Capítulo 1: El Final y el Inicio – Parte 4
El silencio del santuario se rompió con un grito que resonó como un trueno divino:
—"¿Te atreves…? ¡¿TE ATREVES?!"
[Estás asustado por la terrible presencia del Primer Arcángel. Toda tu fuerza de voluntad se ha perdido.]
[Las resistencias a las condiciones de estado se han reducido en un 100%]
[La resistencia de todos los atributos excepto el atributo divino se fija en 0%]
[La resistencia a la energía negativa se fija en -100%]
[La resistencia al atributo de fuego se fija en -100%]
[Activación de habilidades y tiempo de lanzamiento de magia se ha duplicado y la velocidad de ataque se reduce en un 50%]
[Kether es la representación misma de la creación, si mueres en su presencia la esencia misma de tu alma se verá afecta y no podrás ingresar a Yggdrasil durante 5 días]
[Es imposible resistir]
—Mierda…—No pudo evitar maldecir. Todos los efectos que antes estaban deshabilitados por la inactividad del jefe se activaron de repente, provocando una ola de notificaciones y efectos negativos que, incluso con todas las resistencias de sus clases y equipo, fue incapaz de resistir.
Este era el nivel de un enemigo mundial en Yggdrasil, que con su sola presencia dominaba todo el escenario, haciendo que los jugadores de alto nivel parecieran simples hormigas en comparación. Esto demostraba por qué los enemigos mundiales eran tan problemáticos incluso para gremios enteros, ya que para derrotar a un enemigo de este calibre, incluso entre los más débiles, el poder individual no era suficiente.
Y ahora, por atreverse a robar el ítem mundial que resguardaba, tenía la completa atención de uno de estos colosos.
—"¡Traidor! ¡Un traidor igual que Auriel! Te mostraré lo que les sucede a quienes desobedecen mis órdenes"
[La furia de Kether se extiende por todo el panteón. Todos los "Caídos" que aún estén con vida acudirán al santuario para ayudar a su maestro]
—¡Tienes que estar bromeando! —Gritó, lleno de incredulidad por la notificación del sistema.
No había margen para malentendidos: la notificación implicaba que todos los enemigos restantes de la mazmorra—es decir TODOS— vendrían directamente al santuario. Un ejército de ángeles corrompidos estaba en camino para reforzar a Kether.
No tuvo tiempo para seguir quejándose cuando un enorme círculo mágico comenzó a formarse a los pies del Arcángel. Las runas inscritas brillaban con un calor abrasador, su resplandor envolviendo el santuario en su totalidad.
El jefe había entrado en un estado de furia desde el comienzo.
Lumiel apenas logró reaccionar. Ordenó a sus invocaciones tomar posiciones defensivas mientras él se refugiaba detrás de ellas. Entonces, un rugido ensordecedor precedió a una oleada de llamas que inundó todo el lugar.
Kwa kwa kwa kwa kwa kwa kwa kwa kwa!
[La resistencia al fuego es -100%]
[Has sufrido ##### de daño]
[Has resistido el efecto de daño por quemadura]
El impacto fue devastador. Una quinta parte de su HP desapareció de inmediato, incluso con las protecciones activadas. Sus invocaciones tambien sufrieron grandes pérdidas de un solo ataque. Solo la magia curativa del Trono evitaba que algunas fueran destruidas al instante.
'A este paso, no aguantarán otro ataque de ese estilo…' pensó, analizando rápidamente la situación. Sus invocaciones no durarían mucho, pero desde el principio no estaban destinadas a sobrevivir. Su propósito era ganar tiempo, algo que ahora era más valioso que nunca.
[23:59:04]
'Un minuto más… Necesito aguantar.' Su mente trabaja a toda velocidad. A pesar de tener un arsenal completo a su disposición, sabía que el enfrentamiento con Kether no se resolvería con pura fuerza o simples objetos. Requería de estrategia, pero no contaba con la información suficiente para idear una, por lo que su plan se basó en un solo objetivo:
Sobrevivir hasta el cierre forzado de los servidores.
Mientras tanto, Kether comenzaba a reunir energía para otro ataque. Las runas a sus pies brillaban con una intensidad que auguraba el próximo cataclismo.
Lumiel ordenó a todas sus invocaciones que priorizaran las curaciones, mientras ayudaba personalmente al trono lanzando magia curativa de nive para mantenerlos con vida. Estaba decidido a reservar la mayoría de sus habilidades de supervivencia para cuando fuera absolutamente necesario.
El resplandor rojo de las runas alcanzó su punto álgido. Entonces, un sonido desgarrador surcó el aire, como si algo gigantesco cortara el cielo mismo. Alex frunció el ceño, buscando el origen del ruido.
'¿Qué demonios…?' empezó a preguntarse, antes de que el sonido se convirtiera en un impacto ensordecedor. La cúpula que cubría el santuario se derrumbó en una lluvia de escombros. Su colapso reveló un cielo nocturno iluminado por un meteorito ardiente que descendía con la fuerza de un sol naciente, seguido de dos más, más pequeños pero igual de letales.
El brillo cegador iluminó todo el santuario, proyectando sombras erráticas mientras los meteoritos surcaban el aire con un rugido imparable.
Lumiel sintió un nudo en el estómago. Este ataque no se parecía a nada que hubiera enfrentado antes. Aunque Yggdrasil contaba con el hechizo de nivel 10 [Caída de Meteorito, esto era algo completamente distinto. Tanto el tamaño, como el número y seguramente el poder destructivo superaban cualquier referencia que conociera.
'No puedo quedarme aquí y esperar a averiguarlo' pensó, tensando su postura. Las invocaciones no resistirían un impactado directo, especialmente el Trono, cuyo papel era crucial para mantenerlo con vida. Decidió actuar.
De un solo impulso se adelantó hasta la línea frontal, activando una cadena de habilidades defensivas. Las runas ocultas en su armadura brillaron con un resplandor dorado, y Éter divino de su clase [Santo del Escudo] se concentró en su escudo. No sabía si eso sería suficiente, pero debía intentarlo. Justo antes del impacto, activó la habilidad especial de su escudo como medida desesperada.
El meteorito principal golpeó el suelo con una fuerza descomunal, seguido por los otros dos. El santuario entero tembló bajo el impacto.
[Has sufrido un daño catastrófico]
[Resististe el daño por quemadura]
[Tu brazo derecho ha sido fracturado por el impacto del meteorito. Esta es una fuerza física imparable]
[Has sufrido ##### de daño]
Sus invocaciones también habían sufrido daños masivos, pero al menos habían sobrevivido al impacto de los tres meteoritos. Cuando el polvo comenzó a asentarse, el escenario destruido se hizo visible.
Lo primero que vio Lumiel no fue el campo de batalla destrozado, que aún ardía tras el pacto del meteorito. No, su mirada se centró inicialmente en Kether, quien había cambiado de forma en algún momento entre la caída del meteorito y el impacto.
El Arcángel seguía vistiendo la misma casulla blanca y portando su corona, pero ahora adoptaba la apariencia de uno de los ángeles de primera esfera, una Virtud. Alto, alargado y sin un rostro discernible bajo su corona. Cuatro brazos delgados terminaban en dedos largos y afilados. Su halo era un gran anillo liso de luz blanca que flotaba en su espalda. Seguía careciendo de alas visibles, pero permanecía flotando unos metros por encima del suelo destruido.
El Arcángel en su nueva forma alzó dos de sus brazos, elevándolos por encima de su cabeza mientras emitía una brillante luz blanca de sus manos. Inmediatamente, una notificación del sistema apareció ante los ojos de Lumiel, quien no pudo evitar mirarla con incredulidad.
[Kether, en su virtud como líder de los Arcángeles, fuerza el uso de la autoridad de Tzadkiel: la Tercera Sephira y el Arcángel del Entendimiento.]
Nuevas runas se formaron a los pies de Kether. Las mismas runas que habían invocado los tres meteoritos anteriores. Lumiel no necesitaba conocer a Tzadkiel ni saber cómo funcionaba su autoridad para deducir lo que sucedería si esas runas se activaban.
—¿¡Eso siquiera tiene sentido!? —gritó, incrédulo por lo que veía. Si sus sospechas eran ciertas—y estaba seguro de que lo eran—, no podía permitir que Kether terminara de castear su hechizo. No con él y sus invocaciones apenas en pie tras el ataque anterior.
Sin dudarlo un segundo, Lumiel se lanzó al aire con un solo batir de sus alas, seguido de cerca por sus invocaciones. Estas comenzaron a atacar con todo lo que tenían desde la distancia. Todos menos el Trono, que continuaba curando a los ángeles según sus órdenes anteriores.
Los Serafines lideraron el bombardeo, destacando el serafín con el arco de llamas, cuyas flechas ardientes se dirigieron directamente hacia Kether. Sin embargo, los ataques parecían no inmutarlo; el daño era insuficiente para detener su casteo.
Lumiel no podía contenerse. La situación no se lo permitía. Ajustó su postura en el aire mientras sujetaba con firmeza su espada, preparándose para su próximo ataque. Cada movimiento se sentía eterno debido a los debuffs impuestos por Kether. Cuando estuvo listo, las runas del jefe ya estaban a punto de activarse.
[Desplazamiento instantáneo]
Apareció justo frente a la imponente figura del Arcángel, que continuaba casteando a pesar del bombardeo de los Serafines de nivel 95. Kether estaba por activar su habilidad, llamando nuevamente a los tres meteoritos de la muerte—como Lumiel los llamaba—, pero él fue un paso más rápido.
Con su postura perfecta, desató la habilidad de ataque más poderosa que obtuvo de su clase Campeón Mundial:
[World Champion's Resolve: – Fated to Perish]
Como su nombre lo indica, es una habilidad de muerte instantánea casi absoluta, con un 100% de posibilidades de matar instantáneamente a su objetivo, siempre que este no sea inmune a la muerte instantánea. Pero incluso si la habilidad es resistida, infligirá un daño devastador. Sin embargo, los jefes no pueden ser eliminados directamente por este tipo de habilidades, pero aún asi recibirán un daño crítico.
El sonido de un trueno acompañó el movimiento de su espada, seguido por una onda de choque cuando la punta atravesó el fino cuerpo de Kether. El impacto lanzó al Arcángel hacia su trono, donde se detuvo con un estruendo que levantó una nube de polvo.
Solo un brazo mutilado quedaba en el lugar donde antes flotaba Kether.
[¡Critico!]
[Has infligido ###### de daño al objetivo]
[¡El objetivo ha sufrido un daño irreparable! ¡Todos los atributos se reducen en un 20% y todas las velocidades se reducen en un 50%]
[El objetivo ha resistido]
[¡El objetivo ha expuesto su debilidad! Durante 20 segundos, cualquier ataque al objetivo será incondicionalmente un golpe crítico]
[El objetivo intenta resistir. El tiempo se reduce a la mitad]
—¡Bien! —exclamó emocionado al ver el resultado.
Aunque el 50% de su maná total fue drenado en un instante y no podría volver a utilizar esta habilidad durante 24 horas, a cambió consiguió interrumpir el casteo de Kether con éxito, e incluso logró exponer una debilidad, lo cual, en una situación ideal, sería aprovechado al máximo por todos los miembros del equipo para denar el HP del jefe.
Pero desgraciadamente no estaba en una situación ideal.
La gigantesca puerta por la que antes había ingresado al santuario de Kether comenzó a emitir fuertes golpes desde fuera, como si algo estuviera intentando forzar su paso a través de ella.
'Los "caídos" acudirán al santuario para ayudar a su maestro', recordó Lumiel al leer la notificación del sistema, y sabía que si no hacía nada pronto tendría a una horda de ángeles en su retaguardia.
Ignoró por completo al Arcángel que aún se estaba recuperando del golpe, con sangre dorada cayendo de su extremidad cortada, y en cambio extrajo de su inventario un ítem en forma de reloj de arena con un objetivo en mente.
Mientras le ordenaba a sus invocaciones seguir atacando al jefe debilitado a la distancia, Lumiel activó, por segunda vez en el día, la magia que trasciende niveles y que ya había terminado su enfriamiento.
[Magia de Super-Nivel: Panteón]
Este hechizo era similar al de décimo nivel [Armagedón – Bueno] que Lumiel también poseía, y diametralmente opuesto al hechizo de super-nivel [Pandemonio].
Un domo mágico tridimensional de tamaño inmenso, de casi diez metros de radio, se activó con Lumiel en el centro. Al momento en que apareció el domo mágico, Lumiel rompió en dos de arena tenía en su mano enguantada, activando instantáneamente el hechizo.
Seis pilares de luz aparecieron alrededor suyo, y de ellos salieron seis ángeles con cabeza de león y dos pares de alas, todos equipados con brillantes armaduras, escudos con patrones de ojos y lanzas de fuego. Estos ángeles eran Querubines Guardianes de la puerta (Cherubim Gatekeepers).
Al aparecer, los seis querubines recibieron la orden de defender la puerta del santuario, irónicamente haciendo honor a su nombre.
Con la puerta funcionando como un cuello de botella, los seis querubines de nivel 80, potenciados por su alto nivel de Karma y sus clases raciales y de trabajo, deberían bastar para resistir los pocos segundos que le quedaban al servidor, incluso si lo que enfrentaban era una horda de ángeles de primera y segunda esfera.
Mientras Lumiel, los Serafines y el Trono seguían resistiendo los ataques de Kether, el patrón del combate parecía haber cambiado. Ahora, el jefe se centraba más en hechizos de nivel alto, pero potenciados como si cada uno estuviera mejorado por múltiples metamagias.
Aunque el bombardeo mágico era constante, el daño era manejable gracias al esfuerzo conjunto de las curaciones del Trono y las de Lumiel. Parecía que Kether había dejado de usar magia de área amplia, y la razón se hizo evidente cuando Lumiel notó que el brazo amputado del jefe se estaba regenerando rápidamente.
Sin duda, la falta de ataques masivos era un precio temporal para acelerar su recuperación.
'¿Está priorizando su regeneración…?' pensó Lumiel, intentando mantener la presión con ataques coordinados mientras hacía lo posible por interrumpir o frenar los intentos del jefe de castear hechizos potencialmente peligrosos.
De repente, un sonido ensordecedor resonó desde la retaguardia. Un estruendo metálico, seguido del inconfundible eco de una batalla, atrajo la atención de Lumiel. Miró rápidamente hacia la gigantesca puerta trasera del santuario, viendo cómo una marea interminable de ángeles caídos intentaba atravesarla. Distintos en tamaño y forma, los "Caídos" chocaban contra la barrera formada por los seis Querubines, quienes mantenían una formación defensiva parecida a las antiguas legiones romanas.
La situación estaba bajo control por ahora, pero no tardó en notar que los Querubines estaban siendo empujados hacia atrás, su formación comenzando a ceder bajo la presión. Aunque los Querubines potenciados por el eran tanques poderosos, la abrumadora cantidad de enemigos significaba que eventualmente los Caídos romperían su defensa y avanzarían hacia el santuario, amenazando con rodearlos completamente.
'No hay forma de que puedan mantenerlos a raya por mucho tiempo…' pensó Lumiel, evaluando rápidamente la situación y dándose cuenta de su error de cálculo anterior. Sus opciones eran pocas, y el tiempo seguía jugando en su contra a pesar de solo quedar menos de veinte segundos.
[23:59:46]
Kether, entretanto, recuperaba rápidamente la movilidad completa de su brazo amputado. Lumiel y sus invocaciones intentaron mantener la presión, atacando constantemente el punto su débil, pero para cuando el jefe regeneró por completo su extremidad, las runas bajo sus pies comenzaron a brillar de nuevo.
Alex sintió un escalofrío al reconocer la inminencia de un ataque devastador. Sin los medios para cumplir con los requisitos de daño necesarios para interrumpir el hechizo, solo podía prepararse lo mejor posible.
Las runas alcanzaron su punto máximo en cuestión de segundos y entonces, un pilar de luz descendió del cielo nocturno, pero no sobre Lumiel y sus invocaciones como esperaba que sucediera. Su verdadero objetivo eran los Querubines en la puerta.
El impacto fue brutal. La luz consumió a los Querubines en un instante, mientras las notificaciones llenaban el campo visual de Lumiel.
[Invocación: Cherubim Gatekeeper de Nivel 80 ha muerto.]
[Invocación: Cherubim Gatekeeper de Nivel 80 ha muerto.]
[Invocación: Cherubim Gatekeeper de Nivel 80 ha muerto.]
[Invocación: Cherubim Gatekeeper de Nivel 80 ha muerto.]
Solo dos Querubines permanecieron con vida, y aun así, estaban gravemente heridos y al borde de la muerte. Tal era el poder de la magia de Kether, que parecía igual o superior a la magia de Super-Nivel en términos de destrucción.
Lumiel maldijo para sus adentros. Los Querubines ya no podían sostener la puerta, y las hordas de Caídos atravesaron la barrera sin encontrar resistencia.
—¡Reagrúpense conmigo! —gritó la orden, aunque no era necesario, mientras cubría la retirada de los Querubines supervivientes. Los ángeles corruptos intentaban flanquearlos, pero Lumiel y los Serafines lograron mantenerlos a raya con ataques estratégicos, mientras guiaba a los Querubines por el camino más despejado.
Una vez reunidos, Lumiel y el Trono priorizaron las curaciones en los Querubines, estabilizándolos lo suficiente como para que pudieran seguir luchando.
A pesar de sus esfuerzos, la situación se habia vuelto desesperada. Al menos trescientos ángeles Caídos, de niveles 80 a 85, rodeaban el santuario. Aunque no todos podían atacar simultáneamente, al menos veinte mantenían un fuego constante sobre el grupo.
Ademas, los Serafines y Dominios enemigos, ubicados en la retaguardia, lanzaban hechizos que drenaban el HP de Lumiel y sus invocaciones. El trono hacía lo imposible por mantener a todos con vida, pero la presión era abrumadora.
'Esto no va a aguantar mucho más…' pensó, mientras intentaba coordinar sus ataques y los de sus invocaciones para evitar ser completamente rodeado.
Sin embargo, lo que más le preocupaba no era la horda de Caídos, sino la súbita ausencia de ataques de Kether. Desde que los Caídos irrumpieron en el santuario, el jefe había cesado por completo su ofensiva.
'¿Qué está tramando?'
Lumiel dirigió una mirada rápida hacia el lugar donde había estado el Arcángel, pero la densa multitud de enemigos le bloqueaba la vista. Una sensación de inquietud se apoderó de él. Algo no estaba bien.
[23:59:50]
Lumiel sabía que no podía ignorar esa sensación de peligro. Con movimientos ágiles y bien planificados, guió a sus invocaciones hacia un punto estratégico que les permitiera tener una vista clara del jefe, evitando los obstáculos que representaban los enormes ángeles de segunda esfera y la creciente marea de Caídos.
Finalmente, tras maniobrar entre las oleadas de enemigos, encontró un lugar despejado que aún no había sido invadido por los refuerzos. Apenas logró enfocar su vista en el Arcángel cuando un pensamiento se incrustó en su mente como una daga:
'Carnaval de sangre…'
Cainabel, uno de los tantos dioses "malvados" de Yggdrasil, era conocido como el Primer Ancestro Divino de la Sangre, siendo el dios patrón de los vampiros y progenitor de su especie. Aunque no era considerado un jefe particularmente poderoso, su habilidad "Carnaval de Sangre" era infamemente problemática. Esta habilidad le permitía absorber la sangre de todos los presentes, incrementando exponencialmente su poder en un grotesco espectáculo de sangre que abarcaba toda la estancia del jefe.
Lo que Lumiel estaba presenciando le recordaba al "Carnaval de Sangre" de Cainabel, pero era diferente.
Kether estaba de vuelta en su forma original, de pie junto a su trono, rodeado en un círculo de ángeles caídos. Pero lo que hacía con ellos era todo menos divino.
El Arcángel levantaba a los Caídos con sus largas manos, una y otra vez, devorándolos sin piedad. Cada ángel que caía en sus fauces se descomponía en un miasma negro y espeso, una sustancia similar al alquitrán que fluía hacia los pies de Kether. La sustancia se fusionaba con su cuerpo, que no dejaba de crecer y distorsionarse.
Su figura, que antes tenía una apariencia regia y casi humana, ahora mutaba a un ritmo alarmante. Las extremidades se alargaban, los bordes de su forma se volvían irregulares y su tamaño aumentaba con cada segundo que pasaba.
'¿Es alguna clase de transformación especial? ¿O acaso la forma de antes nunca fue su verdadera apariencia?'
Lumiel observaba con atención mientras el jefe continuaba absorbiendo el miasma negro, cada vez más lejos de su imagen original y acercándose a algo que solo podía describirse como monstruoso.
[23:59:55]
Mientras Lumiel y sus ángeles luchaban por mantenerse firmes, Kether completó la absorción de la esencia de los Caídos. Su transformación llego a su fin, revelando una forma que estaba más allá de cualquier descripción comprensible.
No tenía palabras para describirlo; era una amalgama grotesca que parecía haber salido directamente de las profundidades de un sueño lovecraftiano. Su cuerpo, una masa de carne flácida y colgante, estaba cubierto de pliegues de piel suelta que parecían moverse por voluntad propia. Cientos de ojos emergían de entre los pliegues, parpadeando erráticamente mientras sus seis alas de tejido vivo recien formadas se agitaban de manera antinatural, como si tuvieran mente propia.
Su corona aun flotaba sobre sus alargada cabeza sin rostro, donde solo se distinguía una boca grotesca y alargada.
La imagen en su totalidad reemplazó la terrorífica sonrisa con la que Kether lo había sorprendido al inicio del combate. Ahora, este monstruo ocuparía el primer lugar en la lista de las cosas horribles con las que soñar esta noche.
[23:59:56]
Kether alzó sus cuatro largos y delgados brazos hacia el aire. Runas comenzaron a materializarse bajo sus pies, trazando un enorme círculo mágico con él como epicentro. La escena le resultaba inquietantemente familiar.
'No otra vez…' pensó Lumiel, mientras sentía que su pecho se hundía.
[Kether, en su virtud como líder de los Arcángeles, fuerza el uso de la autoridad de Tzadkiel: la Tercera Sephira y el Arcángel del Entendimiento.]
Un segundo círculo mágico apareció encima del primero, superpuesto, intensificando su brillo hasta que parecía que todo el santuario estaba siendo tragado por la luz.
—Malditos desarrolladores de mierda… —murmuró, sin poder encontrar palabras más apropiadas para expresar su frustración y resignación.
[23:59:57]
'Esto no es una pelea, es una sentencia de muerte', pensó mientras sus hombros se hundían bajo el peso de la desesperación.
La luz de las runas brillaba con una intensidad cegadora. Kether parecía estar al borde de liberar su ataque final. A pesar de todo, Lumiel permaneció de pie, incapaz de hacer otra cosa más que aceptar su destino.
[23:59:58]
'Di mi mejor esfuerzo, amigos… pero al final, no fui capaz de resistir hasta el cierre.'
A pesar de que su invocador parecía haberse rendido, los ángeles seguían luchando. Resistían los embates de sus hermanos caídos con una fiereza que no podía explicarse solo por órdenes preestablecidas.
[23:59:59, 09]
La magia de Kether alcanzó su punto álgido. Alex observó, con una mezcla de resignación y desconcierto, lo que parecía una sonrisa formándose en la grotesca boca del jefe. No podía ser posible y seguramente era el cansancio, pero sentía como si el Arcángel se estuviera burlando de él y de su intento inútil de resistencia.
[23:59:59, 33]
El aire vibró, y la magia de Kether finalmente se activó. Una oleada de luz ardiente comenzó a expandirse con él como epicentro, arrasando todo a su paso con una rapidez y potencia que sobrepasaban cualquier magia que haya visto en Yggdrasil.
[23:59:59, 45]
La luz alcanzó a los Caídos que rodeaban a Lumiel y sus ángeles, reduciéndolos a cenizas instantáneamente, algo que no debería ser posible debido a las mecánicas de Yggdrasil que no permitía el fuego amigo.
[23:59:59, 61]
El calor abrazador traspasó la armadura de Lumiel, alcanzando su piel cubierta por su exoesqueleto de mármol blanco. La sensación era tan real que lo dejó momentáneamente paralizado.
[23:59:59, 74]
La luz envolvió finalmente a Lumiel, drenando completamente su HP. Una notificación apareció fugazmente ante sus ojos:
[Moriste a manos de Kether, la representación de la creación. La esencia de tu alma está por ser consum...]
[23:59:59, 82]
El sistema titubeó. Nuevas notificaciones comenzaron a aparecer, fragmentadas y mezcladas con líneas de código roto:
[error: ▒▒▒▒▒ Diosa Ariane ▒▒▒▒▒▒▒▒ su ▒▒▒ voluntad...]
[corrupted data]
[▒▒▒▒▒ Kether ▒▒▒▒▒▒▒▒ intervención. ▒▒▒▒▒▒▒▒ esencia divina ▒▒▒▒▒▒▒▒ ...]
[critical error: system unstable]
[23:59:59, 94]
El flujo de luz se intensificó, cubriendo todo el santuario en un brillo imposible de contener.
[00:00:00]
El sistema colapsó y todo quedó en silencio.
…
..
.
En el umbral de la creación y la realidad, Ariane despertaba.
Había existido como un eco dentro de los confines de Yggdrasil, atrapada en un estado de perpetuo letargo. Sus pensamientos estaban fragmentados, encapsulados por las leyes absolutas que regían su plano. Estas leyes, perfectas en su rigor, la limitaban a observar, incapaz de tocar, cambiar o actuar.
Era consciente de su propósito: guiar a los caballeros sagrados que juraban lealtad en su nombre, proteger el honor y la virtud que representaba. Durante los días dorados de Yggdrasil, su nombre era pronunciado con fervor, y sus estatuas adornaban santuarios en donde se juraban votos solemnes.
Sin embargo, con el tiempo, la devoción de sus seguidores reveló su vacío. Los caballeros que alguna vez pronunciaron su nombre con fervor no buscaban su guía; veían en ella un medio para obtener poder y gloria. Aunque sus palabras resonaban llenas de promesas y lealtades, eran solo máscaras, gestos mecánicos que no dejaban huella alguna en su esencia.
Con el paso de los años, su fervor fue menguando. Uno a uno, los seguidores que proclamaban ser sus campeones divinos se desvanecieron, dejando sus estandartes y propósitos abandonados. Primero, lo sintió como un eco distante que se apagaba; luego, como un vacío que se extendía por todo su ser.
Fue en medio de esa soledad que lo notó por primera vez.
Entre los pocos que quedaban, hubo uno que llamó su atención. Un caballero solitario que, aunque nunca pronunciaba grandes discursos ni ofrecía tributos ostentosos, inclinaba su cabeza ante su estatua con una sinceridad que no había sentido desde que tuvo conciencia.
Al principio, lo observó con curiosidad, incapaz de comprender por qué ese caballero actuaba distinto a los demás, mostrando tanto respeto. Con el tiempo, comenzó a esperar esos momentos fugaces. Era él quien hablaba, no con plegarias o peticiones, sino con palabras sencillas que llenaban el silencio que la rodeaba.
A veces, eran reflexiones mundanas; otras, recuerdos de días gloriosos. Aunque las grietas de su conciencia apenas le permitían atisbarlo, esas palabras fueron suficientes para encender una chispa en su interior.
Ariane nunca lo llamó por su nombre; no lo necesita. En su esencia, lo conocía como su fiel caballero, el único que le había dado un verdadero significado en su existencia.
A medida que Yggdrasil avanzaba hacia su final, las grietas que limitaban su percepción comenzaron a ensancharse. Por primera vez, pudo sentir plenamente la despedida de su caballero. Lo vio inclinarse ante su estatua, y aunque no soltó una sola palabra, pudo sentir el peso detrás de sus acciones. También observó cómo se despedía de aquella que pequeña niña que siempre miraba con cariño, una creación suya que lo acompañaba fielmente.
'¿Es esto el fin?' pensó, mientras sentía las cadenas invisibles que la contenían tensarse y tambalearse bajo el peso de algo nuevo, algo desconocido.
Y entonces, algo cambió. Fue solo cuando aquel caballero comenzó a portar tres de las emanaciones divinas—las reliquias perdidas de los antiguos dioses—que Ariane percibió una chispa de poder que no sentía hacía siglos. La energía que emanaba de los objetos resonó con su ser, conectándola nuevamente con los nueve mundos de una forma tenue pero significativa.
Por primera vez en lo que parecieron eones, Ariane pudo extender su mirada más allá del santuario que la contenía en el Salón Dorado. Aunque limitada, esa conexión le permitió contemplar los logros de su caballero: un Ángel "bendecido" que había recuperado no una, sino tres de las emanaciones robadas por los Arcángeles caídos en desgracia.
'Un sacrificio noble…' pensó, interpretando el acto de su caballero como un tributo personal a su causa.
Aunque desconocía los detalles de las motivaciones de su caballero, veía en sus acciones la restauración de algo que los dioses habían perdido durante la rebelión de los Arcángeles. Las emanaciones divinas, fuente de la autoridad divina que alguna vez habia permitido a los dioses influir en los nueve mundos, estaban regresando lentamente a sus legítimos dueños.
Esa percepción le dio fuerzas para romper, aunque fuera por momentos, las cadenas invisibles de Yggdrasil que la mantenían confinada.
Fue entonces cuando lo vio, enfrentándose al Arcángel Kether.
El combate era feroz. Kether, una figura que Ariane conocía como la chispa inicial de la creación y el líder de las Diez Emanaciones, se había convertido en una sombra corrupta de su antigua gloria. El poder corrupto que había acumulado desde su destierro lo hacía parecer más monstruoso que divino.
Ariane contempló el enfrentamiento con una mezcla de orgullo y temor. Su caballero luchaba con valentía, utilizando cada recurso a su disposición, pero era evidente que la balanza no estaba a su favor. A pesar de ello, sus acciones resonaban con un fervor que desafiaba las limitaciones de un simple angel.
'Incluso ahora… él no retrocede,' pensó, mientras el conflicto llegaba a su clímax.
Y entonces ocurrió.
Kether desató su ataque final. La luz abrasadora de su magia cubrió el santuario, consumiendo todo a su paso. Ariane observó con horror cómo la esencia de su caballero, un "bendecido" cuya alma no podía ser eliminada, era arrastrada hacia el abismo que representaba Kether, amenazando su existencia inmortal.
Por primera vez desde que tuvo conciencia, Ariane sintió algo que trascendía su ser.
Ira.
Ira por aquellos que una vez juraron su lealtad solo para abandonarla. Ira por las cadenas que la ataban a un papel que no podía ni quería cumplir. Ira por la injusticia de perder a quien había sido su único refugio en el vacío de su existencia.
'Yo, Ariane, diosa de la virtud y el honor, no permitiré que mi caballero caiga bajo la oscuridad' proclamó en su mente. Su voz, ahora libre de las limitaciones que la aprisionaban, resonó con una fuerza que hizo eco en el santuario.
[23:59:59]
Las cadenas se rompieron.
Una luz cálida envolvió la esencia de Lumiel. Su descenso al abismo se detuvo en el último instante. Ariane sintió cómo parte de su propia divinidad se desgarraba para intervenir contra las leyes de Yggdrasil, pero no le importó. Su único propósito en ese momento era proteger a quien le había devuelto un sentido a su existencia.
[ERROR: código corrompido...]
[CRITICAL ERROR: INTERRUPCIÓN DIVINA DETECTADA]
[La Diosa Ariane manifiesta su voluntad...]
Las notificaciones de ley emergieron como fragmentos rotos, mezcladas con líneas ilegibles de datos corruptos. Frente a la abominación en que Kether se había convertido, Ariane apareció como una silueta de luz dorada.
'No me importa lo que seas ahora,' declaró con serenidad. 'No tocarás lo que es mío.'
El enfrentamiento que siguió fue breve, pero desgarrador. Aunque logró salvar la esencia de su caballero, Kether, enfurecido, lanzó un último ataque que desgarró parte de su ser. Aun así, Ariane no se detuvo. Con sus últimas fuerzas, envolvió la esencia de Lumiel, protegiéndola y proyectándola hacia un destino desconocido…
…
..
.
Alex no sabía dónde estaba.
O más bien, no sabía si estaba en algún lugar. Era como si su conciencia flotara en un espacio indefinido, sin forma ni dirección. Sentía algo cálido, envolvente, como si una mano gentil sostuviera lo que quedaba de él. Era reconfortante, maternal… tan placentero que no quería abandonarlo.
No tenía cuerpo. No podía moverse. Pero tampoco lo necesitaba. Estar allí, en ese limbo de luz y calor, era todo lo que deseaba. La noción del tiempo se desvaneció; el pasado y el presente se mezclaban en un todo confuso, pero no le importaba.
'¿Esto es… el final?' pensó, aunque ni siquiera estaba seguro de que pudiera llamar a ese pensamiento suyo.
De repente, una voz rompió el silencio.
Era cálida y amable, como el susurro del viento a través de un bosque tranquilo. Alex no podía identificarla, pero la sentía como algo familiar.
—Mi fiel caballero… mi último guardián.
La voz parecía resonar desde todas partes y ninguna. Alex intento responder, pero no pudo. No tenía palabras, no tenía voz. Sin embargo, la presencia continuó hablándole, reconfortándolo con cada palabra.
—Has hecho lo imposible… recuperaste aquello que nos fue arrebatado. Las emanaciones que una vez sostuvieron nuestra luz. Auriel… incluso en su error, fue la primera en reconocer su caída y su error. Y tú la redimiste.
Auriel. El nombre resonó en su mente. Aunque no entendía del todo por qué. Alex sentía que las palabras eran importantes, pero no podía captar su significado completo.
La voz continuó.
—A través de ti, nuestras fuerzas volvieron a reunirse, aunque sea en parte. Gracias a ti, pude abrir mis ojos, aunque fuera por un instante, y contemplar de nuevo los nueve mundos que había perdido.
La voz hablaba con un tono de gratitud y de algo más… algo que Alex apenas podía percibir. Tristeza, quizás.
—Pero tus logros no llegaron sin un precio. Cuando luchaste contra Kether… pude ver cómo te enfrentabas a él con un coraje que ningún ser había mostrado jamás. Incluso cuando el final estaba cerca, no retrocediste.
El cálido abrazo que lo envolvía pareció intensificarse.
—No permitiré que lo que es mío sea arrebatado por una abominación.
La voz se tornó más solemne, y Alex pudo percibir fragmentos de algo… imágenes que no sabía si eran recuerdos suyos o algo que le era transmitido. Vio a Kether, deformado y monstruoso, extendiendo su poder para consumirlo. Vio cómo una luz dorada lo envolvía en el último instante, apartándolo del abismo.
—Tu esencia, tu hermosa y brillante alma estaba siendo arrastrada hacia la oscuridad. Pero te salvé. Fue mi deber como diosa y mi derecho de quien te ha jurado proteger.
Alex sentía que las palabras eran verdaderas, aunque no podía comprender del todo cómo o por qué. La voz continuó, suave pero firme.
—El fin de nuestro mundo estaba escrito desde el principio. Las hojas de Yggdrasil caen una a una, devoradas por aquello que nunca debió existir. Pero no fue el fin que esperábamos. Una fuerza desconocida, una magia prohibida y más poderosa que el propio árbol, intervino. Trataba de llevarte consigo, como si tu existencia le perteneciera.
Hubo una pausa, como si la voz dudara por un instante.
—Usé lo último de mi poder para alterar su curso. No podía detenerla, pero pude redirigirla. Ahora, mi caballero, no irás a un lugar desconocido solo.
La calidez que lo envolvía pareció llenarlo con algo más profundo: gratitud.
—La pequeña que siempre estuvo a tu lado… no podía dejarla atrás. La he guiado contigo. Que pueda caminar a tu lado una vez más.
Por un momento, Alex sintió que algo dentro de él cambiaba. Era como si un lazo invisible se formara, conectándolo con algo o alguien.
—Aunque… esto es lamentable… mi fuerza no es suficiente para acompañarte como lo haría en nuestro mundo. Pero no te dejaré completamente. En las emanaciones que recuperaste, he grabado parte de mi esencia. Estaré contigo, en silencio, observando, protegiendo.
La calidez comenzó a desvanecerse lentamente. Alex sintió cómo la suavidad de aquel abrazo se alejaba, como si lo obligaran a despertar de un sueño que no quería abandonar.
—Mi fiel caballero, este será nuestro adiós por ahora. Pero recuerda esto: donde sea que vayas, la virtud y el honor siempre estarán contigo.
Las últimas palabras resonaron en lo más profundo de su ser, grabándose como una marca en su alma.
Un silencio pesado cayó sobre él, y por primera vez desde que llegó a este lugar, Alex sintió un vacío frío.
…
..
.
"…miel…"
La voz distante comenzó como un susurro, débil pero insistente.
"…Lumiel…"
Era familiar, pero distinta de la que había escuchado antes.
"¡Señor Lumiel!"
El llamado fue lo suficientemente claro como para sacarlo del letargo. Con un esfuerzo que parecía arrancado de lo más profundo de su ser, Alex comenzó a despertar.
