Bienvenidos a mi primer ShikaIno oficial, gracias por pasarse a leer. Esta pareja siempre ha tenido un lugar especial en mi corazón, y tengo un cariño aún más especial por el personaje de Ino desde mi niñez, pero nunca me había animado a escribir algo sobre ella; sobre ellos. Hasta este año, al menos.

El inicio del nuevo año me pegó con temas dolorosos, y en respuesta me enterré a leer por nostalgia. Eso me ayudó a dejar de pensar y reavivó las cenizas de mi amor por esta pareja, así que ya que tengo el tiempo y las ganas, aquí estamos.

Sin más que agregar, espero que les guste este One-Shot, hecho con mucho cariño por su servidora.


Sky Blue


Shikamaru tenía seis años cuando la conoció. Sus padres insistían en que se conocieron de bebés, pero él no lo recordaba. Su primera impresión de ella fue que era una niña linda, con una enorme sonrisa. Parecía amable y social, justo el tipo de chica con la que no se llevaría bien.

Y en cuanto abrió la boca, supo que tenía razón.

Ino era ruidosa, consentida y mandona. Siempre terminaba obligándolo a hacer cosas que no quería, arrastrándolo a él y Choji en sus aventuras, que inevitablemente terminaban con sus padres regañándolos. Pero Ino nunca se llevaba los gritos y regaños, su padre no era capaz, aun cuando ella era siempre la mente maestra. A ninguno le encantaba pasar tiempo con la rubia, pero de una forma u otra siempre terminaban topándose y pasando el rato, usualmente cuando sus padres se juntaban a comer.

Un día, Shikamaru logró convencerla de ver las nubes con él en lugar de jugar al nuevo juego que se le había ocurrido esa semana. Se recostó en el pasto para observar el cielo en silencio, respirando hondo el sutil aroma a tierra húmeda para relajarse. O al menos, ese era el plan, pero Ino no parecía conocer el concepto de silencio. Comenzó a tararear, moviendo los pies, las manos y la cabeza, casi bailando al ritmo del tarareo.

Shikamaru cerró los ojos, resistiendo la urgencia de hacerla callar o quedarse quieta, sabiendo que sólo haría todo más problemático si la hacía enojar. Pero al abrirlos, se sobresaltó al ver que Ino ya no estaba a su lado; estaba sentada mirándolo y haciéndole sombra.

– Pensé que miraríamos las nubes, no te duermas.

– No duermo, sólo descansaba los ojos.

Ino tenía los ojos azules, pero nunca los había mirado detenidamente. Sólo en ese momento notó que Ino tenía el cielo en sus ojos. Frunció los labios; Ino no se quitaba y lo seguía mirando como si esperara otra respuesta.

– ¿Por qué no mejor hacemos otra cosa, Shika-kun? Mirar nubes es aburrido.

Por supuesto. Debió imaginar que la chica no duraría 5 minutos quieta.

– Es aburrido para ti, a mí me gusta – Ino frunció los labios, pensativa.

– No entiendo por qué.

A pesar de la queja, Ino volvió a recostarse y mirar el cielo, tarareando. Debía darle crédito, al menos lo intentaba, aunque podía predecir que no duraría otros cinco minutos en el nuevo intento. Aprovechó el poco tiempo de paz que le quedaba, mirando una nube moverse lentamente por el cielo despejado. El cielo estaba en los ojos de Ino. Por alguna razón, no podía dejar de pensarlo.

Tal como sospechó, pronto la rubia se puso de pie y se estiró, obligándolo a levantarse para jugar a otra cosa. Intentó discutir, pero al final era en vano; Ino siempre ganaba.

Y eso no cambió con los años.

Sonrió cuando lo asignaron en equipo con Ino y Choji, sabía que pasaría; nunca hubo otra opción, y le divertía que su ahora compañera pensara siquiera por un momento que sería diferente. Y si seguían la tradición, los pondrían con algún miembro de la familia Sarutobi como sensei, algo que Ino también sabía. Era ilógico que pensara que sería de otra forma. Pero ahí estaba, lamentándose porque no podía estar en el equipo de su amado Uchiha.

Shikamaru nunca entendería qué era eso tan grandioso que todas las chicas veían en él. Era apático, callado, las trataba mal y se creía superior a todos. No podía decir que el Uchiha fuera de su agrado, y nada tenía que ver con los dichosos celos de los que Ino siempre lo acusaba. No, a él no le importaba que lo compararan con Sasuke; no le interesaba en lo más mínimo. Sabía que eran completamente distintos. Para empezar, él nunca trataría mal a Ino, no la ignoraría ni la trataría como una molestia. No la haría llorar.

Ino miraba con tristeza a su adorado Sasuke alejarse con Naruto y Sakura; sus ojos no se despegaban de él ni por un momento. Pero Sasuke nunca volteaba, no sabía lo que se perdía. La peor parte era que Sakura fuera su compañera; sabía que Ino no sería capaz de callarse, sólo podía rogar que las quejas no duraran demasiado tiempo.

Siempre le inquietó el inicio de esa rivalidad. Recordaba los tiempos en que fueron mejores amigas. Sakura siempre estaba sola antes de eso, llorando por los rincones, y recordaba que la molestaban y aislaban igual que a Choji. Recordaba como Ino se interponía y regañaba a quienes los fastidiaban cuando lo presenciaba, aun cuando luego volteaba para regañarlos a ellos por dejarse molestar. Y recordaba cómo Sakura se integró al grupo de amigas de Ino, cómo comenzó a tener más confianza y destacar.

Pero lo que más recordaba era el día que vio a Ino llorando en su habitación. Una tarde, su padre lo llevó con los Yamanaka para charlar con Inoichi y lo enviaron a verla para conversar en paz. Recordaba sentarse junto a ella en silencio, mientras ella lloraba en su hombro sin darle explicaciones. El suave aroma a flores y las risas de sus padres ahogados por los sollozos de Ino. Recordaba cómo sentía el estómago revuelto, incómodo por sus lágrimas, frustrado de no poder hacer nada, no saber qué decir. Y recordaba vívidamente la impotencia que sintió cuando, al día siguiente, vio a Sakura ignorándola y hablando con las amigas de Ino, dividiendo al grupo y oficializando su supuesta rivalidad en el amor. ¿Qué clase de persona hacía eso?

Pero Ino no se dejó avasallar. Alzó la frente y sonrió, como siempre, siguiendo adelante. Sin embargo, después de ese incidente, notó cambios en su actitud. Ino siempre había tenido un carácter relativamente fuerte, eso nunca estuvo en discusión, pero se volvió más dura. Comenzó a quejarse más de él por su pereza y de Choji por su gordura. Comenzó a discutir más, a intentar ganar en todo. El cambio más notorio fue cómo de pronto se acercaba a Sasuke con la confianza de amigos cercanos, lanzándose a abrazarlo, sujetándole los brazos y coqueteando indiscriminadamente. Sabía que no lo hacía por él, porque sólo lo hacía cuando Sakura estaba presente, Ino percibía la molestia del Uchiha con sus acciones, y también sabía que Ino no disfrutaba actuando así. Lo notaba cada vez que ella invadía el espacio personal del Uchiha, con una sonrisa que conocía a la perfección, una que sólo usaba cuando estaba incómoda. Cada vez que Sakura estaba cerca, y por un momento los labios de Ino se apretaban. Como respiraba hondo y de pronto comenzaba a sonreír, alzando la voz un tono más alto de lo normal.

Pero no dijo nada, nunca dijo nada. Y seguiría sin decir nada, escuchando en silencio sus innumerables quejas sobre Sakura y cómo no merecía estar en el mismo equipo que el grandioso Sasuke Uchiha. De todas formas, sería demasiado problemático entrar en esa conversación.

De verdad, no quería entrar en esa conversación.

Mucho menos al ver esos ojos azul cielo, nublados de tristeza y preocupación cuando la encontró tras regresar de la misión fallida para recuperar a Sasuke. ¿Qué podía decirle? Había fallado. Como ninja, como amigo, como líder. Había tenido suerte de que todos volvieran con vida, y no gracias a él. No tenía la fuerza ni el coraje para enfrentarse a nadie en ese momento, mucho menos a Ino, especialmente no cuando la miraba con esos hermosos ojos expectantes. Desvió la vista, agotado.

– Supongo que ya escuchaste, pero la misión falló.

Ino se acercó en silencio hasta quedar frente a él, buscando su mirada en vano. La falta de palabras en su usualmente parlanchina compañera tan sólo conseguía arruinar sus nervios.

– ¿No escuchaste? No lo trajimos de vuelta, Ino.

Apretó los nudillos, cerrando los ojos con el ceño fruncido. Ino seguía sin decir nada, pero podía sentir su mirada sobre él. Se le tensaba la mandíbula; no podía mirarla a los ojos, no en ese momento, no después de fallarle a ella y a todos en la aldea. Chasqueó la lengua ante la falta de respuesta, sintiendo el corazón en la garganta, la vergüenza de su fallo golpeando con toda la fuerza de su mirada fija en él.

– ¿No vas a decir nada? Fallé, Ino, la misión fue un fracaso. Casi hago que nos maten a todos y volvimos con las manos vacías.

– Pero volvieron.

Susurró y dio un paso más hacia él. Shikamaru abrió los ojos y se quedó estático ante la respuesta. Habría esperado cualquier cosa menos eso, y lo que le siguió. Ino abrió el bolsillo del pecho de su chaqueta chunin y, con sumo cuidado, colocó un diente de león, apoyando entonces ambas manos en su corazón, mirando la pequeña flor que, sabía, debía tener algún significado en especial, aunque él no lo conocía.

– Mañana… Vamos a ver a Choji, ¿Sí?

Ino volvió a alzar la vista y le sonrió, con una ternura que creía perdida en sus recuerdos de niñez. Sólo pudo mirar sus ojos en silencio, entendiendo que la preocupación en ellos no estaba reservada sólo para el traidor del Uchiha. Asintió.

Y siguió asintiendo. Cada vez que Ino se acercaba con esos grandes ojos brillando, sin importar lo que le pidiera, sin importar lo mucho que intentara discutirle, siempre terminaba asintiendo. Aun cuando lo arrastraba a las situaciones más problemáticas de su vida.

– ¡Shikamaru! ¡Vamos, entremos ahí!

Gritaba Ino entre risitas, colgada de su cuello con paso inestable mientras él la sujetaba de la cintura para ayudarla a caminar. Chasqueó la lengua, molesto. En cualquier momento se le reventaría una vena de la rabia, pero aun así la sujetaba firme a su costado, caminando como podía por las calles de Konoha.

– ¡Oh, Shika, mira!

Ino se impulsó hacia otro lado, señalando con todo el brazo en la misma dirección. Pero no llegó lejos, tropezando con sus propios pies. Shikamaru afianzó de inmediato el agarre a su cintura para evitar que cayera.

– ¡Maldición, Ino! Quédate tranquila de una vez.

Shikamaru no perdía los nervios con facilidad, no sólo por su naturaleza calmada sino porque estaba acostumbrado a lidiar con las locuras de su amiga, pero esto cruzaba la línea. Él no era su niñero, ella no era una niña, ¿Por qué había bebido tanto? Ino no solía beber más de uno o dos vasos; no entendía qué demonios le pasaba por la cabeza para llegar a ese punto. Aún estaba procesando que Kiba, de entre todas las personas, hubiera ido a su casa a buscarlo porque Ino estaba "fuera de control". Se preguntaba una y otra vez qué demonios pasaba por la cabeza de la rubia. ¿Cómo había terminado así? ¿Por qué? La cabeza le daba vueltas y mientras más pensaba, más se enfadaba.

– ¡Eres un aburrido! Relájate, ¡Vamos a montar las nubes!

Ni siquiera era coherente, y Shikamaru no iba a dignar sus estupideces con respuestas. Sujetó su brazo y volvió a colocarlo en su hombro para que se apoyara en él, manteniendo firme el agarre en su cintura porque estaba seguro de que el segundo en que la soltara se desplomaría en el suelo. El asqueroso hedor del alcohol inundándolo en cuanto volvió a acercarla a él.

Un par de veces pensó en dejarla ahí tirada, otro par de veces tuvo pensamientos violentos, y muchas veces deseó no haber abierto cuando comenzaron a golpear su puerta pasada la medianoche en su día libre. Al final, miraba su rostro perdido y bufaba con rabia, sabiendo que no había forma de que la hubiera dejado a su suerte en ese estado tan deplorable. Pero vaya si se lo iba a cobrar.

Finalmente llegó, y con alivio abrió la puerta de su casa, haciendo malabares entre las llaves y evitar que Ino cayera al suelo cuando le quitó los zapatos. Al final, estaban en su habitación. Ino no sabía la suerte que tenía de que sus madres se habían ido con la mamá de Choji de vacaciones esa semana. O quizás lo había hecho sabiendo que su madre no la vería en esas condiciones. Tenía que haber una razón para todo esto. Por más que lo pensaba no sabía cuál era, pero tenía que haber una porque de otro modo terminaría matando a su mejor amiga.

– ¡Shikamaru! ¡Juguemos cartas!

Intentaba levantarse de la cama, y de pronto el color se esfumó de su rostro.

– No, no te atrevas, ¡Ino!

Corrió a sujetarla y la llevó al baño, apenas alcanzando el inodoro a tiempo. Se aseguró de sujetarle el cabello y ofrecerle agua, muy a pesar de su molestia, hasta que la crisis acabó. O al menos, eso pensó, hasta que escuchó sollozos y casi pudo sentir un tic en el ojo. Respiró hondo un par de veces, cerrando los ojos, contando hasta 10, lo que fuera necesario para mantenerlo cuerdo un rato más.

– ¿Ahora qué pasa?

Preguntó agachándose a su lado, ayudándola a ponerse en pie. Ino negaba con la cabeza y sollozaba sin decir una palabra. Shikamaru rodó los ojos, era difícil ser comprensivo con sus lágrimas cuando las derramaba después de vomitar en su baño. Tomó una toalla de mano, humedeciéndola para limpiarle el rostro, terminando en su boca para quitar cualquier resto de vómito. Luego usó el lado seco para quitar los restos de humedad, ignorando el olor a desperdicios y alcohol mientras mantenía su molestia bajo control – en lo posible – con la mandíbula comenzando a doler de tanto apretar los dientes.

– Ven, volvamos al cuarto.

Ino asintió, pareciendo un poco más estable en sus pasos, pero sólo un poco. La llevó hasta la cama y la dejó sentada ahí, le soltó el cabello y acomodó las sábanas para que se recostara. De pronto parecía infinitamente más dócil, así que ya no protestó y tras unos segundos estaba dormida, como si nada hubiera pasado. Shikamaru cerró la puerta y finalmente se dejó caer en el pasillo, mentalmente exhausto. Tratando de entender qué había llevado a Ino a comportarse así, pero nada tenía sentido. ¿Lo peor? Él no podría dormir en paz, tenía que asegurarse que no despertara en medio de la noche y se vomitara encima. Chasqueó la lengua y se preparó un café, tomaría guardia un par de horas y se iría a dormir. El amargo sabor en su garganta y la fría sensación de la pared en su espalda ayudaban a calmar su rabia, al menos lo suficiente para volver a recordarse, tenía que haber una explicación detrás de todo esto.

Ino despertó a la mañana siguiente con la luz que se filtraba por la ventana. Normalmente le agradaba la luz natural y más aún la suave luz del amanecer, pero en aquel momento sólo intensificaba su naciente jaqueca. Encontró a Shikamaru sentado durmiendo frente a ella, apoyado en la pared con una mueca. Se sentó con cuidado, sentía que la cabeza le iba a estallar. El movimiento despertó a Shikamaru de golpe, alertándolo en caso de que lo necesitara. Pero al ver que comenzaba a amanecer y que Ino parecía de vuelta en sí misma, volvió a apoyarse en la pared y chasqueó la lengua. No le costó mucho a la rubia notar su molestia, especialmente porque no intentaba disimularla, mirando por la ventana con el ceño fruncido y la mandíbula tensa. Tragó saliva y bajó al suelo, sentándose frente a él.

– Hey, Shika…

– No.

Ni siquiera la dejó comenzar, sabía que en el momento en que ella comenzara a disculparse y lo mirara con esos ojos culpables, la iba a perdonar. Pero no quería perdonarla tan fácil; estaba molesto, quería estar molesto. Ino había cruzado los límites de su paciencia, y eso no era tarea fácil. Ino apretó los labios y bajó la mirada. Tragó saliva; la jaqueca y la garganta seca no ayudaban a su caso, pero a pesar de la necesidad de buscar agua, esperó en silencio a que Shikamaru volviera a hablar.

– ¿En qué estabas pensando? – seguía sin mirarla, y ella sabía que no era su señal para responder. Shikamaru combatía el creciente dolor en la cien martillando en su cerebro desde que abrió los ojos – ¿Siquiera recuerdas algo de todas las estupideces que hiciste anoche? Me sacaron de la cama para ir a buscarte. Kiba pensó que estabas fuera de control. ¡Kiba, por dios! – presionó el puente de su nariz entre los dedos y suspiró frustrado, recordando el asqueroso olor del bar; los gritos de los borrachos – Te encontré gritando sobre una mesa, Ino, rodeada de tipos de poca confianza. ¡Y me lanzaste una jarra por intentar bajarte! – la miró sólo para señalar un punto en su cabeza, donde había llegado el golpe – Tuve que usar mi jutsu para sacarte del bar, ¿Estás entendiendo? Me tomó una hora traerte aquí. ¡El camino toma 15 minutos!

Cuando finalmente se sacó todo del pecho, suspiró y apoyó la cabeza en el muro, mirando al techo, cansado, tratando de borrar nuevamente los malos recuerdos de hace menos de 5 horas. Ino tragó saliva de nuevo, asintiendo consciente.

– Lo siento, Shikamaru. No… No recuerdo mucho, pero sé que actué como una tonta. Perdón – frunció los labios y se aclaró la garganta – Gracias por traerme.

Se levantó con cuidado y se dirigió a la puerta, lista para irse con todo el peso de la vergüenza.

– ¿A dónde crees que vas? Me debes una explicación.

Ino cerró los ojos y se quedó quieta, pero siguió sujetando la puerta corrediza a medio abrir. Shikamaru la miraba de reojo, casi podía escuchar como buscaba excusas para irse. Quizás intentaría buscarle pelea, pero Ino sabía cuándo había metido la pata en grande, y no era tan descarada como le gustaba hacer creer a todo el mundo. Pero no se alejaba de la puerta, pensando en cómo escapar, sabía que debía estar avergonzada, pero no le importaba. Se puso de pie y cerró la puerta por ella, casi respirándole en la nuca.

– Sin excusas, Ino. Habla.

La escuchó respirar hondo, soltando la puerta. No se movió más; sabía que no quería voltear, no quería enfrentarlo, pero era lo mínimo que le debía, una explicación para todo el circo que le hizo pasar. Ino no era una cobarde, al menos no la mayoría del tiempo; sabía que estaba debatiéndose entre confrontarlo y escapar, pero no era capaz de lo segundo, así que terminaba paralizada en su lugar. Le dio un minuto, no tenía prisa, sabía que tarde o temprano hablaría.

– Quería dejar de pensar – susurró al fin, tragando saliva una vez más; le picaba la garganta – Estaba cansada y creí que, quizás…

– ¿Pensar en qué?

– En todo, supongo.

Aclaró su garganta de nuevo, Shikamaru suspiró y se alejó hacia la mesa, tomando un vaso con agua que Ino antes no había visto para ofrecérselo. Ino no volteó y Shikamaru chasqueó la lengua.

– Mujer problemática, sólo bebe un poco de agua.

– No quiero.

– ¿Por qué?

– No quiero voltear.

Shikamaru sentía como volvía a perder la paciencia, pero tomó aire profundamente, la conocía mejor que eso.

– Solo toma el vaso, no seas problemática. No es como si fuera la primera vez que haces el ridículo.

– ¡¿Cómo qué…?!

Ino volteó con el ceño fruncido para enfrentar su acusación. Shikamaru sonrió de lado. Eso era más como la Ino que conocía. Pero ella, al ver su expresión, desvió la mirada y cortó sus palabras, arrancándole el vaso de la mano, derramando un poco de agua en el camino antes de beberse el vaso completo. Él evitó reír, recordándose que estaba enfadado.

– ¿Mejor? – ladeó la cabeza con la pregunta.

– ¡No!

Caminó lejos de él, dejando el vaso a un lado para volver a sentarse en la cama con un bufido. Shikamaru rodó los ojos y la siguió, sentándose a su lado. Esta vez, no persistió en preguntar; era difícil mantener su enfado cuando no era su naturaleza y cuando ella no hacía nada para provocarlo. Apoyó las manos en la cama y se reclinó para mirar el techo, deseando por quizás milésima vez que su techo fuera transparente. Ino no estaba haciendo la conversación fácil y podía sentir la tensión en el ambiente, pero no planeaba presionarla más. Si quería hablar, bien, y si no, bien también. Pero sabía que lo haría, tarde o temprano. Ino era físicamente incapaz de mantenerse callada por diez minutos.

– ¿Cómo te mantienes tan tranquilo, Shikamaru?

Tal como predijo.

– ¿Quién dice que estoy tranquilo?

– Pues, ¿tu actitud? – Lo miró de reojo. Él se encogió de hombros.

– Mi mejor amiga hizo una escena en medio de un bar cualquiera a medianoche. Tuve que levantarme en mi día libre para literalmente arrastrarla hasta mi casa y aguantar su borrachera, y no tengo la menor idea de qué pudo pasarle por la cabeza cuando decidió que era buena idea llegar a ese punto. ¿Tú estarías tranquila?

– Nunca pensé que fuera buena idea, no pensé que sería tan caótico, o que te llamarían para ir por mí, tan sólo… No pensé.

Shikamaru suspiró y se irguió para volver junto a ella. Apoyando los brazos en las rodillas, buscó su mirada desde abajo.

– Nunca piensas bien en las consecuencias, Ino.

– ¡No es cierto! – Shikamaru supo de inmediato que Ino iba a estallar. Ella se agachó y sujetó su cabeza con ambas manos, apretando los párpados, sorprendiéndolo – Todo lo que hago es pensar, todo el tiempo. Sobre Asuma, mi papá, el tuyo, mi madre, Neji, Hinata – comenzó a agacharse sobre sí misma, alzando la voz, Shikamaru sintió todo el cuerpo tensarse –. Todas las tumbas nuevas, los heridos que pasan por el hospital, la cola interminable de pacientes con traumas por la guerra – sollozó, temblaba; su respiración se entrecortaba, casi podía palpar su frustración –, el trabajo de inteligencia, las mentes de todas esas personas, los ancianos del clan exigiéndome cosas. Choji, tú… Todos los días. Del hospital al centro de inteligencia, a la florería, a mi madre llorando, a las reuniones del clan, a las misiones. ¡Todo el tiempo, a cada minuto!

Shikamaru la atrajo hacia él con fuerza y la abrazó, cobijando su rostro y su cuerpo tembloroso. Su tan distintivo aroma a flores mezclado con restos de alcohol, revolviéndole el estómago por más de una razón. Por un momento, sintió como si Ino fuera a romperse. Era una sensación desagradable, que sólo había sentido en contadas ocasiones con ella. Ino era fuerte, no caía con facilidad, siempre sonreía y salía adelante sin importar qué pasara. Lo sabía, porque muchas veces había sido ella quien lo había sacado de su propia miseria. Pero aún hoy, a veces, olvidaba que ella también necesitaba una mano de vez en cuando.

Siguió abrazándola en silencio, acariciando su cabello y espalda, intentando cobijarla del dolor, esperando pacientemente a que calmara su llanto. Mientras pensaba, su comportamiento ahora tenía más sentido. No cambiaba que había sido algo estúpido, pero le daría el pase por esta vez. Ahora sólo le preocupaba volver a ver esos ojos alegres y esa sonrisa capaz de iluminar cualquier habitación. Impotente al no poder hacer nada más que abrazarla en un fútil intento de protegerla del dolor.

Al fin, tras lo que le pareció una eternidad, su llanto se calmó y se convirtió en silenciosos quejidos sobre su pecho, acompasando su respiración hasta conseguir respirar hondo.

– Hice el ridículo frente a todos… – susurró de pronto, cubriendo su rostro – Vomité en tu baño… Oh dios, lloré en tu baño después de vomitar.

Shikamaru apretó los labios para no reír mientras Ino se mortificaba, pero cuando ella levantó la mirada, con la cara y ojos rojos, culpables y avergonzados, se le escapó una risita. Ino le golpeó el pecho.

– La próxima vez, sólo déjame morir en un callejón, por favor – apoyó la frente en su hombro, negando.

– ¿Próxima vez?

Alzó una ceja, alejándose un poco para mirarla. Ino desvió la mirada y frunció los labios.

– Bien, no habrá próxima vez.

– Eso pensé.

Ya con el ambiente más tranquilo, Shikamaru le ofreció dormir otro poco; de todas formas, apenas amanecía cuando despertaron. Ino aceptó y recorrió su cuarto como si fuera el propio, rebuscó en su armario y sacó una muda de ropa para cambiarse en el baño y refrescarse, volviendo a la cama, donde Shikamaru ya estaba recostado. No era la gran cosa para ellos, en realidad, al haber ya pasado tantas noches durmiendo juntos en misiones, así que ambos volvieron a dormir sin hablar más del tema, ahogando el silencio con el cantar matutino de las aves. Pero Shikamaru siguió pensando en las palabras de Ino por largo tiempo después de eso.

No es que no supiera que la vida de Ino era un caos desde el final de la guerra. Él había estado en una situación similar con sus nuevas responsabilidades y toda la carga que conllevaban. Las reuniones políticas, el papeleo del hokage, las responsabilidades de su clan, los esfuerzos de reconstrucción y apoyo entre naciones… Sólo pensar en todo lo que tenía que hacer apenas volviera al trabajo le daba dolor de cabeza, y él no tenía que lidiar con las mentes de otras personas en el proceso.

No sabía cómo ayudarla, no es que Ino se lo hiciera fácil. No era precisamente alguien que pidiera ayuda a menudo, si es que acaso pedía. Usualmente era ella quien ofrecía su ayuda a otros, y quizás eso también influía en el estrés que cargaba. No podía saber a ciencia cierta porque Ino nunca admitiría nada de lo que pasaba por su cabeza.

O al menos, eso creía, hasta que unos meses después Ino volvió a sorprenderlo.

Salieron a comer con Choji al lugar de siempre, y todo parecía ir con normalidad hasta que se despidieron. Choji se fue un poco antes, excusándose con un compromiso. Sus amigos sospechaban de qué podía tratarse, pero aún era reciente, así que esperaban el momento en que Choji estuviera listo para contarles quién era el compromiso. Se quedaron solos, bebiendo lo que quedaba de sus cervezas sin ordenar más carne, un silencio cómodo y agradable que, como siempre, no duró demasiado, hasta que Ino encontró otro tema del cual hablar.

Shikamaru era un oyente; asentía y respondía de vez en cuando, pero se dedicaba a escuchar. Apoyó el codo sobre la mesa y, en silencio, miraba a Ino. Apoyado en su mano, observaba sus expresiones, su sonrisa, esos ojos que brillaban cada vez que reía. Ah, esa risa. Música. ¿Cuándo fue la última vez que la escuchó reír así? Así que, como siempre, escuchaba a la mujer más problemática y explosiva que conocía parlotear sobre cada tema que se cruzaba por su cabeza, quejándose de cualquier trivialidad sólo para comenzar a reír justo después de quejarse. Cambiando su expresión de risa a enojo, a capricho, a felicidad, todo en menos de cinco minutos. Y pequeños silencios, mientras el siguiente tema esperaba a cruzarse por su cabeza, bebiendo un poco de su vaso, moviendo algo de la mesa, doblando una servilleta para convertirla en una flor.

Hasta que otra idea pasó por su cabeza y le sonrió de lado a lado, poniéndose de pie.

– Hey, esta semana había una galería de arte callejero cerca de Ichiraku, ¡Vamos!

No alcanzó a responder – no que hubiera hecho una diferencia –, cuando Ino ya estaba señalando efusivamente a quien fuera para que les cobraran la cuenta. En cuanto estuvo pagada, tomó la mano de Shikamaru y jaló de él hasta la calle, donde avanzó rápido entre risitas y comentarios pasajeros. Él no tenía especial interés por el arte, no era lo suyo, y no entendía bien el surrealismo, pero igualmente caminaba, siguiendo a su amiga por las calles de Konoha.

– Ino, deja de correr, tenemos tiempo – se quejaba por costumbre, intentando sacar un cigarro de la cajetilla con su mano libre.

– No seas vago, Shikamaru, ¡Rápido! – volteaba a verlo, justo cuando se colocaba el cigarro en la boca – ¡Hey! Sin humo cerca de mí, ya lo sabes.

Shikamaru rodó los ojos y se quejó, pero al final volvió a guardar el cigarro. No quería despertar el mal carácter de la rubia, especialmente cuando había estado de tan buen humor ese día.

Escucharon la exposición antes de verla, guiados por el ruido de voces, gritos y risas que se hacían más notorios mientras avanzaban hasta dar una última vuelta, encontrándose con el tumulto de gente paseando por lo que parecía ser una feria improvisada, con pequeños puestos vendiendo obras personalizadas y distintas pinturas alineadas cerca de las paredes, formando galerías con pasillos por los que la gente podía apreciar el arte y comprar lo que quisieran. Todo el ambiente se completaba con una tentadora mezcla de olores a comida, dulces y salados en distintos puestos. Ino al fin bajó el paso, pero no soltó su mano mientras ingresaban a la feria. Shikamaru pensó largo y tendido sobre el asunto, pero al final optó por guardar silencio y mantener el contacto natural, disfrutando del sutil calor de su mano. Era un cambio agradable, uno que no se daba a menudo con ella.

Lo siguió arrastrando de un lado para el otro, ignorando sus quejas mientras admiraba y reía, comprando algún recuerdo que le parecía bonito en el camino hasta llegar al final de la feria, guiados por el sonido de música y gente riendo. Se encontraron con un baile improvisado al aire libre, parejas y familias bailando al son de la música. Ino se emocionó de inmediato y volteó hacia Shikamaru, mirándolo con esos enormes ojos expectantes.

– Ino, sabes que no sé bailar.

– ¡Vamos, Shikamaru! No necesitas saber, sólo muévete con la música, ¿Sí?

Hizo una mueca, tratando de negarse, pero Ino ahora lo sujetaba con ambas manos y se acercaba un paso, sin sacarle la mirada de encima mientras pedía por favor. Realmente no esperaba un no, y por más que combatió internamente, terminó accediendo.

– No quiero quejas si te piso.

– No me pises y no me quejaré.

Rodó los ojos, Ino reía risueña mientras jalaba de él hasta la zona en donde todos bailaban, volteando hacia él para comenzar a moverse con toda la gracia que él no tenía. Estaba incómodo, la verdad, al no saber qué hacer o cómo moverse por más que intentaba seguir el ritmo de la tonada. Pero terminó por distraerse cuando Ino apoyó las manos en sus hombros. Seguía tenso, y ella le decía que se relajara, que respirara, que no lo iba a morder. Y se movía con toda la gracia y sensualidad que sabía que tenía. Shikamaru tragó saliva, apoyando las manos en su cintura, en parte más nervioso que antes, en parte demasiado distraído con la sensación de su piel bajo sus dedos mientras se movía así para pensar bien en la problemática situación en la que se había metido.

Más tarde que temprano, y copiando los movimientos simples de un tipo bailando frente a él, logró adaptarse – aunque torpemente – al baile y los pasos de Ino. Ella seguía riendo, dando vueltas, acercándose y alejándose, casi mareándolo en el proceso. Él sólo intentaba seguir el paso, apenas logrando moverse con decencia, al menos la suficiente para no ser el hazmerreír. Aunque pronto entendió que nadie estaba pendiente de él; más aún, nadie estaba pendiente de nadie. Todos reían y se movían relajados con sus familias, ancianos, niños, parejas; todos perdidos en su mundo. Cuando entendió esto, volvió a ver a Ino y ella seguía mirándolo con esos hermosos ojos azul cielo, y toda ella parecía brillar con esa sonrisa bajo la luz del sol. Comenzó a sonreír también, contagiado por la emoción del ambiente, relajándose poco a poco lo suficiente para seguirle mejor el paso. Sólo entonces comenzó a disfrutar, a sentir la brisa en su rostro cada vez que daban una vuelta, a sonreír.

Al final de lo que pareció una eternidad, la larga tonada terminó y todos comenzaron a aplaudir. Ino, por su parte, saltó y lo abrazó con entusiasmo, riendo de puntitas. El olor a flores inundó sus sentidos. No supo qué hacer, no la abrazó de vuelta, tampoco se alejó, mantuvo las manos estáticas en la cintura de su amiga hasta que ésta se alejó y lo miró con cariño, sonriendo más tranquila. Lo miraba diferente, no sabía cómo explicarlo, pero era como si sus ojos dijeran algo, el significado perdido en su silencio.

– Gracias, Shika – Susurró y besó su mejilla, dando un par de pasos atrás para darle la espalda – ¿Vamos?

No esperó respuesta, como era usual, y comenzó a caminar. Shikamaru tomó unos segundos antes de lograr procesar la situación y avanzar tras ella. No es que fuera la primera vez, pero estaba seguro de que podía contar con una mano la cantidad de veces que Ino lo había besado o abrazado, no habían sido muchas y la verdad recordaba cada una y por qué… No, era mejor no darle vueltas en ese momento. Decidió cortar el hilo y avanzar antes de perderse en un hoyo interminable que, sabía, quedaría en nada.

– Hey, ¿A dónde vas ahora?

Ino no contestó, seguía avanzando a paso relajado, ignorándolo, tarareando. Rodó los ojos y suspiró, siguiéndola un rato más hasta notar que caminaban en dirección a su casa. Alzó una ceja, ahora curioso. ¿Estaban volviendo a casa? Parte de él no quería despedirse aún, arrastrando los pies en cada paso, pero como siempre, no dijo nada y continuó caminando. Entonces, notó que no iban realmente a su casa, se desviaron del camino y entendió que Ino se dirigía al bosque de ciervos.

Llegaron al límite de los terrenos Nara y siguieron caminando hasta uno de los campos de flores que los Yamanaka cultivaban en la zona. Ino al fin frenó y se sentó, abrazando sus piernas distraídamente para mirar al cielo. Shikamaru se sentó a su lado, el sutil olor a flores rodeándolos, acompañado del suave sonido del viento al chocar con los árboles que los rodeaban, la brisa moviendo las ramas, formando una melodía para ellos. Apoyó las manos tras él y comenzó a mirar el cielo también, aunque no estaba distraído. No lograba concentrarse en las nubes que usualmente lograban alejarlo de todo lo demás, hacer que dejara de pensar por tan sólo un minuto. No, porque seguía desviando la mirada hacia ella, apreciando su silueta, su largo cabello suelto meciéndose con el viento. ¿Cuándo había dejado de sujetarse el cabello? No estaba seguro, recordaba que un día simplemente comenzó a ocurrir. Se obligaba a no mover su mano, no tocar su cabello por más que quisiera. Veía su perfil, su hombro descubierto, un mechón de cabello cayendo lejos del resto, su piel de porcelana. Respiraba hondo, volvía a mirar el cielo. Había una sensación extraña en la atmósfera, aunque no podía definir por qué, y no quería mencionar nada al respecto.

– Gracias, Shikamaru – De pronto volvió a mirarla, extrañado. Ella volteó a mirarlo con una risita, entretenida por su confusión – Por estar aquí.

– ¿Dónde más iba a estar? No es que me dieras opción a donde ir – Ino volvió a reír, mirando al frente y negando.

– Cuando te necesito, cuando no puedo más.

Shikamaru hizo una mueca, comenzando a entender a donde iba la conversación. Se irguió para quedar a su lado, imitándola al abrazar sus piernas, aunque él las mantenía separadas.

– No hay nada que agradecer y lo sabes, somos equipo.

Ella volteó a mirarlo, algo en su expresión le hizo no decir nada más, sólo la observó hasta que le mostró una triste sonrisa, suspirando.

– Extraño cuando éramos un equipo de verdad. El equipo 10, con Asuma-sensei, haciendo misiones clase D… Extraño cuando pasábamos todo el tiempo juntos, yendo a misión tras misión – Respiró hondo y se acercó un poco a él, apoyando la cabeza en su hombro –. Extraño la sensación de seguridad y calma cuando cancelaba mi jutsu y despertaba a salvo en tus brazos.

Shikamaru respiró hondo, calculado, tratando que ella no notara el cambio. Miró al cielo, repitiendo cada palabra en su cabeza, rememorando misiones, risas, anécdotas. La necesidad de protegerla cuando estaba indefensa, el miedo a perderla, a no volver a ver sus ojos abrirse otra vez. El alivio cada vez que despertaba, cada vez que lo miraba.

– Siento que hoy reí más que en todo el mes, que puedo volver a respirar un poco más, porque Choji se atoró comiendo demasiados trozos de carne a la vez, porque se le salió la cerveza por la nariz al reírse de algo que dije, porque estaba más feliz que nunca pensando en su "compromiso" esta noche… Porque estabas aquí, porque me acompañaste, porque no soltaste mi mano, porque bailamos, porque te quedaste a mi lado, porque me seguiste, aunque no te dije a donde iba; porque no interrumpes mis desvaríos, porque me prestas tu hombro para descansar – levantó la cabeza para verlo, pero no se alejó – porque estar cerca de ti me hace feliz – lo miró, expectante, con intensidad – porque en tus brazos puedo descansar.

Intentaba procesar cada palabra, pero cuando Ino lo miraba así era difícil pensar, o respirar.

Mucho menos responder. Tragó saliva, con la garganta de pronto seca, un millón de pensamientos y no lograba terminar ninguno.

– Ino-

– Shikamaru, te amo – susurró. El corazón en la garganta, sus manos temblaban.

Cualquier cosa que imaginó, no se acercaba a la realidad. Por un minuto completo intentó decidir si estaba alucinando o no, quizás comió algo en mal estado. ¿Estaba soñando? Por más que lo intentaba, no lograba terminar un solo pensamiento. Años de entrenamiento en estrategia y planificación y no era capaz de procesar dos palabras. De pronto no escuchaba el viento en los árboles, no escuchaba nada, sólo el latido de su corazón en los oídos, intensificándose, ahogando todo lo demás.

Siempre se enorgulleció de conocer bien a la rubia, podía ver el menor de los cambios en su expresión, predecir cuando iba a estallar, saber cuando estaba feliz, enojada. Sabía cuando estaba actuando, por más que fuera una excelente actriz, él siempre podía ver a través de su engaño. Y aún así, siempre lograba sorprenderlo de una forma u otra, salir con algo nuevo, algo que no esperaba. Siempre pensó que podía ver a través de su actuación, pero vaya si estaba equivocado. Podía ver en sus ojos que Ino decía la verdad, y no tenía la menor idea de cuánto tiempo había sido verdad. No sabía cuánto tiempo ella le había ocultado sus sentimientos, cuándo habían cambiado. ¿Era reciente, o llevaba ya un tiempo? ¿Desde cuándo compartía los mismos sentimientos que él? ¿Cuánto tiempo habían desperdiciado? ¿Cómo pudo no darse cuenta?

No podía responder, no estaba seguro de respirar, no reaccionaba. Miles de preguntas sin respuestas, de pensamientos chocando entre ellos. Ino intentó ser paciente, pero comenzó a fruncir el ceño ante la falta de respuesta y la incredulidad en su rostro, cada vez más impaciente hasta que su expresión se transformó por completo en enojo y lo golpeó en el pecho, aprovechando el impulso para alejarse.

– ¿Sabes? Lo menos que podrías hacer es rechazarme. ¡En lugar de quedarte ahí callado como un idiota!

Se puso de pie en un segundo, alejándose con lágrimas en los ojos.

– Espera, ¿qué? ¡Ino! – la siguió en seguida, saliendo al fin del trance. Ino alejándose de él enojada era territorio más familiar que lo que acababa de pasar –. Hey, ¡Ino! – la rubia no frenaba, hasta que logró alcanzarla y le sujetó la muñeca, obligándola a voltear. Podía ver cómo se contenía, pero lágrimas parecían a punto de caer – Mujer problemática, no puedes soltar una bomba así y esperar que sepa qué responder – eso pareció enojarla más, pues frunció más el ceño y comenzó a forcejear – Ino, ¡Ino!

– ¡No! Si no sabes qué responder, te lo haré más fácil. ¡Olvida todo lo que dije! Me voy – Tuvo que sujetarla con más fuerza por un momento, jalándola hacia él para abrazarla, fue lo único que se le ocurrió para evitar que se fuera.

– Dios, ¿Por qué tienes que hacer todo tan problemático?

– ¡Suéltame! – golpeó sus costados, pero Shikamaru conocía su fuerza, sabía que no estaba realmente intentando.

– ¿Podrías tan sólo darme un minuto? Aun creo que estoy soñando – Ino se detuvo de pronto – No sé cuántas veces he soñado con escuchar eso, aunque mis costillas dicen que no es un sueño – intentó bromear, pero ella se alejó para mirarlo con el ceño fruncido, amenazando con irse de nuevo; suspiró –. Ino, yo…

Se atoraron las palabras en su garganta, aflojó el agarre para abrazarla con más calma ahora que no forcejeaba y alzó una mano, acariciando su mejilla, limpiando el rastro de una lágrima fugitiva. La expresión en sus ojos se suavizaba, igual que la sensación de su piel bajo sus dedos. Tragó saliva, incapaz de hablar, de decir lo que por años ya había sentido, perdiéndose en sus ojos. Sintió sus manos moverse, de pronto ella lo abrazaba por el cuello, sus ojos se desviaban por segundos y se preguntaba a dónde… Oh. Ino miraba sus labios. Inclinaba la cabeza tan sólo un poco.

– Dilo – susurró ella en apenas un hilo de voz. Volvió a tragar saliva, respiró hondo y le tomó un minuto conseguir el coraje para volver a hablar.

– Te amo, Ino. Desde que tengo memoria, siempre.

Ino soltó todo el aire contenido y sonrió, alzándose de puntitas, jalando de él.

Cuando sus labios conectaron, todo su mundo se sacudió. De pronto todo tuvo sentido, y su cuerpo reaccionó. Afianzó el agarre a su cintura y sujetó su nuca, acercándola más, saboreando cada detalle con anhelo. ¿Cuántas veces había soñado con ella, con besarla, con tenerla? Pero nunca entretuvo la idea, nunca quiso pensar en cuánto deseaba estar con ella, porque sabía que el momento en que comenzara, no podría dejarla ir. Y si ella no lo deseaba de la misma forma, no sería capaz de vivir. ¿Ahora? Ahora no había forma de que la soltara.

Al fin se alejaron, muy en contra de su voluntad, hasta que abrió los ojos y se encontró la visión más hermosa que alguna vez vio. Ino tenía los labios ligeramente hinchados, húmedos, sus blancas mejillas lucían un suave rosa y sus ojos, esos ojos que tanto amaba, lo miraban con el mismo anhelo que él sentía, brillando más cristalinos que nunca, más bellos que el mismo cielo. Si esa era la visión que lo esperaba cada vez que la besara…

Respiró hondo y la volvió a besar, con más calma, con todo el anhelo de años de espera, memorizando cada detalle, cada sensación. La sutil forma en que su lengua batallaba, como si quisiera ganar una competencia que no existía; de todas formas, ella siempre ganaba. La manera en que sonreía contra sus labios, como parecía jugar con él, saber que lo tenía en la palma de su mano. La forma en que su mano acariciaba su nuca y le causaba escalofríos con la delicada sensación de sus uñas en la piel.

Y ahora, no había fuerza en la tierra que pudiera alejarlo de ella.

Había alcanzado el cielo.


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. Kms .