Capítulo 7: Lazos que no se Rompen

El bar estaba tranquilo, iluminado con luces tenues que daban al lugar un aire íntimo. Inuyasha entró y vio a Kikyo sentada en la barra, con un vaso de whiskey en la mano. Sus ojos parecían perderse en el líquido dorado mientras giraba el vaso lentamente. Él se acercó y tomó asiento a su lado, apoyando un brazo en el bar.

Inuyasha:"¿Whiskey, Kikyo? Hace poco estabas en el hospital. ¿Quieres terminar ahí otra vez?"

Kikyo lo miró de reojo, pero no respondió de inmediato. Dio un sorbo pequeño antes de hablar.

Kikyo:"¿No puedes simplemente dejarme disfrutar un trago en paz?"

Inuyasha suspiró, recargando su barbilla en la mano mientras la miraba con una mezcla de preocupación y frustración. Kikyo bajó la mirada y sus ojos se posaron en su muñeca. Notó los dibujos: el reloj y el anillo dibujados torpemente con un rotulador. Frunció el ceño ligeramente.

Kikyo:"¿Qué es eso que tienes ahí?"

Inuyasha, al darse cuenta de lo que señalaba, no pudo evitar sonreír levemente. Los recuerdos de la escena con Kagome llenaron su mente por un momento.

Inuyasha:"Es... una broma de Kagome. Una de sus locuras."

Kikyo dejó el vaso en la barra con más fuerza de la necesaria, su expresión endurecida.

Kikyo:"No sé por qué, pero eso no me hace gracia."

Sacó algo de su bolso y lo dejó sobre la barra frente a él: el anillo de matrimonio. Inuyasha lo reconoció al instante y su expresión cambió a una mezcla de sorpresa y confusión.

Inuyasha:"¿Por qué tienes esto? Pensé que lo había perdido."

Kikyo bajó la mirada, jugueteando con sus dedos como si buscara las palabras adecuadas.

Kikyo:"No sé... cuando lo vi, lo tomé sin pensar. Tal vez fue por Kagome."

Inuyasha:"¿Por Kagome? ¿Qué tiene de malo Kagome?"

Su tono era serio, casi defensivo.

Inuyasha:"Es una buena persona. Sí, puede ser un poco torpe a veces, pero eso es parte de quién es. No entiendo por qué hablas así de ella."

Kikyo lo miró fijamente, su expresión mezclada entre tristeza y enojo.

Kikyo:"¿Te das cuenta de cómo hablas de ella? La defiendes, la describes como si la conocieras mejor que a ti mismo. Eso hace que me caiga mal."

Inuyasha parpadeó, sorprendido por la intensidad de sus palabras.

Kikyo:"Siempre me has protegido, Inuyasha. Siempre has estado ahí cuando te necesitaba. Pero ahora, con Kagome, ya no soy tu prioridad. ¿Sabes cuánto duele eso? Es extraño... sé que siempre he amado a Koga, pero siempre me he preocupado por ti también."

Hizo una pausa, respirando hondo antes de continuar con un tono más suave.

Kikyo:"Y, de alguna manera, hasta que tú no me dejes ir, yo tampoco puedo hacerlo."

Las palabras de Kikyo perforaron el corazón de Inuyasha. Sintió un nudo en la garganta mientras luchaba por encontrar una respuesta adecuada. Finalmente, habló, su voz temblando ligeramente.

Inuyasha:"Lo he intentado, Kikyo... lo juro. Pero no puedo dejarte ir. No hasta que tú me lo pidas."

El silencio entre ellos era casi insoportable. Las emociones flotaban en el aire como una tormenta inminente. Kikyo tomó el anillo de la barra y lo colocó en la mano de Inuyasha. Sus dedos rozaron los de él por un breve momento.

Kikyo terminó su whiskey y se levantó para irse, dejando a Inuyasha solo en la barra con el anillo en la mano. Se quedó allí unos minutos más, contemplando el objeto que ahora parecía tener un peso mucho mayor que antes.

En su mente, las palabras de Kikyo y la imagen de Kagome se entrelazaban como si fueran partes de un rompecabezas que aún no podía resolver.

Era tarde en la noche cuando Inuyasha abrió la puerta de la casa. Estaba agotado, pero el aroma de algo peculiar lo hizo detenerse. Miró hacia la mesa y vio a Kagome sentada con un bowl grande frente a ella, comiendo con entusiasmo.

Inuyasha:(arqueando una ceja) "¿Qué estás comiendo?"

Kagome:(masticando y respondiendo despreocupadamente) "Es bibimbap deconstruido."

Inuyasha:(haciendo una mueca) "Eso parece comida de perro."

Kagome rodó los ojos y siguió comiendo. Fue entonces cuando notó algo en la mano de Inuyasha: el anillo de bodas que había dado por perdido.

Kagome:(mirándolo fijamente) "¿Dónde lo encontraste?"

Inuyasha:(cruzando los brazos con aire despreocupado) "Kikyo me lo entregó. Lo tenía ella."

Kagome dejó los palillos y lo miró con incredulidad, su rostro reflejando molestia.

Kagome:"¿Ella lo tuvo todo este tiempo? Esa mujer es una persona muy rara."

La expresión de Inuyasha cambió al instante. Sus ojos se encendieron de molestia mientras levantaba la voz.

Inuyasha:"¡No hables así de Kikyo! Es mi amiga y no tienes derecho a criticarla."

Kagome, sorprendida por su reacción, no supo cómo responder. Inuyasha, claramente molesto, giró sobre sus talones y se dirigió a su habitación, cerrando la puerta con fuerza detrás de él.

A la mañana siguiente, Kagome estaba mucho más relajada en comparación con la noche anterior. La madre de Inuyasha y su abuela la habían invitado a una galería de arte. Las tres caminaban entre las piezas expuestas, comentando las obras.

La abuela y Kagome intentaban descifrar los significados de las pinturas, cada una tratando de parecer más interesante que la otra. Mientras tanto, la madre de Inuyasha sonreía, viendo el vínculo que parecía estar creciendo entre ellas, aunque con sus altibajos.

Mientras Kagome disfrutaba de su tarde en la galería de arte con la madre y la abuela de Inuyasha, él se encontraba en la oficina, terminando algunos pendientes. Al caminar por un pasillo, un saludo repentino lo sacó de sus pensamientos.

Empleado:"¡Hola, señor Taisho!"

Inuyasha giró para ver quién lo saludaba, pero no era un empleado cualquiera. Era Miroku, vestido con un uniforme de limpieza y empujando un carrito con herramientas para limpiar el piso. Los ojos de Inuyasha se entrecerraron con incredulidad y molestia.

Inuyasha:(con un tono amenazante) "¿Miroku?"

Miroku se detuvo en seco, girando lentamente para enfrentar a Inuyasha con una sonrisa nerviosa.

Miroku:"Ah... hola, Inuyasha. Qué sorpresa verte aquí."

Sin decir más, Inuyasha lo tomó del brazo y lo arrastró hacia una oficina vacía cercana. Cerró la puerta de golpe y señaló una silla.

Inuyasha:"Siéntate."

Miroku obedeció sin rechistar, su nerviosismo evidente mientras Inuyasha permanecía de pie, cruzado de brazos y con una expresión severa.

Inuyasha:"Ya sé que fuiste tú quien vendió la casa de Kagome. Y no solo eso, la desfalcaste. ¿Qué tipo de amigo hace algo así?"

Miroku abrió la boca para hablar, pero Inuyasha no le dio oportunidad.

Inuyasha:"De verdad tienes agallas, Miroku. ¿Cómo te atreves a seguir metido en nuestras vidas después de lo que hiciste?"

Miroku tragó saliva, intentando mantener la calma, pero el sudor en su frente delataba su incomodidad.

Miroku:"Inuyasha, yo... yo cometí un error, lo admito. Pero estoy trabajando para arreglarlo."

Inuyasha:(dando un paso hacia él) "Más te vale que lo hagas, porque si vuelves a hacerle algo a Kagome, te aseguro que te las verás conmigo. Y no será una conversación amigable como esta."

Miroku asintió rápidamente, levantando las manos en señal de rendición.

Miroku:"Entendido. No volverá a pasar, lo prometo."

Inuyasha lo miró por un momento más, su mirada dura y penetrante. Luego, sin decir otra palabra, salió de la oficina, dejando a Miroku sentado, aliviado pero visiblemente perturbado.

Esa noche, en la casa de los padres de Inuyasha, todos estaban reunidos alrededor de la mesa. La madre, el padre, la abuela y Kagome compartían una animada conversación mientras cenaban.

Kagome:(riendo) "Cuando vivía sola, comía lo que fuera. Pero ahora que estoy casada... hago comida para mí para ese ton…..y para mi esposo."

Se detuvo un momento, casi tropezando con sus palabras al recordar cómo solía referirse a Inuyasha, pero logró salvar la situación con una sonrisa.

Después de la cena, continuaron la velada con juegos de mesa y más pláticas. La noche se alargó tanto que los suegros de Kagome insistieron en que se quedara a dormir. Kagome, agradecida, aceptó.

Mientras tanto, en la casa de Inuyasha, él estaba preocupado. Había estado buscando a Kagome por toda la casa, llamándola, pero no había respuesta. Se asomaba por las ventanas, revisaba su teléfono, pero no quería llamar para no parecer desesperado.

Finalmente, reunió el valor para marcarle. Cuando Kagome contestó, su tono despreocupado solo lo enfureció más.

Inuyasha:"¿Sabes qué hora es? ¿Por qué no estás en casa?"

Kagome:(riéndose) "Estoy en tu cuarto."

Inuyasha miró alrededor de su habitación, confundido.

Inuyasha:"¿Qué? ¡No estás aquí!"

Kagome:(riendo aún más) "Me refiero a tu antiguo cuarto, en casa de tus padres."

Inuyasha suspiró profundamente, tratando de calmarse. Su enojo se mezclaba con alivio al saber que estaba bien.

Inuyasha:"¿Qué haces ahí?"

Kagome:"Pasé todo el día con tus padres. Por cierto, encontré un jarrón lleno de estrellas de papel. ¿Lo hiciste tú?"

Inuyasha:(su tono se volvió más serio) "No. Lo hizo Kikyo cuando me gradué de la preparatoria."

El comentario de Inuyasha golpeó a Kagome con una realidad que siempre había intentado ignorar: la historia entre él y Kikyo era larga y llena de momentos significativos. Algo que ella nunca podría igualar.

Kagome trató de desviar la conversación, señalando una foto de un niño pequeño que no parecía ser Inuyasha.

Kagome:"¿Quién es este niño?"

Inuyasha:(su voz bajó) "Debe ser mi hermano, Sesshomaru. Murió cuando era pequeño, por una enfermedad."

Kagome lo miró con tristeza, sin saber qué decir. Inuyasha, por primera vez en mucho tiempo, se sinceró.

Inuyasha:"Mi papá prometió curarlo, pero no pudo cumplir su promesa. Por eso siempre he estado enojado con él... y también por eso dejé de soñar con ser doctor."

Kagome sintió el peso de sus palabras.

Kagome:"Estoy segura de que para tu papá fue igual de doloroso no haber podido cumplir su promesa. Tal vez ese dolor lo convirtió en quien es ahora."

Inuyasha no respondió, pero la sinceridad en la voz de Kagome hizo que algo dentro de él se suavizara. Por primera vez, sintió que alguien realmente lo entendía.

Kagome aún estaba en el cuarto de infancia de Inuyasha, observando los trofeos, fotografías y recuerdos que llenaban las repisas. Sus ojos se detuvieron en el frasco lleno de estrellas de papel, y luego en una foto de Kikyo, sonriente, junto a un joven Inuyasha. Cada rincón parecía hablar de la historia entre ellos dos, una historia que, claramente, no tenía espacio para ella.

Sus pensamientos se arremolinaron mientras procesaba lo que había visto y escuchado en los últimos días: el anillo de compromiso, los recuerdos de Kikyo, y el hecho de que, aunque convivieran bajo el mismo techo, Inuyasha no parecía verla más allá de una simple compañera circunstancial. Una sensación de intrusión y vulnerabilidad la invadió.

Finalmente, suspiró profundamente, tomando una decisión que sabía que sería dolorosa pero necesaria.

"Es mejor para mí alejarme... No puedo competir con todo esto. Si sigo cerca, solo voy a salir lastimada."

Al día siguiente, Kagome llegó a casa con una determinación distinta. Fue directo a la computadora y comenzó a escribir. Con cada palabra que tecleaba, sentía que su corazón se apretaba un poco más, pero sabía que era lo correcto. Terminó el documento, lo imprimió, lo dobló cuidadosamente, y fue en busca de Inuyasha.

Inuyasha estaba en la sala, hojeando una revista sin mucho interés, cuando Kagome apareció frente a él y le tendió el papel.

Inuyasha:(alzando una ceja) "¿Qué es esto?"

Kagome:(con voz firme) "Es un horario."

Inuyasha:(más confundido) "¿Un horario? ¿Para qué?"

Kagome:"Para que no tengamos que relacionarnos."Su tono era serio, pero su mirada no podía ocultar la tristeza. "Cada quien estará en una parte de la casa, y si tienes algo que decirme, déjalo por escrito en el refrigerador."

Inuyasha tomó el papel, leyéndolo con el ceño fruncido. Cada línea detallaba las horas en las que cada uno podría usar la cocina, la sala y las áreas comunes, asegurándose de no coincidir.

Inuyasha:(molesto) "¿Qué tonterías son estas? ¿De dónde viene todo esto?"

Kagome:(mirándolo directamente) "Desde el primer momento pediste privacidad, ¿no? Estoy respetando tu deseo. Ahora cada quien tendrá su espacio."

Sin esperar respuesta, Kagome dio media vuelta y se encerró en su habitación, dejando a Inuyasha solo con sus pensamientos.

El día transcurrió de forma extraña para Inuyasha. La casa estaba impecable, la comida estaba lista a la hora exacta, pero todo se sentía vacío. El silencio era ensordecedor, y por primera vez, Inuyasha se dio cuenta de cuánto se había acostumbrado a la presencia de Kagome: sus comentarios, su risa, incluso sus torpezas.

"Esto no está bien,"pensó mientras paseaba por la sala, sintiéndose inquieto. Finalmente, al caer la noche, la frustración lo superó. Se levantó y caminó con paso firme hacia la habitación de Kagome, golpeando la puerta con fuerza.*

Inuyasha:(molesto) "¡Kagome! ¡Abre la puerta!"

Desde adentro, la voz de Kagome respondió con calma pero frialdad.

Kagome:"Si tienes algo que decirme, escríbelo y déjalo en el refrigerador."

La respuesta encendió aún más la irritación de Inuyasha. Buscando un pretexto, alzó la voz.

Inuyasha:"¡La casa está demasiado sucia! ¡Baja ahora mismo y límpiala!"

Después de un largo silencio, la puerta se abrió, y Kagome salió con una expresión neutral. Sin decir nada, tomó los artículos de limpieza y comenzó a limpiar el suelo de la sala. Inuyasha se sentó en el sillón, cruzado de brazos, mirándola trabajar. Aunque su exigencia era absurda, no podía negar que ver a Kagome allí, cerca de él, le daba una sensación de alivio.

"¿Por qué se siente tan raro cuando ella no está cerca?"pensó Inuyasha, mientras la observaba moverse por la sala.

Kagome, por su parte, mantenía su mirada baja, enfocándose en la limpieza. Sabía que cumplir con el capricho de Inuyasha no cambiaría las cosas entre ellos, pero prefería evitar una confrontación. En el fondo, no podía evitar sentir que, por mucho que intentara alejarse, su corazón ya estaba demasiado involucrado.

El silencio incómodo que llenaba la sala se rompió abruptamente cuando Inuyasha habló, con su tono habitual de desdén disfrazado de indiferencia.

Inuyasha:"Mañana es la premiere de mi película. Te quiero en el cine a las 3 pm."

Kagome, que seguía concentrada en limpiar el suelo, no se molestó en mirarlo al responder.

Kagome:"No puedo ir."

Inuyasha:(frunciendo el ceño) "¿Y por qué no?"

Kagome dejó de limpiar por un momento, suspiró y levantó la mirada hacia él con una expresión neutral.

Kagome:"La razón te la escribiré en el refrigerador."

El comentario encendió la paciencia de Inuyasha, quien dio un paso al frente, mirándola con los ojos entrecerrados.

Inuyasha:"¡Estoy harto de esa tontería del refrigerador! ¡No vuelvas a mencionarlo!"

Kagome lo ignoró por completo, continuó con su tarea como si él no estuviera allí. Una vez que terminó de limpiar, recogió sus cosas y se dirigió a su habitación, dejando a un Inuyasha perplejo en medio de la sala. Él solo pudo observarla en silencio mientras ella desaparecía por el pasillo.

Esa noche, Inuyasha no lograba conciliar el sueño. Dio vueltas en su cama hasta que finalmente se levantó, buscando algo que le ayudara a despejarse. Al pasar por la sala, notó que la luz seguía encendida. Frunció el ceño y avanzó con pasos decididos, encontrándose con Kagome sentada en el escritorio, concentrada en su computadora.

"¿Qué demonios hace esta mujer trabajando tan tarde?"pensó, cruzándose de brazos mientras la observaba desde la puerta. No pudo evitar acercarse, sintiendo una extraña necesidad de molestarla.*

Inuyasha:"¿Qué haces trabajando a estas horas? Consumes demasiada electricidad."

Kagome ni siquiera levantó la vista de la pantalla.

Kagome:"En el horario que te entregué estipulé que usaría esta área por las noches. Así que, por favor, vete y déjame trabajar."

Su respuesta calmada y firme irritó a Inuyasha aún más, aunque no sabía exactamente por qué. En lugar de irse, se sentó en el sillón y encendió la televisión a un volumen que claramente buscaba molestarla. Se acomodó, cruzando una pierna sobre la otra, y comenzó a lanzar sus comentarios sarcásticos.

Inuyasha:"¿Cómo es posible que un pollo haya aprendido a escribir? Ya deja eso, Kagome. Tienes que levantarte temprano para hacerme el desayuno."

Kagome respiró hondo para controlarse, se levantó y salió de la sala en dirección al baño, necesitaba calmarse para no responderle nada que luego pudiera lamentar.

Cuando regresó, encontró la computadora apagada por completo. Un mal presentimiento le recorrió el cuerpo. Se acercó rápidamente y tocó el teclado.

Kagome:(preocupada) "¿Qué pasó? ¿Por qué está apagada?"

Inuyasha:(despreocupado) "Yo la apagué. Gastaba mucha luz."

La preocupación de Kagome se transformó en enojo en cuestión de segundos. Lo miró con ojos llenos de furia mientras alzaba la voz.

Kagome:"¡¿Qué?! ¡No había guardado mi trabajo! ¡¿Qué te pasa?! ¡Eres de lo peor, Inuyasha!"

Inuyasha levantó las manos en señal de defensa, pero no pudo evitar sonreír ligeramente al verla tan enfadada.

Inuyasha:"¡Cálmate, mujer! Guardé tu trabajo antes de apagarla. No soy tan tonto como tú."

Kagome, al escuchar eso, sintió que se le llenaban los ojos de lágrimas. No sabía si de alivio, frustración o pura indignación.

Inuyasha, al verla así, sintió una punzada de culpa que lo tomó por sorpresa. Sin pensarlo demasiado, trató de remediar la situación de la única forma que se le ocurrió.

Inuyasha:"Oye... No llores, ¿quieres? ¿Qué tal si vamos por un helado? Mi trato especial."

Kagome lo miró, cruzándose de brazos y con un tono firme respondió:

Kagome:"No soy una niña, Inuyasha. No puedes arreglar las cosas cada vez que me haces daño invitándome un helado."

Se quedó pensativa por un momento, y luego una idea traviesa cruzó su mente.

Kagome:"Pero tengo una mejor idea. Si quieres que te perdone, tendrás que bailar la canción infantil que yo le bailé a tus padres."

Inuyasha abrió los ojos como platos, retrocediendo un paso.

Inuyasha:"¿Qué? ¿Estás loca? Yo no voy a hacer eso."

Kagome:(cruzándose de brazos) "Entonces olvídalo."

Suspirando resignado y con un rubor en las mejillas, Inuyasha se levantó, murmurando algo inaudible mientras Kagome ponía la música desde su teléfono. Cuando la canción comenzó, Inuyasha empezó a moverse torpemente, tratando de imitar los pasos que Kagome le iba indicando.

Kagome no pudo evitar reírse al verlo tan avergonzado. Por un momento, su molestia desapareció, reemplazada por la calidez de la risa. Pero entonces, su mente se nubló nuevamente con la imagen de Kikyo, y la realidad de su situación le cayó como un balde de agua fría.

Deteniendo su risa de golpe, le dio las buenas noches a Inuyasha con una sonrisa forzada, y se fue a su habitación, dejando a Inuyasha solo en la sala, confundido y con una extraña sensación de vacío en el pecho.

Kagome llegó a la oficina de Koga con su trabajo en mano, pero algo en su actitud reflejaba que no estaba completamente allí. Caminaba con los hombros ligeramente encorvados, como si una nube oscura la siguiera. Koga la recibió con su característico buen humor, aunque rápidamente notó que algo no estaba bien.

Koga:"Hola, Kagome. Justo a tiempo, como siempre. Aunque hoy no podré revisar tu trabajo."

Kagome lo miró confundida.

Kagome:"¿No podrás? ¿Por qué?"

Koga sonrió mientras cerraba un archivo en su escritorio y tomaba sus llaves.

Koga:"Voy camino a la premiere de la nueva película de Inuyasha. ¿Tú también vas? Si quieres, puedo llevarte."

Kagome dudó por un momento, pero finalmente aceptó con un leve asentimiento. El camino al cine transcurrió mayormente en silencio, aunque el aire estaba cargado de una tensión que Koga no pudo ignorar.

Koga:"Oye, Kagome. ¿Qué pasa? Hoy estás más seria de lo normal."

Kagome miraba por la ventana, tratando de ordenar sus pensamientos antes de responder.

Kagome:"Koga... ¿Desde cuándo se conocen Inuyasha y Kikyo?"

Koga arqueó una ceja, sorprendido por la pregunta, pero respondió sin pensarlo mucho.

Koga:"Nos conocemos desde que teníamos nueve años. Crecimos juntos. Inuyasha siempre fue muy protector con Kikyo. Cuando ella lloraba, él siempre sabía cómo calmarla. ¿Sabes? Solía compensarla con un helado."

Al escuchar esto, el corazón de Kagome se hundió un poco más. Lo que pensaba que era un gesto especial hacia ella no era más que una costumbre que él tenía desde niño por alguien mas.

Kagome:(en un susurro) "Ya veo..."

Koga, sin entender el cambio en la expresión de Kagome, intentó animarla.

Koga:"¿Por qué preguntas eso? ¿Es por algo que te dijo Inuyasha?"

Kagome negó con la cabeza, intentando cambiar el tema para no revelar lo que sentía.

Kagome:"No es nada importante. Solo tenía curiosidad... Oye, Koga, ¿fuiste tú quien le enseñó a Kikyo a andar en bicicleta?"

Koga soltó una carcajada, recordando la escena.

Koga:"Sí, fui yo. Inuyasha no tenía paciencia para eso, y Kikyo era muy testaruda. Me tomó una semana completa enseñarle."

Kagome no pudo evitar sonreír al escuchar eso, aliviada de que al menos no todos los recuerdos de Kikyo estuvieran ligados a Inuyasha.

Kagome:"Eso es un alivio..."

Koga la miró de reojo, tratando de descifrar el significado detrás de sus palabras.

Koga:"¿Qué quieres decir con eso?"

Kagome:(sacudiendo la cabeza) "Nada importante, de verdad. Olvídalo."

Al llegar al cine, Koga demostró su cortesía habitual al ayudar a Kagome a salir del auto. Mientras él entregaba las llaves al valet parking, Kagome se quedó esperando en la acera, observando el ajetreo de la ciudad.

De repente, un ciclista distraído pasó demasiado cerca de ella, perdiendo ligeramente el control. Kagome no tuvo tiempo de reaccionar, pero antes de que pudiera siquiera gritar, sintió unas manos fuertes tomándola de la cintura y jalándola hacia atrás.

Era Koga. La sostenía con firmeza, su rostro a solo centímetros del de ella. Por un instante, sus ojos se encontraron, y una extraña corriente pareció pasar entre ellos. Koga, que siempre había sido seguro de sí mismo, sintió su corazón latir más rápido de lo normal. Había algo en la cercanía de Kagome, en la forma en que ella lo miraba agradecida, que lo desarmó por completo.

Kagome:(con voz temblorosa) "Gracias, Koga... Si no fuera por ti..."

Koga asintió, todavía sosteniéndola, hasta que finalmente se dio cuenta de lo cerca que estaban y la soltó con cuidado. Ambos intentaron actuar como si nada hubiera pasado, pero Koga no pudo ignorar lo que acababa de sentir.

Sin que lo supieran, esa escena había sido observada por alguien más. Kikyo acababa de llegar al cine, y desde la distancia, había visto cómo Koga protegía a Kagome. Su expresión pasó rápidamente de la sorpresa a algo más difícil de descifrar. Permaneció en su lugar, observando cómo Koga y Kagome entraban al cine juntos, mientras un torbellino de pensamientos comenzaba a agitarse en su mente.

Al entrar al cine, Koga se disculpó amablemente con Kagome.

Koga:"Lo siento, Kagome. Tengo unos asuntos que atender antes de la función. ¿Estarás bien mientras tanto?"

Kagome asintió, asegurándole que no había problema. Koga se despidió con una sonrisa antes de desaparecer entre la multitud, dejándola sola. Kagome miró alrededor, rodeada de desconocidos, sintiéndose un poco fuera de lugar. Sin embargo, su soledad no duró mucho.

Miroku:(desde atrás) "¡Kagome! ¡Qué sorpresa encontrarte aquí!"

Kagome volteó y vio a Miroku y Sango acercándose. Miroku, como siempre, lucía despreocupado pero con un toque de nerviosismo, mientras Sango lo seguía con una sonrisa cálida.

Kagome:"¿Qué hacen ustedes aquí?"

Miroku:(con tono solemne) "Estoy enderezando mi camino, Kagome. Trabajando arduamente para pagarte todo lo que te debemos."

Miroku extendió un boleto hacia ella.

Miroku:"Inuyasha me pidió que te lo entregara. No quería que te quedaras fuera."

Kagome tomó el boleto, sorprendida por el gesto, aunque no podía evitar preguntarse por qué Inuyasha no se lo había dado él mismo. Antes de que pudiera decir algo más, alguien llamó a Miroku desde la entrada.

Miroku:"Debo ir por unas cosas para la función. Las dejo a ustedes dos."

Miroku se despidió rápidamente, dejándolas solas. Sango, que no podía ocultar su curiosidad, se giró hacia Kagome con una mirada traviesa.

Sango:"Kagome, ¿quién era ese hombre alto y apuesto con el que llegaste?"

Kagome, que ya esperaba esa pregunta, suspiró antes de responder.

Kagome:"Es Koga. Mi jefe."

Sango levantó una ceja con interés, pero antes de decir algo, notó que Koga las estaba mirando desde lejos. Al cruzar miradas con Kagome, Koga sonrió de una manera que no pasó desapercibida para Sango.

Sango:(riendo) "¿Tu jefe? ¿Estás segura de que solo es eso? Porque, por cómo te sonríe, parece que está bastante interesado en ti."

Kagome se sonrojó levemente y negó con la cabeza.

Kagome:"¡No digas tonterías! Es solo mi jefe, nada más."

Sango:(bromeando) "Kagome, pronto estarás divorciada. Necesitas a alguien que te proteja y, bueno, si tiene dinero, mejor."

Kagome la miró alarmada, llevándose un dedo a los labios para hacerla callar.

Kagome:"¡Sango! No digas eso en voz alta. Alguien podría escucharte."

Justo en ese momento, la atención de Kagome fue capturada por alguien que acababa de entrar al cine. Era Kikyo. Su postura elegante y segura de sí misma contrastaba con el disgusto inmediato que se dibujó en el rostro de Kagome.

Kagome:(en voz baja) "Ya llegó esa bruja."

Sango:(confundida) "¿A quién te refieres?"

Kagome, dándose cuenta de que había hablado más de la cuenta, sacudió la cabeza rápidamente.

Kagome:"A nadie. No es nada. Mejor ve adelantándote a la función. Tengo que hacer algo antes."

Sango la miró con curiosidad, pero finalmente se encogió de hombros y se dirigió hacia la sala. Kagome, por su parte, se quedó quieta por un momento, observando cómo Kikyo caminaba hacia la entrada principal. Respiró hondo, intentando controlar la mezcla de emociones que había despertado al verla, y tomó una decisión. Había algo que tenía que aclarar antes de que la función comenzara.

Kagome observó a Kikyo mientras ella se paseaba por la entrada del cine, con esa elegancia característica que siempre parecía irritarla más de lo que podía admitir. Respiró profundamente y se acercó con pasos firmes, aunque por dentro estaba temblando.

Kagome:"Kikyo, ¿podemos hablar un momento?"

Kikyo, sorprendida al verla, levantó una ceja pero asintió con indiferencia. Ambas se apartaron un poco del bullicio y se quedaron frente a frente en un rincón menos concurrido.

Kagome:(directa) "Quiero saber por qué escondiste el anillo de bodas de Inuyasha. Cuando te pregunté, dijiste que no lo tenías, pero sí lo tenías. ¿Por qué mentiste?"

Kikyo pareció ofendida por la acusación, pero su tono se mantuvo sereno.

Kikyo:"No lo escondí, Kagome. Solo no tuve tiempo de decirte que estaba conmigo."

Kagome frunció el ceño, sintiendo que Kikyo estaba evadiendo la verdad.

Kikyo:(con una leve sonrisa) "Además, ¿de qué sirve hablar de ese anillo? Claramente, no significa mucho para Inuyasha."

Kagome se tensó al escuchar esas palabras, sintiendo una mezcla de enojo y confusión.

Kagome:"¿Por qué dices eso? Si no estás enamorada de él, ¿por qué complicas las cosas? Siempre lo llamas para que salga contigo, le pides favores, lo usas para tu beneficio. ¡Escuché que estás enamorada de alguien más! Si eso es cierto, ¿por qué no lo llamas a él? ¿Por qué insistes en molestar a Inuyasha si ni siquiera lo amas? Por favor... déjalo ir."

Kikyo, que hasta entonces había mantenido una postura tranquila, alzó la barbilla con determinación. Sus ojos reflejaban una mezcla de desafío y orgullo.

Kikyo:"No, Kagome. No voy a dejarlo ir."

Kagome apretó los puños, sin poder creer lo que estaba escuchando.

Kikyo:"¿Quieres saber por qué? Porque no estoy dispuesta a rendirme tan fácilmente. Si crees que tienes alguna oportunidad con Inuyasha, adelante. Hagamos una apuesta."

Kagome la miró, desconcertada por el giro que había tomado la conversación.

Kikyo:"Veamos quién puede ganarse su corazón primero."

Kagome sintió un escalofrío recorrerle la espalda. No esperaba esa respuesta, y mucho menos el desafío directo que Kikyo acababa de proponer.

Kikyo se giró elegantemente y se dirigió hacia la sala, dejándola sola con sus pensamientos. Kagome permaneció en el lugar unos segundos más, tratando de calmar el torbellino de emociones que sentía. Una parte de ella quería retroceder y marcharse, alejarse de todo este drama. Pero otra, más fuerte, sabía que ya no había vuelta atrás. Algo estaba claro: no iba a dejar que Kikyo jugara con los sentimientos de Inuyasha ni con los suyos propios.

Con el corazón latiendo con fuerza, Kagome enderezó la espalda y se dirigió hacia la sala. Aunque no sabía qué pasaría a continuación, estaba decidida a enfrentarlo todo.

Kikyo caminó hacia Inuyasha mientras este ajustaba su chaqueta frente a un espejo cercano al escenario. Con una sonrisa calmada, se colocó a su lado y comenzó a ayudarlo con los últimos detalles de su vestuario.

Kikyo:"Todo está perfecto, Inuyasha. Esta noche será un éxito, como siempre. Después de la premiere, ¿qué te parece si vamos a cenar? Quiero celebrar contigo."

Inuyasha, distraído, se giró hacia ella.

Inuyasha:"Claro, pero... ¿te importaría si Kagome nos acompaña? No quiero dejarla sola esta noche."

El semblante de Kikyo cambió apenas perceptiblemente. Su sonrisa perdió algo de calidez, pero mantuvo un tono aparentemente despreocupado.

Kikyo:"No."

Antes de que pudiera decir algo más, un asistente se acercó a Inuyasha para anunciarle que era hora de iniciar la presentación. Kikyo le dio una última mirada evaluadora antes de seguirlo hacia el escenario.

Inuyasha tomó el micrófono y se enfrentó a la sala llena de espectadores. Las luces iluminaban su figura, y las cámaras captaban cada movimiento mientras agradecía a todos por asistir a la premiere.

Inuyasha:"Gracias por estar aquí esta noche. Espero que disfruten de esta película, que significa mucho para mí y para todo el equipo que la hizo posible."

Mientras hablaba, su mirada recorrió los asientos, buscando entre la multitud un rostro en particular. Pero no encontró a Kagome. La ausencia de su presencia habitual lo golpeó más fuerte de lo que esperaba. Una sensación de vacío lo invadió, aunque no podía explicarlo del todo.

Al terminar su discurso, salió del escenario y se dirigió hacia Miroku, quien estaba cerca del área de producción.

Inuyasha:"¿Kagome no vino? No la vi en la sala."

Miroku:(sorprendido) "¿Cómo que no? Yo mismo le entregué el boleto. Claro que vino."

Inuyasha frunció el ceño, desconcertado. Antes de que pudiera seguir preguntando, Kikyo apareció a su lado.

Kikyo:"¿Ya estás listo? Nos están esperando en el auto."

Inuyasha asintió, pero no pudo evitar que su mente siguiera pensando en Kagome mientras él y Kikyo caminaban hacia el estacionamiento.

Al llegar al auto, Inuyasha se detuvo en seco al ver a Kagome esperando junto al vehículo. Estaba de pie con la mirada fija en el suelo, sus hombros caídos y un aire de tristeza envolviéndola. Algo en su postura lo inquietó.

Inuyasha:"Kagome, ¿dónde estabas? ¿Por qué no entraste a ver la película?"

Ella levantó la mirada, sus ojos reflejando una mezcla de emociones difíciles de descifrar.

Kagome:"Tenía que hablar con alguien. Pero... ¿ya terminaste aquí? ¿Podemos irnos a casa?"

Inuyasha dudó. Se pasó una mano por el cabello, incómodo.

Inuyasha:"Lo siento, pero ya hice planes con Kikyo. Puedo pedirle a alguien de la empresa que te lleve a casa."

Kagome parpadeó, sorprendida por la respuesta. Mientras Inuyasha abría la puerta del auto para subirse, ella habló con un tono casi suplicante.

Kagome:"No te vayas. No me dejes aquí."

Sus palabras lo tomaron por sorpresa. La intensidad en su voz, ese tono que nunca antes había escuchado, lo hizo detenerse. La miró, esperando que continuara. Quizás iba a confesar algo más importante, algo que él no quería perderse.

Kagome apartó la mirada y, con una pequeña risa amarga, dijo algo inesperado.

Kagome:"...Si te vas, no habrá comida para ti cuando regreses a casa."

Inuyasha parpadeó, confundido. ¿Eso era todo? Una pequeña parte de él había esperado algo más, algo que le explicara por qué ella parecía tan vulnerable en ese momento. Intentó aligerar la tensión con una respuesta despreocupada.

Inuyasha:"No te preocupes. Comeré algo en la cena. Nos vemos luego en casa."

Sin esperar una respuesta, subió al auto junto con Kikyo. Ella, que había estado observando la interacción en silencio, se acomodó en el asiento con una sonrisa victoriosa. Inuyasha no notó cómo Kikyo lo miraba de reojo, satisfecha por haber logrado mantenerlo a su lado esa noche.

Kagome se quedó en el estacionamiento, mirando cómo el auto se alejaba. El silencio la envolvió mientras las luces traseras desaparecían en la distancia. Se abrazó a sí misma, intentando contener las lágrimas que amenazaban con caer.

Por primera vez en mucho tiempo, Kagome se sintió completamente sola.

Inuyasha condujo en silencio mientras marcaba el número de Miroku en su teléfono. Kikyo lo miró de reojo, incómoda con la preocupación evidente en su expresión.

Inuyasha (al teléfono):"Miroku, necesito que alguien recoja a Kagome en el estacionamiento y la lleve a casa. Asegúrate de que cene algo, ¿entendido?"

Miroku respondió afirmativamente, y Inuyasha colgó. Kikyo cruzó los brazos, mirando por la ventana con el ceño fruncido.

Kikyo:"¿Siempre te preocupas tanto por ella?"

Inuyasha le lanzó una mirada rápida antes de volver a concentrarse en el camino.

Inuyasha:"Está sola aquí y no conoce a mucha gente. Es lo mínimo que puedo hacer."

Aunque Kikyo mantuvo una sonrisa, no pudo evitar sentirse celosa. Había esperado tener toda la atención de Inuyasha esa noche, pero parecía que sus pensamientos siempre estaban divididos.

Inuyasha:"¿A dónde me llevas? ¿Dónde quieres cenar?"

Kikyo se giró hacia él, su tono más ligero.

Kikyo:"No es exactamente un lugar para cenar. Solo sigue derecho."

Después de algunas indicaciones, llegaron a un parque iluminado tenuemente por farolas. El lugar estaba casi vacío, salvo por algunas parejas paseando en la distancia.

Inuyasha apagó el motor y salió del auto, mirando a su alrededor con curiosidad. Kikyo lo siguió hasta una banca cercana.

Inuyasha:"Hace mucho que no veníamos aquí."

Kikyo:"¿Recuerdas esta banca? En mi cumpleaños, cuando estábamos en tercer grado, vinimos a este parque a festejar."

Inuyasha cruzó los brazos, apoyándose en el respaldo de la banca.

Inuyasha:"No recuerdo todos los detalles."

Kikyo lo miró con una expresión divertida.

Kikyo:"¿Cómo no te vas a acordar? Me diste un beso en la mejilla y yo empecé a llorar como loca. Me dijiste que no llorara, que me comprarías un helado para compensar."

Inuyasha sonrió con desgano, intentando mantener un aire despreocupado.

Inuyasha:"Ah, ahora que lo mencionas, suena como algo que haría."

Kikyo se inclinó hacia él, sosteniendo su mirada por un momento antes de acercarse y darle un beso en la mejilla, justo como él lo había hecho tantos años atrás.

Kikyo:"Vaya, parece que ahora yo te debo un helado."

Ambos se quedaron en silencio por un momento, dejando que los recuerdos llenaran el aire. Las hojas caían suavemente de los árboles, y la luz cálida de las farolas les daba al lugar un toque nostálgico.

Cuando comenzó a anochecer, Inuyasha llevó a Kikyo a su casa. Aparcó frente a la entrada, y ella se quedó un momento en el asiento, como si estuviera reuniendo valor para decir algo.

Kikyo:"Gracias por llevarme al parque. Fue... agradable recordar cómo solían ser las cosas."

Inuyasha:"No fue nada. Siempre es bueno tomarse un descanso de todo."

Kikyo suspiró, girándose hacia él con una mirada seria.

Kikyo:"Inuyasha... quiero disculparme. Por siempre buscarte cuando me siento mal, por depender tanto de ti."

Inuyasha levantó una ceja, sorprendido por su sinceridad repentina.

Kikyo:"Es solo que... has estado conmigo en los peores momentos. Y no sé si podría soportar perderte también."

Inuyasha se quedó en silencio, sintiendo el peso de sus palabras. Aunque sabía que Kikyo estaba siendo honesta, algo en su pecho se sentía extraño, como si una parte de él estuviera ausente en esa conversación.

Inuyasha:"Kikyo, no tienes que disculparte. Siempre estaré aquí para ayudarte. Lo sabes."

Kikyo asintió, forzando una sonrisa antes de abrir la puerta del auto y salir. Mientras caminaba hacia su casa, Inuyasha la observó un momento antes de encender el motor y marcharse.

El camino de regreso a casa fue más silencioso de lo que esperaba. Aunque había pasado un momento agradable con Kikyo, no podía evitar pensar en Kagome. Algo sobre la manera en que ella le había pedido que no se fuera esa noche seguía resonando en su mente.

El reloj marcaba pasada la medianoche cuando Inuyasha abrió la puerta de la casa. Todo estaba en silencio, excepto por el leve zumbido de las lámparas al encenderse. Al dirigir la mirada al comedor, se detuvo al ver a Kagome sentada en una de las sillas, con la cabeza gacha y las manos cruzadas sobre la mesa.

Inuyasha:"¿Qué haces ahí? Es tarde."

Kagome no levantó la mirada de inmediato. Su silencio llenó la habitación de tensión.

Inuyasha (acercándose):"¿Te pasa algo?"

Inuyasha tomó asiento frente a ella, inclinándose ligeramente para intentar captar su mirada.

Kagome (con voz baja):"¿A dónde fuiste?"

Inuyasha:"Fui al parque al que solía ir con Kikyo cuando éramos niños."

Kagome alzó un poco la mirada, pero solo lo suficiente para que él notara el brillo de tristeza en sus ojos. Inuyasha frunció el ceño, preocupado por su actitud.

Inuyasha:"¿Estás segura de que no te pasa nada? ¿Quieres un helado?"

Kagome alzó la vista de golpe, sus ojos llenos de furia.

Kagome:"¡No me vuelvas a mencionar el helado! ¿Qué crees que soy, una niña?"

Inuyasha soltó una risa nerviosa ante su reacción, pero Kagome lo fulminó con la mirada. Se recostó en el respaldo de la silla, cruzándose de brazos.

Kagome (seria):"A mí me gustan las flores. Si de verdad quieres hacerme sentir mejor, cómprame flores."

Inuyasha ladeó la cabeza, una pequeña sonrisa todavía en su rostro por lo inesperado de su comentario. Sin embargo, la seriedad de Kagome pronto le quitó cualquier rastro de diversión. Había algo más detrás de su enojo.

Inuyasha:"¿Qué pasa en serio, Kagome?"

Kagome se quedó callada unos segundos, mirando la mesa como si estuviera reuniendo valor para hablar. Finalmente, alzó la mirada y lo encaró.

Kagome:"Cuando alguien quiere proteger a otra persona… ¿es porque la ama?"

La pregunta lo tomó por sorpresa. Inuyasha se tensó, inclinándose ligeramente hacia adelante para observarla mejor.

Inuyasha:"¿Por qué preguntas eso?"

Kagome tragó saliva, su expresión se tornó vulnerable. Bajó la mirada otra vez antes de continuar.

Kagome:"Tú siempre estás protegiendo a Kikyo. Siempre estás ahí para ella."

Inuyasha abrió la boca para decir algo, pero Kagome levantó una mano, deteniéndolo.

Kagome (determinada):"Y ahora… yo voy a protegerte a ti."

Inuyasha se quedó inmóvil. El peso de sus palabras comenzaba a asentarse en el aire, y aunque podía intuir hacia dónde se dirigía, no se atrevía a interrumpirla.

Kagome levantó la vista, sus ojos reflejaban una mezcla de decisión y vulnerabilidad.

Kagome (con voz temblorosa):"Porque… creo que me estoy enamorando de ti."

El silencio cayó como un telón entre ellos. Inuyasha quedó atónito, sus ojos se abrieron más de lo normal y su respiración pareció detenerse. Las palabras de Kagome se repitieron en su mente como un eco imposible de ignorar. Inuyasha siguió en su lugar, incapaz de articular palabra, el aire en la habitación parecía más pesado que nunca, y su corazón no podía decidir si acelerarse o detenerse por completo.

Había algo en esa confesión que lo había desarmado por completo.