De desconocidos a amigos a…

Estoy flotando en una nube. Me siento ingrávida. Ningún peso sobre mis hombros. La espalda no la siento tiesa, recta y dura evitando no romperse, sino blando como fideo, moldeándose a la forma del suave cuerpo esponjoso debajo mío. Mi cuerpo se convierte en aire y se esparce con el viento. No existe ninguna expectativa de lo que debo convertirme, ni nombre que cuidar o tradiciones atadas al pasado. Vaciarme y abandonar mi cuerpo físico. No existiendo un recipiente para llenarlo de sueños ajenos. Solo yo permitiendo cambiarme a nada para poder estar en el todo…

Y la realidad (literalmente) hace su trabajo.

— ¡Arg!

Me agarro la nariz, la suelto para verme la mano y al comprobar que no sangra, la vuelvo a agarrar.

Caer de cara contra el piso no es una buena experiencia y sí muy dolorosa.

— Por fin te despiertas. Llevo llamándote por tres minutos.

— ¿De qué hablas? — digo con dificultad al tener la nariz entre los dedos ejerciendo presión.

— Del sueño pesado que tienes. Llevas dormida veinte minutos y Adrien puede venir en cualquier momento.

— ¿Dormida? ¿Quién está dormida?

— ¡Pues tú! — exclama con voz chillona, Tikki-sama.

— No estaba durmiendo.

— Entonces: ¿Que hacías en la cama de un chico?, y ¿por qué estás envuelta en una sábana?, y ¿A quien hice rodar hasta el borde y dejarla caer para despertarla?

Cuando el mundo me dejo de dar vueltas, la mente esclarecerse y el dolor desvanecerse, observo la cara de un kami rojo y los recuerdos vienen a mí.

— Oh.

— Si. Oh —

Ella no se encuentra feliz y ¿Cómo estarlo?

Me levanto del piso (casi cayéndome por la sabana envuelta en las piernas), desenredo la sabana y comienzo a tender la cama. Al terminar, arreglo mi kimono abierto. Todo bajo la supervisión de kami.

— No es que me gustara despertarte, pero casi es la hora y no estabas bien… presentada si el llegara en este momento.

— Gracias, Tikki-sama. No debí desajustar el obi — siento mis mejillas arder en imaginarme la vergonzosa apariencia que debí tener hace unos momentos.

— No pienses que no debes descansar cómoda. No era nada grave. Adrien se ve como un buen chico y no intentaría nada malo. Lo hice porque sé que estas cosas te importan.

— Si, la heredera de los Tsurugi no puede ser encontrada en ese estado — inhalo un momento y ato el obi con fuerza. No expulso el aire hasta tener comprobado el nudo. Tikki-sama vuela detrás de mí, acomodándolo sin que yo le hubiese preguntado.

No es que yo le haya pedido ayuda en algún momento desde nuestro primer encuentro. ¿Quién soy yo para pedirle favores a un kami? Tikki-sama ayuda sin preguntar o esperar. Siempre pensé en los kamis como seres transcendentales. Los conocimientos de acciones mundanas estarían por debajo de sus títulos. Pero ella me peino el cabello, me despierta en el momento exacto y me ayuda a vestirme.

El kami de la Creacion y Buena Suerte es feliz en ayudar y su felicidad es contagiosa.

Una sonrisa se plasma en mi rostro e inclino la cabeza hacia ella, mostrando mis respetos y diciéndole lo mucho que agradezco su cuidado.

— Deja de hacer eso — dice entre risitas. Hasta creo que sus ojos también ríen—. No hay de qué. Hacerlo me trae recuerdos de una antigua portadora. Casi todos los días usaba un kimono diferente, aunque debo decir que la calidad mejoro con el paso de los siglos. Tu kimono no se compara con los de esa época.

— Por eso conoces como colocar un obi — señalo solo por hablar. Termine de calzarme una geta. Después de relajarme en una cama tan suave (otra cosa que debo conseguir para mi habitación. Ya llevo cinco), mi cuerpo lo siento más liviano. Él tenía razón. Necesitaba esa siesta—. ¿Fue buena portadora?

— Si, como todas las portadoras que tuve. Ella lucho contra señores tiranos, o como tú los conocerías, daimios. Fue una shinobi en el período Edo.

Mi cuerpo se congela ante esas palabras y la segunda sandalia de madera se me resbala de la mano, impactando contra el suelo. La voz me salió temblorosa por mantener encerrada tantas emociones.

— … ¿Período Edo? ¿Ese período Edo? La época donde vivieron los mejores espadachines que la historia tenga registrados. La era dorada de la espada. En tiempos de Sasaki Kojiro y Miyamoto Musashi. ¿Ese período Edo?

— ¿Si? — vuela apartándose unas pulgadas de mí, arrastrando la palabra, preocupada por mi estado fangirl. Extiendo las manos y las detengo en agarrar a Tikki-sama y exigirle que me cuente todo—. Fue un período violento. No me gusto para nada.

— Pero los espadachines. ¿A cuántos vistes? ¿A quiénes vistes?

— Kagami, se está cayendo saliva por tu… olvídalo. Como bien sabes, no puedo ir libre por ahí y ese período no era la excepción. "Ver" no es algo que pude hacer, pero si escuché de esos dos espadachines que nombraste. Si recuerdo bien, fue el enfrentamiento numero veinte entre Roaar y Longg…— el sonido de la puerta abrirse hace que Tikki-sama deje de contar la historia de mi país y se ocultara debajo de mi kimono. Yo no me muevo. Mi mente esta en otra parte.

La voz de Adrien me trae de vuelta.

— Estas despierta y yo pensando que debía empujarte fuera de la cama— dice alegre, bromeando.

— Alguien se te adelanto— susurro para que solo Tikki-sama me escuche y volteo a mirarlo—. Muchas gracias por permitirme descansar…

— No hay de que— me corta en seco—. Estoy contento que me escucharas. Traje bocadillos y mas té. Papa se retrasará unos minutos. Tenemos tiempo para ver otro capítulo de anime.

Cierto. Estuvimos mirando la saga de Wano la ultima hora y media, antes que el sueño me reclamara. No pudimos charlar mucho, pero fue lo suficiente para saber que Adrien Agreste tiene gustos… peculiares.

— Y esta vez, vemos Sakura Carp Captor…

— No lo haremos.

— Okey— dice desilusionado y luego vuelve a su estado "normal"—. Entonces un capítulo de Sailor Moon.

— No lo haremos.

— … Magic Knights.

— No…

— Pero ¿por qué no?

— Son muy diferentes al material original y no le llegan hacer justicia.

Adrien apoya la bandeja en la mesa delante de la televisión y levanta el control remoto. Enciende la TV y en la pantalla, se muestra la lista de reproducción de One Piece.

— ¿Y crees que Toei no cambio el anime de One Piece? Es tres minutos canon, ocho de opening y ending, y el resto relleno. ES CRIMINAL. Deberían ir todos presos. Avísales a tus amigos héroes que tienen criminales por atrapar y sabemos la ubicación.

Intento no hacerlo, no seguirle el juego y no perder, pero en serio lo jugo bien. Me rio de sus payasadas. El abandona los manierismos y comienza a servir el té.

— Al final del día puedo decir que hice sonreír a Kagami Tsurugi. Fue difícil, pero no imposible— Adrien me extiende la taza, pero se la niego.

— Espérame que recupere el aire.

— Entendido. Tanto tiempo paso que te olvidaste como reír. Descuida. Conmigo recuperaras la práctica.

— ¿Es que nunca te callas?

Levanta los hombros y las manos en gesto de indiferencia.

— ¿Qué puedo decir? Estaré en silencio cuando no tenga visitas.

— Mala suerte a mí por tener que venir a escucharte— señalo sin malicia detrás. Observo su rostro y me sigue sonriendo. No sé si con sinceridad u ocultarme que mi comentario lo lastimo. Espero conocerlo mejor y ver su verdadero yo; y no tener que estar jugando el juego de las adivinanzas—. Era una broma. Lo siento si lo tomaste a mal.

— No hay nada que perdonar… Solo un poco de gracia que mencionaras que tienes mala suerte al estar aquí. Y yo pensando que la mala suerte ronda en este lugar. Jajaja.

— Espero que no y lo digo en serio.

— Pensaba lo mismo hasta esta mañana… — tres aplausos y la habitación es ideal para ver televisión—. Ver One Piece. No me quejo, pero no es mi estilo. Prefiero su manga.

— Yo también.

— ¿Lees el manga?

— Cada semana.

— En este momento, Luffy está en su Gear Five convirtiendo… ¿Por qué te tapas las orejas?... ¿No me digas que todavía no lo leíste? ¡Si salió hace dos días!

Niego con la cabeza sin soltar las manos y hablo de algo que nunca pensé que le diría a nadie. Paris está cambiándome. Ya tengo a dos personas que no me molesta comentárselo.

— Mi madre me castigo. No puedo leer manga por un tiempo.

Como respuesta, Adrien volteo a mirar a su izquierda, luego a su derecha y termina mirándome.

— No veo a tu madre aquí. Espera un momento y traigo la tableta.

— No, debo ser una buena hija…— mis suplicas cayeron en oídos sordos. Él camino por arriba del sofá y salto en dirección a la escalera de caracol. Se dirige al piso superior, donde tiene los estantes de mangas y animes.

Esta habitación tiene más parecido a una sala árcade de lo que él quiere aceptar.

Bueno… madre no podría enojarse si leo un manga dado por Adrien. Entraría en la orden "hacerme amiga del menor de los Agreste" y puedo disfrutar del capítulo más esperado de todos. Tikki-sama conoce sobre los espadachines legendarios. Y tuve mi merecido descanso.

Estoy teniendo buena suerte este dia…

… y claramente Plagg-sama no me dejo disfrutarlo por mucho tiempo.

— ¡Caliente! — no revise la temperatura del té y me queme la lengua por eso. Relajarme es una equivocación. Ensucie mi kimono y lo peor de todo, manche la alfombra.

Rápidamente me agacho a quitar la mancha antes que se terminara de absorber el líquido. Para más velocidad, uso las mangas como trapos, esperando que funcione.

Funciono, parcialmente. Un par de manchas no las pude quitar y dejaron dos manchas oscuras en la alfombra clara. Sin rendirme, hago algo antihigiénico y escupo. Tal vez, esto ayude. Refriego con fuerza y nada. Siguen ahí.

Maldigo para mis adentros. Ahora debo decirle "Adrien, manche tu cara alfombra con dos gotas de té rojo ¿Me perdonas?". Qué vergüenza…

Espera. El té Gyokuro es verde, no rojo.

Incluso en la escaza iluminación noto el color de las gotas. Son rojo oscuro. Al pasar el dedo, siento la textura de la alfombra. Es dura. Las gotas están secas desde antes. Y hay más yendo debajo del sofá.

La curiosidad es más fuerte que la etiqueta (Adrien mismo dijo que no importa la etiqueta entre amigos. Eso ayudo a la decisión.) y me agacho aún más. Algo está debajo del mueble. Hay suficiente espacio para meter la mano y la suficiente distancia para alcanzarlo. Es lo que hago. Me levanto de mi posición inclinada y acerco el objeto a la televisión.

… ¡Oh, mierda!

— Kagami — la neutral voz impacta mi espalda como agua fría—. Gracias por encontrarlo. Pensé que lo había perdido— sus pisadas sobre la alfombra resuenan con fuerza en la silenciosa habitación—. Entrégamelo y continuemos con lo nuestro. Hasta podemos seguir viendo el anime de One Piece.

— ¿Dónde lo encontraste?

— Es un regalo de mi madre. Ella le gusta comprar antigüedades en esas tiendas llenas de polvo. Dámelo y tomemos el té.

Veo la mano acercarse y yo me aparto protegiendo el objeto.

— ¿Qué hay en la caja?

— Kagami, no es buena educación exigir preguntas al anfitrión. Eso no es tuyo.

— Entonces ya no somos amigos. Bien ¡¿Qué hay en la caja?! — elevo la voz en esta ocasión. Mis manos tiemblan.

— No me refería a eso… No lo sé. Lo abriré con mi madre. Pues ella me lo regalo.

— Estas poniéndote nervioso.

— ¿Cómo no serlo si tengo a una persona tomando mis cosas personales?

Ambos no nos detenemos de girar alrededor de la mesa. Yo haciendo distancia y el acortándola.

— No la tomare. Solo veré que hay adentro.

— ¡No!

Levanto la tapa de la caja con inscripciones chinas. Una idéntica a la que tengo guardada en la caja fuerte de mi habitación. Siento una sensación a dejá vu. Parecido, pero no igual. En vez de unos aretes y una luz cegadora, me encuentro con un anillo con huella de gato.

Antes que pudiera articular alguna palabra, el salta por sobre la mesa y de un manotazo, aparta la caja de mi mano. Yo no me quede quieta como damisela en apuro. Fui entrenada toda mi vida para esto.

Agarro la muñeca de Adrien y usando su impulso, hago que avanzara más. Mi pie se cruza en su camino, produciendo desequilibrio entre el aumento de velocidad y mala postura. Me posiciono detrás de él sin soltarlo y la gravedad hace el resto.

En un segundo, tengo a Adrien Agreste debajo de mí, con la cara contra la alfombra, un brazo en la espalda y mi pierna cruzando su cintura.

Nuevos sentimientos brotan.

— Tengo los nervios de tu muñeca presionados. No podrás moverte. Si me mientes, la romperé. ¡Dime! ¿Dónde encontraste la caja?

— ¿Por qué te interesa tanto? — se nota que le dificulta hablar con media cara siendo presionada. No me importa.

— Yo hago las preguntas aquí. ¿Dónde encontraste la caja?

— …

— ¡Habla! — para señalar el punto, giro la muñeca y una mueca de dolor adorna sus facciones.

— No lo hare.

— ¿Crees que no me atreveré a lastimarte?

— No dudo de tus intenciones, pero…

Adrien se suelta de mi agarre y gira sobre sí mismo, tirándome al costado. Al caer boca arriba, el salta encima mío. Me sujeta ambas manos al lado de mi cabeza y nuestras piernas enredadas. Sentado sobre mi estómago, él sonríe. Sabe que gano.

— Tu fallaste en presionar los nervios y en un enfrentamiento de fuerza, tu siempre perderás— acerca su rostro hasta dejar una pulgada de distancia y dice arrastrando las palabras, expresando poca paciencia hacia mi persona—. Yo hare las preguntas ahora. ¿Por qué lo hiciste? ¿Tú quién eres realmente?

— No hablare.

— Nuestras posiciones están cambiadas y tu estas repitiendo lo que dije. ¿A dónde nos llevara esto?... No me hagas elegir entre su seguridad y…

Estuve a punto de escupirle en la cara y tirar toda la etiqueta para mandarlo a la mierda. Que bien que no llegue a realizarlo.

— Chico, olvídalo. Esto se salió de control, Terroncito.

— Ni que lo digas. No recuerdo ninguna época donde las identidades secretas duraran menos de 24 horas.

Él y yo volteamos la mirada para observar a dos kamis que nos observaban devuelta.

…Esto es incómodo.

— Kagami, tu kimono se volvió a abrir.

Esto es incómodo a más no poder.


Okey. Esto se volvió muy largo. Lo admito. De 3000 palabras se convirtió en casi 9000. Les prometo que ya terminaran de hablar.

El capítulo 9 se escribió antes del 7 y 8. Estos dos capítulos fue una introducción de la relación entre ellos dos, pero fue tan entretenido su charla que lo alargue sin razón. Aunque admito que se siente como relleno. El chiste se alargó demasiado y siento que este no tiene la calidad de los anteriores. Escríbanme si les gusta estos tipos de capítulos o sigo directo al punto.

El siguiente capítulo lo subiré la semana que viene y será el fin de la ¿cita? Y podremos volver con Chlóe. La prota. Uf, hace rato que no aparece. Debe volver a lo grande.

Les advierto, el capítulo 9 es el que le pone Neo Génesis a esta historia. A los que entendieron, bien por ustedes.

Vicav12 se retira.