta fue la primera vez en años que rompió ese juramento, mirando a su maestra por sobre su hombro asintiendo levemente para finalmente cerrar la puerta detrás de él, dejando a Shaina finalmente sola con sus pensamientos.
Ella miró hacia arriba tranquilamente, la vida había sido muy cruel con ella, pero a su vez había sido muy justa, le había otorgado miles de bendiciones y maldiciones, se sentía en paz con eso, se sentía tranquila reconociendo
―Parece que… tenía razón… desearía no haberlo hecho…―Murmuraba para ella misma, desabotonando su camisa, revelando la imagen de una serpiente oscura que recorría todo su vientre y pecho hasta llegar a la base de su cuello, la cual comenzó a brillar de un tono violeta oscuro, dejando salir un humo oscuro al instante que sus ojos comenzaron a centellear de un color carmesí.
―Me hubiera encantado verte una última vez Seiya… hablar… y recuperar el tiempo que perdimos, tal vez… en nuestra próxima vida será…―Se decía, arrepentida de no haber visto al hombre de su vida al menos una última vez antes de que esto sucediese, pero ya no había tiempo para lamentarse, de hecho ya no había tiempo para más nada al alzar su brazo hacia el cielo, mientras que su verdugo poco a poco se deslizaba por debajo de las sabanas de su cama, como un humo negro que se tornaba blanco una vez abandonó su refugio debajo de las mantas.―Quizá eso sea lo único que lamento, pero no me arrepiento de nada más…― Añadía sonriendo tranquilamente, sacando pequeños rayos y chispas de sus dedos color violeta, llamando a la furia de los cielos para que la asistiera en su última pelea.
―Fue una buena vida… realmente lo fue, así que… si vienes por mi vida, reclámala ahora… ―Advirtió observando a la representación espiritual de una serpiente blanca que se había formado delante suyo, con manchas oscuras en todo su cuerpo representando el veneno que recorría todo su ser hasta el símbolo de Ofiuco, el cual se s encontraba justo en el pecho de la criatura, esta se trataba de un bastón alado, rodeado por dos serpientes, Shaina fijó sus ojos esmeraldas en a aquella figura alargada pálida que la miraba a los pies de su cama, ocasionando que el tatuaje de su pecho palpitara con una agresiva fuerza que trataba de someterla, enfocando sus ojos sangrientos sobre ella para evitar que se resistiera aún más, causándole más dolor representado en la pequeña cascada de sangre que sus labios empezaban a desbordar, pero a ella no le importaba en lo más mínimo, si iba a morir moriría con esa cosa llevándosela consigo al poso más ruin y profundo del inframundo, en donde ella lo haría sufrir por toda la eternidad por haberle arrebatado su vitalidad junto a todos los años que iba a pasar al lado de su hija.
―Pero ni siquiera con eso te voy a consentir. ―Aclaró haciendo arder lo último de su cosmos, convocando por encima de la casa una enorme nube de lluvia, una nube que comenzó a entonar el imponente sonido de los relámpagos que Zeus comandaba.
―Yo vivo y muero bajo mis propios términos, ¿me escuchaste? ―Le preguntó a esa figura blanca que la miraba atentamente, con esos ojos rojos como la sangre iracundos por querer ser ella quien reclamase su alma. ―Mi nombre es Shaina de Cobra… ¡Y te jodiste! ― Con ese último comentario sus ojos se afinaron al igual que los de esa serpiente albina, como la orgullosa guerrera que era, tomaría el asunto entre sus propias manos, no dejaría que una estúpida maldición le arrebatase su vida, incluso hasta el final ella se oponía a que le impusieran una muerte que ella no quería, finalmente Shaina cerró su puño llamando a ella el implacable poder del relámpago para que su vida terminase con el estallido del cielo, ante la fría mirada de la serpiente espectral que rabiaba por la fuerza de esa cobra moribunda.
Koga y Seika caminaban por el largo sendero lejos de casa en silencio, el caballero Pegaso había hecho lo imposible para mantenerse fuerte y recto, solo bastó escuchar un relámpago a la distancia para sentir como el cosmos de su mentora se había extinguido por completo para cerrar fuertemente los ojos evitando su expresión dolida por el fallecimiento de su mentora.
Había luchado la pelea de su vida y aunque la había perdido… Koga se sentía tan orgulloso de haber sido el alumno de una amazona conocida como: Shaina de Cobra.
Una guerrera formidable que luchó hasta el final…
Seika por su lado solo bajó su rostro al suelo, tratando de entender que había sentido… en un momento su mamá seguía allí y al siguiente su esencia se había desvanecido. No sabía que había sucedido, pero algo era cierto, ella ya no estaba con vida.
―La llama de mamá se extinguió…―Murmuró con pena bajando su mirada al suelo.
Koga escuchó, abriendo sus ojos hacia Seika, quien no apartaba su mirada del suelo, él… no supo que decirle… no tenía nada para aliviar la pena que su pequeña hermana sentía al haber perdido a su madre, él sabía exactamente como se sentía… había perdido a alguien que apreciaba de la misma forma hacía tantos años.
Aún le dolía su partida y no había día en el que no pensara en ella, Seika rodeó sus brazos en su cintura abrazándolo fuertemente, Koga respondió acariciando levemente su cabeza, no había palabras para decirle que todo estaría bien, no había forma de decirle que sentía tanto la pérdida de su mamá… Solo podía estar allí para cuidarla y tratar de consolarla.
Ya habría tiempo para llorar al igual que lamentarse por la vida que se había perdido… pero ahora debía cumplir con la última voluntad de su mentora y llevar lo más importante de su vida al santuario.
Fragmento del Capítulo 17.2: Página 69
§
Fecha: 21 de Junio del 2018
Hora: 5:37 P.m
Lugar: Gracia, Santuario de Athena.
Un día viajando fue suficiente para que Koga y Seika arribaran a las puertas del santuario, él se detuvo antes de seguir avanzando más por el camino que llevaba directamente al hogar de las almas de oro… Alzó la mirada encontrándose por primera vez en meses con los templos de piedra como de mármol que a lo lejos custodiaban la entrada al reino de la diosa.
Al llegar había visto a los guardias, caballeros de Acero, junto con algunos aprendices, así como prospectos a caballeros de Bronce, Plata y Oro… No muchos tenían la suerte de llegar a convertirse en caballeros de Oro, usualmente solo existían 12 vacantes, actualmente habían 8 y no por mucho a pesar de que muy pocos cumplían con las especificaciones para convertirse en guardianes de las casas restantes, pero de vez en cuando, salían guerreros excepcionales.
Guerreros únicos y poderosos que domarían el poder del oro para convertirse en los legítimos guardianes de Athena.
Por suerte habían logrado llegar al santuario lo más rápido posible, después de todo Seika aún estaba de luto… necesitaba tiempo para asimilar que su madre había muerto, no podía imaginarse lo duro que estaba siendo para ella…
Ya era duro para él pero, aun así Shaina había sido mucho más cercana para Seika que lo fue para él, así como lo era Saori para Koga, si él la perdiera el sufrimiento que ambos sentirían sería el mismo.
La misma pena de dos niños que perdieron a sus madres bajo las crueles manos del destino.
Koga suspiró viendo a Seika caminando solitariamente al santuario, hasta que ella se detuvo al escuchar y sentir que Koga ya no se encontraba a su lado, ella miró a sus espaldas confundida, viendo a su hermano mayor detenido aunque deseaba dar un paso más, el camino que debía seguir de ahora en adelante debía ser sola.
Ya habían pasado por la peor parte, el camino hacia el santuario, ahora ella debía seguir por cuenta propia.
― ¿Hermanito Koga? ¿Qué pasa? ―Preguntaba confundida la joven de cabello castaño y ojos verde, al notar como Koga se había distanciado de ella repentinamente, Koga miró con pena a su hermana pequeña, no deseaba separarse de ella, pero había algo que tenía que hacer… no tenía el tiempo para decirlo, solo para hacerlo.
―Seika, desde este punto tendremos que separarnos, no te preocupes… solo sigue el camino recto y llegarás hasta el santuario…―Dicho eso, él apuntó hacia el camino de tierra que dirigía hacia el lugar donde descansaban las almas de oro, usualmente este camino sería mucho más difícil, para muchos sería imposible debido a que para llegar se debían cruzar varios peñascos de rocas y acantilados.
Pero gracias a la guía del Pegaso ya se encontraban finalmente frente a frente al gran santuario, en donde esperaban ser recibidos, aunque en esta ocasión solo recibiría a uno, por suerte Koga había tenido la consideración de estar lo suficientemente cerca para partir caminos.
De lo contrario no sabía cuál sería el destino de Seika, muchas personas incautas solían perderse en el sendero, muy pocos lograban llegar sin perderse, otros caían y se les olvidaba, pero Koga había considerado esto pues no quería que una pequeña niña se perdiera en ese sendero para nunca más ser encontrada… No otra vez.
―Pero… pero... ―Seika naturalmente se sentía asustada, ella no sabía lo que le esperaría al seguir adelante, no conocía que clase de cosas o personas encontraría allí, lo único que sabía era que al estar al lado de Koga ella se sentía segura y sin él… no sabría qué hacer.
―Dijiste que nunca te apartarías de mi lado…― Koga arrugó su expresión, no quería darle esa impresión… Pero debía hacer algo pronto, no podía decirle que era solo tenía que hacerlo era importante y no podía esperar otro día para hacerlo.
―Eso dije y es cierto…―Respondió Koga acercándose a ella y arrodillándose frente a ella para verla a los ojos, él lo había prometido y aunque le costase su propia vida iba a cumplirlo, no dejaría que algo malo le sucediera a su hermana, iba a hacer hasta lo imposible para evitar revivir viejas pesadillas.
―Pero tengo que volver… hay algo que debo hacer, ¿comprendes? ―Interrogó colocando sus manos sobre los hombros de Seika, con la intención de que ella lo viese a los ojos, Esto era importante para ambos, él debía regresar y ella tenía que comprenderlo, después de todo… no podían permitirse dejarla mucho tiempo para pudrirse sola.
―Tranquila… tienes la carta, ¿verdad?
―Si las tengo…―Respondió Seika tomándolas entre sus manos y apegándolas a su pecho.
―Bien, apenas llegues a la primera casa entrégaselo al hombre que custodie el templo, si ves a una niña entrégaselo a ella, ambos sabrán que hacer, ¿entiendes? ―Preguntó tomando sus manos para darle fuerza y el valor que ella requería para continuar por este camino ella sola.
Seika tardó un momento en responder, pero entonces fue cuando asintió levemente con la cabeza.
―Sí entiendo. ―Declaró desviando sus ojos, ningúno quería separarse, pero por ahora tendrían que hacerlo, pronto estarían juntos de nuevo y Koga cumpliría con la promesa que le había hecho a ella y a su mentora.
―Bien, volveré por ti apenas termine, ¿de acuerdo? ―Preguntó nuevamente viéndola asentir, aún se sentía insegura de esto… maldición él mismo se sentía inseguro si quiera apartarse de su lado… Pero él tenía que regresar para darle un entierro adecuado, de lo contrario se sentiría mucho más culpable por haberla abandonado así sin más.
―Tranquila, no tengas miedo… puedes hacerlo…―Declaró rodeándola con sus brazos, para darle la confianza que ella requería para seguir hacia el santuario, ella estaría bien en el santuario, con los caballeros de oro cuidándola, él sabía que estaría en el lugar más seguro de todo el mundo.
―Ve, estaré contigo antes de que te des cuenta. ― Koga decía otorgándole el permiso para que siguiera hacia el santuario, se reencontrarían de nuevo más adelante, pero por ahora, un abrazo fue suficiente para ambos.
Ambos se separaron después de un corto silencio que pareció durar una eternidad mirándose el uno al otro, hasta que Seika finalmente tuvo el valor suficiente para continuar adelante ella sola, Koga miró a la jovencita acercándose al santuario lenta pero segura, Koga continuó viéndola hasta alcanzar la zona segura donde la vigilancia era constante.
Para finalmente retirarse por donde había venido.
Seika intentó no mirar hacia atrás, pero cuando el cosmos de Koga comenzó a hacerse más y más distante ella tuvo que mirar a la dirección donde se había quedado su hermano mayor… únicamente para no verlo más allí.
Tímidamente tomó las cartas de su mamá apegándolas más a su pecho, continuando con su camino, temerosa pero segura de que lo que su hermano y su madre le habían dicho sobre este lugar era seguro para ella.
No reconocía nada, nada parecía ser familiar, por eso se sentía tan aterrada… mientras caminaba solitariamente podía escuchar sus pisadas sobre la tierra como contra el suelo de mármol.
Sollozando levemente mientras recordaba a su mamá, desde que nació esa presencia aunque intimidante así como fiera, siempre era protectora, poderosa y gentil, como una Cobra defendiendo a sus crías… siempre había estado allí cuando la necesitó pero ahora esa energía poderosa pero amable se había desvanecido.
Ahora ella se sentía que caminaba sin rumbo por un mundo de oscuridad sin fin, hasta que sus pasos finalmente la llevaron hacia un enorme templo, majestuoso a la vez que consumido por el tiempo y las batallas que había vivido, fragmentado como derruido… así como con una enorme sensación de tranquilidad y de paz.
Paz que solo podía ser igualada por la que solo podía sentir en su hogar, allá en las planicies de Milán.
Ella miraba a su alrededor entre una enorme curiosidad y un gran temor por lo desconocido, mientras pensaba en las palabras de Koga… Hasta que una voz se hizo presente.
― ¿¡Hey quien eres tú, que haces aquí!? ―Preguntó una voz a lo lejos, al mirar a esa dirección pudo percatarse de que era una niña, varios años mayor que ella, que con ambas manos en sus caderas trataba de mostrar una imagen imponente y amenazante para la jovencita que había llegado al santuario… aunque al percatarse de que solo era una niña pequeña la mayor se sorprendió mucho, no muchos niños venían al santuario totalmente solos.
―¿Eh, una niña? ―Se preguntó curiosa desapareciendo de la vista de Seika para reaparecer frente a ella como por arte de magia asustando a Seika por la repentina aparición de la chiquilla, cuyo rostro era peculiar, no poseía cejas solo un par de lunares en su frente que se asemejaban,
―¿Que sucede niña, estás perdida, como llegaste aquí? Te me haces familiar. ―Interrogaba poniendo más incomoda a la joven Seika quien no entendía como era que esta chica más grande que ella había logrado hacer eso.
―¿Vives cerca del santuario? ¿Eres de Rodorio, quieres que te ayude a regresar?
―N-no…―Murmuró desviando la mirada al suelo de la joven pelirroja. ―Yo… me enviaron aquí…
― ¿Te enviaron? ¿Quién te envió? ―Preguntó nuevamente Raki, quien a su vez no podía parar de ver a sus ojos, verdes como una hermosa esmeralda, Seika no estaba segura que responder, Koga dijo que le diera las cartas, pero… de cierto modo esta niña le daba mucho miedo.
―¿Oh disculpa te asusté? Discúlpame, pero necesito saber de dónde vienes y cómo te llamas para ayudarte. ―Explicó un tanto apenada por el cómo se había presentado, ciertamente muchos niños no entendían cómo funcionaba la teletransportación eso debió ser repentino y de cierto modo aterrador para ella, hasta que una segunda voz se escuchó en las profundidades del santuario.
― ¿Raki, que sucede? ―De las sombras del templo un hombre salió, este hombre causó una enorme impresión a la Jovencita de ojos verdes, quien admiraba la hermosa armadura de oro que cubría su cuerpo, cuyos detalles y porte, se asemejaban a las armaduras que los reyes del antaño utilizarían para el combate.
Aquella armadura de oro era una obra de arte en sí misma hecha de un material tan precioso a la vista que la hipnotizó apenas sus ojos se cruzaron con la superficie dorada de la misma.
El hombre miró hacia la dirección de su aprendiz curioso de con quien hablaba, hasta encontrarse con una pequeña niña de no más de 5 años… Era una vista curiosa pues ningún niño que no fuerce entrenado personalmente por los caballeros de Oro, Plata o Bronce podía cruzar más allá de las fronteras del santuario, más allá de lo que es posible permitir que los civiles se acercarán, mucho más para un niño que usualmente terminaba detenido por los obstáculos del camino o perdido por los tramos confusos que se debían tomar para llegar a la primera casa del santuario.
Pero debía verlo para creerlo…
―Maestro Kiki, no sé cómo, pero esta niña llegó al santuario, dice que la enviaron aquí…―Raki declaró alzando la mirada hacia su mentor quien caminaba lentamente hacia ellas, arrodillándose frente a la pequeña que temerosa e incrédula lo miraba sin apartar los ojos de él o de su armadura de oro.
Kiki se arrodilló frente a ella, al verla detenidamente notó algo interesante, desde sus ojos hasta su cabello todo era familiar, aunque no entendía por qué razón, desde sus ojos esmeraldas, hasta su cabello castaño y su rostro… eran símiles a personas que había conocido hacía un tiempo atrás…
Pero… no podía ser, ¿o sí?
Era demasiado Joven para ser una enemiga o una espía, en sus manos llevaba agarrado algo que parecía ser importante a pesar de que fueran hojas de papel, pero algo que había aprendido durante tantos años no era el cómo se transmitiera, sino el mensaje que contenían dentro.
Kiki alzó la mirada encontrándose nuevamente con sus ojos, los cuales le seguían recordando a alguien… no sabía a quién pero a alguien.
―Dime pequeña… ¿quién te envía? ―Preguntó Kiki serio, admirando a la jovencita frente a él, quien solo bajaba la mirada, nerviosa por la presencia de estas personas extrañas frente a ella, aunque a decir verdad solo volvía a levantar su mirada hacia el oro del que estaba hecha la armadura, reflejando su pequeño rostro infantil en la superficie dorada de la misma.
―Tranquila, todo está bien, no te voy a hacer daño, solo dime quien te envía…
―Me… Me envía mi mamá… y mi hermano Koga… él me dijo que le diera esto al Guardián de la Primera Casa…― ¿Su mamá, su hermano Koga? Las dudas en Kiki se intensificaron hasta el punto en el que él arqueó una expresión de confusión y sorpresa… Por alguna razón esta niña creaba aún más dudas sobre su origen, sobre su familia y la razón por la que se encontraba justo frente a él.
―¿Eres tú? ―Interrogaba ella un tanto indecisa de si entregarle el paquete a este hombre desconocido, pero fascinante, quien llevaba esta hermosa armadura puesta.
―Sí soy yo… ¿puedo? ―Preguntó Señalando a las cartas que tenía ella, Seika dudó… pero entonces se las entregó depositando los últimos vestigios de su propia madre en las manos del caballero dorado de Aries, Kiki tomó las cartas entre sus manos, leyendo el nombre y el destinatario al que iban dirigidas… Una de ellas iba dirigida específicamente a él, Kiki de Aries, escrita con el puño y letra de la antigua amazona de Ofiuco. Con calma comenzó a leer la carta que iba dirigido a él, conociendo el funesto desenlace que le esperó a la anterior amazona de ofiuco, así como la razón por la que había decidido desertar, pacientemente siguió leyendo las demás cartas para conocer más sobre aquello que la llevó a su muerte, todo había sido plasmado y detallado, Kiki pensó en leer más a fondo, pero decidió detenerse ya que esa información sería algo que el patriarca y Athena debían conocer por cuenta propia.
―Shaina… No puedo creerlo…―Murmuró colocándose una mano en el mentón, no hacía más de un día su cosmos había desaparecido totalmente, ahora una niña con sus mismos ojos aparecía repentinamente en el santuario, sola y con las cartas que la anterior guardaespaldas de la diosa Athena había dejado atrás, al lado de quien parecía ser su legado viviente.
―Dime pequeña… ¿cuál es tu nombre? ―Preguntó Kiki suspirando levemente, la joven tardó en responder, pero al ver la cálida sonrisa del caballero de oro sintió la confianza suficiente para poder responder.
―Seika…―Dijo haciendo que el santo de Aries abriera sus ojos con aún más sorpresa, al mismo tiempo que Raki quien se le veía confundida a la vez que se sentía por alguna razón que no llegaba a entender totalmente, pero más que sorpresa era alegría, después de todo… a quien tenía en frente era la descendencia directa de aquellos dos caballeros que desertaron el santuario.
Aquellos dos que escaparon juntos para vivir el sueño que se les había negado, para reencontrar lo que habían perdido y que como resultado dieron vida a una preciosa niña que juntaba lo mejor de ambos mundos, Kiki volvió a suspirar, colocando las cartas en su mano de forma que no dañaría ninguna de ellas, sabiendo de antemano lo que debía hacer.
―¿Seika? ―Preguntó viendo como ella asentía levemente, ahora comprendía por que se le había hecho tan familiar en un inicio, el cabello de Seiya, los ojos de Shaina y el rostro de la hermana del antiguo caballero de Sagitario. Lo mejor de ambos mundos, el legado que la Cobra dejó atrás como muestra de que ella vivió en este mundo, la emisaria de un destino que había tardado muchos años en llegar.
―Un nombre adecuado en verdad. ―Murmuró entregándole su mano libre a la pequeña para que lo siguiera hacia el templo del carnero de oro.
―Ven conmigo… sé de una persona que está ansiosa de conocerte…
Seika miró a la mano de Kiki con desconfianza, pero de la misma forma que él le había demostrado que era una persona de bien, el santo dorado de Aries hizo lo mismo que con las cartas, esperando a que ella le entregase su confianza, fue finalmente cuando Seika puso su mano en la palma de Aries, quien la sujetó con gentileza y bondad.
Levantándose del suelo finalmente para guiarla junto a su aprendiz hacia el reino de la diosa Athena.
Fragmento del Capítulo 17.3: Página 83
Α/Ω
Fecha: 21 de Junio del 2018
Hora: 8:37 P.m
Lugar: Grecia, Santuario de Athena.
Allí en los aposentos del gran patriarca una pequeña niña sollozaba, mientras era custodiada por tres de los seres más poderosos en el planeta y una diosa.
Quien se dedicaba a leer las cartas con sorpresa además de millones de sentimientos acumulados en su pecho, cada letra que leía había sido escrita por el puño y letra de su antigua guarda espaldas, revelándole muchas cosas de las que estaba segura desde que vio entrar a esa pequeña por primera vez al santuario, los ojos, su cabello, su rostro, todo le recordaba a esas dos personas y el sentimiento se hacía aún más fuerte después de descubrir que en efecto, ella era la hija que Shaina había dejado atrás.
El su legado y el de Seiya.
Saori finalizó de leer la última carta cubriéndose la boca por la sorpresa y además de la profunda tristeza que le daba conocer el funesto desenlace de una persona que la protegió hasta el día que su soldado más leal se apartó de su camino.
Ambos habían encontrado en el otro lo que habían extraviado y gracias a ello el producto de su unión era esta pequeña niña que ahora sufría por haber perdido todo su mundo gracias a la maldición de la armadura de Ofiuco.
Saori se sentía responsable de lo sucedido, pues si no hubiera sido por ella muchos de los eventos infortunados del pasado jamás habrían sucedido como ocurrieron hoy…
―Eso era todo lo que traía consigo, me tomé el atrevimiento de leerlas todas antes de traerla frente a usted señorita Saori…―Kiki decía al lado de la pequeña Seika, quien no paraba de sollozar, pasando sus pequeñas manos por sus ojos, limpiando las lágrimas que no paraban de salír, era comprensible después de todo ella acababa de perder a su madre.
―Pobrecilla, no puedo ni imaginar lo que debe estar pasando en estos instantes…―Comentaba Integra, tratando de consolar a la jovencita, después de todo ella había tenido que pasar por algo similar al perder a su hermana y a sus padres, ellas de cierto modo eran similares al no tener a nadie más en este mundo, lo cual era debatible pues ella aún tenía a su padre y a Koga.
Pero eso sería aún más complicado de decir pues… Seiya no se encontraba en su mejor momento además que Koga tenía una vida propia, dependiendo de lo que sucediese con ellos dos a Seika solo le quedaría el santuario y con ello a Saori quien se encargaría de cuidarla y protegerla, como la hija que jamás pudo tener.
―Yo sí puedo imaginármelo…―Comentó el gran patriarca, mirando con pena a la joven frente a ellos, era curioso por decirlo de alguna forma… aunque tenían en frente a la hija de dos desertores, sentían una profunda pena por la pequeña.
A penas había comenzado a vivir y ya estaba experimentando varias de las cosas más dolorosas que una persona podía soportar, Harbinger quien de pequeño no tenía nada ni a nadie comprendía lo que era sentirse perdido por un mundo frío, cruel e indiferente.
En donde nadie que no tuviera la fuerza necesaria para sobrepasar las adversidades podía salir con vida, él era la prueba fiel y digna de que solo los fuertes lograban convertirse en más que lo que el destino o la vida los obligaba a ser.
―¿Que haremos con ella señorita Saori? No se puede quedar en el santuario a menos de que usted lo permita…―Harbinger decía con antelación, viendo los posibles futuros que le esperaría a la jovencita frente a ellos, tal vez y como sus padres se volvería una guerrera excepcional entre los rangos de Bronce o Plata, aunque viendo su estado actual eso sería cruel pues acababa de perder a su madre obligarla a pelear sería lo menos adecuado a pesar de como se decía en las cartas, Shaina la había entrenado para convertirse en una guerrera, para afrontar los peligros del mañana ella sola, pero… a su vez Seika quizá lo que necesitaba era regresar a una vida normal al lado de una familia amorosa que velaría por ella y su bienestar, esta sin duda era una situación complicada que no se resolvería con facilidad.
―Tampoco podemos enviarla de vuelta a casa, puede que no sea parte de nuestro estandarte… pero no somos monstruos como para dejar que una niña huérfana regrese después de lo ocurrido…―Dicho eso Saori miró al patriarca designado por ella y los demás santos de oro, únicamente para bajar su mirada hacia la jovencita que seguía lamentando la pérdida de su progenitora.
Era verdad, en ambos casos nadie sabía cuál sería el desenlace que le esperaría a la hija de la Cobra y el Pegaso, aunque tuvieran presentes la armadura de la copa, el destino solía ser mucho peor de lo que se anticipaba, Saori había visto lo que sucedería con Seiya.
A la vez que había visto lo que ocurriría con Shun y lo que pasaría con Shaina, conocer el destino siempre llevaba a conclusiones imprevistas, que a veces eran peores de lo que se anticipaban…
¿llevándola a preguntarse cómo estarían Shin, Ikki y June en el Futuro? Tal vez de aquello jamás obtendría una respuesta tangible, tan solo imaginar que todo estaría bien…
Sin embargo el tema que importaba ahora era que hacer con la pequeña Seika, que a sus ojos era preciosa, ambos mundos se habían combinado en perfecta armonía para dar a luz a una niña que si bien no era el reflejo vivo de sus padres, poseía cualidades de ambos que ante sus ojos la hacían única.
Siendo la hija de su Pegaso cobraba aún más afecto por ella, tal vez si ella jamás hubiera nacido como una diosa, su rostro, cabello y ojos serían diferentes.
Pero aún así era la criatura más hermosa que hubiera visto en su vida, Saori finalmente se puso de pie, dejando las cartas en manos de sus Asistentes, quienes la acompañaron al lado de la jovencita, quien a su vez miró hacia la diosa humana.
―Seika… tienes un lindo nombre. ―Declaró la mujer que había heredado el espíritu de la diosa de la guerra, sonriéndole afablemente a la chiquilla quien alzaba su mirada hacia la diosa de la tierra, confundida por la razón por la que había sido traída hacia ella, pero… su presencia y la energía que emanaba de ella era tan gentil que hizo que sus lamentos se suavizarán tan solo un poco.
―Mi nombre es Saori, Saori Kido… ¿tu mamá te habló sobre mí? ―La pequeña miró a los ojos de la doncella, que a su vez era amable con ella limpiando sus ojos con sus dedos, Seika trató de responder, pero aún se sentía muy afectada por lo sucedido ocultando su mirada desviándola hacia el suelo, ante su nula respuesta la diosa de la guerra comprendió al instante, esta era la primera vez que se veían o hablaban formalmente.
―Entiendo, tranquila comprendo lo que estás pasando… yo también perdí a mi abuelo cuando tenía la misma edad que tú, él era mi única familia en ese entonces y yo era demasiado joven para comprender que había sucedido además de comprender que sucedería conmigo en el futuro…―Fue entonces que ella alzó su mano hacia Seika, sin quitar su sonrisa templada dándole la confianza para que la tomara entre las suyas.
―Pero tranquila, ya estás a salvo… yo cuidaré de ti, ¿entendido? ―Preguntó sintiendo como los pequeños dedos de la jovencita se deslizaban en la palma de su mano, tomándola con delicadeza y cuidado.
―Señorita Saori…―Harbinger trató de objetar, pero… no había nada que objetar en este momento, al ser el patriarca estaba a las órdenes de su diosa y ya no quería desobedecer su voluntad después de la última ocasión que decidió actuar por cuenta propia, ese día perdieron a dos de los mejores caballeros que el santuario jamás había tenido.
―No te preocupes, ya se nos ocurrirá algo…― Respondió la diosa de la tierra mirando a su patriarca tranquilamente, ella no tenía ningún plan en esta ocasión, nada en verdad tan solo dejar que las cosas fluyeran como tuvieran que fluir… ya después habría tiempo para pensar más a detalle lo que sucedería con Seika… Pero por ahora, lo único que deseaba era conocer más a la hija de su guardián más leal.
―¿Tienes hambre? ¿Quieres comer algo? ―Preguntó amigablemente, tratando de que Seika se tranquilizará… la pequeña simplemente respondió asintiendo levemente con la cabeza, Saori comprendía lo que estaba sufriendo, pero necesitaba que se mantuviera tranquila para poder proceder a su lado, de lo contrario lo único que lograría sería asustarla y afectarla más de lo que ya estaba.
―Bien, veré que te traigan algo rico de comer, mientras tanto acompáñame, quiero saber más de ti, las cosas que te gustan hacer, como has vivido hasta ahora y que es lo que te gustaría que hiciese por ti. ―Declaraba levantándose para que la pequeña niña la siguiese, a pesar de la pena que abrumaba su joven alma, la hija del Pegaso entendía que esta amable señorita no buscaba hacerle daño, así como todos los presentes.
Lo único que buscaba era su seguridad, así como su bienestar y nada más… pero lo único que Seika de verdad deseaba en estos momentos era una sola cosa.
―Me gustaría… que mamá estuviera aquí…―Murmuró limpiándose nuevamente los ojos que le ardían por tanto llorar, al escuchas sus palabras, la mujer de ojos verdes no pudo evitar mirar hacia la jovencita con pena y remordimientos.
―Lamentablemente… no tengo el poder para hacer eso, creo que nadie lo posee…― Saori decía totalmente acongojada por no cumplir el deseo de esta pobre jovencita a la que la vida la había golpeado de la manera más cruel posible, mientras la guiaba por la gran cámara de Athena.
―Pero tranquila, donde quiera que ella esté… te aseguro que ella estaría triste de saber que tú lo estás…―Declaraba guiando a la pequeña a sus aposentos, deteniéndose únicamente para arrodillarse frente a ella y sonreírle de esa manera que tranquilizaba el herido corazón de Seika.
―Ella no querría que tu estuvieras triste, ¿verdad? ―Le preguntó acomodando un mechón de cabello de la muchachita detrás de su oreja, para apreciar mejor esos hermosos ojos Verdes que su madre le había heredado.
―No…―Murmuró pasándose el dorso de su mano por última vez por los ojos, antes de volver a mirar a los ojos de esta diosa humana que la trataba como si fuese su propia madre.
―¿Ves? Tranquila, todo estará bien…―"Su alma descansará, al lado de todos mis queridos guerreros… te lo prometo, aunque su cuerpo haya sido efímero, su alma será eterna." Pensó para volverse a poner de pie y resumir su guía más allá de este valle de lágrimas, aunque todo esto parecía fortuito Saori sabía que tenía que hacer, el último regalo que Shaina había dejado en el mundo lo cuidaría y protegería, para cuando el momento en el que debiera ser reunida con su padre.
El hombre con el que jamás dejó de pensar hasta este mismo día, tal vez esto sería una forma de compensar todo el daño que había causado, tal vez era una forma de sacar provecho y verlo una última vez…
Pero no, ella no deseaba que esto fuera así.
A pesar de todo lo único que deseaba era reunir a esta pequeña con su padre y nada más, sin importar lo que sucediese una vez Seika fuese entregada a Seiya lo único que deseaba era que su pequeña hija lo ayudará a regresar al camino de luz que él había extraviado.
Aunque si esto no funcionaba, siempre estaría aquí para ella, tomando la batuta que Shaina había dejado y adoptar a la hija de sus nobles guardianes como si siempre hubiese sido suya.
Mientras tanto… En Piamonte, Milán Italia.
Koga ya había arribado al antiguo hogar de Shun y actual residencia de Shaina y Seika… aunque en este punto ahora era el hogar únicamente de Seika… Al entrar la casa estaba en un silencio sepulcral, no había ningún cosmos, haciendo más que evidente lo que había sucedido.
Aunque pudo sentir el rastro de un cosmos desconocido, que lo hizo activar todas sus alertas, esperando a que esta presencia desconocida no fuese la de un enemigo.
Al subir las escaleras se acercó a la habitación donde reposaba el cuerpo de Shaina…
No deseaba entrar… Koga deseaba quedarse con la imagen de su mentora antes de morir, quería que sus últimos recuerdos de su maestra fuese de ella habiendo perdido toda su fuerza no deseaba eso… pero ya se encontraba aquí.
Había dejado que Seika fuese al santuario Sola únicamente para poder darle un entierro adecuado, aunque fuese difícil alguien tenía que hacerlo, él finalmente abrió la puerta, encontrándose con la carcasa terrenal de su maestra, su alma ya se había ido pero aun así su expresión aguardaba una serenidad y tranquilidad inigualables…
Lo cual solo podía dictar que ella se había ido en paz… Koga tenía miedo de entrar por conocer el desenlace de su mentora… pero al verla así, solo pudo suspirar tranquilamente, pudo notar que la luz se filtraba por un boquete en el techo, él recordaba que había escuchado un relámpago caer y al mirar hacia su pecho pudo ver una leve quemadura hecha por lo que podía pensar que había sido ese mismo rayo, ella peleó hasta su último momento y se fue en sus términos.
Quizá el descenso de su Maestra le doliera profundamente en el alma… pero ella se había despojado de sus ataduras terrenales en paz, quizás aquello era mucho más importante que seguir agonizando en un sufrimiento sin fin.
Koga la cubrió con las sabanas y lo envolvió en las mismas, para finalmente cargar su cuerpo con sumo cuidado.
Llevandola por la misma hacia el jardín trasero, allí comenzó a cavar un agujero lo suficientemente profundo como para depositar su cuerpo, no fue difícil encontrar una pala y un sitio agradable donde sepultarla, después de todo la pradera a sus espaldas era espectacular, hermosa en todos sentidos.
Un lugar adecuado para ella, no estaba seguro si le gustaría o no… pero aquí había pasado los mejores años de su vida y quizá sería el lugar más adecuado para encontrar su descanso eterno al finalizar el hoyo Koga depositó suavemente el cuerpo de su maestra, para que finalmente con ello comenzar a tapar el agujero con la misma tierra con la que había iniciado a escarbar, hasta que la pequeña montaña de tierra se convirtió en un pequeño tumulto de tierra…
Finalmente, Koga buscó una piedra lo suficientemente grande y Liza para poder escribir en ella. Dictando estas palabras en la superficie dura de roca:
"Shaina de Cobra, Amazona de Plata."
Poderosa Guerrera, Maestra Excepcional, Querida Esposa, Amada Madre.
20 de Junio del 2018."
A falta de las fechas en las que había nacido Solo pudo colocar la fecha de su defunción, le hubiera gustado agregar algo más… le hubiera encantado haber hecho algo más, pero… No había mucho que hacer… Ella le pidió que pusiera a su hija a salvo.
Cumpliendo con su última voluntad al pie de la letra, pero ahora que había finalizado con su última encomienda, no sabía que más decir o que hacer. Solo mirar a la tumba y lápidas improvisadas, esperando que donde quiera que ella estuviera, se encontrará en paz…
Él no era bueno dando palabras finales para despedir a la gente, era lo que más odiaba; despedirse de las personas que habían dejado un gran impacto en su vida.
Pero como tal dictaba aquél rezo antiguo, del polvo venimos y al polvo regresaremos… Tarde o temprano había que decir adiós… pero ¿por qué era tan difícil decir adiós?
Koga se sentó en el suelo, pensando en su maestra, tratando de imaginar palabras para poder decir, ahora que el sol comenzaba a ocultarse en el horizonte, el ocaso de la vida siendo eclipsado por la oscuridad de una noche cruel y silenciosa…
Tal vez no era necesario decir nada, pero él deseaba hacerlo, así significase dejar ír finalmente a su mentora, quien le había enseñado todo lo que él sabía.
Era difícil, pero dentro de sí mismo sabía que era lo más adecuado que hacer en esta situación…
―No sé que decir exactamente, no sé si deseas que diga algo o que sea yo quien lo haga en tu sepultura… pero somos los únicos aquí… o bueno soy el único presente. ― Comenzó a decir frente a la tumba de su mentora, con tantos sentimientos acumulándose en su pecho y con tantas cosas que decir que… no sabía si podría decirlas todas allí frente a ella. Pero algo tenía que decirse pues se estaba despidiendo de la mujer que lo había entrenado a convertirse en caballero.
―No sé la verdad, lo único que sé es que… perdóname si no fui el mejor de los alumnos, perdóname si fui demasiado rebelde o incrédulo, perdóname si… en algún instante te falté yo al respeto maestra…―Trataba de disculparse, pero… a este punto no sabía si ella podía escucharlo, tenía la esperanza de que ella donde sea que se encontrará pudiese escucharlo, que ella pudiera verlo y decirle que había hecho bien su trabajo… Solo eso deseaba.
―Te desee muchas cosas cuando era niño… pero jamás te desee la muerte, eso es algo que nunca hice pues… nadie lo merece, ni siquiera los enemigos a los que acabé con estas manos…―Murmuró mirando a sus extremidades con las que había golpeado a sus enemigos hasta la muerte, aún recordaba cada una de esas personas… aún podía sentir como sus puños atravesaban sus cuerpos y finalizaban sus vidas, de cierto modo se sentía tranquilo al saber que ninguno de ellos seguía existiendo pues no la herían más daño a nadie, aunque de cualquier forma seguían siendo personas desde el inicio hasta su cruel final.
―Hay gente que merece vivir y gente que merece morir, es algo con lo que… me ha costado mucho vivir, pero yo no soy quien para decir quien merecía lo que les pasó, yo no soy un juez jurado o verdugo, solo soy un soldado que luchó las mismas batallas que tú, pero… puedo decir sin temor a equivocarme tu no eras de esas personas que merecían la muerte… pues aunque eras dura eras justa, aunque eras cruel tenías un lado sensible que solo pocos pudimos ver, aunque repartías justicia por mano propia… sé que nunca fue con malas intenciones, pero si lo fue… tan solo deseo que aquellas personas a las que heriste hayan merecido lo que tú les otorgaste. ― Después de terminar de recitar sus oraciones Koga pausó unos instantes, había escuchado tantas cosas de su mentora antes de convertirse en la amazona que era ahora… o que fue…
Ella era cruel, sanguinaria y despiadada, sin contar que sus acciones eran poco menos que deshonrosas, nada que si quiera pudiese acercársele a la mujer que él conoció, aunque dura era disciplinada, con un enorme sentido del deber, noble leal y una guerrera ejemplar.
Honorable hasta su trágico deceso…
Koga no entendía las razones por las que Shaina fue así en su juventud, pero… le alegraba saber que esa no era la mujer que la representó, la que conoció, entrenó y lucho a su lado, deseaba quedarse con el recuerdo de esa Shaina, de esa maestra que aunque lo golpeaba como a un costal de papas siempre lo trató como a un igual y jamás como un gusano, como alguien inferior a un hombre.
Incluso en esos crueles golpes que le propinaba cuando entrenaban, Koga había encontrado justicia, pues en sus acciones siempre hubo respeto hacia su alumno y si alguna vez fue demasiado dura con él fue para enseñarle la crudeza en la que muchos caballeros de Bronce y plata vivían, o para darle una buena lección a ese mocoso idiota e cada ocasión que él la desobedecía o le faltaba al respeto o a aquél que se convirtió en el amor de su vida.
Koga suspiró nuevamente, mirando hacia la tumba improvisada que le había hecho a su mentora, pensando en todo eso mientras trataba de despejar su mente.
―Nadie es perfecto todos somos humanos… aunque no comprendía tus palabras y acciones jamás desprestigié tu nombre, jamás maldije quien eras o fuiste, pues… de cierto modo yo te admiraba, mientras fui creciendo comprendí mejor tus motivos, tus palabras así como la misión que me encomendaste… el mismo día que conocí a nuestro autentico enemigo. ―Mencionaba rememorando el ataque de Marte hacia Saori, lo impotente que se sintió al no poder proteger a su figura materna y ver como su segunda figura materna era golpeada por la oscuridad del dios de la guerra. ―Tu me enseñaste todo, me convertiste en el hombre que soy ahora… pero lamentablemente nuestro tiempo juntos se terminó demasiado rápido. ―Dijo con una enorme pena recorriendo su cuerpo, si hubiera sabido que en esos cinco años su vida finalizaría, la habría buscado nuevamente por cielo mar y tierra hasta encontrarla, la habría ayudado sin importar cual hubiese sido el costo, ayudándola a criar a Seika… tratando de encontrar una cura para su maldición, todo para tenerla cerca al menos solo un momento más, tanto tiempo perdido, tantas historias que jamás pudieron ser… todo para que al final se encontrará el frente a su tumba, diciendo estas palabras que debieron decirse antes de que la tragedia azotase.
―Casi 20 años no fueron suficientes… no son suficientes… si tan solo… pudiera retroceder el tiempo para evitar todo lo que pasó lo haría, pero yo no poseo ese poder, creo que nadie posee ese poder.
Nuevamente hubo silencio, quietud que fácilmente era interrumpida por el sonido del viento dirigiéndose a todas direcciones, chocando contra las ramas y hojas de los árboles y arbustos cercanos, meciendo la hierba alta de la región quizá eso era lo que más le dolía.
Que a pesar de todo el mundo seguiría, las aves seguirían cantando, las flores seguirían creciendo, el viento seguiría soplando, la vida seguiría, pero sin ella a su lado.
―Pero sí aún me escuchas, quiero que sepas, que donde quiera que te encuentres hayas encontrado esa paz que muchos de los nuestros hemos buscado hasta la muerte, ahora… que te has convertido en una estrella, cuídanos desde el cielo… al igual que todos aquellos que se fueron antes de tiempo. ―Pidió pensando en Aria, pensando en Genbu, Celeris, Subaru, Paradox, Sonia, todas aquellas personas que al igual que él, vivieron en este mundo cruel, amando, anhelando, buscando algo o a alguien y cuyas vidas finalizaron en un solo instante. Flores que habían sido llevadas por el viento, hacia otra vida lejos del sufrimiento terrenal.
―Me aseguraré de que Seika siempre tenga lo necesario, sin importar lo que sea siempre estaré a su lado, te lo prometo por mi corazón. ―Declaró colocando su puño en su pecho, firmando aquella promesa con total determinación.
―Ahora descansa tranquila, nosotros estaremos aquí… esperando pacientemente al día en el que volvamos a reencontrarnos, para reír de las historias que tengamos que compartir… pero hasta entonces. ―Fue entonces que él se arrodilló a la tierra aún fresca bajo sus pies sintiéndola entre sus dedos, esperando a sentir la cálida piel de su mentora solo una última vez.
―Solo duerme pacíficamente… no diré adiós por qué sé que algún día nos volveremos a encontrar, solo diré hasta pronto… maestra…― Finalizó levantándose finalmente libre de toda culpa o remordimiento que hubiese tenido antes.
Ya se sentía tranquilo, ahora podía regresar con Seika para mantener su promesa, pero antes de eso tenía que hacer una última cosa antes de hacerlo, algo que debía hacer antes de que cayera la noche.
Fue rápidamente hacia la casa y tomó el teléfono, escribiendo una serie de números antes de detenerse en seco para que empezará a conectar la llamada.
― ¿Yuna? ―Preguntó una vez escuchó como el teléfono era descolgado.
―¿Koga donde estás? Me tienes preocupada, hace días que no llamas. ―Decía la Santa de la Águila intranquila por su prometido, hacía semanas que se había ido de casa sin decir a donde se dirigía, solo le dijo que iba a estar lejos un tiempo llamándola de vez en cuando para asegurarse de que todo estuviese bien en casa.
― ¿Que sucede? ¿Estás bien? ―Preguntó nuevamente, en busca de respuestas pero no había respuesta por parte de Koga.. hasta que al escuchar un leve suspiro finalmente escuchó nuevamente la voz de su amado.
―Sí… estoy bien… ¿Tu como estás Yu? ―Interrogó él rascándose la nuca en un acto reflejo, por supuesto que él estaba feliz de escucharla de nuevo, pero… aunque hubiese dado su última despedida finalmente después de haber enterrado a Shaina su voz y temple se comenzó a quebrar,.
―Estoy bien pero estoy preocupada por tí, ¿dónde estás? ―Preguntó nuevamente la ex amazona del águila escuchando como su voz comenzaba a
―Estoy en Milán… Piamonte―Mencionó con voz temblorosa, a punto de romper en llanto.
―¿Piamonte? ¿Qué haces allá Koga? ¿Estás bien? ―Sonsacó una vez más preocupada del porqué su amado estaba sollozando al otro lado de la línea.
―Ya voy a casa Yu… Ya voy a casa. ―Fue lo único que pudo decir antes de finalmente quebrarse, cortando finalmente la llamada, para entonces desplomarse en el suelo y lamentar su reciente perdida.
Ahora más que nunca necesitaba a su prometida, la mujer con la que quería casarse y vivir el sueño de una familia, pero su voz fue suficiente como para hacerlo sentir tranquilo.
Pero ahora lo único que necesitaba era desahogarse, dejar ir su sufrimiento, este era el momento indicado ya no tenía por qué seguir guardándoselo, había soportado muchas cosas pero… ahora que se encontraba solo finalmente podía dejarse sentir lo que no se pudo permitir frente a Seika o su Mentora.
Incluso los más fuertes necesitaban un momento para llorar, incluso el hombre que pudo derrotar a un Titán merecía sentirse destrozado, incluso aquél que alcanzó el Omega necesitaba un momento para poder sentir y así recordar que seguía siendo humano.
Fragmento del Capítulo 17.4 Página 86
Α/Ω
20 de Mayo del 2020.
"Querido Seiya…~
"Si te preguntas donde estoy, ahora estoy muy lejos de ti… aunque me busques no me encontrarás y aunque lo hagas yo ya no estaré aquí, probablemente no nos volveremos a reencontrar, temo que sea así… A menos de que el destino sea tan benévolo para permitirnos reencontrarnos en algún otro tiempo, en otra vida, siendo otras personas, pero conociendo la crueldad del mismo, probablemente no volvamos a vernos, al menos no… hasta que nuestras estrellas se alineen nuevamente y nuestros destinos se entrelacen una vez más."
"No lo sé, hasta este punto en la vida ya no estoy muy segura de muchas cosas, pero de lo que sí es que; ¿Recuerdas lo que te dije aquella noche cuando me fui? ¿Cómo podrías si quiera olvidarlo? Ese es el último recuerdo que te dejé, un recuerdo triste como la mayoría que habitan en tu memoria… uno más a la colección supongo, pero como sabes lo que te lastima es demasiado difícil que te mate, dioses si es que yo lo sé…"
Fecha: 22 de Junio del 2021
Hora: 2:07 P.m
Lugar: Grecia, Santuario de Athena.
Koga finalmente regresaba al santuario, después de un largo día, el trayecto había sido complicado, no porque no supiera llegar al santuario, este era un segundo hogar, había sido difícil pues… no todos los días se enterraba a una persona preciada, pero él ya había enterrado a tantas que… Pensaba que hasta este punto ya se habría acostumbrado, pero… no era así, jamás se acostumbraría a algo como esto…
Ni en esta vida ni en la siguiente, esta se suponía que era la carga que debía soportar el hombre que derrotó a un dios y a un titán, era doloroso… solitario, un camino que ya no deseaba continuar.
Pero aún debía mantenerse en él, había hecho una promesa que no iba a defraudar, aunque al arribar a la primera casa, no pudo percatarse de que Yuna se encontraba allí, hablando con Kiki y Raki quienes al escuchar pasos por las escaleras del primer templo posaron sus ojos en Koga por primera vez en todo ese tiempo, su expresión cambió a una de sorpresa a una de preocupación y furia a la vez, aunque al ver su rostro pudo percatarse de la gran tristeza que lo embargaba…
Esa expresión, era la misma que él tenía cuando Edén Raptó a Aria, cuando la joven luz fue asesinada por Marte… o cuando el maestro Genbu murió, ahora se veía igual que esos días, con su alma inundada de penas que trataban de consumir su alma.
Lo único que Yuna pudo hacer en esos momentos como respuesta fue abrazarlo, tratando de sanar su roto corazón.
Ya habría tiempo para recriminarle por qué había desaparecido por tanto tiempo, pero este no era el momento ni el lugar para hacerlo.
Por lo que solo pudo formular una pregunta para él.
― ¿Dónde estuviste todo este tiempo… Koga?
"Esperaba que conmigo pudieras dejar atrás el pasado, que… con lo que teníamos era suficiente para iniciar una nueva vida, tal vez tuve demasiada fe en ti, creyendo que yo podría reemplazarla, pero como siempre fuiste propenso a caer en viejas cicatrices.
¿Aunque quién soy yo para recriminarte eso? Yo me permití caer ante ti, ante tus besos, ante tus abrazos, ante tu toque en mi piel desnuda en aquellos días que recuerdo hasta el último detalle, atesorando el primero hasta el último de esos encuentros.
Hasta que lo arruinaste."
"Aunque aún tuviera la fuerza para maldecirte por aquello, no puedo pues como dijiste aquel día: 'nos merecemos el uno al otro'. Hace años que sigo pensando en lo que dijiste. Tal vez por qué hemos lastimado a tantos y a nosotros mismos, quizá porque al no tener un pasado solo nos teníamos uno al otro como refugio, aunque lo cierto es que jamás comprendí porqué me lo dijiste, trate de darle respuesta, pero me rendí, creo que es la primera vez que he hecho algo así ¿pero que se le va a hacer? Yo estoy muerta y tu probablemente ya lo sepas, culpándote por todo lo ocurrido, quizá culpándome a mí por ello"
Yuna había escuchado con atención cada palabra de Koga, mientras observaban el bello campo griego a la distancia, ella pudo percatarse de que estaba sufriendo desde que lo vio entrar al primer templo del zodiaco, todo su cosmos estaba impregnado por una enorme amargura, pero necesitaba entenderlo, comprender sus acciones, comprender sus razones del porqué tomo este viaje tan opresivo, al igual que aquella responsabilidad tan grande.
Ella necesitaba entender por qué lo hizo solo y por qué no le permitió acompañarlo por esa senda dolorosa
La larga sombra que proyectaba la luz del caballero Pegaso, era tan grande que, en su pesar solo encontraba consuelo al estar junto a la mujer que tanto amaba.
― ¿Por qué no me pediste que te acompañara? ―Preguntó Yuna levemente, no estaba enojada, solo buscaba respuestas, necesitaba comprender sus acciones y si él todavía confiaba en ella como en su juicio, una relación se basaba en la confianza y Yuna debía seguir reafirmando que entre ambos seguía existiendo ese lazo.
―No quería que te preocuparas…―Comentó Koga en un tono leve, conocía a Yuna, mejor de lo que ella se conocía y sabía que aún con sus palabras Yuna se había preocupado mucho por él, por el largo tiempo separados uno del otro.
―Sabes que aun así lo hice, no sabía dónde te encontrabas… me preocupé mucho, incluso fui a buscarte más de una vez a pesar del mensaje que me dejaste antes de irte…―Yuna afirmó, en un tono agridulce de que su búsqueda finalmente hubiera culminado en el santuario.
―Perdón… debí decirte al menos que… iba a regresar…―Koga decía bajando la cabeza al suelo, después de vivir mucho tiempo solo había olvidado lo que era estar acompañado, por una persona a la que amaba profundamente y que su partida sería añorada por aquellos a los que lo estimaban.
―No te disculpes… comprendo por qué lo hiciste… aun así…―Yuna alzó su mirada, para encontrar los ojos de su prometido, quien aún seguía teniendo una mirada triste en sus ojos y rostro.
―Debiste pedirme que te acompañara, sabes que iría hasta el fin del mundo por ti, lo sabes… ¿verdad? ―La pregunta lo hizo nuevamente bajar su mirada, solo para levantarla hacia ella, reencontrándose con esos ojos de los que él tanto se había enamorado.
―Sí, pero Shaina expresó explícitamente que debía ir solo, al llegar supe por qué lo pedía, no quería que nadie más la viera así… tan… demacrada, tan debilitada, tan frágil. ―Shaina había luchado contra su maldición día y noche… pero incluso ella no pudo luchar eternamente una batalla contra el tiempo.
―Si la hubieras visto, dioses Yu… no habrías podido reconocerla, incluso cuando la vi supe que algo estaba terriblemente mal, además Seika…―Incluso recordarlo era doloroso, la cobra, orgullosa fuerte y valiente se había marchitado hasta que solo la carcasa de una débil serpiente había quedado atrás.
―Rayos… aún no te he hablado de Seika, discúlpame por eso. ―Comentó recordando de que en ningún momento habló de la última voluntad que Shaina había dejado en el mundo.
―No te preocupes, el maestro Kiki y Raki me informaron de todo. ―Aclaro Yuna, tranquilizando a Koga, aunque no parecía que eso la estuviera convenciendo… no parecía estar asimilando todo de la manera que ella esperaba hacerlo, todo esto… parecía incluso fortuito, salido de la nada, aunque después de tantos años, no parecía ilógico que esto hubiese acontecido entre la amazona de Ofiuco y el anterior caballero de Sagitario.
―No sé cómo decirlo, me alegra saber que Seiya tuvo una hija con tu maestra pero también me siento extrañamente confundida, sabía que sucedería eventualmente pero… no lo sé, no sé cómo explicarlo para ser honesta.
―Te comprendo. ―Koga dijo.
― ¿En serio? ―Yuna interrogó.
―Sí, a sí me sentí cuando la vi por primera vez después de tantos años, al recibir su carta no dudé en dirigirme a Milán, aunque ella me lo explicó todo parecía tan irreal, que lo único que pude hacer fue asimilarlo lo mejor posible, no me quedó de otra. ―Koga explicó omitiendo el detalle de que, en efecto él estuvo presente cuando Seika llegó a este mundo, pero necesitaba que Yuna se sintiera tranquila y segura con la gran confusión que ella estaba experimentando.
―Ya veo, pero… insisto que debiste haberme llevado contigo, juntos por siempre, ¿recuerdas? ―Inquirió la Águila de Bronce nuevamente, recordándole que Koga ya no estaba solo en esta aventura llamada vida, ahora se encontraban ellos dos.
―Lo sé Yu… lo sé y perdóname, ya encontraré la forma de compensarte. ―Declaraba El caballero de Pegaso, acercándose a abrazarla fuertemente.
―Tan solo, quédate conmigo por favor… te necesito, no sabes cuánto te necesité en esos días―Decía entre triste y tranquilo, en verdad había extrañado a Yuna, más que el aire que respiraba… después de esto más nunca se volvería a alejar de ella sin decirle a donde se dirigía.
―Ya, ella ya está descansando en paz, todo estará bien ahora. ―Yuna respondió acercándolo a su corazón, para que pudiera escuchar su vida palpitando en su pecho, la vida que le pertenecía ahora y después de que ambos hubieran abandonado este mundo.
―Por favor, vayamos a la cámara del patriarca, tengo muchas ganas de conocerla. ―Pidió Yuna sonriéndole a él y solo a él, con esa sonrisa que alegraba sus días más nublados
―Sí… ven, vamos. ―Pidió tomándola de la mano, para guiarla hacia la cámara de Athena.
"Pero si buscamos culpables en el otro es que ningúno lo es.
Tu seguías herido y querías a una diosa que te guiará, en cambio te otorgaron a una humana con la que intentaste desahogar tus penas, pero ambos sabíamos que no pude llenar ese vacío en tu corazón."
"Yo estaba sola llenando los espacios en blanco contigo, yo quería a un amante, a un esposo… a un padre, pero no obtuve ninguna de esas cosas, en cambio obtuve a un hombre que, aunque estaba presente me hacía sentir sola, mientras pensaba aún en la diosa que lo traicionó, ambos nos decepcionamos mutuamente."
"Pero… de ser honesta pretender que no existía un muro emocional entre nosotros me hacía feliz, vivía en un engaño que a ambos nos estaba carcomiendo, pero indudablemente fui feliz… tal vez por eso me sentía tan mal conmigo misma, sabiendo que jamás sería esa diosa, conociendo de antemano que cada beso, cada abrazo y cada roce de mi piel con la tuya se lo dedicabas a ella… por que al igual que yo, tu vivías una mentira, una mentira de la que despertaste cuando supiste que esa hermana que jamás tuviste te fue arrebatada de las manos."
Koga y Yuna habían llegado a la cámara del patriarca, caminando directamente hacia la villa de Athena donde los habían estado esperando, allí la señorita Athena se encontraba Jugando con Seika, tratando de formar lazos con la jovencita quien ya había logrado tranquilizarse un poco después de ese triste día, la pequeña niña alzó sus ojos hacia la dirección donde escuchaba los pasos de dos personas, cuando se encontró cara a cara con Koga Seika fue corriendo a él, abrazándolo fuertemente, Koga no pudo sino hacer lo mismo, colocando su mano sobre la cabeza de Seika, acariciando sus cabellos castaños con delicadeza, sabía que ella había sentido que su madre había muerto.
Había sentido su llama desvanecerse ante el estruendo de un relámpago, pero aun así no quería decirle que había regresado para enterrarla, eso lo haría después ahora quería saber cómo se encontraba su pequeña hermanita.
―Yo también te extrañé, te dije que regresaría antes de que te dieras cuenta. ―Dijo rodeándola con sus brazos, mientras que Saori se levantaba feliz y triste al notar la expresión desoladora de su muchacho, tanto él como la pequeña que habían bautizado como su hermana no podrían superar jamás una perdida tan dolorosa como esta.
―Ven déjame presentarte a una persona que para mí es alguien especial. ―Agregó mirando a Yuna a sus espaldas.
―Tú debes ser Seika, me han hablado mucho de ti…―Habló la chica mostrando un semblante afable, aunque aun así Seika se veía un tanto atemorizada por la presencia de una mujer desconocida, a pesar de que ella conociese a su hermano, toda la gente en este santuario le causaba cierto temor, sobre todo por esas energías titánicas que despedían de sus cuerpos.
―Mi nombre es Yuna, es un gusto conocerte por fin pequeña Seika. ―Decía agachándose frente a ella para darle su mano, lo cual hizo que la pequeña se escondiera aún más detrás de su hermano.
―Está bien, Yuna es de confiar ella es mí, es mi prometida. ―Reveló Koga confundiendo a Seika y sorprendiendo a la señorita Saori… que al instante se convirtió en una sonrisa tranquila, su muchacho estaba creciendo a pasos agigantados.
― ¿Prometida? ¿Qué es eso? ―Preguntó Seika alzando su mirada hacia Koga irrefutablemente curiosa por las palabras del caballero Pegaso.
―Es… como decir que ella es mi amiga especial. ―Respondió sonriendo con amabilidad a la jovencita, tratando de responder sus dudas.
― ¿Especial? ―Interrogó la menor confundida.
―Sí, así como tú eres especial para Koga yo también lo soy para él, aunque de una forma un poco más especial, si es que me entiendes. ―Añadía Yuna asomándose detrás de Koga para verla nuevamente, Seika ahora no parecía tan asustada como al inicio por la muchacha… Pero todavía seguía con una expresión cautelosa. ―Eh… me gusta mucho tu cabello, es lindo y esponjado además de tus ojos tienen un bonito tono verde. ―Decía viendo en esos ojos esmeraldas a su madre, a la antigua amazona de la Cobra.
En verdad Seika era lo mejor de ambos mundos, tanto de su padre como de su madre y eso se podía ver tan solo con posar los ojos en la jovencita.
―Gracias, me los dio mi mami. ―Comentó la menor sonrojándose por el comentario de Yuna empezando a tomar más y más confianza con ella acercándose poco a poco a la guerrera del águila.
― ¿Ah sí? Que bien, ven conmigo déjame conocerte mejor, por favor. ―Pedía dándole su mano para que la acompañara, ella no solo quería conocer a Seika también quería darle un momento tanto a la diosa Athena como a su hijo de hablar a solas.
Una vez Yuna y Seika se alejaron lo suficiente, Koga y Saori tuvieron un momento de privacidad, el guerrero de Pegaso quería hablar, pero no sabía dónde comenzar, toda la impotencia que sentía en su interior, toda la frustración de no haber podido hacer nada, todo el dolor que sentía por nuevamente perder a alguien importante para él frente a sus narices…
¿Cuantas veces había vivido esto? Cuantas veces más tendría se soportarlo, él no estaba dispuesto a seguir haciéndolo por más tiempo, no cuando su futuro y el de Yuna parecía dirigirse al mismo desenlace.
No quería eso, pero… ese era el destino de los caballeros que luchaban por Athena, camino que ya no deseaba seguir y su diosa, la madre adoptiva que lo había procurado, por tanto, tanto tiempo podía ver eso en sus ojos llenos de aflicción.
―Koga…―Saori susurró notando como su muchacho comenzaba romperse lentamente.
―Señorita Saori. ―Murmuró Koga arrugando su rostro, apenas consiguiendo cubrir su rostro con su mano derecha.
―Has pasado por mucho dolor… ¿no es así Niño mío? ― Apenas la diosa de la tierra abrió sus brazos para él, este no dudó en rodearla con los suyos, hundiendo su cabeza en el hombro de su querida madre.
―Tranquilo, todo estará bien… ya estás en casa. ―de cierta forma, Koga seguía siendo el mismo niño que había sido cruelmente apartado de sus padres durante la batalla contra marte, un niño que no buscaba conflicto sino la paz…
Pero al estar tan rodeado de guerra sufrimiento así como grandes perdidas, lo único que le quedaba era asimilarlo y seguir adelante, por doloroso e infernal que fuera, Koga debía seguir adelante, porque… Él no conocía nada mejor en esta vida.
Saori más ahora que nunca deseaba poder dejarlo ir a él también, para que hiciera su vida lejos del santuario, al lado de la mujer a la que tanto había llegado a amar.
"Lo sé, lo entiendo, tu no pediste esto… ¿cómo podrías? Eras solo un niño en ese entonces, tu no pediste que te salvaran la vida, tu no pediste que viajaran al pasado a costa de la realidad misma o del espacio y tiempo, tu no pediste que sacrificaran la vida de tu hermana para mantener la tuya, todos los demás tomaron esa decisión por ti.
La única decisión que tomaste como un hombre libre fue dejar de ser un esclavo de tu destino, pero eso te llevó a la amargura, a la infelicidad, todo por qué seguías aferrado a aquella mentira que te hacía feliz, pero tenías que despertar, sé que cuando lo hiciste te aferraste con uñas y dientes a lo que viviste en aquél largo sueño, pero tenías que abrir tus alas y volar… Fue la única forma para despertarte de ese sueño. Muy pronto yo también volveré a dormir, pero no quiero hacerlo pues temo que el día de mañana no estaré aquí para asegurarme que esta carta llegue hasta ti."
"Tengo miedo de que el día de mañana esta maldición devore lo que queda de mí y deje todo mi mundo atrás, es cruel… pero la crueldad es parte de la vida, como lo es también la muerte.
Estos sentimientos de temor creí haberlos olvidado, pero me recuerdan que sigo siendo humana, que cometí los mismos errores que tú, este miedo me recuerda a que soy real existo, siento y lo que siento es que necesito verte una vez más, para asegurarme de no irme sin ninguna cuenta pendiente, pero sé no podré verte una última vez, porque ahora que el tiempo se me ha terminado, solo puedo escribirte esta carta, con la esperanza de que algún día llegue hasta tus manos."
Saori y Koga admiraban como Yuna y Seika se estaban volviendo muy amigas, la diosa de la tierra se veía feliz por como la pequeña Seika había formado lazos tan pronto con la guerrera del Águila.
A ella le había dicho muchas cosas sobre su vida junto a su madre… Una vida que. Desafortunadamente había llegado a su fin, pero… ella deseaba poder resumir esa vida, en verdad quería ser aquello que era para Koga, deseaba ser la madre de la hija de su Pegaso. Pero sabía que eso jamás sucedería, aunque fuese el deseo más profundo de su corazón…
Ella sabía que como diosa jamás podría ser algo así.
Pero su corazón humano anhelaba que ella pudiera estar aquí en el santuario a su lado para siempre.
― Ella no puede quedarse…―Dijo Saori en un susurro lastimero, Koga la miró con sorpresa, pero entonces su mirada se desvió hacia el suelo, después de la larga charla que habían tenido sobre Seika y Shaina, pero por sobre todo sobre Seiya.
―Lo sé…―Murmuró el caballero Pegaso suspirando pesadamente.
―Aunque me gustaría que se quedará… aunque sé que ella no puede, ella necesita a su familia… a su padre. ―Dijo mirando hacia la distancia, apreciando el lugar donde su querido Pegaso de oro se había ido, para nunca más retornar al santuario, siendo acompañado por aquella amazona que a su vez también decidió Desertar del Santuario.
―Ella estará bien con él, espero… que al hacerlo Seiya… regrese a ser quien era. ―Decía la Diosa de la Guerra deseando que así fuese, pero más que eso, ella deseaba volver a ver a ese hombre el cual su corazón Humano seguía amando con la pasión de mil soles estallando.
―No estoy muy seguro de ello, no estoy seguro si es que Seiya volverá a ser quien era. ―Murmuró Koga apartando la vista, él… no se encontraba en su mejor momento y no estaba seguro de que su propia hija pudiera encaminarlo nuevamente por la senda de la verdad y la justicia.
―Estoy segura de que será así… y tal vez él pueda regresar a ser el guerrero que solía ser, estoy dispuesta a perdonar lo que hizo aquella noche. ―Comentó impactando enormemente al actual caballero de Pegaso quien no había estado presente durante los sucesos, pero que había sentido y escuchado la conmoción en el santuario a kilómetros de distancia, para que al llegar con su equipo solo pudieran observar los retos de la gloriosa y desafortunada batalla que había acontecido en el santuario.
―Que, ¿de verdad? Pero señorita Saori, ¿qué dirían los demás? ¿Creen que lo acepten también? ―Interrogó Koga al no sentirse tan convencido del juicio de la Diosa, aunque dudar de su juicio era algo que él había aprendido a no dudar, pues de alguna u otra forma siempre tenía razón, él era la prueba viviente de aquello.
―No estoy segura, todo es… relativo en sí, tengo una esperanza, pero tal vez… estoy siendo demasiado ingenua, pero tengo la esperanza de que una vez ambos se reúnan… todo vuelva a ser como antes. ―Declaraba con un hilo de melancolía en su voz, añorando aquellos tiempos al lado de su amado Pegaso y sus demás caballeros de Bronce que la vida y el destino los había separado a todos para bien… o al menos eso esperaba, pues después de la última vez que todos estuvieron reunidos más nunca volverían a reencontrarse, al menos no en esta vida.
―De no ser ese el caso… además de que Seiya reniegue de su propia Hija, supongo que tendríamos que abrir un espacio para ella en el santuario, aunque sea pequeño― Comentaba la Diosa humana dirigiendo su mirada hacia Yuna y Seika, quienes entretejían brazaletes de flores siendo la mayor quien le enseñaba a la más pequeña a cómo realizarlos.
― ¿Está segura de ello señorita Saori? ― Preguntó Koga posando sus ojos sobre la mujer de cabello violeta y ojos verdosos.
―Sí… lo único que quiero, es ya no causarles más penas a mis caballeros por mis deseos egoístas, quiero enmendar mis errores pasados para que vivan libres, lejos del tormento que significa la guerra entre dioses y humanos. ―Declaraba la Diosa humana levemente, para finalmente mirar en la dirección de Koga, reconociendo que esas palabras también se las dedicaba a él, su hijo Adoptivo, pues lo que más deseaba era que Koga encontrará esa felicidad que ella jamás conocería al lado de la mujer a la que tanto amaba y con la que algún día se iba a casar.
―Pero de ser eso imposible, lo único que quiero es ofrecerles paz, mientras me sea posible… quiero que tanto ellos como su descendencia, vivan tranquilos sin miedo al mañana…―Decía sorprendiendo a Koga, aunque no se lo había dicho ella lo había escuchado, debió haberle mencionado sobre su compromiso con Yuna pero…
Tal vez ahora era mejor que nunca, Koga entonces miró a su prometida quien había finalizado con su trabajo entretejiendo los tallos de las flores, haciéndole a Seika una linda Tiara de las mismas colocándola sobre su cabeza, haciéndola ver aún más bella de lo que ya era por sí sola.
―Comprendo… entonces yo la llevaré con él. ―Declaró el caballero Pegaso, tal vez esa sería la última vez que hablaría y Vería a Seiya, pero él lo había salvado en varias ocasiones diferentes antes, era hora de que Koga lo salvara a él.
―Gracias Koga… sé, que puedo contar contigo… pero yo también deseo que algún día tú también puedas encontrar tu felicidad. ―Decía la diosa sonriéndole a su muchacho, él tendría que encontrar su propio camino algún día… lejos del santuario y por supuesto, lejos de ella… pero estaba bien con ese pensamiento.
Mientras él se encontrará a salvo, ella se sentiría feliz, de cualquier forma, sus corazones siempre se encontrarían uno cerca del otro.
―Gracias señorita Saori…―Murmuró Koga, sonriéndole a su madre.
La carga de ser un caballero había sido pesada, pero finalmente podía divisar un final a todo ese sufrimiento, esperando que con ello pudiera vivir esa vida que tanto deseaba vivir, al lado de ella…
Aun así no se sentía listo para decir adiós, no quería dejar todo lo que conocía atrás, pero cuando su mirada se encontró con la de Yuna y la de Seika…
Esas dudas se disiparon al instante, mientras ella siguiera a su lado, cualquier cosa que le arrojara el destino no importaba en lo más mínimo, con ella a su lado podía vivir y prosperar.
Con eso podría continuar siempre hasta alcanzar juntos el amanecer.
"Que mal que tuvo que pasar esto para poder recordarme que sigo siendo humana, pero porque sigo siendo humana abrazo este temor de dejar cosas incompletas, de no poder ver mis sueños cumplirse, de no poder estar al lado de ti nuevamente, de no poder… estar allí cuando más me necesites.
"Pero tengo la certeza de que cuando yo me aleje de ti, alguien más entrará a tu vida y llenará el vacío de tu corazón con esa luz a la que jamás debiste haberte apartado, lo único de lo que me arrepiento profundamente es no poder estar allí para ver que eso pase, cuando tú y esa luz de esperanza regresen a ti.
De todo lo demás no tengo ninguna otro tipo de arrepentimiento, todo lo que hice lo hice yo, nadie más, todas mis acciones fueran buenas o malas fueron mías, nadie jamás podrá arrebatarme eso y moriré orgullosa sabiendo que aquellas acciones jamás le pertenecerán a nade más."
"Mi llama se apaga Seiya… pero tú sabes perfectamente que yo prefiero arder en una gran explosión de agonía a tener que apagarme lenta y dolorosamente."
Koga se acercó al lado de la señorita Saori mientras ella y Yuna seguían jugando, él se arrodilló frente a ella, sonriéndole levemente acariciando su cabello castaño con delicadeza, haciéndola sonreír por el tacto, acto seguido él la abrazó, sin importar lo que sucediera con Seiya.
Así la aceptará en su vida o en el peor caso posible, la rechazará severamente, cumpliría esa promesa, la mantendría siempre a su lado velaría y cuidaría de su bienestar.
Haría todo aquello que no pudo hacer cuando Aria seguía con vida, lo haría con Seika… su Seika.
Ambos se separaron para verse a los ojos, mientras el caballero de Pegaso sonreía levemente a su pequeña hermanita, preparado para afrontar lo que sea que el futuro tratase de arrojarle ahora.
Ya no tenía miedo, solo una poderosa determinación de Oro.
―Seika… es hora de que conozcas a tu padre.
"Pero no me apagaré aún, no sin antes entregarte un último regalo, lo mejor de ti y de mí.
Ella siempre estará contigo, pues es nuestra carne y nuestra sangre, nuestra esperanza y nuestro anhelo, nuestro sueño y realidad.
Nuestra dulce mentira así como nuestra cruel verdad."
Fragmento del capítulo 17.5 página 62
Α/Ω
§
"25 de Mayo del 2021.
Amado Seiya…~
"He tratado de pensar mucho en lo que debería decirte, en cuanto a ella… la verdad es que no sé dónde comenzar es curioso pues… quería que la conocieras el día que nació. El día… en el que nuestra vida pudo haber cambiado para siempre, pero yo te negué eso, simplemente por qué seguía molesta.
Sé que fue un impulso desmedido de mi parte que vino con trágicas consecuencias, pero orgullo o no debí haberte dicho que ella ya venía en camino, que ya estaría aquí y que pronto nuestra pequeña familia se volvería aún más grande, en verdad… lamento todo lo que pasó, pero si te sirve de consuelo.
Durante todo ese tiempo, no dejé de pensar en ti en olvidar todo este asunto y volver a ti."
Fecha: 29 de Junio del 2021
Hora: 3:20 P.m
Lugar: Desconocido…
Allí, existía una taberna de mala muerte en las calles de una ciudad oscura y solitaria, en un país que se encontraba al oeste del mundo, allí el hombre que lo había tenido todo aliviaba el dolor de su alma con el último tarro de la bebida que le ayudaba a calmar la agonía que sentía.
Le ayudaba a reprimir sus emociones, le ayudaba a desasociarse de su realidad, le cedía callar las penas, le permitía recuperar el sueño que hacía tanto tiempo había perdido, pero quizá en lo que más lo auxiliaba era a olvidar…
Olvidar… lo único que quiso fue recordar, pero ahora lo único que deseaba era olvidar… sus amigos tenían razón, su búsqueda no tenía ningún sentido, lo único que había conseguido fue llenarse de odio, amargura y resentimiento.
Pero él decidió seguir hasta el final, lo que lo llevó a cometer los peores errores de su vida, a perder a su santuario… a sus compañeros, su título, su voluntad, a su diosa. Se rindió…
Al haber perdido su voluntad también perdió todo lo demás, si se hubiera resistido a la tentación, si hubiera evitado escribir todas esas notas, si se hubiera resistido en no dejarla ir, si le hubiese dicho que no se fuera, si hubiera luchado contra ese destino… tal vez él no estaría aquí.
Tal vez él habría estado en los últimos momentos de vida de su esposa, lo había sentido, había sentido como su cosmos se había apagado, lo había estado sintiendo durante días, meses… apagándose poco a poco, agonizando por seguir vivo hasta que un día pudo sentir como se extinguía por completo.
Desde hacía un tiempo él había vuelto a pelear, por todas esas veces que no pudo hacerlo, por todas esas ocasiones que pudo pero que ya no tuvo el espíritu para hacerlo, se lo debía a sí mismo y a esa mujer a la que tanto le había fallado, pero sin ella su lucha era inútil… sin ella ya no existía ningún futuro al que desease dirigirse.
El único destino que le aguardaba era la muerte, o eso pensaba… hasta que una persona entró a la taberna llegó alguien, una persona que él reconocía perfectamente, por la esencia de su cosmos.
Aun así, decidió evitar mirar hacia atrás… pues no quería nada que ver con él nuevamente, ni con lo que representaban, todo eso lo había dejado atrás el día que se quitó su armadura por última vez.
―Seiya… te hemos estado buscando por un largo tiempo. ― Habló el actual caballero de pegaso adentrándose a la cantina, era un lugar sucio, poco agradable a la vista, con manchas de humedad, mugre y polvo acumulados en la alfombra, paredes que se caían a pedazos y el olor era totalmente desagradable no le sorprendería ver a una rata muerta en el baño, este era el peor lúgar para encontrar a alguien que en su tiempo fue conocido como un gran héroe.
―La señorita Saori quiere verte, es importante…―Añadió sin recibir una respuesta, observando como Seiya alzaba el tarro entre sus manos azotándolo en la barra con la poca fuerza que le quedaba.
Estaba cansado de oír ese nombre, tanto en la realidad como en sus sueños, solo quería que desapareciera y no volviera.
―Lárgate… Koga, no quiero hablar contigo…―Murmuró sin más, no tenía ninguna emoción en su ser, estaba totalmente vacío por dentro, lo único que quería era que todo terminará de una vez.
―Lo lamento, pero no puedo irme sin ti… hay algo que debes saber, algo con respecto a la maestra Shaina, ella…―Su voz fue silenciada cuando el tarro voló cerca de su rostro, derramando la bebida por el suelo hasta estrellarse contra la pared detrás de él rompiéndose en mil pedazos.
Koga no se veía sorprendido, pero si se veía afectado por lo sucedido, pese a que lo había visto todo a la perfección ido notar que sus movimientos se habían vuelto lentos, torpes… él tenía toda la intención de rompérselo en la cara, pero había fallado por unos simples centímetros.
El Seiya que conocía jamás habría fallado ese lanzamiento, denotando el enorme decaimiento de poder y fuerza, estado en el que se encontraba actualmente era deplorable.
Lo sabía, pues, aunque no podía ver su rostro si podía ver como sus manos se agitaban torpemente, no sabía si era por la bebida o por algo más… pero Seiya se encontraba en el punto más bajo de su vida.
―No necesito que me lo digan, lo sé… ella murió. ―Dijo con su brazo aún extendido, regresando hacia la barra, sin intenciones de verlo nuevamente… estaba cansado de todo esto, cansado de los caballeros y del santuario, lo único que quería era morir… para reencontrarse con ella en la otra vida. ―Lo sentí, hace unos días, como su cosmos se apagó, como su vida se extinguió finalmente. ―Hablaba rememorando lo que había sucedido aquél día, estaba en una pelea él iba a ganar pero cuando ella murió, él solo cayó al suelo justo como le habían dicho que lo hiciera desde allí lo último que recordaba era salir de ese cuadrilátero sin haber reclamado la recompensa del combate, todo su mundo se había acabado en ese momento y él lo supo cuando la presencia de su esposa se fue en un solo segundo.
―No hay nada que decir… mi esposa está muerta y pronto yo también…―Decía convencido de que ya no existía nada que pudiera salvarlo de la profunda oscuridad de su alma
―Ya lo perdí todo nuevamente… no me queda nada…
Anunciaba cerrando sus ojos, reconociendo que este era su fin, no había gloría en su camino, no había nada que pudiera salvarlo, solo estaba él y la soledad que siempre lo había acompañado.
"No tienes ni idea de todas las veces que pensé, como desearía que estuvieras aquí, para ver a nuestra niña crecer… para poder pasar nuestros últimos días juntos, como una familia, pero, ya sabes como soy, obstinada hasta el final, tal vez eso es lo único de lo que me arrepentiré por siempre.
Siendo completamente honesta millones de veces me dije que debía tragarme el orgullo y regresar a ti, que tenía que hacerlo por qué lo necesitábamos, ella nos necesitaba a ambos, esto fue mi culpa, no tuya, tú no tienes nada de que arrepentirte.
Yo te abandoné así que si quieres cúlpame a mí, pero no la culpes a ella.
Ella jamás ha tenido la culpa de tus o mis errores, así que, por favor, si alguna vez me amaste verdaderamente no la desprecies, no la odies por los errores de su madre.
Amala… por lo que ella significó para nosotros, el amor que por más efímero que fuese, fue más real que el sol, la luna o las eternas estrellas."
Koga miraba a Seiya quien había aceptado su destino, en verdad este habría sido un final miserable para un héroe que entregó todo para salvar a la humanidad, pero este no sería su final, Koga no lo iba a permitir.
Él lo había salvado tantas veces en tantas ocasiones diferentes y en esta ocasión no lo iba a abandonar, iba a estar a su lado e iba a rescatarlo de esta bruma que lo condenaba al más cruel de los destinos.
―No eso no es verdad Seiya… aún no lo has perdido todo. ―El caballero del Pegaso actual hablaba con el antiguo Sagitario, quien seguía posando sus ojos hacia adelante, sin mirar hacia atrás donde aquél que había considerado como su descendiente trataba de convencerlo, pero él ya tenía suficiente de esto.
―¿Y tú que vas a saber de mí? ―Preguntó sin mirar a la dirección de Koga, notablemente molesto por la insistencia de su sucesor de bronce.
―Sé lo suficiente, sé que buscaste la verdad y eso te llevó a la profunda desesperación, ambos escaparon del santuario y viajaron por todo el mundo, tratando de encontrar su lugar. Pero no lo lograron… ningúno de ustedes dos lo consiguió. ―Respondió ocasionando que Seiya por poco levantará su mirada hacia él, pero era imposible que Koga supiese todo eso, él nunca estuvo allí.
―También, sé que escribiste notas a la señorita Saori, notas que… hablaban de lo mucho que deseabas regresar con ella, de lo mucho que extrañabas estar a su lado y del profundo dolor que sentías por no estar en el santuario, que incluso con Shaina te sentías solo y por eso ella te abandonó. ―Al decir eso Koga tuvo que detener el puñetazo que se dirigió salvajemente hacia su rostro, consiguiendo detenerlo casi sin esfuerzo, forcejeando contra un debilitado Seiya que se había levantado ferozmente.
―¡Cállate! ―Exclamó con ira, y al verlo Koga casi no podía reconocerlo, no sabía si era por su cabello largo, por su barba o por las ojeras que adornaban sus ojos, pero tenía razón… él se veía peor de lo que había imaginado comenzando a preguntarse si este era Seiya en verdad.
―¿Cómo sabes eso? ¿Cómo sabes lo que sucedió? ―A pesar de sus dudas, las respuestas que él daba lo revelaban como Seiya, el héroe de Héroes. El hombre que había caído en la profunda desesperación y desgracia que ningún hombre podría soportar.
Le dolía tanto velo así, casi tanto como había visto a Shaina en sus últimos días de vida, pero a diferencia de ella Seiya aún tenía todo un camino por delante, camino que estaba desechando por culpa de todas las continuas desgracias ocurridas en la tragedia griega que podía llamar su vida.
―Por qué ella me lo contó…―Contestó Koga suspirando pesadamente.
"Cuando nació pesó 2.5 Kilogramos o 5.5 Libras y medía unos 56,5 centímetros, nació el 29 de Julio fue un domingo si mal no lo recuerdo, en el año 2018… desde entonces ha sido mi soporte, mi fuerza, la motivación que me permite levantarme cada día, la razón por la que sigo luchando férreamente contra mi destino… sé que no podré escapar por más tiempo de esta maldición, pero cuando la veo… me digo a mí misma que debo sobrevivir… al menos un día más.
Su primera palabra fue gato, su segunda, fue mamá… no sabes el orgullo que sentí cuando ella lo hizo, comenzó a caminar cuando tenía 15 meses, ¿puedes creerlo? Desde pequeña ha sido una guerrera, en su primer cumpleaños ya podía decir al menos 30 palabras, en su segundo cumpleaños ella pidió un elefante mascota por obvias razones no pude dárselo, pero ella siempre insistió en tener un elefante mascota… a sus tres años comenzó a correr, debiste verla era todo un huracán, hasta que se lastimó la pierna, un pequeño corte pero aguantó la herida como toda una campeona, obviamente se siguió accidentando, raspándose las piernas y los brazos, pero siempre ha sido una buena niña.
Enérgica, valiente, alegre, lo que tanto temo que desaparezca cuando yo ya no esté.
En su cuarto año… fue cando mi condición comenzó a empeorar, ella hacía lo posible para ayudarme, pero, yo ya sabía que no podría mejorar, apenas despertó su cosmos comenzamos con su entrenamiento, primero eran patadas, luego eran puñetazos y finalmente a manipular su cosmos, a pesar de que era torpe se esforzaba mucho… habrías estado orgulloso de ella."
―Ya veo… tu mentora te contó todos mis errores… todos mis fracasos como hombre, como ser humano. ―Decía Seiya evidentemente intoxicado, podía notarlo en su aspecto, en sus ojos… el fuerte hedor del alcohol era solo eclipsado por su aspecto cansado y demacrado.
―¿También te habló de lo que Saori me hizo? Me hizo olvidar todo… mi vida, a mi hermana, ¿cómo viví engañado toda mi vida hasta el momento que me revelé contra el santuario? ― Interrogó iracundo, levantando sus puños para darle una paliza al muchacho frente a él solo por el enorme desprecio que estaba sintiendo en esos momentos.
―¿¡A caso te lo dijo!? Interrogó tratando de darle uy fuerte golpe en el rostro, el cual Koga esquivó sin mucho esfuerzo tratando de tranquilizarlo, estaba demasiado fuera de sí mismo que Koga tuvo que hacer de soporte para evitar que Seiya cayera al suelo.
―No… Saori me lo contó…―Desveló el caballero de Pegaso tratando de tranquilizarlo sin ningún éxito.
―¿Ah sí? Pues felicidades, ahí tienes tu respuesta. ―Respondió Seiya empujando a Koga, tambaleándose torpemente, consiguiendo apoyarse de la barra, solo para regresar a su asiento harto de toda esta conversación.
―No volveré al santuario, no volveré a pelear por ella, nunca más Koga…―Decía dándole la espalda, totalmente seguro de que el próximo en terminar de esta forma sería él si continuaba siguiendo a la diosa que lo había engañado, ni siquiera Koga era especial para ella, todos los dioses eran iguales.
―Tu deberías hacer lo mismo… antes de que ella te arrebate a alguien a quien amas… como ella lo hizo conmigo. ―Decía obligándolo a recordar uno de sus mayores fracasos como caballero de Athena, la enorme pérdida que supuso la muerte de su hermana: Aria.
―Seiya comprendo tu dolor y lo comparto, yo también perdí a muchas personas que admiraba y estimaba, yo también… perdí a gente a la que amaba. ―Revelaba dejándose de trapujos, colocando los hechos en la mesa, él no era el único que había perdido algo valioso en su camino como caballero, todos habían perdido algo o a alguien a quienes le importaban.
―Tu no sabes lo que yo siento. ―Ladeó la cabeza negando las palabras del actual caballero del Pegaso, quien negaba las afirmaciones de Seiya.
―Tal vez no… pero yo también perdí a una hermana, puede que no sienta lo mismo que tu. Pero el haber perdido a Aria, es una herida que jamás logrará cicatrizar, nada podrá ayudarme a recuperar… a aquella persona que significó todo para mí. ―Ratificaba recordando los últimos momentos de Aria en este universo, ella había muerto en total agonía y desesperación, encomendando su última esperanza a sus amigos y hermano.
Eso había sido doloroso de ver y presenciar, pero más doloroso había sido tener que abandonarla en el templo de la oscuridad, habría dado su propia vida para salvarla, habría dado todo para protegerla.
Pero no pudo conseguirlo y tenía que vivir con esa herida toda su vida hasta el día de su muerte.
"A lo que voy es… que ella es una guerra, como su padre y su madre antes de ella. Tú me habrías prohibido de hacerlo, pero como sabes las viejas costumbres mueren demasiado tarde, no pude evitar hacerlo, más con las obscuras visiones que se acercan día a día, temo por ella y deseo que esté bien, temo no poder estar allí para cuidarla, por eso te la encomiendo.
Cuando yo ya no esté más aquí necesitará de tu guía, de tu sabiduría… de tu fuerza, sin mi ahora tú serás todo su mundo.
A ella… le gusta mucho el espagueti, su favorito es a la boloñesa, también le gusta mucho el helado sus sabores preferidos son el de vainilla, ese al lado del de chocolate son sus predilectos, pero nada le gana al helado de galleta es su favorito, pero trato de alimentarla con lo mejor, tiene una dieta estricta de comer al menos 2 manzanas al día… y no le permito dejar los vegetales si quiere postre, a veces le cuesta dormir por las noches si no tiene a su gatito de peluche al que apodó Marcel, es sumamente adorable a veces le gusta saltar por lugares altos, lo que… en muchas ocasiones termina con raspones en sus brazos y piernas, cuando se lastima hace su mejor esfuerzo para no llorar, aunque no puede evitar derramar un par de lágrimas.
A pesar de que es obediente también suele llevarme la contraria, hace las cosas por qué quiere y por qué le nacen del pecho, cuando se decide a conseguir algo lo hace a pesar de que todos estén en su contra.
Ah y ella prefiere los sándwiches sin corteza, es una costumbre que he intentado quitarle, le he dicho que no debería desperdiciar la comida, pero no me hace caso, es demasiado obstinada, justo como su padre…"
Ambos seguían discutiendo, ambos seguían hablando sin llegar a ningún lado, Koga no quería utilizar su última opción no quería que ella lo viese de esta forma, pero si querían traerlo a la luz, debían utilizar todo lo que estuviera a su favor.
Incluso si eso significaba que ella debiera conocer a su padre en el punto más bajo de su vida.
―Tu aún tienes amigos, una familia a la que regresar, un futuro por delante… ya no tengo nada… ya lo he perdido todo. ―Seiya seguía asegurando como si eso fuese la verdad absoluta que regía ahora su vida.
―Lo único que quiero es estar solo, ya es demasiado tarde para mí… ―Murmuró bajando la cabeza, oscureciendo sus ojos ante la verdad que se encontraba frente a él.
―Puede que tengas razón, pero no es así… aún no es tarde. ―Aseguraba Koga reconociendo que aún existía la esperanza, aún había una forma de que él volviera a la luz que tanto había extraviado todo ese tiempo.
―Shaina, me pidió que te entregará algo antes de morir, algo que deseaba que cuidarás como su última voluntad. ―Seiya estaba confundido, ¿algo? O mejor dicho ¿alguien? Él no comprendía a lo que Koga se refería, pero… no podía ser verdad, no existía nada que pudiese salvarlo, nada…
―¿Y eso que es?
Koga suspiró pesadamente, en verdad no quería traerla aquí… pero parecía que no había ninguna otra opción, él no se levantaría ni iría a ninguna parte aunque lo obligase, este no era un lugar para un niño… pero era necesario…
Suspiró de nuevo, para entonces mirar a sus espaldas, donde sabía que ellas dos se encontraban, haciendo lo mejor posible para limpiar el área donde el tarro de cerveza se había estrellado, para evitar que tanto ella como su prometida se lastimaran al entrar.
―Yu… entren ahora. ―Pidió después de una larga pausa, Seiya miró con curiosidad a sus espaldas escuchando la puerta del bar abrirse… encontrándose con Yuna quien tenía a alguien a sus espaldas, una pequeña niña que se aferraba a ella con sus pequeñas manos y que Yuna protegía como a un invaluable tesoro.
Yuna entonces le dio un pequeño empujoncito para que fuese con Koga, mientras más se acercaba más miedo sentía, pues el hombre allí no se veía ni sonaba amigable, aunque Koga la animaba para seguirse acercando llamándola a él para que se sintiese más segura.
Cosa que llamaba más y más la atención de Seiya, hasta encontrarse cara a cara con ella, observándola completamente de pies a cabeza.
―Ven… no tengas miedo Sheik, eso así…―Decía acercando a la pequeña al antiguo guerrero del Pegaso, quien al verla acercándose a la luz pudo notarlo… su piel blanca, sus ojos verdes y su bello cabello castaño, era como un sueño, eso era lo que más temía… que fuese un sueño del que iba a despertar dura y abruptamente.
―Seiya… quiero presentarte a alguien especial. ―Decía acercándose con ella al hombre adulto, quien parecía querer retroceder, no estaba seguro de que o a quien estaba viendo pero no podía ser real, no podía serlo.
―¿Que es esto…? ¿quien es ella? ¿Qué clase de broma o ilusión es esta? ―Preguntaba nervioso, casi buscando una forma de escapar, pero… estaba totalmente rodeado, sin forma de escabullirse o escapar de este giro del destino que se presentaba frente a él.
―No es ninguna ilusión o broma… ―Desvelaba Koga arrodillándose junto a ella, posando sus manos en sus hombros para darle la confianza que necesitaba para dar un último paso hacia adelante, encontrándose por primera vez, cara a cara con su destino ella miró nerviosamente a su lado encontrándose nuevamente con su hermano, quien asentía levemente con la cabeza.
―Está bien, entrégasela. ―Comentó Koga mirándola a los ojos, dándole el valor suficiente para finalmente que ella alzará sus manos hacia él, en donde Seiya se percató que tenía algo agarrado, un pequeño regalo, envuelto en un pequeño sobre de papel.
El antiguo caballero de Sagitario dudó… pero poco a poco comenzó a acercar su mano, hasta tomar la nota, acercándola a su rostro, reconociendo la caligrafía y el nombre de quien la había hecho, no había ninguna duda…
Eran el puño y letras de Shaina, en cuyo sobre contenía la fecha en la que había sido escrita y debajo una leyenda que decía:
"Amado Seiya…"
"Pronto cumplirá 5 años… la edad perfecta para que conozca a su papá, me hubiera encantado estar allí para verlos reunirse por primera vez, tal vez… ese será mi segundo arrepentimiento, un momento que me llevaré a la tumba por no poder presenciar, pero Koga estará allí por mí para cumplir con mi última voluntad una vez que deje este mundo.
35 años es la edad perfecta para empezar una nueva aventura un nuevo inicio y 5 años son suficientes para comenzar todas las aventuras que se tengan que vivir, sé que nada jamás podrá devolverte las memorias que te fueron arrebatadas de tu Seika y sé… que nada podrá otorgarte las memorias que pasé al lado de nuestra hija.
Lo sé, sé que por eso sigues sufriendo y culpándote, eso jamás regresará.
Pero aquí está nuestra Seika para crear nuevas memorias juntos."
Seiya podía intuír de que se trataba todo esto, pero él… se negaba rotundamente, apretando la carta en su mano fuertemente arrugándola por completo, indeciso entre si debía destruírla o no, algo dentro de él le decía que tenía que hacerlo.
Que esto no podía ser real por más que lo pareciera, esta niña… no podía ser ella, no podía ser la hermana que le habían arrebatado y tampoco podía ser su sangre.
Shaina… se había ido antes de que él siquiera pudiera objetar algo, Esta niña… en verdad no podía ser nada de él.
―No… yo no tengo hijos… yo no… yo no tengo… ella jamás me dijo que. ― El antiguo caballero de Sagitario negaba tratando de apartar la mirada de ella, pero cada vez que la veía podía notar más y más facciones que solo podían pertenecerle a su amada esposa… sobre todo esos ojos que destellaban de una luz esmeralda imposibles de ignorar.
―No, no puede ser no es verdad, es una trampa otra mentira de Saori, ¡para tenerme encadenado a ella como un Perro! ―Exclamaba maldiciendo su suerte, maldiciendo a este mundo que nuevamente jugaba con él, con su mente y sus emociones, amenazándolo con arrebatarle lo poco que le quedaba de cordura.
―No es verdad, ¡ella no es una ilusión! ―Koga exclamó tratando de que él la viera, pero Seiya solo se negaba en hacerlo, tirando la carta al suelo, renegando de este nuevo destino que trataba de romper su mente en mil pedazos.
―Es real, tan real como tu y como yo. ―Argumentaba el caballero del Pegaso obligándolo a verla directamente.
― ¡No, no te creo! ―Exclamó tirando la carta al suelo, asustando enormemente a Seika, quien rápidamente se ocultó detrás de Koga, aterrada por este hombre frente a sus ojos, El actual caballero Pegaso sabía que esto la asustaba, sabía que de no hacer nada Seiya perdería la última esperanza que le quedaba y Seika… perdería a su último familiar de sangre.
Él se interpuso frente a él tomándolo de la camisa, mirándolo a los ojos con una furia latente en su pecho, no los iba a abandonar, los iba a salvar, sin importar que tuviera que hacer iba salvar al padre y a su hija, pues si él no tenía salvación nadie lo tendría, debía hacer lo necesario para hacerlo entrar en razón.
Incluso si tenía que golpearlo, no lo iba abandonar, ni a él… ni a ella.
―¿¡Mírala Seiya, mírala, vas a negar que ella es real!? ―Exclamaba obligándolo a verla, obligándolo a que posara sus ojos sobre su propia hija, entendía que se encontraba en el peor momento de su vida, pero ella también ambos se necesitaban mutuamente, ambos necesitaban esto y no permitiría que Seiya se lo negará, ambos necesitaban esperanza después de la larga noche, ningúno de los dos se iba a quedar en la profunda oscuridad… no se los iba a permitir.
―¿Vas a negar que ella es tu hija y de la maestra Shaina? ¿Lo vas a negar? ―Preguntó mirando severamente a Seiya y entonces hacia Seika, quien aún se le veía un tanto afectada.
Seiya posó sus ojos… no había duda que todo de ella le recordaba a Shaina y a le mismo… todo… incluyendo sus bellos ojos esmeraldas, que resplandecían con la débil luz de los bombillos, él apartó levemente a Koga avanzando hacia ella, incluso su cabello le recordaba al de su amada esposa… lo mejor de ambos mundos.
Lo mejor… que él había hecho, era la primera vez que la veía, pero su conexión era innegable, su herido corazón había pasado por esto tantas veces, tal vez por eso se había sentido tan aterrado al inicio… por que esto era demasiado bello como para ser real.
Temía que fuese otra mentira, otra ilusión otro sueño causado por la bebida y las píldoras que ingería cada noche para poder dormir…
Este no era un sueño, ¿o sí? Seiya la siguió mirando por lo que parecía una eternidad, hasta alzar su mano hacia ella lentamente, a la jovencita aún se le veía confundida y temerosa de este hombre, que a sus ojos parecía una amenaza…
Pero tanto Yuna y Koga la incitaron a que le diera la mano, ella tímida pero acatando la instrucción, comenzó a acercar su mano lentamente hacia él, hasta que su pequeña extremidad era envuelta con gentileza en la mano de Seiya…
Finalmente pudo sentirlo, la conexión que hacía tantos años no había sentido, algo que llenaba su espíritu de tranquilidad y paz… Eso era lo que estar frente a ella y tomar su mano se sentía…
De vuelta en el hogar que jamás tuvo.
Yuna a su vez recogió la carta, haciendo su mejor esfuerzo para desdoblarla y entregársela nuevamente al antiguo caballero de Sagitario.
―Léala maestro Seiya, por favor… usted necesita saber la verdad. ―Pidió la santa de Águila entregándole nuevamente el Sobre.
Seiya no estaba seguro de querer saber que se encontraba escrito en aquella hoja de papel, en verdad no quería saberlo… tal vez se encontraría con palabras de odio dirigidas hacia él, tal vez una lista de razones del porqué le falló…
Tal vez… las cosas que ella quería decirle antes de abandonar este mundo, pero una cosa era verdad, sea lo que fuera que se encontrará escrito allí… Tendría el cierre que tanto buscaba, Incluso si era un breve adiós uno triste o doloroso, Seiya necesitaba saber cuáles fueron las últimas palabras de su esposa hacia él en su lecho de muerte.
para curar las alas que el tiempo mismo había desgarrado.
"Sí… le puse el nombre de tu hermana, sé que teníamos mil y un nombres para nuestro retoño, pero esto parecía adecuado, además por qué deseo que recuperes esa esperanza que te arrebataron, esa esperanza que jamás pudiste recuperar de nuevo.
Porqué tu eres esperanza… la esperanza de que, después de la larga noche saldrá el sol.
La esperanza de que el amanecer se encuentra al otro lado del profundo mar.
Yo quiero que nuestra niña sea eso para ti, la esperanza que perdiste en el largo camino de la vida.
No tengo más que decir… todos mis últimos pensamientos, todas mis últimas voluntades, todas mis últimas palabras se encuentran en estas cartas y sé que cuando llegue el final lo aceptaré, no tengo más arrepentimientos, no tengo más rencores, me voy dejando todo mi mundo atrás, sabiendo que tu estarás allí para resguardarlo.
Gracias por todo Seiya…
Te amo…
Tuya Eternamente, en esta o en la siguiente vida:
Shaina.~"
Cuando terminó de leer, los ojos de Seiya habían sido inundados por lágrimas, los sentimientos de ambos no habían cambiado en lo absoluto, ella lo amó hasta el final y él… la seguiría amando aunque muriera incluso después de muerto, la buscaría sin importar donde se encontrará, en que plano, en qué mundo o en que época…
La volvería a encontrar, para decirle aquellas palabras que siempre debió haberle dicho.
―Amor mío… Suspiró cerrando la arrugada hoja de papel, apoyándola sobre su pecho, para notar algo más que se le había pasado por alto, al meter su mano de nuevo en el sobre pudo notar que era una fotografía, un tanto vieja y arrugada pero todavía en una sola pieza…
Al verla, se vio a sí mismo junto a su hermana, él sabía que nada de eso regresaría, nuca más pero… aquí tenía un nuevo futuro frente a él.
―Perdóname… perdóname… ―Seiya apartó la carta guardándola en su pecho, para entonces devolver sus ojos hacia ella… su pequeña Seika, su hija… cuya mirada de confusión se iba desvaneciendo al ver como la seriedad y furia de su mirada se iban desvaneciendo poco a poco, hasta quedar solo una expresión de serenidad.
―Seiya, mírala, solo mírala por favor…―Koga le rogaba para que viera al último testimonio de que Shaina estuvo en este mundo, su carne y sangre, su legado viviente, su orgullo y alegría.
―No reniegues de ella, no reniegues de tu sangre, es el último regalo que ella te dejó. ―Pidió Koga finalmente apartándose de su camino para que ambos finalmente se conocieran como debía.
Seiya se arrodilló frente a ella, para apreciarla… era, tan bonita, todo lo que siempre quiso y más, a pesar de que había comprobado que esto no era un sueño quería asegurarse, acercando su mano hacia su cabeza, para acomodar un mechón de cabello detrás de su oreja y entonces posar su mano gentilmente sobre su mejilla…
No había duda… podría reconocer esos ojos donde quiera que los viera y al admirarlos, se percató de que Shaina no había muerto en verdad, una parte de ella vivía en su pequeña, que apenas conocerla se estaba volviendo su mundo entero.
Suspiró… En verdad el mundo era cruel, pero indudablemente bello, le arrebataba todo, pero a la vez le otorgaba algo más, lo había rechazado e ignorado por mucho tiempo, incluso trató de luchar contra él hasta el cansancio, pero si ahora este era su Destino… entonces lo aceptaba completamente, aún se sentía aterrorizado… pero… esta era su mejor oportunidad para hacer las cosas bien.
Para redimirse por cada vez que se falló a sí mismo, a Shaina… y al Santuario al que había traicionado, la vida le estaba dando una última oportunidad para hacer las cosas bien, nadie sería tan tonto para desperdiciarlo así.
―Pequeña… ¿sabes quién soy yo? ―Preguntó Seiya después de un largo silencio.
―¿Eres… mi papá? ―Preguntó Seika, tímidamente temblando no por miedo, sino por la emoción que estaba experimentando, era la primera vez que veía a su padre… y conocerlo finalmente la llenaba de una enorme alegría.
―Sí… lo soy…―Murmuró, para finalmente sentir los brazos de la pequeña rodeando su cuello, aferrándose a él… a pesar del olor a alcohol que despedía ella no dudó en abrazarlo con tanta fuerza que incluso sorprendió al mismo caballero del Pegaso y del Águila, pero… poco a poco Seiya comenzó a rodearla con sus brazos, apoyando su mano derecha sobre su cabeza, era la primera vez en tantos años que recibía un abrazo… un momento que él atesoraría para siempre. Cosa que hacía felices a ambos caballeros de Athena porque Seiya aceptara a su propia hija.
―Perdón… por todo pequeña Seika…―Murmuró suspirando sobre su hombro, incluso su olor le recordaba a Shaina, no había duda alguna… esta era la vida que ambos habían concebido.
Por esa misma razón, no pudo evitar amarla… finalmente tenía una razón para luchar nuevamente, un verdadero motivo para seguir con vida, una verdadera razón para despertar día a día para ser la mejor versión de sí mismo.
―Papá… papi…―Sollozaba la pequeña sobre el hombro de Seiya, si para él había sido difícil reconocer la muerte de su esposa, para ella debía ser más difícil, pero ya no había nada más que temer, papá estaba aquí.
Seiya se levantó cargando a Seika en sus brazos cuya cabeza reposaba debajo de su barbilla, este era su destino, ella era su destino… el destino que por primera vez en tanto tiempo abrazaba sin temor, existían muchos peligros, desde ahora habrían miles de retos.
Billones de formas de que todo saliera mal, pero él… no era alguien que dejase que el miedo controlara cada aspecto de su vida, era un hombre fuerte y como tal protegería esto tan bello que le había devuelto la esperanza de un nuevo mañana.
Con eso se levantó y miró a ambos caballeros con determinación.
―Está bien… ustedes ganan llévenme con Saori…― Dijo caminando fuera del bar, siendo acompañado por Koga y Yuna quienes los escoltaron a la salida.
Aún tenía tanto miedo, estaba aterrado de no ser el padre que ella necesitaba, de no ser el ejemplo que ella requería o el faro de luz en donde ella se refugiaría.
Aunque daría todo de sí mismo para serlo, ya le había fallado a muchas mujeres a lo largo de su vida, a su hermana, a Miho, a Saori incluso a Shaina… pero jamás le fallaría a la única que lo necesitaba ahora más que nunca.
Sería un camino largo, duro, sumamente arduo, pero… ya estaba harto de tener miedo, estaba más que harto de respirar y existir, quería volver a vivir, esta vez en verdad quería creer que después de la larga noche, el sol se posaría una vez más sobre el horizonte, anunciando un nuevo mañana…
Fragmento del Capítulo 18.1 página 56.
Ω/Α
30 de Mayo del 2021
"Me hubiera gustado que mi última carta hacia ti hubiera sido sobre Seika… Sobre nuestra hija, pero hay una última cosa que debo contarte, algo que no podía dejar ir antes de que la muerte se aproxime más y es que nuestra hija está en peligro.
Para el momento que leas esto ya estaré muerta probablemente, si Koga cumple con su papel al pie de la letra, entonces Seika se encontrará a salvo, fuera del peligro y con suerte finalmente a tu lado…"
"Del caso contrario debes saber qué todo viene con un precio, la verdad sobre tu hermana vino con un precio, nuestra libertad tuvo un enorme costo, salvar tu vida llegó con un gran coste, incluso nuestra niña no fue la excepción… Y lo más seguro es que ahora la estén buscando, pero no llegarán hasta ella, jamás podrán arrebatarnos esta última luz de esperanza.
No quería tocar este tema en mi última carta, pero… las mentiras y los secretos fueron lo que nos llevaron a esto, si voy a hablarte del peligro que acecha a nuestra hija será mejor que lo haga ahora… antes de que ya no queden más palabras que decir."
"Ella está no estará segura… por lo menos no sin alguien que la proteja del destino que le aguarda, Cronos es un Titán que promete muchas cosas, pero debajo de esa fachada de benevolencia se esconde la misma doble cara de todos los dioses, él me dijo tendría una descendiente directa.
Pero como siempre para cumplir ese sueño, ciertas especificaciones debían cumplirse:
La primera era que debía desposar a un hombre que llevará la sangre de un asesino de dioses. "
"La segunda era que debía ser concebida y nacida bajo una noche de luna llena."
"La Tercera… y creo que la más importante era que una vez la maldición consumiese mi vida, un adalid de Ares vendría a reclamarla como 'Yorishiro' un recipiente para el alma de una diosa ruin. "
"Las dos primeras fueron completadas al pie de la letra, pero la última jamás deberá concretarse, primero le arrancaré el corazón al hijo de perra que venga a arrebatarme a mi niña antes de entregársela voluntariamente."
"Aunque sé que; de no concretarse la última petición, un mal augurio caerá sobre el mundo, una nueva guerra entre dioses y humanos se desatará, Ares vendrá a reclamarla sin importar que o a quienes tenga que aplastar en su camino para obtener lo que desea."
"No puedes permitir que eso pase, pero sabes que tu solo no tienes el poder para hacerle frente a las hordas de Berserkers que vendrán a ti, sé que lo que te voy a decir será difícil, sé que sonará como que me he vuelto loca, tal vez tengas razón, pero en momentos de gran duda debemos ser firmes, tragarnos el orgullo y aceptar cuando necesitamos ayuda."
"Aun cuando eso significa ir en contra de lo que creemos.
Lamentablemente yo ya no puedo hacerlo por mi cuenta, ya no puedo recorrer grandes distancias o correr a la velocidad que solía hacerlo, pero yo sé que tu aún puedes."
"Tu y Athena."
"No te estoy pidiendo que luches bajo su mando de nuevo, no te pido que renuncies a tu libertad por ella nuevamente, no te pido que sacrifiques todo nuevamente por una mentira.
Solo te pido que si alguna vez me amaste como yo lo hice protejas a nuestra niña bajo los medios que sean necesarios."
"Una terrible Guerra se acerca mis amores… temo que yo no estaré ahí para verla, pero sé que ambos lucharán contra ese destino."
"Si es verdad que el destino puede cambiar si los humanos están dispuestos a entregarlo todo para hacerlo, entonces háganlo, peleen por cambiar el destino, ambos deben luchar para evitar que el mismo los separe nuevamente, tu sabes perfectamente lo que se siente perder todo tu mundo, lo has experimentado tantas veces como para decir basta, no permitas que te arrebaten tu futuro nuevamente.
Debes pelear una vez más bajo el estandarte del que desertamos, no por Saori… sino por Seika, nuestra Seika."
"Pese a todo… sé que la diosa aun te recibirá con los brazos abiertos en su santuario, lo sé por qué ella te sigue amando, como sé que una parte de ti aún sufre por no estar a su lado, esto abrirá viejas heridas pero sé que ayudará a cerrar otras, lo sé, tengo fe en ello, más fe de la que nunca antes tuve en esta vida, todo por qué mi último anhelo ahora reposa a tu lado, mi último sueño…
"No dejes que esa última llama se extinga, no permitas que se apague.
Debes mantenerla viva aún si eso significa que debas sacrificar tu corazón."
"Lucha, no por qué estés obligado sino porque es lo que deseas con toda tu alma, enfréntate a tus demonios y derrótalos.
Vuelve a ser el hombre que fuiste y que nunca debiste dejar de ser… conviértete en el héroe que ella necesita."
"Ya lo has hecho antes, puedes hacerlo nuevamente, solo debes creer en ti como siempre lo has hecho, ya me he despedido tantas veces… pero es que es tan difícil decir adiós, así que solo diré que hasta que nos veamos de nuevo Seiya… en otro tiempo, en otra vida, pero que nuestros corazones resuenen bajo esa llama eterna que fue nuestro amor."
"Hasta siempre.
Con amor: Shaina.~"
Fecha: 10 de Julio del 2021
Hora: 5:30 P.m.
Lugar: Santuario de Athena.
Seiya observaba la última nota que había dejado atrás su esposa, suspirando pesadamente, la había leído… no solo esta sino todas las cartas que había dejado atrás, puede que no fuera una mujer perfecta pero… a sus ojos, lo era, además ella siempre fue una gran escritora… podía plasmar en palabras, lo que nunca mostraba con emociones, al menos no de la forma tan directa como lo hacía aquí, tal vez sus dotes para transmitir sus emociones en papel eran tan prominentes como sus dotes para la música…
lo que no daría por escucharla tocar el violín una vez más… solo una vez, entonces miró hacia adelante, reencontrándose con las puertas de la cámara del patriarca… un lugar que jamás creyó volver a ver en su vida desde aquél "incidente" hace tantos años atrás en este preciso lúgar.
Al mirar atrás Seiya observó a sus antiguos compañeros, quienes lo habían escoltado hasta acá, Kiki, Fudo, integra y Geki… quien, para este momento, se presentaba como el auténtico caballero de Tauro, además de contar con la presencia de Koga y Yuna, quienes vigilaban cada uno de sus movimientos con suma precaución, ningúno de sus antiguos compañeros dorados habían olvidado lo sucedido hace 8 años.
Por esa razón lo tenían bien vigilado, si tan solo Seiya hacía algo que no le agradará a ningúno de ellos, no dudarían ni un segundo en neutralizarlo.
Por eso Koga y Yuna estaban aquí, para evitar que eso sucediese, abogar por él de ser necesario y si la confrontación era inevitable, entonces llevarse a Seika a un lugar seguro.
Aún si eso significaba ejecutarlo como a un perro, Seiya volvió a suspirar, para entonces bajar su mirada hacia su lado derecho, reencontrándose con los ojos de su pequeña… que lo observaba con sus enormes ojos verdes, entre preocupada y curiosa, no entendía que era lo que su padre iba a hacer, pero pese a todo ella estaría aquí a su lado.
El antiguo caballero de Pegaso apretó la mano de su niña entre las suyas, dándose el valor para adentrarse finalmente a la cámara de Athena… no sentía miedo, tampoco inseguridad.
Solo una enorme sensación de incomodidad… era como volver al lugar donde toda su vida comenzó a ír el picada hacia las profundidades de la desesperación y todo, solamente por buscar un pasado que ya no existía, que nunca pudo recuperar… Pero ya había pasado demasiado tiempo de luto por el amanecer que no pudo ser, era hora de mirar hacia el futuro.
Para que por Primera vez en tantos años ver a la cara a esa mujer que tanto había aprendido a odiar y amar a la vez.
Al caminar por el gran salón, sintió una extraña sensación de deja vu, hace tantos años había entrado aquí para derrocar al falso patriarca, años después entró aquí como un enemigo y ahora se adentraba, no como un enemigo o un salvador, sino como un suplicante.
Frente a él apareció Harbinger, vistiendo su atuendo de Patriarca… y detrás de él a aquella mujer que había significado todo su mundo en un pasado no muy lejano, pero que ahora, todos sus sentimientos se mezclaban con ira, traición, despecho, contrariedad, alegría, tranquilidad y una enorme sensación de Paz.
Seiya al igual que todos los presentes se arrodillaron ante ella, a excepción de Seika quien… poco o nada comprendía de que se trataba toda esta situación.
Fue Saori quien tomó la primera palabra…
―Seiya, es una verdadera dicha verte nuevamente, pese a todo lo que sucedió…―Habló esbozando una pequeña sonrisa, aunque ciertamente Seiya no expresaba la misma dicha que ella sí, él aún seguía afectado por todo lo sucedido recientemente.
―Digo lo mismo, señorita Saori…―Murmuró el antiguo caballero de Pegaso, observándola desde su posición, esto era incómodo para él… pero muy necesario.
Habían pasado unas semanas antes de que él pudiera regresar, para el momento que se encontraba aquí él había pasado por las dos semanas más duras de rehabilitación, por supuesto no se encontraba en su 100%, menos para pelear las batallas que él solía luchar, pero después de un baño, una afeitada y un tiempo al lado de su hija estaba preparado para lo que sea que se fuera a discutir el día de hoy.
―Sé a qué has venido, antes de enviar a Koga leímos todas las cartas de Shaina, la valiosa información que contenían, nos ayuda comprender su situación, la tuya y… de la pequeña Seika. ―Mencionaba mirando a la jovencita al lado de Seiya, quien poco o nada comprendía de lo que los adultos estaban hablando, era de esas ocasiones que deseaba poder ser mayor para entender las cosas de los mayores.
―Antes que nada, mi más sentido pésame por lo que le ocurrió… pero espero que puedas creerme cuando te digo, que jamás desee esto para ella. ―Añadió apreciando como Seiya bajaba la cabeza… tan solo recordar lo que le había sucedido a Shaina… lo hacía sentir miserable.
―Lo sé. ―Murmuró el anterior santo de Pegaso, volviendo a suspirar pesadamente.
―Ahora, quiero que sepas que el trato que te propuse hace años no ha cambiado, sigue allí a espera que tomes una decisión, espero que sea diferente a aquella ocasión, pero… esa, solo será decisión tuya y de nadie más. ―Saori desveló a él causando un efecto de alivio y confusión en Seiya, creía que ella no estaría dispuesta a permitirle ser parte de su guardia de nuevo, pero al revelarle esto Seiya sabía que habría algún tipo de treta, sabía que no lo iban a dejar regresar así como así… mucho menos por lo que había ocurrido durante la batalla en el santuario hace 8 años.
―Regresar a ser quien era, portar mi vieja armadura con orgullo, pelear… nuevamente a tu lado, ¿es eso? ―Murmuró Seiya alzando sutilmente la mirada hacia Saori, querían asintió, sin embargo, podía notar que en su rostro había cierta duda que la corría, pues para poder estar de vuelta… él debía aceptar los requisitos que Harbinger le había impuesto a Saori para permitirle la entrada a su caballero más leal.
―Sí aunque, hay un par de términos con los que debes cumplir si quieres regresar a ser el caballero de Sagitario. ―Reveló apenada, aunque el antiguo caballero ya sabía que esto iba a suceder, de cualquier forma toda acción tenía una reacción de igual o mayor magnitud y esa traición no quedaría impune.
―La primera, es que una vez que elijas esto… ya no habrá vuelta atrás, si vuelves a desertar yo ya no podré ayudarte nuevamente. ― Decía dejando en claro que desde ahora, nada volvería a ser como antes, una vez regresará, estaría atado a ella y al santuario hasta el día de su muerte.
―La segunda es que estarás bajo vigilancia, cada cosa que hagas deberás reportarlo en un lapso de 24 horas sin excepción, esto… debido a que aún se teme que trates de traicionar nuevamente al santuario. ―Aquello sonaba como que él se convertiría en un prisionero, en el escaño más bajo de la cadena de mando, un prisionero con privilegios pero… era evidente que una jaula de oro seguia siendo una Jaula… algo que a él nunca le gustó en lo absoluto.
―Por último, pero no menos importante es que deberás jurar nunca acercarte a los dominios de Cronos… no quiero decírtelo de nuevo pero, tu hermana ya no volverá, sé que es doloroso tener que afrontarlo, si flaqueas por un solo instante, si dudas o si pretendes ir en contra de esta regla… se te será tachado como traidor, se hará un juicio y se te ejecutará para evitar que la ira de los dioses Olímpicos caiga sobre el mundo, ¿comprendes? ― Interrogó esperando a la respuesta del guerrero de cabello y ojos castaños, quien se mantuvo en silencio por unos instantes alzando nuevamente la mirada hacia Saori… era obvio que ella le pediría eso, pero, aunque tuviera la intención de hacerlo, ya había perdido todo por tratar de alcanzar a su hermana.
Ella ya se había ido, no había nada que se pudiera hacer… ella no regresaría, nada en este mundo podría traerla de vuelta, ya había hecho las paces con esa idea hace mucho tiempo, lo cual… no hacía esto sino aún más doloroso para él.
Pero ya había pasado demasiado tiempo lamentándose por un pasado que nunca pudo ser, de una vida que había llegado a su conclusión, aunque no fuese la más satisfactoria o agradable, él ya estaba en paz con eso.
Había lamentado la perdida de su hermana y aún le dolía, pero esa era una historia de la que ya no podía seguir lamentándose, teniendo cosas mucho más importantes de las que preocuparse ahora.
― ¿Y que sucederá si me niego? ―Interrogó colocando toda la atención de cada uno de los caballeros de oro y bronce sobre él… no era ningún secreto que a todos los ponía nerviosos su comportamiento además de sus negativas, lo peor que podría suceder en este momento sería que cada hombre y mujer que se encontraba aquí lo atacarán a él con tal de evitar que evitar que volviera a revelarse en contra de Athena.
―Entonces estarás por tu cuenta Seiya… como ya dije el santuario no podrá ayudarte menos, con el destino que le aguarda a Seika, aquí la resguardaremos, le enseñaremos a defenderse, le daremos refugio, educación, comida y la protegeremos. Juro que la defenderemos… como si me defendieran a mí. ―Decía , prometiéndole a su antiguo caballero que harían todo lo posible por salvaguardar la vida de Seika, ella tampoco deseaba que esas viejas heridas se abrieran, pero todo se resumía a la decisión que Seiya tomara en este preciso instante.
―Además nos agrada la compañía de Seika, es… un pequeño rayo de luz para todos nosotros, sobre todo para mí, pese a que el futuro solo aguarde más desgracias e infortunios…―Reveló llamando ahora la atención de Seiya quien… podía inturía algo más en sus palabras, algo que en sí le era difícil deducir… pero si tuviera que decir algo es que de entre todos ella era quien le había agarrado más Cariño a Seika y quien más quería tenerla cerca.
―Pero como ya dije, si aceptas o no depende totalmente de ti… por favor, elige la opción que creas correcta, nadie te forzará a nada que no quiera hacer…―Finalizó esperando a que Seiya eligiera quedarse, ella había sido clara con lo que había dicho, pero si Seiya elegía otro camino tan solo una deidad por encima de ella sería capaz de ayudarlo cuando el enemigo viniera a él con todo el poder del ejercito de Ares.
―Así que… me volveré tu esclavo nuevamente a cambio de proteger a mi hija. ―Murmuró Seiya suspirando nuevamente, su libertad a cambio de la seguridad de la última persona que significaba algo valioso para él.
―Parece un trato justo…―Murmuró asintiendo levemente con la cabeza.
―¿Entonces aceptas? ―Interrogó Saori, observándolo atentamente, esperando que eso en efecto fuese una respuesta positiva.
―Lo haré, pero no por ti…―Respondió finalmente alzándose frente a ella, determinado a cumplir con el castigo impuesto… no había piedad para los traidores, menor para alguien que solía ser un héroe, pero estaba dispuesto a sacrificarlo todo por una segunda oportunidad con Seika su hija.
―Ahora tengo a alguien, por quien vale la pena sacrificarlo todo…―Afirmó apretando suavemente la mano de su pequeña entre la suya, determinado a cumplir con su cometido.
De cualquier forma, cualquier cosa sería mejor que terminar en el ahora en ruinas cabo Sunion, donde Kanon había pasado tanto tiempo encerrado y donde Paradox también fue encerrada, hasta que Galia destrozó el lugar con su espada del Dios de la Guerra.
Aunque conociendo los castigos que se le daban a los traidores, esto era algo leve en comparación a todo lo que le esperaría.
Aunque la respuesta de Seiya no fue del agrado de Harbinger, quien estaba a punto de levantarse para decirle algo, hasta que la mano de Saori se posicionó sobre su hombro, tratando de apaciguarlo antes de que comenzará una riña en la cámara del patriarca.
―Harbinger… tranquilo…―Pidió ella con voz tenue, evitando que esto escalará de intensidad.
―Comprendo, entonces está hecho, regresarás a ser el caballero de Sagitario, ¿alguna objeción? ―Interrogó a todos los presentes, quienes se mantenían en silencio, ningúno tenía nada que decir, no habían objeciones ni refutaciones, todos aceptaban las palabras de Saori como absolutas.
―¿Patriarca? ―Preguntó dirigiendo su mirada hacia Harbinger, quien solo la observó por unos instantes indeciso, hasta que sus ojos se fijaron en el guerrero frente a sus ojos, pero sobre todo en la niña a su lado, que afortunada era ella de que una diosa y el guerrero más poderoso del mundo la estuvieran protegiendo como nadie lo protegió a él.
―Eres Athena, aún si estamos de acuerdo o no sé qué siempre tomarás la decisión correcta. ―Declaró el gran patriarca, correspondiendo a los designios de su diosa, aunque al darse la vuelta para encarar la enorme cortina detrás del trono, él bajó la voz para susurrarle algo al oído.
―Tan solo no me hagas arrepentirme de esto…―Fue lo último que dijo para entonces posarse al lado de la Diosa de la Sabiduría y de la Guerra.
―Seiya, te reconocemos como caballero de Sagitario, ahora ve a tu templo y reclama tu armadura una vez más. ―Declaró observando como este asentía, haciendo una respetuosa reverencia hacia la ella, para entonces caminar directamente fuera sin más palabras que dedicarle a esa mujer, cuyos sentimientos eran tan confusos como sus acciones, pero… de cierta manera se alegraba que le hubiera permitido regresar.
―Y Seiya…―Ella lo llamó una última vez antes de que se retirará del salón al lado de su hija.
―Gracias… por volver. ―Dijo finalmente observando como él sonreía levemente y asentía, aunque aún existía una enorme brecha entre ellos dos, sabía que eventualmente llegarían a entenderse, podrían entablar una nueva relación de confianza y honestidad pero… eso solo el tiempo lo diría.
Ambos estaban demasiado lejos uno del otro como para regresar a como las cosas habían sido, pero… Saori tal vez estaba siendo demasiado idealista, las cosas no volverían a ser como antes.
Ya no, eso había sido hace 8 años y anda regresaría a ser como fue en un inicio, Seiya era diferente, ella era diferente.
El tiempo había sido cruel al separarnos, pero benévolo en reunirlos nuevamente, aún así esos años donde ambos se entendían y apreciaban ya se había ido, el mundo había girado, las cosas cambiaron, los infortunios los distanciaron.
Sus corazones nunca más volverían a resonar con el otro como solían hacerlo, pero por lo menos, las cosas ya habían encontrado una resolución apacible.
Ambos habían hecho las paces uno con el otro y ahora, debían continuar con lo que tenían.
El pasado seguiría allí, el futuro aún era incierto, pero el presente estaba aquí para recordarles que la vida era demasiado corta como para vivirla enojados eternamente.
Finalmente, Seiya salía de la casa de Sagitario, portando una versión renovada de la armadura que solía portar, era totalmente diferente, se había re forjado de aquél evento tan desafortunado, brillando ahora con el antiguo resplandor que la había caracterizado.
Con la piedra de su armadura destellando imponentemente con los rallos del mismo sol alumbrándola, sintiendo una sensación de poder… que hacía tantos años que no había sentido así, era tan, apacible y agradable, que le daba la certeza de que todo estaría bien, de que todo saldría bien.
Ese era el sentimiento que le provocaba vestir su vieja armadura de oro una vez más.
Ante la mirada de Harbinger, este lo admiraba, se veía bastante bien, tal vez unos años más joven de lo que en realidad era, esa armadura siempre se había visto bella, pero ahora relucía de poder e imponencia al estar ensamblada al cuerpo de su legítimo portador.
Mientras que Seika observaba maravillada la bella armadura dorada que cubría el cuerpo de su padre, al igual que todos los guerreros que había visto, la coraza que protegía el cuerpo de Seiya era increíblemente hermosa.
Aunque tal vez esta era aún más bella a sus ojos debido a las alas que esta llevaba en su espalda, o era tal vez que era su padre quien la llevaba puesta.
No estaba muy segura pues, aunque sabía que cada armadura era diferente, apenas podía comprender la razón por la que todas sin excepción tenían un diseño diferente a las demás.
―Esa armadura te sigue quedando bien, pero no puede ocultar las cicatrices de tu pasado. ―Mencionaba el Patriarca, observándolo detenidamente, Seiya también se veía a sí mismo avergonzado por ese pasado que tanto deseaba dejar atrás, Hyoga tal vez tenía razón a veces olvidar era más una bendición que una maldición.
―Nada puede hacerlo…―Murmuró el caballero de Sagitario ladeando la cabeza, el anterior santo dorado de Tauro lo observó con atención, acercándose a él para decirle algo importante.
―Escúchame, puede que la señorita Athena te haya reconocido como caballero, pero ellos son mis soldados, mis compañeros, daría mi vida por cada uno de ellos cualquier día, pero por ti no. ―Amenazó, pese a que lo habían reconocido como caballero nuevamente, Harbinger aún no confiaba en él, la confianza era sagrada y si Seiya quería ganársela debía acatar todas las reglas que le habían impuesto, no hacía falta explicar que sucedería de no hacerlo.
―Entonces ya somos dos…―Respondió el caballero del Centauro dorado, sin quitarle los ojos de encima al Patriarca.
―Ya escuchaste a la dama, no flaquees, no dudes, no te arrepientas, de lo contrario yo seré el primero en la línea para reclamar tu cabeza, ¿quedó claro? ―Preguntó observándolo amenazantemente, él también había cambiado mucho, podía verlo en sus ojos, Harbinger ya no era el hombre que fue en alguna ocasión
―Claro, pero dime, ¿ya cicatrizó esa herida que te hice en el pecho? ―Preguntó con un temple frío, el anterior caballero de Tauro lo observó casi sin pestañear, hasta que su expresión seria se volvió más amena comenzando a soltar una pequeña risa por el comentario del santo de Sagitario.
―Dejaré pasar eso, solo por qué aún tengo sentido del humor…―Murmuró entre risotadas, Seiya también relajó su expresión, pero antes de que el patriarca se retirará le dijo algo que debía tener muy presente de ahora en más.
―Seiya, yo soy una persona que no se arrepiente de nada de lo que ha hecho, pero no permitas que ella se arrepienta de darte una segunda oportunidad, ¿entiendo? ―Preguntó retornando a su expresión seria, a nadie jamás le habrían dado una oportunidad así, ni siquiera a un hombre como lo fue Saga.
Lo que demostraba, lo mucho que Saori seguía estimándolo, a él como a su pequeña hija, pero más le valía ser agradecido, porque las segundas oportunidades eran muy raras en el santuario.
―Sí… ― Seiya simplemente contestó con un leve asentir de su cabeza, observando como él comenzaba a retirarse de la casa de sagitario, colocándose el casco dorado del patriarca.
―Espero tu reporte entonces, "Héroe de Héroes…" ― Murmuró esa última frase haciendo un gran eco por toda la casa de Sagitario con sus pisadas, era un hombre extremadamente despiadado, pero por buenas razones.
Harbinger tal vez no era el hombre más honorable del planeta, pero comprendía el sentir de los débiles, era un hombre que había sido golpeado por la vida incontables veces como para saber lo que Seiya sentía, por el dolor que estaba pasando.
Pero aunque lo entendiera él no le permitiría volver a flaquear como lo había hecho en el pasado, entender era diferente a condonar, pues si su corazón volvía a desviarse del camino correcto, como Saori lo había dicho, nada los detendría por ponerle fin a su vida.
Ese hombre que habían designado como patriarca tomaría las decisiones más difíciles, pues su fuerza iba más allá de su poder físico, este era mental.
Una fuerza que Seiya respetaba a pesar de todo, un hombre así tal vez guiaría al santuario a una era de paz que tal vez jamás se había visto.
Pero eso aún estaría por verse, ahora tenía que ocuparse de otros asuntos más importantes como lo eran su pequeña Seika.
Quien se veía desanimada, observando a la distancia el hermoso paisaje frente a ella, con una expresión melancólica que él no pudo ignorar.
―¿Que sucede Seika? ¿Te sientes mal? ―Interrogó el caballero de sagitario a su pequeña, quien desde que Harbinger se había retirado ella solo, se había dedicado a mirar el horizonte, sentada en el último peldaño que dirigía hacia la novena casa del Zodiaco.
―No…―Murmuró la jovencita, observando con pena a su lado apreciando la cercanía que su padre adoptaba, él… no estaba seguro de como acercarse a ella, a pesar de haber tenido dos semanas para conocerse, la existencia de Seika le seguía resultando un poco perturbadora, sobre todo por qué nunca tuvo contacto con ella hasta hacía unas semanas.
No la odiaba, ¿como podría? Era lo más bello que había visto en su vida, además del último regalo de su esposa pero… con la dura vida que él había tenido, no quería que todo lo que él arrastraba la afectase a ella completamente, volviéndola el centro de todas sus desgracias por venir.
―¿Fue por lo ocurrido en la cámara del patriarca? ― Interrogó tratando de acercarse a ella, pero… se sentía tan distante, casi como si ambos pertenecieran a mundos distintos, Seiya buscaba esa conexión con su propia sangre, pero… no sabía cómo alcanzarla.
―¿Entonces que tienes? ¿Qué te sucede? ―Interrogó nuevamente colocándose en el mismo escalón donde ella se encontraba sentada, tratando de verla a los ojos pero ella, solo hundía más su rostro entre sus brazos.
―Extraño a mamá…―Respondió Seika sollozando levemente, el caballero de Sagitario mentiría si dijera que él no la extrañaba, igual o con más fuerza de lo que lo hacía Seika, la última vez que la vio fue hace casi 6 años… si hubiera sabido que esa sería la última vez que la vería. Habría hecho hasta lo imposible para tenerla a su lado, aunque fuera solo un segundo más.
―Yo también…―Murmuró Sentándose al lado de su hija, observando el atardecer a su lado, el pesar que sentían por la pérdida de la persona más importante para ambos era lo que más los unía a ambos, tal vez… ese tal vez sería el catalizador que les permitiría actuar como padre e hija.
―Te mentiría si te dijera que no la extraño con cada día que pasa, se hace más difícil no hacerlo, más ahora que ella se fue. ―Añadía rememorando todos los momentos que pasó al lado de Shaina, cada uno atesorado en su corazón, sin duda esa mujer era una entre millones.
―Pero…eso no significa que estemos solos, nos tenemos el uno al otro y eso es todo lo que importa. ―Trataba de decir sonriéndole a su pequeña, pero eso solo parecía que la hacía sentir aún más triste, ella anhelaba que tanto su papá como su mamá estuvieran aquí junto a ella.
―Pero, la sigo extrañando tanto, quiero que vuelva. ―Decía apartando su cabeza lejos de su padre, nuevamente esa brecha que le impedía acercarse se presentaba, pero no por qué él no tuviera la iniciativa de acercarse a ella, era que… no sabía como darle consuelo a una niña que lo había perdido todo en un instante.
Nadie lo había entrenado para esto, nadie le había enseñado a como ser padre, toda su vida estuvo solo, sin un padre quien le enseñará a ser fuerte, o una madre que pudiera consolarlo.
Toda su vida había estado solo, acompañado únicamente por sus amigos y Saori, pero todo eso se había distorsionado dolorosamente después de la revelación sobre su única pariente directa, seguramente su hermana le habría enseñado algo, pero esas memorias se habían ido con ella.
Pero como ya lo había dicho, todo eso ya se había perdido…
No tenía sentido seguir aferrado a un pasado que ya no existía, solo seguir mirando hacia adelante… aunque fuera tan doloroso y agonizante… suspiró, tratando de colocar su mano sobre la espalda de Seika aunque… algo lo detuvo, algo que no sabía como explicar, tan solo, no podía tratar de abrazarla o consolarla sin sentirse como algo que dañaría aún más a su pequeña.
―Algunas personas jamás regresan Seika, es una verdad que… me ha costado tanto afrontar. ―Respondió finalmente Seiya suspirando una vez más, se sentía tan impotente, tan indefenso… si fuera un enemigo esto sería fácil, arremeter en su contra hasta abatirlo pero… tratar de confortar a su hija, parecía imposible en comparación.
―Pero, eso no significa que no podamos seguir adelante. ―Desveló con determinación, observando como ella alzaba su mirada hacia él, tratando de hacer un nuevo intento por darle consuelo, limpiando las lágrimas de sus bellos ojos verdes con sus dedos.
―No llores por que se fueron, si los muertos ven que sufrimos por su partida, estarán tristes y no podrán irse en paz, no quieres que ellos estén tristes, ¿verdad? ―Preguntó sonriéndole nuevamente, tratando de darle la seguridad que sus palabras intentaban desesperadamente transmitirle.
―No, pero… pero…―Ella solo musitaba débilmente, desviando la mirada de Seiya nuevamente.
Él sabía que nada de lo que pudiera decirle podría sanar su herido corazón, las palabras no eran suficientes para darle paz a un alma azotada por la crueldad de la vida, tratando de pensar, que haría Shaina, ¿qué haría aquella mujer a la que había aprendido a amar? Ella seguramente sabría qué hacer, ella sabría cuál sería la respuesta indicada.
Hasta que al rememorar aquél momento cuando caminaba hacia la oscuridad, esa noche triste en el santuario él solo necesitaba algo, algo a lo que aferrarse con la misma fuerza con la que se había aferrado a Saori por tanto tiempo.
Un rayo de esperanza que iluminará este mundo de oscuridad, para volver a ver la luz que le habían arrebatado…
Algo tan pequeño como un abrazo fue todo lo que le devolvió el sentido a la vida, algo tan insignificante como el hecho de que alguien lo abrazará por la espalda ante su infinita desesperación fue todo lo que se necesitó para devolverle un poco de la esperanza perdida, una caricia de genuina bondad fue suficiente para decirle que no era el fin del mundo y que pese a las tinieblas que lo envolvían el sol seguiría saliendo por el horizonte.
Él se quitó el brazal de su brazo derecho, para entonces comenzar a desenvolver la cinta roja que lo rodeaba, para finalmente entregárselo a Seika, quien curiosa observó el pequeño regalo, siendo depositado en sus manos.
―Ten, esto es tuyo ahora, sé que no es mucho pero es un regalo para ti…―Dijo mirándola directamente a los ojos, mientras que ella observaba atentamente la cinta, era un poco vieja y se encontraba parcialmente desgastada por el tiempo pero, para sus ojos era algo muy bonito, un regalo tan significativo por qué era el primero de muchos que le daría su padre.
―Es para que recuerdes que no importa a donde te dirijas, que hagas o que camino elijas, tu familia siempre estará contigo, apoyándote, guiando tus pasos, siempre que nos necesites allí estaremos, para oír tu voz cuando necesites ser escuchada, para abrazarte cuando tengas miedo, para consolarte cuando este cruel mundo te rompa el corazón y para hacerte feliz cuando te sientas triste. ―Seika sostuvo la cinta roja de su padre, sujetándola con fuerza apoyándola sobre su pecho, para finalmente abrazar fuertemente a su papá, agradeciéndole por este pequeño gesto, por sus palabras y por su cariño incondicional.
―Todo va a estar bien… mientras estés a mi lado, yo seré Invencible… te lo prometo… Seika. ―Decía cargándola entre sus brazos, sintiendo sus pequeños brazos rodeando su cuello, corazón de su hija resonaba al mismo tiempo que el suyo.
Latidos gemelos que se complementaban perfectamente, dos almas heridas que encontraban consuelo en el otro en paz, Seiya no sabía qué futuro les depararía, no sabía si algún como él tenía permitido sentirse así nuevamente.
Pleno, felíz, lleno de alegría y esperanza, pero al mirar hacia el horizonte solo podía pensar en Shaina, en todo lo que ella sacrificó para que él pudiera sentirse así de vivo nuevamente.
Las dudas lo había desviado, la verdad de Saori lo había destruido, la melancolía de Seiya le había arrebatado todo, pero el amor de Shaina los había reunido.
Solo podía darle Gracias a esa mujer, por haberle otorgado el hermoso brillo de la esperanza, que creía había perdido aquella noche, viendo última vez el rostro de su amada, en la superficie dorada del Sol.
Despidiéndose de sus dos únicos amores, como una estrella fugaz, perdiéndose en el horizonte infinito.
