Capítulo 21:
Un Juego Desigual [ II ]
—¿Realmente deseas que lo conozca justo ahora? ¿No sería mejor esperar a que… lo recuerde? —
Preguntó Yuya con voz baja, apenas manteniendo el paso tras Hoshiyomi, quien avanzaba con su característico aire de seguridad inquebrantable.
El ambiente a su alrededor era opresivo, como si las paredes del edificio quisieran cerrarse sobre ellos.
Sin embargo, la mención del hermano menor de Hoshiyomi había sembrado en Yuya una curiosidad inquietante, esa clase de interés que crece sin permiso, como hierba en primavera, persistente e imposible de ignorar.
Hoshiyomi no respondió de inmediato, lo que no era raro en él.
Caminaba con un ritmo deliberado, su elegante figura destacando incluso bajo las luces fluorescentes del pasillo.
Yuya, por su parte, intentó llenar el incómodo silencio con alguna conversación, pero cada intento suyo chocaba contra la indiferencia calculada del otro.
Cada pregunta era esquivada con la destreza de alguien acostumbrado a controlar el ritmo de cualquier interacción.
Cuando finalmente Hoshiyomi rompió el silencio, lo hizo de manera inesperada, desviando por completo el tema:
—Yuya, para tu próximo combate. ¿Te interesaría usar algo acorde a la escuela a la que te enfrentarás? —
El repentino cambio dejó a Yuya desconcertado. Por un instante parpadeó, intentando procesar el salto de tema.
—¿Eh? —Balbuceó, visiblemente perdido. Pero al ver la mirada tranquila de Hoshiyomi, decidió seguir el flujo de la conversación como si nada extraño ocurriera—. ¿Algo acorde? ¿Como qué, exactamente? —
Hoshiyomi se detuvo justo frente al ascensor, sus dedos largos y elegantes presionando el botón con una calma irritante.
El leve ding del ascensor resonó en el pasillo vacío antes de que las puertas se abrieran.
Una vez dentro, esperó a que Yuya se uniera a él antes de continuar, con ese tono juguetón que a menudo confundía dulzura con malicia.
—Tu próximo contrincante es una joven tarotista muy destacada. Su escuela es... particular, parece un castillo embrujado. Y su estadio de duelo tiene una atmósfera sombría, un escenario perfecto para las artes adivinatorias. —Hoshiyomi hizo una pausa, mirando a Yuya como si evaluara algo más que sus palabras—. Pensé que podríamos vestirnos para la ocasión. —
La sola insinuación encendió las mejillas de Yuya, quien desvió la mirada hacia la puerta del ascensor.
—¿Te refieres a una capa y ropas oscuras? —Preguntó con cautela, intentando no sonar tan avergonzado como se sentía.
Pero Hoshiyomi no perdió la oportunidad de intensificar la incomodidad.
—No exactamente —Murmuró, dejando escapar una risa apenas perceptible, casi como un susurro que se burlaba del desconcierto de Yuya—. Pensaba en algo más atrevido… ¿qué tal una falda, botas altas, chaqueta y un top? —
—¡¿Cómo dices?! —Exclamó Yuya, sintiendo cómo su rostro ardía.
El ascensor se llenó de la carcajada de Hoshiyomi, una risa melodiosa pero peligrosa, como el eco de una amenaza disfrazada de juego.
La risa apenas se extinguió cuando las puertas del ascensor se abrieron, revelando la siguiente escena.
Frente a ellos, un hombre esperaba con evidente mal humor.
Sus ojos esmeralda, opacados por profundas ojeras, observaban con severidad.
Su cabello naranja parecía desafiar la gravedad, una corona caótica que contrastaba con su ropa holgada y oscura.
Sujetaba una tableta en una mano, mientras su mirada afilada se clavaba primero en Hoshiyomi y luego en Yuya.
—Parece que se divierten —Gruñó, su voz áspera y amarga reflejando perfectamente su apariencia cansada.
Hoshiyomi, lejos de intimidarse, dejó que su sonrisa juguetona se tornara en una peligrosa curva de sus labios.
—¿Tan confiado estás de hablarme así, Tokiyomi? Que yo recuerde, aún puedo despedirte —
Respondió con un tono cargado de amenaza velada, aunque sus movimientos seguían siendo deliberadamente elegantes, como si cada palabra estuviera coreografiada.
—¿Y tú? ¿Tan confiado estás como para ignorar mis mensajes todo el día? —Replicó Tokiyomi, manteniendo su postura desafiante.
Yuya observó la interacción desde un paso detrás de Hoshiyomi, incómodo por el cambio repentino de ambiente.
Pero antes de que pudiera decidir si intervenir o mantenerse al margen, sintió cómo Hoshiyomi lo empujaba sutilmente hacia atrás, protegiéndolo de forma instintiva.
La tensión entre los dos hombres era palpable.
El brillo de sus miradas era como el filo de dos espadas cruzándose en un duelo silencioso.
—Pareces una novia despechada —Bufó Hoshiyomi, ladeando la cabeza mientras su cabello dorado caía en una cascada impecable.
—¿Y tú, un esposo ausente? —Tokiyomi alzó su tableta, mostrando algo en la pantalla que únicamente Hoshiyomi podía ver.
La sonrisa de Hoshiyomi desapareció, reemplazada por una frialdad que hizo que Yuya se estremeciera.
Aunque no podía ver qué era lo que Tokiyomi le mostraba, el cambio en la postura de Hoshiyomi le reveló que la información era grave.
—Las lecturas recientes indican que 'ellos' lo encontraron primero —dijo Tokiyomi con seriedad—. Pero aún no sabemos si actuarán o si permanecerán en silencio. —
Yuya observó cómo los hombros de Hoshiyomi se tensaban.
Algo en el aire había cambiado, y el joven duelista no podía evitar sentirse como un intruso en un territorio que no comprendía del todo.
—¿Los espías no han reportado nada? —Preguntó Hoshiyomi con un tono firme, casi gélido.
—Nada. Y el niño Akaba tampoco ha hecho ningún movimiento —Respondió Tokiyomi, al tiempo que su mirada se dirigía nuevamente hacia Yuya. Como si recordara de repente que él estaba allí, su expresión se suavizó, transformándose en una sonrisa más calculadora.
—¡Vaya! ¿No es este el célebre Sakaki Yuya? Es un honor verte de nuevo. —
Yuya se sobresaltó ante la repentina atención del hombre, respondiendo con torpeza:
—Un gusto… Soy Sakaki Yuya, actualmente patrocinado por las Industrias Arckumo. —
—Sí, sí, se habla mucho de ti. —Tokiyomi esbozó una sonrisa cínica antes de agregar con tono burlón— ¿Y cómo no hacerlo? Se dice que eres tan grande que has idiotizado a nuestro jefe. —
El color abandonó el rostro de Yuya. ¿Qué significaba eso?
—¿No te estás tomando demasiadas libertades? —Intervino Hoshiyomi, jalando del cuello a Tokiyomi para apartarlo.
—Quizá —Respondió Tokiyomi con indiferencia, antes de girarse hacia Yuya con una sonrisa aún más peligrosa—. Mi nombre es Arclight Tokiyomi. Y tú y yo, Sakaki Yuya, volveremos a ser cómplices, como lo fuimos en tu vida anterior. —
Yuya sintió cómo un escalofrío recorría todo su cuerpo.
"¿También él pertenece a mi vida pasada?"
Sin darle tiempo a procesar, Hoshiyomi lo tomó por los hombros, llevándolo hacia el interminable pasillo mientras Tokiyomi lanzaba una última advertencia:
—No podrás protegerlo para siempre. —
"¿Qué...?"
Yuya parpadeó, sintiendo que una pesada niebla cubría su mente.
Era como si algo en su interior intentara despertar, pero permanecía atrapado tras un muro de sombras impenetrables.
Entre la inquietud de saber que algo lo vinculaba a su vida pasada y el desconocimiento que lo envolvía, solo le quedaba una cosa clara: nada tenía sentido.
Sin embargo, lo que sí lo perturbaba era la sonrisa de Hoshiyomi. Estaba ahí, decorando sus labios, pero en sus ojos no había calidez, sino una extraña mezcla de quietud y tormenta.
—Por favor, ignora a ese tipo que no sabe cuál es su lugar. —
Yuya frunció ligeramente el ceño.
—Yo... ¿Lo conocía? —
La simple mención del pasado provocó que Hoshiyomi se detuviera de forma abrupta.
Su sombra pareció alargarse bajo la débil luz, como si cubriera todo a su alrededor, incluso a Yuya.
En ese instante, su mirada azul se oscureció, cargada de un sentimiento que desapareció tan rápido como llegó, dejando a Yuya con una sensación de vacío extraño.
—¿Está todo bien? —preguntó Yuya, inseguro.
Hoshiyomi lo observó por un momento, como si evaluara cada una de sus palabras antes de responder. Luego, su sonrisa volvió, aunque esta vez parecía más sincera… o tal vez solo más peligrosa.
—Te prometí que, si ganabas en el juego de "dos verdades, una mentira", podrías hacerme cualquier pregunta, ¿verdad? —Su tono era suave, pero algo en él hacía que el aire se sintiera más denso.
Yuya asintió lentamente, aunque no estaba seguro de hacia dónde se dirigía la conversación.
—Hagamos eso. —
Era como si Hoshiyomi lo estuviera guiando hacia un abismo desconocido, y aunque una parte de él deseaba resistirse, algo lo empujaba a seguir. Como un buceador atrapado en la corriente, no tuvo más remedio que dejarse llevar.
Yuya trató de mantener la calma y, fingiendo una sonrisa, lanzó su propuesta.
—Está bien. Empiezo yo: Por las mañanas hablo con Yuzu, por las tardes compro muchos dulces, y por las noches atiendo a un niño malcriado. ¿Cuál es la mentira? —
Hoshiyomi ni siquiera titubeó.
—Por las tardes compras muchos dulces. Yuya, aunque amas el dulce, detestas llenarte de ellos. —
Un escalofrío recorrió la columna de Yuya. Era aterrador lo bien que lo conocía. Asintió con una sonrisa tensa.
—Has ganado. Tu turno. —
Los ojos de Hoshiyomi brillaron con un destello malicioso. Dio un paso más cerca de Yuya, quien sintió cómo la distancia entre ambos comenzaba a desmoronarse.
—Por las mañanas suelo ejercitarme, por las tardes intervengo en la vida de mi antiguo esposo, a quien amo, y por las noches castigo a los culpables que me lo arrebataron. ¿Cuál es la mentira? —
El cuerpo de Yuya se tensó. Cada palabra parecía una cuchilla afilada que cortaba el aire a su alrededor. Intentó buscar la respuesta en el rostro de Hoshiyomi, pero no encontró más que un mar insondable.
—Por las mañanas haces ejercicio —dijo al fin, dejando atrás las opciones más dolorosas.
Hoshiyomi soltó una carcajada baja, resonante, que hizo que los cabellos de Yuya se erizaran.
—Vaya, ¿a tus ojos soy tan mezquino y cruel? Estoy herido, de verdad —bromeó, aunque sus ojos destellaron con un brillo oscuro.
Yuya no entendió a qué se refería hasta que Hoshiyomi añadió:
—La mentira era: por las tardes intervengo en la vida de mi antiguo esposo. Te prometí que no volvería a manipular tus decisiones ni tu entorno, ¿lo olvidaste? —
Yuya sintió un calor subirle al rostro, avergonzado por no haber considerado esa opción.
Iba a replicar algo, pero Hoshiyomi se inclinó hacia él con una suavidad que era más inquietante que tranquilizadora.
—Parece que has perdido, pero no te preocupes, tengo un premio de consolación para ti. —
Antes de que Yuya pudiera procesar esas palabras, Hoshiyomi se acercó aún más. La calidez de sus labios rozó apenas la comisura de los de Yuya, dejando un beso suave, lleno de algo inexplicable que hizo que su corazón comenzara a latir frenéticamente.
"¿Qué…?"
El cuerpo de Yuya se sacudió como si lo hubieran atravesado con electricidad. Esperaba que fuera incómodo, incluso desagradable, pero en lugar de eso, sintió algo que lo dejó completamente aturdido.
"¿Por qué mi corazón está latiendo así?"
Quiso protestar, pero las palabras no salieron de su boca. En cambio, miró a Hoshiyomi, quien lo observaba con una mezcla de deleite y algo más profundo, algo que Yuya no lograba descifrar.
—Si no querías decirlo, era mejor no hacer nada —murmuró Yuya, tratando de mantener la compostura.
Hoshiyomi ladeó la cabeza, como si el comentario lo hubiera divertido.
—Lo siento. No creí que te molestaría tanto. —
—No es eso. —
—¿En serio? —replicó Hoshiyomi, y esta vez Yuya sintió que su tono estaba cargado de esperanza, una esperanza que lo desarmaba.
Yuya trató de ignorar la extraña atmósfera que se formaba entre ellos, pero era imposible. La cercanía, las palabras de Hoshiyomi, todo lo hacía sentir como si estuviera al borde de descubrir algo crucial… y aterrador.
—Eso quiere decir que, ¿puedo volver a hacerlo? —
"¡¿Qué dijo?!"
Yuya sintió que su mente entraba en cortocircuito. Intentó decir algo que pusiera fin a la conversación, pero las palabras que salieron de su boca lo traicionaron:
—Haz lo que quieras, no me importa. —
El rostro de Hoshiyomi se iluminó de inmediato, como si acabara de recibir el regalo más preciado del mundo.
—Trato hecho. Entonces, a partir de ahora, cada vez que te vea, te saludaré con un beso. —
Yuya lo observó, incrédulo. Quería gritarle que estaba loco, pero algo dentro de él le decía que no serviría de nada.
En ese momento, Hoshiyomi señaló hacia adelante.
—Yuto nos está esperando con Astral. —
Yuya parpadeó.
—¿Astral? ¿Por qué está aquí? —
La sonrisa de Hoshiyomi se tornó más oscura, y sus ojos se llenaron de un misterio que hacía temblar incluso al alma más valiente.
—Porque planeo revelarles cuál será nuestro próximo movimiento. —
"¿Próximo movimiento?"
Y entonces, cuando alcanzaron su destino, Hoshiyomi alzó una mano, deteniendo a Yuya justo antes de que este pudiera dar el siguiente paso hacia la puerta.
Sus ojos azules parecían casi perforar la conciencia de Yuya, atrapándolo en una especie de trance.
Luego, su voz, profunda y cargada de intención, rompió el silencio.
—Yuya, antes de entrar… Hay algo más que quiero pedirte. —
El corazón de Yuya dio un salto. Ese tono, grave pero gentil, como si cada palabra fuera cuidadosamente tejida para envolverse en sus pensamientos, hacía imposible negarse.
—¿Qué cosa? —preguntó, casi temeroso de la respuesta.
Hoshiyomi sonrió, pero la sonrisa no alcanzó sus ojos. Había algo insondable en su expresión, una oscuridad que parecía tan íntima como inquietante.
—Sobre lo que hablamos del pasado… Quiero que no lo menciones. Ni una sola palabra. Yuto no sabe nada, y es mejor que siga siendo así. Por ahora. —
—¿Por ahora? —
Yuya frunció el ceño. Había algo en esas palabras que lo ponía nervioso, como si Hoshiyomi estuviera trazando un plan que no compartía con nadie más.
—Es por su bien. Y por el tuyo —continuó Hoshiyomi, inclinándose ligeramente hacia él. Su voz bajó hasta convertirse en un susurro—. Él necesita concentrarse en el presente, no en el peso de lo que no recuerda. Pero tú… —Su mirada se suavizó por un momento—. Tú lo sabes. Y confío en ti para proteger ese secreto, Yuya. —
El estómago de Yuya se revolvió. ¿Proteger un secreto? ¿Proteger a Yuto? ¿O era a Hoshiyomi a quien estaba protegiendo?
La petición lo desarmó por completo, pero antes de que pudiera formular un pensamiento claro, Hoshiyomi extendió una mano, invitándolo a unirse en un gesto simbólico que hacía que todo pareciera más íntimo.
—¿Puedo contar contigo? —dijo Hoshiyomi, sus palabras bañadas en una mezcla de sinceridad y misterio.
Yuya tragó saliva. Algo dentro de él quería resistirse, pero al mismo tiempo, una inexplicable necesidad de no fallar a Hoshiyomi lo dominó.
—Está bien —murmuró, evitando el contacto visual.
—Gracias, Yuya. Sabía que lo entenderías. —
El suave murmullo de esas palabras fue suficiente para hacer que un escalofrío recorriera su columna.
La mano de Hoshiyomi tomó la suya, como un recordatorio de la confianza que acababa de depositar en él. Luego, sin más preámbulos, el hombre empujó las puertas frente a ellos.
Yuya sintió que su respiración se detenía por un instante.
Del otro lado, la habitación estaba bañada por una luz tenue que parecía flotar en el aire, como un hálito que apenas lograba disipar las sombras en las paredes de tonos oscuros.
En el centro, de pie, había una figura que obligó a Yuya a contener la respiración.
El joven tenía una presencia imponente, pero no era la fuerza lo que primero llamó la atención de Yuya, sino la delicadeza casi irreal que emanaba de él.
Su piel, pálida como la porcelana, parecía capturar la luz, mientras que su cabello caía en mechones perfectos, enmarcando un rostro sereno pero cargado de una fragilidad inquietante.
Cuando se giró hacia ellos, sus ojos, grises como la tormenta más silenciosa, se clavaron en los de Yuya.
Hubo un momento en que el tiempo pareció detenerse, y Yuya sintió como si algo en lo profundo de su ser estuviera siendo examinado.
No era solo el porte elegante del joven lo que lo hacía inolvidable, sino el aura etérea que lo rodeaba, como si no perteneciera completamente a este mundo.
"Es… hermoso", pensó Yuya, pero el pensamiento fue reemplazado por un golpe de realidad que lo dejó atónito.
—¿Ese… es Yuto? —
El nombre salió de sus labios antes de que pudiera detenerse, resonando como un eco que llenó el espacio entre ellos.
A su lado, Hoshiyomi apenas movió un músculo, pero su presión en la mano de Yuya se intensificó, recordándole su promesa.
—Recuerda —murmuró Hoshiyomi junto a su oído, su voz acariciando cada palabra como una advertencia—, confío en ti. —
Los ojos de Yuto brillaron brevemente, pero su expresión permaneció inescrutable.
Su postura era firme, cargada de una fuerza tranquila, pero no podía ocultar cierta fragilidad que latía debajo.
Había algo en él que evocaba un lirio bajo la lluvia: elegante, pero vulnerable.
Yuya también percibió un eco de misticismo, una presencia apenas perceptible que parecía tejerse en su aura, como si compartiera un fragmento de un ser aún más grande que él.
Y entonces lo vio.
Detrás de Yuto, apenas perceptible entre las sombras, estaba Astral. Yuya lo reconoció de inmediato, pero algo estaba mal.
Los ojos del peliblanco no lo miraban con la misma calidez de siempre; de hecho, no lo miraban en absoluto.
Astral estaba allí, sí, pero parecía… distante, como si Yuya fuera un extraño más en la habitación.
El impacto fue casi insoportable, pero Yuya respiró hondo, recordando las palabras de Hoshiyomi. No podía perder el control.
"Está bien", pensó, reuniendo todo su valor. "Si esto es parte del juego, lo jugaré."
Con un último vistazo hacia Hoshiyomi, quien ahora lo observaba con una expresión que combinaba satisfacción y expectación, Yuya dio un paso al frente.
Sus ojos volvieron a encontrarse con los de Yuto.
Esta vez, Yuya no solo vio fuerza ni belleza, sino una soledad tan profunda que, por un instante, sintió que el vacío lo devoraba.
Y supo, en lo más profundo de su alma, que todo cambiaría a partir de ese momento.
