IZON SHŌ

Kimi ni

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"Adicción, a ti"

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Anexo IV

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Había una densa sensación de humedad y calor en el espacio que ocupaban. La habitación se había vuelto claustrofóbica y, aun así, ninguno de los dos deseaba salir de ella. InuYasha observaba a su compañera, su pelo oscuro y desordenado en contraste con la piel clara que se tornaba cada vez más enrojecida por el calor acumulado. La escuchaba jadear y suplicar y él sólo deseaba oír más de aquellos intensos ruegos que le prendían la sangre. Quiso pedirle que maldijese si así lo quería, sin embargo se distrajo, por un instante, en la forma delicada de los dedos que se asían de la sábana y a estrujaban como si esperase a que éstas también suplicasen por una clemencia que ninguno quería en realidad. Sintió la presión del interior de Kagome, caliente y ceñida a su sexo, de ese modo elocuente con que el cuerpo de ella le avisaba la cercanía de su culminación. Liberó un jadeo que delataba la poca contención que había en él. Pasó un brazo tras la espalda de Kagome y se echó hacia ella, cuidando de sostenerla con firmeza por la cadera para así entrar en su cuerpo aún con más intensidad.

Escuchó que Kagome murmuraba algo en medio de los estertores de su pasión. InuYasha suspiró un sonido destinado a pedir una aclaración.

Más fuerte —la escuchó decir y todo su cuerpo reaccionó ante aquellas dos palabras. Fue consciente de la tensión en sus músculos y la dureza dolorosa de su sexo.

Se empujó dentro de su compañera, deseando que aquella exquisita tortura tuviese un fin y se hiciese eterna a la vez. Se centró en el modo en que Kagome se agitaba y gemía y le suplicaba a él y a la noche, por ese punto en el que todo pierde su lugar y sólo se podían reconocer el uno al otro. InuYasha consiguió elucubrar una pregunta que quedaría danzando en medio de sus intensas suplicas.

¿Cuándo se habían enamorado realmente?

Aquel cuestionamiento no estaba destinado a obtener una respuesta, más aún cuando su cuerpo se endurecía en respuesta al orgasmo que Kagome comenzaba a experimentar.

La sintió tensarse y temblar en medio de la rigidez. La escuchó quejarse y contener el aliento luego, hasta que el cuerpo le colapsó y se ablando en sus brazos. En ese momento InuYasha se permitió ceder a su propia liberación y ante la intensidad del momento, ansió hundirse en el interior húmedo de Kagome hasta dejar su semen dentro de ella. Quizás fuese ese mismo ímpetu el que lo llevó a confesarse.

Quiero acabar dentro de ti —dejó un murmullo hacia el cuello de ella.

Escuchó a Kagome suspirar y notó la forma en que sus brazos y piernas lo asían con mayor fuerza.

Hazlo —la escuchó aceptar. Estuvo tentado, no obstante negó con un corto y rápido gesto que coincidió con el aviso de su clímax. Poco después, la cara interna del muslo de Kagome estaba impregnada por la blanquecina humedad de su semen.

—Tenemos que buscar otra forma de hacer esto —mencionó Kagome. InuYasha supo que se refería a la anticoncepción.

—Dame un momento, deja que me recupere —aun así bromeó como si hablase de otra cosa.

—Idiota —lo empujó ella, sin fuerza.

—Te amo —concluyó él.

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Continuará.

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N/A

Ya estaba tardando el lemon en estas entregas cortas y aunque no fuese largamente descriptivo, creo que expresa bien el momento que están viviendo.

Gracias por leer, comentar y acompañarme en la aventura de crear.

Anyara