ERO
Cintura
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Te miro desde la puerta de la habitación que hemos usado esta noche. Has salido al pasillo exterior, vestido con la yukata oscura que te regalé el otoño pasado. La luz de una mañana tardía se refleja con delicadeza en tu pelo, permitiendo que las hebras platinadas de éste brillen en contacto. Estás tranquilo, lo noto en la forma en que creas movimientos con las manos para asir tu pelo en una coleta alta. En ese instante reparo en la forma perfecta en que se te entalla la cintura en contraste con la forma de tu espalda. Me encantas. Contengo un suspiro, para no alertar demasiado tus sentidos, a pesar de suponer que ya sabes que te miro.
Me acerco hasta ti con calma y, sin esperar demasiado, paso mis manos por los costados de tu cintura y detallo con los dedos el cinturón que te ajusta la yukata. Llego hasta los lazos, notando que tú has detenido tu labor. Me miras por encima del hombro y yo me siento como una niña que ha sido sorprendida sacando un caramelo de más.
—¿Qué haces? —preguntas, con una sonrisa decorando tu boca. Has dejado caer el pelo nuevamente, sin llegar a crear la coleta.
—Aun no me decido —respondo con total honestidad. No sé si ajustar el cinturón o soltarlo.
—¿Te ayudo? —la intención que has puesto en aquellas dos palabras se me filtra por la piel, el músculo y el hueso. El calor se condensa dentro de mí y pugna en los sitios en que el deseo se aviva.
Simplemente asiento.
Echas una mano atrás, sin cambiar la posición en la que nos encontramos, y la descansas abierta sobre mi muslo. Noto el modo en que la tela de la yukata que visto se recoge por la caricia en ascenso. También noto el roce de tus garras cuando has conseguido acceder a la piel. Se me acelera el corazón en el momento en que siento el pulgar sobre la cadera.
—Kagome ¿Sin fundoshi? —interrogas, ampliando la sonrisa intensa que se ha mantenido en tu gesto desde que te abracé.
Ahora soy yo la que busca directamente bajo tu yukata, para comprobar que ambos nos hemos saltado una prenda. Cuando hago contacto con tu sexo, éste se sacude y la sonrisa se vuelve más oscura, intensa de un modo diferente, cargada de la intensión que te da la confianza. Tu energía cambia y la percibo, cosquilleando bajo mi piel.
Deslizo una caricia con la mano sobre la erección que se hace más fuerte a medida que la recorro. Se inflama hacia mi mano y te escucho sisear de placer.
—InuYasha ¿Vamos dentro? —insto, en un susurro, deseando sentirte del modo maravilloso en que lo hago cuando las mañanas nos dan estos momentos de intimidad.
Suspiras una sonrisa, incluso más intencionada que las anteriores, y siento que tus dedos buscan entre mis piernas, tocan, acarician y se humedecen. Jadeo, escondida en tu espalda y presiono tu sexo con mayor energía. Te quejas, te giras y me alzas a horcajadas hacia la misma cintura que comenzó todo.
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N/A
Inspirado en la secuencia "esposos" de Len Barboza. Muchísimas gracias a mi querida Len por poner inspiración en mi vida.
Besos!
Anyara
