CAPÍTULO DECIMONOVENO

El final de febrero llegó en un suspiro, los días volaron en el calendario y sin que nadie lo notara ya era marzo. La nieve empezaba a derretirse en los terrenos y el frío iba dejando paso a una primavera más suave, pero mientras que eso ocurría en los jardines de Hogwarts, el frío en la habitación de las alumnas de sexto año de gryffindor seguía tan presente como al principio del año.

Parecía que, a medida que se acercaba el final del curso, las clases se volvían más intensas y duras para los alumnos de sexto. Bajo la amenaza de los EXTASIS, los profesores les exigían más que nunca, y la carga de trabajo no cesaba. Lily sospechaba que el terrible incidente al inicio del curso había pillado completamente desprevenidos a los profesores hizo que todo lo que habían preparado para ese año se tambaleara un poco. Ahora, a escasos cuatro meses de acabar el curso, comenzaban a acelerar el ritmo para asegurarse de que sus alumnos estuvieran listos para el nivel que se esperaba de ellos.

Era un miércoles por la noche, y el colegio Hogwarts estaba en su habitual tranquilidad nocturna, rota solo por el eco de los pasos de los prefectos mientras realizaban su ronda. Lily y Remus caminaban por los pasillos con la varita en mano, iluminando el camino mientras charlaban de cosas triviales. Desde que la relación de la pelirroja había mejorado con los amigos de Lupin, ellos dos se habían vuelto más cercanos que nunca.

- ¿Has visto el cartel que han puesto en la sala común? -Preguntó Remus en ese momento.

- ¿El de que las clases de aparición empiezan la semana que viene? -Inquirió Evans, el asintió -¡si! Tengo ganas la verdad, pero a la vez me da cosa, -la hija de muggles arrugó la nariz como si estuviera ante algo desagradable -odio la sensación de desaparecerse.

El licántropo rio quedamente divertido.

- Uno nunca se acostumbra -estuvo de acuerdo. -Pero ¡oye! ¿Tú cuándo te has desaparecido?

Lily se sonrojó ligeramente provocando que la curiosidad en su acompañante creciera. Pero suspirando contestó.

- Benjy -dijo simplemente.

Lupin asintió, al chico a veces se le olvidaba que la pelirroja había estad saliendo con Benjy Fenwick el antiguo guardián de gryffindor que era dos años mayor que ellos, lo que significaba que debía haber conseguido su licencia hacía dos años, y evidentemente habría llevado a su novia a alguna cita mediante la aparición.

Remus queriendo dejar de hacer sentir incómoda a Lili inquirió.

- ¿Cómo crees que lo harán? Se supone que uno no se puede aparecer dentro y fuera del castillo, lo leí en Historia de Hogwarts.

- Supongo que abilitarán una zona dónde podamos hacerlo -contestó la pelirroja encogiéndose de hombros, y dejando salir un gran suspiro continuó. -Lo que yo no entiendo es ¿cómo se supone que tenemos que asistir a clases de aparición además de toda la carga de trabajo que tenemos?

- Ya, la verdad que después de los TIMO's me imaginaba que sexto iba a ser más sencillo -estuvo de acuerdo Remus -pero lo único de lo que parecen hablar los profesores es la importancia de estar preparados para los EXTASIS.

- Y para las vacaciones de Pascua aún quedan siglos -volvió a suspirar ella.

Remus volvió a contener la risa dejando que alguna se le escapara ante el dramatismo de la pelirroja.

- ¿Te estas riendo de mi Lupin? -Preguntó la chica con una ceja alzada y un tono peligroso pero divertido.

- Jamás podría -se defendió el castaño intentando mantener un tono serio mientras negaba con la cabeza.

- Más te vale -replicó Lily con fingida severidad, clavándole una mirada intensa que no lograba esconder el brillo travieso de sus ojos verdes. -Pero, de verdad, ¿cómo pretenden que sobrevivamos hasta Pascua? Entre los deberes, las clases de aparición y los ensayos para pociones... voy a terminar convirtiéndome en un zombi académico.

- Bueno, si te conviertes en zombi, asegúrate de avisar -respondió Remus, esbozando una sonrisa traviesa en sus labios. -Así tengo tiempo para buscar un buen hechizo contra ti. Aunque claro, siempre puedo usar mi encanto natural para mantenerte a raya.

- ¿Tu encanto natural? -Repitió Lily, poniéndose una mano en la cadera y alzando una ceja con escepticismo. -Lupin, si eso no ha funcionado conmigo después de seis años, ¿qué te hace pensar que funcionará conmigo ahora?

- El hecho de que tu cerebro estará fundido -explicó el con simpleza.

Lily dejó escapar una carcajada genuina, antes de asentir con la cabeza.

- Touché, -asintió con la cabeza mientras continuaba hablando. -De todas formas las vacaciones de Pascua siempre son horribles, las arruinan con los finales y la ingesta cantidad de trabajo.

- Bueno, es tan fácil como ignorar los deberes hasta el último momento y hacerlos la mañana de la entrega -examinó el chico.

Lily se giró escandalizada, mirando a Remus como si le viera por primera vez.

- No puedo... es impo... -balbuceaba la pelirroja estupefacta, mientras el castaño contenía la carcajada que pugnaba por salir de sus labios. -¿Eso es lo que tú haces? –termino de preguntar finalmente.

- Yo jamás revelo mis trucos -respondió con seriedad teatral, llevándose una mano al pecho como si estuviera ofendido.

Lily lo miró fijamente durante unos segundos antes de negar con la cabeza y suspirar dramáticamente.

- ¿Sabes? Si tus métodos te llevan al fracaso absoluto, podrías abandonar Hogwarts y dedicarte al teatro en el mundo muggle. Tu dramatismo es justo lo que buscan muchas compañías -vaciló Lily con una sonrisa socarrona en sus labios.

- Le dijo la sartén al cazo -exclamó Lupin divertido.

Lily volvió a dejar salir un grito de fingida indignación, y ambos adolescentes se echaron a reír. Entre risas y vaciles siguieron haciendo la ronda, todo iba bien hasta que Remus se tensó de repente, deteniéndose en seco. Su mirada se dirigió hacia un pasillo oscuro a su izquierda, donde parecía no haber nada más que sombras. La hija de muggles que no había escuchado nada, frunció el ceño.

- ¿Qué pasa? -Preguntó bajando la voz al ver la expresión seria de su compañero.

- Nada, me ha parecido oír un rui... –el murmulló de Lupin murio en su garganta, mientras este con más convicción avanzó por el pasillo.

Lily hubiera estado escéptica si no hubiese visto la determinación en los ojos de su amigo. Siendo de repente consciente de la importancia de su estatus de sangre siguió a Remus por el pasillo. Sin embargo, el silencio del castillo no hacía más que acrecentar la tensión y los nervios que habían comenzado a crecer en la boca del estómago de la pelirroja.

Ambos continuaron caminando en silencio, Remus unos pasos por delante de ella con un brazo extendido de forma protectora y Lily detrás con una mirada determinada en sus ojos. Evans no pudo evitar en los rumores que habían estado recorriendo el castillo el último mes acerca de Linda Cherish. A día de hoy nadie sabía exactamente qué le había pasado, pero lo que sí era evidente era que la chica ya no era la misma desde que había salido de la enfermería. Antes, Linda era alegre y vivaz, pero ahora estaba apagada y vivía asustada. En una ocasión Lily intentó hablar con ella tras la reunión de prefectos pero la chica había huido lo más rápido posible.

- ¿Estás bien? -Preguntó Remus en voz baja, sacándola de sus pensamientos y haciendo que pegara un bote en el sitio.

Tras dejar escapar un largo suspiro y lanzarle una mirada de reproche a su compañero la pelirroja asintió.

- Sí... estaba pensando en Linda –admitió Lily, suspirando. -Es como si el incidente se hubiera llevado una parte de ella, y seguimos sin saber qué ocurrió. Espero que... -pero no puedo continuar.

Remus a su lado afectuoso entendiendo lo que su amiga no había podido expresar con palabras, pero antes de que el pudiera decir nada para hacer sentir mejor a Lily un sonido amortiguado interrumpió el silencio, esta vez lo suficientemente fuerte como para que ambos lo escucharan. Intercambiaron una mirada y, con las varitas en alto, se dirigieron hacia la fuente del ruido.

Cuando llegaron a la puerta de un aula aparentemente vacía, Remus puso una mano en el picaporte, mientras Lily se preparaba para lo peor. Contaron hasta tres con un movimiento de cabeza, y luego Remus abrió la puerta de golpe. Lo que encontraron los dejó a ambos completamente atónitos, pero con ganas de reír.

Dos estudiantes de los últimos años estaban allí, claramente enfrascados en algo mucho más que un simple beso. La escena era tan comprometedora que incluso Remus, conocido por su capacidad de mantener la compostura se quedó sin palabras por unos segundos antes de reaccionar.

- ¡¿Qué demonios estáis haciendo?! –Exclamó finalmente el chico su rostro empezando a colorearse ligeramente en las mejillas, mientras intentaba no mirar directamente.

Los dos chicos que no se habían dado cuenta de la presencia de los leones hasta que el prefecto habló se separaron con un grito. Lily quien también estaba visiblemente incómoda se aclaró la garganta y trató de recuperar la seriedad.

- Diez puntos menos para cada uno, y salid de aquí ahora mismo antes de que os castiguemos –dijo con firmeza siendo traicionada por su tono nerviosismo.

Los estudiantes con las caras tan rojas con las caras rojas se apresuraron a salir murmurando una disculpas antes de correr cada uno en direcciones opuestas. Ambos gryffindor se quedaron en el pasillo viéndolos marcharse y una vez cada uno dobló una esquina Remus cerró la puerta detrás de ellos y se giró hacia Lily que estaba tapándose la cara con ambas manos.

- ¿Qué fue eso? –Preguntó ella todavía ruborizada.

- Diría que fue... un claro ejemplo de por qué las vacaciones necesitan llegar ya –respondió Remus, su tono ligeramente burlón.

Lily, aunque todavía avergonzada, no pudo evitar soltar una carcajada.

- Definitivamente. Por favor, que llegue abril pronto.

Ambos retomaron la ronda aún riéndose de lo ocurrido, mientras se alejaban del aula que nunca volverían a ver de la misma manera.

- Al menos ya estamos a miércoles -añadió la pelirroja, estirando los brazos hacia delante como queriendo sacudirse la pereza -no queda nada para el fin de semana, tendremos la oportunidad de dormir y ponernos al día con las tareas. Como hiciste tú el sábado y domingo pasado.

Remus la miró extrañado no comprendiendo de lo que le estaba hablando la pelirroja.

- Ya sabes cuando te quedaste en tu habitación y prácticamente no saliste en todo el finde... -a cada palabra que decía esta iba perdiendo fuerza hasta que murieron en su boca.

Ahora Lily era quien miraba extrañado al licántropo, lado la cabeza curiosa antes de volver a decir.

- Eso me dijo Pettigrew cuando pregunté por ti.

Entonces la comprensión brilló en los ojos del chico, el fin de semana anterior había sido luna llena y Remus estuve en la enfermería la noche del sábado y casi todo el domingo. Peter que estaba trabajando duro para sacar el TIMO de estudios muggles se quedó el domingo estudiando en la sala común y se habría inventado una excusa cuando preguntaron por él. A Lupin le gustaba cambiar de historia porque pensaba que si decía siempre la misma la gente sospecharía.

- Ah si claro, perdón Lily ya ni me acordaba -dijo restándole importancia. -La verdad es que parece que mi semana ha durado 10 días y no 3 como llevamos, no fue la forma más divertida de pasar el fin de pero necesitaba algo de tiempo para ponerme al día con todo.

Lily asintió aunque aún desconfiada. Sabía que Remus se esforzaba por cumplir con todo y no solía faltar a sus obligaciones, pero últimamente se sentía como si algo estuviera ocurriendo con él y la manera en la que el muchacho le había mirado hacía unos momentos como si se estuviera volviendo completamente loca, no ayudó a creerle.

El silencio los envolvió un momento mientras seguían caminando por los pasillos oscuros hasta que Lupin lo rompió.

- Sinceramente tal vez para ti este finde vaya a ser un respiro, pero yo estoy convencido de que yo voy a necesitar un finde para recuperarme del finde. -Dijo con una sonrisa traviesa y cansada brillando en sus labios, Evans le miró interrogante -creo que los chicos estén planeando algo. -Antes de que Lily pudiera interrumpirle o regañarle por no frenar a sus amigos continuó -es que, mañana es mi cumpleaños y seguro que quieren celebrarlo por todo lo alto, al menos eso dijo Sirius, y ya saben cómo se las gastan.

Lily lo miró sorprendida, sin dar crédito a lo que acababa de escuchar.

- ¿Tu cumpleaños? ¡No sabía que era mañana! -Exclamó realmente sorprendida con una sonrisa enorme adornando sus labios.

Remus soltó una pequeña risa algo avergonzado y encogiéndose de hombros continuó.

- A mí me da igual, pero soy el primero desde Canuto que cumple la mayoría de edad, así que me da un poco de miedo lo que pueda traerse entre manos. Ellos se emocionan más que yo, y espero que no se salga de madre.

Lily sonrió con simpatía, sabiendo perfectamente qué tipo de 'celebración' podían planear Potter y compañía. Los temas del resto de la noche giraron entorno y quién de sus compañeros de casa y curso ya habían cumplido la mayoría de edad y quién no. Cuando terminaron las rondas y volvieron a la Sala Común, los merodeadores estaban en sus sitios asignados en las butacas delante del fuego jugando al snap explosivo con Robins y llamaron a Remus para que se uniera a ellos.

Con un gesto suave de la mano el castaño se despidió de Lily para unirse a sus amigos. Está echó otro vistazo por la sala en busca de sus propias amigas, sus ojos se toparon con Heather y Mary que hablaban en un sofá cerca de los chicos de su curso, y Blish no estaba por ninguna parte. Con una pesadez en el estómago subió a su cuarto, sabiendo que ni Jorkins ni Macdonald quería que se sentara con ellas.


El gran comedor había sido habilitado como aula de aparición, las mesas y las sillas estaban apartadas para dejar un amplio espacio en el centro. Los estudiantes de sexto año estaban distribuidos en grupos por todo el salón desde todas las esquinas se oían rumores excitados y exclamaciones nerviosas, mientras esperaban a que llegara el funcionario del ministerio y los jefes de casa intentaban mantener el orden y la calma infructuosamente.

Fue justo en ese momento cuando las puertas del comedor se abrieron, el profesor Dumbledore hizo su aparición junto con dos magos. El primero era de mediana edad alto, tan esmirriado que parecía que el viento podría llevárselo con facilidad y pálido con un rostro huesudo que casi brillaba bajo la luz de las velas. Sus ropas eran inmaculadas, pero parecían colgar de su cuerpo como si fueran prestadas. El otro era más joven y más bajo, con un rostro redondeado y jovial, llevaba en la mano un pequeño bombín verde lima que tamborileaba distraídamente contra su muslo. James Potter lo reconoció al instante y dejó escapar un bufido, sus amigos le miraron curioso y se acercaron a él, los demás gryffindors que estaban cerca de ellos escucharon disimuladamente la conversación entre los 4 merodeadores.

- ¿Qué pasa Cornamenta? ¿Le conoces? -Preguntó Sirius con una ceja arqueada.

James asintió antes de responder.

- Ese es Cornelius Fudge.

- ¿Quieres decir el tipo que...? -Empezó Peter pero siendo consciente de lo cerca que estaban sus compañeros no termino la frase esperando que sus amigos hubieran captado lo que había querido decir.

- El mismo –respondió James, con una sonrisa burlona. -Ya sabéis es un pelota del Ministerio, trabaja como secretario del Ministro y parece que su única habilidad es estar siempre en el lugar indicado para no hacer nada útil

El comentario arrancó una carcajada a Sirius, Peter y hasta a Remus, quien disimuló su sonrisa con una tos cuando la severa mirada de McGonagall se posó sobre ellos. James, por parte, no se inmutó y respondió a la mirada de su profesora con una sonrisa descarada.

Dumbledore avanzó hasta el centro del salón, levantando una mano para pedir silencio.

- Estudiantes, muchas gracias por vuestra paciencia. Es un gran honor presentarles al mago que estará a cargo de sus clases de aparición: el señor Elias Tottleham del Departamento de Transporte Mágico será el quién continúe con la clase.

Dumbledore se hizo a un lado y el mencionado dio un paso adelante, inclinando la cabeza con una rigidez que parecía estar practicada al milímetro. Su voz, sorprendentemente profunda para alguien de su complexión, resonó con claridad.

- Buenas tardes, jóvenes brujas y magos, para mí es un placer estar aquí en Hogwarts. -Dejó que su mirada marrón recorriera el salón, mientras una suave sonrisa se dibujaba en su rostro, antes de continuar hablando. -Como bien ha dicho el profesor Dumbledore, mi nombre es Elias Tottleham y trabajo para el Departamento de Transporte Mágico, entre mis funciones se incluye supervisar los permisos de aparición, las conexiones de la red flu y por supuesto, impartir estas clases tan esenciales.

El mago alzó una mano larga y delgada para señalar a su alrededor.

- Aprender a aparecerse es un privilegio y una habilidad que exige concentración, disciplina y sobre todo, paciencia. Hoy, haremos nuestro primer intento... aunque les advierto que es perfectamente normal que nadie logre desplazarse en esta primera clase.

Una serie de murmullos nerviosos recorrió el salón, y Tottleham alzó una ceja fina y pálida antes de continuar.

- Utilizaremos estos aros –hizo un gesto hacia un lado del comedor donde aparecieron mágicamente aros de plástico de distintos colores a Lily le recordaron a los aros que los niños muggles utilizaban para jugar al hula hop –para facilitar el aprendizaje. La clave está en enfocarse en las tres D's: Destino, Decisión y Desenvoltura.

Mientras Tottleham explicaba, Cornelius Fudge, quien había permanecido en un segundo plano hasta ese momento, se aclaró la garganta y dio un paso adelante, inclinando la cabeza de manera casi exagerada.

- Y yo soy Cornelius Fudge –dijo con una voz algo aguda, mientras su bombín rebotaba ligeramente en su mano. -Secretario del Ministro de Magia y estoy aquí como observador oficial del Ministerio, para asegurarme de que todo transcurra de forma correcta.

Hubo un par de risitas en el fondo del salón, aunque McGonagall las cortó de raíz con una mirada fulminante, Fudge pareció no darse cuenta y retrocedió con una sonrisa complacida.

Tottleham continuó como si el otro mago no hubiera interrumpido.

- Lo más importante hoy es que se familiaricen con el proceso y la teoría, hay que entender bien en que consiste la aparición antes de intentarlo. Puede que algunos de ustedes sientan un ligero tirón o incluso un leve mareo al intentarlo, eso es normal.

Hizo una leve pausa dejando asentar la información que estaba compartiendo con los alumnos.

- Cuando se utiliza la aparición suele ir acompañada de un sonido, es diferente para cada mago así que no se asusten. Además, durante el rato que dura el transporte se hace imposible respirar y se crea una opresión en el cuerpo por la sensación de estar atravesando un tubo de goma muy estrecho. -Más murmullos se alzaron en el aire, la gente se removió incómoda en su sitio. -Como ven la aparición no es cosa de chiste, hay muchos magos adultos que prefieren no usarla o simplemente nunca lo consiguen. Lo que no deben hacer es dejarse llevar por la frustración, la aparición es un arte, no una carrera y requiere de grandes niveles de concentración. Recuerden las tres D's.

- ¿Y qué pasa si alguien termina sin orejas? –Interrumpió Sirius con fingida preocupación, ganándose otra mirada asesina de McGonagall y risas del resto de sus compañeros.

- Oh, eso rara vez sucede en la primera clase –respondió Tottleham completamente serio lo que hizo que las risas disminuyeran. -Sin embargo, han de tener en cuenta que existe riesgo de despartición, es decir el dejar parte de la anatomía de uno mismo detrás.

Ahora hubo más de un murmullo de nervios, y varios de los alumnos estaban verdes. Estaba claro que las clases de aparición prometían ser tan desafiantes como entretenidas y complejas.

Con un movimiento de varita Tottleham convocó uno de los aros que había en el montón el cual voló hasta colocarse un metro por delante de él, cerró los ojos y en unos segundos con un ligero 'plop' apareció dentro del aro.

Varios aplausos se alzaron por la sala y el hombre sonrió complacido antes de indicarles que cada uno cogiera un aro y se esparcieran por el gran comedor en filas iguales de manera que habrían hueco para los aros de todos. Los alumnos corrieron a coger un aro, y mientras que los chicos se peleaban por no quedarse con el aro rosa, las chicas reían tontamente.

Una vez todo el comedor se había colocado en filas con los aros delante de ellos, Tottleham volvió a hablar.

- Ahora quiero que os visualicéis dentro del aro, cuando cuente tres todos intentaréis apareceros.

Se oyeron quejas por todo el comedor, pero Tottleham los ignoró. Lily sintió como su tripa se retorcía con los nervios ¿acaso pretendía que con solo eso se aparecieran? Levantó la vista alarmada a su jefa de casa, quién en un lateral del comedor trataba de ocultar una sonrisa divertida al lado de Sprout.

- Tres -Lily tragó saliva -dos - por el rabillo del ojo la pelirroja pudo vislumbrar como Robins se movía incómodo sobre si mismo a su lado -uno -Potter y Black compartieron un guiño enfrente de ella.

El gran comedor se llenó de murmullos nuevamente. En vez de concentrarse en el aro que estaba enfrente de ella, Evans había estado tan nerviosa, que se fijó en lo que hacía sus compañeros. A lo largo de la sala, Lily fue capaz de ver como muchos estudiantes daban vueltas sobre sí mismo, saltaban hacía delante dentro del aro o se quedaban quietos en el sitio. Nadie lo había conseguido a la primera.

Entre los gryffindors, Mary detrás a su izquierda soltó un quejido por haber fracasado y hacía una carantoña, mientras su novio Cedric la animaba. Heather, había girado sobre sí misma pero no había conseguido nada, y colorada volvió a ponerse mirando al frente. Blish había dado un paso al frente, pero tampoco había conseguido nada y Adam era el único que junto a Lily no se había movido ni un poco. Finalmente tanto Peter como Sirius habían saltado dentro de su aro, y Lupin y Potter en medio de los dos se reían de ellos.

Sirius, con las mejillas ligeramente teñidas de rojo y una sonrisa desafiante, se giró hacia James, quien todavía se reía abiertamente de su fallido intento de aparición.

- ¿De qué te ríes James? ¿Te crees muy listo solo porque tu no te has tirado a tu aro como un hipogrifo descoordinado? –Le espetó Black alzando una ceja en tono divertido pero retador.

Potter, que nunca podía resistirse a un desafío, se enderezó de inmediato y dejó escapar una risita burlona.

- Vamos, Sirius, no todos podemos ser tan elegantes como tú en nuestros movimientos –replicó, imitando exageradamente el salto de su amigo.

Siendo coreado por las risas de Peter y Remus, y algunos más de al rededor que escuchaban atentos la conversación.

- Muy gracioso –dijo Sirius, cruzándose de brazos. -A ver si puedes hacerlo mejor, genio.

Las palabras encendieron un brillo competitivo en los ojos de James. Se apartó las gafas, las limpió con cuidado con la tela de su camisa y se las volvió a colocar en su nariz con un aire exageradamente profesional. Luego, adoptó una postura rígida, con las manos al lado del cuerpo y los ojos fijos en el aro frente a él.

- ¿Qué hace ahora? –murmuró Lily, mirando a Marlene quien estaba a su derecha, la rubia le devolvió la mira sin poder contener una sonrisa divertida.

- Es James, Lily –respondió Marlene en voz baja, con una risa –drama asegurado.

El comedor quedó en silencio cuando Potter cerró los ojos y frunció el ceño en una expresión de absoluta concentración, los estudiantes casi podían oír a Sirius conteniendo la risa, mientras Remus, justo al lado de él, miraba a James con una mezcla de curiosidad y escepticismo.

Entonces, de repente, con un leve estallido y un pequeño remolino de aire, James Potter desapareció. Un sonido similar pero más suave al que había hecho Tottleham resonó en la sala y un segundo después apareció otra vez. No en el aro frente a él sino a un paso del aro de Remus, que estaba en línea diagonal a su izquierda.

Un coro de jadeos y aplausos llenó el Gran Comedor liderado por Sirius quién en vez de estar boquiabierto sonreía abiertamente mientras negaba con la cabeza divertido.

'Cabrón con suerte', escuchó Lily murmurar a su lado a Adam mientras se unía a los aplausos que coreaban a su capitán.

- ¡Potter, el prodigio del Ministerio de Magia! –Gritó Black con las manos levantadas. –Oh, por favor enséñanos a todos cómo hacerlo, oh sabio maestro.

James con aire despreocupado pero con una sonrisa rebosante de orgullo volvió a su sitio. Haciendo una pequeña reverencia hacia Sirius comentó con una sonrisa.

- ¿Ves Canuto? No hay que saltar, solo pensar. Es algo complicado para algunos, pero no todos pueden tener mi brillantez natural.

El profesor Tottleham se acercó, inclinando la cabeza en señal de aprobación.

- Excelente trabajo, señor... -'Potter', respondió el chico con una sonrisa. -Potter. Una aparición casi perfecta, aunque no en el lugar exacto, logró un desplazamiento limpio. Muy bien -dijo con su voz grave y resonante, mirando a James con curiosidad.

James sonrió con suficiencia y lanzó una mirada significativa hacia Sirius.

- ¿Ves eso? 'Casi perfecto'. Deberías tomar notas, amigo.

A la vez que cierta pelirroja pensaba en su cabeza 'presumido' mientras miraba a Potter, Remus observaba a sus amigos con una sonrisa negando con la cabeza.

- James, no le des cuerda. Si Sirius falla otra vez, nunca lo superará.

Sirius alzó una ceja y sonrió desafiante.

- Esto no ha terminado. No puedes ser el único con talento aquí, Cornamenta –dijo mientras se giraba para intentarlo de nuevo, ignorando el murmullo de risas entre sus amigos y los estudiantes cercanos.

Mientras tanto, Lily, Marlene y Pandora intercambiaron miradas, conteniendo las carcajadas.

- Esto va a acabar siendo una guerra de egos –murmuró Pandora, divertida.

- Como siempre –respondió Marlene, mientras miraba a James quien seguía recibiendo palmadas en la espalda de sus amigos con un aire de falsa modestia.

La clase continuó igual hasta llegar a la hora, los intentos de aparición iban siendo interrumpidos de vez cuando por explicaciones de Tottleham, quien junto a los jefes de casa recorría la sala corrigiendo los fallos que veía. Al final del día solo James había sido capaz de aparecerse, aunque sí que hubo progresos notorios entre los alumnos. A pesar de los altibajos, todos salieron entusiasmados de su primera clase de aparición, las risas y exclamaciones divertidas llenaban el aire junto a una mezcla perfecta de esfuerzo y camaradería.


Regulus caminaba por las calles de Hogsmeade, con el eco de sus pisas siendo amortiguadas contra los escasos restos de nieve. Había pasado el fin de semana en casa para asistir al casamiento entre su prima mayor Narcissa y Lucius Malfoy. Todo había sido bastante discreto y sencillo, poco propio de los Malfoy ciertamente, pero ahora no era momento de tener grandes celebraciones. A la ceremonia habían acudido los más cercanos de los novios, lo que incluía familia y algunos amigos, Regulus por su puesto conocía a la mayoría pero todos eran mayores que el.

La celebración tuvo lugar en la mansión Malfoy haciendo imposible para Regulus el poder escabullirse antes, así que el adolescente se había visto obligado a estar atrapado en el salón de esa casa durante unas cuantas horas. La boda de Narcissa y Lucius Malfoy había sido una de esas ocasiones en las que el ambiente en la casa Black se volvía insoportablemente pesado, Bella había estado observando a todos con ese aire de superioridad que le daba su apellido y haciendo comentarios desdeñosos contra lo invitados e incluso el novio. Regulus tampoco había podía evitar mirar a Lucius con desdén, el hombre le parecía demasiado arrogante y excelso en una confianza propia vacía de justificación alguna. Cada palabra que salía de su boca sobre la 'grandeza' de la familia Malfoy solo hacía que Regulus se sintiera más irritado con todo aquello, ¿acaso no podía ver lo patético que era?

Sin embargo, el tiempo con sus padres había sido... extraño. Por un lado, les había echado de menos en un nivel superficial, casi automático, como si fuera un reflejo de lo que debía sentir y no realmente de lo que sintiera. Pero cuando su madre se puso a hablar de su boda, Regulus sintió un sabor amargo e la boca y tuvo la horrible sensación de que en vez de haber desayunado gachas esa mañana había tomado piedras. ¿Con quién le casarían a él? La mención de ese asunto durante la boda había hecho que una sensación incómoda se instalara en su pecho, no era ingenuo después de lo que había pasado con Sirius sabía que no tendría poder de decisión, pero la sensación de ser tratado como una propiedad lo incomodaba y asustaba a partes iguales.

Además, no podía evitar sentirse herido y furioso al mismo tiempo cada vez que el nombre de Sirius o Andrómeda salían a colación en una conversación. Las decisiones que habían tomado ambos le provocaban rabia, una rabia indescriptible ¿cómo podían ser tan egoístas?, y ¿tan cobardes? Lo habían dejado todo, les habían dado la espalda y ¿por qué? Una vocecita en su cabeza siempre le respondía lo mismo por amor, pero el la ignoraba, no había cavidad para el amor en la vida de un Black 'pero ellos le han hecho hueco, para ellos sí hay cavidad' repetía esa voz. Sin embargo, detrás de esa rabia y desprecio Regulus sabía que lo que más le afectaba era que ellos dos habían sido las únicas personas en su familia que le habían mostrado algo cercano al amor, y la ausencia de ese vínculo lo dejaba vacío. Además, había otra parte de él, muy pequeña y enterrada en lo más profundo de su ser, que casi envidiaba a su hermano y a su prima, habían sido capaces de escapar se habían liberado de esa prisión de expectativas y principios inamovibles. Pero Regulus... Regulus no podía siquiera imaginar hacer es, desde muy pequeño había aprendido que desobedecer no era una opción, el vivía por y para cumplir con su apellido, con las expectativas que la familia depositaba sobre sus hombros, aunque el peso lo aplastara. Y por tanto, no había espacio para sus propios deseos o emociones, pensar en ellos era peligroso y sentirlos, incluso peor.

Otro pensamiento desolador era el tema de su tío Alphard, la enfermedad lo estaba consumiendo y no había dudas de que pronto moriría. Pero a nadie parecía importarle y a nadie parecía conmoverle, una de las pocas conversaciones que realmente le había gustado durante la boda había sido con el. La única preocupación entre su madre y su tía, discutida con una frialdad glacial, era el dinero: ¿a quién?, ¿cuánto?, y ¿dónde? La indiferencia con la que hablaban del asunto le revolvía el estómago, pero nunca se atrevería a decirlo en voz alta, después de todo, ¿qué importaba que Alphard muriera? Ellos eran Black, y los Black no eran personas; eran peones en un tablero, destinados a cargar con el peso de un apellido que exigía obediencia absoluta y una descendencia pura, y Alphard no había cumplido con ello.

Regulus llegó ante las verjas que componían la entrada a los terrenos de Hogwarts, estas se abrieron automáticamente para el, como si le estuvieran esperando. Soltando un largo suspiro se adentró en el camino que le llevaría a la puerta principal de madera, y volvió a perderse en sus pensamientos.

Lo que realmente había marcado su estancia en casa había sido el encuentro con el Señor Tenebroso. Regulus recordaba el momento exacto en que había llegado a su casa y se había encontrado con Bella en el salón, conversando con su madre como si fuera una simple reunión social. El pequeño de los Black supo al instante que aquello no podía ser por una razón banal, su prima mayor jamás haría una visita por el mero placer de la compañía. Pero incluso en su ingenuidad, Regulus, había asumido que el propósito de su presencia sería discutir algún asunto menor, quizás una actualización rutinaria de que estaba haciendo en Hogwarts o algo por el estilo. Jamás pensó que Bella lo llevarían a una audiencia directa con el Señor Oscuro.

El menor de los Black solo recordaba haber sentido una sensación similar una vez antes, el verano pasado cuando la Marca Tenebrosa había quedado grabada en su piel como un hierro candente, sellando su destino como mortífago. Desde entonces, aunque había estado en reuniones en las que el Lord estaba presente siempre habían sido en grupo, rodeado de otros compañeros. Pero esta vez fue diferente, esta vez Regulus estuvo a solas con él. El adolescente había acudido a la cita con una mezcla incómoda de respeto y temor, un equilibrio que siempre lo dejaba al borde del abismo. El encuentro había sido breve y tenso, como lo eran todas las interacciones con el Señor Oscuro, quien no toleraba distracciones o fallos, y que por lo tanto, creaba con su presencia una atmósfera opresiva la cual exigía absoluta devoción.

El Lord le había pedido un informe detallado sobre la situación en Hogwarts, Regulus, con cuidado y precisión, habló de los alumnos que mostraban interés en unirse a la causa y del ambiente general que reinaba en el castillo. Describió el creciente miedo entre los estudiantes y la sensación de incertidumbre que parecía extenderse como un incendio lento pero imparable. El adolescente había creído que su informe sería suficiente, pero pronto comprendió lo equivocado que estaba, el dolor de cabeza persistente que tenía desde ese encuentro era prueba de ello. Ya que sin previo aviso, sintió cómo el Señor Tenebroso penetraba en su mente con la fuerza de un mazo explorando cada rincón de sus pensamientos con una impasividad brutal. Era como si el Lord no solo quisiera corroborar sus palabras, sino diseccionar cada una de sus intenciones y emociones, Regulus recordaba haber gritado, se había agarrado la cabeza con las manos y cuando el Señor Oscuro terminó, lo dejó ahí tirado en el suelo boqueando por aire. La invasión había sido insoportable, una muestra devastadora de su vulnerabilidad frente al inmenso poder del mago oscuro.

Y sin embargo, lo más perturbador no fue la inspección de su mente, sino las palabras que Voldemort pronunció al final. Algo importante había sido ya puesto en marcha, la parte inicial de su plan había comenzado mientras que la segunda parte tendría lugar a finales de marzo, algo que según él 'equilibraría la balanza a su favor'. Regulus no sabía cómo interpretar aquello, ¿qué significaba?, ¿qué tipo de planes estaba orquestando el Señor Oscuro?, ¿estaría el involucrado en todo eso? La vida de el pequeño de los Black parecía cada vez más fuera de su control, atrapado en una red que él mismo había ayudado a tejer, pero que ahora lo aprisionaba con una fuerza que no podía romper.

Regulus llegó ante las grandes puertas de roble que separaban el interior del castillo de los terrenos, suspiró un par de veces antes de entrar queriendo ganar compostura, sabía que una vez traspasara esas puertas tendría que dejar todas esas ideas y pensamientos detrás, como si jamás los hubiera tenido. Lo único que el menor de los Black sabía con certeza era que en este mundo tan marcado por las expectativas y las manipulaciones, tenía que mantener sus emociones bajo control.


Marzo estaba pasando tan rápido como febrero, ya estaban a principios de la penúltima semana de marzo y el aire de Hogwarts había vuelto al de absoluta normalidad, como si el último año prácticamente no hubiera existido. Los alumnos de sexto no daban a basto, con un sin fin de clases exigentes y tareas interminables, los estudiantes parecían dividir su tiempo entre las aulas, la biblioteca y el gran comedor, donde las clases de aparición tenían lugar. Asimismo, los pocos afortunados capaces de equilibrar la vida académica con el deporte, también tenían que sumar los entrenamientos de quidditch con el final del año escolar a la vuelta de la esquina se acercaba la final de quidditch. Y los partidos entre las casas suponían un momento de despreocupación y liberalización para los estudiantes, hacía poco había tenido lugar el enfrentamiento entre huffelpuff y slytherin, en el cual los tejones se habían alzado victoriosos con una diferencia de 60 puntos poniéndose a la cabeza en el entorno entre las casas.

Mientras tanto las clases de aparición continuaban, y la cuarta lección estaba programada para esa misma semana. Los estudiantes habían avanzado considerablemente desde la primera lección como se esforzaba en recordarles el señor Tottleham intentando infundir ánimos a los estudiantes. James Potter y Sirius Black, como siempre, no se conformaban con la simple práctica y se habían dedicado a convertir las lecciones en su propio campo de competición, con sonrisas desafiantes y miradas cómplices, los dos amigos se aparecían por todo el Gran Comedor, retándose mutuamente a encontrar los lugares más absurdos o difíciles. Los murmullos de los estudiantes divertidos se apagaron en carcajadas cuando Sirius Black se proclamó vencedor al aparecerse justo encima de la profesora McGonagall colgado de una de las antorchas que decoraban las paredes del comedor. La profesora de transformaciones dejó escapar un grito ahogado de sorpresa que hizo eco en el salón, la furia helada de sus ojos dejaba entre ver que la victoria de Black sería agridulce, y así fue, ganó el reto pero también un buen castigo que lo mantendría ocupado durante varias noches en la oficina de McGonagall. El alumno fue regañado y llevado a su sitio de la oreja por una furiosa Minerva McGonagall coreada por las carcajadas de Potter y los murmullos divertidos de todos los demás.

Para Lily toda esa carga suponía un alivio realmente, porque aún no había podido arreglar las cosas con sus amigas de Gryffindor. La pelirroja pensaba que toda esta situación era ridícula, sin embargo, no tenía ni idea de por dónde empezar a hablar con ellas. Mary y Heather cada día pasaban más tiempos con los hufflepuff, mientras que Blish desaparecía de la torre de gryffindor por largos periodos de tiempo. De hecho, en las últimas semanas Angelina había estado volviendo tarde todas las noches y despertándose a las mil, lo cual era muy raro en la negra porque normalmente seguía un horario muy meticuloso y estricto que le permitía compaginar un expediente académico brillante junto a una actuación en quidditch estelar. Sin embargo, parecía estar fallando en las dos áreas, ya que era una de las pocas que aún no había conseguido dominar los hechizos sin pronunciar básicos de DADA o la habilidad para desaparecerse y aparecerse; así como, según lo que Evans había oído un día a Macdonald y Jorkins, Blish estaba llegando tarde todas las mañanas a correr el par de vueltas mandatorios al rededor del lago, algo impensable para alguien tan disciplinada como ella. Incluso Potter, Sirius y Adam habían hecho observaciones similares en voz baja, preguntándose qué podría estar ocurriendo con Blishwick.

Todo parecía seguir dentro de los límites de lo manejable hasta la mañana de la cuarta clase de aparición. El ambiente en el Gran Comedor a la hora del desayuno, estaba lleno de risas y conversaciones despreocupadas, salpicado por el tintineo de platos y tazas. La rutina matutina transcurría sin mayores sobresaltos, hasta que llegó el correo. Como cada día, las lechuzas irrumpieron en el comedor con un aleteo ruidoso, dejando caer cartas y paquetes en las mesas, entre ellas varias copias del Diario El Profeta aterrizaron con un suave golpe sobre las manos de sus suscriptores.

Por un instante el sonido habitual del comedor se detuvo, un silencio momentáneo lleno de tensión empezó a inundarlo mientras los primeros estudiantes que habían abierto ya el periódico recorrían con sus ojos la primera plana. El efecto fue inmediato, las risas y charlas que hasta entonces habían llenado el comedor se apagaron siendo reemplazadas por unos susurros temerosos. Los estudiantes se miraban entre sí con rostros oscuros, algunos con el ceño fruncido, otros con los ojos llenos de miedo o confusión, y otros con sonrisas de superioridad adornando sus caras. Lily, quién estaba desayunando junto a sus compañeros de casa, Remus, Adam y Potter, le arrebató de las manos el periódico al primero ante la mirada inquieta que el y el azabache compartieron antes de que Potter posara sus ojos en ella preocupado.

Evans, que apenas había tenido tiempo para tocar su té, sintió cómo algo se retorcía en su interior mientras sus ojos recorrieron las palabras del titular, y su corazón se detuvo un segundo antes de comenzar a latir con fuerza desbocada.

'Nuevo decreto ley: los nacidos de muggles deberán registrarse obligatoriamente en el Ministerio de Magia para conservar su lugar en el mundo mágico.'

'Será obligatorio proporcionar una dirección válida. El incumplimiento se considerará un acto de insubordinación penado por la ley.'

El pasado lunes se autorizó en el Wizengamot un nuevo decreto ley que obligará a todos los magos y brujas nacidos de muggles a registrarse y proporcionar una dirección válida y actualizada de su residencia. Esta nueva regulación entrará en vigor de inmediato, y tiene como objetivo final proteger la cultura y tradición del mundo mágico, así como garantizar el bienestar de aquellos que provienen de familias no mágicas.

Desde el Ministerio se ha subrayado que esta iniciativa no debe interpretarse como un acto de discriminación, sino como una medida administrativa orientada al beneficio común. Según declaraciones del director del Departamento de Seguridad Mágica:
'Los nacidos de muggles, no siempre están familiarizados con las reglas, tradiciones y riesgos de nuestro mundo. Esto puede exponerlos a situaciones que, sin el apoyo adecuado podrían ser peligrosas para ellos y para el resto de la sociedad mágica. Este registro es una herramienta crucial para proteger tanto la historia y los valores del mundo mágico como a los nacidos de muggles de posibles amenazas externas.'

En los últimos meses, se ha reportado la desaparición de varios magos y brujas nacidos de muggles lo que ha generado una creciente preocupación en la comunidad. Aunque el Ministerio no ha confirmado la naturaleza de estos incidentes, las autoridades han indicado que este registro permitirá un control más estrecho y una rápida respuesta en caso de que cualquier individuo registrado se enfrente a una situación peligrosa.

El proceso de registro se realizará en tres etapas bien organizadas. En primer lugar, se convocará a los empleados del Ministerio nacidos de muggles para que completen su registro en la Oficina Central. Posteriormente, se continuará con los magos y brujas nacidos de muggles que hayan finalizado su educación en Hogwarts y no trabajen en el Ministerio. Por último, los estudiantes de Hogwarts que pertenezcan a este grupo deberán registrarse una vez concluido el curso escolar. Cada etapa ha sido diseñada para minimizar interrupciones en las actividades diarias de los afectados y para garantizar que el proceso sea eficiente y transparente.

El Ministerio también ha advertido sobre las consecuencias del incumplimiento de esta ley. Los nacidos de muggles que no se registren enfrentarán sanciones legales, incluidas multas considerables, restricciones en su uso de la magia, expropiación de varitas o encarcelamiento. Las autoridades han instado a todos los afectados a colaborar en este proceso. La primera etapa del registro comenzará esta misma semana, y el Ministerio ha pedido a todos los nacidos de muggles que estén atentos a las notificaciones oficiales que recibirán en los próximos días.

'Este decreto es una oportunidad para fortalecer los valores que nos definen como comunidad mágica, al tiempo que cuidamos de aquellos que, aunque ajenos a nuestras raíces, forman parte de nuestra sociedad', comunicó Belvin Burke.

El periódico tembló ligeramente en sus manos, las palabras parecieron golpear a la pelirroja como un mazo su significado calando profundamente en sus huesos. Lily sintió que su garganta se cerraba mientras sus pensamientos se atropellaban unos con otros, las voces de los estudiantes apenas llegaban a sus oídos y el mundo parecía haberse reducido a las líneas impresas frente a ella. Evans levantó los ojos para clavar su verde mirada en la miel de Lupin, quien le miraba con una tristeza inmensa reflejada en sus pupilas.

- Lily... -intentó decir el licántropo, pero ella no le dejó.

Sin dar tiempo al prefecto, la hija de muggles se levantó de la mesa y cogiendo su mochila salió del Gran Comedor, pudiendo notar como la mirada de varias personas se posaba a ella siguiendo sus movimientos. Pero le dio igual, la pelirroja no se detuvo, no le daría el gusto a esos slytherins de ver cómo le había afectado la noticia.

En sus prisas por llegar a la torre, a la seguridad de su cuarto, no se percató de nada. Giró una esquina con brusquedad en el quinto piso y chocó de frente con alguien, el impacto la hizo retroceder un paso, y Evans jadeando por el susto y el esfuerzo de su carrera levantó la mirada solo para encontrarse con Angelina. El cabello de Blish que solía estar perfectamente peinado en una coleta compuesta de trenzas, estaba suelto y revuelto, su uniforme siempre impecable estaba algo desaliñado, pero esos detalles que en otro momento habrían captado la atención de Lily pasaron por alto en su estado de alteración.

Olvidándose por completo del distanciamiento que había entre ellas, Lily habló con urgencia.

- ¿Has visto a Mary? -Preguntó sus palabras saliendo atropelladas mientras trataba de recuperar la respiración.

Angelina, sorprendida tanto por la repentina pregunta como por el simple hecho de que Lily le estuviera hablando otra vez, la miró con los ojos abiertos de par en par. La sorpresa se mezclaba con la confusión, pero notando el estado en el que se encontraba la pelirroja, casi al borde del pánico, decidido romper el silencio entre ambas y dejar las preguntas y reconciliaciones para otro momento.

- No sé qué pasa, pero tienes que calmarte y respirar un segundo -dijo Blish levantando las manos en un gesto tranquilizador mientras intentaba contagiar su tranquilidad a la prefecta.

La pelirroja le devolvió una mirada irritada, antes de volver a preguntar por el paradero de Macdonald.

- Cuando salí de la torre esta mañana Mary seguía allí.

Lily asintió rápidamente, apenas procesando la respuesta. Un suave 'gracias' escapó de sus labio con urgencia, antes de girarse y retomar su carrera a la torre sin darle tiempo a Angelina de decir nada más.

Blishwick se quedó allí, inmóvil, observando cómo la pelirroja desaparecía escaleras arriba con la misma rapidez con la que había llegado. Su confusión no disminuyó, y la inseguridad que sentía sobre su relación actual con Lily la frenó de seguirla. Aunque se moría de curiosidad por lo que acababa de suceder, el temor a enfrentarse a una posible hostilidad por parte de su compañera de cuarto la mantuvo en su lugar. Con un suspiro contenido, Blish pasó una mano por su cabello despeinado y se dio la vuelta, retomando su camino con la mente llena de preguntas.


Habían pasado unas pocas horas desde el desayuno y Marlene aún no había visto ni a Lily ni a Mary, la sangre aún le hervía al acordarse de la noticia que había salido en primera plana en El Profeta, ¿cómo era posible que hubieran llegado a eso?

Mckinnon había tenido clase doble de Cuidado de criaturas mágicas a primera hora, asignatura que Lily no cursaba y clase que Mary había decidido saltarse. La rubia había podido hablar con Heather sobre como estaba Macdonald, pero no había sacado mucho en claro. Después de eso, en la hora libre que tenía, Marlene se dedicó a buscar a su pelirroja amiga infructuosamente, hasta que se dio cuenta que Evans debía estar en Historia de la magia, asignatura que Mckinnon había decidido no seguir cursando después de los TIMO's. Por suerte ahora tenían encantamientos y vería tanto a Mary como a Lily.

Cuando Marlene entró al aula de Encantamientos, el profesor Flitwick siempre energético y con una sonrisa para sus alumnos, portaba un inusual semblante serio. La rubia rápidamente buscó una cabellera pelirroja y otra castaña, pero no consiguió localizar ninguna de las dos, a los que sí vio fue a los gryffindor de sexto, a Pandora y a Shafiq, de quienes se había despedido hacía un rato para ir a buscar sus libros a la torre de ravenclaw. Mckinnon se dirigió hacía ellos y se puso a hablar en susurros con Lupin, con quien Lily supuestamente acababa de tener historia de la magia, pero el prefecto no la había visto lo cual preocupó a la chica en exceso.

Apenas quedaba un minuto para que la clase comenzara cuando Evans y Macdonald entraron por la puerta del aula, las dos tenían el semblante serio y la castaña dejaba entrever restos de llanto en su cara. Sin decir ni una palabra a nadie, las dos chicas tomaron asiento en los sitios de segunda fila que generalmente ocupaban Mary y Heather, parecía que la pelea entre ellas había llegado a su fin. Sus compañeros, inseguros de que hacer, decidieron imitarlas tomando asiento a su lado, Marlene ocupando la inmediata izquierda de Lily, y Heather la derecha de Mary; con Pandora, Blish, Adam y Cedric delante de ellas.

Una vez todos los alumnos de sexto se asentaron, el profesor Flitwick pese a su baja estatura se subió a su estrado con un ademán decidido. Sus ojos brillaban de forma peculiar, y al alzar la voz para llamar la atención esta vez no lo hizo con su característica jovialidad.

- Buenos días a todos -comenzó, posando sus manos sobre el atril. -Antes de empezar la clase, hay algo que necesito decir. Sé que muchos de ustedes han leído el artículo de esta mañana en El Profeta, y aunque no suelo comentar temas políticos en mi clase hoy haré una excepción.

Un murmullo recorrió el aula, algunos estudiantes parecían sorprendidos por la iniciativa del profesor mientras que otros simplemente esperaban a ver qué diría. Marlene cruzó los brazos y miró a Flitwick con atención.

- No es ningun secreto que desde hace unos años el mundo mágico está enfrentando tiempos complicados —continuó Flitwick, y su tono era grave aunque cargado de empatía. -No importa cuál sea su origen o de que familias provengan, todos ustedes son mis estudiantes y eso significa que todos tienen el mismo valor para mí y para esta institución. Sin embargo, no podemos negar que no toda la sociedad mágica piensa igual y que las últimas medidas del Ministerio generan preocupaciones.

Lily apretó los puños sobre la mesa, hasta volveros blancos, aunque no emitió ni un sonido su rostro era una mezcla de enojo y tristeza. Mary por su parte mantenía la mirada fija en el escritorio como si quisiera desaparecer.

- Es importante que reflexionemos sobre las implicaciones de lo que está ocurriendo -continuó Flitwick mirando a sus estudiantes. -Que comprendamos que nuestras acciones, palabras y decisiones importan; y que, incluso, en tiempos difíciles tenemos el poder de apoyarnos unos a otros y construir un futuro mejor.

Una mano se alzó al fondo del aula, era de Sirius el adolescente sin esperar a que le dieran la palabra dijo con desdén:

- ¿Y qué pasa si algunos de nosotros no estamos dispuestos a seguir las reglas del Ministerio? ¿Cómo protegemos a nuestros amigos si las leyes no lo hacen?

El comentario generó un murmullo más fuerte en el aula, Marlene sintió como una sonrisa se dibuja en sus labios y asintió de acuerdo desde su sitio, a la rubia le pareció ver que un brillo de orgullo brillaba en los ojos de su jefe de casa y Flitwick, lejos de amonestar a Sirius, asintió con seriedad.

- Es una pregunta válida e imposible de resolver, señor Black. Y aunque no puedo darles una respuesta que resuelva todo, sí puedo decirles que: desafiar la injusticia siempre ha sido una tarea difícil, pero también es un recordatorio de que debemos ser valientes, generosos y fieles a lo que creemos correcto.

El silencio cayó en el aula, Flitwick respiró hondo y tras una breve pausa, cambió de tono.

- Bien, ahora esto sigue siendo una escuela y su objetivo último es el aprendizaje, aunque el futuro que hay delante de nosotros es incierto podemos estar casi al 100 % seguros de que el año que viene se examinarán de los EXTASIS, así que volvamos a la razón por la que estamos aquí. Hoy practicaremos encantamientos no verbales de convocación o colocación colóquense por parejas o en grupos de 3 y practiquen con esos almohadones. Los últimos diez minutos de la clase les tengo preparada una pequeña alegría no nos vendrá mal.

El cambio de tema fue un alivio para algunos y una distracción bienvenida para otros. Mary rápidamente se colocó en pareja junto a Cedric, quién le dio un beso en la mejilla, le paso un brazo por la cintura y la tomó de la mano acariciándole el reverso de la misma, infundándole palabras de apoyo. Sin embargo, Lily no se movió de su sitio, se quedó sentada en la mesa que había quedado vacía siendo observada por sus amigos y compañeros.

La pelirroja seguía con los puños apretados, mirando el hueco vacío que había dejado Flitwick al bajarse del atril. Nada, ni siquiera el amago de sus amigos hizo que se moviera de postura, y la voz chillona del profesor pronto les instó a que la dejaran en paz y se dedicarán a lo suyo. Marlene resignada formó equipo con Pandora y Blishwick, mientras que Heather, Adam y Reginald Cattermole hacía otro grupo de tres.

La clase fue bastante desastre. Marlene no conseguía concentrarse del todo y no lograba colocar los cojines o, a veces, ni siquiera moverlos. Pandora parecía tener el mismo problema, pero no le importaba, y Blish apenas lo había intentado.

- ¿Creeis que Lily estará bien? -Murmuró Pandora mientras lanzaba un hechizo fallido, el cojín apenas se movió un par de centímetros.

- No -respondió Blish en un tono bajo pero firme.

- Esto es una completa locura -continuó Marlene -no sé cómo se espera que la gente lo acepte.

- La gente ya lo ha aceptado -puntualizó Blish -el Ministro es escogido por el pueblo, y el es quién pone en marcha los decretos.

Marlene enfurecida por el remarque tan lógico y razonable que hizo la cazadora lanzó el cojín contra una ventana rompiéndola, Flitwick la reparó en un segundo como si no hubiera ocurrido nada. Las chicas permanecieron unos segundo en silencio hasta que Meadowes lo rompió.

- ¿Y Mary? Ella tampoco parece estar en su mejor momento.

Marlene miró de reojo hacia donde Mary estaba con Cedric, aunque la pareja parecía tranquila y la chica incluso sonreía, la rubia notó la tensión en la postura de su amiga.

- No creo que esto le sea fácil a nadie -terminó diciendo finalmente mientras giraba el rostro hacia Pandora.

Desde dónde estaban las tres podían escuchar cómo Heather, Adam y Reginald también murmuraban sobre el tema, aunque intentaban disimularlo entre intentos de hechizos fallidos. La tensión en el aula era palpable, y Flitwick, al parecer consciente de ello anunció que quedaban diez minutos de clase.

- ¡Y ahora, mis queridos estudiantes un cambio para levantar el ánimo! Los últimos diez minutos los dedicaremos a practicar hechizos estimulantes. Estoy seguro de que les alegrará el día -exclamó con entusiasmo.

Se escucharon los primeros murmullos de alegría. Poco a poco, los alumnos se fueron relajando y risas tontas comenzaron a llenar el aula. Foreman exageró un poco su hechizo, el cual se había desviado, provocando que Robins cayera al suelo riendo sin parar, lo que causó carcajadas entre los demás y que una muy apurada Donna corriera donde Adam a disculparse y ayudarle a levantarse.

Fue en ese momento, con la confusión del momento, cuando James abandonó a sus amigos y se acercó a Lily, quien había permanecido en la misma postura toda la clase. Marlene siguió la escena con atención, preguntándose qué podría querer el azabache. La rubia vio como Lily negó con la cabeza un par de veces y luego le respondía algo al adolescente en voz baja, tanto que ella era incapaz de captarlo desde ahí. El 'back and forth' continuó unos minutos entre los dos hasta que Lily consiguió que James se marchara, y así lo hizo el león con una sonrisa de satisfacción.

Marlene intercambió una mirada con Pandora, quien también había estado observando la escena y solo se encogió de hombros susurrando.

- Al menos ha reaccionado.

Marlene asintió, aunque seguía sintiendo un nudo en el estómago y se pasó el resto de la clase mirando por un ojo a Evans y manteniendo el otro en los merodeadores, quienes estuvieron los minutos restantes lanzando miradas furtivas hacia la pelirroja. Cuando sonó la campana anunciando el final de la clase, el alivio fue palpable, los alumnos más animados ahora se despidieron de su profesor para ir a comer al gran comedor. Lily fue una de las primeras en salir del aula, Marlene la siguió con la mirada, pero decidió darle un poco de espacio, suponía que la pelirroja no aparecería por el gran salón para comer pero esa tarde la vería en aritmancia o sino en las clases de aparición.


Las antorchas parpadeaban proyectando sombras tintineantes en las paredes de la sala común mientras los murmullos iniciales de la conversación empezaban a tornarse más audibles. En el centro de la sala frente al fuego ardiente, sobre una mesa baja rodeada por tres sofás grandes, un ejemplar del Profeta descansaba con el titular de esa mañana brillando en letras grandes y llamativas.

Un silencio breve se instaló antes de que las primeras risas satisfechas rompieran el hielo.

- ¡Por fin, algo de sensatez en el Ministerio! -Exclamó Rosier con una sonrisa maliciosa adornando su rosada boca. -Esto debería haber pasado hace años.

- Tienes toda la razón -estuvo de acuerdo Higgs, haciendo que la chica rodará sus ojos.

- La pregunta es ¿por qué se permitió a esos sangre sucia entrar en nuestro mundo en primer lugar? -Dijo Macnair con la voz llena de desprecio, causando risas entre sus compañeros.

Avery, sentado a su lado, asintió con entusiasmo, apoyando los pies sobre la mesa. Mulciber junto a este tenía una sonrisa entusiasmada adornando su rostro.

- Es un buen comienzo, -dijo Angus con un brillo maniaco en sus ojos -pero esto es demasiado blando para mi gusto, un simple registro no basta. Lo ideal es que fueran erradicados directamente, al menos la nueva normativa debería contemplar el ir más allá y limitar sus movimientos, por ejemplo restringirles el uso de varitas.

- Además, ¿quién va a garantizar que cumplan? -Estuvo de acuerdo Avery, con una sonrisa torcida. -La mayoría de los sangre sucia no se registrará, y todos sabemos lo inútiles que pueden llegar a ser los funcionarios del Ministerio. Sin la supervisión adecuada, podrían poner en peligro todo.

En el grupo se escucharon murmullos de aprobación y consenso a lo dicho por Avery.

- ¿Quiza deberíamos hacer una visita para asegurarnos de que lo entienden? -Sugirió Macnair con una sonrisa malévola.

Las risas no se hicieron esperar, aunque no todos participaban en ellas. Regulus, quien estaba sentado con ellos, permaneció en silencio en un rincón, con el ceño fruncido. Sus dedos tamborileaban contra el reposabrazos del posa brazos del sofá, y aunque mantenía una expresión neutral su mente era un torbellino de pensamientos. Recordaba las palabras de su madre, las lecciones de su familia sobre la pureza de la sangre, pero algo en ese decreto lo incomodaba.

'Esto debe ser lo que mencionó es el Señor Tenebroso en nuestra última reunión' pensó el joven, tratando de buscar un propósito mayor detrás de la medida. 'Debe ser parte del plan, pero… ¿a caso será todo? No puede serlo es... insuficiente.' Black se obligó a calmar su mente y a empujar las dudas que parecían surgir sobre esta puesta en marcha del plan.

Fue en ese momento que el adolescente decidió reconocer que hacía un rato que había sentido la mirada persistente y evaluadora de Avery sobre el. El mayor comenzaba a ser una molestia constate para Black, Regulus sentía que cada uno de sus movimientos era evaluado y cuestionado por Polux y eso irritaba al chico, ¿quién se creía para evaluarle a el?. Por eso después de un momento, Black habló con voz serena pero firme.

- Es una medida necesaria, -dijo atrayendo las miradas de los demás y haciendo que el silencio reinara durante unos momentos en el grupo. -Los nacidos de muggles comprenden un riesgo para el mundo mágico, este registro ayudará a proteger nuestra cultura.

- ¿Entonces no crees nada de eso de que también sirva para protegerlos a los sangre sucia en última instancia? -Cuestionó Rowle verdaderamente interesado en la opinión de Regulus.

- No, -negó Black -sin duda alguna, el registró no es una medida de protección como asegura el Ministerio.

Rosier sonrió con suficiencia.

- Bien dicho, Regulus. Menos mal que uno de los dos Black tiene verdadero sentido común.

Black asintió agradecido con la chica, y mientras el grupo retomaba la charla y mencionaban el gran avance que suponía este decreto, Regulus clavó su mirada metálica en Avery. Polux, quién aún no había apartado sus ojos azules de él desvió su vista de Black al ver como el pequeño reparaba en él.

Entretanto Snape permanecía al margen de la conversación apoyado contra una silla solitaria con los brazos cruzados. Su rostro era impenetrable, pero detrás de sus ojos oscuros un conflicto interno ardía. El decreto resonaba en su mente como una amenaza, su primer pensamiento había sido para Lily. Evans, la única persona que había iluminado su miserable existencia antes de Hogwarts y en el castillo mismo durante años, la bruja nacida de muggles que jamás sería aceptada por los mortífagos y que ahora debía registrarse para permanecer en su mundo.

'Si se registra, estará más protegida… ¿no es así?' trataba de convencerse que la observación de Regulus era incorrecta, aunque sabía que era mentira. Black tenía razón, aquello no era para proteger a nadie, era un método de control. Pero Severus sabía que no podía permitirse expresar sus dudas o como se sentía realmente, no cuando sus compañeros esperaban su reacción.

- Es pragmático, -dijo finalmente su voz plana, manteniendo un tono neutro. -Los nacidos de muggles necesitan supervisión, es lógico que deban registrarse -sus palabras eran vacías, como si las hubiera pronunciado otra persona.

Pero fueron coreadas por risas y bufidos de diversión. Mientras, la mente de Snape, volaba lejos de allí en una imagen de Lily riendo bajo el sol columpiándose para después volar unos metros, una imagen feliz que chocaba con la oscuridad de su sala común en ese momento.

- ¡Pragmático, sí! -Replicó Avery, ahora evaluando con la mirada al prefecto desde su sitio en el sofá, como si supiera que es lo que estaba pensando Snape. -Yo diría que esto es apenas el principio, el Ministerio parece porfin estar entendiendo la nueva realidad del mundo mágico.

- Y si no se pone serio, y no consigue que se cumplan esta reforma junto con las muchas otras que vendrán después tendremos que encargarnos nosotros mismos. ¿No creéis chicos? -Apoyó Mulciber con una sonrisa.

Las risas volvieron a llenar el espacio que ocupaba el grupo, más altas y más crueles. Sólo dos figuras permanecían en silencio, Regulus con la mirada clavada en el fuego, y Snape perdido en sus pensamientos.

Unos segundos después Black se levantó abruptamente, sintiendo que no podía soportar más esa conversación. Sin dar una explicación a nadie salió de la sala sin mirar atrás, bajo la atenta mirada de todos sus compañeros. En el pasillo de las mazmorra, la tranquilidad de la noche lo recibió como un bálsamo, pero su calma era superficial. Dentro del adolescente el conflicto seguía latiendo, no entendía bien que le estaba ocurriendo pero esa punzada que sentía en el pecho de un tiempo atrás no lograba quitársela de encima.

Por otra parte Snape, aunque siguió con la mirada a Regulus permaneció en su rincón dejando que los demás se regodearan en su fanatismo. Pero mientras las risas resonaban en los oídos del prefecto, no podía evitar que una sola frase se repitiera en su mente 'Lily jamás estará segura.'


Habían pasado un par de días desde que había salido el artículo, y las cosas entre Mary, Heather y Blish parecían haberse arreglado por completo. Al parecer, Blish, le había pedido perdón a Jorkins por no haberle contado lo que sucedió en la fiesta de los Lyle, y la realidad era que aunque aquello había generado tensiones en el momento ahora parecía una preocupación lejana. No porque los sentimientos hubieran desaparecido del todo, sino porque las leonas se habían dado cuenta de lo irrelevante que era eso con la realidad de la guerra acechando desde dentro del ministerio.

La situación con Lily, sin embargo, era completamente distinta. La pelirroja no había hecho ningún intento por solucionar su pelea con sus amigas, pero tampoco había hecho el esfuerzo de interactuar con nadie esa semana. Evans se paseaba por el colegio como un autómata en piloto automático, acudiendo a cada clase y obligación sin decir nada a nadie y desapareciendo de la vista en cuanto estas habían terminado, tampoco dejando oportunidad a que la rodeasen y le obligaran a hablar.

Como Macdonald, a pesar de no haber hablado del tema expresamente con ella, había solucionado sus problemas con Evans y Blish se mostraba reacia a hacerlo, la que peor llevaba esta reacción era Heather, quién empezaba en entender porqué Mary se había vuelto loca con ella el primer trimestre. Tanto Blish, como Jorkins estaban agotadas de la situación, y aunque seguían dolidas por lo ocurrido, las preocupaciones de adolescentes habían pasado a un segundo plano, y cosas mucho más grandes que los malentendidos entre amigas ocupaban su lugar. Pero Lily parecía decidida a cargar con todo lo que estaba sintiendo ella sola, como si su aislamiento fuera una barrera impenetrable.

Lo poco que sabían las chicas de sexto sobre Lily lo habían escuchado a través de terceros, en concreto del prefecto de ravenclaw de su año. Al parecer, Snape, había vuelto a intentar hablar con la hija de muggles pero el encuentro había terminado de forma explosiva, literalmente, el slytherin había acabado volando contra una pared con un hechizo no verbal y la pelirroja sin inmutarse se había marchado del sitio dejándolo ahí tirado. El incidente hubiera quedado entre ellos sino fuera porque el mismo águila que se lo contó a Marlene, en la más estricta confianza, había presenciado todo. El prefecto de ravenclaw aunque técnicamente debía haber castigado a Lily por usar magia en los pasillos, en especial contra un alumnos, simplemente le amonestó restándole unos pocos puntos. Y el único motivo por el que le había dicho nada a la rubia, fue porque el chico estaba preocupado por la pelirroja.

Pero entre sus propios amigos, Lily seguía sin abrirse, las leonas lo notaban; las águilas lo notaban; incluso los merodeadores y Adam parecían haberlo notado. Sin embargo, Lily no dar muestras de que algo pudiera sacarla de su estado de aislamiento, nada, salvo curiosamente una persona, Sirius Black.

Estaba claro que algo había cambiado ese año en la dinámica de Evans y Black, desde hacía unos meses ambos se habían hecho amigos y a menudo se podía ver al pelinegro rondando a la pelirroja. El chico, incluso en un momento así, había mantenido su personalidad inalterada, no intentaba provocarla ni forzarla a reaccionar simplemente se comportaba como si nada hubiera pasado. Cuando hablaba con ella, lo hacía con esa calma y seguridad de las que Lily había sido testigo los últimos meses y que no muchos asociaban con él. Black no hacía grandes discursos, ni intentaba arreglar lo que no podía ser arreglado; simplemente estaba ahí, y de vez en cuando conseguía hacer sonreír a Lily. Apenas un destello, pero suficiente para que quienes la vieran sintieran que seguía ahí, oculta bajo capas de frustración y dolor.

Para Marlene, observar esos momentos era un alivio y, al mismo tiempo, una fuente de preocupación. ¿Por qué Sirius podía llegar a Lily y ella no? ¿Había algo que no estaban haciendo bien? ¿O era simplemente que Lily necesitaba tiempo? Fuera como fuera, lo único claro era que la situación no podía seguir así.

Esa tarde tendría lugar la quinta clase de aparición y Marlene estaba dispuesta a lanzarle un maleficio a su amiga con tal de que no huyera de ella antes de que terminara. Pero, sus planes se vieron frustrados.

El profesor Tottleham había vuelto esta vez no solo acompañado de el secretario del ministro, Cornelius Fudge, sino también de un auror como indicaba el pin brillante que llevaba clavado en su túnica. La presencia de la figura de seguridad en el colegio, lejos de tranquilizar a los alumnos, encendió las miradas de recelo y desconfianza de los alumnos, además del enfado cadente que había quedado días atrás tras la última clase.

Los estudiantes intentando ignorar la presencia del auror, pero consciente de que el ministerio se había tomado sus quejas sobre ek decreto ley como una amenaza y no como algo a reformar, se concentraban en aparecer dentro de los aros asignados para el ejercicio. Asimismo, el profesor Tottleham, que normalmente mantenía un semblante amable ese día estaba algo distante y parecía visiblemente incómodo. El funcionario de transportes caminaba entre los estudiantes, corrigiendo posturas y ofreciendo consejos técnicos, pero siempre manteniendo una clara distancia del secretario Fudge, era evidente que quería evitar cualquier asociación más cercana de la necesaria.

El equilibrio de la clase, ya de por sí frágil, se rompió cuando Fudge creyendo que estaba haciendo un acto de amabilidad, se inclinó hacia un joven Hufflepuff y le ofreció un consejo sobre su postura. El problema no fue ese, sino el comentario condescendiente que escapó de sus labios cuando se enteró que el chico era hijo de muggles. Su gesto bienintencionado, pero ignorante, tomó un giro oscuro cuando Fudge, sugirió que los hijos de muggles a menudo tenían 'dificultades naturales' con la aparición.

La reacción fue inmediata, los amigos del adolescente no amedrantados por la figura del secretario o del auror saltaron al instante en defensa del hijo de muggles, y varios murmullos airados corearon a los tejones. El Hufflepuff en cuestión que había dejado de practicar, agachó la cabeza visiblemente avergonzado y furioso al mismo tiempo.

El auror ejerciendo su función se colocó entre Fudge y los furiosos adolescentes que gritaban al secretario quienes eran encabezados por Cedric y Donna. Pero antes de que las cosas escalaran más la profesora Sprout intervino.

Con un tono firme, pero educado la jefa de hufflepuff tuvo a sus alumnos bajo control en unos segundos, y despues se acercó a Fudge quien parecía pensar que Pomona se iba a disculpar en nombre de sus estudiantes, pero quedó aturdido antes las palabras cortantes de la profesora de herbología.

- Señor Fudge, sería mejor que dejara los consejos técnicos en manos de los profesionales, y usted se limitara a cumplir sus funciones, es decir, observar.

El comentario, aunque respetuoso estaba cargado de autoridad, y Fudge no encontró forma de replicar a pesar del color rojizo que adornaba sus mejillas.

A pesar de todo, el daño ya estaba hecho, al ambiente se había enrarecido aún más, y muchos estudiantes luchaban por recuperar la concentración. Evans era una de ellas, la pelirroja intentó volver a centrarse en su aro, respirando profundamente para calmarse pero justo cuando estaba a punto de intentarlo, una voz venenosa interrumpió sus pensamientos.

Era Rosier, quien con su insufrible tono de superioridad había comenzado a criticar al pobre Robert Wright, el volumen de su voz era lo suficientemente bajo como para no ser escuchado por los profesores, pero lo suficientemente alto para que Lily lo oyera con claridad. La punzada de sus palabras atravesó la ya delicada concentración de la prefecta, quien con los labios apretados y el rostro rojo de frustración, siguió adelante con la aparición.

Pero algo salió terriblemente mal.

Cuando reapareció en su aro, Evans gritó de dolor, estaba pálida, tambaleándose, y de inmediato se notó algo extraño. Una de sus piernas, desde la rodilla hacia abajo, no estaba. En su lugar, un muñón sangrante empezaba a empapar el suelo alrededor del aro.

El grito de horror de Mary fue el segundo en escucharse, solo siendo precedido por el de la pelirroja misma, seguido de exclamaciones ahogadas de otros estudiantes. Lily, tambaleante acabó cayendo al suelo y apenas alcanzó a escuchar cómo algunos de los slytherin, Rosier entre ellos, soltaban risas burlonas y murmuraban comentarios despectivos:

- Mira, una sangre sucia menos para el registro. Quizás debería haberse quedado con los suyos en el mundo muggle.

Antes de que alguien pudiera reaccionar, Lily perdió el conocimiento. Las risas de los slytherin cesaron rápidamente cuando el auror, los profesores Slughorn y McGonagall corrieron hacia ella. Black y Potter, quienes se solían colocar cerca, ya estaban a su lado ignorando por completo el protocolo y la autoridad mientras intentaban contener la sangre con lo que tenían a mano.

- ¡Que alguien traiga al sanador Apgar o Madame Pomfrey, rápido! -Gritó Sirius, con el rostro pálido y los dientes apretados.

James, con los ojos fijos en Lily, apenas pudo murmurar un hechizo a la vez que realizaba un movimiento con su varita que medio detuvo la hemorragia. En medio del caos, el auror finalmente había llegado junto a él, el azabache se interpuso entre la joven y el oficial, dispuesto a no moverse. Pero una mirada del auror le convenció, Potter se hizo a un lado y con un solo conjuro el auror pudo colocar la pierna de Lily en su sitio.

La hemorragia seguía sin detenerse del todo y una línea rosa, muy parecida al color de la carne viva, se veía entre las partes que se habían escindido. Los profesores, ahora que ya habían llegado junto a ellos y veían la situación medio controlada, intentaban apartar a los curiosos, Mary y Marlene discutían con ellos queriendo ver a su amiga mientras que Heather y Blish lanzaban miradas fulminantes hacia los slytherin.

Potter ignorando a todo el mundo y viendo que el auror ya había hecho todo de lo que era capaz tomó a la pelirroja en brazos y salió corriendo a la enfermería. Siendo perseguido por los gritos de sus profesores y amigos, y con Sirius en sus talones. Cuando los otros chicos de gryffindor intentaron hacer lo mismo se les prohibió la salida y se les informó de que podrían ir a verla una vez la clase hubiera terminado.

Heather furiosa y frustrada con todo, lanzó otra mirada de asco a los slytherins quienes seguían con sonrisas dibujadas en su rostro.

- Esto no puede seguir así -dijo la trigueña, pasando un brazo por la espalda de Pandora intentando reconfortarla.

...

Horas más tarde, después de la cena, Evans se despertó en la enfermería. Experimentado un déjà vu al ver las blancas paredes de la enfermería que rodeaban su cama y a sus compañeros de casa y sus amigas de ravenclaw flanqueando sus lados. al abrir los ojos.

Lily yacía en la cama del hospital, inmóvil al principio, con la luz pálida iluminando su rostro mientras sus ojos se abrían lentamente. En el momento en que lo hicieron la confusión inundó su mirada, verde esmeralda pero tras parpadear una vez un brillo de comprensión iluminó su mirada, la pelirroja ya sabía dónde estaba y qué había ocurrido. Sin embargo, en cuestión de segundos, esa confusión se disuelve y una tormenta de sufrimiento la golpea con fuerza. El rostro de la pelirroja se descompone y los ojos de Evans se llenan de lágrimas antes de que pueda siquiera entender completamente lo que está sintiendo.

La respiración de Lily desordenada y entrecortada, como si cada inhalación supusiera para ella un esfuerzo doloroso y un recordatorio de la cruel realidad que la envuelve. Cuando Evans intenta hablar, las palabras no llegaron, puesto que en su garganta se había formado un nudo opresivo que la asfixiaba, y los sonidos que emergían de ella eran pequeños sollozos desgarradores, entremezclados con jadeos que parecían robarle la fuerza. Cada intento por parte de la hija de muggles de articular algo se rompía en pedazos, reflejando lo frágil y rota que estaba en este momento.

Con los ojos inundados de lágrimas y las manos temblorosas, Lily buscaba algún ancla, algo tangible a lo que sostenerse, y sus dedos repararon en las sábanas aferrándose a ellas como si de ellas dependiera su cordura. Pero para la pelirroja no existía control, no había alivio que valiera. Su cuerpo entero tembló de pies a cabeza y finalmente, Lily en un susurro ahogado rompe a llorar. No es un simple llanto; es un ruego, una súplica desesperada, no hay gritos, no hay dramatismo excesivo.

Su llanto es contenido, crudo y feroz en su intensidad. Es tan poco habitual verla así, tan expuesta, tan desgarradoramente humana, que la escena golpea a todos sus amigos con una fuerza casi insoportable. La armadura de fortaleza que habitualmente rodea a Lily cae por completo, revelando un dolor tan real, tan profundo, que deja un vacío en el aire. La fragilidad que nunca muestra está ahí, en cada lágrima, en cada temblor, en cada palabra rota que apenas puede pronunciar y Marlene sin dudarlo se sube a la cama y se acurruca junto a su mejor amiga intentando que sus brazos le den la seguridad que tanto ansía.

Es en ese momento cuando llega la enfermera Pomfrey corriendo alarmada por las caras de los estudiantes que se han quedado de piedra al ver la reacción de la chica y acompañada de dos consternados Lupin y Pettigrew quienes fueron a buscarla nada más ver a Evans romper a llorar. La joven enfermera esta vez no exigió a Marlene que se mueva, con rapidez extrae una poción de su delantal que vierte sobre un vaso que contiene chocolate caliente y se lo hace beber a la pelirroja. Lily obedece en un instante queriendo aferrarse a cualquier cosa que le den, y en cuanto lo hace empieza a sentir una calma que llega hasta la punta de sus dedos de los pies.

La enfermera viendo que todo esta bajo control y que no hay dolor real solo emocional se marcha dejando a la adolescente con sus amigos. Poco a poco Lily deja de llorar, y su respiración se vuelve normal, aunque las lágrimas siguen rodando por sus mejillas ya no les acompañan jadeos ni una respiración entrecortada.

- Lo siento -dijo la hija de muggles antes de que nadie supiera que estaba pasando -lo siento tanto repite.

Sus ojos verdes más brillantes que nunca estan posados en Heather, Mary y Blish, quienes las miran con expresiones de auténtico shock.

- ¿Por qué? -Pregunta Jorkins sin salir de su asombro.

- Por todo -continua Lily -por no haberte contando antes lo de Turpin, o haber obligado a Angie hacerlo, por la pelea, por lo que ha ocurrido estos mes... -pero su voz falló.

- ¿Tu estás tonta? -Saltó Mary por toda respuesta -¿cómo se te ocurre disculparte por algo así? -El tono de la castaña dejaba entrever su enfado y frustración -Lily no sabes el susto que nos has dado, no vuelvas a hacerlo.

Y sin pensarlo dos veces Macdonald se adelantó y la envolvió en un fuerte abrazo, seguida de Heather y Angelina.

- Completamente ridículo -manifestó su acuerdo la trigueña apretando más sus brazos al rededor de sus amigas.

Lily riendo bajo los brazos de todas avergonzada por su arrebato emocional, pero sabiendo que eso se debe al acumule de emociones que lleva ese curso, se relaja visiblemente.

- Os he echado tanto de menos -murmuró la pelirroja contra los brazos de sus amigas.

Las chicas permanecieron así unos minutos antes de romper el abrazo, haciendo que la incomodidad de los chicos de su casa creciera por segundos, al igual que las sonrisas de Pandora y Marlene. Una vez las adolescentes rompieron el abrazo, Lily fue consciente de que los merodeadores y Adam habían presenciado todo el proceso, pero lejos de importarle la pelirroja llevada por el agotamiento y con una sonrisa traviesa en la cara y un tono vacilón añade.

- ¿A qué esperas Potter?, esta es tu oportunidad para pedirme salir, quiza ahora acepte.

Las risas de todos no se hicieron esperar, incluido la del susodicho, quien simplemente negó con la cabeza divertido.


La luz de las antorchas titilaba suavemente mientras Marlene caminaba por los pasillos de Hogwarts, sintiendo el peso del día comenzar a desvanecerse.

Mckinnon había pasado las últimas horas en la enfermería junto a Lily asegurándose de que su pelirroja amiga estaba cómoda y bien cuidada. Evans con su testarudez habitual había insistido en que estaba perfectamente, pero Madam Pomfrey no cedió obligando a la prefecta a quedarse en reposo absoluto durante la noche bajo la atenta mirada de Apgar y ella misma.

Los merodeadores, junto con Adam, se habían marchado hacía rato largo y poco después les había seguido Pandora, quién se habia retirado a tomar su acostumbrada taza nocturna con Dorcas antes de dormir. Marlene que no tenía nada que hacer, se había quedado un poco más junto a todas las leones.

Ahora, mientras Marlene subía por el pasillo de camino a la torre de Ravenclaw, se notaba de un ánimo excepcional, a pesar de los estúpidos decretos del Ministerio y de la posición que parecía estar tomando en la lucha contra Voldemort. Ni esto, ni la cantidad inusitada de veces había visitado la enfermería ese año podía poner a la rubia de mal humor despues de ver cómo sus amigas se reconciliaban tras meses de peleas.

El águila iba feliz caminando por los pasillos mientras pensaba en sus cosas y tarareaba una canción cuando escuchó un ruido que la distrajo de sus pensamientos felices. Marlene no se encontraba lejos de la entrada de su sala común, y teniendo en cuenta que el toque de queda había sido hacía unos minutos era muy extraño que alguien anduviera por ahí. Mckinnon frunció el ceño y agudizó sus sentidos descubriendo que el sonido provenía de un aula que tenía la puerta entre abierta, con cautela y con el corazón latiéndole un poco más rápido de lo normal se acercó al origen del ruido. Al asomarse por la rendija escuchó voces, por lo que Marlene pudo ver estas pertenecían a varios slytherins entre ellos el águila reconoció a Avery y Mulciber junto con otros estudiantes de su casa, las serpientes parecían envueltos en una conversación animada.

Marlene dio un paso atrás, su primer instinto siendo evitar cualquier tipo de confrontación. Pero entonces una frase se coló entre las risas y los murmullos deteniéndola en seco.

- Snape y Avery aún tienen que probarse -una voz que le sonaba flotó hasta sus oídos.

Los ojos de Marlene se entrecerraron, la curiosidad tan propia de su casa, despertando con fuerza. Silenciosamente la rubia se colocó junto a la puerta entreabierta, asegurándose de no hacer ruido mientras escuchaba.

- ¿Hasta cuándo tenemos? -Preguntó la fría voz de Snape.

- Cuanto antes mejor, -replicó Regulus -no le gusta esperar.

Hubo varios murmullos de asentimiento, pero Marlene no se esforzó por entender lo que decían su cabeza girando hacía otras cosas, '¿a quién no le gustaba esperar?, ¿qué era lo que debían de probar?, y ¿a caso alguno lo había hecho ya?' A la mente de Mckinnon llegaron varios acontecimientos raros que habían tenido lugar en el castillo los últimos meses y a los que nadie había encontrado una respuesta, ¿sería eso a lo que se referían? Un escalofrío recorrió a la rubia quien volvió a centrarse en la conversacion al escuchar el nombre de sus amigas de gryffindor.

- Quizá algo con Macdonald o Evans, esas sangre sucias tienen que entender de una vez -sugirió Mulciber con un tono divertido.

Varias risas corearon al chico, Marlene sintió como su sangre empezaba a hervir.

- No sé, Evans siempre acaba en la enfermería, -escuchó la voz de Avery -aunque quizás alguien debería darle una verdadera razón para quedarse allí.

Más risas siguieron el comentario del slytherin, la mecha que se había prendido con lo dicho por Mulciber pareció prender en el interior de Marlene tras escuchar a Avery.

- Bueno a principios de año le dimos buenos motivos -comentó Rowle, -pero creo que no entendió la foto que adjuntamos.

- Si -estuvo de acuerdo Mulciber -Polux o Snape, podríais cumplir vuestra prueba con ella, creo que hay que mandarle un recordatorio a esa sangre sucia.

- O quizá Macdonald necesite más urgentemente un recordatorio -intercedió esta vez Macnair. -Después de todo es ella quién se atreve a salir con Shafiq, un sangre pura de los sagrados 28, no queremos que una familia como la suya tenga esa mancha en su legado.

Cada palabra que escuchaba llenaba de una furia a la rubia, la conversación continuó, pero Marlene apenas podía oír más sus puños apretados, su cuerpo entero temblando. Mckinnon comenzaba a notar como empezaba a perder el control de su magia, y esta comenzaba a desbordarse de forma incontrolable.

Y entonces sucedió.

Con un estruendo varias ventanas del pasillo explotaron haciéndose añicos en mil pedazos y rompiendo el silencio nocturno. Los cristales se dispersaron por el suelo mientras el viento frío entraba a raudales por los marcos vacíos. Dentro del aula, los slytherins saltaron de su sitio al instante, alertados de inmediato por el ruido y sus voces apagándose ipso facto.

- ¿Qué demonios ha sido eso? -Gruñó Avery, mientras sus pasos apresurados comenzaban a resonar dentro del aula en dirección a la puerta.

Marlene apenas tuvo tiempo de reaccionar, se deslizó rápidamente hacia la sombra de un arco en el pasillo, ocultándose detrás de un conjunto de armaduras mientras los slytherins salían del aula con varitas desenfundadas. Los cristales rotos crujieron bajo sus pies mientras inspeccionaban el lugar.

- ¿Hay alguien aquí? -Preguntó Mulciber con un tono desafiante.

Marlene contuvo la respiración lo mejor que pudo, aunque seguía bullendo de rabia y sentía como su magia quería salir de ella a raudales, el miedo que sentía en esos momentos la ayudaba a controlarse.

Avery negó con la cabeza después de mirar a su alrededor.

- No sé que ha sido eso, pero ya no está -declaró con firmeza. -Vámonos antes de que aparezca algún profesor.

Poco a poco todas las serpientes comenzaron a salir del aula, Marlene quedándose con cada cara que veía. Cuando el último de ellos salió, todos juntos empezaron a dirigirse rumbo a las mazmorras, hacia su sala común. Mckinnon respiró aliviada, sabiendo que había conseguido mantenerse oculta y sabiendo que la mayoría de los slytherins parecían haber descartado el incidente como un accidente.

Pero entonces una última figura salió del aula quedándose un momento en el umbral, Regulus Black.

Marlene volvió a contener la respiración mientras lo observaba. Regulus no parecía apurado como los demás, el chico se detuvo en el pasillo mirando a su alrededor con una calma inquietante. Su mirada inteligente pasó por las ventanas destrozadas, luego recorrió los rincones oscuros del pasillo. Marlene se aplastó más contra la oscuridad, apenas se atrevía a respirar por si hacía ruido, un escalofrió la recorrió al notar una fría corriente llegar a su espalda desde una de las ventanas rotas.

Y entonces Black entrecerró los ojos ligeramente y olfateó el aire, como si pudiera percibir algo que los demás no podían. Su rostro, normalmente se transformó por un momento en una mueca de reconocimiento y sus ojos metálicos se dirigieron directamente hacia el camino que llevaba a la torre de Ravenclaw, y Marlene supo que la había descubierto.

Sin embargo y para su sorpresa, Regulus no dijo nada. Giró hacia los demás Slytherins, quiénes se habían parado a esperarle unos metros más adelante.

- Vamos, aquí no hay nadie -dijo con voz firme pero tranquila.

Los otros no dudaron en seguirlo, dejando atrás el pasillo vacío. Marlene se quedó quieta en su escondite, el corazón latiéndole con fuerza mientras observaba cómo se alejaban. Regulus fue el último en desaparecer por el corredor, y justo antes de que lo hiciera, se volvió ligeramente hacia donde ella estaba oculta, con una expresión inescrutable.

Y luego, se fue.

Marlene soltó un suspiro tembloroso cuando el silencio regresó al pasillo, y se dejó caer hasta el suelo deslizándose por la pared aún oculta por las armaduras. A pesar de que Mckinnon no podía explicarlo, sabía que Regulus había reconocido su perfume y había sabido exactamente dónde estaba oculta. El motivo por el cuál no había dicho nada o no había hecho algo al respecto escapaba de su compresión. Pero Marlene lo agradeció, tras un tiempo prudencial por si alguno decidía volver se puso en pie y salió de su escondite, con una última mirada a la dirección por la cuál las serpientes habían desaparecido echó a correr lo que le quedaba de camino hasta la entrada de su sala común. Con el corazón todavía acelerado y una sensación de incertidumbre instalada en el fondo de su pecho, se detuvo ante el picaporte en forma de águila esperando a la pregunta que le dejaría entrar.


Hola buenas, ¿cómo estáis?

Espero que os guste el cap, ya tenía ganas de escribir alguna de las cosas que aparecen en este.

Como veis no he tardado apenas en subir este, de hecho muchos de vosotros cuándo volváis a entrar os llevaréis la grata sorpresa de que he subido dos capítulos y no uno. Ya sabéis cualquier error, fallo o errata que veáis hacédmelo saber porfa.

Gracias a todos por pasaros y leer, se aprecia.

Besos,

B.