Episodio 5

Cruz se estaba divirtiendo en la fiesta, disfrutando de las anécdotas y risas que compartía con sus amigos. En un momento, se disculpó para ir al baño. Al salir y disponerse a regresar al grupo, chocó inesperadamente con alguien.

-¡Ay! Tengo que fijarme mejor por dónde voy. -Murmuró para sí misma, frotándose ligeramente el brazo por el impacto.

Cuando levantó la mirada para disculparse, quedó completamente sorprendida. Frente a ella estaba alguien que jamás pensó ver en ese lugar.

-¿Jackson? -Susurró, incrédula.

Por un momento, pensó que tal vez los cócteles que había bebido estaban jugando con su mente. Era imposible que fuera él. Además, la ropa que llevaba no era la misma que había usado en la cena. Cruz parpadeó dos veces, inspeccionándolo con detenimiento. Pero no cabía duda: era realmente Storm.

-¿Por qué me miras así? -Peguntó el joven, arqueando una ceja con curiosidad.

-¿Qué haces aquí? -Respondió Cruz, todavía sorprendida.

Antes de que él pudiera responder, una voz se escuchó a lo lejos, interrumpiendo el momento y obligándolos a desviar su atención.

-¡Hey, Cruz!

Ella giró rápidamente el rostro, buscando la fuente de la voz, y al distinguir las figuras de Tim y Bubba acercándose, el nerviosismo la invadió por completo. Su respiración se aceleró, y sin detenerse a analizarlo, tomó la mano de Storm y lo jaló con fuerza.

-¿A dónde vamos? -Preguntó él, algo desconcertado, mientras ella buscaba desesperadamente un lugar donde ocultarse.

-Shhh, guarda silencio.

Tras unos segundos de búsqueda frenética, Cruz encontró una habitación al final del pasillo. Abrío la puerta rápidamente y ambos entraron.

-¿Qué haces aquí? -Preguntó Cruz, todavía sorprendida mientras daba un par de pasos hacia él.

Storm la miró con una expresión divertida.

-No lo sé. Tú me trajiste aquí, ¿recuerdas?

-No, no me refiero a eso... ¿Qué haces en la fiesta? Pensé que no querías venir y que te irías a casa.

-Bueno, sí. Pero luego cambié de opinión. Además, tú fuiste quien dijo que debería socializar más.

Cruz frunció el ceño, confundida.

-¿Cuándo dije eso?

-Un día que salimos a correr.

-¡Guau! ¿Así que sí prestas atención a mis pláticas? Creí que siempre me ignorabas. -Comentó, viéndolo con asombro.

Storm desvió la mirada, sintiéndose cada vez más incómodo ante la atención de la castaña y el hecho de estar a solas con ella en esa habitación, que parecía ser de invitados.

-¿Por qué nos escondemos? -Preguntó, intentando sonar relajado, aunque su voz lo traicionaba con un cierto nerviosismo.

-Porque no quiero que los chicos te vean.

-¿Por qué? -Replicó él, irritado.

-Porque no quiero que eches a perder el cumpleaños de Chase.

-¿Y por qué haría eso?

-Por tu actitud.

-¿Qué tiene mi actitud?

Ella lo miró fijamente.

-Bien, lo entiendo. Pero solo vine porque tu amigo me invitó.

-¿Te invitó? -Preguntó Cruz con ingenuidad.

-¿Por qué estaría aquí si no fuera cierto? Y, si no me crees, vamos y pregúntaselo tú misma.

Sin más, apartó a Cruz de su camino y comenzó a dirigirse hacia la puerta, pero ella se interpuso rápidamente, bloqueándole el paso. Con determinación, puso las manos sobre su pecho y empezó a empujarlo hacia atrás. El contacto inesperado hizo que la piel de él se erizara, mientras un cosquilleo agradable se extendía por su estómago.

Storm tomó las manos de Cruz, sujetándolas para que no continuara empujándolo. Luego, inclinó su rostro hacia ella, acercándose lo suficiente como para incomodarla.

-¿Por qué estás nerviosa? ¿Es por mí o porque estoy arruinando tu cita con Tim? -Preguntó, con una sonrisa suspicaz.

Cruz quedó sorprendida al escuchar esas palabras.

-¿De qué hablas?

-Deja de fingir. He visto cómo se miran y cómo interactúan.

-Tim solo es un amigo. Él no me gusta en absoluto. -Respondió Cruz con firmeza, soltándose de su agarre y dando un paso hacia atrás.

-Entonces debe ser alguno de tus otros amigos.

-Ninguno de ellos me gusta.

-¡Ay, por favor! Si ninguno de ellos te gusta, entonces, ¿quién?

-Eso no te incumbe.

-Pues, en realidad no, pero estamos ocultándonos por alguien, ¿no es así?

-¡No!

-¿Es Bobby? ¿Danny? ¿O tal vez Jimmy? Él tiene una linda dentadura. -Comentó Storm con burla.

-Jackson, basta. La persona que me gusta no está aquí. Él debe estar muy feliz... a lado... de su prometida. -Respondió Cruz, con un tono apagado al final, desviando la mirada.

Storm parpadeó sorprendido, pero pronto comenzó a reírse.

-Olvida lo que dije. -Murmuró Cruz, visiblemente incómoda.

-Ahora sí tienes toda mi atención.

-En verdad eres molesto. Ahora sí prefiero que me ignores.

-Si está comprometido, entonces está fuera de tu alcance.

-¿Quién eres tú para decir eso?

-Entonces te gusta romper parejas. No te imaginé de esa forma.

-¡No! Yo no podría separar a dos personas que llevan años juntas y se llevan tan bien.

-Entonces deberías olvidarlo.

-Es complicado cuando lo ves la mayor parte del tiempo y siempre estamos en contacto. -Admitió Cruz, con una mezcla de frustración y resignación.

-Es alguien de tu escudería, ¿cierto?

-No es tu asunto. Y no sé por qué estamos hablando de esto. Ahora vete a casa.

-¿Es el que siempre habla en italiano?

-¡Basta! Deja de molestarme.

-¿Es el ridículo de ojos verdes?

La chica suspiró con cansancio, harta de la actitud del joven.

-¿Es Rayo?

Cruz no pudo evitar ruborizarse. Sus ojos se abrieron ligeramente, mientras una sonrisa nerviosa asomaba en sus labios.
En ese instante Storm leyó con claridad los sentimientos que la joven guardaba por su mentor.

-¡Espera! ¿Te gusta McQueen? -Exclamó con incredulidad.

-¡No! Yo solo... lo admiro mucho.

-Supongo que es de admirar su trayectoria... aunque yo ni sabía de su existencia hasta que le gané. Eso fue épico. -Añadió Storm con una sonrisa arrogante. -Pero estamos hablando de ti, no de mí. Aunque, claro, hablar de mí es más interesante.

-¡Ya cállate! -Exclamó ella, girándose bruscamente. Pero Storm, con un movimiento rápido, la atrapó de la muñeca y la detuvo en seco.

-Oh, no. Quiero escuchar por qué te gusta ese anciano. -Mencionó con una sonrisa burlona.

-¡Suéltame! No es de tu incumbencia.

Ella intentó liberarse, pero él seguía impidiendolo.

-Solo quiero saber qué le ves. Por Dios, hay mejores especímenes.

-Claro, ¿cómo tú?

-Por supuesto.

-¿Para qué querría arrogantes y tarados?

-¿Qué me dijiste? -Respondió Storm, entrecerrando los ojos, claramente ofendido.

La castaña esbozó una sonrisa burlona y volvió a intentar irse, pero Storm, molesto, la jaló con más fuerza. Cruz perdió el equilibrio, chocó contra él y ambos cayeron sobre la cama. Ella quedó atrapada debajo de él.

-¡Quítate! Me aplastas. -Se quejó Cruz, empujándolo con sus manos.

Storm, lejos de apartarse, se acomodó sobre ella, bloqueando cualquier intento de escape. Sujetó sus muñecas con firmeza, inmovilizándola por completo.

-¿Qué haces? -Refunfuñó Cruz, molesta.

-Ya no puedes escapar. -Sonrió Storm, sus ojos brillando con triunfo. -Ahora dime qué tiene de especial.

-¡Suéltame!

-Dime y te suelto.

Cruz frunció el ceño, pero finalmente habló.

-Él es un caballero, es inteligente, amable, sensible y atento. Es lo mejor en todos los sentidos.

-Pff... Rayo también es otro idiota. ¿Acaso no te das cuenta de que te usa para vanagloriarse?

-¡Claro que no! -Respondió con firmeza. -Él me ha ayudado bastante, me dio una oportunidad. Vio algo en mí que ni yo misma veía.

El joven clavó su mirada en esos lindos ojos color chocolate, que brillaban con una admiración casi infantil al hablar de ese veterano molesto. Una punzada de celos lo atravesó; Competir con Tim era una cosa, pero competir contra McQueen, era un desafío completamente diferente. La idea lo irritaba aún más. Sin embargo, sus pensamientos se desvanecieron al escuchar la voz de Cruz, exigiéndole que se quitara de encima y la soltara. Fue en ese momento cuando Storm se percató de la posición comprometedora en la que se encontraban. Pero en lugar de apartarse, solo sonrió con malicia y negó con la cabeza.

-Me gusta esta posición. -Dijo con descaro.

-¡Jackson, dijiste que me soltarías si te lo decía! ¡Ahora cúmplelo!

-Súplica, preciosa.

-¡No te voy a suplicar! Y deja de ser tan infantil.

Ella comenzó a forcejear, intentando soltarse con desesperación. Sin embargo, cada movimiento que hacía, cada roce accidental, encendía algo en Storm. La temperatura de su cuerpo aumentaba, y una reacción instintiva comenzaba a tomar el control, despertando un deseo ardiente que no podía ignorar. Lentamente, como atraído por una fuerza invisible, comenzó a acercarse al rostro de Cruz. Ella, sintiendo su proximidad, quedó inmóvil, completamente atrapada entre el nerviosismo y la incertidumbre.

Storm estaba a solo centímetros de distancia, esos labios eran tan tentadores y parecían esperarlo, el estaba listo para devorarlos. Pero entonces, el sonido abrupto de una puerta abriéndose de golpe rompió el hechizo.

Ambos se sobresaltaron al escuchar el ruido y giraron la cabeza rápidamente hacia la puerta. Al verla abierta, se encontraron con uno de sus compañeros observándolos con curiosidad.

-Oh... lo siento, solo buscaba el baño. Continúen con lo que estaban haciendo.

La tensión en el ambiente se hizo palpable. Ninguno de los dos se atrevió a moverse, y un rubor evidente se expandió por sus rostros mientras el incómodo silencio los envolvía.

-Les sugiero cerrar bien la puerta antes de que se quiten la ropa... Y, amigo, espero que tengas protección. -Comentó con una sonrisa pícara, arrastrando un poco las palabras mientras tambaleaba ligeramente, dejando en evidencia que había bebido de más.

Antes de que alguno pudiera responder, el sujeto cerró la puerta con un golpe, dejándolos nuevamente a solas. La vergüenza fue inmediata. Storm se levantó de golpe, apartándose de Cruz, mientras desviaba la mirada.

¿En qué diablos estaba pensando? se recriminó internamente. Si la besaba o intentaba algo más, solo lograría asustarla y alejarla. Su comportamiento era absurdo, impropio de alguien como él, y no podía entender en qué momento había perdido el control de esa manera.

Cruz se levantó de la cama con rapidez y se arregló la ropa sin mirarlo. Con la voz cargada de incomodidad, solo dijo.

-Salgamos de aquí.

La castaña salió de la habitación con el rostro colorado, atrapada en una mezcla de vergüenza y confusión. No lograba entender por qué Storm se había acercado tanto a su rostro ni por qué la había mirado con tanta intensidad. Durante ese breve instante, se había perdido en esos ojos grises azulados y en esas facciones tan varoniles que provocaron una sensación extraña que le hizo sentir el calor subir a sus mejillas. Absorta en sus pensamientos, dio un pequeño salto al sentir que alguien la tomaba del brazo y la llamaba por su nombre.

-¿Te asusté? Lo siento. -Dijo Tim con una sonrisa amable, tratando de aliviar la tensión.

-Te estábamos buscando. ¿Qué hacías ahí? -Preguntó Bubba con curiosidad al ver que la joven había salido de una habitación.

Cruz se quedó sin palabras, su mente buscando desesperadamente una excusa que no llegaba. La tensión en el ambiente aumentó cuando los rostros de ambos hombres cambiaron drásticamente al ver salir a Storm de la misma habitación, ajustándose la ropa con una expresión impasible.

-¿Qué hace él aquí? ¿Y qué estaban haciendo los dos ahí dentro? -Preguntó Bubba, su tono claramente molesto mientras cruzaba los brazos, esperando una respuesta.

-¿Tú qué crees? -Dijo Storm con una media sonrisa.

Bubba lo fulminó con la mirada, mientras Tim lo observaba con incredulidad.

-Estoy seguro de que hay una respuesta lógica para esto... ¿verdad, Honey bee? -Dijo Tim, dirigiéndose a Cruz.

Storm hizo una mueca evidente al escuchar aquel apodo. Cruz, por su parte, se sintió aún más cohibida bajo las miradas inquisitivas de sus dos amigos. ¿Qué podía decirles? ¿Que Storm había aparecido de la nada y que lo estaba ocultando para evitar problemas?

Al notar que la castaña seguía en silencio, Storm intervino con una excusa improvisada.

-Vine a buscarla porque se sentía mal.

Bubba alzó una ceja.

-¿Y lo otro?

-Ahí adentro hay un baño. -Añadió Storm con tono despreocupado. -Solo la acompañé, por si acaso.

-Tiene sentido. -Mencionó Bubba, asintiendo lentamente con la cabeza.

Tim, por su parte, desvió la mirada hacia Cruz, notando el leve asombro reflejado en sus ojos y el rubor que aún teñía sus mejillas.

-Si te sentías mal, podrías haberme dicho, y yo te habría llevado a casa. No era necesario que molestaras a Storm para que viniera hasta aquí por ti. -Comentó con una sonrisa amable.

Luego, añadió mientras dirigía su mirada hacia su compañero.

-Bubba, acompáñala a buscar sus cosas.

Cuando ambos se fueron, Tim giró hacia Storm, observándolo fijamente.

-Sé lo que estás haciendo. Deja de jugar con ella solo para molestarme.

El joven, sin inmutarse, le dedicó una mirada desinteresada.

-No seas tan creído, Tim. No te des tanto crédito.

-Déjala en paz y aléjate. Sé que ustedes no son una pareja real.

Storm quedó desconcertado por esas palabras. ¿Acaso Cruz le había mencionado algo?

-Y no, ella no me dijo nada. -Añadió Tim, anticipándose a sus pensamientos. -Es tu actitud la que te delata. Tal vez engañes a la prensa, pero a mí no. Ahora deja de robarle su tiempo y aléjate de ella.

El muchacho esbozó una sonrisa, claramente divertido por las palabras de Tim.

-Guau, gracias, Tim. No te imaginas cuánto me deleita saber que te pongo nervioso.

-¿De qué estás hablando?

-Sé que te gusta Cruz. Y también sé que tienes miedo de que ella se fije en mí. Pero tranquilo, cuando eso pase, prometo no restregártelo en la cara... demasiado.

-Eso no pasará. Ella jamás te haría caso.

-¿Cómo dicen? ¡Ah, sí! Nunca digas jamás. Porque podría suceder... y más si estoy interesado en ella. -Él sonrió cínicamente, disfrutando del momento.

Tim apretó los puños, claramente molesto, pero se obligó a calmarse. Sabía que Storm estaba tratando de provocarlo, buscando venganza por la humillación que le había hecho pasar en el centro de entrenamiento en el cual ambos estuvieron.

Antes de que la tensión escalara más, Cruz regresó al lugar.

-Lamento retirarme tan temprano. -Dijo con una sonrisa tímida.

-No pasa nada, recupérate. -Respondió Tim con gentileza.

-¿Nos vamos? -Preguntó la joven al chico de cabello negro, quien la miró con una dulzura inesperada.

Tim no pasó por alto esa acción, Storm siempre la veía con desdén y superioridad y ahora parecía verla de otra manera. Sabía que no había razón para preocuparse, pues Cruz no se fijaría en alguien como él, pero una voz inquietante en su interior le susurraba que no bajara la guardia.

La castaña se adelantó un poco y el pelinegrodesvió la mirada hacia su rival, dejando que una sonrisa cargada de burla se dibujara en su rostro.

-Fue entretenido hablar contigo. Ahora, si me disculpas, debo llevar a mi novia a su casa.

-En tus sueños. No es tu novia, ni lo será. -Espetó Tim, su voz llena de resentimiento.

-Tienes razón... aún no. Pero cuando quiero algo, me lo propongo y lo obtengo.

La provocación fue suficiente para que Tim lo tomara del cuello de la camisa y lo empujara contra la pared.

-No lo permitiré. -Gruñó con una voz cargada de furia.

-No me toques. -Respondió Storm, empujándolo con fuerza para soltarse.

La escena no pasó desapercibida, y algunos invitados comenzaron a mirarlos con curiosidad. La tensión creció, haciendo evidente que una pelea era inminente, pero antes de que algo sucediera, Danny intervino rápidamente.

-¡Tim, ve con Aaron! Y tú, Storm, te voy a pedir que por favor te retires. -Ordenó con firmeza.

-Ya me iba. -Respondió este último con indiferencia.

-¿Qué sucedió? -Le preguntó Cruz al pelinegro, mirándolo con curiosidad y un dejo de preocupación.

-Nada. -Respondió, colocando una mano en la espalda de la joven con aparente naturalidad.

Tim observó con rabia contenida cómo los dedos de Storm se deslizaban con una caricia deliberada desde la espalda alta hasta la zona lumbar de la castaña mientras le dedicaba una sonrisa. Pero lo que realmente lo desquició fue ver a Cruz devolverle la sonrisa y no hacer el menor intento por apartarse.

Tim comenzó a sacar conclusiones precipitadas y, sin pensarlo dos veces, se abalanzó sobre Storm, lo giró del hombro y conectó un golpe directo que lo derribó al piso.

-¿Qué diablos? -Exclamó Danny, mirando a su amigo con asombro.

-¿Amigo, qué te pasa? -Preguntó Aarón, claramente preocupado.

Storm se llevó una mano a la boca, sintiendo un dolor molesto y el amargo sabor a hierro que se filtraba entre sus labios. Se limpió la sangre con el dorso de la mano y se levantó de golpe. Estuvo a punto de contraatacar, pero Cruz se interpuso y lo detuvo.

Miró a todos con desdén antes de darse la media vuelta y salir sin decir una palabra. Caminó hasta su coche y se sentó en el capó, con la mano aún presionando su labio, del que brotaba un leve rastro de sangre.

-Maldito... -Murmuró para sí, en un tono bajo y lleno de rabia.

El joven suspiro pesadamente y levantó la vista para ver el cielo lleno de estrellas y así tranquilízarse. La noche había acabo mal y todo por su estúpido impulso de ir por la castaña a esa fiesta, de seguro ahora estaba molesta por lo ocurrido, no la culparía si decidira mandarlo al diablo y terminar con el acuerdo que tenían.

-Debí haber dejado pasar este tonto sentimiento. Tim tiene razón, debería dejarla en paz. Al final... no la merezco. -Murmuró para sí mismo, con un dejo de amargura en su voz.

Se levantó del capó del coche, sacó las llaves y estaba decidido a irse cuando escuchó la voz de Cruz llamándolo.

-Jackson, ¿te encuentras bien?

Él la miró con incredulidad, incapaz de entender por qué ella había decidido ir tras él. ¿Y por qué le preguntaba si estaba bien? ¿Acaso no debería estar reclamándole por haberle arruinado la noche a ella y a sus amigos? Ella extendió la mano, intentando tocar su rostro, pero él giró ligeramente la cabeza, impidiendo el contacto.

-Sí, estoy bien. -Respondió en un tono seco.

-Tienes sangre en la cara. Déjame revisarte.

-Déjame en paz. No fue nada.

-Bien, pero al menos límpiate el rostro. -Añadió mientras sacaba unas toallitas húmedas de su bolso y se las tendía.

Storm frunció el ceño, tomó una de las toallitas y comenzó a limpiarse el labio con movimientos bruscos.

-No hagas eso, te vas a lastimar.

Antes de que pudiera protestar, Cruz se acercó, tomó la toallita y comenzó a limpiarlo con cuidado. Storm la observaba en silencio, sumido en sus pensamientos. Se preguntaba si realmente valía la pena intentar conquistarla. Al recapacitar sobre las probabilidades, se dio cuenta de que eran nulas. Su amabilidad hacia él seguramente no era más que eso: simple cortesía.

-Lamento lo que pasó. -Dijo Cruz de repente, rompiendo el silencio.

-No deberías. Fue mi culpa al venir. -Respondió él, sin mirarla.

Ella apartó la mano de su rostro y lo miró, sus ojos reflejando un ligero atisbo de culpa.

-Igual fue mi culpa. Tú solo querías una oportunidad para convivir y yo solo me dediqué a recriminarte. Debí ser sincera con los chicos, incluirte y apoyarte desde el principio.

-Cruz, no sigas. Las cosas no iban a cambiar. Ahora regresa a la fiesta.

-Pensé que nos iríamos juntos.

-Es mejor que alguno de ellos te lleve.

Ella bajó la mirada, visiblemente desanimada.

-¿Estás molesto conmigo?

Storm la observó en silencio, no podía molestarse con ella, no cuando todo lo sucedido era resultado de su propio comportamiento. Una ligera sonrisa apareció en su rostro al darse cuenta de lo dulce e ingenua que era, al punto de culparse por algo que no tenía culpa. Le resultaba increíble que Cruz hubiera creído que él realmente quería socializar con aquellos idiotas.

-No. Solo no quiero que tus amigos se molesten contigo por mi culpa.

Ella asomó una sonrisa débil.

-Está bien. Entonces entraré de nuevo. Avísame cuando llegues a casa. -Mencionó antes de darse la vuelta.

Mientras Cruz caminaba, Storm se encontró una vez más atrapada en sus pensamientos, debatiendo si debía apartarla de su vida o no. En el fondo, disfrutaba demasiado de su compañía, pero tal vez lo mejor sería verla como amiga para no arriesgar nada. Negó con la cabeza, convencido de que lo mejor era dejar esos sentimientos atrás y comenzó a caminar hacia su auto.

Cruz ya casi llegaba a la entrada cuando sintió que alguien la detenía suavemente, tomándola del brazo. Se giró y vio a Storm con curiosidad.

-Mejor si, te llevo a casa. Tus amigos han tomado, y es mejor evitar accidentes.

-No creo que todos estén así.

-¿Quieres que te lleve sí o no?

Ella soltó una risita divertida.

-Sí, por favor.

Después de acompañarla hasta su casa y disculparse por haber estropeado la velada con sus amigos, Storm tomó la decisión de aceptar su amistad mientras ellos tuviesen ese trato. Más adelante, cuando llegara el momento, la dejaría ir sin reproches ni despedidas dramáticas, porque sabía que, aunque doliera, lo mejor para ella era apartarse de su vida.