NOTA:

Muy bien, feliz año nuevo se que es un poco tarde pero mejor tarde que nunca, lo sineto si me tarde por las fiestas no pude escribir mucho y a qui les traigo parte de lo que son dos capitulos tardare un rato en subir el otro capitulo, ya que le estoy dando los toques finales.
asi que disfrutenlo, si ven errores diganme ya que como el documento es de 20 mil palabras me pierdo en algunas partes y habeses se me olvida borrar cosas que reescribo. bien leanlo tranquilamente. :)
p.s. Me queme la cabeza tratando de hacer las descripciones del entorno jajaja.
p.s. Una cosa mas para los que llevan tiempo leyendo cambie las comillas dobles " " por parentesis ( ) cuando hablan el idioma humano.


En la banca sentados, Else, Gon y Hughes discutían en un tono calmado mientras observaban el monumento de granito.

—Embajador Hughes, esta ciudad es muy interesante y hermosa, pero... ¿por qué tiene murallas con armamento? —preguntó Else con cautela, intrigada.

Hughes la miró con serenidad antes de responder.

—Verá, embajadora, este lugar fue construido durante la guerra entre las bestias y los humanos.

Else y Gon se miraron, sorprendidos por la revelación.

—¿Entonces este lugar es como un fortaleza? —preguntó Else, aún más intrigada.

—Sí. Su propósito original era proteger la isla. En ese entonces, no había muchos puertos, y este era el más importante. Por eso se reforzó, pensando que ustedes tratarían de atacarlo. Se consideraba el último bastión donde la humanidad sobreviviría, ya que ustedes nos superaban en número. Pero... todos sabemos cómo terminó.

Else y Gon asintieron, comprendiendo el miedo que habían vivido los humanos.

—Entonces, por eso construyeron este lugar... —dijo Else, sintiendo un peso de culpa por lo que habían pasado hace tiempo.

Hughes mantuvo su expresión seria pero tranquila.

—Al principio hubo conflictos, pero se decidió que no sobreviviríamos si nos matábamos entre nosotros. Así que trabajamos muy duro para vivir aquí y sobrevivir, haciendo muchos sacrificios.

Else suspiró, sintiéndose apenada.

—Me siento mal por todo lo que han pasado.

Hughes lo notó y le dedicó una pequeña sonrisa.

—No se preocupe. Con el tiempo, decidimos invertir en la educación y mejorar la calidad de vida de nuestra gente. Eso funcionó, y nos hemos recuperado. Aunque todavía hay algo de resentimiento contra ustedes, por eso es mi misión intentar reparar los lazos que se rompieron hace mucho tiempo.

Las palabras de Hughes resonaron en Else y Gon, quienes empezaron a ver el lugar y a las personas que lo habitaban con una nueva perspectiva.

Else lo miró fijamente durante unos segundos, intentando comprender las razones por las cuales los humanos habían llegado a ser como eran. Aunque ahora tenía un mejor entendimiento, todavía albergaba muchas dudas.

—Embajador, también me preguntaba algo: ¿por qué en el cuartel todos hablaban nuestro idioma, pero aquí afuera apenas lo hacen? —preguntó Else, fijando su mirada en los ojos de Hughes.

El embajador sonrió ligeramente antes de responder.

—Ah, bueno, es simple. Si se refiere a Alice, ella lo aprendió solo para intimidarlos, pero la mayoría lo aprende para entender lo que dicen ustedes. No todos lo practican, y aunque es obligatorio aprenderlo, no significa que todos lo hablen a la perfección —respondió Hughes con calma.

Else y Gon asintieron lentamente, procesando la explicación. Aunque entendieron, más preguntas surgieron en sus mentes.

—¿Entonces aprenden nuestro idioma solo para entendernos? Eso quiere decir que... —Else detuvo su frase de golpe, mirando a Gon con cierto nerviosismo. Gon captó su mirada y comprendió al instante, compartiendo el mismo sentimiento.

Hughes notó su inquietud y sonrió, casi divertido.

—Sí, embajadora, todos entienden lo que dicen. Aunque los más jóvenes aún están aprendiendo, como los que vieron en el tranvía —dijo Hughes tranquilamente.

Un escalofrío recorrió a Else y Gon al comprender que todo lo que decían podía no ser tan secreto como pensaban. Hughes rio levemente para romper la tensión y agregó:

—Tranquilos, no creo que muchos tengan el valor de acercárseles y preguntarles cosas directamente. Pero debo decirles que los más jóvenes están muy interesados en ustedes. Les despiertan mucha curiosidad —dijo con una sonrisa amigable, intentando calmarlos.

Else y Gon intercambiaron miradas nerviosas antes de asentir. Finalmente, Gon decidió hacerle otra pregunta.

—Ah, señor Hughes, ¿puedo preguntarle algo acerca de su academia? —dijo Gon con interés.

Hughes lo observó con tranquilidad.

—Claro, ¿le interesa algo relacionado a ella? —preguntó.

—Sí, de hecho, quería saber cómo es su sistema educativo —dijo Gon, algo nervioso pero visiblemente curioso.

Hughes esbozó una pequeña sonrisa.

—Por supuesto, director. De hecho, quería llevarlos a verla después, pero lo traje aquí para que se calmaran un poco, después de todo lo que pasó necesitan un poco de aire libre, pero bueno déjeme explicarle primero. Aquí solo tenemos una escuela, y es única en su estilo. Los estudiantes ingresan siendo niños pequeños y permanecen hasta graduarse como adultos de la universidad. Esto les brinda una capacidad de aprendizaje mucho más completa que algunas de las escuelas más prestigiosas de Edén —explicó Hughes con serenidad.

Gon y Else quedaron sorprendidos ante esa revelación.

—Eso... es impresionante. Me sorprende mucho —admitió Else, intrigada.

—Sí, embajadora. Como mencioné antes, muchos de ellos terminan uniéndose al ejército o trabajando como científicos o ingenieros, lo que le da a nuestra ciudad una ventaja considerable sobre otras. Además, el gobierno los apoya en cada uno de sus proyectos y teorías —continuó Hughes con calma.

Las palabras del embajador dejaron a Gon y Else aún más impactados. La rapidez con la que los humanos podían avanzar tecnológicamente era asombrosa para ellos.

—Pero ustedes están mucho más avanzados que nosotros. Quizá en cuatro o cinco años logremos igualarlos aquí, y tal vez en siete o nueve años podamos extender ese avance al resto de la isla —añadió Hughes con una sonrisa confiada.

Else sintió un nudo en el estómago al escuchar eso. "¿Qué? ¡No sabía que los humanos podían avanzar de esta manera tan rápido! ¿Tal vez subestimamos su inteligencia?" pensó, mientras trataba de mantener la compostura. A pesar de sus nervios, le dedicó una sonrisa a Hughes. Gon, por otro lado, parecía cada vez más interesado.

—Interesante. Me gustaría aprender más sobre su sistema educativo. Parece más avanzado que el nuestro —comentó Gon con curiosidad.

Hughes asintió, sonriendo.

—Por supuesto, director. Quizá en el futuro podamos traer estudiantes de su escuela aquí para que aprendan un poco de nosotros. ¿Qué opina, embajadora? —preguntó Hughes, mirando a Else.

Else, aunque algo nerviosa, intentó mantener la calma.

—Sí, claro. Tal vez en un futuro —respondió con una sonrisa forzada.

Hughes pareció satisfecho con la respuesta.

—Eso suena bien —dijo con entusiasmo mientras se levantaba de la banca. Luego, miró a Else y Gon con seriedad pero con calidez.

—Pero primero, habrá que limar asperezas entre nosotros, embajadora. Por eso le pediré que me acompañe en mi misión para eliminar nuestras diferencias. Quiero un mejor futuro para todos, y sé que no será fácil, pero estoy decidido a hacerlo realidad. ¿Qué dice, embajadora? —preguntó Hughes, extendiéndole la mano con una sonrisa esperanzadora.

Else lo miró por unos segundos, reflexionando. Finalmente, se levantó de la banca, tomando su mano con decisión y una pequeña sonrisa en el rostro.

—Sí, embajador. Espero que podamos lograrlo —respondió Else, sintiendo que las intenciones de Hughes eran genuinas.

Hughes sonrió mientras apretaba ligeramente la mano de Else antes de soltarla suavemente. Luego dirigió su atención hacia Gon, que permanecía de sentado en la banca.

—Usted también, director. Quiero que ambos lleven a cabo esto —dijo Hughes con alegría, su voz cargada de confianza.

Gon se levantó de la banca y se acercó a Hughes, tendiéndole la mano con una expresión determinada.

—Claro, embajador. Lo apoyaré. Yo también quiero un buen futuro para todos mis alumnos y todos los demás —respondió Gon con una sonrisa.

Hughes estrechó su mano por un momento antes de soltarla y mirar a ambos, irradiando entusiasmo.

—Bien, me alegra saber que finalmente nos entendemos mejor —comentó Hughes con una amplia sonrisa, mientras Gon y Else compartían un gesto de alivio.


En otro punto, Elias estaba sentado junto a sus amigos en las bancas del lugar, sumido en una conversación animada.

—Oye, Elias, ¿no dijiste que tu país estaba atrasado tecnológicamente? —preguntó Miguno, claramente confundido, mientras los demás lo miraban con curiosidad.

Elias, con los brazos cruzados, sentado al lado de Bill, respondió tranquilamente:

—Sí, pero como les dije a Juno y a los demás, yo no sabía que esta ciudad existía, mucho menos que fuera más avanzada que las demás.

Aoba lo miró seriamente antes de intervenir.

—Así que ni tú ni María sabían de este lugar ni de lo que pasaba aquí.

Elias asintió.

—No, prácticamente esto es nuevo para nosotros. Lo siento por todo lo que pasó, nunca imaginé que los tratarían de esa manera. Y como ya les dije antes, si deciden irse, lo entenderé.

Su tono era de arrepentimiento, y la preocupación era evidente en su rostro. Sus amigos lo miraron desanimados, hasta que Bill sonrió un poco y rompió el silencio.

—No, de hecho, quiero quedarme. Tú no nos abandonaste cuando te secuestraron ni nos guardaste rencor. Al contrario, siempre te preocupas por nosotros —dijo Bill con ánimo, buscando levantarle el ánimo.

Aoba arqueó una ceja y soltó una risa ligera.

—Mhhh, es la primera vez que te escucho hablar con razón —bromeó, lo que hizo que Bill frunciera el ceño.

—¡¿Qué?! ¡Solo trato de animarlo! ¡Eso es todo! —replicó Bill, visiblemente irritado, mientras los demás reían suavemente.

Elias rió también, relajándose un poco, lo que alegró a sus amigos. Bill, viendo que había cumplido su objetivo, sonrió de nuevo.

—Bueno, ya que estás de mejor ánimo, quería preguntarte algo —dijo Bill, captando la atención del grupo.

Elias dejó de reír y lo miró con curiosidad.

—¿Qué es? —preguntó.

—Me da curiosidad... ¿por qué Tao ronroneó? Sé que es por las hormonas humanas, pero es interesante. ¿Ustedes tienen algún tipo de habilidad? —preguntó Bill con una mezcla de seriedad y diversión.

Tao, que estaba sentado cerca, se sonrojó al recordar el incidente y bajó la cabeza avergonzado. Gouhin y Sakane, que estaban en otra banca, también escuchaban la conversación con interés.

—¡Vamos, Bill! No digas eso en voz alta —protestó Tao, claramente incómodo, mientras los demás esbozaban sonrisas.

—Mhhh, no que yo sepa, pero si tienes tanta curiosidad, puedo intentarlo —respondió Elias, también intrigado.

Todos voltearon hacia Elias, sorprendidos.

—¿Qué dices, Tao? —preguntó Elias, mirándolo con una sonrisa divertida.

Tao vaciló antes de asentir tímidamente.

—E-ee-está bien... —respondió nervioso.

Elias se levantó lentamente de su lugar y se acercó a Tao, extendiendo la mano hacia su cabeza. Tao se quedó inmóvil mientras sentía cómo Elias comenzaba a acariciarlo con cuidado. Los demás observaban expectantes.

—Mhhh, tu pelaje es suave —comentó Elias con una sonrisa, cerrando los ojos mientras disfrutaba la textura.

Tao permaneció inmóvil, sin saber cómo reaccionar, mientras Bill y los demás lo miraban con atención.

—Se siente bien, pero no es igual —admitió Tao finalmente, todavía mientras Elias le pasaba la mano.

Gouhin observaba atentamente, con el ceño ligeramente fruncido, mientras cruzaba los brazos.

—Interesante, me gustaría saber qué lo provoca —comentó, su tono grave reflejando curiosidad genuina.

Sakane, a su lado, parecía igual de intrigada.

—Sí, es interesante. Quizás sea por el tipo de humano... o tal vez algo completamente diferente —dijo, sus ojos brillando con entusiasmo.

Gouhin la miró de reojo y luego volvió su atención hacia la escena.

—No lo sé, pero sea lo que sea, podríamos analizarlo. También quiero entender por qué ese perro de allá está enamorado de la chica humana y cómo reacciona —agregó, señalando discretamente a Jack, quien estaba hablando con María en el otro extremo del mirador.

El comentario de Gouhin despertó aún más curiosidad en Sakane, quien giró la cabeza para mirar a Jack.

Mientras tanto, Elias apartó su mano, mirando a Tao con una expresión pensativa.

—Mmm... es raro. ¿Dices que no se siente igual? —preguntó Elias, su tono mostrando un creciente interés.

Miguno, quien estaba cerca, intervino en la conversación.

—¿Tal vez sea por la forma en que lo haces? —sugirió, rascándose la barbilla con aire pensativo.

Su comentario atrajo la atención de los demás, quienes ahora lo miraban con expectativa.

—Mmm... ¿tú crees eso? Nunca lo pensé de esa manera —respondió Elias, reflexionando mientras se cruzaba de brazos.

En ese momento, Hughes llegó acompañado por Else y Gon, todos con una expresión relajada.

—Veo que ya están más tranquilos —dijo Hughes con una sonrisa amable, sorprendiendo a los chicos.

Elias fue el primero en reaccionar.

—Ah, sí. Por cierto, señor Hughes, ¿a dónde iremos? —preguntó con calma, mirando al embajador.

Hughes sonrió ligeramente antes de responder.

—Iremos a la academia que vimos al subir al tranvía. Pero antes, tomemos un tiempo para relajarnos después del recibimiento que tuvimos. Supongo que aún siguen un poco asustados, y les pido disculpas por eso —dijo con un tono sincero, inclinando ligeramente la cabeza.

Los chicos asintieron, aceptando la disculpa con cortesía.

—Sí, no hay problema —dijo Miguno primero, seguido por Durham y los demás.

Hughes sonrió al verlos de buen humor y continuó.

—¡Bien! ¿Quieren que les muestre qué distritos son cuáles, así los identifican cuando pasemos por allí? —preguntó con entusiasmo.

Todos asintieron, animados por la propuesta.

—Bien, síganme —dijo Hughes, caminando hacia la barandilla del mirador para señalar la ciudad. Else y Gon lo siguieron, mientras el resto se levantaba de las bancas para unirse.

Elias también se dispuso a seguirlos, pero sintió que alguien tiraba de su camisa. Volteó y vio a Juno, quien tenía el rostro levemente enrojecido.

—Uh... ¿Qué sucede, Juno? —preguntó Elias con una sonrisa, intrigado.

Juno lo miró, claramente nerviosa, y respondió en voz baja.

—Quería hablar contigo.

Elias arqueó una ceja, pero su expresión permaneció tranquila.

—Claro, hablemos —dijo con amabilidad, quedándose atrás con Juno mientras los demás seguían a Hughes.

—Vamos a caminar —propuso Elias, sonriendo.

Juno asintió, devolviéndole la sonrisa. Ambos comenzaron a caminar por el mirador, alejándose lo suficiente para tener algo de privacidad, pero sin perder de vista al grupo.

—¿De qué querías hablarme? —preguntó Elias tranquilamente, observando las flores y los árboles que bordeaban el camino.

—Quería decirte que tu país es muy interesante... Me encanta —respondió Juno, mostrando una sonrisa alegre.

Elias la miró con una expresión cálida.

—Me alegra que te guste, aunque aún no has visto mi ciudad. Te encantará aún más —dijo con entusiasmo.

Juno lo miró de reojo, su rostro poniéndose más rojo.

—Sí... Oye, ¿me mostrarás el lugar del que hablaste? Ese donde miras el cielo nocturno —preguntó, nerviosa y jugando con las manos.

—Mmm... claro, cuando vayamos allá. También quiero mostrarte algunos lugares que creo que te gustarán mucho —respondió Elias con una sonrisa.

Juno lo miró, sus manos temblando ligeramente.

—Quería preguntarte algo más, pero... —dijo, deteniéndose de repente.

Elias, notando que se quedaba atrás, se giró hacia ella, algo confundido.

—¿Qué pasa, Juno? —preguntó, inclinando ligeramente la cabeza mientras la observaba.

Juno estaba visiblemente nerviosa, jugando con sus manos mientras miraba de reojo a Elias. Finalmente, después de varios segundos de vacilación, habló con un tono bajo y vacilante.

—Bueno, es que… es un poco vergonzoso, pero quería… —Hizo una pausa, tratando de reunir valor—. ¿Podrías… acariciarme la cabeza? —dijo Juno, sonrojada, mirando al suelo.

Elias se quedó en silencio, claramente sorprendido por la petición. Juno, sintiendo el peso del silencio, reaccionó rápidamente, hablando apresurada y nerviosamente.

—¡No es lo que crees! ¡Es solo…! ¿Recuerdas lo que dijiste en el club? Que podía hablar con ustedes dos sobre cualquier cosa… ¡Es que aún tengo un poco de miedo por lo que sucedió y…! —Su voz temblaba mientras intentaba justificar su petición.

Elias, viendo lo alterada que estaba, colocó suavemente una mano sobre su cabeza y sonrió.

—Tranquila, estás muy nerviosa —dijo con tono cálido y relajado.

Juno dejó de hablar inmediatamente al sentir la mano de Elias sobre su cabeza. Lo miró, avergonzada, mientras su cola comenzaba a moverse de forma involuntaria. Elias continuó con una sonrisa tranquila.

—Si querías que lo hiciera, solo dímelo. No necesitas avergonzarte, no hay problema —dijo mientras deslizaba su mano sobre el pelaje suave de su cabeza y acariciaba sus orejas con cuidado.

Juno bajó la cabeza, sonrojada y temblorosa.

—S-s-sí —respondió, sintiendo cómo su corazón latía con fuerza. La calidez de las caricias la tranquilizaba, pero al mismo tiempo, la hacía sentir más consciente de su cercanía. Después de unos momentos, alzó la vista tímidamente hacia Elias.

—Ah… Elias, ¿te puedo pedir algo más? —preguntó Juno, intentando sonar menos nerviosa.

Elias la miró curioso, sin dejar de acariciar su cabeza.

—Claro, ¿qué es? —respondió con tranquilidad.

Juno lo miró durante unos segundos, su rostro cada vez más rojo, antes de susurrar en voz baja, casi inaudible:

—Po-po-podría… ¿abrazarte?

Elias captó sus palabras y, aunque sorprendido por la petición, asintió con una sonrisa amable.

—Sí, claro.

Antes de que pudiera decir algo más, sintió cómo Juno lo abrazaba suavemente. Él también se sonrojó un poco, pero correspondió al gesto con cuidado. Observó cómo ella cerraba los ojos, mientras su cola se movía de forma alegre.

—¿Ya te sientes más tranquila? —preguntó Elias con suavidad.

—Sí… me siento más tranquila —respondió Juno, apretando ligeramente el abrazo. Elias notó cómo su fuerza aumentaba sutilmente.

"Quién lo diría, pero para ser una chica lobo sigue siendo muy fuerte. Incluso un poco más que yo," pensó Elias, sintiendo el calor del momento.

Por otro lado, Juno intentaba comprender sus propios sentimientos. "Ahhh, quiero quedarme así un rato más… ¿Por qué me siento así con él? A pesar de ser de especies diferentes, él me hace… ¡No, ¿qué estoy pensando?!", reflexionó, disfrutando del abrazo, pero confundida por la mezcla de emociones.

Sin embargo, otra sensación la inquietaba. Abrió los ojos lentamente y miró a Elias, su rostro completamente sonrojado. "Pero hay algo que no puedo sacar de mi mente… Cada vez que estoy con él, siento ganas de depredarlo. Sé que está mal… ¿Qué me pasa?"

Elias, sin notar su conflicto interno, le sonrió.

—¿Ya estás mejor? —preguntó con calma, sacándola de sus pensamientos.

—Uh… sí, gracias, Elias —respondió Juno, soltándolo lentamente y sonriendo tímidamente.

Elias también se apartó con una sonrisa.

—De nada. Lo importante es que te sientas mejor —dijo con sinceridad.

Mientras tanto, Gouhin y Sakane observaban la interacción desde cierta distancia.

—Interesante… Esos dos parecen llevarse muy bien —comentó Gouhin con curiosidad.

Sakane, igualmente intrigada, añadió.

—Qué curioso. Las reacciones de cada uno son distintas. Me pregunto si será algo en sus manos o en ellos mismos… Quisiera poder estudiar más a los humanos.

Gouhin la miró pensativo.

—Tal vez podríamos pedirle al embajador que nos dé un poco de información de sus libros de biología —sugirió tranquilamente.

Sakane se volteó hacia él con emoción.

—Eso sería interesante… aunque, sus libros están en su idioma. No creo que podamos entenderlos —dijo, recordando la barrera lingüística.

—Ah, cierto… Mmmh… Ya veremos qué podemos hacer —respondió Gouhin, reflexionando sobre una solución.

Mientras ellos discutían, Hughes alzó la voz para llamar a todos.

—¡Hey! ¡Es hora de irnos! —anunció, haciendo que María, Jack, Legoshi y Haru comenzaran a caminar hacia el grupo.

Gouhin y Sakane se levantaron de la banca, uniéndose al grupo. Juno y Elias también se acercaron, seguidos por Mei y Geruft, quienes caminaban al mismo ritmo. Una vez reunidos, Hughes decidió que era momento de partir.

—Bien, es hora de irnos —anunció Hughes con calma.

Collot levantó la mano antes de que el grupo pudiera continuar.

—¿Puedo tomar una foto con mi teléfono? Es para el recuerdo —preguntó con entusiasmo.

Hughes lo miró, y antes de que pudiera responder, Miguno sacó su celular.

—Sí, yo también quiero tomar una —añadió, compartiendo la emoción de su compañero.

Sin embargo, la expresión de Hughes se tornó seria.

—No quiero desanimarlos, chicos, pero me temo que no pueden tomar fotos de la ciudad. Y no es porque yo no quiera —aclaró con firmeza—. Es por cuestiones de seguridad. Tuvimos cierto incidente que nos llevó a prohibir el uso de cámaras para uso civil. Espero que lo comprendan.

El grupo, aunque decepcionado, asintió. Los rumores que habían escuchado sobre la isla les ayudaron a entender la precaución.

—Pero no se desanimen. Cuando lleguemos a nuestro destino original, podrán tomar todas las fotos que quieran —añadió Hughes con una sonrisa para aligerar el ambiente.

Todos asintieron con más entusiasmo. Hughes giró para avanzar, pero se detuvo repentinamente, como si recordara algo importante.

—Ah, casi lo olvido. Embajadora, director, me temo que tampoco podrán realizar llamadas con sus dispositivos —comentó de manera tranquila.

El grupo lo miró incrédulo.

—¿¡Espere, embajador!? ¿Está diciendo que no podemos tampoco llamar a casa? —preguntó Else, visiblemente nerviosa.

Los demás compartían su inquietud. Hughes la miró con calma.

—No, embajadora. No es que no puedan usar sus teléfonos para llamar, es que la isla aún no tiene ese tipo de comunicaciones. Solo contamos con radios y teléfonos de cable —explicó Hughes.

La alarma se extendió entre ellos. Algunos sacaron sus celulares, verificando las pantallas y confirmando la falta total de señal.

—¡Entonces no hay antenas de comunicaciones inalámbricas aquí! —exclamó Else, un poco alterada.

Hughes, al notar la tensión, levantó una mano en señal de calma.

—Tranquila, embajadora. Si desea comunicarse a casa, siempre puede pedírselo a alguno de nosotros —señaló a Geruft y Mei—. Puede confiar en nosotros. Si ocurre algo o una emergencia, nos aseguraremos de llevarlos a su hogar rápidamente.

Else lo miró fijamente durante unos segundos. Aunque seguía algo inquieta, las palabras y la actitud segura de Hughes lograron calmarla.

—Está bien, gracias por aclararlo —respondió finalmente, esforzándose por mantener la compostura.

Hughes asintió con una leve sonrisa.

—Además, quiero que sepa que tenemos planes para mejorar las comunicaciones en la isla. Vamos a instalar un sistema más eficiente, empezando por aquí y luego en la ciudad hogar de Elias y María. También se están planeando rutas comerciales y una embajada de su nación para facilitar el contacto entre ambas partes. Por ahora, puede estar tranquila. Le doy mi palabra de que nada les pasará, y si lo desean, los evacuaremos en caso de cualquier inconveniente.

Else, al igual que los demás, percibió la sinceridad en sus palabras. Aunque la preocupación seguía latente, decidió confiar en él.

—Está bien, embajador. Gracias por su compromiso —dijo Else, un poco más tranquila.

Hughes sonrió, satisfecho de haber disipado las dudas.

—Bien, continuemos nuestra visita —dijo con energía.

El grupo comenzó a seguirlo, descendiendo del mirador. Mientras bajaban, sentían las miradas curiosas de las personas a su alrededor, pero optaron por ignorarlas. Llegaron al tranvía que los llevaría de regreso. En la parada no había nadie, salvo el conductor, quien se sobresaltó al verlos. Hughes lo calmó rápidamente con un gesto tranquilo, y todos subieron al tranvía.

El vehículo atravesó la ciudad, dejando atrás la tranquilidad del mirador, hasta detenerse junto a la academia. Uno por uno, descendieron del tranvía. Hughes fue el último en bajar, agradeciendo al conductor antes de unirse al grupo.

—Bien, síganme —indicó Hughes, caminando con paso decidido hacia la entrada de la academia. Else y Gon caminaban a su lado, intercambiando miradas curiosas con el resto del grupo.

Antes de cruzar el portón principal, Hughes se volvió hacia ellos.

—Traten de mantenerse tranquilos —añadió, con un tono que era a la vez una advertencia y una sugerencia.

Pasaron el portón principal, encontrándose con un camino pavimentado de ladrillos en patrón. A ambos lados, arbustos florales y árboles perfectamente podados decoraban el sendero. El ambiente tenía un aire refinado que contrastaba con su academia que conocían. A medida que avanzaban, comenzaron a distinguir edificios de ladrillo rojo con techos blancos y ventanales amplios, de un estilo moderno y elegante que les resultaba impresionante.

En el centro de la entrada principal se alzaba una estatua de granito blanco de un hombre con traje y lentes. Debajo, una placa de bronce llevaba inscrito un nombre que Hughes no tardó en mencionar.

—Él es el fundador de la escuela, Nicolás Gildemeister. Este lugar lleva su nombre en su honor —explicó Hughes, atrayendo la atención del grupo.

Todos miraban la estatua y el entorno con asombro. Gon, intrigado, se acercó a Hughes.

—Embajador, ¿puedo hacerle una pregunta? ¿Sus estudiantes también tienen vacaciones? —preguntó Gon con curiosidad.

Hughes asintió levemente antes de responder.

—Sí, los más pequeños tienen vacaciones regulares. Sin embargo, los de preparatoria y universidad suelen quedarse en sus dormitorios o regresar a casa si viven cerca. Aunque, por supuesto, hay excepciones. Aquí asisten los hijos de ministros importantes y grandes empresarios. Ellos suelen volver a sus ciudades con sus familias.

La respuesta dejó a Gon y a los demás aún más impresionados.

—Vamos, continuemos —dijo Hughes tranquilamente, liderando al grupo hacia el edificio principal.

Pasaron junto a la estatua, subiendo unos pequeños escalones que conducían a una puerta doble de madera decorada con diseños geométricos. Hughes empujó las puertas, dejando al descubierto un vestíbulo amplio y luminoso.

El suelo estaba cubierto de baldosas grisáceas claras, y las paredes, en tonos café tenue, estaban adornadas con columnas decoradas con plantas. Al fondo, junto a las ventanas, había mesas de madera con sillas y sillones que invitaban al descanso. El espacio tenía un nivel de detalle que dejó a Else, Gon y los demás asombrados.

—Es impresionante… —murmuró Else, sin poder ocultar su sorpresa.

Hughes sonrió al notar sus reacciones.

—Esta es solo la entrada. Vamos —dijo Hughes con tranquilidad.

Nadie podía creerlo. Else y Gon lo miraban con incredulidad, incapaces de procesar completamente lo que estaban viendo.

—Bien, sigamos —añadió Hughes, esbozando una leve sonrisa mientras avanzaba hacia la escalera que conducía al segundo piso.

Subieron las escaleras en silencio. Al llegar al siguiente nivel, se encontraron con un pasillo frente a ellos y otros dos que se extendían hacia los lados. Hughes avanzó por el pasillo central, y todos lo siguieron. El pasillo estaba flanqueado por arcos que cruzaban sobre sus cabezas, sostenidos por columnas que dividían los salones. Las paredes estaban decoradas con paneles de madera tallados en patrones geométricos hasta la mitad de su altura, mientras que las columnas permanecían lisas y robustas.

Las puertas de los salones, también de madera, tenían pequeños letreros con nombres escritos en un idioma que ellos no podían entender. A lo largo del pasillo, bancas acolchonadas estaban dispuestas de vez en cuando para el descanso de los estudiantes. Gon y Else observaban todo con asombro.

"Incluso en mi academia no se ve algo así... Los humanos son realmente detallistas. ¿Quién diría que podrían alcanzar este nivel?" pensó Gon, todavía incrédulo.

Siguieron caminando hasta llegar al final del pasillo. A través de los ventanales, pudieron ver un patio mediano rodeado por los edificios de la academia. El suelo del patio estaba cubierto de baldosas de piedra dispuestas en patrones intrincados, con una fuente en el centro rodeada de bancas, árboles bien cuidados y flores.

Todos se detuvieron por un momento, impresionados por la escena. Hughes los observó por un instante antes de continuar.

—Estamos en el área donde toman clases los más pequeños. Ahora iremos con el director; quiero que lo conozcan —informó Hughes mientras giraba por la esquina del pasillo.

Continuaron caminando por un pasillo iluminado por ventanas que ofrecían vistas al exterior. Por el camino, pudieron ver senderos pavimentados en patrones similares a los del patio, rodeados de arbustos y árboles bien podados. Pero lo que más llamó su atención fue la cantidad de estudiantes. Algunos paseaban, otros cargaban libros mientras conversaban animadamente.

Los uniformes de los estudiantes eran los mismos que los que habían visto en el tranvía. Gon observaba el número de jóvenes con detenimiento, igual que Else.

—Señor embajador, ¿cuántos estudiantes asisten a este lugar? —preguntó Gon, intrigado por la capacidad de la academia.

Else y los demás escuchaban atentamente.

—Si no recuerdo mal, su capacidad actual es de unos 3,000 estudiantes —respondió Hughes con tranquilidad mientras seguía avanzando.

Gon lo miró con interés.

—Es parecido a la capacidad de nuestra academia —comentó Gon, asintiendo ligeramente.

—Pero se tiene pensado incrementar la capacidad para el próximo año, ya que hay muchos que desean estudiar aquí y simplemente no damos abasto —añadió Hughes con una sonrisa.

La incredulidad en las caras de Gon y Else era evidente, mientras que los demás seguían escuchando impresionados.

Cruzaron un pasillo que conectaba con otro edificio y descendieron por unas escaleras hasta una sala de estar. Había mesas, sillas y sillones distribuidos estratégicamente, además de estanterías repletas de libros en las paredes. Algunos estudiantes estaban sentados leyendo o conversando, pero se giraron al escuchar los múltiples pasos de los recién llegados.

La atención de los estudiantes se centró primero en Hughes en su uniforme, y luego en Else y Gon. La presencia de las bestias causó una reacción inmediata, algunos estudiantes, asustados, se levantaron y salieron corriendo, mientras otros se quedaron mirando con curiosidad desde sus asientos.

—"Tranquilos, vamos con el director" —dijo Hughes hablando en el idioma humano, tratando de sonar lo más calmado posible para no causar más revuelo.

Continuó avanzando, seguido de los demás, que no podían evitar sentirse nerviosos ante las miradas persistentes de los estudiantes. Hughes abrió una puerta doble, y al salir, todos quedaron boquiabiertos.

El campus se extendía ante ellos, revelando su magnificencia. Los caminos pavimentados estaban iluminados por lámparas que decoraban los senderos, con bancos de madera bajo árboles frondosos y mesas dispersas en áreas estratégicas. Un enorme árbol ocupaba el centro del campus dejando ver que era viejo, mientras flores cuidadosamente cultivadas adornaban los alrededores. Más edificios se alzaban al fondo, completando el panorama.

Else observó el lugar con los ojos muy abiertos y murmuró casi en un susurro.

—Increíble... ¿Todo esto lo construyeron ustedes?

Hughes simplemente sonrió, satisfecho con la reacción.

Mientras avanzaban por el campus, no podían evitar quedar asombrados por la grandeza del lugar. Los espacios amplios, edificios imponentes y una atmósfera vibrante que hablaba de años de historia. La mayoría estaba tan absorta en lo que veían que ni siquiera notaron las miradas que recibían de los estudiantes humanos, algunos con evidente curiosidad y otros con un toque de temor.

—Esta es el área principal del campus. La oficina del director se encuentra en aquel edificio al fondo. Vamos, síganme —indicó Hughes con voz tranquila, señalando un majestuoso edificio en el horizonte.

Todos asintieron, aún impresionados por la magnitud del lugar. Hughes retomó la marcha, mientras los demás lo seguían sin apartar los ojos del entorno.

—Increíble, este lugar es mucho más grande que nuestra academia —comentó Miguno, sin poder ocultar su asombro.

—Sí, nunca pensé que los humanos tuvieran escuelas así —respondió Durham, girando la cabeza para no perderse ni un detalle.

Desde el hombro de Collot, Voss observaba también, pero pronto notó algo que lo inquietó: la presencia de estudiantes humanos observándolos desde todas direcciones.

—Oigan... creo que estamos rodeados —dijo Voss, nervioso.

Los demás empezaron a notar lo mismo. Miradas provenientes de todas partes del campus seguían cada uno de sus movimientos. Algunos estudiantes incluso parecían estar caminando tras ellos, manteniendo cierta distancia.

—Sí... no me había dado cuenta, pero creo que nos están siguiendo —comentó Collot, con evidente incomodidad.

Detrás de ellos, Geruft y Mei caminaban en silencio, vigilando cualquier movimiento extraño. Mientras tanto, Legoshi caminaba junto a Haru, quien parecía completamente absorta en su propio mundo, maravillada por el lugar.

—¡Este lugar es increíble! —exclamó Haru con entusiasmo, sin darse cuenta de las miradas a su alrededor.

Legoshi, en cambio, no podía ignorarlas. Sentía un escalofrío al notar los ojos fijos en él, especialmente porque parecía atraer más atención que los demás.

"Parece que los humanos son muy curiosos... Sus miradas no se apartan de nosotros. Me pregunto si nos tendrán miedo. Aunque, por la forma en que nos siguen, no parece que sea eso... Tal vez solo están intrigados. También su academia es única... ¿Tendrán clubes como en nuestra escuela?" pensaba Legoshi, mientras su mirada se desviaba hacia sus compañeros.

Jack y María caminaban al frente, con Bill, Juno, Elias, Aoba y Tao justo detrás. Tao parecía visiblemente nervioso, mientras que Aoba evitaba mirar directamente a los humanos. Legoshi no podía evitar preocuparse por ellos, aunque su mente también divagaba hacia Louis, recordando su última interacción.

"Espero que Louis esté bien... Desde que lo golpeé no lo he vuelto a ver. Me disculparé con él cuando tenga oportunidad..."

Sumido en sus pensamientos, Legoshi no se dio cuenta de que habían llegado al destino hasta que chocó contra Collot.

—¡Ah, lo siento! No estaba poniendo atención —dijo Legoshi, inclinando la cabeza en disculpa.

—No hay problema... pero hay alguien parado frente a nosotros —respondió Collot, girando levemente para mirar al frente.

Legoshi levantó la vista y vio a una chica de una estatura normal que los observaba con intensidad. Era una joven de cabello pelirrojo largo, casi rizado, que caía en cascadas hasta su cintura. Su piel era tan pálida que parecía un espectro, y sus ojos verdes vibrantes tenían un brillo que dejaba a todos sin palabras. Su ceño ligeramente fruncido añadía una pizca de severidad a su presencia.

Llevaba un uniforme similar al de los demás estudiantes, pero con diferencias notables. Una capa negra, abrochada al uniforme, le caía hasta las rodillas, con un interior rojo vino y un exterior negro que indicaba su estatus de grado superior. Su porte era autoritario y seguro. Con paso firme, se acercó a Hughes, quien se detuvo al verla.

El grupo quedó en completo silencio, todos impresionados por la aparición de aquella figura que parecía exigir respeto sin necesidad de palabras.

—(Ministro Hughes, ¿por qué trajo bestias al campus?) —demandó Rose en el idioma humano, incomprensible para los demás. Cruzó los brazos, apoyando las manos en su cintura, mientras miraba fijamente al ministro con seriedad.

Hughes, sin perder la calma, sonrió.

—(Hola, Rose. ¿Cómo has estado?) —preguntó tranquilamente, evitando contestar.

—(Bien, pero no trate de evadir mi pregunta, ministro. Mi padre no se tomará esto muy bien si le digo que usted trajo un par de bestias a nuestra nación) —contestó Rose, sonriendo con suficiencia. Su tono condescendiente no pasó desapercibido para los demás.

Hughes no perdió su sonrisa.

—(Mhhh, tu padre ya lo sabe) Se les avisó con tiempo que vendrían y hasta firmó el documento junto con los demás ministros.

La expresión de Rose cambió al instante.

—(¿¡Qué!? ¿¡Cómo es que mi padre accedió a esto!?) —exclamó, visiblemente sorprendida. Sin embargo, rápidamente intentó recuperar la compostura—. (Bien, si él lo firmó, entonces no hay problema. Pero… ¿qué hacen aquí esas bestias?) —añadió, recuperando su aire de superioridad mientras dirigía su mirada hacia los recién llegados.

Hughes permanecía tranquilo.

—(Solo estoy mostrándoles la academia. Vienen de vacaciones para visitar el hogar de sus amigos.) Estamos de paso —respondió.

Rose se acercó a ellos, observándolos de cerca. Su mirada inquietante se posó primero en Else, que se sentía incómoda y nerviosa, y luego en Gon. La intensa mirada de Gon no pasó desapercibida para ella. Finalmente, sus ojos se detuvieron en Bill, quien también la observaba, un tanto inquieto.

—(¿Se refiere a los dos hermanos enviados de esa ciudad?) —preguntó Rose sin dejar de mirarlos, lo que aumentó la incomodidad en el grupo.

—(Sí. ¿Cómo lo sabes?) —inquirió Hughes, intrigado.

—(Mi padre lo mencionó durante una comida que tuvimos) —respondió Rose con aparente calma. Se giró de nuevo hacia los demás, manteniendo su porte altivo.

—¿Cómo se llaman ustedes? —preguntó, esta vez en el idioma que ellos entendían, con un ligero acento humano que sorprendió al grupo.

La situación dejó a todos perplejos, especialmente por el cambio en su tono. Hughes intervino, aunque con un dejo de reproche.

—Creí que tenías modales —dijo con calma.

Rose lo miró de reojo, frunciendo el ceño antes de volverse hacia los demás y hacer una inclinación ligera formal.

—Hola, lamento no haberme presentado adecuadamente. Me llamo Roselyne Beauvilliers, tercera hija del armero Beauvilliers protector de esta nación. Es un gusto conocerlos —dijo con cortesía.

A pesar de su tono educado, su actitud seguía mostrando un aire de superioridad. Tras levantarse, señaló a Gon y Bill con el dedo, cambiando nuevamente a un tono exigente.

—¿¡Ahora díganme sus nombres!? —exigió, sonriendo.

Bill y Gon intercambiaron miradas nerviosas, sorprendidos por su comportamiento. Bill, sorprendido, fue el primero en hablar, aunque visiblemente nervioso.

—Y-yo soy Bill —dijo, intentando mantener la calma.

Rose sonrió, pero antes de que pudiera decir algo, Gon se adelantó, manteniendo su compostura.

—Puedes llamarme Gon. Soy el director de la Academia Cherryton. Es un gusto conocerla, señorita Roselyne —respondió, extendiendo su mano para un saludo.

Rose lo miró por unos segundos, lo que incrementó los nervios de Gon, pero finalmente le estrechó la mano. Luego, hizo lo mismo con Bill, quien también le dio la mano algo titubeante. Sin embargo, Rose lo sorprendió al sujetarlo con firmeza y tirarlo ligeramente hacia ella.

—¡Espera, ¿qué haces?! —exclamó Bill, sorprendido.

—Espera, solo quiero ver algo... Tu patrón de rayas es distinto al de él —comentó Rose, mirando fijamente los brazos de Bill.

"¿¡Qué le pasa a esta humana?! ¡Está loca!" pensó Bill, nervioso, mientras ella lo examinaba con descarada curiosidad.

—¿Eres un tigre siberiano, no? —preguntó Rose, confundida.

—No, soy un tigre de Bengala —respondió Bill con seriedad.

La respuesta pareció intrigar aún más a Rose. Sujetándolo con más firmeza, comenzó a bombardearlo con preguntas.

—¡Dices que eres de una especie diferente! ¿¡Cuántas rayas tienes!? ¿¡Cómo son tus colmillos!? ¿¡En qué eres diferente a él!? —sus preguntas llovían sin cesar, dejando a Bill abrumado.

Justo cuando parecía que la situación se desbordaría, una voz femenina, firme y autoritaria, resonó en el campus.

—(¡Señorita Roselyne!)

El tono de la voz hizo que Rose se quedara petrificada, con una expresión de terror. Todos giraron hacia la dirección de dónde provenía, viendo a una mujer mayor. Llevaba una falda azul marino, medias negras y un chaleco abotonado del mismo color que la falda, sobre una camisa blanca. Su cabello corto, de un tono oscuro dorado, resaltaba bajo la luz. Los lentes redondos que llevaba ocultaban parcialmente la severidad de su mirada, pero el aura de autoridad que emanaba era inconfundible.

Else, Gon y los demás observaron a la mujer acercarse con un paso firme. La tensión era tangible, y Rose no se movía, inmóvil bajo aquella mirada que parecía atravesarla.

El sonido de los tacones resonaba con fuerza contra el suelo pavimentado, atrayendo la atención de todos hacia la figura que avanzaba con una imponente presencia. Rose, inmóvil en su lugar, parecía congelada por el terror, su rostro lo reflejaba claramente. Solo reaccionó cuando escuchó aquella voz detrás de ella. Temblando, se giró lentamente para encontrarse con la mirada severa de la mujer que ya la observaba con los brazos cruzados, esperando una explicación.

—¿Se puede saber por qué no estás en tus clases de recuperación de materia? —preguntó la señora con un tono severo.

Rose permaneció en silencio, incapaz de responder. Gon y los demás se dieron cuenta de que la mujer no estaba hablando en el idioma humano. Cuando ella desvió su mirada hacia ellos, notaron sus ojos marrones brillando con una intensidad que los hizo estremecer. Su mirada se detuvo en Hughes, quien parecía encogerse bajo su escrutinio.

—Ministro Hughes, debí imaginarlo. ¿Se puede saber qué hace aquí sin una invitación previa? —preguntó, manteniendo el mismo tono autoritario.

—Hola, prefecta Ellenor. Cuánto tiempo sin verla —respondió Hughes con un intento de animosidad que no ocultaba su nerviosismo.

Else lo observaba con incredulidad. Era la primera vez que lo veía tan incómodo. Ellenor ajustó sus gafas mientras clavaba la mirada en Hughes, quien empezaba a sudar visiblemente.

—Veo que aún no aprende la lección, ¿verdad, Ministro Hughes? O debería llamarlo señorito Tyler. Parece que tendré que educarlo nuevamente —dijo Ellenor, su tono firme y amenazante, mientras Hughes retrocedía ligeramente.

—¡No, no, prefecta Ellenor! Lo siento si no envié una notificación o algo por el estilo, pero solo quería mostrarles la academia a nuestros invitados, ya que no estaremos mucho tiempo en esta ciudad —respondió Hughes, con un tono claramente nervioso que sorprendió a Else y a los demás.

—Ya veo. Pero la próxima vez, mande un informe avisándonos, ¿entendido? —dijo Ellenor, más como una orden que como una petición.

Con esa declaración, su atención se desplazó hacia Gon, Else y los demás, pero sus ojos finalmente se centraron en Elias y María, quienes sintieron la fuerza de su mirada. Jack, al notar la dirección de su mirada, quiso correr al instante, sobre todo al darse cuenta de que María lo estaba tomando del brazo con firmeza. Ellenor se acercó a ellos con pasos decididos.

—Así que ustedes son los estudiantes elegidos para estudiar en la Nación de las Bestias —dijo Ellenor, su mirada seria como el acero.

Elias y María sintieron que la sangre se les congelaba. Jack, por su parte, estaba paralizado por la presión de su presencia.

—S-s-sí —respondieron Elias y María al unísono, intentando esbozar una sonrisa forzada.

Ellenor desvió la mirada hacia Jack, evaluándolo con detenimiento.

—¿Quién eres tú y por qué la tomas de su mano y brazo con tanta firmeza? —preguntó Ellenor, con un tono que hacía evidente que no aceptaría evasivas.

Un escalofrío recorrió el cuerpo de Jack, y su mente se llenó de pánico. "¡¿Qué le digo ahora?! Esta señora da miedo..." pensó desesperado.

—Contesta mi pregunta, niño —insistió Ellenor, su tono más frío, presionándolo aún más.

—M-mm-m… Me llamo Jack… —respondió, pero su voz tembló y se quedó a medio camino. Al notar la creciente impaciencia de Ellenor, "le diré que solo somos amigos no sé si reaccionara como aquel tipo del comedor" pensó Jack con precaución, agregó con un tono más nervioso —S-s-s-soy su amigo.

El ambiente se quedó en silencio por un momento. Ellenor no pareció cambiar su semblante, simplemente dirigió su atención a María tambien.

—Bien. Pero solo les pediré que no se tomen de esa manera. Puedes tomarse de la mano, pero no del brazo. Eso está prohibido dentro del campus —dijo Ellenor, con la misma autoridad.

María reaccionó de inmediato, soltando el brazo de Jack para tomarlo de la mano en su lugar. Ellenor, satisfecha, giró su atención nuevamente hacia Hughes, quien seguía intentando mantener la compostura bajo su mirada.

—Bien, ministro Hughes, ¿a dónde se dirigían? —preguntó Ellenor, con una mirada penetrante que parecía atravesarlo. Hughes tragó saliva, visiblemente nervioso mientras intentaba mantener la compostura.

—V-vamos con el director… —respondió, tratando de sonar firme, pero su voz tembló ligeramente— Ah, casi lo olvido, déjenme presentarle a nuestros visitantes.

Con una sonrisa tensa, Hughes se acercó a Else y Gon, quienes se veían inquietos.

—Ella es la embajadora Else, y él es el director Gon, de la escuela donde asisten nuestros estudiantes —dijo, señalándolos.

Else reaccionó rápidamente, extendiendo la mano para saludar, aunque con algo de nerviosismo. Ellenor tomó su mano con firmeza, sin vacilar, y después saludó a Gon de la misma manera, quien, a pesar de su tamaño y presencia, parecía ligeramente intimidado. Ellenor se acomodó los lentes y dirigió su atención hacia ellos.

—Es un gusto conocerlos, en especial a usted, director Gon. Sé que dirige la academia Cherryton, y espero mucho del comportamiento de sus estudiantes —dijo Ellenor con una mirada seria que hizo que Legoshi y los demás estudiantes se sintieran pequeños e inmóviles bajo su escrutinio.

Luego, giró hacia Hughes con una expresión tranquila, aunque firme.

—Bien, Ministro Hughes, el director está en su oficina. Estoy segura de que lo estará esperando, ya que todos nos enteramos de su llegada. Los rumores vuelan rápido —comentó Ellenor con serenidad.

Mientras hablaba, Rose intentaba escabullirse sigilosamente. Sin embargo, Ellenor la atrapó por la parte trasera del cuello de su camisa con un movimiento rápido y calculado. Rose se tensó al sentir el tirón, girando lentamente la cabeza con expresión asustada.

Ellenor la vio de reojo —Tú vienes conmigo —sentenció ella, arrastrándola mientras Rose gritaba desesperada.

—¡No, suéltame…! ¡No quiero ir…! —Los gritos de Rose resonaban en el campus mientras se alejaban, hasta que se desvanecieron.

Hughes y los demás observaron la escena con nerviosismo.

—¿Estará bien? —preguntó Else, mirando hacia donde Ellenor había desaparecido con Rose.

—Supongo que sí… —respondió Gon, aunque no sonaba del todo seguro.

Ambos volvieron sus miradas hacia Hughes, que aún sudaba nervioso. Recuperando un poco la compostura, intentó tranquilizarlos.

—La prefecta Ellenor puede ser muy estricta a veces, pero estará bien —aseguró Hughes, aunque parecía más convencido de calmarse a sí mismo que a los demás.

—¿Usted la conoce, embajador? —preguntó Else, intrigada por la reacción del ministro.

—Sí, de hecho, yo estudié aquí y la conocí cuando era más joven. Ella puede ser tu peor enemiga si no cumples con tus deberes o rompes alguna regla —confesó Hughes, recordando con una mezcla de temor y nostalgia.

Else y Gon lo miraron incrédulos, preguntándose cómo alguien podía sobrevivir a una figura tan intimidante.

—Ya no recuerdo la última vez que me puse tan nervioso pensando en un castigo… —murmuró Hughes, hablando para sí mismo mientras intentaba calmar su respiración.

Después de un breve silencio, Hughes se giró hacia sus acompañantes.

—Bueno, continuemos nuestro camino —dijo con determinación renovada.

Else y Gon asintieron, sin agregar más comentarios. Siguieron al ministro a través del campus, hasta llegar a un edificio imponente. La entrada, adornada con múltiples arcos y columnas, tenía un aire clásico que imponía respeto. Las puertas de madera al fondo destacaban por su robustez y diseño.

Al cruzar las puertas, fueron recibidos por un vestíbulo pequeño pero elegante. El suelo de madera brillaba bajo la luz natural que entraba por las ventanas. En las paredes colgaban cuadros y fotografías antiguas, algunas en blanco y negro, otras en sepia. Las vitrinas mostraban trofeos, medallas y recuerdos de la escuela. Else y Gon no podían evitar mirar alrededor con asombro y curiosidad, intrigados por la historia y el carácter del lugar.

Legoshi y los demás, no pudieron evitar sentir asombro al observar cada detalle del lugar. Las vitrinas llenas de trofeos y medallas llamaban su atención, pero Hughes no permitió que se detuvieran mucho tiempo.

—Vamos, síganme. Es por aquí —dijo Hughes con tranquilidad, guiándolos por un largo pasillo.

El grupo pasó frente a varias puertas que parecían llevar a distintas salas, hasta llegar a una escalera. Subieron hasta el tercer piso, donde se encontraron con un amplio espacio lleno de escritorios separados, cada uno con su archivador correspondiente. Las paredes estaban flanqueadas por puertas que probablemente conducían a más oficinas o salas.

En el lugar, varias personas, posiblemente profesores o personal administrativo, trabajaban en silencio. Algunos miraron al grupo con nerviosismo, mientras que otros mantenían expresiones neutrales. Hughes los saludó con un gesto de la mano, y la mayoría volvió a concentrarse en sus tareas. Más adelante, una puerta doble de madera con intrincados patrones tallados destacaba del resto. Hughes se detuvo frente a ella y tocó con calma.

—Adelante —respondió una voz desde el interior. Era grave, tranquila, y ligeramente áspera, indicando cierta edad.

Hughes abrió la puerta y entró, seguido por el grupo. Else, Gon y los demás observaron con atención el despacho al que habían llegado.

La oficina era amplia, con varias ventanas cuyas cortinas estaban perfectamente acomodadas, dejando pasar la luz del sol que iluminaba el lugar. En el centro había una mesa baja rodeada de dos grandes sillones de un rojo pálido, y el suelo estaba cubierto por una alfombra que parecía costosa. Al fondo, a la izquierda, se alzaban varios libreros llenos de libros, junto a otra mesa más pequeña con un sofá cerca. En la pared opuesta había retratos que aparentemente representaban a los antiguos directores de la institución.

Sin embargo, lo que más captó la atención del grupo fue la figura de un hombre de espaldas, acomodando algunos libros en uno de los estantes. Su cabello blanco, corto y perfectamente peinado, contrastaba con el traje negro que vestía. Desde su posición, no podían verle el rostro, pero todo en su postura y movimientos transmitía elegancia y autoridad. Su escritorio, también decorado con detalles refinados, tenía una silla imponente, y en la pared detrás de él colgaba un retrato de la misma estatua que habían visto en la entrada de la escuela.

Cuando Geruft y Mei cerraron las puertas, el hombre habló, todavía de espaldas.

—Veo que sigue divirtiéndose, joven Tyler. ¿Cuánto tiempo ha pasado desde la última vez que lo vi? —preguntó con una voz tranquila pero llena de presencia.

Hughes sonrió nerviosamente, rascándose la cara con el dedo indice.

—Oh, vamos, director Léonard. Ya no soy tan joven como entonces. Solo estoy de paso y quise venir a saludarlo, además de presentarle a nuestros invitados.

El director Léonard dejó escapar un ligero suspiro mientras colocaba el último libro en su lugar.

—Agradezco el detalle, joven Tyler, pero parece que su falta de previsión no ha cambiado con los años, como quedó claro cuando la prefecta Ellenor le llamó la atención hace un momento.

La mención hizo que Hughes se pusiera rígido, recordando el llamado de atención.

—Ah... sí, bueno... lo siento por no avisar antes, pero no estaremos mucho tiempo en esta ciudad. Probablemente partiremos en unas horas —respondió Hughes, intentando sonar relajado pero con un claro tono nervioso.

Finalmente, Léonard se giró hacia ellos, permitiendo que todos vieran su rostro viejo. Su cabello blanco combinaba con su barba de candado, perfectamente recortada y conectada a las patillas. Llevaba unos elegantes lentes de montura delgada y su porte exudaba sofisticación. El traje negro, combinado con una camisa blanca y una corbata cuidadosamente ajustada, completaba su imagen de autoridad. Era más alto que Hughes y caminó hacia ellos con las manos detrás de la espalda, con pasos medidos y seguros.

Su semblante serio y elegante era intimidante, y el grupo sintió una ligera presión en su presencia, especialmente Gon, quien se esforzaba por mantener la compostura.

—Así que esa es la razón de su visita, joven Tyler lo entiendo —dijo Léonard con voz tranquila pero firme, su mirada evaluando al grupo con detenimiento mientras se acercaba.

La tensión en la sala era palpable mientras Leónard observaba detenidamente a Else, Gon y los demás. Sus ojos parecían atravesar a cada uno, evaluándolos con una mirada tranquila pero cargada de autoridad. Finalmente, su atención volvió a dirigirse hacia Gon y Else.

—Así que usted es la embajadora de la Nación de las Bestias —dijo Leónard con un tono tranquilo, pero firme.

Else reaccionó rápidamente, extendiendo la mano para saludarlo.

—S-sí, soy Else. Es un gusto conocerlo —dijo, tratando de ocultar su nerviosismo.

Leónard estrechó su mano con elegancia y respondió con cordialidad:

—El gusto es mío, embajadora.

Acto seguido, Gon se adelantó para también ofrecerle la mano. Aunque era más grande y alto que Leónard, no pudo evitar sentir un ligero nerviosismo bajo su penetrante mirada. Leónard tomó su mano y le dio un apretón firme.

—Usted debe de ser el director de la academia Cherryton —comentó Leónard, sin apartar su mirada de Gon.

—Sí, es un gusto conocerlo, señor Leónard. Me llamo Gon. Su academia es impresionante —respondió Gon, intentando no sonar nervioso. Podía sentir cómo Leónard lo analizaba antes de soltar su mano.

—Es un gusto, señor Gon. Gracias por su comentario. Esta academia fue el sueño de uno de los hombres más grandes que jamás haya existido, una institución llena de prestigio, elegancia y valores. Me da gusto poder conocer a alguien que represente esos mismos ideales —respondió Leónard con tranquilidad, aunque sus palabras parecían medir cuidadosamente cada reacción de Gon.

—El gusto también es mío. No todos los días se puede conocer a alguien como usted —contestó Gon, esforzándose por sonar tranquilo.

Leónard esbozó una pequeña sonrisa.

—Me alegra que podamos entendernos, señor Gon. Veo en usted los mismos valores que compartimos aquí, a diferencia del joven Tayler, que apoya esa guerra de bárbaros sin educación —dijo Leónard, su tono tan tranquilo que hacía más punzante el comentario.

Todos los demás se tensaron ante esas palabras, girando sus miradas hacia Hughes, quien mantuvo una sonrisa estoica.

—Director Leónard, solo lo hago para salvaguardar la seguridad de nuestra nación —respondió Hughes con calma.

Leónard lo miró con serenidad antes de responder:

—Lo sé muy bien, joven Tayler, pero recuerde que el propósito de nuestra institución es formar personas de alto valor moral. No puedo apoyar una guerra sin sentido. No somos seres incivilizados, y me sorprende lo bajo que hemos caído como sociedad para llegar a matarnos por una simple discusión.

La tensión se intensificó en el ambiente, mientras Gon, Else y los demás observaban nerviosos. Hughes, sin perder la compostura, replicó.

—Lo sé, director, pero ya hemos intentado razonar con ellos en múltiples ocasiones. Parece que no cambiarán de opinión.

Leónard asintió ligeramente.

—Es bueno ver que, al menos, lo intentas. Después de todo, los valores que te inculcamos son mejores que los suyos —respondió, reconociendo el esfuerzo de Hughes.

Hughes sonrió levemente, pero Leónard no perdió el tiempo.

—Bueno, dejemos eso por ahora —dijo, volviéndose hacia María y Elias—. Ellos son los estudiantes que enviaste, Elias y María, ¿verdad? —preguntó, acercándose para observarlos más de cerca.

Hughes lo siguió.

—Sí, ellos son los que seleccionamos —respondió con tranquilidad.

María y Elias intercambiaron miradas nerviosas, pero cuando Elias iba a presentarse, Leónard levantó una mano para detenerlo.

—Tranquilo, joven Elias. No necesitas presentarte, ni tú ni tu hermana. Sé todo sobre ustedes, ya que fui uno de los consultados para autorizar su viaje de intercambio —dijo Leónard con una calma que dejó a los demás un poco sorprendidos.

Leónard observó a Elias con calma, su semblante relajado y seguro.

—¿Entonces ya sabe quiénes somos? —preguntó Elias, aún con cierto nerviosismo reflejado en su voz.

Leónard sonrió ligeramente antes de responder.

—Claro que sí. Leí sus expedientes. Ustedes dos tienen muy buenas calificaciones, son educados y, por lo que veo, también se llevan muy bien con sus nuevos compañeros —dijo, dirigiendo una mirada hacia Legoshi, Jack, Bill y los demás, que seguían atentos a la conversación —Por eso hay algo que quería decirle al embajador Hughes, pero ya que están aquí, será más fácil decírselo en persona.

Elias, María y los demás intercambiaron miradas intrigadas, mientras Leónard mantenía su tono tranquilo.

—¿Qué es, señor? —preguntó Elias, sin poder evitar la mezcla de curiosidad y nerviosismo. María también lo miraba con atención, reflejando el mismo interés.

Leónard sonrió apenas, aunque en sus ojos se reflejaba una seriedad que imponía respeto.

—Verán, dado que tú y tu hermana han estado realizando un servicio importante para su nación, he decidido que, al terminar sus estudios en la Nación de las Bestias, puedan ingresar a esta academia para cursar la universidad y graduarse con honores.

Las palabras de Leónard iluminaron los rostros de Elias y María, quienes no podían contener su emoción. Los demás miraban incrédulos ante la magnitud de la oportunidad que se les ofrecía. Jack, sin embargo, sintió una mezcla de inquietud y preocupación.

—¿¡De verdad!? —exclamaron Elias y María al unísono, visiblemente emocionados.

Leónard asintió con una leve sonrisa.

—Claro que sí. No es fácil adaptarse a una nación distinta y, aún así, han logrado hacer amigos. Es admirable lo que están logrando, y me alegra verlos integrados con los demás —respondió con un tono cálido.

Elias y María sonrieron ampliamente, inclinándose un poco en señal de agradecimiento.

—¡Gracias, señor Leónard! —dijeron ambos al unísono, emocionados.

Leónard levantó una mano en un gesto tranquilo.

—No es necesario que me agradezcan. Ustedes están haciendo un esfuerzo enorme para restaurar los lazos rotos de hace tanto tiempo. Es lo menos que puedo hacer por ustedes —respondió con tranquilidad.

Elias y María asintieron, aún con una sonrisa en sus rostros. Leónard pareció satisfecho con la reacción de ambos y miró hacia Hughes, quien asintió en señal de aprobación.

—Bueno, entonces, joven Tyler, tiene mi permiso para mostrarles nuestras instalaciones —añadió Leónard, mirando un instante a los demás antes de notar algo peculiar.

Entre el grupo, justo al lado de Legoshi, sobresalían unas pequeñas orejas blancas. Al dirigir su mirada hacia abajo, vio a Haru, quien parecía ligeramente intimidada.

—Oh, interesante... una coneja enana —dijo Leónard con curiosidad, inclinándose un poco hacia ella.

Haru retrocedió ligeramente, visiblemente nerviosa ante la atención. Leónard notó su reacción y suavizó su tono.

—Lo siento si te asusté. ¿Cómo te llamas? —preguntó, disculpándose amablemente.

Haru trató de calmarse y respondió con un hilo de voz.

—Me... me llamo Haru.

Leónard le extendió la mano con delicadeza.

—Es un gusto conocerte, joven Haru —dijo con sinceridad.

Haru, aún algo nerviosa, tomó su mano. Leónard la saludó con cuidado, lo que logró tranquilizarla un poco.

—Es un honor poder conocer a alguien de tu especie —añadió Leónard, dejando de inclinarse y mirando al grupo en general—. No lo tomen a mal, también es un gusto conocerlos a todos, pero encontrar a un conejo como ella es especial. Los herbívoros suelen ser muy temerosos, pero ver cómo ustedes lograron formar lazos con uno me da esperanza.

Leónard dirigió una mirada a Elias y María antes de continuar.

—Además, es especial para mí porque mi bisabuelo fue rescatado por un conejo como ella —añadió, mientras Else y Gon lo miraban intrigados.

Haru levantó la mirada con un leve destello de reconocimiento, como si entendiera de qué hablaba Leónard.

—Ah, lo siento si suena confuso —dijo Leónard, dándose cuenta de las expresiones a su alrededor —Hace mucho tiempo, algunos de nuestros antepasados fueron rescatados por una coneja blanca. Hay pocos que recuerdan esa historia.

Leónard se irguió y añadió con solemnidad.

—Oh, Olvidé presentarme adecuadamente. Soy Leónard Gildemeister, uno de los descendientes del fundador de esta institución. Es un honor conocerlos a todos.

Leónard hizo una ligera reverencia y luego enderezó su postura.

—Espero que disfruten su tiempo en nuestra academia. Elias, María, sigan haciendo amigos, y espero que podamos vernos más seguido en el futuro.

Elias y María asintieron con sonrisas brillantes, mientras los demás permanecían en un respetuoso silencio.

Leonard se despidió con calma del grupo mientras ajustaba las gafas.

—Pero bueno, debo volver al trabajo. Lamentablemente, tengo que revisar expedientes para los de nuevo ingreso. Fue un gusto conocerlos, chicos. Cuídense —dijo con una sonrisa cortés.

Los estudiantes asintieron en señal de despedida mientras Leonard dirigía su mirada hacia Else y Gon.

—Embajadora Else, fue un gusto conocerla. Y a usted también, señor Gon. Sé que solo nos hemos presentado, pero espero que en el futuro podamos tener una conversación más larga y tranquila. Tal vez podamos hablar de algunos temas académicos.

—Claro que sí, señor Leonard. A mí también me encantaría hablar con usted —respondió Gon con una sonrisa que reflejaba algo más de confianza.

Leonard le devolvió el gesto y añadió:

—Bien, tómense su tiempo explorando nuestra institución.

Dicho esto, avanzó hacia Hughes, quien lo esperaba cerca de la ventana.

—Joven Tyler, le deseo mucha suerte con su misión. Siempre fue uno de mis alumnos más excepcionales —dijo Leonard con tono alegre, aunque manteniendo un semblante profesional.

Hughes sonrió, inclinando ligeramente la cabeza.

—Sí, director, eso haré. Cuídese mucho.

—Claro, usted también, Ministro Hughes —respondió Leonard, devolviéndole la sonrisa.

Con un último intercambio de miradas, Hughes se dirigió al grupo.

—Bueno, ya con el permiso del director, vamos a explorar la academia —anunció con entusiasmo.

Todos asintieron, y Mei y Geruft abrieron la puerta para salir. Los estudiantes comenzaron a salir en fila, seguidos de Gon y Else. Hughes se quedó unos segundos más en la oficina.

—Fue un gusto volver a verlo, director. Sé que no lo he visitado desde que me gradué, debido al constante trabajo que esta posición demanda, pero prometo venir de vez en cuando a verlo —dijo Hughes, girándose hacia Leonard antes de salir.

Leonard lo observó con una sonrisa nostálgica.

—Claro, joven Tyler. Siempre será bienvenido… pero acerca de por qué los trajo aquí, tengo la sensación de que tienes motivos más profundos que unas simples vacaciones, ¿verdad?

Hughes mantuvo la calma, aunque su expresión reflejaba cierto peso en sus palabras.

—Sí, sé que es algo egoísta de mi parte haber forzado a esos dos a ir a ese lugar y luego traer a sus amigos a que conocieran nuestra nación, sé que es un poco ambicioso, pero quiero mejorar las cosas para ambas naciones y para mi también. Además, veo que se están llevando muy bien con ellos, así que creo que no habrá problema.

Leonard asintió lentamente, con una mezcla de comprensión y preocupación.

—Solo espero que todo salga bien.

—Yo también lo espero. Bueno, director, me voy. Que tenga un buen día —respondió Hughes, despidiéndose finalmente y cerrando la puerta detrás de él.

Fuera del edificio, Hughes se unió al grupo, caminando hacia el campus. La atención de los estudiantes no tardó en fijarse en ellos; era evidente que su presencia no pasaba desapercibida.

—Bien, vamos. Les mostraré algunas partes interesantes del campus —dijo Hughes animado.

Else, Gon y los demás asintieron, siguiéndolo mientras recorrían el área. Legoshi, caminando al lado de Haru, no podía evitar reflexionar sobre lo que había oído antes. "¿A qué se refería el director con que alguien de la especie de Haru salvó a sus antepasados?" pensó, echando un vistazo a la coneja antes de volver la vista al frente.

El grupo avanzó por un sendero que los llevó a una pista de atletismo completamente diferente a la de su academia. Pavimentada en rojo y enmarcada con líneas blancas, la pista rodeaba un campo verde que se extendía más allá de lo que esperaban. A un lado, unas butacas estaban colocadas para los espectadores.

A la derecha, un edificio alto parecido a los demás. Algunos estudiantes estaban sentados en las bancas de afuera con arbustos decorativos y árboles aportaban un toque de frescura al ambiente, los estudiantes miraban curiosos a todos ellos. Hughes hablo y todos lo miraron mientras avanzaban.

—Bueno, como pueden ver, aquí está la pista de atletismo y, al lado, están los salones de preparatoria —dijo Hughes mientras continuaba caminando con paso relajado—. Más adelante están los edificios universitarios y los edificios de los clubes —añadió tranquilamente, guiando al grupo.

Los chicos miraban con curiosidad el lugar, al igual que Else y Gon. El sendero los llevaba hacia el fondo, donde podían distinguir un gran edificio interconectado con otro. Más a la derecha, vieron varios edificios más pequeños, aunque un poco más grandes que los de su academia. Supusieron que eran los clubes.

—Este es el edificio universitario, y aquí también está la cafetería —señaló Hughes, mostrando las dos estructuras con una entrada de doble puerta, decoradas con arcos y pilares que daban al lugar un aire imponente.

Luego, apuntó hacia el otro lado.

—Y de este lado están los clubes. Vengan, vamos a verlos.

Todos estaban expectantes, para ver cómo serían los clubes humanos si eran iguales a los de ellos o serian completamente diferentes.