Hola mis lectores, sea la hora que sea, el día que sea. Les traigo el segundo capítulo de esta nueva historia.
Espero lo disfruten tanto como yo.
Descargo de responsabilidad.
Resident evil No es de mi propiedad, tampoco ninguno de sus personajes. Solo se crea esta versión de los hechos para entretener.
Capítulo 2
El adusto capitán
""El mal conoce el bien, pero el bien no conoce el mal". Franz Kafka"
Eran las vacaciones de verano de 1997, Claire tenía la tierna edad de 18 años, pero no impedía que le emocionara la idea de visitar Raccon City a pasar unos días con su hermano, solo bastaba con hacerle una llamada a Chris para que estuviera al pendiente de su llegada, y porque no, preparara el departamento para su visita.
No era descabellado pensar que con lo apuesto y joven que era su hermano, tuviera noches alocadas.
Siempre había gustado de la compañía de su hermano, al final, solo se tenían ellos dos, era una especie de padre para ella.
La muerte prematura de sus padres la coloco un poco más arriba de madurez y no se hable de su querido hermano Chris.
La pelirroja llegó a la R.P.D. con la esperanza de encontrar a Chris, quien era miembro de la unidad S.T.A.R.S., un grupo de elite de Raccon City.
Sin embargo, pronto se dio cuenta de que estaba perdida en tan laberíntico edificio, el cual parecía de otra época. Se atrevería a afirmar que tiene un estilo neogótico, vaya lugar para una comisaria, —pensó para sí misma.
Era su primera vez en el recinto y no desaprovecharía la oportunidad de explorar.
Mientras Claire caminaba, se percató de la máquina expendedora ubicada en el ala este de la comisaria, justo a lado de una sala de espera.
Se detuvo para sacar un tentempié, después de todo no había probado bocado antes de salir de casa.
De repente, Claire escucho como un alboroto se acercaba desde el fondo del pasillo.
—Pero Capitán, fueron instrucciones del Jefe Irons.
Musito, el joven oficial de chaleco amarillo.
—No sé si sea de su interés Vikers, ¡pero le recuerdo que el jefe de esta unidad soy yo!…
Dijo el rubio sin dejar lugar a dudas, con una voz tan pretenciosa y pedante como nunca había escuchado jamás.
El joven policía no tuvo más remedio que poner una cara de desconcierto, y aceptar el regaño que parecía merecer, girando en su propio eje y yéndose por donde vino.
Wesker siguió caminando en su dirección y fue inevitable no hacer contacto visual, sintiendo la chiquilla, un pequeño escalofrío recorrerle todo el cuerpo.
Por la mente de Claire pasaban cosas como; cuan alto era y que se veía condenadamente guapo con ese uniforme tan impecable y tan azul.
Se regañó así misma por el rumbo que estaban tomando sus pensamientos.
El rubio se detuvo por una fuerza que no pudo describir, —¿Y esta niñata que hace aquí?, mirándome tan inquisitivamente, ¿quién se creía que era?.
—Disculpe señorita. ¿Hay algo en lo que la pueda ayudar?
Pregunto, sacando a Claire de su ensimismamiento.
Claire se sintió nerviosa bajo la mirada cubierta por las gafas de sol de aquel apuesto policía, pero intento mantener la calma.
—Mi nombre es Claire Redfield y estoy buscando a mi hermano Chris. ¿Sabe en donde queda la oficina de los S.T.A.R.S.?
Wesker sonríe ligeramente, lo que hace que Claire se sienta aún más incómoda.
—"Chris está en una misión", responde.
Pero no te preocupes, Claire. Estoy seguro de que regresara pronto".
Soy Albert Wesker, capitán del Special Tactics And Rescue Service.
Claire se siente sorprendida por la respuesta.
El misterioso rubio malhumorado no es ni más ni menos que el jefe de Chris, del que tanto le había hablado ya.
Recordó las llamadas nocturnas en donde su hermano le confesaba lo insoportable, pretensioso, frío, manipulador y astuto que era su capitán.
En todo caso, ¿por qué se sentía tan atraída por él?.
Al percatarse del silencio de su interlocutora, Wesker pensó en llevarla hasta la oficina para que pudiera esperar más cómodamente, además no quería a una chiquilla tonta dando vueltas por toda la comisaria.
—Si gusta, puedo escoltarla hasta nuestra oficina y allí esperar a Chris.
Exclamo el capitán con una galantería fingida, pero eficaz, la pulcritud siempre iba acompañando sus acciones y sus palabras.
—Sería de gran ayuda, la estación de policía es más grande de lo que imagine. Dijo la joven asintiendo con la cabeza y dando gracias a su cerebro de no tartamudear.
–Wesker se volvió hacia la puerta más cercana y realizo un gesto para que Claire lo siguiera.
"Sígame por favor, señorita Redfield".
La pelirroja asiento con la cabeza exclamando un casi inaudible; —"Ok".
Esa tarde, en la oficina de los S.T.A.R.S, Claire pudo deleitarse con el aroma a madera de cedro con Flores de Azahar y Naranjo, que la mantenía hipnotizada, mientras el capitán parecía tener bastante trabajo administrativo.
No puede evitar mirar a Wesker, quien parece estar completamente absorto en su trabajo.
Miraba con atención todos sus movimientos, desde la forma en la que sostiene su pluma hasta la manera en que se peina el cabello al detectar cualquier mechón rebelde.
Wesker por su parte, parece ser completamente ajeno a la atención de la chica. Está demasiado ocupado con su trabajo para darse cuenta de que ella lo está mirando.
Sin embargo, después de un rato, el capitán levanta la vista y se da cuenta de que Claire lo está mirando.
Por un momento sus ojos se encuentran, y Claire siente como si hubiera sido descubierta en el juego de las escondidillas.
El rubio pedante ríe para sus adentros y vuelve a su papeleo sin decir nada. La pequeña Redfield no era más que una chiquilla, tan solo una mirada bastaba para hacerla ruborizar de sobremanera.
De repente, Claire escucha un ruido en la puerta y se vuelve hacia ella, esperando ver a su hermano Chris entrar.
—"¡Claire!", dice el moreno, que logra visualizar a su hermana sentada en su escritorio, contento de ver a su consanguínea.
—Creí que me llamarías para ir por ti a la central de autobuses.
Con una mirada de complicidad, Claire se acerca para darle un abrazo.
—Sabía que tendrías mucho trabajo, por eso decidí adelantarme.
—Además, por suerte di con el Capitán Wesker y él me trajo aquí para esperarte.
A Chris le pareció inapropiado usar amable como un calificativo simple para describir el gesto de Wesker; sin embargo, parecía ser que el cabrón podía ser agradable de vez en cuando.
–Muchas gracias capitán, si me permite llevare rápidamente a mi hermana y regreso al cuartel.
—No es necesario que regrese. Inquirió el mayor levantándose de su escritorio.
Puede tomar lo que queda de la tarde libre, La señorita Redfield ya tomo bastantes consideraciones por usted.
Después podemos ponerle al corriente con las horas que tomara.
—Está bien capitán, muchas gracias, por favor despídame de los demás.
—Lo espero el día de mañana puntualmente.
Dijo Wesker, sin omitir despedirse de aquella jovencita.
Ya que de ninguna manera saldría de los pensamientos de esa joven mujer en un largo periodo de tiempo, eso estaba decidido.
—Que su estancia sea gratificante señorita Claire.
Comento el rubio de manera seca, casi como si fuera una orden.
Los Redfields asintieron retirándose enseguida.
Ese día Claire conoció al adusto Capitán Albert Wesker.
