"Qué dolor más estúpido" no tardó en pensar Yasuo al levantarse tras una noche solitaria en compañía. Si se le puede llamar así es por la soledad que siente uno al estar rodeado de gente que te desconoce, con interés ninguno en tu persona. Gente que suficiente tiene con lidiar con sus problemas como para acercarse a alguien que parece uno. El dolor que proviene de la mezcla de la ironía y la resaca.
Continuar andando tras lo ocurrido, meses atrás, parece una proeza en sí mismo. Ni digamos andar con una dirección en mente. "Llegaré a hacerlo" se dijo, convencido de que en algún momento, cobrará sentido todo lo que ha hecho, que aprenderá de lo que pasó.
Nada es, ni ha sido, fácil. Fallar ante una cuestión de vida o muerte es de las sensaciones más horrorosas que ha podido padecer. Tener que reincidir en dicho fallo, la peor parte. Porque se podría decir que fue un estúpido con buenas intenciones, pero la confianza rota y el asesinato real que cometió, no le permiten creérselo. Y vivir diciéndose que es un monstruo desmerecedor de todo lo bueno que le pueda ofrecer la existencia, le está dando aún más problemas en los que ya ni quiere trabajar.
Fuera de su diálogo interno, necesita continuar andando. La espada su única compañía, la flauta proporcionándole algo parecido a la calma. Y con sus pocas pertinencias y el dolor físico y mental, emprende de nuevo el camino, esperando que el universo le proporcione lo que le corresponda.
