Andar por el bosque debe ser de lo más agradable que ha hecho X en un tiempo. Al menos el paisaje es bonito, no hay personas acabando con la tranquilidad que se respira y si se encuentra a algún animalito por el camino ya lo podemos considerar un buen día.

La idea es llegar cuanto antes a la ciudad jonia en la que debe completar sus quehaceres. Entre ellos la entrega de una carta a Irelia y la impresión de su último poemario. No está finalizado, pero necesita copias para poder completarlo de forma satisfactoria. De hecho, cree que puede llegar a ser popular, aunque no sea de sus obras preferidas. Toca diversos temas que están en boca de todo el mundo (la guerra, la muerte, el dolor...) y les da una perspectiva de superación que la gente puede encontrar reconfortante. Si permite que haya un par de personas dispuestas a acabar con la miseria lo considerará todo un logro, dadas las circunstancias actuales.

La carta para Irelia es algo contradictoria en este aspecto. La ha escrito su padre, A, un buen hombre dedicado a la consejería. Cobra una miseria por no estar adscrito a ningún gobernante en concreto, hacer trabajos esporádicos. Poco confliable entre las altas esferas por su falta de fe en cualquier asunto que no tenga que ver con su familia. Envía en ella un aviso para las tropas jonias de no iniciar las batallas contra Noxus. De perseverar en las fronteras, pero recular cuando las fuerzas no se pueden dispersar, concentrarlas a ellas y a la población en las principales ciudades.

Volviendo a su camino, deja de concentrarse tanto en el paisaje y se dedica a acelerar el paso, que aún se le hará tarde. Cuanto antes pueda acabar con las tareas, antes podrá volver con su familia, que ahora mismo está muy lejos de donde se haya (viven en un pueblo de la frontera entre Shurima y Zaun).

A menudo piensa en su hermano, B, que esta vez ha tenido que quedarse en casa. Es un par de años menor que ella (él tiene 24, ella 26) y el chico más bueno que ha conocido jamás, incluso más bueno que su padre: un absoluto trocito de pan. Va a casarse con su amiga de la infancia, C, una chica de shurima de lo más amigable que podrías echarte en cara. Atractivo e inteligencia tampoco le faltan, el chico sabe elegir muy bien a sus amistades y pareja. La boda se celebrará en un año y ella va a ayudar a organizarlo todo, por supuesto.

Ha calculado que para este viaje iba a necesitar dos meses, uno de ida y otro de vuelta, teniendo en cuenta que sus opciones de transporte irán variando a medida que cruce los distintos pueblos y ciudades del camino. De haber tenido un caballo propio a su disposición habría necesitado la mitad del tiempo.

Aún así, camina rápido, sin pausa menos para las necesidades básicas, "si no se entorpece el asunto, llegaré en poco a la ciudad" piensa, no creyente del gafe.

Hizo falta menos de una hora para que la casualidad le demostrará que se puede acabar con la calma en un chasquido de dedos. El sonido de ramas crujiendo a su espalda la pone en alerta y al girar, no ve a nadie, pero no cesa de sonar algo moviéndose por las copas de los árboles. Al elevar la vista, ve alguna especie de ser a gran velocidad pasando de una rama a otra. Podría jurar que es un humano si no fuera porque le sorprendería de sobremanera.

Sus dudas se disipan cuando dicho ser salta sobre su cabeza, prácticamente. La intercepta por delante y tiene que hacer un esfuerzo por no caerse de culo. "Joder, hay que tener mala suerte en esta vida" logra decirse antes de que el encapuchado que tiene delante de un paso en su dirección.