Capítulo 3: La novia


No era una mañana común, todos los pobladores de Meridian estaban emocionados, tanto que los mercaderes se habían preparado desde temprano colocando y adornando sus puestos al rededor de la carpa que habían puesto en el centro de la ciudad, incluso las demás personas se habían levantado más temprano de lo habitual; muchas mujeres habían llegado con sus modistas preferidas para recoger sus vestidos que días antes habían apartado, sobre todo aquellas chicas que eran casaderas, ellas en especial habían sido invitadas y por ordenes del consejero real había pedido exclusivamente vestidos blancos para ellas.

Se sentía una gran emoción dentro de la ciudadela, menos en el templo real. Avad estaba en sus aposentos, claro que estaba listo para la gran fiesta, físicamente hablando, mentalmente se sentía pésimo. Si bien no había podido dormir la gran parte de la noche, descansó un poco, porque su sentido de la responsabilidad era más grande que otra cosa, pero no quería ir, así que se quedó como una hora en su cama sentado viendo a la nada y pensando si solo dejaría a todos con su fiesta y él debía huir… con Aloy a otro lado, a una tierra en donde nadie los fuera a molestar.

— Mi querido rey, ¿qué está pasando? — Preguntó Marad cuando entró sin permiso a los aposentos de Avad, esto era un gesto recurrente en caso de emergencia.

— ¿Qué sucede? — Preguntó Avad saliendo de sus pensamientos — ¿Se canceló todo?

Marad miró los ojos de Avad, y la pregunta que hizo no le causó una buena impresión, pensaba que tal vez fue mala idea, pero también él debía cumplir con esa responsabilidad, y eso porque la mayoría de los sacerdotes carja también le exigían un buen trabajo como consejero, además si no se llevaba a cabo la fiesta de todos modos tendrían que conseguir una novia para él lo más pronto posible, y poniendo un poco más exigentes de lo normal, pedían que también fueran mujeres casaderas por parte de la nobleza carja, algo que en tiempos antiguos se entendía como una clase alta. El consejero del rey estaba más de su parte y no tanto de los sacerdotes, pero era su trabajo, y de poder ayudar a Avad éste le daría a la mujer que él quería, pero era difícil.

— ¿Quiere que le hable como amigo o como súbdito? — Preguntó Marad.

— Es igual, por ahora — Respondió el joven.

— Bien, en mi opinión como consejero debería seguir y tomar el camino que es ir a la presentación, sé que hay buenas jovenes e igual hermosas que pueden llegar a ser una buena madre, pero mi opinión como amigo, es dejar que su mente hable por usted, al menos, el corazón no es buen consejero, Avad — Contestó Marad con sinceridad y después abandonó el lugar.

Básicamente en ambas opiniones Marad quería que siguiera el mismo camino: su responsabilidad como rey. Y Avad le hizo caso, de tener suerte quizá Aloy sí quisiera quedarse con él esta vez, ella también podía ser una buena candidata, quizá eso era lo que pretendía Marad. El joven Rey se animó y salió también de sus aposentos y todos sus súbditos estaban ahí esperándolo, incluido Marad, todos ellos lo iban a escoltar hasta el centro de la ciudadela, en dónde estaban ya todos los pueblerinos incluso algunos invitados de otras tribus, especialmente los Oseram.

En aquella sala que habían preparado para la fiesta, se hallaban todos los invitados ya, y Avad no sentía otra cosa más que angustia y un miedo a hacer el ridículo, en realidad se sentía como un juguete de aparador, ese que todos quieren porque era el nuevo modelo, trataba de controlarse pero no podía. Con la mirada bien arriba sólo podía estar buscando una carita llena de pecas, pero no la encontró, ni siquiera estando él ya sentado en un trono, dónde los demás sirvientes y Marad se habían colocado a un lado. Así dieron inició a la presentación de mujeres.

— Talanah, no quiero usar esto — Se quejaba Aloy de un vestido de ceda color aguamarina con adornos dorados.

— Pues lo siento pero es la regla, no podemos entrar con armas, es de pésimo gusto — Decía Talanah quien ayudaba a Aloy a cambiarse.

Horas antes también había ayudado a Beta a ponerse su vestido. Ambos vestidos habían sido un obsequio por parte de Avad, y se habían sido entregados por Erend esa misma mañana. El pobre hombre tuvo que soportar un berrinche más de Aloy, ya que decía repetidas veces que no se lo iba a poner, mientras una temerosa y sonriente Beta le decía que la iba a convencer.

Luego de un rato llegó Talanah, era obvio que Erend al verla la mandó ahí, incluso llegó Vanasha por voluntad propia. A palabras de Aloy eso parecía una reunión de mujeres, que en tiempos antiguos se llamaban "pijamadas", está ves sin el "pijama". Vanasha maquillaba a Aloy y Talanah trataba de vestirla, pero parecía una tarea completamente inútil.

— Nunca he usado otra cosa más que… pieles de animal común y corriente, esto me hace sentir desnuda — Dijo Aloy con las mejillas rojas.

— Basta, es sólo por hoy — La regañó esta vez Vanasha — Pequeña cazadora, si pudieras verte con nuestros ojos apuesto a que no te negarías.

— Es verdad, te luce muy bien y el maquillaje — Decía Talanah.

Vanasha había maquillado a Aloy con el modelo de la nobleza carja, y fue a propósito, esto lo notó Talanah y no dudó en sonreír, creía entender las intenciones de Vanasha. Si bien, la joven cazadora "no era" candidata para Avad, por lo menos los sacerdotes al mirarla no negarían al menos dejarla pasar cómo una más, el vestido aguamarina tampoco fue escogido al azar, Marad sabía que Aloy notaría que las mujeres vestidas de blanco eran las candidatas y se negaría a usarlo, así que optó por un color más sutil y que se le pareciera, así nadie sospecharía nada. Por otro lado el vestido y maquillaje de Beta eran más parecido a lo que usaban Vanasha y Talanah, aunque Vanasha aún usaba ese velo negro al rededor de su boca, ya que la hacía sentirse más elegante.

— Tenemos que irnos ahora, no me quiero perder ese desfile de mujeres — Decía Vanasha con cierta diversión.

— Ni yo, será lo más emocionante del día — Continuó Talanah.

Beta sólo le sonrió a su hermana para animarla y la tomó del brazo para acompañarla, Aloy de verdad se sentía descubierta por todos lados, el vestido era largo pero tenía dos aberturas de cada lado en las piernas, por lo cual con el viento las dejaban verse, y ademas el escote era prominente, pero gracias al corsé dorado que tenía debajo, se sentía un poco más segura de eso, pero los zapatos, eran un verdadero reto, parecían sandalias tan delgadas que casi podía sentir el piso caliente con sus pies.

— Esto no me agrada, Beta — Le susurró a su hermana, aún tomándola del brazo, mientras iban camino a la plaza.

— Lo sé, Aloy, ese miedo lo he sentido yo casi todo el tiempo ¿quieres irte? — De igual manera Beta hablaba quedito.

Antes de que Aloy pudiera decir algo, Talanah y Vanasha la tomaron del brazo para jalarla hacia ellas.

— ¡Oh no! ¡Ya empezó! — Exclamó Talanah — Debemos acercarnos más para poder ver mejor.

Y las tres chicas tomadas del guante se fueron casi corriendo detrás de una multitud que, al igual que ellas querían ver todo, Beta no hizo tal apuro por llegar, de hecho tampoco le interesaba saber, sólo buscaba a Erend con quien se sentía más a gusto.

Cuando por fin encontraron un buen lugar para ver todo, Aloy pudo notar bien que los que realmente estaban escogiendo a las señoritas eran los sacerdotes carja. Había sido una mentira esa de que el rey Sol lo haría principalmente, incluso la reina viuda Nasadi no podía decir nada, ella igual que Avad estaban sentados en sus tronos, con cara de pocos amigos y bastante disgustados. La reina por su parte porque al igual que Aloy se le hacía muy triste tener que exponer a mujeres de esa manera, como en su tiempo lo hicieron con ella, y por Avad porque ninguna chica era Aloy.

— Por favor, Avad, escoge alguna o me temo que tendré que ayudarte — Dijo Aloy en voz baja.

— ¿Dijiste algo, Aloy? — Pregunto Talanah.

—No, es sólo que… no, nada — Aloy contestó, ya que sería un tema muy extenso si decía lo que pensaba.

Así fueron pasando y presentándose casi cien chicas, pasaron horas y no hubo una buena respuesta por parte de Avad, ni de la reina viuda, él las rechazaba sutilmente para no parecer grosero, pero aún así era doloroso para ellas.

Los sacerdotes se estaban impacientando igual que los demás pueblerinos, entonces cómo los invitados estaban quejándose en voz baja, Marad como buen anfitrión había dado un receso, para que todos pudieran tomar un rato y comer un poco, después continuarían. Para Aloy esto fue un alivio, al menos por un momento ya no sentiría angustia, y a decir verdad, aún no sabía bien el por qué, si era porque le daban lastima las jovenes o porque realmente no quería ver a ninguna joven con él.

— ¡Esto es inaudito, mi querido Rey Sol! — Se quejó uno de los sacerdotes — No podemos continuar con esto si usted no coopera.

— De verdad estoy haciendo mi mejor esfuerzo — Dijo él — Y de verdad no hay ninguna que llene mis expectativas.

— Oh, en otros tiempos no había ninguna necesidad de hacer estos escenarios. Se escogía una buena dama y era todo. En este caso, nosotros tomaremos la última palabra y se hará como nosotros digamos — Concluyó el sacerdote mientras se iba refunfuñando a los puestos de comida.

Mientras todo esto sucedía había una orquesta de musica, tocaban la musica típica de la región, y según Erend que se había obsesionado con el "Heavy Metal", ya nada de eso le parecía lo mejor para animar una fiesta, y bueno, además se estaba llevando una enorme decepción por parte de sus amigos, nada de esto fue lo que planeó.

— De verdad estas dejando lo mejor para otras personas, Avad — Le dijo Erend una vez que se acercó con él.

— No lo creo — Le respondió él — Erend, lo siento, pero creo que todo esto fue una pérdida de tiempo.

— No te disculpes conmigo, sé que hay personas a las que les gusta el cotilleo. Hablaran de esto por semanas, pero la fiesta le hará pasar un rato muy cómodo — Trató de animarlo Erend, de nuevo —. Trata de encontrarla, Avad.

Erend había finalizado con esto, y de un saltó se bajó del escenario donde se encontraba Avad solo y pensativo. Incluso la reina viuda y su hijo Itamen habían ido a comer y presentarse con los demás citadinos; él no quería moverse de ahí, creía que no era justo porque no estaba cooperando como todos le decían.

— Yo sé que ya encontraste a esa joven, Avad — Dijo Marad quien llegó y se puso a su costado — Pero es imposible, por dos razones y una de ellas es la más importante: los sacerdotes no nos dejaran porque no es una noble y la segunda, ella es más bien de las que deciden no estar en un sólo lugar. Cuando aceptaste el cargo de ser el Rey Sol, aceptaste también todas esas responsabilidades, tu deber es estar aquí, en Meridian y su gente. Aloy es un alma libre, su corazón está puesto en otro lado.

Avad rodó los ojos, se estaba cansando de que todo mundo le dijera qué hacer, pero Marad tenía razón, su cargo era muy pesado para alguien como Aloy, y sólo por el echo de permanecer en un solo lugar. Su vida y circunstancias no combinaban con las de Avad, quien fuertemente estaba ligado a su gente y su ciudad.

El joven rey suspiró.

— Está bien, prometo que ya tomaré una decisión — Finalizó Avad, no muy seguro pero esto no lo notó su consejero.

Después decidió también alcanzar a la reina y a su joven hermano a dar una vuelta por todo el lugar, y casi en el primer instante se había topado con aquella cara que quería ver desde un principio, Aloy. Pero la miró diferente, y ni siquiera había notado que no llevaba consigo las mismas ropas de siempre, simplemente se veía hermosa, así que su primera impresión fue ponerse colorado.

— Estaba esperando a que te dejaran un rato a solas — Dijo ella y luego le sonrió.

— Casi imposible ¿no? — Continuó él.

— Eres el centro de atención este día, es comprensible.

— Ahora sé cómo te sientes — Dijo él — Aunque, si me lo permites hoy estás llamando más la atención que yo.

Ambos, que caminaban despacio, se detuvieron en seco, pero Aloy lo miró y negó con la cabeza.

— No, gracias por quitarme esa atención, se siente bien — Aloy se rió.

— De verdad. Aloy, te ves hermosa — Admitió él mirándola a los ojos.

Ella sólo le respondió el gesto, igual se le quedó viendo por un par de segundos porque no supo qué decir o qué hacer, nunca nadie le había dicho algo así, o hacerla sentir así.

Ambos estaban muy cerca el uno del otro, ellos no lo habían notado, pero los demás a su al rededor sí, sólo que hacían caso omiso a la escena, menos las amigas de Aloy, y Erend.

— Esto no es verdad — Dijo Erend al aire.

— ¿Qué cosa? — Preguntó Beta.

— Nada, olvídalo.

Y Erend que había estado sereno y sobrio todo el rato, se fue de ahí, y dejó a las demás chicas con más dudas, en especial a Beta.

— Creo que todo este tiempo lo supe — Dijo Vanasha.

— Ah, ¿sí?, hasta ahora lo estoy notando — Contestó Talanah — Pero nunca creí que Aloy se enamoraría.

— ¿Qué? — Exclamó Beta, fingiendo que no sabía nada — Aloy no, no está enamorada de él.

— Pues las miradas no mienten, y lo sé por experiencia propia — Dijo Talanah sonriente — Pero esperemos que los sacerdotes den su veredicto final, de verdad me gustaría ver feliz a Aloy.

— Aloy es feliz, pero dudo mucho que esté de acuerdo con esto.

— Tienes razón, pequeña Beta, Aloy es como un atronador: feroz y temible, jamás dejaran que la domen así — Agregó Vanasha al comentario de Beta.

Mientras tanto Aloy y Avad seguían caminando, platicaban de cómo se la estaban pasando en lo que se diría "la primer fiesta real", ninguno de los dos decía realmente lo que sentían, eran cobardes a la hora de hablar de sus sentimientos más profundos, así que no les quedó de otra más que mentirse el uno al otro. Aloy decía que se sentía feliz y Avad decía que estaba bien con todo.

— ¿Cómo soportas tanta atención? — Preguntó la joven.

— Con años de practica, prácticamente he estado en el ojo de la gente desde que tengo memoria — Explicó el joven rey — Al principio si era atemorizante, con el tiempo te acostumbras, sobre todo a los modales, aunque trato de cambiar eso.

— ¡Por favor!, no quisiera que mis hijos anduvieran saludando a todo mundo de manera muy formal — Dijo Aloy en forma de broma y se rió, hasta que se dio cuenta de lo que había dicho, cerró la boca de repente y las orejas le comenzaron a arder.

— ¿Tus hijos? — Avad la cuestionó mientras su corazón se aceleraba a mil por hora — A-ah ¿a qué te refieres…

Detrás de Aloy llegó un sacerdote carja que prácticamente la hizo a un lado, empujándola, esto para llamar la atención del Rey e interrumpir inoportunamente la conversación de los dos jovenes.

— Mi querido Rey Sol, déjeme presentarle a una joven… — Decía el sacerdote, más emocionado. Y detrás de él venía una joven chica acompañada de su madre — Ella es la joven Alba, acompañada de su madre.

La joven se inclinó ante él sólo agachando la cabeza, igual como su madre. Ella era una joven muy bonita, además de que era justo como la querían los sacerdotes: noble, hermosa y casadera. Era un poco más pequeña que Aloy, y su cabello negro lo tenía sujeto en una coleta ya que era largo y lo adornaban peinetas doradas. Era alguien que llamaba la atención bastante, por sus ojos expresivos de color azul y unos labios rojos, tenía también una figura envidiable y el vestido que usaba lo hacía notar más, hasta Avad quedó impresionado por esa bella cara.

— Un gusto — Avad también hizo una reverencia ante las dos mujeres.

Antes de que Avad pudiera decir algo más, el sacerdote dijo algo a continuación:

— Por favor, están concedidos a estar juntos por el resto del día, disfruten de la fiesta, es en su honor.

Sin más, el sacerdote carja ya los había comprometido, y la madre de la joven sólo sonrió triunfante, las demás mujeres jovenes se habían llevado doble decepción ese día, pero al parecer había entrado la que realmente les había quitado el puesto: Alba.

Avad miró a Aloy que sólo le asintió con la cabeza que estaba bien, así que el joven Rey sólo pidió de manera amable que por lo que restaba de la fiesta él podía ser su acompañante, a la madre de la joven, a lo cual rápidamente decía que sí.

— Oh no — Exclamó Talanah — ¡Ese sacerdote idiota!

— Ya lo creo… vengan — Vanasha indicó con su mano que la siguieran para ir con Aloy.

Aunque en realidad Erend ya se les había adelantado.

— ¡Por fin! ¿No lo crees? — Preguntó él a la pelirroja.

— Tienes razón, es un alivió para mí… mi misión aquí ya está hecha.

Aloy se dio media vuelta y Erend la siguió.

— No tienes porqué irte ahora, Aloy, aún hay tiempo — Erend la tomó del brazo.

Aloy primero echó su mirada a la mano de Erend que la sujetaba, ese gesto hizo que la chica se pusiera roja del coraje, parecía que quería controlarla, ademas sus ánimos se habían bajado simultáneamente desde que sus peores temores se cumplieron, y no quería estar ahí más. Así que se jaló para safarse de él.

— No trates de retenerme un momento más, Erend. Te lo dije, sólo estoy de paso — Le recalcó una vez más Aloy, pero está vez sumamente enojada.

Y logró escabullirse dentro de la gente hasta dar de nuevo por el callejón en donde se encontraba la casa de Olin, su casa ahora, pero dudó en entrar.

¿Lagrimas? ¿De nuevo? ¡No! Esto no puede estar pasándome. Pensaba Aloy enojada, mientras se limpiaba la cara para no parecer una cobarde.

Beta la abrazó por detrás una vez que llegó por ella.

— Vámonos, Aloy, bien dijiste que podíamos irnos en cuanto terminara la fiesta. Esto fue todo — Le decía su hermana sin soltarla.

Aloy se limpió la cara y se afinó la garganta para poder hablar bien.

— Sí, gracias por entender, Beta. Tomemos todo y vámonos.