Albedo y el perro
En en reino hechicero, se encontraba vagando por sus calles un animal callejero, comúnmente conocido su especie como perro, a duras penas sobreviviendo, aunque sus preocupaciones en esa época no era por la comida o un refugio, era por aparentemente, era época de aparentemente entre su especie, pero como siempre nunca a conseguido nada.
Así era desde siempre, siempre otros perros lo apartaban, desde que era joven nunca logró aparearse ni una sola vez en su vida.
Solo que está vez había algo diferente en él, se sentía viejo, en todos sus años con vida nunca logró aparearse, nunca logró dejar descendencia, sentía que había fallado como ser vivo.
El ya estaba resignado a este cruel destino, veía con envidia como otros de su especie lograban copular, solo decidió alejarse, caminando por la calle principal cerca de la alcaldía de la ciudad, fue en ese momento que sintió un olor, sus agudas fosas nasales sintieron un dulce olor, embriagador y adictivo. Venía del edificio principal.
El instituto le decía que debía ir, pasando por la puerta principal, tras cruzar a los guardias undead's, pues estos no lo detectaban como amenaza, entro a la residencia.
Caminando por los pasillos decorados con lujos y alfombras rojas, no veía ni un solo ser vivo, ni siquiera esos humanos que eran tan comunes. Continúo caminando guiandose por el olor, su instinto solo le decía que lo siga.
El olfato lo llevo hasta unas grandes puertas de madera, decoradas en el exterior, dónde adentro se escuchaban unos ruidos extraños, parecía ligeramente abierta tratando de empujar con su hocico la entrada, pues la puerta no parecía tener seguro, ni estar bien cerrada, logró meter su cabeza y la vió...
Había lo que para él parecía una humana, solo que llevaba unas alas negras en la espalda, completamente desnuda de la cintura para abajo, se encontraba en el suelo boca abajo con el tracero levantado mientras una mano estaba en su entrepierna, ella soltando gemidos y jadeos.
Para ser un perro se sorprendió pero no parece que el humano le haya detectado, estaba más absorto en su actividad, entro con delicadeza sin hacer que la puerta haga ruido, y la vió mejor.
En efecto, era ella, era de ella quien salía ese olor tan particular, durante gran parte de su vida había estado rodeado de humanos, pero nunca había sentido algo así por ninguno de ellos ni siquiera por las hembras humanas, este humano alado era especial, estaba ovulando, lo sentía, estaba en celo y lista para el apareamiento.
No sabía cómo pero sentía que si lo hacía con esta humana, al fin tendría descendencia, al fin habría cumplido su propósito como especie.
La humana está absorta en lo que hacía, pero tampoco quería acercarse tan rápido, tenía que esperar el momento perfecto, aunque nunca se había apareado, en el pasado cuando lo intento con miembros de su especie, nunca logró nada por su impaciencia, hasta que otro macho le quitaba. Pero este momento no estaba para cometer errores, tenía que tener paciencia y esperar el momento indicado.
La humana no paraba de tocarse, un olor fuerte impregnaba el ambiente, dónde solo los sonidos del placer se encontraban en esas paredes, aunque la paciencia era la clave era difícil contenerse.
Fue cuando llegó, la humana comenzó a estremecerse más y su movimiento se aceleró, soltando al final de éste un aullido de placer, mientras su cuerpo parecía descansar un momento en el suelo, se contorseonaba, dónde parecía que tenía espasmos, y un líquido salía de su entrepierna y mojaba todo el suelo, su vagina palpitaba mientras estaba empapada.
Por alguna razón ese aullido de éxtasis, lo inquieto, su miembro estaba queriendo salir, el momento había llegado, se acercó rápidamente donde se posicionó sobre el trasero de la humana, alineando su polla con la entrada vaginal, lo metió de una sola embestida. Justo antes que la humana pueda reaccionar y evite el proceso.
No le dió tiempo ni de reaccionar a esta humana alada, pero cuando metió su polla por completo soltó un grito agudo, parecía de dolor, pero no le importaba, como perro inmediatamente empezó a embestir, lo más rápido y salvaje sin consideración por su pareja, aferrándose con todas sus fuerzas s su caderas, solo quería aparearse con esta hembra. Las alas de la humana se agitaban, pero tampoco hacía nada para quitárselo de encima.
Mientras el solo sentía como su miembro era apretado por la vagina, era estrecho y sentía como vibraba, como si fuera de... Dolor o placer.
La humana parecía inquieta, soltaba jadeos pero no eran como los de hace ratos de placer o lujuria, sino más bien de impotencia, fue cuando soltó un gritó y la miró a la cara.
Su mirada solo reflejaba ira y rabia y aunque antes no lo había notado está humana tenía cuernos lo cual para él le hacía ver más aterradora.
Por un momento se planteó quitarse, pero su cuerpo no paraba de moverse, sus instintos de reproducción eran más fuertes, pero sentía que si no lo hacía iba a morir
Fue cuando obtuvo un golpe de suerte, a lo lejos fuera de la habitación escuchó algo, unas pisadas, sentía que estaba acercándose alguien y aparentemente la humana también lo notó, cambió la mirada a una de desconcierto y fue cuando se le ocurrió una idea, empezó hacer ruidos. La humana lo miró con desconcierto y temor, dónde cada vez las pisadas se oían más cerca, justo estaba listo para empezar a aullar y llamar la atención de cualquier que esté afuera, la humana se acomodó.
Abrió más las piernas dando una posición mejor, y bajo su mirada al suelo en muestra de sumisión, lo había logrado la humana estaba aceptando aparearse, dónde por miedo al ser descubierta en tal acto solo se resignó, para que el perro no haga más ruido del que ya estaba haciendo desde el principio.
Pues claro, el perro en todo ese lapso de tiempo no paró de mover sus caderas, dónde solo se escucha sonidos de chapoteos o aplausos, cuando sus caderas se tocaban.
Las pisadas se acercaron justo a la puerta, pero se pasaron de largo, con salvajes movimientos, sentía como su pene se acoplaba perfectamente a las paredes vaginales, sentia como el glande chocaba con su cuello úterino, mientras la base del pene se hinchaba un poco y salía y entraba de la vagina con fuerza.
Se sentía tan bien, el éxtasis y el placer era algo inimaginable, sentía como las paredes vaginales se acomodaron a la perfecta forma de su miembro metiendo presión para que el disfrute sea mayor, mientras los pliegues trataban de pegarse a su miembro en constante movimiento donde solo lo estimulaba más. Mientras soltaba líquido preseminal para que la experiencia sea mejor.
No sabía que podía sentirse así hacer cachorros, el apareamiento era lo mejor del mundo, se lamentaba el no haberlo hecho antes, haber sabido habría luchado más por conseguirlo. Aunque también se planteó que fuera solo está hembra la especial.
Dónde si tenía razón, ya que los líquidos que soltaba la hembra eran afrodisíaco que su pene está absorbiendo haciendo que sea más placentero el sexo, como también aumentar el tiempo de apareamiento.
Continúo con ese violento apareamiento por al menos diez minutos, hasta que lo sintió ya era hora, el momento de la verdad, sentía como su miembro se agrandaba más y como la base se hinchaba aún mayor volumen, atorandose en la entrada vaginal, sus movimientos se detenían de a poco, acomodando su miembro a la perfección en la vagina, la punta se posicionó justo en la entrada del cuello úterino, mientras aún soltaba líquido preseminal y las paredes vaginales sujetaron el miembro aumentando la presión sobre el pene viril, dónde al final el nudo de la base se terminó de agrandar, atorandose por completo en la entrada vaginal.
Dando por fin su lazo copulatorio.
Sintió como empezó a salir, su semen caliente estaba siendo inyectado en el útero de esta humana donde daría a luz a sus cachorros, al fin había cumplido su misión como especie, chorro tras chorros había empezado a llenarla de poco.
Pasando menos de un minuto, su instinto le dijo que debía voltearse dándole la espalda, aún con el abotonamiento y continuando llenando a la hembra, se volteó, aunque no fue fácil ya que cuando levantó la primera pata sus alas estorbaban, lo mismo con la segunda, su alas estaban extendidas y firmas, como si fuera un pájaro a punto prender vuelo, pero aún así una vez que estuvo trasero contra trasero, se sentía tan natural, ahora estaba pegado con ella, su nudo de amor, el que daría el fruto de sus hijos, le encantaba la idea. Trasero contra trasero, este era un verdadero apareamiento de perros.
Aunque solo escuchaba gruñidos y lamentos de la humana, mientras hablaba en voz baja, mientras hacía rechinar los dientes de una sed de ira pura.
Algo decía que la humana no estaba tan felíz como él con la idea de traer descendencia al mundo, lo cual también lo desconcertaba, ya que era el objetivo de toda especie viva el traer una futura generación para asegurar a la especie, era su deber como ser vivo, no sabía porque la humana soltaba una intensa sed de sangre.
Pasaron los segundos, los minutos hasta llegar a la hora, así es por una hora estuvieron pegados, aunque el perro ya había terminado de chorrear su carga dentro de ella hace mucho, soltando solo ahora pequeños chorros de contingencia, la vagina de la humana se negaba a soltarlo, su nudo se había encogido un poco, pero aún así la vagina de la hembra fértil se negaba a soltarlo acomodándose al tamaño, que por alguna razón aseguró su agarre con más fuerza.
La hembra también parecía cansada, aunque en ningún momento en todo este tiempo disminuyó la ira y rabia en esa sed de sangre, parecía que no tenía control de su cuerpo.
Pasaron los minutos otra vez y aunque el nudo poco a poco desaparecia, la vagina de la hembra no quería soltarlo, pasando otra hora más, no tuvo más opción que estirar con todas sus fuerzas, lo que provocó que la hembra se queje, pero no tenía más opción él ya había vaciado todo lo que tenía y más dentro de ella, de hecho se podía ver como una pequeña himchanzo en la parte inferior del vientre de la hembra, como si ya estuviera embarazada.
Jaló y estiró con todas sus fuerzas, sentía como su miembro iba a ser el que se desprenda, sentía dolor, pero no había otra opción. Hasta que sus frutos dieron recompensa, poco a poco empezó a salir, pero la hembra solo empezaba a gritar y gruñir de dolor, sus alas se agitaban con violencia y sus manos rascaban el suelo, dió todo lo que tenía y salió.
Cuando volteó a mujer humana, la vió recostada en el suelo, rendida, parecía sin fuerzas, cuando mirada se poso en la vagina de la mujer, chorros de semen salían, ya que sin el nudo todo ese contenido de vida genética salía, aunque notaba algo raro, ya que era un color rosado claro en lugar de blanquecino.
Se acercó y decidió limpiar a su hembra, así es, era su hembra ya que ahora que estaba marcada por él, la quería reclamar como suya, se acercó su osico a la entrada vaginal y empezó a limpiar a su pareja. Aunque al hacerlo sentía un extraño sabor ya conocido, era un sabor metálico, era un sabor a sangre.
Pero antes de ni siquiera pensar el porque ese sabor, la hembra se levantó, colocándose sobre sus dos pies se puso de pie, aunque con algo de torpesa, aún con las piernas medio separadas y sigue chorreando semen de su vagina, le estaba dando la espalda, dónde con movimiento torpesa movía sus pies, se dió media vuelta para encarar al perro que le había deshonrado.
Muerte.
Al mirar su cara solo pudo ver la muerte, una intensa sed de sangre llenaba la habitación, dónde sus ojos hervian de rabia. No sabía el perro que hacer, no sabía que responder, el pensaba que después de limpiar se volvería su pareja para siempre donde lo harían otra vez en algún otro momento para traer más cachorros al mundo. Seguir con el ciclo de la vida.
Pero en lugar de eso, solo enfrentó esto.
La hembra estiró su mano en el aire dónde por alguna extraña razón se puso oscura desapareciendo en el abismo en esa cosa negra, pero de la misma nada y de forma inexplicable apareció lo que para él era un hacha de gran tamaño.
De color negra que parecía que absorbia toda luz, un arma que irradiaba un inmenso poder que solo traería muerte a sus víctimas y él sabía que sería un de ellas.
Quien diría que su propia hembra sería quien le fuera arrebatar la vida, aunque no lo considero un mal final. Ella fue quien le ayudó en su misión de vida como especie además de darle el mejor momento de toda su vida, estaba agradecido con su hembra como nunca lo estuvo con nadie más en todo el mundo, si ella quería su vida estaba dispuesta a darla.
Mientras veía como ella levantaba el arma en lo más alto sobre su cabeza en una posición de ataque directo, no sentía nada más que paz y gratitud, ella merecía todo el mundo si pudiera dársela y su vida era algo muy insignificante. Pero al final aún tenía un deseó egoísta más.
Deseaba que su pareja crie a sus cachorros con amor y cariño, para que tengan una buena vida llena de felicidad...
En ese último pensamiento el arma cayó con extrema violencia, con dirección al cuerpo del animal, en menos de un instante, en menos de un segundo, todo se oscureció.
El perro murió.
