Capítulo XXI

Al regresar, Lex se sentó y se unió a la conversación.

–En Canadá me encontré con tus amigos, Clark.–continuó Kara.

–¿Quiénes?

–Olliver y Chloe. Lo que no me extrañó, pues Chloe te ha estado buscando.

–Debió pedirle ayuda a Queen.

Aseguró Lex.

–Pues su intromisión, terminó con Grant muerto.–Kara les relató lo sucedido. Al terminar el relato, Lex suspiró y dijo.

–Era mejor de ese modo. No podemos jugar a ser Dioses.

Clark abrazó a Lex.

Kara se quedó en la Fortaleza hasta la noche, y es que no quería separarse de su nuevo sobrino, pero debía vigilar que no hubiera más problemas para que Lex y Clark pudieran regresar.

En su habitación. Lex cubrió a Julián y se quedó viéndolo un momento, sin dejar de hacerlo, murmuró…

–Por fin mi hermano podrá descansar.

–Y tú ya no tienes que cargar con esa culpa.

–A pesar de no ser el culpable de su muerte, siempre me sentí como tal.

–Oh, Lex…

Clark abrazó por detrás a Lex y lo besó en la frente.

Finalmente Lex podía vivir sin cadenas del pasado, caminando al futuro de la mano de un hombre que amaba y lo amaba. E intentarían ser buenos padres para Conner Julián.

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A su regreso a Metrópolis. Chloe se despidió de Olliver para ir a descansar y ponerse al día con sus asuntos.

–Después de reportarme en el trabajo, podría ir a ver a Kara…

Olliver negó.–Es mejor que no. Creo que ya demostró que no necesita ayuda, ni que intervengamos.

La rubia no estaba muy dispuesta a retirarse de ese asunto, sin embargo, decidió hacer caso a Olliver.

Por su parte, Queen convenció a Chloe, más no pensaba seguir ese propio consejo y planeaba ir en un par de días a la granja Kent.

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A Kara se le hizo un poco difícil alejarse de su sobrino, más tuvo que hacerlo y es que Clark le aseguró que regresarían pronto a Smallville.

Lex dejó el orbe resguardado un par de días, pues toda su atención se centró en su hijo y en Clark. Luego de ello, trabajó en el Orbe. Sus investigaciones llegaron a la conclusión de que el artefacto era difícil de destruir sin que eso conllevara usar toda la capacidad de La Fortaleza.

Lex salió del laboratorio y fue en busca de Clark. Encontró a este en la sala, jugando con Conner.

–Clark.

El aludido volteó a ver a Lex en lo que alzaba a su hijo.

–¿Qué sucede?

–Terminé de investigar la mayoría de las funciones del dispositivo y no me gusta lo que te voy a proponer, pero creo que es lo mejor.

–¿Qué es?

Lex se sentó y tomó a Conner de los brazos del Kryptoniano.

–Destruirla conlleva destruir la Fortaleza.

–…, ¿Tanto así?

–Se necesita una gran cantidad de energía.

–Entiendo. ¿Y que podemos hacer?

–Pensé que puedo hacerla inservible, para que la utilicen en tu contra y en contra de los que son de tu sangre.

–Pues no hay más Kryptonianos que yo conozca, aparte de Kara y Conner. Así que me parece bien.

–Precisamente a esa conclusión llegué.

Clark se acercó a Lex y recargó su frente en el hombro de este.

–Entonces, hazlo cariño.

Lex sonrió y buscó la boca del moreno, que no lo hizo esperar y lo besó.

Con ayuda de Jor-El, el Luthor no tardó mucho en terminar los cambios a la esfera. Y Clark no dudó en ser el Conejillo de Indias.

–También debemos llamar a Kara.

Clark asintió y llamó a su prima.

Lex extrajo sangre de Clark y la colocó en el Orbe, para que este reconociera a los que serían exentos de su poder.

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Olliver llegó a la granja, dónde la rubia Kent ya lo esperaba, pues escuchó el auto acercándose.

Queen bajó de su vehículo y quitándose los lentes oscuros, agitó la mano en dirección de Kara.

–Hola Kara.

–¿Qué hay, Olliver?

El Queen avanzó sin dejar de sonreír. El teléfono de Kara, sonó en ese momento y ella respondió.

–Hola…

Del otro lado de la línea, Clark le pidió a Kara que fuera a verlos.

–Estaré ahí.

Kara colgó y miró a Olliver.

–Lo siento Olliver, debo salir.

–Pero acabo de llegar…

–Si, bueno…, gracias por la visita.

Fue lo último que dijo la rubia, antes de correr cerrando todas las puertas y ventanas de la casa e irse del lugar, sin mirar atrás.

El Queen solo pudo ver con impotencia como Kara se fue y lo dejó parado en el camino de entrada.

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Lex puso en acción el artefacto y los dos esperaron a Kara. A Conner lo dejaron en su habitación siendo vigilado por Jor-El

En cuanto Kara llegó, Lex se llevó al par de Kryptonianos a su área de laboratorio. Con los tres en el lugar, el experimento inició.

La esfera comenzó a brillar durante unos minutos, escaneando el lugar buscando un objetivo, al no encontrarlo, se fue apagando lentamente hasta parecer inservible.

Con esa imagen, por fin Lex dejó salir un suspiro de alivio.

–Está hecho.

Clark y Kara sonrieron y felicitaron al Luthor.

Con ese primer gran paso, Lex decidió regresar a Smallville y tomarse un tiempo, antes de dedicarse a buscar como usar la tecnología Kryptoniana sin abusar de ello. Tenía grandes ideas y sabía que Clark sería su timón de honestidad.

Olliver subió a su auto y se dirigió a la granja, a propósito dejó pasar un par de semanas, para no ser tachado de insistente.

Llegó a la granja y bajó del auto. Caminó hasta la puerta y Clark abrió.

–Hola Olliver.

Olliver se sorprendió, y es que esperaba que Kara siguiera cuidando la granja.

–¡Clark! ¡Me alegra verte!

Clark sonrió levemente. Cómo ya lo había hablado con Lex, invitó a pasar a Olliver.

–Pasa. –Olliver entró.–Siéntate.

Clark fue a la cocina y sirvió un par de vasos de limonada y regresó a la sala.

Dejó los vasos con la mirada de Queen siguiéndolo.

–Clark. ¿Y Kara?

–Salió por un tiempo

–Ya veo y… ¿Sabes algo de Lex?

–¿Por qué la pregunta?

–Quiero saber…

–¿Si está planeando algo en tu contra?–Clark cuestionó, con un toque de molestia en su voz

–No. Aunque no lo creas, me importa su bienestar.

–Su historia compartida, no respalda eso.

Clark se irguió y miró a Olliver por unos minutos.

–Es cierto Clark, pero siendo jóvenes no sabemos demostrar nuestros verdaderos sentimientos.

El moreno arqueó una ceja y el Queen se encogió de hombros.

El Kent claudicó y expresó.–Ven, sígueme.

Clark llevó a Olliver a la puerta trasera y salieron.

Lex se encontraba cantando una canción de cuna, sentado en una mecedora, arrullando a un durmiente Conner, con la cabecita de este recargada en el hombro del mayor.

Duerme pequeño. No tengas temor. Papá te comprará. Un ruiseñor.

Y si ese ruiseñor no canta…

Era una hermosa escena que se quedó grabada en los ojos y memoria de Olliver, y también de un orgulloso Clark.

–Es…

–Es mi familia, Olliver. Mi pareja y nuestro hijo.

–¿Tu familia?

Lex se giró con cuidado a verlos y sonrió.

–Hola Olliver.

–Lex… veo que estás bien.

–Muy bien. Entremos, quiero presentarte a nuestro hijo.

Clark sonrió radiantemente y fue a ayudar a Lex para que se levantara con Conner.

Olliver vio toda la situación y no pudo dejar de reconocer…

–Estoy celoso.

Lex vio al rubio, y respondió:

–Lo imagino Queen, pero Clark es mío.

Olliver soltó una risa divertida.

–Oh Lex, estoy celoso… de Clark.

El moreno volteó a ver al rubio y casi gruñó, a lo que esté alzó las manos en un gesto de defensa.

–No te preocupes Clark, fui lento en darme cuenta y competir contra ti sería un suicidio.

Lex negó con la cabeza y entró a la sala, se sentó y acomodó a Conner.

Clark caminó veloz para sentarse al lado de su pareja, como delimitando su dominio.

Lex llamó a Olliver.

–Mira Queen, él es Conner Julián Luthor Kent.

–¿Fue Clark, quien…?

–No, fui yo. Digamos que estar en el campo el día que llegó Clark, me hizo poder gestar a un mitad Kryptoniano. Creí que estaba muriendo, pero...

–Pero no era eso. Era Conner creciendo, sin que supiéramos de su presencia.–terminó de explicar Clark

–No sabía que ustedes estaban juntos.–dijo El rubio.

Lex y Clark se miraron y ambos se encogieron de hombros. Su historia de apariencias que no eran, solo les pertenecía a ellos.

–Pues los felicito y les aseguro que no los molestaré. –prometió Queen.

–Oh, estoy seguro de que no lo harás.

Concluyó Lex, con una sonrisa de tiburón. Queen observó un rato a Conner y luego se despidió.

Clark se ofreció a acompañarlo hasta su auto, y la verdad era que no lo quería cerca de Lex.

Al regresar a la casa, cargó a Conner para que Lex tomara limonada.

–Lex…

–Si.

–Seré un mejor esposo y padre, que el que pudiera ser Bizarro. Te lo prometo.

–Oh Clark… te amo.

–Y yo a ti.

Fin