Capitulo 8: Un Enfrentamiento Sobrenatural
Sentía como si estuviera cayendo por un pozo sin fin, envuelto en la más profunda oscuridad. A medida que caía, el tiempo y el espacio parecían perder significado. No sabía cuánto tiempo había estado en ese abismo, ni si encontraría un final. El vértigo le revolvía el estómago, y su mente no lograba procesar lo que estaba sucediendo. Pero entonces, de repente, sintió un fuerte golpe en su espalda.
*BAM!*
Con un quejido de dolor, su cuerpo impactó contra el pavimento. El sonido sordo del golpe resonó en sus oídos, seguido del estruendo de la lluvia golpeando el suelo a su alrededor. Lentamente se incorporó, aturdido y adolorido, mientras trataba de orientarse. Miró a su alrededor: una ciudad oscura y desierta, iluminada solo por el tenue brillo de algunos faroles lejanos. El cielo estaba cubierto de nubes negras, y la lluvia caía con una intensidad implacable, empapando su cuerpo al instante.
Aun traía puesto su traje de héroe, estaba compuesto por un material negro reforzado, diseñado para ser ligero y ágil. En su cinturón llevaba algunos artilugios, como ganchos retráctiles y bombas de humo, pero no muchas provisiones, ya que su misión original no había requerido tanto equipo. El frío metal de su licencia provisional de héroe seguía en uno de los compartimientos, recordándole quién era y lo lejos que había llegado.
Cada músculo en su cuerpo le dolía. Sentía una presión constante en su cabeza, como si alguien estuviera apretando su cráneo con fuerza. El dolor punzante se extendía por sus extremidades, haciéndole difícil incluso mantenerse en pie. La lluvia, lejos de aliviarlo, solo intensificaba su malestar. El agua fría empapaba su traje y su cabello, y cada gota parecía golpear su piel como una pequeña aguja.
Hideki respiró hondo, tratando de calmar el dolor y despejar su mente. Todo esto era confuso. ¿Dónde estaba? ¿Cómo había llegado allí? Apretó los puños, sintiendo el peso de la incertidumbre. No tenía respuestas, pero sabía que no podía quedarse ahí mucho tiempo. Tenía que encontrar refugio, o al menos averiguar en qué clase de mundo había aterrizado.
Con un último vistazo a su alrededor, Hideki comenzó a caminar, sus pasos resonando en las calles vacías mientras la lluvia seguía cayendo incesante, cubriendo el mundo a su alrededor con una pesada cortina de agua.
La mañana llegó con los primeros rayos del sol que se filtraban a través de las nubes dispersas, tocando suavemente el rostro de Hideki. Su cuerpo, todavía adolorido por el impacto de la noche anterior y el frío pavimento en el que había dormido, reaccionó con un crujido mientras se levantaba y estiraba. Había pasado la noche bajo un puente, buscando refugio de la lluvia, aunque no había evitado el frío ni la incomodidad.
Con un suspiro, Hideki se sacudió las gotas de humedad que aún quedaban en su traje de héroe, y lo primero que hizo fue decidir regresar al lugar donde había caído la noche anterior. Quizás ahí podría encontrar alguna pista, algo que le diera una idea de qué estaba ocurriendo o dónde estaba.
A medida que caminaba, notó algo extraño en la ciudad. No solo era el hecho de que no reconocía el lugar, sino que todo parecía... diferente. Las calles no tenían el bullicio ni el ambiente que solía sentir en Musutafu. Era como si la ciudad no estuviera al mismo nivel tecnológico, más simple, más antigua en cierto sentido. Los edificios no eran tan altos ni tan modernos, y las infraestructuras, aunque funcionales, no parecían tener la misma sofisticación que estaba acostumbrado a ver. Incluso los vehículos que circulaban por las calles parecían más anticuados.
Lo que más le llamó la atención fue la forma en que la gente lo miraba. No con admiración o reconocimiento, sino con curiosidad e incluso desconfianza. Las miradas se posaban en su traje de héroe, y varios transeúntes susurraban entre ellos mientras él caminaba. No era algo nuevo para él recibir atención, pero en este caso, se sentía incómodo, como si no perteneciera allí.
Más extraño aún, la calma de las calles le resultaba inquietante. A esas horas del día, Musutafu estaría llena de actividad: héroes patrullando, villanos causando problemas y ciudadanos apurados en sus rutinas. Sin embargo, aquí no veía ningún héroe a la vista, ni escuchaba sirenas o advertencias de ataques de villanos. Todo estaba absurdamente tranquilo, casi demasiado tranquilo para su gusto.
Finalmente, llegó al lugar donde había caído la noche anterior. Examinó la calle con detenimiento, esperando encontrar algo fuera de lo común, algún indicio de su llegada o una señal de cómo había terminado allí. Pero lo que encontró fue nada. La calle era como cualquier otra: el pavimento estaba intacto, sin signos de su caída, y el entorno no tenía ninguna alteración visible.
Se agachó para observar más de cerca, pasando la mano por el suelo como si eso fuera a revelar alguna pista oculta. Pero no había nada. Frustrado, se puso de pie y cruzó los brazos, mirando alrededor una vez más, tratando de darle sentido a la situación.
— "¿Qué demonios está pasando aquí?" — murmuró para sí mismo, apretando los dientes.
Hideki suspiró, sintiendo una mezcla de frustración y confusión. No solo no había encontrado ninguna pista, sino que todo a su alrededor parecía completamente ordinario. Pero algo dentro de él le decía que no estaba en su mundo, y que lo que fuera que lo había traído aquí no iba a ser fácil de entender.
Al mirar a su alrededor una vez más, decidió que quedarse en un solo lugar no le iba a dar respuestas. Aún con el cuerpo adolorido por la caída y la mala noche, sabía que debía moverse. Seguir explorando el lugar podría ayudarle a encontrar algo o alguien que pudiera explicarle dónde estaba. Sin embargo, había algo más en su mente: estaba vestido con su traje de héroe, algo que claramente estaba atrayendo miradas y que podría no ser lo más prudente en un lugar desconocido.
"Debo encontrar algo de ropa normal", pensó mientras observaba a las personas alrededor. La ropa que usaban parecía más sencilla, sin la tecnología o los diseños llamativos que uno vería en su mundo.
Hideki se puso en marcha, sus sentidos alerta, notando los detalles a su alrededor. No muy lejos, vio lo que parecía ser un mercado local. Las tiendas estaban alineadas a lo largo de una calle estrecha, y los vendedores ya habían comenzado a abrir sus negocios. Se dirigió hacia allí, esperando encontrar algo útil.
Mientras caminaba por el mercado, el bullicio de la ciudad comenzaba a aumentar. Los vendedores pregonaban sus productos, y las conversaciones se entrelazaban entre el sonido de los pasos y el movimiento de las mercancías. A pesar de la creciente actividad, Hideki notaba algo extraño: no veía a nadie que pareciera tener poderes o habilidades especiales. En Musutafu o en cualquier otra parte del mundo, siempre había alguien con un quirk llamativo o usando su poder para realizar tareas cotidianas, pero aquí... nada.
Finalmente, llegó a un puesto que vendía ropa modesta y algo anticuada para sus estándares, pero funcional. Sin dudarlo, decidió adquirir un par de prendas. Mientras buscaba entre las opciones, escuchó una conversación cercana.
—"¿Viste a ese tipo raro anoche? Parecía haber aparecido de la nada... Como si hubiera caído del cielo," —murmuró una mujer mayor a su lado, hablando con un vendedor.
Hideki se congeló por un segundo, sus manos todavía en la ropa que examinaba. Se giró lentamente, prestando más atención.
—"Sí, lo vi. Estaba oscuro, pero juraría que llevaba una especie de traje raro... Parece que está haciendo cosplay o algo así," —dijo el vendedor, claramente intrigado pero también desconfiado.
Hideki frunció el ceño, dándose cuenta de que la gente estaba interpretando su traje de héroe como parte de un cosplay. Aparentemente, en este mundo no era común ver trajes de héroe reales, solo disfraces para eventos o entretenimiento. Esto explicaba por qué recibía tantas miradas curiosas.
Decidió no intervenir en la conversación. No era el momento de hacer preguntas. Se alejó del puesto con la ropa nueva, buscando un lugar donde pudiera cambiarse, y mientras lo hacía, su mente seguía procesando lo que había escuchado. Este mundo, aunque tranquilo en apariencia, podría estar ocultando más de lo que mostraba en la superficie.
Una vez que se cambió a su nueva ropa, algo más simple y menos llamativo, decidió seguir su camino. No sabía exactamente qué debía hacer, pero una cosa estaba clara: no podía quedarse quieto, debía encontrar respuestas, y debía hacerlo rápido.
Hideki despertó con el sonido de la alarma de su celular, un recordatorio constante de sus rutinas diarias. Se incorporó lentamente de la cama, sus pensamientos aún envueltos en el sueño recurrente que había tenido, uno que le recordaba su llegada a este mundo. Aunque ya había pasado varios meses desde que llego a este mundo, el recuerdo de su llegada seguía fresco en su mente.
Durante ese tiempo, había avanzado significativamente en su entrenamiento. Ahora era capaz de utilizar su Ki a un nivel básico, lo que le daba una sensación de logro y control. Junto con el entrenamiento en Ki, había mantenido su rutina de ejercicio físico, esforzándose al máximo como solía hacer en su mundo anterior. Aunque intentaba no depender del Ki durante estos entrenamientos, a veces no podía evitar usarlo para mejorar aún más sus habilidades. Sentir esa mejora en sus capacidades le llenaba de alegría y motivación. Cuando usaba el Ki, se exigía aún más, disfrutando del desafío que esto le ofrecía.
Uno de los momentos en los que más se concentraba en el uso de su Ki era durante la práctica de katas de diversas artes marciales. Estas prácticas no solo le ayudaban a perfeccionar su técnica, sino también a controlar el flujo de su Ki, integrando el poder con sus movimientos de manera fluida y natural.
Durante este mes, Hideki también había estrechado lazos con Koneko. La calma y satisfacción que había experimentado con su nueva rutina le habían llevado a ser más abierto y accesible. Compartían más tiempo juntos en la academia, y Hideki apreciaba la compañía de la pequeña chica, encontrando en ella una amistad sincera y desinteresada.
Asimismo, había pasado tiempo con Kiyome, a quien le contó sobre su entrenamiento y la persona que lo guiaba. La alegría de Kiyome por sus avances le mostró su apoyo y comprensión, y juntos habían disfrutado de momentos tanto dentro como fuera de la academia. Estos momentos juntos habían ayudado a Hideki a adaptarse mejor a su nuevo entorno y a sentirse más en casa.
Con la mañana ya en marcha, Hideki se preparó para su rutina diaria. Se duchó rápidamente, vistiéndose con su ropa de entrenamiento. A medida que se vestía, sus pensamientos vagaban hacia los logros alcanzados y hacia el futuro. Sabía que aún quedaba un largo camino por recorrer, pero la determinación y la disciplina que había aprendido le seguían impulsando.
Issei Hyoudou había tenido una semana que no podría haber imaginado en sus sueños más locos. La rutina habitual del pervertido joven, que consistía en espiar a las chicas de la academia y evitar a dos de los estudiantes más destacados, Kiba Yuuto y Hideki Saito; había sido sacudida de manera dramática. Kiba y Hideki, con su carisma y habilidades, acaparaban la atención de casi todas las chicas; Issei le tenia mas fastidio a Hideki porque compartían salón.
La semana tomó un giro inesperado cuando una chica de otra academia, Yuuma Amano, se le declaró. Issei, sin experiencia en relaciones y desesperado por tener una novia, aceptó sin pensarlo demasiado. Sin embargo, Yuuma resultó ser un ángel caído, enviada para asesinarlo debido a la amenaza que podría representar su Sacred Gear en el futuro. Esta revelación terminó con la muerte de Issei.
Pero la historia no terminó ahí. Issei fue reencarnado como un demonio al servicio de Rias Gremory, la joven de cabello escarlata que siempre había sido su amor platónico.
Lo inesperado no terminó con su reencarnación. A los pocos días, Issei fue atacado nuevamente por un ángel caído. Aunque resultó herido, su mayor sorpresa fue despertar al día siguiente con Rias desnuda en su cama. Atónito y confundido, Issei escuchó a Rias explicar los eventos recientes y su nueva vida en el mundo de los demonios.
A pesar de su reciente muerte y transformación, Issei encontró una nueva oportunidad para estar cerca de Rias, quien, tras su ultimo ataque, le explicó todo sobre el mundo sobrenatural y su nuevo papel como demonio.
A medida que Rias compartía información sobre su rol en la nueva vida de Issei y el mundo sobrenatural, él tuvo que asimilar la verdad detrás de su reencarnación y su conexión con los seres que había conocido. La realidad de su situación comenzó a asentarse, y mientras luchaba por entender su nuevo rol, Issei enfrentaba el desafío de equilibrar su vida como un joven demonio en un mundo lleno de peligros y oportunidades inesperadas.
Lo que nos lleva al presente. Issei Hyoudou estaba dando su habitual paseo matutino hacia la academia, inmerso en sus pensamientos sobre el reciente giro de su vida. Había pasado de ser un pervertido con sueños de tener una novia a un demonio en entrenamiento, y su mente estaba llena de la confusión y el asombro que este cambio le había traído.
Ya al final del día, Issei, creyéndose solo en el club, organizaba unos panfletos como parte de sus nuevas tareas de demonio reencarnado, destinados a formar contratos con humanos para aumentar la reputación de la familia Gremory. Justo entonces, Rias entró en la sala para anunciar que habían recibido una misión: eliminar a un demonio renegado. La noticia tomó a Issei por sorpresa, y aunque todavía estaba asimilando su nueva vida como demonio, sabía que las misiones y el peligro eran ahora parte de su realidad.
Una vez reunidos todos, Kiba explicó a Issei que un demonio renegado era un antiguo sirviente que había traicionado a su amo, llegando incluso a asesinarlo en algunos casos. Este tipo de demonios, ahora libres de todo control, representaban una amenaza peligrosa. Mientras Kiba le daba más detalles, el grupo fue transportado mediante un círculo mágico hasta su destino.
—"Vamos a una casa abandonada. Dicen que un demonio renegado atrae a las personas allí y se las come" —comentó Akeno con serenidad mientras miraba la siniestra casa a la que estaban a punto de entrar.
Issei sintió un escalofrío al ver el lugar, sabiendo que su nueva vida como demonio lo enfrentaba a peligros inimaginables. Pero también sabía que ahora tenía una responsabilidad dentro de la familia Gremory, y no podía fallar.
Dos noches más transcurrieron, y Hideki, fiel a su determinación, continuó investigando el teatro abandonado. Sin embargo, sus esfuerzos no dieron frutos inmediatos; el demonio no se había manifestado en esas dos noches, y los rastros encontrados no aportaban nada concluyente. A pesar de la falta de progreso, Hideki no estaba dispuesto a rendirse tan fácilmente.
La tercera noche, con la misma resolución de siempre, regresó al teatro. Algo en el ambiente era distinto desde el primer momento en que llegó. El aire parecía más denso, y esa opresiva sensación de energía demoníaca que había sentido antes era ahora mucho más intensa, como si algo estuviera llamándole directamente.
"Esta noche será diferente..."
El aire era denso, casi irrespirable, y cada paso que daba hacia el teatro hacía que su piel se erizara. Con cautela, se acercó, intentando asegurarse de que su objetivo realmente estuviera dentro. Vestido con su traje de héroe, Hideki se movía entre las sombras con la agilidad y el sigilo que había perfeccionado con años de práctica, decidido a enfrentar lo que fuera que lo aguardara en el interior.
Hideki llegó al segundo piso con agilidad felina, entrando por una ventana con un sigilo perfeccionado. Se movía con cautela, buscando al ser responsable de los horribles sucesos en el teatro abandonado. Tras explorar meticulosamente el segundo piso sin encontrar nada, decidió descender al primero.
Tan pronto como sus pies tocaron el suelo después del último escalón, una voz seductora y ominosa emergió de las sombras.
—"Huelo algo delicioso. ¿Será dulce? ¿Será amargo?" —la voz distorsionada de una mujer resonó en el aire.
Hideki se tensó al notar a una figura que, aunque aparentaba ser una hermosa mujer desnuda en la parte superior, emanaba una inquietante presencia. Sus instintos le indicaban peligro, y rápidamente se colocó en posición de batalla, sosteniendo un kunai en cada mano y concentrando su ki.
Lamentablemente, Hideki no contaba con su báculo característico, perdido antes de llegar a este mundo, pero aún conservaba algunos kunai y shuriken en su traje.
—"Un humano" —dijo la mujer, emergiendo completamente de las sombras. Aunque su mitad superior era la de una mujer hermosa, de la cintura para abajo, su cuerpo se asemejaba al de una mantícora. —"Has estado investigando demasiado, humano. No estás preparado para lo que vas a enfrentar aquí."
La mujer-monstruo parecía reconocer a Hideki, notando claramente su investigación sobre sus acciones
La mujer-monstruo parecía reconocer a Hideki, notando claramente su investigación sobre sus acciones. Hideki, preparado para una confrontación peligrosa, sintió la presión de enfrentar una amenaza desconocida.
—"Voy a detenerte," —dijo Hideki con firmeza—. "Y proteger a aquellos que han sido afectados por tus acciones. No dejaré que sigas causando daño."
La figura se rió con malicia, una risa que resonó ominosamente en la habitación.
—"Muy bien, entonces. Veamos si puedes manejar lo que has encontrado."
El aire se volvió más denso, y Hideki se preparó para la confrontación inminente. La mujer-monstruo comenzó a tocarse de manera lasciva, y pequeños círculos mágicos aparecieron en sus pezones.
*¡BANG! ¡BANG! ¡BANG!*
De repente, se escucharon varios disparos, mientras destellos de luz salían disparados a una velocidad increíble hacia Hideki. Con movimientos ágiles, esquivó el ataque, sorprendiéndose al ver cómo los disparos derretían las paredes donde impactaban.
Hideki esquivó los destellos de luz con agilidad, sus movimientos precisos y rápidos como el viento. La mujer-monstruo, al ver que su primer ataque había fallado, frunció el ceño con furia. En lugar de quedar paralizada por el fracaso, el monstruo se preparó para un nuevo ataque, su cuerpo girando con una agilidad inesperada.
Hideki avanzó con determinación, pero antes de que pudiera lanzar su primer kunai, la mujer-monstruo conjuró una barrera mágica que desvió su ataque. La barrera se volvió visible como una capa de energía negra, bloqueando los kunai con destellos de luz. La criatura rió con una voz distorsionada mientras el aura oscura alrededor de su cuerpo se intensificaba.
—"¿Creíste que eso sería suficiente, humano?"—murmuró la criatura, sus ojos brillando con malevolencia.
Hideki, ajustando su estrategia, decidió usar el entorno a su favor. Se movió con rapidez hacia un rincón de la habitación, tratando de evitar el siguiente hechizo que la mujer-monstruo estaba preparando. Mientras se movía, lanzó un kunai hacia una de las estanterías cercanas, causando que cayeran varios objetos que bloqueaban la línea de visión de la criatura.
La mujer-monstruo se irritó al ver que su visión estaba obstruida, y de repente, lanzó un hechizo de oscuridad que envolvió la sala en una neblina negra. Hideki, atrapado en la penumbra, tuvo que confiar en sus sentidos más allá de la vista. La neblina hizo que su entorno se volviera impreciso y dificultó su capacidad para calcular la distancia y el ángulo de sus ataques.
Mientras intentaba orientarse, Hideki escuchó el susurro de la criatura acercándose. Con un rápido movimiento, utilizó su ki para despejar un área pequeña de la neblina, revelando parcialmente la figura del monstruo. Sin embargo, la mujer-monstruo ya había lanzado otro ataque: bolas de energía oscura que volaron a alta velocidad. Hideki apenas tuvo tiempo para esquivarlas, una de ellas rozándole el brazo y causando un dolor punzante.
Desesperado por encontrar una apertura, Hideki se movió rápidamente, utilizando su entrenamiento para prever los movimientos de la criatura. Con una rápida secuencia de movimientos, lanzó kunais hacia las articulaciones de la mujer-monstruo, pero sus ataques eran interceptados por escudos de energía que la criatura generaba en un parpadeo.
La mujer-monstruo, ahora visible parcialmente, dejó escapar un grito de furia y lanzó un ataque de tentáculos oscuros desde su torso inferior, que se extendían con una velocidad sorprendente. Hideki tuvo que moverse con agilidad para esquivar los tentáculos que buscaban atraparlo. A pesar de sus esfuerzos, uno de los tentáculos logró atrapar su pierna y lo hizo caer al suelo.
Con su pierna atrapada y sintiendo el dolor, Hideki se vio obligado a usar una técnica de evasión avanzada. Concentró su Ki en sus brazos y realizó una serie de movimientos rápidos para cortar el tentáculo que lo mantenía inmovilizado. Finalmente, con un esfuerzo final, logró liberarse y se levantó, aún tambaleándose por el impacto del ataque.
El combate se intensificó a medida que la mujer-monstruo aumentaba la velocidad de sus ataques. Hideki, consciente de la creciente amenaza, tuvo que emplear una estrategia más elaborada. Se movía en círculos alrededor del monstruo, tratando de confundirla. En un momento clave, dio un potente salto hacia una pared, giró en el aire y sus pies tocaron la pared para impulsarse a gran velocidad por debajo de la enorme criatura. Deslizándose hábilmente bajo ella, rodeó su kunai con una carga significativa de Ki, buscando que su ataque fuera efectivo. El kunai desgarró el vientre de la manticora que poseía el monstruo, pero el ataque no fue lo suficientemente profundo como para debilitar significativamente a la criatura debido a la corta longitud del arma.
Al observar el ataque, Hideki notó que la mitad humana del monstruo evitaba acercarse a él, deduciendo rápidamente que era su punto débil. Revisó su estuche y vio que solo le quedaba el kunai que sostenía; los demás estaban enterrados en la piel del monstruo.
Justo entonces, un ataque repentino proveniente de la cola del monstruo lo golpeó, lanzándolo brutalmente contra una pared. Hideki giró su cuerpo en el aire, esquivando por poco un segundo ataque que destrozó la pared donde había estado. Se levantó tambaleándose, consciente de que necesitaba un plan para superar al demonio.
Decidido a no rendirse, Hideki concentró su Ki al máximo, sabiendo que solo un ataque arriesgado podría darle la victoria. El monstruo lanzó un ataque directo con una de sus garras, y Hideki realizó un potente salto, alcanzando unos tres metros de altura para esquivar el golpe. Aterrizó en el brazo del monstruo y corrió hacia su mitad humana, utilizando toda la energía que le quedaba para mantener la velocidad necesaria.
Con un último kunai en mano, Hideki lo lanzó al rostro de la mujer-monstruo. Aunque ella bloqueó el kunai con su brazo humano, ese instante de distracción fue lo que Hideki había estado esperando. Concentró todo su Ki en sus brazos y se acercó a la mitad humana del monstruo. Realizó un ataque metódico y preciso: un jab izquierdo a la mandíbula para desorientarla, seguido de un cruzado diestro que intensificó el impacto, y un gancho izquierdo a las costillas, sintiendo el crujido bajo su puño.
Luego, preparó su mejor ataque, un movimiento que solo había visto una vez usar a su maestro, Vital Strike. Todos los músculos de su cuerpo se tensaron brevemente antes de relajarse. Concentro todo lo que le quedaba de su ki en su brazo derecho y lanzó su puño derecho con una potencia devastadora directamente al estómago de la mujer-monstruo. El golpe se enterró profundamente, causando que la mujer vomitara una gran cantidad de sangre, salpicando a Hideki en el proceso.
El ataque que había utilizado era el Goutaijutsu, una técnica que requería que el luchador tensara su cuerpo al máximo en el momento del impacto. Cuando se ejecuta correctamente, el puño golpea con el peso total del cuerpo, lo que lo convierte en uno de los ataques más destructivos en su arsenal y sumado al ki el ataque era incluso mas potente. Hideki había practicado incansablemente esta técnica, y esta noche, la puso en acción con un esfuerzo y precisión que reflejaron todo su entrenamiento.
El golpe devastador dejó a la mujer-monstruo tambaleándose, su cuerpo entero se estremeció con el impacto. La fuerza del Goutaijutsu había penetrado profundamente, haciendo que la sangre brotara de su boca y que se tambaleara, tratando de recuperar el equilibrio. A pesar de que el ataque fue devastador, la criatura no había sido completamente derribada. Su furia aumentó y sus movimientos se volvieron aún más erráticos y violentos.
A medida que Hideki retrocedía para prepararse para un posible contraataque, la mujer-monstruo se lanzó con renovada furia hacia él. Su cola, que se movía con una agilidad sorprendente, se sacudió peligrosamente. Hideki esquivó por poco, pero el impacto del ataque cercano lanzó escombros y polvo por toda la habitación, dificultando su visión y haciéndolo vulnerable a ataques inesperados.
El monstruo, herido pero aún extremadamente peligroso, lanzó una serie de ataques rápidos y descontrolados, combinando garras y la cola en un frenesí de movimientos. Hideki, forzado a mantener su enfoque, se movía con rapidez y agilidad, esquivaba lo mejor que para mantener una distancia segura.
En un momento de desesperación, la mujer-monstruo se lanzó en una carga frontal con una fuerza impresionante. Hideki, anticipando el ataque, hizo un giro rápido para esquivar, pero su movimiento fue interceptado por un rápido barrido de la cola que lo lanzó contra una pared, dejándolo aturdido y en el suelo.
Respirando con dificultad, Hideki luchaba por recomponerse. Sus músculos estaban tensos y doloridos, el impacto de los recientes ataques lo había dejado exhausto, y había agotado hasta la última gota de su Ki. Sin embargo, sabía que no podía rendirse; su fuerza de voluntad era lo único que lo mantenía en pie. A pesar de la fatiga abrumadora, levantó ambos puños, decidido a no irse sin haber dado todo de sí.
Con el cuerpo temblando y su mente cada vez más confusa, Hideki sintió que su conciencia se desvanecía. Sus ojos se nublaron y se pusieron en blanco, su cuerpo dejó de responder. Se quedó allí, inmóvil, con la mirada perdida, completamente inconsciente pero aun de pie.
¡PUM! ¡CRASH!
Un destello blanco se estrelló contra el monstruo, lanzándolo violentamente contra una pared.
Momentos antes, Rias Gremory y su séquito habían llegado a la casa abandonada tras recibir un reporte sobre un demonio renegado que estaba causando estragos. El grupo se acercó con cautela al lugar, preparados para enfrentar cualquier situación peligrosa. Sin embargo, al acercarse, un potente estruendo les sorprendió. Al asomarse con cuidado, pudieron observar a través de varias paredes rotas lo que estaba ocurriendo en el interior. Un extraño sujeto con un atuendo inusual, una especie de armadura ligera y moderna, estaba luchando intensamente contra el demonio renegado. El grupo pronto se dio cuenta de que el extraño era un humano, y lo más sorprendente de todo era que estaba usando Ki, aunque Koneko fue la única que notó que su uso era básico.
La pelea parecía estar cerca de su clímax. Los observadores vieron cómo el hombre ejecutaba un tremendo combo de golpes cargados de Ki a la mitad humana del monstruo, y parecía haber logrado darle un golpe decisivo. Sin embargo, su sorpresa creció cuando vieron que, a pesar de seguir vomitando sangre, el monstruo atacó en un último acto desesperado, era evidente que estaba por desmayarse por falta de sangre.
A pesar de sus esfuerzos, el hombre no pudo evitar el ataque y fue brutalmente lanzado contra la pared por la que el grupo del clan Gremory estaba observando.
Koneko se dio cuenta de dos cosas: la primera, que la firma de Ki del sujeto era sorprendentemente similar a la de un amigo suyo, y la segunda, que el olor del hombre confirmaba sus sospechas. -"¡Hideki-senpai!"- gritó en su mente. Era su amigo y senpai, Hideki Saito, quien estaba en peligro de muerte.
Sin dudarlo, Koneko se adelantó, moviéndose con una rapidez sorprendente incluso para Kiba. Pasó por el agujero en la pared a través del cual habían estado observando, y con una fuerza renovada, lanzó un golpe devastador al monstruo. Su ataque hizo que el demonio renegado se tambaleara, debilitando aún más a la criatura.
Al acercarse a Hideki, Koneko se sorprendió al ver que, a pesar de su estado crítico, él seguía de pie, con su guardia alta, intentando mantenerse alerta. Una extraña sensación de peligro proveniente de Hideki hizo que se detuviera momentáneamente, no sin antes observar con preocupación. Su rostro palideció al darse cuenta de que Hideki no estaba completamente fuera de peligro aún. Sabía que la batalla ya había terminado, pero al menos, por ahora, habían logrado salvar a Hideki y aplacar la amenaza que se cernía sobre la ciudad.
Rias y el resto del grupo se apresuraron a entrar, preparados para terminar con el monstruo y asegurar la seguridad del sujeto. Pero el impacto del golpe de Koneko había sido tan potente que el monstruo cayó al suelo, ya muerto. Con la amenaza contenida, Rias y su séquito se acercaron rápidamente al hombre, quien yacía inconsciente y gravemente herido.
Issei fue el primero en hablar, su asombro evidente tras lo que acababa de presenciar. La escena había sido tan impactante que todavía no había notado que el hombre inconsciente frente a ellos era un humano normal.
—"Eso fue sorprendente" —comentó, aún atónito—". ¿Acaso él es parte del clan de Rias-buchou?" —preguntó, genuinamente curioso mientras se acercaba al hombre que yacía inconsciente. —"¿Esta... está inconsciente?" —su sorpresa creció al ver que el hombre estaba de pie pero claramente no consciente, y estaba a punto de acercarse más cuando un brazo lo detuvo antes de que entrara en el rango del sujeto.
—"No te acerques" —advirtió Koneko con voz firme, mientras su mirada se mantenía fija en Hideki. Issei, confuso, miró el rostro del hombre. Sentía que le resultaba familiar, pero el antifaz que cubría parte de su cara impedía que lo identificara completamente.
—"¿Por qué? "—preguntó Issei, incrédulo. Quería ayudar, pero el gesto de Koneko lo desconcertaba.
—"Está herido. Tenemos que ayudarlo lo más pronto posible" —dijo Issei, su desesperación palpable al ver que nadie se movía para asistir al hombre. Koneko asintió, reconociendo la verdad en las palabras de Issei, pero permaneció firme.
—"Peligro" —fue lo único que Koneko dijo a continuación—". Si te acercas más, serás atacado."-
Las palabras de Koneko dejaron a Issei aún más confundido. El miedo en su voz y la severidad de su advertencia le hacían dudar, pero la preocupación por el estado de Hideki no desaparecía. Issei miró a su alrededor, buscando alguna señal de lo que podía estar ocurriendo. El hecho de que el hombre estuviera en tan mal estado pero aún en pie le indicaba que la situación era mucho más compleja de lo que parecía a simple vista que él pudiese entender.
Rias, observando la tensión en la escena, se adelantó y, con una mirada decidida, tomó la iniciativa.
—"Koneko tiene razón" —dijo Rias con una voz calmada pero autoritaria—. "Este hombre es increíblemente fuerte, pero también es extremadamente peligroso. Su espíritu no se ha rendido. Necesitamos ser cautelosos y asegurarnos de que no haya más sorpresas."
Con una mirada rápida hacia Koneko, Rias le dio una señal para que actuara. Koneko, respondiendo al gesto, apartó con delicadeza a Issei y se acercó lentamente a Hideki. Sus sentidos estaban alerta, preparada para cualquier señal de peligro. A medida que se acercaba, una intensa sensación de sed de sangre emanó de Hideki por un instante, congelando a Issei en su lugar.
*¡PUM!*
De repente, Hideki, con un movimiento explosivo, lanzó un ataque directo hacia Koneko. Sin embargo, la velocidad de Koneko le permitió bloquear el golpe con precisión, dejando a Issei aún más impresionado por la escena. Con el ataque detenido, el cuerpo de Hideki perdió la fuerza que le quedaba y su cuerpo se desplomo completamente inerte.
Koneko, ahora más relajada pero aún preocupada, se inclinó para verificar su estado. La ferocidad del ataque inicial se desvaneció, y en su lugar apareció la vulnerabilidad de un hombre al borde de sus fuerzas.
—"Hideki-senpai..." —murmuró Koneko, con su voz cargada de preocupación mientras revisaba las heridas visibles. Sus movimientos, usualmente bruscos, se volvieron suaves y cuidadosos, su dureza reemplazada por una ternura nacida de su preocupación por él.
Issei, observando desde cerca, no pudo evitar preguntar:
—"¿Está bien?" —su voz reflejaba la mezcla de temor y curiosidad que lo consumía.
Koneko asintió lentamente, pero sus ojos delataban la ansiedad que sentía. Sabía que, aunque Hideki había demostrado una gran fortaleza, su estado era grave y necesitaba ayuda urgente.
—"Tenemos que llevarlo a un lugar seguro para tratarlo," —dijo Koneko con determinación—. "Si no lo hacemos pronto, su condición podría empeorar."
Rias, evaluando la situación, asintió en acuerdo.
—"Llevémoslo al club. Allí podremos atender sus heridas y descubrir qué ha pasado."
Mientras el grupo se apresuraba a trasladar a Hideki, Rias observaba atentamente. Algo en la manera en que Koneko se refería a él le hizo recordar un nombre que había escuchado antes.
—"¿Hideki Saito?" —murmuró Rias para sí misma, sus ojos abriéndose con sorpresa al recordar. Akeno solía mencionar a este joven en sus bromas con Koneko, pero ahora, verlo en persona le daba una nueva perspectiva.
—"¿Es Hideki Saito?" —preguntó Rias, acercándose a Koneko con asombro en su voz.
Koneko asintió con seriedad.
—"Sí, Rias-buchou. Él es Hideki-senpai. No sé cómo terminó enfrentándose a ese demonio renegado, pero necesitamos ayudarlo ahora."
Rias vio el profundo afecto que Koneko tenía por Hideki reflejado en su desesperación por salvarlo. Sin perder más tiempo, tomó una decisión.
—"De acuerdo. Llevémoslo al club y hagamos todo lo posible para que se recupere. Prepárense para brindar toda la ayuda que sea necesaria."
Con renovada urgencia, el grupo se apresuró a trasladar a Hideki, conscientes de que cada segundo era crucial.
Fin espero les haya gustado.
Puede que no se note pero el demonio en esta versión es más fuerte que su contra parte original. Y pues Hideki aún no puede igualar la fuerza y velocidad de Kiba y Koneko respectivamente, eso será mientras avanza la historia
Cuando me imaginaba el traje de Hideki siempre lo vi como el que usa Nightwing en Batman Arkham Knight, me perdonan si no son las mejores imágenes, pero fueron en la que a mi parecer se veía mejor el traje. Eso si imaginen que tiene el antifaz normal no este que parece estar conectado al traje
Eso si imaginen que tiene el antifaz normal no este que parece estar conectado al traje
Extra: ¡No existo!
Hideki había estado mirando el mismo vaso vacío de ramen instantáneo durante lo que parecían horas, perdido en sus pensamientos. Su cabeza daba vueltas y una migraña punzante amenazaba con dividirle el cráneo mientras intentaba comprender la magnitud de su situación.
Frustrado, lanzó una patada al vaso, que salió rodando hasta el otro extremo del callejón que había convertido en su "hogar" durante la última noche.
Con solo 20.000 yenes en el bolsillo (que se habían reducido a 16.600 después de la "nutritiva" comida de ramen y una botella de agua, y algo de ropa para no seguir usando su traje de héroe), necesitaba desesperadamente una fuente de ingresos. Dormir en la calle, aunque incómodo, era manejable por ahora. Su traje de héroe, aunque no el más cómodo, al menos le protegía del frío.
Aún enfadado, frustrado y con el estómago gruñendo, Hideki decidió moverse. Sus ojos necesitaban un descanso de la miseria que lo rodeaba. Tal vez explorar la ciudad le ayudaría a aclarar sus pensamientos. Una biblioteca sería un buen lugar para empezar, y lo mejor de todo: era gratis.
Dejando atrás la parte sucia y probablemente zona roja de la ciudad, Hideki caminó hacia el centro. Había visto un mapa en una parada de autobús y ajustó su rumbo en consecuencia. Al menos la ciudad no era demasiado grande. Una pequeña bendición en medio del caos.
Después de caminar unos 30 minutos, sin detenerse siquiera para recuperar el aliento, llegó a su destino. La biblioteca era moderna, limpia y acogedora, como si hubiera sido renovada recientemente. Mientras miraba su reflejo en la puerta de cristal, al menos parecía menos un vagabundo y más un estudiante universitario desaliñado.
Al entrar, sintió una cálida ráfaga de aire que le devolvió algo de vida. Quizás tendría que reconsiderar su "cama" en la calle. A medida que cruzaba el vestíbulo, el hombre en el mostrador de recepción le lanzó una mirada fugaz antes de volver a su trabajo, sin decir nada.
Pero nada de eso importaba.
Minutos mas tarde, Hideki salió de la biblioteca más rápido de lo que había entrado, luchando por contener su respiración agitada. Su investigación lo había llevado a una conclusión aterradora: no existía. No había rastro de un chico de 17 años llamado Hideki Saito en este mundo. Ningún Saito Onoki de 68 años, su abuelo, un hombre que había trabajado como esclavo corporativo toda su vida. No existía.
Las lágrimas comenzaron a agolparse en sus ojos al aceptar esa cruda realidad. Cada búsqueda que había hecho en las bases de datos confirmaba lo mismo: no existía ninguna Preparatoria U.A., la academia de héroes más prestigiosa de Japón y de Musutafu.
Nada.
Su vida, su identidad, su mundo... todo había desaparecido.
No tenía certificado de nacimiento, ni identificación, ni pruebas de escolaridad. Conseguir un trabajo legal era imposible. Y aunque milagrosamente lograra encontrar uno, dudaba que le pagaran lo suficiente para permitirse un apartamento en la ciudad. Además, ¿qué propietario confiaría en un chico de 17 años que no puede probar ni su nombre, mucho menos su capacidad de pagar el alquiler? Seguramente también había leyes que impedían a menores trabajar sin autorización.
El aire fresco de la tarde golpeaba su rostro cuando salió de la biblioteca, pero Hideki apenas lo notaba. Cada paso que daba resonaba como un eco vacío en su mente. Las calles, las personas que pasaban a su lado, todo parecía borroso, distante, como si el mundo entero se hubiera vuelto irreal, ajeno a él. Era como si estuviera atrapado en un sueño del que no podía despertar, uno en el que no tenía ningún control.
Caminó sin rumbo, sin importar a dónde lo llevaran sus pies. Cada pensamiento volvía a la misma oscura verdad: no existía. Era un fantasma en un mundo que no reconocía su existencia. Nadie aquí sabía quién era, ni lo que había sacrificado, ni lo que había enfrentado.
De repente, el cansancio lo golpeó como una ola. Su cuerpo, aunque resistente por años de entrenamiento, finalmente cedía a la presión. Encontró un banco en un parque desierto y se dejó caer en él, apoyando la cabeza entre sus manos. El dolor de cabeza regresaba, pero esta vez era más emocional que físico. La sensación de desesperanza se instalaba en su pecho, pesada, como una piedra que no podía levantar.
"¿Qué hago ahora?" pensó, su mente en un torbellino. No había héroes a los que acudir, no había amigos, no había U.A., no había nada. Estaba solo. Tan solo como cuando sus padres lo abandonaron. La misma herida, la misma sensación de vacío.
Pero en lo más profundo de esa desesperación, algo dentro de él se resistía a rendirse. Esa pequeña chispa, ese fuego indomable que había mantenido vivo a Hideki incluso cuando todo parecía perdido. Había sobrevivido antes sin un quirk, había peleado por su lugar en un mundo que lo consideraba débil. Si algo había aprendido era que no podía depender de nadie para salvarlo. No podía esperar un rescate.
Respiró hondo, levantando la cabeza y mirando al cielo que empezaba a teñirse de naranja con el atardecer.
—"No soy alguien que se rinde tan fácilmente" —se dijo en voz baja, recordándose a sí mismo lo que lo hacía diferente. No tenía un quirk, pero tenía algo que muchos otros héroes no: una voluntad inquebrantable.
En ese momento, una brisa suave agitó las hojas de los árboles cercanos. Algo dentro de él se tranquilizó, aunque solo un poco. No había soluciones fáciles, pero estaba decidido a encontrar una salida. Necesitaba información, y no solo sobre su inexistencia, sino sobre este nuevo mundo. Debía entenderlo. Y para eso, tendría que ser astuto.
Se puso de pie, ajustando su abrigo, y decidió que su próximo destino sería un lugar donde pudiera obtener respuestas. Había mencionado la biblioteca, pero tal vez debía apuntar a algo más... algo que le diera una visión más amplia de la ciudad y del mundo sobrenatural en el que ahora estaba atrapado.
—"Un paso a la vez, Hideki. Un paso a la vez."-
Con esa determinación renovada, Hideki se preparó para enfrentar lo que fuera que este nuevo mundo le lanzara. No tenía superpoderes ni un quirk que lo respaldara, pero tenía algo que nadie podía quitarle: su espíritu indomable.
Fin espero les haya gustado
