Aún no había salido el sol, y Near ya había abierto los ojos.

Suspiró.

Odiaba desvelarse, pero siempre le sucedía lo mismo y cada vez más seguido. Solía pasarle cuando estaba preocupado y, efectivamente, el estrés del último día lo había llevado a su punto máximo. Haber descubierto junto a Mello la fecha precisa de la próxima luna llena el día anterior, había sido un sedante poderoso. Sin embargo, ahora no dejaba de preguntarse cómo haría para preparar la fórmula por primera vez y sin la ayuda de Elle, y para colmo sin que se enterara el resto de los hombres lobo de la Wammy. Sobre todo Beyond.

En especial Beyond.

La luz plateada de la luna menguante que entraba por la ventana alumbraba su habitación de manera tenue y hacía que todo luciera espectral. Se puso de pie. No había reparado en que se había quitado la parte superior del pijama para dormir y, así como estaba vestido -únicamente con sus pantalones blancos-, bajó descalzo las escaleras hacia el sótano, cuidando de no hacer ruido para no despertar a nadie.

Una vez que estuvo ahí, se encerró bajo llave y, en completo silencio y en compañía únicamente de su soledad, fue a sentarse a la silla a esperar el llamado de Elle.

Y así permaneció durante horas, hasta que, a eso de las ocho de la mañana sonó el teléfono.

—Elle —murmuró Near cuando escuchó su voz profunda del otro lado.

Aquí estoy, Near. —Era definitivamente él. Near logró advertir cierta tristeza en su voz, mucho más pausada de lo normal—. ¿Tienes la fecha? —Podía advertir lo mucho que Elle estaría odiando internamente en ese momento tener que estar mendigando ese tipo de información cuando, tranquilamente, pudo haberla obtenido si tan solo Beyond no hubiese destrozado todos sus escritos.

—Sí, Elle —respondió rápido—. 19 de abril—. Eso significaba que faltaban tres larguísimas semanas. Near pudo escuchar a Elle emitiendo un gruñido leve de exasperación, y adivinaba que pasar tres semanas en una celda fría y sucia no era algo que se le apeteciera en absoluto—. Lo siento mucho, Elle.

—No te disculpes —respondió aquel, abatido—. No es tu culpa.

—Hay un dato más preciso, por si te interesa saber —continuó Near—: La luna llegará a su fase plena a la 1:22 de la madrugada del 19. —Supuso Near que se trataba de un dato relevante en caso de que la policía le preguntase a Elle la hora exacta, para poder presenciar la transformación.

Gracias Near —lo escuchó decir con resignación.

—Otra cosa, y creo que esto es importante… —Se había prometido a sí mismo no hacer mención de absolutamente nada relacionado con la pócima, así que saltó arbitrariamente el tema—. No estoy seguro adónde planea Beyond hacer esa fiesta, pero supongo que en Beauchamp Hall.

Near sabía muy bien que ese era el único de los edificios al cual todavía no había ido, y creía que Beyond no era idiota como para repetir una fiesta de la luna en el mismo lugar. Además, Beauchamp Hall quedaba aislado de la ciudad de Londres. Era el lugar ideal.

Si creía conocer a Beyond, y estaba seguro de que así era, podía apostar que el próximo lugar sería Beauchamp Hall.

Supuse exactamente lo mismo —exclamó Elle, y con una seguridad abrasante. Esta vez con un tono de autoridad espontánea—. Eres inteligente, Near…

Near se aclaró la garganta. Tenía a Elle del otro lado y, por más de que era sumamente consciente de que no debía tocar el tema de la pócima, era muy difícil no hablar de eso siendo que tenía del otro lado a la única persona capaz de comprenderlo.

Sintió nervios, y entonces las palabras brotaron solas de su boca.

—Quiero quedarme encerrado en mi celda ese día, Elle —dijo con su mayor expresión de sinceridad. Tenía la voz quebrada, como nunca se había escuchado a sí mismo en su vida—. No quiero participar de ese ritual asqueroso, ¡lo odio! —Reprimió la expresión de ira apretando fuerte el labio inferior hasta tal punto que por poco le sangra.

Lo sé —fue lo único que respondió Elle, y su voz había sonado tan apagada como resignada. Near más que nadie sabía que no había nada que Elle pudiera hacer para detener a Beyond—. Escucha —dijo Elle de repente—, conozco Beauchamp Hall, es un edificio mucho más grande que el que acostumbra usar Beyond para sus fiestas. Hay un sótano con cerrojo antiguo, no necesita llave. Enciérrate ahí antes de que la luna llegue a su fase completa. Beyond no se dará cuenta, te perderá de vista cuando empiece la transformación.

Near tragó espeso.

—¿Y es seguro que no voy a poder salir de ahí una vez que me transforme? —preguntó asustado.

Elle guardó silencio del otro lado. Los segundos pasaron, lo único que pudo escuchar Near de Elle fue su respiración pausada.

No. Lo siento. No puedo prometerte eso —sentenció—, pero harás todo lo posible y eso es lo importante.

Near suspiró hondo. La idea de matar a un ser humano le generaba arcadas, y ya se sentía demasiado abatido de tan solo pensar que se transformaría en otro lugar que no era la celda a la que estaba tan acostumbrado.

Sería la primera vez que se transformaría delante de cientos de personas que no conocía y a las que, probablemente, llegaría a devorarles el corazón en lo que durara el chasquido de un dedo.

—Adiós, Elle —Hubiese querido que su conversación durara más y que tocara los temas en profundidad, pero no podía darse el lujo de hablar al rolete. Elle estaba siendo investigado por la policía, era necesario mantener la compostura. En su voz no había más que melancolía y decepción.

Adiós, Near —dijo con mayor tristeza de la que el albino pudo tolerar. Y colgó la llamada.

Near se quedó otra vez solo en la inmensidad de ese laboratorio.

Si lo que decía Elle era cierto, entonces estaba decidido a usar el sótano de Bauchamp Hall para no tener que someterse a la voluntad de Beyond de andar matando gente a diestra y siniestra, y como se le diera la gana. Pero de todas formas crearía la pócima, ya que le aportaba la seguridad necesaria que necesitaba para creer que, por lo menos, intentaría una salida extra.


Ni bien colgó la llamada, el detective Marsh miró a Elle fijamente. Desvió el contacto visual para tomarse unos segundos y reflexionar en silencio.

—Entonces… —dijo con voz meditativa—, el 19 de abril a la 1:20 de la madrugada, es cuando sucederá la transformación.

Elle asintió levemente.

Marsh se lo quedó mirando unos segundos. Todavía se debatía internamente si debía tomarse en serio todo ese asunto de la licantropía o no. Haber escuchado que otra persona allegada a Elle le seguía la conversación por teléfono no era prueba suficiente. Podía ser una coartada y tanto él como aquel tal Near podrían estar inventándose todo ese rollo para burlarse de él y llevarlo al límite de su cordura.

Marsh inhaló y exhaló un par de veces con agobio. La situación lo desbordaba.

Hizo que Elle se pusiera de pie y lo llevó hasta su celda. Luego regresó a su pequeña oficina, completamente pulcra y ordenada. Fue a sentarse detrás del escritorio y ahí, en completo silencio, fue acechado por la voz de su conciencia.

Sus años de experiencia como detective de la jefatura de policía de Londres le hacían creer que se trataba de un boicot, o en el mejor de los casos de simplemente un par de locos que asesinaban personas creyendo que eran hombres lobo. De ser ese el caso, creía que esa gente estaba pasada de estupefacientes.

Pero, por otro lado, algo en su interior le decía que le siguiera la corriente a Elle para ver hasta dónde llegaba su locura, y también la de ese otro chico.

Decidió no ponerse a pensar más acerca del tema o acabaría estallándole el cerebro. Sujetó el móvil dispuesto a hacer una llamada rápida.


Eran las nueve de la mañana y Light estaba parado frente a la ventana de la cocina del nuevo departamento al que habían tenido que ir a vivir después de que toda esa ola de muertes comenzara.

Sus ojos veían el horizonte que se extendía más allá de la ciudad de Londres. Le parecía infinito, con esos edificios y rascacielos que ocupaban casi todo el paisaje citiziano; las nubes negras avecinaban una tormenta, un clima lluvioso y húmedo al que definitivamente no estaba acostumbrado, muy típico de Inglaterra.

Extrañaba tanto el clima cálido de Japón que no podía esperar a que terminara toda esa investigación para regresar de una buena vez a Kanto y reencontrarse con su familia. Necesitaba demasiado el afecto de su madre; tanto así que le escribía todas las mañanas preguntando cómo estaban ella, Sayu y su padre, y así mismo hacía ella con él.

Nunca habían perdido el contacto, después de todo.

Chequeó la hora en su reloj de muñeca: las 8.30 de la mañana. Le sorprendía que todavía no le llegara un mensaje de su madre preguntándole si se sentía mejor, si había comido algo, si venía durmiendo lo suficiente, si se estaba hidratando como debía, y el típico listado de preguntas que suele hacer una madre cuando la situación que atraviesa su hijo es desesperante.

Pensó Light que cuando Sachiko le escribiera, seguramente omitiera hablar de Ídan, y también él. Era un tema que prefería no tocar o volvería a quebrarse como un niño.

Sujetó el móvil y vio una llamada perdida, pero no de su madre, como hubiese esperado, sino del detective Marsh. Como no había llegado a contestar, Light volvió a llamar para ver qué era lo que querría decirle.

Light —dijo la voz del otro lado—. Hablé con Lawliet —suspiró, como si antes de empezar ya se adelantara a la intensidad de las palabras que estaba a punto de decir. Light permaneció espectante—. Si opto por la opción de creer que está tocado de la cabeza hasta el rolete, y de que definitivamente necesita intervención psiquiátrica, entonces todo su círculo también lo está. Llamó a uno de los suyos enfrente mío. Un tal Near, y también él se oía convencido de ser un hombre lobo.

¿Sería posible algo así? Esa pregunta no dejaba de rondar la cabeza de Light. ¿Sería posible que una persona con la que había interactuado y generado un vínculo especial, estuviese tan demente como para asesinar gente?

Sin embargo a él lo había salvado. Elle no podía ser un asesino. No hubiese tenido semejante muestra de afecto si así fuese.

—¿Puedo preguntarte algo? —inquirió Light. El detective guardó silencio del otro lado de la línea—. ¿De qué habló Elle con ese tal Near?

Marsh mosqueó.

Acerca de la próxima fiesta en la que se llevarán a cabo los homicidios. —En ese preciso instante, Takada entró en la cocina. Light sentado junto a la mesa, con el móvil sobre la superficie de esta, en altavoz. Cruzaron miradas. Ella comprendió de inmediato que estaba hablando con el detective—. Dieron una fecha segura, y especificaron que la luna llegaría a su fase completa pasados veintidós minutos de la una de la madrugada.

Light vio a Takada rodando los ojos al mismo tiempo que cerraba la puerta del refrigerador. Había sacado una lata de refresco y se había quedado de pie, mirando el teléfono mientras oía la voz aquejada del detective.

Gracias por tu colaboración como testigo, Light —dijo Marsh—. Dale las gracias también a tus amigos. Intentaré llegar al fondo de esto lo antes posible y, cuando descubra qué hay detrás de todo este disparate, te daré a ti y a los demás una respuesta verídica. Lo prometo.

—¿Cuándo te dijo que era esa fiesta? —preguntó Light, interrumpiendo al detective en seco.

Se escuchó un silencio arduo hasta que del otro lado, Marsh murmuró:

El 19 de abril.

Light y Takada se observaron en silencio.

—Quiero ir.

—¡¿Qué?! —gritaron Takada y Marsh al mismo tiempo. Los ojos inquisidores de Takada escudriñaron a Light a tal punto que él se sintió ultrajado. Sin embargo, continuaba convencido de asistir, sin importar lo que pensaran ellos.

—Sí, quiero ir —afirmó sin ningún tipo de duda.

—¡Maldita sea! ¿Estás loco, Light? —susurró Takada, mirándolo con los ojos tan abiertos que parecían a punto de caer de sus fosas.

—Creo que lo mejor será que te quedes en el departamento, Light —dijo el detective, con sinceras dudas de que el muchacho se encontrara realmente bien.

—De verdad necesito ver a Elle ese día —confesó Light, quien por dentro estaba casi agonizando.

—Maldita sea —suspiró Takada, sujetándose la frente—. Por un momento creí que tenías la estúpida idea de ir a esa fiesta. —Cerró la puerta de la cocina, dejándolo solo.

Light inhaló profundo. Miró las nubes grisáceas del otro lado de los cristales de las ventanas en la cocina y pensó que definitivamente le faltaban varios patos en la fila. Estar creyéndole a Elle para justificar sus actos aberrantes era peor que un acto suicida.

Se preguntaba si también él estaba cayendo lentamente en los ápices de la locura.

Light, ¿estás ahí? —preguntó Marsh.

Cayó en la cuenta de que se había quedado sumido en sus cavilaciones y jamás había colgado.

—Sí —respondió a secas.

Si tu intención es corroborar si Elle está diciendo la verdad, tienes mi permiso para hacerlo. Pero quizás, y lo digo por tu propio bien, sea buena idea que no acudas.

Light se aclaró la garganta. Todo ese rollo de la licantropía ya lo tenía de malas y era necesario sacarse la duda cuanto antes. Si Elle de verdad estaba loco, tenía que comprobarlo él mismo.


Mello nunca había sido de los que despertaban a la par del alba. Abrió los ojos y se quedó un rato largo en la cama, desperezándose.

Había una sola cosa ocupando su mente, y tenía cabello platinado. Su imagen, tan impregnada en sus pensamientos, no dejaba de ir y venir en su cabeza. Sus facciones angulosas y refinadas, su palidez extrema que lo hacía lucir delicado como el mármol. Su voz grave, que contrastaba con su imagen infantil. Sus palabras ácidas…

Maldito Near. De verdad tenía la capacidad telepática para aparecer en sus sueños como un fantasma y para ser su primer pensamiento, y también el último.

Mello abrió grandes los ojos cuando se dio cuenta de que un calor abrasante empezó a invadir su entrepierna. Su pene palpitaba fuerte, a la par de su corazón.

—¡Carajo! —gruñó, y le dio un golpe brusco a la almohada.

Excitarse de esa manera a esas horas tan tempranas de la mañana y apenas habiéndose despertado era demasiado, incluso hasta para él. Sintió vergüenza e hizo fuerza extrema para enfriarse. Se dejó el pantalón del pijama y se puso una remera cualquiera. Fue al baño a asearse y, cuando ya se sintió más tranquilo, bajó las escaleras a los trotes, directo al sótano.

Pero no pudo entrar… porque la puerta estaba cerrada.

—Near, soy yo —murmuró despacio para no ser escuchado por nadie más que ellos dos.

Nadie respondió, sin embargo él estaba seguro de que Near estaba adentro porque podía escuchar sus pasos y porque su silueta dibujaba una sombra que se traslucía por debajo de la puerta.

—Near… —insistió.

Silencio. Todo lo que obtuvo como respuesta fue un liso y llano silencio que lo dejó descolocado.

—No puedo dejarte entrar, Mello —dijo Near finalmente, usando la puerta como escudo.

Esas palabras fueron suficientes para que Mello se sintiera en un completo abismo. ¿Acaso había sido inocente la noche anterior y se había dejado llevar por las pocas palabras amables de Near?

—¿Por qué no? —preguntó el rubio, con el corazón hecho mella.

Near sucumbió ante el tono entristecido en la voz de Mello. Lo que menos quería era generar un nuevo conflicto, cuando el día anterior Mello lo había dejado todo para ayudarle con los cálculos de la faceta de la luna y le estaba inmensamente agradecido por eso. Sin embargo, ahora debía enfocarse en la preparación de la fórmula antitransformación. Y por seguridad de todos, era mejor que nadie de la Wammys House se enterara.

—Dejémoslo así —anunció Near.

Mello tragó espeso. Miles de sentimientos lo invadieron, pero uno en particular fue lo suficientemente fuerte como para hacerlo desprender una lágrima… el triste despecho de no sentirse correspondido.

—Pero… creí —titubeó. Todo lo que pasó por su cabeza fueron imágenes de Near burlándose de él. Una vez más. Se sintió tan ido que su corazón empezó a palpitar enloquecido y esta vez no de cariño. En cualquier otro momento del pasado hubiese tenido un estallido de ira, pero justamente ahora no se sentía enojado, sino… terriblemente dolido—. Debí imaginarlo… —dijo abatido y, sin más, se dio la vuelta para subir rápidamente las escaleras.

En la soledad del laboratorio, Near apenas podía procesar lo que acababa de hacer. Amaba a Mello, pero no por eso estaba dispuesto a cometer una estupidez de la cual seguramente después se arrepentiría.

—Lo siento, Mello —murmuró, demasiado bajo e íntimo como para que alguien pudiese oírlo… ni siquiera él mismo.